03_No. 2 (1 enero 1863), p. 89-100 |
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N 89 N
montanas que quedaban mucho al oriente , y siempre ha
llaron la costa del mar asi anegada , y arboledas espesas
cerca de ella , como dicho es, que era imposible entrar por
ellas ; y estando metidos con los navíos en un seno por
donde la tierra volvia al oriente, vieron unas montanas
muy altas allí donde aquella tierra hacia cabos, lejos de
ella 20 leguas ; y determinó el almirante ir allá , pues la
tierra no volvía al setentrion y era de grandisimo hondo co
mo el cacique había dicho ; y dijo que por allí por donde
el almirante quería ir en 50 leguas no hallarla cabo.
52. Navegaron por dentro de muchas islas, y al cabo de
dos dias con sus noches llegaron á las montanas que hablan
visto , y hallaron que era un chererrezo tan grande co
mo el de la Aurea , como la isla de Corcega : cercaronla
todos y nunca pudieron hallar entrada , porque era así la
tierra llena toda de lodo y arboles espesos , como dicho es ;
y las ahumadas de gente eran en la tierra muy grandes y
muchas, y tuvieron allí por aquella costa siete días buscan
do agua dulce de que tenian necesidad , y la hallaron en
tierra de parte de oriente , cerca de unos palmares muy
lindos : y alli hallaron nacares y grandisitnas perlas. Vieron
que alli habla buenas pesquerías si las continuasen.
33. Despues que tomaron agua y lena navegaron al aus
tro siguiendo la costa de la tierra , y despues al poniente
siguiendo siempre la costa de tierra firme hasta que los
llevaba al surueste y parecía que habian de llevar por aque
lla vía gran numero de jornadas, y al austro vieron toda
la mar llena de islas despues de haber andado gran parte
de donde habían partido, y los navíos estaban muy descon
certados por las muchas dadas en los bajos y las cuerdas y
aparejos gastados, y la mayor parte de los mantenimientos
muy perdidos , en especial el vizcocho por la mucha agua
que habla en los navíos, y toda la gente muy cansada y
sudando ; que la sazon de los vientos y la vuelta les podria
hacer adversos.
h. Entonces acordó el almirante dar la vuelta por otro
camino, no por donde habian ido , y volver á Jamaica ,
que el almirante llamaba Santiago, y acabar de redondear
toda la parte del austro que les habla quedado por andar;
y asi dieron la vuelta pensando poder pasar por entre unas
islas que alli estaban , en las cuales nunca hallaron canal y
les fué preciso volver atrás por un brazo de mar por donde
habian navegado hasta la punta del Serafin y las islas don
de primero hablan surgido en la Mar Blanca.
55. Tomaron la vuelta por el mismo camino por donde
hablan venido y pasaron la casa del cacique, y alli por
esos mares sorprendió la gran multitud de mariposas que
cayeron en el mar espelidas por los vientos, y vinieron tan
tas tortugas y tan grandes que la mar era cuajada de ellas
y parecia que los navíos se querían encallar en ellas. Los
Indios las comen , y las tienen por muy sanas y sabrosas.
56. Pasaron por otro brazo de la Mar Blanca y al cabo
de las muchas islas donde hablan surgido la primera vez
en la Mar Blanca con muy poca agua, que fue maravilla
de nuestro senor aportar allí , hasta que llegaron á la pro
vincia de Orrrofai , y allí surgieron en un gran río y pro
veyeron el navío de agua y lena para navegar al austro
siguiendo otro camino y dejando las islas del Jardin de la
Reina á la izquierda, y asi lo hicieron y no se pudieron es
cusar de pasar por muchas islas que hasta entonces no ha
bian visto : alli , como hemos dicho, es la gente mansa en
gran manera , y montanosa la tierra y fertilisima y abun
dosa de viandas ; de todo les dieron muy gran parte ; eran
frutas suavísimas y aromáticas.
57. Allí les trageron infinitos papagayos y otras aves,
TOMO 11.
principalmente palomas muy grandes y tan sabrosas como
perdices de Espana , y tenían el papo lleno de flores que
olian mas que flor de azahar de los naranjos.
58. Allí hizo el almirante decir misa -é hizo plantar una
cruz : era domingo cuando el almirante hizo decir misa y
descendió á tierra ; y el cacique alli era muy honrado y se
nor de mucha gente y familia. Criando vió 41 almirante
descendido á tierra , él tomó de la mano á otro Indio de
mas de 80 anos que venia con él, le tomó de la otra hacien
dole mucha fiesta, y traia aquel viejo un ramal de cuentas
de piedras de inarmol al pescuezo , las cuales tienen en
gran precio ; y el cacique y el viejo y todos los otros an
daban desnudos como nacieron , y asi acompanaron al al
mirante al lugar que había mandado preparar para decir
misa. •
59. Despues el Indio viejo con muy buen semblante y
osadia, le dijo que había sabido como el almirante corria y
buscaba todas las islas y Tierra Firme de aquellas partes,
y que no tomaría vanagloria de que toda la gente le tuvie
se miedo porque él era mortal como todos los hombres :
nacieron desnudos y tenían alma mortal, y que de mal de
cada miembro el alma era la que se dolia , y como al tiem
po de la muerte, del despeditniento del cuerpo sentían muy
gran pena , y que van al rey del cielo ó en el abismo de la
tierra segun el bien ó el mal que habían hecho en el mun
do. El almirante le respondió por medio del interprete que
había tenido mucho gusto en oírle, que venia de Castilla,
que no había hecho dano á persona alguna, y que habla
venido para hacer bien y honra á los buenos y mal á los
malos; y que esto le hablan mandado sus senores el rey
don Fernando y la reina dona Isabel , muy grandes reyes
de Espana. Y entonces les contó que estos reyes eran los
mayores senores del mundo, y las cosas que habian visto
,en Castilla, ciudades, fortalezas, iglesias, caballos, fiestas,
toros, etc.; y el viejo dijo que quería ir con el almirante,
y ver tantas maravillas, y hubiera venido , salvo el incon
veniente de su muger é hijo, y por piedad de ellos lo dejó.
60. El almirante tomó otro mancebo de allí que trajo sin
escandalo de la tierra, el cual con el otro cacique que traia
que había tornado , envió al rey y reina despues de vuelto
del viage á la Espanola.
61. Todas aquellas gentes estranas y de la Tierra. Firme
le parecieron bien personados y de agudos ingenios, de los
cuales todos huelgan mucho saber cosas nuevas y como ha
cen los hombres de acá ; y son muy obedientes y leales á
los caciques, y preguntaban por el nombre del gefe de las
carabelas y repitieron el nombre entre ellos para que no se
les olvidase ; y, preguntaban por el nombre de los navios,
si venían del cielo ó de donde venían , y aunque les decian
que eran hombres de Castilla, pensaban que Castilla era el
cielo. Ellos dicen que los de 'Wagon andan vestidos porque
tienen rabo que ocultar. Se despidió el almirante de aquel
cacique y viejo honrado de Ornofai con mucha amistad y
con muchas obligaciones.
62. Partió el almirante de Ornofai , y del río de las Mi
sas navegaron al austro por dejar el Jardín de la Reina, que
eran muchas islas verdes y hermosas á la mano izquierda
por el peligro del navegar, que primero á la ida hablan
pasado. Llegaron por causa de los vientos contrarios á la
provincia de Macaca, y allí en toda la provincia los recibie
ron muy bien, y allí en un golfo mas grande á donde puso
el almirante Buen-Tiempo por nombre. Allí navegaron al
poniente hasta que llegaron al cabo de la isla, y desde el
austro hasta que la tierra volvia al oriente ; y asi , al cabo
de ciertos días vinieron al monte Cristalino y de alli á la
1`.4
punta del Farol y á la baja que es mas al levante once le
guas, donde hace fin la isla sobredicha. Allí hubieron cier
tos días el viento contrario.
63. Navegaron á la parte del austro, fueron á surtir una
tarde á una bahia en cuya comarca habia muchas poblacio
nes, y vino un cacique de una muy grande poblacion que
está en un alto. á los navios y les trajo muy buen refresco,
y preguntó quien era el almirante, el cual' les respondió
por medio del interprete que era vasallo de los muy gran
des senores y reyes de Castilla don Fernando y dona Isabel;
que le habían mandado á descubrir aquellitierra y honrar
los buenos y destruir los malos, y les contó .otras muchas
cosas que les agradó infinito.
64. Al otro dia partió el almirante, y ya que iba á la
Isabela con poco viento, vino el cacique con tres canoas: la
mas grande canoa era muy grande y muy pintada ; alli ve
nia su persona y la muger y dos hijas; la una hasta 18 anos
muy hermosa, desnuda del todo: allá es costumbre muy
honesta : la otra era menor, y dos hijos varones y cinco
hermanos y ocho criados' los otros debian ser sus vasa
llos : traia un hombre como alferecia ; en la canoa esta,
solo venia el rey á la proa con un sayo de plumas colora
das, de hechura de cota de arma, y en la cabeza traia una
gran pluma que parecia muy bien , y traia en la mano una
bandera blanca sin senal alguna, dos otros hombres venian
con las caras pintadas de la misma manera, y cada uno
traía en la cabeza una gran pluma en forma de celada, y
en la frente una tablita redonda tan grande como "un plato,
y pintadas de una misma manera : traían estos en la mano
cada uno un juguete con que tocaban. ,
65. Rabia otros dos hombres pintados de otra manera
que traian las trompetas de palo muy labradas, y pájaros y
otras sutilezas y leno negro muy fino , cada uno de ellos
traia un lindo som
brero de palmas
verdes muy espe
sas. y de muy su
til obra.
66. Otros seis
traian sombreros
de plumas blancas,
y al pescuezo una
joya de alambre de
una seda que es en
aquella comarca
que se llama gua
ni , y es tan fino
que parece oro de
ocho quilates. Era
de hechura de una
flor y del tamano
como de un plato;
la traían al pescue
zo con sarta] de
cuentas gordas de
piedra marmol de
gran precio , y en
la cabeza una guir
nalda de piedras
menudas verdes y
coloradas puestas en orden , y en medio algunas mayores
adonde bien parecia; y traían ademas una joya grande colga
da sobre.la frente, y alas orejas le colgaban dos grandes ta
bletas de oro con unas sartillas de *cuentas verdes mas menu
das. Traían un cinto, aunque andaban desnudos cenidos de.
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11111 Mi iimat
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5 2..L.L.1 •
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la misma obra de la guirnalda, y todo lo restante del cuer
po descubierto. Y así mismo su muger venia adornada des
nuda, salvo un solo lugar de su miembro que de una cosilla
de algodon no mayor que una oja de naranjo , tenia tapa
do. Traian en los veranos de los jubones antiguos de los
franceses : traían otros dos C01110 aquellos y mas grandes en
cada pierna como á horcas, tambien de algodon abajo de
las rodillas.
67. La hija mayor la mas hermosa toda andaba desnuda;
un solo cordon de piedras muy negras: y menudas, sola-.
mente traía cenido , del cual colgaba una cosa de hechura
de ojo de yedra de piedras verdes y coloradas pegadas sobre
algodon tejido.
68. Y luego que llegó á los navíos, empezo á dar cosas
de su comarca ,. y entró en la carabela luego y despachó su
gente á que llevasen las canoas á tierra ; todo esto hizo an
tes de llegar el almirante; y-apenas lo vió se llegó á.el muy.
alegre y diciendo : « Amigo mio , tengo determinado dejar
la tierra é irme contigo á ver el rey y la reina y príncipe su
hijo, los mayores senores del mundo, los cuales tienen
tanto que han sojuzgado acá tantas tierras por ti que lel
obedeces ; y por su mandato todo este mundo has sojuzga
do , como he sabido.por aquellos Indios que contigo traías
y que en todo caso estan las gentes de ti tan temerosas que
es maravilla ; y que los Caribes que es gente numerosa y
muy brava te temen , y les has destruido las canoas y ca
sas , y tomado las tmigeres é hijos , y muerto de ellos los
que no huian : yo sé que en todas las • islas de esta comarca
que es infinita gente, te temen Y han gran miedo y les pue
des facer .mucho dano si no obedecen al rey de Castilla tu
senor ; pues ya conoces las gentes de estas islas y su flaque
za y sabes la tierra ; pues antes que me tomes mi tierra y
'senorío yo quiero ir contigo , con mi casa ,, en tus navíos á
ver á los grandes
rey y reina tus
senores , y á ver
la tierra mas rica
y abundosa del
inundo y ver
maravillas de Cas
tilla que son mu
chas segun tu In
dio me ha conta
do. » El almirante•
teniendo compa
sion dé el y de su
hija y de sus hijos'
y de su muge!' , se
lo estorbó viendo
su inocencia y
buena voluntad, y
dijo que lo reci
bia por vasallo del
rey y reina y que
por ahora se que--
'VI ,1I,,• , 'foil '41
'
ChSTELLANO
Preparan los espanoles en 1518 ,sU espedicion contra Méjico.
clara que aun le
quedaba mucho
que descubrir y
que lo llevaría en
otro tiempo ; y
así hubo de quedar 'con su gente y casa.
69. El almirante navegó por el austro hacia al oriente,
y cuando volvio á la Espana, vino á salir por aquellas mis
mas islas Caribes por donde habla venido al principio.
70. Llegó á Castilla en junio de 1496 y trajo consigo al
Di 91 te
liadas en maderas y de, ellas de bulto. Traia unas coronas
como unas alas y en ellas como unos ojos á los lados de oro.
73. Esta vez estuvo mas de un ano en Castilla y en Ara
gon , y partió de vuelta á las Indias en agosto de... Murió
en Valladolid en 1506, de 70 anos de edad, poco mas ó
menos. Era natural de Milan.
Hasta aquí Andrés Bernaldes. Doce anos mas tarde par
tió de aquella isla Juana (Cuba) y de su ciudad de Santia
go', fundada por Diego Velazquez en 151i, la armada que
condujo á Hernan Cortés y los suyos á verificar una de las
mas atrevidas empresas de que haya memoria.
gunos Indios ; antes que de allá partiese habla prendido al
gran cacique Caunaboa y su hermano y su hijo á quien pu
so por nombre don Diego. Caunaboa se murió en la mar, ó
de dolencia ó de poco placer.
71. Traia un collar de oro el dicho don Diego hermano
de Caunaboa , que le hacia el almirante poner cuando en
traba en las ciudades , hecho á eslabones de cadena que
pesaba 600 castellanos, el cual lo ví y tuve en mis manos ;
y lo tuve por huesped en mi casa.
72. Trajo entonces el almirante muchas cosas entretegi
das de algodon y en todo figurado el diablo en figura de
gato ó de cara de lechuza , ó de otras peores, y ellas enta
El opio y el tabaco y las influencias de su uso en el físico
y moral del hombre.
por p. Cap p. 21. Wars.
1.
. El jugo condensado de las cápsulas de laadormidera ,
• conocido desde la mas remota antigüedad con el nombre de
opio, es sin duda uno de los mayores tesoros que haya des..
cubierto la humanidad. Es una sustancia tan activa y po-.
derosa , que sin su ausilio , seria cuasi imposible el ejerci
cio de la medicina; pero á causa de la fatalidad .que acom
pana las mejores cosas, el abuso ha venido en pos del uso,
y este abuso se ha desarrollado con tal rapidez é.intensidad
en algunos pueblos de oriente, que no se sabe si el opio ha
causado mas bien que mal. En la India , Turquia y China ,
el pueblo se entrega al uso del opio con .un furor que nada
parece poder contener, y los resultados de este terrible há
bito son cada dia mas y mas espantosos.
Dáse particularmente el nombre de teriakis á los que tra
gan el opio , ya sea en forma de píldoras', ya reducido á
líquido. « Los teriákis, dice un reputado viagero , empiezan
por medio grano y aumentan progresivamente la dósis has
ta tomar sesenta .y mas granos diariamente. Procuran no
beber despues de haberlo tragado , temerosos de provocar
violentos cólicos ; pero en breves anos la palidez se hace
manifiesta , Menguan sus fuerzas, y una flaqueza estrema
son el preludio del marasmo general que se apoderará de
ellos. El hombre que empieza á usar el opio en los primeros
anos de su juventud , raras veces llega á los treinta y seis
anos; pero como está pasion es tan poderosa, no son capaces
de vencerla. ni la certitud de las enfermedades ni laperspec
tiva de una muerte prematura. Los teriakis contestan estói
camente á los avisos que soles dan, diciendo, que su dicha no
tiene precio ; y si se les fuerza á definir esta felicidad sobre
natural, dicen que no pueden describirla , y que es un pla
'cer imposible de espresar. No obstante, esperimentan estos
desgraciados antes de terminar su existencia y en medio del
estado de torpeza que les domina, dolores • atroces, y un
hambre cuasi contínua. Estos dolores son tan intensos, que
el mismo opio tomado en altas dósis , no siempre alcanza á
calmarlos. Sus facciones se descomponen , cada vez es ma
yor la inflarnacion del periostio, se .les caen los dientes, y
mucho tiempo antes de morir , están atormentados por un
continuo temblor. »
Un embajador inglés enviado á la India , fué conducido
luego de su llegada á palacio á una pieza reservada, cuyos
adornos y muebles aventajaban en lujo y riqueza á todo
cuanto hasta entonces habia visto. Despues de haberle dejado
solo unos breves instantes, entraron dos hombres de aspecto
distinguido precediendo una litera cubierta de ricas sede
rías y velos de gran precio , llevada por unos esclavos; En
el interior de aquella litera estaba acostada una forma hu
mana que se hubiera tornado por un cadáver, sino se hu
biese.visto balancear la cabeza á cada movimiento de los
portadores. Dosoficiales traían unas bandejas doradas conte
niendo una copa y una botellita llena de un líquido azu
lado. Creyendo el embajador que era involuntario testigo
de alguna ceremonia fúnebre, quiso retirarse; pero pronto
salió de su error , viendo á los oficiales levantar la cabeza
del que pareci.a un sér inanimado., recogerle la lengua que
salía de la boca , y .hacerle tragar tarnbien cierta cantidad
del líquido de la redoma , cerrándole las mandíbulas y
frotándole suavemente la garganta para hacérselo bajar.
Despues de haber repetido esta operacion cinco ó seis veces,
aquel hombre-cadáver abrió los ojos y cerró la boca invo
luntariamente , y en seguida bebió él mismo una gran dosis
del líquido. En menos de una hora aquel sér animado se
sentó en la litera, habiendo recobrado el color y un poco de
fuerza en las articulaciones. Dirigió entonces la palabra en
persa al enviado, preguntándole los motivos de su eMbaja
da. Dos horas despues aquel estraordinario personage esta
ba completamente -activo y en disposicion de entregarse á
los negocios mas arduos. El 'embajador inglés se .tomó en
tonces la libertad de hacerle algunas preguntas acerca la
estrafía escena que había presenciado.
« Caballero , le dijo, hace muchos anos que como opio y
por grados he caído en este deplorable estado. Paso las tres
cuartas partes del dia en el estado de estupor en que me
habeis visto. Sin fuerzas para moverme ó hablar, conservo
no obstante el conocimiento ,.y transcurre este tiempo en
medio de agradables visiones ; pero jamás saldria de este
estado , sino tuviese servidores leales y celosos que velan
por mí con religioso cuidado. Cuando por el estado de mi
pulso, conocen que mi corazon palpita lentamente y cuando
mi respiracion llega á ser cuasi insensible , entonces me
>2 92 bt
hacen tomar la solucion de opio y me vuelven á la vida
como habeis visto. Durante estas cuatro horas habré traga
do varias onzas, pero no pasará mucho tiempo sin que vuel
va á caer en mi habitual estupor.»
El uso del opio en medicina se remonta á los tiempos mas
antiguos, pero lacostumbre de fumarlo esmucho masrecien
te. Empiezan á hallarse sus huellas á partir del islamismo.
Prohibiendo la nueva religion el uso de los licores fermen
tados, reemplazáronlos sus adeptos con el de .ciertas sus
tancias provistas de propiedades análogas. Los habitantes
de la India tomaron de los árabes esta funesta costumbre.
En la China, donde este vicio está hoy dia tan generalizado,
apenas hace un siglo, solo era conocido como medicamento.
La pipa en la que se fuma el opio, es de tierra cocida ; se
compone de una pequena esfera hueca muy aplanada en el
eje por el cual comunica con el tubo que tiene sobre unos
veinte centímetros de longitud. La esfera tiene en medio
de su superficie superior una pequena abertura de cuatro á
cinco milímetros de ancho. El opio destinado para fumar se
tuesta antes ligeramente , se disuelve despues en agua y se
prepara una especie de estracto. Para fumarlo toman un
trozo del tamano de una lenteja con el estremo de unas te
nacillas de hierro, lo acercan á la llama de una bujía, pa
ra volver á tostarlo de nuevo; luego lo colocan sobre la
pequena abertura de la esfera de la pipa, poniéndolo en
tonces en contacto con la llama de la bujía, del mismo mo
do que lo hacen los fumadores de tabaco; el opio se inflama
.y aspiran el humo. Esta operacion se repite varias veces y
comunmente hasta que el fumador entra en una especie de
beatitud ó delirio, durante al cual su imaginacion le pre
senta mil objetos fantásticos y seductores; embriaguez terri
ble cuyos abusos son mucho mas peligrosos que los del vino.
« Uno de los objetos que tuve la curiosidad de visitar en
Singapore , dice lord Jócelyn en su Campana de la China,
fué el fumador de opio en su cielo ; espectáculo espantoso,
aunque á primera vista sea menos repugnante que el del
borracho, rebajado por sus vicios al nivel del bruto. No
obstante, la sonrisa estúpida y la letárgica apatía del fuma
dor de opio, tienen algo de mas horrible que el embruteci
miento del hombre ébrio. La compasion acalla todos los
demás sentimientos al ver las mejillas sin color , los ojos
huranos de la víctima, vencida por el poderosísimo efecto
del veneno.
« Una calle situada en el centro de la ciudad, está ente
ramente invadida por las tiendas destinadas á la venta del
opio. En aquel sitio, por las noches, cuando cesan los tra
bajos del día, vése una multitud de infelices chinos, que
acuden presurosos para satisfacer su abominable pasion.
Las salas donde se sientan y fuman, están circuidas de una
especie de sofás de madera con un respaldo á propósito para
poder descansar la cabeza; algunas veces una pieza separa
da y destinada al juego, forma parte de estos establecimien
tos. Sobre las nueve de la noche, vénse á aquellas tristes
víctimas de una pasion irresistible, sumidas en todos los es
tados que resultan de la embriaguez del opio. Los unos
entran medio locos para satisfacer el terrible apetito que
han tenido que vencer con grande esfuerzo durante el dia;
los otros , todavía bajo la influencia de una primera pipa ,
rien y hablan desatentadamente , mientras que en los ca
napés inmediatos, yacen otros infelices lánguidos é inmó
viles, con la sonrisa del idiota, harto postrados por el efecto
del veneno, para prestar atencion á lo que pasa en torno
suyo , y completamente absortos en su cruel placer. La úl
tima escena de la tragedia, tiene lugar ordinariamente, en
una pieza retirada de la casa, un verdadero cuarto mor
tuorio donde son tendidos, -tiesos como cadáveres, los que
llegan á aquel estado de éxtasis que el fumador de opio
anhela ávidamente , imágen del prolongado sueno en que
no tarda en precipitarle su ciega locura.»
Para dar una idea de la marcha progresiva del consumo
de opio en la India, tomamos los siguientes detalles de una
memoria publicada por el doctor Little, que ha ejercido por
espacio de muchos anos la medicina en Singapore. A me
diados del pasado siglo , tan solo se importaban en China
unas doscientas balas de opio. En 1796 los fumadores de
opio eran ya tan numerosos, que el gobierno chino hizo
una ley con el objeto de disminuir su número ; pero nada
pudo contener la corriente. En 1837, se importaban en
China 40,000 balasdeopio, valiendo laenorme suma de cinco
millones de libras esterlinas ( 500 millones de reales); y hoy
dia, que se calcula que asciende á cuatro millonesel número
de fumadores de opio, aquella cantidad cuasi ha duplicado.
En la isla de Java que solo contiene nueve millones de habi
tantes , se cuentan sobre noventa mil personas entregadas
á aquel vicio. En Singapore, sobre setenta mil habitantes,
se cuentan al menos quince mil fumadores de opio. Se pue
de calcular la cantidad de opio consumido diariamente por
un individuo, á dos gramas de estracto 6á cuatro gramas de
opio en bruto.
El gobierno inglés arrienda el derecho de vonder opio ,
y este arriendo le dá únicamente en Singapore una renta de
dos millones y medio de reales. Está prohibido, bajo severas
penas, fumar opio en las plazas públicas, y las casas donde se
fuma deben estar cerradas á las nueve de la noche, no per
mitiéndose que se juegue en ellas ni entre nadie con ar
mas. El estracto de opio destinado para fumar se llama
chancla ó chanclo°. El opio cuya esencia se ha estraido y el
que se ha fumado, se llama tic chancla 6 tinco, y es muy bus
cado por las gentes pobres, que lo toman en píldoras, y por
los mercaderes , que se sirven de él para alterar el opio del
comercio.
Nada en el mundo, dice M. Little , iguala la beatitud
del fumador de opio cuando entra en el lugar que vá á ser
vir de teatro á su éxtasis. Provisto de la necesaria cantidad
de chancla que vá á fumar, se tiende en una especie de le
cho de campana cubierto de un colchon , y con la cabeza
apoyada en una almohada de bambú , empieza á cargar su
pipa. Antes de entrar en la casa, veíase el abatimiento pin
tado en sus facciones; sus ojos estaban apagados , su andar
era lento, sus pasos inciertos , su voz temblona , su rostro
pálido y macilento. Pero ahora, con la pipa en la mano, y
una lamparilla encendida á su lado, ya no es el mismo
hombre : brillan sus ojos y se animan sus facciones ; carga
su pipa , la acerca á la lámpara, hace algunas aspiraciones
prolongadas y profundas, arrojando el humo con suma len
titud ; luego deja la pipa , apoya la cabeza y empieza á sen
tir los efectos del veneno. Una segunda pipa aumenta el es
tado de vaguedad en que se halla, pero hasta la tercera (5
cuarta pipa no empieza el éxtasis. Entoncestodos sus miem
bros se estremecen , ábrense estraordinariamente sus ojos ,
agúzanse sus sentidos, todos sus dolores desaparecen , la
percepcion es clara, la lengua espedita ; ha llegado el mo
mento de las confidencias y de la locuacidad ; en fin, con la
sonrisa en los lábios llena y fuma su última pipa. Entonces
la coloca lentamente á su lado, y apoya de nuevo su cabeza
en la almohada ; una estrana sonrisa vaga en su semblan
te ; el párpado superior. cae lo propio que la mandíbula y el
lábio inferior; las inspiraciones son cada vez mas profundas;
toda percepcion desaparece y poco á poco queda sumer
gido en un sueno agitado y violento, del que despierta con
D§ 93 gc
todo el sentimiento de su miseria. Un estado de languidez
y de malestar, sucede á esta beatitud momentánea ; los do
lores de los miembros, la tristeza, vuelven á aparecer, y
este estado no cesa hasta que el fumador recurre á su pa
sion favorita, que debe aumentar todavía sus enfermeda
des y su perdicion.
A medida que el hábito se arraiga , estos desgraciados
pierden el sueno, sufren vértigos, opresion de pecho, y
debilidad de la vista ; la digestion se turba , el cuerpo en
flaquece y los músculos pierden su vigor. Por la manana
esperimentan sordos dolores en los huesos ; poco á poco las
facciones se alteran, las piernas les tiemblan , las cejas se
deprimen y caen , la vista se anubla y el semblante ofrece
el aspecto de una vejez prematura Una multitud de sínto
mas graves anuncian una consuncion general, y la menor
enfermedad pone fin á aquella triste y deplorable exis
tencia.
El abuso del opio destruye á la vez la constitucion física
y las facultades morales de los desgraciados que se entregan
á él. La pereza, la inaccion y la miseria, no tardan en su
mirles en una profunda depravacion , que abre las puertas
al crímen , por cuanto el robo es el recurso al que las mas
de las veces se entregan para satisfacer su pision. Los hos
picios, las cárceles y los hospitales, están llenos de fumado
res de opio. Cuando se ha contraido este funesto hábito, es
cuasi imposible renunciar á él inmediatamente, habiéndose
dicho con mucha razon, que no hay esclavitud comparable
con la que pesa sobre el fumador de opio.Algunos, aunque
pocos individuos, qué lo usan con moderacion, resisten por
mas tiempo á sus terribles efectos. Otros, si bien todavía
en mas reducido número, han podido correjirse enteramen
te de este vicio, y entre ellos podemos citar el último em
perador de la China, que lo alcanzó por la sola fuerza de su
voluntad, y que hizo tambien grandes esfuerzos para librar
de él al vasto pais sujeto á su dominio. Lo que mas estra
neza causa, es que una nacion poderosa como la Inglaterra,
que siempre está invocando los derechos de la humanidad
haya hecho por mucho tiempo una guerra encarnizada á un
pueblo ignorante y débil, con el solo interés del odioso co
mercio del opio , obligando al último soberano del Celeste
Imperio á comprar por una fuerte suma, el derecho que se
arrogó de venderle aquel veneno. Verdad es que los ingle
ses han aminorado los peligros, dando á los chinos solo el
opio de inferior calidad , si bien se lo venden al mismo pre
cio que el de la clase superior de Esmirna, Patna ó Be
narés.
Dícese que han existido ó existen en Paris fumadores de
opio, y tambien que han formado durante algun tiempo una
reunion que llevaba por título « Sociedad delos opiofilos.»
Esta sociedad tenia un registro en el cual cada miembro
anotaba las sensaciones que esperimentaba durante el éxta
sis producido por el opio. En Inglaterra se empieza igual
mente á fumar el opio. Hace pocos anos que el doctor Pons
manifestó en la reunion anual de Westminster , que habla
tenido ocasion de medicar á once individuos, enfermos por
aquel motivo. En la India , el uso de fumar el opio ha he
cho tales progresos, que varias veces el gobierno inglés se
ha visto en la necesidad de poner un severo correctivo.
Pero ? cómo hacer desaparecer un gusto, un hábito que
tiene todos los caractéres de una violenta é irresistible pa
sion ? Elevando el precio del opio , se escitaria mas y mas
esa terrible costumbre, fomentando al propio tiempo el con
trabando. ? No debemos ver en esto una elocuente leccion
de la Providencia que castiga de este modo la sed insaciable
de oro y riquezas, la avaricia, porel vicio mismo que se han
complacido en propagar ?
Semana Santa.
FUNCION DEL SANTO SEPULCRO EN LEBRIJA.
Por R. Z. he alba.
La Espana debe con razon gloriarse de haber recibido la
religion cristiana casi desde el momento en que se consumó
la redencion del mundo. ! Admirable prodigio! Aun se des
cubrian sobre la cima del Gólgota las gotas de sangre de
nuestro divino Redentor ; aun vivia la santísima Virgen ;
aun predicaba el infatigable S. Pablo á los habitantes de
Corinto y Tesalónica, y anunciaba por todas partes los mis
terios y los preceptos de la ley de gracia, y ya la antorcha
de la fé habia alumbrado el horizonte hispano ; ya nuestro
,suelo habia sido santificado por la sangre de los mártires.
Esta preciosa semilla comenzó á fructificar tan estraordina
riamente , que muy poco tiempo despues la Espana era
cristiana, cayendo por tierra las falsas deidades de la gen
tilidad ante el nuevo estandarte de la cruz.
Pero la invasion de los bárbaros, las doctrinas que estos
introdujeron , y las incesantes guerras posteriores, ofrecie
ron poderosísimos obstáculos para generalizar y radicar la
verdadera religion en toda su pureza ; y aunque desde el
reinado de Recaredo logró ya una decidida proteccion del
gobierno, la funestísima invasion de los árabes sofocó el
cristianismo en casi toda la Península, sustituyendo los gro
seros errores del Alcoran á la sublime y divina moral del
evangelio. Comenzó entonces una desastrosa y sangrienta
guerra de seis siglos, que ofreció á los espanoles el glorioso
resultado de restaurar su patria, y restablecer en toda ella
la religion del Crucificado.
Lanzados los sectarios de Mahoma á la otra parte del Me
diterráneo , y asegurada así la paz de que tantas generacio
nes habian carecido , volvieron á florecer las artes, aban
donadas por aquel tiempo en Espana, y progresando con
ellas la civilizacion , fué al mismo tiempo adquiriendo ri
queza y esplendor el culto religioso, que antes era desali
nado y pobre, por un efecto preciso de las circunstancias.
Por todas partes se levantabán iglesias y creaban herman
dades, dedicadas unas á la santísima Virgen, y otras á di
versos santos, notándose desde luego con mucha generalidad
el mayor entusiasmo religioso por el santo en cuyo dia ha
bia sido reconquistado cada pueblo , y al que elegian por
su tutelar y patrono, en memoria de tan fausto suceso.
Pero entre tantas devOones promovidas por la piedad de
DI 91.
los cristianos, ninguna mayor, y con razon , que la de ve
nerar la sagrada pasion y muerte de nuestro divino Reden
tor. Así es que la Semana Santa ha sido siempre y es en to
dos los pueblos, la época de mas movimiento religioso, y
en la que todas las iglesias apuran sus recursos para solem
nizar los divinos oficios.
No es nuestro ánimo hablar detenidamente de estas fun
ciones religiosas, cuando en todos los pueblos se celebran
igualmente con mas ó menos lucimiento , segun la posibili
dad 6 el gusto de cada uno. Nos limitaremos por tanto á
dar noticia de una de 'ellas , la cual , por las circunstancias
particulares que la rodean , hace sea admirada de todos los
forasteros ; tal es la funcion del Santo Sepulcro en la .igle
sia parroquial de la Villa de Lebnja , provincia de Sevilla.
Haremos brevemente su descripcion.
Una antigua hermandad , compuesta de individuos que,
ella misma nombra, dirige y costea la funcion : y corno esta,
segun. se verá , no está sujeta á ningun ritual , vá adqui
riendo , como ha sucedido en estos últimos anos , muchas
mejoras, que aumentan su celebridad y lucimiento. Aca
bados los mai
tines 6 tinie_
blas , en la
tarde del vier.
nes santo, y
colocada con
anticipacion
en el presbi
terio una de
vota imágen
del Senor cru
cificado, se
hace el des
cendimiento,
mientras s e
predica un
sermon. sobre
tan tierno y
patético acto;
y concluido,
se coloca la
sagrada imá
gen en una
elegante y
bellísima ur
na, mas apre
ciableaun por
su mérito ar
tístico, que
por la materia de ébano y plata de que está construida.
Antiguamente poseia la hermandad un rico sarcófago de
plata , que si bien carecia de gusto por haberse hecho en el
tiempo de la. corrupcion de las bellas artes , era sin embar
go una alhaja de .estraordinario valor. Mas desapareció en
1810, durante la invasión francesa , construyéndose la ac
tual, la cual es digna de todo elogio por el buen gusto que re
salta en toda su obra. Sobre un zócalo que marca la planta
de la urna , se levanta un cuerpo de orden compuesto , con
columnas estregadas, y pedestales de igual clase. Sobre este
cuerpo corre una balaustrada sostenida y apoyada en otros
pedestales, que sobresalen en la direccion de,las columnas; y
estos pedestales están coronados de preciosas pirámides. Por
la parte interior de la balaustrada, descansa sobre el mismo
cornisamento la tapa en forma ochavada , y con elevacion
proporcionada, imitando con mucha gracia y propiedad las
urnas romanas. La materia principal de su fábrica es ébano
muy fino , pero la base y capiteles de las columnas , los vi
vos de las fajas del arquitrabe , •y los modillones son de
plata, así como son del mismo metal los atributos de la pa
sion , que primorosamente trabajados aparecen de bajo-re
lieve en los pedestales de las columnas. Los intercolumnios,
cerrados de cristales , ofrecen. bastante espacio para ver la
sagrada imágen envuelta en una sábana, y recostada sobre
colchon y almohada, todo primoroso y rico, cual corres
ponde á la suntuosidad de la urna.
Dispuesto así el misterio, sale el santo Entierro llevando
delante la misma cruz en que el Senor estaba crucificado :
síguenle todas.las cofradías del pueblo con sus pendones,
presidiendo la de esta funcion , y últimamente el clero can
tando el salmo 113 , y llevando la sagrada urna con el rico
aparato fúnebre de terno, bandera del Cordero, pálio y de
más , todo tan suntuoso, que mas bien parece de una opu
lenta catedral, que de una parroquia de pueblo subalterno.
Ordenada así la procesion , sigue por la misma carrera des
tinada para la del Corpus ; y se combina el tiempo, para
que al ano
checer llegue
• al sitio de la
funcion. Aquí
es donde sé
presenta, es
pecialmente
al forastero
que lo yé por
primera vez,
la perspectiva
mas bella y
encantadora,
que puede
darse. El si
, tio ó lugar de
que hablamos
es el patio lla
mado de los
Naranjoscon
tiguo á la
misma igle
sia. Este pa
tio , de bas
tante esten
sion y cua
drado , está
cerrado en
todos sus cua
tro lados de una hermosa galería de arcos, sobre co
lumnas aisladas. Un antepecho , que se eleva á la altura
de los pedestales , separa el patio de las galerías, sin im
pedir la vista de todo el edificio. Sobre el antepecho cor
re una balaustrada apoyada en las columnas, y coronada
toda ella de preciosos faroles. Los claros de los arcos están
adornados con ricos fanales, que hermosean estraordina
riamente el sitio y aumentan la iluminacion. Las paredes
de las galerías y las interiores del patio, se visten de espe
jos y cuadros pintados , algunos de mucho mérito. En el
centro del patio , sobre un zócalo de piedra, se vé el Santo
Sepulcro, que es un bello y esbelto templete de ocho co
lumnas, que sostienen la cúpula, y sobre ella una cruz qne.
casi se oculta entre los mas altos pimpollos de los naranjos;
debiendo advertir, que los de este patio , por razon de la
sombra del edificio , tienen mas de doble altura que los co
El Santo Sepulcro en Lcbrija.
munes. Todo el templete aparece vistosamente iluminado,
y al mismo tiempo adornado con mucho gusta el cuerpo
principal, donde está una gran mesa dorada, con almoha
don'es de terciopelo carmesí y franjas de oro, para recibir
la sagrada urna. Al derredor del sepulcro se ven ricos can
delabros de plata con hachas de cera. Todo el pavimento
del pato y las galerías se encuentra cubierto de arman y
de yerbas aromáticas. En uno de los ángulos está la orques
ta , que rompe su lúgubre música al llegar la manga 6 cruz
que precede al clero, y sigue tocando mientras se coloca la
urna en el sepulcro. En este acto se presenta una campa
nía de soldados vestidos á la romana, la cual se encarga de
dar la guardia , colocando sus centinelas en el patio , como
se vé en el grabado. Acabada la procesion , se retiran todos
por un corto rato, para volver á acompanar al Senor. En
tonces las galerías se llenan de gente , con separacion de
95 1
sexos ; y el clero , ios individuos de la hermandad , y los
convidados, ocupan los asientos del interior del patio , y
dura la funcion hasta la media noche, mientras la música
canta las lamentaciones de Jeremías, y varios motetes so
bre la pasion del Senor.
Tanta magestad cautiva el alma y la embelesa ; la vista
del sepulcro *entre corpulentos naranjos, que semejan con
toda propiedad un huerto ; el silencio de la noche, y la
bien entendida distribucion de innumerables luces; la vista
del Senor en la urna ; los acentos de una música lúgubre y
sombría., y el suave olor que exhala el pavimento, todo
enagena y arroba el alma , llenándola de una cristiana de
vocion , y la lleva insensiblemente á contemplar el suceso
mas memorable del mundo ; aquel misterioso acto , en que
Dios mismo hecho hombre , dió voluntariamente su vida
por la salud del género humano.
La Mesiada.
por fi(opstoch.
VIII.
Musa sagrada que invoco , tú le oiste al mas santo de los
cantores de Jehová, cuando al pié del monte Sion cantó al
Redentor desamparado por su.Padre en su hora suprema,
y al °irle , aprendiste los himnos celestes, que repite tem
blando mi tímida voz. Acaba de iniciarme en tus santos
misterios ; guíame por entre las tinieblas que envuelven la
cruz en que está sufriendo mi Dios : ! quiero que los terro
res de la eternidad hagan estremecer la médula de mis
huesos; quiero ver al Salvador del mundo en su lucha con
tra la mas cruel de las agonías quiero fijar mis miradas en
sus apagados ojos , en sus lívidas megillas ; quiero contar
cada gota de sangre de la redencion , y•contemplar aquella.
cabeza divina que , rendida por el peso de los pecados del
mundo, se encorva y Se inclina al rodearla las sombras .de
la muerte !
Dirígese el divino Eloha de la tierra á los cielos y de los
cielos á la tierra con tanta rapidez , que apenas puede se
guirle el pensamiento de los itimortaleS; para de repente
su vuelo inquieto al pasar sobre el Gólgota ; tiende sumano
izquierda, en la que conserva la corona celeste , mientras
sostiene con su diestra la trompeta terrible que acerca á sus
lábios. Todos los ecos de lo infinito despiertan al bronco son
del metal ; absorta escucha la creacion entera, á la que
dirige el serafin estas palabras :
« Cielos y tierra, ostentad vuestras galas mas solemnes.
Sábado de la nueva alianza , que tu llama santa se eleve de
sol en sol hasta el trono del Juez supremo. !La hora solem
ne ha sonado ; cielos y tierra, ostentad vuestras galas : el
ángel esterminador despliega sus alas sombrías , la -víctima
marcha al suplicio ! »
A los últimos acentos de Eloha , van todos los ángeles
custodios de la tierra á agruparse en torno suyo. El mas
grande de los serafines pasa por entre las filas deslumbra
doras de la celestial cohorte, desciende sobre el Gólgota,
imprime por tres veces su frente en el polvo, vuelve á le
vantarse y tiende los brazos al Mesías, que le percibe de
lejos, seguido de todo el pueblo de Judea. Lleva. el Hijo
del hombre su cruz, cuyo enorme peso le aterra aun mu
cho menos que el de los pecados del mundo , con el que ha
querido 'cargar voluntariamente. Poseido Elolia de admira
cion , esclama
.« Que todo cuanto existe atienda á mi voz. Gólgota ,
monte sagrado, en nombre del Dios que vá-á reconciliarse,
en nombre del Dios reconciliador; en 'nombre del Dios que
difunde. en el alma del 'pecador la luz celestial , yo te con
sagro para recibir la sangre de la redencion. !Santo, santo,
tres veces santa el Dios cine fué. y será. eternamente! »
De este modo el mas grande de los serafines consagra el.
lugar del suplicio ; -pero afligido -profundamente al ver la
misión que aun debe 'cumplir:, se envuelve en una nube
sombría y dirige al Mesías esta humilde plegaria :
«Amigo de los hombres, creador y salvador de la espe
cie humana, hijo del .Eterno., inconmensurable como tu ,
padre ; tú, que vas á sobrepujar -á tbdo cuanto de mas gran
de y Maravilloso ha sido hecho en los- cielos ; tú , que vas
á restituir á la tierra .1a inocencia primitiva y á desterrar
de ella la muerte eterna, oye la voz del serafin postrado en
el polvo que vá á enrojecer tu sangre. Cuando tus ojos se
cerrarán á la luz , cuando tu postrer suspiro estremecerá á
los cielos, cuando solo Jehová osará fijar aun su mirada de
juez en tu lívida faz ; !.ah 1 si no quieres entonces que aca
be la creacion para mí, si no quieres que una tumba de
este Mundo sea mi lecho eterno, dígnate decirme desde el
fondo de la noche en que se estinguirá tu vida mortal, que
por tu muerte quedará redimida toda la raza de Adan. Díg
nate decirme desde el centro de aquella noche sombría.,
que volverás á reinar en los cielos, cuando hayas pronun
ciado estas palabras sublimes : !Ya se consumó1' Sangre de
Ja redencion , yo te saludo ; almas redimidas , yo os felicito
con toda la efusion que me es dado sentir. Ya se acercan
esas almas, ya llegan ; desde aquí oigo ya sus gritos de
triunfo, y veo brillar sus vestidos purificados de antemano
por la sangre que vá á correr.»
Al terminar el serafin , desvanece la nube en que estaba
envuelta, y .ordena á los ángeles custodios de la tierra que
se formen en derredor.del Gólgota. Todos al punto obede
DI 96 w
cen : unos se colocan en las nubes que están flotando en
los aires, otros se ciernen sobre las laderas de las montanas
cubiertas de bosque, y los restantes se paran en la cumbre,
en que se levantan los cedros.
Colócase Eloha en lo altó del templo, desde donde do
mina con la mirada y con el pensamiento á los innumera
bles agentes de los decretos de la Providencia , los instru
mentos de justicia y de muerte , los custodios de los morta
les , y á los ángeles tutelares de los futuros cristianos y de
los mártires.
Despues de haber atravesado Gabriel las mas altas regio
nes , al dirigirse al sol por órden del Mesías, llega sobre el
pináculo del templo solar, donde habia dejado á las almas
de los patriarcas , y les dice :
« Padres de los hombres, seguidme. Ya el Redentor, car
gado con la cruz , se dirige al lugar del suplicio. Dirigid
vuestras miradas hacia la Judea , y fijadlas en Jerusalen ,
por ser en lo alto de aquella árida colina donde debe mo
rir... ? Veis aquel otro monte mas apartado , cuya doble
cumbre cubierta de verdor se levanta hasta las nubes? Allí
ha sufrido el Redentor todo el peso de la justicia divina ;
colocaos en su cumbre, y desde aquel punto elevado vereis
correr su sangre, sangre sagrada que redimirá á la vez las
generaciones pasadas, y las que el ángel de la vida no ha
lanzado aun á la tierra, en que han de sazonarsé para la
eternidad. »
Destrozado por el dolor, vuelve Gabriel á emprender su
vuelo hacia la tierra , siguiéndole las almas de los patriar
cas, rápidas como el pensamiento de un mortal virtuoso,
cuando de estrella en estrella se levanta hacia el trono del
Eterno.
El ala del serafin roza ya la cumbre del monte de las
Olivas, mientras que los padres de los hombres ván des
cendiendo hacia él lentamente : es Adan el primero de N
I gar a su cumbre, en la que se postra ; besa el suelo con
respeto, y saluda á la tierra con este canto de reconoci
miento y de amor :
« Tierra querida, desde la triste noche de otono en que
recibiste en tu seno materno mis restos helados , los siglos
han pasado sobre otros siglos, las generaciones han confun
dido su polvo con el de otras generaciones estinguidas , sin
que nada haya podido en tanto tiempo turbar mi sueno.
Con qué placer vuelvo á" veros , playas floridas, que cubrís
los huesos de mis innumerables hijos , ahora que sé que
todos ellos han de resucitar un dia. !Mis lágrimas de gozo
te bendicen , hora santa, que librarás á mi tierra natal del
anatema con que la empané, que santificarás su polvo en
vilecido , al regarle con la sangre de la redencion !... !Cie
los y mundos, estremeceos, ya viene , ya se acerca el Hijo
divino de la tierra; el Hijo del Eterno marcha á la muerte!))
Así canta el primer hombre mientras su corazon está á
punto de derretirse en un mar de triste alegría.
Desde ló alto del templo de Jerusalen , en que continúa
de pié el divino Eloha , apercibe á Satán y á Adramelech,
que con aire de triunfo se ciernen sobre la cruz que lleva
Jesus en hombros. En vuelo audaz y rápido atraviesa el
serafin la esfera terrestre, y Mide las órbitas en que se mue
ven las estrellas : envuélvele el resplandor del mas solemne
de los dias , un terror santo le sigue y le precede, y en su
derredor el aura tímida y suave pide á la tempestad sus
imponentes rugidos. Al rumor de sus pasos retiembla el es
pacio , como retiemblan los penascos al paso de un nume
roso ejército con sus carros ele bronce y sus pesadas arma
duras. Los dos príncipes de las tinieblas le ven , le oyen,
y se paran inmóviles y sombríos como dos .negras moles ,de
piedra , lanzadas al fondo de los abismos por la mano del
Dios vengador. Mas resplandeciente que' el sol , y mas rá
pido que una exhalacion , el divino Eloha se presenta de
lante de ellos y les habla , teniendo su voz el acento seco y
breve del mando supremo :
« Vosotros , cuyos nombres maldecidos tan solo pronun
cia el infierno , abandonad las regiones de la luz , cansadas
ya de sosteneros : huid hasta que hayais cesado de ver el
reflejo de los límites del cielo. No os confundais con las
nubes de la tierra, ni os arrastreis en su polvo; huid, mal
ditos.))
Dice , pero lejos de obedecer, los dos ángeles rebeldes se
irguen ; en los surcos de sus frentes, agitadas como las olas
de un mar tempestuoso , y en sus ojos chispeantes de fue
go, como los cráteres humeantes de los volcanes, se vé pin
tado cuanto hay de mas horrible en la venganza y la rabia.
Parécense á dos nubes sombrías, que cubriendo las laderas
de los Alpes, antes de que la tempestad, mas poderosa que
ellas, las disipara, procurran arrojar sobre los tranquilos
.valles el azote destructor que llevan en su negro seno.
De pié delante de Eloha , intentan Satán y Adramelech
contestarle, pero sin darles tiempo, el serafin les lanza una
mirada aterradora :
« ! Silencio ! esclama. No me obligueis á emplear el rayo
de Jehová , este rayo omnipotente con el que armó en otro
tiempo mi brazo, cuando osarrojé al abismo... En nombre
del hijo de Adan , que cargado con la cruz, se dirige ahora
al altar del sacrificio, en nombre del vencedor de los in
fiernos , huid. »
Y los dos príncipes de los.abismos , mas negros que su
tenebroso imperio, huyen del reino de la luz , espoleados
por los mil aguijones del terror y el espanto , que les em
pujan hacia las ruinas de Gomorra y hasta el seno del mar
Muerto. Vénles huir los ángeles y las almas de los patriar
cas; triunfante y tranquilo el divino Eloha , vuelve á des
cender al pináculo del templo de Jerusalen.
Jesus acaba de llegar al pié del Gólgota. El peso sobre
humano que ha arrojado el Juez supremo sobre su cabeza,
ha apurado sus fuerzas, por lo que se para y bambolea.
Atraviesa en aquel momento un viagero con paso tímido la
colina terrible; detién ele la multitud, y le obliga á llevar la
cruz del Hijo del hombre.
Los sufrimientos de Jesus hacen renacer en mas de un
corazon sentimientos de piedad ; pero aquellos corazones,
débiles y embriagados de los vanos placeres de la tierra,
solo conocen la piedad instintivamente : aquella otra piedad
que procede del alma , que inspira actos de abnegacion y
sublimes sacrificios, les es desconocida. Los gemidos sofo
dos , que en una y otra parte se oyen entre la multitud,
llegan hasta Jesus , que se vuelve hacia el pueblo, y dice :
« Hijos de Jerusalen , ? por qué llorais mi muerte? Gemid
mas bien por vosotros y por vuestros descendientes, porque
se acercan los dias de angustia y de horror , los dias terri
bles en que bendecireis á la muger estéril , que direis á las
montanas: Caed sobre nosotros; los días en que direis á la
tierra : Abrete bajo nuestros piés... ! Ved lo que á mí me
sucede, y juzgad lo que sucederá al pecador ! »
Al acabar de proferir Jesus aquellas palabras, levanta los
ojos al cielo , y sube lentamente la colina.
Ha sido la cruz levantada en medio de huesos humanos.
El dia esparce sobre la Judea su luz celeste y pura, mien
tras que los millares de átomos, cuya infinita pequenez re
vela el poder del Creador, hormiguean en el laberinto de
los aires. Pero ya las misteriosas profundidades de la tierra
se abren , rompe el huracan las cadenas que le sujetan al
>1 97
borde de las nubes y pasa rugiendo sobre las cimas y las
hendiduras de las penas. •
De pié está el Hombre-Dios delante de la cruz. Véle
Adan , tiéndele los brazos y lanzase á él; flotan sus cabellos
á merced del viento, brilla en su rostro el resplandor del
sol , pero de repente le tiemblan las rodillas; prostérnase
entonces , y en sus ojos , fijos siempre en el Salvador , se
refleja el cielo. Ha dejado de ser Adan un simple mortal, y
con todo, derrama abundantes lágrimas. Esperimenta á la
vez las sensaciones mas dulces y crueles que exhala en un
canto solemne, que escuchan los ángeles agrupados en tor
no suyo.
« La lengua de los serafines no tiene un nombre digno de
tí; tampoco tienen los inmortales llanto en los ojos ni plega
rias asaz nobles para celebrar tu amor y tu gloria. Yo te
doy el nombre de hijo, ya que tienes un cuerpo mortal y
eres hijo de la tierra. Jesus , hijo adorado , ?á quién pediré
ausilio para resistir al dolor que me oprime ! Vosotros que
habeis existido antes que yo, arcángeles .y serafines que ,
como nosotros, fuisteis creados por él , contempladle , es
mi hijo! ! Tierra bienaventurada, yo te bendigo; polvo san
to del que lie salido , bendito seas , porque él tambien tie
ne un cuerpo de tierra y de polvo !... Mi dicha sublime,
que colmada los deseos de un inmortal, á tí la debo,
Jehová, por haber dispuesto al crearme que fuese padre de
tu hijo. Detente alma mia ; ? qué es mi porvenir eterno ,
qué es el porvenir de la creacion , comparados con. los ins
tantes que viven en este dia los cielos y los mundos ? Cada
uno de estos instantes lleva en sus alas de oro á lo infinito
eternidades de reposo y de dicha , que Adan y todos sus hi
jos gozarán un dia... Instantes sublimes , ya os habeis des:
vanecido ; otros instantes mas imponentes aun mientras se
acerca y ya llega el mas grande de todos. Esferas celestes ,
prestadme vuestra voz :poderosa ; quiero anunciar á todo
cuanto existe que la víctima acaba de pararse bajo el ala
sombría del mas terrible de los ángeles... Especie humana,
levántate del polvo , irgue tu cabeza , embellécete con la;
lágrimas divinas , ya que el santo de los santos se dirige á
su tumba entreabierta. Hijos míos , hijos queridos de mi
corazon , vosotros sois los elegidos , á vosotros todos os vá á
redimir; venid, pues, en torno de vuestro Salvador divino.
Que el que mora en un suntuoso palacio deponga su coro
na y venga ; que todos los que gimen bajo el humilde te
cho de una cabana, olviden sus sufrimientos y vengan ; pero
! ah ! los que viven en la tierra no oyen mi llamamiento,
así como tampoco le oyen los muertos que duermen en sus
tumbas ; solo te oirán á tí, que te inmolas por ellos , cuan
do los reunirás á la consumacion de los siglos. Cuan in
menso es él dolor que embarga mi alma , al ver al Reden
tor que se acerca á la muerte... Jehová , tú que abandonas
á tu hijo en este momento supremo, ? me sostendrás á mí,
que he sido el primero de los pecadores , el primero que he
sufrido las leyes de la destruccion ?»
Así canta Adan , mientras continúa de pié el Hombre
Dios delante de la cruz. Lleva Jesus la mano á su frente ,
.se inclina profundamente y habla á su padre, que solo es
ya para él un juez inexorable. Los cielos se estremecen á la
respuesta que le dá el Eterno...
Los verdugos se apoderan del Mesías.
Los millares de mundos que giran en lo infinito., entran
en las parábolas que han de describir para anunciar la muer
te del Hijo del Eterno ; de repente se paran, truenan sus
polos, vuelven á tronar, hasta quedarse de nuevo en el mas
profundo silencio ; muda é inmóvil queda entonces la crea
don entera, y marca su sombra la hora del sacrificio en el
TOMO II.
cuadrante del cielo. ! La tierra de pronto se agita , su eje si:7
dobla y gime; vá á caer el mundo todo en e] insondable
abismo de la nada , pero le detiene Jehová al fijar su vista
en el Gólgota , y al ver á su hijo clavado en la cruz!...
Inmortal alma mia, tú que estás destinada á ver las lla
gas del Mesías , póstrate ante esa cruz, envuélvete junto á
ella en un fúnebre crespon , y aguarda á que tu voz des
fallecida encuentre el vigor que necesita para cantar el
misterio de los cielos.
Las almas de los patriarcas guardan un silencio sombrío.
? Ha rugido en el universo el soplo del ángel esterminador?
?Duermen los .mundos en el seno de la destruccion? ?Ha
brá algun sér viviente que vuelva á salirjamás de en medio
de aquel mar de polvo?
Yen los ángeles y los serafines á la vida mortal en lucha
con la mas terrible de las agonías ; ven correr asimismo la
sangre del hijo del hombre, exhalándose su dolor en lágri
mas y en cantos que con santo estremecimiento repite el
eco de los cielos. El divino Eloha , el mas grande de los se
rafines, el que mas se acerca al increado, dirige su última
mirada al Mesías moribundo, se lanza al espacio, y su voz,
parecida á los rayos de los astros celestes que iluminan lo
infinito , grita á las mas elevadas regiones :
« ! Su sangre corre !...»
Y dirigiéndose luego á los mas profundos abismos repite :
« !Su sangre corre !...»
A medida que Eloha se acerca á la tierra, los ángeles de
los soles, que han sido los primeros en oir su voz, encien
den el fuego del sacrificio , y la llama sagrada, brillante y
pura como el rocío que precede á la salida del sol de la
tierra , se levanta hácia los cielos. Cada mundo que vé pa
sar á Eloha ofrece su holocausto, imágen de la víctima que
expia en la cruz los pecados de la tierra, Así brilló en otro
tiempo la columna de fuego que salió del tabernáculo para
guiar al pueblo de Dios en el desierto.
Dirige el Hombre-Dios miradas enternecidas al pueblo
ciego, cuya compacta multitud se estiende desde las puer
tas de Jerusalen hasta el pié de su cruz; luego ruega por él,
levanta sus ojos al cielo y esclama :
! Perdonadles , padre mio , no saben lo que hacen!
A aquella voz de, amor, una muda admiracion se apode
ra de todos cuantos la oyen ; miran al Mesías con espanto,
y ven retratados en él la palidez y un dolor tan profundo ,
que solo pueden los mortales conocer en parte. Unicamen
.
te los espíritus celestes comprenden los tormentos del Hijo
del Eterno , y el manantial inagotable de salvacion y de di
cha que se abre para el género humano con las llagas pal
pitantes de Cristo.
Dos criminales han sido crucificados al lado del Mesías,
por haberle condenado la voluntad del Omnipotente á su
frir aquel último grado de ignominia.
Tiene á su siniestra á un asesino, viejo endurecido en el
pecado, que se burla é insulta al Dios que muere por él.
« ?Pretendes ser el Salvador de los hombres ? le dice.
!Ah ! si lo fueras nos libradas y te salvarias á tí mismo,
descendiendo de este leno maldito.»
Tiene á su diestra á un jóven arrastrado al mal por el
ejemplo y por los pérfidos consejos que, lanzando una mi
rada de indignacion al viejo pervertido, le dice :
«Estás tan cerca de la muerte, ? y no temes aun al Juez
supremo ? ?Nada te importa su venganza terrible ? Lo que
sufrimos en este momento no es mas que un débil castigo
impuesto á nuestros delitos. Pero ese justo , condenado á
morir entre nosotros... ?por qué le castigan los hombres
cuando los ha colmado de tantos beneficios ?...»
13
Y haciendo un penoso esfuerzo, se inclina el jóven há
cia el Mesías : á semejante movimiento corre con mas abun
dancia su sangre, sufre mucho mas que antes ; pero de re
pente le ilumina un rayo de esperanza, é inspirado, esclama :
« Senor cuando estarás en el seno de tu gloria, dígnate
acordarte de mí.»
Contéstale el Mesías sonriendo de misericordia y de amor:
En verdad, te lo digo, hoy entrarás conmigo en el reino de
los cielos.
Llevan aquellas palabras al alma del pecador arrepenti
do una felicidad desconocida :
« ? Donde estoy ? esclama. ? A qué nueva vida me ha re
sucitado el hombre divino que muere junto á mí? ?Por
ventura me habrá nuevamente creado? Adorado seas, por
mas que no pueda comprenderte... Tú eres mucho mas que
el primero de los ángeles ; ninguno de ellos habria podido
acercar tanto á Dios á mi alma arrepentida... Adorado seas:
desde hoy te pertenezco eternamente.»
Dice, y queda sumido en un santo éxtasis ; la paz del
Senor ha descendido á él.
Un ángel esterminador ha reemplazado á Abdiel en las
puertas del infierno , pasando el serafin á ocupar su puesto
en el círculo luminoso que forman los inmortales en torno
del Gólgota. A una senal del Redentor se levanta Abdiel
sobre la cruz ; se queda por un instante inmóvil , y vol
viendo á colocarse luego junto á sus hermanos, dice :
« Me manda el Maestro conducir á su presencia , des
pues de su muerte , al alma del primer pecador que la san
gre de la redencion acaba de salvar. Alegraos conmigo ante
la mision sublime que acaba de confiarme.»
Uriel, el ángel del sol, aguarda de pié en la cima de los
montes el instante indicado para cumplir las órdenes que
ha recibido del Eterno. Pero de repente se lanza á los cie
los, para buscar en ellos la estrella solitaria que está en
cargado de colocar entre el sol y la tierra, á fin de que,
sombras mas terribles que las que la noche estiende al es
pirar el dia para envolver en dulce calma á la naturaleza
toda , reciban el último suspiro del Mesías.
Llega ya el serafin á la atmósfera de Adamida , nombre
que dan los cielos á la estrella misteriosa , en la que en el
mas puro éter se mecen las almas antes que el ángel de la
vida las lleve á la tierra en sus alas de azur. Sonriendo con
amor fraterno á aquellos gérmenes aéreos de las genera
ciones futuras, fija Uriel sus miradas en su vasta cuna, y
dice :
« Adamida , en nombre del que te sembró en lo infinito ,
sal de tu órbita , entra en la inmensa parábola que descien
de hácia el sol de la tierra , colócate frente á su disco y ab
sorve sus rayos.»
Resuena la voz del ángel en el fondo de los valles y en
las cumbres de las montanas de Adamida. La estrella , al
oirla , ,levanta sus polos y se lanza al través del espacio ;
los océanos se encrespan y mugen ; la tempestad rompe sus
cadenas en medio de espantosos rugidos ; las montanas re
tiemblan y se abren ; las nubes tienden su manto , se api
nan, y chocan entre sí hasta arrojar de sudesgarrado seno
torrentes de agua y mil espantosos rayos con sus horribles
serpenteos y abrasadoras llamas.
Puesto de pié en el círculo ártico de Adamida , Uriel la
dirige y le conduce bajo el sol que cubre aquella con su in
menso globo. Las sombras que proyectan sus bordes tene
brosos descienden hácia la tierra ; y, ocultos en sus miste
riosos pliegues, el silencio y el espanto las siguen en su
descenso. Las aves interrumpen su canto para ir á ocultar
se en la espesura de los bosques ; y, desde el toro, ese rey
y 98 •
de la pradera , hasta el insecto que trepa por una brinza de
yerba, todo busca un amparo en las cavernas y en las hen
diduras de las penas. La brisa contiene su soplo , y el hom
bre , oprimido , respirando apenas , levanta los ojos al cie
lo. Es el crepúsculo cada vez mas sombrío , y ostenta el
terror sus mil formas fantásticas en medio de una noche
oscura , negra , terrible , que despliega supesado manto so
bre todas las playas de la tierra.
Inmóvil permanece la estrella de Mamida en frente del
sol , al que parece haber estinguido para siempre ; sus pá
lidas sombras producen un rumor sordo , y poseidos de res
peto y de admiracion , los mundos, se paran ante la sangre
que brota de la cruz divina ; así se para tambien el viagero
inmóvil y pensativo , ante el mármol que cubre los restos
de un grande hombre.
Dirige Uriel la palabra á los habitantes aéreos de Ada
mida ; aquellas almas humanas , para las cuales no ha so
nado aun la hora de nacer, se envuelven, mientras aguar
dan un cuerpo mortal , en los mas dulces tintes del cielo ;
á la voz del serafin , todas se disponen á escucharle con un
recogimiento piadoso.
« Seguidme , las dice ; quiero conduciros al globo que la
sombra de vuestro mundo acaba de sumir en las tinieblas,
para que á pesar de ellas veais al Hijo del Eterno. No lo
conoceis todavía ; su vista os hará presentir la dicha inefa
ble que ha de ser un dia vuestro patrimonio. Ved cómo
hasta en los mismos cielos todas las rodillas se doblan, todas
las coronas se inclinan ante el Hijo del hombre... Salvador
del mundo, para tí las creaste , para tí las redimiste ; tuyas
son, pues, las almas de todas las generaciones pasadas y fu
turas.»
Dice, despliega sus alas, y se dirige hácia la Judea. Si
guen las almas á Uriel , como siguen al verdadero sábio los
nobles y piadosos pensamientos, cuando, iluminado por los
dulces rayos de la luna, se dirige al bosque solitario para
meditar sobre los secretos de la eternidad.
Los patriarcas que se ciernen sobre el Gólgota , ven con
grata sorpresa en los celestes viageros que conducen las nu
bes, las mil y mil cohortes de séres humanos que el porve
nir sazona en su materno seno. Por primera vez la madre
de los hombres aparta su vista de la cruz; y , levantando
una mano al cielo, apoya la otra en el hombro de Adan
para mostrarle á los futuros hijos de los siglos que no exis
ten aun.
« Hélos ahí, le dice , las innumerables generaciones de
lo porvenir , los futuros cristianos llamados á la inmortali
dad... ? Oh, tú , que mueres por todos ellos, ?qué nombre
podré darte ? ? Qué hosanna podrá cantar dignamente tu
poder y tu misericordia? !Oh, hijos mios, que estais aun por
nacer, siento que no hayais entrado ya en la vida de prue
ba , á fin de que pudiesen vuestras madres conduciros al
pié de la cruz para ensenaros á adorar á vuestro Salvador!...
Dia vendrá no obstante en que sabrán adorarle... Sí, Adan,
ya entreveo su porvenir : los mas dignos de entre ellos cae
rán bajo el hierro del verdugo , semejantes al lirio real
tronchado por la tempestad. Desde aquí veo brillar vues
tras heridas, santos mártires ; el resplandor de Nuestras
frentes heladas y de vuestros estinguidos ojos me deslum
bra. Vuestro último suspiro es un himno de gozo ; permi
tid ah ! permitid que vuestra madre comun os bendiga á
todos.»
El mediador dirige una mirada á aquellos millares de al
mas , y brilla en sus ojos una lágrima de vida y de dicha
eterna. Ilumina por un instante el pálido rostro del Mesías
la dicha mas pura ; pero vése de repente envuelto otra vez
DI 99 i<
por las sombras de la muerte ; su cabeza se inclina enton
ces al peso de los pecados del mundo , y en vano procura
levantarla nuevamente al cielo.
Las nubes que cubren el Gólgota son cada vez mas som
brías; reina en su circuito una oscuridad igual á la de los
sepulcros. La mas negra de aquellas nubes se estiende so
bre la cruz, y con ella el silencio de la nada; silencio impo
nente y terrible hasta para los mismos inmortales. Un pensa
miento no mas, y quedará interrumpido aquel silencio
espantoso. Sucédele de repente un tumulto siniestro, al que
no ha precedido ningun sonido ni rumor alguno. Ruge en el
fondo de la tierra estremecida una tempestad inesperada ,
potente, terrible; los huesos de los muertos se agitan, el tem
plo retiembla , se inclina , se levanta de nuevo y vuelve á
inclinarse ; los sordos gemidos de los antros de las montanas
anuncian la llegada del huracan, hijo predilecto de la des
truccion , al que legó su madre los mas espantosos azotes.
Ruge á su llegada al través de los magestuosos cedros , y
caen estos arrancados de cuajo ; brama al través de la cruel
Jerusalen , y hace balancear la ciudad sus palacios y caba
nas, como hacen balancear las olas de un mar embraveci
do los restos de los náufragos. Los rugidos del huracan
anuncian la llegada del rayo , (pie estalla y cae en el mar
Muerto, cuyas negras olas se levantan cubiertas de espuma;
al propio tiempo estalla y cae tambien en la tierra, en la
que el humo de los bosques abrasados se eleva hasta las
nubes,
Arruga la frente de Eloha un pensamiento atrevido, que
queda ejecutado en el mismo instante. Por tres veces el mas
grande de los serafines adora á la víctima celeste , lanzán
dose luego hácia la via solar que atraviesa los cielos. Junto
á las siete estrellas que empiezan á formar la via , encuentra
Eloha dos ángeles de la muerte ; á su vista los sinies
tros mensajeros se cubren el rostro con sus negras alas. Es
tremécese el serafin y continúa su rápido vuelo , para con
templar al Eterno en medio de las tinieblas impenetrables
con que ha querido envolverse en su trono de juez.
Triste y profundo es el silencio que reina en derredor
del Gólgota. Los vivos y los muertos , las almas que han
de habitar los cuerpos que están aun para salir del polvo,
las almas de los patriarcas y las legiones de serafines, con
templan al Mesías con mudo arrobamiento. Tambien Eva
adora al Hijo divino; pero al aspecto de sus sufrimientos
su corazon se desgarra, vuelve los ojos y vé al pié de la
cruz á una muger trémula y vacilante ; su cabeza estaba
inclinada, tenia los ojos inmóviles y enjutos. En aquella
muda angustia conoció Eva el dolor de una madre.
« Tú eres Maria , se dice ; tu desesperacion me lo prue
ba. Lo que sientes tú ahora , lo sentí tambien yo, cuando
ví á Abel banado en su sangre, sí, ! tú eres la madre del
Hombre-Dios que muere por nosotros! »
De repente deja de pensar Eva en la mas querida y des
graciada de sus hijas , por haber visto á los dos ángeles de
la muerte que encontró Eloha en la entrada de la vía so
lar. Ambos penetran en la atmósfera de la tierra por las
puertas del oriente, dirigiendo su vuelo magestuoso y lento
hácia la cumbre del Gólgota. Las mas negras sombras de la
noche les sirven de ropage; sus ojos despiden llamas; true
na la destruccion en su frente solemne; sostiénenles en el
aire dos largas alas, otras dos envuelven su cabeza, y for
man dos alas mas en derredor de sus piés un velo sombrío.
Poseidas de un santo terror las almas de los patriarcas ,
descienden hasta casi el punto de rozar la tierra, que pare
ce preparar por segunda vez una tumba, para aquellos pa
dres de la especie humana. Los dos lúgubres ángeles se
paran ante el Mesías , le saludan con la mas terrible de sus
miradas , y emprenden nuevamente su vuelo siniestro. Por
siete veces dan la vuelta á la cruz , tapándose el rostro con
sus negras alas, resonando en todo el universo el rumor de
su vuelo, triste y lúgubre , como el eco fúnebre de la cam
pana al anunciar la muerte , en medio de los estrepitosos
goces mundanales.
Semejante al viagero pacífico que, obligado á atravesar
un campo de batalla en que yacen miles de guerreros, re
dobla el paso para adelantar en lo posible su marcha, tan
pronto como oye el estertor de unos y el último suspiro
que exhalan otros, levanta Jesucristo la cabeza al acercár
sele los dos ángeles esterminadores. Les mira, eleva los
ojos al cielo y dice en el fondo de su corazon
« !Juez supremo, herida está de muerte mi cubierta ter
restre 1 Cesa pues de espantarla : conozco el aleteo de esos
negros rnensageros ; comprendo el lenguaje profético de su
vuelo horrible... ! Juez supremo, herida está de muerte mi
cubierta terrestre Cese pues tu rigor : ! gracia, gracia para
el Hijo del hombre 1 »
Así piensa el Mesías : corre su sangre en mayor abundan
cia que antes , y los ángeles esterminadores vuelven á diri
girse al cielo, dejando tras ellos vagas inquietudes é incier
tos terrores.
La obra de la redencion se envuelve mas en su misterio
so velo , en el instante de tocar á su cumplimiento.
Innumerables son los testigos de la tierra y del cielo, reu
nidos en torno del Gólgota ; Eva es entre todos ellos, la
que está mas vivamente afectada : los sufrimientos del Hijo
del hombre son para ella sus propios dolores. La aureola
que circuia su cabeza se estingue ; se postra Eva en la tier
ra , esa vasta tumba de todos sus hijos , imprime su frente
en el polvo de los muertos, y levanta al cielo sus manos
juntas : luego se incorpora á medias, procura con su mira
da de inmortal penetrar las tinieblas del sepulcro que atra
vesó hace tantos siglos , por espantarla el aspecto de sus
blancos huesos y de su silencio terrible.
•
Enternecido el ángel de las armonías celestes, al oir sus
gemidos , lleva al pié de la cruz esta dulce plegaria de la
madre del género humano :
« Oh , tú, á quien he llamado hijo mio , ? puedo darte
aun este nombre tan dulce?... No apartes de mí tus mori
bundas miradas, ya que eres mi Redentor y el de todos los
nacidos. ! Los cielos se estremecieron de gozo cuando tu
amorosa voz anunció á la primera pecadora el perdon y la
vida eterna, por mas que debiese aquel perdon costarte la
vida !... Este pensamiento terrible sumerge en la tumba el
alma inmortal que la atravesó— ! Ah! permíteme llorar por
tí, Hijo divino, aunque ya sé que son las lágrimas un ho
menage poco digno de tu gloria ; pero tambien sé que te
apiadas de la debilidad , porque eres todo amor, todo mi
sericordia. Y vosotros, hijos de mis hijos, nacidos para mo
rir, cesad de acusar á vuestra madre infortunada : por vo
sotros , ha pasado Él su vida en el dolor ; por vosotros han
encontrado sus ojos mas allá del sepulcro lágrimas ardien
tes para derretir el hielo de la muerte. Es ahora, hijos mios
queridos , la sangre del Hijo de Dios, la que vá á lihraros
de la nada... Libres estais de la muerte ; solo os dormireis
para despertar en los brazos de vuestro Salvador... Pero,
! ah! ese Salvador vá á morir ; y sin embargo, nadie es ca
paz de espresar su poder y su misericordia. !Hora terrible,
hora suprema , apresura tu vuelo en alas rápidas de la luz
que te mece tan lentamente en lo infinito !... Terrores de'
la agonía , ? no cesareis de atormentar esa cabeza, que á
cada instante envuelven mas y mas las sombras de la muer--
>1 100 1E.
? Jesus , divino hijo mio , tu rostro es cada vez mas páli
do , continuan brotando sangre tus heridas ; pero tu respi
racion es ya el estertor del moribundo... Gracias por esa
lánguida mirada que te dignas dirigirme... Serafines, cele
brad mi dicha ; que las bóvedas del cielo repitan : !El Re
dentor ha dirigido á la madre de la especie humana una
mirada de misericordia !,.. Ya ha entrado en mi corazon la
dulce calma de la inmortalidad : levanto mis ojos y mi pen
samiento hácia el Creador, y os bendigo, hijos míos ; os
bendigo en nombre del que os devuelve vuestra inocencia
primitiva, que juzgará al mundo , y que os inicia en la
muerte por medio de sus sufrimientos y de su propia san
gre. ! Os bendigo en nombre de su cabeza lánguida y caida,
de sus ojos estinguidos , de su frente surcada por todos los
tormentos y angustias de la tierra ! »
Viages.
NUEVA GALES DEL SUR.
Soplaba muellemente la brisa, y á toda vela surcábamos
las olas del Océano. Conocíase ya que nos. aproximábamos á
paises menos calurosos , y si no nos hubiesen sido contra
rias las corrientes del dia anterior, debíamos ver, segun
todas probabilidades, antes de la puesta del sol, la tierra de
la Nueva-Holanda. Harto seguros estaban nuestros jóvenes
alumnos de marina del valor de sus observaciones, para
que dudáramos del prometido resultado , y nuestras ávidas
y curiosas miradas buscaban ya en el horizonte aquella
tierra tan interesante , tan rica y tan áspera á la vez, de la
cual tantas maravillas se cuentan en Europa.
En el mar no se necesitan muchos días para apercibirse
que se cambia de zona, y aun cuando ninguna vegetacion
os lo diga , la naturaleza de las olas , el color de la atmós
fera y el paso de las aves emigradoras , os indican las dife
rencias. No menos os revela tambien estas variaciones el
estudio del mar, y de cuando en cuando adelantándonos
hácia mas elevadas latitudes , descubríamos, á la manera
de un negro y desnudo islote que el capricho de la ola re
cubria ó dejaba descubierto , el inmenso dorso de alguna
vagabunda ballena , que sin duda habia ido allí para dar
tregua á sus diarios combates con las tempestades polares.
No habian mentido los relojes marinos. Ante nosotros, al.
través de densa niebla , desplégase una tierra, alargase co
mo para invadirlo todo, se levanta y sube , se colora y en
trecorta , á fin de que podamos estudiar á la vez todos sus
tesoros y todas sus pobrezas. Es la Nueva-Holanda , es la
tierra de Cumberland , tierra poética por sus interiores mis
terios, tierra preciosa por sus beneficios presentes y su fu
tura fortuna , tierra grande y fecunda, porque ha servido
poco hace para la solucion de un problema moral que en
vano hasta ahora se habia buscado. !Oh! no la dejemos pa
sar ante nosotros sin disenar alguna de aquellas montanas,
cuyos desnudos piés se sumergen en el agua, y cuyas cabe
zas , calvas unas veces y otras coronadas de hermosa vege
tacion , forman ya aquellos raros contrastes que á cada paso
veremos. Todo es allí digno de estudio, hasta la uniformi
dad ; todo es allí fenómeno, hasta lo natural ; no es la Eu
ropa ni el Asia ; .Africa ni América no tienen ninguna roca,
ningun arbusto, ninguna hoja semejante á las que se en
cuentran en Nueva-Holanda , continente sin igual, segun
dicen con razon los ingleses. Es un mundo aparte ante el
cual nos deslizamos con rapidez desesperante por nuestra
curiosidad. Hay allí robustos vegetales que estienden á lo
lejos sus gigantescos brazos, cuya silueta en ningun conti
nente ni archipiélago hemos encontrado ; arbustos capri
chosos que nuestros naturalistas desconocen ; raices cundi
floras que imitan las ondulosas sinuosidades de una serpiente
que toma el sol, y luego, en el aire, aves de estravagantes
gritos, de entreverados colores, armoniosos y discordantes ;
y además ancones tallados de estrano modo, en cuyo fondo
las aguas mujen cual no habeis oido en parte alguna del
globo. El ojo y la imaginacion se hallan en éxtasis perpé
tuo ; cae de las manos el pincel , porque teme traducir mal
los fantásticos prodigios de un espíritu en demencia.
Por lo general , los primeros planos del. paisaje luego
que ante nosotros se desenvolvió la costa, son áridos , des
nudos , ásperos y cortados por pequenos grados de desme
drada vegetacion. Mayores riquezas adornan ya al segundo
cuadro, notándose en él cierta opulencia. Pero allá, á lo le
jos, se ven algunas mesetas imponentes, en las cuales osten
ta la naturaleza su. fausto con indecible profusion... ! Cuán
hermoso pais para el estudio! !Cuán lentas y rápidas van á
pasar nuestras.horas ! Declina ya el dia, cúbrenos la noche
con sus velos , vénse en la costa masas negruzcas sobre un
violado horizonte , y por todas partes los fuegos brillantes
y superpuestos, os dicen que aquellos desiertos, en los cua
les aun no se manifestó á nuestra vista habitacion alguna,
tienen sin embargo sus salvajes visitadores y sus hordas nó
madas: Tierra , cielo , aguas y hombres, todo vá á ocu
parnos, todo llamará nuestra atencion en esa Nueva Gales
del Sur que pronto pisaremos. Pero allá, á lo lejos, hay un
fuego mas brillante que los otros, que nos 'proyecta sus pe
riódicos rayos. Manifiéstase el protector fanal , ocúltase á
intervalos iguales , y aquí principia la solucion de la gran
cuestion moral que la Inglaterra propuso y que solo ella
resolvió. Dentro de 'algunas horas flotará nuestro pabellon
en el rio de Sidney ; oiremos voces amigas, y encontrare
mos la Europa en su antípoda.
Sabíamos que era estrecha la entrada del puerto ; que
sobre todo era á veces muy peligrosa por la punta del Nor
te, y que las corrientes, mediante un viento no muy fres
co , podian arrastrarnos ; y por consiguiente, la prudencia
aconsejó que la corbeta se mantuviera á conveniente dis
tancia , y que esperara la salida del sol. Luego que este se
manifestó en el horizonte , enmudecióse la brisa , y por
medio de tímidas ráfagas procuraba remolcarnos hasta el
puerto. Fué tan poco lo que adelantamos, que casi temi
mos nos visitara en alta mar .una nueva noche. Pero !ay!
no estábamos al término de la prueba, porque alrededor de
aquel pais tan rico en fenómenos, todo debe ser terrible, so
lemne, inesperado é incomprensible. Sin embargo , en el
buque reinaba la alegría. Pero de repente cesa la brisa, las
velas cubren los mástiles, la revoloteadora bandera eae in
móvil como una larga serpiente sin vida , palidece el disco
del sol , y al parecer se ensancha y arroja alrededor de sí
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Abeja, La. No. 2 (1 enero 1863), p. 075-112 |
| Descripció | Informació addicional del títol: revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Títol addicional | Revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1863 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Librería de D. Juan Oliveres, [1862-1870], No. 1 (1 enero 1862)-No. 3 (1 enero 1964) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1056597~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Ateneu Barcelonès". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 8 bits |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | 03_No. 2 (1 enero 1863), p. 89-100 |
| Transcript | N 89 N montanas que quedaban mucho al oriente , y siempre ha llaron la costa del mar asi anegada , y arboledas espesas cerca de ella , como dicho es, que era imposible entrar por ellas ; y estando metidos con los navíos en un seno por donde la tierra volvia al oriente, vieron unas montanas muy altas allí donde aquella tierra hacia cabos, lejos de ella 20 leguas ; y determinó el almirante ir allá , pues la tierra no volvía al setentrion y era de grandisimo hondo co mo el cacique había dicho ; y dijo que por allí por donde el almirante quería ir en 50 leguas no hallarla cabo. 52. Navegaron por dentro de muchas islas, y al cabo de dos dias con sus noches llegaron á las montanas que hablan visto , y hallaron que era un chererrezo tan grande co mo el de la Aurea , como la isla de Corcega : cercaronla todos y nunca pudieron hallar entrada , porque era así la tierra llena toda de lodo y arboles espesos , como dicho es ; y las ahumadas de gente eran en la tierra muy grandes y muchas, y tuvieron allí por aquella costa siete días buscan do agua dulce de que tenian necesidad , y la hallaron en tierra de parte de oriente , cerca de unos palmares muy lindos : y alli hallaron nacares y grandisitnas perlas. Vieron que alli habla buenas pesquerías si las continuasen. 33. Despues que tomaron agua y lena navegaron al aus tro siguiendo la costa de la tierra , y despues al poniente siguiendo siempre la costa de tierra firme hasta que los llevaba al surueste y parecía que habian de llevar por aque lla vía gran numero de jornadas, y al austro vieron toda la mar llena de islas despues de haber andado gran parte de donde habían partido, y los navíos estaban muy descon certados por las muchas dadas en los bajos y las cuerdas y aparejos gastados, y la mayor parte de los mantenimientos muy perdidos , en especial el vizcocho por la mucha agua que habla en los navíos, y toda la gente muy cansada y sudando ; que la sazon de los vientos y la vuelta les podria hacer adversos. h. Entonces acordó el almirante dar la vuelta por otro camino, no por donde habian ido , y volver á Jamaica , que el almirante llamaba Santiago, y acabar de redondear toda la parte del austro que les habla quedado por andar; y asi dieron la vuelta pensando poder pasar por entre unas islas que alli estaban , en las cuales nunca hallaron canal y les fué preciso volver atrás por un brazo de mar por donde habian navegado hasta la punta del Serafin y las islas don de primero hablan surgido en la Mar Blanca. 55. Tomaron la vuelta por el mismo camino por donde hablan venido y pasaron la casa del cacique, y alli por esos mares sorprendió la gran multitud de mariposas que cayeron en el mar espelidas por los vientos, y vinieron tan tas tortugas y tan grandes que la mar era cuajada de ellas y parecia que los navíos se querían encallar en ellas. Los Indios las comen , y las tienen por muy sanas y sabrosas. 56. Pasaron por otro brazo de la Mar Blanca y al cabo de las muchas islas donde hablan surgido la primera vez en la Mar Blanca con muy poca agua, que fue maravilla de nuestro senor aportar allí , hasta que llegaron á la pro vincia de Orrrofai , y allí surgieron en un gran río y pro veyeron el navío de agua y lena para navegar al austro siguiendo otro camino y dejando las islas del Jardin de la Reina á la izquierda, y asi lo hicieron y no se pudieron es cusar de pasar por muchas islas que hasta entonces no ha bian visto : alli , como hemos dicho, es la gente mansa en gran manera , y montanosa la tierra y fertilisima y abun dosa de viandas ; de todo les dieron muy gran parte ; eran frutas suavísimas y aromáticas. 57. Allí les trageron infinitos papagayos y otras aves, TOMO 11. principalmente palomas muy grandes y tan sabrosas como perdices de Espana , y tenían el papo lleno de flores que olian mas que flor de azahar de los naranjos. 58. Allí hizo el almirante decir misa -é hizo plantar una cruz : era domingo cuando el almirante hizo decir misa y descendió á tierra ; y el cacique alli era muy honrado y se nor de mucha gente y familia. Criando vió 41 almirante descendido á tierra , él tomó de la mano á otro Indio de mas de 80 anos que venia con él, le tomó de la otra hacien dole mucha fiesta, y traia aquel viejo un ramal de cuentas de piedras de inarmol al pescuezo , las cuales tienen en gran precio ; y el cacique y el viejo y todos los otros an daban desnudos como nacieron , y asi acompanaron al al mirante al lugar que había mandado preparar para decir misa. • 59. Despues el Indio viejo con muy buen semblante y osadia, le dijo que había sabido como el almirante corria y buscaba todas las islas y Tierra Firme de aquellas partes, y que no tomaría vanagloria de que toda la gente le tuvie se miedo porque él era mortal como todos los hombres : nacieron desnudos y tenían alma mortal, y que de mal de cada miembro el alma era la que se dolia , y como al tiem po de la muerte, del despeditniento del cuerpo sentían muy gran pena , y que van al rey del cielo ó en el abismo de la tierra segun el bien ó el mal que habían hecho en el mun do. El almirante le respondió por medio del interprete que había tenido mucho gusto en oírle, que venia de Castilla, que no había hecho dano á persona alguna, y que habla venido para hacer bien y honra á los buenos y mal á los malos; y que esto le hablan mandado sus senores el rey don Fernando y la reina dona Isabel , muy grandes reyes de Espana. Y entonces les contó que estos reyes eran los mayores senores del mundo, y las cosas que habian visto ,en Castilla, ciudades, fortalezas, iglesias, caballos, fiestas, toros, etc.; y el viejo dijo que quería ir con el almirante, y ver tantas maravillas, y hubiera venido , salvo el incon veniente de su muger é hijo, y por piedad de ellos lo dejó. 60. El almirante tomó otro mancebo de allí que trajo sin escandalo de la tierra, el cual con el otro cacique que traia que había tornado , envió al rey y reina despues de vuelto del viage á la Espanola. 61. Todas aquellas gentes estranas y de la Tierra. Firme le parecieron bien personados y de agudos ingenios, de los cuales todos huelgan mucho saber cosas nuevas y como ha cen los hombres de acá ; y son muy obedientes y leales á los caciques, y preguntaban por el nombre del gefe de las carabelas y repitieron el nombre entre ellos para que no se les olvidase ; y, preguntaban por el nombre de los navios, si venían del cielo ó de donde venían , y aunque les decian que eran hombres de Castilla, pensaban que Castilla era el cielo. Ellos dicen que los de 'Wagon andan vestidos porque tienen rabo que ocultar. Se despidió el almirante de aquel cacique y viejo honrado de Ornofai con mucha amistad y con muchas obligaciones. 62. Partió el almirante de Ornofai , y del río de las Mi sas navegaron al austro por dejar el Jardín de la Reina, que eran muchas islas verdes y hermosas á la mano izquierda por el peligro del navegar, que primero á la ida hablan pasado. Llegaron por causa de los vientos contrarios á la provincia de Macaca, y allí en toda la provincia los recibie ron muy bien, y allí en un golfo mas grande á donde puso el almirante Buen-Tiempo por nombre. Allí navegaron al poniente hasta que llegaron al cabo de la isla, y desde el austro hasta que la tierra volvia al oriente ; y asi , al cabo de ciertos días vinieron al monte Cristalino y de alli á la 1`.4 punta del Farol y á la baja que es mas al levante once le guas, donde hace fin la isla sobredicha. Allí hubieron cier tos días el viento contrario. 63. Navegaron á la parte del austro, fueron á surtir una tarde á una bahia en cuya comarca habia muchas poblacio nes, y vino un cacique de una muy grande poblacion que está en un alto. á los navios y les trajo muy buen refresco, y preguntó quien era el almirante, el cual' les respondió por medio del interprete que era vasallo de los muy gran des senores y reyes de Castilla don Fernando y dona Isabel; que le habían mandado á descubrir aquellitierra y honrar los buenos y destruir los malos, y les contó .otras muchas cosas que les agradó infinito. 64. Al otro dia partió el almirante, y ya que iba á la Isabela con poco viento, vino el cacique con tres canoas: la mas grande canoa era muy grande y muy pintada ; alli ve nia su persona y la muger y dos hijas; la una hasta 18 anos muy hermosa, desnuda del todo: allá es costumbre muy honesta : la otra era menor, y dos hijos varones y cinco hermanos y ocho criados' los otros debian ser sus vasa llos : traia un hombre como alferecia ; en la canoa esta, solo venia el rey á la proa con un sayo de plumas colora das, de hechura de cota de arma, y en la cabeza traia una gran pluma que parecia muy bien , y traia en la mano una bandera blanca sin senal alguna, dos otros hombres venian con las caras pintadas de la misma manera, y cada uno traía en la cabeza una gran pluma en forma de celada, y en la frente una tablita redonda tan grande como "un plato, y pintadas de una misma manera : traían estos en la mano cada uno un juguete con que tocaban. , 65. Rabia otros dos hombres pintados de otra manera que traian las trompetas de palo muy labradas, y pájaros y otras sutilezas y leno negro muy fino , cada uno de ellos traia un lindo som brero de palmas verdes muy espe sas. y de muy su til obra. 66. Otros seis traian sombreros de plumas blancas, y al pescuezo una joya de alambre de una seda que es en aquella comarca que se llama gua ni , y es tan fino que parece oro de ocho quilates. Era de hechura de una flor y del tamano como de un plato; la traían al pescue zo con sarta] de cuentas gordas de piedra marmol de gran precio , y en la cabeza una guir nalda de piedras menudas verdes y coloradas puestas en orden , y en medio algunas mayores adonde bien parecia; y traían ademas una joya grande colga da sobre.la frente, y alas orejas le colgaban dos grandes ta bletas de oro con unas sartillas de *cuentas verdes mas menu das. Traían un cinto, aunque andaban desnudos cenidos de. 91-b. th ¦ 11111 Mi iimat 5 ii• 5 2..L.L.1 • pi • . la misma obra de la guirnalda, y todo lo restante del cuer po descubierto. Y así mismo su muger venia adornada des nuda, salvo un solo lugar de su miembro que de una cosilla de algodon no mayor que una oja de naranjo , tenia tapa do. Traian en los veranos de los jubones antiguos de los franceses : traían otros dos C01110 aquellos y mas grandes en cada pierna como á horcas, tambien de algodon abajo de las rodillas. 67. La hija mayor la mas hermosa toda andaba desnuda; un solo cordon de piedras muy negras: y menudas, sola-. mente traía cenido , del cual colgaba una cosa de hechura de ojo de yedra de piedras verdes y coloradas pegadas sobre algodon tejido. 68. Y luego que llegó á los navíos, empezo á dar cosas de su comarca ,. y entró en la carabela luego y despachó su gente á que llevasen las canoas á tierra ; todo esto hizo an tes de llegar el almirante; y-apenas lo vió se llegó á.el muy. alegre y diciendo : « Amigo mio , tengo determinado dejar la tierra é irme contigo á ver el rey y la reina y príncipe su hijo, los mayores senores del mundo, los cuales tienen tanto que han sojuzgado acá tantas tierras por ti que lel obedeces ; y por su mandato todo este mundo has sojuzga do , como he sabido.por aquellos Indios que contigo traías y que en todo caso estan las gentes de ti tan temerosas que es maravilla ; y que los Caribes que es gente numerosa y muy brava te temen , y les has destruido las canoas y ca sas , y tomado las tmigeres é hijos , y muerto de ellos los que no huian : yo sé que en todas las • islas de esta comarca que es infinita gente, te temen Y han gran miedo y les pue des facer .mucho dano si no obedecen al rey de Castilla tu senor ; pues ya conoces las gentes de estas islas y su flaque za y sabes la tierra ; pues antes que me tomes mi tierra y 'senorío yo quiero ir contigo , con mi casa ,, en tus navíos á ver á los grandes rey y reina tus senores , y á ver la tierra mas rica y abundosa del inundo y ver maravillas de Cas tilla que son mu chas segun tu In dio me ha conta do. » El almirante• teniendo compa sion dé el y de su hija y de sus hijos' y de su muge!' , se lo estorbó viendo su inocencia y buena voluntad, y dijo que lo reci bia por vasallo del rey y reina y que por ahora se que-- 'VI ,1I,,• , 'foil '41 ' ChSTELLANO Preparan los espanoles en 1518 ,sU espedicion contra Méjico. clara que aun le quedaba mucho que descubrir y que lo llevaría en otro tiempo ; y así hubo de quedar 'con su gente y casa. 69. El almirante navegó por el austro hacia al oriente, y cuando volvio á la Espana, vino á salir por aquellas mis mas islas Caribes por donde habla venido al principio. 70. Llegó á Castilla en junio de 1496 y trajo consigo al Di 91 te liadas en maderas y de, ellas de bulto. Traia unas coronas como unas alas y en ellas como unos ojos á los lados de oro. 73. Esta vez estuvo mas de un ano en Castilla y en Ara gon , y partió de vuelta á las Indias en agosto de... Murió en Valladolid en 1506, de 70 anos de edad, poco mas ó menos. Era natural de Milan. Hasta aquí Andrés Bernaldes. Doce anos mas tarde par tió de aquella isla Juana (Cuba) y de su ciudad de Santia go', fundada por Diego Velazquez en 151i, la armada que condujo á Hernan Cortés y los suyos á verificar una de las mas atrevidas empresas de que haya memoria. gunos Indios ; antes que de allá partiese habla prendido al gran cacique Caunaboa y su hermano y su hijo á quien pu so por nombre don Diego. Caunaboa se murió en la mar, ó de dolencia ó de poco placer. 71. Traia un collar de oro el dicho don Diego hermano de Caunaboa , que le hacia el almirante poner cuando en traba en las ciudades , hecho á eslabones de cadena que pesaba 600 castellanos, el cual lo ví y tuve en mis manos ; y lo tuve por huesped en mi casa. 72. Trajo entonces el almirante muchas cosas entretegi das de algodon y en todo figurado el diablo en figura de gato ó de cara de lechuza , ó de otras peores, y ellas enta El opio y el tabaco y las influencias de su uso en el físico y moral del hombre. por p. Cap p. 21. Wars. 1. . El jugo condensado de las cápsulas de laadormidera , • conocido desde la mas remota antigüedad con el nombre de opio, es sin duda uno de los mayores tesoros que haya des.. cubierto la humanidad. Es una sustancia tan activa y po-. derosa , que sin su ausilio , seria cuasi imposible el ejerci cio de la medicina; pero á causa de la fatalidad .que acom pana las mejores cosas, el abuso ha venido en pos del uso, y este abuso se ha desarrollado con tal rapidez é.intensidad en algunos pueblos de oriente, que no se sabe si el opio ha causado mas bien que mal. En la India , Turquia y China , el pueblo se entrega al uso del opio con .un furor que nada parece poder contener, y los resultados de este terrible há bito son cada dia mas y mas espantosos. Dáse particularmente el nombre de teriakis á los que tra gan el opio , ya sea en forma de píldoras', ya reducido á líquido. « Los teriákis, dice un reputado viagero , empiezan por medio grano y aumentan progresivamente la dósis has ta tomar sesenta .y mas granos diariamente. Procuran no beber despues de haberlo tragado , temerosos de provocar violentos cólicos ; pero en breves anos la palidez se hace manifiesta , Menguan sus fuerzas, y una flaqueza estrema son el preludio del marasmo general que se apoderará de ellos. El hombre que empieza á usar el opio en los primeros anos de su juventud , raras veces llega á los treinta y seis anos; pero como está pasion es tan poderosa, no son capaces de vencerla. ni la certitud de las enfermedades ni laperspec tiva de una muerte prematura. Los teriakis contestan estói camente á los avisos que soles dan, diciendo, que su dicha no tiene precio ; y si se les fuerza á definir esta felicidad sobre natural, dicen que no pueden describirla , y que es un pla 'cer imposible de espresar. No obstante, esperimentan estos desgraciados antes de terminar su existencia y en medio del estado de torpeza que les domina, dolores • atroces, y un hambre cuasi contínua. Estos dolores son tan intensos, que el mismo opio tomado en altas dósis , no siempre alcanza á calmarlos. Sus facciones se descomponen , cada vez es ma yor la inflarnacion del periostio, se .les caen los dientes, y mucho tiempo antes de morir , están atormentados por un continuo temblor. » Un embajador inglés enviado á la India , fué conducido luego de su llegada á palacio á una pieza reservada, cuyos adornos y muebles aventajaban en lujo y riqueza á todo cuanto hasta entonces habia visto. Despues de haberle dejado solo unos breves instantes, entraron dos hombres de aspecto distinguido precediendo una litera cubierta de ricas sede rías y velos de gran precio , llevada por unos esclavos; En el interior de aquella litera estaba acostada una forma hu mana que se hubiera tornado por un cadáver, sino se hu biese.visto balancear la cabeza á cada movimiento de los portadores. Dosoficiales traían unas bandejas doradas conte niendo una copa y una botellita llena de un líquido azu lado. Creyendo el embajador que era involuntario testigo de alguna ceremonia fúnebre, quiso retirarse; pero pronto salió de su error , viendo á los oficiales levantar la cabeza del que pareci.a un sér inanimado., recogerle la lengua que salía de la boca , y .hacerle tragar tarnbien cierta cantidad del líquido de la redoma , cerrándole las mandíbulas y frotándole suavemente la garganta para hacérselo bajar. Despues de haber repetido esta operacion cinco ó seis veces, aquel hombre-cadáver abrió los ojos y cerró la boca invo luntariamente , y en seguida bebió él mismo una gran dosis del líquido. En menos de una hora aquel sér animado se sentó en la litera, habiendo recobrado el color y un poco de fuerza en las articulaciones. Dirigió entonces la palabra en persa al enviado, preguntándole los motivos de su eMbaja da. Dos horas despues aquel estraordinario personage esta ba completamente -activo y en disposicion de entregarse á los negocios mas arduos. El 'embajador inglés se .tomó en tonces la libertad de hacerle algunas preguntas acerca la estrafía escena que había presenciado. « Caballero , le dijo, hace muchos anos que como opio y por grados he caído en este deplorable estado. Paso las tres cuartas partes del dia en el estado de estupor en que me habeis visto. Sin fuerzas para moverme ó hablar, conservo no obstante el conocimiento ,.y transcurre este tiempo en medio de agradables visiones ; pero jamás saldria de este estado , sino tuviese servidores leales y celosos que velan por mí con religioso cuidado. Cuando por el estado de mi pulso, conocen que mi corazon palpita lentamente y cuando mi respiracion llega á ser cuasi insensible , entonces me >2 92 bt hacen tomar la solucion de opio y me vuelven á la vida como habeis visto. Durante estas cuatro horas habré traga do varias onzas, pero no pasará mucho tiempo sin que vuel va á caer en mi habitual estupor.» El uso del opio en medicina se remonta á los tiempos mas antiguos, pero lacostumbre de fumarlo esmucho masrecien te. Empiezan á hallarse sus huellas á partir del islamismo. Prohibiendo la nueva religion el uso de los licores fermen tados, reemplazáronlos sus adeptos con el de .ciertas sus tancias provistas de propiedades análogas. Los habitantes de la India tomaron de los árabes esta funesta costumbre. En la China, donde este vicio está hoy dia tan generalizado, apenas hace un siglo, solo era conocido como medicamento. La pipa en la que se fuma el opio, es de tierra cocida ; se compone de una pequena esfera hueca muy aplanada en el eje por el cual comunica con el tubo que tiene sobre unos veinte centímetros de longitud. La esfera tiene en medio de su superficie superior una pequena abertura de cuatro á cinco milímetros de ancho. El opio destinado para fumar se tuesta antes ligeramente , se disuelve despues en agua y se prepara una especie de estracto. Para fumarlo toman un trozo del tamano de una lenteja con el estremo de unas te nacillas de hierro, lo acercan á la llama de una bujía, pa ra volver á tostarlo de nuevo; luego lo colocan sobre la pequena abertura de la esfera de la pipa, poniéndolo en tonces en contacto con la llama de la bujía, del mismo mo do que lo hacen los fumadores de tabaco; el opio se inflama .y aspiran el humo. Esta operacion se repite varias veces y comunmente hasta que el fumador entra en una especie de beatitud ó delirio, durante al cual su imaginacion le pre senta mil objetos fantásticos y seductores; embriaguez terri ble cuyos abusos son mucho mas peligrosos que los del vino. « Uno de los objetos que tuve la curiosidad de visitar en Singapore , dice lord Jócelyn en su Campana de la China, fué el fumador de opio en su cielo ; espectáculo espantoso, aunque á primera vista sea menos repugnante que el del borracho, rebajado por sus vicios al nivel del bruto. No obstante, la sonrisa estúpida y la letárgica apatía del fuma dor de opio, tienen algo de mas horrible que el embruteci miento del hombre ébrio. La compasion acalla todos los demás sentimientos al ver las mejillas sin color , los ojos huranos de la víctima, vencida por el poderosísimo efecto del veneno. « Una calle situada en el centro de la ciudad, está ente ramente invadida por las tiendas destinadas á la venta del opio. En aquel sitio, por las noches, cuando cesan los tra bajos del día, vése una multitud de infelices chinos, que acuden presurosos para satisfacer su abominable pasion. Las salas donde se sientan y fuman, están circuidas de una especie de sofás de madera con un respaldo á propósito para poder descansar la cabeza; algunas veces una pieza separa da y destinada al juego, forma parte de estos establecimien tos. Sobre las nueve de la noche, vénse á aquellas tristes víctimas de una pasion irresistible, sumidas en todos los es tados que resultan de la embriaguez del opio. Los unos entran medio locos para satisfacer el terrible apetito que han tenido que vencer con grande esfuerzo durante el dia; los otros , todavía bajo la influencia de una primera pipa , rien y hablan desatentadamente , mientras que en los ca napés inmediatos, yacen otros infelices lánguidos é inmó viles, con la sonrisa del idiota, harto postrados por el efecto del veneno, para prestar atencion á lo que pasa en torno suyo , y completamente absortos en su cruel placer. La úl tima escena de la tragedia, tiene lugar ordinariamente, en una pieza retirada de la casa, un verdadero cuarto mor tuorio donde son tendidos, -tiesos como cadáveres, los que llegan á aquel estado de éxtasis que el fumador de opio anhela ávidamente , imágen del prolongado sueno en que no tarda en precipitarle su ciega locura.» Para dar una idea de la marcha progresiva del consumo de opio en la India, tomamos los siguientes detalles de una memoria publicada por el doctor Little, que ha ejercido por espacio de muchos anos la medicina en Singapore. A me diados del pasado siglo , tan solo se importaban en China unas doscientas balas de opio. En 1796 los fumadores de opio eran ya tan numerosos, que el gobierno chino hizo una ley con el objeto de disminuir su número ; pero nada pudo contener la corriente. En 1837, se importaban en China 40,000 balasdeopio, valiendo laenorme suma de cinco millones de libras esterlinas ( 500 millones de reales); y hoy dia, que se calcula que asciende á cuatro millonesel número de fumadores de opio, aquella cantidad cuasi ha duplicado. En la isla de Java que solo contiene nueve millones de habi tantes , se cuentan sobre noventa mil personas entregadas á aquel vicio. En Singapore, sobre setenta mil habitantes, se cuentan al menos quince mil fumadores de opio. Se pue de calcular la cantidad de opio consumido diariamente por un individuo, á dos gramas de estracto 6á cuatro gramas de opio en bruto. El gobierno inglés arrienda el derecho de vonder opio , y este arriendo le dá únicamente en Singapore una renta de dos millones y medio de reales. Está prohibido, bajo severas penas, fumar opio en las plazas públicas, y las casas donde se fuma deben estar cerradas á las nueve de la noche, no per mitiéndose que se juegue en ellas ni entre nadie con ar mas. El estracto de opio destinado para fumar se llama chancla ó chanclo°. El opio cuya esencia se ha estraido y el que se ha fumado, se llama tic chancla 6 tinco, y es muy bus cado por las gentes pobres, que lo toman en píldoras, y por los mercaderes , que se sirven de él para alterar el opio del comercio. Nada en el mundo, dice M. Little , iguala la beatitud del fumador de opio cuando entra en el lugar que vá á ser vir de teatro á su éxtasis. Provisto de la necesaria cantidad de chancla que vá á fumar, se tiende en una especie de le cho de campana cubierto de un colchon , y con la cabeza apoyada en una almohada de bambú , empieza á cargar su pipa. Antes de entrar en la casa, veíase el abatimiento pin tado en sus facciones; sus ojos estaban apagados , su andar era lento, sus pasos inciertos , su voz temblona , su rostro pálido y macilento. Pero ahora, con la pipa en la mano, y una lamparilla encendida á su lado, ya no es el mismo hombre : brillan sus ojos y se animan sus facciones ; carga su pipa , la acerca á la lámpara, hace algunas aspiraciones prolongadas y profundas, arrojando el humo con suma len titud ; luego deja la pipa , apoya la cabeza y empieza á sen tir los efectos del veneno. Una segunda pipa aumenta el es tado de vaguedad en que se halla, pero hasta la tercera (5 cuarta pipa no empieza el éxtasis. Entoncestodos sus miem bros se estremecen , ábrense estraordinariamente sus ojos , agúzanse sus sentidos, todos sus dolores desaparecen , la percepcion es clara, la lengua espedita ; ha llegado el mo mento de las confidencias y de la locuacidad ; en fin, con la sonrisa en los lábios llena y fuma su última pipa. Entonces la coloca lentamente á su lado, y apoya de nuevo su cabeza en la almohada ; una estrana sonrisa vaga en su semblan te ; el párpado superior. cae lo propio que la mandíbula y el lábio inferior; las inspiraciones son cada vez mas profundas; toda percepcion desaparece y poco á poco queda sumer gido en un sueno agitado y violento, del que despierta con D§ 93 gc todo el sentimiento de su miseria. Un estado de languidez y de malestar, sucede á esta beatitud momentánea ; los do lores de los miembros, la tristeza, vuelven á aparecer, y este estado no cesa hasta que el fumador recurre á su pa sion favorita, que debe aumentar todavía sus enfermeda des y su perdicion. A medida que el hábito se arraiga , estos desgraciados pierden el sueno, sufren vértigos, opresion de pecho, y debilidad de la vista ; la digestion se turba , el cuerpo en flaquece y los músculos pierden su vigor. Por la manana esperimentan sordos dolores en los huesos ; poco á poco las facciones se alteran, las piernas les tiemblan , las cejas se deprimen y caen , la vista se anubla y el semblante ofrece el aspecto de una vejez prematura Una multitud de sínto mas graves anuncian una consuncion general, y la menor enfermedad pone fin á aquella triste y deplorable exis tencia. El abuso del opio destruye á la vez la constitucion física y las facultades morales de los desgraciados que se entregan á él. La pereza, la inaccion y la miseria, no tardan en su mirles en una profunda depravacion , que abre las puertas al crímen , por cuanto el robo es el recurso al que las mas de las veces se entregan para satisfacer su pision. Los hos picios, las cárceles y los hospitales, están llenos de fumado res de opio. Cuando se ha contraido este funesto hábito, es cuasi imposible renunciar á él inmediatamente, habiéndose dicho con mucha razon, que no hay esclavitud comparable con la que pesa sobre el fumador de opio.Algunos, aunque pocos individuos, qué lo usan con moderacion, resisten por mas tiempo á sus terribles efectos. Otros, si bien todavía en mas reducido número, han podido correjirse enteramen te de este vicio, y entre ellos podemos citar el último em perador de la China, que lo alcanzó por la sola fuerza de su voluntad, y que hizo tambien grandes esfuerzos para librar de él al vasto pais sujeto á su dominio. Lo que mas estra neza causa, es que una nacion poderosa como la Inglaterra, que siempre está invocando los derechos de la humanidad haya hecho por mucho tiempo una guerra encarnizada á un pueblo ignorante y débil, con el solo interés del odioso co mercio del opio , obligando al último soberano del Celeste Imperio á comprar por una fuerte suma, el derecho que se arrogó de venderle aquel veneno. Verdad es que los ingle ses han aminorado los peligros, dando á los chinos solo el opio de inferior calidad , si bien se lo venden al mismo pre cio que el de la clase superior de Esmirna, Patna ó Be narés. Dícese que han existido ó existen en Paris fumadores de opio, y tambien que han formado durante algun tiempo una reunion que llevaba por título « Sociedad delos opiofilos.» Esta sociedad tenia un registro en el cual cada miembro anotaba las sensaciones que esperimentaba durante el éxta sis producido por el opio. En Inglaterra se empieza igual mente á fumar el opio. Hace pocos anos que el doctor Pons manifestó en la reunion anual de Westminster , que habla tenido ocasion de medicar á once individuos, enfermos por aquel motivo. En la India , el uso de fumar el opio ha he cho tales progresos, que varias veces el gobierno inglés se ha visto en la necesidad de poner un severo correctivo. Pero ? cómo hacer desaparecer un gusto, un hábito que tiene todos los caractéres de una violenta é irresistible pa sion ? Elevando el precio del opio , se escitaria mas y mas esa terrible costumbre, fomentando al propio tiempo el con trabando. ? No debemos ver en esto una elocuente leccion de la Providencia que castiga de este modo la sed insaciable de oro y riquezas, la avaricia, porel vicio mismo que se han complacido en propagar ? Semana Santa. FUNCION DEL SANTO SEPULCRO EN LEBRIJA. Por R. Z. he alba. La Espana debe con razon gloriarse de haber recibido la religion cristiana casi desde el momento en que se consumó la redencion del mundo. ! Admirable prodigio! Aun se des cubrian sobre la cima del Gólgota las gotas de sangre de nuestro divino Redentor ; aun vivia la santísima Virgen ; aun predicaba el infatigable S. Pablo á los habitantes de Corinto y Tesalónica, y anunciaba por todas partes los mis terios y los preceptos de la ley de gracia, y ya la antorcha de la fé habia alumbrado el horizonte hispano ; ya nuestro ,suelo habia sido santificado por la sangre de los mártires. Esta preciosa semilla comenzó á fructificar tan estraordina riamente , que muy poco tiempo despues la Espana era cristiana, cayendo por tierra las falsas deidades de la gen tilidad ante el nuevo estandarte de la cruz. Pero la invasion de los bárbaros, las doctrinas que estos introdujeron , y las incesantes guerras posteriores, ofrecie ron poderosísimos obstáculos para generalizar y radicar la verdadera religion en toda su pureza ; y aunque desde el reinado de Recaredo logró ya una decidida proteccion del gobierno, la funestísima invasion de los árabes sofocó el cristianismo en casi toda la Península, sustituyendo los gro seros errores del Alcoran á la sublime y divina moral del evangelio. Comenzó entonces una desastrosa y sangrienta guerra de seis siglos, que ofreció á los espanoles el glorioso resultado de restaurar su patria, y restablecer en toda ella la religion del Crucificado. Lanzados los sectarios de Mahoma á la otra parte del Me diterráneo , y asegurada así la paz de que tantas generacio nes habian carecido , volvieron á florecer las artes, aban donadas por aquel tiempo en Espana, y progresando con ellas la civilizacion , fué al mismo tiempo adquiriendo ri queza y esplendor el culto religioso, que antes era desali nado y pobre, por un efecto preciso de las circunstancias. Por todas partes se levantabán iglesias y creaban herman dades, dedicadas unas á la santísima Virgen, y otras á di versos santos, notándose desde luego con mucha generalidad el mayor entusiasmo religioso por el santo en cuyo dia ha bia sido reconquistado cada pueblo , y al que elegian por su tutelar y patrono, en memoria de tan fausto suceso. Pero entre tantas devOones promovidas por la piedad de DI 91. los cristianos, ninguna mayor, y con razon , que la de ve nerar la sagrada pasion y muerte de nuestro divino Reden tor. Así es que la Semana Santa ha sido siempre y es en to dos los pueblos, la época de mas movimiento religioso, y en la que todas las iglesias apuran sus recursos para solem nizar los divinos oficios. No es nuestro ánimo hablar detenidamente de estas fun ciones religiosas, cuando en todos los pueblos se celebran igualmente con mas ó menos lucimiento , segun la posibili dad 6 el gusto de cada uno. Nos limitaremos por tanto á dar noticia de una de 'ellas , la cual , por las circunstancias particulares que la rodean , hace sea admirada de todos los forasteros ; tal es la funcion del Santo Sepulcro en la .igle sia parroquial de la Villa de Lebnja , provincia de Sevilla. Haremos brevemente su descripcion. Una antigua hermandad , compuesta de individuos que, ella misma nombra, dirige y costea la funcion : y corno esta, segun. se verá , no está sujeta á ningun ritual , vá adqui riendo , como ha sucedido en estos últimos anos , muchas mejoras, que aumentan su celebridad y lucimiento. Aca bados los mai tines 6 tinie_ blas , en la tarde del vier. nes santo, y colocada con anticipacion en el presbi terio una de vota imágen del Senor cru cificado, se hace el des cendimiento, mientras s e predica un sermon. sobre tan tierno y patético acto; y concluido, se coloca la sagrada imá gen en una elegante y bellísima ur na, mas apre ciableaun por su mérito ar tístico, que por la materia de ébano y plata de que está construida. Antiguamente poseia la hermandad un rico sarcófago de plata , que si bien carecia de gusto por haberse hecho en el tiempo de la. corrupcion de las bellas artes , era sin embar go una alhaja de .estraordinario valor. Mas desapareció en 1810, durante la invasión francesa , construyéndose la ac tual, la cual es digna de todo elogio por el buen gusto que re salta en toda su obra. Sobre un zócalo que marca la planta de la urna , se levanta un cuerpo de orden compuesto , con columnas estregadas, y pedestales de igual clase. Sobre este cuerpo corre una balaustrada sostenida y apoyada en otros pedestales, que sobresalen en la direccion de,las columnas; y estos pedestales están coronados de preciosas pirámides. Por la parte interior de la balaustrada, descansa sobre el mismo cornisamento la tapa en forma ochavada , y con elevacion proporcionada, imitando con mucha gracia y propiedad las urnas romanas. La materia principal de su fábrica es ébano muy fino , pero la base y capiteles de las columnas , los vi vos de las fajas del arquitrabe , •y los modillones son de plata, así como son del mismo metal los atributos de la pa sion , que primorosamente trabajados aparecen de bajo-re lieve en los pedestales de las columnas. Los intercolumnios, cerrados de cristales , ofrecen. bastante espacio para ver la sagrada imágen envuelta en una sábana, y recostada sobre colchon y almohada, todo primoroso y rico, cual corres ponde á la suntuosidad de la urna. Dispuesto así el misterio, sale el santo Entierro llevando delante la misma cruz en que el Senor estaba crucificado : síguenle todas.las cofradías del pueblo con sus pendones, presidiendo la de esta funcion , y últimamente el clero can tando el salmo 113 , y llevando la sagrada urna con el rico aparato fúnebre de terno, bandera del Cordero, pálio y de más , todo tan suntuoso, que mas bien parece de una opu lenta catedral, que de una parroquia de pueblo subalterno. Ordenada así la procesion , sigue por la misma carrera des tinada para la del Corpus ; y se combina el tiempo, para que al ano checer llegue • al sitio de la funcion. Aquí es donde sé presenta, es pecialmente al forastero que lo yé por primera vez, la perspectiva mas bella y encantadora, que puede darse. El si , tio ó lugar de que hablamos es el patio lla mado de los Naranjoscon tiguo á la misma igle sia. Este pa tio , de bas tante esten sion y cua drado , está cerrado en todos sus cua tro lados de una hermosa galería de arcos, sobre co lumnas aisladas. Un antepecho , que se eleva á la altura de los pedestales , separa el patio de las galerías, sin im pedir la vista de todo el edificio. Sobre el antepecho cor re una balaustrada apoyada en las columnas, y coronada toda ella de preciosos faroles. Los claros de los arcos están adornados con ricos fanales, que hermosean estraordina riamente el sitio y aumentan la iluminacion. Las paredes de las galerías y las interiores del patio, se visten de espe jos y cuadros pintados , algunos de mucho mérito. En el centro del patio , sobre un zócalo de piedra, se vé el Santo Sepulcro, que es un bello y esbelto templete de ocho co lumnas, que sostienen la cúpula, y sobre ella una cruz qne. casi se oculta entre los mas altos pimpollos de los naranjos; debiendo advertir, que los de este patio , por razon de la sombra del edificio , tienen mas de doble altura que los co El Santo Sepulcro en Lcbrija. munes. Todo el templete aparece vistosamente iluminado, y al mismo tiempo adornado con mucho gusta el cuerpo principal, donde está una gran mesa dorada, con almoha don'es de terciopelo carmesí y franjas de oro, para recibir la sagrada urna. Al derredor del sepulcro se ven ricos can delabros de plata con hachas de cera. Todo el pavimento del pato y las galerías se encuentra cubierto de arman y de yerbas aromáticas. En uno de los ángulos está la orques ta , que rompe su lúgubre música al llegar la manga 6 cruz que precede al clero, y sigue tocando mientras se coloca la urna en el sepulcro. En este acto se presenta una campa nía de soldados vestidos á la romana, la cual se encarga de dar la guardia , colocando sus centinelas en el patio , como se vé en el grabado. Acabada la procesion , se retiran todos por un corto rato, para volver á acompanar al Senor. En tonces las galerías se llenan de gente , con separacion de 95 1 sexos ; y el clero , ios individuos de la hermandad , y los convidados, ocupan los asientos del interior del patio , y dura la funcion hasta la media noche, mientras la música canta las lamentaciones de Jeremías, y varios motetes so bre la pasion del Senor. Tanta magestad cautiva el alma y la embelesa ; la vista del sepulcro *entre corpulentos naranjos, que semejan con toda propiedad un huerto ; el silencio de la noche, y la bien entendida distribucion de innumerables luces; la vista del Senor en la urna ; los acentos de una música lúgubre y sombría., y el suave olor que exhala el pavimento, todo enagena y arroba el alma , llenándola de una cristiana de vocion , y la lleva insensiblemente á contemplar el suceso mas memorable del mundo ; aquel misterioso acto , en que Dios mismo hecho hombre , dió voluntariamente su vida por la salud del género humano. La Mesiada. por fi(opstoch. VIII. Musa sagrada que invoco , tú le oiste al mas santo de los cantores de Jehová, cuando al pié del monte Sion cantó al Redentor desamparado por su.Padre en su hora suprema, y al °irle , aprendiste los himnos celestes, que repite tem blando mi tímida voz. Acaba de iniciarme en tus santos misterios ; guíame por entre las tinieblas que envuelven la cruz en que está sufriendo mi Dios : ! quiero que los terro res de la eternidad hagan estremecer la médula de mis huesos; quiero ver al Salvador del mundo en su lucha con tra la mas cruel de las agonías quiero fijar mis miradas en sus apagados ojos , en sus lívidas megillas ; quiero contar cada gota de sangre de la redencion , y•contemplar aquella. cabeza divina que , rendida por el peso de los pecados del mundo, se encorva y Se inclina al rodearla las sombras .de la muerte ! Dirígese el divino Eloha de la tierra á los cielos y de los cielos á la tierra con tanta rapidez , que apenas puede se guirle el pensamiento de los itimortaleS; para de repente su vuelo inquieto al pasar sobre el Gólgota ; tiende sumano izquierda, en la que conserva la corona celeste , mientras sostiene con su diestra la trompeta terrible que acerca á sus lábios. Todos los ecos de lo infinito despiertan al bronco son del metal ; absorta escucha la creacion entera, á la que dirige el serafin estas palabras : « Cielos y tierra, ostentad vuestras galas mas solemnes. Sábado de la nueva alianza , que tu llama santa se eleve de sol en sol hasta el trono del Juez supremo. !La hora solem ne ha sonado ; cielos y tierra, ostentad vuestras galas : el ángel esterminador despliega sus alas sombrías , la -víctima marcha al suplicio ! » A los últimos acentos de Eloha , van todos los ángeles custodios de la tierra á agruparse en torno suyo. El mas grande de los serafines pasa por entre las filas deslumbra doras de la celestial cohorte, desciende sobre el Gólgota, imprime por tres veces su frente en el polvo, vuelve á le vantarse y tiende los brazos al Mesías, que le percibe de lejos, seguido de todo el pueblo de Judea. Lleva. el Hijo del hombre su cruz, cuyo enorme peso le aterra aun mu cho menos que el de los pecados del mundo , con el que ha querido 'cargar voluntariamente. Poseido Elolia de admira cion , esclama .« Que todo cuanto existe atienda á mi voz. Gólgota , monte sagrado, en nombre del Dios que vá-á reconciliarse, en nombre del Dios reconciliador; en 'nombre del Dios que difunde. en el alma del 'pecador la luz celestial , yo te con sagro para recibir la sangre de la redencion. !Santo, santo, tres veces santa el Dios cine fué. y será. eternamente! » De este modo el mas grande de los serafines consagra el. lugar del suplicio ; -pero afligido -profundamente al ver la misión que aun debe 'cumplir:, se envuelve en una nube sombría y dirige al Mesías esta humilde plegaria : «Amigo de los hombres, creador y salvador de la espe cie humana, hijo del .Eterno., inconmensurable como tu , padre ; tú, que vas á sobrepujar -á tbdo cuanto de mas gran de y Maravilloso ha sido hecho en los- cielos ; tú , que vas á restituir á la tierra .1a inocencia primitiva y á desterrar de ella la muerte eterna, oye la voz del serafin postrado en el polvo que vá á enrojecer tu sangre. Cuando tus ojos se cerrarán á la luz , cuando tu postrer suspiro estremecerá á los cielos, cuando solo Jehová osará fijar aun su mirada de juez en tu lívida faz ; !.ah 1 si no quieres entonces que aca be la creacion para mí, si no quieres que una tumba de este Mundo sea mi lecho eterno, dígnate decirme desde el fondo de la noche en que se estinguirá tu vida mortal, que por tu muerte quedará redimida toda la raza de Adan. Díg nate decirme desde el centro de aquella noche sombría., que volverás á reinar en los cielos, cuando hayas pronun ciado estas palabras sublimes : !Ya se consumó1' Sangre de Ja redencion , yo te saludo ; almas redimidas , yo os felicito con toda la efusion que me es dado sentir. Ya se acercan esas almas, ya llegan ; desde aquí oigo ya sus gritos de triunfo, y veo brillar sus vestidos purificados de antemano por la sangre que vá á correr.» Al terminar el serafin , desvanece la nube en que estaba envuelta, y .ordena á los ángeles custodios de la tierra que se formen en derredor.del Gólgota. Todos al punto obede DI 96 w cen : unos se colocan en las nubes que están flotando en los aires, otros se ciernen sobre las laderas de las montanas cubiertas de bosque, y los restantes se paran en la cumbre, en que se levantan los cedros. Colócase Eloha en lo altó del templo, desde donde do mina con la mirada y con el pensamiento á los innumera bles agentes de los decretos de la Providencia , los instru mentos de justicia y de muerte , los custodios de los morta les , y á los ángeles tutelares de los futuros cristianos y de los mártires. Despues de haber atravesado Gabriel las mas altas regio nes , al dirigirse al sol por órden del Mesías, llega sobre el pináculo del templo solar, donde habia dejado á las almas de los patriarcas , y les dice : « Padres de los hombres, seguidme. Ya el Redentor, car gado con la cruz , se dirige al lugar del suplicio. Dirigid vuestras miradas hacia la Judea , y fijadlas en Jerusalen , por ser en lo alto de aquella árida colina donde debe mo rir... ? Veis aquel otro monte mas apartado , cuya doble cumbre cubierta de verdor se levanta hasta las nubes? Allí ha sufrido el Redentor todo el peso de la justicia divina ; colocaos en su cumbre, y desde aquel punto elevado vereis correr su sangre, sangre sagrada que redimirá á la vez las generaciones pasadas, y las que el ángel de la vida no ha lanzado aun á la tierra, en que han de sazonarsé para la eternidad. » Destrozado por el dolor, vuelve Gabriel á emprender su vuelo hacia la tierra , siguiéndole las almas de los patriar cas, rápidas como el pensamiento de un mortal virtuoso, cuando de estrella en estrella se levanta hacia el trono del Eterno. El ala del serafin roza ya la cumbre del monte de las Olivas, mientras que los padres de los hombres ván des cendiendo hacia él lentamente : es Adan el primero de N I gar a su cumbre, en la que se postra ; besa el suelo con respeto, y saluda á la tierra con este canto de reconoci miento y de amor : « Tierra querida, desde la triste noche de otono en que recibiste en tu seno materno mis restos helados , los siglos han pasado sobre otros siglos, las generaciones han confun dido su polvo con el de otras generaciones estinguidas , sin que nada haya podido en tanto tiempo turbar mi sueno. Con qué placer vuelvo á" veros , playas floridas, que cubrís los huesos de mis innumerables hijos , ahora que sé que todos ellos han de resucitar un dia. !Mis lágrimas de gozo te bendicen , hora santa, que librarás á mi tierra natal del anatema con que la empané, que santificarás su polvo en vilecido , al regarle con la sangre de la redencion !... !Cie los y mundos, estremeceos, ya viene , ya se acerca el Hijo divino de la tierra; el Hijo del Eterno marcha á la muerte!)) Así canta el primer hombre mientras su corazon está á punto de derretirse en un mar de triste alegría. Desde ló alto del templo de Jerusalen , en que continúa de pié el divino Eloha , apercibe á Satán y á Adramelech, que con aire de triunfo se ciernen sobre la cruz que lleva Jesus en hombros. En vuelo audaz y rápido atraviesa el serafin la esfera terrestre, y Mide las órbitas en que se mue ven las estrellas : envuélvele el resplandor del mas solemne de los dias , un terror santo le sigue y le precede, y en su derredor el aura tímida y suave pide á la tempestad sus imponentes rugidos. Al rumor de sus pasos retiembla el es pacio , como retiemblan los penascos al paso de un nume roso ejército con sus carros ele bronce y sus pesadas arma duras. Los dos príncipes de las tinieblas le ven , le oyen, y se paran inmóviles y sombríos como dos .negras moles ,de piedra , lanzadas al fondo de los abismos por la mano del Dios vengador. Mas resplandeciente que' el sol , y mas rá pido que una exhalacion , el divino Eloha se presenta de lante de ellos y les habla , teniendo su voz el acento seco y breve del mando supremo : « Vosotros , cuyos nombres maldecidos tan solo pronun cia el infierno , abandonad las regiones de la luz , cansadas ya de sosteneros : huid hasta que hayais cesado de ver el reflejo de los límites del cielo. No os confundais con las nubes de la tierra, ni os arrastreis en su polvo; huid, mal ditos.)) Dice , pero lejos de obedecer, los dos ángeles rebeldes se irguen ; en los surcos de sus frentes, agitadas como las olas de un mar tempestuoso , y en sus ojos chispeantes de fue go, como los cráteres humeantes de los volcanes, se vé pin tado cuanto hay de mas horrible en la venganza y la rabia. Parécense á dos nubes sombrías, que cubriendo las laderas de los Alpes, antes de que la tempestad, mas poderosa que ellas, las disipara, procurran arrojar sobre los tranquilos .valles el azote destructor que llevan en su negro seno. De pié delante de Eloha , intentan Satán y Adramelech contestarle, pero sin darles tiempo, el serafin les lanza una mirada aterradora : « ! Silencio ! esclama. No me obligueis á emplear el rayo de Jehová , este rayo omnipotente con el que armó en otro tiempo mi brazo, cuando osarrojé al abismo... En nombre del hijo de Adan , que cargado con la cruz, se dirige ahora al altar del sacrificio, en nombre del vencedor de los in fiernos , huid. » Y los dos príncipes de los.abismos , mas negros que su tenebroso imperio, huyen del reino de la luz , espoleados por los mil aguijones del terror y el espanto , que les em pujan hacia las ruinas de Gomorra y hasta el seno del mar Muerto. Vénles huir los ángeles y las almas de los patriar cas; triunfante y tranquilo el divino Eloha , vuelve á des cender al pináculo del templo de Jerusalen. Jesus acaba de llegar al pié del Gólgota. El peso sobre humano que ha arrojado el Juez supremo sobre su cabeza, ha apurado sus fuerzas, por lo que se para y bambolea. Atraviesa en aquel momento un viagero con paso tímido la colina terrible; detién ele la multitud, y le obliga á llevar la cruz del Hijo del hombre. Los sufrimientos de Jesus hacen renacer en mas de un corazon sentimientos de piedad ; pero aquellos corazones, débiles y embriagados de los vanos placeres de la tierra, solo conocen la piedad instintivamente : aquella otra piedad que procede del alma , que inspira actos de abnegacion y sublimes sacrificios, les es desconocida. Los gemidos sofo dos , que en una y otra parte se oyen entre la multitud, llegan hasta Jesus , que se vuelve hacia el pueblo, y dice : « Hijos de Jerusalen , ? por qué llorais mi muerte? Gemid mas bien por vosotros y por vuestros descendientes, porque se acercan los dias de angustia y de horror , los dias terri bles en que bendecireis á la muger estéril , que direis á las montanas: Caed sobre nosotros; los días en que direis á la tierra : Abrete bajo nuestros piés... ! Ved lo que á mí me sucede, y juzgad lo que sucederá al pecador ! » Al acabar de proferir Jesus aquellas palabras, levanta los ojos al cielo , y sube lentamente la colina. Ha sido la cruz levantada en medio de huesos humanos. El dia esparce sobre la Judea su luz celeste y pura, mien tras que los millares de átomos, cuya infinita pequenez re vela el poder del Creador, hormiguean en el laberinto de los aires. Pero ya las misteriosas profundidades de la tierra se abren , rompe el huracan las cadenas que le sujetan al >1 97 borde de las nubes y pasa rugiendo sobre las cimas y las hendiduras de las penas. • De pié está el Hombre-Dios delante de la cruz. Véle Adan , tiéndele los brazos y lanzase á él; flotan sus cabellos á merced del viento, brilla en su rostro el resplandor del sol , pero de repente le tiemblan las rodillas; prostérnase entonces , y en sus ojos , fijos siempre en el Salvador , se refleja el cielo. Ha dejado de ser Adan un simple mortal, y con todo, derrama abundantes lágrimas. Esperimenta á la vez las sensaciones mas dulces y crueles que exhala en un canto solemne, que escuchan los ángeles agrupados en tor no suyo. « La lengua de los serafines no tiene un nombre digno de tí; tampoco tienen los inmortales llanto en los ojos ni plega rias asaz nobles para celebrar tu amor y tu gloria. Yo te doy el nombre de hijo, ya que tienes un cuerpo mortal y eres hijo de la tierra. Jesus , hijo adorado , ?á quién pediré ausilio para resistir al dolor que me oprime ! Vosotros que habeis existido antes que yo, arcángeles .y serafines que , como nosotros, fuisteis creados por él , contempladle , es mi hijo! ! Tierra bienaventurada, yo te bendigo; polvo san to del que lie salido , bendito seas , porque él tambien tie ne un cuerpo de tierra y de polvo !... Mi dicha sublime, que colmada los deseos de un inmortal, á tí la debo, Jehová, por haber dispuesto al crearme que fuese padre de tu hijo. Detente alma mia ; ? qué es mi porvenir eterno , qué es el porvenir de la creacion , comparados con. los ins tantes que viven en este dia los cielos y los mundos ? Cada uno de estos instantes lleva en sus alas de oro á lo infinito eternidades de reposo y de dicha , que Adan y todos sus hi jos gozarán un dia... Instantes sublimes , ya os habeis des: vanecido ; otros instantes mas imponentes aun mientras se acerca y ya llega el mas grande de todos. Esferas celestes , prestadme vuestra voz :poderosa ; quiero anunciar á todo cuanto existe que la víctima acaba de pararse bajo el ala sombría del mas terrible de los ángeles... Especie humana, levántate del polvo , irgue tu cabeza , embellécete con la; lágrimas divinas , ya que el santo de los santos se dirige á su tumba entreabierta. Hijos míos , hijos queridos de mi corazon , vosotros sois los elegidos , á vosotros todos os vá á redimir; venid, pues, en torno de vuestro Salvador divino. Que el que mora en un suntuoso palacio deponga su coro na y venga ; que todos los que gimen bajo el humilde te cho de una cabana, olviden sus sufrimientos y vengan ; pero ! ah ! los que viven en la tierra no oyen mi llamamiento, así como tampoco le oyen los muertos que duermen en sus tumbas ; solo te oirán á tí, que te inmolas por ellos , cuan do los reunirás á la consumacion de los siglos. Cuan in menso es él dolor que embarga mi alma , al ver al Reden tor que se acerca á la muerte... Jehová , tú que abandonas á tu hijo en este momento supremo, ? me sostendrás á mí, que he sido el primero de los pecadores , el primero que he sufrido las leyes de la destruccion ?» Así canta Adan , mientras continúa de pié el Hombre Dios delante de la cruz. Lleva Jesus la mano á su frente , .se inclina profundamente y habla á su padre, que solo es ya para él un juez inexorable. Los cielos se estremecen á la respuesta que le dá el Eterno... Los verdugos se apoderan del Mesías. Los millares de mundos que giran en lo infinito., entran en las parábolas que han de describir para anunciar la muer te del Hijo del Eterno ; de repente se paran, truenan sus polos, vuelven á tronar, hasta quedarse de nuevo en el mas profundo silencio ; muda é inmóvil queda entonces la crea don entera, y marca su sombra la hora del sacrificio en el TOMO II. cuadrante del cielo. ! La tierra de pronto se agita , su eje si:7 dobla y gime; vá á caer el mundo todo en e] insondable abismo de la nada , pero le detiene Jehová al fijar su vista en el Gólgota , y al ver á su hijo clavado en la cruz!... Inmortal alma mia, tú que estás destinada á ver las lla gas del Mesías , póstrate ante esa cruz, envuélvete junto á ella en un fúnebre crespon , y aguarda á que tu voz des fallecida encuentre el vigor que necesita para cantar el misterio de los cielos. Las almas de los patriarcas guardan un silencio sombrío. ? Ha rugido en el universo el soplo del ángel esterminador? ?Duermen los .mundos en el seno de la destruccion? ?Ha brá algun sér viviente que vuelva á salirjamás de en medio de aquel mar de polvo? Yen los ángeles y los serafines á la vida mortal en lucha con la mas terrible de las agonías ; ven correr asimismo la sangre del hijo del hombre, exhalándose su dolor en lágri mas y en cantos que con santo estremecimiento repite el eco de los cielos. El divino Eloha , el mas grande de los se rafines, el que mas se acerca al increado, dirige su última mirada al Mesías moribundo, se lanza al espacio, y su voz, parecida á los rayos de los astros celestes que iluminan lo infinito , grita á las mas elevadas regiones : « ! Su sangre corre !...» Y dirigiéndose luego á los mas profundos abismos repite : « !Su sangre corre !...» A medida que Eloha se acerca á la tierra, los ángeles de los soles, que han sido los primeros en oir su voz, encien den el fuego del sacrificio , y la llama sagrada, brillante y pura como el rocío que precede á la salida del sol de la tierra , se levanta hácia los cielos. Cada mundo que vé pa sar á Eloha ofrece su holocausto, imágen de la víctima que expia en la cruz los pecados de la tierra, Así brilló en otro tiempo la columna de fuego que salió del tabernáculo para guiar al pueblo de Dios en el desierto. Dirige el Hombre-Dios miradas enternecidas al pueblo ciego, cuya compacta multitud se estiende desde las puer tas de Jerusalen hasta el pié de su cruz; luego ruega por él, levanta sus ojos al cielo y esclama : ! Perdonadles , padre mio , no saben lo que hacen! A aquella voz de, amor, una muda admiracion se apode ra de todos cuantos la oyen ; miran al Mesías con espanto, y ven retratados en él la palidez y un dolor tan profundo , que solo pueden los mortales conocer en parte. Unicamen . te los espíritus celestes comprenden los tormentos del Hijo del Eterno , y el manantial inagotable de salvacion y de di cha que se abre para el género humano con las llagas pal pitantes de Cristo. Dos criminales han sido crucificados al lado del Mesías, por haberle condenado la voluntad del Omnipotente á su frir aquel último grado de ignominia. Tiene á su siniestra á un asesino, viejo endurecido en el pecado, que se burla é insulta al Dios que muere por él. « ?Pretendes ser el Salvador de los hombres ? le dice. !Ah ! si lo fueras nos libradas y te salvarias á tí mismo, descendiendo de este leno maldito.» Tiene á su diestra á un jóven arrastrado al mal por el ejemplo y por los pérfidos consejos que, lanzando una mi rada de indignacion al viejo pervertido, le dice : «Estás tan cerca de la muerte, ? y no temes aun al Juez supremo ? ?Nada te importa su venganza terrible ? Lo que sufrimos en este momento no es mas que un débil castigo impuesto á nuestros delitos. Pero ese justo , condenado á morir entre nosotros... ?por qué le castigan los hombres cuando los ha colmado de tantos beneficios ?...» 13 Y haciendo un penoso esfuerzo, se inclina el jóven há cia el Mesías : á semejante movimiento corre con mas abun dancia su sangre, sufre mucho mas que antes ; pero de re pente le ilumina un rayo de esperanza, é inspirado, esclama : « Senor cuando estarás en el seno de tu gloria, dígnate acordarte de mí.» Contéstale el Mesías sonriendo de misericordia y de amor: En verdad, te lo digo, hoy entrarás conmigo en el reino de los cielos. Llevan aquellas palabras al alma del pecador arrepenti do una felicidad desconocida : « ? Donde estoy ? esclama. ? A qué nueva vida me ha re sucitado el hombre divino que muere junto á mí? ?Por ventura me habrá nuevamente creado? Adorado seas, por mas que no pueda comprenderte... Tú eres mucho mas que el primero de los ángeles ; ninguno de ellos habria podido acercar tanto á Dios á mi alma arrepentida... Adorado seas: desde hoy te pertenezco eternamente.» Dice, y queda sumido en un santo éxtasis ; la paz del Senor ha descendido á él. Un ángel esterminador ha reemplazado á Abdiel en las puertas del infierno , pasando el serafin á ocupar su puesto en el círculo luminoso que forman los inmortales en torno del Gólgota. A una senal del Redentor se levanta Abdiel sobre la cruz ; se queda por un instante inmóvil , y vol viendo á colocarse luego junto á sus hermanos, dice : « Me manda el Maestro conducir á su presencia , des pues de su muerte , al alma del primer pecador que la san gre de la redencion acaba de salvar. Alegraos conmigo ante la mision sublime que acaba de confiarme.» Uriel, el ángel del sol, aguarda de pié en la cima de los montes el instante indicado para cumplir las órdenes que ha recibido del Eterno. Pero de repente se lanza á los cie los, para buscar en ellos la estrella solitaria que está en cargado de colocar entre el sol y la tierra, á fin de que, sombras mas terribles que las que la noche estiende al es pirar el dia para envolver en dulce calma á la naturaleza toda , reciban el último suspiro del Mesías. Llega ya el serafin á la atmósfera de Adamida , nombre que dan los cielos á la estrella misteriosa , en la que en el mas puro éter se mecen las almas antes que el ángel de la vida las lleve á la tierra en sus alas de azur. Sonriendo con amor fraterno á aquellos gérmenes aéreos de las genera ciones futuras, fija Uriel sus miradas en su vasta cuna, y dice : « Adamida , en nombre del que te sembró en lo infinito , sal de tu órbita , entra en la inmensa parábola que descien de hácia el sol de la tierra , colócate frente á su disco y ab sorve sus rayos.» Resuena la voz del ángel en el fondo de los valles y en las cumbres de las montanas de Adamida. La estrella , al oirla , ,levanta sus polos y se lanza al través del espacio ; los océanos se encrespan y mugen ; la tempestad rompe sus cadenas en medio de espantosos rugidos ; las montanas re tiemblan y se abren ; las nubes tienden su manto , se api nan, y chocan entre sí hasta arrojar de sudesgarrado seno torrentes de agua y mil espantosos rayos con sus horribles serpenteos y abrasadoras llamas. Puesto de pié en el círculo ártico de Adamida , Uriel la dirige y le conduce bajo el sol que cubre aquella con su in menso globo. Las sombras que proyectan sus bordes tene brosos descienden hácia la tierra ; y, ocultos en sus miste riosos pliegues, el silencio y el espanto las siguen en su descenso. Las aves interrumpen su canto para ir á ocultar se en la espesura de los bosques ; y, desde el toro, ese rey y 98 • de la pradera , hasta el insecto que trepa por una brinza de yerba, todo busca un amparo en las cavernas y en las hen diduras de las penas. La brisa contiene su soplo , y el hom bre , oprimido , respirando apenas , levanta los ojos al cie lo. Es el crepúsculo cada vez mas sombrío , y ostenta el terror sus mil formas fantásticas en medio de una noche oscura , negra , terrible , que despliega supesado manto so bre todas las playas de la tierra. Inmóvil permanece la estrella de Mamida en frente del sol , al que parece haber estinguido para siempre ; sus pá lidas sombras producen un rumor sordo , y poseidos de res peto y de admiracion , los mundos, se paran ante la sangre que brota de la cruz divina ; así se para tambien el viagero inmóvil y pensativo , ante el mármol que cubre los restos de un grande hombre. Dirige Uriel la palabra á los habitantes aéreos de Ada mida ; aquellas almas humanas , para las cuales no ha so nado aun la hora de nacer, se envuelven, mientras aguar dan un cuerpo mortal , en los mas dulces tintes del cielo ; á la voz del serafin , todas se disponen á escucharle con un recogimiento piadoso. « Seguidme , las dice ; quiero conduciros al globo que la sombra de vuestro mundo acaba de sumir en las tinieblas, para que á pesar de ellas veais al Hijo del Eterno. No lo conoceis todavía ; su vista os hará presentir la dicha inefa ble que ha de ser un dia vuestro patrimonio. Ved cómo hasta en los mismos cielos todas las rodillas se doblan, todas las coronas se inclinan ante el Hijo del hombre... Salvador del mundo, para tí las creaste , para tí las redimiste ; tuyas son, pues, las almas de todas las generaciones pasadas y fu turas.» Dice, despliega sus alas, y se dirige hácia la Judea. Si guen las almas á Uriel , como siguen al verdadero sábio los nobles y piadosos pensamientos, cuando, iluminado por los dulces rayos de la luna, se dirige al bosque solitario para meditar sobre los secretos de la eternidad. Los patriarcas que se ciernen sobre el Gólgota , ven con grata sorpresa en los celestes viageros que conducen las nu bes, las mil y mil cohortes de séres humanos que el porve nir sazona en su materno seno. Por primera vez la madre de los hombres aparta su vista de la cruz; y , levantando una mano al cielo, apoya la otra en el hombro de Adan para mostrarle á los futuros hijos de los siglos que no exis ten aun. « Hélos ahí, le dice , las innumerables generaciones de lo porvenir , los futuros cristianos llamados á la inmortali dad... ? Oh, tú , que mueres por todos ellos, ?qué nombre podré darte ? ? Qué hosanna podrá cantar dignamente tu poder y tu misericordia? !Oh, hijos mios, que estais aun por nacer, siento que no hayais entrado ya en la vida de prue ba , á fin de que pudiesen vuestras madres conduciros al pié de la cruz para ensenaros á adorar á vuestro Salvador!... Dia vendrá no obstante en que sabrán adorarle... Sí, Adan, ya entreveo su porvenir : los mas dignos de entre ellos cae rán bajo el hierro del verdugo , semejantes al lirio real tronchado por la tempestad. Desde aquí veo brillar vues tras heridas, santos mártires ; el resplandor de Nuestras frentes heladas y de vuestros estinguidos ojos me deslum bra. Vuestro último suspiro es un himno de gozo ; permi tid ah ! permitid que vuestra madre comun os bendiga á todos.» El mediador dirige una mirada á aquellos millares de al mas , y brilla en sus ojos una lágrima de vida y de dicha eterna. Ilumina por un instante el pálido rostro del Mesías la dicha mas pura ; pero vése de repente envuelto otra vez DI 99 i< por las sombras de la muerte ; su cabeza se inclina enton ces al peso de los pecados del mundo , y en vano procura levantarla nuevamente al cielo. Las nubes que cubren el Gólgota son cada vez mas som brías; reina en su circuito una oscuridad igual á la de los sepulcros. La mas negra de aquellas nubes se estiende so bre la cruz, y con ella el silencio de la nada; silencio impo nente y terrible hasta para los mismos inmortales. Un pensa miento no mas, y quedará interrumpido aquel silencio espantoso. Sucédele de repente un tumulto siniestro, al que no ha precedido ningun sonido ni rumor alguno. Ruge en el fondo de la tierra estremecida una tempestad inesperada , potente, terrible; los huesos de los muertos se agitan, el tem plo retiembla , se inclina , se levanta de nuevo y vuelve á inclinarse ; los sordos gemidos de los antros de las montanas anuncian la llegada del huracan, hijo predilecto de la des truccion , al que legó su madre los mas espantosos azotes. Ruge á su llegada al través de los magestuosos cedros , y caen estos arrancados de cuajo ; brama al través de la cruel Jerusalen , y hace balancear la ciudad sus palacios y caba nas, como hacen balancear las olas de un mar embraveci do los restos de los náufragos. Los rugidos del huracan anuncian la llegada del rayo , (pie estalla y cae en el mar Muerto, cuyas negras olas se levantan cubiertas de espuma; al propio tiempo estalla y cae tambien en la tierra, en la que el humo de los bosques abrasados se eleva hasta las nubes, Arruga la frente de Eloha un pensamiento atrevido, que queda ejecutado en el mismo instante. Por tres veces el mas grande de los serafines adora á la víctima celeste , lanzán dose luego hácia la via solar que atraviesa los cielos. Junto á las siete estrellas que empiezan á formar la via , encuentra Eloha dos ángeles de la muerte ; á su vista los sinies tros mensajeros se cubren el rostro con sus negras alas. Es tremécese el serafin y continúa su rápido vuelo , para con templar al Eterno en medio de las tinieblas impenetrables con que ha querido envolverse en su trono de juez. Triste y profundo es el silencio que reina en derredor del Gólgota. Los vivos y los muertos , las almas que han de habitar los cuerpos que están aun para salir del polvo, las almas de los patriarcas y las legiones de serafines, con templan al Mesías con mudo arrobamiento. Tambien Eva adora al Hijo divino; pero al aspecto de sus sufrimientos su corazon se desgarra, vuelve los ojos y vé al pié de la cruz á una muger trémula y vacilante ; su cabeza estaba inclinada, tenia los ojos inmóviles y enjutos. En aquella muda angustia conoció Eva el dolor de una madre. « Tú eres Maria , se dice ; tu desesperacion me lo prue ba. Lo que sientes tú ahora , lo sentí tambien yo, cuando ví á Abel banado en su sangre, sí, ! tú eres la madre del Hombre-Dios que muere por nosotros! » De repente deja de pensar Eva en la mas querida y des graciada de sus hijas , por haber visto á los dos ángeles de la muerte que encontró Eloha en la entrada de la vía so lar. Ambos penetran en la atmósfera de la tierra por las puertas del oriente, dirigiendo su vuelo magestuoso y lento hácia la cumbre del Gólgota. Las mas negras sombras de la noche les sirven de ropage; sus ojos despiden llamas; true na la destruccion en su frente solemne; sostiénenles en el aire dos largas alas, otras dos envuelven su cabeza, y for man dos alas mas en derredor de sus piés un velo sombrío. Poseidas de un santo terror las almas de los patriarcas , descienden hasta casi el punto de rozar la tierra, que pare ce preparar por segunda vez una tumba, para aquellos pa dres de la especie humana. Los dos lúgubres ángeles se paran ante el Mesías , le saludan con la mas terrible de sus miradas , y emprenden nuevamente su vuelo siniestro. Por siete veces dan la vuelta á la cruz , tapándose el rostro con sus negras alas, resonando en todo el universo el rumor de su vuelo, triste y lúgubre , como el eco fúnebre de la cam pana al anunciar la muerte , en medio de los estrepitosos goces mundanales. Semejante al viagero pacífico que, obligado á atravesar un campo de batalla en que yacen miles de guerreros, re dobla el paso para adelantar en lo posible su marcha, tan pronto como oye el estertor de unos y el último suspiro que exhalan otros, levanta Jesucristo la cabeza al acercár sele los dos ángeles esterminadores. Les mira, eleva los ojos al cielo y dice en el fondo de su corazon « !Juez supremo, herida está de muerte mi cubierta ter restre 1 Cesa pues de espantarla : conozco el aleteo de esos negros rnensageros ; comprendo el lenguaje profético de su vuelo horrible... ! Juez supremo, herida está de muerte mi cubierta terrestre Cese pues tu rigor : ! gracia, gracia para el Hijo del hombre 1 » Así piensa el Mesías : corre su sangre en mayor abundan cia que antes , y los ángeles esterminadores vuelven á diri girse al cielo, dejando tras ellos vagas inquietudes é incier tos terrores. La obra de la redencion se envuelve mas en su misterio so velo , en el instante de tocar á su cumplimiento. Innumerables son los testigos de la tierra y del cielo, reu nidos en torno del Gólgota ; Eva es entre todos ellos, la que está mas vivamente afectada : los sufrimientos del Hijo del hombre son para ella sus propios dolores. La aureola que circuia su cabeza se estingue ; se postra Eva en la tier ra , esa vasta tumba de todos sus hijos , imprime su frente en el polvo de los muertos, y levanta al cielo sus manos juntas : luego se incorpora á medias, procura con su mira da de inmortal penetrar las tinieblas del sepulcro que atra vesó hace tantos siglos , por espantarla el aspecto de sus blancos huesos y de su silencio terrible. • Enternecido el ángel de las armonías celestes, al oir sus gemidos , lleva al pié de la cruz esta dulce plegaria de la madre del género humano : « Oh , tú, á quien he llamado hijo mio , ? puedo darte aun este nombre tan dulce?... No apartes de mí tus mori bundas miradas, ya que eres mi Redentor y el de todos los nacidos. ! Los cielos se estremecieron de gozo cuando tu amorosa voz anunció á la primera pecadora el perdon y la vida eterna, por mas que debiese aquel perdon costarte la vida !... Este pensamiento terrible sumerge en la tumba el alma inmortal que la atravesó— ! Ah! permíteme llorar por tí, Hijo divino, aunque ya sé que son las lágrimas un ho menage poco digno de tu gloria ; pero tambien sé que te apiadas de la debilidad , porque eres todo amor, todo mi sericordia. Y vosotros, hijos de mis hijos, nacidos para mo rir, cesad de acusar á vuestra madre infortunada : por vo sotros , ha pasado Él su vida en el dolor ; por vosotros han encontrado sus ojos mas allá del sepulcro lágrimas ardien tes para derretir el hielo de la muerte. Es ahora, hijos mios queridos , la sangre del Hijo de Dios, la que vá á lihraros de la nada... Libres estais de la muerte ; solo os dormireis para despertar en los brazos de vuestro Salvador... Pero, ! ah! ese Salvador vá á morir ; y sin embargo, nadie es ca paz de espresar su poder y su misericordia. !Hora terrible, hora suprema , apresura tu vuelo en alas rápidas de la luz que te mece tan lentamente en lo infinito !... Terrores de' la agonía , ? no cesareis de atormentar esa cabeza, que á cada instante envuelven mas y mas las sombras de la muer-- >1 100 1E. ? Jesus , divino hijo mio , tu rostro es cada vez mas páli do , continuan brotando sangre tus heridas ; pero tu respi racion es ya el estertor del moribundo... Gracias por esa lánguida mirada que te dignas dirigirme... Serafines, cele brad mi dicha ; que las bóvedas del cielo repitan : !El Re dentor ha dirigido á la madre de la especie humana una mirada de misericordia !,.. Ya ha entrado en mi corazon la dulce calma de la inmortalidad : levanto mis ojos y mi pen samiento hácia el Creador, y os bendigo, hijos míos ; os bendigo en nombre del que os devuelve vuestra inocencia primitiva, que juzgará al mundo , y que os inicia en la muerte por medio de sus sufrimientos y de su propia san gre. ! Os bendigo en nombre de su cabeza lánguida y caida, de sus ojos estinguidos , de su frente surcada por todos los tormentos y angustias de la tierra ! » Viages. NUEVA GALES DEL SUR. Soplaba muellemente la brisa, y á toda vela surcábamos las olas del Océano. Conocíase ya que nos. aproximábamos á paises menos calurosos , y si no nos hubiesen sido contra rias las corrientes del dia anterior, debíamos ver, segun todas probabilidades, antes de la puesta del sol, la tierra de la Nueva-Holanda. Harto seguros estaban nuestros jóvenes alumnos de marina del valor de sus observaciones, para que dudáramos del prometido resultado , y nuestras ávidas y curiosas miradas buscaban ya en el horizonte aquella tierra tan interesante , tan rica y tan áspera á la vez, de la cual tantas maravillas se cuentan en Europa. En el mar no se necesitan muchos días para apercibirse que se cambia de zona, y aun cuando ninguna vegetacion os lo diga , la naturaleza de las olas , el color de la atmós fera y el paso de las aves emigradoras , os indican las dife rencias. No menos os revela tambien estas variaciones el estudio del mar, y de cuando en cuando adelantándonos hácia mas elevadas latitudes , descubríamos, á la manera de un negro y desnudo islote que el capricho de la ola re cubria ó dejaba descubierto , el inmenso dorso de alguna vagabunda ballena , que sin duda habia ido allí para dar tregua á sus diarios combates con las tempestades polares. No habian mentido los relojes marinos. Ante nosotros, al. través de densa niebla , desplégase una tierra, alargase co mo para invadirlo todo, se levanta y sube , se colora y en trecorta , á fin de que podamos estudiar á la vez todos sus tesoros y todas sus pobrezas. Es la Nueva-Holanda , es la tierra de Cumberland , tierra poética por sus interiores mis terios, tierra preciosa por sus beneficios presentes y su fu tura fortuna , tierra grande y fecunda, porque ha servido poco hace para la solucion de un problema moral que en vano hasta ahora se habia buscado. !Oh! no la dejemos pa sar ante nosotros sin disenar alguna de aquellas montanas, cuyos desnudos piés se sumergen en el agua, y cuyas cabe zas , calvas unas veces y otras coronadas de hermosa vege tacion , forman ya aquellos raros contrastes que á cada paso veremos. Todo es allí digno de estudio, hasta la uniformi dad ; todo es allí fenómeno, hasta lo natural ; no es la Eu ropa ni el Asia ; .Africa ni América no tienen ninguna roca, ningun arbusto, ninguna hoja semejante á las que se en cuentran en Nueva-Holanda , continente sin igual, segun dicen con razon los ingleses. Es un mundo aparte ante el cual nos deslizamos con rapidez desesperante por nuestra curiosidad. Hay allí robustos vegetales que estienden á lo lejos sus gigantescos brazos, cuya silueta en ningun conti nente ni archipiélago hemos encontrado ; arbustos capri chosos que nuestros naturalistas desconocen ; raices cundi floras que imitan las ondulosas sinuosidades de una serpiente que toma el sol, y luego, en el aire, aves de estravagantes gritos, de entreverados colores, armoniosos y discordantes ; y además ancones tallados de estrano modo, en cuyo fondo las aguas mujen cual no habeis oido en parte alguna del globo. El ojo y la imaginacion se hallan en éxtasis perpé tuo ; cae de las manos el pincel , porque teme traducir mal los fantásticos prodigios de un espíritu en demencia. Por lo general , los primeros planos del. paisaje luego que ante nosotros se desenvolvió la costa, son áridos , des nudos , ásperos y cortados por pequenos grados de desme drada vegetacion. Mayores riquezas adornan ya al segundo cuadro, notándose en él cierta opulencia. Pero allá, á lo le jos, se ven algunas mesetas imponentes, en las cuales osten ta la naturaleza su. fausto con indecible profusion... ! Cuán hermoso pais para el estudio! !Cuán lentas y rápidas van á pasar nuestras.horas ! Declina ya el dia, cúbrenos la noche con sus velos , vénse en la costa masas negruzcas sobre un violado horizonte , y por todas partes los fuegos brillantes y superpuestos, os dicen que aquellos desiertos, en los cua les aun no se manifestó á nuestra vista habitacion alguna, tienen sin embargo sus salvajes visitadores y sus hordas nó madas: Tierra , cielo , aguas y hombres, todo vá á ocu parnos, todo llamará nuestra atencion en esa Nueva Gales del Sur que pronto pisaremos. Pero allá, á lo lejos, hay un fuego mas brillante que los otros, que nos 'proyecta sus pe riódicos rayos. Manifiéstase el protector fanal , ocúltase á intervalos iguales , y aquí principia la solucion de la gran cuestion moral que la Inglaterra propuso y que solo ella resolvió. Dentro de 'algunas horas flotará nuestro pabellon en el rio de Sidney ; oiremos voces amigas, y encontrare mos la Europa en su antípoda. Sabíamos que era estrecha la entrada del puerto ; que sobre todo era á veces muy peligrosa por la punta del Nor te, y que las corrientes, mediante un viento no muy fres co , podian arrastrarnos ; y por consiguiente, la prudencia aconsejó que la corbeta se mantuviera á conveniente dis tancia , y que esperara la salida del sol. Luego que este se manifestó en el horizonte , enmudecióse la brisa , y por medio de tímidas ráfagas procuraba remolcarnos hasta el puerto. Fué tan poco lo que adelantamos, que casi temi mos nos visitara en alta mar .una nueva noche. Pero !ay! no estábamos al término de la prueba, porque alrededor de aquel pais tan rico en fenómenos, todo debe ser terrible, so lemne, inesperado é incomprensible. Sin embargo , en el buque reinaba la alegría. Pero de repente cesa la brisa, las velas cubren los mástiles, la revoloteadora bandera eae in móvil como una larga serpiente sin vida , palidece el disco del sol , y al parecer se ensancha y arroja alrededor de sí |
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