06_No. 5 (1 enero 1866), p. 227-238 |
Anterior | 3 de 3 | Següent |
|
Aquesta pàgina
Tot
Subconjunt |
>2 227 I<
r.
Costumbres y usos de los moros de Argel,
SU ESTADO CIVIL, CASAMIENTOS Y TRAGES.
Siendo el Coran la ley civil y la religiosa, sirve de norma
á la vida de los musulmanes, y no habiendo prescrito nada
relativamente al modo de restablecer los derechos y deberes
de los ciudadanos, resulta que no existe entre los mahome
tanos nada que pueda indicar legalmente su estado civil,
su nacimiento ó su muerte. No solo la legislacion no ha
previsto nada, sino que existe entre los hombres de la raza
musulmana, una invencible repugnancia, fundada en parte
en escrúpulos religiosos, en facilitar elementos propios
para suplir este olvido de la ley.
Todo lo que tiene relacion con la vida interior, con la re
produccion , fuera del hogar doméstico, del nombre de la
muger y los detalles de su existencia, les parece una lo
cura y casi un sacrilegio. Incapaces de concebir la utilidad
posible de los actos civiles de nuestra estadística , no ven
en los medios de es
tablecerlos mas que
una necia vanidad
Ó una odiosa fiscali
zacion.
Así es que no hay
que admirarse de
que ningun árabe
sepa suedad. Si se le 111,
apura en este punto,
procura evocar sus
recuerdos, y respon
de que nació en. la
ministracion francesa en establecer ó no la identidad de los
individuos de la nacion árabe.
Los nombres de artes ti oficios les quedan siempre como
apodo á los descendientes; por ejemplo Mustafa el-nedchar,
es decir, Mustafa el ebanista ; Hamet.el-alar,, es decir, Ha.
met el especiero. Pero el encontrar en los mismos oficios ó
profesiones individuos del mismo nombre es tan comun,
que lejos de facilitar la identidad ó de guiar en la indaga
cion , no hace mas que aumentar la confusion.
Los casamientos en Argel se efectuan desde la edad de
15 anos en los varones, y en las hembras desde 11 á 12.
El casamiento entre los moros es una especie de merca
do, que se concluye sin participacion de los interesados,
entre el padre de la novia y el del jóven que quiere casarse,
Desde el momento que se fija el precio, y que la mitad de
la cantidad conve
nida ha sido depo
sitada, se procede
á la ceremonia del
casamiento.
En la manana del
dia de la boda, la
música de la ciu
dad ,q ue consiste co
munmente en una
dulzaina y un tam
boril, se dirije á dar
una serenata á los
1m
,época de tal suce
so. Por ejemplo, los
hombres indígenas
de la generacion ac
tual, dirán que na
cieron en el ario de la
entrada de los fran
ceses en Argel'; pero
no podrán fijar el dia , lo que por lo demás les importa
poco.
Esta falta de medios de hacer constar el estado civil , es
una de las causas que han contribuido mas á la necesidad
de la apelacion de testigos individuales, cuyo abuso en
todo pais de creencias musulmanas es tan frecuente y es
candaloso.
Se ha dicho, y aun impreso, que á defecto de actas regu
lares , la época del nacimiento se establece por la circunci
sion ; pero esto es un grave error, y basta para convencerse
de ello reflexionar, que casi en ninguna parte, y en Argel
mismo, esta operacion se efectua antes de los siete anos.
Además de que nadie entre los árabes toma fecha de la cir
cuncision. Se ha incurrido en este error por la falsa seme
janza que se ha creido sin duda hallar entre y uestra cere
monia del bautismo y de la circuncision.
No obstante, todo musulman tiene un nombre propio,
al cual agrega el de su familia ; por ejemplo : Mohamet ben
Omar,, es decir, Mohaniet , hijo de alzar; Aicha ben Kadur
es decir, A cha hija de Kadur ; Flissa Zudcha Ismail, es
decir, Fllssa muger de Ismail. Pero la terminacion de estos
nombres es tan poco numerosa , su homónimo es tan gran
de, que hay casi siempre una gran dificultad Para la ad
11
116:41,
Vista de Argel.
futuros esposos. Por
la noche, los pa
rientes del. marido,
los de la muger, y
algunos amigos ín
timos se reunen en
el domicilio de la
desposada, en don
de los espera un convite. Al levantarse de la mesa, los dos
parientes mas allegados van á buscarla á su cuarto, y to
mándola cada una por una mano, la conducen á la casa del
novio, acompanada de los demás asistentes.
Llegados á casa del esposo, todos los hombres se retiran
á excepcion del padre ó hermanos de la desposada , cuya
entrada es saludada con los gritos de lú ! hit que las
mugeres repiten en coro.
Despues de esta manifestacion de alegria general, condu
cen la víctima al altar, es decir, á la habitacion nupcial
donde la espera el futuro esposo. A su vista, este se levanta,
la tiende la mano y la hace sentar á su izquierda. Este es
el momento decisivo, porque los esposos no se han visto ni
conocido hasta entonces.
La futura se levanta el velo, y si la muchacha no es acep
table, el desposado se retira al momento, no sin gran des-.
pecho y disgusto por parte de la novia, que tiene que con
tentarse con oir toda la noche una insípida música, y un
diluvio de cumplidos y de pésames de los convidados que
esperan en una habitacion próxima. Semejante desgracia
puede ocurrir tambien al novio, porque los derechos de
desistimiento son recíprocos.
Si al contrario las partes se eunvienen, una muger,
•)§ 228 K
r«Machsla» encargada del vestido de las casadas, da de be
ber en el hueco de su mano , algunas sorbos de agua los
esposos. Estos se ofrecen mútuamente, por el mismo medio,
igual libacion , y en seguida re pone cada uno á su vez un
poco de azúcar en la boca , quedando terminada así la ce
remonia.
Entonces el marido se levanta, distribuye regalos á todos,
y saludando á los concurrentes besa los tapices de la habi
tacion.
Despues se quedan solos los consortes, y cerrada la puerta,
se preguntan recíprocamente sus nombres y se hacen rega
los que consisten ordinariamente, por parte del esposo, en
alguna alhaja de valor , y de la esposa en vestidos y ropa
blanca.
La funcion continua toda la noche, hasta que se 'levantan
los recien casados, que á su aparicion son acogidos de nuevo
con los gritos de lú lú ! lút de la asamblea en todos los to
nos posibles; despues continuan las fiestas por espacio de
muchos dias , segun la posicion y fortuna de los esposos.
En general las mugeres son tratadas con muy poco mi
ramiento por los argelinos. Consideran las deferencias de
los europeos por el sexo hermoso, como una infraccion de
la ley natural > que asigna la preeminencia al hombre sobre
la muger. Así en este pais no son consideradas las esposas
mas que como criadas de una clase superior, y soportan to
das las cargas que son consiguientes á ella.
Muchas personas están en la creencia de que los moros
SOD hoMbres de color moreno, y se equivocan ; tienen por
el contrario , el color mas blanco que la mayor parte de los
espanoles. Si se ven algunos de color bronceado, son los
que son hijos de blanco y negra 6 de árabe.
Los kuluglis, hijo de turco y de mora, son en general her
mosísimos. Por lo regular los ninos son bonitos, y llevan
en su afeitada cabeza un casquete encarnado con borla azul,
no poniéndose el turbante hasta la edad viril.
Los ninos de uno y otro sexo los llevan desnudos hasta la
edad de 7 á 8 anos, edad en que los cubren de alguna ro
pa; duermen sobre paja , heno ú hojas secas. Todo el
tiempo que se amamantan , la madre cuando va al trabajo
los lleva en una cesta á la espalda, y les presenta el pecho
por encima del hombro. Ordinariamente los ninos son muy
robustos, y empiezan á andar muy pronto.
El vestido de los moros se compone de una camisa de
mangas muy largas y anchas, de dos chalecos, de una cha
queta, de dos calzones, de una faja, de dos casquetes uno
• blanco y otro encarnado, y de un turbante. En verano
usan un albornoz de lana blanca echado con poco esmero
sobre el hombro derecho, En invierno usan un capote con
mangas y capucha.
. El turbante , que consiste en una tira de tela larga y es
trecha , de seda 6 de muselina , se arrolla al rededor del
doble casquete, y la disposicion de los pliegues, como la
diferencia del tejido, distingue las varias clases. Las fajas
son de lana , artísticamente trabajadas, y dan varias vuel
tas al cuerpo , uno de los estrenaos está dispuesto de modo
que puede servir de bolsa. Los árabes, como los turcos, sus
penden su punal de la faja, y los escribientes su tintero.
Por lo general sus trajes se realzan con dibujos de pasa
maneria , adornados con botoncitos de buen gusto.
Pocos moros hacen ralo de las rrldias; en invierno, sin
embargo, muchos usan calcetines de lana 6 algodon , con
sus zapatos de forma ancha y redonda ; pero los indígenas
de clase baja, como Mozos de cordel etc., van descalzos.
Las mugeres de los árabes , distinguidas por su clase,
llevan camisas de gaza muy fina, calzones como los hom,
bres , y una especie de justillo que llega á la altura del so-.
baco, termi.lando en punta por ambos lados, y que abro
chan eón un botoncito debajo del pecho. Por encima de
este justillo se ponen un vestido de color que cae hasta me
dia pierna , y cuyas mangasson anchísimas.
Cuando salen , se ponen por encima de los calzones , un
pantalon ancho á la turca , de tela de algodon blanco, usan
medías , y calzan zapatos al estilo moro. Un jaique de tela
clara muy fina las cubre todo el cuerpo: se tapan !a cara
hasta por debajo de los ojos con un pedazo de tela blanca,
y se envuelven con un gran velo blanco que cae tambien
hasta media pierna , para evitar toda mirada profana , por
que en su opinion , una mujer que saliese á la calle sin es
tas precauciones seria mancillada.
Los días de fiesta asisten á reuniones donde, por respeto
no concurren mas que mujeres : llevan las camisas de gaza
ó de seda ribeteadas de cintas de color azul 6 encarnado , y
las mangas rpecho bordados de lentejuelas de oro ó plata.
Se ponen alrededor de la frente , en forma de diadema,
una cinta cubierta de diamantes: los pendientes son tam
bien de brillantes, y su cuello adornado con varios collares
de oro y perlas: usan en los brazos y piernas brazaletes del
mismo metal , y en los piés chinelas bordadas de oro 6
plata.
Las mujeres de los árabes menos acomodados, llevan un
traje casi semejante ; pero en lugar de ser de seda es de la- •
na. Sus cabellos los llevan entrelazados con una especie de
rosarios de ambar ó de coral ; tarnbien los usan mucho pa
ra el cuello.
El colorete está en gran uso entre las mujeres, el cual lo
componen ellas mismas, y se pintan las unas, la cara , las
cejas, y aun se dibujan flores en el rostro, hojas de laurel
ó de mirto.
Antes de la entrada de los franceses en Argel, las moras
usaban casi todas grandes salinas, especie de gorra de forma
cónica semejante á la de los mágicos, inclinadas hácia atrás;
pero han abandonado este adorno á las ancianas y á las jó
venes judías recien casadas.
Estas salinas son de un metal ligero, por lo comun de
plata y á veces de oro, pero delicadamente trabajadas for
mando calados. Su peso es insignificante, aunque su altu
ra es prodigiosa ; las .hay que tienen mas de una vara de
alto. Este estrailb adorno de cabeza se cubre con un velo
blanco que cae por la cintura y concluye por hacerlas de
formes , quitándoles la gracia propia de una muger. En las
grandes solemnidades las salmo se cubren de alhajas y pe
drerías de gran valor.
Los árabes generalmente madrugan mucho, y empiezan
el dia con sus devociones; van luego á sus negocios hasta
las d:ez , que es la hora de comer, y en seguida vuelven á
sus ocupaciones hasta el momento de los rezos despues de
medio dia , durante los cuales queda suspendido todo tra
bajo y cerradas las tiendas. Un tercer rezo 6 plegaria tiene
lugar al ponerse el sol; cenan y se acuestan desde que es
de noche, despues de un cuarto rezo.
El arte de cocina es desconocido en la Argelia. Los ára
bes, á quienes el cerdo está prohibido, se mantienen de la
carne de buey y carnero salada ; los demás alimentos con
sisten en alcuzeúz , especie de sémola muy gruesa, cocido,
verduras frescas y legumbres secas, todo compuesto con
aceite y muy cargado de especies; frutas, tales como la gra
nada , naranja é higos chumbos. No beben mas que agua ;
pero les gustan mucho los licores , los pastelillos y almíba -
res, á que son muy aficionados; los perfuman con esencia
de rosa.
)1 229 g<
Los moros con:en en familia, sentados en esteras de jun
co groseramente hechas, alrededor de una mesa redonda
y sumamente baja ; allí no se ve ningun preparativo , nada
de lujo ; no figura mas que una gran fuente en la cual cada
Pilo mete su cuchara. El pan es mal amasado, con harina
poco cernida ; las mujeres de la familia son las encargadas
de su con feccion.
Los árabes son generalmente muy sóbrios; tres cuartos
de aceite y tres de pan, bastan al dia para mantener á un
árabe.
Los moros son naturalmente perezosos. La mayor parte
de ellos se avergonzarian de ejercer un oficio ó profesion
cualquiera.
Los ricos y gentes ociosas, se reunen en gran número en'
las tiendas de barberos, en los cafés y bazares, en donde
pasan el día hablando, jugando y fumando en pipa. No co
nocen losplaceres domé licos y la dulce intimidad entre las
familias; lo que les gusta en estremo son los caballos; á es
tos animales prodigan sus cuidados , y en ellos hacen con
sistir su mayor lujo: son escelentes ginetes y se les vé en
las corridas de caballos, (fantazía ,) ir á todo escape cargan
do y haciendo fuego con sus largos fusiles, y hasta cojer
del suelo las baquetas que se les caen. La caza es tambien
uno de los placeres de los indígenas, y tienen particular
aficion á la de los pájaros.
Biografía.
RUBENS.
Vivía en Amberes por los anos de 1577, una famtlia
noble , aunque no muy rica. Era el gefe y cabeza de ella
Juan Rubens , hombre de bastantes estudios y talento, que
había desempenado altos puestos debidos á la confianza de
sus conciudadanos. Llamábase su esposa María Pypeling; y
ambos consortes vivían en la ma
yor paz y tranquilidad, queridos
y respetados de todos, dedicando
sus cuidados á la educacion de
seis hijos que les habia dado el
cielo ; y esperando por instantes
la venida al mundo de otro, en
la época á que nos referimos.
El nacimiento de este nuevo
nino se hizo notable por la cir
cunstancia de hallarse de hués
ped en la casa de Rubens, el des
graciado Torcuato Tasso. Juan
Rubens, luego que nació él nino,
se lo presentó al célebre poeta,
rogándole al mismo tiempo fuese
su padrino en union con su her
mana Cornelia que lo acompana
ba. El Tasso no pudo acceder á
este deseo, pues siéndole impo
sible resistir por mas tiempo al que él tenia de volver á Ita
lia , se puso en camino antes del día fijado para la ceremo
nia. Entonces el príncipe de Chimay se ofreció á tener el
nino en las fuentes bautismales, sirviendo de madrina la
esclarecida senora condesa de Lalain..
Púsosele al nino los nombres de Pedro Pallo.
Desde su mas tierna edad dió á conocer lo que habia de
ser con el tiempo. A. los diez anos sabia 'el- latin , y pocos
despues estaba familiarizado con el griego, italiano, fran
cés, flamenco, inglés y espanol. Al ver tan brillantes ade
lantos en un nino, la condesa de Lalain, no descansó un
momento hasta lograr de la madre de Rubens el permiso de
llevarse á su hijo de page, como así se verificó.
Mas este género de vida era poco análogo á las inclina
ciones del jóven Rubens, que por último, se dejó llevar
de su pasion por la pintura , no obstante los medios que se
emplearon para hacerle desistir de este propósito ; pues su
familia quena que siguiese la carrera de las leyes. En su
consecuencia estudió en Amberes los principios de dibujo
con Adan Van Ort , y despues con OctavioVan Véen , que
conociendo. todo el genio de su jóven discípulo , no omitió
nada de cuanto podia contribuir á que se desarrollase. En
efecto, viendo que nada podia ensenarle, pues no temia
publicar que el discípulo aventajaba en mucho al maestro,
le mandó á Italia á la edad de 23 anos, con el. fin de que se
perfeccionase. El archiduque Al.
berto que lo había tornado bajo
su proteccion , le dió cartas de
recomendacion para Venecia
donde el arte de la pintura desde
el tiempo de Ticiano , brillaba
mas que en ninguna otra parte.
En esta ciudad contrajo Rubens
amistad con el célebre Miguel de
Montaigne; con el cual pasó á
Mantua. Desde esta ciudad pasó
á Ferrara, y desde aquí volvió á
Mantua para pasar á Espana á
presentar á Felipe III de parte del
duque Vicente de Gonzaga , una
magnífica carroza con seis; sober
bios caballos.
Precedido de su brillante fama
de pintor, Rubens recibió en la
corte de Espana la acogida mas
lisongera y honrosa. Su franqueza, su lealtad, su finura, la
habilidad con que se condujo, unido á sujuventud, le ga
naron todos los corazones; y como lupia previsto el duque
de Mantua salió adelante con su intento. El duque de Ler.
ma particularmente, le cobró grande aficion.
Dice un historiador que «introducido Rubens á la ati
»diencia del Rey de Espana se mostró estremadamente
»gracioso con S. M. Felipe III, y este soberano tusa) gran
))placer en conferenciar con el »ven enviado acerca del
»objeto de su mision , de sus viages en Italia, y particular
»mente de las turbulencias que agitaba todavía los Paises
»Bajos.»
De vuelta á Mantua Rubens fué recibido por el duque
como si hubiese sido su hijo , y permaneció en su palacio
durante un ario, pasado el cual solicitó de nuevo permiso
para recorrer otras ciudades de Italia , á fin de estudiar lo
que aun le quedaba por conocer de las obras de los maes
tros célebres de otros tiempos. Vicente Gonzaga accedió, y
al despedirse le echó al cuello una gruesa cadena de oro;
«aunque Rubens , dice &arpone , había recibido tantis en
Juan Rubens y :.su hijo.
»Espana, que ya no tenia sitio para llevarlas, llevando sobre
»sí alhajas por mas de veinte mil escudos de oro.»
En este viage visitó á Roma, en donde asistió al triunfo y
muerte del Tasso , á quien en vida habia amado y favore
cido todo lo posible, trabajando no poco para restablecer
su alterada salud.
Con motivo de la funesta noticia de la enfermedad de su
madre volvió apresuradamente á Amberes, aunque no tuvo
el sensible consuelo de recibir el último suspiro de la que
le habla dado el ser. La muerte de su piadosa madre le
afectó de tal suerte, que por espacio de cuatro meses estuvo
sin salir de la abadia de San Miguel, en cuya iglesia fué
aquella enterrada. Al fin cediendo á las instancias de sus
amigos , volvió á su vida de art:sta , fijándose definitiva
mente en Amberes , donde se construyó un palacio , en el
que recibia con frectiéncia las visitas no solo de los extran
geros de distincion , sino tambien de los gobernadores de
los Paises-Bajos que le trataban familiarmente , y de todos
los príncipes de Europa que atravesaban por Flandes.
Poco tiempo despues de su regreso á Flandes , María de
Médicis informada de su raro mérito, le llamó á Paris para
valerse de sus conocimientos en el adorno del famoso pala
cio de Luxemburgo. Rubens quedó encargado de varios cua
dros para el adorno de sus galerías, y volvió á su casa de
Amberes para ejecutarlos ; pues lograba allí mas quietud
que en Paris, á donde regresó para colocarlos. Encargóse
entonces de la galería que tenia ideada María de Médicis,
que debia representar la historia de su esposo Enrique IV.
Ya tenia principiados varios de ellos cuando la desgraciada
caida de la reina viuda vino á suspender aquella obra gran
diosa. Vino á Espana en la comitiva del príncipe de Gales,
cuando sumalogrado proyecto de casamiento con la infanta
Dona María ; y escogió al príncipe muchos de los cuadros
que estrajo para su pais.
Aquí termina por de pronto la vida artística de Rubens
para presentarse bajo otro aspecto, harto diferente y aun
inconexo con el anterior: tales son las negociaciones diplo
máticas de Rubens. Sus frecuentes viages artísticos, su
probidad bien conocida , y la celebridad de su nombre, le
hacian accesible á las personas de mas alta gerarquía, y muy
á propósito para el desempeno de negociaciones secretas
entre los gabinetes, que se valian de él mucho mejor por la
misma razon de no tener ningun carácter diplomático, y
poder encubrir sus viages con el pretesto de las artes.
Deseoso el duque de Bukingham de entrar en relaciones
amistosas con la Espana , se valió de Rubens para que
sondease el ánimo de la infanta Dona Isabel, viuda del ar
chiduque Alberto, gobernador de los Paises-Bajos, y si lo
creia oportuno le indicase, sus intenciones pacíficas. Rubens
que gozaba del aprecio de aquella princesa, manejó el asunto
con tal acierto que mereció quele enviase á Espana á tratar
directamente sobre aquel negocio, y recibir las instrucciones
de la corte. Felipe IV, apasionado de los artistas, no pudo
menos de admirar la discrecion y los vastos conocimientos
del pintor flamenco, le condecoró con la cruz de Santiago,
confiriéndole al mismo tiempo el cargo de secretario de su
consejo privado. Partió enseguida para Bruselas á dar cuen
ta á la infanta del éxito de su comision , y en seguida mar
chó á Inglaterra para terminar el tratado de paz entablado
ya por su mediacion entre ambas potencias. Verificóse este
á satisfaccion de ambas partes , y el rey de Inglaterra Cár
los I para demostrarle su agrado por el feliz éxito de sus
negociaciones, le entregó en presencia del parlamento la
espada que llevaba cenida : además le hizo caballero de la
230
órden del Bario, aumentó al escudo de armas de su familia
un cuartel con un leon , y le regaló un precioso diamante
que llevaba en su anillo , y un cintillo guarnecido igual
mente de diamantes. No fueron menores las distinciones
que recibió á su regreso á Espana, habiendo sido agraciado
con la llave de oro como gentil-hombre de cámara.
Colmado de favores y riquezas, regresó Rubens á su pa
tria , deseoso de poner fin á sus escursiones tanto científicas
como diplomáticas , para entregarse de lleno á su pasion por
la pintura , á la cual le convidaba su genio , amante de la
tranquilidad y de la vida sedentaria.
Entonces casó en segundas nupcias con Helena Forment,
una de las jóvenes mas hermosas de Amberes , de cuyo naa
trimonio tuvo varios hijos , entre los que sobresalió Alber
to, célebre por su honradez y sus vastos conocimientos.
Tambien alcanzó del rey el que su hijo Francisco le su
cediese en el cargo de secretario del consejo de Estado de
los Paises-Bajos , con .que le habia honrado tambien Feli
pe IV.
Corria pacíficamente la vida de Rubens respetado de sus
conciudadanos , admirado de los sabios é inteligentes , y
rodeado de una pequena corte : de resultas de la vida se
dentaria á que se habia entregado en el último tercio de su
vida , le atacó la gota , que le redujo á no poder salir de
casa : á pesar de eso no abandonó su ocupacion favorita de
la pintura mientras tuvo espeditas las manos , y ya que no
podia dedicarse á los grandes cuadros y estudiadas composi
ciones, trabajaba otros menores, y retocaba sus dibujos.
Algunos de ellos fueron reproducidos por los mejores gra
badores de aquel tiempo, al paso que la prensa daba á luz
sus principales manuscritos, entre los que llamaban mas la
atencion el tratado sobre la pintura, y otro sobre la arqui
tectura italiana.
Llegó por fin una época en que paralizado casi entera
mente tuvo que postrarse en una cama, esperando la muer
te con resignacion. Acababa de recibir los sacramentos, y
su familia llorosa y afligida rodeaba el lecho fúnebre.
Rubens yacia sumergido en un letargo, ó en aquella es
pecie de sopor que constituye el medio entre la vida y la
muerte : toda la familia permanecia en un profundo silen
cio, sin que se oyesen mas que algunos mal reprimidos so
llozos: oyóse á poco rato en la sala inmediata el ruido de
alguna persona que se aproximaba cautelosamente; el rui
do de los pasos se apagaba en la alfombra, pero con todo
dejaba oir el de las espuelas; todos volvieron la vista hacia
el indiscreto que venia en aquel momento solemne á turbar
el dolor de una familia. Era Van-Dick.... el discípulo pre
dilecto, el amigo de Rubens , que venia turbado y presu
roso á recoger el último suspiro de su maestro. Rubens , abrió sus párpados casi cerrados y estrechó la mano de su discípulo : poco despues falleció el dia 30 de mayo de 1640
á la edad de 75 anos.
La ciudad de Amberes dió la senal mas positiva de dolor
en la muerte de Rubens; las autoridades , la nobleza , el
clero todos acudieron á porfía para acompanar el féretro ,
y el dia del funeral se colocó sobre el túmulo segun refiere
cierto autor contempóraneo , un almohadon de terciopelo
sobre el que se puso una corona dorada. —Las autoridades
acordaron erigir un monumento á su gloria, y costear su sepulcro que frió colocado en una de las capillas del trasco
ro de la iglesia parroquial de S. Juan , en donde permane
ce, siendo un objeto de veneracion para los naturales, y de
curiosidad para los estrangeros que no dejan de acudir 4
visitarla.
>I 231
Werther.
por Cortil.
CARTA LIVIII.
21 de noviembre.
Ella no vé ni ,conoce que prepara el veneno que nos
matará á los dos, y yo bebo Con el placer mas perfecto la
copa en que me presenta la muerte. ?Qué quiere decir este
tono de bondad con el que me mira á menudo? (1á me
nudo! no, pero algunas veces) ?el agrado con que recibe
?ulnaa ceosmprpeassioionnnadceidamidse duensgarfaeccitaos,quqeuenotapnuebdieenmsoedeprianrta?•
en su rostro ?
Ayer, cuando yo me retiraba, me presentó la mano, y
me digo:
Adios, querido Werther.
!Querido Werther ! Es la primera vez que me ha dado el
nombre de querido, y la alegría queme causó, penetró hasta
mis huesos. Me lo repetí cien veces; y á la noche, cuando
fuí á acostarme, hablaba yo solo, y de iepente me digo:
—Buenas noches, querido Werther.
Y no pude menos de reirme de mí mismo.
CARTA LXIX.
24 de noviembre.
Ella conoce cuanto yo sufro. Sus miradas me han pene
trado hoy hasta lo mas profundo de mi corazon. La he
hallado sola. Ya no veia en ella la interesante hermosura,
ni la brillantez de su talento ; todo esto se habia disipado
para mis ojos. Una mirada mas poderosa obraba sobre mí;
mirada llena de espresion, del interés mas tierno, de la mas
dulce compasion. ?Por qué no me he atrevido á arrojarme
á sus piés ? ?Por qué no me he atrevido á abrazarla y res
ponderla con mil besos? Ella recurrió á su clavicordio, y se
acompanó con la mas armoniosa música, que cantó en voz
baja; pero !con tanta dulzura y suavidad! Jamás sus labios
me han parecido mas divinos : se dina que se abrian para
recibir los melodiosos sonidos que salian del instrumento,
y que su divina boca era solo un eco. !Ah ! si pudiera yo
decirte todo esto como lo sentia! No he podido resistir mas
tiempo : me he inclinado y he dicho con juramento:
—j Jamás me arriesgaré á daros un beso, oh labios, en
los que reposan los espíritus celestiales !...
Y sin embargo... yo quiero... !Ah! es como una mu
ralla de separacion que se ha levantado delante de mi al
ma... Esta beatitud... !Y despues, cuando uno ha muerto,
purgar sus pecadog!... !Pecados !...
CARTA LXX.
20 de noviembre.
No, jamás, jamás volveré en mí: á cualquiera parte
que vaya se me aparece algo que me saca de juicio. Hoy
mismo, ! oh suerte ! ! oh humanidad!
A cosa del medio dia yo me paseaba por la orilla del
rio y no tenia gana de comer. Todo estaba desierto y aban
donado: un viento de Oeste húmedo y filo soplaba de
la montana, y el valle se cubria de nubes cenicientas y
lluviosas. Descubrí á lo lejos un hombre sestido con una
mala chupa verde, que andaba encorbado por entre las
piedras, y parecia ocupado en buscar algunas yerbas. Acer
quéme á él, y como volviera la cara al ruido que yo hice al
acercarme, 'mí en él una fisonomía enteramente interesante,
en la que se advertia mas principalmente una tristeza pro
funda ; pero en la que se descubría no obstante un alma
recta y honrada. Sus cabellos estaban recogidos, los unos
sobre la cabeza, formando dos bucles sostenidos con alfi
leres, los otros formaban una trenza muy recia que le caia
sobre las espaldas. Como todo este conjunto anunciaba un
hombre comun, me pareció que no se enfadaria de que yo
mirase lo que hacia, y de consiguiente le pregunté qué
era lo que buscaba.
—Busco flores, respondió lanzando un profundo suspiro,
y no las hallo.
—Tampoco es tiempo, le respondí yo riendo.
j Hay tantas flores! replicó dirijiéndose hácia mí. En
mi jardin hay rosas y madreselvas de dos especies. Mi pa
dre me dió una de ellas: crecia como la cizana: hace ya dos
dias que las busco y no puedo hallarlas. Y aun aquí fuera
hay siempre flores amarillas, azules , encarnadas, y la cen
taura tiene una flor muy bonita, aunque pequena. No
puedo hallar ninguna.
Advertí en su rostro alguna cosa como de furioso 6 es
pantado, y tomando un rodeo, le pregunté qué era lo que
quena hacer de aquellas flores. Su cara se encogió enton
ces enteramente con una sonrisa singular y convulsiva.
— Si me guardárais secreto, dijo poniéndose un dedo
en la boca , os contaria que he prometido un ramillete á
mi dama.
—Muy bien hecho.
! Oh! ella tiene muchas otras cosas. Es rica.
— Y sin embargo, ?hace mucho caso de vuestro rami
llete?
— !Oh tiene muchas alhajas, y una corona.
—?Cómo se llama?
—Si los estados generales quisieran pagarme, seria yo
enteramente diferente de lo que soy. !Sí, hubo un tiempo
en que yo estaba tan contento! Pero en el dia todo se acabó
para mí; y soy...
Lo demás lo esplicó con una mirada de enternecimiento
que echó hácia el cielo.
—,Erais, pues , feliz ?
— ! Aun querria serlo del mismo modo Estaba yo en
tonces tan alegre, tan contento, tan ligero como los peces
en el agua.
—Enrique, gritó una buena vieja que venia hácia noso
tros, Enrique, ?dónde te has escondido ? Por todas partes
te hemos buscado. Ven á comer.
—?Es este vuestro hijo? la pregunté acercándome á ella.
—Si senor, es mi pobre hijo, respondió. Dios me ha
dado una cruz bien pesada.
—?Cuánto tiempo hace que se halla de este modo?
— Hace solo seis meses que está sosegado. Doy gracias
á Dios de que el mal no haya sido mayor. Poco antes tuvo
un frenesí, que duró un ano entero, y entonces estuvo á
la cadena en el„hospital de los locos. Ahora no hace mal á
nadie , y solo se ocupa en asuntos de reyes y emperadores.
Era un jóven de un carácter suave y sosegado, que me ayu
daba á ganar la vida, pues tenia muy buena forma de letra.
Pero de repente se volvió triste y pensativo, cayó malo de
una calentura ardiente, y luego en el delirio, segun lo
veis ahora. Si se os hubiese de contar, senor.—
)1 232 t<
Detuve entonces el torrente de su narracion, preguntán
•ola cual era el tiempo de que tanto hablaba, y en el que
estaba tan feliz y tan contento.
—; Pobre insensato ! me dijo la vieja con una sonrisa
de compasion, quiere hablar del tiempo en que estaba fuera
de juicio, y á el que siempre está alabando. Es el tiempo
que ha pasado encerrado en las gavias , cuando estaba en
teramente fuera de sí
Estas palabras produjeron en mí el mismo efecto que un
rayo; dila algunas monedas, y me alejé de allí á paso apre
surado.
! Dónde era feliz! me decia yo marchando de priesa hácia
el pueblo, !dónde estabas contento como el pez en el agua!
! Infeliz! Y mientras que yo envidio la locura, el desórden
de sentidos en que te consumes, tú sales lleno de esperanza
para coger flores para tu reina !... ;en medio del invier
no!... ! y tú te afliges porque no las encuentras ! ; y no
sabes porque no las hallas! Y yo... y yo salgo sin esperanza,
sin fin alguno, y vuelvo á mi casa cono silí... ! Tú te figu
ras lo que serias si los estados generales te pagasen ! !Feliz
criatura que puedes atribuir la privacion de tu felicidad á
un obstáculo terrestre! !Tú no conoces, no, tú no conoces
que tu miseria nace de la turbacion de tus sentidos, del de
sórden de tu cabeza, del cual no podrán libertarte los reyes
de la tierra!
!Qué muera desesperado aquel que se rie de un enfermo
que hace un viage largo para ir á buscar aguas minerales
que están muy distantes, y cuyo efecto será el de aumentar
su enfermedad, y de hacer mas doloroso el fin de su vida,
qué crítica á el hombre cuyo corazon está lleno de remor
dimientos, y el cual por libertarse, y por poner fin á los
tormentos de su alma, emprende el viage á el Santo Se
pulcro! Cada paso que da en el camino, es un rayo de con
suelo para su alma oprimida, y cada dia se acuesta sintién
dose aliviado de una parte del peso que le oprime... !Y vo
sotros llamais á esto suenos ó locuras; vosotros, habladores,
que estais blandamente acostados sobre ricos almoadones.!
! Locuras !... !Oh, Dios!, tú ves mis lágrimas... ? Era ne
cesario, despues de haber formado á el hombre tan pobre,
darle hermanos que le roban aun en medio de su pobreza,
y le quitan la confianza que tiene en tí, en tí, que amas
todas las criaturas? En efecto, su confianza en una raiz sa
ludable, en las lágrimas de la vida , ?qué otra cosa es sino
la confianza en tí, que has puesto en todo lo que nos rodea
la curacion y el alivio que á cada instante necesitamos ?
!Oh, padre que no conozco ; padre que en otro tiempo
llenabas mi alma toda entera , y que ahora has apartado
tu rostro de mí! Llámame hácia ti: no guardes por mas
tiempo el silencio; mi alma sedienta no podrá sostenerme...
Y un hombre, un padre podrá enfadarse de que su hijo,
á quien no aguardaba , se arroje á sus brazos esclamando:
—Vedme ya de vuelta, padre mio : no os enfadeis si in
terrumpo un viaje que yo debía soportar mucho mas tiempo
aun para obedeceros. El mundo es por todas partes el mis
mo: por todas partes penas y trabajos, recompensa y place
res; pero ?qué me importa todo esto? No estoy bien sino don
de vos estais ; quiero sufrir y gozar en vuestra presencia...
Y tú , padre celeste, ? podrás alejar de tí á tu hijo ?
CARTA IXXI.
1.° de diciembre.
Guillermo, el hombre de quien te he hablado, el ven
turoso infeliz, era secretario del padre de Carlota ; y una
pasion desgraciada que sintió por ella, que conservó secre
tamente hasta que no pudo menos de. descubrirla , lo cual
fué causa de que lo echasen de la casa , le ha vuelto loco.
Siente, si puedes, siente por estas palabras llenas de indi
ferencia, el furor que habrá producido en mí esta historia,
cuando Alberto me la ha contado con la misma indiferen
cia que tu tal vez la estarás leyendo.
CARTA LXX1I.
de diciembre.
Te pido perdon , amigo mio.., yo me hallo reducido á la
mayor estremidad. No puedo sufrir mis tiempo. Yo estaba
sentado á su lado, cuando ella tocaba diversas sonatas en el
clavicordio con la mayor espresion. Todo, todo... ?qué diré?
Su hermanita componia su muneca sobre mis rodillas. Mis
ojos se arrasaron en lágrimas. Bajéme un poco, y ví su anillo
de novia : entonces mis lágrimas no se pudieron detener...
De repente pasó á aquella sonata antigua, cuya dulce me
lodía tiene algo de celestial ; y de repente sentí mi alma
penetrada de un sentimiento de consuelo, y de la memoria
de todo lo pasado, de todos los instantes melancólicos
llenos de dolor , de todas mis esperanzas desvanecidas; y
entonces... Yo iba y venia por el cuarto : todo era un peso
que ahogaba mi corazon.
— En nombre de Dios, le dije con la mas viva espresion,
en nombre de Dios os pido que lo dejeis.
Dejó de tocar y me miró con la mayor atencion.
— Werther, me dijo con una sonrisa que me penetró el
alma , Werther , estais muy malo, vuestros manjares fa
voritos os repugnan. Idos, os pido que os sosegueis.
Me arranqué, por decirlo así, de su lado, ! Oh,
Dios mio 1 tú ves mi miseria, y tú pondrás fin á ella.
Excerpta.
La perversidad hace el mal ; la debilidad lo consiente ; la igno
rancia lo aplaude.
J. 13. SAY.
La humildad es el mejor preservativo contra las humillaciones.
El deseo y la esperanza son telescopios de largo alcance y gran
** potencia ; pero sus cristales son enganosos.
El estúpitio es un necio que calla, .y bajo este concepto es mas
tolerable que el necio que habla..
$ÉNEcA.
La virtud sin ilustvacion es una linterna sorda : su luz existe, pero
no. alumbra. **.
El trabajo siempre es un buen gula ; porque conduce á los unos al:
descanso y á los otros á la gloria. **
El arrepentimiento es un triste scornpanero de. camino, pero un escelente gula.
Hay ciertas cosas que para saberlas bien no basta haberlas apren
dido.
En el inventario que un hombre hace de su fortunaSÉóSEdCeAs.u talen
to , toda cuenta es una senal de indigencia : los ricos verdadera
mente ricos, no se toman esta molestia. • **
Cuando se trata de solicitar, miramos el beneficio y el bienhechor
por el lado del anteojo que aumenta; pero lo hacemos en sentido in-.
verso cuando se trata de agradecer. **
Por lo no firmado y como Editor responsable.— Juan:011ns,-
BittCHLONA.-181PRENTA Dii D JAIALI °M'ERES, CALLE DE ESCUDII,LERS, 11.° n-ISf15.
233 g<
Fisiología.—Historia natural.
DEL DOLOR EN EL HOMBRE Y EN LOS ANIMALES.
1.
El gran filósofo químico Sir Humphrey Davy, cuando tan
solo era un adolescente, sosten ia con la seguridad irreflexiva
de suedad que el estóico pagano tenia mucha razon cuando
decia: « No dolor, tu no eres un mal! » Un dia que se es
taba banando en el mar, un cangrejo le mordió un dedo del
pié, haciéndole exhalar agudos gritos : entonces quedó de.
mostrado su error. Se habria aproximado mucho mas á la
verdad , si despues de la mordedura del crustáceo, hubiese
dicho: Oh dolor, tu eres un bien ! » Aunque por este se
gundo aserto parece que queramos unir esas dos paradojas
contradictorias, no es menos cierto que mientras exista la
constitucion del universo obra de las eternas leyes de la
creacion , la conservacion de nuestra existencia dependerá
de esa delicadeza de organizacion que nos hace no tan solo
susceptibles de esperimentar lo propio el dolor que el placer,
sino que además puede convertir en dolor el abuso del mis
mo placer. Es éste un traidor que nos embriaga y ador
mece. El dolor guardian conservador, centinela siempre
vigilante, nos advierte el peligro. Sea que se distingan
dos sensibilidades , una sensibilidad fisiológica y una sensi
bilidad física, sea que exista una tan solo, descompuesta en
sentimientos y en sensaciones, esta sensibilidad doble ó sim
ple, fuente á la vez de sufrimientos y voluptuosidades , no
podria suspenderse impunemente. Esta sensibilidad forma
la union interna del cuerpo y del alma, de modo que por
ella un sentimiento, nacido de un pensamiento, de un re
cuerdo, de una causa no material, puede provocar una sen
sacion agradable 6 desagradable, como una sensacion puede
provocar un sentimiento. (1) Por ahora solamente nos ocu
paremos de la sensibilidad física y del dolor considerado
como el protector de cada uno de los órganos de la econo
mía animal dotado de una percepcion especial y localizada.
Nada esplica mejor una teoría como un ejemplo. Hé aquí
uno de los mas significativos , citado por el Dr. Carpenter,
fisiólogo eminente.
Un conductor de ganado se durmió al anochecer de un
dia de invierno sobre la plataforma de un horno de cal, des
cansando una pierna en una de las piedras calcáreas amon
tonadas para cocerse durante la noche. Lo que era un grato
calor cuando se acostó habia pasado á ser un fuego devo
rador al levantarse. Su pié quedó enteramente consumido
hasta debajo del tobillo. Habiendo sido dispertado al si
siguente dia por el hombre encargado de vigilar el horno y
sospechando lo que halda acontecido, apresuróse á sostener
al pastor cuyo pié cayó en el acto hecho polvo. Sea que es
tuviese amodorrado por efecto del ácido carbónico que se
desprende de la piedra caliza, seaque una embriaguez cual
quiera embotara ó anulara sus sensaciones, es un hecho
que el pastor nada sintió.
Sino tuviéramos el dolor para advertirnos, la vida no seria
mas que una série de semejantes accidentes (2) y estos tan fu
(1) Entre el cuerpo y el alma, la union es tan íntima, que hasta los órga
nos exteriores están lejos de ser indiferentes a e,o, sentimientos que nacen
de la imaginacion. (Conferencia sobre la fisonomía Por P Gratiolet.)
(2) El dormir sobre la nieve , durante un filo muy intenso, costó igual
mente la pérdida de sus piés á mas de un soldado durante la retirada del
ejército francés en la campana de Rusia. Los desgraciados se dispertaban
con los pié, quemados , sin que durante el sueno Lubieran esperimen'ado la
sensacion del frio semejante á. la quemadura. En este caso se podria pre
guntar basta que punto un sueno profundo , sin ser letárgico , anula el sen
TOMO V.
nestos, que inevitablemente abreviarian su curso. Un cangre
jo hubiera podido comerse el pié del futuro sir Humphrey,
burlándose de la química, sin que nuestro sabio hubiese
podido sospechar en lo mas mínimo lo que se pasaba. Si no
existiera el dolor físico, los ninos se estropearian 6 se mata
rían antes de que su esperiencia les hubiera hecho com
prender el peligro que corrian manejando tal 6 cual instru
mento. Lord Kaimes aconsejaba fi los padres que corta
ran ligeramente los dedos de sus hijos con un cuchillo, á fin
de que desde la mas tierna infancia, pudieran asociar la idea
del dolor con la de la hoja brillante y antes de que pudieran
ocasionarse mayor dano; porque es evidente que si la he
rida no fuese acompanada de ningun sufrimiento, los ninos
se cortarian los dedos con la misma indiferencia que cor
tarjan una rama de un arbustillo, 6 se los quemarian á la
llama de un cuerpo en combustion, con tanto placer como
queman un pedazo de papel. Sin el dolor no podríamos pro
porcionar nuestras acciones á la fuerza de nuestra cons
titucion y nuestros esfuerzos á su poder de resistencia. En
la impetuosidad de la juventud, daríamos golpes que rom
perían nuestras manos ó descoyuntarían nuestros brazos;
daríamos saltos que dislocarian nuestros miembros y no en
senando la fatiga que nuestros músculos tienen necesidad
de reposo, proseguiríamos en nuestros juegos ó ejercicios,
ha3ta que el tegido vivo quedára destruido, con la misma
insensibilidad con que gastamos nuestros vestidos ó nuestro
calzado. Mirabeau decia, hablando de un hombre que reu
nía á una suma pereza una gran corpulencia , que su única
utilidad consistia en hacer ver hasta que punto la piel podia
dilatarse sin rajarse. Suprímase el dolor, este límite será de
contínuo llevado al infinito y los glotones no esperimenta
rán ninguna sensacion de malestar, y proseguirán en sus
escesos hasta que sufran la suerte de la rana de la fábula
que quena liegar á ser tan grande como un buey.
Sir Cárlos Bell , cita el caso de uno de sus enfermos que
había perdido el sentido del calor en su mano derecha y
quien ignorando que la cobertera de un puchero habia caído
sobre las brasas, la cogió y colocó pausadamente en su lugar,
lo que ocasionó la destruccion del epidermis de sumano y de
sus dedos. Semejantes accidentes se reproducirian sin cesar,
si el dolor no nos hiciera soltar un:objetomas aprisa de lo que
lo hemos tomado. Voltaire , mas filósofo que poeta , en su
quinto discurso sobre el hombre, resume en algunos versos
!o que nosotros acabamos de decir en simple prosa sobre el
dolor considerado como centinela protector que á la vez nos
hace retroceder ante el mal presente y nos ensena á preve
nirlo ó eitanlo en lo porvenir.
La suprema Sabiduria que ha establecido el dolor para
nuestra proteccion , lo ha distribuido al propio tiempo de tal
modo, que llena su objeto defensivo causando el menor su
frimiento posible á los que á él están sujetos. Pueden con
sultarse sobre el particular los notables capítulos que Cárloz
Bell le consagra en su Tratado sobre la mano. La pieles 6.,N
cierto modo la obra adelantada que opone resistencia á todo
ataque hecho al cuerpo de la plaza. Era pues necesario que
tido cutáneo que percibe únicamente impresiones simples . tales como las
del frie s del calor , impresiones que se truecan en dolor cuándo salvas4 cier
tos limites. N. de la 11.) •
30
>2 234
la piel fuese el asiento de una sensibilidad particular, tanto
por su propio interés, como para advertirnos que retroce
diéramos ante cualquier violencia , tendiendo á librar la
carne que cubre. Acomodando nuestras ideas de dolor á lo
que sentimos en la superficie, nos figuramos que cuanto
mas profunda es una herida, tanto mas vivo debe ser el
sufrimiento ; y esto es , segun el autor citado , una ilusion
contraria á la realidad. «El cirujano que maneja bien el bis
turí, anade, tiene buen cuidado de dar á conocer al paciente
que lo mas malo se ha pasado cuando la piel queda atrave
sada; y si durante el curso de la operacion, es necesario en.
sanchar la incision exterior , este nuevo ataque á la piel es
mucho mas doloroso que el producido por la incision pri
mera , en razon del contraste que presenta con la insen
sibilidad relativa de las partes interiores. El músculo se
halla protegido , no por su propia sensibilidad , que no
tiene nada de estraordinario , sino por la de su cubierta
Superficial, la cual constituye, dice Bell, una defensa mas
eficaz, que si nuestro cuerpo estuviese revestido del pelle
jo de un rinoceronte.» Haber dado á los delicados tegidos
del interior una exquisita sensibilidad al corte de un cuchillo
ó al golpe de un palo, hubiera sido exponernos á un esce
dente inútil de sufrimiento. Queda logrado suficientemente
el objeto estendiendo sobre esos tegidos la delgada capa de
una piel sumamente sensible y en gran manera antipática á
los cortes y golpes, para que deje de evitar todo mal del
cual pueda librarse.
Independientemente de la proteccion que nos ofrece asi
contra los peligros accidentales, la piel por su propia sen
sibilidad es esencial á nuestra existencia en las diarias con
diciones de la vida. Desempenando las funciones de termó
metro, la piel nos dice si la temperatura está apropiada á
nuestra organizacion y nos pone igualmente en guardia
contra los perniciosos estremos del frio 6 del calor. Tambien
la piel es la que determina esta agitacion instintiva que es
uno de los principios de la conservacion del cuerpo. Preciso
es que un paralítico descanse sobre blandos almohadones
que se le cambie á menudo de postura, pues de lo contrario
una posicion continua sobre la misma superficie, detiene la
circulacion de la sangre y esta interrupcion , lleva por con
secuencia la pronta destruccion de la parle, la gangrena y
Ja muerte. Sir Cárlos Bell , llamando sobre el particular la
atencion de sus oyentes en el colegio de los cirujanos, les
rogó que observáran cuantas veces, escuchándole, habian
cambiado de posicion en sus asientos á fin de dar otra base
al peso de su cuerpo y aliviar las partes que empezaban á
.entumecerse. «Si os vierais obligados, les dijo, á conservar
la misma posicion durante toda una hora, os levantariais
rígidos por efecto del calambre.» Esta accion maquinal con
tinua aun durante el sueno y si asi no fuera, este en vez de
ser el reparador de las fuerzas de la naturaleza, ocasionaria
un desarreglo de la circulacion con los males que de ello se seguirian.
No solamente diferentes partes de nuestro sistema están
dotadas de sensibilidades que difieren en grados, sino tam
bien de sensibilidades que difieren enteramente por natu
raleza. Un artesano cuyo dedo habia sido arrancado y que
se sostenia únicamente por un tendon , fué á encontrar á
un discípulo del doctor Hunter. El cirujano queriendo ase
gurarse de si aquel hombre conservaba alguna sensibilidad
en su tendon, ató el dedo con un cordon y despnes de haber
vperengduadnotó laolspaocjoiesnatlee, n?fqeruméoescloortqóueel atceanbdoond.e « cDoertcaird?m—e, Habeis cortado el cordon , le contestó.» El hecho es que tan
insensible era este como el tendon, Otros esperimentos han
demostrado que los tendones de los músculos, los ligamen
tos que reunen las articulaciones , los cartílagos que hacen
las funciones de coginetes en los entremos de los huesos
donde obran sobrepuestos, no sienten ni los cortes ni las
quemaduras. Pero el resultado es muy diverso si se someten
á la tension, al desgarro ó una viva sacudida. La razon es
muy evidente ; la piel puede muy bien garantir las mem
branas interiores de los males de que antes hemos hablado;
pero si debe tener el juego y la facultad de adaptarse que es
esencial á sus funciones su flexibilidad seria demasiado grande
para permitirle servir de freno á los movimientos que afec
tan á los cartílagos , los ligamentos y los tendones. Estos han
sido hechos sensibles á las sacudidas, á los desgarros y á las
tensiones, para impedir que saltáramos grandes alturas,
que nos lanzáramos con estrema violencia y que retorciéra
mos nuestras articulaciones de un modo incompatible con
la resistencia del cuerpo humano. El dolor causado por una
torcida de pié muestra que el castigo basta para reprimir
todos los escesos de esta clase. Supónganse estas sensibili
dades traspuestas, dénse á las membranas que separan
enlazan entre sí las articulaciones, los mismos grados , la
misma clase de sensibilidad que pertenece á la piel, y los
movimientos ordinarios del cuerpo, el peso mismo de un pié
sobre el otro , ocasionáran tanto sufrimiento como el que
se esperimenta andando sobre un miembro inflamado.
Paley admira el mecanismo por medio del cual todo lo que
comemos y bebemos se desliza hácia el esófago, pasando por
encima la entrada de la traquiarteria , sin caer en ella. Un
pequeno cartílago móvil, el epiglotis, que se levanta cuando
respiramos, es impelido por el peso de los alimentos y por
el juego de los músculos en el acto de la deglucion hácia
el conducto aéreo. Ni sólidos ni líquidos en una palabra,
pueden pasar sin cerrar la trapa pasando. Pero no todo
consiste en esto, sino que el orificio que forma la entrada
del citado conducto y que jamás se cierra enteramente
mientras respiramos, está dotado de una suma sensibilidad
al contacto de la mas leve partícula material. El mas pe
queno objeto que toca el borde de esta abertura, determina
un cierre inmediato de sus partes internas, que detiene á
su entrada el cuerpo estrano. Mas como únicamente queda
detenido, y no sacado de aquel lugar y caeria necesaria
mente á los pulmones á la inmediata inspiracion, á fin de
operar su expulsion , la sensibilidad del orificio del con
ducto del aire pone violentamente en accion toda una clase
de músculos inferiores, los cuales, comprimiendo el pecho,
arrojan el aire con una fuerza que espulsa el intruso. La
tos convulsiva que se produce cuando nos sufocamos, es el
esfuerzo enérjico que hace la naturaleza para aliviarnos, si
alguna cosa se ha escapado casualmente al epíglotis pro
tector. Esta propiedad á la cual sin cesar somos deudores
de nuestra vida, está limitada á un solo puntO de la larin
je. No se estiende, segun Cárlos Bell, á las demás partes
del conducto aéreo, perteneciendo únicamente al orificio,
es decir, al único lugar donde es necesario. Es digno de
observarse que así como es tan sensible al contacto del mas lijero átomo, él conducto aéreo soporta dócilmente las 'cor
rientes atmosféricas que circulan sin cesar sobre sus pa
redes irritables. Arroja una miaja de pan 6 una gota de
agua con un espasmo que conmueve á todo el cuerpo; pero
si se le abandona á sí mismo y á sus funciones naturales,
esto es á la introduccion del aire únicamente, no hay órgano
mas tranquilo; no lo sentimos siquiera y un hombre ignora
que tenga una traquiarteria. Esta facultad de percepcion
tan delicada, esta irritacion contra toda intrusion y al pro pio tiempo esta calma perfecta y esta tranquilidad :cuando
235 st
nada turba su juego regular , son propiedades que parece
no debieran hallarse reunidas en un mismo órgano. Y no
obstante en la reunion de estas cualidades cuasi incompa
tibles , tanto aquí como en algunas otras partes de nuestro
cuerpo , descansa nuestra seguridad y nuestro bienestar;
nuestra seguridad en su sensibilidad ; nuestro bienestar en
su reposo.
Otro ejemplo , citado tambien por sir C. Bell , es el del
corazon. El célebre Dr. Harvey examinó, á instancias del
rey Cárlos I de Inglaterra, un senor de la familia Montgome.
ry quien, por causa de un acceso, tenia en el pecho una
abertura fistulosa por la cual se podia ver y operar en su
corazon. El gran fisiólogo quedó sorprendido al encontrar
aquel órgano insensible. «Le conduciré á presencia del rey,
dijo, á fin de que S. M. pueda ver y tocar una cosa tan es
traordinaria y reconocer como yo mismo que, escepto
cuando toquemos la piel esterior y vea nuestrosdedos en la
cavidad, el paciente, sepa que tocamos su corazon.» Y no
obstante siempre referimos al corazon todas nuestras ale
grias, nuestros pesares y nuestras afecciones; hablamos , de
que tenemos buen 6 mal corazon ; decimos que un hombre
tiene el corazon duro, un corazon leal, que no tiene corazon.
Escudado de cualquiera violencia física por el muro de las
costillas, el corazon no .está dotado de una sensibilidad que
hubiera sido inútil para su conservacion , pero al propio
tiempo que puede tocarse con la mano, sin dar al individuo
ningun aviso del hecho, es incontestable que responde á las
diversas emociones del alma y todos convienen en recono
cerlo como asiento de nuestros placeres, de nuestras pesa
dumbres, de nuestras simpatías, de nuestro ódio y de nues.
tro amor. Se han ofrecido numerosos ejemplos de personas
que han fallecido repentinamenteá consecuencia de la vio
lencia de sus contracciones ó de sus espansiones, al súbito
anuncio de alguna buena ó mala noticia : los lados interiores
de los vasos musculares, dilatados con sobrada tension hácia
arriba 6 bácia abajo, no pueden volver á tomar su posicion
normal; y uno de los motivos de esta propiedad del corazon
contribuye probablemente á moderar las pasiones por me
dio desensaciones físicas mortificantes que exitan.
El cerebro está encerrado en una caja huesosa que le
proteje de los golpes exteriores. El cráneo es como el casco
natural del cérebro. Todas nuestras sensaciones corporales
dependen de los nervios; pero los nervios por sí solos no
hacen nacer ninguna sensacion , ni están relacionados con
el cérebro. El cordon nervioso que en lenguaje vulgar se
llama la médula espinal, es el canal por el cual media esta
comunicacion para la mayor parte de entre ellos; y cuando
una seccion de lo que se puede llamar la gran linea madre,
destinada al trasporte de nuestras sensaciones , está enfer
ma y, á consecuencia de la solucion de continuidad, los
nervios colocados debajo de esta parte enferma, no pueden
ya trasmitir , corno antes , sus avisos al cérebro, la parte
del cuerpo que se halla así aislada, puede ser quemada
cortada á pedazos sin que resulte ningun dolor y como si
perteneciera á un cadáver, en vez de pertenecer á un
cuerpo vivo. El cérebro pues, subordinado por otra parte
al alma, es el centro físico de toda sensacion. (1)
No obstante, y aunque parezca estrano, el mismo es in
(1) Las propiedades mas importantes de la Vida pertenecen al sistema
nervioso, que comprende el cérebro , los órganos de los sentidos y los agen.
Les de la voluntad. Por el aparato de los nervios se comunican las sensibili
dades que regulan y dirijen los movimientos instintivos y automáticos. El
sistema nervioso gobierna igualmente los actos de la volicion lo propio que
los movimientos que pertenecen a la organizacion vital. La anatomía del
sistema nervioso nos demuestra no tan solo las diversas propiedades de la
libra viviente, sino tambien las relaciones de los órganos entre si y la de
pendencia a que está sujeto el sistema muscular respecto de estos órganos.
sensible á las heridas que ocasionan un dolor á la piel y
que él es el único que nos hace sentir. «El cérebro, dice
Cárlos Bell , es tan insensible como el cuero de nuestro cal
zado , y se puede quitar un pedazo sin interrumpir el en
fermo en la frase que pronuncia.» Protejido contra las le
siones esteriores , por la caja huesosa que le rodea 6 en
vuelve, el cérebro no tiene percepcion de ellas cuando
son dirijidas contra su propia sustancia , al propio tiempo
que es el único oríjen del dolor que causan estas mismas
lesiones dirijidas contra las demás partes del cuerpo. Pero
el cráneo no podria defenderle contra los efectos de la in
temperancia , de una atmósfera viciada, de una tension de
ánimo harto prolongada. Así como el cérebro es insen
sible á la accion del bisturí, no lo es enteramente á esos
desarreglos, y en estos casos , los desvanecimientos , las
jaquecas, los síntomas apopléticos, nos advierten oportu
namente que remediemos el mal si no queremos sufrir la
pena de nuestra imprudencia.
Puesto que no puedesentirse el dolor y que ningun otro
sentido puede ejercerse sino por la intermediacion de los
nervios, es preciso que refiramos á estos las impresiones
tan diversas de que es susceptible nuestro cuerpo. Sobre este
punto el citado Cárlos Bel! , hizo un bello descubrimiento
que le colocó en uno de los primeros lugares entre los mas
grandes fisiólogos. Algunos pares de nervios se destacan , á
cortos intérvalos, por toda la longitud de la médula espinal;
ramificándose por todo el cuerpo,sirven de intermediarios de
comunicacion entre los diversos tejidos y la médula espinal
y por medio de esta con el cérebro. Cada nervio tiene dos
raices que salen separadamente del lado de la médula espi
nal, pero que se reunen cuasi en seguida y se prolongan en
un solo cordon. El citado fisiologista descubrió este hecho
capital, que ha aclarado notablemente el sistema nervioso
demostrando que una de estas raices se componia esclusiva
mente de nervios de la sensibilidad y la otra esclusivamente
de nervios del movimiento. Si se irrita la raiz que sale mas
inmediata del dorso de la médula espinal, resulta un dolor
agudo; si por el contrario, se irrita la raiz que sale hácia la
parte delantera de la médula, no resulta nirígun dolor, sino
unos movimientos musculares que es imposible reprimir. Si
se corta la primera ó sea la raiz posterior, la sensibilidad de
las partes con las cuales el nervio se halla en relaoion, que.
da destruida, al paso que la facultad del movimiento queda
entera. Si por el contrario, se corta la segunda, ó sea la
raiz anterior, las mismas partes se hallan privadas de mo
vimiento, al paso que su serisibilidad permanece tan viva
como nunca. Las dos especies de fibras que continuan cor
riendo en un solo cordon en la mayor parte de su desarro
llo, y que parecen idénticas en estructura, tienen no obs
tante funciones tan distintas como lo son la vista y el oido,
y que no podrian trocarse entre sí , así como no podemos
oir con el ojo, ni ver con el oido. El mismo nervio hubiera
podido , sin que veamos nada que se oponga á ello, estar
dotado de la doble propiedad de dar nacimiento á la sen
sacion y al movimiento (como acontece con el nervio del
gusto, que parece ser al mismo tiempo un nervio de sen
sacion ordinario); pero habria resultado una completa con
fusion en el sistema segun el cual está regulado el dolor.
Es preciso que los músculos que están destinados á producir
el movimiento estén cruzados por otros nervios motores.
Si estos últimos hubiesen tenido la facultad de escitar las
sensaciones lo mismo que causar las contracciones que nos
hacen sentar, levantarnos, andar, correr, levantar pesos,
dar golpes, etc., los tegidos interiores hubieran sido tan
sensibles como la piel, y las diversas acciones de sentarnos,
236 x
levantarnos, andar , correr, etc., habrian sido tan penosas
como una enfermedad. En el plan maravilloso de la Pros i
dencia , algunas fibras semejantes han sido revestidas de
funciones separadas; y los músculos ocultos estando abun
dantemente provistos de nervios de movimiento, al paso
que poseen un corto número de estos nervios de sensacion
que dan propiedades tan esquisitas á nuestros tegumentos
exteriores, cada órgano llena sus propias funciones sin que
en nada sufra el conjunto del sistema.
Los músculos á pesar de su sensibilidad muy inferior,
poseen no obstante una propiedad que sir Cárlos Bell llama
el sentido muscular,- sentido esencial á la ejecucion soste
nida é inteligente de un gran número de los actos mas or
dinarios de la vida.—Si cerramos los ojos, dice, todas ía po
demos decir cual es la posicion de nuestros miembros ,- por
ejemplo , si nuestro brazo está tendido ó si pende junto á
nuestro cuerpo. ?Cómo es sabedora la inteligencia de esta
circunstancia, si no tocamos ni vemos nada? Principalmente
por un sentido interno inherente á los mismos músculos,
que nos informa de su estado, nos dice donde están y lo
que hacen , cuando no existe ningun otro conducto por el
cual podamos obtener completamente este mismo conoci
miento. Los casos en que está, facultad se halla destruida
demuestra mucho mejor su utilidad. Sir Cárlos Bell me
dicó á una mujer que había perdido la accion muscular de
uno de sus brazos, conservándola en el otro ; pero si bien
este último brazo conservó la accion muscular, la sensibili
dad muscular estaba destruida , y cuando se servia de él
para sostener á su hijo cabe á su seno, no estaba tranquila
sino cuando no lo perdía de vista. Desde el momento en que
algun objeto desviaba la atencion de la madre, su brazo se
aflojaba poco á poco y el nino corría peligro de caer. Tam
bien hemos visto á un paralítico que podía llevar un vaso á
sus labios mientras lo estaba mirando ; pero si apartaba la
vista de él, siquiera por un solo instante, el vasose le caia de
la mano. En estos casos ya no hay sentido muscular que
nos haga conocer lo que hacen los músculos y regularice
su ejercicio. El conocimiento necesario no puede ya en
tonces obtenerse sino por medio de la vision , y desde el
momento en que esta via de informacion nos falta tambien,
los músculos se aflojan al punto y cesa su esfuerzo como si
no hubiese vaso ni nino para sostener. En semejante caso un ciego no p9dria hacer ningun uso de sus brazos y aun en
los que pueden ver, el sentido visual suple imperfectamente
el sentido muscular. Sumamente admirable es esta disposi don que privando ciertos tegidos de esta sensibilidad por la
cual seria causado ó trasmitido un dolor inútil, les da esa delicadeza de percepcion que pone en conocimiento de la inteligencia cualquier cambio sobrevenido en su posicion
y en su posicion exacta cuando están en reposo. (1) El principio es aparente en todos los nervios especiales de
los sentidos. Poseen el género de sensibilidad que exije el órgano particular al cual están afectos, pero están muertos
para cualquiera otra sensacion. A menosque el mismo tronco
nervioso contenga algunas fibras cuyas funciones difieran, el nervio del gusto, conforme lo hemos manifestado ya, es igualmente un nervio de sensibilidad comun. Pero no es que
sea una excepcion á la regla que quiere que la sensibilidad
tqmedmmausiceaú(nteine1dsoat)óocmnerru.PglailodMds.aoeíenqGsuleoyuylrspeaedactspneébereattlrgilsredeeueelnbotlncn,aeismldccmloaooioc,aesumirbeosótocaocsnrusuMgela,alas.latsnneesFreose.lrjnrsouveeetuiisigncormeesuisnoaonlcqcassiiua,aolnlealanumetleerlmeesesinmbvtirtutmaeoiinysdsuiaoocsamconlapuloiodcelcreemarderrCreibleenabarsboare:pelsdloolosoodtsuerol,npalBnascoedailfnliealamíceasmppnuerroqloPhetutapIsraediiilmozol.anadanleetIgnisneurciffmeonqoeoaorupsrls.oe.
esté limitada al objeto que se tiene en la presencia : á fin de
no introducir en nuestra boca sustancias demasiado calientes
ó demasiado frias para destruir las partes con las cuales de
ben ponerse en contacto, era preciso que la lengua pudiese
juzgar de la temperatura ; y para que fuéramos mas duenos
de nuestros alimentos en el acto de la masticacion , era
preciso que la lengua tuviera además la percepcion de las
superficies de los objetos. Estas propiedades debian ejercerse
conjuntamente con el gusto; y ya sea que el gusto y el tacto
se ejerzan por un solo nervio, ya que los nervios del tacto
y del gusto sean unas fibras distintas unidas en un solo cor
don nervioso, el hecho queda siempre el mismo. Las dos
sensaciones existen en el mismo punto, porque ambas son
necesarias para el placer y el bienestar del hombre.
El nervio olfactorio no es susceptible, ni de producir mo
vimiento , ni esperimentar el dolor comun. Aunque tenga
próximos á él algunos nervios de sensibilidad ordinaria, que
se escitan por medio de ciertas aplicaciones irritantes tales
como el tabaco en polvo y por diferentes causas que afectan
la piel, el nervio del olfato percibe los olores y nada mas
que los olores. De la misma manera , el nervio del oido
únicamente sirve para la audicion y el de la vision, á escep
cion de estar interesado en ciertos movimientos musculares,
solo puede ver. Una sustancia puede ser de tal naturaleza
que se relacione á mas de uno de nuestros sentidos, como
el alimento que es agradable á nuestro paladar y que puede
igualmente alhagar el olfato ; pero no por esto podrá ser
gustado por el paladar y percibido al propio tiempo por el
olfato. Cada sentido está limitado en su esfera particular; y
aun cuando un solo objeto los pusiera á todos en accion si
multáneamente , cada uno de ellos, fiel á sí mismo , daría
una respuesta diferente. Hay todavía mas. Responderán
todos á un mismo estirnalante que no se parece en modo
alguno al que fueron adaptados originariamente ; pero por
mas que el estimulante vare, el sentido no se apartará de
sus funciones regulares. Asi es que si una débil corriente de
aire se dirije por ejemplo á la lengua, ocasionará un gusto
parecido al del salitre; si se irrita el nervio del oído, dará la
sensacion del sonido ; la retina que es la dilatacion del ner- •
vio de la vision , cuando es herida como en la operacion de
la catarata, por depresion, esperimentamos la sensacion que
produciria una chispa. « Un oficial, dice el autor antes ci
tado , que fué herido en un hueso del semblante, por un
arma de fuego, sintió como si un rayo hubiese pasado por
delante de su vista, acompanado de un ruido semejante al
que producirla la puerta de un grande edificio en el acto de
cerrarse.» Un punetazo producirá efectos análogos si bien
en menor grado. Una acumulacion de sangre en los vasos capilares de los diferentes nervios pondria en movimiento á
todos los sentidos. « Esta sola causa, dice el doctor Kirkes
en su escelente Manual de Fisiología, produce en la retina,
aunque los ojos estén cerrados, la sensacion de la luz ; en
el nervio auditivo, la sensacion de zumbidoy de vibracion ;
en los nervios del olfato, la sensacion de los olores ; en los
nervios del tacto, la sensacion del dolor.»
No debe sorprendernos que oigamos muchas veces algu
nos sonidos cuando todo está en reposo, que veamos apa
riencias luminosas cuando no hay luz, puesto que la exi
tacion de los nervios por la punzada de un alfiler ó por
una congestion sanguínea, es mas que suficiente para pro
ducir este efecto. La simple presion del dedo en el globo
del ojo hará aparecer todos los colores del arco iris. En
medio de esta insensibilidad de los nervios de los senti
dos especiales á toda otra sensacion que no sea la que es propia á las funciones de cada uno de ellos, poseen además
)§ 231
una sensibilidad protectora que les pertenece peculiarmente
y que obtiené su objeto tan eficazmente como la de la piel.
La nariz solo con molestia sufre los malos olores y nos ad
vierte que evitemos su danosa influencia. ún solo órgano,
de una estension limitada,sirve tambien para garantizar to
do el cuerpo de toda una clase de males. !Cuán inútil, into
lerable, fatal quizás, hubiese sido esta propiedad, si hu
biera estado esparcida por todos los tegumentos exteriores
y cada poro de la piel hubiese sido igualmente sensible á los
malos olores y á las heridas ó quemaduras! El nervio óp
tico no puede soportar una luz demasiada viva : el ojo está
protegido contra las lesiones por los huesos del cráneo y
por la susceptibilidad delicada de su cubierta ; pero el ner
vio óptico obviando unos males contra los cuales no existe
otra defensa, se guarda el mismo contra un esceso ee luz.
lié aquí en que términos se expresa Sir Cárlos Bell á
propósito de la naturaleza particular de la sensibilidad que
proteje la cubierta del ojo : « Si esta cubierta se toca tan li
geramente como podria serio por las barbas de una ligerí
sima pluma, los músculos sufren al punto unos espasmos
irresistibles; pero si el oculista pasa algo fuertemente la
yema del dedo entre los párpados, de modo que se ejerza
una presion directa sobre el mismo ojo, logra asi conservar
el ojo inmóvil para la operacion que desea practicar, sin
producir apenas sensacion y absolutamente ningun dolor.
Este procedimiento encierra uno de los pequenos secretos
de su arte; y no obstante causa admiracion que pueda obrar
asi sin causar el menor sufrimiento, cuando es sabido por
experiencia que un simple grano de arena basta para cau
sar vivos sufrimientos.» Se trata pues de saber porque las
membranas son tan sensibles al contacto mas ligero y rela
tivamente indiferentes al contacto mas rudo. El citado pro
fesor ha resuelto perfectamente el problema. Innumerables
pequenas moléculas flotan en el aire y vienen á colocarse
sobre el ojo ó se introducen debajo del párpado. A causa de
la suma sensibilidad de la superficie de este órgano, estos
cuerpos estranos contribuyen por sí mismos á suexpulsion;
porque provocan lágrimas y un pestaneo que limpian el
globo del ojo de toda impureza. Esta accion continua du
rante todo el tiempo que estamos despiertos, y asi en este
como en otros casos, la combinacion y su objeto no se nos
revelan sino por las consecuencias deplorables que resultan
de la extincion de la facultad. El nervio de la cubierta del
ojo está algunas veces danado y cesa de ser sensible al polvo
que se adhiere al mismo globo del ojo. Entonces el párpado
no es escitado para pestanear, ni las lágrimas para correr.
Los corpúsculos depositados en el ojo cesan de causar dolor;
su permanencia prolongada ocasiona en él una inflamacion
y esta inflamacion tiene por efecto hacer opaca la cubierta
trasparente que atraviesa la luz. La ceguera es el resultadd
de este estado de cosas, por manera que la propia vista de
pende de la extrema irritabilidad de la membrana exterior.
Hé aquí porque es mas sensible á un ligero contacto que á
un contacto mas fuerte. Los tiernos y delicados tejidos que
forman el ojo, no pueden ser preservados de la violencia sino
por las mismas precauciones que empleamos para la segu
ridad del resto del sistema ; pero una medida particular era
necesaria para neutralizar las importunas consecuencias de
la accion de esos millares de fuerzas destructivas harto nu
merosas para poder evitarse, y sobrado pequenas para po
der ser vistas. Este sentido no obstante está adaptado tan
maravillosamente á su objeto que ignoramos la presencia
del estimulante que pone en movimiento el mecanismo y
hasta el mismo movimiento de este mecanismo; no sen-,
timos ni los objetos que entran en nuestro ojo ni nos
apercibimos del pestaneo y de las lágrimas que provocan.
Unicamente cuando se trata de sustancias mas volumi
nosas que de ordinario, es cuando empieza el dolor que
nos advierte que nos desembarazemos por otros medios
del cuerpo estrano que la accion ordinaria del aparato no
basta para poder expulsar. El movimiento del párpado,
verdad es, que tambien puede verificarse voluntariamente ;
pero la inteligencia no sabria protejer su entrada principal
ni encargarse de una funcion que, aun cuando fuera inhe
rente al nervio danado, se ejecutaba de un modo tan ince
sante, tan seguro é imperceptible.
Causa sorpresa el considerar el número y complicacion
de las operaciones involuntarias que se ejecutan asi en el
cuerpo y que son indispensables á su vida. El corazon no
cesa de dilatarse y contraerse, los pulmones de respirar, el
estómago de digerir, las glándulas de segregar ; todas estas
operaciones químicas y mecánicas se verifican tan tranqui
lamente, tan naturalmente, que ni turban el sueno ni el
sueno las interrumpe. Si el sistema vital hubiese dependido
de una vigilancia del espíritu, nuestra atencion no habria po
dido distraerse siquiera un minuto, todos nuestros cuidados
hubieran debido concentrarse en la marcha de las funciones
de nuestros órganos corporales y á pesar de esto, toda nuestra
atencion hubiera sido insuficiente. La misma perfeccion del
mecanismo lo oculta á menudo á nuestra observacion.
!Cuán pocas personas habrán imaginado que serian com
pletamente ciegas si la membrana de sus ojos no hubiese
estado dotada de una propiedad que los exita constante
mente á pestanear! (1)
(I) Todos los individuos no están dotados de sensibilidad nerviosa en el
mismo grado ; y hasta hay razas menos sensibles que otras y segun el
viajero Palgrave , los árabes no son una raza nerviosa, por manera que los
enfermos sufren los males con gran calma y paciencia y hasta con impasi
bilidad el empleo del cáustico y del bisturí.
238 IC
La divina comedia.
por Dante
EL PARÁIS°. (1)
CANTOS DE I Á VI.
Sommario.
Tratta ji nostro Poeta in questo canto, come egli ascese verso
il primo cielo ; ed essendogli nati alcuni dubbj , essi gli furono da
Beatrice dichiarati.— Sale it nostro Poeta nel corpo della Luna,
dove, come fu giunto, mueve a Beatrice un dublio; e questo é interno
alta cagione delle ombre che dalla Terra in essa si veg.,orio : ji qual
dubbio ella gli risolve plenamente.—In questo terzo canto pone
Dante, che nel eerchio della Luna si troyano I' anima di quella donne
che han fatto voto e profession di verginitá e religione , tna che vio
lentetnente ?I' eran() state tratte fuori ; delle quali gil vien dato con
tezza da Picearda , sorella di Forese. — Stando Dance nel mede
simo cielo, da Beatrice due veritá gli si manifestano: 1' una del luogo
de' beati , 1' altra della volontá mista e del!' assoluta. Ei propone
una terza questione, la cuate é del \rato, se per quello si puó satis
faro. — Solve ji dubbio d' intorno a' voti , mosso nel canto di sopra;
poi sale al secondo cielo, cha e que' di Mercurio, dove trova infinite
anime, una delle quali segil offerisce a soddisfare ad ogni sua diman
da.— L' ánima offertasi a Dante di soddisfare alle di lui dimande,
dirnostra essere Giustiniano Imperadore , e racontagli . le sue azioni,
e come egli corresse e riformó le leggi.
CANTO I.
La gloria di Colui che tutto mueve,
Per l' universo penetra, e risplende
In una parte piu, e meno altrove.
Nel ciel che piii , della sua luce prende
Fu' io, e vidi cose che ridire
Né sa né pub qual di lassii diseende ;
Perché appressando sé al suo disire ,
Nostro intelletto si profonda tanto,
Che retro la memoria non pub ire.
Verarnente quant' io del regno santo
Nella mia mente potei far tessoro ,
Sará ora materia del mio canto.
O bueno Apollo , ah' ultimo lavoro
Fammi del tuo valor si fatto vaso,
Come dimandi a dar l' amato alloro.
Infino a qui l' un giogo di Parnasso
Assai mi fu ; ma or con amendue
é uopo entrar nell' aringo rimase.
Entra nel petto mio, e spira túe
Si come guando Marsia traesti
Della vagina delle membra sue.
Sumario.
Dante , .despues de la accion de gracias al genio de la Poesía que
lo elevó gradualmente hasta la contetnplacion de las cosas divinas,
refiere como guiado por Beatriz, ó la Teología, pudo desde el
Paraíso terrestre remontarse al cielo. — Dante penetra con Beatriz
en el cuerpo de la.Luna , primera esfera.— Accion de gracias á
Dios. — Beatriz esplica al poeta la causa de las manchas que se ven
en la Luna.— El poeta encuentra en la Luna las almas de aquellas
que, habiendo incito voto de virginidad, fueron obligadas por la
violencia á faltar á su voto.— Piccarda hermana de Foresio, manifies
ta á Dante que todos los Bienaventurados se contentan con el grado
de gloria; y luego la regla de la órden religiosa que ella y Constancia,
hija del rey Rojero , habian abrazado en la tierra. — Segun los co
mentadores, Dante elijió la Luna por morada de la virginidad, porque
siendo este planeta muy frio dispone á las almas para la castidad.
Además, ya se sabe que en la antigüedad, Diana ó la Luna era la
diosa de la virginidad.—Signe Dante en el planeta de la Luna.
Beatriz le revela allí dos verdades: la primera, respecto de la mo
rada de los Bienaventurados ; la segunda se refiere á la diferencia que
hay entre la voluntad mixta y la voluntad absoluta. — El poeta pre
gunta á su guia si hay un medio para reparar los votos que no han sido
cumplidos. —Queriendo Beatriz resolver la duda expuesta por Dante
en el canto precedente sobre la esencia del voto, le indica el medio,
para atender á los votos que no han sido cumplidos.— Luego suben
al segundo cielo en el planeta de Mercurio. Un número infinito
de almas bienaventuradas se dirigen hácia el poeta , y una de ellas
le propone contestar á todas sus preguntas, — El Espíritu que ha
bia propuesto á Dante contestar á todas sus preguntas , declara sér
el emperador Justiniano, refiriendo luego todas las glorias del Águila
romana. Moran en Mercurio las almas que por sus bellas acciones
supieron elevarse á la gloria. —Allí brilla la luz de Romeo, mi
nistro de Raimundo Berenguer,, conde de Provenza.
CANTO I.
La gloria de aquel que lo impulsa todo (2) penetra en el universo, mostrándose en una parte mas esplendente que
en otra.
Estuve en el cielo que recibe mas plenamente su luz, y
en él vi cosas que ni sabe ni puede referir el cine desciende
de lo alto (3); porque á medida que nuestra inteligencia se
acerca al objeto de su deseo, penetra tan profundamente en él, que le es á la memoria el retroceder de todo punto im posible.
Con todo las bellezas del santo reino que he podido ateso
rar en mi espíritu, serán en lo sucesivo objeto de mi canto. 10h buen Apolo ! haz de mi para esta última obra un
vqauseorildleon. o de tu poder, tal cual tu lo pides para tu lauro
(1) El poeta dió al infierno la forma de un embuCo inmenso , ffeaMioltjnraeaasdrlc,mioduéarolyioaspP,ceoreVirlmaéSBnneazreut-aaasMnt,r;áio.ezalvllio, lSPs;poueylcr,nigéeeMalltotrEoasa.rrmrtiáEeop,lílDrJPaeúaaofnpr.oatieritsmeorsa,uccSodenaesttiuevunrnandmorná,eonldnatiteeee.zs, áfeedsrefsaesadrdbaeeesrc,lau:esynLaElaaecsnsutLrmecquulbunlyareaoes,,
He((c23t))hoSQmtuaibonniiliilasomqquuerla.mp(taCunsoerenisnstthdin.atstpcta.u)rnaedtiasumm'eveetri.au(Bdoiveictioa.r)cana verba que non
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Abeja, La. No. 5 (1 enero 1866), p. 199-238 |
| Descripció | Informació addicional del títol: revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Títol addicional | Revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1866 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Librería de D. Juan Oliveres, [1862-1870], No. 1 (1 enero 1862)-No. 3 (1 enero 1964) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1056597~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Ateneu Barcelonès". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 8 bits |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | 06_No. 5 (1 enero 1866), p. 227-238 |
| Transcript | >2 227 I< r. Costumbres y usos de los moros de Argel, SU ESTADO CIVIL, CASAMIENTOS Y TRAGES. Siendo el Coran la ley civil y la religiosa, sirve de norma á la vida de los musulmanes, y no habiendo prescrito nada relativamente al modo de restablecer los derechos y deberes de los ciudadanos, resulta que no existe entre los mahome tanos nada que pueda indicar legalmente su estado civil, su nacimiento ó su muerte. No solo la legislacion no ha previsto nada, sino que existe entre los hombres de la raza musulmana, una invencible repugnancia, fundada en parte en escrúpulos religiosos, en facilitar elementos propios para suplir este olvido de la ley. Todo lo que tiene relacion con la vida interior, con la re produccion , fuera del hogar doméstico, del nombre de la muger y los detalles de su existencia, les parece una lo cura y casi un sacrilegio. Incapaces de concebir la utilidad posible de los actos civiles de nuestra estadística , no ven en los medios de es tablecerlos mas que una necia vanidad Ó una odiosa fiscali zacion. Así es que no hay que admirarse de que ningun árabe sepa suedad. Si se le 111, apura en este punto, procura evocar sus recuerdos, y respon de que nació en. la ministracion francesa en establecer ó no la identidad de los individuos de la nacion árabe. Los nombres de artes ti oficios les quedan siempre como apodo á los descendientes; por ejemplo Mustafa el-nedchar, es decir, Mustafa el ebanista ; Hamet.el-alar,, es decir, Ha. met el especiero. Pero el encontrar en los mismos oficios ó profesiones individuos del mismo nombre es tan comun, que lejos de facilitar la identidad ó de guiar en la indaga cion , no hace mas que aumentar la confusion. Los casamientos en Argel se efectuan desde la edad de 15 anos en los varones, y en las hembras desde 11 á 12. El casamiento entre los moros es una especie de merca do, que se concluye sin participacion de los interesados, entre el padre de la novia y el del jóven que quiere casarse, Desde el momento que se fija el precio, y que la mitad de la cantidad conve nida ha sido depo sitada, se procede á la ceremonia del casamiento. En la manana del dia de la boda, la música de la ciu dad ,q ue consiste co munmente en una dulzaina y un tam boril, se dirije á dar una serenata á los 1m ,época de tal suce so. Por ejemplo, los hombres indígenas de la generacion ac tual, dirán que na cieron en el ario de la entrada de los fran ceses en Argel'; pero no podrán fijar el dia , lo que por lo demás les importa poco. Esta falta de medios de hacer constar el estado civil , es una de las causas que han contribuido mas á la necesidad de la apelacion de testigos individuales, cuyo abuso en todo pais de creencias musulmanas es tan frecuente y es candaloso. Se ha dicho, y aun impreso, que á defecto de actas regu lares , la época del nacimiento se establece por la circunci sion ; pero esto es un grave error, y basta para convencerse de ello reflexionar, que casi en ninguna parte, y en Argel mismo, esta operacion se efectua antes de los siete anos. Además de que nadie entre los árabes toma fecha de la cir cuncision. Se ha incurrido en este error por la falsa seme janza que se ha creido sin duda hallar entre y uestra cere monia del bautismo y de la circuncision. No obstante, todo musulman tiene un nombre propio, al cual agrega el de su familia ; por ejemplo : Mohamet ben Omar,, es decir, Mohaniet , hijo de alzar; Aicha ben Kadur es decir, A cha hija de Kadur ; Flissa Zudcha Ismail, es decir, Fllssa muger de Ismail. Pero la terminacion de estos nombres es tan poco numerosa , su homónimo es tan gran de, que hay casi siempre una gran dificultad Para la ad 11 116:41, Vista de Argel. futuros esposos. Por la noche, los pa rientes del. marido, los de la muger, y algunos amigos ín timos se reunen en el domicilio de la desposada, en don de los espera un convite. Al levantarse de la mesa, los dos parientes mas allegados van á buscarla á su cuarto, y to mándola cada una por una mano, la conducen á la casa del novio, acompanada de los demás asistentes. Llegados á casa del esposo, todos los hombres se retiran á excepcion del padre ó hermanos de la desposada , cuya entrada es saludada con los gritos de lú ! hit que las mugeres repiten en coro. Despues de esta manifestacion de alegria general, condu cen la víctima al altar, es decir, á la habitacion nupcial donde la espera el futuro esposo. A su vista, este se levanta, la tiende la mano y la hace sentar á su izquierda. Este es el momento decisivo, porque los esposos no se han visto ni conocido hasta entonces. La futura se levanta el velo, y si la muchacha no es acep table, el desposado se retira al momento, no sin gran des-. pecho y disgusto por parte de la novia, que tiene que con tentarse con oir toda la noche una insípida música, y un diluvio de cumplidos y de pésames de los convidados que esperan en una habitacion próxima. Semejante desgracia puede ocurrir tambien al novio, porque los derechos de desistimiento son recíprocos. Si al contrario las partes se eunvienen, una muger, •)§ 228 K r«Machsla» encargada del vestido de las casadas, da de be ber en el hueco de su mano , algunas sorbos de agua los esposos. Estos se ofrecen mútuamente, por el mismo medio, igual libacion , y en seguida re pone cada uno á su vez un poco de azúcar en la boca , quedando terminada así la ce remonia. Entonces el marido se levanta, distribuye regalos á todos, y saludando á los concurrentes besa los tapices de la habi tacion. Despues se quedan solos los consortes, y cerrada la puerta, se preguntan recíprocamente sus nombres y se hacen rega los que consisten ordinariamente, por parte del esposo, en alguna alhaja de valor , y de la esposa en vestidos y ropa blanca. La funcion continua toda la noche, hasta que se 'levantan los recien casados, que á su aparicion son acogidos de nuevo con los gritos de lú lú ! lút de la asamblea en todos los to nos posibles; despues continuan las fiestas por espacio de muchos dias , segun la posicion y fortuna de los esposos. En general las mugeres son tratadas con muy poco mi ramiento por los argelinos. Consideran las deferencias de los europeos por el sexo hermoso, como una infraccion de la ley natural > que asigna la preeminencia al hombre sobre la muger. Así en este pais no son consideradas las esposas mas que como criadas de una clase superior, y soportan to das las cargas que son consiguientes á ella. Muchas personas están en la creencia de que los moros SOD hoMbres de color moreno, y se equivocan ; tienen por el contrario , el color mas blanco que la mayor parte de los espanoles. Si se ven algunos de color bronceado, son los que son hijos de blanco y negra 6 de árabe. Los kuluglis, hijo de turco y de mora, son en general her mosísimos. Por lo regular los ninos son bonitos, y llevan en su afeitada cabeza un casquete encarnado con borla azul, no poniéndose el turbante hasta la edad viril. Los ninos de uno y otro sexo los llevan desnudos hasta la edad de 7 á 8 anos, edad en que los cubren de alguna ro pa; duermen sobre paja , heno ú hojas secas. Todo el tiempo que se amamantan , la madre cuando va al trabajo los lleva en una cesta á la espalda, y les presenta el pecho por encima del hombro. Ordinariamente los ninos son muy robustos, y empiezan á andar muy pronto. El vestido de los moros se compone de una camisa de mangas muy largas y anchas, de dos chalecos, de una cha queta, de dos calzones, de una faja, de dos casquetes uno • blanco y otro encarnado, y de un turbante. En verano usan un albornoz de lana blanca echado con poco esmero sobre el hombro derecho, En invierno usan un capote con mangas y capucha. . El turbante , que consiste en una tira de tela larga y es trecha , de seda 6 de muselina , se arrolla al rededor del doble casquete, y la disposicion de los pliegues, como la diferencia del tejido, distingue las varias clases. Las fajas son de lana , artísticamente trabajadas, y dan varias vuel tas al cuerpo , uno de los estrenaos está dispuesto de modo que puede servir de bolsa. Los árabes, como los turcos, sus penden su punal de la faja, y los escribientes su tintero. Por lo general sus trajes se realzan con dibujos de pasa maneria , adornados con botoncitos de buen gusto. Pocos moros hacen ralo de las rrldias; en invierno, sin embargo, muchos usan calcetines de lana 6 algodon , con sus zapatos de forma ancha y redonda ; pero los indígenas de clase baja, como Mozos de cordel etc., van descalzos. Las mugeres de los árabes , distinguidas por su clase, llevan camisas de gaza muy fina, calzones como los hom, bres , y una especie de justillo que llega á la altura del so-. baco, termi.lando en punta por ambos lados, y que abro chan eón un botoncito debajo del pecho. Por encima de este justillo se ponen un vestido de color que cae hasta me dia pierna , y cuyas mangasson anchísimas. Cuando salen , se ponen por encima de los calzones , un pantalon ancho á la turca , de tela de algodon blanco, usan medías , y calzan zapatos al estilo moro. Un jaique de tela clara muy fina las cubre todo el cuerpo: se tapan !a cara hasta por debajo de los ojos con un pedazo de tela blanca, y se envuelven con un gran velo blanco que cae tambien hasta media pierna , para evitar toda mirada profana , por que en su opinion , una mujer que saliese á la calle sin es tas precauciones seria mancillada. Los días de fiesta asisten á reuniones donde, por respeto no concurren mas que mujeres : llevan las camisas de gaza ó de seda ribeteadas de cintas de color azul 6 encarnado , y las mangas rpecho bordados de lentejuelas de oro ó plata. Se ponen alrededor de la frente , en forma de diadema, una cinta cubierta de diamantes: los pendientes son tam bien de brillantes, y su cuello adornado con varios collares de oro y perlas: usan en los brazos y piernas brazaletes del mismo metal , y en los piés chinelas bordadas de oro 6 plata. Las mujeres de los árabes menos acomodados, llevan un traje casi semejante ; pero en lugar de ser de seda es de la- • na. Sus cabellos los llevan entrelazados con una especie de rosarios de ambar ó de coral ; tarnbien los usan mucho pa ra el cuello. El colorete está en gran uso entre las mujeres, el cual lo componen ellas mismas, y se pintan las unas, la cara , las cejas, y aun se dibujan flores en el rostro, hojas de laurel ó de mirto. Antes de la entrada de los franceses en Argel, las moras usaban casi todas grandes salinas, especie de gorra de forma cónica semejante á la de los mágicos, inclinadas hácia atrás; pero han abandonado este adorno á las ancianas y á las jó venes judías recien casadas. Estas salinas son de un metal ligero, por lo comun de plata y á veces de oro, pero delicadamente trabajadas for mando calados. Su peso es insignificante, aunque su altu ra es prodigiosa ; las .hay que tienen mas de una vara de alto. Este estrailb adorno de cabeza se cubre con un velo blanco que cae por la cintura y concluye por hacerlas de formes , quitándoles la gracia propia de una muger. En las grandes solemnidades las salmo se cubren de alhajas y pe drerías de gran valor. Los árabes generalmente madrugan mucho, y empiezan el dia con sus devociones; van luego á sus negocios hasta las d:ez , que es la hora de comer, y en seguida vuelven á sus ocupaciones hasta el momento de los rezos despues de medio dia , durante los cuales queda suspendido todo tra bajo y cerradas las tiendas. Un tercer rezo 6 plegaria tiene lugar al ponerse el sol; cenan y se acuestan desde que es de noche, despues de un cuarto rezo. El arte de cocina es desconocido en la Argelia. Los ára bes, á quienes el cerdo está prohibido, se mantienen de la carne de buey y carnero salada ; los demás alimentos con sisten en alcuzeúz , especie de sémola muy gruesa, cocido, verduras frescas y legumbres secas, todo compuesto con aceite y muy cargado de especies; frutas, tales como la gra nada , naranja é higos chumbos. No beben mas que agua ; pero les gustan mucho los licores , los pastelillos y almíba - res, á que son muy aficionados; los perfuman con esencia de rosa. )1 229 g< Los moros con:en en familia, sentados en esteras de jun co groseramente hechas, alrededor de una mesa redonda y sumamente baja ; allí no se ve ningun preparativo , nada de lujo ; no figura mas que una gran fuente en la cual cada Pilo mete su cuchara. El pan es mal amasado, con harina poco cernida ; las mujeres de la familia son las encargadas de su con feccion. Los árabes son generalmente muy sóbrios; tres cuartos de aceite y tres de pan, bastan al dia para mantener á un árabe. Los moros son naturalmente perezosos. La mayor parte de ellos se avergonzarian de ejercer un oficio ó profesion cualquiera. Los ricos y gentes ociosas, se reunen en gran número en' las tiendas de barberos, en los cafés y bazares, en donde pasan el día hablando, jugando y fumando en pipa. No co nocen losplaceres domé licos y la dulce intimidad entre las familias; lo que les gusta en estremo son los caballos; á es tos animales prodigan sus cuidados , y en ellos hacen con sistir su mayor lujo: son escelentes ginetes y se les vé en las corridas de caballos, (fantazía ,) ir á todo escape cargan do y haciendo fuego con sus largos fusiles, y hasta cojer del suelo las baquetas que se les caen. La caza es tambien uno de los placeres de los indígenas, y tienen particular aficion á la de los pájaros. Biografía. RUBENS. Vivía en Amberes por los anos de 1577, una famtlia noble , aunque no muy rica. Era el gefe y cabeza de ella Juan Rubens , hombre de bastantes estudios y talento, que había desempenado altos puestos debidos á la confianza de sus conciudadanos. Llamábase su esposa María Pypeling; y ambos consortes vivían en la ma yor paz y tranquilidad, queridos y respetados de todos, dedicando sus cuidados á la educacion de seis hijos que les habia dado el cielo ; y esperando por instantes la venida al mundo de otro, en la época á que nos referimos. El nacimiento de este nuevo nino se hizo notable por la cir cunstancia de hallarse de hués ped en la casa de Rubens, el des graciado Torcuato Tasso. Juan Rubens, luego que nació él nino, se lo presentó al célebre poeta, rogándole al mismo tiempo fuese su padrino en union con su her mana Cornelia que lo acompana ba. El Tasso no pudo acceder á este deseo, pues siéndole impo sible resistir por mas tiempo al que él tenia de volver á Ita lia , se puso en camino antes del día fijado para la ceremo nia. Entonces el príncipe de Chimay se ofreció á tener el nino en las fuentes bautismales, sirviendo de madrina la esclarecida senora condesa de Lalain.. Púsosele al nino los nombres de Pedro Pallo. Desde su mas tierna edad dió á conocer lo que habia de ser con el tiempo. A. los diez anos sabia 'el- latin , y pocos despues estaba familiarizado con el griego, italiano, fran cés, flamenco, inglés y espanol. Al ver tan brillantes ade lantos en un nino, la condesa de Lalain, no descansó un momento hasta lograr de la madre de Rubens el permiso de llevarse á su hijo de page, como así se verificó. Mas este género de vida era poco análogo á las inclina ciones del jóven Rubens, que por último, se dejó llevar de su pasion por la pintura , no obstante los medios que se emplearon para hacerle desistir de este propósito ; pues su familia quena que siguiese la carrera de las leyes. En su consecuencia estudió en Amberes los principios de dibujo con Adan Van Ort , y despues con OctavioVan Véen , que conociendo. todo el genio de su jóven discípulo , no omitió nada de cuanto podia contribuir á que se desarrollase. En efecto, viendo que nada podia ensenarle, pues no temia publicar que el discípulo aventajaba en mucho al maestro, le mandó á Italia á la edad de 23 anos, con el. fin de que se perfeccionase. El archiduque Al. berto que lo había tornado bajo su proteccion , le dió cartas de recomendacion para Venecia donde el arte de la pintura desde el tiempo de Ticiano , brillaba mas que en ninguna otra parte. En esta ciudad contrajo Rubens amistad con el célebre Miguel de Montaigne; con el cual pasó á Mantua. Desde esta ciudad pasó á Ferrara, y desde aquí volvió á Mantua para pasar á Espana á presentar á Felipe III de parte del duque Vicente de Gonzaga , una magnífica carroza con seis; sober bios caballos. Precedido de su brillante fama de pintor, Rubens recibió en la corte de Espana la acogida mas lisongera y honrosa. Su franqueza, su lealtad, su finura, la habilidad con que se condujo, unido á sujuventud, le ga naron todos los corazones; y como lupia previsto el duque de Mantua salió adelante con su intento. El duque de Ler. ma particularmente, le cobró grande aficion. Dice un historiador que «introducido Rubens á la ati »diencia del Rey de Espana se mostró estremadamente »gracioso con S. M. Felipe III, y este soberano tusa) gran ))placer en conferenciar con el »ven enviado acerca del »objeto de su mision , de sus viages en Italia, y particular »mente de las turbulencias que agitaba todavía los Paises »Bajos.» De vuelta á Mantua Rubens fué recibido por el duque como si hubiese sido su hijo , y permaneció en su palacio durante un ario, pasado el cual solicitó de nuevo permiso para recorrer otras ciudades de Italia , á fin de estudiar lo que aun le quedaba por conocer de las obras de los maes tros célebres de otros tiempos. Vicente Gonzaga accedió, y al despedirse le echó al cuello una gruesa cadena de oro; «aunque Rubens , dice &arpone , había recibido tantis en Juan Rubens y :.su hijo. »Espana, que ya no tenia sitio para llevarlas, llevando sobre »sí alhajas por mas de veinte mil escudos de oro.» En este viage visitó á Roma, en donde asistió al triunfo y muerte del Tasso , á quien en vida habia amado y favore cido todo lo posible, trabajando no poco para restablecer su alterada salud. Con motivo de la funesta noticia de la enfermedad de su madre volvió apresuradamente á Amberes, aunque no tuvo el sensible consuelo de recibir el último suspiro de la que le habla dado el ser. La muerte de su piadosa madre le afectó de tal suerte, que por espacio de cuatro meses estuvo sin salir de la abadia de San Miguel, en cuya iglesia fué aquella enterrada. Al fin cediendo á las instancias de sus amigos , volvió á su vida de art:sta , fijándose definitiva mente en Amberes , donde se construyó un palacio , en el que recibia con frectiéncia las visitas no solo de los extran geros de distincion , sino tambien de los gobernadores de los Paises-Bajos que le trataban familiarmente , y de todos los príncipes de Europa que atravesaban por Flandes. Poco tiempo despues de su regreso á Flandes , María de Médicis informada de su raro mérito, le llamó á Paris para valerse de sus conocimientos en el adorno del famoso pala cio de Luxemburgo. Rubens quedó encargado de varios cua dros para el adorno de sus galerías, y volvió á su casa de Amberes para ejecutarlos ; pues lograba allí mas quietud que en Paris, á donde regresó para colocarlos. Encargóse entonces de la galería que tenia ideada María de Médicis, que debia representar la historia de su esposo Enrique IV. Ya tenia principiados varios de ellos cuando la desgraciada caida de la reina viuda vino á suspender aquella obra gran diosa. Vino á Espana en la comitiva del príncipe de Gales, cuando sumalogrado proyecto de casamiento con la infanta Dona María ; y escogió al príncipe muchos de los cuadros que estrajo para su pais. Aquí termina por de pronto la vida artística de Rubens para presentarse bajo otro aspecto, harto diferente y aun inconexo con el anterior: tales son las negociaciones diplo máticas de Rubens. Sus frecuentes viages artísticos, su probidad bien conocida , y la celebridad de su nombre, le hacian accesible á las personas de mas alta gerarquía, y muy á propósito para el desempeno de negociaciones secretas entre los gabinetes, que se valian de él mucho mejor por la misma razon de no tener ningun carácter diplomático, y poder encubrir sus viages con el pretesto de las artes. Deseoso el duque de Bukingham de entrar en relaciones amistosas con la Espana , se valió de Rubens para que sondease el ánimo de la infanta Dona Isabel, viuda del ar chiduque Alberto, gobernador de los Paises-Bajos, y si lo creia oportuno le indicase, sus intenciones pacíficas. Rubens que gozaba del aprecio de aquella princesa, manejó el asunto con tal acierto que mereció quele enviase á Espana á tratar directamente sobre aquel negocio, y recibir las instrucciones de la corte. Felipe IV, apasionado de los artistas, no pudo menos de admirar la discrecion y los vastos conocimientos del pintor flamenco, le condecoró con la cruz de Santiago, confiriéndole al mismo tiempo el cargo de secretario de su consejo privado. Partió enseguida para Bruselas á dar cuen ta á la infanta del éxito de su comision , y en seguida mar chó á Inglaterra para terminar el tratado de paz entablado ya por su mediacion entre ambas potencias. Verificóse este á satisfaccion de ambas partes , y el rey de Inglaterra Cár los I para demostrarle su agrado por el feliz éxito de sus negociaciones, le entregó en presencia del parlamento la espada que llevaba cenida : además le hizo caballero de la 230 órden del Bario, aumentó al escudo de armas de su familia un cuartel con un leon , y le regaló un precioso diamante que llevaba en su anillo , y un cintillo guarnecido igual mente de diamantes. No fueron menores las distinciones que recibió á su regreso á Espana, habiendo sido agraciado con la llave de oro como gentil-hombre de cámara. Colmado de favores y riquezas, regresó Rubens á su pa tria , deseoso de poner fin á sus escursiones tanto científicas como diplomáticas , para entregarse de lleno á su pasion por la pintura , á la cual le convidaba su genio , amante de la tranquilidad y de la vida sedentaria. Entonces casó en segundas nupcias con Helena Forment, una de las jóvenes mas hermosas de Amberes , de cuyo naa trimonio tuvo varios hijos , entre los que sobresalió Alber to, célebre por su honradez y sus vastos conocimientos. Tambien alcanzó del rey el que su hijo Francisco le su cediese en el cargo de secretario del consejo de Estado de los Paises-Bajos , con .que le habia honrado tambien Feli pe IV. Corria pacíficamente la vida de Rubens respetado de sus conciudadanos , admirado de los sabios é inteligentes , y rodeado de una pequena corte : de resultas de la vida se dentaria á que se habia entregado en el último tercio de su vida , le atacó la gota , que le redujo á no poder salir de casa : á pesar de eso no abandonó su ocupacion favorita de la pintura mientras tuvo espeditas las manos , y ya que no podia dedicarse á los grandes cuadros y estudiadas composi ciones, trabajaba otros menores, y retocaba sus dibujos. Algunos de ellos fueron reproducidos por los mejores gra badores de aquel tiempo, al paso que la prensa daba á luz sus principales manuscritos, entre los que llamaban mas la atencion el tratado sobre la pintura, y otro sobre la arqui tectura italiana. Llegó por fin una época en que paralizado casi entera mente tuvo que postrarse en una cama, esperando la muer te con resignacion. Acababa de recibir los sacramentos, y su familia llorosa y afligida rodeaba el lecho fúnebre. Rubens yacia sumergido en un letargo, ó en aquella es pecie de sopor que constituye el medio entre la vida y la muerte : toda la familia permanecia en un profundo silen cio, sin que se oyesen mas que algunos mal reprimidos so llozos: oyóse á poco rato en la sala inmediata el ruido de alguna persona que se aproximaba cautelosamente; el rui do de los pasos se apagaba en la alfombra, pero con todo dejaba oir el de las espuelas; todos volvieron la vista hacia el indiscreto que venia en aquel momento solemne á turbar el dolor de una familia. Era Van-Dick.... el discípulo pre dilecto, el amigo de Rubens , que venia turbado y presu roso á recoger el último suspiro de su maestro. Rubens , abrió sus párpados casi cerrados y estrechó la mano de su discípulo : poco despues falleció el dia 30 de mayo de 1640 á la edad de 75 anos. La ciudad de Amberes dió la senal mas positiva de dolor en la muerte de Rubens; las autoridades , la nobleza , el clero todos acudieron á porfía para acompanar el féretro , y el dia del funeral se colocó sobre el túmulo segun refiere cierto autor contempóraneo , un almohadon de terciopelo sobre el que se puso una corona dorada. —Las autoridades acordaron erigir un monumento á su gloria, y costear su sepulcro que frió colocado en una de las capillas del trasco ro de la iglesia parroquial de S. Juan , en donde permane ce, siendo un objeto de veneracion para los naturales, y de curiosidad para los estrangeros que no dejan de acudir 4 visitarla. >I 231 Werther. por Cortil. CARTA LIVIII. 21 de noviembre. Ella no vé ni ,conoce que prepara el veneno que nos matará á los dos, y yo bebo Con el placer mas perfecto la copa en que me presenta la muerte. ?Qué quiere decir este tono de bondad con el que me mira á menudo? (1á me nudo! no, pero algunas veces) ?el agrado con que recibe ?ulnaa ceosmprpeassioionnnadceidamidse duensgarfaeccitaos,quqeuenotapnuebdieenmsoedeprianrta?• en su rostro ? Ayer, cuando yo me retiraba, me presentó la mano, y me digo: Adios, querido Werther. !Querido Werther ! Es la primera vez que me ha dado el nombre de querido, y la alegría queme causó, penetró hasta mis huesos. Me lo repetí cien veces; y á la noche, cuando fuí á acostarme, hablaba yo solo, y de iepente me digo: —Buenas noches, querido Werther. Y no pude menos de reirme de mí mismo. CARTA LXIX. 24 de noviembre. Ella conoce cuanto yo sufro. Sus miradas me han pene trado hoy hasta lo mas profundo de mi corazon. La he hallado sola. Ya no veia en ella la interesante hermosura, ni la brillantez de su talento ; todo esto se habia disipado para mis ojos. Una mirada mas poderosa obraba sobre mí; mirada llena de espresion, del interés mas tierno, de la mas dulce compasion. ?Por qué no me he atrevido á arrojarme á sus piés ? ?Por qué no me he atrevido á abrazarla y res ponderla con mil besos? Ella recurrió á su clavicordio, y se acompanó con la mas armoniosa música, que cantó en voz baja; pero !con tanta dulzura y suavidad! Jamás sus labios me han parecido mas divinos : se dina que se abrian para recibir los melodiosos sonidos que salian del instrumento, y que su divina boca era solo un eco. !Ah ! si pudiera yo decirte todo esto como lo sentia! No he podido resistir mas tiempo : me he inclinado y he dicho con juramento: —j Jamás me arriesgaré á daros un beso, oh labios, en los que reposan los espíritus celestiales !... Y sin embargo... yo quiero... !Ah! es como una mu ralla de separacion que se ha levantado delante de mi al ma... Esta beatitud... !Y despues, cuando uno ha muerto, purgar sus pecadog!... !Pecados !... CARTA LXX. 20 de noviembre. No, jamás, jamás volveré en mí: á cualquiera parte que vaya se me aparece algo que me saca de juicio. Hoy mismo, ! oh suerte ! ! oh humanidad! A cosa del medio dia yo me paseaba por la orilla del rio y no tenia gana de comer. Todo estaba desierto y aban donado: un viento de Oeste húmedo y filo soplaba de la montana, y el valle se cubria de nubes cenicientas y lluviosas. Descubrí á lo lejos un hombre sestido con una mala chupa verde, que andaba encorbado por entre las piedras, y parecia ocupado en buscar algunas yerbas. Acer quéme á él, y como volviera la cara al ruido que yo hice al acercarme, 'mí en él una fisonomía enteramente interesante, en la que se advertia mas principalmente una tristeza pro funda ; pero en la que se descubría no obstante un alma recta y honrada. Sus cabellos estaban recogidos, los unos sobre la cabeza, formando dos bucles sostenidos con alfi leres, los otros formaban una trenza muy recia que le caia sobre las espaldas. Como todo este conjunto anunciaba un hombre comun, me pareció que no se enfadaria de que yo mirase lo que hacia, y de consiguiente le pregunté qué era lo que buscaba. —Busco flores, respondió lanzando un profundo suspiro, y no las hallo. —Tampoco es tiempo, le respondí yo riendo. j Hay tantas flores! replicó dirijiéndose hácia mí. En mi jardin hay rosas y madreselvas de dos especies. Mi pa dre me dió una de ellas: crecia como la cizana: hace ya dos dias que las busco y no puedo hallarlas. Y aun aquí fuera hay siempre flores amarillas, azules , encarnadas, y la cen taura tiene una flor muy bonita, aunque pequena. No puedo hallar ninguna. Advertí en su rostro alguna cosa como de furioso 6 es pantado, y tomando un rodeo, le pregunté qué era lo que quena hacer de aquellas flores. Su cara se encogió enton ces enteramente con una sonrisa singular y convulsiva. — Si me guardárais secreto, dijo poniéndose un dedo en la boca , os contaria que he prometido un ramillete á mi dama. —Muy bien hecho. ! Oh! ella tiene muchas otras cosas. Es rica. — Y sin embargo, ?hace mucho caso de vuestro rami llete? — !Oh tiene muchas alhajas, y una corona. —?Cómo se llama? —Si los estados generales quisieran pagarme, seria yo enteramente diferente de lo que soy. !Sí, hubo un tiempo en que yo estaba tan contento! Pero en el dia todo se acabó para mí; y soy... Lo demás lo esplicó con una mirada de enternecimiento que echó hácia el cielo. —,Erais, pues , feliz ? — ! Aun querria serlo del mismo modo Estaba yo en tonces tan alegre, tan contento, tan ligero como los peces en el agua. —Enrique, gritó una buena vieja que venia hácia noso tros, Enrique, ?dónde te has escondido ? Por todas partes te hemos buscado. Ven á comer. —?Es este vuestro hijo? la pregunté acercándome á ella. —Si senor, es mi pobre hijo, respondió. Dios me ha dado una cruz bien pesada. —?Cuánto tiempo hace que se halla de este modo? — Hace solo seis meses que está sosegado. Doy gracias á Dios de que el mal no haya sido mayor. Poco antes tuvo un frenesí, que duró un ano entero, y entonces estuvo á la cadena en el„hospital de los locos. Ahora no hace mal á nadie , y solo se ocupa en asuntos de reyes y emperadores. Era un jóven de un carácter suave y sosegado, que me ayu daba á ganar la vida, pues tenia muy buena forma de letra. Pero de repente se volvió triste y pensativo, cayó malo de una calentura ardiente, y luego en el delirio, segun lo veis ahora. Si se os hubiese de contar, senor.— )1 232 t< Detuve entonces el torrente de su narracion, preguntán •ola cual era el tiempo de que tanto hablaba, y en el que estaba tan feliz y tan contento. —; Pobre insensato ! me dijo la vieja con una sonrisa de compasion, quiere hablar del tiempo en que estaba fuera de juicio, y á el que siempre está alabando. Es el tiempo que ha pasado encerrado en las gavias , cuando estaba en teramente fuera de sí Estas palabras produjeron en mí el mismo efecto que un rayo; dila algunas monedas, y me alejé de allí á paso apre surado. ! Dónde era feliz! me decia yo marchando de priesa hácia el pueblo, !dónde estabas contento como el pez en el agua! ! Infeliz! Y mientras que yo envidio la locura, el desórden de sentidos en que te consumes, tú sales lleno de esperanza para coger flores para tu reina !... ;en medio del invier no!... ! y tú te afliges porque no las encuentras ! ; y no sabes porque no las hallas! Y yo... y yo salgo sin esperanza, sin fin alguno, y vuelvo á mi casa cono silí... ! Tú te figu ras lo que serias si los estados generales te pagasen ! !Feliz criatura que puedes atribuir la privacion de tu felicidad á un obstáculo terrestre! !Tú no conoces, no, tú no conoces que tu miseria nace de la turbacion de tus sentidos, del de sórden de tu cabeza, del cual no podrán libertarte los reyes de la tierra! !Qué muera desesperado aquel que se rie de un enfermo que hace un viage largo para ir á buscar aguas minerales que están muy distantes, y cuyo efecto será el de aumentar su enfermedad, y de hacer mas doloroso el fin de su vida, qué crítica á el hombre cuyo corazon está lleno de remor dimientos, y el cual por libertarse, y por poner fin á los tormentos de su alma, emprende el viage á el Santo Se pulcro! Cada paso que da en el camino, es un rayo de con suelo para su alma oprimida, y cada dia se acuesta sintién dose aliviado de una parte del peso que le oprime... !Y vo sotros llamais á esto suenos ó locuras; vosotros, habladores, que estais blandamente acostados sobre ricos almoadones.! ! Locuras !... !Oh, Dios!, tú ves mis lágrimas... ? Era ne cesario, despues de haber formado á el hombre tan pobre, darle hermanos que le roban aun en medio de su pobreza, y le quitan la confianza que tiene en tí, en tí, que amas todas las criaturas? En efecto, su confianza en una raiz sa ludable, en las lágrimas de la vida , ?qué otra cosa es sino la confianza en tí, que has puesto en todo lo que nos rodea la curacion y el alivio que á cada instante necesitamos ? !Oh, padre que no conozco ; padre que en otro tiempo llenabas mi alma toda entera , y que ahora has apartado tu rostro de mí! Llámame hácia ti: no guardes por mas tiempo el silencio; mi alma sedienta no podrá sostenerme... Y un hombre, un padre podrá enfadarse de que su hijo, á quien no aguardaba , se arroje á sus brazos esclamando: —Vedme ya de vuelta, padre mio : no os enfadeis si in terrumpo un viaje que yo debía soportar mucho mas tiempo aun para obedeceros. El mundo es por todas partes el mis mo: por todas partes penas y trabajos, recompensa y place res; pero ?qué me importa todo esto? No estoy bien sino don de vos estais ; quiero sufrir y gozar en vuestra presencia... Y tú , padre celeste, ? podrás alejar de tí á tu hijo ? CARTA IXXI. 1.° de diciembre. Guillermo, el hombre de quien te he hablado, el ven turoso infeliz, era secretario del padre de Carlota ; y una pasion desgraciada que sintió por ella, que conservó secre tamente hasta que no pudo menos de. descubrirla , lo cual fué causa de que lo echasen de la casa , le ha vuelto loco. Siente, si puedes, siente por estas palabras llenas de indi ferencia, el furor que habrá producido en mí esta historia, cuando Alberto me la ha contado con la misma indiferen cia que tu tal vez la estarás leyendo. CARTA LXX1I. de diciembre. Te pido perdon , amigo mio.., yo me hallo reducido á la mayor estremidad. No puedo sufrir mis tiempo. Yo estaba sentado á su lado, cuando ella tocaba diversas sonatas en el clavicordio con la mayor espresion. Todo, todo... ?qué diré? Su hermanita componia su muneca sobre mis rodillas. Mis ojos se arrasaron en lágrimas. Bajéme un poco, y ví su anillo de novia : entonces mis lágrimas no se pudieron detener... De repente pasó á aquella sonata antigua, cuya dulce me lodía tiene algo de celestial ; y de repente sentí mi alma penetrada de un sentimiento de consuelo, y de la memoria de todo lo pasado, de todos los instantes melancólicos llenos de dolor , de todas mis esperanzas desvanecidas; y entonces... Yo iba y venia por el cuarto : todo era un peso que ahogaba mi corazon. — En nombre de Dios, le dije con la mas viva espresion, en nombre de Dios os pido que lo dejeis. Dejó de tocar y me miró con la mayor atencion. — Werther, me dijo con una sonrisa que me penetró el alma , Werther , estais muy malo, vuestros manjares fa voritos os repugnan. Idos, os pido que os sosegueis. Me arranqué, por decirlo así, de su lado, ! Oh, Dios mio 1 tú ves mi miseria, y tú pondrás fin á ella. Excerpta. La perversidad hace el mal ; la debilidad lo consiente ; la igno rancia lo aplaude. J. 13. SAY. La humildad es el mejor preservativo contra las humillaciones. El deseo y la esperanza son telescopios de largo alcance y gran ** potencia ; pero sus cristales son enganosos. El estúpitio es un necio que calla, .y bajo este concepto es mas tolerable que el necio que habla.. $ÉNEcA. La virtud sin ilustvacion es una linterna sorda : su luz existe, pero no. alumbra. **. El trabajo siempre es un buen gula ; porque conduce á los unos al: descanso y á los otros á la gloria. ** El arrepentimiento es un triste scornpanero de. camino, pero un escelente gula. Hay ciertas cosas que para saberlas bien no basta haberlas apren dido. En el inventario que un hombre hace de su fortunaSÉóSEdCeAs.u talen to , toda cuenta es una senal de indigencia : los ricos verdadera mente ricos, no se toman esta molestia. • ** Cuando se trata de solicitar, miramos el beneficio y el bienhechor por el lado del anteojo que aumenta; pero lo hacemos en sentido in-. verso cuando se trata de agradecer. ** Por lo no firmado y como Editor responsable.— Juan:011ns,- BittCHLONA.-181PRENTA Dii D JAIALI °M'ERES, CALLE DE ESCUDII,LERS, 11.° n-ISf15. 233 g< Fisiología.—Historia natural. DEL DOLOR EN EL HOMBRE Y EN LOS ANIMALES. 1. El gran filósofo químico Sir Humphrey Davy, cuando tan solo era un adolescente, sosten ia con la seguridad irreflexiva de suedad que el estóico pagano tenia mucha razon cuando decia: « No dolor, tu no eres un mal! » Un dia que se es taba banando en el mar, un cangrejo le mordió un dedo del pié, haciéndole exhalar agudos gritos : entonces quedó de. mostrado su error. Se habria aproximado mucho mas á la verdad , si despues de la mordedura del crustáceo, hubiese dicho: Oh dolor, tu eres un bien ! » Aunque por este se gundo aserto parece que queramos unir esas dos paradojas contradictorias, no es menos cierto que mientras exista la constitucion del universo obra de las eternas leyes de la creacion , la conservacion de nuestra existencia dependerá de esa delicadeza de organizacion que nos hace no tan solo susceptibles de esperimentar lo propio el dolor que el placer, sino que además puede convertir en dolor el abuso del mis mo placer. Es éste un traidor que nos embriaga y ador mece. El dolor guardian conservador, centinela siempre vigilante, nos advierte el peligro. Sea que se distingan dos sensibilidades , una sensibilidad fisiológica y una sensi bilidad física, sea que exista una tan solo, descompuesta en sentimientos y en sensaciones, esta sensibilidad doble ó sim ple, fuente á la vez de sufrimientos y voluptuosidades , no podria suspenderse impunemente. Esta sensibilidad forma la union interna del cuerpo y del alma, de modo que por ella un sentimiento, nacido de un pensamiento, de un re cuerdo, de una causa no material, puede provocar una sen sacion agradable 6 desagradable, como una sensacion puede provocar un sentimiento. (1) Por ahora solamente nos ocu paremos de la sensibilidad física y del dolor considerado como el protector de cada uno de los órganos de la econo mía animal dotado de una percepcion especial y localizada. Nada esplica mejor una teoría como un ejemplo. Hé aquí uno de los mas significativos , citado por el Dr. Carpenter, fisiólogo eminente. Un conductor de ganado se durmió al anochecer de un dia de invierno sobre la plataforma de un horno de cal, des cansando una pierna en una de las piedras calcáreas amon tonadas para cocerse durante la noche. Lo que era un grato calor cuando se acostó habia pasado á ser un fuego devo rador al levantarse. Su pié quedó enteramente consumido hasta debajo del tobillo. Habiendo sido dispertado al si siguente dia por el hombre encargado de vigilar el horno y sospechando lo que halda acontecido, apresuróse á sostener al pastor cuyo pié cayó en el acto hecho polvo. Sea que es tuviese amodorrado por efecto del ácido carbónico que se desprende de la piedra caliza, seaque una embriaguez cual quiera embotara ó anulara sus sensaciones, es un hecho que el pastor nada sintió. Sino tuviéramos el dolor para advertirnos, la vida no seria mas que una série de semejantes accidentes (2) y estos tan fu (1) Entre el cuerpo y el alma, la union es tan íntima, que hasta los órga nos exteriores están lejos de ser indiferentes a e,o, sentimientos que nacen de la imaginacion. (Conferencia sobre la fisonomía Por P Gratiolet.) (2) El dormir sobre la nieve , durante un filo muy intenso, costó igual mente la pérdida de sus piés á mas de un soldado durante la retirada del ejército francés en la campana de Rusia. Los desgraciados se dispertaban con los pié, quemados , sin que durante el sueno Lubieran esperimen'ado la sensacion del frio semejante á. la quemadura. En este caso se podria pre guntar basta que punto un sueno profundo , sin ser letárgico , anula el sen TOMO V. nestos, que inevitablemente abreviarian su curso. Un cangre jo hubiera podido comerse el pié del futuro sir Humphrey, burlándose de la química, sin que nuestro sabio hubiese podido sospechar en lo mas mínimo lo que se pasaba. Si no existiera el dolor físico, los ninos se estropearian 6 se mata rían antes de que su esperiencia les hubiera hecho com prender el peligro que corrian manejando tal 6 cual instru mento. Lord Kaimes aconsejaba fi los padres que corta ran ligeramente los dedos de sus hijos con un cuchillo, á fin de que desde la mas tierna infancia, pudieran asociar la idea del dolor con la de la hoja brillante y antes de que pudieran ocasionarse mayor dano; porque es evidente que si la he rida no fuese acompanada de ningun sufrimiento, los ninos se cortarian los dedos con la misma indiferencia que cor tarjan una rama de un arbustillo, 6 se los quemarian á la llama de un cuerpo en combustion, con tanto placer como queman un pedazo de papel. Sin el dolor no podríamos pro porcionar nuestras acciones á la fuerza de nuestra cons titucion y nuestros esfuerzos á su poder de resistencia. En la impetuosidad de la juventud, daríamos golpes que rom perían nuestras manos ó descoyuntarían nuestros brazos; daríamos saltos que dislocarian nuestros miembros y no en senando la fatiga que nuestros músculos tienen necesidad de reposo, proseguiríamos en nuestros juegos ó ejercicios, ha3ta que el tegido vivo quedára destruido, con la misma insensibilidad con que gastamos nuestros vestidos ó nuestro calzado. Mirabeau decia, hablando de un hombre que reu nía á una suma pereza una gran corpulencia , que su única utilidad consistia en hacer ver hasta que punto la piel podia dilatarse sin rajarse. Suprímase el dolor, este límite será de contínuo llevado al infinito y los glotones no esperimenta rán ninguna sensacion de malestar, y proseguirán en sus escesos hasta que sufran la suerte de la rana de la fábula que quena liegar á ser tan grande como un buey. Sir Cárlos Bell , cita el caso de uno de sus enfermos que había perdido el sentido del calor en su mano derecha y quien ignorando que la cobertera de un puchero habia caído sobre las brasas, la cogió y colocó pausadamente en su lugar, lo que ocasionó la destruccion del epidermis de sumano y de sus dedos. Semejantes accidentes se reproducirian sin cesar, si el dolor no nos hiciera soltar un:objetomas aprisa de lo que lo hemos tomado. Voltaire , mas filósofo que poeta , en su quinto discurso sobre el hombre, resume en algunos versos !o que nosotros acabamos de decir en simple prosa sobre el dolor considerado como centinela protector que á la vez nos hace retroceder ante el mal presente y nos ensena á preve nirlo ó eitanlo en lo porvenir. La suprema Sabiduria que ha establecido el dolor para nuestra proteccion , lo ha distribuido al propio tiempo de tal modo, que llena su objeto defensivo causando el menor su frimiento posible á los que á él están sujetos. Pueden con sultarse sobre el particular los notables capítulos que Cárloz Bell le consagra en su Tratado sobre la mano. La pieles 6.,N cierto modo la obra adelantada que opone resistencia á todo ataque hecho al cuerpo de la plaza. Era pues necesario que tido cutáneo que percibe únicamente impresiones simples . tales como las del frie s del calor , impresiones que se truecan en dolor cuándo salvas4 cier tos limites. N. de la 11.) • 30 >2 234 la piel fuese el asiento de una sensibilidad particular, tanto por su propio interés, como para advertirnos que retroce diéramos ante cualquier violencia , tendiendo á librar la carne que cubre. Acomodando nuestras ideas de dolor á lo que sentimos en la superficie, nos figuramos que cuanto mas profunda es una herida, tanto mas vivo debe ser el sufrimiento ; y esto es , segun el autor citado , una ilusion contraria á la realidad. «El cirujano que maneja bien el bis turí, anade, tiene buen cuidado de dar á conocer al paciente que lo mas malo se ha pasado cuando la piel queda atrave sada; y si durante el curso de la operacion, es necesario en. sanchar la incision exterior , este nuevo ataque á la piel es mucho mas doloroso que el producido por la incision pri mera , en razon del contraste que presenta con la insen sibilidad relativa de las partes interiores. El músculo se halla protegido , no por su propia sensibilidad , que no tiene nada de estraordinario , sino por la de su cubierta Superficial, la cual constituye, dice Bell, una defensa mas eficaz, que si nuestro cuerpo estuviese revestido del pelle jo de un rinoceronte.» Haber dado á los delicados tegidos del interior una exquisita sensibilidad al corte de un cuchillo ó al golpe de un palo, hubiera sido exponernos á un esce dente inútil de sufrimiento. Queda logrado suficientemente el objeto estendiendo sobre esos tegidos la delgada capa de una piel sumamente sensible y en gran manera antipática á los cortes y golpes, para que deje de evitar todo mal del cual pueda librarse. Independientemente de la proteccion que nos ofrece asi contra los peligros accidentales, la piel por su propia sen sibilidad es esencial á nuestra existencia en las diarias con diciones de la vida. Desempenando las funciones de termó metro, la piel nos dice si la temperatura está apropiada á nuestra organizacion y nos pone igualmente en guardia contra los perniciosos estremos del frio 6 del calor. Tambien la piel es la que determina esta agitacion instintiva que es uno de los principios de la conservacion del cuerpo. Preciso es que un paralítico descanse sobre blandos almohadones que se le cambie á menudo de postura, pues de lo contrario una posicion continua sobre la misma superficie, detiene la circulacion de la sangre y esta interrupcion , lleva por con secuencia la pronta destruccion de la parle, la gangrena y Ja muerte. Sir Cárlos Bell , llamando sobre el particular la atencion de sus oyentes en el colegio de los cirujanos, les rogó que observáran cuantas veces, escuchándole, habian cambiado de posicion en sus asientos á fin de dar otra base al peso de su cuerpo y aliviar las partes que empezaban á .entumecerse. «Si os vierais obligados, les dijo, á conservar la misma posicion durante toda una hora, os levantariais rígidos por efecto del calambre.» Esta accion maquinal con tinua aun durante el sueno y si asi no fuera, este en vez de ser el reparador de las fuerzas de la naturaleza, ocasionaria un desarreglo de la circulacion con los males que de ello se seguirian. No solamente diferentes partes de nuestro sistema están dotadas de sensibilidades que difieren en grados, sino tam bien de sensibilidades que difieren enteramente por natu raleza. Un artesano cuyo dedo habia sido arrancado y que se sostenia únicamente por un tendon , fué á encontrar á un discípulo del doctor Hunter. El cirujano queriendo ase gurarse de si aquel hombre conservaba alguna sensibilidad en su tendon, ató el dedo con un cordon y despnes de haber vperengduadnotó laolspaocjoiesnatlee, n?fqeruméoescloortqóueel atceanbdoond.e « cDoertcaird?m—e, Habeis cortado el cordon , le contestó.» El hecho es que tan insensible era este como el tendon, Otros esperimentos han demostrado que los tendones de los músculos, los ligamen tos que reunen las articulaciones , los cartílagos que hacen las funciones de coginetes en los entremos de los huesos donde obran sobrepuestos, no sienten ni los cortes ni las quemaduras. Pero el resultado es muy diverso si se someten á la tension, al desgarro ó una viva sacudida. La razon es muy evidente ; la piel puede muy bien garantir las mem branas interiores de los males de que antes hemos hablado; pero si debe tener el juego y la facultad de adaptarse que es esencial á sus funciones su flexibilidad seria demasiado grande para permitirle servir de freno á los movimientos que afec tan á los cartílagos , los ligamentos y los tendones. Estos han sido hechos sensibles á las sacudidas, á los desgarros y á las tensiones, para impedir que saltáramos grandes alturas, que nos lanzáramos con estrema violencia y que retorciéra mos nuestras articulaciones de un modo incompatible con la resistencia del cuerpo humano. El dolor causado por una torcida de pié muestra que el castigo basta para reprimir todos los escesos de esta clase. Supónganse estas sensibili dades traspuestas, dénse á las membranas que separan enlazan entre sí las articulaciones, los mismos grados , la misma clase de sensibilidad que pertenece á la piel, y los movimientos ordinarios del cuerpo, el peso mismo de un pié sobre el otro , ocasionáran tanto sufrimiento como el que se esperimenta andando sobre un miembro inflamado. Paley admira el mecanismo por medio del cual todo lo que comemos y bebemos se desliza hácia el esófago, pasando por encima la entrada de la traquiarteria , sin caer en ella. Un pequeno cartílago móvil, el epiglotis, que se levanta cuando respiramos, es impelido por el peso de los alimentos y por el juego de los músculos en el acto de la deglucion hácia el conducto aéreo. Ni sólidos ni líquidos en una palabra, pueden pasar sin cerrar la trapa pasando. Pero no todo consiste en esto, sino que el orificio que forma la entrada del citado conducto y que jamás se cierra enteramente mientras respiramos, está dotado de una suma sensibilidad al contacto de la mas leve partícula material. El mas pe queno objeto que toca el borde de esta abertura, determina un cierre inmediato de sus partes internas, que detiene á su entrada el cuerpo estrano. Mas como únicamente queda detenido, y no sacado de aquel lugar y caeria necesaria mente á los pulmones á la inmediata inspiracion, á fin de operar su expulsion , la sensibilidad del orificio del con ducto del aire pone violentamente en accion toda una clase de músculos inferiores, los cuales, comprimiendo el pecho, arrojan el aire con una fuerza que espulsa el intruso. La tos convulsiva que se produce cuando nos sufocamos, es el esfuerzo enérjico que hace la naturaleza para aliviarnos, si alguna cosa se ha escapado casualmente al epíglotis pro tector. Esta propiedad á la cual sin cesar somos deudores de nuestra vida, está limitada á un solo puntO de la larin je. No se estiende, segun Cárlos Bell, á las demás partes del conducto aéreo, perteneciendo únicamente al orificio, es decir, al único lugar donde es necesario. Es digno de observarse que así como es tan sensible al contacto del mas lijero átomo, él conducto aéreo soporta dócilmente las 'cor rientes atmosféricas que circulan sin cesar sobre sus pa redes irritables. Arroja una miaja de pan 6 una gota de agua con un espasmo que conmueve á todo el cuerpo; pero si se le abandona á sí mismo y á sus funciones naturales, esto es á la introduccion del aire únicamente, no hay órgano mas tranquilo; no lo sentimos siquiera y un hombre ignora que tenga una traquiarteria. Esta facultad de percepcion tan delicada, esta irritacion contra toda intrusion y al pro pio tiempo esta calma perfecta y esta tranquilidad :cuando 235 st nada turba su juego regular , son propiedades que parece no debieran hallarse reunidas en un mismo órgano. Y no obstante en la reunion de estas cualidades cuasi incompa tibles , tanto aquí como en algunas otras partes de nuestro cuerpo , descansa nuestra seguridad y nuestro bienestar; nuestra seguridad en su sensibilidad ; nuestro bienestar en su reposo. Otro ejemplo , citado tambien por sir C. Bell , es el del corazon. El célebre Dr. Harvey examinó, á instancias del rey Cárlos I de Inglaterra, un senor de la familia Montgome. ry quien, por causa de un acceso, tenia en el pecho una abertura fistulosa por la cual se podia ver y operar en su corazon. El gran fisiólogo quedó sorprendido al encontrar aquel órgano insensible. «Le conduciré á presencia del rey, dijo, á fin de que S. M. pueda ver y tocar una cosa tan es traordinaria y reconocer como yo mismo que, escepto cuando toquemos la piel esterior y vea nuestrosdedos en la cavidad, el paciente, sepa que tocamos su corazon.» Y no obstante siempre referimos al corazon todas nuestras ale grias, nuestros pesares y nuestras afecciones; hablamos , de que tenemos buen 6 mal corazon ; decimos que un hombre tiene el corazon duro, un corazon leal, que no tiene corazon. Escudado de cualquiera violencia física por el muro de las costillas, el corazon no .está dotado de una sensibilidad que hubiera sido inútil para su conservacion , pero al propio tiempo que puede tocarse con la mano, sin dar al individuo ningun aviso del hecho, es incontestable que responde á las diversas emociones del alma y todos convienen en recono cerlo como asiento de nuestros placeres, de nuestras pesa dumbres, de nuestras simpatías, de nuestro ódio y de nues. tro amor. Se han ofrecido numerosos ejemplos de personas que han fallecido repentinamenteá consecuencia de la vio lencia de sus contracciones ó de sus espansiones, al súbito anuncio de alguna buena ó mala noticia : los lados interiores de los vasos musculares, dilatados con sobrada tension hácia arriba 6 bácia abajo, no pueden volver á tomar su posicion normal; y uno de los motivos de esta propiedad del corazon contribuye probablemente á moderar las pasiones por me dio desensaciones físicas mortificantes que exitan. El cerebro está encerrado en una caja huesosa que le proteje de los golpes exteriores. El cráneo es como el casco natural del cérebro. Todas nuestras sensaciones corporales dependen de los nervios; pero los nervios por sí solos no hacen nacer ninguna sensacion , ni están relacionados con el cérebro. El cordon nervioso que en lenguaje vulgar se llama la médula espinal, es el canal por el cual media esta comunicacion para la mayor parte de entre ellos; y cuando una seccion de lo que se puede llamar la gran linea madre, destinada al trasporte de nuestras sensaciones , está enfer ma y, á consecuencia de la solucion de continuidad, los nervios colocados debajo de esta parte enferma, no pueden ya trasmitir , corno antes , sus avisos al cérebro, la parte del cuerpo que se halla así aislada, puede ser quemada cortada á pedazos sin que resulte ningun dolor y como si perteneciera á un cadáver, en vez de pertenecer á un cuerpo vivo. El cérebro pues, subordinado por otra parte al alma, es el centro físico de toda sensacion. (1) No obstante, y aunque parezca estrano, el mismo es in (1) Las propiedades mas importantes de la Vida pertenecen al sistema nervioso, que comprende el cérebro , los órganos de los sentidos y los agen. Les de la voluntad. Por el aparato de los nervios se comunican las sensibili dades que regulan y dirijen los movimientos instintivos y automáticos. El sistema nervioso gobierna igualmente los actos de la volicion lo propio que los movimientos que pertenecen a la organizacion vital. La anatomía del sistema nervioso nos demuestra no tan solo las diversas propiedades de la libra viviente, sino tambien las relaciones de los órganos entre si y la de pendencia a que está sujeto el sistema muscular respecto de estos órganos. sensible á las heridas que ocasionan un dolor á la piel y que él es el único que nos hace sentir. «El cérebro, dice Cárlos Bell , es tan insensible como el cuero de nuestro cal zado , y se puede quitar un pedazo sin interrumpir el en fermo en la frase que pronuncia.» Protejido contra las le siones esteriores , por la caja huesosa que le rodea 6 en vuelve, el cérebro no tiene percepcion de ellas cuando son dirijidas contra su propia sustancia , al propio tiempo que es el único oríjen del dolor que causan estas mismas lesiones dirijidas contra las demás partes del cuerpo. Pero el cráneo no podria defenderle contra los efectos de la in temperancia , de una atmósfera viciada, de una tension de ánimo harto prolongada. Así como el cérebro es insen sible á la accion del bisturí, no lo es enteramente á esos desarreglos, y en estos casos , los desvanecimientos , las jaquecas, los síntomas apopléticos, nos advierten oportu namente que remediemos el mal si no queremos sufrir la pena de nuestra imprudencia. Puesto que no puedesentirse el dolor y que ningun otro sentido puede ejercerse sino por la intermediacion de los nervios, es preciso que refiramos á estos las impresiones tan diversas de que es susceptible nuestro cuerpo. Sobre este punto el citado Cárlos Bel! , hizo un bello descubrimiento que le colocó en uno de los primeros lugares entre los mas grandes fisiólogos. Algunos pares de nervios se destacan , á cortos intérvalos, por toda la longitud de la médula espinal; ramificándose por todo el cuerpo,sirven de intermediarios de comunicacion entre los diversos tejidos y la médula espinal y por medio de esta con el cérebro. Cada nervio tiene dos raices que salen separadamente del lado de la médula espi nal, pero que se reunen cuasi en seguida y se prolongan en un solo cordon. El citado fisiologista descubrió este hecho capital, que ha aclarado notablemente el sistema nervioso demostrando que una de estas raices se componia esclusiva mente de nervios de la sensibilidad y la otra esclusivamente de nervios del movimiento. Si se irrita la raiz que sale mas inmediata del dorso de la médula espinal, resulta un dolor agudo; si por el contrario, se irrita la raiz que sale hácia la parte delantera de la médula, no resulta nirígun dolor, sino unos movimientos musculares que es imposible reprimir. Si se corta la primera ó sea la raiz posterior, la sensibilidad de las partes con las cuales el nervio se halla en relaoion, que. da destruida, al paso que la facultad del movimiento queda entera. Si por el contrario, se corta la segunda, ó sea la raiz anterior, las mismas partes se hallan privadas de mo vimiento, al paso que su serisibilidad permanece tan viva como nunca. Las dos especies de fibras que continuan cor riendo en un solo cordon en la mayor parte de su desarro llo, y que parecen idénticas en estructura, tienen no obs tante funciones tan distintas como lo son la vista y el oido, y que no podrian trocarse entre sí , así como no podemos oir con el ojo, ni ver con el oido. El mismo nervio hubiera podido , sin que veamos nada que se oponga á ello, estar dotado de la doble propiedad de dar nacimiento á la sen sacion y al movimiento (como acontece con el nervio del gusto, que parece ser al mismo tiempo un nervio de sen sacion ordinario); pero habria resultado una completa con fusion en el sistema segun el cual está regulado el dolor. Es preciso que los músculos que están destinados á producir el movimiento estén cruzados por otros nervios motores. Si estos últimos hubiesen tenido la facultad de escitar las sensaciones lo mismo que causar las contracciones que nos hacen sentar, levantarnos, andar, correr, levantar pesos, dar golpes, etc., los tegidos interiores hubieran sido tan sensibles como la piel, y las diversas acciones de sentarnos, 236 x levantarnos, andar , correr, etc., habrian sido tan penosas como una enfermedad. En el plan maravilloso de la Pros i dencia , algunas fibras semejantes han sido revestidas de funciones separadas; y los músculos ocultos estando abun dantemente provistos de nervios de movimiento, al paso que poseen un corto número de estos nervios de sensacion que dan propiedades tan esquisitas á nuestros tegumentos exteriores, cada órgano llena sus propias funciones sin que en nada sufra el conjunto del sistema. Los músculos á pesar de su sensibilidad muy inferior, poseen no obstante una propiedad que sir Cárlos Bell llama el sentido muscular,- sentido esencial á la ejecucion soste nida é inteligente de un gran número de los actos mas or dinarios de la vida.—Si cerramos los ojos, dice, todas ía po demos decir cual es la posicion de nuestros miembros ,- por ejemplo , si nuestro brazo está tendido ó si pende junto á nuestro cuerpo. ?Cómo es sabedora la inteligencia de esta circunstancia, si no tocamos ni vemos nada? Principalmente por un sentido interno inherente á los mismos músculos, que nos informa de su estado, nos dice donde están y lo que hacen , cuando no existe ningun otro conducto por el cual podamos obtener completamente este mismo conoci miento. Los casos en que está, facultad se halla destruida demuestra mucho mejor su utilidad. Sir Cárlos Bell me dicó á una mujer que había perdido la accion muscular de uno de sus brazos, conservándola en el otro ; pero si bien este último brazo conservó la accion muscular, la sensibili dad muscular estaba destruida , y cuando se servia de él para sostener á su hijo cabe á su seno, no estaba tranquila sino cuando no lo perdía de vista. Desde el momento en que algun objeto desviaba la atencion de la madre, su brazo se aflojaba poco á poco y el nino corría peligro de caer. Tam bien hemos visto á un paralítico que podía llevar un vaso á sus labios mientras lo estaba mirando ; pero si apartaba la vista de él, siquiera por un solo instante, el vasose le caia de la mano. En estos casos ya no hay sentido muscular que nos haga conocer lo que hacen los músculos y regularice su ejercicio. El conocimiento necesario no puede ya en tonces obtenerse sino por medio de la vision , y desde el momento en que esta via de informacion nos falta tambien, los músculos se aflojan al punto y cesa su esfuerzo como si no hubiese vaso ni nino para sostener. En semejante caso un ciego no p9dria hacer ningun uso de sus brazos y aun en los que pueden ver, el sentido visual suple imperfectamente el sentido muscular. Sumamente admirable es esta disposi don que privando ciertos tegidos de esta sensibilidad por la cual seria causado ó trasmitido un dolor inútil, les da esa delicadeza de percepcion que pone en conocimiento de la inteligencia cualquier cambio sobrevenido en su posicion y en su posicion exacta cuando están en reposo. (1) El principio es aparente en todos los nervios especiales de los sentidos. Poseen el género de sensibilidad que exije el órgano particular al cual están afectos, pero están muertos para cualquiera otra sensacion. A menosque el mismo tronco nervioso contenga algunas fibras cuyas funciones difieran, el nervio del gusto, conforme lo hemos manifestado ya, es igualmente un nervio de sensibilidad comun. Pero no es que sea una excepcion á la regla que quiere que la sensibilidad tqmedmmausiceaú(nteine1dsoat)óocmnerru.PglailodMds.aoeíenqGsuleoyuylrspeaedactspneébereattlrgilsredeeueelnbotlncn,aeismldccmloaooioc,aesumirbeosótocaocsnrusuMgela,alas.latsnneesFreose.lrjnrsouveeetuiisigncormeesuisnoaonlcqcassiiua,aolnlealanumetleerlmeesesinmbvtirtutmaeoiinysdsuiaoocsamconlapuloiodcelcreemarderrCreibleenabarsboare:pelsdloolosoodtsuerol,npalBnascoedailfnliealamíceasmppnuerroqloPhetutapIsraediiilmozol.anadanleetIgnisneurciffmeonqoeoaorupsrls.oe. esté limitada al objeto que se tiene en la presencia : á fin de no introducir en nuestra boca sustancias demasiado calientes ó demasiado frias para destruir las partes con las cuales de ben ponerse en contacto, era preciso que la lengua pudiese juzgar de la temperatura ; y para que fuéramos mas duenos de nuestros alimentos en el acto de la masticacion , era preciso que la lengua tuviera además la percepcion de las superficies de los objetos. Estas propiedades debian ejercerse conjuntamente con el gusto; y ya sea que el gusto y el tacto se ejerzan por un solo nervio, ya que los nervios del tacto y del gusto sean unas fibras distintas unidas en un solo cor don nervioso, el hecho queda siempre el mismo. Las dos sensaciones existen en el mismo punto, porque ambas son necesarias para el placer y el bienestar del hombre. El nervio olfactorio no es susceptible, ni de producir mo vimiento , ni esperimentar el dolor comun. Aunque tenga próximos á él algunos nervios de sensibilidad ordinaria, que se escitan por medio de ciertas aplicaciones irritantes tales como el tabaco en polvo y por diferentes causas que afectan la piel, el nervio del olfato percibe los olores y nada mas que los olores. De la misma manera , el nervio del oido únicamente sirve para la audicion y el de la vision, á escep cion de estar interesado en ciertos movimientos musculares, solo puede ver. Una sustancia puede ser de tal naturaleza que se relacione á mas de uno de nuestros sentidos, como el alimento que es agradable á nuestro paladar y que puede igualmente alhagar el olfato ; pero no por esto podrá ser gustado por el paladar y percibido al propio tiempo por el olfato. Cada sentido está limitado en su esfera particular; y aun cuando un solo objeto los pusiera á todos en accion si multáneamente , cada uno de ellos, fiel á sí mismo , daría una respuesta diferente. Hay todavía mas. Responderán todos á un mismo estirnalante que no se parece en modo alguno al que fueron adaptados originariamente ; pero por mas que el estimulante vare, el sentido no se apartará de sus funciones regulares. Asi es que si una débil corriente de aire se dirije por ejemplo á la lengua, ocasionará un gusto parecido al del salitre; si se irrita el nervio del oído, dará la sensacion del sonido ; la retina que es la dilatacion del ner- • vio de la vision , cuando es herida como en la operacion de la catarata, por depresion, esperimentamos la sensacion que produciria una chispa. « Un oficial, dice el autor antes ci tado , que fué herido en un hueso del semblante, por un arma de fuego, sintió como si un rayo hubiese pasado por delante de su vista, acompanado de un ruido semejante al que producirla la puerta de un grande edificio en el acto de cerrarse.» Un punetazo producirá efectos análogos si bien en menor grado. Una acumulacion de sangre en los vasos capilares de los diferentes nervios pondria en movimiento á todos los sentidos. « Esta sola causa, dice el doctor Kirkes en su escelente Manual de Fisiología, produce en la retina, aunque los ojos estén cerrados, la sensacion de la luz ; en el nervio auditivo, la sensacion de zumbidoy de vibracion ; en los nervios del olfato, la sensacion de los olores ; en los nervios del tacto, la sensacion del dolor.» No debe sorprendernos que oigamos muchas veces algu nos sonidos cuando todo está en reposo, que veamos apa riencias luminosas cuando no hay luz, puesto que la exi tacion de los nervios por la punzada de un alfiler ó por una congestion sanguínea, es mas que suficiente para pro ducir este efecto. La simple presion del dedo en el globo del ojo hará aparecer todos los colores del arco iris. En medio de esta insensibilidad de los nervios de los senti dos especiales á toda otra sensacion que no sea la que es propia á las funciones de cada uno de ellos, poseen además )§ 231 una sensibilidad protectora que les pertenece peculiarmente y que obtiené su objeto tan eficazmente como la de la piel. La nariz solo con molestia sufre los malos olores y nos ad vierte que evitemos su danosa influencia. ún solo órgano, de una estension limitada,sirve tambien para garantizar to do el cuerpo de toda una clase de males. !Cuán inútil, into lerable, fatal quizás, hubiese sido esta propiedad, si hu biera estado esparcida por todos los tegumentos exteriores y cada poro de la piel hubiese sido igualmente sensible á los malos olores y á las heridas ó quemaduras! El nervio óp tico no puede soportar una luz demasiada viva : el ojo está protegido contra las lesiones por los huesos del cráneo y por la susceptibilidad delicada de su cubierta ; pero el ner vio óptico obviando unos males contra los cuales no existe otra defensa, se guarda el mismo contra un esceso ee luz. lié aquí en que términos se expresa Sir Cárlos Bell á propósito de la naturaleza particular de la sensibilidad que proteje la cubierta del ojo : « Si esta cubierta se toca tan li geramente como podria serio por las barbas de una ligerí sima pluma, los músculos sufren al punto unos espasmos irresistibles; pero si el oculista pasa algo fuertemente la yema del dedo entre los párpados, de modo que se ejerza una presion directa sobre el mismo ojo, logra asi conservar el ojo inmóvil para la operacion que desea practicar, sin producir apenas sensacion y absolutamente ningun dolor. Este procedimiento encierra uno de los pequenos secretos de su arte; y no obstante causa admiracion que pueda obrar asi sin causar el menor sufrimiento, cuando es sabido por experiencia que un simple grano de arena basta para cau sar vivos sufrimientos.» Se trata pues de saber porque las membranas son tan sensibles al contacto mas ligero y rela tivamente indiferentes al contacto mas rudo. El citado pro fesor ha resuelto perfectamente el problema. Innumerables pequenas moléculas flotan en el aire y vienen á colocarse sobre el ojo ó se introducen debajo del párpado. A causa de la suma sensibilidad de la superficie de este órgano, estos cuerpos estranos contribuyen por sí mismos á suexpulsion; porque provocan lágrimas y un pestaneo que limpian el globo del ojo de toda impureza. Esta accion continua du rante todo el tiempo que estamos despiertos, y asi en este como en otros casos, la combinacion y su objeto no se nos revelan sino por las consecuencias deplorables que resultan de la extincion de la facultad. El nervio de la cubierta del ojo está algunas veces danado y cesa de ser sensible al polvo que se adhiere al mismo globo del ojo. Entonces el párpado no es escitado para pestanear, ni las lágrimas para correr. Los corpúsculos depositados en el ojo cesan de causar dolor; su permanencia prolongada ocasiona en él una inflamacion y esta inflamacion tiene por efecto hacer opaca la cubierta trasparente que atraviesa la luz. La ceguera es el resultadd de este estado de cosas, por manera que la propia vista de pende de la extrema irritabilidad de la membrana exterior. Hé aquí porque es mas sensible á un ligero contacto que á un contacto mas fuerte. Los tiernos y delicados tejidos que forman el ojo, no pueden ser preservados de la violencia sino por las mismas precauciones que empleamos para la segu ridad del resto del sistema ; pero una medida particular era necesaria para neutralizar las importunas consecuencias de la accion de esos millares de fuerzas destructivas harto nu merosas para poder evitarse, y sobrado pequenas para po der ser vistas. Este sentido no obstante está adaptado tan maravillosamente á su objeto que ignoramos la presencia del estimulante que pone en movimiento el mecanismo y hasta el mismo movimiento de este mecanismo; no sen-, timos ni los objetos que entran en nuestro ojo ni nos apercibimos del pestaneo y de las lágrimas que provocan. Unicamente cuando se trata de sustancias mas volumi nosas que de ordinario, es cuando empieza el dolor que nos advierte que nos desembarazemos por otros medios del cuerpo estrano que la accion ordinaria del aparato no basta para poder expulsar. El movimiento del párpado, verdad es, que tambien puede verificarse voluntariamente ; pero la inteligencia no sabria protejer su entrada principal ni encargarse de una funcion que, aun cuando fuera inhe rente al nervio danado, se ejecutaba de un modo tan ince sante, tan seguro é imperceptible. Causa sorpresa el considerar el número y complicacion de las operaciones involuntarias que se ejecutan asi en el cuerpo y que son indispensables á su vida. El corazon no cesa de dilatarse y contraerse, los pulmones de respirar, el estómago de digerir, las glándulas de segregar ; todas estas operaciones químicas y mecánicas se verifican tan tranqui lamente, tan naturalmente, que ni turban el sueno ni el sueno las interrumpe. Si el sistema vital hubiese dependido de una vigilancia del espíritu, nuestra atencion no habria po dido distraerse siquiera un minuto, todos nuestros cuidados hubieran debido concentrarse en la marcha de las funciones de nuestros órganos corporales y á pesar de esto, toda nuestra atencion hubiera sido insuficiente. La misma perfeccion del mecanismo lo oculta á menudo á nuestra observacion. !Cuán pocas personas habrán imaginado que serian com pletamente ciegas si la membrana de sus ojos no hubiese estado dotada de una propiedad que los exita constante mente á pestanear! (1) (I) Todos los individuos no están dotados de sensibilidad nerviosa en el mismo grado ; y hasta hay razas menos sensibles que otras y segun el viajero Palgrave , los árabes no son una raza nerviosa, por manera que los enfermos sufren los males con gran calma y paciencia y hasta con impasi bilidad el empleo del cáustico y del bisturí. 238 IC La divina comedia. por Dante EL PARÁIS°. (1) CANTOS DE I Á VI. Sommario. Tratta ji nostro Poeta in questo canto, come egli ascese verso il primo cielo ; ed essendogli nati alcuni dubbj , essi gli furono da Beatrice dichiarati.— Sale it nostro Poeta nel corpo della Luna, dove, come fu giunto, mueve a Beatrice un dublio; e questo é interno alta cagione delle ombre che dalla Terra in essa si veg.,orio : ji qual dubbio ella gli risolve plenamente.—In questo terzo canto pone Dante, che nel eerchio della Luna si troyano I' anima di quella donne che han fatto voto e profession di verginitá e religione , tna che vio lentetnente ?I' eran() state tratte fuori ; delle quali gil vien dato con tezza da Picearda , sorella di Forese. — Stando Dance nel mede simo cielo, da Beatrice due veritá gli si manifestano: 1' una del luogo de' beati , 1' altra della volontá mista e del!' assoluta. Ei propone una terza questione, la cuate é del \rato, se per quello si puó satis faro. — Solve ji dubbio d' intorno a' voti , mosso nel canto di sopra; poi sale al secondo cielo, cha e que' di Mercurio, dove trova infinite anime, una delle quali segil offerisce a soddisfare ad ogni sua diman da.— L' ánima offertasi a Dante di soddisfare alle di lui dimande, dirnostra essere Giustiniano Imperadore , e racontagli . le sue azioni, e come egli corresse e riformó le leggi. CANTO I. La gloria di Colui che tutto mueve, Per l' universo penetra, e risplende In una parte piu, e meno altrove. Nel ciel che piii , della sua luce prende Fu' io, e vidi cose che ridire Né sa né pub qual di lassii diseende ; Perché appressando sé al suo disire , Nostro intelletto si profonda tanto, Che retro la memoria non pub ire. Verarnente quant' io del regno santo Nella mia mente potei far tessoro , Sará ora materia del mio canto. O bueno Apollo , ah' ultimo lavoro Fammi del tuo valor si fatto vaso, Come dimandi a dar l' amato alloro. Infino a qui l' un giogo di Parnasso Assai mi fu ; ma or con amendue é uopo entrar nell' aringo rimase. Entra nel petto mio, e spira túe Si come guando Marsia traesti Della vagina delle membra sue. Sumario. Dante , .despues de la accion de gracias al genio de la Poesía que lo elevó gradualmente hasta la contetnplacion de las cosas divinas, refiere como guiado por Beatriz, ó la Teología, pudo desde el Paraíso terrestre remontarse al cielo. — Dante penetra con Beatriz en el cuerpo de la.Luna , primera esfera.— Accion de gracias á Dios. — Beatriz esplica al poeta la causa de las manchas que se ven en la Luna.— El poeta encuentra en la Luna las almas de aquellas que, habiendo incito voto de virginidad, fueron obligadas por la violencia á faltar á su voto.— Piccarda hermana de Foresio, manifies ta á Dante que todos los Bienaventurados se contentan con el grado de gloria; y luego la regla de la órden religiosa que ella y Constancia, hija del rey Rojero , habian abrazado en la tierra. — Segun los co mentadores, Dante elijió la Luna por morada de la virginidad, porque siendo este planeta muy frio dispone á las almas para la castidad. Además, ya se sabe que en la antigüedad, Diana ó la Luna era la diosa de la virginidad.—Signe Dante en el planeta de la Luna. Beatriz le revela allí dos verdades: la primera, respecto de la mo rada de los Bienaventurados ; la segunda se refiere á la diferencia que hay entre la voluntad mixta y la voluntad absoluta. — El poeta pre gunta á su guia si hay un medio para reparar los votos que no han sido cumplidos. —Queriendo Beatriz resolver la duda expuesta por Dante en el canto precedente sobre la esencia del voto, le indica el medio, para atender á los votos que no han sido cumplidos.— Luego suben al segundo cielo en el planeta de Mercurio. Un número infinito de almas bienaventuradas se dirigen hácia el poeta , y una de ellas le propone contestar á todas sus preguntas, — El Espíritu que ha bia propuesto á Dante contestar á todas sus preguntas , declara sér el emperador Justiniano, refiriendo luego todas las glorias del Águila romana. Moran en Mercurio las almas que por sus bellas acciones supieron elevarse á la gloria. —Allí brilla la luz de Romeo, mi nistro de Raimundo Berenguer,, conde de Provenza. CANTO I. La gloria de aquel que lo impulsa todo (2) penetra en el universo, mostrándose en una parte mas esplendente que en otra. Estuve en el cielo que recibe mas plenamente su luz, y en él vi cosas que ni sabe ni puede referir el cine desciende de lo alto (3); porque á medida que nuestra inteligencia se acerca al objeto de su deseo, penetra tan profundamente en él, que le es á la memoria el retroceder de todo punto im posible. Con todo las bellezas del santo reino que he podido ateso rar en mi espíritu, serán en lo sucesivo objeto de mi canto. 10h buen Apolo ! haz de mi para esta última obra un vqauseorildleon. o de tu poder, tal cual tu lo pides para tu lauro (1) El poeta dió al infierno la forma de un embuCo inmenso , ffeaMioltjnraeaasdrlc,mioduéarolyioaspP,ceoreVirlmaéSBnneazreut-aaasMnt,r;áio.ezalvllio, lSPs;poueylcr,nigéeeMalltotrEoasa.rrmrtiáEeop,lílDrJPaeúaaofnpr.oatieritsmeorsa,uccSodenaesttiuevunrnandmorná,eonldnatiteeee.zs, áfeedsrefsaesadrdbaeeesrc,lau:esynLaElaaecsnsutLrmecquulbunlyareaoes,, He((c23t))hoSQmtuaibonniiliilasomqquuerla.mp(taCunsoerenisnstthdin.atstpcta.u)rnaedtiasumm'eveetri.au(Bdoiveictioa.r)cana verba que non |
Etiquetes
Afegir etiquetes per 06_No. 5 (1 enero 1866), p. 227-238
Comentaris
Afegir un comentari per 06_No. 5 (1 enero 1866), p. 227-238
