03_No. 6 (1 enero 1870), p. 94-106 |
Anterior | 3 de 3 | Següent |
|
Aquesta pàgina
Tot
Subconjunt |
tras que no se hablan creado aun una reputacion, las puer
tas de la alta sociedad : pocas eran en aquella época las ca
sas nobles y opulentas en que algun abate no fuese recibido
y tratado familiarmente.
Cuando Barthelemy se entregaba á sus estudios, la Iglesia,
de Francia se hallaba dividida entre las doctrinas de Janse
nio y de Molina ; la discordia reinaba en los monasterios,
en los capítulos, entre los obispos y entre los párrocos; los
parlamentos, la misma córte tomaban una parte activa en
tan tristes y largos debates , que tantas armas prestaron
luego á la filosofía del siglo xvm. En efecto , mientras las
pastorales de los obispos, las censuras de la Sarbona , las
sentencias del parlamento y del consejo de Estado , conde
naban , prohibian ó entregaban á las llamas las obras de
Voltaire, de Rousseau , de Helvecio y de Mably, de Hol
bach y de Raynal , las mismas sentencias , iguales censuras
alcanzaban á los jueces espirituales y temporales de que
aquellas emanaban. Los parlamentos entregaban al fuego
las pastorales de los obispos; el consejo de Estado anulaba
las decisiones de los Parlamentos , de modo que las autori
dades' todas se chocaban entre sí, se censuraban , condena
banse , encargándose mútuamente mas circunspeccion , de
lo cual resultaba su propio desprestigio , careciendo de fuer
za sus sentencias y de dignidad sus censuras.
El virtuoso Belzume , honor de la religion , del episco
pado y de la humanidad, durante la peste de Marsella, no
pudo librarse del contagio que entonces afligia á la Iglesia
Gallicana , el mismo prelado, que cual otro Borromeo , des
afió tantas veces la muerte en su mas horrible teatro, para
arrancarle 6 consolar al menos sus innumerables víctimas,
detestaba y huia de los que profesaban las severas máxi
mas de los solitarios de Port-Royal ; negábase á admitir en
el estado eclesiástico á los jóvenes que hablan estudiado en
el colegio del Oratorio; solo los jesuitas gozaban de su favor,
y Barthelemy á quien no habían ensenado tenerles gran
amor, se vió obligado á cursar con ellos filosofía y teología.
En uno de los cursos de la primera facultad , como se ha
llase muy embarazado el profesor para definir el cubo, to
mó su bonete de tres puntas y d:jo gravemente á Eus alum
nos: Este es un cubo; en un curso de la segunda, el jesuita
teólogo intentaba diariamente y por espacio de dos horas
probar que las cinco famosas proposiciones se hallaban en
Jansenio y como su demostracion no alcanzaba el grado de
claridad necesario, gesticulaba como un energúmeno.
No teniendo nada que aprender con semejantes maestros,
el »ven Barthelerny se dedicó á copiar secretamente los
cuadernos de filosofía del Oratario; meditaba el sistema de
Descartes,del que los jesuitas no gustaban mucho y se en
tregaba con ardor al estudio de las lenguas antiguas ; em
pezó por la de Hornero y de Platon , y luego para facilitarse
la inteligencia del hebreo, dispuso sus raíces en versos téc
nicos que mas tarde reconoció ser aun peores que los de
las raices griegas de Port-Royal. Comparó el testo hebreo
con el samaritano y con las versiones Caldea y Siria, al
mismo tiempo que se ocupaba de la historia de los primeros
siglos de la Iglesia ; entonces fué cuando concibió el proyecto
de una tésis general sobre los sagrados libros, sobre la his
toria antigua y la disciplina de la iglesia. « Diez robustos
benedictinos, dice, quizás no se habrian atrevido á tomar
sobre sus hombros empresa tan inmensa ; mas yo era jóven ,
ignorante, el trabajo me recreaba, así es que me precipité
en el caos, y tanto y tan bien M3 engolfé en él, que caí
peligrosamente enfermo. »
Cuando con la salud recobró las fuerzas que únicamente
deseaba para hacer un nuevo abuso de ellas, entró en el
94
seminario de Marsella , y asi como habia empezado sus es
tudios bajo la direccion de los padres del Oratorio, continuán
dolos bajo la de los jesuitas, los concluyó teniendo á los
lazaristas por maestros. A la edad dé veinte y un anos salió
Barthelemy del seminario y aunque penetrado de los sen
timientos de religion , y quizás porque estaba penetrado de
ellos, son sus mismas palabras, no pensó en entrar en el mi
nisterio eclesiástico ; su _aficion al estudio y pasion por las
letras le indicaban otro camino. Sin embargo de buena gana
hubiera aceptado uno de los pequenos beneficios simples de
que podia disponer el obispo de Marsella ; mas Belzume
sabia que Barthelemy leia á S. Pablo , á S. Agustin , á San
Próspero y demás padres jansenistas de la primitiva iglesia;
además Barthelemy cometia tambien el indisculpable yerro
de despreciar á dos jesuitas , omnipotentes en el ánimo del
prelado, el P. Fabre y el P. Maire, que detestaban á las Aca
demias que, segun ellos, debían perder la religion , á los
obispos jansenistas y á los parlamentos enemigos de losje
suitas, y por consiguiente de la Iglesia.
Dueno de su tiempo y libre de sus acciones, Barthelemy
pasaba parte del ano en Aubagne y la otra en Marsella,
donde frecuentaba las casas de los sabios de la Academia,
entre otras la de La Viseele, secretario perpétuo ; la del
P. Sigaloux , astrónomo , corresponsal de la Academia de
Ciencias; la del canónigo Victorio Fournier que adornó
con tan eruditas notas, la grande obra titulada la Gallia
christiana; la de Cary, célebre anticuario, el que inició á
Barthelerny en el estudio de las Ciencias numismáticas, no
olvidando nunca al P. Raynaud que con tanta afeccion le
habia abierto el santuario del estudio y de las letras.
Ávido de saber, Barthelemy hubiera podido decir como
Voltaire :
« Todos los gustos á la vez han entrado en mi alma. »
Al estudio de las lenguas antiguas de Oriente y de Occi
dente, de la filosofía y de la teología, de la historia y de sus
antigüedades, anadia entonces el de las matemáticas y de
la astronomía ; componia disertaciones, versos y sermones,
todos los domingos de cuaresma predicaba en el convento
de religiosas de Aubagne , mas á su ardor para el trabajo
iba unida una gran facilidad. Cada sermon era escrita,
aprendido y pronunciado en el corto espacio de siete dias.
Llegado á la edad de veinte y nueve anos , Barthelemy re
flexionó sobre su situacion y sobre sus gustos vagos; carecia
de estado ; la familia de su hermano aumentaba y no que
ria serle por mas tiempo una carga : aconsejáronle dejar
la provincia y aunque no era ambicioso, creyéndose por
otra parte sin un talento decidido, lo mismo que sin cono
cimientos profundos, y comparándose á un viagero que trae
muchas pero pequenas monedas de los paises que ha recor
rido, pero ni una sola moneda de oro, Bartheletny se puso
en camino para París. Al pasar por Aix, vió á M. de Baus
set, canónigo de la catedral, natural tambien de Aubagne
en donde se hallaba establecida su familia; habíasele pro
metido el primer obispado vacante y deseaba quedarse con
el abate Barthelemy para secretario y vicario general ; Bar
thelemy escuchó con alegría esta proposicion , se obligó al
futuro prelado y continuó su camino para París.
En junio de 17H llegó á aquella capital, provisto de di
ferentes cartas de recomendacion para las personas mas eru
ditas, cartas que le habian sido proporcionadas por los aca
démicos de Marsella„Gros de Bozo, antiguo secretario per
pétuo de la Academia de Bellas letras, miembro de la
Academia francesa, y guarda de las medallas del rey, recibió
á Barthelemy con éstrema bondad ; convidóle á la comida
que daba dos veces á la semana á sus cólegas de ambas Aca a
D§
demias y allí fué donde Barthelemy conoció á Duelos ,á Fon
cemagne, uno de sus primeros y mas fieles amigos; al con
de de Caylus, á Reaumur ,al abate Sallier, bibliotecario del
rey, al hijo del gran Racine, á los abates do Resnel , Ge
doyn y de La Bleterie. Semejante á Ovidio que creia ver.
otros tantos dioses en los grandes poetas del siglo de Au
gusto, Barthelemy esperimentó una estraordinaria emocion
á la vista de los académicos ; admirábase de comprender lo
que decian y si le dirijian la palabra, aumentaba hasta lo
sumo su turbacion. « De aquí , dice , resultaba para mí un
grave inconveniente ; admiraba y no juzgaba. »
Apenas habia transcurrido un ario cuando de Boze , á
quien su edad no permitia ya entregarse al trabajo que el
gabinete de Medallas exigia , formó el proyecto de asociarse
á Barthelemy ; antes de conocerle 'labia vacilado mucho
tiempo en la eleccion : « Este depósito, decia , no puede con
fiarse sino á manos muy puras y exige tanta probidad como
conocimientos. » El abate Bignon, apoyó cerca del ministro
(Maurepas) la peticion de Boze y no tardó en ser satisfecha.
Barthelemy trabajó durante siete anos bajo la direcciou del
guarda titular, hombre extrano y singular, que procedia
con un extremado comedimiento hasta en sus acciones mas
insignificantes; para él una exactitud laboriosa hubiera po
dido pasar plaza de talento ; los volúmenes de su rica bi
blioteca, casi todos encuadernados en marroquí, estaban
perfectamente anivelados en los estantes; Barthelemy traba
jaba en la biblioteca desde las nueve de la manana hasta las
siete ó las ocho de la noche , y si cuando salia para comer
dejaba abiertos algunos libros sobre la mesa , porque debia
consultarlos á su vuelta, de Boze los volvia á colocar en su
sitio. En la persona del viejo académico reinaba igual ór
den , igual limpieza : lo mismó sucedía en sus muebles y en
sus papeles, empaquetados metódicamente y copiados por
un secretario, hábil calígrafo, que no debía permitirse la
menor falta. Cuando Barthelemy presentaba su trabajo, de
Boze se impacientaba por una 'palabra mal colocada y se
ponia furioso por una espresion algo atrevida. « ?Cómo po
dia, dice, no incurrir en el enojo de un censor que no olvi
daba nunca los puntos sobre las ies, yo que muchas veces
ni siquiera ponia las ies debajo de los puntos?»
Al trasladar las medallas del rey desde Versalles á París,
los achaques de de Boze no le permitieron concluir su cla
sificacion , así es que Barthelemy encontró las medallas an
tiguas en sus armarios, mas las modernas, lo mismo que las
monedas y las medallas del mariscal d'Estrées adquiridas
por el rey algunos anos antes, se hallaban aun en las ca
jas; esto hizo que se ocupara durante muchos anos en
describir cuidadosamente las que no estaban inscritas en
el catálogo antiguo, clasificándolas todas é inscribiéndolas
en un suplemento; á tan gran trabajo unió el que hizo in
dispensable la adquisicion hecha en aquella época de la her
mosa coleccion de las imperiales en bronce, que del gabi
nete del abate de Rothelin habían pasado al de M. de Beau
veau.
La composicion de las medallas, inscripciones y divisas
encargadas por el gobierno ó pedidas por las ciudades, y
cuerpos del Estado, era una de las primeras atribuciones
de la Academia de Bellas letras ; de Boze , a.unquie habia
dejado la secretaría de la sociedad , continuaba componien
do solo las nuevas medallas y divisas, pues tenia para este
género de trabajo una aptitud y paciencia notables ; duran
te mucho tiempo meditaba el asunto de una medalla v lo
entregaba despues á su secretario que debia hacerle una
copia figurada; mirábalo y meditábalo de nuevo, y cada
variacion exigia una nueva copia, y hasta que el plan se
l<
hallaba definitivamente resuelto, no la mandaba á Bouchar
don dibujante de la Academia ; entonces empezaba una
larga discusion sobre la disposicion de las figuras y sobre
todos los accesorios del tipo; raramente satisfacia al anti
cuario la primera prueba del artista ; aquel pedia una se
gunda y por fin cuando el dibujo se hallaba tal cual lo de
seaba , lo enviaba á su destino con una memoria acom
panada de una epístola , en la que el ojo mas avizor no hu
biera descubierto la menor irregularidad en las letras, en
la puntuacion y ni aun en los pliegues del sobre. « La pa
ciencia de Barthelemy era puesta á duras pruebas en estas
numerosas pequeneces de los trabajos académicos, mas aun
lo fué mas, pero en sentido contrario , cuando muerto de
Boze, y reintegrada la Academia en sus atribuciones , vióla
consumir sesiones enteras discutiendo sobre una medalla y
entregarse á interminables debates, muchas veces sin re
sultado, al paso que los artistas grababan las inscripciones
con una negligencia tal , queen la medalla acunada para la
inauguracion de la estátua de Luis XV, en vez de la ins
cripcion que debia'hallarse en la base , se encuentran tra
zadas letras á la aventura y sin orden alguno, de modo , dice
Barthelemy, que es imposible comprender lo que significa.
El gabinete de antigüedades se hallaba mas desordenado
aun que el de medallas ; gran número de lámparas, de va •
sos, de figuras, de utensilios cubrian en desórden el piso de
un desvan ; Barthelemy sacó estos objetos del polvo y 'del
olvido y adornó con ellos los estantes y paredes de una de
las salas de la biblioteca.
Mientras el abate Barthelemy se entregaba con infatiga
ble ardor á estos trabajos tan conformes á sus gustos y que
tan agradablemente llenaban su vida , Mr. de Bausset ol
vidado en muchos nombramientos, fué nombrado obispo de
Beziers, á fines de 1745; su primer cuidado fue recordar
á Barthelemy sus mútilas promesas; sin embargo ante este
último se habia abierto una nueva carrera, una imperiosa
pasion por las letras le retenía en Paris, mas no queriendo
faltar á la palabra dada, hizo árbitro de su suene al mismo
Mr. de Bausset , el cual no queriendo ser menos generoso
devolvió á Barthelemy su libertad sin quitarle su amistad.
En 177, Burette, individuo de la Academia de Bellas
letras, sabio infatigable, autor de trece memorias sobre la
gimnástica de los griegos y romanos, y de catorce dis,erta
ciones sobre la música de los antiguos, dejó con su muerte
una plaza vacante en la Academia. Un célebre profesor, á
quien la universidad debió.sus últimos anos de gloria, y que
fué llamado el último romano, Le Beau , peligroso antago
nista, se negó á yresentarse á causa de su amistad con Bar
thelemy , y Barthelemy fué nombrado. Este género de pro
ceder sino era nuevo en los fastos académicos era raramente
correspondido cual se merece. No podia quitarme de la ca
beza su delicadeza, dice el nuevo académico y hé aquí lo
que le inspiró. Le Beau, que no habla tardado en reunir
la unanimidad de los votos, se sentaba en la Academia.
Bougainville , secretario perpetuo, traductor del Anti-Lu
crecio é íntimo aini'go de Barthelemy, á quien legó el resto
de los manuscritos de Freret , que no habla podido publi
car por falta de tiempo , quiso descansar en su achacosa
vejez y presentó su dimision , haciendo que se le diese po
sucesor á Barthelemy,, mas este rogó á Bougainville y al
ministro que fuese Le Beau el preferido ; no pasaron mu
chos anos y Le Beau halló medio de vengarse de ello : u Voy
á dejar la secretaría , dijo á su amigo; os la debía y os la
devuelvo. —La cederé á otro , contestó Barthelemy, mas
á nadie cedo el placer de confesar que es imposible mueras
en generosidad. »
earthelemy no era conocido aun por obra alguna; halda
,sido recibido en la Academia de Bellas Letras, como lo fné
Onclos el mismo ano en la Academia francesa, por las es
peranzas que habla hecho nacer antes de realizarlas, mas
„no tardó ,en pagar su tributo á la sociedad que lo habia ad
mitido en su seno; en 1717 leyó sus Investigaciones sobre el
Pactola y sus fleflexiones sobre Una medalla de Xerxes ; en
.1749 sus Observ. ciones sobre una inscripcion de Amyclea y su
Pisertacion sobre dos medallas samarilana.s de Antigono , rey
:de Judea; en 1750 sus Observaciones sobre algunas medallas
publicadas por diferentes autores ; y el erudito Insayo sobre
la paleografía numismática. En el mismo ano se dió á luz el
primer tomo de la Recopilacion de antigU,edades, publicado por
el conde de Caylus, hombre de mundo y letrado , anticua
rio y novelista , que hubiera parecido tan ligero k insustan
tancial en sus disertaciones como en sus cuentos , á no ha
ber comprado la ciencia que encontraba de venta y puesto
á contribucion la de sus amigos; Barthelemy le ayudó mu
cho así con sus consejos como con su trabajo; la Esplicacion
dé las inscripciones de los cinco altares- griegos que se vé en el
primer tomo de las Antigited.ades es de Barthelemy y tambien
las. Cono/croa sobre una momia y la Explicacion de una me
dalla de Chio que se encuentran en el segundo.
Desde hace muchos anos la opinion pública designaba en Barth,elemy el sucesor de Boze en el museo de medallas;
sin embargo uno de sus cólegas en la Academia , intrigante,
subalterno, cuyo nombre no quiso Saber jamás., se atrevió
á solicitar la plaza vacante, recurriendo á los hombres cuyo
crédito pocha.servir á su ambicion. Barthelemy se abstuvo
de toda peticion , pero sus amigos, al frente de los cuales
se puso el sabio Malesherbes , entonces director de la bi
•blioteca-, hablaron y obraron por él; el conde de Stainvi
lle, despues duque de Choiseul., que no le conocia aun y
que fu6 luego su amigo, se hizo su protector y cuando el
conde de Argenson , encargado del departamento de artes,
anunció á Luis XV la muerte de Boze, el monarca sin dar
le tiempo de insinuarle el sucesor, nombró á Barthelemy.
«Este es precisamente, dijo el ministro, el que iba á pro
poner á V. M.»
La reputacion de Bartelemy aumentó en el'mundo letra
do con la publicación de sus Reflexiones sobre el alfabeto y la
lengua usada antiguamente en Palmira; el mismo ano en que
leyó esta obra en la Academia apareció en, Lóndres, tradu
cida al inglés por Roberto Wood.
Mientras Barthelemy velaba con los ojos ye) amor de la
ciencia sobre el precioso depósito que se le habla confiado,
y meditaba los medios de aumentar su riqueza, uno de sus
amigos Mr. Boyer, fué escogido por secretario por el conde
de Stainville , que acababa de ser nombrado-embajador en
Roma. « Esta foé , dice Barthelemy, la época de mi fortuna
y lo que es mejor todavía, la de mi felicidad. » Entonces,
empezó aquella memorable amistad entre un grande que no
tardó en ser todopoderoso en Francia , su esposa rodeada
de seducciones y de los homenajes de la córte y un abate
tímidd y modesto, sin títulos y sin honores, retirado en la
antigüedad así per sus gustos corno por sus estudios; ocu
pado de inscripciones, de medallas, de alfabetos de edades
remotas, pero que á SEIS costumbres sencillas, unia ele
vados sentimientos y una imaginacion dulce y brillante; por
otra parte conocia la dignidad del hombre y del escritor y
antes de haber puesto su vida en íntima relacion con la de
un gran Senor, se admiraba de haberse un dia confundido
con él en acciones de gracias, como si un protector, decia ,
no se convirtiee en protegido del que se digna aceptar sus bene
ficios. Esta admirable amistad que conservó siempre igu al
96
actividad , y la misma tierna energía , no acabó sino con la
vida de los tres. Si Barthelemy se mostró mas adicto , mal
tierno , mas desinteresado en la desgracia de sus dos amigos,
el de los dos que sobrevivió al otro , arrostró todos los pe
ligros en tiempos bien _calamitosos por cierto para descen
der á su prision, romper sus hierros Y dejando correr sus
lágrimas en el seno del anciano, mostrarle el ángel de su
libertad en la que fué por tanto tiempo el ángel de su di
cha. Mi vida dice Barthelerny, estaba de tal modo ligada á
la de Mr. y Mme, de Choiseul ; de tal modo han influido
en los acontecimientos de la mia , que me es imposible ha
blar de mí sin hablar de ellos. a Sin duda que esta rara
amistad que e) poeta llama tesor) de las almas grandes, dió
al abate harthelemy mas consideracion en el mundo, pero
tambien es cierto que los duques de Choiseul recojerán mas
honra en la posteridad.
Barthelemy habia formado el proyecto de hacer un viage
á Italia , á fin de completar por medio de cambios, las co
lecciones de medallas del rey ; M. de Stainville se encargó
de pedir la comision ; firmóse el 2á de agosto haciendo el
conde de Argenson que fuese acompanada de una gratifica
cion de 3000 libras; al anunciar esta noticia á Barthelemy •
dijo el embajador: « Os llevaré conmigo , habitareis en mi
casa, tendreis un coche á vuestra disposicion y osfacilitaré
• los medios de recorrer el resto de Italia. » Sin embargo,
asuntos relativos al Museo detuvieron ababate en París y
no pudo partir hasta el ano siguiente, en agoto de 4755,
acompanado de su amigo el presidente Cotte; juntos recor
rieron parte de las provincias meridionales y admiraron los
grandes restos del poder romano; al examinar en Lion la
inscripcion que encierra el discurso del emperador Claudio,
Barthelemy la. comparó con la que cita Tácito ; halló el
mismo fondo de ideas, « mas en la inscripcion , todo es sim
ple y digno de Claudio; en la historia todo es fuerte y digno
de Tácito. » Esta observacion prueba que lo mismo sucede
con los discursos de Tácito, que con los de Tito Livio;
ambos historiadores han prestado su estilo á los héroes cu
yas hazanas cuentan.
LQS dos viageros visitaron el arco de triunfo y las ruinas
del teatro de Orange, el puente del Gard y las antigüeda
des de Nimes , y despues de examinar el arco de S. Remi
gio , elevado á la memoria de un general romano, llegaron
á Marsella; en esta ciudad hizo Barthelemy la adquisicion
para el gabinete del rey, de las medallas de Cary, muerto
á fines del ano 1751.
Siguiendo su camino y como si el génio de la antigüedad
estuviese encargado de revelarle sus secretos, Barthelemy
descubrió las ruinas de la antigua Tauroentiun, fundada
por los marselleses en el fondo del golfo de las Baumelles, á media legua de la Ciotat, cuando reunieron sus fuerzas á
las de Nasidio , lugarteniente de Pompeyo , en la guerra
contra César. Una parte de la ciudad ha e,aido en el mar,
la otra está sepultada entre la arena que las lluvias arras
trán de las montanas vecinas.
Los dos viageros entraron por fin en Italia ;. visitaron Gé
nova, Plasencia y Parma, donde vieron el teatro, obra de V4nale, que á lo que se dice, puede contener catorce mil
espectadores, y en el cual se halla un eco tan estrano que
solo resuena cuando la sala se halla vacía. Desde el fondo
del teatro, Barthelemy recitó algunos versos en voz baja y
se oyeron del estremo opuesto. La eGlénCoovrare,giloa cópula de la catedral en vPiarrgmena d, epiPnutagdeat , peonr de Bolonia , los vestigios de la vía Emiliana, el instituto , los cuadros de Rafael , de la Alga rde , de Guido
y de Guerchir3, las torres inclinadas llamadas Asinelli y de
la Garisande cuya inclinacion se atribuye á un capricho de
los arquitectos ; San-Chiamo en donde se 'cree que hicie
ron los triunviros la division del mundo; la galería de Flo
rencia , donde una familia de comerciantes que reinó en
Toscana , que dió soberanos á Roma y dos reinos á la
Francia , recogió los monumentos de las artes y las letras,
reanimando su antorcha próxima á estinguirse en la tierra,
los ciento veinte volúmenes de dibujos de los grandes maes
tros conservados en ella , sus dos mil piedras grabadas , su
museo de medallas, sus magnificas antigüedades, sus vasos
etruscos, sus cuadros , sus est,ituas y sus bajorelieves, na
da escapa á las sábias investigaciones de Barthelemy. Con re
ligiosa atencion atravesaba aquella Etruria, que por dos ve
ces fué cuna de las artes , al nacer en Europa en tiempo de
la república romana y en la época del renacimiento, rei
nando los Módicis , Arezzo, Cortona , el lagá de Trasimeno ,
célebre por las victorias de Aníbal: los•gabinetes de Perusa,
de Spoleto y otras ciudades son cuidadosamente visitadas y
ricas de observaciones y de recuerdos, llegan ambos viaje
• ros á Roma el día primero de noviembre, apeándose en el
s palacio del embajador.
M. de Stainville había adquirido ya en la capita] del mun
do cristiano aquella reputacion que en breve debla esten
derse por toda Europa y que debía no al esplendor y mag
nificencia con que sabia rodear el título de representante de
una gran nacion , sino, como dice BarthelernY «á la supe
rioridad de sus talentos, á la nobleza que se reflejaba en
todas sus acciones , al encanto con que a traia todos los co
razones que quena hacer suyos, y á la firmeza con que im
ponia respeto á los que no se dignaba admitir en su fami
liaridad.» Barthelerny fié recibido .por los duques de Choi -
seul como á un sabio distinguido, honor de la Francia,. al
mismo tiempo que como á un amigo.
El retrato de Mme. de Stainvílle , trazado por su ilustre
amigo, debe ocupar un lugar en esta memoria: «Mme. dé
Stainville , que apenas contaba diez y ocho anos,. gozaba de
aquella profunda veneracion que ordinariamente solo se
concede á una larga vida llena de virtudes; todo en ella ins
piraba interés; su edad, su rostro lo quebrantado de su sa
lud , la vivacidad que animaba sus palabras, lo mismo que
sus gestos, el deseo de agradar que tan fácil le era satisfacer
dedicando todos sus triunfos á un esposo, digno objeto de
su ternura y de su culto : su estremada sensibilidad que la
hacia feliz ó desgraciada por la dicha 6 desgracia de los otros,
su pureza, en fin, que no le permitia ni sospechar el mal ;
admiraba al ver reunido á tanto talento tan grande senci
llez ; á una edad en que apenas se empieza á pensar , ella
ya reflexionaba ; leía con el mismo placer y utilidad , así los
autores que mas se han distinguido por la profundidad de
sus ideas, como los notables por su elegancia y buen decir. a
Tales eran los dos amigos que la casualidad habia dado á
Barthelemy.
Apenas llegado á Roma, quiso el embajador presentarle
á Benedicto XIV, pontífice de profunda erudicion, que ha
bla cultivado las letras antes de su exaltacion y que las pro
tejió al tener un lugar entre los soberanos. Si los diez y seis
tomos en fólio que encierran sus obras no tratan mas que de
la beatificacion y de la canonizacion de los santos del Mar
tirologio , de la misa, de las fiestas y de los sínodos, es
porque las materias eclesiásticas parecen ser la literatura
obligada de los papas. Lambertiní no dejó por esto de ser
uno de los primeros sabios de su siglo y recibió á Barthele
my con la afabilidad y buen humor que le caracterizaban.
Precedido por su reputacion y justificándola en todo el
curso de su viaje, Barthelemy recibió la mas distinguida
TOM ) vi.
97 bf
acogida por parte de los cardenales Álbani y Passionei, ho
nor porsu saber, de la púrpura romana. El cardenal Spinelli
aplaudió como ellos sus trabajos y Barthelemy le dedicó des
pues su Esplicacion, del Mosáico de Palestrina : todos los sa
bios de Roma buscaron en Barthelemy sus luces.y muchos
su amistad : los mas ricos gabinetes le fueron abiertos y lle
nó el principal objeto de su viaje con la adquisicion de tres
cientas medallas raras , algunas de ellas únicas.
Despues de visitar lo que la antigua liorna , tan rica aun
en medio de sus ruinas, ofrecia de notable á los ojos del
artista y del anticuario , Barthelemy partió para Nápoles ,
donde reclamaban su atencion dos ciudades sepultadas por
un volean y libres de este modo de los estragos del tiempo
y de los bárbaros. En las salas del palacio Pórtici encontró
los ricos productos de la mina de antigüedades , esplotada
con tanta actividad como intelijencia en Herculano ó Hera
clea, en Pcesturn y en Pompeya y no podia mirar sin alegría
aquella inmensa coleccion de estatuas , de bustos , de vasos.
de pinturas, de inscripciones, de medallas , de anillos y de
otros objetos notables todos , los unos por su belleza , los
otros por su destino en la vida civil y relijiosa de los anti
guos. Ninguno de estos monumentos es posterior al .ano
8'2 de la Era vulgar , que corresponde al segundo de Tito :
el catálogo hecho en 175it contiene 738 artículos de pIntue
ra , 350 estatuas , bustos y bajo relieves, 915 USOS , 21 trí
podes , 153 lámparas , 73°2 útiles, instrumentos, pesos, etc
mas desde aquella fecha nuevos descubrimientos han enri
quecido considerablemente aquel precioso depósito.
Al recorrerlo , Barthelemy tuvo el sentimiento de ver en
el mas vergonzoso abandono cuatrocientos 6 quinientos ma
nuscritos hallados en los subterráneos de Herculano , y que
hubieran sido el mas rico despojo de aquellas célebres rui
nas, si los sabios hubiesen podido hallar el medio de des
plegar aquellos rollos carbonizados prontos á deshacerse en
ceniza. Sin embargo , el sabio Mazochi habia logrado á fuer
za de una paciencia heróica, desenvolver algunos fracmentos
y traducirlos ó esplicarlos , mas como nada importante con
tenian , le faltó el valor, abandonándose así su trabajo an
tes químico que literario. Barthelemy rogó varias veces
aunque en vano, que se repitiese la operacion , y cosa -de
veinte anos despues de su regreso á Francia, habló de ello
al marqués de Caraccioli, entonces embajador de Nápoles en
París, y cuanto este diplomático, amante de la filosofía y
de las letras , fié nombrado ministro , Barthelerny le escri
bió de nuevo. El ministro contestó que se ocuparla del pro
yecto, y que para asegurar y apremiar su ejecucion'envia
ria algunos de aquellos manuscritos á la Academia de Ins
cripciones de París, á la Sociedad Real de Lóndres y á la
Universidad de Gcettinge: parte de este envio no se verificó
hasta despues de su muerte. La Biblioteca Real recibió cin
co 6 seis de aquellos manuscritos; los que se mandaron á
Lóndres , fueron sometidos sin gran éxito á los ensayos
químicos del célebre Davy.
Barthelemy deseaba enviará los sabios paleógrafos de Pa
rís, la muestra mas antigua de la escritura empleada por las
griegos, una página de uno de los manuscritos de Hercu
lano misteriosamente conservado en Pórtici. Contenia vein
te y ocho líneas de aquel carácter, y como estaba espresa
mente prohibido el sacar cópias, no hicieron mas que en
senar á B irthelemy el precioso fragmento: sin embargo, con
tanta atencion lo examinó, que lo retuvo todo, y bajando
con cualquier pretesto al patio de] palacio, trazó en el pa
pel las líneas que acababa de leer y de fijar en su memoria.
cuidando sobre todo de conservar la disposicion y la firma
de las letras. Al qolver á subir comparó mentalmente la co,
13
)5 ^98 X
'laja 'con edrijinal que se le habia puesto otra vez de ma
nifiesto y pudo rectificar á su salida dos ó tres pequenos er
rores en que habia incurrido. El fragmento contenia algu
nas palabras sobre la revolucion democrática que en el
quinto siglo antes de la Era vdlgar , obligó á los filósofos de
la escuela de Pitágoras , á salir de las ciudades de la grande
Grecia. Barthelemy se apresuró á enviar el fragmento á la
i:cademia de Bellas Letras , rogando al mismo tiempo que
no se publicára , á fin de no compeometer á Paderno ni al
canónigo Mazochi , afectos á la guardia del depósito de Pér
tici.
Informado el rey de las Dos Sicilias de la rnision de Bar
thelemy , manifestó deseos de verle ; le habló del éxito de
las investigaciones subterráneas que habia mandado conti
nuar y le hizo inscribir entre aquellos á quienes debian re
galarse los volúmenes de las antigüedades de Herculano.
Finalmente , despues de visitar en Peestum , llamado
tambieu Pcssidonia , los mas antiguos monumentos de la
arquitectura griega y en Pouzzolo, el templo de .Serapis ,
Barthelemy regresó á Roma. M. de Siainville, que se en
contraba en 'París, acababa de ser nombrado embajador en
Viena, con general sentimiento de la capital del orbe cris
tiano , donde por su franqueza en las negociaciones y esce
lentes cualidades, se habia grangeado la confianza del Papa
y del Sacro Colegio.
Durante su permanencia en Roma, Barthelemy visitó
muchas veces el Capitolio ;« la primera vez que entré en 'él,
escribia al .conde de Caylus, sentí una sensacion eléctrica ;
imposible me es deciros el efecto que en mí causaron tantas
riquezas reunidas ; no es un museo , es la estancia de los
dioses de la antigua Roma , es el Liceo de 'los filómafos , es
un muleto compuesto de los reyes de Oriente, que os diré :
el Capitolio, habitado por un pueblo de estatuas , es el
gran lib. o de los anticuarios.»
Pasólnuchos dias en una sala del palacio Farnesio-,.11ena
de inscripciones, de estatuas y de bustos, colocados.al.re
dedor del famoso toro. « Me hallo solo, encerrado, 'eseri
bia ; estoy. gozando , reino sobre cuanto me rodea.»
Aunque 'ocupado incesantemente de medallas, de ins
cripciones y de investigaciones arqueológicas, una alegría
viva y chistosa animaba la activa correspondencia que man
tenia con el conde de Caylus , el cual por su parte no pa
saba dia sin escribirle: es dudoso que en las cartas de Mme.
de Sevigné ó de Voltaire, se halle un rasgo mas agudo que
el siguiente: « Creia verun conclave ; mas no entienden na
da en la enfermedad del papa. Se halla tan bueno y tan malo,
que no debe sorprendernos saber su muerte , dentrode pocos
días , ni ver que vive largosanos. La semanaúltima, recibió
todos los sacramentos y se preparó todo para susfunerales y
el conclave : el dia siguiente se hallaba mejor y empezaron
los teatros á disponerse:para e! carnaval; el lúnes tuvo fiebre
y se continuó trabajando en.el conclave; ayer cesó !afiebre
y se ensaló la ópera; hoylas noticias son dudosas, asi esque
se trabaja á la vez para los 'dos géneros de espectáculos. »
Barthelemy fué recibido miembro de las Academias de
Cortona y de Pesaro ; desde algun tiempo antes pertenecia
á la de Londres y de Madrid.
Partió por fin de Roma con Mme. Stainville, y á sullegada
á Paris, M. de Stainsille le comunicó el proyecto que había
' formado de ir con él á Viena, desde donde á espensas del
rey marcharía á recorrer la Grecia y las islas del Archipié.
lago. Sin embargo, el museo de medallas estaba cerrado ha
cia dos anos y el nuevo viaje proyectado habria prolon
gado su abertura; así es que aunque M. de Saint-Florentin
,hubiese dado su consentimiento, 'Barthelemy se negó á
dar el' suyo y doblegó como siempre en esta éléungtancia
su gusto y sus inclinaciones , á lo que el deber le mandaba.
M. de Stainville fué llamado á París en 1,758 y dbtuvo el
departamento de negocios estrangeros, con el título de du
que de Choiseul. La primera vez que volvió á sernarthe
leinv le dijo. « A mi esposa á mí nos toca ocuparnos de
vu?tra 'fortuna ; decidnos lo que deseais. » Barthelemy sos
tenia en el colegio á dos de sus sobrinos y se proponia ha
cer 'venir un tercero á París, así es que espresó el deseo de
obtener una pension sobre un obispado 6 abadía; en 1756
el obispo de Evreux , hermano del duque de Choiseul fué
nombrado para ocupar la silla arzobispal de Alby y el mi
nistro hizo que de este ben'ficiose senalára una pension de
cuatro mil libras al abatetBarthelemy.
Poco 'tiempo despues de su regreso, leyó en la Academia
su Memoria sobre los antiguos monuinelitos de Roma y el ano
siguiente sus Reflexiones sobre algunos monumentos fenicios y
los alfabetos que de ellas resultan, En 1760 se imprimió en
París su nueva y erudita Esplicacion del Mosaico de Pales
trina , precedida de un prólogo del conde de Caylus y des
tinada á formar la continuacion de su edicion de las pintu
'ras antiguas de Pietro Sante Bartoli , imprimiéndose ade
más separadamente con una dedicatoria al cardenal Spine
lli. EIte mosaico de cerca de diez y ocho piés de, largo por
'catorce piés y algunas pulgadas de ancho, servia de piso en
el santuario del célebre templo de la Fortuna en Prenesta ,
( hoy Palestina ;) y por los cuidados del cardenal 'Francisco
Barberin, fué`tragladado á Roma en el palacio de los prínci
pes de Palestina. Este monumento 'labia dado uárgen á
mil congeturas por parte de muchos sabios; el P. Kircher
creyó ver en él las viscisitudes de la fortuna; .el cardenal
de Polignac la llegada de Alejandro á Egipto ; el P. Mont
faucon la vista del Nilo , del Egipto y de la Ethiopia; otros,
estraviados por un pasage de Plinio , descubrieron en él la
vida de Sila ; Barthelemy comparandcelas.figuras que se
'encuentran en tan gran número en el mosaico, estableció
'y demostró que representa el viage del emperador Adriano
por Egipto. .Esla bella eylicacion , dice el conde de Caylus,
puede considerarse como una especie de diccionario egipcio.
En 1760 se publicó tambien la novela que lleva por títu
lo: Los Amores de Carite y Polidoro , reimprimiéndose luego
diferentes veces ;aunque Barthelemy quiso imitar la sencillez
y brevedad de las novelas griegas, todo respira en ella
la pureza de costumbre de que no dan aquellas el egempla
casi nunca. El autor ha hecho vivir sus personages al prin
cipio del siglo my antes de J. C., tiempo de crímenes y de
barbarie; á haber escogido una época menos lejana de la
edad de oro de la Grecia, los detalles ofrecerian mas exacti
tud , y no tarecerian de verdad algunos de sus cuadros.
Barthelenay no puso su nombre á esta novela y la anun
ció. como, traducida del griemo , inocente mentira que no pue.
de enganar sino á un lector ignorante. Inducidos en error
por un artículo de la Francia literaria, de 1769, algunos
bibliógrafos han dado por autor de la novela de Carite y
Polidoru, á un sobrino de Maleshetbes, eljóven de Auriac, pa
ra el cual fué escrita en 1755, para el mismo compuso Barthe
lemy suTratado de moral,eque no se publicó hasta despues de
sumuerte; la religion, la-patria, los padres y los amigos for
man las cuatro partes de este tratado, al cual sirve de texto
una. antigua 'ley (lelos persas, citada por Xenofonte. El au
tor lo atribuye todo al sentimiento, y escribe sobre la mo
ral con tanta elegancia y gracia como claridad.
En 1760, Marmontel fué encerrado en la Bastilla, per
diendo el privilegio del Mercurio, por haberse negado á re
velar el-nombre del verdadero autor de-la parodia' de una
N
escena de Gana, que injaistamente se le atribuia y en la
cual se atacaba al duque de Aumont; Mme. de Choiseul, quiso
que se diera aquel privilegio á Barthelemy , y aunque el
autor de Anacharsis solo conocia al autor del Belisario por
haberle visto una ó dos vecea en la casa de Mr. de Boccage,
mostró una invencible repugnancia á aceptar aquel despojo
de un letrado ; atrevióse pues, á resistir á su amiga á su
bienhechora : hizo hab;ar á Mme. de Pompadour que quena
á Marmontel y la favorita aprobó su resistencia. Sin embar
go, nada bastaba á calmar al duque de Aumont y cada dia
se hacían mas activas las diligencias que su encono le suge
ria ; decidióse que el privilegio de Mercurio , definitivamen
te retirado á Marmontel, seria ofrecido de nuevo á. Barthe
lemy y en caso da rehusarlo este , ofrecido al novelista La
Place. Barthelemy no ignoraba que si la córte estaba 6 pa
recia estar en contra de Marmontel , Paris estaba por él y
que los hombres de letras que hablan hecho suya su causa,
se pronunciaban de antemano contra el que se atreviese á
ocupar su puesto ; con todo lo aceptó , mas no se apresuró
nadie á condenarle; esta aceptacion no fué mas que un no
ble sacrificio; Barthelemy creyó que si el privilegio caia en
manos de La Place na lo soltaría ya mas , mientras que. á él
le seria fácil , al desvanecerse las prevenciones, hacer que
fuese devuelto á Marmontel ; sin embargo al obrar así , no
consideró cuantas sospechas se elevarian contra él en el
ánimo de los que, no conociendo cuanta grandeza y gene
rosidad se albergaba en su alma, solo vejan en su conducta
la satisfaccion de un interés personal, canina muchos otros.
D'Alernbert se dejó enganar por las apariencias y en tina de
sus cartas á la Srta. Lespinasse decia que un solo Marmontel
valia mil Barlhelemys. Estoy convencido, dijo modestamente
este último, que Marmontel tiene mas mérito que yo, mas
no creo que tenga mil veces mas y no me parece exacto el
cálculo del geómetra. » Marmontel no participó del error
de sus amigos ó al ménos no tardó en reconocerlo; en sus
memorias, no acusa á Barthelemy , y dice mas; dice que se
le ofreció el diploma del Mercurio y que lo rehusó.
Barthelemy conoció en breve la falsa interpretacion que
se habia dado á sus buenas intenciones, y así es que se avis
tó con el duque de Aumont y presentándole el privilegio
del Mercurio, le rogó y conjuró que lo devolviese él mismo
Marmontel , diciéndole que no podía vengarse de un mo
do mas noble y mas digno de él. Sin embargo, dice Bar
thelemy,, trataba con un hombre obstinado como todas las
almas mezquinas, implacable como todos los corazones in
nobles. Solo quedaba pues, un partido á 13arthelemy y
lo adoptó, aquel mismo dia se dirigió á Versalles y en
tregó el diploma á Mr. de Saint-Florentin y el ministro le
senaló sobre el Mercurio una pension de cinco mil libras
de que jamás hizo uso y qae no tardó en renunciar.
Duelos y d' Alembert se hallaban entonces al frente del
partido de los filósofos en la Academia francesa ; ambos
quisieronhacer entrar en ella á Marmontel que fué rechaza
do diferentes veces y al cual tuvo Barthelemy la desgracia
de verse opuesto por un concurrente á pesar de su ne
gativa de presentarse; aun despues de la admision de Mar
monte] no quiso ceder á las instancias de Fonsemagne y de
sus amigos, muy numerosos en la Academia. «No tengo
tan violentos deseos de los honores literarios, decia , para
comprarlos al precio de una dicusion borrascosa. » Por
otra parte no hubiera podido vivir en armonía con Duelos,
y d' Alembert que detestaban al duque de Choiseul, y mas
cuando la causa de La Chalotais sembró la division en la
córte , en los parlamentos, en las provincias y hasta en la
Academia francesa, en la cual Voltaire, Duelos y d' Alem
19
bert se declararon en favor de aquel célebre magistrada
perseguido por el duque de Aiguillon y secretamente sos
tenido segun se decia por el duque de Choiseul. Cuando
la elevacion de Mane. de Barry amenazó á la Francia con el
favor del primero , el duque de Choiseul y Barthelemy re
cobraron su gracia cerca de los filósofos y se ofreció al mi
nistro la primera plaza vacante con dispensa de las visitas
de costumbre; se invitó á Barthelemy en su presencia para
que se presentara y como anduviese en hacerlo muy poco di
ligente , dijo d'Alembert á Gatti con despecho. « Me parece
imposible que haya alguien á quien no halague el verse,
inscrito en la lista en que figuran los nombres de Voltaire ,
de Buffon , y me atrevo á decirlo, el de d' Alembert.»
Apartado Barthelemy de las intrigas académicas , conti -
nuó el pacífico curso de sus trabajos; había compuesto para,
las memorias de la Academia de Bellas letras, unas erúdi
tas Observaciones sobre las medallas de los reyes Parthos , pu
blicadas por diferentesautores; la Esplicacion, de un balorelie
ve egipcio y de una inscripcion Fenicia que le acompana ; y unas
Reflexiones. generales sobre las relaciones de las lenguas Egip
cia , fenicia y Griega. A Barthelemy se debe el importante
descubrimiento del alfabeto fenicio , y lo compuso te
niendo á la vista cuarenta inscripciones muy cortas y algu
nas palabras grabadas en medallas raras: esto y unos doce
versos de Platito, en el quinto acto del Poenulus, es cuan
to nos resta del pueblo mas comerciante de la antigüedad,,,
que tantas colonias fundó, y á quien se atribuye la in
vencion de la escritura.
Mientras Barthelemy se entregaba á estas laboriosas in-.
vestigaciones de la antigüedad , el duque de Choiseul se.
ocupaba de su fortuna ; en 1795 obtuvo Barthelemy la te
sorería de S. Martin de Tours , que daba 7000 libras de
renta ; en 1768 fué nombrado secretario general de los sui
zos, empleo retribuido con 20.000 libras, y que varias veces
habian recibido en clase de recompensa oficiales generales.
Este último favor exitó la envidia de los hombres de letras;
Duelos y d' Alembert hablaron de ello á Malesherbes , el
cual logró calmarlos un poco, diciéndoles que aquella plan.
za , creada en otro tiempo por el duque de Maine en favor
de Malezien, miembro de la Academia de Ciencias y dada
ahora á un individuo de la Academia de Bellas letras, podría
con este doble egemplo convertirse en patrimonio de los,
hombres de letras.
Hasta entonces había Barthelemy conservado tres mil
francos de una pension sobre el Mercurio, los cuales, re
nunció en favor de algunos sabios, en cuyo nombre hizo
extender los nombramientos, sin prevenirles siquiera; cedió,
mil libras 4 Guignes , mil á Chabanon y mil á La Place, y
tiempo antes habia senalado mil á Marin , condonando las
otras mil para ayudar el Mercurio á pagar otras pensiones.
Despues de este sacrificio, que le valió el Pg radeci mien
to de Alembert, 13arthelemy conservó aun treinta y seis
mil libras de renta anual ; mas esta fortuna no le deslumbró
y supo hacer de ella un buen uso. Educó tres sobrinos su
yos, dotó á sus sobrinas, socorrió á otros p,arientes , tendió
una mano á no pocos jóvenes que tenían tina decidida afi
cion á las letras, consoló muchos infortunios y ocultd siem
pre sus beneficios logrando de este modo desarmar los
celos y la envidia. « Bien hubiera querido poner coche, de
cia , mas temo abochornarme encontrando en mi camino sa
bios á pié que valen mas que yo.»
En 1771 cayó en desgracia el duque de Choiseul ; Barthe
lemy , queriendodividir su mala fortuna , le siguió á suretiro
de Chanteloup ; el duque de Aguillon , elevado al poder ,qui
tó al caldo ministro su empleo de coronel general de su..
>2 100 §t
zos que' se dió al conde de Artois ; y aun se atrevió á propo
ner á Barthelemy dejarle su plaza de secretario general si
consentía en no volver á Chanteloup ; el abate no hizo el
menor caso de esta proposicion: marchó á reunirse con su
noble amigo y perdió su destino. Admirar su conducta seria
casi un insulto á la virtud. Conserváronle sin embargo una
pension de diez mil francos que no habia pedido.
Barthelemy era censor real en lo que toca á Bellas letras
é historia; antes de la revolucion existian muchos encarga
dos de impedir el paso y la libre circulacion de las ideas; su
número se elevaba á ciento setenta y ocho y cada facultad
tenia los suyos. Pero como entonces la censura no existia en
virtud de leyes de escepcion, como se dejaba á las ideas cier
ta latitud , no rehusaban esta difícil magistratura distingui
dos sabios; Fontanelle, Crebillon y Vertot la habian acep
tado; y si en la época de la revolucion contaha en su seno
á los abates Lourdet y Paillard, á los Gouliart y á otros mil
eunucos literarios, puede citar con orgullo los nombres de
Barthelemy, Camus, Fourcrag, Adanson, ValmontdeBoma
re, Parmentier, etc., los cuales con sus talentos y sus obras
eran honor de la literatura , de las ciencias y de las artes.
Mas de una vez los 'censores se espusieron á ser ellos los
censurados ; el abate Chretien fué encausado criminalmen
te por haber aprobado la n'osofía de la Naturaleza; el Ma
trimonio de Fígaro fué impreso con a probacion ; aun reinan
do Luis XIV no siempre se impidió la circulacion de atrevi
das verdades; Moliére, Fenelen y Lafontaine pudieron dar
útiles lecciones á todos los depositarios del poder, á la nobleza;
al clero y al rey mas celoso de su autoridad ; en tiempo del
gobierno absoluto, la prensa solo tenia ciertas trabas, al
gobierno representativo estaba reservado el encadenarla.
En tiempo de Luis XV, época en que Voltaire , Diderot,
Raynal, Rousseau , d' Alembert, Boulanger,, de Holbach,
Naigeon y tantos otros inundaron la Francia de ta' tos li
bros impíos ú obscenos, la censura permanecía muda, y no
denunciaba ; los mismos tribunales no se atrevían á chocar
con la opinion. Seguier hizo muchas requisitorias, mas el
parlamento solo decretó la prision de dos ó tres escrito
res; muchos libros obtuvieron lo que entonces se llamaba
los honores de la hoguera, mas no 'rabia multas, ni cárcel.
y los libros quemados hicieron la fortuna de gran número
de edito'res. Barthelerny renunció al sueldo seíblado á la
plaza de censor y no consta que ejerciera estas funciones
muchas veces.
Su modestia le habla hecho rehusar por dos veces la plaza
de secretario perpétuo de la Academia de inscripciones ; su
desinterés hizo que igualmente se negára á admitir en 1766
la plaza de bibliotecario del gabinete del rey, que le fué
ofrecida despues de la muerte de Mr. Hardion. En 1789
cuando Mr.. Le Noir exteniente general de policía, hizo
dimision de aquel empleo, Mr. de Saint Priest, entonces mi
nistro, parecía querer hacer volver la direccion de aquel es
tablecimiento á las manos de los hombres de letras , retirán
dola de las de los consejeros de Estado. Seducido por la mis
ma idea, Barthelemy,, á quien se ofreció el empleo, estuvo
tentado de aceptarlo, mas luego supo que Mr. Le Noir ha
bía dispuesto de aquel en favor del presidente de Ormesson
y que éste sería nombrado adjunto 6 sucesor del nueve bi
bliotecario. Entonces, dice : « viendo desvanecerse la sola
esperanza que podia vencer mi repugnancia, renuncié á las
'miras ambiciosas que alimenté, no para mí, sino para las
letras.» El presidente Ormesson obtuvo el nombramiento, y
si bien no podían aplicársele las palabras que se dijeron á
otro bibliotecario: he aquí una buena ocasion para aprender
leer, es preciso convenir al ménos que el:grave magistrado,.
era como su antecesor, completamente estraflo á los cono
cimientos bibliográficos. En aquella misma época decia Mi
rabean : E Francia no se mira si el bolon corresponde al
ojal ; se empieza por meterle en él.
Hacia mas de treinta arios que Barthelemy había conce
bido el proyecto de la giran obra por la cual terminó su car
rera literaria , y que le colocó entre los grandes escritores
franceses. « La casualidad, dice, me inspir6 (en 1735 du
rante su viage á Italia ) la idea del viage de Anachansis; cui
dando menos del actual estado de las ciudades que de su
antiguo esplendor, remontábase naturalmente al siglo en
que se disputaban la gloria de fijar en su seno las ciencias
y las artes, y pensaba que la relacion de su viage empren
dido por aquel pais en los tiempos de Leon X , y prolonga
da por espacio de algunos afros , presentaría uno de los mas
interesantes y útiles espectáculos para la historia del espí
ritu humano. El mismo Bartbelemy trazó en sus memorias,
el plan de esta abra á poca diferencia como concibió des
pues , el plan de Anacharsis. « El siglo de Leon X , dice, me
presentaba , tan ricos, variados é instructivos cuadros, que'
me asaltó por un momento la arnbicion de tratarlo , mas
poco tardé en advertir que exigiera por mi parte un nuevo
género de estudios, y recordando que un viage á Grecia en
los tiempos de Filipo, padre de Alejandro , me proporcio
nada, sin desviarme de mis ordinarios trabajos , el medio
de encerrar en un espacio circunscritollo mas interesante que
ofrece la historia griega, y además infinidad de.detalles re
lativos á las ciencias , á las artes ,.á la religion , á las costum
bres, usos etc., que pasan desapercibidos en la historia,
me atuve á esta idea, y despues de meditarla algun tiem
po , empezé en 1577, cuando mi regreso de Italia , á poner
la por obra. »
La primera edicion del Anacharsis no se publicó hasta en
1788 ; en aquella época todos los ánimos esperaban grandes
acontecimientos; el horizonte político, oscuro y cada vez
mas amenazador, atraía las miradas de una nacion inquieta,
y el caos de las rancias instituciones monárquicas parecía
pronto á disolverse en ignoradas tempestades ; las artes, las
ciencias y las letras, nobles pasiones de los pueblos civiliza
dos que tenian en Francia su foco, languidecian y parecian
olvidadas en medio de lá tormenta que agitaba los ánimos y
de los primeros albores de la revolucion. El éxito de una
obra nueva parecía difícil, imposible casi ; el del viage de
Anacharsis , fué rápido y completo; en breve se multiplica
ron las ediciones de la obra ; en breve se tradujo en to
dos los idiomas, y las puertas de la Academia francesa se
abrieron como por sí mismas, ante un anciano que hasta
entonces se. había negada á presentarse.
Beauzée acababa de morir: el silben que dejaba vacante
fué ofrecido con viva instancia á Barthelemy,, el cual opuso
primeramente su avanzada edad, y sobre todo su repug
nancia hácia toda representacion pública, como lo habia ya
manifestado en sus primeros anos en el colegio de Marse
lla, mas la Academia en una de sus sesiones resolvió ele
girle á pesar de su resistencia. Barthelemy cedió. « Si des
pues de la eleecion , dice, aceptaba la plaza , no faltaria
quien dijese que había querido dispensarme de las visitas
de costumbre y obtener una distincion que no habian •
pretendido los mas grandes hombres; si la rehusaba , ul
trajaba un cuerpo respetable y esto en el mismo momento
en que me çolmaba de honores. » Así pues Barthelemy
hizo las visitas prescritas á los candidatos; su nombre habia
apartado á todos los concurrentes y obtuvo unánimes sufra
gios, siendo recibido en la sesion pública del 15 de Agosto
de 1789.;.á pesar del interregno de las letras ,.la reunion fué
numerosa y brillante ; el discurso del nuevo electo , aun
que poco notable, fué recibido con grandes aplausos ; Mr. de
Boufflers su amigo y en aquella época director de la Acade
mia , hizo una contestacion en que el chiste despunta al
gunas veces á espensas del gusto ; en que una difusa meta
física esplica mal la forrnacion de las lenguas, pero en la
que se encuentra un análisis del viage de Anacharsis, lleno,
como dice La Harpe , de nobleza y de imaginacion.
Todos los contemporáneos juzgaron el Anacharsis , como
una obra digna de los mas hermosos tiempos de la literatura y"
hablaron de ella con entusiasmo ; el éxito que obtuvo igua
ló , y no es poco decir, al temor que tuvo el autor del des
tino reservado á las obras regulares. « Durante mucho tiem
po , decia, no podia leer un libro sin confesarme intericr
mente que seria incapaz de hacer otro tanto ; en mis últi
mos anos era mas atrevido en lo que toca á las obras relati
vas á la crítica y antigüedades; algunos y largos trabajos
me habian dado derecho á mi confianza. » Sin embargo,
esta ccnfianza limitada á susMemorias y á sus Disertacio
nes, no le animaba en su grande obra ; fué preciso que sus
amigos le escitasen ccn frecuencia á continuarla , y aun es
tuvo vacilando por espacio de diez anos. Finalmente , per
seguida y vencida su modestia hasta las últimas trincheras,
quiso investigar el gusto del público é hizo imprimir dos
fragmentos bastante largos del viage de. Anacharsis el pri
mero tenia por título : Obse; vaciones sobre el estado de la
música griega á mediados del siglo nr antes de la era vulgar;
el segundo era la brillante descripcion de las Fiestas de Ve
los; á pesar del éxito de ambos fragmentos,, quizás se hu
biera perdido para la Francia y la posteridad, el fruto de
tantas vigilias, si la muerte del duque de Choiseul no hu
biese reclamado una fuerte distraccion para un inmenso do
lor. Bartheletny crey ó hallar algun consuelo haciendo re
vivir en su obra la memoria de su bienhechor ; le pinta
bajo el nombre de Arsame ; y traza alegóricamente los prin
cipales sucesos de su ministerio, y las virtudes que le ador
naban en la vida privada, así como bajo el nombre de Fe
dima , esposa de Arsame , hace el mas brillante retrato de
?time. de Choiseul. Anacharsis manifiesta el deseo de que
se graben estas palabras en la losa de su sepulcro: obtuvo
las bondades de Arsame y de Fedima. Débese perdonar á la
gratitud, dice Mi. de Sainte Oreeix , el poner semejante
lenguaje en boca de un filósofo escita. »
A medida que el dolor del anciano se calmaba sin estin.
guirse , renacian con mas fuerza los temores sobre la muer
te de su libro, que llamaba una triste compi,'acion revisó su
manuscrito con sev eros ojos, llenó muchos vacíos, anadió
los artículos de Píndaro y de Aristippa , hizo grandes cor
tes con aquel valor que como observa uno de sus biógrafos,
tanto cuesta á la juventud , y que raras veces se permite la
vejez; finalmente en medio de las angustias del mas tímido
é inquieto amor propio, cedió á los ruegos de la amistad, y
dió á la imprenta en 1785 el principio del viage de Ana
charsis; sin embargo, apenas terminado el primer tomo, ya
Barthelemy quiso suspender la publicacion ; los demás le
fueron en cierto modo arrancados; ausentábase de su. casa,
muchas -aeees durmió en casas estranas, para eludir las ins
tancias del editor y de los obreros que esperaban :a con tinua
cion de sumanuscrito ; tres anos pasaron antes de que se ter
minase una impresion, que hubiera podido hacerse en el
espacio de pocos meses. La época de la publicacion fué para
el autor una crísis terrible. « No podré soportar la desgracia
de mi cbra, decia á sus amigos, y la prevendré yéndome á
septtltar en el fondo de mi provincia. »
Sia embargo, á pesar de lo difícil de los tiempos en que
se publicó el Anacharsis , el grande éxito de la obra no tar
dó en tranquilizar á Barthelemy ; apresuróse á enviar un
ejemplar á su primer maestro el P, Raynaud que vivia
aun , y parecía haber esperado para terminar sus dilatados
dias á que la reputacion de su discípulo hubiera llegado á
su apogeo. El anciano profesor leyó con enternecimiento
en la portada del primer tomo estos versos de Horacio es
critos de mano del autor.
Quid spiro et placeo (si placeo) tu= est.
Malesherbes fué otro de los que primero recibieron un
ejemplar del Anachal sis con una celta en que Barthelemy
decía que el éxito habia sobrepujado susesperanzas, « Pocos
hombres, contestó Malesherbes, han conocido tantos sabios
como yo ; y si bien no os diré que vos seais el primero á
quien he yo oído decir con candor y buena fé : el éxito ha
sobrepujado á mis esperanus , aseguro que sois el segundo;
el primero es el célebre Gessner, autor del pcerna de Abel.»
La Europa entera resol ó en breve con los elogios de
Anacharsis y con el nombre de su autor; ninguna obra
ofrece mas vastas iris eatigaciones y tan numerosas pruebas;
mas de veinte mil citas , acreditadas al fin de cada página
parecen justificar á &d'en , cuando hizo consistir el génio
en una grande aptitud para la paciencia ; ninguna de sus ci
tases inútil; todas se refieren á escritos originales, griegos y
latinos; dispuestas por órden de materias, proporcionan fá
cil medio de comparar todos los detalles de aquel magnífico
cuadro de la Grecia en los tiempos de su mayor esplendor.
Admiran en ella el arte de revestir el pensamiento de es
presiones nobles y elevadas , de animar las descripciones
con un estilo rico, variado y armonioso , de dar á las imá
genes la gracia ó la fuerza que les conviene ; el difícil ta
lento de imprimir á una erudicion inmensa el movimiento
y la vida , que faltan casi siempre á las obras de la ciencia,
y á quienes únicamente se debe que no perezcan en la cu
na. La crítica no reprendió en Barthelerny sino el defecto
censurado en Platon ; demasiada elegancia, demasiada poe
sía y algunos cuadros que por lo bien acabados, carecen á ve
ces de fuerza y precision. !Mas cuán raros son los escritoresá
quienes solo puede echare en cara la riqueza y cuyo talento
ofrece á rígidos censores, un lujo que quisieran menos bri
llante!
La revolucion francesa que inmoló tantas víctimas, no
perdonó á Barthelemy. « Si la fortuna, decia , me ha trata
do últimamente con tanta bondad , se venga ahora cruel
mente. » Agebiado bajo el peso de los anos y de sus acha
ques, se vió privado de '25 mil libras de renta y despojado.
de cuanto poseía : con todo jamás se le oyó proferir una
queja. » Cuando se sufre, decia , de la opresion general, se
gime, es cierto, pero no se hacen oir quejas, » El 1.° de
Setiembre de 4'793 , fué arrestado en casa de lime. de
Choiseul junto con el abate Coureay,, su sobrino y adjunto,
Chamfort , Capperonier, el abate Dasaunays, Van Praet y
Barbié del Bocage , empleados en la biblioteca.
Barthelerny fué conducido á la cárcel de las Madelonnete
tes ; los prisioneros instruidos de su llegada bajaron todos
al pié de la escalera y recibieron al ilustre anciano con una
ternura mezclada de re lpeto.
Mme. de Choiseul sin reflexionar en los peligros que po
dian amenazarle en aquellos espantosos dias, se atrevió á re
clamar ante el comité de seguridad pública, la libertad de
su amigo; Courtois espresó con calor su opinion favorable,
Chabot y Barire se dejaron ablandar, Danton cedió, pero
Laignelot , autor de una tragedia de Agis, mostró grande
resistencia, pretendiendo que el viage de Anacharsis era una
ol ra aristcci ática, los debates se prolongaron por espacio de
una hora , mas en fin Courtois triunfó y se firmó la 6rden
de poner en libertad á Barthelemy ; eran entonceslas diez y
media de la noche; antes de las doce Mme, de Choiseul es
taba ya en la cárcel , con la bienhadada rden , y con los
ojos húmedos aun por las lágrimas que habia derramado y
por las que la alegría hacía asomar ahora á sus párpados ;
Barthelemy fué acompanado y conducido por su ilustre ami
ga y al volver á entrar en su casa , apenas habian transcur
rido diez y seis horas. Su sobrina y demás companeros de
infortunio no recobraron su libertad hasta despues de cua
tro meses de prision.
A pesar de haberse reconocido la falsedad, de la denuncia
de que hablan sido víctimas Barthelemy y sus cólegas, pa
recia que no tardaria su autor en conseguir el principal ob
jeto de su infamia. La llave de la biblioteca la cual se retiró
á Barthelemy al tiempo de arrestarle no se le devolvia , es
tando confiada á un empleado encargado de tener el gabi
nete abierto para el público. Barthelemy estaba ya resigna
do á perder el último recurso que le quedaba para subsistir,
cuando Iré á verle el ministra del interior Pare , el cual le
entregó una carta escrita por el mismo ( en 12 de octubre
de 1793) cuyo testo íntegro ha conservado Barthelemy en
sus memorias.
Esta carta en la cual un ministro republicano se muestra
el amigo de las letras y de la virtud , es el recuerdo mas
honroso que ha dejado Pare de su corta administracion ;
en el sobre se dá á Barthelemy el título de Encargado de la
biblioteca nacional, pues este era en efecto el empleo que el
ministro venia á proponerle. Así como lo había rehusado en
los últimos tiempos de la monarquía, rehusólo en los pri
meros tiempos de la república; en vano fué que Pare reno
vase sus instancias de viva voz; Barthelemy contestó el 15
de octubre que su inaptitud para los negocios era tan gran
de que preferia recibir órdenes á darlas, y que su edad
octagenaría casi, acompanada de muchas dolencias, no le
dejaba mas ambicion que 13 de pasar tranquilamente el res
to de sus dias.
Mientras en los periódicos estrangeros, los sabios de Eu
ropa manifestaban su alegría por la libertad de Barthelerny,
se veia este acosado en sus últimos anos por grandes dolo
res físicos y morales; estos eran los mas agudos, pues su
corazon no había envejecido. Llevados por la tormenta re
volucionaria,, veia cada dia desaparecer á algunos de sus
amigos mas queridos, habia ya perdido al prudente Bailly,
á Le Paletier, á Malesherbes , Boutin , de Ormesson y
temblaba sin cesar por el corto número de los que le que
daban ; en aquella época decia : «No veo en la vida mas
que un camino sembrado por todas' partes de espinas en
cuyas puntas van quedando sucesivamente nuestros vesti
dos, y que acaban por dejarnos desnudos y cubiertos de
heridas. »
Sin embargo, vino un día en que todos los dolores que
rodeaban su vejez desaparecieron delante ‘de otro mas fa
tal acontecimiento; la que hacia cuarenta anos era su no
ble y virtuosa amiga, la que le sostenía en la adversidad y
que diez meses antes habia roto sus cadenas, fué presa ;
hay males del alma que es imposible trazar, desesperacio
nes tan profundas que seria debilitarlas intentar describir
las; Barthelemy escribió á Courtais : « No puedo espresaros
todos mis sentimientos. Juzgad de su sinceridad por el in
terés que á vos os inspira la virtud desgraciada. » Por fin ,
tuvo el consuelo de volver á ver á su amiga , mas cuando
le fué devuelta habla sufrido mucho: todo habia cambiado
para él ; su pasion por la gloria se !rabia apagado : el por
venir por el -cual ordenó sus largos trabajos, cesó de pre
102 le
sentarse á su mente, y consideraba una ilirsion dé su co
razon el haber creido que los hombres eran buenos ; la re--
volucion le parecía ún nombre equivocado, segun él era
preciso llamarla una revelacion.
Los órganos de Barthelemy se debilitaban y sus dolencias
se agravaban de día en día ; las fuentes de la vida se halla
ban en él casi estinguidas, y como Fontanelle esperimenta.
ba una dificultad de ser. Sin embargo en los intérvalos de
sus frecuentes desalientos , « volvia , dice el duque de Ni
vernoir á su vida ordinaria ; entregábase al estudio y á la
amistad ; siempre ocupado, siempre sensible , siempre agra
decido, en la misma época Brequigny como él octagenario,
su amigo y cólega en las Academias francesas y de Bellas.
letras, tocaba igualmente al fin de su carrera ; ambos
marchando con paso casi igual hácia el sepulcro no c‘sa
ban de preguntar recíprocamente uno de otro. Sin embargo,
la idea dominante de Barthelemy era Mme. de Choiseul; el'
25 de abril, quena ir á comer con ella ; pasó la velada
conversando con algunos amigos y al dia siguiente á las
ocho., inquieto su criado por no haber sido llamado toda
vía , entró en el aposento del anciano y le encontró sin co
nocimiento , con los piés en la cama y la cabeza en el sue
lo ; poco 'á poco recobró el uso de sus sentidos , mas la fie
bre se habia declarada, y no le abandonó ya mas; al sentir
Barthelemy que se acercaba su última hora , nombró á
Mme. de Choiseul. « Que no se la informe de mi estado, di
jo ; se conmoveria demasiado. » Pasó.los ojos.por un perió
dico, en seguida pidió las obras de Horacio , abriólas en la
cuarta epístola del libro primero , pareció meditar un ins
tante é hizo senal de que le trajesen la traduccion de Da
niel.; pero sus manos, que halaba ya el frío de la muerte,.
dejaron caer el libro, y entró en una dulce agonía ; sus
amigos, su mismo sobrino le creían dormido; pero mientras.
se entregaban á esta ilusion , el anciano acababa dulcemen
te de sufrir; y media hora despues ya no existia. Del misma.
modo había muerto Leibniz ; pronto á dar el último suspi
ro , aquel grande hombre pidió tintero y papel, y escribió,
pero habiendo querido leer las palabras que acababa de tra
zar, su vista se oscureció y cesó de existir.
Barthelemy murió en 50 de abril de 1795 entre los bra
zos de su sobrino Coursay,, al cual habia servido de padre.,
y el cual siempre le habia mostrado una piedad filial. llere.s.
dero de sus virtudes y de su empleo, de sus conocimientos y
manuscritos, aquel modesto sabio solo le sobrevivió cuatro.
anos.
Mme. de Choiseul que aun despues de la muerte de Bar
thelemy quiso continuar siendo entonces y siempre su mejor
amiga, acabó los tristes días de su vida sumida en sus pesa
res y en sus recuerdos; murió en 30 de noviembre de 1801.
Mr. de N:vernois traza en estos términos el retrato de
Barthelemy; « Era de estatura alta y bien proporcionada.;
parecia que la naturaleza hubiese querido asociar sus for
mas y fisonomía á sus costumbres y ocupaciones. Su rostro
tenia un carácter antiguo y su busto no está en su centro
sino entre los de Platon y Aristóteles. El hábil artista (Hou
don ) que lo modeló, supo imprimir en su fisonomía aque
lla mezcla de dulzura y de sencillez, de bondad y de gran
deza, que hacia visible, por decirlo así, el alma de aquel
hombre estraordinario.»
Dussault traductor de Juvenal y miembro de la Conven
cion , hizo el dia 5 de Mayo en la tribuna nacional el elo
gio de Barthelemy,, haciéndose interprete del sentimiento
de los sabios y de la Francia entera.
Aunque Barthelemy gustase de vivir en los siglos que
precedieron á la era vulgar, aunque las inscripciones, los
w 103 t<
'Monumentos antiguos, los idiomas que hablaban pueblos
hace mucho tiempo despreciados, fuesen objeto de sus ac
livas investigaciones y de sus constantes estudios, su ima
ginacion no había sucumbido bajo el peso de la erudicion ;
su corazon conservaba la sensibilidad que hace amar ; sus
costumbres tenian la dulzura y delicadeza que son el encan
to y el lazo de la sociedad. El autor de tantas y tantas di
sertaciones erizadas de griego y de latín, -hacia tarnbien
versos fáciles y agradables; un poema heróico cómico, titu
lado la Chanteloupee ó la §,,uerra de las pulgas contra Mine.
• de Choiseul , recuerda la Ba:rachomiornachia de -Romero,
'mas hay en ella mas finura y sentimiento. Barthelemy gua.
'taba de componer enigmas, logogrifos, y otras cosas lige
'ras que hacia insertar en el Mercurio, sin poner su nombre
ni darles importancia alguna. Todos estos versos, fruto no
de sus dulces ocios, sino de las necesarias distracciones que
.debia proporcionar á su innaginacion agobiada con tan gran
des trabajos, formaban parte sin duda debas muchos pape
les que arrojó á las llamas poco tiempo antes de su muerte,
'juzgándolos indignos de ser conocidos por la posteridad ;
tambien hubiera sacrificado la «Chaate/oupée , á no haberla
'querido conservar la heroína del poema ; en el seno de la
amistad, en las dulces veladas de •Chantelaup se le veia
distraerse del pesado cargo de sabio, con ligeras distraccio
nes; un dia compuso una •paródia de una sesion pública de
la Academia francesa ; poniendo en boca del frívolo abate
de Toisenon un discurso lleno de chistes y agudezas; sin
embargo, suprimió esta ingeniosa broma, pues si su talento
podía prestarse al epigrama , su carácter lo rechazaba.
'Un último rasgo acabará de dar á conocer á Barthelemy;
el duque de Caylus, que no debe confundirse con el conde
'del mismo nombre, deseaba con ardor ser nonábrado indi
"aiduo de la Academia de Bellas letras, creia poder estar
seguro del voto de aquel que antiguas relaciones habían
hecho un verdadero amigo de su familia ; pero lo que Bar
thelemy debía á la sociedad, no predominó jaínás sobre sus
deberes hácia la Academia. « Tenemos necesidad, decía , de
sabios -asiduos, en estado de darnos buenas memorias; mi
voto no es mio , es de la Academia, » y lo dió al erudito
Vauvilliers.
•La duquesa de Grammont no amaba ménos á Barthele
my que su cunada Mme de Choiseul. Una anécdota, inser
ta en las memorias de Bachaumont , manifiesta la amable
galantería con que á mediados del siglo xvin sabian estas
dos senoras de la córte revestir el puro sentimiento de la
amistad.
Se puede decir que si el Museo de Medallas debió á Gas
ton, duque de Orleans, su creacion; á Colbert , su segunda
existencia ; á De Bose su aumento, es deudor al abate Bar
thelemy de ser el mas considerable y magnífico monumento
de la historia antigua; encontró al encargarse de él 20,000
medallas antiguas, y dejó 40,000; decia un día al duque
Nivernois que habian pasado por sus manos 400,000 meda
llas. Las medallas son para los sabios mas que pedazos de
cobre 6 de oro ; las medallas indican invariablemente las
épocas, y son las únicas que forman la historia sin error.
Haber elevado semejante documento es sin duda un servido
menos brillante , sí, pero mas útil á las letras que la pu
Ilicacion del Anacharsis.
.Por otra parte, todo el mérito de Barthelemy no está en
sus trabajos y en sus obras; si causa adrniracion como á sa
bio y gran escritor, se le puede tambien proponer por mo
delo á los que á la cultura de las letras quieren unir las
calidades del hombre de mundo, y las virtudes del hombre
privado.
Historia natural.
EL ÁLIGADOR.
r-Una senora inglesa deSadras , habiendo espedido á algu
'nas millas de distancia en el interior del país, un correo
,portador de una carta y viendo que no regresaba despues
'de haber trascurrido el tiempo necesario, creyó que pcdia
haberle acontecido algun grave accidente y envió algunas
personas en su busca ; pero estas despues de haber recorri
do el país en varias direcciones y no dando sus pesquizas
,ningun resultado, desconfiando ya de encontrar el criado, re
solvieron regresar á Madras.
Al cruzar un riachuelo que se hallaba en su camino, vie
ron á un aligaclor muerto junto al agua, y despues de ha
' berlo examinado , atentamente conocieron que había muer
' to ahogado por un gran cuerpo cuya accion estaba todas ía
manifiesta en las partes inferiores de su garganta. Esta cir
cunstancia les sugerió la idea de abrir el mónstruo para co
nocer la causa de aquella estrangulacion• y tallaron con
gran sorpresa la cabeza del desgraciado mozo de pié en
cuya busca hablan salido, y que obstruya completamente
el esófago del aligador No habiendo podido engullir el
animal aquel cuerpo duro, había muertosofocado. La cabe
za llevaba todavía el turbante y en un bolsillo del pantalon ,
se halló , perfectamente intacta, lacontestacion á la misi
va de la dama. Bajo todas apariencias, el criado se habia
ernetido la carta en el bolsillo ,para no mojarla pasando á
nado el riachuelo yliabia sido asaltado en el agua por él
voraz aligador.
Ile aquí lo que nos refieren unos viajeros respecto de es
te,feroz anfibio.
aespues de habernos preparado, tomamos nuestras ca
rabinas y penetramos en lo mas espeso del bosque, acom
panados de vecinos naturales del pais, armados tambien ,
á fin de cazar algunas grandes aves silvestres que abunda
ban en aquellos sitios y sobre todo en los pantanos de sus
inmediaciones. Al cabo de un 'buen rato de haber entrado
en el bosque, penetramos en un lugar en que falto de vega
tacion , formaba como una plaza, en el centro de la cual
había una grande 'balsa ,,poblada segun nos pareció á pri
mera vista de aligadores.de una *especie enorme. Aquel pe
queno lago se prolongaba por un lado hasta internarse en
lo mas espeso del bosque; era bastante angosto, pero muy
profundo. Algunos grandes árboles silvestres, inclinados
en sus orillas se reflejaban en la tranquila superficie de sus
aguas, que cubrian con sus misteriosas sombras, y los
rayos solares, casi .por do guiar interrumpidos por las ra
mas pobladas de hojas, esparcian acá y á cullá una débil
claridad contribuyendo á hacer mas misterioso y sombrío
aquel silencioso sitio.
« En la orilla izquie:da del lago veiase el cadáver de un
10í
elefante que un grande aligador iba devorando y no lejos
de él , otros aligadores aguardaban su vez para tomar parte
en aquel rico festin. El aislo mento y aspecto silvestre de aquel
lugar, la inmovilidad y color sombríode aquel lago cuya
superficie remedaba la de un grande espejo, anadido á las
ideas siniestras que semejante reunion de circunstancias ha
cian nacer en el alma, todo contribuia á formar un singular
contraste con la animada variedad de los objetos que herian
la vista á la entrada de aquella plaza, Algunos otros ani
males, atraidos por el hambre, acechaban tambien la pre
sa y oía nse mugir y graznar escondidos entre las matas
encaramados en las ramas de los árboles, algunos chacales,
zorras, milanos, buitres y oteas aves de rapina; cuadrú
pedos y réptiles dando vueltas al rededor del elefante mur
Lo, aguardaban con impaciencia que les llegára el turno para
poder satisfacer s u apetito en aquel cadáver infecto.
Migadcr devorando un elefante muerto.
«Mientras que el grande aligador de que hemos hablado,
desgarraba a' su placer el enorme cadáver del elefante, hi
cimos adelantar á uno de nuestros indios, ordenándole que
disparára á la fiera para ver el efecto que produciria la es
plosion en aquella horible tropa de hambrientos animales.
Disparó el indio y la bala fué á resbalar en las escamas
del aligador mas duras que el diamante; pero el estampido
causó tal confusion entre todos los animales reunidos, que
siguió una escena difícil de describir. Aquella plaza don
de reinára hasta entonces el mas profundo silencio, pare
ció animarse de repente; la fuga precipitada del aligador
á quien habla azotado la hala, los silvidos de los demás ali
gadores que el hambre 'labia llevado hasta la superficie del
agua y que se zambullian espantados, los graznidos de los
buitres, los gritos agudos de los chacales, todo esto forma
ha una algazara infernal imposible de soportar por mucho
tiempo, así es que nos alejamos de aquel sitio, donde ya
nada podíamos obtener
« Al regreár de nuestra cacería, tuvimos la curiosidad
de visitar de nuevo el lugar de aquella escena. Entonces
solo encontramos el colosal esqueleto del elefante, pero tan
bien descarnado, como pudiera haberlo hecho el mas hábil
naturalista para esponerlo en un museo de historia natural.
Debemos anadir que se encargaron de aquella operacion
no solo los aligadores y las aves de rapina, sino tambien
las hormigas negras que no abandonan los huesos hasta
haberlos dejado mas blancos que el marfil. Los primeros
desbastan y las últimas pulen. La accion química viene mas
tarde á descomponer la materia para agregarla á otros
cuerpos y tomar nueva forma.»
Literatura.
EL RITMO DE LA FRASE.
por irlipe I. Macias.
Es doctrina bastante general y corriente entre las perso
nas mas 6 ménos conocedoras del arte de escribir las
leyes del rithmo son tan misteriosas como las de la modu
iacion : esto es, que se sienten, pero que no es posible de
.terminarlas ni explicarlas.
Proviene sin duda este error, pues lo es, y no pequeilo,
de que á la recomendacion incesante de los preceptistas
sobre el sumo cuidado que debe tenerse de redondear la
frase, y hacer númerico el período dándole natural caden
cia , y convirtiéndolo en una verdadera música , no acom -
Paria jamás la demostracion de las leyes ríthmicas en cuya
virtud se produce todo esto , las cuales se hacen malamente
consistir en la pura y simple delicadeza del oido.
Convendremos sin dificultad en que el oido bien educado
de una parte , y apto por sí mismo de otra , es'sin disputa
una gula fiel , y hasta casi la única por la cual se dejan or
dinariamente conducir, tanto el escritor versificador y pro
sista , como el orador y como el músico ; pero cuando el
oido carece de aptitud , esto es, de educacion, 6 de delica
deza natural , ?á dónde acudir para convencerle de su er
ror 6 de su acierto ? Es claro , pues, que al arte; empero,
como el arte no se determina, y el oido no puede constituir
autoridad para los que lo tienen malo 6 poco educado, no
tan solo se sigue la imposibilidad de convencer á las perso
nas que escriben mal respecto á este punto , haciéndoles
tanjibles los defectos de rithmo que cometen en sus compo.
siciones, sino tambien la de basar la ensenanza de esta ma
teria importantísima para la belleza prosódica, sobre prin
cipios tan evidentes como es preciso que lo sean , si ha de
llevarse á todos los ánimos el convencimiento de la verdad
del arte , y la consiguiente necesidad de servirse de él , al
menos como piedra de toque en casos de duda.
Pero desenvolvamos su misteriosa teoría, qiie afortunada
mente nada tiene de abstrusa ni de difícil en ningun sentido.
Ritlimo, cuya significacion griega quiere decir cantidad,
es pura y simplemente aquel suavísimo apoyo ó duracion
de voz con que se pronuncian ciertas sílabas, midiendo con
ellas de una manera regular y sonora á la vez, la duracion
total de una frase, de un verso , 6 de un inciso del perío
do. No hay necesidad de anadir que el rithmo oratorio
como el musical, marca tiempos, proporcionales de mate
mática exactitud, cuando es perfecto, y consiguientemente
uno de los mayores encantos del arte de la palabra.
Todo el mundo conoce la versificacion libre, 6 sea sin ri.
ma : todo el mundo sabe tarnbien que la versificacion libre,
á pesar de carecer del importantísimo adorno de la rima,
no solo no cede en mérito á la versificacion rimada, sino
que , la eclipsa , la sofoca, y queda muy por encima de
ella.
Pues bien , este maravilloso encanto, y dulcísima mágia
que solo pueden dejar de sentir las personas completamen.
te extranas al arte , no puede menos de ser efecto único
del rithrno, toda vez que en este caso no hay rima á que
poderlo atribuir; y en-esta clase de composiciones, es en
las que el rithmo deja palpablemente conocer toda su po
tencia.
Sin embargo, el rithmo , no es exclusivo del verso libre,
ni de ningun otro verso rimado ó no, pues el mismo inte
resante papel desempena en la buena prosa, y de él, prin
cipalmente, es de donde saca esta la redondez y sonoridad de
sus miembros mayores y menores, que sin disputa alguna
es una de las principales buenas condiciones del escrito, con
relacion á la belleza de la forma.
Es preciso ser muy ignorante en el arte de escribir, y tal
vez tambien sordo, para no conocer que si la buena dispo
sicion de los argumentos y la corieccion gramatical, cons
tituyen las principales condiciones de un escrito, con rela
cion á su claridad y fuerza, mucha parte de esta misma
claridad y fuerza, la saca de la disposicion musical del len
guaje, que deleitando el oido con la sucesion ya armónica,
ya melódica de sus cadencias, y hasta embriagándole mu
chas veces, dispone el ánimo en su favor, y sino le da el
triunfo, se lo facilita en alto grado. Es decir, que se allana
el camino para llegar á él, y hasta puede decirse que le abre
las puertas de par en par.
TOMO I.
Pero dejémonos de consideraciones, y entremos en su
demostracion práctica, visible y tangible.
El rithmo de la frase se compone de dos duraciones diš
tintas de tiempo, una larga y otra breve. La primera, que
es la de toda sílaba fuertemente acentuada , toma el nombre
de cesura : la segunda es la de toda sílaba acentuada ó
cuyo acento desaparece, sofocado por el dominante de las
cesuras: esta cantidad no tiene nombre, porque jamás se
fija en ella la atencion del que escribe ni del que habla.
Tales son, pues, los ejes de la armonía y melodía de la
frase y del.período , y en la simétrica distribucion de sus re
peticiones se oculta el misterioso arte del rithmo.
Analicémosle.
Los miembros del período, los incisos grandes y peque
nos, las frases sueltas, y los versos de todas medidas, pue
den tener cesura en cualquiera de la's diferentes sílabas de
que se componen, y esto sin la menor excepcion. Sin em
bargo, en la primera sílaba no puede haber cesura sino en
dos casos: cuando la primera palabra es un bisílabo 6 trisí
labo esdrújulo, como héroe, cándido, etc., ó cuando por su
significacion léxica, ó por la energía del pensamiento á cuya
expresion contribuye, recae en ella una preponderante.
fuerza de énfasis, como en el ejemplo siguiente:
PRIMERAS.
« Rompe, cruel , mi lacerado pecho »
1.a
Esta cesura se llama generalmente inicial, y su acento.
previene al lector, de que con energía enfática ó sin ella,
segun sea el caso, el incremento ríthmico está en el prin
cipio de!la frase.
Las demás cesuras, se llaman segundas, terceras ,c,c tr -
las, etc., segun fueren una, dos, tres, cuatro, cuatro, etc.,
las sílabas breves que precedieren á cada cesura. Mejor que.
las palabras, aclararán los ejemplos esta doctrina.
SEGUNDAS.
« tud sublime y san -ta. (1 )»
2.a 2 .a 2.a
TERCERAS
« En Es-paria os veremos »
3.a 3.5 ' 3.'
CUARTAS.
«A-pa-re-ció des-fi-gu-ra-do y mal-tra- ta do. a,
4.a 4r. a.
QUINTAS.
« U-na-pas-tor-ci-lla dul-ce y sen-ci-lla. »
5.a 5.5
SEXTAS.
« Hu-bo so-be-ra-ní-si-ma , ma-ri-mo-re-na.
6.' 6.a
(1) Es sableo que la sinalefa ó inmediata concurrencia de dos vocales sin.
acento y pertenecientes á distintas palabras , se pronuncian en una sola culi
sion de voz, y secuentan por un solo pl. Téngase esto presente para contar
las distancias de las cesuras.
14
-› 106 n
En los precedentes ejemplos, demostrativos de lo que se
debe entender por cesuras primeras, segundas, terceras ,
,etc., se vé marcar el rithmo períodos constantemente uni
formes; pero no es esto lo que sucede de ordinario, en que
con frecuencia grandísima , las cesuras pares se combinan
con las impares en una ú otra disposicion , produciendo di.
ferentes y variadas gradaciones ríthmicas , mas ó menos
sonoras, y mas 6 rnénos agradables al oido.
Cuando las cesuras son pares 6 impares uniformes, como
.en los anteriores ejemplos, se dicen armónicas, 6 que for
man armonía; y cuando son pares é impares, pareados en
tre sí, sin interpolacion , se dicen melódicas 6 que forman
melodía. Ejemplos de armonía son todos los anteriores, se
gun se tiene dicho.
Ejemplo de melodía es el siguiente endecasílabo.
«i Que pia-do so va-ron! !que san-ta vida ! »
3.'
3, a2.a
Compárense las cadencias armónicas con las melódicas,
y el que no las distinga como lo blanco sobre lo negro, se
guramente no tiene oido, ni escribirá jamás una frase ca
denciosa.
Ahora bien.
Tanto el rithmo armónico, de pares 6 impares fijos, cual
es el de los seis primeros ejemplos, como el melódico ó al
ternando de pares é impares pareados, cual es del ejemplo
último precedente, son perfectos y regulares cada uno por
sí, porque tan perfecta es la acorde simultaneidad, que es
lo que significa la palabra armonía, co.no la acorde sucesi
vidad , que es lo que significa la palabra melodía ; pero des.
de el momento en que las cesuras pares é impares dejen de
ser pareadas, interpolándose unas con otras, sin regulari
dad ni compás simétrico proporcional , la perfeccion mate
mática del rithmo desaparece como por encanto, y solo á
beneficio de la eufonía y suavidad, si hay ambas cosas por
otra parte, podrá irse sosteniendo sin gran ofensa del ()ido,
aunque llegando por último á hacerse insufrible, cuando á
las imperfecciones ríthmicas acompana el desatino gramati-cal, y el acumulamiento de consonantes y de vocales de.un
mismo sonido ó de un mismo órgano.
Pueden, sin embargo ocurrir los siguientes casos de in
terpolacion no pareada, que, no obstante, será lejítima ,
porque no dejará de ser cadenciosa, á pesar de las prece
dentes reglas.
Primero. Cuando hay cesura inicial, como en
«Mis-ti ca luz glo-rio-sa »
3.' 2.'
Segundo. Cuando hay cesura final, como en
« El agua be bie ra a quí »
2.” 3.'
Tercero. Cuando con dos versos de arte:menor, se hace
uno de arte mayor, corno en
« Un trai-dor in-fa me
3.8
suspa sos se-gui-a »
2.' 3.'
Convertido en el siguiente duodecasflabo :
« Un trai- dor in fa-me sus pasos se-gui-a »
3.a 2. a 3.' 3.8
Lo cual consiste, en que en el verso de arte mayor , for
mado por los dos de arte menor, la sílaba primera del se
gundo hemistiquio, (sus) es una cesura segunda , contada
desde su precedente ('me), que es una primera en el verso
duodecasílabo ; pero si ese mismo hemistiquio se convierte
en un verso sexílabo, esa misma sílaba sus que era segunda
en la cuenta de las cesuras del duodecasilabo , se convierte
en una primera , con lo cual desaparece la irregular inter
polacion de una par entre dos impares.
Dícese comunmente , que ningun período debe concluir
en palabra aguda ni monosílaba , lo cual hace mal efecto
en el oido ; pero esto es una regla , vaga de una parte,
y falsa de otra en muchos casos. Vaga, porque no se explica
el por qué; y falsa , porque hay casos en que no Se verifica
semejante mal efecto, pues esto depende del rithmo más 6
ménos abundante que traiga la frase desde su principio, y
no de que su última palabra sea monosílaba ni aguda. El
crisol de esta verdad es el análisis, segun los ejemplos an
teriores: verifíquese, y de él saldrá la luz.
Si las últimas cesuras son pares ó impares pareadas , no
existirá el mal efecto que se dice , por mas aguda ni mono.
sílaba que sea la palabra última ; pero si son par é impar ,
existirá lo mismo que sean monosílabas ó agudas como que
no lo sean ; de modo que, lo primero y no lo segundo es lo
que debe evitarse con todo cuidado.
Por supuesto , que todo esto parecerá á muchos una
nimiedad pueril, como parece una nimiedad pueril á los di
bujantes mamarrachistas , la matemática precision del tra
zado de una curva de cierto arco dado , y á los músicos
destrozadores de oidos , la matemática exactitud del tiempo
de una apoyatura á voluntad ; pero parézcales lo que quie
ra á los ignorantes y poco escrupulosos, en estas creidas
nimiedades, es en lo que consiste la perfeccion , y el que
prescinda de ellas, puede estar seguro de no hacer jamás
cosa digna de alabanza.
El oido ejercitado y conocedor, mide siempre el rithmo
con facilidad sorprendente, tanto en verso como en prosa ;
pero el que carece de afinacion y ejercicio, apenas la mide
ni aun contando las sílabas con el dedo; porque una cosa
es el número de sílabas, y otra la cadencia de las cesuras,
Pues bien, si esto sucede hasta en las composiciones del
verso mas vulgar, que es el octosílabo, en !que puede de
cirse que el rithmo se palpa, ? qué será , pues , en la prosa,
en que no se descubre sino como misterioso resultado de
una sucesion de gradaciones armónicas y melódicas, cuyos
puntos de encadenamiento y comunicacion es imposible des
cubrir á primer oido? .
Sin embargo, no por esto se crea que la prosa ha de ser
tan esclava del rithmo como el verso de medidas fijas, pues
esto producida naturalmente un acompasamiento y mono
tonía infernal , que ningun oido humano podria resistir. La
prosa , si, debe obedecer al rithmo como el verso; pero nun
ca en medidas perfectamente simétricas y constantes, sino
variadísimas como en el verso llamado silva, en que la li -
bre rennion de todos los metros posibles, largos y cortos,
rimados y no, produce un delicioso encanto.
Tanto en la prosa como en la silva, que es su tipo v su
modelo (1 ), lo único que se debe evitar, con relacion al
(1) Porque la verdadera prosa debe ser una verdadera silva sin rimar,
como una buena silva es una verdadera prosa rimada.
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Abeja, La. No. 6 (1 enero 1870), p. 079-118 |
| Descripció | Informació addicional del títol: revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Títol addicional | Revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1870 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Librería de D. Juan Oliveres, [1862-1870], No. 1 (1 enero 1862)-No. 3 (1 enero 1964) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1056597~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Ateneu Barcelonès". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 8 bits |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | 03_No. 6 (1 enero 1870), p. 94-106 |
| Transcript | tras que no se hablan creado aun una reputacion, las puer tas de la alta sociedad : pocas eran en aquella época las ca sas nobles y opulentas en que algun abate no fuese recibido y tratado familiarmente. Cuando Barthelemy se entregaba á sus estudios, la Iglesia, de Francia se hallaba dividida entre las doctrinas de Janse nio y de Molina ; la discordia reinaba en los monasterios, en los capítulos, entre los obispos y entre los párrocos; los parlamentos, la misma córte tomaban una parte activa en tan tristes y largos debates , que tantas armas prestaron luego á la filosofía del siglo xvm. En efecto , mientras las pastorales de los obispos, las censuras de la Sarbona , las sentencias del parlamento y del consejo de Estado , conde naban , prohibian ó entregaban á las llamas las obras de Voltaire, de Rousseau , de Helvecio y de Mably, de Hol bach y de Raynal , las mismas sentencias , iguales censuras alcanzaban á los jueces espirituales y temporales de que aquellas emanaban. Los parlamentos entregaban al fuego las pastorales de los obispos; el consejo de Estado anulaba las decisiones de los Parlamentos , de modo que las autori dades' todas se chocaban entre sí, se censuraban , condena banse , encargándose mútuamente mas circunspeccion , de lo cual resultaba su propio desprestigio , careciendo de fuer za sus sentencias y de dignidad sus censuras. El virtuoso Belzume , honor de la religion , del episco pado y de la humanidad, durante la peste de Marsella, no pudo librarse del contagio que entonces afligia á la Iglesia Gallicana , el mismo prelado, que cual otro Borromeo , des afió tantas veces la muerte en su mas horrible teatro, para arrancarle 6 consolar al menos sus innumerables víctimas, detestaba y huia de los que profesaban las severas máxi mas de los solitarios de Port-Royal ; negábase á admitir en el estado eclesiástico á los jóvenes que hablan estudiado en el colegio del Oratorio; solo los jesuitas gozaban de su favor, y Barthelemy á quien no habían ensenado tenerles gran amor, se vió obligado á cursar con ellos filosofía y teología. En uno de los cursos de la primera facultad , como se ha llase muy embarazado el profesor para definir el cubo, to mó su bonete de tres puntas y d:jo gravemente á Eus alum nos: Este es un cubo; en un curso de la segunda, el jesuita teólogo intentaba diariamente y por espacio de dos horas probar que las cinco famosas proposiciones se hallaban en Jansenio y como su demostracion no alcanzaba el grado de claridad necesario, gesticulaba como un energúmeno. No teniendo nada que aprender con semejantes maestros, el »ven Barthelerny se dedicó á copiar secretamente los cuadernos de filosofía del Oratario; meditaba el sistema de Descartes,del que los jesuitas no gustaban mucho y se en tregaba con ardor al estudio de las lenguas antiguas ; em pezó por la de Hornero y de Platon , y luego para facilitarse la inteligencia del hebreo, dispuso sus raíces en versos téc nicos que mas tarde reconoció ser aun peores que los de las raices griegas de Port-Royal. Comparó el testo hebreo con el samaritano y con las versiones Caldea y Siria, al mismo tiempo que se ocupaba de la historia de los primeros siglos de la Iglesia ; entonces fué cuando concibió el proyecto de una tésis general sobre los sagrados libros, sobre la his toria antigua y la disciplina de la iglesia. « Diez robustos benedictinos, dice, quizás no se habrian atrevido á tomar sobre sus hombros empresa tan inmensa ; mas yo era jóven , ignorante, el trabajo me recreaba, así es que me precipité en el caos, y tanto y tan bien M3 engolfé en él, que caí peligrosamente enfermo. » Cuando con la salud recobró las fuerzas que únicamente deseaba para hacer un nuevo abuso de ellas, entró en el 94 seminario de Marsella , y asi como habia empezado sus es tudios bajo la direccion de los padres del Oratorio, continuán dolos bajo la de los jesuitas, los concluyó teniendo á los lazaristas por maestros. A la edad dé veinte y un anos salió Barthelemy del seminario y aunque penetrado de los sen timientos de religion , y quizás porque estaba penetrado de ellos, son sus mismas palabras, no pensó en entrar en el mi nisterio eclesiástico ; su _aficion al estudio y pasion por las letras le indicaban otro camino. Sin embargo de buena gana hubiera aceptado uno de los pequenos beneficios simples de que podia disponer el obispo de Marsella ; mas Belzume sabia que Barthelemy leia á S. Pablo , á S. Agustin , á San Próspero y demás padres jansenistas de la primitiva iglesia; además Barthelemy cometia tambien el indisculpable yerro de despreciar á dos jesuitas , omnipotentes en el ánimo del prelado, el P. Fabre y el P. Maire, que detestaban á las Aca demias que, segun ellos, debían perder la religion , á los obispos jansenistas y á los parlamentos enemigos de losje suitas, y por consiguiente de la Iglesia. Dueno de su tiempo y libre de sus acciones, Barthelemy pasaba parte del ano en Aubagne y la otra en Marsella, donde frecuentaba las casas de los sabios de la Academia, entre otras la de La Viseele, secretario perpétuo ; la del P. Sigaloux , astrónomo , corresponsal de la Academia de Ciencias; la del canónigo Victorio Fournier que adornó con tan eruditas notas, la grande obra titulada la Gallia christiana; la de Cary, célebre anticuario, el que inició á Barthelerny en el estudio de las Ciencias numismáticas, no olvidando nunca al P. Raynaud que con tanta afeccion le habia abierto el santuario del estudio y de las letras. Ávido de saber, Barthelemy hubiera podido decir como Voltaire : « Todos los gustos á la vez han entrado en mi alma. » Al estudio de las lenguas antiguas de Oriente y de Occi dente, de la filosofía y de la teología, de la historia y de sus antigüedades, anadia entonces el de las matemáticas y de la astronomía ; componia disertaciones, versos y sermones, todos los domingos de cuaresma predicaba en el convento de religiosas de Aubagne , mas á su ardor para el trabajo iba unida una gran facilidad. Cada sermon era escrita, aprendido y pronunciado en el corto espacio de siete dias. Llegado á la edad de veinte y nueve anos , Barthelemy re flexionó sobre su situacion y sobre sus gustos vagos; carecia de estado ; la familia de su hermano aumentaba y no que ria serle por mas tiempo una carga : aconsejáronle dejar la provincia y aunque no era ambicioso, creyéndose por otra parte sin un talento decidido, lo mismo que sin cono cimientos profundos, y comparándose á un viagero que trae muchas pero pequenas monedas de los paises que ha recor rido, pero ni una sola moneda de oro, Bartheletny se puso en camino para París. Al pasar por Aix, vió á M. de Baus set, canónigo de la catedral, natural tambien de Aubagne en donde se hallaba establecida su familia; habíasele pro metido el primer obispado vacante y deseaba quedarse con el abate Barthelemy para secretario y vicario general ; Bar thelemy escuchó con alegría esta proposicion , se obligó al futuro prelado y continuó su camino para París. En junio de 17H llegó á aquella capital, provisto de di ferentes cartas de recomendacion para las personas mas eru ditas, cartas que le habian sido proporcionadas por los aca démicos de Marsella„Gros de Bozo, antiguo secretario per pétuo de la Academia de Bellas letras, miembro de la Academia francesa, y guarda de las medallas del rey, recibió á Barthelemy con éstrema bondad ; convidóle á la comida que daba dos veces á la semana á sus cólegas de ambas Aca a D§ demias y allí fué donde Barthelemy conoció á Duelos ,á Fon cemagne, uno de sus primeros y mas fieles amigos; al con de de Caylus, á Reaumur ,al abate Sallier, bibliotecario del rey, al hijo del gran Racine, á los abates do Resnel , Ge doyn y de La Bleterie. Semejante á Ovidio que creia ver. otros tantos dioses en los grandes poetas del siglo de Au gusto, Barthelemy esperimentó una estraordinaria emocion á la vista de los académicos ; admirábase de comprender lo que decian y si le dirijian la palabra, aumentaba hasta lo sumo su turbacion. « De aquí , dice , resultaba para mí un grave inconveniente ; admiraba y no juzgaba. » Apenas habia transcurrido un ario cuando de Boze , á quien su edad no permitia ya entregarse al trabajo que el gabinete de Medallas exigia , formó el proyecto de asociarse á Barthelemy ; antes de conocerle 'labia vacilado mucho tiempo en la eleccion : « Este depósito, decia , no puede con fiarse sino á manos muy puras y exige tanta probidad como conocimientos. » El abate Bignon, apoyó cerca del ministro (Maurepas) la peticion de Boze y no tardó en ser satisfecha. Barthelemy trabajó durante siete anos bajo la direcciou del guarda titular, hombre extrano y singular, que procedia con un extremado comedimiento hasta en sus acciones mas insignificantes; para él una exactitud laboriosa hubiera po dido pasar plaza de talento ; los volúmenes de su rica bi blioteca, casi todos encuadernados en marroquí, estaban perfectamente anivelados en los estantes; Barthelemy traba jaba en la biblioteca desde las nueve de la manana hasta las siete ó las ocho de la noche , y si cuando salia para comer dejaba abiertos algunos libros sobre la mesa , porque debia consultarlos á su vuelta, de Boze los volvia á colocar en su sitio. En la persona del viejo académico reinaba igual ór den , igual limpieza : lo mismó sucedía en sus muebles y en sus papeles, empaquetados metódicamente y copiados por un secretario, hábil calígrafo, que no debía permitirse la menor falta. Cuando Barthelemy presentaba su trabajo, de Boze se impacientaba por una 'palabra mal colocada y se ponia furioso por una espresion algo atrevida. « ?Cómo po dia, dice, no incurrir en el enojo de un censor que no olvi daba nunca los puntos sobre las ies, yo que muchas veces ni siquiera ponia las ies debajo de los puntos?» Al trasladar las medallas del rey desde Versalles á París, los achaques de de Boze no le permitieron concluir su cla sificacion , así es que Barthelemy encontró las medallas an tiguas en sus armarios, mas las modernas, lo mismo que las monedas y las medallas del mariscal d'Estrées adquiridas por el rey algunos anos antes, se hallaban aun en las ca jas; esto hizo que se ocupara durante muchos anos en describir cuidadosamente las que no estaban inscritas en el catálogo antiguo, clasificándolas todas é inscribiéndolas en un suplemento; á tan gran trabajo unió el que hizo in dispensable la adquisicion hecha en aquella época de la her mosa coleccion de las imperiales en bronce, que del gabi nete del abate de Rothelin habían pasado al de M. de Beau veau. La composicion de las medallas, inscripciones y divisas encargadas por el gobierno ó pedidas por las ciudades, y cuerpos del Estado, era una de las primeras atribuciones de la Academia de Bellas letras ; de Boze , a.unquie habia dejado la secretaría de la sociedad , continuaba componien do solo las nuevas medallas y divisas, pues tenia para este género de trabajo una aptitud y paciencia notables ; duran te mucho tiempo meditaba el asunto de una medalla v lo entregaba despues á su secretario que debia hacerle una copia figurada; mirábalo y meditábalo de nuevo, y cada variacion exigia una nueva copia, y hasta que el plan se l< hallaba definitivamente resuelto, no la mandaba á Bouchar don dibujante de la Academia ; entonces empezaba una larga discusion sobre la disposicion de las figuras y sobre todos los accesorios del tipo; raramente satisfacia al anti cuario la primera prueba del artista ; aquel pedia una se gunda y por fin cuando el dibujo se hallaba tal cual lo de seaba , lo enviaba á su destino con una memoria acom panada de una epístola , en la que el ojo mas avizor no hu biera descubierto la menor irregularidad en las letras, en la puntuacion y ni aun en los pliegues del sobre. « La pa ciencia de Barthelemy era puesta á duras pruebas en estas numerosas pequeneces de los trabajos académicos, mas aun lo fué mas, pero en sentido contrario , cuando muerto de Boze, y reintegrada la Academia en sus atribuciones , vióla consumir sesiones enteras discutiendo sobre una medalla y entregarse á interminables debates, muchas veces sin re sultado, al paso que los artistas grababan las inscripciones con una negligencia tal , queen la medalla acunada para la inauguracion de la estátua de Luis XV, en vez de la ins cripcion que debia'hallarse en la base , se encuentran tra zadas letras á la aventura y sin orden alguno, de modo , dice Barthelemy, que es imposible comprender lo que significa. El gabinete de antigüedades se hallaba mas desordenado aun que el de medallas ; gran número de lámparas, de va • sos, de figuras, de utensilios cubrian en desórden el piso de un desvan ; Barthelemy sacó estos objetos del polvo y 'del olvido y adornó con ellos los estantes y paredes de una de las salas de la biblioteca. Mientras el abate Barthelemy se entregaba con infatiga ble ardor á estos trabajos tan conformes á sus gustos y que tan agradablemente llenaban su vida , Mr. de Bausset ol vidado en muchos nombramientos, fué nombrado obispo de Beziers, á fines de 1745; su primer cuidado fue recordar á Barthelemy sus mútilas promesas; sin embargo ante este último se habia abierto una nueva carrera, una imperiosa pasion por las letras le retenía en Paris, mas no queriendo faltar á la palabra dada, hizo árbitro de su suene al mismo Mr. de Bausset , el cual no queriendo ser menos generoso devolvió á Barthelemy su libertad sin quitarle su amistad. En 177, Burette, individuo de la Academia de Bellas letras, sabio infatigable, autor de trece memorias sobre la gimnástica de los griegos y romanos, y de catorce dis,erta ciones sobre la música de los antiguos, dejó con su muerte una plaza vacante en la Academia. Un célebre profesor, á quien la universidad debió.sus últimos anos de gloria, y que fué llamado el último romano, Le Beau , peligroso antago nista, se negó á yresentarse á causa de su amistad con Bar thelemy , y Barthelemy fué nombrado. Este género de pro ceder sino era nuevo en los fastos académicos era raramente correspondido cual se merece. No podia quitarme de la ca beza su delicadeza, dice el nuevo académico y hé aquí lo que le inspiró. Le Beau, que no habla tardado en reunir la unanimidad de los votos, se sentaba en la Academia. Bougainville , secretario perpetuo, traductor del Anti-Lu crecio é íntimo aini'go de Barthelemy, á quien legó el resto de los manuscritos de Freret , que no habla podido publi car por falta de tiempo , quiso descansar en su achacosa vejez y presentó su dimision , haciendo que se le diese po sucesor á Barthelemy,, mas este rogó á Bougainville y al ministro que fuese Le Beau el preferido ; no pasaron mu chos anos y Le Beau halló medio de vengarse de ello : u Voy á dejar la secretaría , dijo á su amigo; os la debía y os la devuelvo. —La cederé á otro , contestó Barthelemy, mas á nadie cedo el placer de confesar que es imposible mueras en generosidad. » earthelemy no era conocido aun por obra alguna; halda ,sido recibido en la Academia de Bellas Letras, como lo fné Onclos el mismo ano en la Academia francesa, por las es peranzas que habla hecho nacer antes de realizarlas, mas „no tardó ,en pagar su tributo á la sociedad que lo habia ad mitido en su seno; en 1717 leyó sus Investigaciones sobre el Pactola y sus fleflexiones sobre Una medalla de Xerxes ; en .1749 sus Observ. ciones sobre una inscripcion de Amyclea y su Pisertacion sobre dos medallas samarilana.s de Antigono , rey :de Judea; en 1750 sus Observaciones sobre algunas medallas publicadas por diferentes autores ; y el erudito Insayo sobre la paleografía numismática. En el mismo ano se dió á luz el primer tomo de la Recopilacion de antigU,edades, publicado por el conde de Caylus, hombre de mundo y letrado , anticua rio y novelista , que hubiera parecido tan ligero k insustan tancial en sus disertaciones como en sus cuentos , á no ha ber comprado la ciencia que encontraba de venta y puesto á contribucion la de sus amigos; Barthelemy le ayudó mu cho así con sus consejos como con su trabajo; la Esplicacion dé las inscripciones de los cinco altares- griegos que se vé en el primer tomo de las Antigited.ades es de Barthelemy y tambien las. Cono/croa sobre una momia y la Explicacion de una me dalla de Chio que se encuentran en el segundo. Desde hace muchos anos la opinion pública designaba en Barth,elemy el sucesor de Boze en el museo de medallas; sin embargo uno de sus cólegas en la Academia , intrigante, subalterno, cuyo nombre no quiso Saber jamás., se atrevió á solicitar la plaza vacante, recurriendo á los hombres cuyo crédito pocha.servir á su ambicion. Barthelemy se abstuvo de toda peticion , pero sus amigos, al frente de los cuales se puso el sabio Malesherbes , entonces director de la bi •blioteca-, hablaron y obraron por él; el conde de Stainvi lle, despues duque de Choiseul., que no le conocia aun y que fu6 luego su amigo, se hizo su protector y cuando el conde de Argenson , encargado del departamento de artes, anunció á Luis XV la muerte de Boze, el monarca sin dar le tiempo de insinuarle el sucesor, nombró á Barthelemy. «Este es precisamente, dijo el ministro, el que iba á pro poner á V. M.» La reputacion de Bartelemy aumentó en el'mundo letra do con la publicación de sus Reflexiones sobre el alfabeto y la lengua usada antiguamente en Palmira; el mismo ano en que leyó esta obra en la Academia apareció en, Lóndres, tradu cida al inglés por Roberto Wood. Mientras Barthelemy velaba con los ojos ye) amor de la ciencia sobre el precioso depósito que se le habla confiado, y meditaba los medios de aumentar su riqueza, uno de sus amigos Mr. Boyer, fué escogido por secretario por el conde de Stainville , que acababa de ser nombrado-embajador en Roma. « Esta foé , dice Barthelemy, la época de mi fortuna y lo que es mejor todavía, la de mi felicidad. » Entonces, empezó aquella memorable amistad entre un grande que no tardó en ser todopoderoso en Francia , su esposa rodeada de seducciones y de los homenajes de la córte y un abate tímidd y modesto, sin títulos y sin honores, retirado en la antigüedad así per sus gustos corno por sus estudios; ocu pado de inscripciones, de medallas, de alfabetos de edades remotas, pero que á SEIS costumbres sencillas, unia ele vados sentimientos y una imaginacion dulce y brillante; por otra parte conocia la dignidad del hombre y del escritor y antes de haber puesto su vida en íntima relacion con la de un gran Senor, se admiraba de haberse un dia confundido con él en acciones de gracias, como si un protector, decia , no se convirtiee en protegido del que se digna aceptar sus bene ficios. Esta admirable amistad que conservó siempre igu al 96 actividad , y la misma tierna energía , no acabó sino con la vida de los tres. Si Barthelemy se mostró mas adicto , mal tierno , mas desinteresado en la desgracia de sus dos amigos, el de los dos que sobrevivió al otro , arrostró todos los pe ligros en tiempos bien _calamitosos por cierto para descen der á su prision, romper sus hierros Y dejando correr sus lágrimas en el seno del anciano, mostrarle el ángel de su libertad en la que fué por tanto tiempo el ángel de su di cha. Mi vida dice Barthelerny, estaba de tal modo ligada á la de Mr. y Mme, de Choiseul ; de tal modo han influido en los acontecimientos de la mia , que me es imposible ha blar de mí sin hablar de ellos. a Sin duda que esta rara amistad que e) poeta llama tesor) de las almas grandes, dió al abate harthelemy mas consideracion en el mundo, pero tambien es cierto que los duques de Choiseul recojerán mas honra en la posteridad. Barthelemy habia formado el proyecto de hacer un viage á Italia , á fin de completar por medio de cambios, las co lecciones de medallas del rey ; M. de Stainville se encargó de pedir la comision ; firmóse el 2á de agosto haciendo el conde de Argenson que fuese acompanada de una gratifica cion de 3000 libras; al anunciar esta noticia á Barthelemy • dijo el embajador: « Os llevaré conmigo , habitareis en mi casa, tendreis un coche á vuestra disposicion y osfacilitaré • los medios de recorrer el resto de Italia. » Sin embargo, asuntos relativos al Museo detuvieron ababate en París y no pudo partir hasta el ano siguiente, en agoto de 4755, acompanado de su amigo el presidente Cotte; juntos recor rieron parte de las provincias meridionales y admiraron los grandes restos del poder romano; al examinar en Lion la inscripcion que encierra el discurso del emperador Claudio, Barthelemy la. comparó con la que cita Tácito ; halló el mismo fondo de ideas, « mas en la inscripcion , todo es sim ple y digno de Claudio; en la historia todo es fuerte y digno de Tácito. » Esta observacion prueba que lo mismo sucede con los discursos de Tácito, que con los de Tito Livio; ambos historiadores han prestado su estilo á los héroes cu yas hazanas cuentan. LQS dos viageros visitaron el arco de triunfo y las ruinas del teatro de Orange, el puente del Gard y las antigüeda des de Nimes , y despues de examinar el arco de S. Remi gio , elevado á la memoria de un general romano, llegaron á Marsella; en esta ciudad hizo Barthelemy la adquisicion para el gabinete del rey, de las medallas de Cary, muerto á fines del ano 1751. Siguiendo su camino y como si el génio de la antigüedad estuviese encargado de revelarle sus secretos, Barthelemy descubrió las ruinas de la antigua Tauroentiun, fundada por los marselleses en el fondo del golfo de las Baumelles, á media legua de la Ciotat, cuando reunieron sus fuerzas á las de Nasidio , lugarteniente de Pompeyo , en la guerra contra César. Una parte de la ciudad ha e,aido en el mar, la otra está sepultada entre la arena que las lluvias arras trán de las montanas vecinas. Los dos viageros entraron por fin en Italia ;. visitaron Gé nova, Plasencia y Parma, donde vieron el teatro, obra de V4nale, que á lo que se dice, puede contener catorce mil espectadores, y en el cual se halla un eco tan estrano que solo resuena cuando la sala se halla vacía. Desde el fondo del teatro, Barthelemy recitó algunos versos en voz baja y se oyeron del estremo opuesto. La eGlénCoovrare,giloa cópula de la catedral en vPiarrgmena d, epiPnutagdeat , peonr de Bolonia , los vestigios de la vía Emiliana, el instituto , los cuadros de Rafael , de la Alga rde , de Guido y de Guerchir3, las torres inclinadas llamadas Asinelli y de la Garisande cuya inclinacion se atribuye á un capricho de los arquitectos ; San-Chiamo en donde se 'cree que hicie ron los triunviros la division del mundo; la galería de Flo rencia , donde una familia de comerciantes que reinó en Toscana , que dió soberanos á Roma y dos reinos á la Francia , recogió los monumentos de las artes y las letras, reanimando su antorcha próxima á estinguirse en la tierra, los ciento veinte volúmenes de dibujos de los grandes maes tros conservados en ella , sus dos mil piedras grabadas , su museo de medallas, sus magnificas antigüedades, sus vasos etruscos, sus cuadros , sus est,ituas y sus bajorelieves, na da escapa á las sábias investigaciones de Barthelemy. Con re ligiosa atencion atravesaba aquella Etruria, que por dos ve ces fué cuna de las artes , al nacer en Europa en tiempo de la república romana y en la época del renacimiento, rei nando los Módicis , Arezzo, Cortona , el lagá de Trasimeno , célebre por las victorias de Aníbal: los•gabinetes de Perusa, de Spoleto y otras ciudades son cuidadosamente visitadas y ricas de observaciones y de recuerdos, llegan ambos viaje • ros á Roma el día primero de noviembre, apeándose en el s palacio del embajador. M. de Stainville había adquirido ya en la capita] del mun do cristiano aquella reputacion que en breve debla esten derse por toda Europa y que debía no al esplendor y mag nificencia con que sabia rodear el título de representante de una gran nacion , sino, como dice BarthelernY «á la supe rioridad de sus talentos, á la nobleza que se reflejaba en todas sus acciones , al encanto con que a traia todos los co razones que quena hacer suyos, y á la firmeza con que im ponia respeto á los que no se dignaba admitir en su fami liaridad.» Barthelerny fié recibido .por los duques de Choi - seul como á un sabio distinguido, honor de la Francia,. al mismo tiempo que como á un amigo. El retrato de Mme. de Stainvílle , trazado por su ilustre amigo, debe ocupar un lugar en esta memoria: «Mme. dé Stainville , que apenas contaba diez y ocho anos,. gozaba de aquella profunda veneracion que ordinariamente solo se concede á una larga vida llena de virtudes; todo en ella ins piraba interés; su edad, su rostro lo quebrantado de su sa lud , la vivacidad que animaba sus palabras, lo mismo que sus gestos, el deseo de agradar que tan fácil le era satisfacer dedicando todos sus triunfos á un esposo, digno objeto de su ternura y de su culto : su estremada sensibilidad que la hacia feliz ó desgraciada por la dicha 6 desgracia de los otros, su pureza, en fin, que no le permitia ni sospechar el mal ; admiraba al ver reunido á tanto talento tan grande senci llez ; á una edad en que apenas se empieza á pensar , ella ya reflexionaba ; leía con el mismo placer y utilidad , así los autores que mas se han distinguido por la profundidad de sus ideas, como los notables por su elegancia y buen decir. a Tales eran los dos amigos que la casualidad habia dado á Barthelemy. Apenas llegado á Roma, quiso el embajador presentarle á Benedicto XIV, pontífice de profunda erudicion, que ha bla cultivado las letras antes de su exaltacion y que las pro tejió al tener un lugar entre los soberanos. Si los diez y seis tomos en fólio que encierran sus obras no tratan mas que de la beatificacion y de la canonizacion de los santos del Mar tirologio , de la misa, de las fiestas y de los sínodos, es porque las materias eclesiásticas parecen ser la literatura obligada de los papas. Lambertiní no dejó por esto de ser uno de los primeros sabios de su siglo y recibió á Barthele my con la afabilidad y buen humor que le caracterizaban. Precedido por su reputacion y justificándola en todo el curso de su viaje, Barthelemy recibió la mas distinguida TOM ) vi. 97 bf acogida por parte de los cardenales Álbani y Passionei, ho nor porsu saber, de la púrpura romana. El cardenal Spinelli aplaudió como ellos sus trabajos y Barthelemy le dedicó des pues su Esplicacion, del Mosáico de Palestrina : todos los sa bios de Roma buscaron en Barthelemy sus luces.y muchos su amistad : los mas ricos gabinetes le fueron abiertos y lle nó el principal objeto de su viaje con la adquisicion de tres cientas medallas raras , algunas de ellas únicas. Despues de visitar lo que la antigua liorna , tan rica aun en medio de sus ruinas, ofrecia de notable á los ojos del artista y del anticuario , Barthelemy partió para Nápoles , donde reclamaban su atencion dos ciudades sepultadas por un volean y libres de este modo de los estragos del tiempo y de los bárbaros. En las salas del palacio Pórtici encontró los ricos productos de la mina de antigüedades , esplotada con tanta actividad como intelijencia en Herculano ó Hera clea, en Pcesturn y en Pompeya y no podia mirar sin alegría aquella inmensa coleccion de estatuas , de bustos , de vasos. de pinturas, de inscripciones, de medallas , de anillos y de otros objetos notables todos , los unos por su belleza , los otros por su destino en la vida civil y relijiosa de los anti guos. Ninguno de estos monumentos es posterior al .ano 8'2 de la Era vulgar , que corresponde al segundo de Tito : el catálogo hecho en 175it contiene 738 artículos de pIntue ra , 350 estatuas , bustos y bajo relieves, 915 USOS , 21 trí podes , 153 lámparas , 73°2 útiles, instrumentos, pesos, etc mas desde aquella fecha nuevos descubrimientos han enri quecido considerablemente aquel precioso depósito. Al recorrerlo , Barthelemy tuvo el sentimiento de ver en el mas vergonzoso abandono cuatrocientos 6 quinientos ma nuscritos hallados en los subterráneos de Herculano , y que hubieran sido el mas rico despojo de aquellas célebres rui nas, si los sabios hubiesen podido hallar el medio de des plegar aquellos rollos carbonizados prontos á deshacerse en ceniza. Sin embargo , el sabio Mazochi habia logrado á fuer za de una paciencia heróica, desenvolver algunos fracmentos y traducirlos ó esplicarlos , mas como nada importante con tenian , le faltó el valor, abandonándose así su trabajo an tes químico que literario. Barthelemy rogó varias veces aunque en vano, que se repitiese la operacion , y cosa -de veinte anos despues de su regreso á Francia, habló de ello al marqués de Caraccioli, entonces embajador de Nápoles en París, y cuanto este diplomático, amante de la filosofía y de las letras , fié nombrado ministro , Barthelerny le escri bió de nuevo. El ministro contestó que se ocuparla del pro yecto, y que para asegurar y apremiar su ejecucion'envia ria algunos de aquellos manuscritos á la Academia de Ins cripciones de París, á la Sociedad Real de Lóndres y á la Universidad de Gcettinge: parte de este envio no se verificó hasta despues de su muerte. La Biblioteca Real recibió cin co 6 seis de aquellos manuscritos; los que se mandaron á Lóndres , fueron sometidos sin gran éxito á los ensayos químicos del célebre Davy. Barthelemy deseaba enviará los sabios paleógrafos de Pa rís, la muestra mas antigua de la escritura empleada por las griegos, una página de uno de los manuscritos de Hercu lano misteriosamente conservado en Pórtici. Contenia vein te y ocho líneas de aquel carácter, y como estaba espresa mente prohibido el sacar cópias, no hicieron mas que en senar á B irthelemy el precioso fragmento: sin embargo, con tanta atencion lo examinó, que lo retuvo todo, y bajando con cualquier pretesto al patio de] palacio, trazó en el pa pel las líneas que acababa de leer y de fijar en su memoria. cuidando sobre todo de conservar la disposicion y la firma de las letras. Al qolver á subir comparó mentalmente la co, 13 )5 ^98 X 'laja 'con edrijinal que se le habia puesto otra vez de ma nifiesto y pudo rectificar á su salida dos ó tres pequenos er rores en que habia incurrido. El fragmento contenia algu nas palabras sobre la revolucion democrática que en el quinto siglo antes de la Era vdlgar , obligó á los filósofos de la escuela de Pitágoras , á salir de las ciudades de la grande Grecia. Barthelemy se apresuró á enviar el fragmento á la i:cademia de Bellas Letras , rogando al mismo tiempo que no se publicára , á fin de no compeometer á Paderno ni al canónigo Mazochi , afectos á la guardia del depósito de Pér tici. Informado el rey de las Dos Sicilias de la rnision de Bar thelemy , manifestó deseos de verle ; le habló del éxito de las investigaciones subterráneas que habia mandado conti nuar y le hizo inscribir entre aquellos á quienes debian re galarse los volúmenes de las antigüedades de Herculano. Finalmente , despues de visitar en Peestum , llamado tambieu Pcssidonia , los mas antiguos monumentos de la arquitectura griega y en Pouzzolo, el templo de .Serapis , Barthelemy regresó á Roma. M. de Siainville, que se en contraba en 'París, acababa de ser nombrado embajador en Viena, con general sentimiento de la capital del orbe cris tiano , donde por su franqueza en las negociaciones y esce lentes cualidades, se habia grangeado la confianza del Papa y del Sacro Colegio. Durante su permanencia en Roma, Barthelemy visitó muchas veces el Capitolio ;« la primera vez que entré en 'él, escribia al .conde de Caylus, sentí una sensacion eléctrica ; imposible me es deciros el efecto que en mí causaron tantas riquezas reunidas ; no es un museo , es la estancia de los dioses de la antigua Roma , es el Liceo de 'los filómafos , es un muleto compuesto de los reyes de Oriente, que os diré : el Capitolio, habitado por un pueblo de estatuas , es el gran lib. o de los anticuarios.» Pasólnuchos dias en una sala del palacio Farnesio-,.11ena de inscripciones, de estatuas y de bustos, colocados.al.re dedor del famoso toro. « Me hallo solo, encerrado, 'eseri bia ; estoy. gozando , reino sobre cuanto me rodea.» Aunque 'ocupado incesantemente de medallas, de ins cripciones y de investigaciones arqueológicas, una alegría viva y chistosa animaba la activa correspondencia que man tenia con el conde de Caylus , el cual por su parte no pa saba dia sin escribirle: es dudoso que en las cartas de Mme. de Sevigné ó de Voltaire, se halle un rasgo mas agudo que el siguiente: « Creia verun conclave ; mas no entienden na da en la enfermedad del papa. Se halla tan bueno y tan malo, que no debe sorprendernos saber su muerte , dentrode pocos días , ni ver que vive largosanos. La semanaúltima, recibió todos los sacramentos y se preparó todo para susfunerales y el conclave : el dia siguiente se hallaba mejor y empezaron los teatros á disponerse:para e! carnaval; el lúnes tuvo fiebre y se continuó trabajando en.el conclave; ayer cesó !afiebre y se ensaló la ópera; hoylas noticias son dudosas, asi esque se trabaja á la vez para los 'dos géneros de espectáculos. » Barthelemy fué recibido miembro de las Academias de Cortona y de Pesaro ; desde algun tiempo antes pertenecia á la de Londres y de Madrid. Partió por fin de Roma con Mme. Stainville, y á sullegada á Paris, M. de Stainsille le comunicó el proyecto que había ' formado de ir con él á Viena, desde donde á espensas del rey marcharía á recorrer la Grecia y las islas del Archipié. lago. Sin embargo, el museo de medallas estaba cerrado ha cia dos anos y el nuevo viaje proyectado habria prolon gado su abertura; así es que aunque M. de Saint-Florentin ,hubiese dado su consentimiento, 'Barthelemy se negó á dar el' suyo y doblegó como siempre en esta éléungtancia su gusto y sus inclinaciones , á lo que el deber le mandaba. M. de Stainville fué llamado á París en 1,758 y dbtuvo el departamento de negocios estrangeros, con el título de du que de Choiseul. La primera vez que volvió á sernarthe leinv le dijo. « A mi esposa á mí nos toca ocuparnos de vu?tra 'fortuna ; decidnos lo que deseais. » Barthelemy sos tenia en el colegio á dos de sus sobrinos y se proponia ha cer 'venir un tercero á París, así es que espresó el deseo de obtener una pension sobre un obispado 6 abadía; en 1756 el obispo de Evreux , hermano del duque de Choiseul fué nombrado para ocupar la silla arzobispal de Alby y el mi nistro hizo que de este ben'ficiose senalára una pension de cuatro mil libras al abatetBarthelemy. Poco 'tiempo despues de su regreso, leyó en la Academia su Memoria sobre los antiguos monuinelitos de Roma y el ano siguiente sus Reflexiones sobre algunos monumentos fenicios y los alfabetos que de ellas resultan, En 1760 se imprimió en París su nueva y erudita Esplicacion del Mosaico de Pales trina , precedida de un prólogo del conde de Caylus y des tinada á formar la continuacion de su edicion de las pintu 'ras antiguas de Pietro Sante Bartoli , imprimiéndose ade más separadamente con una dedicatoria al cardenal Spine lli. EIte mosaico de cerca de diez y ocho piés de, largo por 'catorce piés y algunas pulgadas de ancho, servia de piso en el santuario del célebre templo de la Fortuna en Prenesta , ( hoy Palestina ;) y por los cuidados del cardenal 'Francisco Barberin, fué`tragladado á Roma en el palacio de los prínci pes de Palestina. Este monumento 'labia dado uárgen á mil congeturas por parte de muchos sabios; el P. Kircher creyó ver en él las viscisitudes de la fortuna; .el cardenal de Polignac la llegada de Alejandro á Egipto ; el P. Mont faucon la vista del Nilo , del Egipto y de la Ethiopia; otros, estraviados por un pasage de Plinio , descubrieron en él la vida de Sila ; Barthelemy comparandcelas.figuras que se 'encuentran en tan gran número en el mosaico, estableció 'y demostró que representa el viage del emperador Adriano por Egipto. .Esla bella eylicacion , dice el conde de Caylus, puede considerarse como una especie de diccionario egipcio. En 1760 se publicó tambien la novela que lleva por títu lo: Los Amores de Carite y Polidoro , reimprimiéndose luego diferentes veces ;aunque Barthelemy quiso imitar la sencillez y brevedad de las novelas griegas, todo respira en ella la pureza de costumbre de que no dan aquellas el egempla casi nunca. El autor ha hecho vivir sus personages al prin cipio del siglo my antes de J. C., tiempo de crímenes y de barbarie; á haber escogido una época menos lejana de la edad de oro de la Grecia, los detalles ofrecerian mas exacti tud , y no tarecerian de verdad algunos de sus cuadros. Barthelenay no puso su nombre á esta novela y la anun ció. como, traducida del griemo , inocente mentira que no pue. de enganar sino á un lector ignorante. Inducidos en error por un artículo de la Francia literaria, de 1769, algunos bibliógrafos han dado por autor de la novela de Carite y Polidoru, á un sobrino de Maleshetbes, eljóven de Auriac, pa ra el cual fué escrita en 1755, para el mismo compuso Barthe lemy suTratado de moral,eque no se publicó hasta despues de sumuerte; la religion, la-patria, los padres y los amigos for man las cuatro partes de este tratado, al cual sirve de texto una. antigua 'ley (lelos persas, citada por Xenofonte. El au tor lo atribuye todo al sentimiento, y escribe sobre la mo ral con tanta elegancia y gracia como claridad. En 1760, Marmontel fué encerrado en la Bastilla, per diendo el privilegio del Mercurio, por haberse negado á re velar el-nombre del verdadero autor de-la parodia' de una N escena de Gana, que injaistamente se le atribuia y en la cual se atacaba al duque de Aumont; Mme. de Choiseul, quiso que se diera aquel privilegio á Barthelemy , y aunque el autor de Anacharsis solo conocia al autor del Belisario por haberle visto una ó dos vecea en la casa de Mr. de Boccage, mostró una invencible repugnancia á aceptar aquel despojo de un letrado ; atrevióse pues, á resistir á su amiga á su bienhechora : hizo hab;ar á Mme. de Pompadour que quena á Marmontel y la favorita aprobó su resistencia. Sin embar go, nada bastaba á calmar al duque de Aumont y cada dia se hacían mas activas las diligencias que su encono le suge ria ; decidióse que el privilegio de Mercurio , definitivamen te retirado á Marmontel, seria ofrecido de nuevo á. Barthe lemy y en caso da rehusarlo este , ofrecido al novelista La Place. Barthelemy no ignoraba que si la córte estaba 6 pa recia estar en contra de Marmontel , Paris estaba por él y que los hombres de letras que hablan hecho suya su causa, se pronunciaban de antemano contra el que se atreviese á ocupar su puesto ; con todo lo aceptó , mas no se apresuró nadie á condenarle; esta aceptacion no fué mas que un no ble sacrificio; Barthelemy creyó que si el privilegio caia en manos de La Place na lo soltaría ya mas , mientras que. á él le seria fácil , al desvanecerse las prevenciones, hacer que fuese devuelto á Marmontel ; sin embargo al obrar así , no consideró cuantas sospechas se elevarian contra él en el ánimo de los que, no conociendo cuanta grandeza y gene rosidad se albergaba en su alma, solo vejan en su conducta la satisfaccion de un interés personal, canina muchos otros. D'Alernbert se dejó enganar por las apariencias y en tina de sus cartas á la Srta. Lespinasse decia que un solo Marmontel valia mil Barlhelemys. Estoy convencido, dijo modestamente este último, que Marmontel tiene mas mérito que yo, mas no creo que tenga mil veces mas y no me parece exacto el cálculo del geómetra. » Marmontel no participó del error de sus amigos ó al ménos no tardó en reconocerlo; en sus memorias, no acusa á Barthelemy , y dice mas; dice que se le ofreció el diploma del Mercurio y que lo rehusó. Barthelemy conoció en breve la falsa interpretacion que se habia dado á sus buenas intenciones, y así es que se avis tó con el duque de Aumont y presentándole el privilegio del Mercurio, le rogó y conjuró que lo devolviese él mismo Marmontel , diciéndole que no podía vengarse de un mo do mas noble y mas digno de él. Sin embargo, dice Bar thelemy,, trataba con un hombre obstinado como todas las almas mezquinas, implacable como todos los corazones in nobles. Solo quedaba pues, un partido á 13arthelemy y lo adoptó, aquel mismo dia se dirigió á Versalles y en tregó el diploma á Mr. de Saint-Florentin y el ministro le senaló sobre el Mercurio una pension de cinco mil libras de que jamás hizo uso y qae no tardó en renunciar. Duelos y d' Alembert se hallaban entonces al frente del partido de los filósofos en la Academia francesa ; ambos quisieronhacer entrar en ella á Marmontel que fué rechaza do diferentes veces y al cual tuvo Barthelemy la desgracia de verse opuesto por un concurrente á pesar de su ne gativa de presentarse; aun despues de la admision de Mar monte] no quiso ceder á las instancias de Fonsemagne y de sus amigos, muy numerosos en la Academia. «No tengo tan violentos deseos de los honores literarios, decia , para comprarlos al precio de una dicusion borrascosa. » Por otra parte no hubiera podido vivir en armonía con Duelos, y d' Alembert que detestaban al duque de Choiseul, y mas cuando la causa de La Chalotais sembró la division en la córte , en los parlamentos, en las provincias y hasta en la Academia francesa, en la cual Voltaire, Duelos y d' Alem 19 bert se declararon en favor de aquel célebre magistrada perseguido por el duque de Aiguillon y secretamente sos tenido segun se decia por el duque de Choiseul. Cuando la elevacion de Mane. de Barry amenazó á la Francia con el favor del primero , el duque de Choiseul y Barthelemy re cobraron su gracia cerca de los filósofos y se ofreció al mi nistro la primera plaza vacante con dispensa de las visitas de costumbre; se invitó á Barthelemy en su presencia para que se presentara y como anduviese en hacerlo muy poco di ligente , dijo d'Alembert á Gatti con despecho. « Me parece imposible que haya alguien á quien no halague el verse, inscrito en la lista en que figuran los nombres de Voltaire , de Buffon , y me atrevo á decirlo, el de d' Alembert.» Apartado Barthelemy de las intrigas académicas , conti - nuó el pacífico curso de sus trabajos; había compuesto para, las memorias de la Academia de Bellas letras, unas erúdi tas Observaciones sobre las medallas de los reyes Parthos , pu blicadas por diferentesautores; la Esplicacion, de un balorelie ve egipcio y de una inscripcion Fenicia que le acompana ; y unas Reflexiones. generales sobre las relaciones de las lenguas Egip cia , fenicia y Griega. A Barthelemy se debe el importante descubrimiento del alfabeto fenicio , y lo compuso te niendo á la vista cuarenta inscripciones muy cortas y algu nas palabras grabadas en medallas raras: esto y unos doce versos de Platito, en el quinto acto del Poenulus, es cuan to nos resta del pueblo mas comerciante de la antigüedad,,, que tantas colonias fundó, y á quien se atribuye la in vencion de la escritura. Mientras Barthelemy se entregaba á estas laboriosas in-. vestigaciones de la antigüedad , el duque de Choiseul se. ocupaba de su fortuna ; en 1795 obtuvo Barthelemy la te sorería de S. Martin de Tours , que daba 7000 libras de renta ; en 1768 fué nombrado secretario general de los sui zos, empleo retribuido con 20.000 libras, y que varias veces habian recibido en clase de recompensa oficiales generales. Este último favor exitó la envidia de los hombres de letras; Duelos y d' Alembert hablaron de ello á Malesherbes , el cual logró calmarlos un poco, diciéndoles que aquella plan. za , creada en otro tiempo por el duque de Maine en favor de Malezien, miembro de la Academia de Ciencias y dada ahora á un individuo de la Academia de Bellas letras, podría con este doble egemplo convertirse en patrimonio de los, hombres de letras. Hasta entonces había Barthelemy conservado tres mil francos de una pension sobre el Mercurio, los cuales, re nunció en favor de algunos sabios, en cuyo nombre hizo extender los nombramientos, sin prevenirles siquiera; cedió, mil libras 4 Guignes , mil á Chabanon y mil á La Place, y tiempo antes habia senalado mil á Marin , condonando las otras mil para ayudar el Mercurio á pagar otras pensiones. Despues de este sacrificio, que le valió el Pg radeci mien to de Alembert, 13arthelemy conservó aun treinta y seis mil libras de renta anual ; mas esta fortuna no le deslumbró y supo hacer de ella un buen uso. Educó tres sobrinos su yos, dotó á sus sobrinas, socorrió á otros p,arientes , tendió una mano á no pocos jóvenes que tenían tina decidida afi cion á las letras, consoló muchos infortunios y ocultd siem pre sus beneficios logrando de este modo desarmar los celos y la envidia. « Bien hubiera querido poner coche, de cia , mas temo abochornarme encontrando en mi camino sa bios á pié que valen mas que yo.» En 1771 cayó en desgracia el duque de Choiseul ; Barthe lemy , queriendodividir su mala fortuna , le siguió á suretiro de Chanteloup ; el duque de Aguillon , elevado al poder ,qui tó al caldo ministro su empleo de coronel general de su.. >2 100 §t zos que' se dió al conde de Artois ; y aun se atrevió á propo ner á Barthelemy dejarle su plaza de secretario general si consentía en no volver á Chanteloup ; el abate no hizo el menor caso de esta proposicion: marchó á reunirse con su noble amigo y perdió su destino. Admirar su conducta seria casi un insulto á la virtud. Conserváronle sin embargo una pension de diez mil francos que no habia pedido. Barthelemy era censor real en lo que toca á Bellas letras é historia; antes de la revolucion existian muchos encarga dos de impedir el paso y la libre circulacion de las ideas; su número se elevaba á ciento setenta y ocho y cada facultad tenia los suyos. Pero como entonces la censura no existia en virtud de leyes de escepcion, como se dejaba á las ideas cier ta latitud , no rehusaban esta difícil magistratura distingui dos sabios; Fontanelle, Crebillon y Vertot la habian acep tado; y si en la época de la revolucion contaha en su seno á los abates Lourdet y Paillard, á los Gouliart y á otros mil eunucos literarios, puede citar con orgullo los nombres de Barthelemy, Camus, Fourcrag, Adanson, ValmontdeBoma re, Parmentier, etc., los cuales con sus talentos y sus obras eran honor de la literatura , de las ciencias y de las artes. Mas de una vez los 'censores se espusieron á ser ellos los censurados ; el abate Chretien fué encausado criminalmen te por haber aprobado la n'osofía de la Naturaleza; el Ma trimonio de Fígaro fué impreso con a probacion ; aun reinan do Luis XIV no siempre se impidió la circulacion de atrevi das verdades; Moliére, Fenelen y Lafontaine pudieron dar útiles lecciones á todos los depositarios del poder, á la nobleza; al clero y al rey mas celoso de su autoridad ; en tiempo del gobierno absoluto, la prensa solo tenia ciertas trabas, al gobierno representativo estaba reservado el encadenarla. En tiempo de Luis XV, época en que Voltaire , Diderot, Raynal, Rousseau , d' Alembert, Boulanger,, de Holbach, Naigeon y tantos otros inundaron la Francia de ta' tos li bros impíos ú obscenos, la censura permanecía muda, y no denunciaba ; los mismos tribunales no se atrevían á chocar con la opinion. Seguier hizo muchas requisitorias, mas el parlamento solo decretó la prision de dos ó tres escrito res; muchos libros obtuvieron lo que entonces se llamaba los honores de la hoguera, mas no 'rabia multas, ni cárcel. y los libros quemados hicieron la fortuna de gran número de edito'res. Barthelerny renunció al sueldo seíblado á la plaza de censor y no consta que ejerciera estas funciones muchas veces. Su modestia le habla hecho rehusar por dos veces la plaza de secretario perpétuo de la Academia de inscripciones ; su desinterés hizo que igualmente se negára á admitir en 1766 la plaza de bibliotecario del gabinete del rey, que le fué ofrecida despues de la muerte de Mr. Hardion. En 1789 cuando Mr.. Le Noir exteniente general de policía, hizo dimision de aquel empleo, Mr. de Saint Priest, entonces mi nistro, parecía querer hacer volver la direccion de aquel es tablecimiento á las manos de los hombres de letras , retirán dola de las de los consejeros de Estado. Seducido por la mis ma idea, Barthelemy,, á quien se ofreció el empleo, estuvo tentado de aceptarlo, mas luego supo que Mr. Le Noir ha bía dispuesto de aquel en favor del presidente de Ormesson y que éste sería nombrado adjunto 6 sucesor del nueve bi bliotecario. Entonces, dice : « viendo desvanecerse la sola esperanza que podia vencer mi repugnancia, renuncié á las 'miras ambiciosas que alimenté, no para mí, sino para las letras.» El presidente Ormesson obtuvo el nombramiento, y si bien no podían aplicársele las palabras que se dijeron á otro bibliotecario: he aquí una buena ocasion para aprender leer, es preciso convenir al ménos que el:grave magistrado,. era como su antecesor, completamente estraflo á los cono cimientos bibliográficos. En aquella misma época decia Mi rabean : E Francia no se mira si el bolon corresponde al ojal ; se empieza por meterle en él. Hacia mas de treinta arios que Barthelemy había conce bido el proyecto de la giran obra por la cual terminó su car rera literaria , y que le colocó entre los grandes escritores franceses. « La casualidad, dice, me inspir6 (en 1735 du rante su viage á Italia ) la idea del viage de Anachansis; cui dando menos del actual estado de las ciudades que de su antiguo esplendor, remontábase naturalmente al siglo en que se disputaban la gloria de fijar en su seno las ciencias y las artes, y pensaba que la relacion de su viage empren dido por aquel pais en los tiempos de Leon X , y prolonga da por espacio de algunos afros , presentaría uno de los mas interesantes y útiles espectáculos para la historia del espí ritu humano. El mismo Bartbelemy trazó en sus memorias, el plan de esta abra á poca diferencia como concibió des pues , el plan de Anacharsis. « El siglo de Leon X , dice, me presentaba , tan ricos, variados é instructivos cuadros, que' me asaltó por un momento la arnbicion de tratarlo , mas poco tardé en advertir que exigiera por mi parte un nuevo género de estudios, y recordando que un viage á Grecia en los tiempos de Filipo, padre de Alejandro , me proporcio nada, sin desviarme de mis ordinarios trabajos , el medio de encerrar en un espacio circunscritollo mas interesante que ofrece la historia griega, y además infinidad de.detalles re lativos á las ciencias , á las artes ,.á la religion , á las costum bres, usos etc., que pasan desapercibidos en la historia, me atuve á esta idea, y despues de meditarla algun tiem po , empezé en 1577, cuando mi regreso de Italia , á poner la por obra. » La primera edicion del Anacharsis no se publicó hasta en 1788 ; en aquella época todos los ánimos esperaban grandes acontecimientos; el horizonte político, oscuro y cada vez mas amenazador, atraía las miradas de una nacion inquieta, y el caos de las rancias instituciones monárquicas parecía pronto á disolverse en ignoradas tempestades ; las artes, las ciencias y las letras, nobles pasiones de los pueblos civiliza dos que tenian en Francia su foco, languidecian y parecian olvidadas en medio de lá tormenta que agitaba los ánimos y de los primeros albores de la revolucion. El éxito de una obra nueva parecía difícil, imposible casi ; el del viage de Anacharsis , fué rápido y completo; en breve se multiplica ron las ediciones de la obra ; en breve se tradujo en to dos los idiomas, y las puertas de la Academia francesa se abrieron como por sí mismas, ante un anciano que hasta entonces se. había negada á presentarse. Beauzée acababa de morir: el silben que dejaba vacante fué ofrecido con viva instancia á Barthelemy,, el cual opuso primeramente su avanzada edad, y sobre todo su repug nancia hácia toda representacion pública, como lo habia ya manifestado en sus primeros anos en el colegio de Marse lla, mas la Academia en una de sus sesiones resolvió ele girle á pesar de su resistencia. Barthelemy cedió. « Si des pues de la eleecion , dice, aceptaba la plaza , no faltaria quien dijese que había querido dispensarme de las visitas de costumbre y obtener una distincion que no habian • pretendido los mas grandes hombres; si la rehusaba , ul trajaba un cuerpo respetable y esto en el mismo momento en que me çolmaba de honores. » Así pues Barthelemy hizo las visitas prescritas á los candidatos; su nombre habia apartado á todos los concurrentes y obtuvo unánimes sufra gios, siendo recibido en la sesion pública del 15 de Agosto de 1789.;.á pesar del interregno de las letras ,.la reunion fué numerosa y brillante ; el discurso del nuevo electo , aun que poco notable, fué recibido con grandes aplausos ; Mr. de Boufflers su amigo y en aquella época director de la Acade mia , hizo una contestacion en que el chiste despunta al gunas veces á espensas del gusto ; en que una difusa meta física esplica mal la forrnacion de las lenguas, pero en la que se encuentra un análisis del viage de Anacharsis, lleno, como dice La Harpe , de nobleza y de imaginacion. Todos los contemporáneos juzgaron el Anacharsis , como una obra digna de los mas hermosos tiempos de la literatura y" hablaron de ella con entusiasmo ; el éxito que obtuvo igua ló , y no es poco decir, al temor que tuvo el autor del des tino reservado á las obras regulares. « Durante mucho tiem po , decia, no podia leer un libro sin confesarme intericr mente que seria incapaz de hacer otro tanto ; en mis últi mos anos era mas atrevido en lo que toca á las obras relati vas á la crítica y antigüedades; algunos y largos trabajos me habian dado derecho á mi confianza. » Sin embargo, esta ccnfianza limitada á susMemorias y á sus Disertacio nes, no le animaba en su grande obra ; fué preciso que sus amigos le escitasen ccn frecuencia á continuarla , y aun es tuvo vacilando por espacio de diez anos. Finalmente , per seguida y vencida su modestia hasta las últimas trincheras, quiso investigar el gusto del público é hizo imprimir dos fragmentos bastante largos del viage de. Anacharsis el pri mero tenia por título : Obse; vaciones sobre el estado de la música griega á mediados del siglo nr antes de la era vulgar; el segundo era la brillante descripcion de las Fiestas de Ve los; á pesar del éxito de ambos fragmentos,, quizás se hu biera perdido para la Francia y la posteridad, el fruto de tantas vigilias, si la muerte del duque de Choiseul no hu biese reclamado una fuerte distraccion para un inmenso do lor. Bartheletny crey ó hallar algun consuelo haciendo re vivir en su obra la memoria de su bienhechor ; le pinta bajo el nombre de Arsame ; y traza alegóricamente los prin cipales sucesos de su ministerio, y las virtudes que le ador naban en la vida privada, así como bajo el nombre de Fe dima , esposa de Arsame , hace el mas brillante retrato de ?time. de Choiseul. Anacharsis manifiesta el deseo de que se graben estas palabras en la losa de su sepulcro: obtuvo las bondades de Arsame y de Fedima. Débese perdonar á la gratitud, dice Mi. de Sainte Oreeix , el poner semejante lenguaje en boca de un filósofo escita. » A medida que el dolor del anciano se calmaba sin estin. guirse , renacian con mas fuerza los temores sobre la muer te de su libro, que llamaba una triste compi,'acion revisó su manuscrito con sev eros ojos, llenó muchos vacíos, anadió los artículos de Píndaro y de Aristippa , hizo grandes cor tes con aquel valor que como observa uno de sus biógrafos, tanto cuesta á la juventud , y que raras veces se permite la vejez; finalmente en medio de las angustias del mas tímido é inquieto amor propio, cedió á los ruegos de la amistad, y dió á la imprenta en 1785 el principio del viage de Ana charsis; sin embargo, apenas terminado el primer tomo, ya Barthelemy quiso suspender la publicacion ; los demás le fueron en cierto modo arrancados; ausentábase de su. casa, muchas -aeees durmió en casas estranas, para eludir las ins tancias del editor y de los obreros que esperaban :a con tinua cion de sumanuscrito ; tres anos pasaron antes de que se ter minase una impresion, que hubiera podido hacerse en el espacio de pocos meses. La época de la publicacion fué para el autor una crísis terrible. « No podré soportar la desgracia de mi cbra, decia á sus amigos, y la prevendré yéndome á septtltar en el fondo de mi provincia. » Sia embargo, á pesar de lo difícil de los tiempos en que se publicó el Anacharsis , el grande éxito de la obra no tar dó en tranquilizar á Barthelemy ; apresuróse á enviar un ejemplar á su primer maestro el P, Raynaud que vivia aun , y parecía haber esperado para terminar sus dilatados dias á que la reputacion de su discípulo hubiera llegado á su apogeo. El anciano profesor leyó con enternecimiento en la portada del primer tomo estos versos de Horacio es critos de mano del autor. Quid spiro et placeo (si placeo) tu= est. Malesherbes fué otro de los que primero recibieron un ejemplar del Anachal sis con una celta en que Barthelemy decía que el éxito habia sobrepujado susesperanzas, « Pocos hombres, contestó Malesherbes, han conocido tantos sabios como yo ; y si bien no os diré que vos seais el primero á quien he yo oído decir con candor y buena fé : el éxito ha sobrepujado á mis esperanus , aseguro que sois el segundo; el primero es el célebre Gessner, autor del pcerna de Abel.» La Europa entera resol ó en breve con los elogios de Anacharsis y con el nombre de su autor; ninguna obra ofrece mas vastas iris eatigaciones y tan numerosas pruebas; mas de veinte mil citas , acreditadas al fin de cada página parecen justificar á &d'en , cuando hizo consistir el génio en una grande aptitud para la paciencia ; ninguna de sus ci tases inútil; todas se refieren á escritos originales, griegos y latinos; dispuestas por órden de materias, proporcionan fá cil medio de comparar todos los detalles de aquel magnífico cuadro de la Grecia en los tiempos de su mayor esplendor. Admiran en ella el arte de revestir el pensamiento de es presiones nobles y elevadas , de animar las descripciones con un estilo rico, variado y armonioso , de dar á las imá genes la gracia ó la fuerza que les conviene ; el difícil ta lento de imprimir á una erudicion inmensa el movimiento y la vida , que faltan casi siempre á las obras de la ciencia, y á quienes únicamente se debe que no perezcan en la cu na. La crítica no reprendió en Barthelerny sino el defecto censurado en Platon ; demasiada elegancia, demasiada poe sía y algunos cuadros que por lo bien acabados, carecen á ve ces de fuerza y precision. !Mas cuán raros son los escritoresá quienes solo puede echare en cara la riqueza y cuyo talento ofrece á rígidos censores, un lujo que quisieran menos bri llante! La revolucion francesa que inmoló tantas víctimas, no perdonó á Barthelemy. « Si la fortuna, decia , me ha trata do últimamente con tanta bondad , se venga ahora cruel mente. » Agebiado bajo el peso de los anos y de sus acha ques, se vió privado de '25 mil libras de renta y despojado. de cuanto poseía : con todo jamás se le oyó proferir una queja. » Cuando se sufre, decia , de la opresion general, se gime, es cierto, pero no se hacen oir quejas, » El 1.° de Setiembre de 4'793 , fué arrestado en casa de lime. de Choiseul junto con el abate Coureay,, su sobrino y adjunto, Chamfort , Capperonier, el abate Dasaunays, Van Praet y Barbié del Bocage , empleados en la biblioteca. Barthelerny fué conducido á la cárcel de las Madelonnete tes ; los prisioneros instruidos de su llegada bajaron todos al pié de la escalera y recibieron al ilustre anciano con una ternura mezclada de re lpeto. Mme. de Choiseul sin reflexionar en los peligros que po dian amenazarle en aquellos espantosos dias, se atrevió á re clamar ante el comité de seguridad pública, la libertad de su amigo; Courtois espresó con calor su opinion favorable, Chabot y Barire se dejaron ablandar, Danton cedió, pero Laignelot , autor de una tragedia de Agis, mostró grande resistencia, pretendiendo que el viage de Anacharsis era una ol ra aristcci ática, los debates se prolongaron por espacio de una hora , mas en fin Courtois triunfó y se firmó la 6rden de poner en libertad á Barthelemy ; eran entonceslas diez y media de la noche; antes de las doce Mme, de Choiseul es taba ya en la cárcel , con la bienhadada rden , y con los ojos húmedos aun por las lágrimas que habia derramado y por las que la alegría hacía asomar ahora á sus párpados ; Barthelemy fué acompanado y conducido por su ilustre ami ga y al volver á entrar en su casa , apenas habian transcur rido diez y seis horas. Su sobrina y demás companeros de infortunio no recobraron su libertad hasta despues de cua tro meses de prision. A pesar de haberse reconocido la falsedad, de la denuncia de que hablan sido víctimas Barthelemy y sus cólegas, pa recia que no tardaria su autor en conseguir el principal ob jeto de su infamia. La llave de la biblioteca la cual se retiró á Barthelemy al tiempo de arrestarle no se le devolvia , es tando confiada á un empleado encargado de tener el gabi nete abierto para el público. Barthelemy estaba ya resigna do á perder el último recurso que le quedaba para subsistir, cuando Iré á verle el ministra del interior Pare , el cual le entregó una carta escrita por el mismo ( en 12 de octubre de 1793) cuyo testo íntegro ha conservado Barthelemy en sus memorias. Esta carta en la cual un ministro republicano se muestra el amigo de las letras y de la virtud , es el recuerdo mas honroso que ha dejado Pare de su corta administracion ; en el sobre se dá á Barthelemy el título de Encargado de la biblioteca nacional, pues este era en efecto el empleo que el ministro venia á proponerle. Así como lo había rehusado en los últimos tiempos de la monarquía, rehusólo en los pri meros tiempos de la república; en vano fué que Pare reno vase sus instancias de viva voz; Barthelemy contestó el 15 de octubre que su inaptitud para los negocios era tan gran de que preferia recibir órdenes á darlas, y que su edad octagenaría casi, acompanada de muchas dolencias, no le dejaba mas ambicion que 13 de pasar tranquilamente el res to de sus dias. Mientras en los periódicos estrangeros, los sabios de Eu ropa manifestaban su alegría por la libertad de Barthelerny, se veia este acosado en sus últimos anos por grandes dolo res físicos y morales; estos eran los mas agudos, pues su corazon no había envejecido. Llevados por la tormenta re volucionaria,, veia cada dia desaparecer á algunos de sus amigos mas queridos, habia ya perdido al prudente Bailly, á Le Paletier, á Malesherbes , Boutin , de Ormesson y temblaba sin cesar por el corto número de los que le que daban ; en aquella época decia : «No veo en la vida mas que un camino sembrado por todas' partes de espinas en cuyas puntas van quedando sucesivamente nuestros vesti dos, y que acaban por dejarnos desnudos y cubiertos de heridas. » Sin embargo, vino un día en que todos los dolores que rodeaban su vejez desaparecieron delante ‘de otro mas fa tal acontecimiento; la que hacia cuarenta anos era su no ble y virtuosa amiga, la que le sostenía en la adversidad y que diez meses antes habia roto sus cadenas, fué presa ; hay males del alma que es imposible trazar, desesperacio nes tan profundas que seria debilitarlas intentar describir las; Barthelemy escribió á Courtais : « No puedo espresaros todos mis sentimientos. Juzgad de su sinceridad por el in terés que á vos os inspira la virtud desgraciada. » Por fin , tuvo el consuelo de volver á ver á su amiga , mas cuando le fué devuelta habla sufrido mucho: todo habia cambiado para él ; su pasion por la gloria se !rabia apagado : el por venir por el -cual ordenó sus largos trabajos, cesó de pre 102 le sentarse á su mente, y consideraba una ilirsion dé su co razon el haber creido que los hombres eran buenos ; la re-- volucion le parecía ún nombre equivocado, segun él era preciso llamarla una revelacion. Los órganos de Barthelemy se debilitaban y sus dolencias se agravaban de día en día ; las fuentes de la vida se halla ban en él casi estinguidas, y como Fontanelle esperimenta. ba una dificultad de ser. Sin embargo en los intérvalos de sus frecuentes desalientos , « volvia , dice el duque de Ni vernoir á su vida ordinaria ; entregábase al estudio y á la amistad ; siempre ocupado, siempre sensible , siempre agra decido, en la misma época Brequigny como él octagenario, su amigo y cólega en las Academias francesas y de Bellas. letras, tocaba igualmente al fin de su carrera ; ambos marchando con paso casi igual hácia el sepulcro no c‘sa ban de preguntar recíprocamente uno de otro. Sin embargo, la idea dominante de Barthelemy era Mme. de Choiseul; el' 25 de abril, quena ir á comer con ella ; pasó la velada conversando con algunos amigos y al dia siguiente á las ocho., inquieto su criado por no haber sido llamado toda vía , entró en el aposento del anciano y le encontró sin co nocimiento , con los piés en la cama y la cabeza en el sue lo ; poco 'á poco recobró el uso de sus sentidos , mas la fie bre se habia declarada, y no le abandonó ya mas; al sentir Barthelemy que se acercaba su última hora , nombró á Mme. de Choiseul. « Que no se la informe de mi estado, di jo ; se conmoveria demasiado. » Pasó.los ojos.por un perió dico, en seguida pidió las obras de Horacio , abriólas en la cuarta epístola del libro primero , pareció meditar un ins tante é hizo senal de que le trajesen la traduccion de Da niel.; pero sus manos, que halaba ya el frío de la muerte,. dejaron caer el libro, y entró en una dulce agonía ; sus amigos, su mismo sobrino le creían dormido; pero mientras. se entregaban á esta ilusion , el anciano acababa dulcemen te de sufrir; y media hora despues ya no existia. Del misma. modo había muerto Leibniz ; pronto á dar el último suspi ro , aquel grande hombre pidió tintero y papel, y escribió, pero habiendo querido leer las palabras que acababa de tra zar, su vista se oscureció y cesó de existir. Barthelemy murió en 50 de abril de 1795 entre los bra zos de su sobrino Coursay,, al cual habia servido de padre., y el cual siempre le habia mostrado una piedad filial. llere.s. dero de sus virtudes y de su empleo, de sus conocimientos y manuscritos, aquel modesto sabio solo le sobrevivió cuatro. anos. Mme. de Choiseul que aun despues de la muerte de Bar thelemy quiso continuar siendo entonces y siempre su mejor amiga, acabó los tristes días de su vida sumida en sus pesa res y en sus recuerdos; murió en 30 de noviembre de 1801. Mr. de N:vernois traza en estos términos el retrato de Barthelemy; « Era de estatura alta y bien proporcionada.; parecia que la naturaleza hubiese querido asociar sus for mas y fisonomía á sus costumbres y ocupaciones. Su rostro tenia un carácter antiguo y su busto no está en su centro sino entre los de Platon y Aristóteles. El hábil artista (Hou don ) que lo modeló, supo imprimir en su fisonomía aque lla mezcla de dulzura y de sencillez, de bondad y de gran deza, que hacia visible, por decirlo así, el alma de aquel hombre estraordinario.» Dussault traductor de Juvenal y miembro de la Conven cion , hizo el dia 5 de Mayo en la tribuna nacional el elo gio de Barthelemy,, haciéndose interprete del sentimiento de los sabios y de la Francia entera. Aunque Barthelemy gustase de vivir en los siglos que precedieron á la era vulgar, aunque las inscripciones, los w 103 t< 'Monumentos antiguos, los idiomas que hablaban pueblos hace mucho tiempo despreciados, fuesen objeto de sus ac livas investigaciones y de sus constantes estudios, su ima ginacion no había sucumbido bajo el peso de la erudicion ; su corazon conservaba la sensibilidad que hace amar ; sus costumbres tenian la dulzura y delicadeza que son el encan to y el lazo de la sociedad. El autor de tantas y tantas di sertaciones erizadas de griego y de latín, -hacia tarnbien versos fáciles y agradables; un poema heróico cómico, titu lado la Chanteloupee ó la §,,uerra de las pulgas contra Mine. • de Choiseul , recuerda la Ba:rachomiornachia de -Romero, 'mas hay en ella mas finura y sentimiento. Barthelemy gua. 'taba de componer enigmas, logogrifos, y otras cosas lige 'ras que hacia insertar en el Mercurio, sin poner su nombre ni darles importancia alguna. Todos estos versos, fruto no de sus dulces ocios, sino de las necesarias distracciones que .debia proporcionar á su innaginacion agobiada con tan gran des trabajos, formaban parte sin duda debas muchos pape les que arrojó á las llamas poco tiempo antes de su muerte, 'juzgándolos indignos de ser conocidos por la posteridad ; tambien hubiera sacrificado la «Chaate/oupée , á no haberla 'querido conservar la heroína del poema ; en el seno de la amistad, en las dulces veladas de •Chantelaup se le veia distraerse del pesado cargo de sabio, con ligeras distraccio nes; un dia compuso una •paródia de una sesion pública de la Academia francesa ; poniendo en boca del frívolo abate de Toisenon un discurso lleno de chistes y agudezas; sin embargo, suprimió esta ingeniosa broma, pues si su talento podía prestarse al epigrama , su carácter lo rechazaba. 'Un último rasgo acabará de dar á conocer á Barthelemy; el duque de Caylus, que no debe confundirse con el conde 'del mismo nombre, deseaba con ardor ser nonábrado indi "aiduo de la Academia de Bellas letras, creia poder estar seguro del voto de aquel que antiguas relaciones habían hecho un verdadero amigo de su familia ; pero lo que Bar thelemy debía á la sociedad, no predominó jaínás sobre sus deberes hácia la Academia. « Tenemos necesidad, decía , de sabios -asiduos, en estado de darnos buenas memorias; mi voto no es mio , es de la Academia, » y lo dió al erudito Vauvilliers. •La duquesa de Grammont no amaba ménos á Barthele my que su cunada Mme de Choiseul. Una anécdota, inser ta en las memorias de Bachaumont , manifiesta la amable galantería con que á mediados del siglo xvin sabian estas dos senoras de la córte revestir el puro sentimiento de la amistad. Se puede decir que si el Museo de Medallas debió á Gas ton, duque de Orleans, su creacion; á Colbert , su segunda existencia ; á De Bose su aumento, es deudor al abate Bar thelemy de ser el mas considerable y magnífico monumento de la historia antigua; encontró al encargarse de él 20,000 medallas antiguas, y dejó 40,000; decia un día al duque Nivernois que habian pasado por sus manos 400,000 meda llas. Las medallas son para los sabios mas que pedazos de cobre 6 de oro ; las medallas indican invariablemente las épocas, y son las únicas que forman la historia sin error. Haber elevado semejante documento es sin duda un servido menos brillante , sí, pero mas útil á las letras que la pu Ilicacion del Anacharsis. .Por otra parte, todo el mérito de Barthelemy no está en sus trabajos y en sus obras; si causa adrniracion como á sa bio y gran escritor, se le puede tambien proponer por mo delo á los que á la cultura de las letras quieren unir las calidades del hombre de mundo, y las virtudes del hombre privado. Historia natural. EL ÁLIGADOR. r-Una senora inglesa deSadras , habiendo espedido á algu 'nas millas de distancia en el interior del país, un correo ,portador de una carta y viendo que no regresaba despues 'de haber trascurrido el tiempo necesario, creyó que pcdia haberle acontecido algun grave accidente y envió algunas personas en su busca ; pero estas despues de haber recorri do el país en varias direcciones y no dando sus pesquizas ,ningun resultado, desconfiando ya de encontrar el criado, re solvieron regresar á Madras. Al cruzar un riachuelo que se hallaba en su camino, vie ron á un aligaclor muerto junto al agua, y despues de ha ' berlo examinado , atentamente conocieron que había muer ' to ahogado por un gran cuerpo cuya accion estaba todas ía manifiesta en las partes inferiores de su garganta. Esta cir cunstancia les sugerió la idea de abrir el mónstruo para co nocer la causa de aquella estrangulacion• y tallaron con gran sorpresa la cabeza del desgraciado mozo de pié en cuya busca hablan salido, y que obstruya completamente el esófago del aligador No habiendo podido engullir el animal aquel cuerpo duro, había muertosofocado. La cabe za llevaba todavía el turbante y en un bolsillo del pantalon , se halló , perfectamente intacta, lacontestacion á la misi va de la dama. Bajo todas apariencias, el criado se habia ernetido la carta en el bolsillo ,para no mojarla pasando á nado el riachuelo yliabia sido asaltado en el agua por él voraz aligador. Ile aquí lo que nos refieren unos viajeros respecto de es te,feroz anfibio. aespues de habernos preparado, tomamos nuestras ca rabinas y penetramos en lo mas espeso del bosque, acom panados de vecinos naturales del pais, armados tambien , á fin de cazar algunas grandes aves silvestres que abunda ban en aquellos sitios y sobre todo en los pantanos de sus inmediaciones. Al cabo de un 'buen rato de haber entrado en el bosque, penetramos en un lugar en que falto de vega tacion , formaba como una plaza, en el centro de la cual había una grande 'balsa ,,poblada segun nos pareció á pri mera vista de aligadores.de una *especie enorme. Aquel pe queno lago se prolongaba por un lado hasta internarse en lo mas espeso del bosque; era bastante angosto, pero muy profundo. Algunos grandes árboles silvestres, inclinados en sus orillas se reflejaban en la tranquila superficie de sus aguas, que cubrian con sus misteriosas sombras, y los rayos solares, casi .por do guiar interrumpidos por las ra mas pobladas de hojas, esparcian acá y á cullá una débil claridad contribuyendo á hacer mas misterioso y sombrío aquel silencioso sitio. « En la orilla izquie:da del lago veiase el cadáver de un 10í elefante que un grande aligador iba devorando y no lejos de él , otros aligadores aguardaban su vez para tomar parte en aquel rico festin. El aislo mento y aspecto silvestre de aquel lugar, la inmovilidad y color sombríode aquel lago cuya superficie remedaba la de un grande espejo, anadido á las ideas siniestras que semejante reunion de circunstancias ha cian nacer en el alma, todo contribuia á formar un singular contraste con la animada variedad de los objetos que herian la vista á la entrada de aquella plaza, Algunos otros ani males, atraidos por el hambre, acechaban tambien la pre sa y oía nse mugir y graznar escondidos entre las matas encaramados en las ramas de los árboles, algunos chacales, zorras, milanos, buitres y oteas aves de rapina; cuadrú pedos y réptiles dando vueltas al rededor del elefante mur Lo, aguardaban con impaciencia que les llegára el turno para poder satisfacer s u apetito en aquel cadáver infecto. Migadcr devorando un elefante muerto. «Mientras que el grande aligador de que hemos hablado, desgarraba a' su placer el enorme cadáver del elefante, hi cimos adelantar á uno de nuestros indios, ordenándole que disparára á la fiera para ver el efecto que produciria la es plosion en aquella horible tropa de hambrientos animales. Disparó el indio y la bala fué á resbalar en las escamas del aligador mas duras que el diamante; pero el estampido causó tal confusion entre todos los animales reunidos, que siguió una escena difícil de describir. Aquella plaza don de reinára hasta entonces el mas profundo silencio, pare ció animarse de repente; la fuga precipitada del aligador á quien habla azotado la hala, los silvidos de los demás ali gadores que el hambre 'labia llevado hasta la superficie del agua y que se zambullian espantados, los graznidos de los buitres, los gritos agudos de los chacales, todo esto forma ha una algazara infernal imposible de soportar por mucho tiempo, así es que nos alejamos de aquel sitio, donde ya nada podíamos obtener « Al regreár de nuestra cacería, tuvimos la curiosidad de visitar de nuevo el lugar de aquella escena. Entonces solo encontramos el colosal esqueleto del elefante, pero tan bien descarnado, como pudiera haberlo hecho el mas hábil naturalista para esponerlo en un museo de historia natural. Debemos anadir que se encargaron de aquella operacion no solo los aligadores y las aves de rapina, sino tambien las hormigas negras que no abandonan los huesos hasta haberlos dejado mas blancos que el marfil. Los primeros desbastan y las últimas pulen. La accion química viene mas tarde á descomponer la materia para agregarla á otros cuerpos y tomar nueva forma.» Literatura. EL RITMO DE LA FRASE. por irlipe I. Macias. Es doctrina bastante general y corriente entre las perso nas mas 6 ménos conocedoras del arte de escribir las leyes del rithmo son tan misteriosas como las de la modu iacion : esto es, que se sienten, pero que no es posible de .terminarlas ni explicarlas. Proviene sin duda este error, pues lo es, y no pequeilo, de que á la recomendacion incesante de los preceptistas sobre el sumo cuidado que debe tenerse de redondear la frase, y hacer númerico el período dándole natural caden cia , y convirtiéndolo en una verdadera música , no acom - Paria jamás la demostracion de las leyes ríthmicas en cuya virtud se produce todo esto , las cuales se hacen malamente consistir en la pura y simple delicadeza del oido. Convendremos sin dificultad en que el oido bien educado de una parte , y apto por sí mismo de otra , es'sin disputa una gula fiel , y hasta casi la única por la cual se dejan or dinariamente conducir, tanto el escritor versificador y pro sista , como el orador y como el músico ; pero cuando el oido carece de aptitud , esto es, de educacion, 6 de delica deza natural , ?á dónde acudir para convencerle de su er ror 6 de su acierto ? Es claro , pues, que al arte; empero, como el arte no se determina, y el oido no puede constituir autoridad para los que lo tienen malo 6 poco educado, no tan solo se sigue la imposibilidad de convencer á las perso nas que escriben mal respecto á este punto , haciéndoles tanjibles los defectos de rithmo que cometen en sus compo. siciones, sino tambien la de basar la ensenanza de esta ma teria importantísima para la belleza prosódica, sobre prin cipios tan evidentes como es preciso que lo sean , si ha de llevarse á todos los ánimos el convencimiento de la verdad del arte , y la consiguiente necesidad de servirse de él , al menos como piedra de toque en casos de duda. Pero desenvolvamos su misteriosa teoría, qiie afortunada mente nada tiene de abstrusa ni de difícil en ningun sentido. Ritlimo, cuya significacion griega quiere decir cantidad, es pura y simplemente aquel suavísimo apoyo ó duracion de voz con que se pronuncian ciertas sílabas, midiendo con ellas de una manera regular y sonora á la vez, la duracion total de una frase, de un verso , 6 de un inciso del perío do. No hay necesidad de anadir que el rithmo oratorio como el musical, marca tiempos, proporcionales de mate mática exactitud, cuando es perfecto, y consiguientemente uno de los mayores encantos del arte de la palabra. Todo el mundo conoce la versificacion libre, 6 sea sin ri. ma : todo el mundo sabe tarnbien que la versificacion libre, á pesar de carecer del importantísimo adorno de la rima, no solo no cede en mérito á la versificacion rimada, sino que , la eclipsa , la sofoca, y queda muy por encima de ella. Pues bien , este maravilloso encanto, y dulcísima mágia que solo pueden dejar de sentir las personas completamen. te extranas al arte , no puede menos de ser efecto único del rithrno, toda vez que en este caso no hay rima á que poderlo atribuir; y en-esta clase de composiciones, es en las que el rithmo deja palpablemente conocer toda su po tencia. Sin embargo, el rithmo , no es exclusivo del verso libre, ni de ningun otro verso rimado ó no, pues el mismo inte resante papel desempena en la buena prosa, y de él, prin cipalmente, es de donde saca esta la redondez y sonoridad de sus miembros mayores y menores, que sin disputa alguna es una de las principales buenas condiciones del escrito, con relacion á la belleza de la forma. Es preciso ser muy ignorante en el arte de escribir, y tal vez tambien sordo, para no conocer que si la buena dispo sicion de los argumentos y la corieccion gramatical, cons tituyen las principales condiciones de un escrito, con rela cion á su claridad y fuerza, mucha parte de esta misma claridad y fuerza, la saca de la disposicion musical del len guaje, que deleitando el oido con la sucesion ya armónica, ya melódica de sus cadencias, y hasta embriagándole mu chas veces, dispone el ánimo en su favor, y sino le da el triunfo, se lo facilita en alto grado. Es decir, que se allana el camino para llegar á él, y hasta puede decirse que le abre las puertas de par en par. TOMO I. Pero dejémonos de consideraciones, y entremos en su demostracion práctica, visible y tangible. El rithmo de la frase se compone de dos duraciones diš tintas de tiempo, una larga y otra breve. La primera, que es la de toda sílaba fuertemente acentuada , toma el nombre de cesura : la segunda es la de toda sílaba acentuada ó cuyo acento desaparece, sofocado por el dominante de las cesuras: esta cantidad no tiene nombre, porque jamás se fija en ella la atencion del que escribe ni del que habla. Tales son, pues, los ejes de la armonía y melodía de la frase y del.período , y en la simétrica distribucion de sus re peticiones se oculta el misterioso arte del rithmo. Analicémosle. Los miembros del período, los incisos grandes y peque nos, las frases sueltas, y los versos de todas medidas, pue den tener cesura en cualquiera de la's diferentes sílabas de que se componen, y esto sin la menor excepcion. Sin em bargo, en la primera sílaba no puede haber cesura sino en dos casos: cuando la primera palabra es un bisílabo 6 trisí labo esdrújulo, como héroe, cándido, etc., ó cuando por su significacion léxica, ó por la energía del pensamiento á cuya expresion contribuye, recae en ella una preponderante. fuerza de énfasis, como en el ejemplo siguiente: PRIMERAS. « Rompe, cruel , mi lacerado pecho » 1.a Esta cesura se llama generalmente inicial, y su acento. previene al lector, de que con energía enfática ó sin ella, segun sea el caso, el incremento ríthmico está en el prin cipio de!la frase. Las demás cesuras, se llaman segundas, terceras ,c,c tr - las, etc., segun fueren una, dos, tres, cuatro, cuatro, etc., las sílabas breves que precedieren á cada cesura. Mejor que. las palabras, aclararán los ejemplos esta doctrina. SEGUNDAS. « tud sublime y san -ta. (1 )» 2.a 2 .a 2.a TERCERAS « En Es-paria os veremos » 3.a 3.5 ' 3.' CUARTAS. «A-pa-re-ció des-fi-gu-ra-do y mal-tra- ta do. a, 4.a 4r. a. QUINTAS. « U-na-pas-tor-ci-lla dul-ce y sen-ci-lla. » 5.a 5.5 SEXTAS. « Hu-bo so-be-ra-ní-si-ma , ma-ri-mo-re-na. 6.' 6.a (1) Es sableo que la sinalefa ó inmediata concurrencia de dos vocales sin. acento y pertenecientes á distintas palabras , se pronuncian en una sola culi sion de voz, y secuentan por un solo pl. Téngase esto presente para contar las distancias de las cesuras. 14 -› 106 n En los precedentes ejemplos, demostrativos de lo que se debe entender por cesuras primeras, segundas, terceras , ,etc., se vé marcar el rithmo períodos constantemente uni formes; pero no es esto lo que sucede de ordinario, en que con frecuencia grandísima , las cesuras pares se combinan con las impares en una ú otra disposicion , produciendo di. ferentes y variadas gradaciones ríthmicas , mas ó menos sonoras, y mas 6 rnénos agradables al oido. Cuando las cesuras son pares 6 impares uniformes, como .en los anteriores ejemplos, se dicen armónicas, 6 que for man armonía; y cuando son pares é impares, pareados en tre sí, sin interpolacion , se dicen melódicas 6 que forman melodía. Ejemplos de armonía son todos los anteriores, se gun se tiene dicho. Ejemplo de melodía es el siguiente endecasílabo. «i Que pia-do so va-ron! !que san-ta vida ! » 3.' 3, a2.a Compárense las cadencias armónicas con las melódicas, y el que no las distinga como lo blanco sobre lo negro, se guramente no tiene oido, ni escribirá jamás una frase ca denciosa. Ahora bien. Tanto el rithmo armónico, de pares 6 impares fijos, cual es el de los seis primeros ejemplos, como el melódico ó al ternando de pares é impares pareados, cual es del ejemplo último precedente, son perfectos y regulares cada uno por sí, porque tan perfecta es la acorde simultaneidad, que es lo que significa la palabra armonía, co.no la acorde sucesi vidad , que es lo que significa la palabra melodía ; pero des. de el momento en que las cesuras pares é impares dejen de ser pareadas, interpolándose unas con otras, sin regulari dad ni compás simétrico proporcional , la perfeccion mate mática del rithmo desaparece como por encanto, y solo á beneficio de la eufonía y suavidad, si hay ambas cosas por otra parte, podrá irse sosteniendo sin gran ofensa del ()ido, aunque llegando por último á hacerse insufrible, cuando á las imperfecciones ríthmicas acompana el desatino gramati-cal, y el acumulamiento de consonantes y de vocales de.un mismo sonido ó de un mismo órgano. Pueden, sin embargo ocurrir los siguientes casos de in terpolacion no pareada, que, no obstante, será lejítima , porque no dejará de ser cadenciosa, á pesar de las prece dentes reglas. Primero. Cuando hay cesura inicial, como en «Mis-ti ca luz glo-rio-sa » 3.' 2.' Segundo. Cuando hay cesura final, como en « El agua be bie ra a quí » 2.” 3.' Tercero. Cuando con dos versos de arte:menor, se hace uno de arte mayor, corno en « Un trai-dor in-fa me 3.8 suspa sos se-gui-a » 2.' 3.' Convertido en el siguiente duodecasflabo : « Un trai- dor in fa-me sus pasos se-gui-a » 3.a 2. a 3.' 3.8 Lo cual consiste, en que en el verso de arte mayor , for mado por los dos de arte menor, la sílaba primera del se gundo hemistiquio, (sus) es una cesura segunda , contada desde su precedente ('me), que es una primera en el verso duodecasílabo ; pero si ese mismo hemistiquio se convierte en un verso sexílabo, esa misma sílaba sus que era segunda en la cuenta de las cesuras del duodecasilabo , se convierte en una primera , con lo cual desaparece la irregular inter polacion de una par entre dos impares. Dícese comunmente , que ningun período debe concluir en palabra aguda ni monosílaba , lo cual hace mal efecto en el oido ; pero esto es una regla , vaga de una parte, y falsa de otra en muchos casos. Vaga, porque no se explica el por qué; y falsa , porque hay casos en que no Se verifica semejante mal efecto, pues esto depende del rithmo más 6 ménos abundante que traiga la frase desde su principio, y no de que su última palabra sea monosílaba ni aguda. El crisol de esta verdad es el análisis, segun los ejemplos an teriores: verifíquese, y de él saldrá la luz. Si las últimas cesuras son pares ó impares pareadas , no existirá el mal efecto que se dice , por mas aguda ni mono. sílaba que sea la palabra última ; pero si son par é impar , existirá lo mismo que sean monosílabas ó agudas como que no lo sean ; de modo que, lo primero y no lo segundo es lo que debe evitarse con todo cuidado. Por supuesto , que todo esto parecerá á muchos una nimiedad pueril, como parece una nimiedad pueril á los di bujantes mamarrachistas , la matemática precision del tra zado de una curva de cierto arco dado , y á los músicos destrozadores de oidos , la matemática exactitud del tiempo de una apoyatura á voluntad ; pero parézcales lo que quie ra á los ignorantes y poco escrupulosos, en estas creidas nimiedades, es en lo que consiste la perfeccion , y el que prescinda de ellas, puede estar seguro de no hacer jamás cosa digna de alabanza. El oido ejercitado y conocedor, mide siempre el rithmo con facilidad sorprendente, tanto en verso como en prosa ; pero el que carece de afinacion y ejercicio, apenas la mide ni aun contando las sílabas con el dedo; porque una cosa es el número de sílabas, y otra la cadencia de las cesuras, Pues bien, si esto sucede hasta en las composiciones del verso mas vulgar, que es el octosílabo, en !que puede de cirse que el rithmo se palpa, ? qué será , pues , en la prosa, en que no se descubre sino como misterioso resultado de una sucesion de gradaciones armónicas y melódicas, cuyos puntos de encadenamiento y comunicacion es imposible des cubrir á primer oido? . Sin embargo, no por esto se crea que la prosa ha de ser tan esclava del rithmo como el verso de medidas fijas, pues esto producida naturalmente un acompasamiento y mono tonía infernal , que ningun oido humano podria resistir. La prosa , si, debe obedecer al rithmo como el verso; pero nun ca en medidas perfectamente simétricas y constantes, sino variadísimas como en el verso llamado silva, en que la li - bre rennion de todos los metros posibles, largos y cortos, rimados y no, produce un delicioso encanto. Tanto en la prosa como en la silva, que es su tipo v su modelo (1 ), lo único que se debe evitar, con relacion al (1) Porque la verdadera prosa debe ser una verdadera silva sin rimar, como una buena silva es una verdadera prosa rimada. |
Etiquetes
Afegir etiquetes per 03_No. 6 (1 enero 1870), p. 94-106
Comentaris
Afegir un comentari per 03_No. 6 (1 enero 1870), p. 94-106
