02_No. 2 (1 enero 1863), p. 63-74 |
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Di 63
dejó por su muerte todos sus bienes para redencion de cau
tivos ; hechas las diligencias para cumplir el testamento re
sultó que no habia en aquel tiempo moro alguno cautivo en
poder de los cristianos, y todo el caudal pasó al califa, se
gun la ley del estado. Alegre el soberano Con la posesion de
tanto dinero , comunicó la noticia á su muger Azahra, á
quien amaba apasionadamente. Esta le dijo: « Edifícame un
palacio, y dále mi nombre, para que sea enteramente mio.»
Abderraman no podia negar cosa alguna á su muger,, y es
cediendo á todos sus antecesores en la pasion por edificar ,
llamó á Córdoba los mejores arquitectos y albaniles de
Bagdad , Constantinopla y otras partes , y con su asistencia
erigió la mas estupenda y magnífica estructura de aquellos
tiempos en el mundo. Segun los historiadores árabes,
10,000 hombres estaban empleados en la obra , además de
1,400 bestias de carga , y sin embargo, la obra duró veinte
anos , costando una suma equivalente á 20,000,000 de pe
sos. El palacio contenia 4,300 columnas de mármol de va
rios tamanos, CO!) 140 que le mandó de regalo el empera
dor griego , y las puertas, que pasaban de mil , eran todas
de bronce dorado. El salon de estado, ó del califado , como
le llamaban , era de un esplendor sin igual , teniendo el
suelo paredes y techo revestidos de mármoles de color, y las
pinturas con barritas de oro ; habia ocho puertas á cada la
do, con arcos de marfil y ébano, ornamentados con oro y
piedras preciosas , con columnas de cristal y basas de jaspe.
« Tal era el esplendor que reflejaba al entrar allí los ra
yos del sol , que privaba de vista al espectador.» Estas son
palabras de la historia. Habla en medio del salon una espa
ciosa pila, llena de azogue, y cuando el califa quena sor
prender ó espantar á alguno que por primera vez entraba
allí, hacia senas á uno de sus guardias para que pusiera en
tudiaban con regularidad. Bajo el imperio de Abderraman ,
Córdoba creció en poblacion y en hermosura; fué rodeada
con una muralla espaciosa ; un magnífico alcázar con jar
dines deliciosos proclamaba la opulencia de su emperador.
Los sucesores de este príncipe siguieron su ejemplo, de mo
do que en el siglo x, segun los escritores árabes contempo
ráneos, con tenia la ciudad 213,077 casas habitadas por la
gente plebeya, y 60,300 ocupadas por los nobles. Hacíase
subir el número de tiendas á 800,000 y á 900 el de los ba
nos públicos , lo que nada tiene de estrano , si se considera
que este medio era muy usado de los pueblos antiguos, no
solamente para conservar la belleza sino tambien la salud.
La decadencia de la opulenta Córdoba comenzó con las
disensiones de los gefes árabes, y continuó hasta la recon
quista, despues de la cual todo desapareció poco á poco.
En verdad, cuando se considera que nada ó casi nada se ha
salvado de tanta grandeza , y no á efecto de los tiempos,
sino de la mano destructora de las generaciones que nos han
precedido, forzoso es indignarse contra los que tan bárba
ramente obraron , causando á las artes y al pais pérdidas
tan irreparables. ? Qué ha quedado en Córdoba y en otras
capitales árabes de tanta grandeza ? Un recuerdo tristísimo
y nada, mas. La mezquita principal , hoy su catedral , es lo
único que subsiste en Córdoba , de aquellos tiempos que
hoy pueden llamarse fabulosos, en vista de los que alcanza
mos, y algunos que otros restos de edificios árabes, y dos
banos, como los que representan los grabados, no poco
destrozados, cada uno en una de las calles que llevan el
nombre del Bano , y que á juzgar por su capacidad debian
pertenecer á la clase de banos de particulares.
El senalado con el número 1.0 es el mayor ; y de lo que
de él ha quedado se conoce que constaba de diez columnas,
' mullscs
.mizuu it
IN (linero 1.0
movimiento el azogue , cuyo resplandor como relámpagos,
deslumbraba á unos, mientras que otros temblaban pare
ciéndoles que todo el salon oscilaba , á vista del movimien
to del azogue. Alkakeu II, hijo y sucesor de Abderra
man III, estendió los jardines y oficinas esteriores de este
famoso palacio del que no ha quedado vestigio alguno, ha
biendo sido arrasado durante las guerras civiles entre
los príncipes árabes y sus caudillos rebeldes, en los siglos xi
y su. Solo se conoce el sitio en que frió edificado , y es
generalmente admirado por la hermosura de paisage, y
por la salubridad del agua y aire.
Durante mas de dos siglos , mientras el resto de Europa
puede decirse estaba sumergido en la ignorancia, Córdoba
fu& un centro de urbanidad, de industria y de literatura ,
y el único pais en el mundo entonces conocido donde la
geometría , astronomía y todos los ramos de la física se es
Número 2.°
en medio de las cuales estaba el estanque, y le rodeaba una
estrecha .galería , en cuya bóveda se ven lumbreras cua
dradas á trechos. En los lados de la galería habia dos piezas
pequenas, y otra en el testero interior, mas capaz que las
demás , con tres órdenes de lumbreras en sus bóvedas. De
esta pieza salian dos minas, una con direccion á un pozo ,
y otra que se pierde en una casa inmediata : de una de las
piezas laterales salia igualmente otra galería , que está cer
rada á algunos pasos de la entrada. Por lo que se puede ob
servar, no obstante la alteracion 'del edificio, sus muros
son de un espesor considerable, y todos como la bóveda, de.
piedra caliza, muy dura, y las columnas de jaspe.
El bano número 2.° es mas pequeno, y se halla casi so
terrado en el patio de una casa. Está sostenido por doce
columnas de jaspe, y su bóveda yace destruida. Rodeábale
una galería angosta, y de la misma clase de piedra que el
anterior.
-)5 64 m
Itio-Janeiro.
por 111. arap.
El sitio en donde está edificado Rio Janeiro, era conoci
do entre los indios de aquellas regiones con el nombre de
Ganabara. Hácia el ano de 155, se establecieron en él
unos franceses protestantes ; pero á poco ftieron espulsados
por los portugueses, que construyeron algunos fuertes, co
nociendo la importancia de aquella posicion. Tal es el orígen
de esta ciudad , á la que se le puso por nombre San Sebas
tian , alcanzando en poco tiempo un estado floreciente. En
1711 se apoderó de ella el almirante Dugnay-Fronin , pero
vuelta á poder de los portugueses, multiplicaron tanto sus
fortificaciones , que en la actualidad se halla á cubierto de
todo ataque. El estenso comercio que hacia y su importan
cia bajo todos aspectos , hizo que en 1763 se la erigiese en
capital del Brasil ; pero su verdadero esplendor lo tuvo des
de 1808 con la llegada de la familia real de Portugal y prin
cipalmente desde que en 1820 se constituyó el Brasil en
imperio independiente de Portugal.
El nombre del Rio-Janeiro lo ha tomado de su bahia:
dióse á esta el de Rio á causa de que ofrece primero la apa
riencia del embocadero de un rio , y el de Janeiro (Enero)
porque fué descubierta en este mes. La bahía principia á
estenderse en frente de la ciudad, y tiene unas 5 leguas de
ancho, y 6 de seno de N. á S. Contiene multitud de pe
queí1as islas, entre las cuales se nota la del Gobernador,
que es la mayor de todas. La entrada está defendida por el
fuerte de Sta. Cruz al E. y por las baterías de San Juan y
de San Teodosio al N., situadas una en frente de otra : el
paso que queda es de unos 600 piés de ancho, y está do
minado por un fuerte construido en la isla baja de Lagem,
situada casi en el centro del paso. Las defensas mas impor
tantes del interior de la bahia son los fuertes del Villegagnon
y das Cobras, levantados sobre pequenas islas. Todos los,
viageros están acordes en elogiar las orillas de esta bahia ,
limitada por elevados montes cubiertos de lozana vegeta
don y de muchas y deliciosas quintas que terminan diver
samente en punta y en escarpadas cúpulas de formas las
mas pintorescas. Respírase un aire apacible , su atmósfera
es despejada , y las brisas traen envuelto el perfume de los
limoneros, naranjos, etc., que tapizan los declives de las
alturas.
Rio-Janeiro ó San Sebastian , es corte del emperador,
residencia de las primeras autoridades del gobierno, y sede
de un obispo. No obstante de que las calles de esta capital
están generalmente enlosadas , se ven súcias , y mal alum
bradas de noche. Casi todas las casas tienen dos pisos, sus
fachadas son estrechas, pero en el interior son muy capa
ces , y están construidas de granito y cubiertas de tejas :
muchos de los segundos pisos son de madera. La obra mas
notable es el acueducto del Corcovado ; los demás edificios,
públicos nada tienen que llamen la atencion del viagero.
Esta ciudad se divide en siete parroquias, y tiene algunos
conventos de religiosos, dos de monjas, tres hospicios, dos
(Ef z EV4. 3ESI% L
Vista de Rio-Janeiro.
hospitales, un artes, y otros seesmtaibnlaerciiom, iuenntolisc?eoqu, euncaomacoadleimemiaosdedibcehlolas, lelnanRiáion-Jpaoncoeirloa ayteonrcdiionnarpiaomr seunsteedenifieclioBs.raPsielrococmuoanptorodfaulcta
to del arte , lo suple con ventaja la naturaleza; y nada hay
mas pintoresco , mas risueno , que la costa y la entrada de
Rio-Janeiro.
Dibujo la costa, dice M. Arago; su riqueza por todas par
tes es asombrosa, y me afano con un celo casi religioso para
reproducir sus contornos caprichosos y variados con toda la
fidelidad posible. La entrada nos es senalada por dos peque
nas islas ; una de ellas se llama isla Redonda, sin duda por
que es cuadrada ; entre estas dos islas todo buqué puede
atrevidamente tomar paso. Hé aquí el pan de azúcar, agudo,
rápido, sin verdor ; es el pié de un gigante que debe servir
de punto de vista á los navegantes. La cabeza está allá abajo
al oeste de la rada; cabeza bien dibujada ; con su frente
descubierta ; su cabellera parece un bosque frondoso, su
ojo una gruta húmeda, su nariz un pico huesoso y su bar
ba es deprimida; luego sigue el cuello que es figurado por
un ancho valle , despues los pectorales dominando una roca
tallada en forma de espalda y de brazos, luego el abdómen,
el muslo, la rodilla, la pierna, y por últiino, el pan de azú
car que dibuja el pié ; es un verdadero gigante echado de
espaldas, mas ó menos largo, segun la posicion del buque,
pero siempre tallado como si lo hubiera hecho un escultor.
No sabré recomendar demasiado á los capitanes de embar
caciones la vista tan feliz y singular de esa cadena de mon.-
tanas, para que no puedan equivocar la entrada de la in
mensa rada , que el pié del gigante indica de un modo mas
exacto y preciso que pudiera hacerlo un faro. La alegría
está pintada en todos los semblantes, la avidez en todas las
miradas ; todo el mundo está en pié, curioso, atento, menos
dos marineros que están sentados al pié del palo mayor,
encogiéndose de hombros de la lástima que les causa nuestra
admiracion y nuestra impaciencia. Nubes de mariposas de
mil colores juegan entre las jarcias; rivalizan entre ellas por
la variedad y coquetería, resisten á la brisa de mar que las
rechaza , y penetran con nosotros en el golfo donde han na
cido. Estos nuevos huéspedes son respetados como las her
mosas aves de vistoso plumage, y saludamos por último,
bordo contra bordo, esa tierra del Brasil , en la que el
Atlántico se ha franqueado un paso como para dar asilo á
los buques que acaba de atormentar.
La entrada queda pronto salvada; penetramosen la rada;
!qué espectáculo tan encantador ! Ni la soberbia Génova,
con sus palacios de mármol y sus jardines aéreos; ni lar
suena Nápoles con sus limpias aguas, su Vesubio y sus vi
llas tan lozanas ; ni la rica Venecia con su arquitectura mo
risca y sus cúpulas cinceladas ; ni aun el Bósforo con sus
eminentes cúpulas, sus kioskos y sus minaretes hasta las
nubes, ofrecen á la vista asombrada un panorama mas
magnífico. A la derecha , á la izquierda, á nuestro frente,
á nuestras espaldas, una naturaleza poderosa ostenta sus
coquetas riquezas de. todo el ano ; árboles de una sorpren
dente altura, islas alegres, sembradas por decirlo así en to
da la estension de ese charco de agua cristalina , sobre el
que pasan y repasan millares de mariposas viageras, grises,
amarillas, encarnadas, abigarradas: un cielo mas elevado,
poblado de papagayos chillones y de elegantes cotorras, de
goélands y de enjambres numerosos de tímidos pájaros
moscas que se tomarían por abejas si no fuesen vendidos
por el • oro, las esmeraldas y los rubíes de su plumaje ; y
despues embocaduras dominadas por iglesias de caprichosa
arquitectura, deliciosas habitaciones esparcidas acá y acullá
medio ocultas en cierto modo por los plantíos de palmerosy
de anchos parasoles, de plátanos, y además millares de pi
raguas que van de una yaya á otra lanzadas por la corta
pagaya del negro esclavo, que aulla su canto nacional para
TOMO 11.
animar su valor y pujanza : tambien estiéndese aquí un bos
que de palos y pabellones de todas las naciones del mundo,
una ciudad grande y hermosa , un soberbio acueducto que
la domina y alimenta ; en lontananza se ven , como si fuera
una barrera poderosa puesta para contrarestar las invasio
nes del Atlántico, Se ven , decimos las montanas de sorgues
con sus agujas tan puntiagudas y tan regulares que se po
dria decir 'que es obra de los hombres. Oh ! todo esto es
magnífico , imponente , en cantador ; todo esto no puede
describirse , bastante es poderlo admirar. Apenas se llega .
á un pais nuevo , que todo se quiere ver , estudiar , cono
cer ; los nos y sus ocultas riquezas , la tierra y sus tesoros,
el hombre y sus costumbres. Se teme que falte semejanza ,
ó ánimo , 6 paciencia : tan rápidas pasan las horas cuando
se estudia y se medita!
Hé aquí pues el Brasil , tierra feraz entre las mas fera
ces del globo ; casi se podria decir 'que es una naturaleza
distinta de todas las demás, una verdadera naturaleza pri
vilegiada. Para enriquecerse, •la codicia no tiene niaS que
escudrinar el suelo ; para vivir , el hombre no tiene mas
que respirar, porque la brisa de mar que sopla por la ma
nana le dá fuerzas contra el calor del dia , y el viento de
tierra que ha atravesado las altas montanas del interior ,
le hace olvidar por la noche la temperatura de una zona
sofocante. Muchos peces nadan aquí en los dos; 'demasia
das aves pueblan la atmósfera ; demasiado fruto pesa en los
árboles; demasiados jnsectos se introducen en la yerba.
Aquí las montanas ocultan piedras preciosas, los arroyos
arrastran pepitas de oro , y diamantes tan hermosos como
los de Golconda. En el Brasil no hay de esas enfermedades
epidémicas ó contagiosas que diezman las poblaciones y cu
yo solo recuerdo es un azote. Si os agrada una vida indo
lente y tranquila , si para vos el descanso es la felicidad ;
suspended vuestra hamaca á los troncos escamados de los
palmeros , 6 buscad una suave habitacion cerca de la playa
herida por la perezosa ola : mas si temeis la monotonía de
los placeres exentos de variedad, permaneced en vuestra
casa, envejeced en ella ; porque en el Brasil, cada manana
de la víspera es igual á la del dia siguiente ; y creeríais que
la nube que pasa hoy sobre vuestra cabeza , es la nube que
vino ayer á protegeros con su sombra ó á refrescares con
su rocío.
En el Brasil se dina que esa naturaleza fuerte y vigorosa
que pesa sobre el suelo , es la misma de siglos pasados , sin
• que nunca se renueve. Siempre es verde, abigarrada y ri
suena,. es una riqueza continua ; es un suave perfume ; es
un silencio misterioso que penetra el alma y la mueve al de - lirio; es una quietud que descansa sin enervar; es un medio
sonar y un medio despertar ; se siente penetrar dulcemen
te la vida por los poros, se aspira el aire, se deja uno ir
muellemente al descanso del sueno , como si el día provi
niese del. cansancio y el hombre se adormece á los gritos y á
los silbos agudos de los insectos y de los Colibrís, como á un
celeste concierto que no muere sino mucho tiempo despues
de haberse ocultado el sol en el horizonte. Creo os he ha
blado del acueducto, que saliendo del pié virgen del Cor
covado , baja y 'serpentea de colina en colina, conserva
fresca y limpia el agua que ha recibido en su origen, y ali
menta la ciudad entera. Mi primera visita debe ser para su
acueducto y voy á seguirle en todas sus sinuosidades.
De lejos, se puede tomar por una obra de los romanos
en tiempo de su esplendor ; pero despojándose de toda pre
vencion , no se vé sino un trabajo de paciencia y de utili
dad pública; la corriente de agua llega á una colina veci
na, con ayuda de un doble acueducto en el que se cuentan •
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cielito cuarenta arcadas al último piso , y que ofrece un as
pecto bastante monumental. Desde el pié del convento de
Santa Teresa hasta los flancos desembarazados del Corcova
do , es una pared de bricas ó ladrillos y de gruesas piedras
bien cimentadas , de una longitud de legua y media , sobre
una altura de cuatro ó cinco piés, unida por una bóveda á
otra pared paralela , sirviendo todo de regata á la corriente
de agua. De vez en cuando, se practican pequenas venta
nas cuadradas sobre las paredes, y á cada cien pasos de dis
tancia, una reducida estancia, un pequeno estanque late
ral, á donde cae el agua por medio de un tubo de plomo,
ha sido cavado para las necesidades de los peones y viageros.
Para quien se haya hecho una justa idea de las costumbres
perezosas de los habitantes del Brasil, este acueducto es una
obra grandiosa, que por sí solo hace el elogio del príncipe en
cuyo reinado ha sido construido. Despues de dos horas de
camino por los sitios mas caprichosos y mas pintorescos,
llegué á la estremidad de la fábrica, y descansé algunos ins
tantes debajo de un magnífico emparrado que hacia sombra
á la sábana de agua que, escapándose de la poderosa vege
tacion en donde está prisionera, resbala libremente sobre
un toba duro y pulido , en donde los curiosos tienen la cos
tumbre de detenerse antes de subir al Corcovado. El paisaje
presenta aquí, aun mas que en ninguna otra parte, uno de
esos panoramas fantásticos que Claudio Lorrain había idea
do , pero que Martin , ese pintor del espacio, ha poetizado
tan admirablemente.
La escursion que se hace al Corcovado , á todos cautiva.
Hé aquí por fin una de esas selvas vírgenes en las que
no se puede , dicen , penetrar sino con ayuda de la hacha
y del fuego ! Armémonos pues de resolucion, y avancemos
sin volver la cabeza.
El manantial que provee el acueducto está aquí esten
dido sobre una espaciosa y brillante roca : este es el punto
de salida, de donde se vé serpentear un sendero bastante
bien senalado , pero que desaparece poco á poco , á medi
da que se suben los flancos de la montana. Consiste esto en
que son muy frecuentes las tentativas, y que el peligro y
el cansancio detienen pronto á los esploradores ; pero yo
deseaba ver , y nada de este mundo era capaz de hacerme
retroceder. De vez en cuando, con ayuda de una pequena
hacha, me franqueaba un camino mas directo en esa masa
compacta y cerrada de diversos follages , anchos , cuadra
dos , agudos, dentellados , ásperos ó lisos , y de ramas que
se cruzaban, se encontraban y se confundian , sin que se
pudiera adivinar de qué tronco provenian. La oscuridad se
hacia sombría, y sin embargo el sol, ese sol duradero del
I3rasil , no llegaba aun á la tercera parte de su carrera. So
bre mi cabeza , á mis costados, copos frondosos de verdura,
impedian la entrada á todo rayo, y en muchos siglos quizá
el suelo que hollaban mis piés no habia reflejado el azul
del cielo. Avanzaba con una lentitud que me consumia; las
inmensas capas de hojas secas y medio pulverizadas que cu
brian el terreno, se hundian bajo mis piés , sepultando
me á veces hasta la cintura. Cuando estaba cansando y mis
fuerzas se hallaban agotadas , escuchaba inmóvil y recogi
do. Tan pronto oia el chillido agudo de la coqueta y verde
cotorra , que llegaba hasta mí desde las mas elevadas cimas
como para saludar mi bienvenida, como la voz lastimera
del mono ouistiti, tan bonito, tan limpio, tan vivo , tan
carinoso... cuando nos os desgarra con sus unas afiladas co
mo agujas; ó bien el rumor de una corteza quemada, arran
cada de un tronco secular, deteniéndose un instante sobre
un espino de palmero, haciendo un agugero , deslizándose
á lo largo de un tallo limpio, y deteniéndose despues de
66 i€
mil caidas , sobre el terreno que ella alimenta y vivifica. Y
mientras que con la mirada dirigida hácia el cielo , tratais
de penetrar esa inmensa bóveda que os cubre, otro ru
mor fugaz escapado de vuestros piés y que se prolonga á lo
lejos , os dice que acabais de despertar una culebra asusta
da por la primera vez del . nuevo enemigo que la persigue
hasta en sus pacíficos estados.
Además , digo de paso , que los viageros no deben dar
crédito á las relaciones exageradas de ciertos escritores, cu
yas plumas presentan al Brasil como surcado por una enor
me cantidad de reptiles venenosos , que segun ellos hacen
tan peligrosos al paseo y el descanso. Indudablemente hay
en el Brasil un gran número de serpientes, y entre ellas
muy temibles; pero nadie ha podido asegurarme haberlas
visto cuya mordadura sea mortal , y que se atrevan á ata
car al hombre. Por lo que á mí toca , por frecuentes que
hayan sido mis escursiones en los mas solitarios sitios de
esa region tan escabrosa, debo en verdad declarar, aun
que deba sufrir mi amor propio , que nunca tuve que com
batir con ninguno de esos terribles reptiles , de los que es
taba ya receloso por las relaciones de tantos narradores, y
que hay ciertas comarcas en Europa, en que las víboras
son mas abundantes que las culebras en el Brasil. Anadiré
sin embargo , que hay aquí lagartos monstruosos que pue
blan todas las ruinas y cabanas ; que su número es inmen
so , no obstante la guerra encarnizada que se les hace, por
lo delicada que es su carne pero su vecindad, muy poco
peligrosa, no es menos inquietante para el reposo y la tran
quilidad , porque son de una estrema familiaridad , y no
huyen sino del ruido y del movimiento.
Las senoras brasilenas se visten con lujo, pero sin gracia
ni elegancia ; y los rubíes, perlas y diamantes con que re
cargan sus dedos, sus orejas y cabellos, no contribuyen po
co á realzar el brillo de su tinte aceitunos°. Por las calles
siempre van solas, unas en pos de otras á dos pasos de dis
tancia, como una bandada de grullas, mientras que los dos
esclavos , vestidos con limpieza, pero descalzos , cierran la
marcha y protegen la última hilera. El órden se rompe al
menor obstáculo , y siempre es necesario algunos minutos
de intervalo, entre el tiempo del descanso y del movimien
to, porque la mas rígida etiqueta reina aquí sobre este par
ticular en todas las familias. Otras damas se pasean por la
tarde y una parte de la noche por las calles y plazas públicas
de Río-Janeiro, pero esta vez ván solas, y cubiertas de piés
á cabeza con un manto negro, con el que se tapan como los
árabes con los albornoces. ?Es esto coquetería ? No, es des
treza y prevision , porque casi todas son de una fealdad re
pugnante, y su lenguaje está perfectamente en armonía con
sus costumbres. Ya veis que la Europa tiene su reflejo en
el Brasil, y que los vicios son activos esploradores. En Rio
Janeiro , quizá mas que en ninguna otra parte , la nobleza
es abandonada y perezosa , nécia é ignorante. Las cartas de
recomendacion pueden abriros aquí las casas de algunos
grandes personajes; pero es raro que despues de una prime
ra visita y de recíprocas finezas, seais recibido segunda vez.
,Por lo regular no se obsequia á los forasteros sino lo preciso,
para no decirles claramente que su presencia es importuna.
En el Brasil , las mujeres sobre todo , tratan á los negros
con la mas espantosa crueldad, y se alejan de ellos como
de un animal venenoso.
Continuando nuestras investigaciones en Rio-Janeiro ,
digamos algo de los principales edificios, y algunas costum
bres notables.
Hé aquí el Palacio Real, en frente del desembarca
dero. No hay ninguna casa de comercio en Europa, que
N 67 le
no tenga mejor esterioridad. Hé aquí los coches del em
perador, de los príncipes y de los ministros, tirados por
mulas ; nuestros simones tienen un movimiento mas ele
gante y una forma mas coqueta. Entre el Brasil y la Euro
pa hay una diferencia de tres siglos, y sin embargo, si veis
las carrozas y los arneses de las grandes ceremonias , quizá
llegueis á modificar vuestra opinion ; las artes y el lujo de
Francia é Inglaterra, han atravesado el Atlántico y han
venido hasta aquí á proclamar su poder dominador. La
siesta espanola está muy en boga en el Brasil. En pleno dia,
solo recorren la ciudad adormecida , los estranjeros , los
agentes y los negros, En Rio-Janeiro hay una biblioteca
real, hermosa y enriquecida con las mejoras obras litera
rias, científicas y filosóficas de todas las naciones civiliza
das. Me ha costado mucho trabajo hacérmela indicar, por
que está completamente .desierta y desconocida de los
brasilenos. En una pieza vecina al salon público, hay unos
elegantes armarios privilegiados, en donde duermen sin que
ni siquiera se hayan abierto, cerca de 2,5'00 volúmenes,
admirablemente encuadernados.
De la biblioteca fuí al Museo. El director (pues esta pa
labra está tan en moda aquí como en Portugal ) me hizo los
honores de los diversos salones de ese vasto local, con una
amenidad particular, y ostentó á mis ojos las riquezas con
fiadas á su cuidado con una complacencia que nacia de or
gullo. Cuando le hice la oferta de algunos insectos y mari
posas que faltaban en su coleccion europea, me ofreció
generosamente en cambio un gran número de individuos
muy raros, indígenas del Brasil , y si hubiera insistido en
mi negativa, se habria ofendido. Mucho siento haber olvi
dado el nombre de ese modesto sábio , en quien los estran
jeros hallan una benevolencia honrosa y una conversacion
escepcional en ese pais medio salvaje. Un instituto, fundado
con las mismas bases que el de Francia, debia ser creado en
el Brasil, bajo la proteccion especial del soberano ; ya se ha
bla nombrado un cierto número de miembros, y entre ellos
algunos sabios y artistas europeos. Uno de ellos , llamado
Taunay, pintor del mayor mérito, fué á predicar allá, como
S. Juan en el desierto, el culto y amor de las bellas artes.
Desanimado y casi avergonzado de la inutilidad de sus es
fuerzos , se retiró en seguida á las montanas, al pié de la
deliciosa cascada Tijuka , en donde sus pinceles activos é in
teligentes continuaron dotando á su pais con un gran núme
ro de esos curiosos paisajes, y de cuadros de un género muy
estimado por los aficionados. Otro apóstol, escultor de ta
lento, artista de alma y de buril, terminó pronto en el dis
gusto una vida llena de cansancio y de progreso. Sus esta
tuas eran apreciadas en el Brasil solo por su magnitud ; le
he visto casi dispuesto á romper á martillazos un soberbio
busto de Camoéns , porque, fiel á la historia, habia hecho
tuerto al poeta , y se le exigió que le hiciera con dos ojos.
En Rio Janeiro no hallareis una coleccion de cuadros, ni
en las casas de antiguos nobles, ni en la morada de los ricos
senores; solo se ven adornados unos que otros salones de fon
da con algunos cuadros. ! Y qué cuadros, Dios n'IR)! Romeo,
Pablo y Virginia, Cora, Amarili, Atala y Chactas... Todo esto
os hace desear vivamente abandonar la ciudad, y esconde
ros en las infinitas selvas que la rodean. Es preciso , sin
embargo, que concluya mi tarea y que estudie esta capital,
que podria ser tan hermosa y floreciente. No escribo pane
gíricos, hago historias.
Pero si Rio-Janeiro no es una poblacion en donde las artes
ocupen un puesto de preferencia, es al menos una ciudad
especulativa y comerciante, en donde todo hombre que
llega con capitales, es recibido en todas partes como si vi
niese á dotar el pais con nuevas riquezas. Héme aquí en la
calle, donde el génio del comercio ha plantado su caduceo
dominador. Se llama Vallongua ; es un bazar abierto á todo
el mundo , el centro general de todas las fortunas, una fe
ria perpétua y permanente ; es una especie de plaza públi
ca , un forum, un campo, como querais llamarlo ; es tam
bien un lugar de estudio y meditacion... Entrad. La misma
mercancía pregona , ruega , canta y aulla para llamar la
atencion ; se rotula, se hace coqueta y hermosa, á pesar de
ser súcia y fea : se cansa del almacen , vuestros desprecios
la vuelven triste y grave, y si no obtiene vuestras prefe
rencias, al menos no escapa á vuestras miradas. Allá, en un
salon bajo y hediondo , están clavados en el suelo y en las
paredes, bancos negros y grasientos. En estos bancos, y so
bre este piso húmedo, se sientan desnudos , absolutamente
desnudos , hombres , mugeres , ninos , y alguna vez ancia
nos, que esperan al comprador. Apenas se presenta este en
la puerta, y á una sena del amo, todo el harem se levanta,
gesticula, se agita, se contrae, mujen canciones salvajes,
prueba que tiene pulmones y que ha comprendido perfec
tamente la esclavitud. !Infeliz del que no trata de distin
guirse de sus companeros El látigo está preparado para
surcar su cuerpo y hacer volar por el aire pedazos de carne
negra.
Pero ya os lo he dicho , cada uno sabe su papel, y lo de
sempena perfectamente.
Ahora, silencio ; el negocio vá á tratarse, y cerrarse la
venta.!
—Eh, pst, tú aquí!...
—Cualquiera cosa se levanta : esa cualquiera cosa es un
sér que tiene dos ojos , una frente, sesos, un corazon como
vos y como yo... !Pero me engano! ese pecho no encierra
un corazon ; pero por lo demás está completo.
—Mirad esto. (Es el amo quien habla).
—Eso no es malo.
—Camina.
Y eso se pone á caminar.
—Ahora corre.
Y eso corre , alza la cabeza , agita los miembros, patea,
rie, grita, ensena los dientes.
—Vamos, bravo. ?Cuánto vale?
—Seis cuadruplos.
—Doy cinco, Pero, ahora que me acuerdo, ?ha pasado
ya la viruela ?
—Ya la ha tenido ; mirad bien.
En efecto , manchas amarillas y lucientes esparcidas so
bre el cuerpo negro, testifican el contacto de un pequeno
hierro candente , cuya cicatriz ha dejado una senal que en
gana al inesperto comprador.
—Está bien ; hé aquí vuestros cuadruplos.
Un nuevo comprador se presenta.
—! Hola ! levántate, camina, salta, absolutamente como
acabas de hacerlo.
—Es bastante regular, es jóven , sus dientes son des
lumbradores ; pero...
—S. E. puede estar tranquilo.
—?Dices que tres onzas ? tómalas.
—Cantad ahora vosotros.
La cascada cae mugiendo, los dos compradores salen,
empujando delante de ellos á puntapiés su adquisicion. El
amo mete su oro en una bolsa de cuero, y se coloca en la
puerta para detener otros parroquianos al paso ; hé aquí ein
miniatura un mercado de negros en el Brasil.
• Rio-Janeiro puede ser considerada como una plaza de ar
mas, á pesar del mal estado de las fortificaciones que la
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protegen ; porque estas , además. de estar bien situadas , se
hallan al abrigo de todo golpe de mano. En la entrada del
puerto se notan los fuertes Lago, y‘ Santa Cruz, erizados de
canones, los que por sus fuegos cruzados , hacen el paso
sumamente peligroso. Cuando habeis salvado la entrada,
os hallais frente al fuerte de Villegagnon , que debe este
nombre á una accion heroica de un joven vasco, bastante
atrevido , por haber tratado de vengar un gran acto de
crueldad. A consecuencia de algunos altercados con los bra
silenos, la tripulacion de una ernbarcadon de Bayona , lle
gada á Rio-Janeiro hacia pocos dias, se vió de repente ro
deada , hecha 'prisionera y llevada á la pequena isla, en
donde está hoy dia construido el fuerte. Se instruyó proce
so , y todos los marineros vascos fueron ahorcados, no co
mo franceses, dice la sentencia, sino como hereges.
A la nueva de esta barbarie , Villegagnon , noble de
Bayona , se dirigió al rey de Francia, para pedir venganza
de este hecho. Cansado de solicitar sin- alcanzar nada , Vi
Ilegagnon reune en su casa un .cierto número de amigos , á
quienes hace partícipes de su indignacion.
—?Quereis ser de los mios? les dice. La sangre de nues
tros hermanos es la que nos llama al Brasil ; ?estais dis
puestos á seguirme ? Armo un brik y parto luego.
—Nos vamos contigo, esclaman sus camaradas.
—Manana,mismo , amigos mios.
. —Manana.
Villegagnon atraviesa el Atlántico, arriba frente la ciu
dad, como un lobo hambriento que busca su presa, penetra
en la rada , y devuelve cortesmente y tiro por tiro el saludo
de la plaza. Luego atento é impaciente, fondea en la ense
nada de la isla, á donde tuvo lugar el sacrificio de suscom
patriotas. Llega la noche.
—! A las armas! dice en voz baja á sus valientes y deci
didos companeros ; á las .armas! hé aquí un trik de guer
ra brasileno, su tripulacion indudablemente es numerosa ;
mas no importa , tenemos valor. ! Al agua los botes y al
abordaje del brik !
—! Al abordaje !
- Y hélos aquí nadando á fuerza de remo hácia el buque
brasileno.
—! Adelante les gritan.
—Aun no, contesta Villegagnon de pié en la popa de la
primera embarcador).
—! Adelante !
Y el grito de alarma llama sobre el puente á la tripula
cion del brick.
Pero Villegagnon y los suyos, como un solo hombre, se
precipitan silenciosamente por los obenques y portanoles ;
las pistolas permanecen mudas ; hieren , derriban , matan
á sablazos, á golpes de pica y de hacha ; es una verdadera
carnicería y no un combate.
—!Que no se maten todos! grita Villegagnon todo cu
bierto de sangre ; amarrad los que queden , y á tierra.
La &den es obedecida. Diez marineros brasilenos son
conducidos,á la isla ; son juzgados y ahorcados. Villegagnon
hace clavar sobre las horcas esta corta inscripcion : Ahorca
dos no como hereges , sino como asesinos.
Se vuelve despues á bordo ; una brisa de tierra le favo
rece, corta el cable , iza sus velas y toma rumbo. La calma
le coge en medio del puerto , tira segunda ancla para no
ser arrojado á la costa. Pero la alarma ha cundido ya en el
puerto y en la ciudad. Las horcas levantadas descubren á
tordo el mundo el golpe de mano de Villegagnon ; la rada
se vé.pronto surcada por miles de embarcaciones de guer
ra, y el brick bayonés es requerido para entregarse. Ville
gagnon contesta con fusilería y metralla ; se traba un atroz
combate ; pero el número sofoca al valor.
Todos lbs camaradas de Villegagnon perecieron con las
armas en la mano; solo él, á quien se, habia mandado sal
var, acribillado de heridas y tendido sobre el puente fué de
vuelto á la vida. Se le encerró en un fétido calabozo cavado
para él en la isla de las represalias , en donde murió en me
dio de los tormentos mas horrorosos.
El fuerte Villegagnon ha tomado su nombre del valiente
noble bayonés , que la corte de Francia ni pensó siquiera en
vengar.
La isla de las Ratas y la de las Culebras están igualmente
dominadas por fuertes baterías que seria muy difícil des
montar ; y al fondo de la rada , en la isla del Gobernador ,
tan grande corno Santa Elena , se levantan otras baterías
para defender las magníficas playas que las rodean.
Duguy-Trouin , entrando como enemigo y á toda vela en
la rada de Rio-Janeiro, ejecutó una accion sorprendente, y
de la que los anales marítimos franceses conservan precio
samente el glorioso recuerdo. La matanza de la tripulacion
del capitan Duclair fué vengada, y el gran almirante trajo
á Francia veinte y siete millones que habia impuesto á la
ciudad.
La historia del Brasil desde sudescubrimiento puede rea
sumirse en dos épocas ; la de los primeros establecimien
tos de los especuladores , tributarios de los portugueses ,
y la de la llegada de Juan VI, huyendo de Lisboa ante
sus victoriosos enemigos. Elánse construido en esta tierra
feraz algunas ciudades y aldeas, y se ha elejido una corte.
La nobleza portuguesa ha seguido allí á la familia de Bra
ganza. Desde .entonces se ha hecho sentir una mayor ac
tividad en la pesquisa del- oro y piedras preciosas que aquí
arrastran los nos y arroyos. Empero la agricultura , la in
dustria , las artes y las ciencias han .permanecido estacio
narias , y nada anuncia aun que el Brasil quiera regene
rarse con un _baustismo de civilizacion.
Siendo en algun modo el carácter de los brasilenos no
tenerlo, poco les importa vivir con comodidad con tal que
vivan. Todos sus pensamientos los reducen á evitarel dolor.
No quieren agitarse , el movimiento les desagrada; si les
despertais se caen , y creo que un ciudadano sentenciado á
hacer una jornada á pié de cuatro ó cinco leguas, seria casti
gado con mas rigor, que el que debiese sufrir una pena de
ocho dios de cárcel. Unicamente salen de su especie de letar
go cuando se les echa en cara su pereza. No desesperemos,
pues, de los brasilenos. Este jardin público, desierto entera
mente ; ese hermoso paseo del acueducto, totalmente aban
donado; esos vastos bosques, magníficos, silenciosos, que
ocultan tantos tesoros y que costaria poco trabajo á una mano
activa darles un valor décuplo ; esas aguas. tan limpias, lle
nas'de peces , que corren hoy tristes é inútiles por regiones
medio salvajes ; ese asombroso número de animales dani
nos que sitian las poblaciones , que seria tan fácil destruir
ó alejar ; esas poblaciones ambulantes y crueles que espar
cen el espanto hasta las puertas de las principales ciudades,
? no indica todo esto la culpable apatía de los brasilenos?
! Pues bien ! indicadles el resultado de su muelle indolencia,
y se reirán de vosotros.. Su perezosa memoria se despertará
para mostraros en un pasado poco lejano, lo que era el Brasil
antes de su conquista ; y su frente, descolorida por lo regu
lar , se cubrirá de un cierto rubor de modestia, como si la
gloria de los Diaz , Cabrale.s y Alburquerques,.fuese su pro
pia gloria; como si las conquistas de sus antepasados, fue
sen el fruto de los trabajos y cansancios del dia.
En todas las direcciones de esmi vasta parte del Nuevo-.
Di 69 r,C:
Mundo , en las llanuras, en el centro de las montanas, en
las orillas del Mar , me decia un dia un brasileno, posee
mos florecientes ciudades, anchos y seguros puertos de mar,
que nos atraen á todos los especuladores de la Europa.
Creen llegar entre salvajes, y no hallan por todas partes
sino hombres civilizados ; están asombrados , estupefactos
de la riqueza del país, del comercio de nuestras ciudades ,
y se marchan con el sentimiento de nuestra gloria y pros
peridad. El mismo lenguage usan hoy todos los brasilenos,
y al oirlos se creeria que el Brasil no tiene otras riquezas
que las que ellos han traido.
! Amarga irrision Fingen ignorar que la mejor parle de
esa vasta region es apenas conocida, y que si á grandesdis
tancias , algunos establecimientos indican á los viageros las
débiles huellas de una civilizacion naciente, el inmenso es
pacio que los separa unos de otros está abandonado casi en
su totalidad ; estos hombres ciegos é lusos, olvidan que las
comunicaciones entre dos provincias son siempre muy difí
ciles, y algunas veces hasta imposibles á causa de los torren
tes que desvastan sus campinas y destruyen las frágiles bar
Nació este ilustre patricio en
Oviedo , el 26 de noviembre. de
1786 , recibiendo en las fuentes
bautismales el nombre de José
María, y heredando de sus pa
dres el de Queipo de Llano Ruiz
de Saravia. En Cuenca recibió los
primeros rudimentos de su edu
cacion , que continuó en Madrid,
y perfeccionó durante la azarosa
y notable carrera de su vida, en
las cortes estrangeras , á donde le
llevaron los puestos eminentes
que ocupó, y las tempestades po
líticas.
Amamantado en las escuelas de
las doctrinas liberales, que por
entonces empezaban á. cundir en
Espana ; á resultas de la memo
rable revolucion francesa, imbuí
do de sus ideas con la lectura de
las obras de Roussau , que goza
ban gran crédito y prestigio entre sVih..
la juventud , y afirmado algun
tanto en ellas por la amistad que
habia contraído con el Aad de monges benedictinos del
monasterio de Monserrate de Madrid, sugeto de opiniones
muy exaltadas , dióse en breve á conocer como sustentador
de las nuevas doctrinas, que andando los tiempos, habían.
de poner en combustion al mundo, por las que habia de ser
perseguido , y de las que mas tarde debia , sino abjurar, no
darles tan franca entrada, y mirarlas con mas prevencion,-
una vez perdido el prestigio que les prestaba la novedad, y
las acaloradas imaginaciones de los jóvenes.
Con el memorable alzamiento de Espana en contra de
los.franceses , puede decirse pie empezó la vida pública del
conde de Toreno. El 2 de mayo tuvo ya lugar de distin
reras que se les habian opuesto. Rehusan hacernos saber que
de Babia á Rio-Janeiro, las dos principales ciudades del Bra
sil, no se ha de viajar sino á pié ó cavalgando sobre un mu
lo, sin que casi se haya apenas principiado una carretera
para carruajes. Tampoco nos dicen nada de la precision en
que está el viagero de llevar consigo los víveres necesarios
para su viage; ni de la necesidad que tiene de hacerse acom
panar por esclavos, á veces poco fieles, para que le sirvan do
guia en medio de los bosques y vastassoledades. Ninguna fon
da ó posada se encuentra en todo el camino, ninguna garan
tía hay contra los ataques de las poblaciones antropófagas,
ningunos recursos sino de valor, contra la ferocidad de las
onzas y los jaguares; ninguna seguridad porparte de losguias,
á quienes ni siempre halagan las recompensas, ni casi nun
ca someten las amenazas. Están demasiado cerca de la li
bertad para no humillarse dé su esclavitud; y esos hombres
tan tímidos, tan sumisos en las ciudades, parecen en me
dio de los bosques dispuestos á reconquistar la independen
cia que se les ha arrebatado.
Estudios biográficos.
EL CONDE DE TORENO.
El conde de Toreno.
guirse en Madrid , salvando con
grande esposicion de su vida , la
de su amigo D. Antonio Oviedo,
y partiendo poco despues de la
corte , -contribuyó con sus discur
sos y el prestigio que gozaba su
familia en su pais natal , á acele
rar el movimiento' de Asturias.
Cuando este se hizo estensivo á
todo el principado, el primer cui
dado de la junta formada fué en
viar á Toreno y á D. Angel de la
Vega á Inglaterra, en busca de
ausilios y medios con que conti
nuar la gigantesca empresa ya co
menzada.
De regreso de su comisión, que
fué ventajosa á los intereses na
cionales, renunció el nombra
miento de miembro de la junta
del principado de Asturias , que
en él habia hecho el marqués de
la Romana , y aun sostuvo con
este caudillo ágrias contestacio
nes, por la conducta que 'labia
observado , disolviendo la junta anterior. Despues, cuando
las tropas francesas invadieron el principado, tuvo que va
gar por algun tiempo por las montanas, pasando en segui
da á Sevilla y luego á Cádiz, en donde recibió poderes de
Leon y de Asturias, para representar á estas provincias en
la Junta central. En ella fijó uno de los que mas ardiente
mente abogaron por la conrocacion de las cortes, y nom
brado diputado de las mismas , á pesar de no tener veinte
y cinco anos; nulidad que se le perdonó en gracia á sus ta
lentos y servicios.
Aquí fué donde ya empezó á dar muestras mas relevan
tes de su talento oratorio, que tan alto puesto alcanzó des
DI 70 1<-
Pues entre los mas notables de Europa. Fuerza de lógica y
de raciocinio, vehemencia, persuasion , buen decir, en
suma, todas las dotes oratorias, las poseyó en grado emi
nente, tanto, que algunos admiradores suyos le han apelli
dado el primer orador de su tiempo. Y en efecto , si no lo
ha sido, tampoco puede negarse que no ha tenido muchos
competidores.
Asuntos particulares le llamaron á Asturias , en ocasion
que el rey Fernando VII, queriendo mandar como monar
ca absoluto , disolvía las cortes y daba:principio á la era de
las persecuciones contra los miembros del partido liberal.
El conde de Toreno , que era á la sazon uno de los mas
notables, noticioso de que se trataba de prenderle, enco
mendó su salvacion á la fuga, y en efecto, partió secreta
mente para Lisboa, y poco despues se trasladó á París. La
vuelta de NapoIeon de la isla de Elba , y su momentáneo
triunfo hizo que el conde de Toreno abandonase la capital
de Francia y se trasladase á Inglaterra, donde supo que sus
bienes habian sido confiscados, y él condenado á muerte á
causa de sus opiniones.
En agosto de 1815 , poco despues que la batalla de Wa
terloo acabó con el poderío y fortuna del nuevo César, re
gresó Toreno á París, para verse atropellado y preso por la
policía francesa, por creerse que no era estrano al movi
miento liberal verificado en la Coruna por Porlier,, cunado
del conde. Reconocida á poco la inocencia de este, fué pues
to en libertad ; y vivió sin ser molestado en el vecino reino,
hasta que , verificado el alzamiento del ano 20 , volvió á
Espana, á entrar en posesion de sus bienes, y el cargo de
diputado á cortes para que fué elegido por su provincia, y
por cuya razon liabia renunciado por tres veces el destino
de enviado estraordinario y ministro plenipotenciario en
Berlin. Su fama creció en estas córtes, manifestando en sus
discursos la modificacion que iban sufriendo sus ideas, y
rechazando en todas ocasiones con la mayor energía la ti
ranía de las turbas : todo esto le valió, que en mas de una
ocasion tuvo en peligro su vida ; pero nada le arredraba, y
confesaba valientemente sus opiniones, obligando, por úl
timo, con su elocuencia, á que le aplaudiesen los mismos
que poco antes pretendían asesinarle.
En el tiempo que duró en Espana este nuevo ensayo
constitucional, Toreno tomó parte en todos los trabajos de
las cortes , representando en ellas un papel tan brillante,
que el rey le invitó á que formase un ministerio y se pusie
se á su frente, honor que rehusó Toreno, sin duda porque
su grande esperiencia de los negocios le hacia conocer cuán
efímero debia de ser por entonces, el triunfo de las ideas
liberales. Sin embargo, admitió el simple cargo de designar
las personas que debian componer el nuevo ministerio, y
no bien entregó al rey la lista, en la que se designaba á
Martinez de la Rosa, como presidente del consejo de mi
nistros, cuando salió en posta para Paris.
En esta capital estaba, cuando ocurrió la segunda inva
sion francesa en la península, y empezó una nueva pros
cripcion que duró diez anos. Durante ellos, viajó Toreno
por Francia, Inglaterra, Alemania y Suiza, contrayendo
relaciones con los hombres mas notables en política y en
ciencias-de estos paises. El decreto de amnistía, dado el ano
1832 por la reina gobernadora, puso fin á este segundo
destierro, que soportó Toreno con gran fortaleza de espí
ritu , y despues del cual regresó á su patria para volver á
desempenar los altos destinos debidos á sus talentos y com
promisos por la causa liberal.
Está aun tan inmediata esta.tercera época de la vida po
lítica del conde de Toreno , que nos creemos dispensados
de decir nada de ella. ?Quién no conoce, en efecto, el pa
pel siempre importante que ha representado este personaje
entre nosotros desde la muerte del rey Fernando, hasta el
ano 40, en que emigró de nuevo ? ? Quién no conoce su
administracion ? ? Quién no ha oido ó no ha contribuido á
ensalzarle 6 vituperarle , siguiendo en esto el impulso de
sus pasiones políticas ? ? Y quién, por último, si como mi
nistro de la corona ha condenado sus actos, como orador
no lo ha aplaudido, y como historiador no lo ha aprecia
do `I En efecto , si otras muchas circunstancias no hiciesen
del conde de Toreno un personage notable, su Historia del
levantamiento, guerra y revolucion de Espana, bastaria por
sí sola á hacer célebre su nombre.
Sin embargo, Toreno murió en Paris , donde se había
espatriado voluntariamente, á causa del pronunciamiento
de setiembre del ano 40; y murió justamente cuando los
nuevos acontecimientos del ano 44 volvian á abrirle un por
venir no menos brillante y halagüeno que el que se le habia
presentado en otras diferentes épocas de su vida. Hoy des
cansan sus restos en uno de los cementerios de Madrid, á don
de fueron trasladados desde la capital del vecino imperio.
La caza infernal.
Por Qf 21, etirler.
En el fondo del castillo del feroz conde del Rhin suena
el ronco son de su trompa de caza : haloh haloh! á
pié y á caballo Y su caballo se lanza relinchando, seguido
con estrépito por una falanje de monteros y picadores. Sí
gueles impaciente, derramándose por entre espinos, male
zas y praderas , la trahilla de los perros desencadenados.
Es el dia del reposo consagrado al Senor ; el sol del do
mingo esparce su hermosa luz sobre la alta cúpula de la
iglesia, y la gran voz de las campanas llama á los fieles á la
oracion. Los cánticos cristianos suenan en el interior del
templo y convidan al recogimiento.
9
Pero el conde y su séquito, cruzan veloces sin oir ni
atender á nada, el camino que conduce á la casa de Dios.
Adelante, adelante grita el conde, y de repente vé ve
nir volando de derecha á izquierda á dos caballeros monta
dos : el caballo del primero es blanco como la plata ; el del
segundo es de color de fuego. ?Quiénes son esos ginetes ?
El de la derecha, sereno y hermoso como la primavera,.
trae la frente cenida de una aureola luminosa. El semblan
te del de la izquierda está cubierto de horrible palidez, y
lanza de sus hundidos ojos miradas sombrías á la vez y ru
tilantes.—« Bien venidos, caballeros ! Llegais á propósito
N 71 g<
para acompanarme, si os place , á la caza. No hay placer
en el mundo que iguale al que el hombre siente entregán
dose á este noble ejercicio.»
Dicho esto, apoya alegremente una mano en la cadera
y echa al aire su sombrero.
« El sonido de la trompa no se aviene con los cánticos
sagrados y la voz de las campanas. Vuelve á atrás, desven
turado conde , porque de lo contrario tu cacería te será fu
nesta. Créeme, atiende al ángel bueno que te habla por
mi boca, y no escuches al ángel Malo.»
Así habla el caballero de la derecha ; pero el que cabal
ga á la izquierda del conde replica al punto :
—« ! Adelante , adelante, noble cazador 1 Los gritos de
los ojeadores y el eco de los clarines, deben tener mas grata
armonía en los oídos de un esforzado conde , que el clamor
de las campanas y los coros de místicas voces. Cree en mis
palabras : el galope del corcel y el esplandor de la caza son
para tí.»
—« Razon llevas á fé mía, caballero de la izquierda ;
tus palabras revelan un héroe.» Y dirigiéndose á su acom
panante de lá derecha, anade: —« Que el que no se sien
ta con fuerzas para este noble placer, vaya á rezar en hora
buena, que poco me importa que se enoje, mientras me de
je gozar de toda la plenitud de mi encanto.»
Y así diciendo, desgarra con el acicate los hijares de su
caballo, y atraviesa como una exhalacion campos, montes
y valles, seguido de los dos caballeros que galopan á su la
do. De repente pasa por el horizonte un ciervo blanco;
vélo el conde, dá la senal, y á pié y á caballo todos los ca
zadores se precipitan. Caen algunos y otros mueren destro
zados por los piés de los caballos.— « ! Dejadles rodar hasta
el infierno ; placer de príncipe no conoce retardo! »
El acosado ciervo se oculta en un sembrado: su instinto
le hace creer qne allí estará seguro. Vélo el labrador y cor
re á precipitarse á los piés del conde : « Senor , os ruego
que os compadezcais del sudor del pobre.»
El caballero de la derecha se apresura á adelantarse, y
exhorta al conde con dulzura ; el de la izquierda le escita
al mal. El conde desprecia al primero, y se deja seducir por
el segundo.— « ! Atrás, perro, grita con furia al infeliz su
plicante , ó pasaré por encima de tu vientre !... Adelante ,
companeros; y para apoyar mis palabras, haced chasquear
vuestros látigos en las orejas de ese villano.»
Dicho esto, el conde salva la ceica, y tras él se precipitan
hombres, perros y caballos , gritando, ladrando, relin
chando , y desgarran la mies, que queda reducido á sutil
polvo. Asustado el ciervo , emprende nueva carrera, y per
seguido siempre al través de prados, montes y valles, llega
á una llanura y se refugia en un rebano. Pero los ágiles
perros que no pierden sus huellas, lo descubren al cazador,
que vuela en su seguimiento. El pastor lleno de espanto ,
se prosterna ante el conde: —«! Senor, le dice, tened com
pasion de mí ! No destruyais este inocente rebano, que está
compuesto de las reses de las infelices viudas; respetad el
único patrimonio del pobre. ! Senor, por piedad I »
El caballero de la derecha se adelanta velozmente y
exhorta al conde con dulzura ; el de la izquierda le escita
al mal. El conde desprecia al primero, y se deja seducir por
el segundo.—« Perro temerario, esclama irritado el conde,
?quién eres tú para atreverte á detener mis pasos? Quisiera
verte atado á tus reses, para poder gozarme arrojándoos de
una vez y todos juntos á los infiernos... !Haloh! ! haloh!
!Companeros, á ellos! !Adelante, adelante! Yhombres,
perros y caballos se arrojan sobre el rebano, cuyo pastor
ensangrentado queda yerto entre sus reses moribundas.
El ciervo logra evadirse otra vez de aquella carnicería;
jadeante de cansancio, cada vez. mas van faltándole las fuer
zas. Cubierto de sangre y sudor , penetra en una selva, y
busca amparo en la cabana de un ermitano. Pero los fieros
cazadores, precedidos por el chasquido de los látigos , los
ladridos de los perros , el acompasado rumor del galope de
los caballos y los sonidos de la trompa, no tardan en llegar.
Entonces el santo ermitano sale al encuentro del conde y le
dice:— « ! Atrás! No violes el asilo de Dios; su criatura
gime é implora compasion. Atrás Por última vez ; atiende
al consejo que te dá este anciano; de lo contrario tu perdi
cion es inevitable.»
El caballero de la derecha corre á ponerse al lado del
conde y le exhorta con dulzura; el de la izquierda le escita
al mal. Desgraciadamente se deja seducir por el segundo.—
« ! Impotentes son tus amenazas , esclama el airado conde,
porque así las temo como si me las hiciera el sér mas des
preciable! ! Qué me importa á mí tu cólera y la de tu Dios!
! Haloh I ! haloh! ! Adelante, amigos, adelante! prorrum
pe en ronca voz el feroz caballera, agitando el látigo y ar
rancando ásperos sonidos á su trompa de caza.
Pero lié aquí, que de repente ermitano , cabana, hom
bres, perros y caballos desaparecen ; los gritos y el tumul
to de la cacería son reemplazados por un silencio de muerte.
El conde mira COQ espanto en torno suyo; lleva á la boca
su trompa, y la trompa queda muda; quiere gritar, y le fal
ta la voz ; agita su látigo, y su látigo no produce ningun
sonido ; hunde la espuela en los hijares de su caballo, y su
caballo queda inmóvil. En torno suyo se vá formando una
horrible noche como la que reina en las tumbas. Parece
que á lo lejos suena un mar airado, y sobre su cabeza una
voz pronuncia con el fragor del trueno esta terrible sen
tencia:
« !Execrable tirano, culpable para con Dios, para con
los hombres y los animales ; los ayes de tus víctimas te lla
man ante el tribunal donde arde la antorcha de la justicia.
Huye, monstruo, huye, eternamente perseguido por el in
fierno y sus demonios. Sirva tu castigo de ejemplo á los ma
los príncipes , que para satisfacer sus placeres, no respetan
ni al creador ni á la criatura! »
Entonces un resplandor amarillento y siniestro ilumina
la selva , y el frio del terror penetra hasta la médula de los
huesos del conde. Jadeante y dominado por un temblor
convulsivo, sus sentidos se turban; delante de él aparecen
todos los horrores y ruje á sus espaldas el bramador hura
can. En medio de aquel espantoso desquiciamiento de la
naturaleza, sale de la tierra una mano negra y gigantesca,
se eleva lentamente por encima de su cabeza, ábrese, bá
jase luego, se cierra lentamente cogiéndole por los cabellos,
y le vuelve el rostro á la espalda. Surjen de todos lados
fuegos azules, verdes y rojos, un mar de llamas le rodea,
monstruos horrendos se le acercan, y mil perros infernales
salen aullando del abismo y se lanzan en su persecucion.
Y el impío conde huye atravesando campos y bosques,
gritando, sollozando , gimiendo , perseguido sin tregua ni
descanso por la trahilla infernal, de dia en las cavernas sub
terráneas, de noche en el espacio de los aires. Por mas rápida
que sea su carrera , continúa con el rostro vuelto á la es
palda , viendo sin cesar á los monstruos y demonios encar
nizándose en su suplicio sin fin, rechinando los dientes y
ansiosos de destrozarle entre sus encorvadas unas.
Esta es la caza infernal que durará hasta el postrero dia,
y que muchas veces pasa durante la noche por delante de
los tiranos. Muchos de ellos, si no debiesen callarlo, po
drian referirlo.
Y 72 1C
La Primavera.
por f. Zieck.
Jamás la Primavera se ha olvidado de volver. Apenas
llegan las cigüenas y revolotean las golondrinas ; apenas
queda destronado el Invierno, la Primavera, como una ha.
da de. blondos cabellos, despierta y sonrie. Al punto recoge
sus juguetes, que el anciano Invierno habia roto y disper
sado; purifica la selva con su aliento embalsamado , y en
sena sus cantos al ruisenor. Su fresca mano toca al árbol
frutal ; trepa por las ramas del albaricoquero ; una lluvia
de flores cubre la tierra , y al ver que su obra se realiza,
agita dulcemente su cabeza, y natura muestra su júbilo
por do quiera.
Entonces se tiende y duerme sobre el florido césped de
los bosques ; su delicada y suave boca despide un perfume
voluptuoso ; á su beso de amor, las violetas y las fresas sil
vestres levantan su púdico velo, y el valle y el monte des
piertan festivos. Para' ella no valen ni rejas ni llaves ; salta
por el muro de los jardines y abre todas las puertas. De dia
barre la nieve de los caminos y enlaza los bojes , y de no
che, sin curarse del descanso , trabaja en su florida tarea á
la luz de la luna.
Cuando llega el momento propicio, « ?dónde están mis
amigas ? esclama la Primavera. ?Por qué permanecen por
tanto tiempo ocultas en la tierra ? !Ea , yo les invito á pa
sar conmigo este tiempo de placer! » Y el lirio aparece,
mostrando sus blancos dedos ; llega el tulipan con su gra
cioso tocado ; la rosa se acerca modestamente, seguida del
ranúnculo, y por todas partes van llegando grandes y pe
quenas flores. Bordado queda el manto de los prados ; sale
el amor de un bosquecillo de jazmines; los humanos rinden
acciones de gracias, y el coro de las aves canta su alegría,
porque todo es felicidad.
Pero llega un dia en que la Primavera besa los tier
nos pétalos de las flores, y les dice : «Es necesario par
tir.)) Al oir su voz de despedida, mueren de deseos é incli
nan su mustia cabeza. «Mi obra queda terminada , anade
la Primavera ; las golondrinas que deben llevarme á otros
sitios, me están ya aguardando ; voy á descansar por algun
tiempo en los perfumados campos de la India. Mi corta edad
no alcanza á coger el fruto ; no tengo fuerzas para arrancar
de la vid el pesado racimo, ni puedo segar la dorada espi
ga ; para estas cosas ya os enviaré el Otono. Yo no soy mas
que una nina juguetona ; aborrezco las cosas sérias ; no obs
tante , cuando estareis fatigados del Invierno , ya volveré
para daros contento. Me llevo mis flores y mis avecillas ;
? qué inflan durante la siega y la vendimia? Adios , adios;
si el amor permanece entre vosotros, nunca os faltará la
Primavera! »
Exeerpta.
Las personas vanas é indolentes afectan despreciar las letras ;
los hombres sencillos las admiran sin tocarlas, y los sabios las usan
y las honran.
BACON.
La ociosidad se parece al orin ; consume mas quo, el trabajo.
FRANKLIN.
Un observador moralista no revela la confesion de nadie y publica
los pecados de todo el mundo.
Nuestro fin reside en nosotros mismos. Los sufrimientos del alma
frecuentemente no son mas que un castigo impuesto ; es decir, las
consecuencias inevitables de un estado interior contrario á la natu
raleza.
FEUCHTERSLEBEN.
La imaginacion desempena en la complexion humana el papel de
Mercurio : cuasi siempre preside á todo, y por ella es el hombre ó
muy dichoso ó muy desgraciado.
HEiNsE.
No hay quien tenga mas penalidades que aquel que no quiere tener ninguna.
BlON.
Cuando se destruye una preocupacion antigua es menester fundar
una virtud nueva:
MAD. STAEL,
La fuerza moral nos dá la fuerza física y cuasi siempre el triunfo.
>4*
El valor desprecia las heridas , pero no las cicatriza ; este privile
gio pertenece á la resignacion.
Vivir oculto es vivir feliz.
h*
OV1D10.
Hay épocas afortunadas en la vida del hombre , en que el cuerpo
se subordina al espíritu , de_ modo que llega á olvidar sus propias ne
cesidades. En estos casos , todas las fuerzas físicas se desarrollan y siguen libremente su curso , como una corriente que se estiende sin
barreras entre una orilla visible y otra invisible. Feliz el que alcanza
ese poder de abstrai:cion , que sabe evocar el éxtasis y moderarlo con
el poder de la voluntad
FEUClITERSLEBEN.
El carácter es una voluntad desarrollada.
BARDENBERG.
Hallen. — Ea, ambicion, importuna huéspeda A quien nunca de
biera haber admitido , sal por fin de mi casa !
La ambicion. —Si debo salir, espero al menos de tu cortesía que,
segun la antigua costumbre alemana , me indicarás dónde debo ir á
alojarme. Te lo ruego muy encarecidamente , porque en verdad te digo, que ya no sé dónde ir.,. Donde no estoy yo están los mies.
Y. DE HUTTEN.
Por lo no firmado y como Editor responsable.—Juan Oyeres.
8ARCELONA.--IMPRENTÁ DE D. JUAN OLIVERES, CALLE DE ESCUD1LLERS , N.° 51,-1862.
Y2 73 11
Armonías de la naturaleza.
LOS DOS OCéANOS.
pur 21. be unibetl.
II y último.
Habiendo dicho someramente cuanto importa conocer
sobre la cubierta interior de nuestro planeta , veamos aho
ra cuál es la envoltura universal esterior, á la que llamare
mos océano aéreo. En sus bajíos, que conocemos con el
nombre de mesetas y montanas, y las inmensas llanuras que
al pié de ellas ó entre ellas se estienden , tiene el hombre
su morada. Varias clases de fenómenos ligados todos entre
sí con mútua y estrecha dependencia, nos presenta el aire
que con la tierra nos envuelve. Tienen su orígen algunos
de estos fenómenos en la constitucion química de la mate
ria en que se operan , de los cambios que sufre la diafani
dad del aire, de su coloracion y el modo con que es polari
zada la luz ; al paso que otros derivan de la presion
densidad de temperatura, de la tension eléctrica y tambien
de la humedad. Sabido ya que el aire es una sustancia flui
da , pesada, elástica, susceptible de comprimirse y dilatar
se, trasparente , sin color , invisible , sin olor ni sabor , ha
convenido averiguar las proporciones de sus elementos cons
titutivos. Merced á las continuas investigacionespracticadas
desde principios de este siglo, en las que hemos tomado uná
parte muy activa con Gay-Lussac, y á la análisis química
operada por Dumas y toussingault , conforme á los méto
dos menos susceptibles de error y á los procedimientos mas
exactos, se ha venido en conocimiento de que el aire cuando
está seco y libre de toda materia estrafía , contiene en vo
lúmen 20'8 de oxígeno, que es el primer elemento de la vi
da animal ; 79'2 de ázoe ; de dos á cinco diezmilésimas de
ácido carbónico, de veinte y ocho á treinte y una diezmi
lésimas y algunos resíduos de vapores amoniacales produ
cidos por la descomposicion incesante de los cuerpos, y que
suministran á las plantas el ázoe que contienen. Se ha ob
servado tarnbien que la proporcion del oxígeno aumenta ó
decrece, aunque muy poco sensiblemente, segun las esta
ciones ó sitios donde se recoje el aire. No obstante, es digno
de notarse, segun un esperimento practicado por Martins,
citado por el químico Dumas, que tanto oxígeno contenia el
aire recogido por aquel físico á una altura de 2,500 metros,
que el que estaba en contacto con la capital de Francia.
Varios son los orígenes del ácido carbónico, que forma
una de las partes constitutivas de la composicion normal
del aire, siendo los principales : la respiracion de los ani
males que lo estraen de las sustancias vegetales de que se
alimentan, las cuales á su vez lo han absorvido y vuelven á
absorverlo de la atmósfera ; los volcanes apagados y fuentes
termales, y el que se produce á espensas del hidrógeno car
bonado que tambien existe en la atmósfera, y cuya descom
posicion ocasionan las descargas eléctricas de l'as nubes. Es
probable que la introduccion del carbonato de amoníaco en
la atmósfera, es anterior á la aparicion de la vida orgánica
en la superficie 'del globo. Respecto á los vapores amonia
cales y nitrosos, combinaciones de bases múltiples de los
reinos vegetal y animal , reconocen principalmente por orí
gen como dijimos, la descomposicion de materias vegetales y
TOMO II.
animales en toda la superficie del globo. Los gases, produ
cidos por esos miasmas y emanaciones pestíferas, sobre todo
en las regiones mas inmediatas á la tierra , no han podido
hasta al presente sujetarse á una rigurosa análisis quími
ca. Pero es un hecho fuera de toda duda , que la atmósfera,
en determinados casos , se halla saturada de materias ya
inorgánicas, ya vegetales en descomposicion , sumamente
funestas á la salud de los hombres y animales. La esperien
cia así lo ha demostrado sobre todo en la atmósfera que ro
dea las regionespantanosas, en la de las playas cubiertas de
moluscos podridos, y en la de los cementerios descuida
dos, etc., que suele ocasionar el tifo 6 las calenturas inter
mitentes. Otras veces los vientos levantan de suelos recalen
tados por los rayos solares y llevan á considerables distan
cias, llegando á oscurecer la atmósfera, inmensas nubes de
finísimo polvo, que segun el análisis de los sábios, contiene
innumerables animalillos infusorios. Finalmente, las nieblas
que exhalan un olor particular son otro testimonio de las
mezclas que accidentalmente puede contener la atmósfera.
La presion atmosférica, especie de marea en el Océano
atmosférico, independiente de la atraccion lunar , varía no
tablemente segun la latitud geográfica , las estaciones y la
altura del lugar en que se observa. Segun las observaciones
hechas en el centro de Europa por espacio de muchos anos,
la oscilacion media del barómetro desde las nueve de la
manana hasta las tres de la tarde es de 0,4 de línea; y de
cerca de 0,2 de línea desde las tres de la tarde hasta las
nueve de la manana. Es digno de notarse la regularidad de
este fenómeno, de modo que por él puede conocerse á po
ca diferencia la hora que es, sobre todo de dia , sin que lo
gren alterarle las tempestades, lluvias ó temblores de
tierra. Atribúyense en gran parte estas variaciones al poder
calorífico de los rayos solares ; así es, que la diferencia de
temperatura entre las regiones equinocciales y las polares,
engendra dos corrientes opuestas, la una en las elevadas
regiones de la atmósfera y la otra en la superficie del globo,
fenómeno muy parecido á las corrientes marítimas. Del re
cíproco empuje y penetracion de estas dos corrientes y de
otras causas que motivan , se originan las variaciones de
presion atmosférica, cambios de temperatura, formacion y
-variedad de figura de las nubes y precipitacion de los vapo
res acuosos condensados.
Es indudable que la accion corlátante del sol entre los
trópicos, hace afluir el.aire frio de los polos á las regiones
bajas de la atmósfera , del mismo modo que el aire calien
te refluye hácia los polos en las regiones superiores de la
atmósfera ; pero estas corrientes no serian directas si la su
perficie del globo fuese cilíndrica en vez de ser esférica. En
efecto , el aire frio de las regiones polares, llegando de un
lugar donde la rapidez de rotacion es únicamente de tres
á cinco mil leguas por dia en lugar de ser de nueve mil, co
mo bajo el ecuador, se halla en el caso de un hombre que
quisiera saltar de una barca á otra barca que fuese dos ve
l
)5 74 g<
ces mas aprisa ; este hombre caeria de espaldas, porque no
recibiría de la primera barca una fuerza de impulsion sufi
ciente para continuar moviéndose tan aprisa como la otra;
al paso que puesto de pié el mismo hombre sobre el lomo
de un caballo al galope, puedesaltar en otro caballo llevan
do la misma velocidad , con la misma facilidad que si los
dos caballos no se moviesen. Así pues, la corriente de aire
frio que parte de los polos vá aminorando su velocidad á
medida que adelanta hacia el ecuador, y con relacion á
los objetos que encuentra, es como una embarcacion 6 un
carruaje que vá menos aprisa relativamente al que le ade
lanta y parece ir en sentido contrario.
Estas diversas zonas de la tierra, que el movimiento de
rotacion lleva hacia el Este, con tanta mas rapidez cuanto
están mas cerca del ecuador, chocan y rozan con la cor
riente que viene del polo, como si procediera en sentido in
verso. Semejantes corrientes en la atmósfera no son muy
sensibles sino entre los trópicos , en aquellos sitios donde
las cadenas de montanas , islas ú otros obstáculos, no se
oponen á su marcha ; y hé aquí porqué en la superficie del
Océano etlántico, entre el África y la América, ha sido has
ta ahora el lugar donde mejor se han observado esas cor
rientes regulares, llamadas vientos alisios ( del Este de la
zona tropical). A estos vientos es debido al presente d co
nocimiento y seguridad de una travesía que fué tan larga
y tan peligrosa para Cristóbal Colon. Si se pudieran obser
var con la misma facilidad las corrientes aéreas en las ele
vadas regiones de la atmósfera, se hallada sin duda un efec
to inverso, esto es, que el aire calentado por el sol en el
ecuador, despues de haber ascendido sobre las capas mas frias, debe corrersehácia los polos, pero conservando toda
ía la velocidad de rotacion de su punto de partida.
Existe una correspondencia manifiesta entre el océano
atmosférico y el océano acuoso. La inmensa masa de agua
de este último sigue constantemente las variaciones de tem
peratura del primero, y siendo constantes las aguas de los
mares, sirven admirablemente para igualar las temperatu
ras , mitigando los rigores del invierno y los calores del es
tío. Las tierras firmes en el interior de los continentes, ale
jadas de los mares, sufren todos los rigores de las estaciones.
En el interior del Asia, por ejemplo, es muy frecuente en
verano mantenerse el termómetro por espacio de sema
nas enteras, á 30° y 31°, sucediendo á estos estíos , in
viernos cuya espantable temperatura media es de 18° á 20°
bajo cero. Dijérase que los habitantes de aquellos paises
en que reinan semejantes climas, se hallan condenados
corno aquellas almas de que habla Dante en su Divina Co
media:
A sofferir tormenti e caldi e gieli (1).
Para los habitantes de los climas templados, aquellos es
traordinarios y estremos cambios de temperatura , serian
mortíferos; los moradores del Asia central los resisten. Si se
nos preguntara cómo, podríamos anadir con el poeta flo
rentino:
Che, come fa, non vuol ch'a noi si sveli (2).
Si el Africa se sumergiera; si saliendo del seno del océa
no la fabulosa Atlantide', uniera la Europa con la América;
si las tibias aguas del Gulf-Stream , no fuesen á verterse en
(1) A sufrir los tormentos del frio y del calor.
(2) Có1120 sucede, ( la Virtud divina) no quiere revelárnoslo.
los mares del polo Norte ; 6 si , solevantada por erupciones
volcánicas , se interpusiera una nueva tierra entre la penín
sula Escandinava y Espitzberg , de seguro que el frio que
se dejarla' sentir en Europa seria intensísimo. A medida que
aumenta la anchura de los continentes y disminuye la in
fluencia del mar, déjansesentir menoslos vientos templados,
y disminuye relativamente la temperatura. Si en la Siberia
occidental es tan grande el rigor del clima , débese , no á
su. grande elevacion sobre el nivel del mar , sino á la con
dicion de su suelo y á la naturaleza de las corrientes atmos
féricas.
Con la temperatura se aumenta la cantidad de vapor
contenido en la atmósfera, y por consiguiente, este elemen
to varía segun las horas del dia , las estaciones , latitudes
y alturas. Existe un enlace• íntimo entre la humedad y la
presion atmosférica y tambien la temperatura , y su poder
vivificante no depende únicamente de la cantidad absoluta
de vapor disuelto en las capas aéreas , sino tambien de la
frecuencia y modo cómo se precipita este vapor , ya sea en
forma de rocío , niebla , lluvia ó nieve. Segun las compa
raciones meteorológicas , hechas por Dove entre la América
del Norte y Europa , la fuerza elástica del vapor acuoso
contenido en la atmósfera de nuestra zona templada alcan
za al máximum con el viento de S. O., y al mínimum con
el N. E., .y esto sé comprende fácilmente , por cuanto la
corriente del S. O., es solo una desviacion de la corriente
ecuatorial , de que hemos hablado anteriormente , al paso
que la del N. E. es la única corriente polar reinante.
Finalmente, existe una íntima conexion entre la electri
cidad de la Qtmósfera y los infinitos fenómenos que DOS pre
senta esta, ya en su distribucion del calórico , ya en su pre
s'ion , ya en sus meteoros acuosos. Tambien es muy probable
esté ligada al magnetismo, de que al parecer se halla re
vestida la corteza superior del globo; y algunos siíbios, entre
ellos Stakeley y Beccaria , la han reconocido por causa de
los terremotos, apoyando su dictamen en varias y numero
sas pruebas. Como quiera , es grande el influjo que ejerce
en los reinos vegetal y animal , no solo por los fenómenos
meteorológicos á que da origen , sino tambien como un agente escitante del aparato nervioso y de la circulacion .de
los líquidos orgánicos. Reconocido el efecto , no entrare
mos, ni es propio de este lugar, en la investigacion del orí
gen de la electricidad que se desarrolla en la atmósfera.
Basta que digamos que las opiniones é hipótesis son nume
rosas. Segun Peltier, debe atribuirse la electricidad atmos
férica en tiempo sereno, á la evaporacion de las aguas cena
gosas impregnadas de sales y de sustancias térreas ; Pouillet
la atribuye al influjo de la vegetacion ; De la Rive, á las
reacciones químicas que se operan en la superficie de la
tierra, etc. Por lo general, la electricidad del océano aéreo
se halla equilibrada y menos sujeta á perturbaciones, cuan
do este descansa sobre el océano acuoso. Segun Peltier,, ya
citado, las nubes de color pardo apizarrado se hallan car
gadas de electricidad resinosa , y las blanquizcas , rojas ó
anaranjadas, de electricidad vítrea. Las tormentosas pueden
formarse, ya á grandes alturas , ya muy cercanas al suelo.
Arago distingue tres especies de relámpagos ; los que cule
brean con bordes bien terminados ; los que iluminan la at
mósfera sin forma determinada , y los que semejan globos
de fuego. Los primeros son muchísimo mas rápidos que los
segundos. No siempre la iluminacion de la nube la acom pana el trueno, y este no se ha oido jamás en determinados
paises.
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Abeja, La. No. 2 (1 enero 1863), p. 037-074 |
| Descripció | Informació addicional del títol: revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Títol addicional | Revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1863 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Librería de D. Juan Oliveres, [1862-1870], No. 1 (1 enero 1862)-No. 3 (1 enero 1964) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1056597~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Ateneu Barcelonès". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 8 bits |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | 02_No. 2 (1 enero 1863), p. 63-74 |
| Transcript | Di 63 dejó por su muerte todos sus bienes para redencion de cau tivos ; hechas las diligencias para cumplir el testamento re sultó que no habia en aquel tiempo moro alguno cautivo en poder de los cristianos, y todo el caudal pasó al califa, se gun la ley del estado. Alegre el soberano Con la posesion de tanto dinero , comunicó la noticia á su muger Azahra, á quien amaba apasionadamente. Esta le dijo: « Edifícame un palacio, y dále mi nombre, para que sea enteramente mio.» Abderraman no podia negar cosa alguna á su muger,, y es cediendo á todos sus antecesores en la pasion por edificar , llamó á Córdoba los mejores arquitectos y albaniles de Bagdad , Constantinopla y otras partes , y con su asistencia erigió la mas estupenda y magnífica estructura de aquellos tiempos en el mundo. Segun los historiadores árabes, 10,000 hombres estaban empleados en la obra , además de 1,400 bestias de carga , y sin embargo, la obra duró veinte anos , costando una suma equivalente á 20,000,000 de pe sos. El palacio contenia 4,300 columnas de mármol de va rios tamanos, CO!) 140 que le mandó de regalo el empera dor griego , y las puertas, que pasaban de mil , eran todas de bronce dorado. El salon de estado, ó del califado , como le llamaban , era de un esplendor sin igual , teniendo el suelo paredes y techo revestidos de mármoles de color, y las pinturas con barritas de oro ; habia ocho puertas á cada la do, con arcos de marfil y ébano, ornamentados con oro y piedras preciosas , con columnas de cristal y basas de jaspe. « Tal era el esplendor que reflejaba al entrar allí los ra yos del sol , que privaba de vista al espectador.» Estas son palabras de la historia. Habla en medio del salon una espa ciosa pila, llena de azogue, y cuando el califa quena sor prender ó espantar á alguno que por primera vez entraba allí, hacia senas á uno de sus guardias para que pusiera en tudiaban con regularidad. Bajo el imperio de Abderraman , Córdoba creció en poblacion y en hermosura; fué rodeada con una muralla espaciosa ; un magnífico alcázar con jar dines deliciosos proclamaba la opulencia de su emperador. Los sucesores de este príncipe siguieron su ejemplo, de mo do que en el siglo x, segun los escritores árabes contempo ráneos, con tenia la ciudad 213,077 casas habitadas por la gente plebeya, y 60,300 ocupadas por los nobles. Hacíase subir el número de tiendas á 800,000 y á 900 el de los ba nos públicos , lo que nada tiene de estrano , si se considera que este medio era muy usado de los pueblos antiguos, no solamente para conservar la belleza sino tambien la salud. La decadencia de la opulenta Córdoba comenzó con las disensiones de los gefes árabes, y continuó hasta la recon quista, despues de la cual todo desapareció poco á poco. En verdad, cuando se considera que nada ó casi nada se ha salvado de tanta grandeza , y no á efecto de los tiempos, sino de la mano destructora de las generaciones que nos han precedido, forzoso es indignarse contra los que tan bárba ramente obraron , causando á las artes y al pais pérdidas tan irreparables. ? Qué ha quedado en Córdoba y en otras capitales árabes de tanta grandeza ? Un recuerdo tristísimo y nada, mas. La mezquita principal , hoy su catedral , es lo único que subsiste en Córdoba , de aquellos tiempos que hoy pueden llamarse fabulosos, en vista de los que alcanza mos, y algunos que otros restos de edificios árabes, y dos banos, como los que representan los grabados, no poco destrozados, cada uno en una de las calles que llevan el nombre del Bano , y que á juzgar por su capacidad debian pertenecer á la clase de banos de particulares. El senalado con el número 1.0 es el mayor ; y de lo que de él ha quedado se conoce que constaba de diez columnas, ' mullscs .mizuu it IN (linero 1.0 movimiento el azogue , cuyo resplandor como relámpagos, deslumbraba á unos, mientras que otros temblaban pare ciéndoles que todo el salon oscilaba , á vista del movimien to del azogue. Alkakeu II, hijo y sucesor de Abderra man III, estendió los jardines y oficinas esteriores de este famoso palacio del que no ha quedado vestigio alguno, ha biendo sido arrasado durante las guerras civiles entre los príncipes árabes y sus caudillos rebeldes, en los siglos xi y su. Solo se conoce el sitio en que frió edificado , y es generalmente admirado por la hermosura de paisage, y por la salubridad del agua y aire. Durante mas de dos siglos , mientras el resto de Europa puede decirse estaba sumergido en la ignorancia, Córdoba fu& un centro de urbanidad, de industria y de literatura , y el único pais en el mundo entonces conocido donde la geometría , astronomía y todos los ramos de la física se es Número 2.° en medio de las cuales estaba el estanque, y le rodeaba una estrecha .galería , en cuya bóveda se ven lumbreras cua dradas á trechos. En los lados de la galería habia dos piezas pequenas, y otra en el testero interior, mas capaz que las demás , con tres órdenes de lumbreras en sus bóvedas. De esta pieza salian dos minas, una con direccion á un pozo , y otra que se pierde en una casa inmediata : de una de las piezas laterales salia igualmente otra galería , que está cer rada á algunos pasos de la entrada. Por lo que se puede ob servar, no obstante la alteracion 'del edificio, sus muros son de un espesor considerable, y todos como la bóveda, de. piedra caliza, muy dura, y las columnas de jaspe. El bano número 2.° es mas pequeno, y se halla casi so terrado en el patio de una casa. Está sostenido por doce columnas de jaspe, y su bóveda yace destruida. Rodeábale una galería angosta, y de la misma clase de piedra que el anterior. -)5 64 m Itio-Janeiro. por 111. arap. El sitio en donde está edificado Rio Janeiro, era conoci do entre los indios de aquellas regiones con el nombre de Ganabara. Hácia el ano de 155, se establecieron en él unos franceses protestantes ; pero á poco ftieron espulsados por los portugueses, que construyeron algunos fuertes, co nociendo la importancia de aquella posicion. Tal es el orígen de esta ciudad , á la que se le puso por nombre San Sebas tian , alcanzando en poco tiempo un estado floreciente. En 1711 se apoderó de ella el almirante Dugnay-Fronin , pero vuelta á poder de los portugueses, multiplicaron tanto sus fortificaciones , que en la actualidad se halla á cubierto de todo ataque. El estenso comercio que hacia y su importan cia bajo todos aspectos , hizo que en 1763 se la erigiese en capital del Brasil ; pero su verdadero esplendor lo tuvo des de 1808 con la llegada de la familia real de Portugal y prin cipalmente desde que en 1820 se constituyó el Brasil en imperio independiente de Portugal. El nombre del Rio-Janeiro lo ha tomado de su bahia: dióse á esta el de Rio á causa de que ofrece primero la apa riencia del embocadero de un rio , y el de Janeiro (Enero) porque fué descubierta en este mes. La bahía principia á estenderse en frente de la ciudad, y tiene unas 5 leguas de ancho, y 6 de seno de N. á S. Contiene multitud de pe queí1as islas, entre las cuales se nota la del Gobernador, que es la mayor de todas. La entrada está defendida por el fuerte de Sta. Cruz al E. y por las baterías de San Juan y de San Teodosio al N., situadas una en frente de otra : el paso que queda es de unos 600 piés de ancho, y está do minado por un fuerte construido en la isla baja de Lagem, situada casi en el centro del paso. Las defensas mas impor tantes del interior de la bahia son los fuertes del Villegagnon y das Cobras, levantados sobre pequenas islas. Todos los, viageros están acordes en elogiar las orillas de esta bahia , limitada por elevados montes cubiertos de lozana vegeta don y de muchas y deliciosas quintas que terminan diver samente en punta y en escarpadas cúpulas de formas las mas pintorescas. Respírase un aire apacible , su atmósfera es despejada , y las brisas traen envuelto el perfume de los limoneros, naranjos, etc., que tapizan los declives de las alturas. Rio-Janeiro ó San Sebastian , es corte del emperador, residencia de las primeras autoridades del gobierno, y sede de un obispo. No obstante de que las calles de esta capital están generalmente enlosadas , se ven súcias , y mal alum bradas de noche. Casi todas las casas tienen dos pisos, sus fachadas son estrechas, pero en el interior son muy capa ces , y están construidas de granito y cubiertas de tejas : muchos de los segundos pisos son de madera. La obra mas notable es el acueducto del Corcovado ; los demás edificios, públicos nada tienen que llamen la atencion del viagero. Esta ciudad se divide en siete parroquias, y tiene algunos conventos de religiosos, dos de monjas, tres hospicios, dos (Ef z EV4. 3ESI% L Vista de Rio-Janeiro. hospitales, un artes, y otros seesmtaibnlaerciiom, iuenntolisc?eoqu, euncaomacoadleimemiaosdedibcehlolas, lelnanRiáion-Jpaoncoeirloa ayteonrcdiionnarpiaomr seunsteedenifieclioBs.raPsielrococmuoanptorodfaulcta to del arte , lo suple con ventaja la naturaleza; y nada hay mas pintoresco , mas risueno , que la costa y la entrada de Rio-Janeiro. Dibujo la costa, dice M. Arago; su riqueza por todas par tes es asombrosa, y me afano con un celo casi religioso para reproducir sus contornos caprichosos y variados con toda la fidelidad posible. La entrada nos es senalada por dos peque nas islas ; una de ellas se llama isla Redonda, sin duda por que es cuadrada ; entre estas dos islas todo buqué puede atrevidamente tomar paso. Hé aquí el pan de azúcar, agudo, rápido, sin verdor ; es el pié de un gigante que debe servir de punto de vista á los navegantes. La cabeza está allá abajo al oeste de la rada; cabeza bien dibujada ; con su frente descubierta ; su cabellera parece un bosque frondoso, su ojo una gruta húmeda, su nariz un pico huesoso y su bar ba es deprimida; luego sigue el cuello que es figurado por un ancho valle , despues los pectorales dominando una roca tallada en forma de espalda y de brazos, luego el abdómen, el muslo, la rodilla, la pierna, y por últiino, el pan de azú car que dibuja el pié ; es un verdadero gigante echado de espaldas, mas ó menos largo, segun la posicion del buque, pero siempre tallado como si lo hubiera hecho un escultor. No sabré recomendar demasiado á los capitanes de embar caciones la vista tan feliz y singular de esa cadena de mon.- tanas, para que no puedan equivocar la entrada de la in mensa rada , que el pié del gigante indica de un modo mas exacto y preciso que pudiera hacerlo un faro. La alegría está pintada en todos los semblantes, la avidez en todas las miradas ; todo el mundo está en pié, curioso, atento, menos dos marineros que están sentados al pié del palo mayor, encogiéndose de hombros de la lástima que les causa nuestra admiracion y nuestra impaciencia. Nubes de mariposas de mil colores juegan entre las jarcias; rivalizan entre ellas por la variedad y coquetería, resisten á la brisa de mar que las rechaza , y penetran con nosotros en el golfo donde han na cido. Estos nuevos huéspedes son respetados como las her mosas aves de vistoso plumage, y saludamos por último, bordo contra bordo, esa tierra del Brasil , en la que el Atlántico se ha franqueado un paso como para dar asilo á los buques que acaba de atormentar. La entrada queda pronto salvada; penetramosen la rada; !qué espectáculo tan encantador ! Ni la soberbia Génova, con sus palacios de mármol y sus jardines aéreos; ni lar suena Nápoles con sus limpias aguas, su Vesubio y sus vi llas tan lozanas ; ni la rica Venecia con su arquitectura mo risca y sus cúpulas cinceladas ; ni aun el Bósforo con sus eminentes cúpulas, sus kioskos y sus minaretes hasta las nubes, ofrecen á la vista asombrada un panorama mas magnífico. A la derecha , á la izquierda, á nuestro frente, á nuestras espaldas, una naturaleza poderosa ostenta sus coquetas riquezas de. todo el ano ; árboles de una sorpren dente altura, islas alegres, sembradas por decirlo así en to da la estension de ese charco de agua cristalina , sobre el que pasan y repasan millares de mariposas viageras, grises, amarillas, encarnadas, abigarradas: un cielo mas elevado, poblado de papagayos chillones y de elegantes cotorras, de goélands y de enjambres numerosos de tímidos pájaros moscas que se tomarían por abejas si no fuesen vendidos por el • oro, las esmeraldas y los rubíes de su plumaje ; y despues embocaduras dominadas por iglesias de caprichosa arquitectura, deliciosas habitaciones esparcidas acá y acullá medio ocultas en cierto modo por los plantíos de palmerosy de anchos parasoles, de plátanos, y además millares de pi raguas que van de una yaya á otra lanzadas por la corta pagaya del negro esclavo, que aulla su canto nacional para TOMO 11. animar su valor y pujanza : tambien estiéndese aquí un bos que de palos y pabellones de todas las naciones del mundo, una ciudad grande y hermosa , un soberbio acueducto que la domina y alimenta ; en lontananza se ven , como si fuera una barrera poderosa puesta para contrarestar las invasio nes del Atlántico, Se ven , decimos las montanas de sorgues con sus agujas tan puntiagudas y tan regulares que se po dria decir 'que es obra de los hombres. Oh ! todo esto es magnífico , imponente , en cantador ; todo esto no puede describirse , bastante es poderlo admirar. Apenas se llega . á un pais nuevo , que todo se quiere ver , estudiar , cono cer ; los nos y sus ocultas riquezas , la tierra y sus tesoros, el hombre y sus costumbres. Se teme que falte semejanza , ó ánimo , 6 paciencia : tan rápidas pasan las horas cuando se estudia y se medita! Hé aquí pues el Brasil , tierra feraz entre las mas fera ces del globo ; casi se podria decir 'que es una naturaleza distinta de todas las demás, una verdadera naturaleza pri vilegiada. Para enriquecerse, •la codicia no tiene niaS que escudrinar el suelo ; para vivir , el hombre no tiene mas que respirar, porque la brisa de mar que sopla por la ma nana le dá fuerzas contra el calor del dia , y el viento de tierra que ha atravesado las altas montanas del interior , le hace olvidar por la noche la temperatura de una zona sofocante. Muchos peces nadan aquí en los dos; 'demasia das aves pueblan la atmósfera ; demasiado fruto pesa en los árboles; demasiados jnsectos se introducen en la yerba. Aquí las montanas ocultan piedras preciosas, los arroyos arrastran pepitas de oro , y diamantes tan hermosos como los de Golconda. En el Brasil no hay de esas enfermedades epidémicas ó contagiosas que diezman las poblaciones y cu yo solo recuerdo es un azote. Si os agrada una vida indo lente y tranquila , si para vos el descanso es la felicidad ; suspended vuestra hamaca á los troncos escamados de los palmeros , 6 buscad una suave habitacion cerca de la playa herida por la perezosa ola : mas si temeis la monotonía de los placeres exentos de variedad, permaneced en vuestra casa, envejeced en ella ; porque en el Brasil, cada manana de la víspera es igual á la del dia siguiente ; y creeríais que la nube que pasa hoy sobre vuestra cabeza , es la nube que vino ayer á protegeros con su sombra ó á refrescares con su rocío. En el Brasil se dina que esa naturaleza fuerte y vigorosa que pesa sobre el suelo , es la misma de siglos pasados , sin • que nunca se renueve. Siempre es verde, abigarrada y ri suena,. es una riqueza continua ; es un suave perfume ; es un silencio misterioso que penetra el alma y la mueve al de - lirio; es una quietud que descansa sin enervar; es un medio sonar y un medio despertar ; se siente penetrar dulcemen te la vida por los poros, se aspira el aire, se deja uno ir muellemente al descanso del sueno , como si el día provi niese del. cansancio y el hombre se adormece á los gritos y á los silbos agudos de los insectos y de los Colibrís, como á un celeste concierto que no muere sino mucho tiempo despues de haberse ocultado el sol en el horizonte. Creo os he ha blado del acueducto, que saliendo del pié virgen del Cor covado , baja y 'serpentea de colina en colina, conserva fresca y limpia el agua que ha recibido en su origen, y ali menta la ciudad entera. Mi primera visita debe ser para su acueducto y voy á seguirle en todas sus sinuosidades. De lejos, se puede tomar por una obra de los romanos en tiempo de su esplendor ; pero despojándose de toda pre vencion , no se vé sino un trabajo de paciencia y de utili dad pública; la corriente de agua llega á una colina veci na, con ayuda de un doble acueducto en el que se cuentan • 9 cielito cuarenta arcadas al último piso , y que ofrece un as pecto bastante monumental. Desde el pié del convento de Santa Teresa hasta los flancos desembarazados del Corcova do , es una pared de bricas ó ladrillos y de gruesas piedras bien cimentadas , de una longitud de legua y media , sobre una altura de cuatro ó cinco piés, unida por una bóveda á otra pared paralela , sirviendo todo de regata á la corriente de agua. De vez en cuando, se practican pequenas venta nas cuadradas sobre las paredes, y á cada cien pasos de dis tancia, una reducida estancia, un pequeno estanque late ral, á donde cae el agua por medio de un tubo de plomo, ha sido cavado para las necesidades de los peones y viageros. Para quien se haya hecho una justa idea de las costumbres perezosas de los habitantes del Brasil, este acueducto es una obra grandiosa, que por sí solo hace el elogio del príncipe en cuyo reinado ha sido construido. Despues de dos horas de camino por los sitios mas caprichosos y mas pintorescos, llegué á la estremidad de la fábrica, y descansé algunos ins tantes debajo de un magnífico emparrado que hacia sombra á la sábana de agua que, escapándose de la poderosa vege tacion en donde está prisionera, resbala libremente sobre un toba duro y pulido , en donde los curiosos tienen la cos tumbre de detenerse antes de subir al Corcovado. El paisaje presenta aquí, aun mas que en ninguna otra parte, uno de esos panoramas fantásticos que Claudio Lorrain había idea do , pero que Martin , ese pintor del espacio, ha poetizado tan admirablemente. La escursion que se hace al Corcovado , á todos cautiva. Hé aquí por fin una de esas selvas vírgenes en las que no se puede , dicen , penetrar sino con ayuda de la hacha y del fuego ! Armémonos pues de resolucion, y avancemos sin volver la cabeza. El manantial que provee el acueducto está aquí esten dido sobre una espaciosa y brillante roca : este es el punto de salida, de donde se vé serpentear un sendero bastante bien senalado , pero que desaparece poco á poco , á medi da que se suben los flancos de la montana. Consiste esto en que son muy frecuentes las tentativas, y que el peligro y el cansancio detienen pronto á los esploradores ; pero yo deseaba ver , y nada de este mundo era capaz de hacerme retroceder. De vez en cuando, con ayuda de una pequena hacha, me franqueaba un camino mas directo en esa masa compacta y cerrada de diversos follages , anchos , cuadra dos , agudos, dentellados , ásperos ó lisos , y de ramas que se cruzaban, se encontraban y se confundian , sin que se pudiera adivinar de qué tronco provenian. La oscuridad se hacia sombría, y sin embargo el sol, ese sol duradero del I3rasil , no llegaba aun á la tercera parte de su carrera. So bre mi cabeza , á mis costados, copos frondosos de verdura, impedian la entrada á todo rayo, y en muchos siglos quizá el suelo que hollaban mis piés no habia reflejado el azul del cielo. Avanzaba con una lentitud que me consumia; las inmensas capas de hojas secas y medio pulverizadas que cu brian el terreno, se hundian bajo mis piés , sepultando me á veces hasta la cintura. Cuando estaba cansando y mis fuerzas se hallaban agotadas , escuchaba inmóvil y recogi do. Tan pronto oia el chillido agudo de la coqueta y verde cotorra , que llegaba hasta mí desde las mas elevadas cimas como para saludar mi bienvenida, como la voz lastimera del mono ouistiti, tan bonito, tan limpio, tan vivo , tan carinoso... cuando nos os desgarra con sus unas afiladas co mo agujas; ó bien el rumor de una corteza quemada, arran cada de un tronco secular, deteniéndose un instante sobre un espino de palmero, haciendo un agugero , deslizándose á lo largo de un tallo limpio, y deteniéndose despues de 66 i€ mil caidas , sobre el terreno que ella alimenta y vivifica. Y mientras que con la mirada dirigida hácia el cielo , tratais de penetrar esa inmensa bóveda que os cubre, otro ru mor fugaz escapado de vuestros piés y que se prolonga á lo lejos , os dice que acabais de despertar una culebra asusta da por la primera vez del . nuevo enemigo que la persigue hasta en sus pacíficos estados. Además , digo de paso , que los viageros no deben dar crédito á las relaciones exageradas de ciertos escritores, cu yas plumas presentan al Brasil como surcado por una enor me cantidad de reptiles venenosos , que segun ellos hacen tan peligrosos al paseo y el descanso. Indudablemente hay en el Brasil un gran número de serpientes, y entre ellas muy temibles; pero nadie ha podido asegurarme haberlas visto cuya mordadura sea mortal , y que se atrevan á ata car al hombre. Por lo que á mí toca , por frecuentes que hayan sido mis escursiones en los mas solitarios sitios de esa region tan escabrosa, debo en verdad declarar, aun que deba sufrir mi amor propio , que nunca tuve que com batir con ninguno de esos terribles reptiles , de los que es taba ya receloso por las relaciones de tantos narradores, y que hay ciertas comarcas en Europa, en que las víboras son mas abundantes que las culebras en el Brasil. Anadiré sin embargo , que hay aquí lagartos monstruosos que pue blan todas las ruinas y cabanas ; que su número es inmen so , no obstante la guerra encarnizada que se les hace, por lo delicada que es su carne pero su vecindad, muy poco peligrosa, no es menos inquietante para el reposo y la tran quilidad , porque son de una estrema familiaridad , y no huyen sino del ruido y del movimiento. Las senoras brasilenas se visten con lujo, pero sin gracia ni elegancia ; y los rubíes, perlas y diamantes con que re cargan sus dedos, sus orejas y cabellos, no contribuyen po co á realzar el brillo de su tinte aceitunos°. Por las calles siempre van solas, unas en pos de otras á dos pasos de dis tancia, como una bandada de grullas, mientras que los dos esclavos , vestidos con limpieza, pero descalzos , cierran la marcha y protegen la última hilera. El órden se rompe al menor obstáculo , y siempre es necesario algunos minutos de intervalo, entre el tiempo del descanso y del movimien to, porque la mas rígida etiqueta reina aquí sobre este par ticular en todas las familias. Otras damas se pasean por la tarde y una parte de la noche por las calles y plazas públicas de Río-Janeiro, pero esta vez ván solas, y cubiertas de piés á cabeza con un manto negro, con el que se tapan como los árabes con los albornoces. ?Es esto coquetería ? No, es des treza y prevision , porque casi todas son de una fealdad re pugnante, y su lenguaje está perfectamente en armonía con sus costumbres. Ya veis que la Europa tiene su reflejo en el Brasil, y que los vicios son activos esploradores. En Rio Janeiro , quizá mas que en ninguna otra parte , la nobleza es abandonada y perezosa , nécia é ignorante. Las cartas de recomendacion pueden abriros aquí las casas de algunos grandes personajes; pero es raro que despues de una prime ra visita y de recíprocas finezas, seais recibido segunda vez. ,Por lo regular no se obsequia á los forasteros sino lo preciso, para no decirles claramente que su presencia es importuna. En el Brasil , las mujeres sobre todo , tratan á los negros con la mas espantosa crueldad, y se alejan de ellos como de un animal venenoso. Continuando nuestras investigaciones en Rio-Janeiro , digamos algo de los principales edificios, y algunas costum bres notables. Hé aquí el Palacio Real, en frente del desembarca dero. No hay ninguna casa de comercio en Europa, que N 67 le no tenga mejor esterioridad. Hé aquí los coches del em perador, de los príncipes y de los ministros, tirados por mulas ; nuestros simones tienen un movimiento mas ele gante y una forma mas coqueta. Entre el Brasil y la Euro pa hay una diferencia de tres siglos, y sin embargo, si veis las carrozas y los arneses de las grandes ceremonias , quizá llegueis á modificar vuestra opinion ; las artes y el lujo de Francia é Inglaterra, han atravesado el Atlántico y han venido hasta aquí á proclamar su poder dominador. La siesta espanola está muy en boga en el Brasil. En pleno dia, solo recorren la ciudad adormecida , los estranjeros , los agentes y los negros, En Rio-Janeiro hay una biblioteca real, hermosa y enriquecida con las mejoras obras litera rias, científicas y filosóficas de todas las naciones civiliza das. Me ha costado mucho trabajo hacérmela indicar, por que está completamente .desierta y desconocida de los brasilenos. En una pieza vecina al salon público, hay unos elegantes armarios privilegiados, en donde duermen sin que ni siquiera se hayan abierto, cerca de 2,5'00 volúmenes, admirablemente encuadernados. De la biblioteca fuí al Museo. El director (pues esta pa labra está tan en moda aquí como en Portugal ) me hizo los honores de los diversos salones de ese vasto local, con una amenidad particular, y ostentó á mis ojos las riquezas con fiadas á su cuidado con una complacencia que nacia de or gullo. Cuando le hice la oferta de algunos insectos y mari posas que faltaban en su coleccion europea, me ofreció generosamente en cambio un gran número de individuos muy raros, indígenas del Brasil , y si hubiera insistido en mi negativa, se habria ofendido. Mucho siento haber olvi dado el nombre de ese modesto sábio , en quien los estran jeros hallan una benevolencia honrosa y una conversacion escepcional en ese pais medio salvaje. Un instituto, fundado con las mismas bases que el de Francia, debia ser creado en el Brasil, bajo la proteccion especial del soberano ; ya se ha bla nombrado un cierto número de miembros, y entre ellos algunos sabios y artistas europeos. Uno de ellos , llamado Taunay, pintor del mayor mérito, fué á predicar allá, como S. Juan en el desierto, el culto y amor de las bellas artes. Desanimado y casi avergonzado de la inutilidad de sus es fuerzos , se retiró en seguida á las montanas, al pié de la deliciosa cascada Tijuka , en donde sus pinceles activos é in teligentes continuaron dotando á su pais con un gran núme ro de esos curiosos paisajes, y de cuadros de un género muy estimado por los aficionados. Otro apóstol, escultor de ta lento, artista de alma y de buril, terminó pronto en el dis gusto una vida llena de cansancio y de progreso. Sus esta tuas eran apreciadas en el Brasil solo por su magnitud ; le he visto casi dispuesto á romper á martillazos un soberbio busto de Camoéns , porque, fiel á la historia, habia hecho tuerto al poeta , y se le exigió que le hiciera con dos ojos. En Rio Janeiro no hallareis una coleccion de cuadros, ni en las casas de antiguos nobles, ni en la morada de los ricos senores; solo se ven adornados unos que otros salones de fon da con algunos cuadros. ! Y qué cuadros, Dios n'IR)! Romeo, Pablo y Virginia, Cora, Amarili, Atala y Chactas... Todo esto os hace desear vivamente abandonar la ciudad, y esconde ros en las infinitas selvas que la rodean. Es preciso , sin embargo, que concluya mi tarea y que estudie esta capital, que podria ser tan hermosa y floreciente. No escribo pane gíricos, hago historias. Pero si Rio-Janeiro no es una poblacion en donde las artes ocupen un puesto de preferencia, es al menos una ciudad especulativa y comerciante, en donde todo hombre que llega con capitales, es recibido en todas partes como si vi niese á dotar el pais con nuevas riquezas. Héme aquí en la calle, donde el génio del comercio ha plantado su caduceo dominador. Se llama Vallongua ; es un bazar abierto á todo el mundo , el centro general de todas las fortunas, una fe ria perpétua y permanente ; es una especie de plaza públi ca , un forum, un campo, como querais llamarlo ; es tam bien un lugar de estudio y meditacion... Entrad. La misma mercancía pregona , ruega , canta y aulla para llamar la atencion ; se rotula, se hace coqueta y hermosa, á pesar de ser súcia y fea : se cansa del almacen , vuestros desprecios la vuelven triste y grave, y si no obtiene vuestras prefe rencias, al menos no escapa á vuestras miradas. Allá, en un salon bajo y hediondo , están clavados en el suelo y en las paredes, bancos negros y grasientos. En estos bancos, y so bre este piso húmedo, se sientan desnudos , absolutamente desnudos , hombres , mugeres , ninos , y alguna vez ancia nos, que esperan al comprador. Apenas se presenta este en la puerta, y á una sena del amo, todo el harem se levanta, gesticula, se agita, se contrae, mujen canciones salvajes, prueba que tiene pulmones y que ha comprendido perfec tamente la esclavitud. !Infeliz del que no trata de distin guirse de sus companeros El látigo está preparado para surcar su cuerpo y hacer volar por el aire pedazos de carne negra. Pero ya os lo he dicho , cada uno sabe su papel, y lo de sempena perfectamente. Ahora, silencio ; el negocio vá á tratarse, y cerrarse la venta.! —Eh, pst, tú aquí!... —Cualquiera cosa se levanta : esa cualquiera cosa es un sér que tiene dos ojos , una frente, sesos, un corazon como vos y como yo... !Pero me engano! ese pecho no encierra un corazon ; pero por lo demás está completo. —Mirad esto. (Es el amo quien habla). —Eso no es malo. —Camina. Y eso se pone á caminar. —Ahora corre. Y eso corre , alza la cabeza , agita los miembros, patea, rie, grita, ensena los dientes. —Vamos, bravo. ?Cuánto vale? —Seis cuadruplos. —Doy cinco, Pero, ahora que me acuerdo, ?ha pasado ya la viruela ? —Ya la ha tenido ; mirad bien. En efecto , manchas amarillas y lucientes esparcidas so bre el cuerpo negro, testifican el contacto de un pequeno hierro candente , cuya cicatriz ha dejado una senal que en gana al inesperto comprador. —Está bien ; hé aquí vuestros cuadruplos. Un nuevo comprador se presenta. —! Hola ! levántate, camina, salta, absolutamente como acabas de hacerlo. —Es bastante regular, es jóven , sus dientes son des lumbradores ; pero... —S. E. puede estar tranquilo. —?Dices que tres onzas ? tómalas. —Cantad ahora vosotros. La cascada cae mugiendo, los dos compradores salen, empujando delante de ellos á puntapiés su adquisicion. El amo mete su oro en una bolsa de cuero, y se coloca en la puerta para detener otros parroquianos al paso ; hé aquí ein miniatura un mercado de negros en el Brasil. • Rio-Janeiro puede ser considerada como una plaza de ar mas, á pesar del mal estado de las fortificaciones que la w 68 protegen ; porque estas , además. de estar bien situadas , se hallan al abrigo de todo golpe de mano. En la entrada del puerto se notan los fuertes Lago, y‘ Santa Cruz, erizados de canones, los que por sus fuegos cruzados , hacen el paso sumamente peligroso. Cuando habeis salvado la entrada, os hallais frente al fuerte de Villegagnon , que debe este nombre á una accion heroica de un joven vasco, bastante atrevido , por haber tratado de vengar un gran acto de crueldad. A consecuencia de algunos altercados con los bra silenos, la tripulacion de una ernbarcadon de Bayona , lle gada á Rio-Janeiro hacia pocos dias, se vió de repente ro deada , hecha 'prisionera y llevada á la pequena isla, en donde está hoy dia construido el fuerte. Se instruyó proce so , y todos los marineros vascos fueron ahorcados, no co mo franceses, dice la sentencia, sino como hereges. A la nueva de esta barbarie , Villegagnon , noble de Bayona , se dirigió al rey de Francia, para pedir venganza de este hecho. Cansado de solicitar sin- alcanzar nada , Vi Ilegagnon reune en su casa un .cierto número de amigos , á quienes hace partícipes de su indignacion. —?Quereis ser de los mios? les dice. La sangre de nues tros hermanos es la que nos llama al Brasil ; ?estais dis puestos á seguirme ? Armo un brik y parto luego. —Nos vamos contigo, esclaman sus camaradas. —Manana,mismo , amigos mios. . —Manana. Villegagnon atraviesa el Atlántico, arriba frente la ciu dad, como un lobo hambriento que busca su presa, penetra en la rada , y devuelve cortesmente y tiro por tiro el saludo de la plaza. Luego atento é impaciente, fondea en la ense nada de la isla, á donde tuvo lugar el sacrificio de suscom patriotas. Llega la noche. —! A las armas! dice en voz baja á sus valientes y deci didos companeros ; á las .armas! hé aquí un trik de guer ra brasileno, su tripulacion indudablemente es numerosa ; mas no importa , tenemos valor. ! Al agua los botes y al abordaje del brik ! —! Al abordaje ! - Y hélos aquí nadando á fuerza de remo hácia el buque brasileno. —! Adelante les gritan. —Aun no, contesta Villegagnon de pié en la popa de la primera embarcador). —! Adelante ! Y el grito de alarma llama sobre el puente á la tripula cion del brick. Pero Villegagnon y los suyos, como un solo hombre, se precipitan silenciosamente por los obenques y portanoles ; las pistolas permanecen mudas ; hieren , derriban , matan á sablazos, á golpes de pica y de hacha ; es una verdadera carnicería y no un combate. —!Que no se maten todos! grita Villegagnon todo cu bierto de sangre ; amarrad los que queden , y á tierra. La &den es obedecida. Diez marineros brasilenos son conducidos,á la isla ; son juzgados y ahorcados. Villegagnon hace clavar sobre las horcas esta corta inscripcion : Ahorca dos no como hereges , sino como asesinos. Se vuelve despues á bordo ; una brisa de tierra le favo rece, corta el cable , iza sus velas y toma rumbo. La calma le coge en medio del puerto , tira segunda ancla para no ser arrojado á la costa. Pero la alarma ha cundido ya en el puerto y en la ciudad. Las horcas levantadas descubren á tordo el mundo el golpe de mano de Villegagnon ; la rada se vé.pronto surcada por miles de embarcaciones de guer ra, y el brick bayonés es requerido para entregarse. Ville gagnon contesta con fusilería y metralla ; se traba un atroz combate ; pero el número sofoca al valor. Todos lbs camaradas de Villegagnon perecieron con las armas en la mano; solo él, á quien se, habia mandado sal var, acribillado de heridas y tendido sobre el puente fué de vuelto á la vida. Se le encerró en un fétido calabozo cavado para él en la isla de las represalias , en donde murió en me dio de los tormentos mas horrorosos. El fuerte Villegagnon ha tomado su nombre del valiente noble bayonés , que la corte de Francia ni pensó siquiera en vengar. La isla de las Ratas y la de las Culebras están igualmente dominadas por fuertes baterías que seria muy difícil des montar ; y al fondo de la rada , en la isla del Gobernador , tan grande corno Santa Elena , se levantan otras baterías para defender las magníficas playas que las rodean. Duguy-Trouin , entrando como enemigo y á toda vela en la rada de Rio-Janeiro, ejecutó una accion sorprendente, y de la que los anales marítimos franceses conservan precio samente el glorioso recuerdo. La matanza de la tripulacion del capitan Duclair fué vengada, y el gran almirante trajo á Francia veinte y siete millones que habia impuesto á la ciudad. La historia del Brasil desde sudescubrimiento puede rea sumirse en dos épocas ; la de los primeros establecimien tos de los especuladores , tributarios de los portugueses , y la de la llegada de Juan VI, huyendo de Lisboa ante sus victoriosos enemigos. Elánse construido en esta tierra feraz algunas ciudades y aldeas, y se ha elejido una corte. La nobleza portuguesa ha seguido allí á la familia de Bra ganza. Desde .entonces se ha hecho sentir una mayor ac tividad en la pesquisa del- oro y piedras preciosas que aquí arrastran los nos y arroyos. Empero la agricultura , la in dustria , las artes y las ciencias han .permanecido estacio narias , y nada anuncia aun que el Brasil quiera regene rarse con un _baustismo de civilizacion. Siendo en algun modo el carácter de los brasilenos no tenerlo, poco les importa vivir con comodidad con tal que vivan. Todos sus pensamientos los reducen á evitarel dolor. No quieren agitarse , el movimiento les desagrada; si les despertais se caen , y creo que un ciudadano sentenciado á hacer una jornada á pié de cuatro ó cinco leguas, seria casti gado con mas rigor, que el que debiese sufrir una pena de ocho dios de cárcel. Unicamente salen de su especie de letar go cuando se les echa en cara su pereza. No desesperemos, pues, de los brasilenos. Este jardin público, desierto entera mente ; ese hermoso paseo del acueducto, totalmente aban donado; esos vastos bosques, magníficos, silenciosos, que ocultan tantos tesoros y que costaria poco trabajo á una mano activa darles un valor décuplo ; esas aguas. tan limpias, lle nas'de peces , que corren hoy tristes é inútiles por regiones medio salvajes ; ese asombroso número de animales dani nos que sitian las poblaciones , que seria tan fácil destruir ó alejar ; esas poblaciones ambulantes y crueles que espar cen el espanto hasta las puertas de las principales ciudades, ? no indica todo esto la culpable apatía de los brasilenos? ! Pues bien ! indicadles el resultado de su muelle indolencia, y se reirán de vosotros.. Su perezosa memoria se despertará para mostraros en un pasado poco lejano, lo que era el Brasil antes de su conquista ; y su frente, descolorida por lo regu lar , se cubrirá de un cierto rubor de modestia, como si la gloria de los Diaz , Cabrale.s y Alburquerques,.fuese su pro pia gloria; como si las conquistas de sus antepasados, fue sen el fruto de los trabajos y cansancios del dia. En todas las direcciones de esmi vasta parte del Nuevo-. Di 69 r,C: Mundo , en las llanuras, en el centro de las montanas, en las orillas del Mar , me decia un dia un brasileno, posee mos florecientes ciudades, anchos y seguros puertos de mar, que nos atraen á todos los especuladores de la Europa. Creen llegar entre salvajes, y no hallan por todas partes sino hombres civilizados ; están asombrados , estupefactos de la riqueza del país, del comercio de nuestras ciudades , y se marchan con el sentimiento de nuestra gloria y pros peridad. El mismo lenguage usan hoy todos los brasilenos, y al oirlos se creeria que el Brasil no tiene otras riquezas que las que ellos han traido. ! Amarga irrision Fingen ignorar que la mejor parle de esa vasta region es apenas conocida, y que si á grandesdis tancias , algunos establecimientos indican á los viageros las débiles huellas de una civilizacion naciente, el inmenso es pacio que los separa unos de otros está abandonado casi en su totalidad ; estos hombres ciegos é lusos, olvidan que las comunicaciones entre dos provincias son siempre muy difí ciles, y algunas veces hasta imposibles á causa de los torren tes que desvastan sus campinas y destruyen las frágiles bar Nació este ilustre patricio en Oviedo , el 26 de noviembre. de 1786 , recibiendo en las fuentes bautismales el nombre de José María, y heredando de sus pa dres el de Queipo de Llano Ruiz de Saravia. En Cuenca recibió los primeros rudimentos de su edu cacion , que continuó en Madrid, y perfeccionó durante la azarosa y notable carrera de su vida, en las cortes estrangeras , á donde le llevaron los puestos eminentes que ocupó, y las tempestades po líticas. Amamantado en las escuelas de las doctrinas liberales, que por entonces empezaban á. cundir en Espana ; á resultas de la memo rable revolucion francesa, imbuí do de sus ideas con la lectura de las obras de Roussau , que goza ban gran crédito y prestigio entre sVih.. la juventud , y afirmado algun tanto en ellas por la amistad que habia contraído con el Aad de monges benedictinos del monasterio de Monserrate de Madrid, sugeto de opiniones muy exaltadas , dióse en breve á conocer como sustentador de las nuevas doctrinas, que andando los tiempos, habían. de poner en combustion al mundo, por las que habia de ser perseguido , y de las que mas tarde debia , sino abjurar, no darles tan franca entrada, y mirarlas con mas prevencion,- una vez perdido el prestigio que les prestaba la novedad, y las acaloradas imaginaciones de los jóvenes. Con el memorable alzamiento de Espana en contra de los.franceses , puede decirse pie empezó la vida pública del conde de Toreno. El 2 de mayo tuvo ya lugar de distin reras que se les habian opuesto. Rehusan hacernos saber que de Babia á Rio-Janeiro, las dos principales ciudades del Bra sil, no se ha de viajar sino á pié ó cavalgando sobre un mu lo, sin que casi se haya apenas principiado una carretera para carruajes. Tampoco nos dicen nada de la precision en que está el viagero de llevar consigo los víveres necesarios para su viage; ni de la necesidad que tiene de hacerse acom panar por esclavos, á veces poco fieles, para que le sirvan do guia en medio de los bosques y vastassoledades. Ninguna fon da ó posada se encuentra en todo el camino, ninguna garan tía hay contra los ataques de las poblaciones antropófagas, ningunos recursos sino de valor, contra la ferocidad de las onzas y los jaguares; ninguna seguridad porparte de losguias, á quienes ni siempre halagan las recompensas, ni casi nun ca someten las amenazas. Están demasiado cerca de la li bertad para no humillarse dé su esclavitud; y esos hombres tan tímidos, tan sumisos en las ciudades, parecen en me dio de los bosques dispuestos á reconquistar la independen cia que se les ha arrebatado. Estudios biográficos. EL CONDE DE TORENO. El conde de Toreno. guirse en Madrid , salvando con grande esposicion de su vida , la de su amigo D. Antonio Oviedo, y partiendo poco despues de la corte , -contribuyó con sus discur sos y el prestigio que gozaba su familia en su pais natal , á acele rar el movimiento' de Asturias. Cuando este se hizo estensivo á todo el principado, el primer cui dado de la junta formada fué en viar á Toreno y á D. Angel de la Vega á Inglaterra, en busca de ausilios y medios con que conti nuar la gigantesca empresa ya co menzada. De regreso de su comisión, que fué ventajosa á los intereses na cionales, renunció el nombra miento de miembro de la junta del principado de Asturias , que en él habia hecho el marqués de la Romana , y aun sostuvo con este caudillo ágrias contestacio nes, por la conducta que 'labia observado , disolviendo la junta anterior. Despues, cuando las tropas francesas invadieron el principado, tuvo que va gar por algun tiempo por las montanas, pasando en segui da á Sevilla y luego á Cádiz, en donde recibió poderes de Leon y de Asturias, para representar á estas provincias en la Junta central. En ella fijó uno de los que mas ardiente mente abogaron por la conrocacion de las cortes, y nom brado diputado de las mismas , á pesar de no tener veinte y cinco anos; nulidad que se le perdonó en gracia á sus ta lentos y servicios. Aquí fué donde ya empezó á dar muestras mas relevan tes de su talento oratorio, que tan alto puesto alcanzó des DI 70 1<- Pues entre los mas notables de Europa. Fuerza de lógica y de raciocinio, vehemencia, persuasion , buen decir, en suma, todas las dotes oratorias, las poseyó en grado emi nente, tanto, que algunos admiradores suyos le han apelli dado el primer orador de su tiempo. Y en efecto , si no lo ha sido, tampoco puede negarse que no ha tenido muchos competidores. Asuntos particulares le llamaron á Asturias , en ocasion que el rey Fernando VII, queriendo mandar como monar ca absoluto , disolvía las cortes y daba:principio á la era de las persecuciones contra los miembros del partido liberal. El conde de Toreno , que era á la sazon uno de los mas notables, noticioso de que se trataba de prenderle, enco mendó su salvacion á la fuga, y en efecto, partió secreta mente para Lisboa, y poco despues se trasladó á París. La vuelta de NapoIeon de la isla de Elba , y su momentáneo triunfo hizo que el conde de Toreno abandonase la capital de Francia y se trasladase á Inglaterra, donde supo que sus bienes habian sido confiscados, y él condenado á muerte á causa de sus opiniones. En agosto de 1815 , poco despues que la batalla de Wa terloo acabó con el poderío y fortuna del nuevo César, re gresó Toreno á París, para verse atropellado y preso por la policía francesa, por creerse que no era estrano al movi miento liberal verificado en la Coruna por Porlier,, cunado del conde. Reconocida á poco la inocencia de este, fué pues to en libertad ; y vivió sin ser molestado en el vecino reino, hasta que , verificado el alzamiento del ano 20 , volvió á Espana, á entrar en posesion de sus bienes, y el cargo de diputado á cortes para que fué elegido por su provincia, y por cuya razon liabia renunciado por tres veces el destino de enviado estraordinario y ministro plenipotenciario en Berlin. Su fama creció en estas córtes, manifestando en sus discursos la modificacion que iban sufriendo sus ideas, y rechazando en todas ocasiones con la mayor energía la ti ranía de las turbas : todo esto le valió, que en mas de una ocasion tuvo en peligro su vida ; pero nada le arredraba, y confesaba valientemente sus opiniones, obligando, por úl timo, con su elocuencia, á que le aplaudiesen los mismos que poco antes pretendían asesinarle. En el tiempo que duró en Espana este nuevo ensayo constitucional, Toreno tomó parte en todos los trabajos de las cortes , representando en ellas un papel tan brillante, que el rey le invitó á que formase un ministerio y se pusie se á su frente, honor que rehusó Toreno, sin duda porque su grande esperiencia de los negocios le hacia conocer cuán efímero debia de ser por entonces, el triunfo de las ideas liberales. Sin embargo, admitió el simple cargo de designar las personas que debian componer el nuevo ministerio, y no bien entregó al rey la lista, en la que se designaba á Martinez de la Rosa, como presidente del consejo de mi nistros, cuando salió en posta para Paris. En esta capital estaba, cuando ocurrió la segunda inva sion francesa en la península, y empezó una nueva pros cripcion que duró diez anos. Durante ellos, viajó Toreno por Francia, Inglaterra, Alemania y Suiza, contrayendo relaciones con los hombres mas notables en política y en ciencias-de estos paises. El decreto de amnistía, dado el ano 1832 por la reina gobernadora, puso fin á este segundo destierro, que soportó Toreno con gran fortaleza de espí ritu , y despues del cual regresó á su patria para volver á desempenar los altos destinos debidos á sus talentos y com promisos por la causa liberal. Está aun tan inmediata esta.tercera época de la vida po lítica del conde de Toreno , que nos creemos dispensados de decir nada de ella. ?Quién no conoce, en efecto, el pa pel siempre importante que ha representado este personaje entre nosotros desde la muerte del rey Fernando, hasta el ano 40, en que emigró de nuevo ? ? Quién no conoce su administracion ? ? Quién no ha oido ó no ha contribuido á ensalzarle 6 vituperarle , siguiendo en esto el impulso de sus pasiones políticas ? ? Y quién, por último, si como mi nistro de la corona ha condenado sus actos, como orador no lo ha aplaudido, y como historiador no lo ha aprecia do `I En efecto , si otras muchas circunstancias no hiciesen del conde de Toreno un personage notable, su Historia del levantamiento, guerra y revolucion de Espana, bastaria por sí sola á hacer célebre su nombre. Sin embargo, Toreno murió en Paris , donde se había espatriado voluntariamente, á causa del pronunciamiento de setiembre del ano 40; y murió justamente cuando los nuevos acontecimientos del ano 44 volvian á abrirle un por venir no menos brillante y halagüeno que el que se le habia presentado en otras diferentes épocas de su vida. Hoy des cansan sus restos en uno de los cementerios de Madrid, á don de fueron trasladados desde la capital del vecino imperio. La caza infernal. Por Qf 21, etirler. En el fondo del castillo del feroz conde del Rhin suena el ronco son de su trompa de caza : haloh haloh! á pié y á caballo Y su caballo se lanza relinchando, seguido con estrépito por una falanje de monteros y picadores. Sí gueles impaciente, derramándose por entre espinos, male zas y praderas , la trahilla de los perros desencadenados. Es el dia del reposo consagrado al Senor ; el sol del do mingo esparce su hermosa luz sobre la alta cúpula de la iglesia, y la gran voz de las campanas llama á los fieles á la oracion. Los cánticos cristianos suenan en el interior del templo y convidan al recogimiento. 9 Pero el conde y su séquito, cruzan veloces sin oir ni atender á nada, el camino que conduce á la casa de Dios. Adelante, adelante grita el conde, y de repente vé ve nir volando de derecha á izquierda á dos caballeros monta dos : el caballo del primero es blanco como la plata ; el del segundo es de color de fuego. ?Quiénes son esos ginetes ? El de la derecha, sereno y hermoso como la primavera,. trae la frente cenida de una aureola luminosa. El semblan te del de la izquierda está cubierto de horrible palidez, y lanza de sus hundidos ojos miradas sombrías á la vez y ru tilantes.—« Bien venidos, caballeros ! Llegais á propósito N 71 g< para acompanarme, si os place , á la caza. No hay placer en el mundo que iguale al que el hombre siente entregán dose á este noble ejercicio.» Dicho esto, apoya alegremente una mano en la cadera y echa al aire su sombrero. « El sonido de la trompa no se aviene con los cánticos sagrados y la voz de las campanas. Vuelve á atrás, desven turado conde , porque de lo contrario tu cacería te será fu nesta. Créeme, atiende al ángel bueno que te habla por mi boca, y no escuches al ángel Malo.» Así habla el caballero de la derecha ; pero el que cabal ga á la izquierda del conde replica al punto : —« ! Adelante , adelante, noble cazador 1 Los gritos de los ojeadores y el eco de los clarines, deben tener mas grata armonía en los oídos de un esforzado conde , que el clamor de las campanas y los coros de místicas voces. Cree en mis palabras : el galope del corcel y el esplandor de la caza son para tí.» —« Razon llevas á fé mía, caballero de la izquierda ; tus palabras revelan un héroe.» Y dirigiéndose á su acom panante de lá derecha, anade: —« Que el que no se sien ta con fuerzas para este noble placer, vaya á rezar en hora buena, que poco me importa que se enoje, mientras me de je gozar de toda la plenitud de mi encanto.» Y así diciendo, desgarra con el acicate los hijares de su caballo, y atraviesa como una exhalacion campos, montes y valles, seguido de los dos caballeros que galopan á su la do. De repente pasa por el horizonte un ciervo blanco; vélo el conde, dá la senal, y á pié y á caballo todos los ca zadores se precipitan. Caen algunos y otros mueren destro zados por los piés de los caballos.— « ! Dejadles rodar hasta el infierno ; placer de príncipe no conoce retardo! » El acosado ciervo se oculta en un sembrado: su instinto le hace creer qne allí estará seguro. Vélo el labrador y cor re á precipitarse á los piés del conde : « Senor , os ruego que os compadezcais del sudor del pobre.» El caballero de la derecha se apresura á adelantarse, y exhorta al conde con dulzura ; el de la izquierda le escita al mal. El conde desprecia al primero, y se deja seducir por el segundo.— « ! Atrás, perro, grita con furia al infeliz su plicante , ó pasaré por encima de tu vientre !... Adelante , companeros; y para apoyar mis palabras, haced chasquear vuestros látigos en las orejas de ese villano.» Dicho esto, el conde salva la ceica, y tras él se precipitan hombres, perros y caballos , gritando, ladrando, relin chando , y desgarran la mies, que queda reducido á sutil polvo. Asustado el ciervo , emprende nueva carrera, y per seguido siempre al través de prados, montes y valles, llega á una llanura y se refugia en un rebano. Pero los ágiles perros que no pierden sus huellas, lo descubren al cazador, que vuela en su seguimiento. El pastor lleno de espanto , se prosterna ante el conde: —«! Senor, le dice, tened com pasion de mí ! No destruyais este inocente rebano, que está compuesto de las reses de las infelices viudas; respetad el único patrimonio del pobre. ! Senor, por piedad I » El caballero de la derecha se adelanta velozmente y exhorta al conde con dulzura ; el de la izquierda le escita al mal. El conde desprecia al primero, y se deja seducir por el segundo.—« Perro temerario, esclama irritado el conde, ?quién eres tú para atreverte á detener mis pasos? Quisiera verte atado á tus reses, para poder gozarme arrojándoos de una vez y todos juntos á los infiernos... !Haloh! ! haloh! !Companeros, á ellos! !Adelante, adelante! Yhombres, perros y caballos se arrojan sobre el rebano, cuyo pastor ensangrentado queda yerto entre sus reses moribundas. El ciervo logra evadirse otra vez de aquella carnicería; jadeante de cansancio, cada vez. mas van faltándole las fuer zas. Cubierto de sangre y sudor , penetra en una selva, y busca amparo en la cabana de un ermitano. Pero los fieros cazadores, precedidos por el chasquido de los látigos , los ladridos de los perros , el acompasado rumor del galope de los caballos y los sonidos de la trompa, no tardan en llegar. Entonces el santo ermitano sale al encuentro del conde y le dice:— « ! Atrás! No violes el asilo de Dios; su criatura gime é implora compasion. Atrás Por última vez ; atiende al consejo que te dá este anciano; de lo contrario tu perdi cion es inevitable.» El caballero de la derecha corre á ponerse al lado del conde y le exhorta con dulzura; el de la izquierda le escita al mal. Desgraciadamente se deja seducir por el segundo.— « ! Impotentes son tus amenazas , esclama el airado conde, porque así las temo como si me las hiciera el sér mas des preciable! ! Qué me importa á mí tu cólera y la de tu Dios! ! Haloh I ! haloh! ! Adelante, amigos, adelante! prorrum pe en ronca voz el feroz caballera, agitando el látigo y ar rancando ásperos sonidos á su trompa de caza. Pero lié aquí, que de repente ermitano , cabana, hom bres, perros y caballos desaparecen ; los gritos y el tumul to de la cacería son reemplazados por un silencio de muerte. El conde mira COQ espanto en torno suyo; lleva á la boca su trompa, y la trompa queda muda; quiere gritar, y le fal ta la voz ; agita su látigo, y su látigo no produce ningun sonido ; hunde la espuela en los hijares de su caballo, y su caballo queda inmóvil. En torno suyo se vá formando una horrible noche como la que reina en las tumbas. Parece que á lo lejos suena un mar airado, y sobre su cabeza una voz pronuncia con el fragor del trueno esta terrible sen tencia: « !Execrable tirano, culpable para con Dios, para con los hombres y los animales ; los ayes de tus víctimas te lla man ante el tribunal donde arde la antorcha de la justicia. Huye, monstruo, huye, eternamente perseguido por el in fierno y sus demonios. Sirva tu castigo de ejemplo á los ma los príncipes , que para satisfacer sus placeres, no respetan ni al creador ni á la criatura! » Entonces un resplandor amarillento y siniestro ilumina la selva , y el frio del terror penetra hasta la médula de los huesos del conde. Jadeante y dominado por un temblor convulsivo, sus sentidos se turban; delante de él aparecen todos los horrores y ruje á sus espaldas el bramador hura can. En medio de aquel espantoso desquiciamiento de la naturaleza, sale de la tierra una mano negra y gigantesca, se eleva lentamente por encima de su cabeza, ábrese, bá jase luego, se cierra lentamente cogiéndole por los cabellos, y le vuelve el rostro á la espalda. Surjen de todos lados fuegos azules, verdes y rojos, un mar de llamas le rodea, monstruos horrendos se le acercan, y mil perros infernales salen aullando del abismo y se lanzan en su persecucion. Y el impío conde huye atravesando campos y bosques, gritando, sollozando , gimiendo , perseguido sin tregua ni descanso por la trahilla infernal, de dia en las cavernas sub terráneas, de noche en el espacio de los aires. Por mas rápida que sea su carrera , continúa con el rostro vuelto á la es palda , viendo sin cesar á los monstruos y demonios encar nizándose en su suplicio sin fin, rechinando los dientes y ansiosos de destrozarle entre sus encorvadas unas. Esta es la caza infernal que durará hasta el postrero dia, y que muchas veces pasa durante la noche por delante de los tiranos. Muchos de ellos, si no debiesen callarlo, po drian referirlo. Y 72 1C La Primavera. por f. Zieck. Jamás la Primavera se ha olvidado de volver. Apenas llegan las cigüenas y revolotean las golondrinas ; apenas queda destronado el Invierno, la Primavera, como una ha. da de. blondos cabellos, despierta y sonrie. Al punto recoge sus juguetes, que el anciano Invierno habia roto y disper sado; purifica la selva con su aliento embalsamado , y en sena sus cantos al ruisenor. Su fresca mano toca al árbol frutal ; trepa por las ramas del albaricoquero ; una lluvia de flores cubre la tierra , y al ver que su obra se realiza, agita dulcemente su cabeza, y natura muestra su júbilo por do quiera. Entonces se tiende y duerme sobre el florido césped de los bosques ; su delicada y suave boca despide un perfume voluptuoso ; á su beso de amor, las violetas y las fresas sil vestres levantan su púdico velo, y el valle y el monte des piertan festivos. Para' ella no valen ni rejas ni llaves ; salta por el muro de los jardines y abre todas las puertas. De dia barre la nieve de los caminos y enlaza los bojes , y de no che, sin curarse del descanso , trabaja en su florida tarea á la luz de la luna. Cuando llega el momento propicio, « ?dónde están mis amigas ? esclama la Primavera. ?Por qué permanecen por tanto tiempo ocultas en la tierra ? !Ea , yo les invito á pa sar conmigo este tiempo de placer! » Y el lirio aparece, mostrando sus blancos dedos ; llega el tulipan con su gra cioso tocado ; la rosa se acerca modestamente, seguida del ranúnculo, y por todas partes van llegando grandes y pe quenas flores. Bordado queda el manto de los prados ; sale el amor de un bosquecillo de jazmines; los humanos rinden acciones de gracias, y el coro de las aves canta su alegría, porque todo es felicidad. Pero llega un dia en que la Primavera besa los tier nos pétalos de las flores, y les dice : «Es necesario par tir.)) Al oir su voz de despedida, mueren de deseos é incli nan su mustia cabeza. «Mi obra queda terminada , anade la Primavera ; las golondrinas que deben llevarme á otros sitios, me están ya aguardando ; voy á descansar por algun tiempo en los perfumados campos de la India. Mi corta edad no alcanza á coger el fruto ; no tengo fuerzas para arrancar de la vid el pesado racimo, ni puedo segar la dorada espi ga ; para estas cosas ya os enviaré el Otono. Yo no soy mas que una nina juguetona ; aborrezco las cosas sérias ; no obs tante , cuando estareis fatigados del Invierno , ya volveré para daros contento. Me llevo mis flores y mis avecillas ; ? qué inflan durante la siega y la vendimia? Adios , adios; si el amor permanece entre vosotros, nunca os faltará la Primavera! » Exeerpta. Las personas vanas é indolentes afectan despreciar las letras ; los hombres sencillos las admiran sin tocarlas, y los sabios las usan y las honran. BACON. La ociosidad se parece al orin ; consume mas quo, el trabajo. FRANKLIN. Un observador moralista no revela la confesion de nadie y publica los pecados de todo el mundo. Nuestro fin reside en nosotros mismos. Los sufrimientos del alma frecuentemente no son mas que un castigo impuesto ; es decir, las consecuencias inevitables de un estado interior contrario á la natu raleza. FEUCHTERSLEBEN. La imaginacion desempena en la complexion humana el papel de Mercurio : cuasi siempre preside á todo, y por ella es el hombre ó muy dichoso ó muy desgraciado. HEiNsE. No hay quien tenga mas penalidades que aquel que no quiere tener ninguna. BlON. Cuando se destruye una preocupacion antigua es menester fundar una virtud nueva: MAD. STAEL, La fuerza moral nos dá la fuerza física y cuasi siempre el triunfo. >4* El valor desprecia las heridas , pero no las cicatriza ; este privile gio pertenece á la resignacion. Vivir oculto es vivir feliz. h* OV1D10. Hay épocas afortunadas en la vida del hombre , en que el cuerpo se subordina al espíritu , de_ modo que llega á olvidar sus propias ne cesidades. En estos casos , todas las fuerzas físicas se desarrollan y siguen libremente su curso , como una corriente que se estiende sin barreras entre una orilla visible y otra invisible. Feliz el que alcanza ese poder de abstrai:cion , que sabe evocar el éxtasis y moderarlo con el poder de la voluntad FEUClITERSLEBEN. El carácter es una voluntad desarrollada. BARDENBERG. Hallen. — Ea, ambicion, importuna huéspeda A quien nunca de biera haber admitido , sal por fin de mi casa ! La ambicion. —Si debo salir, espero al menos de tu cortesía que, segun la antigua costumbre alemana , me indicarás dónde debo ir á alojarme. Te lo ruego muy encarecidamente , porque en verdad te digo, que ya no sé dónde ir.,. Donde no estoy yo están los mies. Y. DE HUTTEN. Por lo no firmado y como Editor responsable.—Juan Oyeres. 8ARCELONA.--IMPRENTÁ DE D. JUAN OLIVERES, CALLE DE ESCUD1LLERS , N.° 51,-1862. Y2 73 11 Armonías de la naturaleza. LOS DOS OCéANOS. pur 21. be unibetl. II y último. Habiendo dicho someramente cuanto importa conocer sobre la cubierta interior de nuestro planeta , veamos aho ra cuál es la envoltura universal esterior, á la que llamare mos océano aéreo. En sus bajíos, que conocemos con el nombre de mesetas y montanas, y las inmensas llanuras que al pié de ellas ó entre ellas se estienden , tiene el hombre su morada. Varias clases de fenómenos ligados todos entre sí con mútua y estrecha dependencia, nos presenta el aire que con la tierra nos envuelve. Tienen su orígen algunos de estos fenómenos en la constitucion química de la mate ria en que se operan , de los cambios que sufre la diafani dad del aire, de su coloracion y el modo con que es polari zada la luz ; al paso que otros derivan de la presion densidad de temperatura, de la tension eléctrica y tambien de la humedad. Sabido ya que el aire es una sustancia flui da , pesada, elástica, susceptible de comprimirse y dilatar se, trasparente , sin color , invisible , sin olor ni sabor , ha convenido averiguar las proporciones de sus elementos cons titutivos. Merced á las continuas investigacionespracticadas desde principios de este siglo, en las que hemos tomado uná parte muy activa con Gay-Lussac, y á la análisis química operada por Dumas y toussingault , conforme á los méto dos menos susceptibles de error y á los procedimientos mas exactos, se ha venido en conocimiento de que el aire cuando está seco y libre de toda materia estrafía , contiene en vo lúmen 20'8 de oxígeno, que es el primer elemento de la vi da animal ; 79'2 de ázoe ; de dos á cinco diezmilésimas de ácido carbónico, de veinte y ocho á treinte y una diezmi lésimas y algunos resíduos de vapores amoniacales produ cidos por la descomposicion incesante de los cuerpos, y que suministran á las plantas el ázoe que contienen. Se ha ob servado tarnbien que la proporcion del oxígeno aumenta ó decrece, aunque muy poco sensiblemente, segun las esta ciones ó sitios donde se recoje el aire. No obstante, es digno de notarse, segun un esperimento practicado por Martins, citado por el químico Dumas, que tanto oxígeno contenia el aire recogido por aquel físico á una altura de 2,500 metros, que el que estaba en contacto con la capital de Francia. Varios son los orígenes del ácido carbónico, que forma una de las partes constitutivas de la composicion normal del aire, siendo los principales : la respiracion de los ani males que lo estraen de las sustancias vegetales de que se alimentan, las cuales á su vez lo han absorvido y vuelven á absorverlo de la atmósfera ; los volcanes apagados y fuentes termales, y el que se produce á espensas del hidrógeno car bonado que tambien existe en la atmósfera, y cuya descom posicion ocasionan las descargas eléctricas de l'as nubes. Es probable que la introduccion del carbonato de amoníaco en la atmósfera, es anterior á la aparicion de la vida orgánica en la superficie 'del globo. Respecto á los vapores amonia cales y nitrosos, combinaciones de bases múltiples de los reinos vegetal y animal , reconocen principalmente por orí gen como dijimos, la descomposicion de materias vegetales y TOMO II. animales en toda la superficie del globo. Los gases, produ cidos por esos miasmas y emanaciones pestíferas, sobre todo en las regiones mas inmediatas á la tierra , no han podido hasta al presente sujetarse á una rigurosa análisis quími ca. Pero es un hecho fuera de toda duda , que la atmósfera, en determinados casos , se halla saturada de materias ya inorgánicas, ya vegetales en descomposicion , sumamente funestas á la salud de los hombres y animales. La esperien cia así lo ha demostrado sobre todo en la atmósfera que ro dea las regionespantanosas, en la de las playas cubiertas de moluscos podridos, y en la de los cementerios descuida dos, etc., que suele ocasionar el tifo 6 las calenturas inter mitentes. Otras veces los vientos levantan de suelos recalen tados por los rayos solares y llevan á considerables distan cias, llegando á oscurecer la atmósfera, inmensas nubes de finísimo polvo, que segun el análisis de los sábios, contiene innumerables animalillos infusorios. Finalmente, las nieblas que exhalan un olor particular son otro testimonio de las mezclas que accidentalmente puede contener la atmósfera. La presion atmosférica, especie de marea en el Océano atmosférico, independiente de la atraccion lunar , varía no tablemente segun la latitud geográfica , las estaciones y la altura del lugar en que se observa. Segun las observaciones hechas en el centro de Europa por espacio de muchos anos, la oscilacion media del barómetro desde las nueve de la manana hasta las tres de la tarde es de 0,4 de línea; y de cerca de 0,2 de línea desde las tres de la tarde hasta las nueve de la manana. Es digno de notarse la regularidad de este fenómeno, de modo que por él puede conocerse á po ca diferencia la hora que es, sobre todo de dia , sin que lo gren alterarle las tempestades, lluvias ó temblores de tierra. Atribúyense en gran parte estas variaciones al poder calorífico de los rayos solares ; así es, que la diferencia de temperatura entre las regiones equinocciales y las polares, engendra dos corrientes opuestas, la una en las elevadas regiones de la atmósfera y la otra en la superficie del globo, fenómeno muy parecido á las corrientes marítimas. Del re cíproco empuje y penetracion de estas dos corrientes y de otras causas que motivan , se originan las variaciones de presion atmosférica, cambios de temperatura, formacion y -variedad de figura de las nubes y precipitacion de los vapo res acuosos condensados. Es indudable que la accion corlátante del sol entre los trópicos, hace afluir el.aire frio de los polos á las regiones bajas de la atmósfera , del mismo modo que el aire calien te refluye hácia los polos en las regiones superiores de la atmósfera ; pero estas corrientes no serian directas si la su perficie del globo fuese cilíndrica en vez de ser esférica. En efecto , el aire frio de las regiones polares, llegando de un lugar donde la rapidez de rotacion es únicamente de tres á cinco mil leguas por dia en lugar de ser de nueve mil, co mo bajo el ecuador, se halla en el caso de un hombre que quisiera saltar de una barca á otra barca que fuese dos ve l )5 74 g< ces mas aprisa ; este hombre caeria de espaldas, porque no recibiría de la primera barca una fuerza de impulsion sufi ciente para continuar moviéndose tan aprisa como la otra; al paso que puesto de pié el mismo hombre sobre el lomo de un caballo al galope, puedesaltar en otro caballo llevan do la misma velocidad , con la misma facilidad que si los dos caballos no se moviesen. Así pues, la corriente de aire frio que parte de los polos vá aminorando su velocidad á medida que adelanta hacia el ecuador, y con relacion á los objetos que encuentra, es como una embarcacion 6 un carruaje que vá menos aprisa relativamente al que le ade lanta y parece ir en sentido contrario. Estas diversas zonas de la tierra, que el movimiento de rotacion lleva hacia el Este, con tanta mas rapidez cuanto están mas cerca del ecuador, chocan y rozan con la cor riente que viene del polo, como si procediera en sentido in verso. Semejantes corrientes en la atmósfera no son muy sensibles sino entre los trópicos , en aquellos sitios donde las cadenas de montanas , islas ú otros obstáculos, no se oponen á su marcha ; y hé aquí porqué en la superficie del Océano etlántico, entre el África y la América, ha sido has ta ahora el lugar donde mejor se han observado esas cor rientes regulares, llamadas vientos alisios ( del Este de la zona tropical). A estos vientos es debido al presente d co nocimiento y seguridad de una travesía que fué tan larga y tan peligrosa para Cristóbal Colon. Si se pudieran obser var con la misma facilidad las corrientes aéreas en las ele vadas regiones de la atmósfera, se hallada sin duda un efec to inverso, esto es, que el aire calentado por el sol en el ecuador, despues de haber ascendido sobre las capas mas frias, debe corrersehácia los polos, pero conservando toda ía la velocidad de rotacion de su punto de partida. Existe una correspondencia manifiesta entre el océano atmosférico y el océano acuoso. La inmensa masa de agua de este último sigue constantemente las variaciones de tem peratura del primero, y siendo constantes las aguas de los mares, sirven admirablemente para igualar las temperatu ras , mitigando los rigores del invierno y los calores del es tío. Las tierras firmes en el interior de los continentes, ale jadas de los mares, sufren todos los rigores de las estaciones. En el interior del Asia, por ejemplo, es muy frecuente en verano mantenerse el termómetro por espacio de sema nas enteras, á 30° y 31°, sucediendo á estos estíos , in viernos cuya espantable temperatura media es de 18° á 20° bajo cero. Dijérase que los habitantes de aquellos paises en que reinan semejantes climas, se hallan condenados corno aquellas almas de que habla Dante en su Divina Co media: A sofferir tormenti e caldi e gieli (1). Para los habitantes de los climas templados, aquellos es traordinarios y estremos cambios de temperatura , serian mortíferos; los moradores del Asia central los resisten. Si se nos preguntara cómo, podríamos anadir con el poeta flo rentino: Che, come fa, non vuol ch'a noi si sveli (2). Si el Africa se sumergiera; si saliendo del seno del océa no la fabulosa Atlantide', uniera la Europa con la América; si las tibias aguas del Gulf-Stream , no fuesen á verterse en (1) A sufrir los tormentos del frio y del calor. (2) Có1120 sucede, ( la Virtud divina) no quiere revelárnoslo. los mares del polo Norte ; 6 si , solevantada por erupciones volcánicas , se interpusiera una nueva tierra entre la penín sula Escandinava y Espitzberg , de seguro que el frio que se dejarla' sentir en Europa seria intensísimo. A medida que aumenta la anchura de los continentes y disminuye la in fluencia del mar, déjansesentir menoslos vientos templados, y disminuye relativamente la temperatura. Si en la Siberia occidental es tan grande el rigor del clima , débese , no á su. grande elevacion sobre el nivel del mar , sino á la con dicion de su suelo y á la naturaleza de las corrientes atmos féricas. Con la temperatura se aumenta la cantidad de vapor contenido en la atmósfera, y por consiguiente, este elemen to varía segun las horas del dia , las estaciones , latitudes y alturas. Existe un enlace• íntimo entre la humedad y la presion atmosférica y tambien la temperatura , y su poder vivificante no depende únicamente de la cantidad absoluta de vapor disuelto en las capas aéreas , sino tambien de la frecuencia y modo cómo se precipita este vapor , ya sea en forma de rocío , niebla , lluvia ó nieve. Segun las compa raciones meteorológicas , hechas por Dove entre la América del Norte y Europa , la fuerza elástica del vapor acuoso contenido en la atmósfera de nuestra zona templada alcan za al máximum con el viento de S. O., y al mínimum con el N. E., .y esto sé comprende fácilmente , por cuanto la corriente del S. O., es solo una desviacion de la corriente ecuatorial , de que hemos hablado anteriormente , al paso que la del N. E. es la única corriente polar reinante. Finalmente, existe una íntima conexion entre la electri cidad de la Qtmósfera y los infinitos fenómenos que DOS pre senta esta, ya en su distribucion del calórico , ya en su pre s'ion , ya en sus meteoros acuosos. Tambien es muy probable esté ligada al magnetismo, de que al parecer se halla re vestida la corteza superior del globo; y algunos siíbios, entre ellos Stakeley y Beccaria , la han reconocido por causa de los terremotos, apoyando su dictamen en varias y numero sas pruebas. Como quiera , es grande el influjo que ejerce en los reinos vegetal y animal , no solo por los fenómenos meteorológicos á que da origen , sino tambien como un agente escitante del aparato nervioso y de la circulacion .de los líquidos orgánicos. Reconocido el efecto , no entrare mos, ni es propio de este lugar, en la investigacion del orí gen de la electricidad que se desarrolla en la atmósfera. Basta que digamos que las opiniones é hipótesis son nume rosas. Segun Peltier, debe atribuirse la electricidad atmos férica en tiempo sereno, á la evaporacion de las aguas cena gosas impregnadas de sales y de sustancias térreas ; Pouillet la atribuye al influjo de la vegetacion ; De la Rive, á las reacciones químicas que se operan en la superficie de la tierra, etc. Por lo general, la electricidad del océano aéreo se halla equilibrada y menos sujeta á perturbaciones, cuan do este descansa sobre el océano acuoso. Segun Peltier,, ya citado, las nubes de color pardo apizarrado se hallan car gadas de electricidad resinosa , y las blanquizcas , rojas ó anaranjadas, de electricidad vítrea. Las tormentosas pueden formarse, ya á grandes alturas , ya muy cercanas al suelo. Arago distingue tres especies de relámpagos ; los que cule brean con bordes bien terminados ; los que iluminan la at mósfera sin forma determinada , y los que semejan globos de fuego. Los primeros son muchísimo mas rápidos que los segundos. No siempre la iluminacion de la nube la acom pana el trueno, y este no se ha oido jamás en determinados paises. |
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