02_No. 6 (1 enero 1870), p. 54-66 |
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'sentimientos, que afectan nuestra alma. Los unos dimanan
de las relaciones que la inefable sabidurb ha establecido
entre las cosas , sentimientos que son otros tantos resulta
dos de nuestras sensaciones , y por consiguiente no debe
maravillarnos, que todos los esperirnen ten del mismo modo.
Los otros pueden derivarse de los errores de nuestro enten
dimiento , 6 de las ilusiones de las pr.siones humanas ; y
como tiene todo hombre su espíritu particular y sus pasio
nes predominantes, no es de ad mirar que varien en razon de
las diferentes maneras de pensar de cada pueblo, y aun de
cada individuo. Ya podemos , pues, decidir sin apelacion, si
la belleza de las mugeres es real 6 imaginaria, porque de lo
dicho se deduce , cuán fácil es colocar el sentimiento que
inspira en la clase queje conviene.
Este sentimiento no es el mismo en todos los paises del
mundo , ni tiene aquel carácter de inmutabilidad esencial
á todos los sentimientos, que tienen por principio objetos
esteriores: con que seria una estupidez querer buscar su
orígen en la belleza real de las mugeres , y pretender que
depende del órden físico de las cosas.
En general , todos nuestros errores, y casi todas nues
tras preocupaciones, dependen inmediatamente de causas morales. No puede dudarse que influyan sobre mis ideas
las de mi vecino : cada uno se adapta las de su nodriza,
las de sus padres , y apenas habrá un hombre que no se
apropie , por decirlo así, todo lo que se piensa y se siente
en su país.
Sí , Aglae , las costumbres de los pueblos en que vivi
mos, sus leyes, sus usos, sus preocupaciones y en algunos
paises, la misma relOon , son los principios de la mayor
parte de nuestros sentimientos, y es preciso subir siempre
hasta ellos, cuando queremos indagar con buen éxito las cau
sas primeras de nuestros errores, y comprender el giro de
estos.
Examinemos, pues, bajo este aspecto, algunas de las
opiniones de los hombres relativas á la hermosura, de que
se gloría tu sexo. ?Por qué, por ejemplo, hace tanto caso
un europeo de la kancura de su tez?
Su modo de pensar se funda en un secreto interés de su
amor propio, junto á las preocupaciones del país, y á la
necesidad á que se halla reducido, de no poder amar sino
lo que e3 blanco. Y ?qué diremos de los primeros as
cendientes de aquel europeo? ?Qué de los primeros hom
bres blancos que han existido 9 Solo su amor propio los
determinó en su decision; y ?quién será capaz de saber
cual es la medida de este amor, ni de valuar los grados de
su fuerza? A la serdad, no nos estimariarnos menos si fué
ramos negros, y créeme, Aglae, firmemente: no hay nin
gun individuo, que no se tenga por el mas excelente que
ha salido de la mano de Dios, reservándose á sí mismo el
rebajar de esta buena opinion , lo que la justicia y la razon desaprueban.
Los efectos de este amor propio resaltan sobre todo lo
que le pertenece, y por eso le parecen perfecciones sus mis
mos defectos. Parécele una estraordinaria felicidad, lo que
es del todo indiferente, y de aquí viene que aborrece lo
que no se parece á él , y que solo ama en los otros su pro
pia semejanza, su gusto, su humor, sus caprichos , su ca
rácter y sus perfecciones verdaderas, ó falsas. (I)
Supongamos por un momento, que no hubiese en el mun
(I) El amor propio es el amor de sí mismo yde tod is las cocas, para si
y por sí. ...lamas descansa fiera de sí, y so o se detiene en los objetos exte riores, como I t abrja en las flores , para sacar de ellos lo que es propio....
No es posible r. pi escolar su tiexubiUtlati; sus Isatis ormaciones esceden á
Lis de las metamórfosis, y sus refinamientos a Lis de la química.
34 t(
do mas que veinte hombres negros y veinte blancos , y que
habitasen en dos aduares separados. Lo mismo sucederia
en este caso , que si hubiera entre los dos adtiares un con
venio tácito de vilipendiarse mútuamente , y de creerse
cada uno en particular muy superior al aduar vecino.
Juntemos en un solo aduar los habitantes de los dos, y pre
sentémosles cuarenta mugeres , de las cuales , veinte sean
blancas y veinte negras: bien pronto se hará la division ,
buscándose mútuamente lo, blancos y las blancas , del mis
mo modo que los negros y las negras , y no habrá uno que
no diga para motivar su eleccion : es blanca ó es negra , y
esto bada. Estos miserables no advierten, que estas preten
didas razones de preferencia , no son mas Tre una conse
cuencia de las ilusiones de su amor propio. -
Tú misma , Aglae , que haces tanto caso y estimas tanto
la blancura de tu tez , si hubieras nacido en las costas de
Africa , no la miradas como un defecto bastante para
afear una persona , y pretenderias que la negrura es un
atractivo seductor , una belleza real? Sí, sin duda , y la ra
zon es clara. Habiendo el calor del clima , ú otra cualquie•
ra causa física , ennegrecido tu piel , y no ofreciel.do las
impresiones de la luz á tus ojos mas que rostros semejantes
al tuyo , te creerías interesada en decidir que la negrura
es una belleza , y todos los que anduviesen al rededor de tí,
creerían tambien interesados en juzgarte tanto mas bella,
cuanto serias mas negra. El amor propio de estos les baria
apoyar los errores del tuyo , y sin temor de ser ridiculiza
da , creerlas entonces lo que ahora te parece absurdo. Así
se forma una multitud de opiniones estravagantes , que el
comun de los hombres acredita, y de que se burla el sábio ,
que se tendría por dichoso si pudiera destruirlas.
Todas las ideas que recibimos de las causas morales, es
tán fundadas en preocupaciones. Esta proposieion es un
axioma que no sufre escepcion. (1) En efecto , el hombre
nace sin conocimientos, y semejante á una tabla sumamente
tersa y barnizada de cera, dispuesta para recibir toda suerte
de impresiones. Sus sensaciones graban una parte del cua
dro , pintándole los objetos esteriores ; los discursos y las
instrucciones de los que le rodean acaban lo restante: todo
lo cree entonces, pero luego que se ha formado la razon
con el estudio y las reflexiones serias , debe repasar las
ideas que ha recibido durante su infancia y distinguir sus
preocupaciones legítimas de las que no lo son. Para conse guirlo , debe someter unas y otras al exámen de la razon,
y así verá las que ésta condena 6 aprueba. De este modo
aprenderá á desconfiar de las opiniones de los hombres y 'de sus pretendidas luces : pero desgraciado el que no ob
serve semejante conducta , porque será su vida juguetede
las ilusiones y de las mentiras, y jamás gustará la dulce sa
tisfaccion del hombre, que ha hallado la verdad. Incapaz
de cumplir el destino de un ser que piensa, autómata ,no
vido por medio de impresiones estrarlas , mas bien será un
bruto que vegeta, que un hombre que raciocina. ! Qué
compasion al verle sin cesar encorvado hácia la tierra, que
oprime con su inútil peso , inquietarse sin motivo, desear
sin verosimilitud, poseer sin gusto, entregarse á todo lo que
le circunda, sin poder hallar en nada la felicidad , y final mente, Ilezar á la vejez sin haber gozado de la edad florida !
Jamás el hombre sensato se conducirá d, un modo tan
estravagante, antes procurará formarse de antemano prin
(l) Solo deben esceptuarse las verdades reveladas, queson las únicas que
no es lleno examinar antes de cuerhs. Obrar de otro modo, seria pecar con tia la f‘l, cuyo don recibimos en el baut SIII0. Debemos creerlas desde luego, si queremos ser fieles, y despues examinarlas para preservarnos del error, y
para iluminar a los que yacen en las sombras de la muerte.
DI SS
eipios ciertos , que pueda seguir sin remordimiento; se to
mará á sí mismo cuenta de sus ideas, y no tendrá la locura
ridícula de creer sin tener razones en que fundar su creen
cia.
Pero, ?á cuál de estos dos hombres te pareces tú , Aglae,
tú que te atreves á tenerte por hermosa por las sugestiones
de tu amor propio , y por los insípidos discursos de tus
adoradores? ? Has examinado alguna vez , por qué razon
unen los hombres la idea de belleza á tal ó tal objeto ?
Dícesme que los ojos negros , por ejemplo , son mas her
mosos que los azules, y ? en qué te fundas ? En tu gusto,
? no es así? Pero, ? cuántos habrá que prefieren los azules
á los negros? Estos te parecen mas hermosos y te agradan
mas, y ? es esta una prueba de que son realmente mas be
llos? No te apoyes en la autoridad de Catúlo , (4) ni en la
de Anacreonte , que son de contraria opinion. (.1) Tú pre
tendes que no deben las cejas reunirse en el entrecejo, sino
que debe haber una distancia de media pulgada entre las
dos, y si alguno sostuviere lo contrario , sin duda le cita
rías , en prueba de tu opinion , el testimonio general de
toda la Europa. Pero , ? qué haría esta autoridad contra la
antigüedad griega y romana ? El cantor de las Gracias
depone contra tí , y nos asegura que debe ser impercepti
ble esta distancia. (5)
Podría estenderme mas sobre las diferentes ideas que se
tienen de la belleza de las mugeres , y hacer ver su origen
y cuán ridículas son. Tal vez por este medio te convencería
mejor que con todos los razonamientos posibles ; pero no
miedo abrazar un plan de tanta estension , y por otra par
te , á veces conviene mas indicar el camino , que conducir
hasta el fin. Tú puedes , si quieres , llegar ya por tí misma
á él: combina las fuerzas de tu amor propio y la inflnencia
de las preocupaciones; haz atencion á las circunstancias de
los lugares, de los tiempos y de las costumbres, y verás
salir de estas diversas causas todas las opiniones de los
hombres sobre la belleza. Sería inútil que emprendiese yo
contigo un exámen , que puedes hacer tú sin mi ausilio ; y
por otra parte , despues de haberte demostrado que la be
lleza es un ser quimérico , ? no será mas útil que nos ocu
pemos en deducir de esta verdad demostrada, consecuen
cias relativas al arreglo de las costumbres ?
Si el hombre es superior á los animales, sin duda lo es
por la naturaleza de su alma. Estos mas bien parecen ce
der á los irreaistibles impulsos de un instinto ciego , que á
una razon ilustrada , semejante en esto á unas máquinas ;
y de aquí viene que tienen siempre en sus acciones un giro
constante y uniforme. Lo que son al nacer , lo son en
todas las edades de la vida , y como son incapaces de au
mentar la esfera de sus ideas, jamás una generacion anade
cosa alguna á la de la precedente. Como tienen en todos tiem
pos las mismas luces , la misma prudencia , la misma
sagacidad , es verosímil que no tienen idea alguna de una
.perfeccion mayor. Si algunos nos parece que se elevan sobre
(1) Véase el Fpígraina de Cabila arriba citado.
(2) Anaereonte en la °di 2‹, en la traduceion do Erique Estevan, suplica
a un pintor que retrate a m: amiga con djos azules.
..4yedunt perite pielar
Sil fulgurans ocellus ,
Elglaucas , ut .11inervce.
El puelus ut Cylheres.
Anaereonte en la misma 1Ida.
Fronlem Tac uit eburnearn.
Discrimina, nec arcus,
Confinad n e illos
Sed junle sic ut anceps,
Divortium relinguus.
su especie , vienen á ser como una piedra arrojada contra,
la direccion de la fuerza, que la hace gravitar hácia el centro,
que no se levanta sino para volver á caer en el punto de
donde habia partido , y que cuantos mayores esfuerzos ha
hecho para subir , tanto mas nos manifiesta que no puede
vencer el poder que la retiene en ciertos límites.
Solo el hombre no está sujeto á las inmutables leyes de
un ciego instinto : él solo es un ente importante por si pro
pio , es decir , un ente que quiere y puede obrar : él solo.
es capaz de hermosear la obra de la naturaleza , anadiendo
nuevos grados de perfeccion á su alma , pues aunque esté
necesitado durante su infancia á recibir casi todas sus ideas
de los objetos que lo rodean , puede sin embargo en una
edad mas avanzada estender sus relaciones y sus conoci
mientos. Entonces puede á su voluntad reformar todas las
opiniones ridículas que habia. adoptado en su infancia ,
cuando se veia cercado de una infinidad de preocupaciones.
? Piensas , Aglae , que es un sueno platónico esta refor
ma? — Ah ! ? Ignoras acaso las fuerzas del espíritu hu
mano ? Ignoras que no hay prestigios que no pueda disi
par su razon , y que borra su poder aun las preocupaciones.
mas fuertes y mas legitimas ? El hombre puede aun renun
ciará la misma razon, abandonar la virtud y familiarizarse'
con el vicio. Sí , Aglae , luego que hemos llegado á la
edad madura , en que nuestro espíritu perfeccionado
mira los objetos como son en sí mismos , entonces somos
duenos de arreglar á nuestro gusto nuestras pasiones y
nuestros sentimientos. Así que , siendo quimérica la her
mosura de las mugeres , debernos renunciar á todas nues
tras preocupaciones relativas á ella , igualmente que al
sentimiento ridículo que nos inspiran.
Preguntarálme , sin duda , por que vía podrá un hom
bre elevarse á este grado de perfeccion. Voy á indicártela ;
pero como es sencilla y fácil , te parecerá poco eficaz , á(
pesar de que la esperiencia ha decidido siempre á su favor.
Acostúmbrate luego que puedas, á no ver en las cosas sino.
!o que realmente existe en ellas ; resiste sin intermision á
la sedUCCi011 del ejemplo, arroja de tus ojos el velo de las
preocupaciones vulgares , y sobre todo , procura ilustrar
tu entendimiento. Si te conduces así, .no pueden menos de
tener buen éxito tus cuidados.
Y ? qué resultará de aquí, me dirás, qué efecto útil podria
yo esperar de esta renuncia &mis ideas de belleza? Al contra
rio, ?cuánto no perdería yo en ella? Funesta filosofía, que
pretende quitar á las cosas el precio que les han dado las
opiniones de los hombres ; que no deja recurso alguno al
amor propio , antes bien le priva de una parte de su pá
bulo , y hace de este modo desgraciados á los gire tienen el.
capricho de abrazarla ! ! Ah ! yo pasaba los mas agradables.
dias , persuadida á que era un ser mas escelente que otros,.
solo porque me parecia ser mas hermosa. Mi vanidad per
pétuainente alhagada en mi tocador , delante de un espejo,.
en-las tertulias y aun á los ojos mismos de mis rivales, de
voraba e! incienso dedos aduladores , y de eate humo, aun-
•
que vano en realidad , se forjaba una felicidad real y supe
rior á toda expresion . ! Ob , qué poco propicia es esta fa
tal antorcha de la razon , que para sacarme del error me
arroja fuera de mis delicias ! Repara , si puedes, filósofo
inquieto, repara las pérdidas que acabo de hacer, y mués
trame en tu filosofía alguna cosa que pueda indemnizarme.
?Acaso esta reparacion interesará á mi. amor propio, como
le interesaba la idea de mi belleza?
Escúchame, Aglae: voy á disipar tus dolores, y á subs
tituir á la ilusion de la belleza, otra cosa que no lisonjeará
menos tuamor propio, pero, con fundamento. Juzgo que bas-
)5 56
lará pesar las ventajas y desventajas de la belleza para
convencerte , contrapesándolas con la grande utilidad que
resulta del desprecio de ella ; porque si hallas una ventaja
infinitamente mayor en despreciar la belleza , que en hacer
caso de ella, espero que seguirás con gusto el plan de re
forma que te he propuesto.
?Qué ventaja trae á tu sexo y al mio la opinion de la
belleza ? Un vano deseo , que es el de agradar por medio
de atractivos puramente esteriores , deseo que nos agita en
todos los instantes de nuestra vida, deseo que nos atrae
humillaciones vergonzosas , siempre que los hombres no
gustan de concedernos las distinciones de la preferencia.
?Qué es lo que opondrás á estas inquietudes, á estostor
mentos continuados? El placer de agradar á quien no te
agrade, y rarísima vez á quien es de tu gusto. Pero , ? qué
es el primero de estos placeres comparado á las penas que
te cuesta ? Y ?cuántos disgustos no te prepara el segundo?
Quizá, Aglae , ese Filemon á quien amas, porque te parece
hermoso , y que actualmente te ama porque tú le pareces
bella, tiene un espírau frívolo y un corazon inconstante.
Goza, pues, hoy de tu victoria; acaso tu rival gozará de tu
ignorancia el dia de manana , y entonces tú, con el rostro
enardecido y el corazon lleno de despecho, prorumpirás
en quejas inútiles, que no moverán á tu infiel amante.
Pero dirás : Filemon reune á las cualidades del cuerpo
las del corazon y laS del talento.— Muy bien ; de ahí con
cluyo, que no necesita de su belleza para ser amable ; que
aun prescindiendo de esta pretendida belleza , no dejarás
de desear agradarle; y en fin, que si le agradas, no debes
el placer que de allí te resulta á tu imaginaria hermosura ,
sino á sus cualidades reales, puesto que sin estas cualidades
no te agradaría el bello Filemon.
Vamos ahora mas lejos, y pasemos á los otros inconve
nientes que resultan de la preocupacion de la belleza. ?Has
oido hablar de los celos y de sus furores, del amor moral y
de sus quimeras ? Pues todo esto nos viene de esta funesta
preocupacion : estas pasiones son desconocidas entre los
animales que solo miran lo físico de las casas. Pero noso
tros, miserables fanáticos, enamorados de no sé qué fantas
ma , ?cuántos sacrificios no le hacemos? Creemos que es
una muger hermosa, y la persuasion en que estamos de
que lo es, aumenta nuestros deseos , y se aumentan los
placeres en razon de la violencia de los deseos: de aquí pro
cede aquel furor por gozar, aquel temor de perder, aque
lla inquietud al pensar que otro participa del mismo placer,
aquella continua atencion á atormentarse. á sí mismo y á
los otros, á afligidos con nuestras ideas , y en fin , el vene
no ó el punal , y el horrible arrepentimiento peor que la
muerte , que al cabo le sucede: de allí proviene tamhien
aquellos artificios, !ah ! -- pero no me alrevo á continuar,.
pues el mas ligero pincel temería aquí hacer estremecer al
pudor. Ignórese, pues , hasta el nombre de semejantes
horrores ! ? Qué mas podré decirte , Aglae ? Abre los ana
les de todos los tiempos, y juzga por las desgracias lamen -
table3 que ha causado la funesta preocupacion del amor
moral , cuan perniciosa es la opinion de la belleza. Consi
dera á Cleópatra , pon tu imaginalion en Teodora : la pri
mera trastornó el mundo por espacio de mas ele treinta
arios con su belleza, y la segunda continúa trastornándolo
todavía. (4) Estos ejemplos son sensibles, ! cuántos otros no
tienes á tu vista, que aunque menos horribles, porque son
domésticos, no por eso dejan de ser otras tantas pruebas
dedo que he dicho!
? Quiéresque oponga á estas horribles pinturas de las des
gracias que ha producido en el mundo la opinion de la
belleza de las mugeres , otras mas agradables ? Basta para
esto suponer por un momento, que se ha destruido esta
preocupacion , que ya no se hace aprecio de imaginarios
atractivos , y que solo se estima el mérito real é intrínse
co... ? Qué es lo que veo? ?Adónde me hallo ? ! Oh jardin
de Edén ? Ofrecias tú por ventura , á los ojos del sencillo
y sabio Adan , una felicidad mas pura ? Un nuevo universo
sale del seno de la nada ; el amor vuelve á entrar dentro
de los límites que le ha fijado la voluntad del Ser Supre
mo; el amor moral desaparece de sobre la tierra, igualmente
que los crueles zelos, la paz reina en las familias, y la tran
quilidad en los Estados, pues son mas felices los individuos
que los componen ; huye lejos la disolucion, madre de to
dos los vicios, anímanse el trabajo y la industria , circulan
las riquezas, florecen las artes, y vuelve á reinar Saturno
sobre la tierra.
No me detengo, Aglae , á probarte la conexion de todas
estas verdades, porque veo en tí suficiente penetracion para
conocerla. ?Qué mas podría yo decirte en este particular ? Te
he hecho ver que la belleza es quimérica ; que es funesto al
reposo del genéro humano el sentimiento de amor que ins
piran las mugeres; y en fin, te he indicado un medio eficaz
para librarte de un error tan pernicioso. Aquí acaba mi
obra, y solo resta que comiences la tuya.
) Las leyes de Justiniano , que han tenido y tienen mas funestas eónse
cuencias , le fueron dictadas por su muger Teodora.
Literato ra.
UN PASTOR CON DOS CONCIENCIAS.
El venerable pastor de Soreze era un varon que poseia
dos conciencias: una mala y otra buena. ; Dichoso rebano
el suyo ! ! dichosos mucho mas todavía los que vivian cer
ca del santo hombre ! feliz en verdad la parroquia de So
reze ! ?no era ciertamente una suerte privilegiada el poseer
un pastor con dos conciencias ? ! hay tantas personas que
.no tienen ninguna !
El pastor de Soreze, conocido por el nombre de M. Du
pin „tenia sus sesenta anos cumplidos ; pero el tiempo lo
habia respetado, y no habla querido encorvar su talla ma
gestuosa ni imprimir en su fisonomía el sello de la decre
pitud. El rostro del ancianwera Deno, y su espaciosa frente
blanca como el marfil. Su cabeza habría s4ido completa
mente evangélica á no tener una nariz afilada y unoslabios
delgados y comprimidos. La cabeza tenia asimismo dos
semblantes, como el alma dos conciencias. Los movimien
tos del anciano eran solemnes y afectuosos; y solo habla
de desagradable en su persona cierto movimiento convul
sivo en los dedos, que parecían obedecer á su imaginacion,
y apoderarse con avidez de algun objeto precioso. Ah !
mucho tememos que aquel varon, doble en el cuerpo como
en el alma, no estuviese poseido del demonio de la avaricia.
Nuestro pastor , como todos los de su clase , vivia con
comodidad , gozaba tina renta de seis mil libras, cantidad
1
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mas que suficiente para atender á sus necesidades y á las
de la parroquia en que residia Su servidumbre era redu
cida , y en honor de la verdad, no tenia á una sobrina por
ama de gobierno. Debe decirse , no obstante , que alguna
que otra vez solia verse en su casa cierta linda jóven, cuyos
hermosos ojos negros eran generalmente ponderados; pero
las visitas de la tal nina eran de todo punto inocentes, como
veremos en el curso de esta historia. El alma del buen pas
tor estaba entregada á la religion y al dinero. Es cierto
que en casa de•Mr. Dupin habia tina mugar; pero esta, en
caso de ser de la familia , podia ser su abuela , 6 cuando
menos alguna tia vieja , y seguramente el anciano , en
esta parte estaba libre de toda murmuracion aun de la len
gua mas atrevida.
Además de su renta , tenia Mr. Dupin otro manantial de
riqueza mas eventual ciertamente , pero á veces mas fe
cundo. Habla á la inmediacion de su casa un manantial
cuya fresca agua salia por entre las grietas de una pena.
Tenia el agua cierto color rojo sanguinolento , y con este
motivo , sin duda , se le atribula layvirtud de operar curas
milagrcsas : estaba consagrada á utlysanto, y tenia su his
toria particular. Al lado del manantial habia una capilla
tenida en gran veneracion , y construida con cierto gusto
rústico. La fuente de Soreze no curaba generalmente todas
las enfermedades; pero era y específico infalible para al
gunas de ellas.
Nuestro pastor que habla leido mucho, no podia esplicarse
á sí mismo satisfactoriamente la historia de cierto apóstol,
que segun los habitantes del país, habia pasado por Soreze;
pero jamás se atrevió á concebir la mas pequena duda reli
giosa. Por otra parte, ? no obraba el manantial prodigios ?
Si alguna vez las aguas eran ineficaces, el buen hombre
hallaba los mas fundados pretestos para no dudar de su vir
tud. Si vela un enfermo cuyo caso fuese grave y desespe
rado, desconfiaba de la fé del paciente. Si se trataba de
gota, no dudaba queel alma del gotoso estuviese contaminada
por la heregía, yen semejantes casos prohibia el uso del agua
y despedía á los enfermos encargándoles que hiciesen peni
tencia. A los desgraciados que llegaban en litera losjuzgaba
siempre en estado de pecado, y creía que las aguas aumenta
rian sus dolores en vez de aliviarlos. De esta manera supo
conservar la reputacion de las aguas de Soreze. Es de advertir
que los que esperimentaban alivio en sus dolencias, dejaban
al pastor un rico testimonio de su gratitud.
Era nuestro varan hombre de fé, casuista profundo, y le
eran familiares las mas minuciosas argucias de la teología.
Despues de sérias y maduras reflexiones, habla llegado á
mirar Como legítimos todos los medios útiles á la religion
que en su sentir era la sola verdadera. Sacrificaba todos los
intereses humanos cuando se trataba de la gloria del cielo,
y en este sentido tenia la conciencia ancha como su bolsa.
Tales eran el espíritu y la riqueza de Mr. Dupin. El in
terior de su casa edificaba ; su ama de gobierno era tan as
tuta como tiránica. Tenia además á su servicioun factotum
provenzal , especie de bríbon muy adicto á su amo , y
verdadero galopín mucho mas adicto á la linda Luisa, que
al anciano. La muchacha charlaba con el provenzal, se
burlaba de él , le provocaba sin cesar, desplegaba en fin
todos los recursos de la coquetería para agradarle y
atraerlo, sin pretender por esto el adoptarlo por ma
rido , y para ello tenia sus razones fundadas; solo podía
ofrecerle su graciosa persona, y un fondo considerable de
buen humor por dote. El provenzal, por su parte, solo po
seia cualidades negativas para aumentar la suma de la fe
licidad conyugal, era amante del placer bajo cualquiera
TOMO VI.
forma que se presentase; mas , sobre todo le encantaba el
que resulta de trasladar al estómago una botella llena de
buen vino anejo. Estas eran sus delicias de una gran parte
del dia , á fin de hallarse en estado de dormirse cuanto le
fuera posible durante una gran parte de la noche. Respe
taba en sumo grado los consejos y amonestaciones de su
amo ; sin embargo , ponia tal cuidado de seguirlos tan de
lejos que los perdía de vista ; por manera que nada mas
comun en Jean, que oírlo roncar todo el dia , y levantarse
á puestas de sol á cantar una cancion amorosa con la bote
lla en una mano y el vaso en la otra. M. Dupin soportaba
con una paciencia angelical las demasías de su criado. Siem
pre que el ama le senalaba á Jean durmiendo, decía á la
buena anciana que el muchacho habla descansado poco la
noche anterior, y cuando la bulliciosa alegría del criado
atormentaba al ama por las noches, contestaba el pastor que
era preciso tolerar á aquel escalen te criado que habla estado
durmiendo todo el dia.
No obstante su piedad y su confianza en la Santa Iglesia,
M. Dupin estaba lejos de ser tan dichoso como su criado.
Hallábase alhagado por la fortuna, y á medida que aumen
taban sus riquezas , sentia aumentarse en igual proporcion
su apego y anclen á ellas. La riqueza para nuestro varan no
era aquella idea abstracta representada por una cartera
llena de papeles, ó por viejos pergaminos con sellos maci
zos de cera : nada de eso, era algo de mas sólido y palpa
ble ; en su concepto tenia sustancia y peso. Los brillantes
luises de Francia tienen en si un valor intrínseco, total
mente distinto del valor numerario que representan. Sen
tíalo así á lo menos el pastor, y cada vez se enamoraba mas
de su idea. Principió por aumentar su tesoro no sabiendo
qué uso hacer de él , y concluyó por poseerlo como el ob
jeto de sus amores. Desde aquel momento , conociendo el
pecado que cometía, desapareció para él la paz y el sosiego.
En vano intentaba substraerse el imperio que las riquezas
ejercian sobre su alma : siempre era vencido en la lucha ;
en su corazon no habia mas pasion que la del oro. El' celi
bato y el amor á las riquezas, hablan amortiguado en él
todos aquellos generosos sentimientos que animan el cota
zon de los ancianos, y que son el Consuelo del último
tercio de la vida. Entre tanto, los hermosos dias de la pri
mavera hablan atraído á Soreze á los devotos peregrinos.
El oro entraba en el cofre del anciano con la misma rapidez
que corria el agua á que debía su fortuna. Apoderóse la
duda del espíritu del buen pastor; conoció que dentro de sí
luchaban dos conciencias; la una disculpaba su pasion , la
otra la acusaba. Tuvo un momento en que creyó necesario
dejar de recibir el tributo de los peregrinos, y aun le pa
reció que en un varan cristiano seria acto meritorio; pero
los intereses que le estaban confiados parecian oponerse á
aquel proyecto edificante, y como esta consideracion alha
gaba su pasion dominante , concluia por atenerse á ella.
En tanto que el alma del anciano se vela despedazada por
el conflicto de sus dos conciencias, el pequeno depósito de
deseos y de egoísmo que hacia veces de corazon en el cuer
po de Jean , no se hallaba menos atormentado.
Amaba en estrenua áluisa , y tenia pocas esperanzas de
conseguir su mano, á menos que él no llegase á poseer
una parte del dinero que tenia en perpétua fermentacion la
cabeza de su amo. De buena gana se habría apoderado
de una parte de aquel tesoro, y aun de todo él ; mas la re.
ligion le había inculcado sus buenos principios, y además
el pastor le habla dicho que todo dinero que procedia de una
finca sin dueno, era patrimonio de la Santkima Vírgen , y
Jean no era hombre que hubiese consentido en robar á la
8
Virgen, si bien imaginaba que era lástima no se sirviese la
Senora de aquel dinero. La vista del tesoro no fué por mu
cho tiempo el objeto de la curiosidad del provensal, porque
habiendo descubierto el pastor que tenia dos conciencias,
comprendió todas las virtudes de un cofre seguro , y que
los candados y las llaves bien guardadas tenian cualidades
muy recomendables.
Vemos pues que el infeliz M. Dupin estaba perdido; des.
pues de una lucha terrible consigo mismo, habia reunido
hasta nueve mil luises: su carácter se habia tornado irrita,
ble , hallábase siempre inquieto y de mal humor; en vano
se entregaba á las piadosas lecturas del breviario , el con
suelo y la alegría que no podian darle sus oraciones, lo
encontraba manejando , acariciando, pesando, contando
y recontando por unidades, decenas y centenas sus queri
dos luises, mas en medio de los mas dulces trasportes de
ventura, no podia dejar de prorumpir en gritos de remordi
miento y desesperacion , de imponerse severas penitencias,
y condenarse á recitar un número exhorbitante de letanías,
y gracias á esto disfrutaba algunas horas de sueno y reposo
Su pena era ca
da dia mas intensa,
porque su tesoro --
iba en aumento :
sin embargo, con
servaba en su po
der los dos, es de
cir, su sentimiento
y su tesoro. A no
ser por una llaga
de que adoleció el
pastoren una pier
na,nadiesabe hasta
donde hubiera lle
gado aquel com- ;-
bate interior. Le
fué necesariohacer
cama : desde ella
no podia vigilar su
tesoro ni recoger
las ofrendas de los c'k
peregrinos, y esto
le afligia mas que
la holganza diurna de los desórdenes nocturnos de su criado.
El ama por su parte , siempre en estado de irritacion
maldecia á todo el mundo y se bendecia á sí misma. Su
oracion favorita hubiera podido traducirse por estas pala-.
bras: « Dios mio , tened piedad de mi , y apedread á los
demás ! » Era ciertamente un gracioso trio el que formaban
M. Dupin , su ama y el criado ; pero á todo esto la salud
del enfermo en vez de mejorar se empeoraba. Se pensó,
pues , en tomar un partido decisivo, y se resolvió enviar á
buscar el facultativo de la aldea vecina, ó bien hacer ve
nir á la linda Luisa. El pastor prefirió esta última medida, y
en su consecuencia se presentó la jóven , con gran satisfac
cion de todos.« Me alegro de verte, le dijo Jean, « porque
has de saber que ni como ni duermo ;» y esto diciendo le
dió los buenos dias , bebió un jarro de vino y se retiró á
dormir.
« Bien venida » la dijo la anciana Jacinta , vuestro que
rido Jean está siempre borracho 6 durmiendo, de suerte
que yo no puedo descansar ni tomar un bocado. Cuidad á
nuestro amo , pero sobre todo no la hableis. silencio ! Re
tiróse la anciana á su habitacion , y se la oyó murmurar
en voz baja hasta el momento de quedarse dormida.
58 E
—Luisa, mucho me alegro de verte , dijo M. Dupin ,
sonriendo por primera vez al cabo de ocho dias. Acércate
á mi cama, cúidame., tú me darás las tisanas que el cala
vera de Jean debia administrarme noche y dia. El mente
cato canta horriblemente mal, mas yolo perdono con tal que
no me robe mis ofrendas; es cierto que es alge gloton , y
que jura como un infiel, mas con todo, es buen muchacho.
Gracias, hija mia, á lo menos tú sabes colocar una almohada
con cuidado: cuan graciosa eres ! Mira, torna esta conde
nada guitarra, ( la Vírgen nos asista t) como ronca el mos
trenco del criado !... ?Qué pueden decir despues de una
hora? no, no despertemos á los que roncan porque comun
mente se despiertan de mal humor, jurando, ofenden á
Dios: no , esto debemos evitarlo. Así pues deja dormir á
Jean, y charlar á Jacinta á su sabor: diviértase cada cual
con lo que pueda. Pero, ! cuánto padezco 1 Cómo me duele
la cabeza! canta, Luisa , para que yo pueda reconciliar el
sueno ; así no oiré el ruido que hacen Jean y Jacinta. ! Oh,
bravo! me encuentro mejor, ! le darla algun dinero pobre
muchacha.... ! Graciosa cadencia! !Dinero !... Jean quiere
casarse con ella....
mal negocio para
_
_
,
zar
ma negra, y que deseaba la muerte de
de parecer que se llamase á los facultativos, en tanto que
furtivamente dirigia sus miradas á cierto gabinete en don
de existía cierto cofre
Jacinta habló solo de ciertas decocciones detestables he
chas con sustancias amargas, y á las que calificaba con el
nombre de esencias simples; pero el cura se irritaba al oir
aquellas palabras: las daba al diablo y hubiera querido ver
las dichosas sustancias simples en la garganta de un he
rege.
Luisa prescribió el reposo, y un cuidado estremo, la gui
tarra y un paseo á la fuente Santa, de gran virtud para las
piernas. A estas palabras, se vió brillar la risa en los lábios
de M. Dupin, y el mismo Lavater se hubiera visto apurado
para decidir si aquella risa indicaba duda, esperanza , te
mor 6 desden. El médico que se vé obligado á tragar la droga que presenta á su enfermo, ó un boticario el nau seabundo elixir que él mismo ha preparado, tal vez pudie
ra dar una idea exacta de la contraccion de la boca del buen
pastor á la idea de introducir su pierna inflamada en un
bano de agua fria. Pero recobrando su acostumbrado buen humor, M. Dupin declaró que por el pronto se contentaba
la chica..., el ca
nalla se emborra
cha, ronca , y tiene
malas costumbres.
Al concluir este
monólogo, el buen
pastor dormia con
acompanamiento
tan estrepitoso co
moel de su criado.
Por la manana se
encontró mejor el
enfermo ; reunió á
su familia y con
sultó su opinion
para la adopcion
del plan que habia
de acelerar su cu
racion . Jean persis
tió en demostrar
que tenia una al
su amo. pues fué
)1 59
con el reposo, con su buena constitucion , y con la asisten
cia de Luisa. No le disgustaba el recordar á su familia que
desde que habia enfermado le parecia que las aguas hablan
perdido algun tanto de su virtud , puesto que habia dismi
nuido el número de peregrinos , á lo menos á juzgar por
las ofrendas; anadió que Jean aseguraba (aqui se mordió
los lábios el honrado sirviente ) ser menos abundante el
•.nanantial, y mas débil el color del agua. El anciano pen
sabaentonces en su dinero mas que en su enfermedad, y no
sabia precisamente á qué causa atribuir la degeneracion del
manantial. M. Dupin creia de buena fé en los milagros ;
mas nunca pensó en que pudiese volver á comunicar su vir
tud á la fuente el santo que lo hiciera en un principio, y
por medio de una multitud de aflictivas consideraciones
llegaba á la triste conclusion de que las malas costumbres
de la Francia , la tibieza en la fé y las conquistas de la he
regía bastaban para hacer que las aguas de la fuente fuesen
menos encendidas y milagrosas. Por 'último , llegó á con
vencerse de que su propio pecado era la causa de aquel
doloroso resultado. Este pensamiento le afligía mas que los
tormentos de su enfermedad, y el estado de su salud se
agravaba por momentos. Si la fuente pierde su virtud , si
llega á dudarse de su eficacia, disminuirá la fé de losfran
ceses; el nombre del santo patrono se oirá con menos fre
cuencia pronunciado porel pueblo, y se tendrá menos con
fianza en la curacion ; aun sucederá mas, los cirujanos los
boticarios y los enfermeros , atormentarán, mutilarán , ta
ladrarán las piernas y los brazos de un gran número de
infelices, y todo esto es preciso evitarlo. El pastor no ana
día , y yo perderé todas mis ganancias y tendré que con
tentarme con mi pobre renta.
Aquel varon no amaneció mejor al (Fa siguiente. El tiempo
era hermoso y la naturaleza sonreia por do quiera. El po
bre enfermo era el único que estaba triste ; desde su lecho
de dolor contaba con sentimiento los pocos peregrinos que
llegaban á la fuente. Jamás un amante aguardó con mayor
ansiedad á su querida, nunca el mago persa saludará con ma
yores trasportes la salida del Sol, queM. Dupin á cada pere
grino que vela llegar con sus conchas y su bordon. Hubo un
momento en que pareció profundamente ocupado de un ob
jeto. Con efecto , miraba á una vieja, una pobre que pasa
ba por bajo de su ventana ; iba sobre un burro, y llevaba
las piernas dentro de unos canastos que pendian á entram
bos lados del animal. Pintábase una • viva ansiedad en el
semblante del anciano. ?Esa muger irá ó no á la fuente?
Por último rompió su doloroso silencio-gritando :
— Oh mi manantial ! mi manantial !
La vieja habia continuado su camino. A aquella escla
macion acudieron todos los de la casa. Jacinta se presentó
con un cuarto de gallina en una mano y una botella de
esencia en la otra. Jean escondía detrás de la espalda una
botella medio vacía, y al mismo tiempo se limpiaba los la
bios. Por lo que hace á Luisa, se ocupaba en arreglar las
almohadas de la cama del enfermo, y preguntaba á este la
causa de sus gritos.
El pastor entonces con toda la gravedad y uncion que
pudiera haber usado en un acto solemne, dijo á los que le
rodeaban :
— Querido hermano, y querida hermana....
Detúvose aquí para reconvenir á Jean que á la sazon se
hallaba ocupado en humedecer su garganta, para rogar á
Jacinta dejase de roer un hueso que tenia en la mano, y
para suplicar á Luisa le diese una friccion en la pierna
enferma ; hecho esto continuó nuestro varon :
—Mis presentimientos me anuncian que me hallo á las
, puertas del sepulcro, y que voy á pasar de esta vida de miseria
y corrupcion á otra mejor y mas dichosa, en donde los ma
nantiales sagrados no pierden sueficacia sin razon , en la
que no hay enfermedades que curar , y en donde los pere
grinos no dan una ganancia criminal á un varan réprobo,
para que los sane de sus dolencias.
Al llegar aquí, el anciano suspiró dolorosamente, y se
golpeó tres veces el pecho. Aquel espectáculo era capaz
ciertamente de ablandar el corazon mas empedernido , en
tal grado, queJean, escitados todos sus sentimientos morales,
no pudo contenerse , y bebió un trago del vaso que tenia
en la mano.
—He recogido , prosiguió M. Dupin , algun dinero en
el servicio de Nuestra Senora del Manantial , y pienso hacer.
un buen uso de él. No quiero conservarlo para saciar mis
ojos con un placer insensato , y lo destino para hacer la fe
licidad de alguna persona honrada. He observado que Jean,
que tiene muchos defectos, y que Luisa, que no tiene otro
que el de estar enamorada de Jean, quien lo está igual
mente del vino de mi bodega , se quieren mútuamente,
y no dudo que se proponen vivir virtuosamente si no
encuentran en el camino alguna poderosa tentacion. Asi
pues , estoy resuelto á casarlos : pero á fin de que no pue
dan robar ni mas ni menos que lo que es permitido á todo
buen francés , les daré tres mil luises nuevos de buen peso,
limpios y brillantes como otros tantos querubines. No, no
quiero retener en mi poder esas malditas monedas , ni ma
nejarlas, ni hacerlas sonar, porque son causa de mi mayor
desgracia. Serán para vosotros, hijos mios ; con ellas po
dreis comprar una casa de campo, un meson ó cualquiera
otra propiedad, pues ciertamente es una suma considerable
la que os entrego, tal vez la mitad....
• A estas palabras se mostró Jean tan compungido y con
trito, y Luisa frotaba con tal suavidad la pierna del ancia
no, mirándole al mismo tiempo con una coquetería tan in
teresante, que el pastor rechazó aquel último pensamiento.
—Esto es hecho ! esclamó, tendreis pues los tres mil
luises, y mi bendicion , pero con una condicion indispensa
ble. Escucha Jean , irás inmediamente á casa del maestro
Job, carpintero del lugar, y le dirás que ponga una fuerte
empalizada con su puerta en derredor del manantial, pues
no quiero dejar las aguas á discrecion de los vagamundos
que las enturbian y les hacen perder su virtud. Asimismo,
hijo mio , comprarás tres ó cuatro paquetes de ocre rojizo,
que sea barato.
— ; Ocre rojizo! esclamaron Jean y Luisa, ? qué decís?
Ciertamente no pensaréis dar á la empalizada tan feocolor.
Seria mejor un color oscuro, dijo Jacinta.
— Yo preferiria un celeste claro, dijo sentimentalmente
Jean , dirijiendo una mirada á Luisa.
—Un bonito verde me parece mejor, anadió aquella.
— Pintad la empalizada como querais, prorumpió
Dupin , pero sobre todo, Jean, no dejes de comprar el ocre
que te be encargado, porque el mundo es tan perverso que
se necesita pintar otra cosa mas que las empalizadas. En
seguida llevarás esta carta al Vicario para que su reverencia
tanga la bondad de indicarme de qué manera debo desha
cerme de la fortuna que he adquirido en el servicio de la
Iglesia.
Ahora , dijo en voz baja, y como si hablase consigo mis
mo , me hallo desembarazado de una de mis conciencias.
La que me resta será para mí una almohada de plumas y
un bálsamo para mis penas.
Jean y Luisa se hallaban trasportados de alegría y goza
ban con su imaginacion de la dicha que les aguardaba. En
DI 60
aquel momenta el ama se colocó en frente de M. Dupin , hi
zole una respetuosa reverencia, procuró afectar cierta ama
bilidad , y pidió una audiencia al poderoso. Este, entrega
do aun á la voluntad de su ama como lo habia estado toda
su vida , dejó caer los brazos sobre la cama como en senal
de una tierna resignacion , y la permitió que hablára. Em
pezó Jacinta por recordarle el tiempo que le habia servido,
las veces que le habia defendido , y las que le habia asisti
do en sus dolencias.En seguida, hizo una disertacion sobre
las enfermedades en general y sobre !as de las piernas en
particular, y por medio de una diestra transicion , pasó de
allí al estado de su propia salud , que la fuerza del arte
había sabido conservar , manifestando que no era tan vieja
ni estaba tan débil.como aparentaba , y que por su parte
'no creia que pudiese hacérsele la menor objecian al pro
yecto que tenia de entrar en el santo estado del matrimo
nio en el momento en que los luises estaban tan abun
dantes.
—Hermana mia , le dijo el anciano, nadie mas agrade
cido que yo á los cuidados y desvelos de una antigua y fiel
sirviente: vuestros servicios y los tormentos que me habeis
hecho sufrir os han dado un distinguido lugar en mi cora
zon. Si queréis abandonar á 'vuestro amo en el estado. en
sitiase encuentra, idos, y Dios os bendiga. Ciertamente,. en
lugar de poner el menorobstáculo á vuestro casamiento, os
darla de buena gana el doble de la suma que ,destino para
Luisa, porque á la edad en que os hallais teneis necesidad
dedinero para encontrar un marido.
No quedó Jacinta muy satisfecha, hizo á su amo una
profunda cortesía, y no sabiendo corno manifestarle su
agradecimiento, fué á arrodillarse al lado de Luisita y asió
de las manos al pastor. Pero disgustada Luisa del giro que
bahia tomado la conversaclon , dió un empellon á la ancia
na, que quedó tendida á lo largo á los piés del senor
Duplas, desollándose la piel que cubria sus descarnados hue
sos. En tanto que el anciano y Luisa rajan á vista de aque
lla. escena, se presentó,en ella un actor inesperado. Ade
lantóse Jean, y arrojando una mirada desdenosa á la jóven,
ayudó á levantar á la anciana, conservó una de sus arru
gadas manos entre las suyas, y dirigiéndose á su amo:
—Senor, le dijo, mucho he ganado en seguir vuestros
consejos, cuando entré á serviros no era yo mas que un
rústico aldeano, un muchacho ignorante y vicioso, sin sa
ber mas que beber y habituado á. toda clase de escasos.
Seguramente no valia gran cosa : mas examiné mi vida an
terior, y avergonzado de mí mismo resolví desde entonces
imitar á mi virtuoso amo: al efecto me he mortificado y
conseguido domar las tentaciones de la carne.
—Callad , .prorutnpió Luisa, os burlais de nuestro
buen amo ? Vos metido á predicador cuando desatinais mas
que ningun otro hombre del pais?
-- Callad, jóven licenciosa, replicó Jean con cierto aire
de severidad, y dejadme protestar en presencia. de su reve
rencia de mi regeneracion cristiana : se trata de la salud de
un alma, ?puedo continuar, senor?
—Sí , continua, le contestó, el anciano.
— No quiero caer en tentacion y arriesgar mi nueva tú
nica de inocencia : ? qué puedo esperar casándome con
Luisa? Verme arrastrado por ella á toda clase de desórde
nes y entregado á la disipacion. No, yo deseo al contrario
mortificar mis pasiones y poner un freno á mis deseos: si
me lo permitís, senor varon , yo prefiero casarme con la
honradísima y virtuosísima Jacinta , acompanada de seis
mil luisesa en vez de hacerlo con Luisa dotada de frivo
lidad,
Al principio de aquella arenga, el semblante del ama ha--
bia descubierto todas las gracias de que era susceptible su,
fealdad natural ; mas hubo de ahogarla la cólera antes que
Jean hubiese concluido , y ciertamente es admirable que
el auditorio bebiese dejado al criado concluir su discurso.
El pastor, viéndose chasqueado, agarró un tintero de barro,
y dando muestras de una admirable puntería (lió con él en
la cabeza del provenzal. Aquella fué la senal de la batalla :
Jacinta asió al traidor de los cabellos, y Luisa le aranóla
cara. Corria la tinta mezclada con la sangre del menguado
orador, quien por su parte rabiaba de dolor, en tanto que
sus antagonistas lo hacian de cólera y de despecho. M. Du
pin lanzó varias maldiciones y anatemas.
—.1 Pícaro ambicioso! esclamaba Luisa.
— Casarte conmigo para mortificarte! gritaba Jacinta ;
y Jean volvió á sufrir una nueva pérdida de sangre y de ca
bellos.
Recobrado de su primera sorpresa , reunió sus fuerzas.,„
estendió con violencia los brazos , dejó caer á las dos mu
geres en el.suelo y salió de la casa dirigiéndose á la taberna.
Aquella cóntienda tuvo serios resultados. La carta del
pastor al vicario se perdió , y aquel no se sintió con fuer
zas para escribir otra. La emocion que sintió M. Dupin
ocasionó una crísis en su enfermedad , y bien pronto se vió,
restablecido. Pocos dias despues volvió Jean á la gracia de
:u amo, y este lo admitió de nuevo á su servicio.
Luisa se volvió á su casa llevando consigoalgunos regalos.
El tesoro y la bodega fueron mas vigilados que nunca , y
lo último disgustaba sobremanera al provenzal. Ilabíase
cercado la fuente, y el agua era ya de color muy subido.
Juan 'labia comprado al ocre que se le encargára , y se im
pacientaba y admiraba de no ver pintar la empalizada,
operacion de que á la verdad se cuidaba poco i. Dupin.
Los peregrinos y los luises aumentaban proporcionalmen
te, y no era poca fortuna para el pastor el que no hubiese
ladrones en el pais que habitaba. Mas bien pronto principió
á inquietarse de nuevo su copciencia religiosa, perdió el
reposo, y se tuvo por mas desgraciado que nunca. El ocre
sin duda enrojecia su conciencia. Halla base el anciano una
noche entregado á los horrores de su combate interior:
Jean se habia levantado con el laudable designio de ver si
se hallaban seguras las botellas de au amo. En suescursion
nocturna descubrió al hombre arrodillado delante de su
reclinatorio , abierto sobre aquel el breviario , un crucifijo
sobre este último y dos cajas llenas de monedas de oro y
plata á derecha é izquierda del anciano. Aquel espectáculo
y particularmente la vista. del tesoro escitó la mas viva
conmocion en el pecho del criado. En una actitud sumisa
y contemplativa y como si dirigiese sus plegarias al cielo,
del que seguramente no se acordaba en aquel momento,
sumergía con una especie de beatitud, entrambas manos
en los raudales de oro que ante sí tenia. Cogía las monedas
á punados, y las. dejaba caer lentamente en las-cajas por
entre sus descarnados dedos.
Aquella diversion parecia producir en su cuerpo el tem
blor que dá el placer..De repente juntó sus; manos y vertió
algunas lágrimas acompanadas de suspiros. Un momento despues manifestaron sus palabras la intensidad de su do
lor. Hablando en los términos mas tiernos de su tesoro lo
maldecia amargamente.
—!Oh causa deliciosa de mi perdicion ! decia el anciano,
mas hermosa que las hijas de Sion en los brillantes dias
de su belleza! maldita seas una y mil veces tú que fasci
nas mi alma! ?Qué madre fanática consagró jamás á su
moribundo hijo los desvelos y cuidados que yo prodigo á
5§ 61 K.
dinero? !Oh tú, tEsoro á quien amo! tú no me aban
donarás , desde el sepulcro hasta el juicio postrero, y en el
valle de Josafat continuarás tu acusacion contra tu amante
inseparable. Sin tí, dulce y querido presente del infierno,
me hallarla tan reconciliado con el cielo como lo estoy con
el mundo. ; Ah ! ?cuál será la mano piadosa que se acer
que á retirar de tris labios este veneno seductor? ?No hay
un amigo que me libre de esta propiedad causa de mi
dicha y martirio? ? Nadie me aprecia lo bastante para ejer
cer aquella violencia amistosa , y salvar mi alma , aniqui
lando las afecciones de mi corazon? ?En dónde está el án
gel de mi guarda?
A medida que hablaba 'el anciano, su voz era mas pene
trante , y las últimas palabras fueron pronunciadas con una
energía solemne. Su pálido semblante, iluminado por la
claridad de la lun.a , babia recobrado las animadas tintas
de la juventud.
Jean lo babia oido todo , y noobstante el vivo deseo que
le animaba de ser el genio benéfico que su amo invocaba ,
velase contenido por cierto temor mezclado de respeto , y
perma necia petrificado:
— De este modo, esclamó M. Dupin despues de una pausa
prolongada , me veo condenado á las penas eternas del in
fierno? Ah! ? no hay nadie que se compadezca de mí?
— Aquí hay uno , dijo Jean con voz terrible y sepulcral.
; Ladrones! al asesino! al sacrílego! gritaba el ancia
no; !Jean , Jacinta , socorro !
Tomando en seguida sus dos cajas, las encerró apresu
radamente en un fuerte armario, echó la llave, y la ocultó
debajo de la peana del crucifijo colocado sobre el reclina
torio. Habia observado Jean todos los movimientos de su
amo, y cuando este último volvió á gritar de nuevo , aquel
se hallaba en su cama fingiendo que dormia , por medio
de un ronquido espantoso. Pasóse el alarma, y nuestro va
ron supuso que el ruido que creía haber oido, habia sido
solo un alucinamiento de su imaginacion enferma. Aquella
idea hizo tomar á. Jean una grave resolucion. Habíanse
disipado en él los escrúpulos religiosos que hasta entonces
le impidieran apoderarse del tesoro de su amo. Tomó para
ello las medidas oportunas, y á la noche siguiente se fugó
llevando consigo todas aquellas riquezas, objeto de tan pe
caminosas tentaciones. Jean, por otra parte, era demasiado
buen servidor para desempeilar mal el compromiso que ha
bia contraido , y además deseaba evitar en Jacinta los de
seos de participacion. Las circunstancias, como veremos,
no le permitieron cumplir sus generosas intenciones.
El tesoro fué puesto en un barril de vino, y al amanecer
Jean y la mala conciencia de su amo, se hallaban ya á al
gunas millas de Soreze en direccion al camino de París. El
anciano hombre sobrellevó su desgracia con valor y re
signacion. No le costó gran trabajo el adivinar quien había
sido su amigo en aquella ocasion , pero se abstuvo de acu
sarlo. No debemos ocultar, sin embargo, que M. Dupin
sintió vivamente en un principio la pérdida de su tesoro;
pero su filosofía indulgente cicatrizó la llaga de su corazon.,
y además le consolaban las nuevas riquezas que .habia em
pezado á adquirir.
! Pero Jean! el desgraciado Jean, el benévolo protector
de las conciencias de los hombres, solo tuvo.que llorar des
gracias. La primera noche de su viage se estravió ea un
bosque, en donde él y dos malas que llevaba hubieron de
perecer de hambre. A la manana siguiente Lié robado y
apaleado : por fortuna los ladrones destaparon uno de los
!barrilesde vino que hacian compaNa al que contenia el te
soto y se emborracharon. Jean aprovechó la ocasion, y re.—
cobró su dinero. Despues de mil precauciones para no dar
con los ladrones, de que estaba infestada la provincia, llegó
á un pueblo en donde se le tuvo por uno de los bandidos
que en la noche anterior lo hablan maltratado, y como los
medios que poseia para su justificacion no eran los mas
apropésito , fué puesto en la cárcel. Antes de su prision
habia logrado Jean ocultar su tesoro en una cuadra aban
donada. La justicia no encontró pruebas á su delito, y
nuestro provensal fué puesto en libertad. Tuvo que pedir
limosna por el camino hasta llegar al sitio en donde habia
ocultado su tesoro; pero antes de verse en él, cayó en -
ferino.
Al cabo de seis meses , y despues de haber sufrido la
mayor miseria , pudo al fin reeobrar su dinero , del cual no
se atrevia á hacer uso. Parece que Jean tenia dos concien
cias como su digno amo, y si hemos de decir verdad era ade
más supersticioso. Determinóse pues á devolver supersona y
el dineroá M. Dupin, y tomada aquella resolucion, recobró su
acostumbrada alegría y buen humor. Llegó pues á Soreze en
una hermosa noche de otono, temió no obstantéla recti
tud de sus intenciones, y el entrar furtivamente en casa de
su amo, mas resolvióse al fin, y á media noche consi
guió tenderse en su cama sin ser sentido de nadie. Todo lo
halló en el mismo estado que al tiempo de su partida , á es
cepcion de algunos muebles, que sin duda para celebrar
su llegada se ofrecieron á sus ojos con una espesa librea de
polvo. Tomóel dinero, que hacia tiempo era para él una car
ga pesada, y se trasladó al oratorio del ancia.no. Reinaba en él
un silencio sepulcral ; la cavidad que formaba la peana del
crucifijo , contenia como en el momento en que Jean se
apoderó de ella , la llave del armario , abrió éste , y colocó
allí el tesoro de M. Dupin en la misma forma que lo habia
encontrado ; puso la llave en su sitio, volvió á su cuarto y
se acostó.
Ant:s de amanecer, el pastor fué á rezar á su oratorio ;
combatian su espíritu una multitud de pensamientos aflic
tivos: reproducíanse aun las antiguas tentaciones. No ha
bía reunido aun bastantes luises, y de ello daba gracias al
cielo con un corazon contrito y compungido, Dirigióse ,
como impelido de una fuerza irresistible al armario, y al
abrirlo ! oh dolor ! ; oh. ventura ! Sus ojos vieron al peli
groso enemigo de que habia estado privado por tanto tiem •
po. ! Ah 1 ! el hijo pródigo no fué recibido en su casa con
mayor alegría 1 El santo varon tomó las cajas, sacó de ellas
los luises , y se deleitó en manejarlos, contarlos y pesarlos.
! Sonido delicioso ! música seductora! Su primera idea fuó
gozar de la vista del oro ; despues la reflexion le hizo sentir
cierta sorpresa mezclada de temor. ?No» habian cesado los
milagros?
Disipáronse no obstante sus dudas al oir unos ronquidos
que no podían ser de otro que de Jean. Dirigióse inmediataJ
mente al cuarto de aquel, y vió que dormia con toda la
tranquilidad de un hombre honrado. No titubeó en desper
tarlo. Despues que el criado se hubo frotado los ojos muy
á su sabor, mudo á un tiempo mismo por un sentimiento
de prudencia, de temor y de carino , dijo á su amo :
— Perdóneme vuestra reverencia de haberle librado de
un mal amigo ; porque todo el, tiempo que ha estado en mi
companía no me ha ocasionado mas que desgracias.
— Ha sido la causa de mi perdicion eterna, replicó el pas
tor. El verme libre de él es para mi una dicha, y tú, Jean ,
puedes ayudarme eficazmente en este negocio.
Poco tiempo despues de la vwelta de Jean á Soreze, des
apareció la empalizada de la fuente. Jean y Luisa se casaron
y se establecieron en una posesion inmediata. Construyé-
ronse algunas casas cerca de la fuente milagrosa, y cesaron
del todo las ofrendas.
Jacinta fué elevada al rango de intendenta de caridad ,
y reinó la dicha en el pais. El pastor poseedor de una sola
conciencia, fué el mas dichoso de todos.
Sentimos anadir no obstante, que el agua perdió del
62 m
todo el color rojo, y que se desacreditó la fuente , porque
las ventajas que proporcionaba el agua podian adquirirse
por una friolera en cualquiera parte. M. Dupin vió con do
lor aquel resultado, y en uno de sus sermones encargó la
necesidad de la fe que por sí sola hace milagros.
Filología.
EXÁMEN CRITICO DE LOS SISTEMAS DE ESCRITURA.
por mfelipe 21. Aladas.
Nada mas general que la vulgarísima opinion de que las
dificultades de la lectura y escritura ideográfica son casi su
periores á las fuerzas humanas , por el asombroso número
de carácteres de su mal llamado alfabeto.
Probar, ó por lo menos procurar probar, que tal opi
nion es infundadísima ; que el supuesto alfabeto ideográfico
de los chinos no es ni puede ser tal alfabeto„ sino el diccio
nario de su lengua (que ni en China ni en Europa , ni en
ningun pais conocido ni por conocer es necesario saber de
punta á 'punta para leer y escribir con perfeccion ,) y que
por consiguiente las tales supuestas dificultades , no solo no
pueden existir, sino que, muy por el contrario, la lectura
á lo menos, debe. ser y será extremadamente menos difícil
que entre nosotros, y sobre todo mas inseparablemente
ligada á la inteligencia del lector, es el único fin que nos
proponemos en este artículo. Si ya que no nos sea posible •
llevar la conviccion á todas las inteligencias, les proporcio
namos al menos con sulectura un rato de instructivo solaz,
nos daremos por satisfechos del resultado de nuestra tarea.
No hay sino dos sistemas conocidos de escritura; el fono
gráfico, dividido en dos ramas, esta es, silábica.y alfabética;
y el ideográfico , dividido en otras dos, que son la ideográ
fica propia, y la simbólica ó geroglífica.
El fonográfico de la rama silábica, se usa únicamente
en el Japon : el fonográfico de la rama alfabética, se usa
en todas las naciones de orígen caucasiano. El ideográfico
propio, solo se conoce en la China. El ideográfico de la rama geroglifica , se usó en el antiguo Egipto, y en América en
tre los mejicanos y peruanos.
El ideográfico-propio, se compone de signos represen
tativos, de ideas elementales, que combinándose, se modi
fican hasta un estremo maravilloso, haciéndose capaces de
todas las formas del pensamiento. El ideográfico de la ra
ma geroglífica, se compone casi en totalidad , de signos re presentativos de multitud de alegorías que se modifican
igualmente por la co.nbinacion ; pero que no representan
el pensamiento con fidelidad ni con facilidad. El fonográ
fico de la rama silábica, se compone de signos representa
tivos, de articulaciones orales perfectas, que combinándose
convenientemente, representan la palabra oral : y el fono
gráfico de la rama alfabética , se compone por último, de
signos representativos, de sonidos orgánicos llamados letras
vocales , y de articulaciones llamadas Jetras consonantes ,
on los que se forma la articulacion oral.
El número de signos del sistema ideográfico propio , se
hace subir en China á la asombrosa cifra de 60.000, de los
cuales basta el conocimiento de una trigésima parte para
satisfacer bien y cumplidamente las necesidades ordinarias
de la escritura, no siendo los demás sino de pura erudicion,
como nuestras palabras cultas y otras de raro uso , que no
conoce ni usa el pueblo. En el sistema geroglífico, el nú
mero de signos es ilimitado , y no está sujeto á reglas tan
invariables. En el fonográfico silábico , el número de signos
es igual al de articulaciones ó sílabas de la lengua , las cua
les pueden calcularse en un millar próximamente , de mo
do que su alfabeto consta de mil signos. En el fonográfico
alfabético , no pasa de treinta.
Pero en lo que se distingue mas principalmente entre sí
los dos enunciados sistemas de escritura, ideográfico y fo
nográfico, es en que corno el primero representa ideas to
tales susceptibles de diferentes formas de espresion , y el
segundo solo articulaciones y sonidos de invariable forma ,
se sigue naturalmente de ello , que la interpretacion ó lec
tura de un escrito fonográfico , se verifica siempre con unas
mismas palabras , y una misma construccion gramatical ;
mientras que la de un escrito ideográfico, no exigiendo
palabras constantes, ni construccion gramatical constante,
sino en corto número de casos, lo interpre ta el lector con
las construcciones y palabras que primero se presentan á
su juicio, atento únicamente al fondo de las ideas que lee,
no á la forma en que ha de leerlos, ni á las palabras con
que ha de expresarlas.
Síguese, pues, de lo expuesto que, necesariamente ,
diferentes lectores de un mismo escrito ideográfico, varia
rán mas 6 menos en las palabras y en la construccion gra
matical que empleen ; pero estarán :conformes en el fondo
las ideas leidas, mientras que por el contrario, diferentes
lectores de un escrito fonográfico, no variarán una palabra,
ni un giro, ni una entonacion; pero podrán diferir, sin em
bargo , en la inteligencia del fondo del asunto , como suce
de con frecuencia. Es decir, que la escritura ideográfica
representa principalmente el fondo, 6 esencia, no la forma
oral ; mientras que la fonográfica , no !tanto representa el
fondo como la forma, por cuanto parece que esta envuelve .
á aquel, lo cual no es absolutamente cierto.
La consecuencia inevitable y legítima de todo lo enun ciado, es que la escritura ideovráfica no puede ser leida sin
ser entendida á la propia vez, por cuanto no dándose al lec
tor el signo oral de la idea, tiene él que hallarlo por nece
sidad , y esto no puede hacerse sin haber entendido la
representada ; empero la escritura fonográfica, no estando
sujeta á esta dificultad , puede ser leida sin ser entendida,
como sucede á nuestros ninos y gente ignorante que leen,
pero no entienden ; por cuanto lo que se les ensena, al ense
narles á leer, no esá interpretar signos de ideas, sinode meros
sonidos y meras articulaciones, no poco semejantes á las de la
música vocal, puesto que solo se refieren á las actitudes de los
órganos orales para la formacion y emision de la palabra,
DI 63
ccoomsaphoanreton edlifpeernesnatemdieentloasesicdreiatos. propiamente dichas que speunrcaililleuzsidoenl sistema fonográfico, respecto al ideográfico, es , pura apariencia , pura mentira , scyeiogoOnutnrteronaeleedsliid,feleqerouengnegrcáumifaaijcieeeomnptairsnaaesnásteelagmueensncterelitfunoroantoaybglrseáefceiconontr,seitgonudnaa seainslteteelmlraaa,- egnraAadmdoebdmoesáschodaneyoecnsiemtcoei,espnidataorads ldeeeenraecgloulneanrpdgeaurrfaejacelc.tioienmepsop,toryedcaailsvoemzparqyeuoser mente , , puede cambfar el lenguaje completa- cindir absolutamente de las letras y de las sílabas que cons sin cambiar la escritura ni siquiera un solo tilde , tituyen la palabra escrita y aun sin advertirlo ; siguiéndose de aquí , considerándola como compuesta , que no solo de un solo signo gráfico ; y no hay lector perfecto , puede servir á diferentes lenguas sino tu:tibien á individuos que la vista y la intqligencía se acostumbran á esta raphiadsetza de diferentes lenguas , como una escritura universal. (1) de percepcion , lo cual es sin disputa El orgullo europeo no confesará nunca de buen grado la ideografía , venir á parar á la , reduciéndose toda la diferencia á simple cues eminentísima superioridad de la escritura fdeográfica de tion de an terioridad 6 posterioridad. Es decir, que la ideogra tlroossc;hipneoros, csoonbtrrea llaa fionncoognrtáefsitcaab-laelfeavbiédteicnaciuasaddealopsorhencohsoos,- cfíiaénpdroinsecipidiaeopgorráfidcoandpearlaa fsoernoegsrpaefdíaitac,onycpluayrae,dqeujaer edse hsaer
no cabe cnestion. Nuestro sistema de escritura no ofrece penosa. ninguna garantía de que el lector haya de entender per- Sin considerar que lo que llamamos tan equivocadamente
fectamente el asunto leido , pues que solo conduce á que alfabeto chino no es tal alfabeto , sino el diccionario de su articule los signos fonéticos , sean de su lengua propia , lengua , nos admiramos del considerable número de signos
sean de otra cualquiera ignore : mientras que la ,emscurieturtraa 6 idveivoag,ráqfuieea conozca 6 que de que se compone, y nos preguntamos, ?es posible apren , trario por el con- derlos todos ? Pero debiéramos tener presente que los dic que en, leasstáablfaasbaédtaicpasresceiseacmhaendtee msoebnroese,sta misma garantía cionarios de nuestras lenguas europeas, están muy léjos de la ponderada ventaja de su corto númeyroqudee ásipgensoasr •de ser menores; y que así cual nosotros no tenemos necesidad , la de conocer todas las palabras del diccionario, bastándonos un constituye tán inferior de esencial , en lo único que la escritura tiene cierto número para ocurrir á las necesidades ordinarias de , que es la perfecta inteligencia de lo que se es- nuestra posicion , consultando las restantes cuando la nece cribe. sidad nos obliga á ello, del mismo modo los chinos, no tie Acúsase á la escritura ideográfica de una dificultad casi nen tampoco necesidad de conocer todos los signos de su superior á las humanas fuerzas; y verdaderamente es mas que regular el que nada tenga de fácil el aprendizaje de cdoicncdiiocnioanrio, sino los de mas frecuente uso en cada estado 6 , ni mas ni menos que lo que nos pasa á nosotros tan gran número de signos. Esto no puede cuestionarse ; con las palabras de nuestra lengua vulgar. (1) ttprreoardoCoólofnilscóuilleorggtoeonleeisrtea(lrsaeetnoguCynaonelrtoieannutthoaalrisisztataadhoacetesptoimcoosnairoiosd,e elnuileuss-- el iLdáisompaermsouncahsoilmusetjroardqause, leans iCghnionraantceosm;opearqoueís,tacsonnoucnecna , de Sans) que en China D. Sin ibaldo de Mas y lo son hasta tal punto que no conozcan bien las cuatro 6 es mas difícil que en Europa encontrar cinco mil palabras de que tienen necesidad para entender y
un hombre de pueblo que no sepa leer el Código penal , qnuúemlearodidfiecusilgtandosdenola blaejcaturdae n6o,0d0e0b;edseerlotacnutaalcsoemdoeádcuuncyoe-o sdniaurenssoetráanoepsnatreetsinctdruaelnraaremninosltsarsudcneceicosenasibdeardensoosordtrionsarimasisdme olas, visdeagu;nY , cuatro, seis, ocho 6 diez mil
sotros nos parece. oces , de nuestro propio idioma Pero hay mas aun, Leer no es hablar lo escrito sino en- otra ú otras lenguas diferentes , y tal vez otras tantas de , ó acaso mas aun, no vemos tenderlo ; por consiguiente , nuestros ninos de escuela y la razon de que un chino no pueda conocer del mismo modo
nuestras gentes ignorantes, que tienen necesidad de que )Véase lo que acerca de esto dice el 11. P. Lamy,se les explique lo que leen , del oratorio de San , no saben leer, por mas que Felipe Neri, en su excelente obra L' Art de par/er.
articulen bien las letras ; y como el leer, propiamente dicho, «Es tan estraordinaria la sencillez de la Gramática china, que segun lo
no se consigue sino refiere Walton y Alvarez Semedo , so!o tienen los chinos 326 palabras radi porcion misma en, qeune fsueerazdaelyanfutaereznaeldeletnigemuapjeo, yoreanl ,lacpornoo-- cpaalreas,ptroodnausnmcioanrloassí,labsaegs.unTienleasnctuaamlebsie, nuandaemmiássmciancpoaleanbtroanapcuieodneessdiigsntiinfitcaasr
ciendo bien las ideas representadas por 1 as palabras escritas ,
cinco diferentes cosas, de modo que las 316 ralees multiplicadas por las cinco
entonaciones , se elevan á 1. 630 , se sigue que la dificultad de leer bien es tanta en un sis- nificados no son otra cosa que mcoodmifpicoanceinotneessdedetoldasas ildaesadseemleáms ecunytaolsessigde tema como en otro, y que, por consiguiente , la pretendida que están formadas. y como estas son en corto número y basta conocerlas
para entender tainbien sus combinaciones , sean las que fueren, se sigue
naturalmente una facilidad admirable para aprender la lengua (I ) Desde mucho antes de Destutt-Tracy , que tan com , viene trabajándose con mas ó plicada y difícil parece al principio. La dificultad principal está , en quecomo
menos entusiasmo en la formacion de una lengua universal, para el exclu- no tienen letras representativas de la voz , cada idea ó palabra está repre
sivo uso de los sabios y de las relaciones internacionales de las naciones sentada por un signo gráfico , cuyo número no baja de 60,000 : pero com
cultas, Ilánse presentado hasta hoy diferentes proyectos en este sentido , ideográncos puesto de tanto número de trazos elementales como 'raices ideológicas. pa unos y alfabéticos otros ; pero es preciso desenganarse de que, ralelamente á lo que sucede con aquellas : así es , que para saber escribir ggtírunáaofjiechaha,abpbroálarqnduuone, cqdauelseeddneagruáelasuumjneoitmvaeearnstlaoals,qióunennuetcmeenesgraaarbiallamesmenaetlneteorrateccnoiodnneráxeisoqqnuueecosnenorepliudleeedone-- tnnooasrlh, oassye.rinaeciemsipdoasdibdlee, tseinneor ltoasmeploecmoenetnalleasmsoemlamoreiantteo-,dyos llaossrseigglnaossdecomcopmubesi ,
pmaeinsos de recibir de las diferentes y numerosas pronunciaciones de cada En cuanto á su gramática, basta decir que no tienen género ni caso, ni con_ , y aumentándose diariamente por esta causa su falta de pureza, antes jugacion ;porque tampoco tienen verbos propiamente dichos , sino nombres
de medio siglo se convertiria en una jerga espantosa que no entenderla') significativos de acebo , que acompanados del pronombre sujeto de ella,
ni aun sus mismos autores. Hasta ahora lo i mas importantes de estos pro- hacen funciones verbales con la facilidad y claridad mas asombrosa, y. g.
yectos , son precisamente debidos á dos espanoles, 1:. Si nibaldo de Alas y yo, amor : tú, sueno : aquel, muerto, etc. Los tiempos y los modos, como
de Sans , y D. Bonifacio Sotos Ociando: el del primero en signos ideográficos los números gramaticales, y la distincion de activo y pasivo lo expresan
escritos sobre un rayaao como la mús ca : el el segundo , escrito con carie- todo por simples y partículas, aun abortas veces segun la coiocadon que
teres usuales De este último ha venido hablándose mucho hasta hace poco se niere á las palabras , tiempo, y hasta se ha esplicado en el Ateneo de Madrid ; pero ni uno ni otro nombres sustantivos doardeelmacaiosnd, eyestotodo, suesstaodveexrpbliicoas yclparreapmoesinctieo,neels spoonr
tienencondiciones de viabilidad. El del senor &nos ()chanclo, por su impropia que ese singular idioma, ofrecido á las imaginaciones europeas como el la
cualidad del altals2ft o t,ue lueda oicha y combatida, y el del senor de 31as y berinto mas difícil itnaginable, n solamente no es dificil para los chinos,
de Sans porque a pesar de ser ideográfico,tiene necesidad de servirse del alfa- cuya instruccion primaria es mucho mas general que en Europa, sino ni
beto vulgar, para espresar los nombres propios de todas clases , y otros mu- aun a los mismos europeos mayores de edad, que se establecen en sus puer
caos comunes que no caben en el cuadro analítico de las ideas elementales. tos.
igual número de signos gráficos, sin que nos parezca una
maravilla, ó lo que aun es peor, sin arrancar á nuestro
preocupado criterio , la bien poco razonable espresion de
costumbre: ! imposible! ! no puede ser !
Se dirá que la memoria de los signos orales depende del
oido , y la de los signos gráficos depende de la vista ; pero
?de dónde consta que la memoria de los objetos visibles sea
menos poderosa que la memoria de los sonidos ? Además
de que, las palabras escritas en nuestros diccionarios , ? qué
son para el buen lector que no bien las advierte, cuando
con la rapidez del rayo las pronuncia sin titubear, y sin
necesidad de descomponerlas ni deletrearlas , sino signos
tan ideográficos como los del diccionario chino ? Luego la
ideografía es el límite y perfeccion de la fonografía , y no
hay razon para reprocharla.
El encadenamiento de letras y sílabas, aun entre noso
tros, no existe ni puede existir sino para los ninos y los
ignorantes, á cuya torpeza sirve como de andador y auxi
liar. La lectura, por tanto, no llega á ser perfecta, ni si
quiera comprensible, ni siquiera tolerable hasta que de
abstraccion en abstraccion , se conviette en ideográfica.
Luego, ?cómo dejar de convenir, en que el sistema fono
gráfico, así silábico como alfabético, y tal vez mas este que
aquel, es casi tan inferior al ideográfico como las tinieblas
á la luz?
?Ni qué punto de comparacion puede hacerse entre ese
maravilloso resto, é irrecusable testimonio de la eminente
sabiduría primitiva del género humano, vírgen y pura ins
piracion de Dios, y nuestros monstruosos sistemas alfabéti
cos, arlequines absurdos, compuestos por la casualidad mas
que por la ciencia, y verdaderos símiles de la con fusion de
Babel ?
No nos hagamos ilusiones. Aunque la escritura fonográ
fica no tuviese mas defecto que el inevitable y perturbador
influjo que el lenguaje oral ofrece sobre ella, incesante
mente alterándola, desnaturalizándola y trasformándola de
siglo en siglo, esto seria sobrado para que no pudiese sufrir
parangon con las excelencias de la ideográfica-propia, in
dependiente hasta la) punto de todo influjo oral, que como
ya hemos dicho, puede suceder muy bien que la lengua
cambie ó se transforme , sin que la escritura se dé cuenta
de ello. Y este • importantísimo carácter de perpetuidad é
inalterabilidad que tan soberanamente la distingue, unido
á la segura garantía de inteligencia que ofrece el lector; á
la imposibilidad de ser interpretada de una manera errónea;
á su aptitud admirable para el estudio de las ciencias su
blimes, y para escritura universal de todos los hombres ,
obstinarse en negar superioridad inmensa sobre el sistema
fonográfico, es negar la luz.
Convendremos en que, tanto para los sabios como para
los ignorantes, la ensenanza de la lectura y escritura alfa
bética sea infinitamente mas expedita que la ideográfica ,
aunque tambien en esta parte pueda haber su mas y su
menos, y sea mas la dificultad aparente que la positiva.
Acaso no estemos muy distantes, tampoco, de convenir en
que la escritura alfabética seamas accesible que la ideográ
fica á las inteligencias poco ilustradas ó poco cultivadas
todavía; pero la ventaja inmensísima que tiene esta sobre
aquella de no permitir discordancia de significacion en las
interpretaciones, mientras que la alfabética las admite tan
enormes y tan numerosas en multitud de casos, nos la ha
rán parecer y considerar siempre inmensamente superior.
Para debilitar la fuerza de nuestros razonamientos, se
nos preguntará tal vez , ?conoceis la escritura china? Y si
no la conoceis , ?cómo no os ruborizais de hablar de lo que
estais tan ignorante como nosotros?
En verdad , no conocemos la escritura china : pero como
la razon dirigida convenientemente no puede enganarse,
nos basta conocer la naturaleza de los signos ideográficos
para de deduccion en deduccion , conocer las excelencias de
su superioridad innegable sobre los signos alfabéticos.
Ni, ?cómo estaria el mundo si el hombre no pudiese juzgar
sino de aquellas pocas cosas que están bajo la jurisdiccion de
sus sentidos? ?Cuándo, por caminos semejantes, hubiese
sido creada la ciencia astronómica, ni la meteorología, ni la
geología, ni la psicología, ni muchísimos puntos de la física
y de las matemáticas, ni encontrado Newton la gravitacion
universal , ni Galileo el sistema del universo, ni Colon el
Nuevo-Mundo ? Ni ?para qué nos hubiese concedido Dios
las facultades superiores de la inteligencia, sino para descu
brir, por induccion unas veces, y por Ideduccion otras (I),
segun los casos, no solo lo que está fuera de la jurisdiccion
de los sentidos, sino hasta los errores en que los sentidos
tan frecuentemente incurren, y que tan inseguro harian su
testimonio, sin el auxilio de las pruebas de razon?
El que sabe pensar, no tiene necesidad de conocer ma
terialmente las cosas para discurrir sobre ellas con acierto;
pues dado un punto sobre que establecer sus juicios, la in -
duccion ó deduccion vienen por sí misma, y la verdad sur
ge sin violencia.
No conocemos, pues, la escritura china ; pero como de
jamos dicho, no basta conocer la naturaleza de los signós
ideográficos para deducir su superioridad inmensa sobre los
alfabéticos, y que en vez de ser estos, como vulgarmente
se cree, el último límite de la perfeccion , son pura y sim
plemente una de esas muchas cosas de que es preciso ser
virse por malas que sean , y darles grande estima, y poner
las en altísimo lugar, mientras no se conozcan 6 se posean
otras mejores.
(l) Todo lo que podernos conocer es causa ó efecto. Pues bien : conocido
un efecto, su causa productriz so descubre naturalmente por una sirle de
inducciones ; y al contrario, conocida una causa, su efecto nalural se descu
bre análogamente por una sine de deducciones. De modo que las operacio
nes de la inteligencia en la investigacion y descubrimiento de la verdad, no
son mas que dos : induciry deducir, y ellas solas bastan, á todas las nece
cidades de la inteligencia. Esto no es enmendar la plana á los lógicos, líbre
nos Dios de tal locura. Es pura y simplemente, recir nuestra personal opi
nion.
Ciencias naturales.
EL DIA Y LA NOCHE EN LA NATURALEZA.
po r etott UU.
1.
Todo cuanto diariamente y con regularidad viene á he
rir nuestros sentidos , acaba por causar en nosotros ligerí
sima sensacion. Lo que en un principio nos fué grato ,
acabamos por encontrarlo frio y es porque b encontrarnos
diariamente , hasta no hacer de ello caso ni fijar nuestra
atencion en lo que , sin la repeticion de la sensacion , la
llamada muy de veras. De ahí nace el natural deseo de la
variacion de esta sensacion, la cual tambien, si es frecuente,
llega á enfriarse ó ejerce escasa influencia en nosotros. Hay
no pocos hombres cuyas sensaciones solo se despiertan
ante la variedad de los fenómenos que se suceden durante
el período de un ano., con tal que estos sean de natu
raleza tal, que su novedad cause en ellos el efecto de una
viva sensacion , porque para esos séres viene la prima
vera sin que sientan el júbilo que causa la nueva ani
macion de la naturaleza, y pasa el otono sin que perciban
el dulce tránsito de la aurora de una nueva regeneracion.
De lo que acabamos de esponer, se deduce que la fuerza de
Ja costumbre nos hace perder la fuerza de la sensacion, y que
solo la juventud, cuyos sentidos no están todavía gastados,
tiene el derecho 6 mejor la facultad de gozar del grandioso
espectáculo que ofrece la naturaleza, porque aun sus sen
tidos no estan embotados por la repeticion de las sensacio
nes. Y en tanto esto es así, que lo que en los primeros anos
de la vida constituye una fruicion debida al placer de la
contemplacion , pasa despues tan desapercibido, que el
recuerdo de las primeras impresiones viene á ser como el
de un sueno 6 de una ilusion ( Tamchung) ó error. Esto no
obstante, existe una época en la vida, hay un tiempo en
los primeros anos, en el que se siente profundamente el
poderoso influjo de la primavera, y durante el cual el aroma
de las flores, la luz del astro del dia y el variado canto de
las aves, llena de dulzura é indecible encanto el corazon
humano.
La prolongacion de la vida no ofrece contentamiento
para la sensacion. En los primeros anos, la vivacidad de
esta encuentra cada dia la vida nueva ; pero la fuerza de
la costumbre la hace perder poco á poco y con ella se des
vanecen los suenos de la juventud, porque al par de ella
todo envejece. Esto que la costumbre nos roba, no lo po
seemos verdaderamente : el que pierde fácilmente el amor
de la naturaleza, no posee perfectamente el sentido de ella.
La mayor parte de los hombres se entregan á la observa
cion de la naturaleza para su propio provecho, mas no
para conocerla sin interés personal ; buscan sus variantes
superficiales, mas no la profundizan como debieran, y se
estranan cuando hallan la natura como un espejo en donde
se ven reflejados con todos los carácteres y gracias que les
son propias, pero esto dura mientras está lleno su corazon
de aquellos sentimientos, porque despues al perder sus ilu
siones, desvanecidas y tronchadas por las tempestades de la
vida, el mismo corazon se vuelve tímido y queda vacío.
Unicamente para el hombre satisfecho de su vida, la natu
raleza está en todo su poder ; el descontento de sí propio,
la halla cada vez mas triste ; para el primero, cada ano vé
• TOMO VI.
con placer á la naturaleza revestirse con su traje:de fiesta y
' halla el mismo encanto en la primavera de la vida renova
da ; pero el segundo no deja rastro la huella de esta prima
vera , y ya no existe para él la verdadera renovacion de
los séres. El hombre en cuyo corazon se anida le alegría,
todo lo vé risueno y festivo, al paso que el que está domi
nado por la tristeza, para él todo es lúgubre, monótono y
melancólico ; para aquel , la variedad de la natura es una
fuente inagotable de encantos; para este, como dice Borne
la primavera con sus colores, el ruisenor con sus cantos, la
aurora con sus celajes , la dulce mirada de la jóven , nada
valen , nada significan , no le dicen nada. Y es porque to
das estas cosas son un espejo, y cuantos miran en este espe
jo hallan su propio reflejo, aumentándoles á veces, como
en recompensa 6 castigo , la forma de la imágen reprodu
cida.
Para hallar la naturaleza siempre jóven y lozana , y en
ella un origen de placeres y tambien de recompensa y sa
tisfaccion en los dias tristes de la vida , hay un medio y un
medio muy escelente , que consiste en conocer y estudiar la
naturaleza. Las sensaciones (pie el cambio del tiempo ejer
ce en la vida de los séres materiales y en el sentimiento del
hombre, no son imaginativas sino reales, penetran profun
damente en el ánimo y nos arrancan el velo que nos encubre
la verdad. Nos ensenan á conocer no solo la nobleza y gran
diosidad que encierra la naturaleza, sino tambien lo levan
tado de sus producciones.
De todas las sensaciones que en nosotros causa la con
templacion de lá naturaleza y sus fenómenos, la mas in--
tensa, la mas viva, es sin duda el cambio del dia en noche
ó en otras palabras el paso de la luz á la oscuridad y vice
versa. Cada aurora es cuasi un nuevo acto de creacion ,. una
nueva primavera ; no solo los irracionales sino tambien los
vegetales, manifiestan á sumodo el júbilo que sienten álaapa
ricion del nuevo dia ; las aves lo saludan con sus gorjeos y
en sus cantos matutinales dijérase que acompana un movi
miento de ansiedad 6 impaciencia, las hojas ó las flores de
los vejetales vuelven su faz al sol como si le con ternpláran
con placer, y bajo su influencia lumínica abren sus cálices y
corolas y derraman las aromas y olores que aquellos encier
ran como otros tantos incensarios en presencia del autor
de su movimiento: la naturaleza entera se parece á lá está
tua de Memnon levantada á orillas del Nilo, que despedia
misteriosos sonidos, apenas herian su masa marmórea los
primeros rayos del sol. (1) Nadie podrá negar la grande in
(l) Entre los inmensos trabajos hechos en Tebas por el rey Illemnon , los antiguos citan con admiracion las estatuas colosales de este príncipe, tan
notables por la enormidad de sus proporciones, como por su alta antigiie
dad. Una de ellas, y es á la que alude el autor de este artículo, ofrecia par
ticularmente un fenómeno mas maravilloso todavía, produciendo á ciertas
horas de la manana un rumor sonoro cuya causa ignorada, dispertó por mu
cho tiempo una supersticiosa curiosidad. La ciencia espllcaal presente esta
causa de un modo satisfactorio. Los sabios han reconocido que aquel rumor
era debido á la humedad de- se impregnaba la materia de que estaba
formada la estatua durante la n he, y que desprendiéndose cuando empe
zaban á calentarla los primeros rayos solares, producia , separando las mo
léculas de la piedra, naturalmente sonora, una decrepitacion que resonaba
en toda la masa y esciti>ba en ella una vibracion general.
9
>5 66
iluencia que el cambia del dia y de la noche ejerce en toda
da vida y que divide en actividad y reposo , en movimiento
y descanso. La mayoria de los hombres violentando las le
yes naturales , puede decirse que viven en un dia sin cesa
-clon, y para ellos la vida no es masque el trabajo , el reposo
y el alimento, al contrario de no pocos animales y plantas
que no velan de dia y sí de noche. Estos vegetales son los
que solo de noche abren sus cálices , y los animales los que
•en las horas nocturnas sacuden su estupor diurno y recorren
sin fatiga grandes distancias para atender á sus necesidades
naturales. A estos animales y á estos vejetales , les acona
,parlan otros séres que únicamente empiezan á vivir en la
hora crepuscular ó cuya actividad vital solo es manifiesta
.y latente en las horas medias del dia. Preciso es que haya
una fuerza que influya en el descanso y en la actividad; pre
ciso es que haya algo que ejerza su accion en el organismo
en el cambio del dia y de la noche constituyendo su natural
•nrganizacion. Pero ? qué causas son estas? ?Dónde residen?
No está dicho todo diciendo que el dia y la noche represen
tan el tiempo de la ocupacion y del reposo, porque no co
nocemos la influencia que ejercen en nosotros el dia y la
noche. No tan solo la desconocemos, sino que tampoco nos
lijamos en ella. Su influjo es tan suave al par que podero
so, que absortos en nuestras habituales tareas, no lo obser
watnos , á pesar de que no hay hombre que no sienta al me
nos la animacion que en él dispierta la luz de la manana, la
satisfaccion que le causan las primeras horas de la velada 6
al menos no esperimente el peso de la noche sobre su cora
2On , que luego se desvanece á la influencia de la manana.
Si se tratára únicamente de dormir ó velar, podríamos
,concebir estos actos sin el dia ó la noche ; pero nuestro es
píritu no puede comprender una existencia sin dia ni no
che. Solamente una imaginacion quimérica 6 una vida ve
lada con las sombras de la muerte, puede fingir esta falta ;
muy fácilmente se renuncia al goce de las estaciones del
ano que al cambio sucesivo y cotidiano del die, y de la no
che ; con menos repugnancia dejarémos de saludar la pri
mavera que la luz de la manana ; y en tanto es así, que en
los trópicos las cuatro estaciones casi se confunden entre si
y en los polos se confunden el dia y la noche. De seguro
que no ha de negar la influencia que ejercen el dia y la
:noche tanto en el cuerpo como en el alma humana , el que
-atentamente observe el poderío que ellos tienen en las altas
latitudes polares, y del cual no podemos nosotros aquí, en
nuestros favorecidos climas, formarnos una idea cabal. Si
,nos trasladamos á aquellas latitudes, entonces es cuando
sentimos el gran peso que nos oprime. El navegante al polo
Kane refiere en su diario de navegacion , la novedad que
,en él y en su tripulacion causó el largo y siempre igual dia.
Al principio parecióle grandioso, luego estrano y como si
se hubiese perdido el encadenamiento de las horas. Pero
poco á poco sucedieron á estos otros sentimientos. Aquel
dia contínuo llegó á cansarle, y la sensacion del grandioso
§C.
espectáculo de un principio desapareció completamente. El
sueno era corto y desarreglado, y ansiaba que llegára la no
che para disfrutar con calma de su reposo. Llegó empero
la suspirada noche , pero como esta se hizo tan prolongada
! con cuánta impaciencia aguardaba que se concluyera ,
cuanto apetecia la nueva luz del día! La influencia de la
dilatada noche era tan poderosa , que los semblantes de
los marinos empalidecian , hundiéndose sus ojos, su respi
racion era anhelante , su apetito desordenado ; los hom
bres mas fuertes estaban sujetos á estranas debilidades,
casi sin sentimiento 6 como paralizados. Mas marcada aun
se veia esta influencia en el carácter ó en la imaginacion
los hombres mas resignados volvíanse descontentos y fácil
mente estravagantes; todo objeto de pura fantasía llevaba
para ellos el sello de malos presagios , y las horas de des
canso de aquella eterna noche , las pasaban dominados por
suenos agitados. El mismo capitan Kane se volvió flaco y
macilento y cada vez mas sus fuerzas se agotaban y se ex
tinguia el valor de su corazon. !Con qué júbilo saludaron
aquellos hombres la vuelta del sol! Semejantes á aquellos
pueblos que adoran al astro del dia , si bien que dominados
por otros sentimientos y con sin igual placer, vieron aquéllos
marinos aparecer el astro que iba á darles la salud y la
alegría. !Cuán diferente era su sensacion de la que esperi
mentan los que lo ven todos los dias! Para ellos era de
una inmensa influencia : recobraban la tranquilidad, la sa
lud y el valor.
Después de lo dicho, se comprenderá la influencia que
ejercen en el alma humana el dia y la noche. Cada dia y
cada noche nos lleva una leve imágen de esas sensaciones,
pero esas sensaciones nos pasan regularmente desapercibi
das; nuestras ocupaciones, nuestros pensamientos, nos domi
nan mas fuertemente. Cada hora del dia y de la noche tiene
su propia y peculiar fisonomía; sábenlo bien los poetas, y el
influjo y el estímulo que ejercen en nuestra alma. La sensa
Ci011 que el cambio de la noche y el dia nos causa, no C3
imaginaria sino real , asi como lo es la que ejerce en los
vejetales é irracionales que despiertan por la manana y
aman el reposo de la noche.
Pero ?qué es lo que separa el dia de la noche, la manana
del medio dia y éste de la tarde? ?Consiste en este algo
mas 6 menos de luz que el gran astro nos envia ? La luz
es el gran mágico en este cambio. Ya desde los mas remo
tos tiempos el hombre ha reconocido, admirado y hasta re
verenciado esta fuente de vida', por mas que para el indife
rente no sea mas que un fenómeno ordinario. Es la luz
una fuerza que nos descubre todo progreso y movimiento.
De esta influencia de la luz en los vejetales, en los irracio
nales y en nosotros mismos, nos ocuparémos en otros artí
culos. Consagremos nuestra atencion y nuestro estudio á
ese poderosísimo motor de la vida ; porque cada dia es otro
de nueva creacion y puede serlo de nuevos adelantos v be
neficios para el que se ocupe de su estudio y conocimiento.
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Abeja, La. No. 6 (1 enero 1870), p. 039-078 |
| Descripció | Informació addicional del títol: revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Títol addicional | Revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1870 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Librería de D. Juan Oliveres, [1862-1870], No. 1 (1 enero 1862)-No. 3 (1 enero 1964) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1056597~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Ateneu Barcelonès". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 8 bits |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | 02_No. 6 (1 enero 1870), p. 54-66 |
| Transcript | .¦¦••¦•••¦¦•••¦¦¦¦¦• " 'sentimientos, que afectan nuestra alma. Los unos dimanan de las relaciones que la inefable sabidurb ha establecido entre las cosas , sentimientos que son otros tantos resulta dos de nuestras sensaciones , y por consiguiente no debe maravillarnos, que todos los esperirnen ten del mismo modo. Los otros pueden derivarse de los errores de nuestro enten dimiento , 6 de las ilusiones de las pr.siones humanas ; y como tiene todo hombre su espíritu particular y sus pasio nes predominantes, no es de ad mirar que varien en razon de las diferentes maneras de pensar de cada pueblo, y aun de cada individuo. Ya podemos , pues, decidir sin apelacion, si la belleza de las mugeres es real 6 imaginaria, porque de lo dicho se deduce , cuán fácil es colocar el sentimiento que inspira en la clase queje conviene. Este sentimiento no es el mismo en todos los paises del mundo , ni tiene aquel carácter de inmutabilidad esencial á todos los sentimientos, que tienen por principio objetos esteriores: con que seria una estupidez querer buscar su orígen en la belleza real de las mugeres , y pretender que depende del órden físico de las cosas. En general , todos nuestros errores, y casi todas nues tras preocupaciones, dependen inmediatamente de causas morales. No puede dudarse que influyan sobre mis ideas las de mi vecino : cada uno se adapta las de su nodriza, las de sus padres , y apenas habrá un hombre que no se apropie , por decirlo así, todo lo que se piensa y se siente en su país. Sí , Aglae , las costumbres de los pueblos en que vivi mos, sus leyes, sus usos, sus preocupaciones y en algunos paises, la misma relOon , son los principios de la mayor parte de nuestros sentimientos, y es preciso subir siempre hasta ellos, cuando queremos indagar con buen éxito las cau sas primeras de nuestros errores, y comprender el giro de estos. Examinemos, pues, bajo este aspecto, algunas de las opiniones de los hombres relativas á la hermosura, de que se gloría tu sexo. ?Por qué, por ejemplo, hace tanto caso un europeo de la kancura de su tez? Su modo de pensar se funda en un secreto interés de su amor propio, junto á las preocupaciones del país, y á la necesidad á que se halla reducido, de no poder amar sino lo que e3 blanco. Y ?qué diremos de los primeros as cendientes de aquel europeo? ?Qué de los primeros hom bres blancos que han existido 9 Solo su amor propio los determinó en su decision; y ?quién será capaz de saber cual es la medida de este amor, ni de valuar los grados de su fuerza? A la serdad, no nos estimariarnos menos si fué ramos negros, y créeme, Aglae, firmemente: no hay nin gun individuo, que no se tenga por el mas excelente que ha salido de la mano de Dios, reservándose á sí mismo el rebajar de esta buena opinion , lo que la justicia y la razon desaprueban. Los efectos de este amor propio resaltan sobre todo lo que le pertenece, y por eso le parecen perfecciones sus mis mos defectos. Parécele una estraordinaria felicidad, lo que es del todo indiferente, y de aquí viene que aborrece lo que no se parece á él , y que solo ama en los otros su pro pia semejanza, su gusto, su humor, sus caprichos , su ca rácter y sus perfecciones verdaderas, ó falsas. (I) Supongamos por un momento, que no hubiese en el mun (I) El amor propio es el amor de sí mismo yde tod is las cocas, para si y por sí. ...lamas descansa fiera de sí, y so o se detiene en los objetos exte riores, como I t abrja en las flores , para sacar de ellos lo que es propio.... No es posible r. pi escolar su tiexubiUtlati; sus Isatis ormaciones esceden á Lis de las metamórfosis, y sus refinamientos a Lis de la química. 34 t( do mas que veinte hombres negros y veinte blancos , y que habitasen en dos aduares separados. Lo mismo sucederia en este caso , que si hubiera entre los dos adtiares un con venio tácito de vilipendiarse mútuamente , y de creerse cada uno en particular muy superior al aduar vecino. Juntemos en un solo aduar los habitantes de los dos, y pre sentémosles cuarenta mugeres , de las cuales , veinte sean blancas y veinte negras: bien pronto se hará la division , buscándose mútuamente lo, blancos y las blancas , del mis mo modo que los negros y las negras , y no habrá uno que no diga para motivar su eleccion : es blanca ó es negra , y esto bada. Estos miserables no advierten, que estas preten didas razones de preferencia , no son mas Tre una conse cuencia de las ilusiones de su amor propio. - Tú misma , Aglae , que haces tanto caso y estimas tanto la blancura de tu tez , si hubieras nacido en las costas de Africa , no la miradas como un defecto bastante para afear una persona , y pretenderias que la negrura es un atractivo seductor , una belleza real? Sí, sin duda , y la ra zon es clara. Habiendo el calor del clima , ú otra cualquie• ra causa física , ennegrecido tu piel , y no ofreciel.do las impresiones de la luz á tus ojos mas que rostros semejantes al tuyo , te creerías interesada en decidir que la negrura es una belleza , y todos los que anduviesen al rededor de tí, creerían tambien interesados en juzgarte tanto mas bella, cuanto serias mas negra. El amor propio de estos les baria apoyar los errores del tuyo , y sin temor de ser ridiculiza da , creerlas entonces lo que ahora te parece absurdo. Así se forma una multitud de opiniones estravagantes , que el comun de los hombres acredita, y de que se burla el sábio , que se tendría por dichoso si pudiera destruirlas. Todas las ideas que recibimos de las causas morales, es tán fundadas en preocupaciones. Esta proposieion es un axioma que no sufre escepcion. (1) En efecto , el hombre nace sin conocimientos, y semejante á una tabla sumamente tersa y barnizada de cera, dispuesta para recibir toda suerte de impresiones. Sus sensaciones graban una parte del cua dro , pintándole los objetos esteriores ; los discursos y las instrucciones de los que le rodean acaban lo restante: todo lo cree entonces, pero luego que se ha formado la razon con el estudio y las reflexiones serias , debe repasar las ideas que ha recibido durante su infancia y distinguir sus preocupaciones legítimas de las que no lo son. Para conse guirlo , debe someter unas y otras al exámen de la razon, y así verá las que ésta condena 6 aprueba. De este modo aprenderá á desconfiar de las opiniones de los hombres y 'de sus pretendidas luces : pero desgraciado el que no ob serve semejante conducta , porque será su vida juguetede las ilusiones y de las mentiras, y jamás gustará la dulce sa tisfaccion del hombre, que ha hallado la verdad. Incapaz de cumplir el destino de un ser que piensa, autómata ,no vido por medio de impresiones estrarlas , mas bien será un bruto que vegeta, que un hombre que raciocina. ! Qué compasion al verle sin cesar encorvado hácia la tierra, que oprime con su inútil peso , inquietarse sin motivo, desear sin verosimilitud, poseer sin gusto, entregarse á todo lo que le circunda, sin poder hallar en nada la felicidad , y final mente, Ilezar á la vejez sin haber gozado de la edad florida ! Jamás el hombre sensato se conducirá d, un modo tan estravagante, antes procurará formarse de antemano prin (l) Solo deben esceptuarse las verdades reveladas, queson las únicas que no es lleno examinar antes de cuerhs. Obrar de otro modo, seria pecar con tia la f‘l, cuyo don recibimos en el baut SIII0. Debemos creerlas desde luego, si queremos ser fieles, y despues examinarlas para preservarnos del error, y para iluminar a los que yacen en las sombras de la muerte. DI SS eipios ciertos , que pueda seguir sin remordimiento; se to mará á sí mismo cuenta de sus ideas, y no tendrá la locura ridícula de creer sin tener razones en que fundar su creen cia. Pero, ?á cuál de estos dos hombres te pareces tú , Aglae, tú que te atreves á tenerte por hermosa por las sugestiones de tu amor propio , y por los insípidos discursos de tus adoradores? ? Has examinado alguna vez , por qué razon unen los hombres la idea de belleza á tal ó tal objeto ? Dícesme que los ojos negros , por ejemplo , son mas her mosos que los azules, y ? en qué te fundas ? En tu gusto, ? no es así? Pero, ? cuántos habrá que prefieren los azules á los negros? Estos te parecen mas hermosos y te agradan mas, y ? es esta una prueba de que son realmente mas be llos? No te apoyes en la autoridad de Catúlo , (4) ni en la de Anacreonte , que son de contraria opinion. (.1) Tú pre tendes que no deben las cejas reunirse en el entrecejo, sino que debe haber una distancia de media pulgada entre las dos, y si alguno sostuviere lo contrario , sin duda le cita rías , en prueba de tu opinion , el testimonio general de toda la Europa. Pero , ? qué haría esta autoridad contra la antigüedad griega y romana ? El cantor de las Gracias depone contra tí , y nos asegura que debe ser impercepti ble esta distancia. (5) Podría estenderme mas sobre las diferentes ideas que se tienen de la belleza de las mugeres , y hacer ver su origen y cuán ridículas son. Tal vez por este medio te convencería mejor que con todos los razonamientos posibles ; pero no miedo abrazar un plan de tanta estension , y por otra par te , á veces conviene mas indicar el camino , que conducir hasta el fin. Tú puedes , si quieres , llegar ya por tí misma á él: combina las fuerzas de tu amor propio y la inflnencia de las preocupaciones; haz atencion á las circunstancias de los lugares, de los tiempos y de las costumbres, y verás salir de estas diversas causas todas las opiniones de los hombres sobre la belleza. Sería inútil que emprendiese yo contigo un exámen , que puedes hacer tú sin mi ausilio ; y por otra parte , despues de haberte demostrado que la be lleza es un ser quimérico , ? no será mas útil que nos ocu pemos en deducir de esta verdad demostrada, consecuen cias relativas al arreglo de las costumbres ? Si el hombre es superior á los animales, sin duda lo es por la naturaleza de su alma. Estos mas bien parecen ce der á los irreaistibles impulsos de un instinto ciego , que á una razon ilustrada , semejante en esto á unas máquinas ; y de aquí viene que tienen siempre en sus acciones un giro constante y uniforme. Lo que son al nacer , lo son en todas las edades de la vida , y como son incapaces de au mentar la esfera de sus ideas, jamás una generacion anade cosa alguna á la de la precedente. Como tienen en todos tiem pos las mismas luces , la misma prudencia , la misma sagacidad , es verosímil que no tienen idea alguna de una .perfeccion mayor. Si algunos nos parece que se elevan sobre (1) Véase el Fpígraina de Cabila arriba citado. (2) Anaereonte en la °di 2‹, en la traduceion do Erique Estevan, suplica a un pintor que retrate a m: amiga con djos azules. ..4yedunt perite pielar Sil fulgurans ocellus , Elglaucas , ut .11inervce. El puelus ut Cylheres. Anaereonte en la misma 1Ida. Fronlem Tac uit eburnearn. Discrimina, nec arcus, Confinad n e illos Sed junle sic ut anceps, Divortium relinguus. su especie , vienen á ser como una piedra arrojada contra, la direccion de la fuerza, que la hace gravitar hácia el centro, que no se levanta sino para volver á caer en el punto de donde habia partido , y que cuantos mayores esfuerzos ha hecho para subir , tanto mas nos manifiesta que no puede vencer el poder que la retiene en ciertos límites. Solo el hombre no está sujeto á las inmutables leyes de un ciego instinto : él solo es un ente importante por si pro pio , es decir , un ente que quiere y puede obrar : él solo. es capaz de hermosear la obra de la naturaleza , anadiendo nuevos grados de perfeccion á su alma , pues aunque esté necesitado durante su infancia á recibir casi todas sus ideas de los objetos que lo rodean , puede sin embargo en una edad mas avanzada estender sus relaciones y sus conoci mientos. Entonces puede á su voluntad reformar todas las opiniones ridículas que habia. adoptado en su infancia , cuando se veia cercado de una infinidad de preocupaciones. ? Piensas , Aglae , que es un sueno platónico esta refor ma? — Ah ! ? Ignoras acaso las fuerzas del espíritu hu mano ? Ignoras que no hay prestigios que no pueda disi par su razon , y que borra su poder aun las preocupaciones. mas fuertes y mas legitimas ? El hombre puede aun renun ciará la misma razon, abandonar la virtud y familiarizarse' con el vicio. Sí , Aglae , luego que hemos llegado á la edad madura , en que nuestro espíritu perfeccionado mira los objetos como son en sí mismos , entonces somos duenos de arreglar á nuestro gusto nuestras pasiones y nuestros sentimientos. Así que , siendo quimérica la her mosura de las mugeres , debernos renunciar á todas nues tras preocupaciones relativas á ella , igualmente que al sentimiento ridículo que nos inspiran. Preguntarálme , sin duda , por que vía podrá un hom bre elevarse á este grado de perfeccion. Voy á indicártela ; pero como es sencilla y fácil , te parecerá poco eficaz , á( pesar de que la esperiencia ha decidido siempre á su favor. Acostúmbrate luego que puedas, á no ver en las cosas sino. !o que realmente existe en ellas ; resiste sin intermision á la sedUCCi011 del ejemplo, arroja de tus ojos el velo de las preocupaciones vulgares , y sobre todo , procura ilustrar tu entendimiento. Si te conduces así, .no pueden menos de tener buen éxito tus cuidados. Y ? qué resultará de aquí, me dirás, qué efecto útil podria yo esperar de esta renuncia &mis ideas de belleza? Al contra rio, ?cuánto no perdería yo en ella? Funesta filosofía, que pretende quitar á las cosas el precio que les han dado las opiniones de los hombres ; que no deja recurso alguno al amor propio , antes bien le priva de una parte de su pá bulo , y hace de este modo desgraciados á los gire tienen el. capricho de abrazarla ! ! Ah ! yo pasaba los mas agradables. dias , persuadida á que era un ser mas escelente que otros,. solo porque me parecia ser mas hermosa. Mi vanidad per pétuainente alhagada en mi tocador , delante de un espejo,. en-las tertulias y aun á los ojos mismos de mis rivales, de voraba e! incienso dedos aduladores , y de eate humo, aun- • que vano en realidad , se forjaba una felicidad real y supe rior á toda expresion . ! Ob , qué poco propicia es esta fa tal antorcha de la razon , que para sacarme del error me arroja fuera de mis delicias ! Repara , si puedes, filósofo inquieto, repara las pérdidas que acabo de hacer, y mués trame en tu filosofía alguna cosa que pueda indemnizarme. ?Acaso esta reparacion interesará á mi. amor propio, como le interesaba la idea de mi belleza? Escúchame, Aglae: voy á disipar tus dolores, y á subs tituir á la ilusion de la belleza, otra cosa que no lisonjeará menos tuamor propio, pero, con fundamento. Juzgo que bas- )5 56 lará pesar las ventajas y desventajas de la belleza para convencerte , contrapesándolas con la grande utilidad que resulta del desprecio de ella ; porque si hallas una ventaja infinitamente mayor en despreciar la belleza , que en hacer caso de ella, espero que seguirás con gusto el plan de re forma que te he propuesto. ?Qué ventaja trae á tu sexo y al mio la opinion de la belleza ? Un vano deseo , que es el de agradar por medio de atractivos puramente esteriores , deseo que nos agita en todos los instantes de nuestra vida, deseo que nos atrae humillaciones vergonzosas , siempre que los hombres no gustan de concedernos las distinciones de la preferencia. ?Qué es lo que opondrás á estas inquietudes, á estostor mentos continuados? El placer de agradar á quien no te agrade, y rarísima vez á quien es de tu gusto. Pero , ? qué es el primero de estos placeres comparado á las penas que te cuesta ? Y ?cuántos disgustos no te prepara el segundo? Quizá, Aglae , ese Filemon á quien amas, porque te parece hermoso , y que actualmente te ama porque tú le pareces bella, tiene un espírau frívolo y un corazon inconstante. Goza, pues, hoy de tu victoria; acaso tu rival gozará de tu ignorancia el dia de manana , y entonces tú, con el rostro enardecido y el corazon lleno de despecho, prorumpirás en quejas inútiles, que no moverán á tu infiel amante. Pero dirás : Filemon reune á las cualidades del cuerpo las del corazon y laS del talento.— Muy bien ; de ahí con cluyo, que no necesita de su belleza para ser amable ; que aun prescindiendo de esta pretendida belleza , no dejarás de desear agradarle; y en fin, que si le agradas, no debes el placer que de allí te resulta á tu imaginaria hermosura , sino á sus cualidades reales, puesto que sin estas cualidades no te agradaría el bello Filemon. Vamos ahora mas lejos, y pasemos á los otros inconve nientes que resultan de la preocupacion de la belleza. ?Has oido hablar de los celos y de sus furores, del amor moral y de sus quimeras ? Pues todo esto nos viene de esta funesta preocupacion : estas pasiones son desconocidas entre los animales que solo miran lo físico de las casas. Pero noso tros, miserables fanáticos, enamorados de no sé qué fantas ma , ?cuántos sacrificios no le hacemos? Creemos que es una muger hermosa, y la persuasion en que estamos de que lo es, aumenta nuestros deseos , y se aumentan los placeres en razon de la violencia de los deseos: de aquí pro cede aquel furor por gozar, aquel temor de perder, aque lla inquietud al pensar que otro participa del mismo placer, aquella continua atencion á atormentarse. á sí mismo y á los otros, á afligidos con nuestras ideas , y en fin , el vene no ó el punal , y el horrible arrepentimiento peor que la muerte , que al cabo le sucede: de allí proviene tamhien aquellos artificios, !ah ! -- pero no me alrevo á continuar,. pues el mas ligero pincel temería aquí hacer estremecer al pudor. Ignórese, pues , hasta el nombre de semejantes horrores ! ? Qué mas podré decirte , Aglae ? Abre los ana les de todos los tiempos, y juzga por las desgracias lamen - table3 que ha causado la funesta preocupacion del amor moral , cuan perniciosa es la opinion de la belleza. Consi dera á Cleópatra , pon tu imaginalion en Teodora : la pri mera trastornó el mundo por espacio de mas ele treinta arios con su belleza, y la segunda continúa trastornándolo todavía. (4) Estos ejemplos son sensibles, ! cuántos otros no tienes á tu vista, que aunque menos horribles, porque son domésticos, no por eso dejan de ser otras tantas pruebas dedo que he dicho! ? Quiéresque oponga á estas horribles pinturas de las des gracias que ha producido en el mundo la opinion de la belleza de las mugeres , otras mas agradables ? Basta para esto suponer por un momento, que se ha destruido esta preocupacion , que ya no se hace aprecio de imaginarios atractivos , y que solo se estima el mérito real é intrínse co... ? Qué es lo que veo? ?Adónde me hallo ? ! Oh jardin de Edén ? Ofrecias tú por ventura , á los ojos del sencillo y sabio Adan , una felicidad mas pura ? Un nuevo universo sale del seno de la nada ; el amor vuelve á entrar dentro de los límites que le ha fijado la voluntad del Ser Supre mo; el amor moral desaparece de sobre la tierra, igualmente que los crueles zelos, la paz reina en las familias, y la tran quilidad en los Estados, pues son mas felices los individuos que los componen ; huye lejos la disolucion, madre de to dos los vicios, anímanse el trabajo y la industria , circulan las riquezas, florecen las artes, y vuelve á reinar Saturno sobre la tierra. No me detengo, Aglae , á probarte la conexion de todas estas verdades, porque veo en tí suficiente penetracion para conocerla. ?Qué mas podría yo decirte en este particular ? Te he hecho ver que la belleza es quimérica ; que es funesto al reposo del genéro humano el sentimiento de amor que ins piran las mugeres; y en fin, te he indicado un medio eficaz para librarte de un error tan pernicioso. Aquí acaba mi obra, y solo resta que comiences la tuya. ) Las leyes de Justiniano , que han tenido y tienen mas funestas eónse cuencias , le fueron dictadas por su muger Teodora. Literato ra. UN PASTOR CON DOS CONCIENCIAS. El venerable pastor de Soreze era un varon que poseia dos conciencias: una mala y otra buena. ; Dichoso rebano el suyo ! ! dichosos mucho mas todavía los que vivian cer ca del santo hombre ! feliz en verdad la parroquia de So reze ! ?no era ciertamente una suerte privilegiada el poseer un pastor con dos conciencias ? ! hay tantas personas que .no tienen ninguna ! El pastor de Soreze, conocido por el nombre de M. Du pin „tenia sus sesenta anos cumplidos ; pero el tiempo lo habia respetado, y no habla querido encorvar su talla ma gestuosa ni imprimir en su fisonomía el sello de la decre pitud. El rostro del ancianwera Deno, y su espaciosa frente blanca como el marfil. Su cabeza habría s4ido completa mente evangélica á no tener una nariz afilada y unoslabios delgados y comprimidos. La cabeza tenia asimismo dos semblantes, como el alma dos conciencias. Los movimien tos del anciano eran solemnes y afectuosos; y solo habla de desagradable en su persona cierto movimiento convul sivo en los dedos, que parecían obedecer á su imaginacion, y apoderarse con avidez de algun objeto precioso. Ah ! mucho tememos que aquel varon, doble en el cuerpo como en el alma, no estuviese poseido del demonio de la avaricia. Nuestro pastor , como todos los de su clase , vivia con comodidad , gozaba tina renta de seis mil libras, cantidad 1 -1" 37 mas que suficiente para atender á sus necesidades y á las de la parroquia en que residia Su servidumbre era redu cida , y en honor de la verdad, no tenia á una sobrina por ama de gobierno. Debe decirse , no obstante , que alguna que otra vez solia verse en su casa cierta linda jóven, cuyos hermosos ojos negros eran generalmente ponderados; pero las visitas de la tal nina eran de todo punto inocentes, como veremos en el curso de esta historia. El alma del buen pas tor estaba entregada á la religion y al dinero. Es cierto que en casa de•Mr. Dupin habia tina mugar; pero esta, en caso de ser de la familia , podia ser su abuela , 6 cuando menos alguna tia vieja , y seguramente el anciano , en esta parte estaba libre de toda murmuracion aun de la len gua mas atrevida. Además de su renta , tenia Mr. Dupin otro manantial de riqueza mas eventual ciertamente , pero á veces mas fe cundo. Habla á la inmediacion de su casa un manantial cuya fresca agua salia por entre las grietas de una pena. Tenia el agua cierto color rojo sanguinolento , y con este motivo , sin duda , se le atribula layvirtud de operar curas milagrcsas : estaba consagrada á utlysanto, y tenia su his toria particular. Al lado del manantial habia una capilla tenida en gran veneracion , y construida con cierto gusto rústico. La fuente de Soreze no curaba generalmente todas las enfermedades; pero era y específico infalible para al gunas de ellas. Nuestro pastor que habla leido mucho, no podia esplicarse á sí mismo satisfactoriamente la historia de cierto apóstol, que segun los habitantes del país, habia pasado por Soreze; pero jamás se atrevió á concebir la mas pequena duda reli giosa. Por otra parte, ? no obraba el manantial prodigios ? Si alguna vez las aguas eran ineficaces, el buen hombre hallaba los mas fundados pretestos para no dudar de su vir tud. Si vela un enfermo cuyo caso fuese grave y desespe rado, desconfiaba de la fé del paciente. Si se trataba de gota, no dudaba queel alma del gotoso estuviese contaminada por la heregía, yen semejantes casos prohibia el uso del agua y despedía á los enfermos encargándoles que hiciesen peni tencia. A los desgraciados que llegaban en litera losjuzgaba siempre en estado de pecado, y creía que las aguas aumenta rian sus dolores en vez de aliviarlos. De esta manera supo conservar la reputacion de las aguas de Soreze. Es de advertir que los que esperimentaban alivio en sus dolencias, dejaban al pastor un rico testimonio de su gratitud. Era nuestro varan hombre de fé, casuista profundo, y le eran familiares las mas minuciosas argucias de la teología. Despues de sérias y maduras reflexiones, habla llegado á mirar Como legítimos todos los medios útiles á la religion que en su sentir era la sola verdadera. Sacrificaba todos los intereses humanos cuando se trataba de la gloria del cielo, y en este sentido tenia la conciencia ancha como su bolsa. Tales eran el espíritu y la riqueza de Mr. Dupin. El in terior de su casa edificaba ; su ama de gobierno era tan as tuta como tiránica. Tenia además á su servicioun factotum provenzal , especie de bríbon muy adicto á su amo , y verdadero galopín mucho mas adicto á la linda Luisa, que al anciano. La muchacha charlaba con el provenzal, se burlaba de él , le provocaba sin cesar, desplegaba en fin todos los recursos de la coquetería para agradarle y atraerlo, sin pretender por esto el adoptarlo por ma rido , y para ello tenia sus razones fundadas; solo podía ofrecerle su graciosa persona, y un fondo considerable de buen humor por dote. El provenzal, por su parte, solo po seia cualidades negativas para aumentar la suma de la fe licidad conyugal, era amante del placer bajo cualquiera TOMO VI. forma que se presentase; mas , sobre todo le encantaba el que resulta de trasladar al estómago una botella llena de buen vino anejo. Estas eran sus delicias de una gran parte del dia , á fin de hallarse en estado de dormirse cuanto le fuera posible durante una gran parte de la noche. Respe taba en sumo grado los consejos y amonestaciones de su amo ; sin embargo , ponia tal cuidado de seguirlos tan de lejos que los perdía de vista ; por manera que nada mas comun en Jean, que oírlo roncar todo el dia , y levantarse á puestas de sol á cantar una cancion amorosa con la bote lla en una mano y el vaso en la otra. M. Dupin soportaba con una paciencia angelical las demasías de su criado. Siem pre que el ama le senalaba á Jean durmiendo, decía á la buena anciana que el muchacho habla descansado poco la noche anterior, y cuando la bulliciosa alegría del criado atormentaba al ama por las noches, contestaba el pastor que era preciso tolerar á aquel escalen te criado que habla estado durmiendo todo el dia. No obstante su piedad y su confianza en la Santa Iglesia, M. Dupin estaba lejos de ser tan dichoso como su criado. Hallábase alhagado por la fortuna, y á medida que aumen taban sus riquezas , sentia aumentarse en igual proporcion su apego y anclen á ellas. La riqueza para nuestro varan no era aquella idea abstracta representada por una cartera llena de papeles, ó por viejos pergaminos con sellos maci zos de cera : nada de eso, era algo de mas sólido y palpa ble ; en su concepto tenia sustancia y peso. Los brillantes luises de Francia tienen en si un valor intrínseco, total mente distinto del valor numerario que representan. Sen tíalo así á lo menos el pastor, y cada vez se enamoraba mas de su idea. Principió por aumentar su tesoro no sabiendo qué uso hacer de él , y concluyó por poseerlo como el ob jeto de sus amores. Desde aquel momento , conociendo el pecado que cometía, desapareció para él la paz y el sosiego. En vano intentaba substraerse el imperio que las riquezas ejercian sobre su alma : siempre era vencido en la lucha ; en su corazon no habia mas pasion que la del oro. El' celi bato y el amor á las riquezas, hablan amortiguado en él todos aquellos generosos sentimientos que animan el cota zon de los ancianos, y que son el Consuelo del último tercio de la vida. Entre tanto, los hermosos dias de la pri mavera hablan atraído á Soreze á los devotos peregrinos. El oro entraba en el cofre del anciano con la misma rapidez que corria el agua á que debía su fortuna. Apoderóse la duda del espíritu del buen pastor; conoció que dentro de sí luchaban dos conciencias; la una disculpaba su pasion , la otra la acusaba. Tuvo un momento en que creyó necesario dejar de recibir el tributo de los peregrinos, y aun le pa reció que en un varan cristiano seria acto meritorio; pero los intereses que le estaban confiados parecian oponerse á aquel proyecto edificante, y como esta consideracion alha gaba su pasion dominante , concluia por atenerse á ella. En tanto que el alma del anciano se vela despedazada por el conflicto de sus dos conciencias, el pequeno depósito de deseos y de egoísmo que hacia veces de corazon en el cuer po de Jean , no se hallaba menos atormentado. Amaba en estrenua áluisa , y tenia pocas esperanzas de conseguir su mano, á menos que él no llegase á poseer una parte del dinero que tenia en perpétua fermentacion la cabeza de su amo. De buena gana se habría apoderado de una parte de aquel tesoro, y aun de todo él ; mas la re. ligion le había inculcado sus buenos principios, y además el pastor le habla dicho que todo dinero que procedia de una finca sin dueno, era patrimonio de la Santkima Vírgen , y Jean no era hombre que hubiese consentido en robar á la 8 Virgen, si bien imaginaba que era lástima no se sirviese la Senora de aquel dinero. La vista del tesoro no fué por mu cho tiempo el objeto de la curiosidad del provensal, porque habiendo descubierto el pastor que tenia dos conciencias, comprendió todas las virtudes de un cofre seguro , y que los candados y las llaves bien guardadas tenian cualidades muy recomendables. Vemos pues que el infeliz M. Dupin estaba perdido; des. pues de una lucha terrible consigo mismo, habia reunido hasta nueve mil luises: su carácter se habia tornado irrita, ble , hallábase siempre inquieto y de mal humor; en vano se entregaba á las piadosas lecturas del breviario , el con suelo y la alegría que no podian darle sus oraciones, lo encontraba manejando , acariciando, pesando, contando y recontando por unidades, decenas y centenas sus queri dos luises, mas en medio de los mas dulces trasportes de ventura, no podia dejar de prorumpir en gritos de remordi miento y desesperacion , de imponerse severas penitencias, y condenarse á recitar un número exhorbitante de letanías, y gracias á esto disfrutaba algunas horas de sueno y reposo Su pena era ca da dia mas intensa, porque su tesoro -- iba en aumento : sin embargo, con servaba en su po der los dos, es de cir, su sentimiento y su tesoro. A no ser por una llaga de que adoleció el pastoren una pier na,nadiesabe hasta donde hubiera lle gado aquel com- ;- bate interior. Le fué necesariohacer cama : desde ella no podia vigilar su tesoro ni recoger las ofrendas de los c'k peregrinos, y esto le afligia mas que la holganza diurna de los desórdenes nocturnos de su criado. El ama por su parte , siempre en estado de irritacion maldecia á todo el mundo y se bendecia á sí misma. Su oracion favorita hubiera podido traducirse por estas pala-. bras: « Dios mio , tened piedad de mi , y apedread á los demás ! » Era ciertamente un gracioso trio el que formaban M. Dupin , su ama y el criado ; pero á todo esto la salud del enfermo en vez de mejorar se empeoraba. Se pensó, pues , en tomar un partido decisivo, y se resolvió enviar á buscar el facultativo de la aldea vecina, ó bien hacer ve nir á la linda Luisa. El pastor prefirió esta última medida, y en su consecuencia se presentó la jóven , con gran satisfac cion de todos.« Me alegro de verte, le dijo Jean, « porque has de saber que ni como ni duermo ;» y esto diciendo le dió los buenos dias , bebió un jarro de vino y se retiró á dormir. « Bien venida » la dijo la anciana Jacinta , vuestro que rido Jean está siempre borracho 6 durmiendo, de suerte que yo no puedo descansar ni tomar un bocado. Cuidad á nuestro amo , pero sobre todo no la hableis. silencio ! Re tiróse la anciana á su habitacion , y se la oyó murmurar en voz baja hasta el momento de quedarse dormida. 58 E —Luisa, mucho me alegro de verte , dijo M. Dupin , sonriendo por primera vez al cabo de ocho dias. Acércate á mi cama, cúidame., tú me darás las tisanas que el cala vera de Jean debia administrarme noche y dia. El mente cato canta horriblemente mal, mas yolo perdono con tal que no me robe mis ofrendas; es cierto que es alge gloton , y que jura como un infiel, mas con todo, es buen muchacho. Gracias, hija mia, á lo menos tú sabes colocar una almohada con cuidado: cuan graciosa eres ! Mira, torna esta conde nada guitarra, ( la Vírgen nos asista t) como ronca el mos trenco del criado !... ?Qué pueden decir despues de una hora? no, no despertemos á los que roncan porque comun mente se despiertan de mal humor, jurando, ofenden á Dios: no , esto debemos evitarlo. Así pues deja dormir á Jean, y charlar á Jacinta á su sabor: diviértase cada cual con lo que pueda. Pero, ! cuánto padezco 1 Cómo me duele la cabeza! canta, Luisa , para que yo pueda reconciliar el sueno ; así no oiré el ruido que hacen Jean y Jacinta. ! Oh, bravo! me encuentro mejor, ! le darla algun dinero pobre muchacha.... ! Graciosa cadencia! !Dinero !... Jean quiere casarse con ella.... mal negocio para _ _ , zar ma negra, y que deseaba la muerte de de parecer que se llamase á los facultativos, en tanto que furtivamente dirigia sus miradas á cierto gabinete en don de existía cierto cofre Jacinta habló solo de ciertas decocciones detestables he chas con sustancias amargas, y á las que calificaba con el nombre de esencias simples; pero el cura se irritaba al oir aquellas palabras: las daba al diablo y hubiera querido ver las dichosas sustancias simples en la garganta de un he rege. Luisa prescribió el reposo, y un cuidado estremo, la gui tarra y un paseo á la fuente Santa, de gran virtud para las piernas. A estas palabras, se vió brillar la risa en los lábios de M. Dupin, y el mismo Lavater se hubiera visto apurado para decidir si aquella risa indicaba duda, esperanza , te mor 6 desden. El médico que se vé obligado á tragar la droga que presenta á su enfermo, ó un boticario el nau seabundo elixir que él mismo ha preparado, tal vez pudie ra dar una idea exacta de la contraccion de la boca del buen pastor á la idea de introducir su pierna inflamada en un bano de agua fria. Pero recobrando su acostumbrado buen humor, M. Dupin declaró que por el pronto se contentaba la chica..., el ca nalla se emborra cha, ronca , y tiene malas costumbres. Al concluir este monólogo, el buen pastor dormia con acompanamiento tan estrepitoso co moel de su criado. Por la manana se encontró mejor el enfermo ; reunió á su familia y con sultó su opinion para la adopcion del plan que habia de acelerar su cu racion . Jean persis tió en demostrar que tenia una al su amo. pues fué )1 59 con el reposo, con su buena constitucion , y con la asisten cia de Luisa. No le disgustaba el recordar á su familia que desde que habia enfermado le parecia que las aguas hablan perdido algun tanto de su virtud , puesto que habia dismi nuido el número de peregrinos , á lo menos á juzgar por las ofrendas; anadió que Jean aseguraba (aqui se mordió los lábios el honrado sirviente ) ser menos abundante el •.nanantial, y mas débil el color del agua. El anciano pen sabaentonces en su dinero mas que en su enfermedad, y no sabia precisamente á qué causa atribuir la degeneracion del manantial. M. Dupin creia de buena fé en los milagros ; mas nunca pensó en que pudiese volver á comunicar su vir tud á la fuente el santo que lo hiciera en un principio, y por medio de una multitud de aflictivas consideraciones llegaba á la triste conclusion de que las malas costumbres de la Francia , la tibieza en la fé y las conquistas de la he regía bastaban para hacer que las aguas de la fuente fuesen menos encendidas y milagrosas. Por 'último , llegó á con vencerse de que su propio pecado era la causa de aquel doloroso resultado. Este pensamiento le afligía mas que los tormentos de su enfermedad, y el estado de su salud se agravaba por momentos. Si la fuente pierde su virtud , si llega á dudarse de su eficacia, disminuirá la fé de losfran ceses; el nombre del santo patrono se oirá con menos fre cuencia pronunciado porel pueblo, y se tendrá menos con fianza en la curacion ; aun sucederá mas, los cirujanos los boticarios y los enfermeros , atormentarán, mutilarán , ta ladrarán las piernas y los brazos de un gran número de infelices, y todo esto es preciso evitarlo. El pastor no ana día , y yo perderé todas mis ganancias y tendré que con tentarme con mi pobre renta. Aquel varon no amaneció mejor al (Fa siguiente. El tiempo era hermoso y la naturaleza sonreia por do quiera. El po bre enfermo era el único que estaba triste ; desde su lecho de dolor contaba con sentimiento los pocos peregrinos que llegaban á la fuente. Jamás un amante aguardó con mayor ansiedad á su querida, nunca el mago persa saludará con ma yores trasportes la salida del Sol, queM. Dupin á cada pere grino que vela llegar con sus conchas y su bordon. Hubo un momento en que pareció profundamente ocupado de un ob jeto. Con efecto , miraba á una vieja, una pobre que pasa ba por bajo de su ventana ; iba sobre un burro, y llevaba las piernas dentro de unos canastos que pendian á entram bos lados del animal. Pintábase una • viva ansiedad en el semblante del anciano. ?Esa muger irá ó no á la fuente? Por último rompió su doloroso silencio-gritando : — Oh mi manantial ! mi manantial ! La vieja habia continuado su camino. A aquella escla macion acudieron todos los de la casa. Jacinta se presentó con un cuarto de gallina en una mano y una botella de esencia en la otra. Jean escondía detrás de la espalda una botella medio vacía, y al mismo tiempo se limpiaba los la bios. Por lo que hace á Luisa, se ocupaba en arreglar las almohadas de la cama del enfermo, y preguntaba á este la causa de sus gritos. El pastor entonces con toda la gravedad y uncion que pudiera haber usado en un acto solemne, dijo á los que le rodeaban : — Querido hermano, y querida hermana.... Detúvose aquí para reconvenir á Jean que á la sazon se hallaba ocupado en humedecer su garganta, para rogar á Jacinta dejase de roer un hueso que tenia en la mano, y para suplicar á Luisa le diese una friccion en la pierna enferma ; hecho esto continuó nuestro varon : —Mis presentimientos me anuncian que me hallo á las , puertas del sepulcro, y que voy á pasar de esta vida de miseria y corrupcion á otra mejor y mas dichosa, en donde los ma nantiales sagrados no pierden sueficacia sin razon , en la que no hay enfermedades que curar , y en donde los pere grinos no dan una ganancia criminal á un varan réprobo, para que los sane de sus dolencias. Al llegar aquí, el anciano suspiró dolorosamente, y se golpeó tres veces el pecho. Aquel espectáculo era capaz ciertamente de ablandar el corazon mas empedernido , en tal grado, queJean, escitados todos sus sentimientos morales, no pudo contenerse , y bebió un trago del vaso que tenia en la mano. —He recogido , prosiguió M. Dupin , algun dinero en el servicio de Nuestra Senora del Manantial , y pienso hacer. un buen uso de él. No quiero conservarlo para saciar mis ojos con un placer insensato , y lo destino para hacer la fe licidad de alguna persona honrada. He observado que Jean, que tiene muchos defectos, y que Luisa, que no tiene otro que el de estar enamorada de Jean, quien lo está igual mente del vino de mi bodega , se quieren mútuamente, y no dudo que se proponen vivir virtuosamente si no encuentran en el camino alguna poderosa tentacion. Asi pues , estoy resuelto á casarlos : pero á fin de que no pue dan robar ni mas ni menos que lo que es permitido á todo buen francés , les daré tres mil luises nuevos de buen peso, limpios y brillantes como otros tantos querubines. No, no quiero retener en mi poder esas malditas monedas , ni ma nejarlas, ni hacerlas sonar, porque son causa de mi mayor desgracia. Serán para vosotros, hijos mios ; con ellas po dreis comprar una casa de campo, un meson ó cualquiera otra propiedad, pues ciertamente es una suma considerable la que os entrego, tal vez la mitad.... • A estas palabras se mostró Jean tan compungido y con trito, y Luisa frotaba con tal suavidad la pierna del ancia no, mirándole al mismo tiempo con una coquetería tan in teresante, que el pastor rechazó aquel último pensamiento. —Esto es hecho ! esclamó, tendreis pues los tres mil luises, y mi bendicion , pero con una condicion indispensa ble. Escucha Jean , irás inmediamente á casa del maestro Job, carpintero del lugar, y le dirás que ponga una fuerte empalizada con su puerta en derredor del manantial, pues no quiero dejar las aguas á discrecion de los vagamundos que las enturbian y les hacen perder su virtud. Asimismo, hijo mio , comprarás tres ó cuatro paquetes de ocre rojizo, que sea barato. — ; Ocre rojizo! esclamaron Jean y Luisa, ? qué decís? Ciertamente no pensaréis dar á la empalizada tan feocolor. Seria mejor un color oscuro, dijo Jacinta. — Yo preferiria un celeste claro, dijo sentimentalmente Jean , dirijiendo una mirada á Luisa. —Un bonito verde me parece mejor, anadió aquella. — Pintad la empalizada como querais, prorumpió Dupin , pero sobre todo, Jean, no dejes de comprar el ocre que te be encargado, porque el mundo es tan perverso que se necesita pintar otra cosa mas que las empalizadas. En seguida llevarás esta carta al Vicario para que su reverencia tanga la bondad de indicarme de qué manera debo desha cerme de la fortuna que he adquirido en el servicio de la Iglesia. Ahora , dijo en voz baja, y como si hablase consigo mis mo , me hallo desembarazado de una de mis conciencias. La que me resta será para mí una almohada de plumas y un bálsamo para mis penas. Jean y Luisa se hallaban trasportados de alegría y goza ban con su imaginacion de la dicha que les aguardaba. En DI 60 aquel momenta el ama se colocó en frente de M. Dupin , hi zole una respetuosa reverencia, procuró afectar cierta ama bilidad , y pidió una audiencia al poderoso. Este, entrega do aun á la voluntad de su ama como lo habia estado toda su vida , dejó caer los brazos sobre la cama como en senal de una tierna resignacion , y la permitió que hablára. Em pezó Jacinta por recordarle el tiempo que le habia servido, las veces que le habia defendido , y las que le habia asisti do en sus dolencias.En seguida, hizo una disertacion sobre las enfermedades en general y sobre !as de las piernas en particular, y por medio de una diestra transicion , pasó de allí al estado de su propia salud , que la fuerza del arte había sabido conservar , manifestando que no era tan vieja ni estaba tan débil.como aparentaba , y que por su parte 'no creia que pudiese hacérsele la menor objecian al pro yecto que tenia de entrar en el santo estado del matrimo nio en el momento en que los luises estaban tan abun dantes. —Hermana mia , le dijo el anciano, nadie mas agrade cido que yo á los cuidados y desvelos de una antigua y fiel sirviente: vuestros servicios y los tormentos que me habeis hecho sufrir os han dado un distinguido lugar en mi cora zon. Si queréis abandonar á 'vuestro amo en el estado. en sitiase encuentra, idos, y Dios os bendiga. Ciertamente,. en lugar de poner el menorobstáculo á vuestro casamiento, os darla de buena gana el doble de la suma que ,destino para Luisa, porque á la edad en que os hallais teneis necesidad dedinero para encontrar un marido. No quedó Jacinta muy satisfecha, hizo á su amo una profunda cortesía, y no sabiendo corno manifestarle su agradecimiento, fué á arrodillarse al lado de Luisita y asió de las manos al pastor. Pero disgustada Luisa del giro que bahia tomado la conversaclon , dió un empellon á la ancia na, que quedó tendida á lo largo á los piés del senor Duplas, desollándose la piel que cubria sus descarnados hue sos. En tanto que el anciano y Luisa rajan á vista de aque lla. escena, se presentó,en ella un actor inesperado. Ade lantóse Jean, y arrojando una mirada desdenosa á la jóven, ayudó á levantar á la anciana, conservó una de sus arru gadas manos entre las suyas, y dirigiéndose á su amo: —Senor, le dijo, mucho he ganado en seguir vuestros consejos, cuando entré á serviros no era yo mas que un rústico aldeano, un muchacho ignorante y vicioso, sin sa ber mas que beber y habituado á. toda clase de escasos. Seguramente no valia gran cosa : mas examiné mi vida an terior, y avergonzado de mí mismo resolví desde entonces imitar á mi virtuoso amo: al efecto me he mortificado y conseguido domar las tentaciones de la carne. —Callad , .prorutnpió Luisa, os burlais de nuestro buen amo ? Vos metido á predicador cuando desatinais mas que ningun otro hombre del pais? -- Callad, jóven licenciosa, replicó Jean con cierto aire de severidad, y dejadme protestar en presencia. de su reve rencia de mi regeneracion cristiana : se trata de la salud de un alma, ?puedo continuar, senor? —Sí , continua, le contestó, el anciano. — No quiero caer en tentacion y arriesgar mi nueva tú nica de inocencia : ? qué puedo esperar casándome con Luisa? Verme arrastrado por ella á toda clase de desórde nes y entregado á la disipacion. No, yo deseo al contrario mortificar mis pasiones y poner un freno á mis deseos: si me lo permitís, senor varon , yo prefiero casarme con la honradísima y virtuosísima Jacinta , acompanada de seis mil luisesa en vez de hacerlo con Luisa dotada de frivo lidad, Al principio de aquella arenga, el semblante del ama ha-- bia descubierto todas las gracias de que era susceptible su, fealdad natural ; mas hubo de ahogarla la cólera antes que Jean hubiese concluido , y ciertamente es admirable que el auditorio bebiese dejado al criado concluir su discurso. El pastor, viéndose chasqueado, agarró un tintero de barro, y dando muestras de una admirable puntería (lió con él en la cabeza del provenzal. Aquella fué la senal de la batalla : Jacinta asió al traidor de los cabellos, y Luisa le aranóla cara. Corria la tinta mezclada con la sangre del menguado orador, quien por su parte rabiaba de dolor, en tanto que sus antagonistas lo hacian de cólera y de despecho. M. Du pin lanzó varias maldiciones y anatemas. —.1 Pícaro ambicioso! esclamaba Luisa. — Casarte conmigo para mortificarte! gritaba Jacinta ; y Jean volvió á sufrir una nueva pérdida de sangre y de ca bellos. Recobrado de su primera sorpresa , reunió sus fuerzas.,„ estendió con violencia los brazos , dejó caer á las dos mu geres en el.suelo y salió de la casa dirigiéndose á la taberna. Aquella cóntienda tuvo serios resultados. La carta del pastor al vicario se perdió , y aquel no se sintió con fuer zas para escribir otra. La emocion que sintió M. Dupin ocasionó una crísis en su enfermedad , y bien pronto se vió, restablecido. Pocos dias despues volvió Jean á la gracia de :u amo, y este lo admitió de nuevo á su servicio. Luisa se volvió á su casa llevando consigoalgunos regalos. El tesoro y la bodega fueron mas vigilados que nunca , y lo último disgustaba sobremanera al provenzal. Ilabíase cercado la fuente, y el agua era ya de color muy subido. Juan 'labia comprado al ocre que se le encargára , y se im pacientaba y admiraba de no ver pintar la empalizada, operacion de que á la verdad se cuidaba poco i. Dupin. Los peregrinos y los luises aumentaban proporcionalmen te, y no era poca fortuna para el pastor el que no hubiese ladrones en el pais que habitaba. Mas bien pronto principió á inquietarse de nuevo su copciencia religiosa, perdió el reposo, y se tuvo por mas desgraciado que nunca. El ocre sin duda enrojecia su conciencia. Halla base el anciano una noche entregado á los horrores de su combate interior: Jean se habia levantado con el laudable designio de ver si se hallaban seguras las botellas de au amo. En suescursion nocturna descubrió al hombre arrodillado delante de su reclinatorio , abierto sobre aquel el breviario , un crucifijo sobre este último y dos cajas llenas de monedas de oro y plata á derecha é izquierda del anciano. Aquel espectáculo y particularmente la vista. del tesoro escitó la mas viva conmocion en el pecho del criado. En una actitud sumisa y contemplativa y como si dirigiese sus plegarias al cielo, del que seguramente no se acordaba en aquel momento, sumergía con una especie de beatitud, entrambas manos en los raudales de oro que ante sí tenia. Cogía las monedas á punados, y las. dejaba caer lentamente en las-cajas por entre sus descarnados dedos. Aquella diversion parecia producir en su cuerpo el tem blor que dá el placer..De repente juntó sus; manos y vertió algunas lágrimas acompanadas de suspiros. Un momento despues manifestaron sus palabras la intensidad de su do lor. Hablando en los términos mas tiernos de su tesoro lo maldecia amargamente. —!Oh causa deliciosa de mi perdicion ! decia el anciano, mas hermosa que las hijas de Sion en los brillantes dias de su belleza! maldita seas una y mil veces tú que fasci nas mi alma! ?Qué madre fanática consagró jamás á su moribundo hijo los desvelos y cuidados que yo prodigo á 5§ 61 K. dinero? !Oh tú, tEsoro á quien amo! tú no me aban donarás , desde el sepulcro hasta el juicio postrero, y en el valle de Josafat continuarás tu acusacion contra tu amante inseparable. Sin tí, dulce y querido presente del infierno, me hallarla tan reconciliado con el cielo como lo estoy con el mundo. ; Ah ! ?cuál será la mano piadosa que se acer que á retirar de tris labios este veneno seductor? ?No hay un amigo que me libre de esta propiedad causa de mi dicha y martirio? ? Nadie me aprecia lo bastante para ejer cer aquella violencia amistosa , y salvar mi alma , aniqui lando las afecciones de mi corazon? ?En dónde está el án gel de mi guarda? A medida que hablaba 'el anciano, su voz era mas pene trante , y las últimas palabras fueron pronunciadas con una energía solemne. Su pálido semblante, iluminado por la claridad de la lun.a , babia recobrado las animadas tintas de la juventud. Jean lo babia oido todo , y noobstante el vivo deseo que le animaba de ser el genio benéfico que su amo invocaba , velase contenido por cierto temor mezclado de respeto , y perma necia petrificado: — De este modo, esclamó M. Dupin despues de una pausa prolongada , me veo condenado á las penas eternas del in fierno? Ah! ? no hay nadie que se compadezca de mí? — Aquí hay uno , dijo Jean con voz terrible y sepulcral. ; Ladrones! al asesino! al sacrílego! gritaba el ancia no; !Jean , Jacinta , socorro ! Tomando en seguida sus dos cajas, las encerró apresu radamente en un fuerte armario, echó la llave, y la ocultó debajo de la peana del crucifijo colocado sobre el reclina torio. Habia observado Jean todos los movimientos de su amo, y cuando este último volvió á gritar de nuevo , aquel se hallaba en su cama fingiendo que dormia , por medio de un ronquido espantoso. Pasóse el alarma, y nuestro va ron supuso que el ruido que creía haber oido, habia sido solo un alucinamiento de su imaginacion enferma. Aquella idea hizo tomar á. Jean una grave resolucion. Habíanse disipado en él los escrúpulos religiosos que hasta entonces le impidieran apoderarse del tesoro de su amo. Tomó para ello las medidas oportunas, y á la noche siguiente se fugó llevando consigo todas aquellas riquezas, objeto de tan pe caminosas tentaciones. Jean, por otra parte, era demasiado buen servidor para desempeilar mal el compromiso que ha bia contraido , y además deseaba evitar en Jacinta los de seos de participacion. Las circunstancias, como veremos, no le permitieron cumplir sus generosas intenciones. El tesoro fué puesto en un barril de vino, y al amanecer Jean y la mala conciencia de su amo, se hallaban ya á al gunas millas de Soreze en direccion al camino de París. El anciano hombre sobrellevó su desgracia con valor y re signacion. No le costó gran trabajo el adivinar quien había sido su amigo en aquella ocasion , pero se abstuvo de acu sarlo. No debemos ocultar, sin embargo, que M. Dupin sintió vivamente en un principio la pérdida de su tesoro; pero su filosofía indulgente cicatrizó la llaga de su corazon., y además le consolaban las nuevas riquezas que .habia em pezado á adquirir. ! Pero Jean! el desgraciado Jean, el benévolo protector de las conciencias de los hombres, solo tuvo.que llorar des gracias. La primera noche de su viage se estravió ea un bosque, en donde él y dos malas que llevaba hubieron de perecer de hambre. A la manana siguiente Lié robado y apaleado : por fortuna los ladrones destaparon uno de los !barrilesde vino que hacian compaNa al que contenia el te soto y se emborracharon. Jean aprovechó la ocasion, y re.— cobró su dinero. Despues de mil precauciones para no dar con los ladrones, de que estaba infestada la provincia, llegó á un pueblo en donde se le tuvo por uno de los bandidos que en la noche anterior lo hablan maltratado, y como los medios que poseia para su justificacion no eran los mas apropésito , fué puesto en la cárcel. Antes de su prision habia logrado Jean ocultar su tesoro en una cuadra aban donada. La justicia no encontró pruebas á su delito, y nuestro provensal fué puesto en libertad. Tuvo que pedir limosna por el camino hasta llegar al sitio en donde habia ocultado su tesoro; pero antes de verse en él, cayó en - ferino. Al cabo de seis meses , y despues de haber sufrido la mayor miseria , pudo al fin reeobrar su dinero , del cual no se atrevia á hacer uso. Parece que Jean tenia dos concien cias como su digno amo, y si hemos de decir verdad era ade más supersticioso. Determinóse pues á devolver supersona y el dineroá M. Dupin, y tomada aquella resolucion, recobró su acostumbrada alegría y buen humor. Llegó pues á Soreze en una hermosa noche de otono, temió no obstantéla recti tud de sus intenciones, y el entrar furtivamente en casa de su amo, mas resolvióse al fin, y á media noche consi guió tenderse en su cama sin ser sentido de nadie. Todo lo halló en el mismo estado que al tiempo de su partida , á es cepcion de algunos muebles, que sin duda para celebrar su llegada se ofrecieron á sus ojos con una espesa librea de polvo. Tomóel dinero, que hacia tiempo era para él una car ga pesada, y se trasladó al oratorio del ancia.no. Reinaba en él un silencio sepulcral ; la cavidad que formaba la peana del crucifijo , contenia como en el momento en que Jean se apoderó de ella , la llave del armario , abrió éste , y colocó allí el tesoro de M. Dupin en la misma forma que lo habia encontrado ; puso la llave en su sitio, volvió á su cuarto y se acostó. Ant:s de amanecer, el pastor fué á rezar á su oratorio ; combatian su espíritu una multitud de pensamientos aflic tivos: reproducíanse aun las antiguas tentaciones. No ha bía reunido aun bastantes luises, y de ello daba gracias al cielo con un corazon contrito y compungido, Dirigióse , como impelido de una fuerza irresistible al armario, y al abrirlo ! oh dolor ! ; oh. ventura ! Sus ojos vieron al peli groso enemigo de que habia estado privado por tanto tiem • po. ! Ah 1 ! el hijo pródigo no fué recibido en su casa con mayor alegría 1 El santo varon tomó las cajas, sacó de ellas los luises , y se deleitó en manejarlos, contarlos y pesarlos. ! Sonido delicioso ! música seductora! Su primera idea fuó gozar de la vista del oro ; despues la reflexion le hizo sentir cierta sorpresa mezclada de temor. ?No» habian cesado los milagros? Disipáronse no obstante sus dudas al oir unos ronquidos que no podían ser de otro que de Jean. Dirigióse inmediataJ mente al cuarto de aquel, y vió que dormia con toda la tranquilidad de un hombre honrado. No titubeó en desper tarlo. Despues que el criado se hubo frotado los ojos muy á su sabor, mudo á un tiempo mismo por un sentimiento de prudencia, de temor y de carino , dijo á su amo : — Perdóneme vuestra reverencia de haberle librado de un mal amigo ; porque todo el, tiempo que ha estado en mi companía no me ha ocasionado mas que desgracias. — Ha sido la causa de mi perdicion eterna, replicó el pas tor. El verme libre de él es para mi una dicha, y tú, Jean , puedes ayudarme eficazmente en este negocio. Poco tiempo despues de la vwelta de Jean á Soreze, des apareció la empalizada de la fuente. Jean y Luisa se casaron y se establecieron en una posesion inmediata. Construyé- ronse algunas casas cerca de la fuente milagrosa, y cesaron del todo las ofrendas. Jacinta fué elevada al rango de intendenta de caridad , y reinó la dicha en el pais. El pastor poseedor de una sola conciencia, fué el mas dichoso de todos. Sentimos anadir no obstante, que el agua perdió del 62 m todo el color rojo, y que se desacreditó la fuente , porque las ventajas que proporcionaba el agua podian adquirirse por una friolera en cualquiera parte. M. Dupin vió con do lor aquel resultado, y en uno de sus sermones encargó la necesidad de la fe que por sí sola hace milagros. Filología. EXÁMEN CRITICO DE LOS SISTEMAS DE ESCRITURA. por mfelipe 21. Aladas. Nada mas general que la vulgarísima opinion de que las dificultades de la lectura y escritura ideográfica son casi su periores á las fuerzas humanas , por el asombroso número de carácteres de su mal llamado alfabeto. Probar, ó por lo menos procurar probar, que tal opi nion es infundadísima ; que el supuesto alfabeto ideográfico de los chinos no es ni puede ser tal alfabeto„ sino el diccio nario de su lengua (que ni en China ni en Europa , ni en ningun pais conocido ni por conocer es necesario saber de punta á 'punta para leer y escribir con perfeccion ,) y que por consiguiente las tales supuestas dificultades , no solo no pueden existir, sino que, muy por el contrario, la lectura á lo menos, debe. ser y será extremadamente menos difícil que entre nosotros, y sobre todo mas inseparablemente ligada á la inteligencia del lector, es el único fin que nos proponemos en este artículo. Si ya que no nos sea posible • llevar la conviccion á todas las inteligencias, les proporcio namos al menos con sulectura un rato de instructivo solaz, nos daremos por satisfechos del resultado de nuestra tarea. No hay sino dos sistemas conocidos de escritura; el fono gráfico, dividido en dos ramas, esta es, silábica.y alfabética; y el ideográfico , dividido en otras dos, que son la ideográ fica propia, y la simbólica ó geroglífica. El fonográfico de la rama silábica, se usa únicamente en el Japon : el fonográfico de la rama alfabética, se usa en todas las naciones de orígen caucasiano. El ideográfico propio, solo se conoce en la China. El ideográfico de la rama geroglifica , se usó en el antiguo Egipto, y en América en tre los mejicanos y peruanos. El ideográfico-propio, se compone de signos represen tativos, de ideas elementales, que combinándose, se modi fican hasta un estremo maravilloso, haciéndose capaces de todas las formas del pensamiento. El ideográfico de la ra ma geroglífica, se compone casi en totalidad , de signos re presentativos de multitud de alegorías que se modifican igualmente por la co.nbinacion ; pero que no representan el pensamiento con fidelidad ni con facilidad. El fonográ fico de la rama silábica, se compone de signos representa tivos, de articulaciones orales perfectas, que combinándose convenientemente, representan la palabra oral : y el fono gráfico de la rama alfabética , se compone por último, de signos representativos, de sonidos orgánicos llamados letras vocales , y de articulaciones llamadas Jetras consonantes , on los que se forma la articulacion oral. El número de signos del sistema ideográfico propio , se hace subir en China á la asombrosa cifra de 60.000, de los cuales basta el conocimiento de una trigésima parte para satisfacer bien y cumplidamente las necesidades ordinarias de la escritura, no siendo los demás sino de pura erudicion, como nuestras palabras cultas y otras de raro uso , que no conoce ni usa el pueblo. En el sistema geroglífico, el nú mero de signos es ilimitado , y no está sujeto á reglas tan invariables. En el fonográfico silábico , el número de signos es igual al de articulaciones ó sílabas de la lengua , las cua les pueden calcularse en un millar próximamente , de mo do que su alfabeto consta de mil signos. En el fonográfico alfabético , no pasa de treinta. Pero en lo que se distingue mas principalmente entre sí los dos enunciados sistemas de escritura, ideográfico y fo nográfico, es en que corno el primero representa ideas to tales susceptibles de diferentes formas de espresion , y el segundo solo articulaciones y sonidos de invariable forma , se sigue naturalmente de ello , que la interpretacion ó lec tura de un escrito fonográfico , se verifica siempre con unas mismas palabras , y una misma construccion gramatical ; mientras que la de un escrito ideográfico, no exigiendo palabras constantes, ni construccion gramatical constante, sino en corto número de casos, lo interpre ta el lector con las construcciones y palabras que primero se presentan á su juicio, atento únicamente al fondo de las ideas que lee, no á la forma en que ha de leerlos, ni á las palabras con que ha de expresarlas. Síguese, pues, de lo expuesto que, necesariamente , diferentes lectores de un mismo escrito ideográfico, varia rán mas 6 menos en las palabras y en la construccion gra matical que empleen ; pero estarán :conformes en el fondo las ideas leidas, mientras que por el contrario, diferentes lectores de un escrito fonográfico, no variarán una palabra, ni un giro, ni una entonacion; pero podrán diferir, sin em bargo , en la inteligencia del fondo del asunto , como suce de con frecuencia. Es decir, que la escritura ideográfica representa principalmente el fondo, 6 esencia, no la forma oral ; mientras que la fonográfica , no !tanto representa el fondo como la forma, por cuanto parece que esta envuelve . á aquel, lo cual no es absolutamente cierto. La consecuencia inevitable y legítima de todo lo enun ciado, es que la escritura ideovráfica no puede ser leida sin ser entendida á la propia vez, por cuanto no dándose al lec tor el signo oral de la idea, tiene él que hallarlo por nece sidad , y esto no puede hacerse sin haber entendido la representada ; empero la escritura fonográfica, no estando sujeta á esta dificultad , puede ser leida sin ser entendida, como sucede á nuestros ninos y gente ignorante que leen, pero no entienden ; por cuanto lo que se les ensena, al ense narles á leer, no esá interpretar signos de ideas, sinode meros sonidos y meras articulaciones, no poco semejantes á las de la música vocal, puesto que solo se refieren á las actitudes de los órganos orales para la formacion y emision de la palabra, DI 63 ccoomsaphoanreton edlifpeernesnatemdieentloasesicdreiatos. propiamente dichas que speunrcaililleuzsidoenl sistema fonográfico, respecto al ideográfico, es , pura apariencia , pura mentira , scyeiogoOnutnrteronaeleedsliid,feleqerouengnegrcáumifaaijcieeeomnptairsnaaesnásteelagmueensncterelitfunoroantoaybglrseáefceiconontr,seitgonudnaa seainslteteelmlraaa,- egnraAadmdoebdmoesáschodaneyoecnsiemtcoei,espnidataorads ldeeeenraecgloulneanrpdgeaurrfaejacelc.tioienmepsop,toryedcaailsvoemzparqyeuoser mente , , puede cambfar el lenguaje completa- cindir absolutamente de las letras y de las sílabas que cons sin cambiar la escritura ni siquiera un solo tilde , tituyen la palabra escrita y aun sin advertirlo ; siguiéndose de aquí , considerándola como compuesta , que no solo de un solo signo gráfico ; y no hay lector perfecto , puede servir á diferentes lenguas sino tu:tibien á individuos que la vista y la intqligencía se acostumbran á esta raphiadsetza de diferentes lenguas , como una escritura universal. (1) de percepcion , lo cual es sin disputa El orgullo europeo no confesará nunca de buen grado la ideografía , venir á parar á la , reduciéndose toda la diferencia á simple cues eminentísima superioridad de la escritura fdeográfica de tion de an terioridad 6 posterioridad. Es decir, que la ideogra tlroossc;hipneoros, csoonbtrrea llaa fionncoognrtáefsitcaab-laelfeavbiédteicnaciuasaddealopsorhencohsoos,- cfíiaénpdroinsecipidiaeopgorráfidcoandpearlaa fsoernoegsrpaefdíaitac,onycpluayrae,dqeujaer edse hsaer no cabe cnestion. Nuestro sistema de escritura no ofrece penosa. ninguna garantía de que el lector haya de entender per- Sin considerar que lo que llamamos tan equivocadamente fectamente el asunto leido , pues que solo conduce á que alfabeto chino no es tal alfabeto , sino el diccionario de su articule los signos fonéticos , sean de su lengua propia , lengua , nos admiramos del considerable número de signos sean de otra cualquiera ignore : mientras que la ,emscurieturtraa 6 idveivoag,ráqfuieea conozca 6 que de que se compone, y nos preguntamos, ?es posible apren , trario por el con- derlos todos ? Pero debiéramos tener presente que los dic que en, leasstáablfaasbaédtaicpasresceiseacmhaendtee msoebnroese,sta misma garantía cionarios de nuestras lenguas europeas, están muy léjos de la ponderada ventaja de su corto númeyroqudee ásipgensoasr •de ser menores; y que así cual nosotros no tenemos necesidad , la de conocer todas las palabras del diccionario, bastándonos un constituye tán inferior de esencial , en lo único que la escritura tiene cierto número para ocurrir á las necesidades ordinarias de , que es la perfecta inteligencia de lo que se es- nuestra posicion , consultando las restantes cuando la nece cribe. sidad nos obliga á ello, del mismo modo los chinos, no tie Acúsase á la escritura ideográfica de una dificultad casi nen tampoco necesidad de conocer todos los signos de su superior á las humanas fuerzas; y verdaderamente es mas que regular el que nada tenga de fácil el aprendizaje de cdoicncdiiocnioanrio, sino los de mas frecuente uso en cada estado 6 , ni mas ni menos que lo que nos pasa á nosotros tan gran número de signos. Esto no puede cuestionarse ; con las palabras de nuestra lengua vulgar. (1) ttprreoardoCoólofnilscóuilleorggtoeonleeisrtea(lrsaeetnoguCynaonelrtoieannutthoaalrisisztataadhoacetesptoimcoosnairoiosd,e elnuileuss-- el iLdáisompaermsouncahsoilmusetjroardqause, leans iCghnionraantceosm;opearqoueís,tacsonnoucnecna , de Sans) que en China D. Sin ibaldo de Mas y lo son hasta tal punto que no conozcan bien las cuatro 6 es mas difícil que en Europa encontrar cinco mil palabras de que tienen necesidad para entender y un hombre de pueblo que no sepa leer el Código penal , qnuúemlearodidfiecusilgtandosdenola blaejcaturdae n6o,0d0e0b;edseerlotacnutaalcsoemdoeádcuuncyoe-o sdniaurenssoetráanoepsnatreetsinctdruaelnraaremninosltsarsudcneceicosenasibdeardensoosordtrionsarimasisdme olas, visdeagu;nY , cuatro, seis, ocho 6 diez mil sotros nos parece. oces , de nuestro propio idioma Pero hay mas aun, Leer no es hablar lo escrito sino en- otra ú otras lenguas diferentes , y tal vez otras tantas de , ó acaso mas aun, no vemos tenderlo ; por consiguiente , nuestros ninos de escuela y la razon de que un chino no pueda conocer del mismo modo nuestras gentes ignorantes, que tienen necesidad de que )Véase lo que acerca de esto dice el 11. P. Lamy,se les explique lo que leen , del oratorio de San , no saben leer, por mas que Felipe Neri, en su excelente obra L' Art de par/er. articulen bien las letras ; y como el leer, propiamente dicho, «Es tan estraordinaria la sencillez de la Gramática china, que segun lo no se consigue sino refiere Walton y Alvarez Semedo , so!o tienen los chinos 326 palabras radi porcion misma en, qeune fsueerazdaelyanfutaereznaeldeletnigemuapjeo, yoreanl ,lacpornoo-- cpaalreas,ptroodnausnmcioanrloassí,labsaegs.unTienleasnctuaamlebsie, nuandaemmiássmciancpoaleanbtroanapcuieodneessdiigsntiinfitcaasr ciendo bien las ideas representadas por 1 as palabras escritas , cinco diferentes cosas, de modo que las 316 ralees multiplicadas por las cinco entonaciones , se elevan á 1. 630 , se sigue que la dificultad de leer bien es tanta en un sis- nificados no son otra cosa que mcoodmifpicoanceinotneessdedetoldasas ildaesadseemleáms ecunytaolsessigde tema como en otro, y que, por consiguiente , la pretendida que están formadas. y como estas son en corto número y basta conocerlas para entender tainbien sus combinaciones , sean las que fueren, se sigue naturalmente una facilidad admirable para aprender la lengua (I ) Desde mucho antes de Destutt-Tracy , que tan com , viene trabajándose con mas ó plicada y difícil parece al principio. La dificultad principal está , en quecomo menos entusiasmo en la formacion de una lengua universal, para el exclu- no tienen letras representativas de la voz , cada idea ó palabra está repre sivo uso de los sabios y de las relaciones internacionales de las naciones sentada por un signo gráfico , cuyo número no baja de 60,000 : pero com cultas, Ilánse presentado hasta hoy diferentes proyectos en este sentido , ideográncos puesto de tanto número de trazos elementales como 'raices ideológicas. pa unos y alfabéticos otros ; pero es preciso desenganarse de que, ralelamente á lo que sucede con aquellas : así es , que para saber escribir ggtírunáaofjiechaha,abpbroálarqnduuone, cqdauelseeddneagruáelasuumjneoitmvaeearnstlaoals,qióunennuetcmeenesgraaarbiallamesmenaetlneteorrateccnoiodnneráxeisoqqnuueecosnenorepliudleeedone-- tnnooasrlh, oassye.rinaeciemsipdoasdibdlee, tseinneor ltoasmeploecmoenetnalleasmsoemlamoreiantteo-,dyos llaossrseigglnaossdecomcopmubesi , pmaeinsos de recibir de las diferentes y numerosas pronunciaciones de cada En cuanto á su gramática, basta decir que no tienen género ni caso, ni con_ , y aumentándose diariamente por esta causa su falta de pureza, antes jugacion ;porque tampoco tienen verbos propiamente dichos , sino nombres de medio siglo se convertiria en una jerga espantosa que no entenderla') significativos de acebo , que acompanados del pronombre sujeto de ella, ni aun sus mismos autores. Hasta ahora lo i mas importantes de estos pro- hacen funciones verbales con la facilidad y claridad mas asombrosa, y. g. yectos , son precisamente debidos á dos espanoles, 1:. Si nibaldo de Alas y yo, amor : tú, sueno : aquel, muerto, etc. Los tiempos y los modos, como de Sans , y D. Bonifacio Sotos Ociando: el del primero en signos ideográficos los números gramaticales, y la distincion de activo y pasivo lo expresan escritos sobre un rayaao como la mús ca : el el segundo , escrito con carie- todo por simples y partículas, aun abortas veces segun la coiocadon que teres usuales De este último ha venido hablándose mucho hasta hace poco se niere á las palabras , tiempo, y hasta se ha esplicado en el Ateneo de Madrid ; pero ni uno ni otro nombres sustantivos doardeelmacaiosnd, eyestotodo, suesstaodveexrpbliicoas yclparreapmoesinctieo,neels spoonr tienencondiciones de viabilidad. El del senor &nos ()chanclo, por su impropia que ese singular idioma, ofrecido á las imaginaciones europeas como el la cualidad del altals2ft o t,ue lueda oicha y combatida, y el del senor de 31as y berinto mas difícil itnaginable, n solamente no es dificil para los chinos, de Sans porque a pesar de ser ideográfico,tiene necesidad de servirse del alfa- cuya instruccion primaria es mucho mas general que en Europa, sino ni beto vulgar, para espresar los nombres propios de todas clases , y otros mu- aun a los mismos europeos mayores de edad, que se establecen en sus puer caos comunes que no caben en el cuadro analítico de las ideas elementales. tos. igual número de signos gráficos, sin que nos parezca una maravilla, ó lo que aun es peor, sin arrancar á nuestro preocupado criterio , la bien poco razonable espresion de costumbre: ! imposible! ! no puede ser ! Se dirá que la memoria de los signos orales depende del oido , y la de los signos gráficos depende de la vista ; pero ?de dónde consta que la memoria de los objetos visibles sea menos poderosa que la memoria de los sonidos ? Además de que, las palabras escritas en nuestros diccionarios , ? qué son para el buen lector que no bien las advierte, cuando con la rapidez del rayo las pronuncia sin titubear, y sin necesidad de descomponerlas ni deletrearlas , sino signos tan ideográficos como los del diccionario chino ? Luego la ideografía es el límite y perfeccion de la fonografía , y no hay razon para reprocharla. El encadenamiento de letras y sílabas, aun entre noso tros, no existe ni puede existir sino para los ninos y los ignorantes, á cuya torpeza sirve como de andador y auxi liar. La lectura, por tanto, no llega á ser perfecta, ni si quiera comprensible, ni siquiera tolerable hasta que de abstraccion en abstraccion , se conviette en ideográfica. Luego, ?cómo dejar de convenir, en que el sistema fono gráfico, así silábico como alfabético, y tal vez mas este que aquel, es casi tan inferior al ideográfico como las tinieblas á la luz? ?Ni qué punto de comparacion puede hacerse entre ese maravilloso resto, é irrecusable testimonio de la eminente sabiduría primitiva del género humano, vírgen y pura ins piracion de Dios, y nuestros monstruosos sistemas alfabéti cos, arlequines absurdos, compuestos por la casualidad mas que por la ciencia, y verdaderos símiles de la con fusion de Babel ? No nos hagamos ilusiones. Aunque la escritura fonográ fica no tuviese mas defecto que el inevitable y perturbador influjo que el lenguaje oral ofrece sobre ella, incesante mente alterándola, desnaturalizándola y trasformándola de siglo en siglo, esto seria sobrado para que no pudiese sufrir parangon con las excelencias de la ideográfica-propia, in dependiente hasta la) punto de todo influjo oral, que como ya hemos dicho, puede suceder muy bien que la lengua cambie ó se transforme , sin que la escritura se dé cuenta de ello. Y este • importantísimo carácter de perpetuidad é inalterabilidad que tan soberanamente la distingue, unido á la segura garantía de inteligencia que ofrece el lector; á la imposibilidad de ser interpretada de una manera errónea; á su aptitud admirable para el estudio de las ciencias su blimes, y para escritura universal de todos los hombres , obstinarse en negar superioridad inmensa sobre el sistema fonográfico, es negar la luz. Convendremos en que, tanto para los sabios como para los ignorantes, la ensenanza de la lectura y escritura alfa bética sea infinitamente mas expedita que la ideográfica , aunque tambien en esta parte pueda haber su mas y su menos, y sea mas la dificultad aparente que la positiva. Acaso no estemos muy distantes, tampoco, de convenir en que la escritura alfabética seamas accesible que la ideográ fica á las inteligencias poco ilustradas ó poco cultivadas todavía; pero la ventaja inmensísima que tiene esta sobre aquella de no permitir discordancia de significacion en las interpretaciones, mientras que la alfabética las admite tan enormes y tan numerosas en multitud de casos, nos la ha rán parecer y considerar siempre inmensamente superior. Para debilitar la fuerza de nuestros razonamientos, se nos preguntará tal vez , ?conoceis la escritura china? Y si no la conoceis , ?cómo no os ruborizais de hablar de lo que estais tan ignorante como nosotros? En verdad , no conocemos la escritura china : pero como la razon dirigida convenientemente no puede enganarse, nos basta conocer la naturaleza de los signos ideográficos para de deduccion en deduccion , conocer las excelencias de su superioridad innegable sobre los signos alfabéticos. Ni, ?cómo estaria el mundo si el hombre no pudiese juzgar sino de aquellas pocas cosas que están bajo la jurisdiccion de sus sentidos? ?Cuándo, por caminos semejantes, hubiese sido creada la ciencia astronómica, ni la meteorología, ni la geología, ni la psicología, ni muchísimos puntos de la física y de las matemáticas, ni encontrado Newton la gravitacion universal , ni Galileo el sistema del universo, ni Colon el Nuevo-Mundo ? Ni ?para qué nos hubiese concedido Dios las facultades superiores de la inteligencia, sino para descu brir, por induccion unas veces, y por Ideduccion otras (I), segun los casos, no solo lo que está fuera de la jurisdiccion de los sentidos, sino hasta los errores en que los sentidos tan frecuentemente incurren, y que tan inseguro harian su testimonio, sin el auxilio de las pruebas de razon? El que sabe pensar, no tiene necesidad de conocer ma terialmente las cosas para discurrir sobre ellas con acierto; pues dado un punto sobre que establecer sus juicios, la in - duccion ó deduccion vienen por sí misma, y la verdad sur ge sin violencia. No conocemos, pues, la escritura china ; pero como de jamos dicho, no basta conocer la naturaleza de los signós ideográficos para deducir su superioridad inmensa sobre los alfabéticos, y que en vez de ser estos, como vulgarmente se cree, el último límite de la perfeccion , son pura y sim plemente una de esas muchas cosas de que es preciso ser virse por malas que sean , y darles grande estima, y poner las en altísimo lugar, mientras no se conozcan 6 se posean otras mejores. (l) Todo lo que podernos conocer es causa ó efecto. Pues bien : conocido un efecto, su causa productriz so descubre naturalmente por una sirle de inducciones ; y al contrario, conocida una causa, su efecto nalural se descu bre análogamente por una sine de deducciones. De modo que las operacio nes de la inteligencia en la investigacion y descubrimiento de la verdad, no son mas que dos : induciry deducir, y ellas solas bastan, á todas las nece cidades de la inteligencia. Esto no es enmendar la plana á los lógicos, líbre nos Dios de tal locura. Es pura y simplemente, recir nuestra personal opi nion. Ciencias naturales. EL DIA Y LA NOCHE EN LA NATURALEZA. po r etott UU. 1. Todo cuanto diariamente y con regularidad viene á he rir nuestros sentidos , acaba por causar en nosotros ligerí sima sensacion. Lo que en un principio nos fué grato , acabamos por encontrarlo frio y es porque b encontrarnos diariamente , hasta no hacer de ello caso ni fijar nuestra atencion en lo que , sin la repeticion de la sensacion , la llamada muy de veras. De ahí nace el natural deseo de la variacion de esta sensacion, la cual tambien, si es frecuente, llega á enfriarse ó ejerce escasa influencia en nosotros. Hay no pocos hombres cuyas sensaciones solo se despiertan ante la variedad de los fenómenos que se suceden durante el período de un ano., con tal que estos sean de natu raleza tal, que su novedad cause en ellos el efecto de una viva sensacion , porque para esos séres viene la prima vera sin que sientan el júbilo que causa la nueva ani macion de la naturaleza, y pasa el otono sin que perciban el dulce tránsito de la aurora de una nueva regeneracion. De lo que acabamos de esponer, se deduce que la fuerza de Ja costumbre nos hace perder la fuerza de la sensacion, y que solo la juventud, cuyos sentidos no están todavía gastados, tiene el derecho 6 mejor la facultad de gozar del grandioso espectáculo que ofrece la naturaleza, porque aun sus sen tidos no estan embotados por la repeticion de las sensacio nes. Y en tanto esto es así, que lo que en los primeros anos de la vida constituye una fruicion debida al placer de la contemplacion , pasa despues tan desapercibido, que el recuerdo de las primeras impresiones viene á ser como el de un sueno 6 de una ilusion ( Tamchung) ó error. Esto no obstante, existe una época en la vida, hay un tiempo en los primeros anos, en el que se siente profundamente el poderoso influjo de la primavera, y durante el cual el aroma de las flores, la luz del astro del dia y el variado canto de las aves, llena de dulzura é indecible encanto el corazon humano. La prolongacion de la vida no ofrece contentamiento para la sensacion. En los primeros anos, la vivacidad de esta encuentra cada dia la vida nueva ; pero la fuerza de la costumbre la hace perder poco á poco y con ella se des vanecen los suenos de la juventud, porque al par de ella todo envejece. Esto que la costumbre nos roba, no lo po seemos verdaderamente : el que pierde fácilmente el amor de la naturaleza, no posee perfectamente el sentido de ella. La mayor parte de los hombres se entregan á la observa cion de la naturaleza para su propio provecho, mas no para conocerla sin interés personal ; buscan sus variantes superficiales, mas no la profundizan como debieran, y se estranan cuando hallan la natura como un espejo en donde se ven reflejados con todos los carácteres y gracias que les son propias, pero esto dura mientras está lleno su corazon de aquellos sentimientos, porque despues al perder sus ilu siones, desvanecidas y tronchadas por las tempestades de la vida, el mismo corazon se vuelve tímido y queda vacío. Unicamente para el hombre satisfecho de su vida, la natu raleza está en todo su poder ; el descontento de sí propio, la halla cada vez mas triste ; para el primero, cada ano vé • TOMO VI. con placer á la naturaleza revestirse con su traje:de fiesta y ' halla el mismo encanto en la primavera de la vida renova da ; pero el segundo no deja rastro la huella de esta prima vera , y ya no existe para él la verdadera renovacion de los séres. El hombre en cuyo corazon se anida le alegría, todo lo vé risueno y festivo, al paso que el que está domi nado por la tristeza, para él todo es lúgubre, monótono y melancólico ; para aquel , la variedad de la natura es una fuente inagotable de encantos; para este, como dice Borne la primavera con sus colores, el ruisenor con sus cantos, la aurora con sus celajes , la dulce mirada de la jóven , nada valen , nada significan , no le dicen nada. Y es porque to das estas cosas son un espejo, y cuantos miran en este espe jo hallan su propio reflejo, aumentándoles á veces, como en recompensa 6 castigo , la forma de la imágen reprodu cida. Para hallar la naturaleza siempre jóven y lozana , y en ella un origen de placeres y tambien de recompensa y sa tisfaccion en los dias tristes de la vida , hay un medio y un medio muy escelente , que consiste en conocer y estudiar la naturaleza. Las sensaciones (pie el cambio del tiempo ejer ce en la vida de los séres materiales y en el sentimiento del hombre, no son imaginativas sino reales, penetran profun damente en el ánimo y nos arrancan el velo que nos encubre la verdad. Nos ensenan á conocer no solo la nobleza y gran diosidad que encierra la naturaleza, sino tambien lo levan tado de sus producciones. De todas las sensaciones que en nosotros causa la con templacion de lá naturaleza y sus fenómenos, la mas in-- tensa, la mas viva, es sin duda el cambio del dia en noche ó en otras palabras el paso de la luz á la oscuridad y vice versa. Cada aurora es cuasi un nuevo acto de creacion ,. una nueva primavera ; no solo los irracionales sino tambien los vegetales, manifiestan á sumodo el júbilo que sienten álaapa ricion del nuevo dia ; las aves lo saludan con sus gorjeos y en sus cantos matutinales dijérase que acompana un movi miento de ansiedad 6 impaciencia, las hojas ó las flores de los vejetales vuelven su faz al sol como si le con ternpláran con placer, y bajo su influencia lumínica abren sus cálices y corolas y derraman las aromas y olores que aquellos encier ran como otros tantos incensarios en presencia del autor de su movimiento: la naturaleza entera se parece á lá está tua de Memnon levantada á orillas del Nilo, que despedia misteriosos sonidos, apenas herian su masa marmórea los primeros rayos del sol. (1) Nadie podrá negar la grande in (l) Entre los inmensos trabajos hechos en Tebas por el rey Illemnon , los antiguos citan con admiracion las estatuas colosales de este príncipe, tan notables por la enormidad de sus proporciones, como por su alta antigiie dad. Una de ellas, y es á la que alude el autor de este artículo, ofrecia par ticularmente un fenómeno mas maravilloso todavía, produciendo á ciertas horas de la manana un rumor sonoro cuya causa ignorada, dispertó por mu cho tiempo una supersticiosa curiosidad. La ciencia espllcaal presente esta causa de un modo satisfactorio. Los sabios han reconocido que aquel rumor era debido á la humedad de- se impregnaba la materia de que estaba formada la estatua durante la n he, y que desprendiéndose cuando empe zaban á calentarla los primeros rayos solares, producia , separando las mo léculas de la piedra, naturalmente sonora, una decrepitacion que resonaba en toda la masa y esciti>ba en ella una vibracion general. 9 >5 66 iluencia que el cambia del dia y de la noche ejerce en toda da vida y que divide en actividad y reposo , en movimiento y descanso. La mayoria de los hombres violentando las le yes naturales , puede decirse que viven en un dia sin cesa -clon, y para ellos la vida no es masque el trabajo , el reposo y el alimento, al contrario de no pocos animales y plantas que no velan de dia y sí de noche. Estos vegetales son los que solo de noche abren sus cálices , y los animales los que •en las horas nocturnas sacuden su estupor diurno y recorren sin fatiga grandes distancias para atender á sus necesidades naturales. A estos animales y á estos vejetales , les acona ,parlan otros séres que únicamente empiezan á vivir en la hora crepuscular ó cuya actividad vital solo es manifiesta .y latente en las horas medias del dia. Preciso es que haya una fuerza que influya en el descanso y en la actividad; pre ciso es que haya algo que ejerza su accion en el organismo en el cambio del dia y de la noche constituyendo su natural •nrganizacion. Pero ? qué causas son estas? ?Dónde residen? No está dicho todo diciendo que el dia y la noche represen tan el tiempo de la ocupacion y del reposo, porque no co nocemos la influencia que ejercen en nosotros el dia y la noche. No tan solo la desconocemos, sino que tampoco nos lijamos en ella. Su influjo es tan suave al par que podero so, que absortos en nuestras habituales tareas, no lo obser watnos , á pesar de que no hay hombre que no sienta al me nos la animacion que en él dispierta la luz de la manana, la satisfaccion que le causan las primeras horas de la velada 6 al menos no esperimente el peso de la noche sobre su cora 2On , que luego se desvanece á la influencia de la manana. Si se tratára únicamente de dormir ó velar, podríamos ,concebir estos actos sin el dia ó la noche ; pero nuestro es píritu no puede comprender una existencia sin dia ni no che. Solamente una imaginacion quimérica 6 una vida ve lada con las sombras de la muerte, puede fingir esta falta ; muy fácilmente se renuncia al goce de las estaciones del ano que al cambio sucesivo y cotidiano del die, y de la no che ; con menos repugnancia dejarémos de saludar la pri mavera que la luz de la manana ; y en tanto es así, que en los trópicos las cuatro estaciones casi se confunden entre si y en los polos se confunden el dia y la noche. De seguro que no ha de negar la influencia que ejercen el dia y la :noche tanto en el cuerpo como en el alma humana , el que -atentamente observe el poderío que ellos tienen en las altas latitudes polares, y del cual no podemos nosotros aquí, en nuestros favorecidos climas, formarnos una idea cabal. Si ,nos trasladamos á aquellas latitudes, entonces es cuando sentimos el gran peso que nos oprime. El navegante al polo Kane refiere en su diario de navegacion , la novedad que ,en él y en su tripulacion causó el largo y siempre igual dia. Al principio parecióle grandioso, luego estrano y como si se hubiese perdido el encadenamiento de las horas. Pero poco á poco sucedieron á estos otros sentimientos. Aquel dia contínuo llegó á cansarle, y la sensacion del grandioso §C. espectáculo de un principio desapareció completamente. El sueno era corto y desarreglado, y ansiaba que llegára la no che para disfrutar con calma de su reposo. Llegó empero la suspirada noche , pero como esta se hizo tan prolongada ! con cuánta impaciencia aguardaba que se concluyera , cuanto apetecia la nueva luz del día! La influencia de la dilatada noche era tan poderosa , que los semblantes de los marinos empalidecian , hundiéndose sus ojos, su respi racion era anhelante , su apetito desordenado ; los hom bres mas fuertes estaban sujetos á estranas debilidades, casi sin sentimiento 6 como paralizados. Mas marcada aun se veia esta influencia en el carácter ó en la imaginacion los hombres mas resignados volvíanse descontentos y fácil mente estravagantes; todo objeto de pura fantasía llevaba para ellos el sello de malos presagios , y las horas de des canso de aquella eterna noche , las pasaban dominados por suenos agitados. El mismo capitan Kane se volvió flaco y macilento y cada vez mas sus fuerzas se agotaban y se ex tinguia el valor de su corazon. !Con qué júbilo saludaron aquellos hombres la vuelta del sol! Semejantes á aquellos pueblos que adoran al astro del dia , si bien que dominados por otros sentimientos y con sin igual placer, vieron aquéllos marinos aparecer el astro que iba á darles la salud y la alegría. !Cuán diferente era su sensacion de la que esperi mentan los que lo ven todos los dias! Para ellos era de una inmensa influencia : recobraban la tranquilidad, la sa lud y el valor. Después de lo dicho, se comprenderá la influencia que ejercen en el alma humana el dia y la noche. Cada dia y cada noche nos lleva una leve imágen de esas sensaciones, pero esas sensaciones nos pasan regularmente desapercibi das; nuestras ocupaciones, nuestros pensamientos, nos domi nan mas fuertemente. Cada hora del dia y de la noche tiene su propia y peculiar fisonomía; sábenlo bien los poetas, y el influjo y el estímulo que ejercen en nuestra alma. La sensa Ci011 que el cambio de la noche y el dia nos causa, no C3 imaginaria sino real , asi como lo es la que ejerce en los vejetales é irracionales que despiertan por la manana y aman el reposo de la noche. Pero ?qué es lo que separa el dia de la noche, la manana del medio dia y éste de la tarde? ?Consiste en este algo mas 6 menos de luz que el gran astro nos envia ? La luz es el gran mágico en este cambio. Ya desde los mas remo tos tiempos el hombre ha reconocido, admirado y hasta re verenciado esta fuente de vida', por mas que para el indife rente no sea mas que un fenómeno ordinario. Es la luz una fuerza que nos descubre todo progreso y movimiento. De esta influencia de la luz en los vejetales, en los irracio nales y en nosotros mismos, nos ocuparémos en otros artí culos. Consagremos nuestra atencion y nuestro estudio á ese poderosísimo motor de la vida ; porque cada dia es otro de nueva creacion y puede serlo de nuevos adelantos v be neficios para el que se ocupe de su estudio y conocimiento. |
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