04_No. 4 (1 enero 1865), p. 138-150 |
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ponga , no es dable concebir su division en 2 , 3 , ó 100
partes. Pero por otra parte comprendemos muy bien que
esta indivisibilidad de los átomos es simplemente física, que
solo existe relativamente á nuestros medios mecánicos de
division ; en este sentido , un átomo físico fuera un grupo
de partículas mucho mas pequenas, sostenidas en agrega
clon por una fuerza 6 fuerzas mas poderosas que todas las
de que podemos disponer para efectuar su division.
Lo mismo sucede con los átomos que con los elementos
admitidos por el químico. Los cuerpos simples conocidos
solo son elementares , por no bastar las fuerzas y medios
de que nos cabe disponer para reducirlos á mayor estado
de sencillez. Mientras no los poseamos , ó la esperiencia no
nos proporcione un medio mas poderoso de análisis, debe
rnos seguir fielmente los principios del método científico y
llamarlos cuerpos simples. Bajo este punto de vista, la his
toria 'de la ciencia es fecunda en lecciones de suma impor
tancia, y siempre que hemos salvado los límites de los
esperimentos , han resultado multitud de errores y falsas
hipótesis que han hecho retrogradar la ciencia. El químico,
no combatiendo la divisibilidad de la materia hasta lo infi
nito , defiende el terreno sólido y estable de su ciencia ,
cuando admite la existencia de átomos físicos como una ver
dad enteramente incontestable.
Un profesor de Tubinga ha hecho accesible esta opinion
con una irnágeti ingeniosa : compara los átomos á los cuer
pos celestes, que son muy diminutos, relativamente al es
pacio en que se mueven, y constituyen, por decirlo así, sus
átomos. Todos estos soles innumerables, con sus planetas y
sus satélites, se mueven á distancias determinadas unos de
otros ; son indivisibles con respecto á la existencia de fuer
zas que pudieran desprender algo de su masa, 6 modificar
suforma y su volúmen de un modo apreciable para alterar
sus relaciones con los otros cuerpos celestes ; pero conside
rados en sí mismos, no son indivisibles. El universo repre
senta en este sentido un gran cuerpo, cuyos átomos, los
cuerpos celestes , son indivisibles é inalterables.
Bajo el punto de vista de la teoría atómica, un pedazo
de vidrio, de cinabrio, de hierro, etc., representa una
aglomeracion de átomos de vidrio, de cinabrio, de hierro
determinada por la fuerza de cohesion. La molécula de
hierro , mas diminuta que nuestra imaginacion puede con
cebir es siempre hierro ; pero en cuanto al cinabrio, sa
bemos de un modo positivo que, aunque físicamente inse
cable, contiene siempre partículas todavía mas pequenas,
una partícula de azufre y otra de mercurio, en proporciones
relativas que nos son desconocidas.
El hierro está constituido por átomos similares de hierro,
el cinabrio por átomos similares de cinabrio; pero estos no
son simples como los del hierro, sino susceptibles de una
division ulterior; respecto de nuestros sentidos son simila
res , pero sabemos que son compuestos. Un pedazo de cina
brio puede ser reducido á polvo impalpable con el almirez,
la lima , etc. ; pero nos es imposible , cualquiera que sea la
potencia mecánica que empleemos, vencer la fuerza de
cohesion que tiene unidas las moléculas heterogéneas, es
decir, las partes constitutivas de un átomo compuesto. Esta
circunstancia es precisamente la que distingue la afinidad
química de la fuerza de coliesion ; y como por una parte ,
la afinidad no revela su accion sino por el contacto de áto
mos de naturaleza diferente, y por otra , los átomos no
pueden penetrarse unos á otros, es forzoso que los átomos
compuestos nazcan de la yuxtaposicion de los simples, pro
vocada por la afinidad respectiva ; los átomos compuestos
5e agrupan entonces en número de dos tres1 ciento, etc.? •.
y cada agregado , producido de esta suerte , representa una
parte homogénea de la masa entera. Así nos es dado con
cebir la partícula mas diminuta de cinabrio como un grupo
de dos átomos, de los cuales hay uno de mercurio y otro de
azufre.
Si se atiende á que mil libras de cinabrio contienen las
mismas proporciones de azufre y mercurio que una libra
un grano, y se supone.que un fragmento de cinabrio consta
de un millon de átomos , es evidente que, así en un solo
átomo como en el millon , la cantidad del azufre será de
16 para 101 de mercurio. Si descomponemos el cinabrio
por el hierro, eliminaremos el átomo de mercurio , y su
lugar quedará ocupado por un átomo de hierro ; si sustitui
mos el azufre del cinabrio por el oxígeno , el átomo de este
reemplazará al de azufre.
Este modo de interpretar la composicion de los cuerpos y
sus recíprocas sustituciones, nos hace concebir fácilmente
que los números equivalentes no espresan mas que el peso
relativo de los átomos. No es posible determinar el peso
absoluto de un átomo, pero sí es apreciable su peso relativo,
es decir, la diferencia del peso de un átomo comparado con
otro con quien se halle en combinacion. *Para eliminar de
un compuesto 8 partes en peso de oxígeno, son necesarias
16 partes de azufre, 6 un peso doble del peso del primera,
porque el átomo de azufre pesa doble del de oxígeno ; mas
si se trata de sustituirle por el hidrógeno, solo es necesaria
una octava parte del peso del oxígeno, por ser el átomo de
este ocho veces mas pesado que el del hidrógeno. El óxido
de carbono es un grupo de dos átomos; el ácido carbónico
un grupo de tres: el primero contiene para 1 átomo de
carbono otro de oxígeno, y el segundo 2 átomos de oxígeno
para 1 de carbono.
La invariabilidad de las constantes relaciones de peso
bajo las cuales se combinan los cuerpos esplica la teoría que
admite la existencia de moléculas insecables, de peso desi
gual, é impenetrables en la combinacion química, pues
que simplemente se yuxtaponen.
En el sentido genuino de la palabra, los números equi
valentes espresan efectos semejantes, es decir, las relacio
nes ponderables segun las que se combinan los cuerpos
para producir efectos iguales, efectos que procuramos hacer
sensibles atribuyéndolos á moleculas indivisibles, que ocu
pan cierto espacio y poseen una forma determinada. Faltos
de medios para conocer de un modo positivo el número real
de átomos contenidos en una combinacion , aun la mas sen
cilla, pues fuera preciso verlos y contarlos, cualquiera que
sea nuestra conviccion acerca de la existencia de los átomos
físicos, será hipotético é imposible de demostrar que los
equivalentes espresan el peso relativo de los diversos áto
mos.
Pues que un átomo de cinabrio contiene , sobre 101 par
tes de mercurio, 16 de azufre, los químicos admiten que
estas relaciones numéricas egresan el peso relativo de un
átomo de mercurio y de otro de azufre. Esto sin embargo
no es mas que una simple hipótesis, pues 101 de mercurio
pudieran representar el peso de dos, tres, cuatro 6 mayor
número de átomos del metal referido. Si este peso fuese el
de 2 átomos, 1 átomo de mercurio debiera espresarse con
el número 50,5 , si el de 3 átomos, por el número 33,6. En
el primer' caso, diríamos que el cinabrio se compone de 2
átomos (dos veces 50,5), y ene! otro, de 3 (tres veces 33,6)
de mercurio y 1 de azufre.
Cualquiera que sea la hipótesis que se adopte, cualquiera
quesea el número de.átomos , dos, tres, etc., de mercurio
de azufre, que se admita en e! cinabrio su composicion
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es constante , y solo hay variable la manera de espresarlo.
Sin embargo, como el objeto único de las fórmulas químicas
sea hacer comprender con facilidad la composicion de las
combinaciones químicas, sus sustituciones , sus transfor
maciones y sus descomposiciones, se debe procurar la ven
taja incalculable de desterrar todo lo hipotético , y evitar
por consiguiente espresar opiniones sujetas á cambios. El
número de los equivalentes de las partes constitutivas de
una combinacion química es constante y apreciable ; pero
nunca nos será posible determinar el número absoluto de
los átomos que por su reunion constituye el equivalente de
un cuerpo. No hay inconveniente en que tomemos los
equivalentes por el peso mismo de los átomos, siempre que
se trate de esplicaciones teóricas 6 de dar á una idea una
forma mas inteligible, puestos estos números espresan sim
plemente las diferencias de los átomos entre sí; cuanto pesa
un átomo mas que otro Hasta el presente la unidad de peso
generalmente empleada, y á que se refieren todos los equi
valentes, es la cantidad de hidrógeno combinado con el
oxígeno para la formacion del agua. Este líquido contiene
1 parte en peso de hidrógeno y 8 partes tambien en peso de
oxígeno; luego, si se admite que el agua se compone de un
átomo de hidrógeno y de otro de oxígeno, y á mas se su
pone que para sustituir á 1 átomo de hidrógeno 6 de oxíge
no es necesario 1 átomo de otro cuerpo, ni mas ni menos,
las cantidades de estos otros cuerpos espresarán sus pesos
atómicos en números que naturalmente se referirán á 1 par
te en peso de hidrógeno ó á 8 partes en peso de oxígeno.
Multiplicando todos los números equivalentes por 12 Y„
el equivalente del hidrógeno será 12,5; el del oxígeno 100,
y los otros números espresarán entonces las cantidades ne
cesarias de cada uno de los otros cuerpos para reemplazar
100 partes de oxigeno 6 12 72 de hidrógeno. La multipli
cacion pues de todos los equivalentes por un solo y mismo
número no altera de ningun modo las relaciones que exis
ten entre ellos, y es del todo indiferente servirse de núme
ros que se refieran al hidrógeno, tomado como unidad, ó
al oxígeno, considerado igual á 100.
Los átomos, segun lo espuesto , deben ocupar cierto es
pacio y poseer una forma determinada; por sus recíprocas
combinaciones, dar origen á_átomos compuestos, que ocu
pan un espacio naturalmente mayor 6 menor que los sim
ples tomados juntos, y ofrecer una forma variable segun el
modo como se combinaron. La relacion entre la forma y la
composicion de los cuerpos no puede , como se concibe,
precisarse mas que en aquellos que cristalizan, y cuyas mo
lécalas tienen una forma determinada. A este objeto se han
hecho observaciones muy interesantes. Cuando, por ejem
plo, dos sales de forma cristalina diferente cristalizan en
un mismo líquido, los cristales de cada una de ellas se for
man con tanta perfeccion cual si no se hallara presente
otra sal en el líquido. Si echamos un punado de nitrato de
potasa y de sal comun en una cantidad suficiente de agua,
para que ambas sales se disuelvan , y esponemos la disolu
cion al calor de un horno, se va evaporando el agua que las
tenia disueltas, y las dos sales vuelven á reponerse en esta
do cristalino en el fondo del recipiente; á la simple vista se
distinguen los cubos de la sal comun de los largos prismas
formados por el salitre. Si del líquido retiramos un cristal
de sal comun y lo lavamos con agua pura, observaremos
que no contiene ningun átomo de salitre ; si por el contra
rio hacemos el esperimento con el cristal de nitrato de po
tasa, no notaremos el menor vestigio de sal marina. Como
las dos especies de cristales se formaron simultáneamente
en el mismo líquido, debemos deducir que las moléculas de
la sal comun, al cristalizar, han atraido únicamente mo
léculas de su especie , y que por otra parte las del nitrato
de potasa se han reunido esclusivamente con otras de su
naturaleza para dar lugar al aumento de la masa. Por últi
mo, despues de la evaporacion completa , tenemos una
mezcla íntima de salitre y sal comun ; pero aun en este caso,
ambas especies de cristales se hallan aisladas unas de otras.
Si se vierte un poco de agua caliente sobre sulfato de mag
nesia y nitrato de potasa , y se decanta el líquido , cuando
está saturado de las dos sales , se observa durante el enfria
miento gradual de la disolucion, que se precipitan los cris
tales de sulfato de magnesia y de nitrato de potasa juntos
unos á otros, sin que los cristales de la primera sal conten
gan la menor molécula de los de la segunda, ni los de esta
la menor partícula de los de aquella. Es evidente que en
este caso las moléculas del sulfato de magnesia tampoco
han ejercido ninguna atraccion sobre las del salitre ; antes
al contrario , es preciso admitir que existe cierta repulsion
entre ellas, pues á no ser así, no solo las moléculas del sa
litre y las de la sal comun por una parte, y las del salitre y
del sulfato de magnesia por otra se yuxtapondrian , sino
que tambien se atraves:arian y sobrepondrian en todos sen
tidos.
No sucede lo mismo:con ciertas otras sales. Cuando se
hacen cristalizar en un mismo líquido los sulfatos de mag
nesia y de zinc 6 de níquel , no se observa la cristalizacion
aislada de cada sal, sino que todos los cristales contienen la
misma cantidad de sulfato de zinc y de magnesia, 6 de sul
fato de níquel y de magnesia, y en las proporciones mismas
en que se hallaban disueltas en el líquido. Es pues evidente
que las moléculas de los sulfatos de zinc y de magnesia , al
cristalizar, tendrán una atraccion recíproca, atraccion pa
tente, pues un cristal del de magnesia ha atraido las molé
culas del sulfato de zinc, cual si hubiese sido de sulfato de
magnesia , y viceversa ; mientras que en el caso precedente
hemos observado que las moléculas de la sal comun y del
salitre parecian estar dotadas de cierta facultad electiva al
estar disueltas en el mismo liquido.
Si ahora se compara un cristal del sulfato de níquel con
otro del de magnesia, se notará que ambos poseen una
forma cristalina de la misma especie, como que no existe
diferencia alguna en los aristas, ángulos ni facetas, y el
cristal del sulfato de magnesia se parece á otro de sulfato
de níquel que fuera blanco , y el de sulfato de níquel tiene
toda la apariencia de otro del sulfato de magnesia que fuera
verde. Como un cristal grande consiste en la aglomeracion
de cristales mas pequenos , y estos, en la de otros infinita
mente mas diminutos, es forzoso que la molécula mas pe
quena del sulfato de níquel tenga la misma forma que la
partícula mas diminuta de sulfato de magnesia, 6 lo que es
lo mismo, que el grupo de los átomos reunidos para formar
un átomo de sulfato de níquel 6 de zinc tenga la misma
forma que el grupo de que se compone el átomo de sulfato
de magnesia ; por consiguiente el cristal en que se encuen
tran reunidos ambos grupos afectará la forma característica
de cada tino de sus propios elementos constitutivos, sulfato
de magnesia y de zinc ó de níquel. Observaciones ulteriores
han demostrado que la igualdad de las formas cristalinas
de dos cuerpos no es la única causa que les permite cristali
zar juntos, ni que los cristales mixtos presenten la forma
peculiar á las sustancias que les dieron orígen.
Un cristal de clorhidrato de amoníaco presenta la misma
forma geométrica que un cristal de alumbre; pero los dos
cuerpos cristalizan separadamente en el mismo líquido ; los
cristales de alumbre no contienen ningun átomo de sal
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amoníaco , ni estos tampoco ningun vestigio de alumbre,
lo cual depende evidentemente de que, á pesar de la igual
dad de forma de los átomos cristalinos de ambos cuerpos,
la fuerza con que se atraen los del alumbre 6 los de la sal
amoniaco escede en mucho á la de la atraccion ejercida por
las moléculas del clorhidrato de amoníaco sobre las del
alumbre ; al menos la observacion no nos revela la exis
tencia de esta última fuerza.
Si se compara la constitucion de aquellos compuestos que,
á pesar de la identidad de la forma cristalina, no cristali
zan juntos, con la constitncion de los que en las mismas
circunstancias dan cristales mixtos, se observa que los pri
meros tienen una constitucion muy diferente, mientras
de manganeso ó de cromo sin alterar en lo mas mínimo su
forma ni su constitucion. El alumbre férrico, en que el
óxido de hierro reemplaza al de aluminio, es incoloro, y
por su aspecto esterior se confunde con el alumbre ordina
rio: el alumbre crómico solo difiere del comun por su color
rojo oscuro, y el alumbre manganésico por su color violeta.
Cuando se introduce un cristal de alumbre de cromo en una
disolucion del ordinario, saturada á la temperatura de la
atmósfera, las partículas cristalinas del alumbre de alumina
se deponen, durante la evaporacion gradual del agua, so
bre las caras del alumbre crómico , absolutamente de la
misma manera que si estas moléculas fuesen de alumbre de
cromo. La cara del el istal que toca al fondo del recipiente
aumenta con mas rapidez en estension ; pero.si todos los dias
se vuelve el cristal y se procura que todas sus caras aumen
ten con uniformidad, se llega á obtener un octaedro regular
de alumbre ordinario, blanco y trasparente, en cuyo centro
existe un núcleo octaédrico regular, de color rojo oscuro,
formado por el alumbre de cromo. Podemos verificar una
sustitucion análoga en el alumbre, ya separado el ácido
sulfúrico y reemplazándolo por otro cuerpo de constitucion
parecida, los ácidos crómico 6 selénico , ya eliminando la
potasa i)or el amoníaco, sin alterar en lo mas mínimo la
forma cristalina. A mas se ha comprobado esta persistencia
de la forma, no solo en las diferentes especies de alumbre
indicadas, sino tambien en todas las combinaciones en que
vemos reemplazarse la alúmina, los óxidos'de hierro y de
cromo; los ácidos sulfúrico, crómico y selénico ; 6 la potasa
y el amoníaco; y que solo cuando á consecuencia de estas
sustituciones se modifica la composicion de los cuerpos, sea
porque se les anade un nuevo elemento, sea porque se eli
mine otro sin reemplazarle: vemos alterarse la forma cris
talina.
Sucesivamente se han conocido y dispuesto en grupos los
cuerpos susceptibles de reemplazarse en combinaciones aná
lógas, sin modificar la forma cristalina. Estos cuerpos han
recibido el nombre de sustancias isomorfas (de forma igual),
'con que se les conoce y se indica su propiedad. Así cuando
decimos que existe isomorfismo entre el cloro, el bromo, el
iodo, el cianógeno y el fluoro; entre la cal, la magnesia, el
protóxido de hierro y el protóxido de manganeso, queremos
indicar que sus combinaciones, idénticas por la constitucion,
que los segundos la ofrecen idéntica en todas sus partes. Los
sulfatos de magnesia, de níquel y de zinc constan del mis
mo número de átomos compuestos, tanto que un cristal de
sulfato de magnesia solo difiere de otro de sulfato de zinc 6
de níquel en que estos últimos, en vez de un equivalente ó
átomo de magnesia, contiene un átomo de níquel 6 de zinc;
y para obtener sulfato de'zinc ó de níquel , basta eliminar
el magnesio contenido en el cristal del sulfato de magnesia,
y reemplazarle por un equivalente de zinc ó de níquel.
El átomo del clorhidrato de amoníaco, atendidos sus ele
mentos constitutivos, está formado únicamente de dos áto
mos compuestos; el alumbre , que cristaliza en la misma
forma , contiene treinta átomos compuestos. La constitucion
química de estas dos sales es pues del todo diferente; así no
forman cristales mixtos.
Investigaciones ulteriores han mostrado constantemente
que muchas veces la semejanza en la composicion implica la
identidad de la forma cristalina ; que dos compuestos de
formas cristalinas iguales y capaces de dar cristales mixtos,
dotados de la misma configuracion geométrica , tienen tam
bien las mas de las veces igual composicion química, es de
cir, contienen el mismo número de átomos 6 de equivalen
tes agrupadós de la misma manera. Cuando dos sales de
forma cristalina diferente cristalizan juntas , se observa
constantemente que la forma del cristal mixto es igual á la
de una de las sales que han contribuido á formarla , y que
su composicion es parecida á la de la última. Así una mez
cla de sulfato de cobre y de zinc, sales diferentes por su
forma y su composicion , dan, segun la sal que predomine,
cristales mixtos, que conservan, ya la forma del sulfato de
cobre, ya la del zulfato de zinc ; y muestran que los prime
ros en su composicion son semejantes al sulfato de cobre, y
los otros al del zinc.
El alumbre es un cuerpo que nos ofrece los ejemplos mas
notables de que la forma cristalina, en un gran número de
combinaciones, es del todo independiente de la naturaleza
de los elementos. Bajo aquella denominacion conocemos
ciertos cuerpos que poseen una composicion análoga á la
del alumbre ordinario, cuyas partes constitutivas son, como
sabemos, ácido sulfúrico, alúmina, potasa y agua. De esta
sal, que cristaliza en hermosos octaedros regulares, pode
mos extraer la alúmina y sustituirla con los óxidos de hierro,
están dotadas de la misma forma cristalina y son capaces de
reemplezarse mútuamente en otros cuerpos sin alterarla.
Un cristal de alumbre, se concibe fácilmente, puede con
tener óxido de hierro y de aluminio, ó bien de amoníaco y
de potasio, en cantidades variables é indefinidas, sin que
por esto deje de ser un cristal de alumbre y de ser consi
derado tal, pues el carácter peculiar de las sustancias iso
morfas reside precisamente, no en la facultad de sustituirse
en proporciones fijas, sino en todas las posibles. La citada
relacion de estas combinaciones parece al principio hallarse
en contradiccion con las leyes reconocidas de las propor
ciones de combinacion fijas y constantes; pero esta aparente
contradiccion se esplicó del modo mas sencillo y satisfacto
rio, no bien se hubo conocido que el fenómeno depende de
la identidad de forma y atraccion moleculares.
De este bello descubrimiento, debido á un Aleman , han
reportado beneficios considerables las ciencias, y en espe
cial la mineralogía. Antes de que fuese conocido el isomor
fismo se ofrecieron complicaciones y dificultades sin cuento
al querer ordenar y clasificar los minerales segun la natu
raleza de sus elementos constitutivos. Los químicos mas
escrupulosos se hallaban en contradiccion abierta al tratar
de la composicion de los minerales mejor caracterizados.
Uno descubria en el granate de Arendal sobre 13 p')/„, de
magnesia, sustancia que falta completamente en los gra
nates de Fahlun y del Vesuvio , etc. : el granate rojo ó
de Bohemia daba 27 p°/„ de alúmina, de que carece ente
ramente el amarillo de Alienan. ? Cuáles son pues los ele
mentos constitutivos del granate? ?cuál es el carácter pro
pio de su constitucion? A estas preguntas se da ahora una
solucion muy fácil. Los granates que carecen de alúmina
contienen el óxido de hierro isomorfo; en los que falta la
magnesia, se descubre por cuerpo isomorfo la cal; de suerte
bl 141
que los granates contienen cantidades variables de óxido3
isomorfos, el de hierro y de aluminio , 6 el de calcio, pro
tóxido de hierro y de manganeso , susceptibles de reempla
zarse entre sí sin modificar la forma del cristal.
Medidos posteriormente con mas exactitud los cristales ,
se ha demostrado que las combinaciones análogas de sus
tancias isomorfas no siempre presentan una forma absoluta
mente idéntica, y que tampoco son en rigor los mismos los
ángulos formados por las caras entre sí ; pero estas diferen
cias , que se esplican perfectamente por consideraciones
deducidas de la teoría atómica, son hasta cierto punto una
bella confirmacion de nuestras ideas acerca de la existencia
de los átomos. Supongámonos en efecto un cristal de alum
bre, resultante de la yuxtaposicion de átomos, cada uno
de los cuales tenga una forma definida; como la del cristal
sea dependiente de la de sus moléculas mas diminutas, ei
átomo de alúmina deberá ocupar cierto espacio en el de
alumbre. Si de este cristal estraemos el átomo de alúmina,
como en su lugar empleemos otro de óxido de hierro , el
alumbre conservará su forma geométrica, con tal que la
molécula férrica tenga la misma forma que la alúmina, y
sea á mas el volúmen ocupado por el átomo de óxido de
hierro exactamente igual al volúmen del átomo de alúmina.
Si el óxido isomorfo no ocupa en general el espacio del áto
mo sustituido, si su volúmen es mayor ó menor, debere
mos reconocer esta diferencia en la inclinacion respectiva de
las aristas del cristal sobre su eje.
Se ha alcanzado comparar de una manera muy ingeniosa
el espacio que ocupan respectivamente en una combinacion
los átomos de dos sustancias isomorfas que se reemplazan.
Los cuerpos sólidos , líquidos y gaseosos tienen , como se
sabe, en volúmenes iguales, pesos muy diferentes. Cuando
decimos que la madera es mas ligera que el plomo, compa
ramos , sin pensarlo, el espacio que ocupa un pedazo de
madera y otro de plomo. Una libra de madera pesa tanto
como una de plomo ; pero una pulgada cúbica de este me
tal pesa sobre once veces mas que una de madera. La dife
rencia de peso que los cuerpos tienen en igualdad de volú
men ha sido determinada con exactitud por los físicos y
espresada por números, á los que se da el nombre de peso
específico de los cuerpos. A la manera que se comparan los
pesos absolutos de dos cuerpos, cuando se examina cuantas
veces una unidad en peso conocido, por ejemplo, una libra,
se halla contenida en la masa de cada uno de estos dos
cuerpos , sin atender al espacio que ocupan , así se ha con
venido , para determinare! peso específico de los cuerpos,
compararlos á una unidad en peso que tenga un volúmen
conocido. El peso del agua ha sido tornada para unidad. Así
se espresa por números, que se refieren al peso de un vo
lúmen de agua , cuantas veces un cuerpo de volúmen igual
á este líquido pesa mas que otro cuerpo. El peso de un
volúmen igual de agua es pues una medida, una unidad de
peso ; y el número que designa el peso específico de un
cuerpo espresa cuantas veces este cuerpo, bajo el mismo
volúmer. , pero mas 6 menos que el agua, 6 cuantas veces
se halla contenida en él la unidad en peso.
Para hallar el peso de un cuerpo sin atender al espacio
que ocupa , es decir, para conocer su peso absoluto, le co
locamos en uno de los platillos de la balanza, y en el otro
tantas unidades en peso , libras por ejemplo , cuantas son
necesarias para restablecer el equilibrio de los dos platillos.
Es del todo indiferente tomar á este efecto unidades en peso
de plomo , hierro , platino ú otra materia cualquiera. Su
pongámonos en vez de una libra, ú onza de hierro, una
libra ú onza de agua ; supongamos á mas que en uno de
TOMO IV.
los platillos hemos puesto el cuerpo , y en el otro vertido
una cantidad suficiente de agua para que los dos platillos
se equillren ; es evidente que tendremos el peso del cuer
po espresado en onzas 6 libras de agua. Si en seguida com
paramos el espacio ocupado por el cuerpo que acabamos de
pesar con el del agua que ha servido de peso, sabremos con
exactitud cuantas veces , en igualdad de peso, el agua ocu
pa mas 6 menos espacio que el cuerpo en cuestion.
Si colocamos en uno de los platillos de la balanza una
pulgada cúbica de hierro , deberemos , para restablecer el
equilibrio entre ambos platillos , poner en el otro 7 3/4 pul
gadas cúbicas de agua ; por consiguiente una pulgada cúbica
de agua es 7 7, veces mas ligera que una pulgada cúbica
de hierro, 6 lo que es lo mismo una pulgada cúbica de hier
ro es 7 3/, veces mas pesada que una pulgada cúbica de
agua (1). Si en una balanza equilabramos con agua 100 vo
lúmenes dl esencia de trementina, vemos que 86 volúme
nes del primer líquido pesan tanto como 100 del segundo,
6 que 86 partes en peso de esencia de trementina ocupan
el espacio que 100 de agua, ó en otros términos, que el
aceite esencial de trementina , en igualdad de volúmen ,
solo pesa los "/,„ del peso del agua.
Los pesos específicos no son mas que los pesos de los
cuerpos comparados al peso de un volúmen igual de agua,
y espresados por números que representan estos pesos. Los
números '7,75 para el hierro 11,3 para el plomo, 1,989
para el azufre, 4,948 para el iodo, 1,380 para el cloro lí
quido, como se concibe, espresan de un modo evidente
cuantas veces mas que un volúmen igual de agua pesan el
hierro, el plomo, el azufre, el iodo y el cloro líquido. La
diferencia de peso que existe entro dos volúmenes iguales
de azufre de hierro está indicada por la diferencia que me
dia entre los números 1,189 y 7,75; la diferencia entre dos
volúmenes iguales de iodo y de cloro es como 4,948: 1,380.
La diferencia que ofrecen en el peso dos cuerpos de volú
men igual permanece invariable, cualquiera que sea el vo
lúmen que le supongamos; si el volúmen cambia , se au -
mentan ó disminuyen los números, pero la de estos será
siempre proporcional al aumento ó disminucion del volú
men de uno de ellos. La diferencia de peso que contamos
entre 2 pulgadas cúbicas de iodo, y 1 pulgada cúbica de
cloro, será espresada por dos veces 4,948=9,896 y1,380 etc.
Es evidente que ha de existir una razon de la cual de
penda que los cuerpos, en igualdad de volúmen , •tengan
peso desigual. Segun la idea que hoy día tenemos formada
de la constitucion de los cuerpos, cada cuerpo es una agre
gacion de moléculas pesadas, cada una de las cuales llena
cierto espacio y tiene cierto peso. El conocimiento de las
sustancias isomorfas ha puesto fuera de duda que el hecho
de su sustitucion recíproca en las combinacibnes , sin que
se altere la forma cristalina de estas, depende de que sus
átomos afectan la misma forma y son de la misma magni
tud ; y si vemos que al sustituir un cuerpo por otro, cam
bia la forma cristalina de la combinacion , debemos supo
ner que esta modificador] procede de que los átomos de este
segundo cuerpo tienen una forma diferente de la de los
átomos del primero, ó bien de que no ocupan el mismo
(1) Indicaré ahora, simplemente como ejemplo. el modo de determinar con
suma exactitud el volúmen de los cuerpos que escapan á nuestros i,iStru
modos de medida el velúmen, por ejemplo, d;, una cantidad dada de arena.
Supongamos un tubo d cristal graduado, es decir, un tubo provisto de una
escala que indique por medio de divisiones la capacidad de una pulgada cú
bica, y que cada una de estas se halle á su vez ›ubdividida en 100 pa+ tes. SI
le llenamos basta la mitad de agua, y luego echamos en él un peso determi
nado de arena, el agua ascenderá en cantidad igual al volúmen de arena ana
dida; la diferencia de nivel que presenta el agua . antes y despues de la in
troduccion de la arena, indica en pulgadas cúbicas y en Céntimos de pulgada
el espacio ocupado por la arena.
18
>1 i4.2
espacio. El conjunto de estas consideraciones nos induce á
suponer en las moléculas de los cuerpos, llamados átomos,
una diferencia de peso y volúmen , y con esta hipótesis se
esplica del modo mas sencillo posible el peso específico de
los cuerpos. En efecto, el plomo , en igualdad de volúmen,
pesa mas que el hierro, el hierro mas que el azufre, el iodo
mas que el cloro, porque el átomo de iodo es mas pesado
que el de cloro , ó porque en el mismo espacio existe un
mayor número de átomos de plomo que de átomos de hierro.
Suponiendo que en el espacio de una pulgada cúbica ,
dos cuerpos diferentes, tales con el iodo y el cloro, contie
nen igual número de átomos, mil por ejemplo, los pesos
específicos de estos dos cuerpos espresarán evidentemente
la diferencia de peso que existe entre el peso de sus átomos.
Si la pulgada cúbica de iodo pesa 4 9/8 granos, un volú
men igual de cloro deberá pesar 1,380 granos, por consi
guiente 1/1000 de pulgada cúbica de iodo , que contenga
1 átomo de este cuerpo, pesaria 4,948 granos , y 1/1000 de
pulgada cúbica de cloro, donde existiese un átomo de este
gas , pesaria 1,380 granos.
Siendo el cloro y el iodo isoformos , y admitiendo noso
tros que sus átomos tienen la misma dimension y la misma
forma ; que un volúmen igual de cloro y de iodo constan
de un número igual de átomos, los números que espresarán
los pesos específicos de estos cuerpos deberán hallarse entre
sí en la misma proporcion que sus números equivalentes é
su peso atómico. Para eliminar de un compuesto 4.,9/8
granos de iodo y reemplazarlos por cloro, son necesarios
1,380 granos exactos de este último cuerpo, Una sencilla
regla de tres demuestra la exactitud de lo que se acaba de
indicar ; el peso específico del iodo es al del cloro como
4,98: 1,380, ó lo que es lo MiSITIO, COMO sus equivalentes
son entre sí; es decir, corno 12,6 de iodo es á 35,2 de cloro.
Esta relacion notable, que ha tenido por efecto inespe
rado fijar la atencion de los sábios en una propiedad física ,
el peso específico , ha sido confirmada en todas las sustan
cias isomorfas : los números que representan sus pesos espe
cíficos espresan las relaciones en peso segun las cuales se
reemplazan en las combinaciones, la misma que conocemos
en los números equivalentes. A mas, siempre que exista
alguna anomalía en los cuerpos isomorfos , y por consi
guiente, siempre que sus pesos específicos no correspondan
con exactitud á sus números equivalentes, la anomalía se
revela en la inclinacion de las caras en los ángulos , por
ejemplo, formados por las aristas con el eje del cristal. La
forma de los cristales solo subsiste idéntica, cuando los áto
mos de las sustancias isomorfas que se sustituyen tienen el
volúmen y la forma iguales. Si el volúmen del átomo que
entra en la combinacion es mas pequeno que el del elimi
nado , deduciremos infaliblemente la diferencia por la mo
dificacion de la forma del nuevo cristal.
A fin de poder espresar de un modo comparativo y por
números el espacio que ocupan los átomos de cuerpos di
ferentes, vamos á continuar las consideraciones siguientes.
Si suponemos que los números equivalentes espresan pesos
reales, y admitimos que el número 35,2 para el cloro de
signa 35,2 onzas de este cuerpo ; que el número 12,6 para
el iodo significa 12,6 onzas de este metaloide; 27,2 para el
hierro 27,2 onzas de hierro ; 29,6 para el níquel 29,6 on
zas de níquel , y dividimos cada uno de estos números por
el peso de una pulgada cúbica de cloro, iodo, hierro, níquel,
ó lo que es lo mismo, por sus pesos específicos ( pesando ,
segun' nuestra hipótesis, 1 pulgada cúbica de agua 1 onza,
1 pulgada cúbica de cloro pesa 1,380 de onza, 1 pulgada cú•
bica de iodo 4.,9/8, 1 pulgada cúbica de hierro 7,790,1 pul
gada cúbica de níquel 8,477); es claro que de esta manera se
sabe cuantas pulgadas cúbicas de cloro, iodo, níquel 6 hier
ro; 6 en otros términos, los cocientes obtenidos indicarán,
en pulgadas cúbicas , el espacio que ocupa un equivalente
de cloro, jodo, hierro ó níquel, 6 de un modo enteramente
general, cual es la relacion entre los volúmenes y los equi
valentes ó pesos atómicos de estos cuerpos. Segun nuestra
hipótesis, los átomos de las sustancias isomorfas poseen la
misma forma y volúmen , y su número es el mismo en es
pacios iguales : por consiguiente , si en un equivalente de
cloro se cuenta con exactitud el mismo número de átomos
que en un equivalente de jodo, deberemos obtener el mis
mo número dividiendo su peso atómico por su peso especí
fico. Así 35,2, peso atómico del cloro, dividido por 1,380 ,
que es su peso específico, da el número 25; y 12,6, peso
atómico del iodo, dividido por 4,9/8, su peso específico,
da tambien el número 25.
La suposicion de que hemos partido queda comprobada
por los hechos. El peso atómico ó el número equivalente
de los cuerpos isomorfos debe, dividido por su peso especí
fico , dar un solo y mismo cociente, pues que espacios
iguales contienen el mismo número de átomos; si el número
no es igual , 6 los átomos difieren entre sí por su configu
racion y tamafío , esta diferencia se revelará tambien en el
cociente. Esta circunstancia hace muy importante para la
comparacion el !conocimiento de estos números, que son
designados con el nombre de volúmen atómico ó volúmen es
pecífico. Así, si el volúmen atómico del cloro es 25, y el del
iodo es tambien 25, se dice que estos cuerpos tienen el
mismo volúmen atómico y son isomorfos; el del azufre, que
es 8 , difiere del del cloro, con el cual no es isomorfo; pero
I
es igual al volúmen atómico del selenio, con el cual es iso
morfo. Estos números pues nos dan á conocer inmediata
mente, cuales son los cuerpos que, en igual volúmen, con
tienen un número igual 6 diferentede átomos; sus relaciones
recíprocas son así comparables, y pueden ser determinadas
de una manera rigurosa, lo que es de suma importancia.
Fausto.
Por ewetl)e.
11.
PRIMERA !'ARTE DE LA TRAGEDIA.
LA NOCHE.
En una habilacion de bóveda elevada , estrecha , gótica , está
l'austo Sentado delante de su pupitre.
FAUSTO. j Ah! filosofía ,jurisprudencia, medicina y hasta
teología, todo lo he profundizado con ardor creciente ;
y, heme aquí, pobre loco, tan sábio como antes! Es ver
dad que me titulo, maestro, doctor , y que aquí, allá y en
todas partes, cuento con numerosos discípulos que puedo
dirijir á mi antojo ; pero no lo es menos que nada logramos
saber.... He ahí lo que me hiere el alma. Sin embargo,
sé mas que todos cuantos necios, doctores, maestros, cléri
gos y religiosos se conocen; ningun escrúpulo ni duda me
atormentan ; nada temo de todo aquello que causa á los
otros mas espanto, y merced á esto mismo, no hay para
mí esperanza ni placer alguno. Siento no saber nada bueno,
ni poder ensenar á los hombres cosa alguna que pueda con
vertirlos 6 hacerlos mejores. No tengo bienes, dinero, hon
ra ni crédito en el mundo ; ni un perro podria soportar la
vida bajo tales condiciones : por esto no he tenido otro re
curso que dedicarme á la magia. lAh ! ! Si por la fuerza del
espíritu y de la palabra me fuesen revelados ciertos miste
rios! !Si no me viese por mas tiempo obligado á sudar san
gre y agua para decir lo que ignoro ! ! Si me fuese dado
saber lo que contiene el mundo en sus entranas y presenciar
el misterio de la fecundidad , no me vena como hasta aciuí,
obligado á hacer un tráfico de palabras huecas!
Reina de la noche, dígnate dirigir tu última mirada sobre
mi miseria , ya que tantas veces, despues de media noche,
me has visto velar en este pupitre. Siempre te me apare
cías entonces, pobre amiga, sobre un monton de libros y
papeles. ! Ah! si me fuese dado ahora trepar á tu dulce
resplandor las altas montanas, flotar en las grutas profun
das con los espíritus, danzar á la hora de tu crepúsculo en
las praderas ; y , libre de todas las angustias de la ciencia,
poder banarme rejuvenecido en tu fresco rocío
?Hasta cuándo, ay de mí, tendré que consumirme en
este calabozo? Miserable agujero de una pared tenebrosa,
en el que solo á duras penas puede penetrar la grata luz del
cielo, y en el que por todo horizonte descubro este monton
de libros roidos por los gusanos y legajos de papeles em
polvados que llegan hasta el techo. No veo en torno mi°
mas que vidrios, cajas, instrumentos carcomidos, única
herencia de mis antepasados.
! Y eso es un mundo, y eso se llama un mundo !
Y, ?aun preguntas, por qué el corazon se oprime con in
quietud en tu pecho? Porque un dolor inesplicable para en
tí toda pulsacion vital ; porque vives entre el humo y la
carcoma ; porque en lugar de la naturaleza animada en
que Dios creó al hombre, no tienes en tu derredor mas que
huesos de animales y esqueletos humanos.
Huye y audaz lánzate al espacio. ? Acaso no es un guia
bastante seguro ese misterioso libro, escrito por Nostrada
mus? Entonces conocerás el curso de los astros, y si la
naturaleza se digna instruirte, se te desenvolverá la ener
gía del alma, y sabrás como un espíritu habla á otro espí
ritu. En vano por medio de un árido sentido, intentas pe
netrar ahora los signos divinos. ! Espíritus que flotais junto
á mí, respondedme, caso de que llegue mi voz hasta vo
sotros!
(Abre el libro y ve' el signo del microcosmo.)
A esta vista se estremecen todos mis sentidos; desde este
instante siento brotar en mí una nueva vida que agita con
mas fuerza mis nervios y mis venas. Si seria un ser sobrena
tural el que trazó estos signos que calman el vértigo de mi
alma, que llenan de gozo mi pobre corazon , y que por un
misterio incomprensible me descubren todo el poder de la
naturaleza. ?Soy yo mismo un destello de Dios? Todo es para
mí tan claro , que veo en estos sencillos caractéres revelarse
á mi alma la naturaleza activa. Solo ahora por primera vez
he llegado á conocer la verdad de estas palabras del sábio :
« El mundo de los espíritus no está cerrado. » Tu sentido
está aletargado , tu corazon está muerto. Levántate, discí
pulo, y vé á banar.sin demora tu seno mortal en la púrpura
fle la aurora, (Contempla el signo.)
! Como se mueve todo por medio de la obra universal ,
como todas las actividades viven y obran de consuno ! To
das las fuerzas celestes suben y descienden, pasándose entre
sí los sellos de oro , y, con el rumor de sus alas, de las que
la bendicion se exhala , dirigidas incesantemente del cielo á
la tierra , llenan el universo de inefable armonía.
!Qué espectáculo! ! Pero, ah ! no es mas que un espectá
culo! ? Por dónde asirme á tí , naturaleza infinita? Manan
tiales fecundos de toda vida , de los que están suspendidos
el cielo y la tierra, hácia vosotros se vuelve el agostado seno;
per' brotais á torrentes , fecundais el mundo y yo me con
sumo en vano.
(Vuelve la hoja con despecho, y apercibe el signo del Espí
ritu de la tierra.)
!De cuán distinto modo obra este signo sobre mi! Próxi
mo estás sin duda , espíritu de la tierra; pues mis fuerzas
se aumentan , y siento en mí como la eral), iaguez del nue
vo vino. Ya no me falta valor para lanzarme al mundo,
desafiar la miseria y la dicha terrenas , luchar con las tem
pestades , y ver sin pestanear en el naufragio la desapari
cion de mi buque. ! El cielo se encapota, la luna oculta su
luz, la lámpara se apaga, sin despedir ya mas que humo,
cruzan por mi mente y en torno de mis sienes rápidos ful
gores , y siento en mí un estremecimiento profundo! Bien
lo veo : eres tú que te agitas en mi derredor, Espíritu que
invoco : preséntate á mis ojos, ! Ah! ?cómo se me desgarra
el seno ; todo mi ser se lanza en pos de nuevos sentimien
tos ? - Todo mi corazon á tí se entrega. ! Aparécete de una
vez, por mas que tu aparicion haya de costarme, la vida !
(Coje el libro y pronuncia misteriosamente el signo del Espí
ritu. Chisporrotta una llama rojiza , y el Espíritu aparece en
ella. )
EL ESPÍRITU. ?Quién me llama ?
FAUSTO, (volviendo la cabeza.) Vision terrible!
EL ESPÍRITU. Me has evocado con todo tu poder; me has
obligado con tu aspiracion incesante á salir de mi esfera, -
y ahora....
FAUSTO. j Ah! tu vista me aterra:
EL ESPÍRITU. Te esfuerzas en invocarme; quieres oir
mi voz y contemplar mi rostro ; cedo á la invocacion po
derosa de tu alma, héme aquí , y se apodera de tu natu
raleza sobrehumana un terror miserable. Dónde está ,
pues , aquella invocacion poderosa , dónde aquel seno que
se creaba un mundo, que á su antojo dirijía y fecundaba,
y que en sus trasportes de gezo se enorgullecía hasta po
nerse al nivel de los espíritus? ?Qué se ha hecho aquel
Fausto, cuya voz incesante llegaba á mis oídos, y que se
lanzaba hácia mí con todas sus fuerzas? ? Eres tú aquel
Fausto ; tú, á quien mi soplo espanta hasta el estrerno de
secarte las fuentes de la vida ? Solo eres un vil gusano que
trémulo se arrastra.
FAUSTO. Yo, ?retroceder delante de tí, espectro flamí
gero? Sí: soy Fausto , Fausto tu igual.
EL ESPÍRITU. En el océano de la vida , y en las borrascas
de la accion , subo, desciendo y floto por do quiera, tan
pronto en torno de la cuna como del sepulcro, llevando
siempre una vida agitada y ardiente en medio de un mar
proceloso y sin fin. Tal es mi constante trabajo en el telar
atronador del tiempo para urdir el animado ropaje de
la divinidad.
FAusTo. Espíritu ardiente que ondulas en torno del vasto
mundo , casi me considero tu igual.
EL ESPÍRITU. Puedes parecerte al espíritu que concibes,
pero no á mí.
FAUSTO, (aterrado.) Si no es á tí, ?á quién oprá? Yo, 91(1
soy la imágen de la divinidad, ?ni aun á tí puedo parecér
me ? ( Llaman.)
!Oh muerte ! No lo dudo, es mi fámulo; hé aquí toda mi
dicha desvanecida. ! Es posible que una visita tan sublime
quede sin efeclo por un importuno tan despreciable!
( Entra Wagner en traje de casa y gorro de noche, con una
luz en la mano. Fausto se vuelve de mal humor.).
WAGNER. Perdonad : os he oído declamar; ?leiais, acaso,
una tragedia griega? Desearla mucho conocer ese arte, que
puede hoy dia ser tan útil. He oido decir con frecuencia,
que puede un cómico habérselas con cualquier orador.
FAUSTO. Cuando el orador es un cómico, como sucede
muchas veces.
WAGNER. !Ah! cuando uno está siempre retirado en su
gabinete, sin ver á la gente mas que en los dias festivos, y
aun de lejos, y á través da un cristal, ? cómo podrá nunca
arrastrarla por medio de la persuacion?
F.LUSTO. Es inútil que penseis en ello, si no estais poseido
de un verdadero sentimiento, sino haceis brotar del fondo
de vuestra alma el entusiasmo que ha de conmover y ar
rastrar los corazones de todos los espectadores. Reconcen
traos eternamente en vos mismo, reunid cuanto podais ,
haced un guiso de los restos de ageno festín , y á fuerza de
soplar haced brotar una llama de vuestro monton de ceni
zas. Solo de este modo podreis escitar la admirador' de los
ninos y de los monos, si tal es vuestro deseo ; pero nunca
lograreis admirar á los hombres, si vuestra elocuencia no
brota del fondo del corazon.
WAGNER. Con todo, es innegable que el desembarazo da
gran importancia al orador; y estoy muy lejos de tener se
mejante cualidad.
FAUSTO. Aspirad tan solo á un éxito modesto, sin imitar
nunca á los locos que incesantes agitan sus cascabeles ;
puesto que, no se necesita tanto artificio para manifestar la
razon y el buen sentido ; además, si es importante lo que
habeis de decir, no necesitais ir á caza de palabras. Los bri
llantes discursos para decir cosas frívolas acerca de la hu
manidad , son estériles como el nebuloso viento de otono
que gime entra las hojas secas.
WAGNER j Ay Dios mio ! El arte es largo y nuestra vida
corta. De mi sé decir que, en medio de .mis elucubraciones
críticas, siento con frecuencia turbárseme la cabeza y el co
razon. !Qué de dificultades para alcanzar los medios que han
de conducirnos al conocimiento de las causas ! Y eso que
un pobre diablo puede muy bien morirse antes de haber
andado la mitad del camino.
FAUSTO. ?S: será lo que encierra el pergamino el manan
tial sagrado que siempre haya de apagar la sed del alma ?
Nunca alcanzarás la gracia del consuelo , mientras no te la
procure tu propio corazon.
WAGNER. Dispensadme; pero siempre es un gran placer
remontarse al espíritu de los tiempos que fueron, ver corno
pensó un sábio ante., que nosotros, y que desde tan lejos le
hemos adelantado nosotros de mucho en su camino de in
vestigacion.
FAUSTO. !Ah ! sí, hasta las estrellas. Querido mio , los
siglos transcurridos son para nosotros un libro de siete se
llos ; lo que llarnais espíritu de los tiempos , no es en sí
mas que el espíritu de los grandes hombres en que los tiem
pos se reflejan. Y esto aun para contemplar á veces una
miseria que nos obliga á apartar la vista ; cuando no es un
monton de inmundos escombros 6 una vieja trastera, es á
lo mas uno de esos espectáculos de mercado, llenos de her
mosas máximas de moral , que se ponen por lo regular en
boca de los munecos.
WAGNER. ! Pero el mundo, el corazon y el espíritu hu
mano , desean saber siempre algo de aquellas cosas!
FAUSTO. Sí, desean eso que se llama saber. ?Quién po
drá gloriarse de dar el nino su verdadero nombre? Los pocos
hombres que han sabido alguna cosa y han sido asaz locos
para dejar desbordar sus almas y hacer patentes al pueblo
sus sentimientos y sus miras, han sido en todos tiempos
perseguidos y condenados á la hoguera. Pero, dispensadme,
amigo mio; es ya tarde, y dejaremos esto para otra ocasion.
WAGNER. De buen grado hubiera continuado velando
para hablar de la ciencia con un hombre como vos. Pero
manana , que es primer dia de Pascua , espero os dignareis
permitirme una 45 dos preguntas. Me he entregado con ar
dor al estudio; y si bien es verdad que ya sé mucho, deseo,
sin embargo llegar á saberlo todo. (Sale.)
FAUSTO, solo. Nunca abandona la esperanza al hombre
que piensa en miserias. Avida su mano escarba la tierra
para hallar tesoros, y se dá por muy satisfecho con encon
trar un gusano.
! Cómo es posible que semejante voz haya resonado en
este sitio donde me ha rodeado una legion de espíritus !
Pero no importa; te lo agradezco por esta vez, aunque seas
el mas miserable de los hijos de la tierra, ya que me libraste
de la desesperacion que empezaba á trastornar mis sentidos.
!Ah! era la aparicion tan gigantesca , que á su lado debí
sentirme enano.
Yo, la imágen de Dios, que creia haber alcanzado ya el
espejo de la verdad eterna ; yo, que, despojado de la mor
tal cubierta ; participaba de su propia vida en todo el res
plandor de la luz celeste ; yo, que, superior á los querubes,
cuya fuerza libre empezaba á esparcirse por todas las arte
rias de la naturaleza , y que creando gozaba la dicha de un
Dios, ! cuán caro pagaré ahora mi presuntuoso orgullo !
Una sola palabra ha bastado para anonadarme.
Imposible me será igualarte; si he tenido fuerza para
atraerte, en cambio, me ha faltado la de poder conservarte.
!En aquel dichoso instante me sentía á la vez tan pequeno
y tan grande !... ?Por qué con tanta violencia me hundiste •
de nuevo en la incertidumbre de la humanidad ? ?Quién
podrá instruirme ahora? ?Cómo saber lo que debo evitar?
?Debo ceder al impulso que siento , cuando nuestras accio
nes, como nuestros sufrimientos, acaban por parar el curso
de nuestra vida ?
La materia se opone sin cesar á todo cuanto de mas su
blime concibe el espíritu ; por poco que alcancemos la dicha
de este mundo, calificamos de sueno y de quimera todo lo
que vale mas que ello ; y todos los sentimientos sublimes
que nos daban antes la vida, mueren para siempre ante los
intereses de la tierra.
La imaginacion pretende con vuelo audaz levantarse en
un principio hasta la eternidad; pero pronto le basta un li
mitado espacio para dar cabida á sus esperanzas defrauda
das. No tarda la ingratitud en apoderarse entonces de
nuestro corazon, y en causarle secretos dolores que destru
yen enteramente el placer y la calma que en él antes rei
naban. Cada dia se presenta el dolor bajo una nueva forma:
tan pronto es el hogar como la corte, como una muger, un
nino, el fuego, el agua, el punal ó el veneno. Temblais, oh
hombres, ante todo lo que no puede causaros dano, y llorais
sin cesar como un bien perdido lo que conservais todavía.
Lejos de llevar mi loco orgullo hasta el punto de com
pararme con Dios, conozco que es cada vez mayor mi mi
seria; solo me parezco al vil gusano que se alimenta del
polvo, en el que le aplasta y sepulta el pié del que acierta
á pasar.
>I 14.5 X
?No es tambien polvo todo lo que aquel alto muro me
muestra allá arriba colocado sobre numerosos estantes, y todo
este baturrillo cuyas mil bagatelas me encadenan á este car
comido mundo en que existo ? ?Iré á recorrer esos millares
de 'volúmenes para leer que en todas partes los hombres se
han .afanado para labrar su suerte , y que solo en algunos
puntos del globo habrá habido un hombre dichoso? Y tú,
cráneo vacío, que parece te estás burlando de mí, ?quiéres
por ventura indicarme con esto, que el espíritu que antes
te habitaba se afanó tambien como el mio para buscar la
luz, y que erró siempre miserablemente entre tinieblas
abrasado por la sed de verdad ? Tambien vosotros , ins
trumentos míos, pareceis reiros de mí con vuestras ruedas,
dientes y cilindros; cuando habia llegado hasta la puerta y
debiais vosotros servirme de llave. Misteriosa en pleno dia,
no permite la naturaleza que nadie descorra sus velos; y
todo cuanto quiera ella ocultar al espíritu, no hay esfuerzo
humano que pueda arrancarlo de su seno. Antiguo ajuar del
que no sé que hacer, solo estás aquí porque serviste en otro
tiempo á mi padre ; y tú vieja polea , estás tambien enne
grecida , como lo está el pupitre por el humo de mi lámpa
ra. !Ah1 mejor hubiera hecho en gastar lo poco que tenia,
y no sucumbir aquí bajo el peso de la necesidad. Procura ,
empero, adquirir lo que heredes de tu padre para poseerlo.
Lo que no sirve es siempre una carga pesada; solo es útil
lo que puede servirnos en un momento dado. Pero, ?por
qué siempre he de fijar mi vista en ese sitio ? ?Qué atrae
cion tiene para mis ojos ese pequeno frasco? ?Por qué á su
sola vista he de verme inundado de una luz benéfica, como
la que derraman en el bosque sombrío los plateados rayos
de la luna?
Con respeto me apodero de tí, frasco querido, en el que
honro al espíritu del hombre y su ciencia. Esencia de los
jugos que procuran dulcemente el sueno, contienes tam
bien todas las fuerzas sutiles que pueden dar la muerte; sé
propicia al que te posee. A tu sola vista, mi dolor se calma;
te cojo , y disminuye mi angustia, y se adormece poco á
poco la agitacion de mi espíritu. Luego me siento impul
sado hácia el inmenso océano, tran;!uilo el mar se estiende
á mis piés , como si fuese la luna de un espejo, y una fuerza
superior me atrae hácia playas desconocidas.
Veo de repente en el espacio un carro de fuego que se
dirije hácia mí con rápidas alas ; voy á subir á él para re
correr las esferas etéreas, y abrirme la nueva via que ha
de conducirme á las regiones de la actividad pura. Pero ,
?cómo es posible que piense merecer aquella vida sublime,
aquellos trasportes divinos, cuando no soy mas que un gu
sano? No importa, bastarárne por lograrlo volver con re
solucion la espalda al dulce sol de la tierra ; valor pues y
derriba las puertas, por las que nadie pasa sin estremecerse.
Ha llegado el momento de probar con obras que la digni
dad humana no cede, ni aun ante la grandeza de los mis
mos dioses. Deja de temblar ante ese abismo donde la ima
ginacion se condena á sus propios tormentos, y en el que
las llamas del infierno parecen cerrar la entrada. Hora es
ya de sondearle con faz serena, por mas que debiese con
ducirme á la nada.
! Copa de purísimo cristal, por tanto tiempo olvidada, sal
de tu viejo estuche ; tú que en otro tiempo brillabas en los
festines de nuestros mayores, y que pasando de mano en
mano no parabas hasta desarrugar todas las frentes ; con
que entusiasmo eras celebrada por tu riqueza y vaciada de
un solo trago ! !Nada hay que me recuerde las pasadas no
ches de mi juventud! Ya no volveré á ofrecerte á ninguno
de mis companeros, ni aguzaré mi ingenio para ponderar
al artista que supo embellecerte. Contienes un licor que
produce una embriaguez súbita, que yo mismo he prepa
rado y escogido; será mi última bebida , que consagro como
una libacion solemne á la aurora del nuevo dia.
(Lleva la copa á sus lábios.)
SONIDO DE CAMPANAS Y COROS.
CORO DE LOS ÁNGELES. !Jesucristo ha resucitado ! Paz y
dicha completas al mortal que gime aquí abajo en los lazos
del vicio y de la iniquidad.
FAUSTO. !Qué rumor solemne! ! Cuán puras son las yo
ces que hacen caer la copa de mis lábios I ? Si anunciarán
esas campanas con su tanido la primer hora de los dias de
Pascua? ?Entonan por ventura esos coros divinos los can
tos de consuelo que en la noche del sepulcro exhalaron
antiguamente los lábios de los ángeles como prenda de una
nueva alianza ?
CORO DE MUGERES. Nosotras, sus fieles, habíamos banado
su precioso cuerpo con gratos aromas; le habíamos acos
tado en su tumba, cubriendo con bandeletas y finos lienzos
sus desnudos miembros. Pero, ! ay de nosotras! El Cristo
ha desaparecido , y no le hallamos en parte alguna.
CORO DE Los ÁNGELES. i El Cristo ha resucitado! !Dichosa
el alma que en medio del dolor que la agita, sabe amar y
sufrir sin quejarse los tormentos é injurias que le sirven de
prueba!
FAUSTO. Cantos celestiales, potentes y dulces, ? por qué
me buscais en el polvo? Dirijíos mas bien á aquellos á quie
nes podeis aun consolar; oigo la nueva que me traeis, pero
me falta la fé para creer en ella , y el milagro es el hijo que
rido de la fé. No puedo elevarme hácia esas esferas en que
resuena tan fausta nueva ; y, sin embargo, esas dulces vo
ces á cuyo arrullo me dormí en la infancia, me vuelven
nuevamente á la vida. En el recogimiento solemne del.do
mingo , descendía antes sobre mí el beso del amor divino ;
el grato clamoreo de las campanas me llenaba de dulces
presentimientos, y era la oracion para mí un goce estático:
un ardor tan puro como incomprensible, me impulsaba há
cia los bosques, praderas y campos, donde desecho en de
liciosas lágrimas, sentia en mí un mundo nuevo. Esa cam
pana era tambien la que anunciaba las alegres diversiones
de la juventud y las fiestas inocentes de la primavera : este
grato recuerdo aviva en mi corazon los sentimientos de la
infancia y me retrae de la muerte. ! Cantos del cielo, ha
cedme oir una vez mas vuestra santa melodía ! Corren mis
lágrimas: la tierra me ha.reconquistado.
CORO 1»1 LOS DISCÍPULOS. Ya se levantó del fon4o de su
sepulcro la víctima Inmaculada para volar á la region de
la luz. Radiante se eleva ya al seno de loscielos, atravesando
gozoso el océano inmenso del éter. Y, ?nosotros? !Ah! !por
nuestro dolor nos quedamos aun en este mundo de miseria
y de pena! Maestro, tú te vas á la gloriosa mansion de la
dicha y nos dejas solos en esta árida llanura. ! Cuán digna
es tu suerte de envidia!
CORO DE LOS ÁNGELES. El Cristo resucita del seno de los
muertos. Romped mortales vuestras cadenas en la alegría
de que estais poseidos. Almas ardientes, generosas y tiernas
que edificais con la accion , que sufrís por vuestros herma
nos y que enjugais su llanto, sabed que no tardareis en
recibir vuestra recompensa eterna. !Ahí viene el Senor que
ha de ofrecérosla , ya se acerca, ya llega, ya está entre vO
tros!
FRENTE A LA PUERTA DE LA CIUDAD.
Sale de la poblacion gente de toda clase.
>1 146 t<
y que todo se lo lleve el diablo, con tal que en mi casa siga
todo en el mayor órden.
UNA VIEJA Á UNAS SENORITAS. Qué lindos trajes! !Cuánto
me admira esa juventud hermosa! ?Quién no se volverá
loca al veros? Pero, creedme , no seais tan altivas: vamos,
así me gusta, sabré procuraros todo cuanto deseais.
PRIMERA SENORITA. Ven, Ágata; sentiria que nos viesen
con semejante bruja. Sin embargo, en la noche de San An
drés me hizo ver á mi futuro novio.
OTRA. Tambien á mí me le ensenó á través de un cristal;
iba de militar y estaba con otros calaveras. En vano miro
en torno mio y le busco en todas partes; nunca se presenta
á mi vista.
SOLDADOS. Cuanto mas inespugnables sean las ciudades
que hayamos de asaltar "á la voz del deber y del honor,
mayor será nuestra intrepidez, sobre todo si hay en ellas
hermosas jóvenes que puedan admirar nuestro heroismo.
Si es inminente el peligro, grande es tambien la recom
pensa.
La trompa guerrera dá ia senal á la vez tan deseada y
temida ; no hay corazon que no palpite de temor y de espe
ranza; no tardarán en ser patrimonio de muchos la victoria
y la muerte; pero no importa, los que sucumban cenirán
la corona de la inmortalidad y alcanzarán los demás el pre
mio de la victoria.
ALGUNOS OPERARIOS ASOCIADOS. ?Por qué vamos por ahí?
OTROS. Porque vamos á ld caza.
Los PRIMEROS. Pues nosotros nos dtrijimos al molino.
UN OPERARIO DE LA SOCIEDAD. Mas bien OS aconsejo que
vayais al rio.
OTRO. Es el camino por aquella parte muy poco agra
dable.
Los DOS A UN TIEMPO. ?Qué haces tú?
OPERARIO 3.° Voy con los demás.
OPERARIO 4.°Venid á Burgdorf ; allí encontrareis de se
guro las muchachas mas lindas, la cerveza mucho mejor y
contraereis relaciones de otra clase.
OPERARIO 5.° !Me gusta la idea! ?Acaso deseas una ter
cera paliza ? Lo que es yo no me espongo á ello ; con solo
pensar en aquel sitio tiemblo de miedo.
UNA CRIADA. No , no, yo me vuelvo á la ciudad.
OTRAS. Desegurole hallaremos debajo de aquellosálamos.
LA PRIMERA. ? Y á mí qué me importa ? Vendrá en se
guida á ponerse á tu lado ; y, como siempre, solo bailará
contigo en el césped. ?Qué interés pueden tener para mí
tus placeres?
OTRA. Casi puedo asegurarte que no estará solo ; me ha
• dicho que iria con él aquel jóven de pelo rizado.
UN ESTUDIANTE. !Cáspita! ! mira que garbo tienen esas
lindas jóvenes! Anda, chico, si quieres que las acompane
mos. Buena cerveza, tabaco esquisito y una muchacha bien
ataviada; en verdad no sé que pedir mas qfiedan satisfechos
todos mis deseos.
UNA JóVEN DE LA CLASE MEDIA. Mira esos muchachos!
!Qué vergüenza! !Corren en pos de aquellas cualquieras,
cuando podrian ir mucho mejor acompanados!
EL SEGUNDO ESTUDIANTE AL PRIMERO. No te apresures;
hé aquí que vienen detrás de nosotros dos muy bien pues
tas. Una de ellas es mi vecina, que, no me es por cierto
indiferente. Aunque van despacio, no tardarán en alcan
zarnos.
EL PRIMERO. No, chico; á mi no me gustan los cumpli
dos. Anda aprisa, no perdamos de vista la caza. La mano
que el sábado maneja una escoba, es la mejor para acari
ciarte el domingo.
UN HOMBRE DE LA CLASE MEDIA. De mi Sé deciros que no
soy partidario del burgo-maestre; ahora que está en el po
der, será aun mas insoportable. Y, ?qué hace por la ciudad?
?No va todo cada dia de mal en peor? Todo consiste en
obedecer mas que antes, y en pagar mas que nunca.
UN MENDIGO CANTA. Buenos senores y hermosas damas
que alegres recorreis la campina porque todo en el mundo
os sonrie, no os mostreis indiferentes á mis males; y ya que
es hoy para todos vosotros un dia de alborozo, haced que
lo sea de cosecha para mí.
OTRO HOMBRE DE LA CLASE MEDIA.. Nada me gusta tanto
como hablar de guerras y batallas en los dios festivos; mien
tras que allá muy lejos, en Turquía, se están despedazan
do losJpueblos , está uno en la ventana, apura su copa, y vé
pasar por el rio numerosos buques con banderas de dife
rentes colores. Luego por la noche entra uno- alegremente
en su casa, bendiciendo la paz y los dichosos y tranquilos
tiempos que atravesamos.
UN TERCERO. Tambien yo pienso como vos, querido ve
o; poco me importa que los demás se rompan la crisma,
FAUST Y WAGNER.
FAUSTO. Hé aquí el río y los torrentes que han roto su
cárcel de hierro, merced á la dulce sonrisa de la primavera;
verdea la esperanza en el valle; el caduco invierno con paso
lento en su debilidad creciente, se ha retirado hácia lo mas
áspero de los montes, desde donde en su fuga nos envia los
últimos yelos, espantajo impotente que solo contribuye á
hermosear con sus franjas de plata la verde llanura. El sol,
empero, se complace en derritir su obra, y desaparece en
breve toda mancha blanca; la actividad y la forma renacen
por do quier y empieza la naturaleza á ostentar su rico
manto de nuevos colores. Sin duda las flores no han apa
recido aun en la llanura ; pero, no importa; tendrá por
flores á esa multitud engalanada que cubre sus campos.
Dirije desde estas cumbres la vista á la ciudad, y verás como
se empuja una multitud compactajunto á la puerta sombría,
para poder tomar el sol libremente. Todos quieren hoy ce
lebrar la resurreccion del Senor, y hasta ellos mismos ,
puede decirse que han resucitado del fondo de sus tristes
moradas, en las que los sepultan sus ocupaciones diarias ;
libres en fin de los bajos techos que les oprimen, han re
corrido sus angostas y fangosas calles, han pasado algunas
horas recogidos en el fondo de sus iglesias; y hélos ahora
dispuestos á tomar el sol y á entregarse en el campo á sus
inocentes placeres. !Mira con cuanta rapidez la multitud
invade todos los jardines y los prados; mira como por todas
partes cruzan el rio alegres esquifes , y cuán cargado va
aquel barquichuelo que se aleja de la orilla! Hasta los sen
deros mas lejanos del monte ostentan los variados colores de
miles de trajes; oigo desde aquí la gritería y animacion que
reinan en aquel pueblo , que es el verdader paraiso de los
aldeanos ; grandes y pequenos, todos saltan de gozo; aquí
puedo decir que soy hombre, aquí me atrevo á serio.
WAGNER. Querido doctor, vuestros paseos me reportan
honra y provecho: sin embargo, á estar yo solo nome con
iundiria con esa gente, porque soy enemigo de toda rusti
cidad y me es imposible resistir su gritería sujuego Oss
5
m 147 i<
bolos y su desentonada música. Ahullan como energúme
nos, y llaman á esto divertirse y
Varios aldeanos debajo de algunos tilos.)
gozar.•
BAILE Y CANTO.
Ya se acerca el pastor cubierto de cintas y guirnaldas y
perfectamente ataviado para entregarse al placer de la dan
za; no tard.n en seguirle otros muchos animados del mismo
deseo, al oir que los tamboriles y zamponas hacen resonar
el valle. No menos solícitas acuden tambien las zagalas, y
empieza desde luego el baile , en el que se propone cada
cual hacer aquel dia nuevas travesuras. Pronto llega á su
colmo el desórden por codear los pastores de intento á las
zagalas mas sivarachas , y los chistes, las risotadas y los
gritos ahogan los acordes mas ó menos dulces de la cam
pestre música. Pero, lejos por ello de renunciar al baile,
le continuan con ardor creciente, y zagalas y pastores, como
arrastrados todos por un torbellino, se arremeten y estre
chan confundidos mientras dura la danza. Solo despues
de terminada esta, va cada pastor á sentarse con su amada
debajo de un sauce, para repetirle aquellas tiernas pala
bras que la hacen cada vez que las oye sonreir dulcemente,
por mas que aparente no creerlas.
UN VIEJO ALDEANO. Senor doctor, ya que sois tan bueno
hasta el punto de venir á participar de nuestra fiesta, dignaos
perdonar á esos jóvenes atolondrados su locura; vos, que sois
tan sábio , no ignorais que son buenos en el fondo. Acep
tad al propio tiempo este jarro de bebida fresca , por ser lo
mejor que podemos ofreceros ; no solo deseo que apague
vuestra sed, sino tam bien que cada gota del agua que con
tiene sea pard vos un ano mas de vida.
FAUSTO. Gustoso acepto tu bebida saludable, y á todos
os deseo , en cambio, salud y alegría.
(El pueblo se reune al rededor de ellos.)
EL VIEJO ALDEANO. Habeis hecho bien en asistir hoy á
nuestra fiesta ; ya que tantas veces nos habeis visitado en
dias aciagos. Mas de uno que está aquí gozando fué librado
por vuestro padre de la ardiente fiebre , cuando acabó con
el contagio. Y vos tambien , entonces jóven , asistiais á
todos los enfermos sin que os arredrára nunca el peligro
inminente á que os esponiais durante aquella terrible en
fermedad que dejó casi desiertas nuestras cabanas. En ver
dad fué para vos aquella época de terrible prueba: pero el
Salvador desde lo alto velaba por nuestro salvador de aquí
abajo.
TODOS. !Viva el hombre esforzado! !Ojalá pueda visitar
nos aun largos anos!
FAUSTO. Postraos ante Aquel que está en lo alto: solo él
ensena á socorrer, solo él socorre.
(Se adelanta con Wagner.)
WAGNER. ! Qué alegría debe ser la tuya, oh grande hom
bre, al verte así honrado por toda esta multitud ! ! Ah!
! feliz aquel á quien reporta su talento estas ventajas! El
padre te presenta á su hijo ; se informan , se agrupan , se
estrechan ; se interrumpe la música, para la danza; pasas
tú y todos acuden deseosos de verte , se descubren para sa
ludarte , y casi llegan á postrarse como ante el Altísimo.
FAUSTO. Lleguemos hasta aquella piedra, en la que des
cansaremos de nuestro paseo. Cuantas veces vendo solo me
he sentado en ella, absorto en una meditacion profunda ,
y estenuado por la oracion y las vigilias. Rico de esperan
zas y firme en mi fé , pensaba con mis lágrimas y suspiros
lograr que el soberano de los cielos nos librase de aquella
terrible peste. Por esto las aclamaciones de la multitud re
suenan ahora en mis oidos como una burla amarga. ! Ah I
!si pudieses leer en el fondo de mi alma, te convencerias de
cuán poco merecen padre é hijo semejante gloria ! Era mi
padre un buen hombre oscuro , que habia dado en la manía
de discurrir á su manera , y con la mayor buena fé , acerca
de la naturaleza y sus sagrados misterios; así que , rodeado
de sus adeptos, se encerraba en una cocina ennegrecida ,
donde por medio de innumerables recetas , obraba la tras
fusion de los contrarios. Cojia un leon rojo, novio silvestre
que unja con la azucena en un bano tibio; y poniendo des
pues aquella mezcla al fuego , la trasegaba de uno á otro
alambique. Aparecia entonces en un vaso la jóven reina de
variados colores ; se daba aquella medicina, y los enfermos
morian , sin que nadie preguntase quien se 'labia encargado
de su curacion. Es innegable que con nuestras diabólicas
mixturas causamos nosotros en estos valles y montanas
muchos mas estragos que la misma peste. Yo mismo he
presentado á miles de personas el veneno fatal que debia
causarles la muerte; mientras que yo vivo aun para oir
ponderar á sus osados matadores.
WAGNER. ?Cómo os turbais por eso? ?Por ventura el
hombre honrado no ha cumplido su mision , despues de
haber ejercido puntualmente el arte que se le ha ensenado?
El hijo, honrando debidamente á su padre, debia compla
cerse al recibir su ensenanza; el hombre al creer que ha
cia dar un paso á la ciencia , pensaba que su hijo podria
alcanzar aun mayor gloria.
FAUSTO. Dichoso el que espera aun sobrenadar en este
océano de errores! Siempre se necesita aquello que uno
ignora, y nunca podemos hacer uso de lo que sabemos.
Pero, ? por qué turbar con tristes recuerdos la grata dicha
de esta hora? Mira como brillan á los rayos del sol poniente
aquellas cabanas medio sumergidas en un mar de verdor :
el sol va declinando y se estingue, el dia espira, pero se va
á procurar á otras regiones una nueva vida. !Ah! ! Qué no
tenga yo alas para elevarme en los aires, y poder incesan
temente lanzarme tras él! Vena entonces en eterna claridad
bajo mis plantas á un mundo silencioso ; vena inflamarse
las alturas, oscurecerse los valles, é inclinarse el plateado
arroyo hácia los nos de oro, sin que el áspero monte con
sus profundos barrancos pudiesen oponerse á mi vuelo di
vino. Ya el mar presenta sus encendidos golfos á mis asom
brados ojos ; sin embargo desaparece el dia , y siento aun
en mí un nuevo encanto que me reanima y obliga á banar
me en sus eternos rayos; así es, que hay ante mí el dia ,
tras de mi la noche, el cielo sobre mi cabeza, bajo mis piés
las olas. Sueno sublime, que va desvaneeiéndose , por no
tener el cuerpo alas que puedan seguir el vuelo rápido del
espíritu. Y sin embargo, nadie hay que en alas de su sen
timiento no se eleve hdsta las nubes cada vez que oye el
canto matutino de la alondra en el azul de los cielos , cada
vez que allende los picachos cubiertos de pinos vé levan
tarse el águila, y cada vez que sobre las llanuras 6 los ma
res vé á la grulla dirijirse hácia su patria.
WAGNER. Tambien yo tengo algunas veces ideas fantás
ticas, si bien no me he visto nunca animado de semejante
deseo. Como no nos faltan bosques y praderas, no pienso
envidiar á las aves sus alas; para mí los goces del espíritu
consisten en un libro , en una hoja , en una página ; solo
los libros pueden haceros soportable y hasta deliciosa una
larga noche de invierno, y hacernos llevar una dichosa vida
que reanime todos nuestros miembros. !Ah! !y cuándo
puede uno desenvolver un digno pergamino, siente en su
corazon todas las inefables dichas del cielo
FAUSTO. Tú no tienes mas que un deseo : quiera Dios
y5 148
que no sientas nunca otro! Hay en mí dos almas, y la
una tiende siempre á separarse de la otra ; la una , apasio
nada y viva, está apegada al mundo por medio de los órga
nos del cuerpo; la otra, por el contrario , pugna siempre
para disipar las tinieblas que la cercan y abrirse un camino
para la mansion eterna. ! Ah! ! si hay en las regiones aéreas
espíritus soberanos que se ciernan entre la tierra y el cielo,
dígnense descender de sus nubes de oro, y conducirme há
cia una nueva y luminosa vida! Si poseyera una túnica
mágica que pudiese conducirme á aquellas regiones lejanas,
no la darla por los mas preciosos vestidos, ni por el manto
de un rey.
WAGNER. No invoqueis á esa turba de espíritus malignes
que se reunen en los vapores de la atmósfera, para tender
al hombre contínuos lazos. Los espíritus procedentes del
Norte aguzan contra vos sus afilados dientes y sus lenguas
de triple aguijon; los que proceden del Este llegan en alas
de un viento abrasador y les sirven de pasto vuestros pul
mones. Si nos les envían los desiertos del Mediodía, amon •
tonan torrentes de llamas sobre vuestra cabeza: el Oeste á
su vez vomita un enjambre de ellos, que si bien en un prin
cipio os reaniman, acaban despues por devoraros junto con
vuestros campos y mieses. Poseidos del instinto del mal,
atienden á vuestras invocaciones, y hasta llegan á realizar
en parte vuestros deseos para que tengais fé en ellos Y pue
dan enganaros mas fácilmente ; se titulan enviados del cielo,
y mienten con una voz angelical, Pero ya es hora de retirar
nos; el horizonte se oscurece, el aire es cada vez mas fresco
y empieza á levantarse la niebla. Nunca, como al anochecer,
conoce el hombre lo que vale su morada.- ?Por qué osque
dais inmóvil? ?Cómo es que os admira tanto el crepúsculo?
FAUSTO. ?Ves aquel perro negro que está vagando por
entre los sembrados ye! rastrojo ?
WAGNER. Tiempo ha que le veo, pero apenas me he pa
rado en él porque nada ofrece de estraordinario.
FAUSTO. Obsérvale bien; ? qué es lo,que piensas de él ?
WAGNER. Pienso que es un perro de aguas que procura
buscar el rastro de su ,amo.
FAUSTO. ? No notas que está trazando una espiral y que
se acerca cada vez mas á nosotros? Y, 6 yo me engano, 6
deja por donde pasa un rastro de fuego.
WAGNER. Yo no veo mas que un perro de aguas negro :
puede que á vos la vista os engane.
FAUSTO. Se me figura verle tender en torno nuestro má
gicos lazos para cogernos.
WAGNER. Yo le veo brincar con timidez en nuestro alre
dedor,, porque en lugar de su dueno encuentra á dos des
conocidos.
FAUSTO.E1 círculo se estrecha; héle aquí cerca de nosotros.
WAGNER. !Bien lo veis ! es un perro y no un fantasma.
Grune y no se atreve á acercarse; y, como todos los perros,
se arrastra y agita su cola.
FAUSTO. Acompánanos, ven aquí.
WAGNER., Son esos perros de una rara especie. Si os pa
rais , os espera ; si le hablais acude á vos; si perdeis algo,
no para hasta encontrarlo, y hasta se arrojaria al agua para
ir en busca de vuestro palo.
FAUSTO. Tienes razon ; nada veo en él que me indique
ser un espíritu ; todo cuanto hace es debido á su especie y
á lo que se le ha ensenado.
WAGNER. El perro cuando está bien ensenado, es hasta
digno del afecto de un sábio ; así es, que puede merecer
este vuestras bondades, y ser el mas aprovechado de todos
los discípulos.
(Llegan 4 lapuerta de la ciudad.)
GABINETE DE ESTUDIO.
FAUSTO , entrando con el perro de aguas. He dejado el
llano y la campina envueltos en una noche profunda ;
el alma superior despierta en mí en medio de presentimien
tos que me infunden un terror santo. Los groseros instintos
dormitan , y con ellos toda actividad borrascosa; y el amor
de los hombres y tambien el amor de Dios se agitan actual
mente en mi seno.
Perro , estáte quieto , no corras de una á otra parte :
? qué es lo que estás olfateando en el umbral de esa puerta?
Echate detrás de la estufa y te daré mi mejor cojin. Ya
que en el camino de la montana nos has divertido con tus
vueltas y tus saltos, justo es que ahora te trate como á un
huésped querido y pacífico.
!Ah ! desde que alumbra una lámpara amiga nuestra es
trecha celda , penetra en nuestro seno una luz grata y dulce,
alegrando así mismo al corazon que tiene conciencia de si
propio! La razon empieza á hablar, la esperanza á florecer,
y se bana uno en los raudales de la vida, en el puro ma
nantial de donde brotó.
! No grunas, perro! Mal podrian avenirse tus ahullidos
con los acentos sagrados que llenan toda mi alma. No es
raro ver despreciar á• los hombres las cosas que no pueden
comprender, y murmurar ante lo bueno y lo hermoso que
les importunan : ? si el perro grunirá tambien como ellos ?
!Ah! Bien' veo que á pesar de mis deseos, no puede sa
lir de mi pecho satisfaccion alguna. ? Por qué se ha de secar
tan pronto *el rió, sin apagar nuestra sed? ! Cuántas veces
he sufrido el mismo desengano! Sin embargo, tiene esta
miseria sus compensaciones : así aprendemos á conocer el
precio de lo que se eleva sobre las cosas de la tierra ; así
aspiramos á la revelacion que en ninguna parte brilla con
una luz tan pura como' en el Nuevo Testamento. Su texto
me atrae; quiero leerlo, entregarme enteramente á los
sentimientos que me inspire, y hasta traducir su original
sagrado á'ini querida lengua alemana.
(Abre un tomo y se dispone á hacerlo.)
Está escrito : En un principio existia el Verbo. Ya aquí
tengo que pararme. ',Quién me ayudará para ir mas lejos?
Es esta traduccio'n' tan difícil , que tendré que darle otro
sentido, si el espíritu me ilumina. Escribe: En un principio
existia el espíritu. Reflexionemos bien sobre esta primera
línea, y no permitamos' que nuestra pluma se deslice. Es
indudable que el espíritu lo hace y lo dispone todo, por lo
tanto debiera decir: En un principio existia la fuerza. Y sin
embargo, al escribir esto, siento en mí algo que me dice
no ser este su verdadero sentido. Por fin, parece venir el
espíritu en mi ausilio ; ya empiezo á ver mas claro, y es
cribo con la mayor confianza: En un principio existia la ac
CiOn.
No me opongo á compartir contigo mi habitacion , con
tal que ceses, perro, en tus gritos y en tus ahullidos, por
que me es imposible tolerar por mas tiempo á mi lado un
companero tan turbulento. Con dolor mio me veré obligado
á violar los derechos de la hospitalidad: la puerta está abier
ta; tienes libre el paso. Pero , ?qué es lo que veo? ! Esto
raya en prodigio ! ? Será una ilusion ó una realidad? !Cómo
se hincha mi perro ! Se levanta con fuerza , y hasta ha
perdido su primitiva forma. ?Si habré abierto mi puerta á
un espectro? Parece un hipopótamo con sus ojos de fuego
y su terrible boca. Desde ahora vas á pertenecerme, por
que la llave de Salomon es infalible para semejante aborto
del infierno.
x 149 ge
FAUSTO Para acercarme al mónstruo, empezaré por em
plear la conjuracion de los Cuatro:
Que la Salamandra se inflame;
Que la Ondina se enrosque
Que la Sillide se desvanezca
Que el Gnomo trabaje!
El que no conozca los elementos, su fuerza y sus pro
piedades , nunca podrá hacerse dueno de los espíritus.
ESPÍRITUS en el corredor.
Hay uno de los nuestros que está detenido ahí dentro;
espíritus ardientes, quedaos en la parte de afuera , ya que
como un zorro ha caldo en la trampa un viejo diablo. "Vo
lemos en su alrededor , y no tardará en verse libre; no
abandonemos á un amigo que tanto ha hecho siempre en
nuestra defensa.
Salud al sabio doctor que tanto me ha hecho sudar.
Salamandra , conviértate en llama ; Ondina , sumérgete
murmurando en la onda azul; brilla Silfide en el esplendor
del' metéoro; y tú Incubo, ven á cerrar la marcha y &ofre
cerme tu poderoso ausilio.
Ninguno empero de los cuatro existe en el interior del
mónstruo. Queda inmóvil y me rechina los dientes , sin
que yo le haya causado aun ningun daiio. Pero aguarda ,
que va sabré combatirte con mas fuertes conjuros.
Tomo IV.
Compadre, ?eres por verdura un desertor del infierno?
En tal caso abre los ojos y contempla este signo, al que en
vano intentaria resistir la infernal cohorte.
Ya. empieza á hincharse; ya se le erizan las crines. Ente
maldito, ?puedes leerle ? ?Puedes descifrar el nombre del
incomprensible , del increado , de aquel á quien los cie:os
adoran , y al que intentó derrocar el crímen en su delirio?
Se hincha detrás de la estufa como un elefante llenando
1 9
el espacio; al verle hincharse así, dina cualquiera que va
á convertirse en una nube. Guárdate de subir hasta el
techo: mejor será que vengas á arrojarte á los piés de tu
dueno. Vamos, obedece sin rechinar, pues ya sabes que
no amenazo en vano ; y que soy capaz de abrasarte en un
mar de llamas ; no aguardes la luz tres veces incandescente;
no aguardes al mas poderoso de todos mis conjuros.
MEFISTÓFELES, mientras que se estiende la nube, aparece
detrás de la estufa , y se adelanta en trage de estudiante. Por
qué tanto alboroto ? Caballero, ?en qué puedo serviros?
FAUSTO. !El perro de aguas convertido en estudiante via
jero , no deja de ser divertido !
MEFISTÓFELES. Salud al sábio doctor, que tanto me ha
hecho sudar.
FAUSTO. ? Cómo te llamas?
MEFISTÓFELES. Muy pueril me parece la pregunta, sobre
todo para quien desprecia tanto las palabrb, y que en su
retraimiento por las apariencias, solo desea conocer el
fondo de los séres.
FAUSTO. Entre vosotros, senores, todo ser podrá cono
cerse fácilmente por el nombre que lleva , puesto que se os
llama blasfemos, corruptores, embusteros. Con todo , di
me; ?quién eres?
MEFISTÓFELES. Una parte de aquella fuerza que siempre
quiere el mal y que siempre hace el bien.
FAUSTO. ? Qué significa ese enigma?
MEFISTÓFELES. Soy el espíritu que todo lo niega , y no
sin motivo, porque todo cuanto existe en la tierra debiera
arruinarse , y seria aun mejor que no existiese nada. Para
mí no hay mas elemento que el que vosotros conoceis con
los nombres de mal , destruccion y pecado.
FAUSTO. Te titulas una parte, y te veo, sin embargo ,
entero en .mi presencia.
MEFISTÓFELES. Te digo la pura verdad: si el hombre, ese
pequeno mundo de orgullo y de locura, se cree por lo re
gular ser un todo ; de mí sé decirte que solo soy t'ira parte
de la parte que en un principio era todo ; una parte de las
tinieblas de que salió la luz, la luz soberbia , que ahora
disputa á su madre la noche su antiguo rango y el espacio
en que imperaba; si bien con poco resultado, porque á pe-.
sar de todos sus esfuerzos, se vé rechazada en todas partes,
logrando tan solo arrastrarse por la superficie de los cuer
pos. Brota de la materia y la embellece, y basta no obs
tante un solo cuerpo para detenerla en su curso. Por esto
espero que no será de larga duracion , y que acabará por
quedar anonadada con lós cuerpos.
FAUSTO. Ahora conozco las dignas funciones que •ejer
ces : no puedes destruir el todo, y procuras aniquilar la
parte.
MEFISTÓFELES. Y á la verdad, no he adelantado mucho
en mi obra. Lo que se opone á la nada , ese algo, este
mundo material , no he podido destruirlo hasta aquí, á pe
sar de todos mis esfuerzos ; las olas, las tempestades, los
terremotos , los incendios , nada puede desquiciarle ente -
ramente : siempre el mar y la tierra acaban por ponersa
otra vez en su centro; nada puede esperarse de esa maldita
semilla , principio de los animales de los hombres. He
sepultado á muchos, y-veo sin embargo circular siempre
nueva sangre. Hay para volverse loco del modo con que
van las cosas : en el aire, en las aguas, en la tierra, en
todas partes en fin, es cada vez mas potente la fuerza crea
dora , y siempre brotan por do quier nuevos séres. Nada
tendria para mí, á no haberme reservado la llama.
FAUSTO. Así, pues, á la eterna actividad , á la fuerza
felizmente creadora , opones tu la mano helada del diablo
que en vano se crispa con delirio. !Preciso te será cambiar
de rumbo, hijo raro del caos!
MEFISTÓFELES. Ya hablaremos de esto estensamente en.
nuestra próxima entrevista. ?Me atreveré por esta vez á
alejarme?
FAUSTO. No sé porque me lo preguntas. Ahora que te
conozco podrás visitarme como es tu deseo; aquí tienes la
ventana, la puerta y hasta la chimenea: puedes escoger.
MEFISTÓFELES. ?Lo confesaré? Hay un pequeno obstá
culo que impide mi salida : el pié mágico en vuestro um
bral.
FAUSTO. ?Tanto te inquieta el pentágramo? Dime, hijo
del infierno, ?si tanto te incomoda , por qué has entrado
aquí? ?Es posible que un espíritu como tú se haya dejado
coger de este modo ?
MEFISTÓFELES. Luego lo comprenderás, porque está mal
colocado: el ángulo vuelto hácia la calle, se presenta, co
mo ves, algo abierto.
FAUSTO. Por una rara casualidad eres mi prisionero; casi
habia logrado mi objeto.
MEFISTÓFELES. Nada notó el perro al entrar de un brinco
en la habitacion ; pero ahora es la Cosa enteramente distin
ta , y el diablo no puede salir de la casa.
FAUSTO. Pero, ?por qué no sales por la ventana?
• MEFISTÓFELES. Es una ley para diablos y espectros el sa
lir por donde han entrado. El primero de estos dos actos
depende 'de nosotros, pero somos esclavos del segundo.
FAUSTO. Luego el infierno tiene tambien sus leyes ; me
complazco en saberlo. De este modo un pacto hecho con
vosotros, será fielmente observado.
MEFISTÓFELES. Puedes gozar enteramente de lo que se
te promete, sin que nadie te prive ni de la mas mínima
parte; pero como es cosa de mucho interés, ya volveremos
á hablar de ello en nuestra próxima entrevista. Ahora te
ruego y te suplico que me dejes salir.
FAUSTO. Quédate un instante mas para decirme la buena
ventura .
MEFISTÓFELES. Pero bien, suéltame; ya no tardaré Pn
volver, y podrás preguntarme todo cuanto gustes.
FAUSTO. No te he puesto celada, y solo por tu culpa caiste
en el lazo. Dicen que el que tenga el diablo no le deje es
capar, porque no volverá á cogerle tan pronto.
MEFISTÓFELES. Si tanto lo deseas, me quedaré para ha
certe companía, pero con la condicion de que he de em-
picar todos los recursos de mi arte para hacerte pasar el
tiempo dignamente.
FAUSTO. Con placer me pongo á tu disposicion , con tal
que tu arte sea divertido.
MEFISTÓFELES. Querido amigo, van á ganar mas tus
sentidos en esta sola hora, de lo que ganarian en la mono
tonía de un ano entero Lo que te canten los tiernos espí
r:tus y las bellas imágenes que les rodean, no serán vanas
ilusiones de mágia. Se deleitarán tu paladar y tu olfato, y
esperimentará tu corazon un dulce arrobamiento. Fuera
preparativos inútiles ; ya que estamos reunidos, principiad.
ESPÍRITUS.
Desapareced arcos sombríos para que la luz del cielo pe
netre hasta nosotros y alegre nuestros ojos. Disípense las
nubes que empanan el éter, y enciéndanse las blancas es
trellas y los hermosos soles. Angeles de blancas alas , salid
' del seno de vuestras nubes purpúreas para recorrer el es
pacio y seguir las huellas de nuestros ardientes deseos.
Frescos céfiros, brisas puras , templad el ardor que abrasa
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Abeja, La. No. 4 (1 enero 1865), p. 123-162 |
| Descripció | Informació addicional del títol: revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Títol addicional | Revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1865 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Librería de D. Juan Oliveres, [1862-1870], No. 1 (1 enero 1862)-No. 3 (1 enero 1964) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1056597~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Ateneu Barcelonès". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 8 bits |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | 04_No. 4 (1 enero 1865), p. 138-150 |
| Transcript | >1 138 x ponga , no es dable concebir su division en 2 , 3 , ó 100 partes. Pero por otra parte comprendemos muy bien que esta indivisibilidad de los átomos es simplemente física, que solo existe relativamente á nuestros medios mecánicos de division ; en este sentido , un átomo físico fuera un grupo de partículas mucho mas pequenas, sostenidas en agrega clon por una fuerza 6 fuerzas mas poderosas que todas las de que podemos disponer para efectuar su division. Lo mismo sucede con los átomos que con los elementos admitidos por el químico. Los cuerpos simples conocidos solo son elementares , por no bastar las fuerzas y medios de que nos cabe disponer para reducirlos á mayor estado de sencillez. Mientras no los poseamos , ó la esperiencia no nos proporcione un medio mas poderoso de análisis, debe rnos seguir fielmente los principios del método científico y llamarlos cuerpos simples. Bajo este punto de vista, la his toria 'de la ciencia es fecunda en lecciones de suma impor tancia, y siempre que hemos salvado los límites de los esperimentos , han resultado multitud de errores y falsas hipótesis que han hecho retrogradar la ciencia. El químico, no combatiendo la divisibilidad de la materia hasta lo infi nito , defiende el terreno sólido y estable de su ciencia , cuando admite la existencia de átomos físicos como una ver dad enteramente incontestable. Un profesor de Tubinga ha hecho accesible esta opinion con una irnágeti ingeniosa : compara los átomos á los cuer pos celestes, que son muy diminutos, relativamente al es pacio en que se mueven, y constituyen, por decirlo así, sus átomos. Todos estos soles innumerables, con sus planetas y sus satélites, se mueven á distancias determinadas unos de otros ; son indivisibles con respecto á la existencia de fuer zas que pudieran desprender algo de su masa, 6 modificar suforma y su volúmen de un modo apreciable para alterar sus relaciones con los otros cuerpos celestes ; pero conside rados en sí mismos, no son indivisibles. El universo repre senta en este sentido un gran cuerpo, cuyos átomos, los cuerpos celestes , son indivisibles é inalterables. Bajo el punto de vista de la teoría atómica, un pedazo de vidrio, de cinabrio, de hierro, etc., representa una aglomeracion de átomos de vidrio, de cinabrio, de hierro determinada por la fuerza de cohesion. La molécula de hierro , mas diminuta que nuestra imaginacion puede con cebir es siempre hierro ; pero en cuanto al cinabrio, sa bemos de un modo positivo que, aunque físicamente inse cable, contiene siempre partículas todavía mas pequenas, una partícula de azufre y otra de mercurio, en proporciones relativas que nos son desconocidas. El hierro está constituido por átomos similares de hierro, el cinabrio por átomos similares de cinabrio; pero estos no son simples como los del hierro, sino susceptibles de una division ulterior; respecto de nuestros sentidos son simila res , pero sabemos que son compuestos. Un pedazo de cina brio puede ser reducido á polvo impalpable con el almirez, la lima , etc. ; pero nos es imposible , cualquiera que sea la potencia mecánica que empleemos, vencer la fuerza de cohesion que tiene unidas las moléculas heterogéneas, es decir, las partes constitutivas de un átomo compuesto. Esta circunstancia es precisamente la que distingue la afinidad química de la fuerza de coliesion ; y como por una parte , la afinidad no revela su accion sino por el contacto de áto mos de naturaleza diferente, y por otra , los átomos no pueden penetrarse unos á otros, es forzoso que los átomos compuestos nazcan de la yuxtaposicion de los simples, pro vocada por la afinidad respectiva ; los átomos compuestos 5e agrupan entonces en número de dos tres1 ciento, etc.? •. y cada agregado , producido de esta suerte , representa una parte homogénea de la masa entera. Así nos es dado con cebir la partícula mas diminuta de cinabrio como un grupo de dos átomos, de los cuales hay uno de mercurio y otro de azufre. Si se atiende á que mil libras de cinabrio contienen las mismas proporciones de azufre y mercurio que una libra un grano, y se supone.que un fragmento de cinabrio consta de un millon de átomos , es evidente que, así en un solo átomo como en el millon , la cantidad del azufre será de 16 para 101 de mercurio. Si descomponemos el cinabrio por el hierro, eliminaremos el átomo de mercurio , y su lugar quedará ocupado por un átomo de hierro ; si sustitui mos el azufre del cinabrio por el oxígeno , el átomo de este reemplazará al de azufre. Este modo de interpretar la composicion de los cuerpos y sus recíprocas sustituciones, nos hace concebir fácilmente que los números equivalentes no espresan mas que el peso relativo de los átomos. No es posible determinar el peso absoluto de un átomo, pero sí es apreciable su peso relativo, es decir, la diferencia del peso de un átomo comparado con otro con quien se halle en combinacion. *Para eliminar de un compuesto 8 partes en peso de oxígeno, son necesarias 16 partes de azufre, 6 un peso doble del peso del primera, porque el átomo de azufre pesa doble del de oxígeno ; mas si se trata de sustituirle por el hidrógeno, solo es necesaria una octava parte del peso del oxígeno, por ser el átomo de este ocho veces mas pesado que el del hidrógeno. El óxido de carbono es un grupo de dos átomos; el ácido carbónico un grupo de tres: el primero contiene para 1 átomo de carbono otro de oxígeno, y el segundo 2 átomos de oxígeno para 1 de carbono. La invariabilidad de las constantes relaciones de peso bajo las cuales se combinan los cuerpos esplica la teoría que admite la existencia de moléculas insecables, de peso desi gual, é impenetrables en la combinacion química, pues que simplemente se yuxtaponen. En el sentido genuino de la palabra, los números equi valentes espresan efectos semejantes, es decir, las relacio nes ponderables segun las que se combinan los cuerpos para producir efectos iguales, efectos que procuramos hacer sensibles atribuyéndolos á moleculas indivisibles, que ocu pan cierto espacio y poseen una forma determinada. Faltos de medios para conocer de un modo positivo el número real de átomos contenidos en una combinacion , aun la mas sen cilla, pues fuera preciso verlos y contarlos, cualquiera que sea nuestra conviccion acerca de la existencia de los átomos físicos, será hipotético é imposible de demostrar que los equivalentes espresan el peso relativo de los diversos áto mos. Pues que un átomo de cinabrio contiene , sobre 101 par tes de mercurio, 16 de azufre, los químicos admiten que estas relaciones numéricas egresan el peso relativo de un átomo de mercurio y de otro de azufre. Esto sin embargo no es mas que una simple hipótesis, pues 101 de mercurio pudieran representar el peso de dos, tres, cuatro 6 mayor número de átomos del metal referido. Si este peso fuese el de 2 átomos, 1 átomo de mercurio debiera espresarse con el número 50,5 , si el de 3 átomos, por el número 33,6. En el primer' caso, diríamos que el cinabrio se compone de 2 átomos (dos veces 50,5), y ene! otro, de 3 (tres veces 33,6) de mercurio y 1 de azufre. Cualquiera que sea la hipótesis que se adopte, cualquiera quesea el número de.átomos , dos, tres, etc., de mercurio de azufre, que se admita en e! cinabrio su composicion N 139 es constante , y solo hay variable la manera de espresarlo. Sin embargo, como el objeto único de las fórmulas químicas sea hacer comprender con facilidad la composicion de las combinaciones químicas, sus sustituciones , sus transfor maciones y sus descomposiciones, se debe procurar la ven taja incalculable de desterrar todo lo hipotético , y evitar por consiguiente espresar opiniones sujetas á cambios. El número de los equivalentes de las partes constitutivas de una combinacion química es constante y apreciable ; pero nunca nos será posible determinar el número absoluto de los átomos que por su reunion constituye el equivalente de un cuerpo. No hay inconveniente en que tomemos los equivalentes por el peso mismo de los átomos, siempre que se trate de esplicaciones teóricas 6 de dar á una idea una forma mas inteligible, puestos estos números espresan sim plemente las diferencias de los átomos entre sí; cuanto pesa un átomo mas que otro Hasta el presente la unidad de peso generalmente empleada, y á que se refieren todos los equi valentes, es la cantidad de hidrógeno combinado con el oxígeno para la formacion del agua. Este líquido contiene 1 parte en peso de hidrógeno y 8 partes tambien en peso de oxígeno; luego, si se admite que el agua se compone de un átomo de hidrógeno y de otro de oxígeno, y á mas se su pone que para sustituir á 1 átomo de hidrógeno 6 de oxíge no es necesario 1 átomo de otro cuerpo, ni mas ni menos, las cantidades de estos otros cuerpos espresarán sus pesos atómicos en números que naturalmente se referirán á 1 par te en peso de hidrógeno ó á 8 partes en peso de oxígeno. Multiplicando todos los números equivalentes por 12 Y„ el equivalente del hidrógeno será 12,5; el del oxígeno 100, y los otros números espresarán entonces las cantidades ne cesarias de cada uno de los otros cuerpos para reemplazar 100 partes de oxigeno 6 12 72 de hidrógeno. La multipli cacion pues de todos los equivalentes por un solo y mismo número no altera de ningun modo las relaciones que exis ten entre ellos, y es del todo indiferente servirse de núme ros que se refieran al hidrógeno, tomado como unidad, ó al oxígeno, considerado igual á 100. Los átomos, segun lo espuesto , deben ocupar cierto es pacio y poseer una forma determinada; por sus recíprocas combinaciones, dar origen á_átomos compuestos, que ocu pan un espacio naturalmente mayor 6 menor que los sim ples tomados juntos, y ofrecer una forma variable segun el modo como se combinaron. La relacion entre la forma y la composicion de los cuerpos no puede , como se concibe, precisarse mas que en aquellos que cristalizan, y cuyas mo lécalas tienen una forma determinada. A este objeto se han hecho observaciones muy interesantes. Cuando, por ejem plo, dos sales de forma cristalina diferente cristalizan en un mismo líquido, los cristales de cada una de ellas se for man con tanta perfeccion cual si no se hallara presente otra sal en el líquido. Si echamos un punado de nitrato de potasa y de sal comun en una cantidad suficiente de agua, para que ambas sales se disuelvan , y esponemos la disolu cion al calor de un horno, se va evaporando el agua que las tenia disueltas, y las dos sales vuelven á reponerse en esta do cristalino en el fondo del recipiente; á la simple vista se distinguen los cubos de la sal comun de los largos prismas formados por el salitre. Si del líquido retiramos un cristal de sal comun y lo lavamos con agua pura, observaremos que no contiene ningun átomo de salitre ; si por el contra rio hacemos el esperimento con el cristal de nitrato de po tasa, no notaremos el menor vestigio de sal marina. Como las dos especies de cristales se formaron simultáneamente en el mismo líquido, debemos deducir que las moléculas de la sal comun, al cristalizar, han atraido únicamente mo léculas de su especie , y que por otra parte las del nitrato de potasa se han reunido esclusivamente con otras de su naturaleza para dar lugar al aumento de la masa. Por últi mo, despues de la evaporacion completa , tenemos una mezcla íntima de salitre y sal comun ; pero aun en este caso, ambas especies de cristales se hallan aisladas unas de otras. Si se vierte un poco de agua caliente sobre sulfato de mag nesia y nitrato de potasa , y se decanta el líquido , cuando está saturado de las dos sales , se observa durante el enfria miento gradual de la disolucion, que se precipitan los cris tales de sulfato de magnesia y de nitrato de potasa juntos unos á otros, sin que los cristales de la primera sal conten gan la menor molécula de los de la segunda, ni los de esta la menor partícula de los de aquella. Es evidente que en este caso las moléculas del sulfato de magnesia tampoco han ejercido ninguna atraccion sobre las del salitre ; antes al contrario , es preciso admitir que existe cierta repulsion entre ellas, pues á no ser así, no solo las moléculas del sa litre y las de la sal comun por una parte, y las del salitre y del sulfato de magnesia por otra se yuxtapondrian , sino que tambien se atraves:arian y sobrepondrian en todos sen tidos. No sucede lo mismo:con ciertas otras sales. Cuando se hacen cristalizar en un mismo líquido los sulfatos de mag nesia y de zinc 6 de níquel , no se observa la cristalizacion aislada de cada sal, sino que todos los cristales contienen la misma cantidad de sulfato de zinc y de magnesia, 6 de sul fato de níquel y de magnesia, y en las proporciones mismas en que se hallaban disueltas en el líquido. Es pues evidente que las moléculas de los sulfatos de zinc y de magnesia , al cristalizar, tendrán una atraccion recíproca, atraccion pa tente, pues un cristal del de magnesia ha atraido las molé culas del sulfato de zinc, cual si hubiese sido de sulfato de magnesia , y viceversa ; mientras que en el caso precedente hemos observado que las moléculas de la sal comun y del salitre parecian estar dotadas de cierta facultad electiva al estar disueltas en el mismo liquido. Si ahora se compara un cristal del sulfato de níquel con otro del de magnesia, se notará que ambos poseen una forma cristalina de la misma especie, como que no existe diferencia alguna en los aristas, ángulos ni facetas, y el cristal del sulfato de magnesia se parece á otro de sulfato de níquel que fuera blanco , y el de sulfato de níquel tiene toda la apariencia de otro del sulfato de magnesia que fuera verde. Como un cristal grande consiste en la aglomeracion de cristales mas pequenos , y estos, en la de otros infinita mente mas diminutos, es forzoso que la molécula mas pe quena del sulfato de níquel tenga la misma forma que la partícula mas diminuta de sulfato de magnesia, 6 lo que es lo mismo, que el grupo de los átomos reunidos para formar un átomo de sulfato de níquel 6 de zinc tenga la misma forma que el grupo de que se compone el átomo de sulfato de magnesia ; por consiguiente el cristal en que se encuen tran reunidos ambos grupos afectará la forma característica de cada tino de sus propios elementos constitutivos, sulfato de magnesia y de zinc ó de níquel. Observaciones ulteriores han demostrado que la igualdad de las formas cristalinas de dos cuerpos no es la única causa que les permite cristali zar juntos, ni que los cristales mixtos presenten la forma peculiar á las sustancias que les dieron orígen. Un cristal de clorhidrato de amoníaco presenta la misma forma geométrica que un cristal de alumbre; pero los dos cuerpos cristalizan separadamente en el mismo líquido ; los cristales de alumbre no contienen ningun átomo de sal >2 140 x amoníaco , ni estos tampoco ningun vestigio de alumbre, lo cual depende evidentemente de que, á pesar de la igual dad de forma de los átomos cristalinos de ambos cuerpos, la fuerza con que se atraen los del alumbre 6 los de la sal amoniaco escede en mucho á la de la atraccion ejercida por las moléculas del clorhidrato de amoníaco sobre las del alumbre ; al menos la observacion no nos revela la exis tencia de esta última fuerza. Si se compara la constitucion de aquellos compuestos que, á pesar de la identidad de la forma cristalina, no cristali zan juntos, con la constitncion de los que en las mismas circunstancias dan cristales mixtos, se observa que los pri meros tienen una constitucion muy diferente, mientras de manganeso ó de cromo sin alterar en lo mas mínimo su forma ni su constitucion. El alumbre férrico, en que el óxido de hierro reemplaza al de aluminio, es incoloro, y por su aspecto esterior se confunde con el alumbre ordina rio: el alumbre crómico solo difiere del comun por su color rojo oscuro, y el alumbre manganésico por su color violeta. Cuando se introduce un cristal de alumbre de cromo en una disolucion del ordinario, saturada á la temperatura de la atmósfera, las partículas cristalinas del alumbre de alumina se deponen, durante la evaporacion gradual del agua, so bre las caras del alumbre crómico , absolutamente de la misma manera que si estas moléculas fuesen de alumbre de cromo. La cara del el istal que toca al fondo del recipiente aumenta con mas rapidez en estension ; pero.si todos los dias se vuelve el cristal y se procura que todas sus caras aumen ten con uniformidad, se llega á obtener un octaedro regular de alumbre ordinario, blanco y trasparente, en cuyo centro existe un núcleo octaédrico regular, de color rojo oscuro, formado por el alumbre de cromo. Podemos verificar una sustitucion análoga en el alumbre, ya separado el ácido sulfúrico y reemplazándolo por otro cuerpo de constitucion parecida, los ácidos crómico 6 selénico , ya eliminando la potasa i)or el amoníaco, sin alterar en lo mas mínimo la forma cristalina. A mas se ha comprobado esta persistencia de la forma, no solo en las diferentes especies de alumbre indicadas, sino tambien en todas las combinaciones en que vemos reemplazarse la alúmina, los óxidos'de hierro y de cromo; los ácidos sulfúrico, crómico y selénico ; 6 la potasa y el amoníaco; y que solo cuando á consecuencia de estas sustituciones se modifica la composicion de los cuerpos, sea porque se les anade un nuevo elemento, sea porque se eli mine otro sin reemplazarle: vemos alterarse la forma cris talina. Sucesivamente se han conocido y dispuesto en grupos los cuerpos susceptibles de reemplazarse en combinaciones aná lógas, sin modificar la forma cristalina. Estos cuerpos han recibido el nombre de sustancias isomorfas (de forma igual), 'con que se les conoce y se indica su propiedad. Así cuando decimos que existe isomorfismo entre el cloro, el bromo, el iodo, el cianógeno y el fluoro; entre la cal, la magnesia, el protóxido de hierro y el protóxido de manganeso, queremos indicar que sus combinaciones, idénticas por la constitucion, que los segundos la ofrecen idéntica en todas sus partes. Los sulfatos de magnesia, de níquel y de zinc constan del mis mo número de átomos compuestos, tanto que un cristal de sulfato de magnesia solo difiere de otro de sulfato de zinc 6 de níquel en que estos últimos, en vez de un equivalente ó átomo de magnesia, contiene un átomo de níquel 6 de zinc; y para obtener sulfato de'zinc ó de níquel , basta eliminar el magnesio contenido en el cristal del sulfato de magnesia, y reemplazarle por un equivalente de zinc ó de níquel. El átomo del clorhidrato de amoníaco, atendidos sus ele mentos constitutivos, está formado únicamente de dos áto mos compuestos; el alumbre , que cristaliza en la misma forma , contiene treinta átomos compuestos. La constitucion química de estas dos sales es pues del todo diferente; así no forman cristales mixtos. Investigaciones ulteriores han mostrado constantemente que muchas veces la semejanza en la composicion implica la identidad de la forma cristalina ; que dos compuestos de formas cristalinas iguales y capaces de dar cristales mixtos, dotados de la misma configuracion geométrica , tienen tam bien las mas de las veces igual composicion química, es de cir, contienen el mismo número de átomos 6 de equivalen tes agrupadós de la misma manera. Cuando dos sales de forma cristalina diferente cristalizan juntas , se observa constantemente que la forma del cristal mixto es igual á la de una de las sales que han contribuido á formarla , y que su composicion es parecida á la de la última. Así una mez cla de sulfato de cobre y de zinc, sales diferentes por su forma y su composicion , dan, segun la sal que predomine, cristales mixtos, que conservan, ya la forma del sulfato de cobre, ya la del zulfato de zinc ; y muestran que los prime ros en su composicion son semejantes al sulfato de cobre, y los otros al del zinc. El alumbre es un cuerpo que nos ofrece los ejemplos mas notables de que la forma cristalina, en un gran número de combinaciones, es del todo independiente de la naturaleza de los elementos. Bajo aquella denominacion conocemos ciertos cuerpos que poseen una composicion análoga á la del alumbre ordinario, cuyas partes constitutivas son, como sabemos, ácido sulfúrico, alúmina, potasa y agua. De esta sal, que cristaliza en hermosos octaedros regulares, pode mos extraer la alúmina y sustituirla con los óxidos de hierro, están dotadas de la misma forma cristalina y son capaces de reemplezarse mútuamente en otros cuerpos sin alterarla. Un cristal de alumbre, se concibe fácilmente, puede con tener óxido de hierro y de aluminio, ó bien de amoníaco y de potasio, en cantidades variables é indefinidas, sin que por esto deje de ser un cristal de alumbre y de ser consi derado tal, pues el carácter peculiar de las sustancias iso morfas reside precisamente, no en la facultad de sustituirse en proporciones fijas, sino en todas las posibles. La citada relacion de estas combinaciones parece al principio hallarse en contradiccion con las leyes reconocidas de las propor ciones de combinacion fijas y constantes; pero esta aparente contradiccion se esplicó del modo mas sencillo y satisfacto rio, no bien se hubo conocido que el fenómeno depende de la identidad de forma y atraccion moleculares. De este bello descubrimiento, debido á un Aleman , han reportado beneficios considerables las ciencias, y en espe cial la mineralogía. Antes de que fuese conocido el isomor fismo se ofrecieron complicaciones y dificultades sin cuento al querer ordenar y clasificar los minerales segun la natu raleza de sus elementos constitutivos. Los químicos mas escrupulosos se hallaban en contradiccion abierta al tratar de la composicion de los minerales mejor caracterizados. Uno descubria en el granate de Arendal sobre 13 p')/„, de magnesia, sustancia que falta completamente en los gra nates de Fahlun y del Vesuvio , etc. : el granate rojo ó de Bohemia daba 27 p°/„ de alúmina, de que carece ente ramente el amarillo de Alienan. ? Cuáles son pues los ele mentos constitutivos del granate? ?cuál es el carácter pro pio de su constitucion? A estas preguntas se da ahora una solucion muy fácil. Los granates que carecen de alúmina contienen el óxido de hierro isomorfo; en los que falta la magnesia, se descubre por cuerpo isomorfo la cal; de suerte bl 141 que los granates contienen cantidades variables de óxido3 isomorfos, el de hierro y de aluminio , 6 el de calcio, pro tóxido de hierro y de manganeso , susceptibles de reempla zarse entre sí sin modificar la forma del cristal. Medidos posteriormente con mas exactitud los cristales , se ha demostrado que las combinaciones análogas de sus tancias isomorfas no siempre presentan una forma absoluta mente idéntica, y que tampoco son en rigor los mismos los ángulos formados por las caras entre sí ; pero estas diferen cias , que se esplican perfectamente por consideraciones deducidas de la teoría atómica, son hasta cierto punto una bella confirmacion de nuestras ideas acerca de la existencia de los átomos. Supongámonos en efecto un cristal de alum bre, resultante de la yuxtaposicion de átomos, cada uno de los cuales tenga una forma definida; como la del cristal sea dependiente de la de sus moléculas mas diminutas, ei átomo de alúmina deberá ocupar cierto espacio en el de alumbre. Si de este cristal estraemos el átomo de alúmina, como en su lugar empleemos otro de óxido de hierro , el alumbre conservará su forma geométrica, con tal que la molécula férrica tenga la misma forma que la alúmina, y sea á mas el volúmen ocupado por el átomo de óxido de hierro exactamente igual al volúmen del átomo de alúmina. Si el óxido isomorfo no ocupa en general el espacio del áto mo sustituido, si su volúmen es mayor ó menor, debere mos reconocer esta diferencia en la inclinacion respectiva de las aristas del cristal sobre su eje. Se ha alcanzado comparar de una manera muy ingeniosa el espacio que ocupan respectivamente en una combinacion los átomos de dos sustancias isomorfas que se reemplazan. Los cuerpos sólidos , líquidos y gaseosos tienen , como se sabe, en volúmenes iguales, pesos muy diferentes. Cuando decimos que la madera es mas ligera que el plomo, compa ramos , sin pensarlo, el espacio que ocupa un pedazo de madera y otro de plomo. Una libra de madera pesa tanto como una de plomo ; pero una pulgada cúbica de este me tal pesa sobre once veces mas que una de madera. La dife rencia de peso que los cuerpos tienen en igualdad de volú men ha sido determinada con exactitud por los físicos y espresada por números, á los que se da el nombre de peso específico de los cuerpos. A la manera que se comparan los pesos absolutos de dos cuerpos, cuando se examina cuantas veces una unidad en peso conocido, por ejemplo, una libra, se halla contenida en la masa de cada uno de estos dos cuerpos , sin atender al espacio que ocupan , así se ha con venido , para determinare! peso específico de los cuerpos, compararlos á una unidad en peso que tenga un volúmen conocido. El peso del agua ha sido tornada para unidad. Así se espresa por números, que se refieren al peso de un vo lúmen de agua , cuantas veces un cuerpo de volúmen igual á este líquido pesa mas que otro cuerpo. El peso de un volúmen igual de agua es pues una medida, una unidad de peso ; y el número que designa el peso específico de un cuerpo espresa cuantas veces este cuerpo, bajo el mismo volúmer. , pero mas 6 menos que el agua, 6 cuantas veces se halla contenida en él la unidad en peso. Para hallar el peso de un cuerpo sin atender al espacio que ocupa , es decir, para conocer su peso absoluto, le co locamos en uno de los platillos de la balanza, y en el otro tantas unidades en peso , libras por ejemplo , cuantas son necesarias para restablecer el equilibrio de los dos platillos. Es del todo indiferente tomar á este efecto unidades en peso de plomo , hierro , platino ú otra materia cualquiera. Su pongámonos en vez de una libra, ú onza de hierro, una libra ú onza de agua ; supongamos á mas que en uno de TOMO IV. los platillos hemos puesto el cuerpo , y en el otro vertido una cantidad suficiente de agua para que los dos platillos se equillren ; es evidente que tendremos el peso del cuer po espresado en onzas 6 libras de agua. Si en seguida com paramos el espacio ocupado por el cuerpo que acabamos de pesar con el del agua que ha servido de peso, sabremos con exactitud cuantas veces , en igualdad de peso, el agua ocu pa mas 6 menos espacio que el cuerpo en cuestion. Si colocamos en uno de los platillos de la balanza una pulgada cúbica de hierro , deberemos , para restablecer el equilibrio entre ambos platillos , poner en el otro 7 3/4 pul gadas cúbicas de agua ; por consiguiente una pulgada cúbica de agua es 7 7, veces mas ligera que una pulgada cúbica de hierro, 6 lo que es lo mismo una pulgada cúbica de hier ro es 7 3/, veces mas pesada que una pulgada cúbica de agua (1). Si en una balanza equilabramos con agua 100 vo lúmenes dl esencia de trementina, vemos que 86 volúme nes del primer líquido pesan tanto como 100 del segundo, 6 que 86 partes en peso de esencia de trementina ocupan el espacio que 100 de agua, ó en otros términos, que el aceite esencial de trementina , en igualdad de volúmen , solo pesa los "/,„ del peso del agua. Los pesos específicos no son mas que los pesos de los cuerpos comparados al peso de un volúmen igual de agua, y espresados por números que representan estos pesos. Los números '7,75 para el hierro 11,3 para el plomo, 1,989 para el azufre, 4,948 para el iodo, 1,380 para el cloro lí quido, como se concibe, espresan de un modo evidente cuantas veces mas que un volúmen igual de agua pesan el hierro, el plomo, el azufre, el iodo y el cloro líquido. La diferencia de peso que existe entro dos volúmenes iguales de azufre de hierro está indicada por la diferencia que me dia entre los números 1,189 y 7,75; la diferencia entre dos volúmenes iguales de iodo y de cloro es como 4,948: 1,380. La diferencia que ofrecen en el peso dos cuerpos de volú men igual permanece invariable, cualquiera que sea el vo lúmen que le supongamos; si el volúmen cambia , se au - mentan ó disminuyen los números, pero la de estos será siempre proporcional al aumento ó disminucion del volú men de uno de ellos. La diferencia de peso que contamos entre 2 pulgadas cúbicas de iodo, y 1 pulgada cúbica de cloro, será espresada por dos veces 4,948=9,896 y1,380 etc. Es evidente que ha de existir una razon de la cual de penda que los cuerpos, en igualdad de volúmen , •tengan peso desigual. Segun la idea que hoy día tenemos formada de la constitucion de los cuerpos, cada cuerpo es una agre gacion de moléculas pesadas, cada una de las cuales llena cierto espacio y tiene cierto peso. El conocimiento de las sustancias isomorfas ha puesto fuera de duda que el hecho de su sustitucion recíproca en las combinacibnes , sin que se altere la forma cristalina de estas, depende de que sus átomos afectan la misma forma y son de la misma magni tud ; y si vemos que al sustituir un cuerpo por otro, cam bia la forma cristalina de la combinacion , debemos supo ner que esta modificador] procede de que los átomos de este segundo cuerpo tienen una forma diferente de la de los átomos del primero, ó bien de que no ocupan el mismo (1) Indicaré ahora, simplemente como ejemplo. el modo de determinar con suma exactitud el volúmen de los cuerpos que escapan á nuestros i,iStru modos de medida el velúmen, por ejemplo, d;, una cantidad dada de arena. Supongamos un tubo d cristal graduado, es decir, un tubo provisto de una escala que indique por medio de divisiones la capacidad de una pulgada cú bica, y que cada una de estas se halle á su vez ›ubdividida en 100 pa+ tes. SI le llenamos basta la mitad de agua, y luego echamos en él un peso determi nado de arena, el agua ascenderá en cantidad igual al volúmen de arena ana dida; la diferencia de nivel que presenta el agua . antes y despues de la in troduccion de la arena, indica en pulgadas cúbicas y en Céntimos de pulgada el espacio ocupado por la arena. 18 >1 i4.2 espacio. El conjunto de estas consideraciones nos induce á suponer en las moléculas de los cuerpos, llamados átomos, una diferencia de peso y volúmen , y con esta hipótesis se esplica del modo mas sencillo posible el peso específico de los cuerpos. En efecto, el plomo , en igualdad de volúmen, pesa mas que el hierro, el hierro mas que el azufre, el iodo mas que el cloro, porque el átomo de iodo es mas pesado que el de cloro , ó porque en el mismo espacio existe un mayor número de átomos de plomo que de átomos de hierro. Suponiendo que en el espacio de una pulgada cúbica , dos cuerpos diferentes, tales con el iodo y el cloro, contie nen igual número de átomos, mil por ejemplo, los pesos específicos de estos dos cuerpos espresarán evidentemente la diferencia de peso que existe entre el peso de sus átomos. Si la pulgada cúbica de iodo pesa 4 9/8 granos, un volú men igual de cloro deberá pesar 1,380 granos, por consi guiente 1/1000 de pulgada cúbica de iodo , que contenga 1 átomo de este cuerpo, pesaria 4,948 granos , y 1/1000 de pulgada cúbica de cloro, donde existiese un átomo de este gas , pesaria 1,380 granos. Siendo el cloro y el iodo isoformos , y admitiendo noso tros que sus átomos tienen la misma dimension y la misma forma ; que un volúmen igual de cloro y de iodo constan de un número igual de átomos, los números que espresarán los pesos específicos de estos cuerpos deberán hallarse entre sí en la misma proporcion que sus números equivalentes é su peso atómico. Para eliminar de un compuesto 4.,9/8 granos de iodo y reemplazarlos por cloro, son necesarios 1,380 granos exactos de este último cuerpo, Una sencilla regla de tres demuestra la exactitud de lo que se acaba de indicar ; el peso específico del iodo es al del cloro como 4,98: 1,380, ó lo que es lo MiSITIO, COMO sus equivalentes son entre sí; es decir, corno 12,6 de iodo es á 35,2 de cloro. Esta relacion notable, que ha tenido por efecto inespe rado fijar la atencion de los sábios en una propiedad física , el peso específico , ha sido confirmada en todas las sustan cias isomorfas : los números que representan sus pesos espe cíficos espresan las relaciones en peso segun las cuales se reemplazan en las combinaciones, la misma que conocemos en los números equivalentes. A mas, siempre que exista alguna anomalía en los cuerpos isomorfos , y por consi guiente, siempre que sus pesos específicos no correspondan con exactitud á sus números equivalentes, la anomalía se revela en la inclinacion de las caras en los ángulos , por ejemplo, formados por las aristas con el eje del cristal. La forma de los cristales solo subsiste idéntica, cuando los áto mos de las sustancias isomorfas que se sustituyen tienen el volúmen y la forma iguales. Si el volúmen del átomo que entra en la combinacion es mas pequeno que el del elimi nado , deduciremos infaliblemente la diferencia por la mo dificacion de la forma del nuevo cristal. A fin de poder espresar de un modo comparativo y por números el espacio que ocupan los átomos de cuerpos di ferentes, vamos á continuar las consideraciones siguientes. Si suponemos que los números equivalentes espresan pesos reales, y admitimos que el número 35,2 para el cloro de signa 35,2 onzas de este cuerpo ; que el número 12,6 para el iodo significa 12,6 onzas de este metaloide; 27,2 para el hierro 27,2 onzas de hierro ; 29,6 para el níquel 29,6 on zas de níquel , y dividimos cada uno de estos números por el peso de una pulgada cúbica de cloro, iodo, hierro, níquel, ó lo que es lo mismo, por sus pesos específicos ( pesando , segun' nuestra hipótesis, 1 pulgada cúbica de agua 1 onza, 1 pulgada cúbica de cloro pesa 1,380 de onza, 1 pulgada cú• bica de iodo 4.,9/8, 1 pulgada cúbica de hierro 7,790,1 pul gada cúbica de níquel 8,477); es claro que de esta manera se sabe cuantas pulgadas cúbicas de cloro, iodo, níquel 6 hier ro; 6 en otros términos, los cocientes obtenidos indicarán, en pulgadas cúbicas , el espacio que ocupa un equivalente de cloro, jodo, hierro ó níquel, 6 de un modo enteramente general, cual es la relacion entre los volúmenes y los equi valentes ó pesos atómicos de estos cuerpos. Segun nuestra hipótesis, los átomos de las sustancias isomorfas poseen la misma forma y volúmen , y su número es el mismo en es pacios iguales : por consiguiente , si en un equivalente de cloro se cuenta con exactitud el mismo número de átomos que en un equivalente de jodo, deberemos obtener el mis mo número dividiendo su peso atómico por su peso especí fico. Así 35,2, peso atómico del cloro, dividido por 1,380 , que es su peso específico, da el número 25; y 12,6, peso atómico del iodo, dividido por 4,9/8, su peso específico, da tambien el número 25. La suposicion de que hemos partido queda comprobada por los hechos. El peso atómico ó el número equivalente de los cuerpos isomorfos debe, dividido por su peso especí fico , dar un solo y mismo cociente, pues que espacios iguales contienen el mismo número de átomos; si el número no es igual , 6 los átomos difieren entre sí por su configu racion y tamafío , esta diferencia se revelará tambien en el cociente. Esta circunstancia hace muy importante para la comparacion el !conocimiento de estos números, que son designados con el nombre de volúmen atómico ó volúmen es pecífico. Así, si el volúmen atómico del cloro es 25, y el del iodo es tambien 25, se dice que estos cuerpos tienen el mismo volúmen atómico y son isomorfos; el del azufre, que es 8 , difiere del del cloro, con el cual no es isomorfo; pero I es igual al volúmen atómico del selenio, con el cual es iso morfo. Estos números pues nos dan á conocer inmediata mente, cuales son los cuerpos que, en igual volúmen, con tienen un número igual 6 diferentede átomos; sus relaciones recíprocas son así comparables, y pueden ser determinadas de una manera rigurosa, lo que es de suma importancia. Fausto. Por ewetl)e. 11. PRIMERA !'ARTE DE LA TRAGEDIA. LA NOCHE. En una habilacion de bóveda elevada , estrecha , gótica , está l'austo Sentado delante de su pupitre. FAUSTO. j Ah! filosofía ,jurisprudencia, medicina y hasta teología, todo lo he profundizado con ardor creciente ; y, heme aquí, pobre loco, tan sábio como antes! Es ver dad que me titulo, maestro, doctor , y que aquí, allá y en todas partes, cuento con numerosos discípulos que puedo dirijir á mi antojo ; pero no lo es menos que nada logramos saber.... He ahí lo que me hiere el alma. Sin embargo, sé mas que todos cuantos necios, doctores, maestros, cléri gos y religiosos se conocen; ningun escrúpulo ni duda me atormentan ; nada temo de todo aquello que causa á los otros mas espanto, y merced á esto mismo, no hay para mí esperanza ni placer alguno. Siento no saber nada bueno, ni poder ensenar á los hombres cosa alguna que pueda con vertirlos 6 hacerlos mejores. No tengo bienes, dinero, hon ra ni crédito en el mundo ; ni un perro podria soportar la vida bajo tales condiciones : por esto no he tenido otro re curso que dedicarme á la magia. lAh ! ! Si por la fuerza del espíritu y de la palabra me fuesen revelados ciertos miste rios! !Si no me viese por mas tiempo obligado á sudar san gre y agua para decir lo que ignoro ! ! Si me fuese dado saber lo que contiene el mundo en sus entranas y presenciar el misterio de la fecundidad , no me vena como hasta aciuí, obligado á hacer un tráfico de palabras huecas! Reina de la noche, dígnate dirigir tu última mirada sobre mi miseria , ya que tantas veces, despues de media noche, me has visto velar en este pupitre. Siempre te me apare cías entonces, pobre amiga, sobre un monton de libros y papeles. ! Ah! si me fuese dado ahora trepar á tu dulce resplandor las altas montanas, flotar en las grutas profun das con los espíritus, danzar á la hora de tu crepúsculo en las praderas ; y , libre de todas las angustias de la ciencia, poder banarme rejuvenecido en tu fresco rocío ?Hasta cuándo, ay de mí, tendré que consumirme en este calabozo? Miserable agujero de una pared tenebrosa, en el que solo á duras penas puede penetrar la grata luz del cielo, y en el que por todo horizonte descubro este monton de libros roidos por los gusanos y legajos de papeles em polvados que llegan hasta el techo. No veo en torno mi° mas que vidrios, cajas, instrumentos carcomidos, única herencia de mis antepasados. ! Y eso es un mundo, y eso se llama un mundo ! Y, ?aun preguntas, por qué el corazon se oprime con in quietud en tu pecho? Porque un dolor inesplicable para en tí toda pulsacion vital ; porque vives entre el humo y la carcoma ; porque en lugar de la naturaleza animada en que Dios creó al hombre, no tienes en tu derredor mas que huesos de animales y esqueletos humanos. Huye y audaz lánzate al espacio. ? Acaso no es un guia bastante seguro ese misterioso libro, escrito por Nostrada mus? Entonces conocerás el curso de los astros, y si la naturaleza se digna instruirte, se te desenvolverá la ener gía del alma, y sabrás como un espíritu habla á otro espí ritu. En vano por medio de un árido sentido, intentas pe netrar ahora los signos divinos. ! Espíritus que flotais junto á mí, respondedme, caso de que llegue mi voz hasta vo sotros! (Abre el libro y ve' el signo del microcosmo.) A esta vista se estremecen todos mis sentidos; desde este instante siento brotar en mí una nueva vida que agita con mas fuerza mis nervios y mis venas. Si seria un ser sobrena tural el que trazó estos signos que calman el vértigo de mi alma, que llenan de gozo mi pobre corazon , y que por un misterio incomprensible me descubren todo el poder de la naturaleza. ?Soy yo mismo un destello de Dios? Todo es para mí tan claro , que veo en estos sencillos caractéres revelarse á mi alma la naturaleza activa. Solo ahora por primera vez he llegado á conocer la verdad de estas palabras del sábio : « El mundo de los espíritus no está cerrado. » Tu sentido está aletargado , tu corazon está muerto. Levántate, discí pulo, y vé á banar.sin demora tu seno mortal en la púrpura fle la aurora, (Contempla el signo.) ! Como se mueve todo por medio de la obra universal , como todas las actividades viven y obran de consuno ! To das las fuerzas celestes suben y descienden, pasándose entre sí los sellos de oro , y, con el rumor de sus alas, de las que la bendicion se exhala , dirigidas incesantemente del cielo á la tierra , llenan el universo de inefable armonía. !Qué espectáculo! ! Pero, ah ! no es mas que un espectá culo! ? Por dónde asirme á tí , naturaleza infinita? Manan tiales fecundos de toda vida , de los que están suspendidos el cielo y la tierra, hácia vosotros se vuelve el agostado seno; per' brotais á torrentes , fecundais el mundo y yo me con sumo en vano. (Vuelve la hoja con despecho, y apercibe el signo del Espí ritu de la tierra.) !De cuán distinto modo obra este signo sobre mi! Próxi mo estás sin duda , espíritu de la tierra; pues mis fuerzas se aumentan , y siento en mí como la eral), iaguez del nue vo vino. Ya no me falta valor para lanzarme al mundo, desafiar la miseria y la dicha terrenas , luchar con las tem pestades , y ver sin pestanear en el naufragio la desapari cion de mi buque. ! El cielo se encapota, la luna oculta su luz, la lámpara se apaga, sin despedir ya mas que humo, cruzan por mi mente y en torno de mis sienes rápidos ful gores , y siento en mí un estremecimiento profundo! Bien lo veo : eres tú que te agitas en mi derredor, Espíritu que invoco : preséntate á mis ojos, ! Ah! ?cómo se me desgarra el seno ; todo mi ser se lanza en pos de nuevos sentimien tos ? - Todo mi corazon á tí se entrega. ! Aparécete de una vez, por mas que tu aparicion haya de costarme, la vida ! (Coje el libro y pronuncia misteriosamente el signo del Espí ritu. Chisporrotta una llama rojiza , y el Espíritu aparece en ella. ) EL ESPÍRITU. ?Quién me llama ? FAUSTO, (volviendo la cabeza.) Vision terrible! EL ESPÍRITU. Me has evocado con todo tu poder; me has obligado con tu aspiracion incesante á salir de mi esfera, - y ahora.... FAUSTO. j Ah! tu vista me aterra: EL ESPÍRITU. Te esfuerzas en invocarme; quieres oir mi voz y contemplar mi rostro ; cedo á la invocacion po derosa de tu alma, héme aquí , y se apodera de tu natu raleza sobrehumana un terror miserable. Dónde está , pues , aquella invocacion poderosa , dónde aquel seno que se creaba un mundo, que á su antojo dirijía y fecundaba, y que en sus trasportes de gezo se enorgullecía hasta po nerse al nivel de los espíritus? ?Qué se ha hecho aquel Fausto, cuya voz incesante llegaba á mis oídos, y que se lanzaba hácia mí con todas sus fuerzas? ? Eres tú aquel Fausto ; tú, á quien mi soplo espanta hasta el estrerno de secarte las fuentes de la vida ? Solo eres un vil gusano que trémulo se arrastra. FAUSTO. Yo, ?retroceder delante de tí, espectro flamí gero? Sí: soy Fausto , Fausto tu igual. EL ESPÍRITU. En el océano de la vida , y en las borrascas de la accion , subo, desciendo y floto por do quiera, tan pronto en torno de la cuna como del sepulcro, llevando siempre una vida agitada y ardiente en medio de un mar proceloso y sin fin. Tal es mi constante trabajo en el telar atronador del tiempo para urdir el animado ropaje de la divinidad. FAusTo. Espíritu ardiente que ondulas en torno del vasto mundo , casi me considero tu igual. EL ESPÍRITU. Puedes parecerte al espíritu que concibes, pero no á mí. FAUSTO, (aterrado.) Si no es á tí, ?á quién oprá? Yo, 91(1 soy la imágen de la divinidad, ?ni aun á tí puedo parecér me ? ( Llaman.) !Oh muerte ! No lo dudo, es mi fámulo; hé aquí toda mi dicha desvanecida. ! Es posible que una visita tan sublime quede sin efeclo por un importuno tan despreciable! ( Entra Wagner en traje de casa y gorro de noche, con una luz en la mano. Fausto se vuelve de mal humor.). WAGNER. Perdonad : os he oído declamar; ?leiais, acaso, una tragedia griega? Desearla mucho conocer ese arte, que puede hoy dia ser tan útil. He oido decir con frecuencia, que puede un cómico habérselas con cualquier orador. FAUSTO. Cuando el orador es un cómico, como sucede muchas veces. WAGNER. !Ah! cuando uno está siempre retirado en su gabinete, sin ver á la gente mas que en los dias festivos, y aun de lejos, y á través da un cristal, ? cómo podrá nunca arrastrarla por medio de la persuacion? F.LUSTO. Es inútil que penseis en ello, si no estais poseido de un verdadero sentimiento, sino haceis brotar del fondo de vuestra alma el entusiasmo que ha de conmover y ar rastrar los corazones de todos los espectadores. Reconcen traos eternamente en vos mismo, reunid cuanto podais , haced un guiso de los restos de ageno festín , y á fuerza de soplar haced brotar una llama de vuestro monton de ceni zas. Solo de este modo podreis escitar la admirador' de los ninos y de los monos, si tal es vuestro deseo ; pero nunca lograreis admirar á los hombres, si vuestra elocuencia no brota del fondo del corazon. WAGNER. Con todo, es innegable que el desembarazo da gran importancia al orador; y estoy muy lejos de tener se mejante cualidad. FAUSTO. Aspirad tan solo á un éxito modesto, sin imitar nunca á los locos que incesantes agitan sus cascabeles ; puesto que, no se necesita tanto artificio para manifestar la razon y el buen sentido ; además, si es importante lo que habeis de decir, no necesitais ir á caza de palabras. Los bri llantes discursos para decir cosas frívolas acerca de la hu manidad , son estériles como el nebuloso viento de otono que gime entra las hojas secas. WAGNER j Ay Dios mio ! El arte es largo y nuestra vida corta. De mi sé decir que, en medio de .mis elucubraciones críticas, siento con frecuencia turbárseme la cabeza y el co razon. !Qué de dificultades para alcanzar los medios que han de conducirnos al conocimiento de las causas ! Y eso que un pobre diablo puede muy bien morirse antes de haber andado la mitad del camino. FAUSTO. ?S: será lo que encierra el pergamino el manan tial sagrado que siempre haya de apagar la sed del alma ? Nunca alcanzarás la gracia del consuelo , mientras no te la procure tu propio corazon. WAGNER. Dispensadme; pero siempre es un gran placer remontarse al espíritu de los tiempos que fueron, ver corno pensó un sábio ante., que nosotros, y que desde tan lejos le hemos adelantado nosotros de mucho en su camino de in vestigacion. FAUSTO. !Ah ! sí, hasta las estrellas. Querido mio , los siglos transcurridos son para nosotros un libro de siete se llos ; lo que llarnais espíritu de los tiempos , no es en sí mas que el espíritu de los grandes hombres en que los tiem pos se reflejan. Y esto aun para contemplar á veces una miseria que nos obliga á apartar la vista ; cuando no es un monton de inmundos escombros 6 una vieja trastera, es á lo mas uno de esos espectáculos de mercado, llenos de her mosas máximas de moral , que se ponen por lo regular en boca de los munecos. WAGNER. ! Pero el mundo, el corazon y el espíritu hu mano , desean saber siempre algo de aquellas cosas! FAUSTO. Sí, desean eso que se llama saber. ?Quién po drá gloriarse de dar el nino su verdadero nombre? Los pocos hombres que han sabido alguna cosa y han sido asaz locos para dejar desbordar sus almas y hacer patentes al pueblo sus sentimientos y sus miras, han sido en todos tiempos perseguidos y condenados á la hoguera. Pero, dispensadme, amigo mio; es ya tarde, y dejaremos esto para otra ocasion. WAGNER. De buen grado hubiera continuado velando para hablar de la ciencia con un hombre como vos. Pero manana , que es primer dia de Pascua , espero os dignareis permitirme una 45 dos preguntas. Me he entregado con ar dor al estudio; y si bien es verdad que ya sé mucho, deseo, sin embargo llegar á saberlo todo. (Sale.) FAUSTO, solo. Nunca abandona la esperanza al hombre que piensa en miserias. Avida su mano escarba la tierra para hallar tesoros, y se dá por muy satisfecho con encon trar un gusano. ! Cómo es posible que semejante voz haya resonado en este sitio donde me ha rodeado una legion de espíritus ! Pero no importa; te lo agradezco por esta vez, aunque seas el mas miserable de los hijos de la tierra, ya que me libraste de la desesperacion que empezaba á trastornar mis sentidos. !Ah! era la aparicion tan gigantesca , que á su lado debí sentirme enano. Yo, la imágen de Dios, que creia haber alcanzado ya el espejo de la verdad eterna ; yo, que, despojado de la mor tal cubierta ; participaba de su propia vida en todo el res plandor de la luz celeste ; yo, que, superior á los querubes, cuya fuerza libre empezaba á esparcirse por todas las arte rias de la naturaleza , y que creando gozaba la dicha de un Dios, ! cuán caro pagaré ahora mi presuntuoso orgullo ! Una sola palabra ha bastado para anonadarme. Imposible me será igualarte; si he tenido fuerza para atraerte, en cambio, me ha faltado la de poder conservarte. !En aquel dichoso instante me sentía á la vez tan pequeno y tan grande !... ?Por qué con tanta violencia me hundiste • de nuevo en la incertidumbre de la humanidad ? ?Quién podrá instruirme ahora? ?Cómo saber lo que debo evitar? ?Debo ceder al impulso que siento , cuando nuestras accio nes, como nuestros sufrimientos, acaban por parar el curso de nuestra vida ? La materia se opone sin cesar á todo cuanto de mas su blime concibe el espíritu ; por poco que alcancemos la dicha de este mundo, calificamos de sueno y de quimera todo lo que vale mas que ello ; y todos los sentimientos sublimes que nos daban antes la vida, mueren para siempre ante los intereses de la tierra. La imaginacion pretende con vuelo audaz levantarse en un principio hasta la eternidad; pero pronto le basta un li mitado espacio para dar cabida á sus esperanzas defrauda das. No tarda la ingratitud en apoderarse entonces de nuestro corazon, y en causarle secretos dolores que destru yen enteramente el placer y la calma que en él antes rei naban. Cada dia se presenta el dolor bajo una nueva forma: tan pronto es el hogar como la corte, como una muger, un nino, el fuego, el agua, el punal ó el veneno. Temblais, oh hombres, ante todo lo que no puede causaros dano, y llorais sin cesar como un bien perdido lo que conservais todavía. Lejos de llevar mi loco orgullo hasta el punto de com pararme con Dios, conozco que es cada vez mayor mi mi seria; solo me parezco al vil gusano que se alimenta del polvo, en el que le aplasta y sepulta el pié del que acierta á pasar. >I 14.5 X ?No es tambien polvo todo lo que aquel alto muro me muestra allá arriba colocado sobre numerosos estantes, y todo este baturrillo cuyas mil bagatelas me encadenan á este car comido mundo en que existo ? ?Iré á recorrer esos millares de 'volúmenes para leer que en todas partes los hombres se han .afanado para labrar su suerte , y que solo en algunos puntos del globo habrá habido un hombre dichoso? Y tú, cráneo vacío, que parece te estás burlando de mí, ?quiéres por ventura indicarme con esto, que el espíritu que antes te habitaba se afanó tambien como el mio para buscar la luz, y que erró siempre miserablemente entre tinieblas abrasado por la sed de verdad ? Tambien vosotros , ins trumentos míos, pareceis reiros de mí con vuestras ruedas, dientes y cilindros; cuando habia llegado hasta la puerta y debiais vosotros servirme de llave. Misteriosa en pleno dia, no permite la naturaleza que nadie descorra sus velos; y todo cuanto quiera ella ocultar al espíritu, no hay esfuerzo humano que pueda arrancarlo de su seno. Antiguo ajuar del que no sé que hacer, solo estás aquí porque serviste en otro tiempo á mi padre ; y tú vieja polea , estás tambien enne grecida , como lo está el pupitre por el humo de mi lámpa ra. !Ah1 mejor hubiera hecho en gastar lo poco que tenia, y no sucumbir aquí bajo el peso de la necesidad. Procura , empero, adquirir lo que heredes de tu padre para poseerlo. Lo que no sirve es siempre una carga pesada; solo es útil lo que puede servirnos en un momento dado. Pero, ?por qué siempre he de fijar mi vista en ese sitio ? ?Qué atrae cion tiene para mis ojos ese pequeno frasco? ?Por qué á su sola vista he de verme inundado de una luz benéfica, como la que derraman en el bosque sombrío los plateados rayos de la luna? Con respeto me apodero de tí, frasco querido, en el que honro al espíritu del hombre y su ciencia. Esencia de los jugos que procuran dulcemente el sueno, contienes tam bien todas las fuerzas sutiles que pueden dar la muerte; sé propicia al que te posee. A tu sola vista, mi dolor se calma; te cojo , y disminuye mi angustia, y se adormece poco á poco la agitacion de mi espíritu. Luego me siento impul sado hácia el inmenso océano, tran;!uilo el mar se estiende á mis piés , como si fuese la luna de un espejo, y una fuerza superior me atrae hácia playas desconocidas. Veo de repente en el espacio un carro de fuego que se dirije hácia mí con rápidas alas ; voy á subir á él para re correr las esferas etéreas, y abrirme la nueva via que ha de conducirme á las regiones de la actividad pura. Pero , ?cómo es posible que piense merecer aquella vida sublime, aquellos trasportes divinos, cuando no soy mas que un gu sano? No importa, bastarárne por lograrlo volver con re solucion la espalda al dulce sol de la tierra ; valor pues y derriba las puertas, por las que nadie pasa sin estremecerse. Ha llegado el momento de probar con obras que la digni dad humana no cede, ni aun ante la grandeza de los mis mos dioses. Deja de temblar ante ese abismo donde la ima ginacion se condena á sus propios tormentos, y en el que las llamas del infierno parecen cerrar la entrada. Hora es ya de sondearle con faz serena, por mas que debiese con ducirme á la nada. ! Copa de purísimo cristal, por tanto tiempo olvidada, sal de tu viejo estuche ; tú que en otro tiempo brillabas en los festines de nuestros mayores, y que pasando de mano en mano no parabas hasta desarrugar todas las frentes ; con que entusiasmo eras celebrada por tu riqueza y vaciada de un solo trago ! !Nada hay que me recuerde las pasadas no ches de mi juventud! Ya no volveré á ofrecerte á ninguno de mis companeros, ni aguzaré mi ingenio para ponderar al artista que supo embellecerte. Contienes un licor que produce una embriaguez súbita, que yo mismo he prepa rado y escogido; será mi última bebida , que consagro como una libacion solemne á la aurora del nuevo dia. (Lleva la copa á sus lábios.) SONIDO DE CAMPANAS Y COROS. CORO DE LOS ÁNGELES. !Jesucristo ha resucitado ! Paz y dicha completas al mortal que gime aquí abajo en los lazos del vicio y de la iniquidad. FAUSTO. !Qué rumor solemne! ! Cuán puras son las yo ces que hacen caer la copa de mis lábios I ? Si anunciarán esas campanas con su tanido la primer hora de los dias de Pascua? ?Entonan por ventura esos coros divinos los can tos de consuelo que en la noche del sepulcro exhalaron antiguamente los lábios de los ángeles como prenda de una nueva alianza ? CORO DE MUGERES. Nosotras, sus fieles, habíamos banado su precioso cuerpo con gratos aromas; le habíamos acos tado en su tumba, cubriendo con bandeletas y finos lienzos sus desnudos miembros. Pero, ! ay de nosotras! El Cristo ha desaparecido , y no le hallamos en parte alguna. CORO DE Los ÁNGELES. i El Cristo ha resucitado! !Dichosa el alma que en medio del dolor que la agita, sabe amar y sufrir sin quejarse los tormentos é injurias que le sirven de prueba! FAUSTO. Cantos celestiales, potentes y dulces, ? por qué me buscais en el polvo? Dirijíos mas bien á aquellos á quie nes podeis aun consolar; oigo la nueva que me traeis, pero me falta la fé para creer en ella , y el milagro es el hijo que rido de la fé. No puedo elevarme hácia esas esferas en que resuena tan fausta nueva ; y, sin embargo, esas dulces vo ces á cuyo arrullo me dormí en la infancia, me vuelven nuevamente á la vida. En el recogimiento solemne del.do mingo , descendía antes sobre mí el beso del amor divino ; el grato clamoreo de las campanas me llenaba de dulces presentimientos, y era la oracion para mí un goce estático: un ardor tan puro como incomprensible, me impulsaba há cia los bosques, praderas y campos, donde desecho en de liciosas lágrimas, sentia en mí un mundo nuevo. Esa cam pana era tambien la que anunciaba las alegres diversiones de la juventud y las fiestas inocentes de la primavera : este grato recuerdo aviva en mi corazon los sentimientos de la infancia y me retrae de la muerte. ! Cantos del cielo, ha cedme oir una vez mas vuestra santa melodía ! Corren mis lágrimas: la tierra me ha.reconquistado. CORO 1»1 LOS DISCÍPULOS. Ya se levantó del fon4o de su sepulcro la víctima Inmaculada para volar á la region de la luz. Radiante se eleva ya al seno de loscielos, atravesando gozoso el océano inmenso del éter. Y, ?nosotros? !Ah! !por nuestro dolor nos quedamos aun en este mundo de miseria y de pena! Maestro, tú te vas á la gloriosa mansion de la dicha y nos dejas solos en esta árida llanura. ! Cuán digna es tu suerte de envidia! CORO DE LOS ÁNGELES. El Cristo resucita del seno de los muertos. Romped mortales vuestras cadenas en la alegría de que estais poseidos. Almas ardientes, generosas y tiernas que edificais con la accion , que sufrís por vuestros herma nos y que enjugais su llanto, sabed que no tardareis en recibir vuestra recompensa eterna. !Ahí viene el Senor que ha de ofrecérosla , ya se acerca, ya llega, ya está entre vO tros! FRENTE A LA PUERTA DE LA CIUDAD. Sale de la poblacion gente de toda clase. >1 146 t< y que todo se lo lleve el diablo, con tal que en mi casa siga todo en el mayor órden. UNA VIEJA Á UNAS SENORITAS. Qué lindos trajes! !Cuánto me admira esa juventud hermosa! ?Quién no se volverá loca al veros? Pero, creedme , no seais tan altivas: vamos, así me gusta, sabré procuraros todo cuanto deseais. PRIMERA SENORITA. Ven, Ágata; sentiria que nos viesen con semejante bruja. Sin embargo, en la noche de San An drés me hizo ver á mi futuro novio. OTRA. Tambien á mí me le ensenó á través de un cristal; iba de militar y estaba con otros calaveras. En vano miro en torno mio y le busco en todas partes; nunca se presenta á mi vista. SOLDADOS. Cuanto mas inespugnables sean las ciudades que hayamos de asaltar "á la voz del deber y del honor, mayor será nuestra intrepidez, sobre todo si hay en ellas hermosas jóvenes que puedan admirar nuestro heroismo. Si es inminente el peligro, grande es tambien la recom pensa. La trompa guerrera dá ia senal á la vez tan deseada y temida ; no hay corazon que no palpite de temor y de espe ranza; no tardarán en ser patrimonio de muchos la victoria y la muerte; pero no importa, los que sucumban cenirán la corona de la inmortalidad y alcanzarán los demás el pre mio de la victoria. ALGUNOS OPERARIOS ASOCIADOS. ?Por qué vamos por ahí? OTROS. Porque vamos á ld caza. Los PRIMEROS. Pues nosotros nos dtrijimos al molino. UN OPERARIO DE LA SOCIEDAD. Mas bien OS aconsejo que vayais al rio. OTRO. Es el camino por aquella parte muy poco agra dable. Los DOS A UN TIEMPO. ?Qué haces tú? OPERARIO 3.° Voy con los demás. OPERARIO 4.°Venid á Burgdorf ; allí encontrareis de se guro las muchachas mas lindas, la cerveza mucho mejor y contraereis relaciones de otra clase. OPERARIO 5.° !Me gusta la idea! ?Acaso deseas una ter cera paliza ? Lo que es yo no me espongo á ello ; con solo pensar en aquel sitio tiemblo de miedo. UNA CRIADA. No , no, yo me vuelvo á la ciudad. OTRAS. Desegurole hallaremos debajo de aquellosálamos. LA PRIMERA. ? Y á mí qué me importa ? Vendrá en se guida á ponerse á tu lado ; y, como siempre, solo bailará contigo en el césped. ?Qué interés pueden tener para mí tus placeres? OTRA. Casi puedo asegurarte que no estará solo ; me ha • dicho que iria con él aquel jóven de pelo rizado. UN ESTUDIANTE. !Cáspita! ! mira que garbo tienen esas lindas jóvenes! Anda, chico, si quieres que las acompane mos. Buena cerveza, tabaco esquisito y una muchacha bien ataviada; en verdad no sé que pedir mas qfiedan satisfechos todos mis deseos. UNA JóVEN DE LA CLASE MEDIA. Mira esos muchachos! !Qué vergüenza! !Corren en pos de aquellas cualquieras, cuando podrian ir mucho mejor acompanados! EL SEGUNDO ESTUDIANTE AL PRIMERO. No te apresures; hé aquí que vienen detrás de nosotros dos muy bien pues tas. Una de ellas es mi vecina, que, no me es por cierto indiferente. Aunque van despacio, no tardarán en alcan zarnos. EL PRIMERO. No, chico; á mi no me gustan los cumpli dos. Anda aprisa, no perdamos de vista la caza. La mano que el sábado maneja una escoba, es la mejor para acari ciarte el domingo. UN HOMBRE DE LA CLASE MEDIA. De mi Sé deciros que no soy partidario del burgo-maestre; ahora que está en el po der, será aun mas insoportable. Y, ?qué hace por la ciudad? ?No va todo cada dia de mal en peor? Todo consiste en obedecer mas que antes, y en pagar mas que nunca. UN MENDIGO CANTA. Buenos senores y hermosas damas que alegres recorreis la campina porque todo en el mundo os sonrie, no os mostreis indiferentes á mis males; y ya que es hoy para todos vosotros un dia de alborozo, haced que lo sea de cosecha para mí. OTRO HOMBRE DE LA CLASE MEDIA.. Nada me gusta tanto como hablar de guerras y batallas en los dios festivos; mien tras que allá muy lejos, en Turquía, se están despedazan do losJpueblos , está uno en la ventana, apura su copa, y vé pasar por el rio numerosos buques con banderas de dife rentes colores. Luego por la noche entra uno- alegremente en su casa, bendiciendo la paz y los dichosos y tranquilos tiempos que atravesamos. UN TERCERO. Tambien yo pienso como vos, querido ve o; poco me importa que los demás se rompan la crisma, FAUST Y WAGNER. FAUSTO. Hé aquí el río y los torrentes que han roto su cárcel de hierro, merced á la dulce sonrisa de la primavera; verdea la esperanza en el valle; el caduco invierno con paso lento en su debilidad creciente, se ha retirado hácia lo mas áspero de los montes, desde donde en su fuga nos envia los últimos yelos, espantajo impotente que solo contribuye á hermosear con sus franjas de plata la verde llanura. El sol, empero, se complace en derritir su obra, y desaparece en breve toda mancha blanca; la actividad y la forma renacen por do quier y empieza la naturaleza á ostentar su rico manto de nuevos colores. Sin duda las flores no han apa recido aun en la llanura ; pero, no importa; tendrá por flores á esa multitud engalanada que cubre sus campos. Dirije desde estas cumbres la vista á la ciudad, y verás como se empuja una multitud compactajunto á la puerta sombría, para poder tomar el sol libremente. Todos quieren hoy ce lebrar la resurreccion del Senor, y hasta ellos mismos , puede decirse que han resucitado del fondo de sus tristes moradas, en las que los sepultan sus ocupaciones diarias ; libres en fin de los bajos techos que les oprimen, han re corrido sus angostas y fangosas calles, han pasado algunas horas recogidos en el fondo de sus iglesias; y hélos ahora dispuestos á tomar el sol y á entregarse en el campo á sus inocentes placeres. !Mira con cuanta rapidez la multitud invade todos los jardines y los prados; mira como por todas partes cruzan el rio alegres esquifes , y cuán cargado va aquel barquichuelo que se aleja de la orilla! Hasta los sen deros mas lejanos del monte ostentan los variados colores de miles de trajes; oigo desde aquí la gritería y animacion que reinan en aquel pueblo , que es el verdader paraiso de los aldeanos ; grandes y pequenos, todos saltan de gozo; aquí puedo decir que soy hombre, aquí me atrevo á serio. WAGNER. Querido doctor, vuestros paseos me reportan honra y provecho: sin embargo, á estar yo solo nome con iundiria con esa gente, porque soy enemigo de toda rusti cidad y me es imposible resistir su gritería sujuego Oss 5 m 147 i< bolos y su desentonada música. Ahullan como energúme nos, y llaman á esto divertirse y Varios aldeanos debajo de algunos tilos.) gozar.• BAILE Y CANTO. Ya se acerca el pastor cubierto de cintas y guirnaldas y perfectamente ataviado para entregarse al placer de la dan za; no tard.n en seguirle otros muchos animados del mismo deseo, al oir que los tamboriles y zamponas hacen resonar el valle. No menos solícitas acuden tambien las zagalas, y empieza desde luego el baile , en el que se propone cada cual hacer aquel dia nuevas travesuras. Pronto llega á su colmo el desórden por codear los pastores de intento á las zagalas mas sivarachas , y los chistes, las risotadas y los gritos ahogan los acordes mas ó menos dulces de la cam pestre música. Pero, lejos por ello de renunciar al baile, le continuan con ardor creciente, y zagalas y pastores, como arrastrados todos por un torbellino, se arremeten y estre chan confundidos mientras dura la danza. Solo despues de terminada esta, va cada pastor á sentarse con su amada debajo de un sauce, para repetirle aquellas tiernas pala bras que la hacen cada vez que las oye sonreir dulcemente, por mas que aparente no creerlas. UN VIEJO ALDEANO. Senor doctor, ya que sois tan bueno hasta el punto de venir á participar de nuestra fiesta, dignaos perdonar á esos jóvenes atolondrados su locura; vos, que sois tan sábio , no ignorais que son buenos en el fondo. Acep tad al propio tiempo este jarro de bebida fresca , por ser lo mejor que podemos ofreceros ; no solo deseo que apague vuestra sed, sino tam bien que cada gota del agua que con tiene sea pard vos un ano mas de vida. FAUSTO. Gustoso acepto tu bebida saludable, y á todos os deseo , en cambio, salud y alegría. (El pueblo se reune al rededor de ellos.) EL VIEJO ALDEANO. Habeis hecho bien en asistir hoy á nuestra fiesta ; ya que tantas veces nos habeis visitado en dias aciagos. Mas de uno que está aquí gozando fué librado por vuestro padre de la ardiente fiebre , cuando acabó con el contagio. Y vos tambien , entonces jóven , asistiais á todos los enfermos sin que os arredrára nunca el peligro inminente á que os esponiais durante aquella terrible en fermedad que dejó casi desiertas nuestras cabanas. En ver dad fué para vos aquella época de terrible prueba: pero el Salvador desde lo alto velaba por nuestro salvador de aquí abajo. TODOS. !Viva el hombre esforzado! !Ojalá pueda visitar nos aun largos anos! FAUSTO. Postraos ante Aquel que está en lo alto: solo él ensena á socorrer, solo él socorre. (Se adelanta con Wagner.) WAGNER. ! Qué alegría debe ser la tuya, oh grande hom bre, al verte así honrado por toda esta multitud ! ! Ah! ! feliz aquel á quien reporta su talento estas ventajas! El padre te presenta á su hijo ; se informan , se agrupan , se estrechan ; se interrumpe la música, para la danza; pasas tú y todos acuden deseosos de verte , se descubren para sa ludarte , y casi llegan á postrarse como ante el Altísimo. FAUSTO. Lleguemos hasta aquella piedra, en la que des cansaremos de nuestro paseo. Cuantas veces vendo solo me he sentado en ella, absorto en una meditacion profunda , y estenuado por la oracion y las vigilias. Rico de esperan zas y firme en mi fé , pensaba con mis lágrimas y suspiros lograr que el soberano de los cielos nos librase de aquella terrible peste. Por esto las aclamaciones de la multitud re suenan ahora en mis oidos como una burla amarga. ! Ah I !si pudieses leer en el fondo de mi alma, te convencerias de cuán poco merecen padre é hijo semejante gloria ! Era mi padre un buen hombre oscuro , que habia dado en la manía de discurrir á su manera , y con la mayor buena fé , acerca de la naturaleza y sus sagrados misterios; así que , rodeado de sus adeptos, se encerraba en una cocina ennegrecida , donde por medio de innumerables recetas , obraba la tras fusion de los contrarios. Cojia un leon rojo, novio silvestre que unja con la azucena en un bano tibio; y poniendo des pues aquella mezcla al fuego , la trasegaba de uno á otro alambique. Aparecia entonces en un vaso la jóven reina de variados colores ; se daba aquella medicina, y los enfermos morian , sin que nadie preguntase quien se 'labia encargado de su curacion. Es innegable que con nuestras diabólicas mixturas causamos nosotros en estos valles y montanas muchos mas estragos que la misma peste. Yo mismo he presentado á miles de personas el veneno fatal que debia causarles la muerte; mientras que yo vivo aun para oir ponderar á sus osados matadores. WAGNER. ?Cómo os turbais por eso? ?Por ventura el hombre honrado no ha cumplido su mision , despues de haber ejercido puntualmente el arte que se le ha ensenado? El hijo, honrando debidamente á su padre, debia compla cerse al recibir su ensenanza; el hombre al creer que ha cia dar un paso á la ciencia , pensaba que su hijo podria alcanzar aun mayor gloria. FAUSTO. Dichoso el que espera aun sobrenadar en este océano de errores! Siempre se necesita aquello que uno ignora, y nunca podemos hacer uso de lo que sabemos. Pero, ? por qué turbar con tristes recuerdos la grata dicha de esta hora? Mira como brillan á los rayos del sol poniente aquellas cabanas medio sumergidas en un mar de verdor : el sol va declinando y se estingue, el dia espira, pero se va á procurar á otras regiones una nueva vida. !Ah! ! Qué no tenga yo alas para elevarme en los aires, y poder incesan temente lanzarme tras él! Vena entonces en eterna claridad bajo mis plantas á un mundo silencioso ; vena inflamarse las alturas, oscurecerse los valles, é inclinarse el plateado arroyo hácia los nos de oro, sin que el áspero monte con sus profundos barrancos pudiesen oponerse á mi vuelo di vino. Ya el mar presenta sus encendidos golfos á mis asom brados ojos ; sin embargo desaparece el dia , y siento aun en mí un nuevo encanto que me reanima y obliga á banar me en sus eternos rayos; así es, que hay ante mí el dia , tras de mi la noche, el cielo sobre mi cabeza, bajo mis piés las olas. Sueno sublime, que va desvaneeiéndose , por no tener el cuerpo alas que puedan seguir el vuelo rápido del espíritu. Y sin embargo, nadie hay que en alas de su sen timiento no se eleve hdsta las nubes cada vez que oye el canto matutino de la alondra en el azul de los cielos , cada vez que allende los picachos cubiertos de pinos vé levan tarse el águila, y cada vez que sobre las llanuras 6 los ma res vé á la grulla dirijirse hácia su patria. WAGNER. Tambien yo tengo algunas veces ideas fantás ticas, si bien no me he visto nunca animado de semejante deseo. Como no nos faltan bosques y praderas, no pienso envidiar á las aves sus alas; para mí los goces del espíritu consisten en un libro , en una hoja , en una página ; solo los libros pueden haceros soportable y hasta deliciosa una larga noche de invierno, y hacernos llevar una dichosa vida que reanime todos nuestros miembros. !Ah! !y cuándo puede uno desenvolver un digno pergamino, siente en su corazon todas las inefables dichas del cielo FAUSTO. Tú no tienes mas que un deseo : quiera Dios y5 148 que no sientas nunca otro! Hay en mí dos almas, y la una tiende siempre á separarse de la otra ; la una , apasio nada y viva, está apegada al mundo por medio de los órga nos del cuerpo; la otra, por el contrario , pugna siempre para disipar las tinieblas que la cercan y abrirse un camino para la mansion eterna. ! Ah! ! si hay en las regiones aéreas espíritus soberanos que se ciernan entre la tierra y el cielo, dígnense descender de sus nubes de oro, y conducirme há cia una nueva y luminosa vida! Si poseyera una túnica mágica que pudiese conducirme á aquellas regiones lejanas, no la darla por los mas preciosos vestidos, ni por el manto de un rey. WAGNER. No invoqueis á esa turba de espíritus malignes que se reunen en los vapores de la atmósfera, para tender al hombre contínuos lazos. Los espíritus procedentes del Norte aguzan contra vos sus afilados dientes y sus lenguas de triple aguijon; los que proceden del Este llegan en alas de un viento abrasador y les sirven de pasto vuestros pul mones. Si nos les envían los desiertos del Mediodía, amon • tonan torrentes de llamas sobre vuestra cabeza: el Oeste á su vez vomita un enjambre de ellos, que si bien en un prin cipio os reaniman, acaban despues por devoraros junto con vuestros campos y mieses. Poseidos del instinto del mal, atienden á vuestras invocaciones, y hasta llegan á realizar en parte vuestros deseos para que tengais fé en ellos Y pue dan enganaros mas fácilmente ; se titulan enviados del cielo, y mienten con una voz angelical, Pero ya es hora de retirar nos; el horizonte se oscurece, el aire es cada vez mas fresco y empieza á levantarse la niebla. Nunca, como al anochecer, conoce el hombre lo que vale su morada.- ?Por qué osque dais inmóvil? ?Cómo es que os admira tanto el crepúsculo? FAUSTO. ?Ves aquel perro negro que está vagando por entre los sembrados ye! rastrojo ? WAGNER. Tiempo ha que le veo, pero apenas me he pa rado en él porque nada ofrece de estraordinario. FAUSTO. Obsérvale bien; ? qué es lo,que piensas de él ? WAGNER. Pienso que es un perro de aguas que procura buscar el rastro de su ,amo. FAUSTO. ? No notas que está trazando una espiral y que se acerca cada vez mas á nosotros? Y, 6 yo me engano, 6 deja por donde pasa un rastro de fuego. WAGNER. Yo no veo mas que un perro de aguas negro : puede que á vos la vista os engane. FAUSTO. Se me figura verle tender en torno nuestro má gicos lazos para cogernos. WAGNER. Yo le veo brincar con timidez en nuestro alre dedor,, porque en lugar de su dueno encuentra á dos des conocidos. FAUSTO.E1 círculo se estrecha; héle aquí cerca de nosotros. WAGNER. !Bien lo veis ! es un perro y no un fantasma. Grune y no se atreve á acercarse; y, como todos los perros, se arrastra y agita su cola. FAUSTO. Acompánanos, ven aquí. WAGNER., Son esos perros de una rara especie. Si os pa rais , os espera ; si le hablais acude á vos; si perdeis algo, no para hasta encontrarlo, y hasta se arrojaria al agua para ir en busca de vuestro palo. FAUSTO. Tienes razon ; nada veo en él que me indique ser un espíritu ; todo cuanto hace es debido á su especie y á lo que se le ha ensenado. WAGNER. El perro cuando está bien ensenado, es hasta digno del afecto de un sábio ; así es, que puede merecer este vuestras bondades, y ser el mas aprovechado de todos los discípulos. (Llegan 4 lapuerta de la ciudad.) GABINETE DE ESTUDIO. FAUSTO , entrando con el perro de aguas. He dejado el llano y la campina envueltos en una noche profunda ; el alma superior despierta en mí en medio de presentimien tos que me infunden un terror santo. Los groseros instintos dormitan , y con ellos toda actividad borrascosa; y el amor de los hombres y tambien el amor de Dios se agitan actual mente en mi seno. Perro , estáte quieto , no corras de una á otra parte : ? qué es lo que estás olfateando en el umbral de esa puerta? Echate detrás de la estufa y te daré mi mejor cojin. Ya que en el camino de la montana nos has divertido con tus vueltas y tus saltos, justo es que ahora te trate como á un huésped querido y pacífico. !Ah ! desde que alumbra una lámpara amiga nuestra es trecha celda , penetra en nuestro seno una luz grata y dulce, alegrando así mismo al corazon que tiene conciencia de si propio! La razon empieza á hablar, la esperanza á florecer, y se bana uno en los raudales de la vida, en el puro ma nantial de donde brotó. ! No grunas, perro! Mal podrian avenirse tus ahullidos con los acentos sagrados que llenan toda mi alma. No es raro ver despreciar á• los hombres las cosas que no pueden comprender, y murmurar ante lo bueno y lo hermoso que les importunan : ? si el perro grunirá tambien como ellos ? !Ah! Bien' veo que á pesar de mis deseos, no puede sa lir de mi pecho satisfaccion alguna. ? Por qué se ha de secar tan pronto *el rió, sin apagar nuestra sed? ! Cuántas veces he sufrido el mismo desengano! Sin embargo, tiene esta miseria sus compensaciones : así aprendemos á conocer el precio de lo que se eleva sobre las cosas de la tierra ; así aspiramos á la revelacion que en ninguna parte brilla con una luz tan pura como' en el Nuevo Testamento. Su texto me atrae; quiero leerlo, entregarme enteramente á los sentimientos que me inspire, y hasta traducir su original sagrado á'ini querida lengua alemana. (Abre un tomo y se dispone á hacerlo.) Está escrito : En un principio existia el Verbo. Ya aquí tengo que pararme. ',Quién me ayudará para ir mas lejos? Es esta traduccio'n' tan difícil , que tendré que darle otro sentido, si el espíritu me ilumina. Escribe: En un principio existia el espíritu. Reflexionemos bien sobre esta primera línea, y no permitamos' que nuestra pluma se deslice. Es indudable que el espíritu lo hace y lo dispone todo, por lo tanto debiera decir: En un principio existia la fuerza. Y sin embargo, al escribir esto, siento en mí algo que me dice no ser este su verdadero sentido. Por fin, parece venir el espíritu en mi ausilio ; ya empiezo á ver mas claro, y es cribo con la mayor confianza: En un principio existia la ac CiOn. No me opongo á compartir contigo mi habitacion , con tal que ceses, perro, en tus gritos y en tus ahullidos, por que me es imposible tolerar por mas tiempo á mi lado un companero tan turbulento. Con dolor mio me veré obligado á violar los derechos de la hospitalidad: la puerta está abier ta; tienes libre el paso. Pero , ?qué es lo que veo? ! Esto raya en prodigio ! ? Será una ilusion ó una realidad? !Cómo se hincha mi perro ! Se levanta con fuerza , y hasta ha perdido su primitiva forma. ?Si habré abierto mi puerta á un espectro? Parece un hipopótamo con sus ojos de fuego y su terrible boca. Desde ahora vas á pertenecerme, por que la llave de Salomon es infalible para semejante aborto del infierno. x 149 ge FAUSTO Para acercarme al mónstruo, empezaré por em plear la conjuracion de los Cuatro: Que la Salamandra se inflame; Que la Ondina se enrosque Que la Sillide se desvanezca Que el Gnomo trabaje! El que no conozca los elementos, su fuerza y sus pro piedades , nunca podrá hacerse dueno de los espíritus. ESPÍRITUS en el corredor. Hay uno de los nuestros que está detenido ahí dentro; espíritus ardientes, quedaos en la parte de afuera , ya que como un zorro ha caldo en la trampa un viejo diablo. "Vo lemos en su alrededor , y no tardará en verse libre; no abandonemos á un amigo que tanto ha hecho siempre en nuestra defensa. Salud al sabio doctor que tanto me ha hecho sudar. Salamandra , conviértate en llama ; Ondina , sumérgete murmurando en la onda azul; brilla Silfide en el esplendor del' metéoro; y tú Incubo, ven á cerrar la marcha y &ofre cerme tu poderoso ausilio. Ninguno empero de los cuatro existe en el interior del mónstruo. Queda inmóvil y me rechina los dientes , sin que yo le haya causado aun ningun daiio. Pero aguarda , que va sabré combatirte con mas fuertes conjuros. Tomo IV. Compadre, ?eres por verdura un desertor del infierno? En tal caso abre los ojos y contempla este signo, al que en vano intentaria resistir la infernal cohorte. Ya. empieza á hincharse; ya se le erizan las crines. Ente maldito, ?puedes leerle ? ?Puedes descifrar el nombre del incomprensible , del increado , de aquel á quien los cie:os adoran , y al que intentó derrocar el crímen en su delirio? Se hincha detrás de la estufa como un elefante llenando 1 9 el espacio; al verle hincharse así, dina cualquiera que va á convertirse en una nube. Guárdate de subir hasta el techo: mejor será que vengas á arrojarte á los piés de tu dueno. Vamos, obedece sin rechinar, pues ya sabes que no amenazo en vano ; y que soy capaz de abrasarte en un mar de llamas ; no aguardes la luz tres veces incandescente; no aguardes al mas poderoso de todos mis conjuros. MEFISTÓFELES, mientras que se estiende la nube, aparece detrás de la estufa , y se adelanta en trage de estudiante. Por qué tanto alboroto ? Caballero, ?en qué puedo serviros? FAUSTO. !El perro de aguas convertido en estudiante via jero , no deja de ser divertido ! MEFISTÓFELES. Salud al sábio doctor, que tanto me ha hecho sudar. FAUSTO. ? Cómo te llamas? MEFISTÓFELES. Muy pueril me parece la pregunta, sobre todo para quien desprecia tanto las palabrb, y que en su retraimiento por las apariencias, solo desea conocer el fondo de los séres. FAUSTO. Entre vosotros, senores, todo ser podrá cono cerse fácilmente por el nombre que lleva , puesto que se os llama blasfemos, corruptores, embusteros. Con todo , di me; ?quién eres? MEFISTÓFELES. Una parte de aquella fuerza que siempre quiere el mal y que siempre hace el bien. FAUSTO. ? Qué significa ese enigma? MEFISTÓFELES. Soy el espíritu que todo lo niega , y no sin motivo, porque todo cuanto existe en la tierra debiera arruinarse , y seria aun mejor que no existiese nada. Para mí no hay mas elemento que el que vosotros conoceis con los nombres de mal , destruccion y pecado. FAUSTO. Te titulas una parte, y te veo, sin embargo , entero en .mi presencia. MEFISTÓFELES. Te digo la pura verdad: si el hombre, ese pequeno mundo de orgullo y de locura, se cree por lo re gular ser un todo ; de mí sé decirte que solo soy t'ira parte de la parte que en un principio era todo ; una parte de las tinieblas de que salió la luz, la luz soberbia , que ahora disputa á su madre la noche su antiguo rango y el espacio en que imperaba; si bien con poco resultado, porque á pe-. sar de todos sus esfuerzos, se vé rechazada en todas partes, logrando tan solo arrastrarse por la superficie de los cuer pos. Brota de la materia y la embellece, y basta no obs tante un solo cuerpo para detenerla en su curso. Por esto espero que no será de larga duracion , y que acabará por quedar anonadada con lós cuerpos. FAUSTO. Ahora conozco las dignas funciones que •ejer ces : no puedes destruir el todo, y procuras aniquilar la parte. MEFISTÓFELES. Y á la verdad, no he adelantado mucho en mi obra. Lo que se opone á la nada , ese algo, este mundo material , no he podido destruirlo hasta aquí, á pe sar de todos mis esfuerzos ; las olas, las tempestades, los terremotos , los incendios , nada puede desquiciarle ente - ramente : siempre el mar y la tierra acaban por ponersa otra vez en su centro; nada puede esperarse de esa maldita semilla , principio de los animales de los hombres. He sepultado á muchos, y-veo sin embargo circular siempre nueva sangre. Hay para volverse loco del modo con que van las cosas : en el aire, en las aguas, en la tierra, en todas partes en fin, es cada vez mas potente la fuerza crea dora , y siempre brotan por do quier nuevos séres. Nada tendria para mí, á no haberme reservado la llama. FAUSTO. Así, pues, á la eterna actividad , á la fuerza felizmente creadora , opones tu la mano helada del diablo que en vano se crispa con delirio. !Preciso te será cambiar de rumbo, hijo raro del caos! MEFISTÓFELES. Ya hablaremos de esto estensamente en. nuestra próxima entrevista. ?Me atreveré por esta vez á alejarme? FAUSTO. No sé porque me lo preguntas. Ahora que te conozco podrás visitarme como es tu deseo; aquí tienes la ventana, la puerta y hasta la chimenea: puedes escoger. MEFISTÓFELES. ?Lo confesaré? Hay un pequeno obstá culo que impide mi salida : el pié mágico en vuestro um bral. FAUSTO. ?Tanto te inquieta el pentágramo? Dime, hijo del infierno, ?si tanto te incomoda , por qué has entrado aquí? ?Es posible que un espíritu como tú se haya dejado coger de este modo ? MEFISTÓFELES. Luego lo comprenderás, porque está mal colocado: el ángulo vuelto hácia la calle, se presenta, co mo ves, algo abierto. FAUSTO. Por una rara casualidad eres mi prisionero; casi habia logrado mi objeto. MEFISTÓFELES. Nada notó el perro al entrar de un brinco en la habitacion ; pero ahora es la Cosa enteramente distin ta , y el diablo no puede salir de la casa. FAUSTO. Pero, ?por qué no sales por la ventana? • MEFISTÓFELES. Es una ley para diablos y espectros el sa lir por donde han entrado. El primero de estos dos actos depende 'de nosotros, pero somos esclavos del segundo. FAUSTO. Luego el infierno tiene tambien sus leyes ; me complazco en saberlo. De este modo un pacto hecho con vosotros, será fielmente observado. MEFISTÓFELES. Puedes gozar enteramente de lo que se te promete, sin que nadie te prive ni de la mas mínima parte; pero como es cosa de mucho interés, ya volveremos á hablar de ello en nuestra próxima entrevista. Ahora te ruego y te suplico que me dejes salir. FAUSTO. Quédate un instante mas para decirme la buena ventura . MEFISTÓFELES. Pero bien, suéltame; ya no tardaré Pn volver, y podrás preguntarme todo cuanto gustes. FAUSTO. No te he puesto celada, y solo por tu culpa caiste en el lazo. Dicen que el que tenga el diablo no le deje es capar, porque no volverá á cogerle tan pronto. MEFISTÓFELES. Si tanto lo deseas, me quedaré para ha certe companía, pero con la condicion de que he de em- picar todos los recursos de mi arte para hacerte pasar el tiempo dignamente. FAUSTO. Con placer me pongo á tu disposicion , con tal que tu arte sea divertido. MEFISTÓFELES. Querido amigo, van á ganar mas tus sentidos en esta sola hora, de lo que ganarian en la mono tonía de un ano entero Lo que te canten los tiernos espí r:tus y las bellas imágenes que les rodean, no serán vanas ilusiones de mágia. Se deleitarán tu paladar y tu olfato, y esperimentará tu corazon un dulce arrobamiento. Fuera preparativos inútiles ; ya que estamos reunidos, principiad. ESPÍRITUS. Desapareced arcos sombríos para que la luz del cielo pe netre hasta nosotros y alegre nuestros ojos. Disípense las nubes que empanan el éter, y enciéndanse las blancas es trellas y los hermosos soles. Angeles de blancas alas , salid ' del seno de vuestras nubes purpúreas para recorrer el es pacio y seguir las huellas de nuestros ardientes deseos. Frescos céfiros, brisas puras , templad el ardor que abrasa |
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