09_No. 5 (1 enero 1866), p. 334-346 |
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y, 334 gc
La crueldad para con los animales , es uno de los vicios
mas odiosos y al propio tiempo uno de los mas comunes.
Montaigne ha hecho notar que generalmente los que se
complacen en tratar mal á los animales , tienen un placer
eti hacer sufrir á sus semejantes, adquiriendo en ello las
primeras lecciones de barbarie. Despues que los romanos
se hubieron acostumbrado á los espectfculos de las luchas
de fieras en sus anfiteatros, no tardaron en ver con placer
como se degollaban entre sí los gladiadores', y no debe ad •
mirarnos este resultado porque es una progresion natural.
Se refiere que Enrique IV de Francia azotó dos veces con
sus propias manos á su hijo , que mas tarde fué Luis XIII,
la primera vez por haber concebido tal antipatía contra un
gentilhombre de la corte, que sus bajos aduladores no pu
dieron apaciguarle sino fingiendo matar de un pistoletazo
(sin bala), el objeto de su aversion ; la segunda vez por ha
ber aplastado la cabeza de un gortion. Si bien cate castigo
merecido fué ligero, relativamente al mal causado, la reina•
su madre creyó de su deber hacer algunas observaciones,
sobre la aplicacion de semejante disciplina á un futuro rey
de Francia. «Permita Dios que mi vida se prolongue , senora,
contestó Enrique, porque cuando yo no exista, vuestro
hijo maltratará á su madre.» Sabido es que esta prediccion
se cumplió al pié de la letra. Un solo ejemplo bastará por
otra parte, para probar que el príncipe no habla sido azotado
como debia por su padre, si es verdad que cuando el sitio
de Montalban un gran número de heridos protestantes fue
ron trasladados á los fosos secos del castillo donde el rey
habia establecido sus cuarteles. «Devorados por las 'moscas,
martirizados por la sed y por los dolores causados por sus
heridas, casi todos perecieron tristemente; y Luis XIII,
dice un cronista, en ; ez de ordenar que fuesen socorridos,
espiaba curiosamente su agonía y se divertia remedando sus
contorsionesen companía del desapiadado conde de la 'bebe
guyon.»Así tambien, hallándose este moribundo, Luis XIII
envió á informarse de su estado. «No tendrá que aguardar
mucho tiempo, contestó el cortesano, á que dé comienzo
mi agonía.Muchas veces le he ayudado á remedar á los de
más; ahora ha llegado mi vez.» El nino que se divierte
atormentando á los perros y gatos en las Cuatro fases de la
crueldad de Hogarth , termina su carrera con un asesinato;
y se puede tener por cierto, que el que puede y por simple
complacencia trata brutalmente á un carnero , haría otro
tanto con el pastor si pudiera dar rienda suelta á sus malos
instintos.
Preciso es ser groseramente egoista para figurarse que
todo lo que existe ha sido creado únicamente para el ser
vicio de la raza humana y que tiene el derecho de usar y
abusar de ello á su antojo. Cuando Mr. Darwin cruzaba á
caballo las pampas, un respetable guacho le exhortaba para
que hincase la espuela en los hijares de su fatigada caballería.
Mr. Darwin no quiso seguir aquel consejo y observó que el
animal ya no podia mas. « !Qué importa, replicó el guacho,
si el caballo es mio! » Mucho trabajo le costó á Mr. Darwin
hacerle comprender que obraba impulsado por un senti
miento humanitario y no por el temor de disminuir el va
lor de su propiedad. « ! Ah, D. Cárlos, esclam6 el guacho,
que idea 1 » Tenemos en Europa centenares y millares de
carreteros y conductores de caballerías que piensan como
este guacho y que á pesar de la sociedad protectora de los
animales, ponen en práctica sus principios.
Esta tendencia á la crueldad, aun sin ninguna especie de
motivo 6 protesto, es mucho mas comun de lo que se cree.
Para un gran número de personas, nada está seguro si por
su exigüidad puede ser fácilmente destruido ó si se halla al
alcance de sus piés ó manos. Ver una cosa viva y buscar el
modo de darle muerte, son dos actos casi inseparables. En
el archipiélago de las islas Galápagos, en el Océano Pacífi
co, las aves están tan amansadas, que se les puede golpear
con un palo. M. Darwin nos refiere en su interesante Viage
de un naturalista, que les marinos que desembarcan en aque
llas islas y que recorren sus bosques para dar caza á las tor
tugas, hallan un odioso placer en poner á prueba la con
fianza de una raza que ignora todavía las salvages intencio
nes del hombre, dando muerte á aquellas pobres aves ya á
palos ya aplastándoles la cabeza. ?Se puede suponer que la
Providencia que nada ha hecho sin objeto, haya animado
con el soplo de la vida unas criaturas dotadas como nosotros
de una organizacion maravillosa, únicamente para procu
rarnos la diversion de aplastarles á palosla cabeza? Creemos
que el hombre es el único, á eseepcion de los animales que
cria para obrar como él, que mata únicamente para matar,
sin verse obligado á hacerlo por la necesidad del hambre ó
llevado por las exigencias de su defensa personal. Mucho
podríamos decir sobre el particular; podríamos citar loscom -
bates de animales, todavía tolerados en ciertos paises civi
lizados y hasta de la misma caza, en muchos casos, consi
derados como diversiones odiosas y repugnantes; pero este
asunto necesariamente nos llevaria muy lejos y preferimos
poner fin en este lugar á nuestras consideraciones sobre el
dolor en el hombre y en los animales.
Historia natural.
LOS COMBATIENTES.
El nombre de combatiente que la mayor parte de los na
turalistas han dado al ave que representa nuestro grabado,
dice lo bastante respecto á su carácter batallador. Corno
las hembras de esta especie raras veces toman parte en las
luchas de los combatientes machos, de ahí han inferido la
mayor parte de los autores que solo el amor alimentaba el
genio guerrero de estas aves. Pero esta suposicion es fal
sa, como podremos juzgarlo enseguida.
Los combatientes luchan en efecto ya uno á uno; ya reu
nidos en bandadas, sobre todo en los meses de abril y mayo;
ora por la manana, ora por la tarde, y frecuentemente va
rias veces en un mismo dia, y raramente vuelve á empezar
ó termina el combate, sin que haya un poco de sangre der
ramada. Las hembras aguardan á algunos pasos del campo
de batalla el resultado del combate; sus gritos mantienen
y animan el ardor de los rivales y cuando son ahuyentados
los vencidos, reciben los homenages de los mas fuertes.
Acontece tambien frecuentemente, que reanimados los fu
gitivos, algunos instantes despues de suderrota por los gri
tos de las hembras, vuelven á presentarse en la liza contra
nuevos campeones con un ardor que parece ser siempre el
mismo.
)2 335
En esta época de efervescencia, propia de la estacion pri
maveral, los combatientes machos están adornados de una
especie de collar que es á la vez una arma defensiva y un
adorno del que parecen enorgullecerse. Este collar está
compuesto de largas, fuertes y aserradas plumas, que erizan
en los momentos de cólera y de lucha ; las plumas de que
se compone, ordinariamente empiezan á caer á principies
del mes de junio.
El color del collar varia segun los individuos y tambien
su forma cambia asi como sus matices, durante todo el perío
do de su desarrollo. Rojo en los unos, gris en los otros,
color mezcla en la mayor parte de los individuos, otros hay
que lo tienen de un hermoso negro violeta brillante, salpi
cado á veces de manchas rojas y es muy raro que sea en
teramente blanco. Obsérvase tambien en los combatientes
una erupcion de pupilas sarnosas y sanguinolentas en gran
fican por sí solos el nombre dado á los combatientes, es que
estas aves retan á todas las de las demás especies que se en
cierran con ellas. Los ingleses tienen la costumbre de en
gordarlas alimentándolas con leche y migas de pan ; pero
se ven obligados á encerrarlas en lugares oscuros para que
estén tranquilas, porque apenas ven la luz tienen necesidad
de combatir.
En algunos mercados de Europa se hallan estas aves es
puestas á la venta durante la primavera, pero su carne es
entonces poco estimada ; probablemente esta carne 'que
pierde mucho de sus buenas cualidades en aquella época ,
es mucho mas sabrosa en verano, época en que es muy bus
cada sobre' todo por los holandeses.
Los combatientes anidan en gran número en las costas
de Inglaterra particularmente en el condado de Lincoln ;
tambien se hallan en la primavera en las costas de Holan
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número esparcidas por
rededor de los ojos.
La tendencia mas pronunciada de los machos á reunirse
con sus companeras, concurre tambien en esta época, con
un desarrollo verdaderamente estraordinario y una mayor
irritabilidad en sus órganos. En cualquier otro tiempo solo
con suma dificultad se distinguen los machos de las hem
bras: con el collar de la primavera desap !recen los tubér
culos sanguinolentos que cubren la cabeza de los primeros
y enseguida esta se cubre de plumas.
Dijimos antes que no es solo el amor el que motiva el ar
dor guerrero de los combatientes, porque muchas veces se
baten por el mas ligero motivo. Un pedazo de césped verde
que desean ocupar, un poco de alimento que se les quiera
disputar, la presencia de algunos espectadores que les exiten
al combate, .todo es para ellos un objeto de rivalidad. Has
ta las mismas hembras tienen un carácter pendenciero y algunas hay entre ellas mas temibles aun que los ma - chos. •
-Lo que prueba además que los celos amorosos no justi
la parte delantera de la
• •
Los Coinliltien tes.
cabeza y al da, Flandes, Alemania y Francia; y son comunes en Sue
cia, Isla::día, Rusia y Siberia.
Los combatientes anidan en el mes de mayo, en el suelo,
en pequenos huecos rodeados de césped. Sus huevos son
muy buenos para comer y en algunos vises son tan esti
mados corno los de las galfinaceas. Estos huevos son puntia
gudos, cenicientos y salpicados de manchitas principalmente
en el cabo grueso. Hay cuatro ó cinco, en cada nido. En Inglaterra los cazadores eligen el instante en que se baten
los combatientes para echarles sus redes.
El plumage de los combatientes varia de tal modo, sobre
todo en los machos, que ha dado lugar á numerosas desig naciones de especies, pretendiendo sus autores que son di ferentes, cuando son iguales en el fondo, y por consiguiente
nos abstenemos de enumerar semejantes inútiles subdivisio
nes. En 'cuanto á las dimensiones, el comba tiente tiene
ccoitmi uconnmeelnténodme berieezdeá oMncaechpeutelsgapdaagsndaex.alEtusrtae. naCtuuvraielirstlao
consideraba las aves del género Fringa, como otras tantas
variedades del co:nbatienle.
2.§ 336
El mejor amigo.
II Y ÚLTIMO.
Entretanto, el carruage que conducia á Mr. de Corvelles
avanzaba con una lentitud insoportable. Al saber el cochero
la estension del viaje , habia tomado todas las precauciones
necesarias para hacer el viaje con la posible comodidad : se
habia arrebujado en su capa, lanzando al aire un latigazo
inofensivo, y dormídose enseguida, encomendando su alma
á Dios y su cuerpo á los caballos. Víctor que notó la negli
gencia de su guía, la aguantó en un principio con resigna
cion , pero temiendo llegar el último á la cita, no pudo
contener su impaciencia.
— ! Cochero, le dijo, á ver si avivais un poco!
El cochero, asustado, se restregó los ojos, alzó la cabeza,
y viendo que todo estaba tranquilo en torno suyo, sacudió
á los caballos y volvió á dormirse. Pero por fortuna, y á
pesar de las dilaciones, Mr. de Corvelles fué el primero
que llegó.
Apurábase en tanto Mr. Benn , lloraba de antemano la
pérdida de su crédito, y de buena gana le hubiera cedido
con las tres cuartas partes de pérdida. Un desafío es cosa
grave, solemne : cuando dos hombres fian su vida al ter
rible juego de las armas, es difícil separarlos, y lo que las
súplicas de una madre, la amenaza del castigo, el temor
de la muerte no han conseguido jamás, lo intentó Mr. Benn
solo. Puede que tambien le hubiera surtido buen efecto
arrojarse entre los combatientes á manera de Sabina, pero
no estaba Mr. Benn por los caminos heróicos, y se contentó
con ir á buscar á los gendarmes. Los primeros que tropezó
le parecian escelentes para su proyecto.
—Senores, les dijo; va á cometerse un crímen atroz, en
nombre de la ley pido ausilio para impedirle.
Esta brusca interpelacion dejó estupefactos á los gendar
mes: pero la fórmula era sacramental; prescribia un deber
que no era posible esquivar.
— ?Qué ocurre? le preguntaron.
Mr. Benn les esplicó en pocas palabras la aventura, y los
empujó, aturdidos todavía, haciéndoles tomar asiento en
un fiacre que pasaba. Ya sabemos lo que sucedió despues;
Mr. Benn , escondido con su ejército, aguardó que saliera
Mr. de Corvelles y le siguió á alguna distancia hasta el para
je designado.
Apenas se hubo apeado del fiacre, cuando impaciente por
evitar la curiosidad que hubiera podido despertar su arse
nal portátil, se internó en la espesura del bosque ; pero
Mr. Benn y sus dos acólitos no le perdieron de vista un
instante, y cuando le pareció oportuno al usurero :
— Gendarmes, dijo ; prended á aquel hombre.
Los gendarmes corrieron al alcance del jóven , y acer
cándose á él cortesmente
—Caballero, dijo uno de ellos senalando á la caja acu
sadora; ? qué llevais ahí?
—?Qué os importa? contestó Mr. de Corvelles volviéndo
les la espalda.
—,Cómo, qué? ? llevais papeles que acrediten?...
Víctor se mordió los labios y se puso pálido porque co
noció que estaba perdido.
—?Por ventura hay necesidad de papeles para pasear ?
preguntó.
—Senor mio, tampoco hace falta una caja de pistolas.
Se os ha cogido infraganti: servíos acompanarnos á vues
tro domicilio para probar la identidad.
Echaba Víctor espumarajos de rabia : miraba en derre
dor esperando algun ocorro imprevisto, pero nadie asomó
y renunciando á una resistencia inútil , los siguió hasta su
coche. Una hora despues llegaron á la fonda de las Cuatro
Naciones, y los gendarmes despues de cerciorar3e de la ha
bitacion , nombre y clase de su prisionero, le pusieron en
libertad y le pidier3n perdon por haberle molestado
Mr. Benn había asistido desde lejos á la prision de Mr.
Corvelles y á pesar de todo sentia una grande inquietud.
En efecto, con un carácter tan altivo como el de Víctor era
de temer que esta escena tuviese consecuencias cien veces
mas fatales que el mismo desafío que acababa de evitar. El
usurero conoció la necesidad de prevenirlas, y volviendo á
subir en su carruage , siguió de lejos á nuestro jóven y en
tró poco despues que él en la fonda. Víctor estaba recostado
en un sillon y agoviado por el mas profundo abatimiento;
pero apenas vió al viejecillo se levantó precipitadamente ;
sus ojos despedian fuego, y con voz terrible, gritó clavando
en el pobre hombre una mirada amenazadora.
— ! Ah! estais aquí : ahora lo comprendo todo ; vos sois
el que ha enviado los gendarmes, y ahora venís á gozaros
en vuestro triunfo.
A esta brusca interpelacion , Mr. Benn esperimentó por
un momento un terror involuntario, pero el recuerdo delos
treinta mil francos, le volvió tod su presencia de ánimo:
—No os comprendo, respondió afectando un aire de ad
miracion.
— !Sí, sí, disimulad; yo sabré á que atenerme en adelan
te Os habeis portado infamemente conmigo, Mr. Benn ,
pero yo juro que os ha de costar caro.
—?Pero, que me ha de costar? preguntó el usurero con
un asombro que al menos por esta vez era sincero.
—Sin duda habeis creido asegurar con esto vuestro dine
ro, pues os habeis enganado miserablemente, Mr. Benn !..,
dijo Víctor precipitándose sobre sus armas. A mi desespe
racion habeis anadido mi deshonra : ahora no puedo ya vi
vir, y no me queda mas recurso que el suicidio.
A estas palabras el viejo se arrojó con la ligereza de un
tigre sobre el brazo del jóven, y le desarmó ; despues hin -
cándose de rodillas, esclamó:
— ! Oh! Mr. Víctor, en nombre de Dios no hagais tal
disparate! Si, yo soy culpable, soy yo quien ha impedido'
ese cruel desafío, pero solo por sallar vuestra vida, vuestra
sola vida ; ? me oís, Mr. Víctor?
A todo esto Víctor parecia mas sereno : Mr. Benn se le
vantó, pero no se atrevia á renovar la conversacion: Víctor.
fué el primero en romper el silencio.
—Mr. Benn dijo, os habeis portado muy mal conmigo,
confesadlo, pero yo os perdono con la condicion que repa
reis el dano que me habeis hecho. Sois el mejor de mis ami
gos, como vos mismo decís; por consiguiente no nos debe
mos incomodar, tengo dos cosas que pediros. •
— Hablad, hablad, repuso el viejo muy contento del giro
que babia tomado la conversacion ; ya sabeis que mi deseo
es solo complaceros.
— Pues bien, por de pronto necesito dinero, y vais á
prestármelo. Nadie sabe lo que puede suceder, y yo quiero
pagar ahora mismo á• todos mis acreedores.
Al oir estas palabras, los ojos de Mr. Benn tomaron una
singular espresion y parece querian Saltársele de las órbi
tas; pero el momento no era el mas oportuno para delibe
rar ; el usurero juzgó á propósito el prometer, aunque allá
en sus adentros se reservase el cumplir ó no su promesa.
— Está muy bien, Mr. Víctor, tendreis dinero.
— Perfectamente; pero ahora está comprometido mi ho
nor en este desafío que vos habeis impedido, y es menester
que vayais en persona á dar una satisfaccion á mi contrario
del motivo que me ha impedido el verificarlo, y á decirle
que elija la hora y el sitio que mejor le convenga para con
tinuarlo.
— Pero, ?qué queréis todavía ',batiros? dijo Mr. Benn
consternado.
— Es indispensable. Ese hombreme ha quitado la muger
que yo amo, y se va á casar con ella: es necesario que
muera él 6 yó, y no hay medio ninguno de componerlo.
Al oir esta esplicacion un rayo repentino de esperanza
iluminó el rostro de Mr. Benn.
— ?Y cuándo debe verificarse el casamiento?
—Dentro de una semana.
—?Hay dote?
—Sin duda.
—!Lleva dote! gritó el usurero fuera de sí.... Ese casa
miento no se verificará. •
Víctor encogió los hombros en senal de incredulidad.
—?Y quién podrá impedirlo?
— Yo!
—?Cómo?
—Eso es lo que no sé, pero os aseguro que no se verifi
cará, y que el dote será para nosotros.
El tono de seguridad del viejo, su aire de inspiracion y
la idea que tenia de su gran esperiencia en toda clase de
intrigas, produjeron en el ánimo de Víctor una completa
transformacion.
—;Ah! Mr. Benn , esclamó cogiéndole con entusiasmo
las manos; si salís bien con vuestra empresa podeis contar
con todo mi reconocimiento !
—Cuento con él; pero no hay que perder un instante.
?Cómo se llama el suegro?
—31r. Auvray, negociante.
---10h! ?es un negociante...? Tanto mejor, t'in compane
ro...! ?Qué calle...?
—De Richelieu, número 130.
— Y el nombre de vuestro rival.
—Emilio Lebray.
Al oir este nombre Mr. Benn cayó por tierra como si un
punal le hubiera atravesado el corazon.
La calda repentina de Mr. Benn sin motivo alguno apa
rente, y cuando su semblante anunciaba la mas viva v sin
cera alegría , sobrecogió de tal manera á Mr. de Corvelles
que no dndó en manera alguna que hubiese sido atacado de
un accidente apoplético. Se arrojó al momento sobre él,
pero ya el viejo se habla vuelto á levantar.
Y bien! preguntó Víctor aun mas sorprendido de
esta curacion repentina, ?qué teneis?
Pero el pobre usurero no podia hablar.
—?Conoceis á Mr. Lebray? volvió a preguntar. -
Ah! Mr. Víctor respondió el prestamista demasiado
aturdido aun para poder coordinar sus ideas, Mr. Lebray
es uno de mis deudores.
A estas palabras Mr. de Corvelles se mordió los labios ;
entonces lo comprendió todo.
. Tom. Y.
337 ge
En efecto el doctor y él no solamente se hablan encon
trado á lospiés de la hija del comerciante, sino que ya a nterier
mentetenían sin saberlo, muy íntimas relaciones por medio
de la bolsa del usurero.
—Mr. Benn, repuso Víctor con un tono de mal humor
que no trató de ocultar, ahora conozco que no debo esperar
nada. 'refreís dos deudas que os son igualmente queridas, y
no hay mas que un dote para poderlas pagar. Acordaos al'
menos de la mala pasada que me habeis jugado esta mana
na, y de la promesa que me habeis hecho de repararla.
Al decir esto nuestro jóven, mostraba con el dedo la puerta
al usurero. Tal vez creia con estas palabras atraer para sí el.
corazon egoista del viejo, pero su sistema de amenaza nó
dió ningun resultado. Mr. Benn deseoso de salir de una
posicion tan embarazosa y de reflexionar con libertad sobre
el modo mejor de escapar de una disyuntiva tan desagrada
ble, se levantó, diciendo al despedirse.
—Mr. Víctor : es verdad que una complicacion inespe
rada ha venido á contrariar mis ardientes esperanzas; pero,
no osdebeis por eso desani,nar : dentro de una hora ten
dreis noticias rnias, de un modo 6 de otro.
Y salió sin decir mas palabra.
En cuanto se vió en la calle se dirigió apresuradamente
hácia su habitacion.
El doctor y Víctor se disputaban tan igualmente su cora
zon, que Mr. Benn quedó por algunos instantes anonada
do, cosa que sucede á menudo á los mas felices calculistas
en medio de sus meditaciones. Al fin un rayo de luz penetró,
en su alma , y miró su posicion bajo su verdadero aspecto.
El caso es que no habia mas que una sola hija y un solo
dote. Era indispensable un combate entre los dos deudores
6 entre las dos deudas ; la indecision del usurero no fué
larga. El duelo real, el de las personas, fué rechazado con
horror, y una vez libre de este pensamiento, Mr. Benn sin
tió una satisfaccion indecible. Sin embargo quedaba aun un
punto bastante dudoso que resolver, y era decidir cual de
las dos deudaá habla de caducar.
De todos los deudores de Mr. Bann , Víctor era sin dis
puta el que mas suStos y mas lágrimas le habia costado ;
aquel a quien habla hecho las mas lisonjeras protestas y da
do, en fin, las mayores pruebas de su ternura. Mr. Benn se
decidió casi sin discusion en favor de Víctor, mas un cálculo
repentino le demostró al mismo tiempo que la deuda de
Emilio era algo mayor que la de su rival, de suerte que en
buena conciencia, en buena justicia y en btiena economía,
debla este tener la preferencia. Y como antes de ser hom
bre Mr. Benn era usurero, por esta vez fué Emilio el prefe
rido. Pero Emilio era un jóven alegre, ansioso de vida y de
placeres, y que dejaba envejecer sin aprension sus deudas
y sus acreedores ; mientras que Víctor habia dado aquella
misma manana una prueba tan notoria de su disgusto por
la vida y del arrebato de su carácter, que á la verdad el di
nero asegurado sobre su vida no estaba muy al abrigo de
peligros. Esta última consideracion acabó de decidir al usu
rero y Mr. Benn encontró definitivamente al elegido de su
corazon.
Resuelto una vez el sacrificio de Emilio solo pensó en los
medios de impedir el casamiento; la cosa no era muy difí
cil, pues bastaba para conseguirlo enviar al doctor á Clichy.
Mr. Benn estaba bien seguro que nunca un negociante co
moMr. Auvray daria su hija á un preso por deudas. Tran
quilo ya por la infalibilidad de su proyecto, el usurero se
acercó á una mesa llena de legajos qué ocupaba el centro
de su habitacion, y escribió á 111r. de Corvelles la carta si
guiente:
43
338 K
«Mi querido Mr. Víctor, desde este momento podeis con
sideraros como el solo concurrente á la mano de Mine. Au
vray, y renunciar á todo proyecto de duelo ni venganzas:
dentro de veinte y cuatro horas estareis libre de vuestro
rival.»
En seguida entregó la carta á un dependiente, y se de
dicó á reunir los papeles que obraban en contra del deudor
condenado.
Al dia siguiente, 17 de octubre, Mr. Benn llamaba á la
puerta de un vecino suyo: este vecino era un hugier.
—Mr. Plumet, dijo el viejo, enviad á buscar un coche y
dos alguaciles del comercio, tengo esta misma manana que
hacer ejecutar un auto de prision.
Algunos momentos despues llegaron los dos alguaciles, y
aquellos cuatro siniestros personages subieron al coche. El
carruaje partió, pero á poco se detuvo.
—Esperadme aquí, dijo Mr. Benn al hugier: voy á pre
sentarme yo solo para levantar la caza : entonces podeis
bremente caer sobre ella.
A estas palabras el hugier dobló las vueltas de sus man
gas; no de otro modo muestran esta especie de gatos sus
unas ; los dos alguaciles le imitaron y Mr. Benn subió solo
á la habitacion del doctor.
— !Hola! dijo este viendo de lejos al hugier. Hola MI%
Benn. •
—Si senor, yo soy, respondió el usurero arrugando el
entrecejo para ocultar la mirada penetrante que arrojaba
sobre el pobre jóven.
—Hacia ya mucho tiempo que no tenia el gusto en
veros.
—Eso mismo iba yo á deciros.
—,Y podré saber lo.que os trae por acá?
— Me parece que no os será muy difícil adivinarlo ; bas
tante tiempo he mostrado mi paciencia, pero esto no es una
razon para que sea....
—Eterna....
—Vos lo habeis dicho : vengo á pediros mi dinero....
—Habeis hecho muy bien, respondió tranquilamente el
doctor : os esperaba para dároslo.
La sorpresa que recibió Mr. Benn en este momento fné
por !o menos igual á la que había esperirnentado la víspera.
—?Qué? esclamó, vais á pagarme?
— ?,Os admira eso?
— yllabeis tenido alguna herencia?
—Precisamente.... Ahora, bien, ya comprendereis que
yo no puedo tener en mi casa semejante cantidad á vuestra
disposicion. Aqui teneis una póliza pagadera á la vista, so
bre mi escribano, á quien entregareis estos papeles.
Mr. Benn adelantó maquinalmente la mano y los tomó ;
estaba sin saber lo que le sticedia. En efecto, ya no había
medio de Oponerse al casamiento del doctor, y Dios sabe á
que estremo de desesperacion podía conducir á Víctor con
sus manias de duelo y de suicidio. Sin embargo, Mr. Benfl o
creyó deber rechazar la fortuna que le acariciaba á su pesar
y cediendo á una especie de reconocimiento por el delicado
proceder de su deudor, revistió su rostro de la mas dulce y
halagüena sonrisa que podía espresar su fisonomía.
•
— Ea pues, Mr. Emilio, yo os doy las gracias.... Hasta
la vista.
—No, Mr. Benn , hasta nunca mas
Entre tanto el hugier oculto en el coche y con la mano
en la portezuela atisbaba su presa por entre la persiana. Al
ver al usurero solo, le preguntó :
— !Cómo! ?volveis solo?
— Podeis marcharos.
— ?y el carruage?
Pagadle que ya nos veremos.
La primera idea que se le ocurrió á Mr. Benn , fué la de
ir en aquel mismo momento á percibir el importe de su
cuenta. Por una previsora casualidad el 17 de octubre era
domingo, y las escribanías estaban cerradas, M. Benn ha
bia esperimentado ,tantas sensaciones en el término de 24
horas , que lo había echado en olvido. Regresaba ya con la
cabeza baja y sobremanera indeciso acerca de lo que debia
hacer : el ir á ver á Victor le causaba un terror insuperable,
y sin embargo era necesario verle. Víctor animado por la
carta del día anterior podría ir á casa de Mr. Auvray,, y
valía mas avisarle con tiempo que dejarleespuesto á la hu
millacion y cruel desengano que le esperaba en casa del
negociante.
— Verdaderamente , pensó Mr. Benn , es una lástima
que no haya medio de impedir el Casamiento del doctor ;
sobre todo, ahora que me ha pagado : si yo pudiese hacer
pasar el dote á manos de Mr. Corvelles , recobraría las dos
deudas á la vez.
No bien se presentó á su imaginacion esta idea; principió
á inquietarle sin descanso, hasta que al fin á fuerza de darle
vueltas dió en lo que deseaba. El resultado fué dirigirse
precipitadamente á casa de Mr. Auvray.
Algunos instantes despues Mr, Benn fué introducido en
casa del negociante.
-- Caballero, dijo, siento venir á importunaros por una
cosa qus no merece la pena ; pero he sabido que conocíais
á Mr Emilio de Leblay.
— Es cierto que lo conozco, respondió Mr. Auvra y, mi -
diendo con una mirada de sorpresa el estrano pérsonage que
tenia delante de sí.
—Caballero, yo me llamo Salomon Benn.
Al escuchar esta revelacion Mr. Auvray no pudo conte
ner un movimiento de repugnancia, pero Mr. Benn , hizo
como que no lo habia notado.
—Yo soy, continuó, . soy.... negociante lo mismo que
vos, y he hecho algunos negocios con Mr. Leblay.
—!Negocios! dijo Mr. A uvray admirado. ?Y qué negocios
son esos? Mr. Leblay es doctor en medicina, y no com
prendo....
— !Ah! repuso el usurero con una sonrisa maligna, los
jóvenes tienen á veces necesidad de dinero, y entonces....
me comprendeis ahora?
— Si, ahora os comprendo, respondió el comerciante ar
rugando las cejas. y Y qué tenemos con eso?
—Mr. Leblay y yo hemos estado algun tiempo en rela
ciones mútuas; pero esas relaciones han cesado y Mr. Emi
lio me ha quedado debiendo una cantidad considerable.
— ?Con qué os debe dinero?
— Precisamente.
—4Y cuánto Os debe?
—Unos treinta mil francos poco mas.
— !Treinta mil francos! esclamó Mr. Auvray levantán
dose bruscamente.
Despues volviéndose á sentar dijo:
— Mr. Benn , podeis continuar.
—Viendo que DO podia reembolsarme de los adelantos
que le habia hecho, pedí y obtuve un auto de prision
—Un auto de prision.
— Ya veis que me seria fácil castigarle por su mala vo
luntad; pero no quisbra castigarle por su desgraciada
suerte.
—Caballero, repuso el comerciante, yo conozco poco á
Mr. Leblay : me ha sido presentado por un amigo hace muy
)1 339 t<
poco tiempo; sin embargo, os aseguro que los buenos Mor
mesque él me ha dadodesmienten del todo vuestras palabras.
Mr. Benn conoció que esto equivalia á pedirle pruebas
de lo que habia dicho. Entonces se dió mil parabienes de
que el 17 de octubre fuese domingo, y de que las escriba
nías estuviesen cerradas; ,porque sacó al punto su cartera,
y presentando los papeles de Emilio, dijo:
—Caballero, ved aquí testimonios que no me dejarán
mentir.
Mr. Ati,vray se apoderó con ansiedad de los papetes y los
examinó minuciosamente uno despues de otro. Hecho esto,
ya no le quedó duda alguna.
—Nos tengo nada que oponer á esto, dijo devoldendo
con una mano trémula los papeles al usurero.
Y apoyando su frente sobre las dos manos permaneció al
gunos momentos sumergido en sus reflexiones.
—?Segun parece M. Leblay lleva en París una vida bas
tante disipada?
—?Hum,hum! murmuró el usurero que conocia toda la
fuerza de su reticencia ; como todos los jóvenes !
—? Y creis vos ser su úni(o acreedor?
Mr. 13enn tomó un aire de dignidad ofendida.
—Caballero, respondió , yo no soy un delator.
Esto equivalia á decir que el doctor tenia otrosacreedores.
—Perdonad, murmuró Mr. 'Auvray cayendo sobre su
sillon, vencido por la indignacion y la cólera.
Mr.Benn.triunfaba: el golpe habla sido dado con acierto,
y aprovechó los momentos de descanso que le dejaba el
'negociante, para sabOrear.su victoria. Sin embargo, este
silencio se prolongaba demasiado, y Mr. Auvray no parecia
dispuesto á romperlo.
—,Y bien, caballero?... dijo al fin el usurero.
—Y bien, respondió el negociante Mr. Lebiay os pagará
sin duda ninguna, pues tiene á sudisposicion una briilante
herenéia ; su padre acaba de morir.
— Os agradezco infinito el aviso, caballero. Ahora bien;
voy á hacer la última tentativa con Mr. Leblay , para lo
que marcho ahora mismo á su cala.
1W. Benn hacia esta indicacion para que Mr. Auvray
creyese que la visita que acababa de hacerle habia precidido
á la qué habla hecho el jóved médico, y en la que este le
,habia entregado las pólizas contra el escribano. Despues
haciendo un profundo saludo, dejó al comerciante entre
gado á sus tristes meditaciones, y salió á la calle muy sa
tisfecho de sí mismo.
El usurero que ya no temia ver á Mr. de Corvelles, corrió
al punto á su casa. Ya era tiempo de que llegase porque
Yictor se ,consumia de impaciencia.
—?Qué hay? preguntó el jóven luego que vió á Mr. Be.nn;
? habeis vencido ?
Silencio, dijo este llevando misteriosamente el dedo
,á su lábios,
— Qué significa esto ?
-- Vais á saberlo.
— Pero en fin , 4 qué sucede?
-- Dentro de poco vendrá quien os traerá mas noticias
;de las que yo es puedo dar. Tengo un presentimiento que
no me puede .enganar. •
Tan pronto el aire de alegría del usurero infundia espe
ranza, como sus reticencias llenaban de ansiedad el corazon
de nuestro jóven : pero á pesar de las mas vivas instancias,
Victor no pudo obtener otra respuesta del inflexible viejo.
Algunos momentos despues llamaron á la puerta. Mr. Benn
se levantó precipitadamente, y corrió á ocultarse en la pieza
inmediata.
Era el criado de Mr. de Corvelles que traia una carta
que acababan de darle ; pero éste, preocupado únicamente
con su amor , la dejó con indiferencia sobre .la mesa. Al
punto Mr. Benn salió de su escondite , y acercándose á
Víctor, le dijo :
—Y bien , cuando yo os decia leed.
Victor admirado del acento particular del viejo abrió la
carta y leyó lo siguiente :
« Mi querido Victor', circunstancias imprevistas acaban
de libertarme de compromiso que habia contraido respecto
de la mano de mi hija : hoy me considero dichoso en poder
ofrecérosla : venid , pues os espero con impaciencia.»
Esta carta produjo tal aturdimiento en Mr. de Corvelles,
que tuvo por un momento que cubrirse los ojos con las
manos. En cuanto á Mr. Benn rebosaba de alegría.
— Mr. Benn., esclamó al fin el jóven cogiendo con efu
sion las manos del anciano , osdebo aun mas que la vida !
—Sí, seguramente mucho me debeis , respondió éste,
que como ya hemos tenido lugar de conocer, tenia siempre
una idea fija , y nunca descuidaba su derecho.
— Sin embargo , vos habreis enviado á Mr. Leblay á
Clichy , y yo no puedo permitir que nadie se vea privado
por mi causa de la libertad.
— Mr. Lehlay está libre , y no solo está libre , sino que
me ha pagado. .
-- Pero ?cómo habeis hecho ?...
— Ese es mi secreto; pero andad, andad aprisa. Tomad,
aquí está vuestro baston , vuestro sombrero ; no hay que
perder un instante.'
— Voy corriendo.
— Sí , corred , mientras os espero aquí, porque quiero
asistir á vuestro casamiento ; eso es muy justo.
— Seguramente que sí.
— Marchad, buena fortuna, y,sobre todo tened cuidado
no os atropelle algun coche.
Pero el jóven estaba :ya léjos , y se dirigia á paso largo
hácia la casa de Mr. Auvray. Sin embargo, tropezó en el
camino con la del doctor, y esta vista le recordó que tenia
un deber que cumplir. En su consecuencia , subió.
—Caballero, le dijo, tengo que daros una satisfaccion
y aremosuna reparacion.
—Ni la uno ni lo otro, respondió sonriendo el doctor;
nadie está al abrigo de. los gendarmes.
.-Pero no sabeis que me caso con la senorita de Auvray.
—Ya lo sé: aquí tengo una carta de Mr. de Auvray en
que me lo participa, y á deciriverdad , no me pesa de nin
gun modo ; solamente hay uno que me ha hecho traicio,n
en este negocio, pero os prometo darle una buena correc
clon ; por este motivo he cambiado de baston.
Al decir estas palabras Mr. Leblay le ensenó un garrote
de hermosas dimensiones que habia sustituido á el delgado
junco que acostumbraba llevar.
— Esta'es la única venganza que pienso tomar.
En este momento Mr. de Corvelles no pudo menos de
pensar en las espaldas de su mejor amigo ; pero disimuló su
pensamiento con cuidado, y despues de haber apretado cor
dialmente la mano de su generoso rival se dirigió á casa de
Mr. Auvray .
Lo demás se dEja adivinar. El casamiento se verificó á
pocos dias con gran pompa y sobre todo con una sincera
alegría de todis. Mr. Benn, oculto en un rincon tie la igle
sia, habia asistido á la ceremonia segun lo habia prometi
do , pero conociendo despues que no podia presentarse en
casa de Mr. Concites por miedo de encontrar en ella al
suegro, comprometiendo al mismo tiempo' al yerno, aguar..
"rió á este;a1 salir, y aprouchándose de un movimiento de
la muchedumbre allí reunida, se acercó sin ser notado.
—Mr. Víctor, le dijo, manana mismo necesito el dinero
'que me debeis.
A cuánto asciende?
340
— A cuarenta mil francos.
— Manana estará en vuestra casa.
s—iYSaíe, ssambí,eirseppqluiceóryMoer..d.e-C-orvellesinterrmpiéndole, sos
el mejor y mas caro de mis amigos.
Geografía y viajes.
LA ALUMBRA.
Esta fortalezá está situada sobre una de las colinas (pie
'dominan la ciudad y llanura. de Granada : tiene media le
gua de circuito, y sus dos alcázares 6 palacios reales, reu
nen lo mas rico y selecto del arte en. este .género c-strue
turas..Su conjunto forma una de las maravilLas de Espana,
y los mármoles y columnas., en cuyos pedestales'están re.-
. presentadas muchas batallas, con figuras t',e medio r. bese
.cinceladas con mucha delicadeza, y la slnindante profusion
de otras labores, manifiestan las inmensas sumas que ha
.costado. Estos dos alcázares están contiguos. El milpero y
dí , ó justicia mayor, á los negociat tes; y á la puerta de
ella halda un azulejaptiesto en la pared con letras árabes
que decían « Entra y pide ; no temas pedir justicia , que
hallarla has.» El segundo palacio, que está á la parte de
levante, sg denomina el Cuarto de los Leones, por una her
mosa fuente •que tiene en medio de un patio enlosado de
alaba›tro y con muy ricos pilares al. rededor. Esta fu, nte
tiene una gran pila de alabastro colo,ad.i sobre doce leones
de lo mismo, puestos en rueda, del tamano de becerros, y
horadados con tal artificio, que e! agua del uno corresponde
La Alhánarra:
mas principal se llama Cuarto de Collares, del nombre de
una hermosísima torre labrada ricamente por dentro, de
una labor muy costosa y muy apreciada entre los persas y
sirios, llamada Cumarojia; en él tenia su fundador, Abil
Hagex-Jusef, los aposentos de verano. Desde sus ventanas,
que corresponden al cierzo, al mediodía y á poniente, se
(bscubren las casas de la Alcazaba , del Alba yein, la mayor
parte de la ciudad, toda la ribera del ;lo Darro y la vega,
eon hermosa y amena vista de jardines y arboledas. A la
entrada de este palacio hay un pequeno patio con una pila
baja al gusto africano, muy grande y de una pieza, labrada
á•modo de venera,1 á uno y otro cabo hay dos saletas la
bradas de diversos matices y oro, y de hizos de aztt ejcs,
donde juntaba el rey su consejo y daba audiencia
estaba ausente, oia, en la que está junto á la puerta, el Cd..
•
•
al del otra, y todos la echan á un tiempo por la boca ; y por
encima de la pila sale un charro que baila todos los leones.
Esta fuente tiene una lápida con una inscripción-árahe que
dice: « Mandó hacer esta labor nuestro senor Al2olebbillab.
ensalce Dios su estado y acreciente su %alar. Acabóse á loor
de Dios y para contentamiento de los que vean su perfec
CiOn , por mano de Aben-Mahomad-Aben-Cencind. Com
plázcase Dios de él. En el mes xenal de 780 » En este
cuarto están las aposentos, alcobas y salas reales de invier
no, no menos.ricog que los de la torre de Comares ; y allí
habia un bano artificial , enlosado de grandes alabastros, y
• con sus fuentes y pilas. A espaldas del cuarto de los leo
nes, hácia el mediodía, habia.una capilla real con los sepul
cros, y.se hallaron. en el ano 1574 unas losas de alabastro
que, 1..egun parece, estaban puestas á la cabecera de los se
x 341 tc
pulcros de cuatro reyes de esta casa, y en la parto. de ellas, I
que salía de la tierra, se leian en ambos lados dos epitafios
en letra árabe dorada, puesta sobre azul, en prosa y verso I
en alabanza y memoria de los que en ellos yacían. Hay I
además en estos alcázares una sala que llaman de los Se
crelos, hecha con tal artificio , que poniéndosedos, en dos
paredes opuestas, y hablando en voz baja, se pueden en
tender y comunicar, sin que los que están en medio lo per
ciban ni oigan. Se manifiesta tambien en ellos el paraje
donde dicen fueron degollados los Abencerrajes.
Ensayo sobre las condiciones literarias y morales del refran
espanol, traido á mas regulares formas.
por 1. 2. Maciag.
!Dioes el refran de la Sabiduria
de los pueblos, y su estudio y cultl
No, asunto de la mayor impor:an
eia en el estudio de las lenguas.>>
PENA Y TOVAR.
El refran espanol , constituye una especie de filosofía
práctica vulgar, tanto mas apreciada así dél pueblo como
de las clases instruidas, cuanto que sus admirables lecciones
son de cornprension fácil para todo el mundo , con solo que
se espliquen una sola vez. El refran es siempre hijo de la
esperiencia ; y como lo que bien se conoce bien se dice, se
gun el sabio juicio de Boileau , de aquí es pues que el re
fran , siendo bien conocido su objeto por el que lo escribe,
y bien expresado por consiguiente, sea tambien comprendi
do con facilidad , desde el momento en que se descubre su
sentido oculto, por una ligera eswicacion de cuatro palabras.
Pero vamos á otra cosa.
En nuestro humilde juicio,e1 refran espanol, á pesar de su
extraordinaria vulgaridad , no solo no carece de belleza ,
sino que hasta parece ostentarla con cierta informe* coque
tería. Sus misteriosos resortes, han sido hasta ahora poco
estudiados, ó no lo han sido nada ; pero sí se detiene sobre
ellos la atencion , preciso será reconocer que, á pesar de
su vulgaridad sin límites , es susceptible de arte y buen gus
to. Sin arte no hay sino monstruosidad. La naturaleza no
es monstruosa, á pesar de lo irregular, y desordenado de
sus manifestaciones, porque obedece á un arte misterioso
que la hace ser bella por sí misma. El hombre no ha creado
el arte, .que es obra de Dios : lo que ha hecho únicamente,
ha sido observar las bellezas de la naturaleza moral y físi
ca : descubrir sus misteriosas leyes y arrebatárselas, pro
clamándose maestro : fórmar con ellas un cuerpo de Cáno
nes artísticos llamadas reglas, y decir con énfasis á los que
venian despues de él : mediante estas. reglas, se hace esto ,
lo otro y aquello. Es decir, se dibuja , se talla , se escribe,
se habla , etc., pues el arte es la • belleza .natural , formulada
en reglas precisas, suminislradas por la misma belleza-que
el arte trata de reproducir. Asi es que , si no hubiera, habi
do belleza natural, no hubiera habido arle , porque no hu
biera tenido madre que la diera el ser , ni tampoco hubiera
podido haber belleza ideal , porque no hubiera habido idea
de la belleza natural. La belleza natural es independiente
del arte ; pero el arte es dependiente de la belleza natural,
como hijo y como discípulo.
Ha habido pues un tiempo, en que todas las obras de
arte se han hecho sin arte, ó lo que es lo mismó, sin reglas,
por•pura y simple inspiracion y nada mas. Tcdos estos tra
bajos han sido naturalmente mas toscos .é informes que los
verificados despnes de conccido el arte ; pero no menos
1.
grandes en su concepcion , por cuanto el arte no tiene por
objeto crear , dar genio , sino regular las creaciones del
genio , corregirlas , limarlas , siguiendo á la naturaleza.
Sin embargo , despues de conocido el arte , sus reglas son
leyes , él es la norma del buen gusto , y todo se hace en
él y con él.
Cierto que esta digresion conduce á bien poco en nues
tro asunto ; no lo desconocemos; empero sirve á demos
trar que , como los demás trabajes de arte , el refran
espanol ha existido tambien sin reglas , nada menos que
desde ia infancia del idioma ; y (pie, así corno aquellos han
ido aceptándolas, al paso que han ido conociéndose y esta
bleciéndose , así el réfran, tarnbien , cuando las suyas sean
conocidas noria observacion , el buen gusto las aceptará y
establecerá , las convertirá en leyes fijas , y á parte de la
eleccion de los asuntos , lo cual corresponde á la inteligen
.cia y buen juicio del autor, se harán refranes como se hacen
apólogos y fábulas.
Las reglas del refran espanol , son en primer término,
que grave 6 humorístico , encierren una.leccion útil , por
qtie, en otro caso para nada serviria ; y en segundo , que
además de no constituir nioguna perogrullada , siexpresion
sea sentenciosa , su forma aforística ; su lenguaje metafó
rico de sentido oculto, asonantado mal 6 menos., para que
la resonancia haga que se imprima mas fácilmente en la me
moria, y por último, arcaísrnico en las Palabras 6 en la
construccion , siempre que pueda ser, para que un gustoso
sabor y olor, de antigüedad , haciéndolo mas respetable,
haga naturalmente' mas aceptable su ensenanza.
Estas condiciones, puramente arísticas y de buen gusto,
solamente se encuentran en el refran que pudiera llamarse
clásico; pero como lo que constituye la bondad en este gé
nero no es tanto la regularidad de la forma como la esce--.
lencia del fondo, resulta que las reglas dichas no sean de
bsoluta necesidad, como no lo son , pues hay escelentes
refranes bajo formas de una irregularidad que espanta , sin
que por eso sean menos estimados ni menos repetidos: Sin
embargo, no hablamos de estos, sino del refran de condi
ciones literarias y morales, en grado mas 6 menos re
gular.
Nuestra lengua, en su habitual modo de decir, confunde
ordinariamente el refran con • el proverbio y. con el dicho
vulgar, lo cual es un error. El proverbio es siempre una sen
tencia de alta sabiduría , que no tiene necesidad de espli
cacion de ninguna clase, y lo mismo sucede á la máxima,
sea moral', política ó religiosa , en que el sentido es clarí
simo para todas las inteligencias; mientras que el del refran
y támbien en el dicho vulgar, es siempre figurado ; y aun
cuando no por esto dejan de ser comprensibles, no lo son
y 342 e<
sino al través de un velo mas ó menos tupido, al cual con
viene siempre levantar una de sus puntas para que la com.
prension sea mas fácil. Además de esto, el proverbio y la
máxima , por 13 misma gravedad de su naturaleza, no pue
den menos de ser graves en su forma, en tanto que el
refran y el dicho vulgar, admitiendo el sentido humo
rístico, tienen muchas veces que prescindir de toda forma
lidad.
El refran, sin embargo, es mas universal que el proverbio
y que la máxima, por cuanto participa de la naturaleza de
ambos, ocupándose indistintamente del objeto de ambos
con mas modestas pretensiones, y tomando un carácter y
singular índole, popular en extremo y del agrado de todos,
sin esceptuar á los mismos sábios.
No tienen necesidad de esplicacion el proverbio ni la má
xirna , porque toda esplicacion es tina especie de inter
pretacion , y lo que se esplica 6 interpreta en el refran, son
las figuras de pensamiento, que ni el proverbio ni la má
xima pueden tener, porque desde el momento en que las
tuviesen, dejarian de ser máxima y proverbio, y seria
preciso clasificarlos de otro modo y con otros nombres.
El temor de Dios es el principio de la sabidurta. lié aquí
un proverbio. Haz bien y no mires á quien. Hé aquí una
máxima. ?Qué hay que esplicar en uno ni otro ? y Quién
no entiende su doctrina ?
Pues bien.
El que no está hecho á bragas, las costuras le hacen llagas.
lié aqui un refran , cuyo sentido parece claro, y se com
prende ; pero mejor cuando se esplica.
A.ertado le 114 Pedro á la cogujada, que el rabo lleva tuerto.
Hé aquí un dicho vulgar. No hay duda alguna en que su
sentido de irónica a probacion á cualquier desatino, se tras
luce, pero no se vé claro, y siempre tiene necesidad de que
se levante el velo un poco. El refran y el dicho vulgar son
en esto iguales.
El proverbio se ocupa de los principios abstractos de la
filosofía, de la religion y de la moral. La máxima, se ocupa
de las mismas materias que el proverbio, pero siempre bajo
un punto de vista concreto y de aplicacion. El refran se
ocupa indistintamente de todo; pero en formas puramente
vulgares, y sin mas criterio que el de buen sentido práctico
y esperimental , llamado sentido comun.
, Además de estas diversas formas doctrinales que, en tes
timonio de lo muy acordes que están con la naturaleza del
juicio humano se encuentran en todas las lenguas, existe
tambien 91 aforismo, que solo se ocupa de las ciencias y de
las artes, ensenando sus principales preceptos y algunas re
glas de utilidad.
En conclusion. Las reglas del refran , como acaba de
verse, son pocas en número, pero difíciles d reunir ; mas
aunque reconozcamos sus dificultades, así como tarnbien
que el caudal riquísimo que atesora nuestra lengua, no tie
ne gran necesidad de aumento, y menos todavía de au
mento tan insignificante y baladí como el que nuestra pluma
le puede ofrecer, hémonos, sin embargo decidido á hacer
el siguiente pequeno ensayo, no en la persuasion , por de
más ridícula, de realizar con él ninguna cosa de importan.
cia , sino por llamar sobre este nuevo género la atencion de
genios mas felices, y promover su wiltivo en mejores for
mas que hasta el dia.
El V ivae.
Una noche se encontraban reunidos varios oficiales al
rededor de una hoguera, despues de un dia cruel, en que
el choque oon el enemigo habia sido sangriento y encarni
zado, •
Versó la conversacion sobre varios objetos, unos sobre
aventuras galantes, otros sobré lances de juego , cuando' el
teniente Mauricio, que estaba saboreando el tabaco de su
pipa, despues de arrojar una bocanada de humo y de mirar
á su alrededor, les dijo á sus companeros: Muchachos, si
ahora se encontrase entre nosotros un zurcidor de novelas,
buena ocasion se le presentaba pala forjarnos una en que
hiciese aparecer á sus héroes en medio de ese campo , qué
cual espectros se alzasen de entre tanto cadáver como nos
rodea. —Dah , bah , replicó otro, no haya miedo que esos
Pobres diablos nos vengan á importunar con sus recuerdos.
—y.Lo creeis así ?— Si, coronel , y estrano que vos, siendo
tan valiente, os dejeis dominar de semejantes patranas.—
Teneis razon , dijo el coronel , es verdad que me dominan ,
pero si yo os contase una historia, de la cual creyeseis 6 no
lo que gustaseis, puede tambien que á mi vez os nombrase
los actores de ella. —ySeriais vos ? le replicó otro oficial.
— ?Y por qué no, caballerito?... Pero escuchad mi histo
ria ; son las nueve, y antes de las diez habré ya concluido.
—Que me place, dijo el teniente Mauricio ; así como así
soy aficionadillo á esos cuentos de duendes que me distraen
en estremo ; contadle pues, que todos os escucharémos con
el mayor placer. — Ea, muchachos, sentarse el que pueda,
y chiton.
Sentáronse en efecto en torno de la hoguera, cuando el
coronel comenzó su cuento en los siguientes términos. No
es cosa de ayer lo que os voy á referir, es ya del ano 178...
poco antel de la revolucion francesa ; en inteligencia que
voy á contarlo tal cual sucedió, sin variar mas que los nom
bres de los personajes
El conde de Barus, en estrerno aficionado á la caza, supo
que quedan vender el castillo de San *Inflan, que hervia en
liebres y gazapos: envió á su agente de negocios á tratar
con los propietarios, y en pocos dias fueron suyos el castillo
y sus dependencias. Pero, que castillo ! El mayordonio le
aseguró que hacia mas de cien anos que estaba inhabitado,
y que el mismo habia tenido que reducirse á la-casetilla del
portero ; sin contar, anadió, que en el pais circulan noti
cias estraordinarias acerca de este detestable promontorio,
cuyas viviendas nadie se atreve á visitar.
El conde se reja á carcajadas de tan singular relato, é
hizo llamar para que le acompanase á un jóven de quince
arios que habia adoptado, y al que miraba como á hijo.
-,-.?Vos? interrumpió:otro oficial en tono medio afirmativo
y medio interrogativo.
El coronel miró. al jóven , y sin contestarle continuó:
—Julio, le dijo, hé aquí, amigo mio, una hermosa oca
sion de manifestar tu valor ; manana me acompanarás á
un antiguo castillo lleno de fantasmas.
—Me alegro, contestó el jóven'sonriéndose; ya hace tiem
po que deseaba entablar relaciones con los habitantes del
otro mundo.
El conde entonces le manifestó, que habia comprado el
castillo de San Julian, y que irian á reconocerle para po
nerle en estado de alojar durante el invierno á una multitud
de cazadores amigos suyos. Pusiéronse en camino el miér-
» 343
coles siguiente , y el viernes por la manana llegaron á su
hacienda , donde los recibió el portero sorprendido , pues
no los esperaba, y les ofreció su caseta y provisiones, porque
no hay que pensar , les dijo , en habitar el castillo. Este ca
sulario, continuó, es antiquísimo; su fábrica no conoce ór
den ninguno de arquitectura , y una de las alas está ente
ramente derribada.—Pero , dijo el conde, ?no hay siquiera
una sala habitable en esta maldita casa ? — Maldita, y bien
maldita, senor , contestó el portero, porque no creo que
ningun cristiano se haya atrevido á pasar en él la noche de
un siglo acá. — ? Y por qué ? — Pues que, senor , no os ha
hablado el mayordomo de los sucesos espantosos que pasan
en él todas las noches? — Basta, basta, amigo, condúcenos,
y vamos á ver si encontramos una habitacion donde pasar
la noche.
El portero lanzó dos ó tres suspiros dolorosos , y se dis
puso, á pesar suyo á acompanar á sus huéspedes. Entraron
en un vestíbulo cuyas paredes adornaban varios cuadros de
malísimo gusto , y borrados ya sus colores por la accion
del tiempo y la inaccion del descuido. Bernabé empujó una
puerta medio carcomida y falta de uno de los goznes, y
entraron en un inmenso corredor , cuyas vidrieras hechas
pedazos hablan dado entrada á la intemperie , y los ladri,
llos estaban verdecinos y escurridizos. Hé aquí la escalera
principal, dijo en voz baja, que sin embargo fué diez veces
repetida por el eco de aquellas bévedas , que por mucho
tiempo habla estadoenmudecido. Cruzaron después por una
série de salones inmensos y casi desmantelados ; los pocos
muebles que en ellos quedaban, vetustos y apolillados,
yacian por el suelo ; las tapicerías pendian en girones por
las derruidas paredes, en las que se vela por intérvalos tal
cual retrato de los antiguos senores de San Julian, incrus
tados en sendos cuadros ahumados y cubiertos de telaranas.
En una de aquellas' salas un poco mejor conservada que las
otras, veíanse pinturas medianas , en las que podia aun
acertarse su significado : los muebles eran tambien de una
forma mas elegante , y todo parecia anunciar que aquella
habla sido la vivienda del dueno del castillo.
Julio miraba con atencion todas aquellas curiosidades, y
embebido en consideraciones morales, marchaba distraido,
cuando el portero le retiró hacia atrás con presteza.—Cui
dado, senoiito , le dijo, vais á pisar la sangre.— ?Qué es
eso ? preguntó d •conde , y dirigiendo ambos al suelo su
vista advirtieron en él manchas de sangre bien marcadas.—
Veis esa sangre, dijo el portero? — Sí, la mandaré limpiar.
— Oh eso de mandar, replicó aquel , es bien fácil. — El
conde presintiendo un cuento interminable , empujó la
puerta del fondo que daba á la última habitacion de aquel
lado, la mejor resguardada, y donde menos mal pudieran
alojarse. El mueblage era tambien bastante regular : al re
dedor de las paredes se velan anchos y profundos sitiales; el
'centro le ocupaba una estensa mesa redonda, y en ella
hermosos candelabros : sobre la chimenea se ostentaban los
emblemas heráldicos tle los antiguos senores, separados por
un relieve que figuraba varias escenas de caza ; y en la al
coba se divisaba un enorme lecho cubierto con una colcha
de damasco carmesí. —Aquí dormirémos , dijo el conde,
haced que traigan sábanas y lena.
El resto del dia se pasó en examinar el exterior del edifi
cio, y llegada la noche, que no tarda en venir en el otono,
Barús propuso á su amiguito que dormiria en el cuarto
manchado de sangre , y que harian al portero referir la
historia del castillo. Esta proposicion fué recibida con en
tusiasmo. Llamaron pues á Bernabé , del cual conviene de
cir que era un anciano de estatura regular, pero tan sin
gularmente vestido , que costaba trabajo el creer fuese
cristiano. Cubríale de piés á cabeza una gran hopalanda
parda sujeta con un cinturon; sucabeza le resguardaba una
como papalina de terciopelo que habla sido morado , y en
cima de ella un enorme gorro construido de la piel de un
cabrito , y elevándose en forma piramidal hasta la altura
de un codo : sus facciones revelaban mas sutileza, que sen
cillez , pero su voz era siempre baja como quien teme ser
oido. Se presentó al conde , y quedó estupefacto al ver co
locadas las camas en las dos salas.--Mal hecho, senores, dijo
meneando la cabeza , es necesario no desafiar al diablo.
— Vamos pues , maese Bernabé, dijo el conde , basta de
moral por esta noche , y trata de divertirnos un rato refi
riéndonos las aventuras que ocurrieron en este castillo, —
Por cierto : mi amo , que es buena diversion , y lo peor es
que las tales aventuras son demasiado ciertas.
Hicieron sentar al buen portero entre los dos amigos,
delante de la lumbre que elevaba sus llamas hasta el borde
de la chimena , mientras que una porcion de bugías colo
cadas en los candelabros sobre la mesa , iluminaban sobra
damente la estancia.
— Hace mas de cien anos, empezó Bernabé, pertenecía
este castillo á un caballero tan jóven y rico, como malvado
y desenvuelto. Las mozas de la aldea hinan de él atemori
zadas ; pero las mas bellas rara vez dejaban de caer en los
infernales lazos que las preparaba. Habla una, sin embargo,
la mas hermosa y discreta , que siempre habla podido sal
varse de las persecuciones de aquel libertino ; suvirtud ha
bia resistido á las seducciones , al oro y á las amenazas.
Irritado el jóven de tan heróica resistencia , llamó una no
che á su ayuda de cámara , confidente de sus maldades , y
le pidió parecer. —Por cierto, senor, que yo en vuestro
lugar no titubearia. -7 ?Pues qué harias?— ? Qué ? Si no
habla otro remedio, casarme con ella. —?Estás loco?—
No senor ; llamarla á mi ayuda de cámara, le baria ves•
tir las ropas del difunto capellan ; á media noche se cele
brarla el casamiento en la capilla, y yo seria el feliz esposo
de la hermosa Magdalena , á quien baria guardar secreto.
—Qué astuto eres, zorro viejo ; lo agradezco, y acepto los
servicios de mi nuevo capellan. — Pues entonces llamemos
á la jóven y decidámosla.
Magdalena, que era huérfana de padre y madre , se ocu
paba en guardar los ganados del labrador que la tenia re
cogida , cuando vió acercarse al senor de la aldea.
La jóven zagala quiso huir, pero fueron tantas las ins
tancias y ruegos del cabállero , que al fin se decidió á acer
carse; tomóla él las manos con afabilidad y ternura ; era jóven y bien formado, porque es muy frecuente encerrarse
un alma pérfida bajo un cuerpo hermoso y apacible: la dijo
mil lisonjas, de aquellas que las jóvenes, oyen con placer,
y por fin viniendo al principal objeto de su entrevista , —
Magdalena, continuó si supieseis cuanto os amo! — Pues
no debeis amarme, senor. —Sin duda que no debo , pero,
?quién es dueno de su corazon ?— Eso mismo dijisteis á
Adela, á Julia y Lucia, é hicieron mal en creeros, porque
las enganabais. — A ellas sí, pero á vos , Magdalena , co
nozco vuestra virtud , y si quisierais.— —?Qué senor ?—
?Qué? Vos sereis ante Dios mi companera en el tálamo
nupcial. —?Me enganais ?— Juro á la faz del cielo, que te
amo , y que serás mi esposa, y si te engano, quiero que tu
sombra me persiga eternamente. —Os creo. — Pues bien, á
media noche un sacerdote nos unirá en la capilla del cas
tillo , porque quiero que por algun tiempo nuestro matri
monio permanezca en secreto.
La infeliz cayó en el detestable lazo. A las doce de aquella
>3 3-V4. t<
misma noche el disfrazado sacerdote pronunció con boca
sacrílega las palabras sacramentales, y el pérfido Eduard
condujo á Magdalena á la cámara , donde vais á dormir
dijo el portero , dirigiéndose á Julio que atento le escucha
ha. La pobre muchacha venia todas las noches á acompanar
al que creia su esposo , que tardó muy poco en fastidiare
de ella , y como por entonces un rico hacendado le ofreció
la mano de su hija , el perverso resolvió la muerte de la
desventurada Magdalena.
Una noche, senores, esto es espantoso, una noche en que
la poi-re aldeana dormia al lado de Eduardo, se levantó este
silenciosamente, y llamó al ayuda de cámara que ya estaba
esperando. Entró este armado de dos punales, y entregó
uno á su amo: el miserable se acercó á Magdalena que des
pertó al ruido de las pisadas.--?Qué quieres? esclamó des
pavorida.— Que mueras. Y al mismo tiempo hizo brillar á
sus ojos la hoja del punal , sobre la cual se fijaba el res
plandor de una lámpara : la jóven amedrentada le contestó.
— ?Qué, no soy delante de Dios tu esposa?— No, senora:
y si no jurais no descubrir jamís lo que ha pasado entre
nosotros, vais á morir :
escoged.— Pero, Eduar
do , dijo bajándose del
lecho, esto no es posi
ble; ? por qué quieres
matarme?... Dios rnio ,
Dios mio , quieren ma
tarme, !qué desgraciada
soy ! —Vamos, senora,
dijo el ayuda de cáma
ra, ,asiéndola por la mu
neca fuertemente, pron
to decidíos.— ?Qué , de
veras me va á asesinar
este hombre? !Eduardo,
vais á asesinarme, vos
que no me hablabais mas
que de amor !— Deci
díos pronto, Magdalena ,
que tenemos prisa. —
Pues bien, contestó la
infeliz medio sofocada ,
matadme si os atreveis, senor.... !olvidad vuestros juramen
tos , vuestros deberes, la humanidad!... matadme, porque'
nunca renunciaré al título que me habeis dado ante el al
tar, y siempre seré vuestra esposa. Entonces, Magdale
na , es preciso morir. —; Oh Dios mio ! quieren matarme
los cobardes, y vienen dos, armados de punales, por la
noche, para asesinar á una muger dormida t... Pero..., yo
morir—. morir ya.... tan jóven.... oh, cuan culpable he
sido ante vuestos ojos, cuando vuestra piedad me abando
na !... Senores, compasion.... gracia para mí ! Soy débil,
estoy desnuda, sin amparo ! Nada tengo, nada mas que mi
llanto ! !oh, piedad.... piedad !...
La infeliz se arrastraba á sus piés sollozando y besaba
sus plantas,. mientras ellos la contemplaban con aspecto
feroz.
—Senora, ?estais decidida? —Eduardo, amado mio,
no es posible que tú lo exijas; !ay ! ese sacrificio es dema
siado duro para mí.... apiádate.— Eduardo asiéndola del
brazo la derribó, y poniendo la punta del acero sobre la
desventurada —?queréis morir ? la dice. Sí, sí, le con
testó.... la muerte antes que la vergüenzal... la muerte
primero que la desgracial.., la muerte mas bien que la ab.
yeccion y los remordimientos.... herid. —El malvado hizo
o
•
sena á su companero, y los punales abrieron á un -mismo
tiempo dos anchas heridas en el pecho de Magdalena.
— Esto es mejor, dijo con atroz serenidad el ayuda de
cámara. Llevaron el cadáver á los subterráneos del castillo,
pero la sangre que se derramó en el suelo no pudieron
limpiarla, ni nadie será capaz de hacerla desaparecer.—Es
verdad, senores, que es una historia horrorosa?—Horri
ble es en efecto, pero continuad , porque hasta aqui no ha
habido duendes, dijo el conde.
— Pocos días despues, continuó el portero, hubo brillan
tes funciones en el castillo para celebrar la union de Eduar
do con la noble heredera de que os tengo hablado. El dia
de !a boda se retiraron bastante tarde ambos desposados á
la cámara nupcial que era esta misma : dejáronlos solos ,
habian ya apagado todas las luces, escepto una lamparilla ,
y al tiempo que ya iban á entrar en la cama, se levantan
las cortinas de la puesta y se oye una voz grave decir : —
Juro á la faz del cie o que le amo, y que serás mi esposa, y si
le engano, quiero que .tu sombra me persiga eternamente.
Déjase ser un espectro, • cuyo rostro y manos eran tan
blancas como el sudario
que le cubria , se acerca
á Eduardo que yerto de
pavor le miraba. «Mag
dalena , le dice, vos se
reis ante Dios mi compa
nera en el Iálano nupcial.
Hé aquí lo que me dijis
te, Eduardo de San Ju
han , y vengo á empla
zarte ante Dios para que
cumplas tu palabra.»
Al mismo tiempo la
fantasma se acercó al le
cho nupcial y sentóse en
él. La jóven desposada
llena de horror no osaba
moverse. Eduardo quiso
llamar y no pudo lanzar
la voz. «Vamos, conti
nuó el espectro, mi no
ble esposo, vé aquí mi
seno, y levantando el sudario descubrió su pecho banado en
sangre; en seguida tomando la mano de su asesino y lle
vándola á su corazon, que latia con fuerza.—Aquí, le dijo,
hay vida para tres meses, al cabo de ellos tú y tu cómplice
vendreis á acompanarme. En cuanto á tí, pobre criatura,
continuó dirijiéndose á la novia que la escuchaba azorada,
tu eres inocente del crímen de estos hombres.»
Al dia siguiente la novia del senor de San Julian tomó el
velo en un convento de estas cercanías, y al cumplir los
tres meses los dos asesinos aparecieron tendidos y sin vida
en este mismo suelo.
Julio se habla acercado como maquinalmente hácia el
portero, y el senor de Barús estaba conmovido; sin embar
go, como era incapaz de tener miedo, dió las gracias al portero y le mandó retirar.—Cuidado, mi querido amo, le dijo el anciano; el espectro-de Magdalena no deja de venir
ni una sola noche, y predice terribles acontecimientos á los
que se atreven á esperarle.
Es muy posible, dijo el conde á Julio, que la malevolen
cia tenga mucha parte en las anécdotas que refieren de este
castillo; massin embargo no estarán de mas las precauciones.
Cargaron las pistolas, cerraron las puertas, y resolvieron
pasar la noche conversando al lado de la chimenea, cui -
y 345 «
dando antes de reconocer los rincones, alzar los cortinajes,
mirar debajo de las camas, y ver si las fallevas de las ven-.
tanas estaban bien cerradas.
Eran las once cuando Julio dijo estremeciéndose, ?no
habeis oido ?— El conde escuchó, pero no oyó nada. Poco
despues les pareció que hablaban en la estancia inmediata.
—Es el aire, dijo Julio afectando serenidad; pero las voces
se percibian cada vez mas claras ; despues se oian sollozos,
llantos, pasos, amenazas, ruido de armas; el cande aban
donó su silla y el jóven siguió su ejemplo. —Julio, dijo el
primero, en esa estancia hay gente, vamos á verlo.—Mejor
es esperar, acaso sean mas numerosos y mejor armados.
El conde impaciente abrió la puerta y preguntó con voz de
trueno.—?Quién va allá?—Yo, respondió una voz lúgubre
de muger, y al mismo tiempo apareció un espectro próximo
á la puerta: otros dos se distinguian en el fondo de la sala.
—?No me llamabas? dijo la fantasma dirigiéndose al centro
de la habitacion , arrastrando su prolongado sudario: «Aquí
estoy pues, amado mio, vamos, ven, dá el beso de amor á
tu desposada.»—Una de las dos fantasmas del centro se le
vantó y dió algunos pasos, entonces la aparecida rasgó las
vendas que le cubrian el pecho, y lanzando una espantosa
carcajada, ensenó suseno traspasado por dos punaladas. En
seguida se dirigió al conde y á su companero; estos reco
braron su energía y mostraron sus armas al espectro ; pero
su rostropálido contrajo una horrible sonrisa que los con
fundió, y poniendo su descarnada mano sobre el hombro
del conde, pronunció con voz tenebrosa este decreto :
«Correrá la sangre, y mas de una cabeza se inclinará bajo
la cuchilla.... habrá llantos y gemidos....»
El coronel se detuvo y miró á su auditorio que aun le
escuchaba atento.—?Y qué resultó de las predicciones de
la muerta? preguntó el curioso D. Luis.—Resultó, dijo con
gravedad el coronel, que algunos arios despues vino la re
volucion , y el conde de Barus fué uno de los infinitos que
murieron en la guillotina.
Bellas Artes.
ARQUITECTURA.
por 21. R. labraran.
• El arte de construir no es lo mismo que el de embellecer
lo construido : cada uno tiene sus reglas especiales, que ob
servadas puntualmente, dan el gusto y la comodidad. El
arquitecto dá los planos y dibujos de los edificios, dirije la
obra y ordena lo que han de ejecutar albaniles, canteros,
carpinteros y demás operarios que han de levantar la obra.
El buen arquitecto, sin contar los conocimientos generales
que está obligado á adquirir, debe ser 'hombre de talento,
sin cuyo requisito sus trabajos serán imperfectos y podrán
ocasionar mas gastos , cuando no desgracias. Las coleccio
nes de dibujos concernientes á su profesion son el alma de
sus producciones. Las matemáticas, cómo el solo medio de
reglar su espíritu y conducir la mano de obra en sus dife
rentes operaciones; el corte de las piedras como base prin
cipal de toda construccion ; la perspectiva para adquirir los
conocimientos de los-diferentes puntos de vista, y el mayor
valor que ha de dar á las alturas del decorado que han de
ser vistas desde abajo ; son requisitos indispensables que
debe conocer para ejecutar una obra dignadel arte que pro
fesa. Estosconocimientosunidosá las disposicionesnaturales,
la inteligencia, el gusto, el fuego de la invencion , son par
tes absolutamente necesarias y que deben acompanar todos
sus estudios. A estos conocimientos han debido, sin duda
su fama, los célebres maestros espanoles Alonso de Cobar
rubias , arquitecto de la catedral de Toledo ; Filipo, de la
de Sevilla ; Juan de Badajoz, de la de Leon ; Juan Vallejo,
de la de Burgos, y otros muchos que por entonces se co •
nocian y se conocieron despues , como Juan Tenorio, Juan
de Orozco, Rodrigo de Saravia , Juan Gil de Ontarion , An
tonio Egar, Juan de Alava, Juan Campero, Herrera, etc.,
pues no concluiríamos en mucho tiempo si hubiéramos de
referir los genios que en esta bella y necesaria arte ha pro
ducido nuestra napion. En Francia los Desbrosses, los Mer
cier; los Dorbets, los Perault, los Mansards , han puesto el
sello de la inmortalidad á sus obras en la construccion de
los edificios de.los Inválidos, de Val-de-Gracia, del castillo
palacio de Versailles, de los de Clugny, de Maisons , de las
TOMO. V.
Cuatro Naciones, del Luxemburgo y del Peristilo del Loo
vre. Nada decimos de los italianos porque son conocidos de
todo el mundo ilustrado.
Los escritores antiguos pretenden que los egipcios fueron
los primeros que elevaron sus edificios con simetría y bue
nas proporciones segun sus usos ; pero como las reglas de
su arquitectura no han llegado hasta nosotros, no nos resta
de sus edificios mas que una arquitecturá sólida y colosal ,
tales como las Pirámides, que .despues de tantos siglos han
triunfado de las injurias del tiempo. Las sociedades que les
han sucedido prefirieron á los griegos, y á estos debemos
los órdenes dórico, jónico y corintio, y los romanos anadie
ron el toscano y compuesto que no son mas que una imita
clon imperfecta de los tres primeros, y de los cuales nos
otros hemos hecho uso útil en nuestros edificios.
Estos cinco órdenes comprenden de tal manera lo que
hay de mas esquisito en la arquitectura, con relacion á las
proporciones, que á pesar de las ocasiones que han tenido
nuestros mas hábiles arquitectos de poner en práctica sus
talentos, no han conseguido jamás componer nuevos órde
nes que se hayan podido acercar á los de los griegos y ro
manos.
La arquitectura se resintió, lo mismo que las demás ar
tes, de la caida del Imperio de Occidente : cayó en un ol
vido tal, que han pasado muchos siglos antes de poderse
levantar. Durante este tiempo de ignorancia en que tanto
las ciencias como las bellas artes fueron anonadadas, por
decirlo así, en el quinto siglo, los visigodos destruyeron los
mas bellos monumentos de la antigüedad, y la arquitectura
fué reducida á tal esceso de barbarie, que se despreció la
justificacion de sus proporciones y la correccion del dibujo
que es en lo que consiste el mérito de esta arte.
Los abusos de las principales reglas de la arquitectura
hizo nacer un nuevo método de edificar, conocido bajo el
nombre de arquitectura gótica, que subsistió hasta Carlo
Magno que emprendió restablecer la de los antiguos. Hugo
Capeto y su hijo Roberto que tenian gusto por esta arte
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.animaron á los artistas "franceses : la arquitectura cambió de triunfo en ocasion de entradas de altos personages , fies
insensiblemente de faz; pero de grosera que el gusto gótico tas públicas, etc., que pictóricamente se ejecutan sobre tela
la habia vuelto, se la condujo al esceso opuesto, dejándola ó madera.
demasiado ligera. Los arquitectos del siglo mil 6 xiv que Si echamos una ojeada , aunque sea rápida , sobre la ma
tenian algunos conocimientos de la escultura , no hacia" nera que los primeros hombres han tenido para construir
consistir la perfeccion de sus obras mas que en la delicadeza MIS habitaciones , ocurre desde luego el espacio inmenso
y multitud de adornos , que amontonaban con mucho tra- que la industria humana ha tenido que recorrer, para Ile
bajo y cuidado aunque frecuentemente de una manera muy gar al estado en que nos encontramos con relacion al asunto
caprichosa. que nos ocupa. Reflexionando un poco, nuestra admira
De este gusto fueron deudores á los árabes y á los moros, cion llegará al asombro; porque comprendiendo paso á paso
que de sus paises meridionales pasó á la Francia , como los las mil necesidades á que el hombre ha tenido que pro-.
vándalos y godos trajeron del norte el pesado gusto gótico. veerse, segun se han ido presentando en su carrera , ven
Al talento y aplicacion de los arquitectos de Italia, Fran- • ciéndolas una á una y aun superándolas, no solamente con
cia y Espana desde el siglo xu hasta nuestros dias , es á lo útil y agradable , sino tambien hasta con lo supérfluo.
quien debe la arquitectura haber recobrado su primera Las primeras moradas de los hombres fueron , á no dudarlo,
simplicidad , su belleza y sus proporciones. las cuevas y cavernas , que bien pronto debieron parecer
Los principales conocimientos de un arquitecto consisten les tristes y mal sanas ; tratando de procurarse en seguida
en la materia, forma , proporcion , situacion , distribucion habitaciones mas cómodas y gratas , siendo estas propor
y decoracion de los edificios. Los griegos y romanos , los cionadas á las facilidades locales de cada comarca , y al
italianos y franceses, son los que se han distinguido mas genio y luces de los diferentes pueblos. Las zarzas, las ra
escribiendo sobre este asunto y nuestros arquitectos no mas, las hojas de árboles, las cortezas y las tierras gredosas
perderán el tiempo en consultarlos constantemente. han sido los primeros materiales de que han hecho uso. Las
Divídese ordinariamente la arquitectura en tres especies primeras casas de los griegos fueron de arcilla , ignorando
ó secciones , bajo los nombres de Civil, Militar y Naval. en un principio el arte de cocerla en pequenos pedazos á
Se entiende por aquitectura civil la destinada á la cons- que damos hoy el nombre de ladrillos.
truccion de edificios para la comodidad de los diferentes Se han conocido pueblos y se conocen en el dia , que
usos de la vida ; tales son los templos , los palacios y las ca- faltos de materiales y sobre todo de inteligencia , se han
sas particulares , corno tambien los puentes , plazas públi- construido y construyen cabanas con pieles y huesos de
eas , teatros, arcos de triunfo, etc. La arquitectura militar perros marinos y de mas grandes pescados. Otros han em
tiene á su cargo la fortificacion de las plazas por medio de pezado por entrelazar groseramente ramas , y cubrir de
construcciones sólidas y bien dispuestas , para garantirlas tierra esta especie de zarzo, dándolas la forma.de una ne
'contra los esfuerzos que la guerra ha inventado en su genio vera ; dejando en su parte superior un agujero para dar sa
de destruccion..La arquitectura naval tiene por objeto la lida al humo. Este género de habitaciones se ha perpetuado
construccion deltoda clase de bajeles, puertos, muelles, al- en muchos pueblos tanto antiguos como modernos. En al
macenes y demás edificios erigidos á las orillas del mar gunos paises, la construccion de casas se ha hecho con
para estos usos.
• troncos de árboles, elevados los unos sobre los ótros y ar
La arquitectura civil es una de las primeras artes que se reglados en cuadro. Todavía se ven restos de estas prácticas
han puesto en .práctica. En todos tiempos se ha visto el originarias en algunas aldeas de los pueblos del norte de
hombre obligado á buscar asilo contra las injurias del aire Europa.
y del atagne de bestias feroces : á la necesidad , pues, ha Para la construccion de semejantes edificios no tenian
debido la arquitectura su nacimiento. Las reflexiones y corn- necesidad , como desde luego se comprende , de gran nú
paraciones qc.e hicieron los hombres sobre sus obras , for- mero de instrumentos y máquinas: los árboles se cortaban
maron su gusto. De aquí se pasó á conocer las reglas de la de la misma manera que lo hacen los salvajes, esto es , por
proporcion ; despues las luces y el genio de cada siglo han medio del fuego : adelgazándolos poco á poco , con peque
sugerido á los pueblos en diferentes tiempos el uso de los nos tizones que procuraban separar cuando lo creian con
adornos. La arquitectura , embellecida, corrompida y res- veniente.
tablecida sucesivamente, ha variado, como ya hemos dicho, Los instrumentos para tallar y aplanar la madera se han
segun el buen ó mal gusto de las naciones. Ido inventando sucesivamente.
Hay además dos clases de arquitectura , que toman el Los primeros han sido hechos de ciertas piedras duras,
nombre de arquitectura en, perspectiva y arquitectura fingida, de los cuales existen algunos en los gabinetes de antigüe
destinada cada una á dar reglas para varios usos como ya dades. Aun se vé que 'ciertas naciones bárbaras de la Amé
se dirá. rica y Occeania no conocen otros útiles para cortar y tallar
La arquitectura en perspectiva es aquella cuyas partes. la madera.
son de diferentes tamanos, y disminuidas en proporcion de Progresivamente se ideó el hacer instrumentos de metal,
sus distancias, para hacer parecer el ordenamiento en ge- cuyo número no fué considerable en los principios. Puede
neral mas grande y mas lejano que realmente está ; tal es juzgarse de los conocimientos de los primeros pueblos, por
la famosa escalera del Vaticano, edificada en tiempo de Ale- los de los peruanos, antes de la llegada de los espanoles. Es
jandro VII sobre los dibujos del caballero Bernin. tos no empleaban mas que el hacha y la azuela para labrar
La arquitectura fingida es la que tiene por objeto repre- sus maderas; la sierra, los clavos, el martillo, y otros ins
sentar todos los planos , salientes y relieves de una arqui- trumentos de carpintería les eran totalmente desconocidos.
tectura real por medio del colorido. Tales son algunos El tiempo en que han empezado las .construcciones de
frontispicios que se ven en Italia, los doce pabellones del piedras labradas se oculta en la oscuridad de los tiefflpos;
castillo de Marly en Francia , el altar del colegio de Ninas y otro tanto se puede decir de la aplicacion de la cal , del
Huérfanas en Valladolid y otras muchas. Sirve tambien para barro y del yeso. Estos descubrimientos se hau hecho in
fuegos artificiales , decoraciones de teatro, funerales, arcos sensiblemente y unos delpues de otros.
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Abeja, La. No. 5 (1 enero 1866), p. 319-358 |
| Descripció | Informació addicional del títol: revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Títol addicional | Revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1866 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Librería de D. Juan Oliveres, [1862-1870], No. 1 (1 enero 1862)-No. 3 (1 enero 1964) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1056597~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Ateneu Barcelonès". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 8 bits |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | 09_No. 5 (1 enero 1866), p. 334-346 |
| Transcript | y, 334 gc La crueldad para con los animales , es uno de los vicios mas odiosos y al propio tiempo uno de los mas comunes. Montaigne ha hecho notar que generalmente los que se complacen en tratar mal á los animales , tienen un placer eti hacer sufrir á sus semejantes, adquiriendo en ello las primeras lecciones de barbarie. Despues que los romanos se hubieron acostumbrado á los espectfculos de las luchas de fieras en sus anfiteatros, no tardaron en ver con placer como se degollaban entre sí los gladiadores', y no debe ad • mirarnos este resultado porque es una progresion natural. Se refiere que Enrique IV de Francia azotó dos veces con sus propias manos á su hijo , que mas tarde fué Luis XIII, la primera vez por haber concebido tal antipatía contra un gentilhombre de la corte, que sus bajos aduladores no pu dieron apaciguarle sino fingiendo matar de un pistoletazo (sin bala), el objeto de su aversion ; la segunda vez por ha ber aplastado la cabeza de un gortion. Si bien cate castigo merecido fué ligero, relativamente al mal causado, la reina• su madre creyó de su deber hacer algunas observaciones, sobre la aplicacion de semejante disciplina á un futuro rey de Francia. «Permita Dios que mi vida se prolongue , senora, contestó Enrique, porque cuando yo no exista, vuestro hijo maltratará á su madre.» Sabido es que esta prediccion se cumplió al pié de la letra. Un solo ejemplo bastará por otra parte, para probar que el príncipe no habla sido azotado como debia por su padre, si es verdad que cuando el sitio de Montalban un gran número de heridos protestantes fue ron trasladados á los fosos secos del castillo donde el rey habia establecido sus cuarteles. «Devorados por las 'moscas, martirizados por la sed y por los dolores causados por sus heridas, casi todos perecieron tristemente; y Luis XIII, dice un cronista, en ; ez de ordenar que fuesen socorridos, espiaba curiosamente su agonía y se divertia remedando sus contorsionesen companía del desapiadado conde de la 'bebe guyon.»Así tambien, hallándose este moribundo, Luis XIII envió á informarse de su estado. «No tendrá que aguardar mucho tiempo, contestó el cortesano, á que dé comienzo mi agonía.Muchas veces le he ayudado á remedar á los de más; ahora ha llegado mi vez.» El nino que se divierte atormentando á los perros y gatos en las Cuatro fases de la crueldad de Hogarth , termina su carrera con un asesinato; y se puede tener por cierto, que el que puede y por simple complacencia trata brutalmente á un carnero , haría otro tanto con el pastor si pudiera dar rienda suelta á sus malos instintos. Preciso es ser groseramente egoista para figurarse que todo lo que existe ha sido creado únicamente para el ser vicio de la raza humana y que tiene el derecho de usar y abusar de ello á su antojo. Cuando Mr. Darwin cruzaba á caballo las pampas, un respetable guacho le exhortaba para que hincase la espuela en los hijares de su fatigada caballería. Mr. Darwin no quiso seguir aquel consejo y observó que el animal ya no podia mas. « !Qué importa, replicó el guacho, si el caballo es mio! » Mucho trabajo le costó á Mr. Darwin hacerle comprender que obraba impulsado por un senti miento humanitario y no por el temor de disminuir el va lor de su propiedad. « ! Ah, D. Cárlos, esclam6 el guacho, que idea 1 » Tenemos en Europa centenares y millares de carreteros y conductores de caballerías que piensan como este guacho y que á pesar de la sociedad protectora de los animales, ponen en práctica sus principios. Esta tendencia á la crueldad, aun sin ninguna especie de motivo 6 protesto, es mucho mas comun de lo que se cree. Para un gran número de personas, nada está seguro si por su exigüidad puede ser fácilmente destruido ó si se halla al alcance de sus piés ó manos. Ver una cosa viva y buscar el modo de darle muerte, son dos actos casi inseparables. En el archipiélago de las islas Galápagos, en el Océano Pacífi co, las aves están tan amansadas, que se les puede golpear con un palo. M. Darwin nos refiere en su interesante Viage de un naturalista, que les marinos que desembarcan en aque llas islas y que recorren sus bosques para dar caza á las tor tugas, hallan un odioso placer en poner á prueba la con fianza de una raza que ignora todavía las salvages intencio nes del hombre, dando muerte á aquellas pobres aves ya á palos ya aplastándoles la cabeza. ?Se puede suponer que la Providencia que nada ha hecho sin objeto, haya animado con el soplo de la vida unas criaturas dotadas como nosotros de una organizacion maravillosa, únicamente para procu rarnos la diversion de aplastarles á palosla cabeza? Creemos que el hombre es el único, á eseepcion de los animales que cria para obrar como él, que mata únicamente para matar, sin verse obligado á hacerlo por la necesidad del hambre ó llevado por las exigencias de su defensa personal. Mucho podríamos decir sobre el particular; podríamos citar loscom - bates de animales, todavía tolerados en ciertos paises civi lizados y hasta de la misma caza, en muchos casos, consi derados como diversiones odiosas y repugnantes; pero este asunto necesariamente nos llevaria muy lejos y preferimos poner fin en este lugar á nuestras consideraciones sobre el dolor en el hombre y en los animales. Historia natural. LOS COMBATIENTES. El nombre de combatiente que la mayor parte de los na turalistas han dado al ave que representa nuestro grabado, dice lo bastante respecto á su carácter batallador. Corno las hembras de esta especie raras veces toman parte en las luchas de los combatientes machos, de ahí han inferido la mayor parte de los autores que solo el amor alimentaba el genio guerrero de estas aves. Pero esta suposicion es fal sa, como podremos juzgarlo enseguida. Los combatientes luchan en efecto ya uno á uno; ya reu nidos en bandadas, sobre todo en los meses de abril y mayo; ora por la manana, ora por la tarde, y frecuentemente va rias veces en un mismo dia, y raramente vuelve á empezar ó termina el combate, sin que haya un poco de sangre der ramada. Las hembras aguardan á algunos pasos del campo de batalla el resultado del combate; sus gritos mantienen y animan el ardor de los rivales y cuando son ahuyentados los vencidos, reciben los homenages de los mas fuertes. Acontece tambien frecuentemente, que reanimados los fu gitivos, algunos instantes despues de suderrota por los gri tos de las hembras, vuelven á presentarse en la liza contra nuevos campeones con un ardor que parece ser siempre el mismo. )2 335 En esta época de efervescencia, propia de la estacion pri maveral, los combatientes machos están adornados de una especie de collar que es á la vez una arma defensiva y un adorno del que parecen enorgullecerse. Este collar está compuesto de largas, fuertes y aserradas plumas, que erizan en los momentos de cólera y de lucha ; las plumas de que se compone, ordinariamente empiezan á caer á principies del mes de junio. El color del collar varia segun los individuos y tambien su forma cambia asi como sus matices, durante todo el perío do de su desarrollo. Rojo en los unos, gris en los otros, color mezcla en la mayor parte de los individuos, otros hay que lo tienen de un hermoso negro violeta brillante, salpi cado á veces de manchas rojas y es muy raro que sea en teramente blanco. Obsérvase tambien en los combatientes una erupcion de pupilas sarnosas y sanguinolentas en gran fican por sí solos el nombre dado á los combatientes, es que estas aves retan á todas las de las demás especies que se en cierran con ellas. Los ingleses tienen la costumbre de en gordarlas alimentándolas con leche y migas de pan ; pero se ven obligados á encerrarlas en lugares oscuros para que estén tranquilas, porque apenas ven la luz tienen necesidad de combatir. En algunos mercados de Europa se hallan estas aves es puestas á la venta durante la primavera, pero su carne es entonces poco estimada ; probablemente esta carne 'que pierde mucho de sus buenas cualidades en aquella época , es mucho mas sabrosa en verano, época en que es muy bus cada sobre' todo por los holandeses. Los combatientes anidan en gran número en las costas de Inglaterra particularmente en el condado de Lincoln ; tambien se hallan en la primavera en las costas de Holan ,ÇZ !I -10 ik 1\ BROI. número esparcidas por rededor de los ojos. La tendencia mas pronunciada de los machos á reunirse con sus companeras, concurre tambien en esta época, con un desarrollo verdaderamente estraordinario y una mayor irritabilidad en sus órganos. En cualquier otro tiempo solo con suma dificultad se distinguen los machos de las hem bras: con el collar de la primavera desap !recen los tubér culos sanguinolentos que cubren la cabeza de los primeros y enseguida esta se cubre de plumas. Dijimos antes que no es solo el amor el que motiva el ar dor guerrero de los combatientes, porque muchas veces se baten por el mas ligero motivo. Un pedazo de césped verde que desean ocupar, un poco de alimento que se les quiera disputar, la presencia de algunos espectadores que les exiten al combate, .todo es para ellos un objeto de rivalidad. Has ta las mismas hembras tienen un carácter pendenciero y algunas hay entre ellas mas temibles aun que los ma - chos. • -Lo que prueba además que los celos amorosos no justi la parte delantera de la • • Los Coinliltien tes. cabeza y al da, Flandes, Alemania y Francia; y son comunes en Sue cia, Isla::día, Rusia y Siberia. Los combatientes anidan en el mes de mayo, en el suelo, en pequenos huecos rodeados de césped. Sus huevos son muy buenos para comer y en algunos vises son tan esti mados corno los de las galfinaceas. Estos huevos son puntia gudos, cenicientos y salpicados de manchitas principalmente en el cabo grueso. Hay cuatro ó cinco, en cada nido. En Inglaterra los cazadores eligen el instante en que se baten los combatientes para echarles sus redes. El plumage de los combatientes varia de tal modo, sobre todo en los machos, que ha dado lugar á numerosas desig naciones de especies, pretendiendo sus autores que son di ferentes, cuando son iguales en el fondo, y por consiguiente nos abstenemos de enumerar semejantes inútiles subdivisio nes. En 'cuanto á las dimensiones, el comba tiente tiene ccoitmi uconnmeelnténodme berieezdeá oMncaechpeutelsgapdaagsndaex.alEtusrtae. naCtuuvraielirstlao consideraba las aves del género Fringa, como otras tantas variedades del co:nbatienle. 2.§ 336 El mejor amigo. II Y ÚLTIMO. Entretanto, el carruage que conducia á Mr. de Corvelles avanzaba con una lentitud insoportable. Al saber el cochero la estension del viaje , habia tomado todas las precauciones necesarias para hacer el viaje con la posible comodidad : se habia arrebujado en su capa, lanzando al aire un latigazo inofensivo, y dormídose enseguida, encomendando su alma á Dios y su cuerpo á los caballos. Víctor que notó la negli gencia de su guía, la aguantó en un principio con resigna cion , pero temiendo llegar el último á la cita, no pudo contener su impaciencia. — ! Cochero, le dijo, á ver si avivais un poco! El cochero, asustado, se restregó los ojos, alzó la cabeza, y viendo que todo estaba tranquilo en torno suyo, sacudió á los caballos y volvió á dormirse. Pero por fortuna, y á pesar de las dilaciones, Mr. de Corvelles fué el primero que llegó. Apurábase en tanto Mr. Benn , lloraba de antemano la pérdida de su crédito, y de buena gana le hubiera cedido con las tres cuartas partes de pérdida. Un desafío es cosa grave, solemne : cuando dos hombres fian su vida al ter rible juego de las armas, es difícil separarlos, y lo que las súplicas de una madre, la amenaza del castigo, el temor de la muerte no han conseguido jamás, lo intentó Mr. Benn solo. Puede que tambien le hubiera surtido buen efecto arrojarse entre los combatientes á manera de Sabina, pero no estaba Mr. Benn por los caminos heróicos, y se contentó con ir á buscar á los gendarmes. Los primeros que tropezó le parecian escelentes para su proyecto. —Senores, les dijo; va á cometerse un crímen atroz, en nombre de la ley pido ausilio para impedirle. Esta brusca interpelacion dejó estupefactos á los gendar mes: pero la fórmula era sacramental; prescribia un deber que no era posible esquivar. — ?Qué ocurre? le preguntaron. Mr. Benn les esplicó en pocas palabras la aventura, y los empujó, aturdidos todavía, haciéndoles tomar asiento en un fiacre que pasaba. Ya sabemos lo que sucedió despues; Mr. Benn , escondido con su ejército, aguardó que saliera Mr. de Corvelles y le siguió á alguna distancia hasta el para je designado. Apenas se hubo apeado del fiacre, cuando impaciente por evitar la curiosidad que hubiera podido despertar su arse nal portátil, se internó en la espesura del bosque ; pero Mr. Benn y sus dos acólitos no le perdieron de vista un instante, y cuando le pareció oportuno al usurero : — Gendarmes, dijo ; prended á aquel hombre. Los gendarmes corrieron al alcance del jóven , y acer cándose á él cortesmente —Caballero, dijo uno de ellos senalando á la caja acu sadora; ? qué llevais ahí? —?Qué os importa? contestó Mr. de Corvelles volviéndo les la espalda. —,Cómo, qué? ? llevais papeles que acrediten?... Víctor se mordió los labios y se puso pálido porque co noció que estaba perdido. —?Por ventura hay necesidad de papeles para pasear ? preguntó. —Senor mio, tampoco hace falta una caja de pistolas. Se os ha cogido infraganti: servíos acompanarnos á vues tro domicilio para probar la identidad. Echaba Víctor espumarajos de rabia : miraba en derre dor esperando algun ocorro imprevisto, pero nadie asomó y renunciando á una resistencia inútil , los siguió hasta su coche. Una hora despues llegaron á la fonda de las Cuatro Naciones, y los gendarmes despues de cerciorar3e de la ha bitacion , nombre y clase de su prisionero, le pusieron en libertad y le pidier3n perdon por haberle molestado Mr. Benn había asistido desde lejos á la prision de Mr. Corvelles y á pesar de todo sentia una grande inquietud. En efecto, con un carácter tan altivo como el de Víctor era de temer que esta escena tuviese consecuencias cien veces mas fatales que el mismo desafío que acababa de evitar. El usurero conoció la necesidad de prevenirlas, y volviendo á subir en su carruage , siguió de lejos á nuestro jóven y en tró poco despues que él en la fonda. Víctor estaba recostado en un sillon y agoviado por el mas profundo abatimiento; pero apenas vió al viejecillo se levantó precipitadamente ; sus ojos despedian fuego, y con voz terrible, gritó clavando en el pobre hombre una mirada amenazadora. — ! Ah! estais aquí : ahora lo comprendo todo ; vos sois el que ha enviado los gendarmes, y ahora venís á gozaros en vuestro triunfo. A esta brusca interpelacion , Mr. Benn esperimentó por un momento un terror involuntario, pero el recuerdo delos treinta mil francos, le volvió tod su presencia de ánimo: —No os comprendo, respondió afectando un aire de ad miracion. — !Sí, sí, disimulad; yo sabré á que atenerme en adelan te Os habeis portado infamemente conmigo, Mr. Benn , pero yo juro que os ha de costar caro. —?Pero, que me ha de costar? preguntó el usurero con un asombro que al menos por esta vez era sincero. —Sin duda habeis creido asegurar con esto vuestro dine ro, pues os habeis enganado miserablemente, Mr. Benn !.., dijo Víctor precipitándose sobre sus armas. A mi desespe racion habeis anadido mi deshonra : ahora no puedo ya vi vir, y no me queda mas recurso que el suicidio. A estas palabras el viejo se arrojó con la ligereza de un tigre sobre el brazo del jóven, y le desarmó ; despues hin - cándose de rodillas, esclamó: — ! Oh! Mr. Víctor, en nombre de Dios no hagais tal disparate! Si, yo soy culpable, soy yo quien ha impedido' ese cruel desafío, pero solo por sallar vuestra vida, vuestra sola vida ; ? me oís, Mr. Víctor? A todo esto Víctor parecia mas sereno : Mr. Benn se le vantó, pero no se atrevia á renovar la conversacion: Víctor. fué el primero en romper el silencio. —Mr. Benn dijo, os habeis portado muy mal conmigo, confesadlo, pero yo os perdono con la condicion que repa reis el dano que me habeis hecho. Sois el mejor de mis ami gos, como vos mismo decís; por consiguiente no nos debe mos incomodar, tengo dos cosas que pediros. • — Hablad, hablad, repuso el viejo muy contento del giro que babia tomado la conversacion ; ya sabeis que mi deseo es solo complaceros. — Pues bien, por de pronto necesito dinero, y vais á prestármelo. Nadie sabe lo que puede suceder, y yo quiero pagar ahora mismo á• todos mis acreedores. Al oir estas palabras, los ojos de Mr. Benn tomaron una singular espresion y parece querian Saltársele de las órbi tas; pero el momento no era el mas oportuno para delibe rar ; el usurero juzgó á propósito el prometer, aunque allá en sus adentros se reservase el cumplir ó no su promesa. — Está muy bien, Mr. Víctor, tendreis dinero. — Perfectamente; pero ahora está comprometido mi ho nor en este desafío que vos habeis impedido, y es menester que vayais en persona á dar una satisfaccion á mi contrario del motivo que me ha impedido el verificarlo, y á decirle que elija la hora y el sitio que mejor le convenga para con tinuarlo. — Pero, ?qué queréis todavía ',batiros? dijo Mr. Benn consternado. — Es indispensable. Ese hombreme ha quitado la muger que yo amo, y se va á casar con ella: es necesario que muera él 6 yó, y no hay medio ninguno de componerlo. Al oir esta esplicacion un rayo repentino de esperanza iluminó el rostro de Mr. Benn. — ?Y cuándo debe verificarse el casamiento? —Dentro de una semana. —?Hay dote? —Sin duda. —!Lleva dote! gritó el usurero fuera de sí.... Ese casa miento no se verificará. • Víctor encogió los hombros en senal de incredulidad. —?Y quién podrá impedirlo? — Yo! —?Cómo? —Eso es lo que no sé, pero os aseguro que no se verifi cará, y que el dote será para nosotros. El tono de seguridad del viejo, su aire de inspiracion y la idea que tenia de su gran esperiencia en toda clase de intrigas, produjeron en el ánimo de Víctor una completa transformacion. —;Ah! Mr. Benn , esclamó cogiéndole con entusiasmo las manos; si salís bien con vuestra empresa podeis contar con todo mi reconocimiento ! —Cuento con él; pero no hay que perder un instante. ?Cómo se llama el suegro? —31r. Auvray, negociante. ---10h! ?es un negociante...? Tanto mejor, t'in compane ro...! ?Qué calle...? —De Richelieu, número 130. — Y el nombre de vuestro rival. —Emilio Lebray. Al oir este nombre Mr. Benn cayó por tierra como si un punal le hubiera atravesado el corazon. La calda repentina de Mr. Benn sin motivo alguno apa rente, y cuando su semblante anunciaba la mas viva v sin cera alegría , sobrecogió de tal manera á Mr. de Corvelles que no dndó en manera alguna que hubiese sido atacado de un accidente apoplético. Se arrojó al momento sobre él, pero ya el viejo se habla vuelto á levantar. Y bien! preguntó Víctor aun mas sorprendido de esta curacion repentina, ?qué teneis? Pero el pobre usurero no podia hablar. —?Conoceis á Mr. Lebray? volvió a preguntar. - Ah! Mr. Víctor respondió el prestamista demasiado aturdido aun para poder coordinar sus ideas, Mr. Lebray es uno de mis deudores. A estas palabras Mr. de Corvelles se mordió los labios ; entonces lo comprendió todo. . Tom. Y. 337 ge En efecto el doctor y él no solamente se hablan encon trado á lospiés de la hija del comerciante, sino que ya a nterier mentetenían sin saberlo, muy íntimas relaciones por medio de la bolsa del usurero. —Mr. Benn, repuso Víctor con un tono de mal humor que no trató de ocultar, ahora conozco que no debo esperar nada. 'refreís dos deudas que os son igualmente queridas, y no hay mas que un dote para poderlas pagar. Acordaos al' menos de la mala pasada que me habeis jugado esta mana na, y de la promesa que me habeis hecho de repararla. Al decir esto nuestro jóven, mostraba con el dedo la puerta al usurero. Tal vez creia con estas palabras atraer para sí el. corazon egoista del viejo, pero su sistema de amenaza nó dió ningun resultado. Mr. Benn deseoso de salir de una posicion tan embarazosa y de reflexionar con libertad sobre el modo mejor de escapar de una disyuntiva tan desagrada ble, se levantó, diciendo al despedirse. —Mr. Víctor : es verdad que una complicacion inespe rada ha venido á contrariar mis ardientes esperanzas; pero, no osdebeis por eso desani,nar : dentro de una hora ten dreis noticias rnias, de un modo 6 de otro. Y salió sin decir mas palabra. En cuanto se vió en la calle se dirigió apresuradamente hácia su habitacion. El doctor y Víctor se disputaban tan igualmente su cora zon, que Mr. Benn quedó por algunos instantes anonada do, cosa que sucede á menudo á los mas felices calculistas en medio de sus meditaciones. Al fin un rayo de luz penetró, en su alma , y miró su posicion bajo su verdadero aspecto. El caso es que no habia mas que una sola hija y un solo dote. Era indispensable un combate entre los dos deudores 6 entre las dos deudas ; la indecision del usurero no fué larga. El duelo real, el de las personas, fué rechazado con horror, y una vez libre de este pensamiento, Mr. Benn sin tió una satisfaccion indecible. Sin embargo quedaba aun un punto bastante dudoso que resolver, y era decidir cual de las dos deudaá habla de caducar. De todos los deudores de Mr. Bann , Víctor era sin dis puta el que mas suStos y mas lágrimas le habia costado ; aquel a quien habla hecho las mas lisonjeras protestas y da do, en fin, las mayores pruebas de su ternura. Mr. Benn se decidió casi sin discusion en favor de Víctor, mas un cálculo repentino le demostró al mismo tiempo que la deuda de Emilio era algo mayor que la de su rival, de suerte que en buena conciencia, en buena justicia y en btiena economía, debla este tener la preferencia. Y como antes de ser hom bre Mr. Benn era usurero, por esta vez fué Emilio el prefe rido. Pero Emilio era un jóven alegre, ansioso de vida y de placeres, y que dejaba envejecer sin aprension sus deudas y sus acreedores ; mientras que Víctor habia dado aquella misma manana una prueba tan notoria de su disgusto por la vida y del arrebato de su carácter, que á la verdad el di nero asegurado sobre su vida no estaba muy al abrigo de peligros. Esta última consideracion acabó de decidir al usu rero y Mr. Benn encontró definitivamente al elegido de su corazon. Resuelto una vez el sacrificio de Emilio solo pensó en los medios de impedir el casamiento; la cosa no era muy difí cil, pues bastaba para conseguirlo enviar al doctor á Clichy. Mr. Benn estaba bien seguro que nunca un negociante co moMr. Auvray daria su hija á un preso por deudas. Tran quilo ya por la infalibilidad de su proyecto, el usurero se acercó á una mesa llena de legajos qué ocupaba el centro de su habitacion, y escribió á 111r. de Corvelles la carta si guiente: 43 338 K «Mi querido Mr. Víctor, desde este momento podeis con sideraros como el solo concurrente á la mano de Mine. Au vray, y renunciar á todo proyecto de duelo ni venganzas: dentro de veinte y cuatro horas estareis libre de vuestro rival.» En seguida entregó la carta á un dependiente, y se de dicó á reunir los papeles que obraban en contra del deudor condenado. Al dia siguiente, 17 de octubre, Mr. Benn llamaba á la puerta de un vecino suyo: este vecino era un hugier. —Mr. Plumet, dijo el viejo, enviad á buscar un coche y dos alguaciles del comercio, tengo esta misma manana que hacer ejecutar un auto de prision. Algunos momentos despues llegaron los dos alguaciles, y aquellos cuatro siniestros personages subieron al coche. El carruaje partió, pero á poco se detuvo. —Esperadme aquí, dijo Mr. Benn al hugier: voy á pre sentarme yo solo para levantar la caza : entonces podeis bremente caer sobre ella. A estas palabras el hugier dobló las vueltas de sus man gas; no de otro modo muestran esta especie de gatos sus unas ; los dos alguaciles le imitaron y Mr. Benn subió solo á la habitacion del doctor. — !Hola! dijo este viendo de lejos al hugier. Hola MI% Benn. • —Si senor, yo soy, respondió el usurero arrugando el entrecejo para ocultar la mirada penetrante que arrojaba sobre el pobre jóven. —Hacia ya mucho tiempo que no tenia el gusto en veros. —Eso mismo iba yo á deciros. —,Y podré saber lo.que os trae por acá? — Me parece que no os será muy difícil adivinarlo ; bas tante tiempo he mostrado mi paciencia, pero esto no es una razon para que sea.... —Eterna.... —Vos lo habeis dicho : vengo á pediros mi dinero.... —Habeis hecho muy bien, respondió tranquilamente el doctor : os esperaba para dároslo. La sorpresa que recibió Mr. Benn en este momento fné por !o menos igual á la que había esperirnentado la víspera. —?Qué? esclamó, vais á pagarme? — ?,Os admira eso? — yllabeis tenido alguna herencia? —Precisamente.... Ahora, bien, ya comprendereis que yo no puedo tener en mi casa semejante cantidad á vuestra disposicion. Aqui teneis una póliza pagadera á la vista, so bre mi escribano, á quien entregareis estos papeles. Mr. Benn adelantó maquinalmente la mano y los tomó ; estaba sin saber lo que le sticedia. En efecto, ya no había medio de Oponerse al casamiento del doctor, y Dios sabe á que estremo de desesperacion podía conducir á Víctor con sus manias de duelo y de suicidio. Sin embargo, Mr. Benfl o creyó deber rechazar la fortuna que le acariciaba á su pesar y cediendo á una especie de reconocimiento por el delicado proceder de su deudor, revistió su rostro de la mas dulce y halagüena sonrisa que podía espresar su fisonomía. • — Ea pues, Mr. Emilio, yo os doy las gracias.... Hasta la vista. —No, Mr. Benn , hasta nunca mas Entre tanto el hugier oculto en el coche y con la mano en la portezuela atisbaba su presa por entre la persiana. Al ver al usurero solo, le preguntó : — !Cómo! ?volveis solo? — Podeis marcharos. — ?y el carruage? Pagadle que ya nos veremos. La primera idea que se le ocurrió á Mr. Benn , fué la de ir en aquel mismo momento á percibir el importe de su cuenta. Por una previsora casualidad el 17 de octubre era domingo, y las escribanías estaban cerradas, M. Benn ha bia esperimentado ,tantas sensaciones en el término de 24 horas , que lo había echado en olvido. Regresaba ya con la cabeza baja y sobremanera indeciso acerca de lo que debia hacer : el ir á ver á Victor le causaba un terror insuperable, y sin embargo era necesario verle. Víctor animado por la carta del día anterior podría ir á casa de Mr. Auvray,, y valía mas avisarle con tiempo que dejarleespuesto á la hu millacion y cruel desengano que le esperaba en casa del negociante. — Verdaderamente , pensó Mr. Benn , es una lástima que no haya medio de impedir el Casamiento del doctor ; sobre todo, ahora que me ha pagado : si yo pudiese hacer pasar el dote á manos de Mr. Corvelles , recobraría las dos deudas á la vez. No bien se presentó á su imaginacion esta idea; principió á inquietarle sin descanso, hasta que al fin á fuerza de darle vueltas dió en lo que deseaba. El resultado fué dirigirse precipitadamente á casa de Mr. Auvray. Algunos instantes despues Mr, Benn fué introducido en casa del negociante. -- Caballero, dijo, siento venir á importunaros por una cosa qus no merece la pena ; pero he sabido que conocíais á Mr Emilio de Leblay. — Es cierto que lo conozco, respondió Mr. Auvra y, mi - diendo con una mirada de sorpresa el estrano pérsonage que tenia delante de sí. —Caballero, yo me llamo Salomon Benn. Al escuchar esta revelacion Mr. Auvray no pudo conte ner un movimiento de repugnancia, pero Mr. Benn , hizo como que no lo habia notado. —Yo soy, continuó, . soy.... negociante lo mismo que vos, y he hecho algunos negocios con Mr. Leblay. —!Negocios! dijo Mr. A uvray admirado. ?Y qué negocios son esos? Mr. Leblay es doctor en medicina, y no com prendo.... — !Ah! repuso el usurero con una sonrisa maligna, los jóvenes tienen á veces necesidad de dinero, y entonces.... me comprendeis ahora? — Si, ahora os comprendo, respondió el comerciante ar rugando las cejas. y Y qué tenemos con eso? —Mr. Leblay y yo hemos estado algun tiempo en rela ciones mútuas; pero esas relaciones han cesado y Mr. Emi lio me ha quedado debiendo una cantidad considerable. — ?Con qué os debe dinero? — Precisamente. —4Y cuánto Os debe? —Unos treinta mil francos poco mas. — !Treinta mil francos! esclamó Mr. Auvray levantán dose bruscamente. Despues volviéndose á sentar dijo: — Mr. Benn , podeis continuar. —Viendo que DO podia reembolsarme de los adelantos que le habia hecho, pedí y obtuve un auto de prision —Un auto de prision. — Ya veis que me seria fácil castigarle por su mala vo luntad; pero no quisbra castigarle por su desgraciada suerte. —Caballero, repuso el comerciante, yo conozco poco á Mr. Leblay : me ha sido presentado por un amigo hace muy )1 339 t< poco tiempo; sin embargo, os aseguro que los buenos Mor mesque él me ha dadodesmienten del todo vuestras palabras. Mr. Benn conoció que esto equivalia á pedirle pruebas de lo que habia dicho. Entonces se dió mil parabienes de que el 17 de octubre fuese domingo, y de que las escriba nías estuviesen cerradas; ,porque sacó al punto su cartera, y presentando los papeles de Emilio, dijo: —Caballero, ved aquí testimonios que no me dejarán mentir. Mr. Ati,vray se apoderó con ansiedad de los papetes y los examinó minuciosamente uno despues de otro. Hecho esto, ya no le quedó duda alguna. —Nos tengo nada que oponer á esto, dijo devoldendo con una mano trémula los papeles al usurero. Y apoyando su frente sobre las dos manos permaneció al gunos momentos sumergido en sus reflexiones. —?Segun parece M. Leblay lleva en París una vida bas tante disipada? —?Hum,hum! murmuró el usurero que conocia toda la fuerza de su reticencia ; como todos los jóvenes ! —? Y creis vos ser su úni(o acreedor? Mr. 13enn tomó un aire de dignidad ofendida. —Caballero, respondió , yo no soy un delator. Esto equivalia á decir que el doctor tenia otrosacreedores. —Perdonad, murmuró Mr. 'Auvray cayendo sobre su sillon, vencido por la indignacion y la cólera. Mr.Benn.triunfaba: el golpe habla sido dado con acierto, y aprovechó los momentos de descanso que le dejaba el 'negociante, para sabOrear.su victoria. Sin embargo, este silencio se prolongaba demasiado, y Mr. Auvray no parecia dispuesto á romperlo. —,Y bien, caballero?... dijo al fin el usurero. —Y bien, respondió el negociante Mr. Lebiay os pagará sin duda ninguna, pues tiene á sudisposicion una briilante herenéia ; su padre acaba de morir. — Os agradezco infinito el aviso, caballero. Ahora bien; voy á hacer la última tentativa con Mr. Leblay , para lo que marcho ahora mismo á su cala. 1W. Benn hacia esta indicacion para que Mr. Auvray creyese que la visita que acababa de hacerle habia precidido á la qué habla hecho el jóved médico, y en la que este le ,habia entregado las pólizas contra el escribano. Despues haciendo un profundo saludo, dejó al comerciante entre gado á sus tristes meditaciones, y salió á la calle muy sa tisfecho de sí mismo. El usurero que ya no temia ver á Mr. de Corvelles, corrió al punto á su casa. Ya era tiempo de que llegase porque Yictor se ,consumia de impaciencia. —?Qué hay? preguntó el jóven luego que vió á Mr. Be.nn; ? habeis vencido ? Silencio, dijo este llevando misteriosamente el dedo ,á su lábios, — Qué significa esto ? -- Vais á saberlo. — Pero en fin , 4 qué sucede? -- Dentro de poco vendrá quien os traerá mas noticias ;de las que yo es puedo dar. Tengo un presentimiento que no me puede .enganar. • Tan pronto el aire de alegría del usurero infundia espe ranza, como sus reticencias llenaban de ansiedad el corazon de nuestro jóven : pero á pesar de las mas vivas instancias, Victor no pudo obtener otra respuesta del inflexible viejo. Algunos momentos despues llamaron á la puerta. Mr. Benn se levantó precipitadamente, y corrió á ocultarse en la pieza inmediata. Era el criado de Mr. de Corvelles que traia una carta que acababan de darle ; pero éste, preocupado únicamente con su amor , la dejó con indiferencia sobre .la mesa. Al punto Mr. Benn salió de su escondite , y acercándose á Víctor, le dijo : —Y bien , cuando yo os decia leed. Victor admirado del acento particular del viejo abrió la carta y leyó lo siguiente : « Mi querido Victor', circunstancias imprevistas acaban de libertarme de compromiso que habia contraido respecto de la mano de mi hija : hoy me considero dichoso en poder ofrecérosla : venid , pues os espero con impaciencia.» Esta carta produjo tal aturdimiento en Mr. de Corvelles, que tuvo por un momento que cubrirse los ojos con las manos. En cuanto á Mr. Benn rebosaba de alegría. — Mr. Benn., esclamó al fin el jóven cogiendo con efu sion las manos del anciano , osdebo aun mas que la vida ! —Sí, seguramente mucho me debeis , respondió éste, que como ya hemos tenido lugar de conocer, tenia siempre una idea fija , y nunca descuidaba su derecho. — Sin embargo , vos habreis enviado á Mr. Leblay á Clichy , y yo no puedo permitir que nadie se vea privado por mi causa de la libertad. — Mr. Lehlay está libre , y no solo está libre , sino que me ha pagado. . -- Pero ?cómo habeis hecho ?... — Ese es mi secreto; pero andad, andad aprisa. Tomad, aquí está vuestro baston , vuestro sombrero ; no hay que perder un instante.' — Voy corriendo. — Sí , corred , mientras os espero aquí, porque quiero asistir á vuestro casamiento ; eso es muy justo. — Seguramente que sí. — Marchad, buena fortuna, y,sobre todo tened cuidado no os atropelle algun coche. Pero el jóven estaba :ya léjos , y se dirigia á paso largo hácia la casa de Mr. Auvray. Sin embargo, tropezó en el camino con la del doctor, y esta vista le recordó que tenia un deber que cumplir. En su consecuencia , subió. —Caballero, le dijo, tengo que daros una satisfaccion y aremosuna reparacion. —Ni la uno ni lo otro, respondió sonriendo el doctor; nadie está al abrigo de. los gendarmes. .-Pero no sabeis que me caso con la senorita de Auvray. —Ya lo sé: aquí tengo una carta de Mr. de Auvray en que me lo participa, y á deciriverdad , no me pesa de nin gun modo ; solamente hay uno que me ha hecho traicio,n en este negocio, pero os prometo darle una buena correc clon ; por este motivo he cambiado de baston. Al decir estas palabras Mr. Leblay le ensenó un garrote de hermosas dimensiones que habia sustituido á el delgado junco que acostumbraba llevar. — Esta'es la única venganza que pienso tomar. En este momento Mr. de Corvelles no pudo menos de pensar en las espaldas de su mejor amigo ; pero disimuló su pensamiento con cuidado, y despues de haber apretado cor dialmente la mano de su generoso rival se dirigió á casa de Mr. Auvray . Lo demás se dEja adivinar. El casamiento se verificó á pocos dias con gran pompa y sobre todo con una sincera alegría de todis. Mr. Benn, oculto en un rincon tie la igle sia, habia asistido á la ceremonia segun lo habia prometi do , pero conociendo despues que no podia presentarse en casa de Mr. Concites por miedo de encontrar en ella al suegro, comprometiendo al mismo tiempo' al yerno, aguar.. "rió á este;a1 salir, y aprouchándose de un movimiento de la muchedumbre allí reunida, se acercó sin ser notado. —Mr. Víctor, le dijo, manana mismo necesito el dinero 'que me debeis. A cuánto asciende? 340 — A cuarenta mil francos. — Manana estará en vuestra casa. s—iYSaíe, ssambí,eirseppqluiceóryMoer..d.e-C-orvellesinterrmpiéndole, sos el mejor y mas caro de mis amigos. Geografía y viajes. LA ALUMBRA. Esta fortalezá está situada sobre una de las colinas (pie 'dominan la ciudad y llanura. de Granada : tiene media le gua de circuito, y sus dos alcázares 6 palacios reales, reu nen lo mas rico y selecto del arte en. este .género c-strue turas..Su conjunto forma una de las maravilLas de Espana, y los mármoles y columnas., en cuyos pedestales'están re.- . presentadas muchas batallas, con figuras t',e medio r. bese .cinceladas con mucha delicadeza, y la slnindante profusion de otras labores, manifiestan las inmensas sumas que ha .costado. Estos dos alcázares están contiguos. El milpero y dí , ó justicia mayor, á los negociat tes; y á la puerta de ella halda un azulejaptiesto en la pared con letras árabes que decían « Entra y pide ; no temas pedir justicia , que hallarla has.» El segundo palacio, que está á la parte de levante, sg denomina el Cuarto de los Leones, por una her mosa fuente •que tiene en medio de un patio enlosado de alaba›tro y con muy ricos pilares al. rededor. Esta fu, nte tiene una gran pila de alabastro colo,ad.i sobre doce leones de lo mismo, puestos en rueda, del tamano de becerros, y horadados con tal artificio, que e! agua del uno corresponde La Alhánarra: mas principal se llama Cuarto de Collares, del nombre de una hermosísima torre labrada ricamente por dentro, de una labor muy costosa y muy apreciada entre los persas y sirios, llamada Cumarojia; en él tenia su fundador, Abil Hagex-Jusef, los aposentos de verano. Desde sus ventanas, que corresponden al cierzo, al mediodía y á poniente, se (bscubren las casas de la Alcazaba , del Alba yein, la mayor parte de la ciudad, toda la ribera del ;lo Darro y la vega, eon hermosa y amena vista de jardines y arboledas. A la entrada de este palacio hay un pequeno patio con una pila baja al gusto africano, muy grande y de una pieza, labrada á•modo de venera,1 á uno y otro cabo hay dos saletas la bradas de diversos matices y oro, y de hizos de aztt ejcs, donde juntaba el rey su consejo y daba audiencia estaba ausente, oia, en la que está junto á la puerta, el Cd.. • • al del otra, y todos la echan á un tiempo por la boca ; y por encima de la pila sale un charro que baila todos los leones. Esta fuente tiene una lápida con una inscripción-árahe que dice: « Mandó hacer esta labor nuestro senor Al2olebbillab. ensalce Dios su estado y acreciente su %alar. Acabóse á loor de Dios y para contentamiento de los que vean su perfec CiOn , por mano de Aben-Mahomad-Aben-Cencind. Com plázcase Dios de él. En el mes xenal de 780 » En este cuarto están las aposentos, alcobas y salas reales de invier no, no menos.ricog que los de la torre de Comares ; y allí habia un bano artificial , enlosado de grandes alabastros, y • con sus fuentes y pilas. A espaldas del cuarto de los leo nes, hácia el mediodía, habia.una capilla real con los sepul cros, y.se hallaron. en el ano 1574 unas losas de alabastro que, 1..egun parece, estaban puestas á la cabecera de los se x 341 tc pulcros de cuatro reyes de esta casa, y en la parto. de ellas, I que salía de la tierra, se leian en ambos lados dos epitafios en letra árabe dorada, puesta sobre azul, en prosa y verso I en alabanza y memoria de los que en ellos yacían. Hay I además en estos alcázares una sala que llaman de los Se crelos, hecha con tal artificio , que poniéndosedos, en dos paredes opuestas, y hablando en voz baja, se pueden en tender y comunicar, sin que los que están en medio lo per ciban ni oigan. Se manifiesta tambien en ellos el paraje donde dicen fueron degollados los Abencerrajes. Ensayo sobre las condiciones literarias y morales del refran espanol, traido á mas regulares formas. por 1. 2. Maciag. !Dioes el refran de la Sabiduria de los pueblos, y su estudio y cultl No, asunto de la mayor impor:an eia en el estudio de las lenguas.>> PENA Y TOVAR. El refran espanol , constituye una especie de filosofía práctica vulgar, tanto mas apreciada así dél pueblo como de las clases instruidas, cuanto que sus admirables lecciones son de cornprension fácil para todo el mundo , con solo que se espliquen una sola vez. El refran es siempre hijo de la esperiencia ; y como lo que bien se conoce bien se dice, se gun el sabio juicio de Boileau , de aquí es pues que el re fran , siendo bien conocido su objeto por el que lo escribe, y bien expresado por consiguiente, sea tambien comprendi do con facilidad , desde el momento en que se descubre su sentido oculto, por una ligera eswicacion de cuatro palabras. Pero vamos á otra cosa. En nuestro humilde juicio,e1 refran espanol, á pesar de su extraordinaria vulgaridad , no solo no carece de belleza , sino que hasta parece ostentarla con cierta informe* coque tería. Sus misteriosos resortes, han sido hasta ahora poco estudiados, ó no lo han sido nada ; pero sí se detiene sobre ellos la atencion , preciso será reconocer que, á pesar de su vulgaridad sin límites , es susceptible de arte y buen gus to. Sin arte no hay sino monstruosidad. La naturaleza no es monstruosa, á pesar de lo irregular, y desordenado de sus manifestaciones, porque obedece á un arte misterioso que la hace ser bella por sí misma. El hombre no ha creado el arte, .que es obra de Dios : lo que ha hecho únicamente, ha sido observar las bellezas de la naturaleza moral y físi ca : descubrir sus misteriosas leyes y arrebatárselas, pro clamándose maestro : fórmar con ellas un cuerpo de Cáno nes artísticos llamadas reglas, y decir con énfasis á los que venian despues de él : mediante estas. reglas, se hace esto , lo otro y aquello. Es decir, se dibuja , se talla , se escribe, se habla , etc., pues el arte es la • belleza .natural , formulada en reglas precisas, suminislradas por la misma belleza-que el arte trata de reproducir. Asi es que , si no hubiera, habi do belleza natural, no hubiera habido arle , porque no hu biera tenido madre que la diera el ser , ni tampoco hubiera podido haber belleza ideal , porque no hubiera habido idea de la belleza natural. La belleza natural es independiente del arte ; pero el arte es dependiente de la belleza natural, como hijo y como discípulo. Ha habido pues un tiempo, en que todas las obras de arte se han hecho sin arte, ó lo que es lo mismó, sin reglas, por•pura y simple inspiracion y nada mas. Tcdos estos tra bajos han sido naturalmente mas toscos .é informes que los verificados despnes de conccido el arte ; pero no menos 1. grandes en su concepcion , por cuanto el arte no tiene por objeto crear , dar genio , sino regular las creaciones del genio , corregirlas , limarlas , siguiendo á la naturaleza. Sin embargo , despues de conocido el arte , sus reglas son leyes , él es la norma del buen gusto , y todo se hace en él y con él. Cierto que esta digresion conduce á bien poco en nues tro asunto ; no lo desconocemos; empero sirve á demos trar que , como los demás trabajes de arte , el refran espanol ha existido tambien sin reglas , nada menos que desde ia infancia del idioma ; y (pie, así corno aquellos han ido aceptándolas, al paso que han ido conociéndose y esta bleciéndose , así el réfran, tarnbien , cuando las suyas sean conocidas noria observacion , el buen gusto las aceptará y establecerá , las convertirá en leyes fijas , y á parte de la eleccion de los asuntos , lo cual corresponde á la inteligen .cia y buen juicio del autor, se harán refranes como se hacen apólogos y fábulas. Las reglas del refran espanol , son en primer término, que grave 6 humorístico , encierren una.leccion útil , por qtie, en otro caso para nada serviria ; y en segundo , que además de no constituir nioguna perogrullada , siexpresion sea sentenciosa , su forma aforística ; su lenguaje metafó rico de sentido oculto, asonantado mal 6 menos., para que la resonancia haga que se imprima mas fácilmente en la me moria, y por último, arcaísrnico en las Palabras 6 en la construccion , siempre que pueda ser, para que un gustoso sabor y olor, de antigüedad , haciéndolo mas respetable, haga naturalmente' mas aceptable su ensenanza. Estas condiciones, puramente arísticas y de buen gusto, solamente se encuentran en el refran que pudiera llamarse clásico; pero como lo que constituye la bondad en este gé nero no es tanto la regularidad de la forma como la esce--. lencia del fondo, resulta que las reglas dichas no sean de bsoluta necesidad, como no lo son , pues hay escelentes refranes bajo formas de una irregularidad que espanta , sin que por eso sean menos estimados ni menos repetidos: Sin embargo, no hablamos de estos, sino del refran de condi ciones literarias y morales, en grado mas 6 menos re gular. Nuestra lengua, en su habitual modo de decir, confunde ordinariamente el refran con • el proverbio y. con el dicho vulgar, lo cual es un error. El proverbio es siempre una sen tencia de alta sabiduría , que no tiene necesidad de espli cacion de ninguna clase, y lo mismo sucede á la máxima, sea moral', política ó religiosa , en que el sentido es clarí simo para todas las inteligencias; mientras que el del refran y támbien en el dicho vulgar, es siempre figurado ; y aun cuando no por esto dejan de ser comprensibles, no lo son y 342 e< sino al través de un velo mas ó menos tupido, al cual con viene siempre levantar una de sus puntas para que la com. prension sea mas fácil. Además de esto, el proverbio y la máxima , por 13 misma gravedad de su naturaleza, no pue den menos de ser graves en su forma, en tanto que el refran y el dicho vulgar, admitiendo el sentido humo rístico, tienen muchas veces que prescindir de toda forma lidad. El refran, sin embargo, es mas universal que el proverbio y que la máxima, por cuanto participa de la naturaleza de ambos, ocupándose indistintamente del objeto de ambos con mas modestas pretensiones, y tomando un carácter y singular índole, popular en extremo y del agrado de todos, sin esceptuar á los mismos sábios. No tienen necesidad de esplicacion el proverbio ni la má xirna , porque toda esplicacion es tina especie de inter pretacion , y lo que se esplica 6 interpreta en el refran, son las figuras de pensamiento, que ni el proverbio ni la má xima pueden tener, porque desde el momento en que las tuviesen, dejarian de ser máxima y proverbio, y seria preciso clasificarlos de otro modo y con otros nombres. El temor de Dios es el principio de la sabidurta. lié aquí un proverbio. Haz bien y no mires á quien. Hé aquí una máxima. ?Qué hay que esplicar en uno ni otro ? y Quién no entiende su doctrina ? Pues bien. El que no está hecho á bragas, las costuras le hacen llagas. lié aqui un refran , cuyo sentido parece claro, y se com prende ; pero mejor cuando se esplica. A.ertado le 114 Pedro á la cogujada, que el rabo lleva tuerto. Hé aquí un dicho vulgar. No hay duda alguna en que su sentido de irónica a probacion á cualquier desatino, se tras luce, pero no se vé claro, y siempre tiene necesidad de que se levante el velo un poco. El refran y el dicho vulgar son en esto iguales. El proverbio se ocupa de los principios abstractos de la filosofía, de la religion y de la moral. La máxima, se ocupa de las mismas materias que el proverbio, pero siempre bajo un punto de vista concreto y de aplicacion. El refran se ocupa indistintamente de todo; pero en formas puramente vulgares, y sin mas criterio que el de buen sentido práctico y esperimental , llamado sentido comun. , Además de estas diversas formas doctrinales que, en tes timonio de lo muy acordes que están con la naturaleza del juicio humano se encuentran en todas las lenguas, existe tambien 91 aforismo, que solo se ocupa de las ciencias y de las artes, ensenando sus principales preceptos y algunas re glas de utilidad. En conclusion. Las reglas del refran , como acaba de verse, son pocas en número, pero difíciles d reunir ; mas aunque reconozcamos sus dificultades, así como tarnbien que el caudal riquísimo que atesora nuestra lengua, no tie ne gran necesidad de aumento, y menos todavía de au mento tan insignificante y baladí como el que nuestra pluma le puede ofrecer, hémonos, sin embargo decidido á hacer el siguiente pequeno ensayo, no en la persuasion , por de más ridícula, de realizar con él ninguna cosa de importan. cia , sino por llamar sobre este nuevo género la atencion de genios mas felices, y promover su wiltivo en mejores for mas que hasta el dia. El V ivae. Una noche se encontraban reunidos varios oficiales al rededor de una hoguera, despues de un dia cruel, en que el choque oon el enemigo habia sido sangriento y encarni zado, • Versó la conversacion sobre varios objetos, unos sobre aventuras galantes, otros sobré lances de juego , cuando' el teniente Mauricio, que estaba saboreando el tabaco de su pipa, despues de arrojar una bocanada de humo y de mirar á su alrededor, les dijo á sus companeros: Muchachos, si ahora se encontrase entre nosotros un zurcidor de novelas, buena ocasion se le presentaba pala forjarnos una en que hiciese aparecer á sus héroes en medio de ese campo , qué cual espectros se alzasen de entre tanto cadáver como nos rodea. —Dah , bah , replicó otro, no haya miedo que esos Pobres diablos nos vengan á importunar con sus recuerdos. —y.Lo creeis así ?— Si, coronel , y estrano que vos, siendo tan valiente, os dejeis dominar de semejantes patranas.— Teneis razon , dijo el coronel , es verdad que me dominan , pero si yo os contase una historia, de la cual creyeseis 6 no lo que gustaseis, puede tambien que á mi vez os nombrase los actores de ella. —ySeriais vos ? le replicó otro oficial. — ?Y por qué no, caballerito?... Pero escuchad mi histo ria ; son las nueve, y antes de las diez habré ya concluido. —Que me place, dijo el teniente Mauricio ; así como así soy aficionadillo á esos cuentos de duendes que me distraen en estremo ; contadle pues, que todos os escucharémos con el mayor placer. — Ea, muchachos, sentarse el que pueda, y chiton. Sentáronse en efecto en torno de la hoguera, cuando el coronel comenzó su cuento en los siguientes términos. No es cosa de ayer lo que os voy á referir, es ya del ano 178... poco antel de la revolucion francesa ; en inteligencia que voy á contarlo tal cual sucedió, sin variar mas que los nom bres de los personajes El conde de Barus, en estrerno aficionado á la caza, supo que quedan vender el castillo de San *Inflan, que hervia en liebres y gazapos: envió á su agente de negocios á tratar con los propietarios, y en pocos dias fueron suyos el castillo y sus dependencias. Pero, que castillo ! El mayordonio le aseguró que hacia mas de cien anos que estaba inhabitado, y que el mismo habia tenido que reducirse á la-casetilla del portero ; sin contar, anadió, que en el pais circulan noti cias estraordinarias acerca de este detestable promontorio, cuyas viviendas nadie se atreve á visitar. El conde se reja á carcajadas de tan singular relato, é hizo llamar para que le acompanase á un jóven de quince arios que habia adoptado, y al que miraba como á hijo. -,-.?Vos? interrumpió:otro oficial en tono medio afirmativo y medio interrogativo. El coronel miró. al jóven , y sin contestarle continuó: —Julio, le dijo, hé aquí, amigo mio, una hermosa oca sion de manifestar tu valor ; manana me acompanarás á un antiguo castillo lleno de fantasmas. —Me alegro, contestó el jóven'sonriéndose; ya hace tiem po que deseaba entablar relaciones con los habitantes del otro mundo. El conde entonces le manifestó, que habia comprado el castillo de San Julian, y que irian á reconocerle para po nerle en estado de alojar durante el invierno á una multitud de cazadores amigos suyos. Pusiéronse en camino el miér- » 343 coles siguiente , y el viernes por la manana llegaron á su hacienda , donde los recibió el portero sorprendido , pues no los esperaba, y les ofreció su caseta y provisiones, porque no hay que pensar , les dijo , en habitar el castillo. Este ca sulario, continuó, es antiquísimo; su fábrica no conoce ór den ninguno de arquitectura , y una de las alas está ente ramente derribada.—Pero , dijo el conde, ?no hay siquiera una sala habitable en esta maldita casa ? — Maldita, y bien maldita, senor , contestó el portero, porque no creo que ningun cristiano se haya atrevido á pasar en él la noche de un siglo acá. — ? Y por qué ? — Pues que, senor , no os ha hablado el mayordomo de los sucesos espantosos que pasan en él todas las noches? — Basta, basta, amigo, condúcenos, y vamos á ver si encontramos una habitacion donde pasar la noche. El portero lanzó dos ó tres suspiros dolorosos , y se dis puso, á pesar suyo á acompanar á sus huéspedes. Entraron en un vestíbulo cuyas paredes adornaban varios cuadros de malísimo gusto , y borrados ya sus colores por la accion del tiempo y la inaccion del descuido. Bernabé empujó una puerta medio carcomida y falta de uno de los goznes, y entraron en un inmenso corredor , cuyas vidrieras hechas pedazos hablan dado entrada á la intemperie , y los ladri, llos estaban verdecinos y escurridizos. Hé aquí la escalera principal, dijo en voz baja, que sin embargo fué diez veces repetida por el eco de aquellas bévedas , que por mucho tiempo habla estadoenmudecido. Cruzaron después por una série de salones inmensos y casi desmantelados ; los pocos muebles que en ellos quedaban, vetustos y apolillados, yacian por el suelo ; las tapicerías pendian en girones por las derruidas paredes, en las que se vela por intérvalos tal cual retrato de los antiguos senores de San Julian, incrus tados en sendos cuadros ahumados y cubiertos de telaranas. En una de aquellas' salas un poco mejor conservada que las otras, veíanse pinturas medianas , en las que podia aun acertarse su significado : los muebles eran tambien de una forma mas elegante , y todo parecia anunciar que aquella habla sido la vivienda del dueno del castillo. Julio miraba con atencion todas aquellas curiosidades, y embebido en consideraciones morales, marchaba distraido, cuando el portero le retiró hacia atrás con presteza.—Cui dado, senoiito , le dijo, vais á pisar la sangre.— ?Qué es eso ? preguntó d •conde , y dirigiendo ambos al suelo su vista advirtieron en él manchas de sangre bien marcadas.— Veis esa sangre, dijo el portero? — Sí, la mandaré limpiar. — Oh eso de mandar, replicó aquel , es bien fácil. — El conde presintiendo un cuento interminable , empujó la puerta del fondo que daba á la última habitacion de aquel lado, la mejor resguardada, y donde menos mal pudieran alojarse. El mueblage era tambien bastante regular : al re dedor de las paredes se velan anchos y profundos sitiales; el 'centro le ocupaba una estensa mesa redonda, y en ella hermosos candelabros : sobre la chimenea se ostentaban los emblemas heráldicos tle los antiguos senores, separados por un relieve que figuraba varias escenas de caza ; y en la al coba se divisaba un enorme lecho cubierto con una colcha de damasco carmesí. —Aquí dormirémos , dijo el conde, haced que traigan sábanas y lena. El resto del dia se pasó en examinar el exterior del edifi cio, y llegada la noche, que no tarda en venir en el otono, Barús propuso á su amiguito que dormiria en el cuarto manchado de sangre , y que harian al portero referir la historia del castillo. Esta proposicion fué recibida con en tusiasmo. Llamaron pues á Bernabé , del cual conviene de cir que era un anciano de estatura regular, pero tan sin gularmente vestido , que costaba trabajo el creer fuese cristiano. Cubríale de piés á cabeza una gran hopalanda parda sujeta con un cinturon; sucabeza le resguardaba una como papalina de terciopelo que habla sido morado , y en cima de ella un enorme gorro construido de la piel de un cabrito , y elevándose en forma piramidal hasta la altura de un codo : sus facciones revelaban mas sutileza, que sen cillez , pero su voz era siempre baja como quien teme ser oido. Se presentó al conde , y quedó estupefacto al ver co locadas las camas en las dos salas.--Mal hecho, senores, dijo meneando la cabeza , es necesario no desafiar al diablo. — Vamos pues , maese Bernabé, dijo el conde , basta de moral por esta noche , y trata de divertirnos un rato refi riéndonos las aventuras que ocurrieron en este castillo, — Por cierto : mi amo , que es buena diversion , y lo peor es que las tales aventuras son demasiado ciertas. Hicieron sentar al buen portero entre los dos amigos, delante de la lumbre que elevaba sus llamas hasta el borde de la chimena , mientras que una porcion de bugías colo cadas en los candelabros sobre la mesa , iluminaban sobra damente la estancia. — Hace mas de cien anos, empezó Bernabé, pertenecía este castillo á un caballero tan jóven y rico, como malvado y desenvuelto. Las mozas de la aldea hinan de él atemori zadas ; pero las mas bellas rara vez dejaban de caer en los infernales lazos que las preparaba. Habla una, sin embargo, la mas hermosa y discreta , que siempre habla podido sal varse de las persecuciones de aquel libertino ; suvirtud ha bia resistido á las seducciones , al oro y á las amenazas. Irritado el jóven de tan heróica resistencia , llamó una no che á su ayuda de cámara , confidente de sus maldades , y le pidió parecer. —Por cierto, senor, que yo en vuestro lugar no titubearia. -7 ?Pues qué harias?— ? Qué ? Si no habla otro remedio, casarme con ella. —?Estás loco?— No senor ; llamarla á mi ayuda de cámara, le baria ves• tir las ropas del difunto capellan ; á media noche se cele brarla el casamiento en la capilla, y yo seria el feliz esposo de la hermosa Magdalena , á quien baria guardar secreto. —Qué astuto eres, zorro viejo ; lo agradezco, y acepto los servicios de mi nuevo capellan. — Pues entonces llamemos á la jóven y decidámosla. Magdalena, que era huérfana de padre y madre , se ocu paba en guardar los ganados del labrador que la tenia re cogida , cuando vió acercarse al senor de la aldea. La jóven zagala quiso huir, pero fueron tantas las ins tancias y ruegos del cabállero , que al fin se decidió á acer carse; tomóla él las manos con afabilidad y ternura ; era jóven y bien formado, porque es muy frecuente encerrarse un alma pérfida bajo un cuerpo hermoso y apacible: la dijo mil lisonjas, de aquellas que las jóvenes, oyen con placer, y por fin viniendo al principal objeto de su entrevista , — Magdalena, continuó si supieseis cuanto os amo! — Pues no debeis amarme, senor. —Sin duda que no debo , pero, ?quién es dueno de su corazon ?— Eso mismo dijisteis á Adela, á Julia y Lucia, é hicieron mal en creeros, porque las enganabais. — A ellas sí, pero á vos , Magdalena , co nozco vuestra virtud , y si quisierais.— —?Qué senor ?— ?Qué? Vos sereis ante Dios mi companera en el tálamo nupcial. —?Me enganais ?— Juro á la faz del cielo, que te amo , y que serás mi esposa, y si te engano, quiero que tu sombra me persiga eternamente. —Os creo. — Pues bien, á media noche un sacerdote nos unirá en la capilla del cas tillo , porque quiero que por algun tiempo nuestro matri monio permanezca en secreto. La infeliz cayó en el detestable lazo. A las doce de aquella >3 3-V4. t< misma noche el disfrazado sacerdote pronunció con boca sacrílega las palabras sacramentales, y el pérfido Eduard condujo á Magdalena á la cámara , donde vais á dormir dijo el portero , dirigiéndose á Julio que atento le escucha ha. La pobre muchacha venia todas las noches á acompanar al que creia su esposo , que tardó muy poco en fastidiare de ella , y como por entonces un rico hacendado le ofreció la mano de su hija , el perverso resolvió la muerte de la desventurada Magdalena. Una noche, senores, esto es espantoso, una noche en que la poi-re aldeana dormia al lado de Eduardo, se levantó este silenciosamente, y llamó al ayuda de cámara que ya estaba esperando. Entró este armado de dos punales, y entregó uno á su amo: el miserable se acercó á Magdalena que des pertó al ruido de las pisadas.--?Qué quieres? esclamó des pavorida.— Que mueras. Y al mismo tiempo hizo brillar á sus ojos la hoja del punal , sobre la cual se fijaba el res plandor de una lámpara : la jóven amedrentada le contestó. — ?Qué, no soy delante de Dios tu esposa?— No, senora: y si no jurais no descubrir jamís lo que ha pasado entre nosotros, vais á morir : escoged.— Pero, Eduar do , dijo bajándose del lecho, esto no es posi ble; ? por qué quieres matarme?... Dios rnio , Dios mio , quieren ma tarme, !qué desgraciada soy ! —Vamos, senora, dijo el ayuda de cáma ra, ,asiéndola por la mu neca fuertemente, pron to decidíos.— ?Qué , de veras me va á asesinar este hombre? !Eduardo, vais á asesinarme, vos que no me hablabais mas que de amor !— Deci díos pronto, Magdalena , que tenemos prisa. — Pues bien, contestó la infeliz medio sofocada , matadme si os atreveis, senor.... !olvidad vuestros juramen tos , vuestros deberes, la humanidad!... matadme, porque' nunca renunciaré al título que me habeis dado ante el al tar, y siempre seré vuestra esposa. Entonces, Magdale na , es preciso morir. —; Oh Dios mio ! quieren matarme los cobardes, y vienen dos, armados de punales, por la noche, para asesinar á una muger dormida t... Pero..., yo morir—. morir ya.... tan jóven.... oh, cuan culpable he sido ante vuestos ojos, cuando vuestra piedad me abando na !... Senores, compasion.... gracia para mí ! Soy débil, estoy desnuda, sin amparo ! Nada tengo, nada mas que mi llanto ! !oh, piedad.... piedad !... La infeliz se arrastraba á sus piés sollozando y besaba sus plantas,. mientras ellos la contemplaban con aspecto feroz. —Senora, ?estais decidida? —Eduardo, amado mio, no es posible que tú lo exijas; !ay ! ese sacrificio es dema siado duro para mí.... apiádate.— Eduardo asiéndola del brazo la derribó, y poniendo la punta del acero sobre la desventurada —?queréis morir ? la dice. Sí, sí, le con testó.... la muerte antes que la vergüenzal... la muerte primero que la desgracial.., la muerte mas bien que la ab. yeccion y los remordimientos.... herid. —El malvado hizo o • sena á su companero, y los punales abrieron á un -mismo tiempo dos anchas heridas en el pecho de Magdalena. — Esto es mejor, dijo con atroz serenidad el ayuda de cámara. Llevaron el cadáver á los subterráneos del castillo, pero la sangre que se derramó en el suelo no pudieron limpiarla, ni nadie será capaz de hacerla desaparecer.—Es verdad, senores, que es una historia horrorosa?—Horri ble es en efecto, pero continuad , porque hasta aqui no ha habido duendes, dijo el conde. — Pocos días despues, continuó el portero, hubo brillan tes funciones en el castillo para celebrar la union de Eduar do con la noble heredera de que os tengo hablado. El dia de !a boda se retiraron bastante tarde ambos desposados á la cámara nupcial que era esta misma : dejáronlos solos , habian ya apagado todas las luces, escepto una lamparilla , y al tiempo que ya iban á entrar en la cama, se levantan las cortinas de la puesta y se oye una voz grave decir : — Juro á la faz del cie o que le amo, y que serás mi esposa, y si le engano, quiero que .tu sombra me persiga eternamente. Déjase ser un espectro, • cuyo rostro y manos eran tan blancas como el sudario que le cubria , se acerca á Eduardo que yerto de pavor le miraba. «Mag dalena , le dice, vos se reis ante Dios mi compa nera en el Iálano nupcial. Hé aquí lo que me dijis te, Eduardo de San Ju han , y vengo á empla zarte ante Dios para que cumplas tu palabra.» Al mismo tiempo la fantasma se acercó al le cho nupcial y sentóse en él. La jóven desposada llena de horror no osaba moverse. Eduardo quiso llamar y no pudo lanzar la voz. «Vamos, conti nuó el espectro, mi no ble esposo, vé aquí mi seno, y levantando el sudario descubrió su pecho banado en sangre; en seguida tomando la mano de su asesino y lle vándola á su corazon, que latia con fuerza.—Aquí, le dijo, hay vida para tres meses, al cabo de ellos tú y tu cómplice vendreis á acompanarme. En cuanto á tí, pobre criatura, continuó dirijiéndose á la novia que la escuchaba azorada, tu eres inocente del crímen de estos hombres.» Al dia siguiente la novia del senor de San Julian tomó el velo en un convento de estas cercanías, y al cumplir los tres meses los dos asesinos aparecieron tendidos y sin vida en este mismo suelo. Julio se habla acercado como maquinalmente hácia el portero, y el senor de Barús estaba conmovido; sin embar go, como era incapaz de tener miedo, dió las gracias al portero y le mandó retirar.—Cuidado, mi querido amo, le dijo el anciano; el espectro-de Magdalena no deja de venir ni una sola noche, y predice terribles acontecimientos á los que se atreven á esperarle. Es muy posible, dijo el conde á Julio, que la malevolen cia tenga mucha parte en las anécdotas que refieren de este castillo; massin embargo no estarán de mas las precauciones. Cargaron las pistolas, cerraron las puertas, y resolvieron pasar la noche conversando al lado de la chimenea, cui - y 345 « dando antes de reconocer los rincones, alzar los cortinajes, mirar debajo de las camas, y ver si las fallevas de las ven-. tanas estaban bien cerradas. Eran las once cuando Julio dijo estremeciéndose, ?no habeis oido ?— El conde escuchó, pero no oyó nada. Poco despues les pareció que hablaban en la estancia inmediata. —Es el aire, dijo Julio afectando serenidad; pero las voces se percibian cada vez mas claras ; despues se oian sollozos, llantos, pasos, amenazas, ruido de armas; el cande aban donó su silla y el jóven siguió su ejemplo. —Julio, dijo el primero, en esa estancia hay gente, vamos á verlo.—Mejor es esperar, acaso sean mas numerosos y mejor armados. El conde impaciente abrió la puerta y preguntó con voz de trueno.—?Quién va allá?—Yo, respondió una voz lúgubre de muger, y al mismo tiempo apareció un espectro próximo á la puerta: otros dos se distinguian en el fondo de la sala. —?No me llamabas? dijo la fantasma dirigiéndose al centro de la habitacion , arrastrando su prolongado sudario: «Aquí estoy pues, amado mio, vamos, ven, dá el beso de amor á tu desposada.»—Una de las dos fantasmas del centro se le vantó y dió algunos pasos, entonces la aparecida rasgó las vendas que le cubrian el pecho, y lanzando una espantosa carcajada, ensenó suseno traspasado por dos punaladas. En seguida se dirigió al conde y á su companero; estos reco braron su energía y mostraron sus armas al espectro ; pero su rostropálido contrajo una horrible sonrisa que los con fundió, y poniendo su descarnada mano sobre el hombro del conde, pronunció con voz tenebrosa este decreto : «Correrá la sangre, y mas de una cabeza se inclinará bajo la cuchilla.... habrá llantos y gemidos....» El coronel se detuvo y miró á su auditorio que aun le escuchaba atento.—?Y qué resultó de las predicciones de la muerta? preguntó el curioso D. Luis.—Resultó, dijo con gravedad el coronel, que algunos arios despues vino la re volucion , y el conde de Barus fué uno de los infinitos que murieron en la guillotina. Bellas Artes. ARQUITECTURA. por 21. R. labraran. • El arte de construir no es lo mismo que el de embellecer lo construido : cada uno tiene sus reglas especiales, que ob servadas puntualmente, dan el gusto y la comodidad. El arquitecto dá los planos y dibujos de los edificios, dirije la obra y ordena lo que han de ejecutar albaniles, canteros, carpinteros y demás operarios que han de levantar la obra. El buen arquitecto, sin contar los conocimientos generales que está obligado á adquirir, debe ser 'hombre de talento, sin cuyo requisito sus trabajos serán imperfectos y podrán ocasionar mas gastos , cuando no desgracias. Las coleccio nes de dibujos concernientes á su profesion son el alma de sus producciones. Las matemáticas, cómo el solo medio de reglar su espíritu y conducir la mano de obra en sus dife rentes operaciones; el corte de las piedras como base prin cipal de toda construccion ; la perspectiva para adquirir los conocimientos de los-diferentes puntos de vista, y el mayor valor que ha de dar á las alturas del decorado que han de ser vistas desde abajo ; son requisitos indispensables que debe conocer para ejecutar una obra dignadel arte que pro fesa. Estosconocimientosunidosá las disposicionesnaturales, la inteligencia, el gusto, el fuego de la invencion , son par tes absolutamente necesarias y que deben acompanar todos sus estudios. A estos conocimientos han debido, sin duda su fama, los célebres maestros espanoles Alonso de Cobar rubias , arquitecto de la catedral de Toledo ; Filipo, de la de Sevilla ; Juan de Badajoz, de la de Leon ; Juan Vallejo, de la de Burgos, y otros muchos que por entonces se co • nocian y se conocieron despues , como Juan Tenorio, Juan de Orozco, Rodrigo de Saravia , Juan Gil de Ontarion , An tonio Egar, Juan de Alava, Juan Campero, Herrera, etc., pues no concluiríamos en mucho tiempo si hubiéramos de referir los genios que en esta bella y necesaria arte ha pro ducido nuestra napion. En Francia los Desbrosses, los Mer cier; los Dorbets, los Perault, los Mansards , han puesto el sello de la inmortalidad á sus obras en la construccion de los edificios de.los Inválidos, de Val-de-Gracia, del castillo palacio de Versailles, de los de Clugny, de Maisons , de las TOMO. V. Cuatro Naciones, del Luxemburgo y del Peristilo del Loo vre. Nada decimos de los italianos porque son conocidos de todo el mundo ilustrado. Los escritores antiguos pretenden que los egipcios fueron los primeros que elevaron sus edificios con simetría y bue nas proporciones segun sus usos ; pero como las reglas de su arquitectura no han llegado hasta nosotros, no nos resta de sus edificios mas que una arquitecturá sólida y colosal , tales como las Pirámides, que .despues de tantos siglos han triunfado de las injurias del tiempo. Las sociedades que les han sucedido prefirieron á los griegos, y á estos debemos los órdenes dórico, jónico y corintio, y los romanos anadie ron el toscano y compuesto que no son mas que una imita clon imperfecta de los tres primeros, y de los cuales nos otros hemos hecho uso útil en nuestros edificios. Estos cinco órdenes comprenden de tal manera lo que hay de mas esquisito en la arquitectura, con relacion á las proporciones, que á pesar de las ocasiones que han tenido nuestros mas hábiles arquitectos de poner en práctica sus talentos, no han conseguido jamás componer nuevos órde nes que se hayan podido acercar á los de los griegos y ro manos. La arquitectura se resintió, lo mismo que las demás ar tes, de la caida del Imperio de Occidente : cayó en un ol vido tal, que han pasado muchos siglos antes de poderse levantar. Durante este tiempo de ignorancia en que tanto las ciencias como las bellas artes fueron anonadadas, por decirlo así, en el quinto siglo, los visigodos destruyeron los mas bellos monumentos de la antigüedad, y la arquitectura fué reducida á tal esceso de barbarie, que se despreció la justificacion de sus proporciones y la correccion del dibujo que es en lo que consiste el mérito de esta arte. Los abusos de las principales reglas de la arquitectura hizo nacer un nuevo método de edificar, conocido bajo el nombre de arquitectura gótica, que subsistió hasta Carlo Magno que emprendió restablecer la de los antiguos. Hugo Capeto y su hijo Roberto que tenian gusto por esta arte 4 316 K .animaron á los artistas "franceses : la arquitectura cambió de triunfo en ocasion de entradas de altos personages , fies insensiblemente de faz; pero de grosera que el gusto gótico tas públicas, etc., que pictóricamente se ejecutan sobre tela la habia vuelto, se la condujo al esceso opuesto, dejándola ó madera. demasiado ligera. Los arquitectos del siglo mil 6 xiv que Si echamos una ojeada , aunque sea rápida , sobre la ma tenian algunos conocimientos de la escultura , no hacia" nera que los primeros hombres han tenido para construir consistir la perfeccion de sus obras mas que en la delicadeza MIS habitaciones , ocurre desde luego el espacio inmenso y multitud de adornos , que amontonaban con mucho tra- que la industria humana ha tenido que recorrer, para Ile bajo y cuidado aunque frecuentemente de una manera muy gar al estado en que nos encontramos con relacion al asunto caprichosa. que nos ocupa. Reflexionando un poco, nuestra admira De este gusto fueron deudores á los árabes y á los moros, cion llegará al asombro; porque comprendiendo paso á paso que de sus paises meridionales pasó á la Francia , como los las mil necesidades á que el hombre ha tenido que pro-. vándalos y godos trajeron del norte el pesado gusto gótico. veerse, segun se han ido presentando en su carrera , ven Al talento y aplicacion de los arquitectos de Italia, Fran- • ciéndolas una á una y aun superándolas, no solamente con cia y Espana desde el siglo xu hasta nuestros dias , es á lo útil y agradable , sino tambien hasta con lo supérfluo. quien debe la arquitectura haber recobrado su primera Las primeras moradas de los hombres fueron , á no dudarlo, simplicidad , su belleza y sus proporciones. las cuevas y cavernas , que bien pronto debieron parecer Los principales conocimientos de un arquitecto consisten les tristes y mal sanas ; tratando de procurarse en seguida en la materia, forma , proporcion , situacion , distribucion habitaciones mas cómodas y gratas , siendo estas propor y decoracion de los edificios. Los griegos y romanos , los cionadas á las facilidades locales de cada comarca , y al italianos y franceses, son los que se han distinguido mas genio y luces de los diferentes pueblos. Las zarzas, las ra escribiendo sobre este asunto y nuestros arquitectos no mas, las hojas de árboles, las cortezas y las tierras gredosas perderán el tiempo en consultarlos constantemente. han sido los primeros materiales de que han hecho uso. Las Divídese ordinariamente la arquitectura en tres especies primeras casas de los griegos fueron de arcilla , ignorando ó secciones , bajo los nombres de Civil, Militar y Naval. en un principio el arte de cocerla en pequenos pedazos á Se entiende por aquitectura civil la destinada á la cons- que damos hoy el nombre de ladrillos. truccion de edificios para la comodidad de los diferentes Se han conocido pueblos y se conocen en el dia , que usos de la vida ; tales son los templos , los palacios y las ca- faltos de materiales y sobre todo de inteligencia , se han sas particulares , corno tambien los puentes , plazas públi- construido y construyen cabanas con pieles y huesos de eas , teatros, arcos de triunfo, etc. La arquitectura militar perros marinos y de mas grandes pescados. Otros han em tiene á su cargo la fortificacion de las plazas por medio de pezado por entrelazar groseramente ramas , y cubrir de construcciones sólidas y bien dispuestas , para garantirlas tierra esta especie de zarzo, dándolas la forma.de una ne 'contra los esfuerzos que la guerra ha inventado en su genio vera ; dejando en su parte superior un agujero para dar sa de destruccion..La arquitectura naval tiene por objeto la lida al humo. Este género de habitaciones se ha perpetuado construccion deltoda clase de bajeles, puertos, muelles, al- en muchos pueblos tanto antiguos como modernos. En al macenes y demás edificios erigidos á las orillas del mar gunos paises, la construccion de casas se ha hecho con para estos usos. • troncos de árboles, elevados los unos sobre los ótros y ar La arquitectura civil es una de las primeras artes que se reglados en cuadro. Todavía se ven restos de estas prácticas han puesto en .práctica. En todos tiempos se ha visto el originarias en algunas aldeas de los pueblos del norte de hombre obligado á buscar asilo contra las injurias del aire Europa. y del atagne de bestias feroces : á la necesidad , pues, ha Para la construccion de semejantes edificios no tenian debido la arquitectura su nacimiento. Las reflexiones y corn- necesidad , como desde luego se comprende , de gran nú paraciones qc.e hicieron los hombres sobre sus obras , for- mero de instrumentos y máquinas: los árboles se cortaban maron su gusto. De aquí se pasó á conocer las reglas de la de la misma manera que lo hacen los salvajes, esto es , por proporcion ; despues las luces y el genio de cada siglo han medio del fuego : adelgazándolos poco á poco , con peque sugerido á los pueblos en diferentes tiempos el uso de los nos tizones que procuraban separar cuando lo creian con adornos. La arquitectura , embellecida, corrompida y res- veniente. tablecida sucesivamente, ha variado, como ya hemos dicho, Los instrumentos para tallar y aplanar la madera se han segun el buen ó mal gusto de las naciones. Ido inventando sucesivamente. Hay además dos clases de arquitectura , que toman el Los primeros han sido hechos de ciertas piedras duras, nombre de arquitectura en, perspectiva y arquitectura fingida, de los cuales existen algunos en los gabinetes de antigüe destinada cada una á dar reglas para varios usos como ya dades. Aun se vé que 'ciertas naciones bárbaras de la Amé se dirá. rica y Occeania no conocen otros útiles para cortar y tallar La arquitectura en perspectiva es aquella cuyas partes. la madera. son de diferentes tamanos, y disminuidas en proporcion de Progresivamente se ideó el hacer instrumentos de metal, sus distancias, para hacer parecer el ordenamiento en ge- cuyo número no fué considerable en los principios. Puede neral mas grande y mas lejano que realmente está ; tal es juzgarse de los conocimientos de los primeros pueblos, por la famosa escalera del Vaticano, edificada en tiempo de Ale- los de los peruanos, antes de la llegada de los espanoles. Es jandro VII sobre los dibujos del caballero Bernin. tos no empleaban mas que el hacha y la azuela para labrar La arquitectura fingida es la que tiene por objeto repre- sus maderas; la sierra, los clavos, el martillo, y otros ins sentar todos los planos , salientes y relieves de una arqui- trumentos de carpintería les eran totalmente desconocidos. tectura real por medio del colorido. Tales son algunos El tiempo en que han empezado las .construcciones de frontispicios que se ven en Italia, los doce pabellones del piedras labradas se oculta en la oscuridad de los tiefflpos; castillo de Marly en Francia , el altar del colegio de Ninas y otro tanto se puede decir de la aplicacion de la cal , del Huérfanas en Valladolid y otras muchas. Sirve tambien para barro y del yeso. Estos descubrimientos se hau hecho in fuegos artificiales , decoraciones de teatro, funerales, arcos sensiblemente y unos delpues de otros. |
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