01_No. 1 (1 enero 1862), Portada-p. 11 |
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LA ABEJA.
REVISTA Y LITERARIA ILL
PRINCIPALMENTE
STRADA,
EXTRACTADA DE LOS BUENOS ESCRITORES ALEMANES,
POR
UNA SOCIEDAD LITERARIA.
TOICO 1.
BARCELONA.
LIBRERIA DE D. JUAN OLIVERES , EDITOR,
IMPRESOR DE S. M.
calle de Escudillers, núm. 57.
Esta Revista es de propiedad.
•
LA ABEJA.
REVISTA CIENTIFICA Y LITERARIA ILUSTRADA,
PRINCIPALMENTE
EXTRACTADA DE LOS BUENOS ESCRITORES ALEMANES.
POR
D. ANTONIO BERGNES DE LAS CASAS,
catedrático de lengua griega, en la facultad de filosofía y letras, de la Universidad de Barcelona :
D. MIGUEL GUITART Y BUCH , doctor en Medicina :
D. ANTONIO SANCHEZ COMENDADOR,
oatedrático de mineralogía y zoología, en la facultad de ciencias, de la Universidad de Barcelona :
D. ANTONIO RAVE ,
catedrático de física , en la facultad de ciencias, de la Universidad de Barcelona :
D. JUAN FONT Y GUITART.
INTRODUCCION.
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ISÓCRATES.
Bien así, como vemos á la abeja posarse sobre todas las flores ,
y extraer lo útilde cada una de ellas , asimismo deben los aman
tes de la instruccion probarlo todo, .y recoger lo bueno donde
quiera que se encuentre.
TRIDUCCION.
Es cosa que no puede menos de halagar á todo amante del progreso racional el ver como, á la
par de los asombrosos descubrimientos en las ciencias, que á porfía se sacan á luz, van creciendo
Jos conatos de los físicos y naturalistas mas eminentes para convertir en bien ó propiedad comun ,
)or medio de una exposicion comprensible y estética, los bellos productos de las investigado
es científicas. No puede negarse que á tan lisonjero resultado ha contribuido en gran manera el
ojemplo de Alejandro de Humboldt, cuyas Representaciones de la Naturaleza, y cuya obra mas re
iente , El Kosmos , hermanan, con la hermosura de la forma y la viveza del colorido, tanto va
jor intrínseco, tanta ciencia, y, por decirlo en una palabra, tanta filosofía. Siguiendo las huellas
del decano de los físicos y naturalistas europeos, han tratado otros escritores célebres de rom
per tambien la valla que separa de la ciencia á las personas cultas, no iniciadas en ella, hacién
dola inteligible y sabrosa con las galas y los atractivos de una descripcion amena y florida.
No es nuestro intento dar por dignos de imitacion todos los ensayos que en esta parte se han
hecho, ya que en algunos de ellos se han traspuesto no pocas veces los rigurosos límites de la
ciencia. Tampoco tratamos de negar que los peligros de la confusion y de la superficialidad ame
nazan muy de cerca á aquel que alcanzó á poca costa la posesion del saber ; aun diremos mas :
no vacilamos en afirmar que la mayor ventaja, la massólida y legítima, que alcanza la cultura cou el
estudio, se funda, en parte, en el trabajo del mismo estudio.
Son de tamana importancia, sin embargo, los resultados de los esfuerzos que hacen la cien
cia accesible y amable, y que presentan á la inteligencia la naturaleza en sus leyes y fenó
menos, que apenas merecen tomarse en consideracion los inconvenientes de que hemos hablado.
Fuera de esto, toda persona dotada de sano criterio recibirá lo que se le ofrezca, con la modes
tia que no puede menos de producir en ella la conviccion de que se halla solamente al um
bral de las ciencias, y de que solo alcanza á ver hasta donde se le franquea la vista. Y es muy
posible que algunos jóvenes, llevados de noble aliento, vengan á sentir luego el irresistible im
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pulso de dominar el terreno que de lejos han percibido, y de intimarse mas y mas con la na
turaleza : de donde puede nacer un amor constante al estudio, cuyo influjo moral no acertamos
á estimar en lo que vale.
Despréndese fácilmente de lo dicho el objeto que nos hemos propuesto con esta publicacion , la
cual constará sobre todo de paskres , mas ó menos ampliados , de los escritores alemanes que , He
vados de su amor á la humanidad , han echado sobre sus hombros la no fácil terea de servir de
intérpretes y mediadores entre la ciencia y los que apenas la han saludado. No vamos á dar tratados
metódicos y acabados , sino apuntes preciosos y concisos , con imágenes y descripciones del uni
verso , y esto8. cuadros presentarán á la vista , en lo aislado , lo- grande y el conjunto, y en lo
particular , lo universal por cuanto en ellos aparece el Divino Autor de todo lo criado. Nuestra
tarea , por lo visto , no puede ser mas modesta, , ni tampoco nos atreveríamos á mas. Imitaremos
á la abeja diligente , que vá volando de flor en flor para libar el néctar mas precioso , segun se expre
sa Isócrates en el epígrafe que nos sirve de lema-.
Creemos pues que La-Abeja podrá ser dé algúna utilidad , no solo para los Sres. Profesores , que
hallarán en ella materiales interesantes para dar , de vez en cuando , á sus lecciones mayor nove
dad y atractivo , sino tarnbien para los mismos estudiantes, y hasta para el vulgo , por cuanto unos y
otros encontrarán en estas páginas el pasto mas selecto , así para el espíritu como para el corazon. Y
no haya cuidado de que la parte metafórica de la exposicion llegue á arrebatar en ningun caso la fan
tasía ; puesto que la materia no puede menos de convidar á pensar , y es por lo mismo bastante pode
rosa para mantener en su fiel la balanza.
Fuerza es decirlo : escasas son las excursiones que hasta ahora han hecho nuestros hombres ins
truidos al suelo intelectual de Alemania. La lengua que'allí se habla'. la mas rica y enérgica sin
'
du
da , á la par que la mas árdua de la gran familia europea , ha sido hasta ahora otra cabeza de Medu
sa para los que creen mal empleado el tiempo , no escaso , que requiere su estudio. Esta es otra con
sideracion que nos mueve á esperar que , como órgano especial destinado al intento , será La Abeja
bien recibida por el Público ilustrado.
Hasta ahora ha estado la Espana separada de la Alemania , no solo por su posicion , sino tambien., y
de un modo muy senalado , por el espíritu francés, que se vá extendiendo mas y mas entre los dos pai
ses. Verdad es que el Aleman, adoctrinado por tantos lados en el elemento romano , no.ha consentido
que esta separacion le imposibilitase llegar á las fuentes de la literatura espanola. El Espanol , empero,
apartado , así por la palabra como por el modo, del mundo germánico, completamente estrano para él,
no puede menos de aparecer á grandísima distancia de aquel pais , y si por ventura trata de adquirir
algun conocimiento de la literatura y del arte alemanes , tiene que acudir forzosamente á la rnediacion
francesa. Quizas le quepa á La Abeja la dicha de iniciar la union tan deseada entre los dos paises.
Además de los artículos científicos, ocuparán parte de las columnas de esta Revista otros pura
mente literarios, no menos instructivos que agradables; y á este efecto elegiremos las obras mas
desinteresadas del 'pensamiento y de la poesía, las dotadas de aquella gracia moral, de aquella tran
quilidad genuina de un pueblo que ha dado tantas prendas á la cultura intelectual. Por consiguiente,
quedan excluidos de La Abeja todos los autores de sistemas mentirosos y delirantes, que soterrando
todo lo bello, condueeri á los pueblos, por el ateismo , al menosprecio de toda autoridad y de los dul
ces lazos de familia..
Tambien contendrá esta Revista , empezando desde el segundo número, una resena de las obras de
mayor importancia que vayan saliendo á luz en Alemania.
Daremos tarnbien de cuando en cuando la biografía de algunos de los hombres célebres en letras
y ciencias. Y para amenizar „aun mas esta publicacion , continuaremos, al final de cada número , bajo
el título de Excerpta, unas cuantas máximas, pensamientos y chispas del ingenio y del humor, así
de les antiguos corno de los modernos, que en la lectura hemos ido recogiendo; aunque no siempre
podremos continuar los nombres de sus autores, porque, cuando los íbamos apuntado, estábamos
muy agenos de proponernos darlos al público.
Diremos en conclusion que, si se nos pregunta cuál será nuestro criterio en la eleceion , am pliacion y castigo de los artículos que vamos á verter del aleman , contestaremos que no somos
de aquellos que pautan sus cánones por lo pasado, y que quieren lo presente, solo en cuantose
parece á lo que fué ; ni tampoco de aquellos otros , no menos tenaces y exclusivos, que fundan sus exi
gencias en las ideas y necesidades exageradas del momento, y que, al paso que censuran lo pasado,
esián mal hallados con lo presente, porque no realiza precipitadamente, á medida de su impaciencia ,
sus ensayos de progreso y de futura grandeza. Segun nuestro sentir, todo progreso que merezca este
dictado se efectúa lentamente y por un parto no menos largo que trabajoso. En el órden real y huma
no • de las cosas no . hay nada repentino ; todo viene motivado, preparado, traida de mucho tiempo
y con regularidad': tal es.la ley de la misma naturaleza ; y ningun individuo, ninguna nacion la que
cberraánntasiimempupnree,meDniotes.mDeedsipaunetse de lo dicho, casi parece excusado anadir que lo bueno y lo bello mere , nuestra predileccion.
Antonio Bergnes de las Casas.
)1 3
El calor vital.
por Oton
*En todos tiempos fué el invierno la imagen de la muerte.
.Su helado aliento convierte la creacion entera en un calla
do sepulcro. Arrímanse entonces los hombres unos á otros,
y chisporrotea en el hogar la llama halagüena para estre
char mas y mas el pequeno círculo-de la familia. Surgen
entonces vivas ansias tras el vividor verano ; y el primer
rayo tibio del sol que hace rasgar á la modesta florecita el
manto de nieve que cubre la tierra llama tambien al hombre
á la vida esterior y placentera. Con negros colores nos pin
ta la fantasía las heladas regiones polares ;cual un mundo
yerto, sin gozos ni placeres. Con éxtasis Se cierne, empero
nuestro pensamiento sobre 'el mundo tropical, el paraiso de
la tierra, donde yerbas y .helechos se alzan .en selvas, don
de centenares de plantas arraigan en un solo árbol, de cu
ya verde enramada se destacan sus abigarradas flores y fru
tos; donde celebra la vida sus mas altos triunfos en la mag
nificencia de los matices de los insectos y de las aves, en la
esfampa agigantada de los paquidermos, y en la elástica
fuerza de les animales carniceros.
. Así es como en todos tiempos enlazó el hombre la Vida
con el calor ; y para la antigüedad fué este la primitiva
fuerza creadora del mundo. Ocultábase un fuego central en
el regazo de la tierra, y la misma tierra era el hogar de
los dioses. Las vestales custodiaban , para los Romanos , el
fuego sagrado en el. templo de Vesta ; y los Germanos en
cendian hogueras en las cumbres dé sus montanas para ce
lebrar el solsticio de slerano.
Aun ahora mismo pide el habla poética' al calor las imá
genes de la vida creadora, y canta la llama del amor y el
calor del sentimiento ; el mancebo está.ardiendo por la don- •
cella : el orador inflama el corazon de sus oyentes. Donde se
enfria el hombre para lo santo y para la verdad, para la
patria y el derecho, allí se paraliza la fuerza, allá desapa
rece el hecho.
Tan íntimamente como la naturaleza, enlaza .tambien el
pensamiento el calor y la. luz. Una luz fria es el aspecto
fosfórico de la muerte, un espectro alevoso. La luz ha de
encender,' ha de calentar , el espíritu ha de vivificar. Cuan
do del ojo risueno del infante, rompe el primer rayo de luz,
penetra calurosamente en el accesible corazon de la madre. .
La amorosa mirada , empero, de la madre universal, en cu
yo seno descansamos todos, de la madre Naturaleza, reflejo
de la Omnipotencia Divina no Solo ha de alumbrar nuestro
entendimiento, sino que ha de calentar tambien nuestro
corazon.
Y ya que hemos hablado del calor del corazon , no hay
que olvidar que, bien así. como nuestra tierrra oculta un
fuego eterno debajo de su verde manto, asimismo. trae el
hombre un hogar en su interior, cuya llama se agita sin
tregua desde su nacimiento hasta su muerte: El calor del
corazon es la fuente primitiva de la vida..
En, todo cuerpo nos muestra la ciencia calor latente ; y
no hay mas que despertarle para que manifieste sus efectos
benéficos ó destructores. Herimos el pedernal con' el acero
y al punto se desenvuelve tanto calórico, que vemos des
prenderse encendidas las partículas de acero. Y ••si aun nos
parece algo oscuro este fenómeno., echemos un . popo de
agua sobre cal viva, -y veremos que se. calienta luego en tér
minos , que no la podemos aguantar con la mano. El agua
no fué, empero, chupada por la cal como por Una esponja,
sino que pasó con ella á una combinacion íntima y se so•
lidifieó con la misma. Cojemos un eslabon neumático v,
mediante un fuerte empuje .con el émbolo ,• comprimimos el
aire en el • tubo , y se enciende la yesca. A martillazos se
vuelven 'candentes los Metales ; las Campanas se calientan á
fuerza de tocarlas ; la acerada. ballesta se vuelve quemante
con la ténsion redoblada. ..Así se engendra calóricó donde
quiera que se condensen los cuerpos , y ora sean aeriformes,
ora sólidos, por medio del. rece ;de la presion ó perension.
Nosotros engendramos. ordinariamente nuestro calor por
medio de la cornbustion. El proceder es indénticoal del apa
gar la cal. Los mas de nuestros combustibles constan de car
bono é hidrógeno ; ellos absorven el oxígeno del aire, y 'lo
condensan consigo en ácido carbónico y agua. Darnos á esta
eombinacion el nombre de proceder químico ; y conocemos
otras varias que diariamente nos Presenta la naturaleza. Ve •
mos materias animales y vegetales pasar á estado de piltrefaccion ,• y gozamos de los productos de la:fermentación en
el vino, la cerveza ,y el vinagre. En la putrefaccion , así co
mo en la fermentacion , se engendra, empero, ácido earbó
tiico ; en la primera., á costas del oxígeno de la atmósfera;
y en la segunda ,• á costas del oxígeno existente en el azúcar.
En ambas operaciones, se desenvuelve calórico, 'que sube á
500 R.; y hasta inflama montones de estiércol y de heno.
Así es como, con mucha propiedad podemos dar el 'nombre
de combustion lenta á la putrefaccion y á la fermentacion ,
aunque no vayan acompanadas de fuego ni de desenvolvi
miento de luz.
?Qué procederes químicos son los que engendran el 'fuego
interno de nuestro cuerpo? Es cierto que en la nutricion
de nuestro cuerpo se verifican variadas transformaciones de
nuestros alimentos, que bien pudiéramos comparar con • los
procederes químicos de la fermentacion. La saliva .y ,los
jygos gástricos, la bilis y el jugo pancréatico convierten,
como las heces , el alrnidon en azúcar y disuelven la albú
mina y la grasa. Vernos además, en la digestion, que se segre
gan partes de los alimentos, y pasan a estado de putrefac
cion ; vemos que otros se convierten en sangre, y que dé es
ta se segregan las materias sólidas de los músculos, de la
grasa. y de los huesos. Y finalmente, vemos otro proceder, en
el cuerpo animal , el que sigue sin interaupcion desde el na
cimiento hasta la muerte, y con el que enlazamos la vida ,
.á saber, la respiracion.
. Bien así como el pez en el fondo del Océano, asimismo
vive el hombre ea el fondo de un océano de aire que no
puede abandonar so• pena de muerte. Pero así como para la
vida del pez solo tiene importancia la corta cantidad de aire
que encierra el agua, y Muere el animal en una. agua priva,
da de aire , del mismo modo no le sirve al hombre, para la
vida ,.toda la masa del aire , sino una pequena parte del mis;
m'o , á saber, el oxígeno. Así como, con los órganos respira
torios propios del pez, solo sirve el agua para la rarefaccion
del aire , asímismo efectúa el ázoe del aire el enrarecimiento
del oxígeno productor de la vida. Por lo mismo, no contie
nen ',100 partes de aire mas que 21 de oxígeno y 79 de ázoe;
y cualquiera otra proporcion perjudicada á la vida del hord
bre. • •
Este aire lo respira el hombre por la boca y las ventanas
4
de la nariz, y lo conduce á los pulmones por la traquea, la
que, segun la figura, se bifurca, al moda de un árbol , en ,
dos bronquios , y estos en finí
simas ramas. Los pulmones son
dos sacos esponjosos y elásticos,
situados á entrambos lados del
corazon ; el' izquierdo á mas
estrecho, y está siempre divi
dido en dos lóbulos , al paso
que el derecho lo está en tres.
A estos . pulmones afluye toda
la sangre del cuerpo , por las
arterias pulmonares, desde el
ventrículo derecho del cora
zon , y aquí viene á ponerse
en contacto, aunque no de un
modo inmediato, con el aire
atmósferico.
la seccion transversal de un pulmon como
la muestra, aumenta- ,
da 250 veces en la lá
mina adjunta , obser
VareMOS en ella mu
chos agujeros redon
dos ú ovalados ,, los
que están separados
por una capa no m0/,
,ancha de sustancia fi
brosa , y nunca cornu.
nican unos con otros.
Estos agujeros son las
secciones de cuerpos vesiculosos , en que se funden las últi
mas ramitas finas de los bronquios, que, á.manera de árbol, se ramifican por todo el pulmon , y que llaman celdillas pul.
manares. Son pequenísimos ; tienen , en los ninos, apenás
un diámetro de 0,055 á 0,05 de línea ; alcanzan en los
adultos el grandor de 0,07, y en los ancianos el de 0,4.
.La sangre entra en los pulmones por las arterias pulmona.
res, que se remifican asímismo en un tejido de delicados tu
, bitos. La lámina representa SO veces ma,
yor este remate ramificado de la arte
,- ria pulmonar, tal como se divide entre
los pequenos lóbulos pulmonares. De es
?ir tos remates de ramas salen ramificaciones
e mas finas todavía , que ván á parar á las
lo' 96- vesículas pulmonares , y allí se resuelven
ÍI en una red de delicados vasos capilares.
Si consideramos
Esta red cubre las paredes de las vesícu
las pulmonares, y aquí se efectúa, al
traves de delicadas membranas, el true
que de los gases. Despues que la sangre ha segregado su
ácido carbónico, y absorvido el oxígeno, júntanse las redes de
vasos capilares de las paredes de las cendillas en tubos mas
gruesos, que hallan su tronco cemun en la vena ..pulmo
nar , que conduce la sangre á la aurícula, y de esta pasa al
ventrículo izquierdo del corazon. Ahora es cuando empie
za la sangre, impelida por el latido del corazon al través' de
las grandes arterias, su mision nutritiva por todas las partes
del cuerpo, y se subdivide por innumerables redecillas de
finas vasos capilares, que allá por todos lados dejan chupar
las materias útiles, y recogen en nuevos canales los fluidos
que no pueden consumirse, para que sean conducidos por
las venas á la aurícula, y .de allí al ventrículo derecho del
corazon.
? Pero qué cambio tan completo se ha efectuado entretan- •
to en la sangre? El aire expirado se diferencia del inspirado
por su mayor contenido de ácido carbónico y vapor acuoso, y
por su menor cantidad de oxígeno. Así pues, se ha engendra..
do ácido carbónico y agua á costa del oxígeno , y se ha efec
tuado una combustion lenta. Creíase antes generalmente que•
esta combustion se efectuaba en las pulmones; pero ya sede
ja ver que la sangre de las otras partes del cuerpo que vuel-.
ve por las venas , sangre que antes debia quemarse, está mu
cho mas saturada de ácido carbónico que la arterial, esto es,
que la sangre quemada.
De ahí es que la formacion del gas ácido carbónico debe
de haberse efectuado ya en las mismas partes del cuerpo, y
que el hogar de la .combustion propiamente tal no puede es
tar en otra parte mas que en los vasos capilares que se estien
den por todo el cuerpo.
Si consideramos detenidamente estos vasos capilares, vemos
que san unos tubos finísimos, envueltos en membranitas per
fectamente trasparentes de un grueso de 0,006 á 0,005 lí
nea apenas, 'que forman entre sí redes-redobladamente enla
zadas con mallas, ora redon
das, ora prolongadas, ó rom
boidales. La figurarepresenta
un vaso capilar de la especie
mas sencilla aumentado 250
veces. Vemoscubiertos susde
licados tubos, en loscostados,
alternados de cuerpecitos de 0,002 línea de ancho, y de 0,004
línea de la largo. Llámanlos núcleos celulares, y vienen á ser
unos pequenos gérmenes, de los que se forma y se repone
toda materia orgánica. 'El núcleo celular nace de la union de •
varios granitos &mentares, pequenísimos, y fácilmente mo
vibles, que se forman en el fluido orgánico capaz de formacion,
esto es, la materia gérmen ó blástema; sobre la superficie este
rior del núcleo celular se deposita luego una capa, que gra
dualmente se vá apartando, como membrana celular, del mi
cleo , al paso que el espacio intermedio se vá llenando de
un 'fluido. Con esto queda completada la celdilla animal.
Fórmanse ahora nuevas celdillas al lado de las antiguas, se
transforman, se estienden ó engruesan , y ván formando de
este modo los varios tejidos celulares del cuerpo animal. Así
es como vemos en los vasos capilares los principios primitivos
de toda formacion orgánica de materia. Aquí en estos me
diadores entre las arterias y las venas, se efectúan los cam
bios mas importantes de la respiracion y de la nutricio!). Por
los vasos capilares son absorvidas las materias alimenticias
en las paredes del tubo intestinal ; por ellas se convierten
las partes nutritivas de la sangre en la masa de los órganos
circundantes , ó se depositan para reponer la materia per
dida; pOr ellos son conducidas las materias consumidas á la
masa de la sangre, ó separadas para las secreciones por me -
dio (lelos rinones, las glándulas salivales, el hígado y la piel.
En los vasos capilares de los pulmones absorve• la sangre el
oxígeno únicamente para traspasarlo, por la grande red de va
sos capilares del cuerpo, á los órganos cuya descomposi
eion facilita los Productos de combustion , los cuales • son
otra vez separados en los, pulmones en forma de ácido car
bónico y agua.
Así es como efectivamente debemos considerar el calor vi
tal animal como producto de combustion'química ; y la cor
riente de sangre arterial se parece entonces á un sistema de
fuelles que conduce á las partes del cuerpo el oxígeno nece
sario para la combustion.
Una vez reconocida la fuente de donde emana nuestro ca
lor vital, no puede ya sernos difícil hallar los medios por
•
>1 S
los cuales atizarnos y guardamos el fuego interno.
Ya se deja entender , y así lo ha demostrado tambien la
esperiencia , que la cantidad de calórico que se desenvuelve
en una combustion , permanece la misma , ora se -verifique
con rapidez , ora se efectúe despacio. Así pues , de la canti
dad del producto de combustion debe poderse inferir la can
tidad del material consumido , y la del calor que se ha desen
vuelto.
La cantidad de gas ácida carbónico que se exhala depende
de la edad , del sexo y del estado fisiológico del individuo.
El varon exhala mas ácido carbónico que la muger , general.
mente el doble. Esta exhalaeion alcanza su mayor altura en
tre la edad de 20 anos y la de 40 , al paso que con la vejez
vá menguando mas y mas , hasta llegar á la de la ninez El
nino exhala diariamente unas 44 onzas de ácido carbónico,
y el adulto unas 54. Por consiguiente , pierde el Dir10 diaria
mente, por la respiracion, onzas. de carbono, y el adulto 10
onzas. N'erija onza de carbono produce , en rápida combus
tion , tanto calórico , que pueden calentarse con él 5 1/4 li
bras de agua hasta los 60. R. Aquellas 4 amas de carbono,
que, con el respirar del nino, se ván consumiendo lentamen
te, bastarian, por consiguiente, para ealen 27 libras de agua
hasta los 60'; y las 10 onzas da adulto pondrian hasta
64 //2 libras de agua en el mismo estado calórico. A esto
hay que anadir la cantidad de agua espelida diariamente por
la evaporaeion y la respiracion. Y aunque la mayor par te de
la misma sea introducida por los alimentos y la bebida, de
be con todo formarse otra parte en el cuerpo de sus elemen
tos , el hidrógeno y el oxígeno. Diariamente exhalamos unas
17 onzas de agua ; y si esta cantidad se formara en el cuerpo,
podríamos inferir de ello una combustion de cerca de '2 on
zas de hidrógeno , calórico suficiente para calentar 68 libras
de agua hasta los 600. Un desenvolvimiento tan considera
ble, y no interrumpido , de calórico , puede muy bien man
tener el calor vital del hombre , que , por término medio, no
pasa de 29 á 51° R., y que ni aun en las enfermedades in
fiamatorias, escede de 5.2'. Apenas ejerce influjo en él el aire
esterior ; ora viva el hombre en climas ardorosos , ora viva
en la zona glacial , siempre arde lo misma su fuego interno;
el cual vá reparando sin tregua la pérdida de calórico que
padece el cuerpo por fuera. Verdad es que por medios artifi
ciales procuramos disminuir esta pérdida de calórico , y nos
arropamos con telas parecidas á las pieles de los animales , á
quienes abrigó naturaleza con malos conductores de calórico,
con pelo , plumas y grasa. Pero á pesar de esto , todavía nos
sustrae calórico el aire frio ; transpiramos , exhalamos aire
caliente y vapores acuosos , y perdemos calórico por los es
crementos. Así es que no podemos guardar el fuego de nues
tro interior , si no le facilitamos continuamente , con la ali- •
mentacion , el combustible necesario. Por esto comemos
alimentos ricos en carbono é hidrógeno, como azúcar , al
midon, grasa: sustancias, que, si bien no son adecuadas para
la formacien de la sangre, mantienen con todo la respiracion;
y las hemos de comer en cantidad tal , que queden comple
tamente cubiertas todas las pérdidas padecidas por la trans
piracion y respiracion.
Pero tambien podemos levantar nuestro mecanismo inte
rior vital. Todo esfuerzo corporal , todo movimiento violento
engendra un gasto mas pronto de materia , una respiracion
mas viva , uu movimiento mas acelerado de la sangre. Con
esto se aumenta el desenvolvimiento de calórico pero para
que no venga á danar al cuerpo , aviva tambien la transpi
racion de la piel. Sudamos , y por este medio espelemos el
calor escedente. En siendo mas lento el movimiento , y mas
aun durante el suena, respiramos mas lentamente, y desenvol.
vemos menos calórico. De ahí es que cua ado hace mucho frío',
lo sentimos mocho menos, si trabaja-. s con ardor , a an
damos de priesa, que Si estarnos sentad., en un aposento poco
calentado. Por esto nos cubrimos, dura,. te el sueno, para con
servar la menor cantidad de calórico que se engendra estando
quietos ; y por la misma causa estarnos al abrigo de la con
gelacion , cuando andamos en una noche cruda de invierno,
mientras logramos repeler el sueno.
Pero cuanto mas calórico perdemos , cuanto mas de priesa
andamos, cuanto mas de priesa respiramos, cuanto mas oxí
geno introducimos, por consiguiente, en nuestro cuerpo por el
sistema de fuelles de nuestro curso de la sangre, tanto mayor
será la cantidad de alimentos que necesitamos, en especial
de los ricos en carbono.
En los dios calurosos de verano tenemos menos apetito
que en el rigor del invierno. Y esto es natural , por cuanto,
en la estacion calurosa, perdemos menos calor vital que en
la fria ; y por consiguiente hay menos necesidad de reponer
lo. Por lo mismo, se alimenta el meridional de frutos que no
contienen mas allá del 12 por ciento de carbono ; y el habi
tanta de los polos tiene que comer grasa y aceite de ballena,
que contienen de 60 á 80 por ciento.
El hambre engendra frio , por cuanto en el cuerpo ham
briento solo puede efectuarse el desenvolvimienta de calórico
á costa de las partes del cuerpo que se combinan con el oxí
geno del aire , y que por lo mismo se Váll consumiendo á sí
propias. El frío y el hambre desgastan el cuerpo; y ambas
causas juntas aniquilaron al ejército francés en su retirada
de Rusia. Los alimentos grasos, ricos en carbono é hidróge
no, son el mejor preservativo del frio. La ropa. de mucho
abrigo disminuye por otra parte la necesidad de comer. El
Indiano , que anda en carnes , el Esquimal , que corre á la
caza con el fijo mas riguroso, se comen media ternera ó una
azumbre de aceite de ballena. Ningun animal carnicero de la
zona tórrida llega á la voracidad del óso polar.
Así es como la naturaleza nos está diciendo que midamos
la cantidad de los alimentos por el número de nuestras ins
piraciones y las pérdidas de calórico. Y bien así como el acti
vo habitante del norte no puede absorver, coa su alimento,
menos carbono é hidrógeno del que él expira , ni puede ei
ocioso meridional absorver mas de uno y otro del que expira,
sin menoscabo entrambos de su salud, asimismo debiéramos
tambien nosotros, que somos hijos de un clima variable, dis
minuir nuestra alimentacion en verano, y aumentarla en in
vierno. Verdad es que el hambre, por un lado, y la saciedad,
por otro, nos hacen guardar la medida conveniente; pero
tambien es cierto que somos mas dóciles á las exigencias de
la primera que á los preceptos de la segunda. Son menos los
hombres que se consumen de hambre que los que se rellenan
de comida. Bien es verdad que el pobre, con su comida par
ca y sencilla, está menos expuesto á tales tentaciones que ei
rico, quien, por medio de manjares variadamente condimen
tados , se proporciona escitantes artificiales. Y esta es la cau
sa porque acometen mas enfermedades al rico , de resultas
de su destemplanza , que al pobre ; el cual , si bien , en ro
deándosele la ocasion , tambien se escode , aleja , por otro
lado , con su respiracion mas acelerada , efecto de su vida
mas activa , el esceso de comida que allá de vez en cuando
pueda haber tornado.
La buena mesa, con una vida sedentaria , hace mas nece
sario el movimiento y. algun refrescante. El hombre de bufete
respira despacio , porque , conforme vá en aumento la acti
vidad del espíritu, vá menguando la actividad del cuerpo. Él
debe reponerse al aire libre, trepar por las sierras, andar al
ambiente frio, para que , mientras descansa el espíritu, vaya.
subiendo la respiracion , y se gaste el esceso de álimentacion
que haya tomado. El pobre, que con su jornal gana trabajo
samente el sustento , no comprende generalmente al hombre
de bufete, y le envidia su paseo, su huelga, como lo llama,
sin echar de ver que le es á este tan necesario el movimiento
como lo es á él el descanso despues del trabajo. Comete un
error fatal el hombre de bufete que trata de reparar la pérdi
da de sus fuerzas con una alimentacion mas rica, en vez de
modificarla á tenor del trabajo del espíritu.
Sentimos á menudo, despues de comer, y especialmente
con el uso de bebidas alcohólicas, una viva necesidad de agua.
fresca. El calor interno, que ha ido en aumento , está pidien
do un, refrescante. Con este se acelera la respiracion , y con
ella se aleja el esceso de hidrógeno carbonado. Por la misma
causa mueven los banos frios el apetito, así como el movi
miento al aire frío, porque la pérdida de calórico tiende á
reponerse constantemente. Toda emocion violenta del ánimo,
la alegría y el dolor, el enfado, la ira, la zozobra y el espan
to influye en nuestro apetito, segun detiene el pulso, é im
pele mas aceleradamente la sangre por los vasos.
s El hablar recio , el cantar, el gritar de los ninos, aumenta
.tambien el apetito, porque acelera la respiracion. Por esto
comemos, en una sociedad de amigos, y en amena y ani
mada conversacion, mucho mas, sin dano, que á solas.
Durmiendo, respiramos mas lentamente; por esto no hay
nada mas perjudicial que el esceso en la cena. Venimos á
parecernos entonces al enfermo, á quien, á pesar de su buen
estómago, ordena el médico la dieta, para que no aumente
la calentura.
De este modo tenemos en nuestro poder el fuego de nues
6 I(
tro interior. A nuestro gusto trabamos ó avivamos los fuelles,
la respiracion , y aumentamos ó disminuimos el combusti
ble, la alimentacion. Pero no es nuestro cuerpo una estufa en
la que podamos , á nuestro antojo, acumular el combustible
y atizar el fuego. El cuerpo arde por sí propio ; y la alimen
tacion no es mas que la reparacion de las partes del cuerpo
consumidas. En cuanto falta el alimento, desaparece la gor
dura, los músculos se reblandecen, el cerebro se descompo
ne, y la. llama se apaga, porque, gastado el aceite, queda el
cuerpo inerte. El esceso de alimento no siempre nos guarda
de esta combustion incesante : él hombre mas voraz se vue,1-
ve flaco , cuando los órganos de la digestion no convierten
los alimentos en sávia nutritiva.
Malos guardadores somos por lo mas de este fuego c.orpo
reo ; así lo demuestran las muchas dolencias abdominales de
nuestros tiempos. Pero tambien somos á la par pésimos cus
todios de nuestro fuego espiritual. Solo en un cuerpo sano
reside una alma sana. La digestion perturbada obra de' re
chazo sobre los nervios y el cerebro, engendra pensamientos
sombríos, mal humor, descontento íntimo. Se ahoga el sen
timiento levantado del sór espiritual y libre, agobiado por la
pesada carga del estómago. La sangre espesa, que circula
torpe y trabajosamente, paraliza toda la fuerza de la volun
tad en el alma indiferente y perezosa; los incentivos artificiales
ahogan , en los placeres sensuales, los mas nobles impulsos..
A las Vestales de Roma les amenazaba un castigo tremen
do, y al estado una calamidad espantosa , cuando dejaban
apagarse el fuego sagrado. Y á nosotros tambien , sacerdotes
infieles de nuestro fuego vital , nos amenaza la muerte cor
poral y la servidumbre del espíritu.
_Antonio Bergnes de las Casos.
Lo grande y lo pequeno en la wahntralezw,
por Oton
No pocas veces hemos oido ponderar el poder con que el
hombre 'con sus guarismos domina al universo, como que
no hay nada que la ciencia no haya conjurado bajo forma
numérica. Con sus instrumentos puede ella medir las cosas
mas diminutas, el polvillo del ala de la mariposa, los glo
hulillos de nuestra sangre , las invisibles corazas silíceas del
pedernal. La ciencia mide las alturas y profundidades de
nuestra tierra, y cuenta los miles de anos en que se formaron
las capas .cle la superficie. Cuenta los mundos del cielo, mide
sus magnitudes, sus distancias, sus movimientos. Por medio
de guarismos ordena ella la vida química de la materia , en
guarismos convierte los tonos y las undulaciones de la luz.
Hasta sabe medir con guarismos el bien estar de las naciones,
el estado de su sanidad, de sus artes y cultura.
Pero, en medio de este triunfo del ingenio humano, se nos
pasan por alto algunas consideraciones ; pues echamos en
olvido que no siempre nos dan los guarismos representacio
nes claras y precisas, y que no puede el número fundar
nuestro juicio sobre lo grande y lo pequeno. El número se
alcanza tan solo con la medicion ; y esta no es mas que la
comparacion con una unidad conocida, la medida. Cuantas
mas unidades de estas podemos distinguir, tanto mayor nos
aparece un objeto. Ni aun el ojo puede recorrer, de un golpe
una larga. línea. En la curva, salta de un cabo á otro , y
descansa con placer donde halla puntos de reposo. Con esto
se ven forzados los músculos del ojo á describir ángulos, y su
Me.
movimiento pierde la longitud de la línea. Si el ojo no halla
reposo en parte alguna, cánsase del esfuerzo que se le impo
ne, y se allana á darnos una representacion de lo infinito, de
lo infinitamente grande. Si no puede ya el ojo distinguir, ni
ponerse en activo movimiento , desde luego deja de medir.
vuela ante él la representacion de la magnitud para conver
tirse en lo infinitamentepequeno. ? Quién no habrá sentido
lo dicho, si ha andado alguna vez por una carretera desierta,
ó entre árboles de igual elevacion y forma, ó entre casas de
fábrica igual y. en forma de cuarteles , ó si , situado sobre la
cumbre de una montana , ha mirado á sus pies una multitud
de verdes colinas ó de penascos desnudos y destrozados ?
?Quién no habrá sentido el mismo vértigo de lo inconmensura
ble si alguna vez ha fijado la vista en un solo punto, una
molécula de polvo, ó una chispa de luz? Pero si se ha familia
rizado con aquella enojosa hilera de casas semejantes, y sa
be distinguir aquellas fábricas uniformes por sus habitantes' y
su interior, desaparece entonces á sus ojos la impresion de lo
infinito; y si un microscopio le aproxima aquella misma par
tecilla de polvo ; si la reconoce como fábrica de animalillos
individuales , en quienes hasta llega á distinguir órganos,
entonces aprende á admirar tambien la grandeza de .lo infini
tamente pequeno.
. Si nuestro juicio sobre lo grande y lo pequeno se funda en
la medida, ya se deja entender que lo certero de esta opera
eion dependerá de la medida que • nos sirva de coinparacion.
7 K:
De ahi el haberse mostrado el hombre tan propenso , ya
desde los tiempos primitivos , á tomar la medida de su pro
pio cuerpo , de sus brazos , de las manos ó de los piés , que
tenia mas cercanos , y que mejor conocia : pues en cuanto
perdemos la medida , de nada nos sirven. los guarismos.
A los que están acostumbrados á medir con pequenas me
didas , y que viven en un inundo de pequeneces , les aparece
grande todo lo estrano. Esto lo habrá esperimentado el que,
saliendo de los llanos de sus hogares, suba á una serranía ; el
que , procedente de la pequena ciudad donde nació , se meta
en el bullicio de una gran capital ; y esto mismo esperimen
tamos todos , cuando de repente viene á interrumpir el hura
can de la historia del mundo la uniforme y eterna paz de que
poco antes disfrutábamos. Pero tambien por grados nos va
mos acostumbrando á la medida mayor ; nos deja el vértigo.
que sentíamos ante los abismos y despenaderos , mengua el
asombro que nos causara la magnificencia • de las grandes.
capitales , y ya no nos infunden el mismo pasmo las gran
diosas figuras de la historia. •
Así es como todo es grande y todo pequeno ,.segun lo con
sideramos por sí solo ó en su posicion con.respecto al todo.
No hacemos alto en los individuos de los animalillos infuso
rios, porque no se vén con el ojo desnudo. Pero cuando, en
el ano 1845, se voló el penasco. Round Down de Dóvres con
la potencia:de 185 quintales de pólvora ; cuando se vio que
20 millones de quintales de fragmentos de caliza cubrian una
superficie de 24 yugadas de 50 pies de alto, causó no poco
asombro la grandeza de aquellos animalillos que habian fa
bricado aquel penasco, y á cuyos residuos hubo de contra
poner el hombre la fuerzamas destructora que posee. Embár
ganos una sensacion de asombroy temor á la vista del Chim
borazo , que se encumbra entre las nubes á una elevacion de
20,000 pies. Y con todo, ? qué es el Chimborazo respecto de
la mole de la tierra ? Menos que un granito de arena sobre
una bola de billar. El rio de las ,Amazonas, de 750 millas (4)
de largo, con su cuenca fluviátil de 900,000 millas cuadradas
y con sudesembocadero de 50 millas de ancho; semejante á un
mar, se nos aparece como un portento entre los idos. Pero
qué son sus moles de agua, y qué las de todos los idos de la.
tierra, al lado de los 4 1/2 millones de millas cúbicas de agua
que abarca el Océano, cuyas profundidades no pudieran lle
nar todos los dos juntos con sus aguas en menos de 40,000
anos Apenas hacemos alto en la sal que contiene el mar ; y
no obstante , todas sus sales juntas forman una mole de
150,000 millas cúbicas : magnitud que puja cinco veces so
bro todos los Alpes reunidos, y equivale á los 2/5 del 'ante
mural penascoso del Himalaya. La mas rica de las fuentes sa
lobres de Alemania , la llamada Neusalzwerk , cerca de Min
den, que en 24 horas da 64,800 pies cúbicos de agua, debe
ría correr por espacio de 2 millones de anos para dar no mas
que una milla cúbica de sal. Tampoco nos parece grande un
lecho de carbon de piedra de 44 pies de potencia.' Pero si
reflexionamos en su formación , si consideramos que , en •
-medio de la mas rica vegetacion.de los trópicos, la formacion
de una capa de humus de O pulgadas de espesor necesita casi
un siglo , que esta se ha de reducir á la vigésima séptima
parte para alcanzar la densidadidel carbon de piedra; que, por
consiguiente, aquel lechoes obra de mas de 150,000 anos, nos
asombra la grandiosidad que viene á ostentar la naturaleza
en aquellas pequenas capas de mineral. Así es corno todo
viene á parar en grande, hasta lo mas pequeno, cuando halla
mos una medida que nos senale .su conexion con lo que le
(4) Afilias alemanas dé 15 al grade
rodea, y su fortnacion ; cuando se nos manifiesta como pro
dueto de causas aisladas.
Solemos emplear medidas pequenas , cuando ponderamos
la magnitud de una cosa , ó queremos enganarnos á nosotros
mismos ó á los demás. No suena lo mismo que se han anda--
do 10 millas alemanas que 50 millas inglesas. Una hora nos
parecerá larga, si llamarnos la atencion á sus 80,400 segun
. dos ; 10,000 francos parecen mas dinero que 400 libras' es
terlinas ; y mayor efecto se producirá , si contamos por reis
portugueses.
Mas cuando no estamos interesados en ilusionar nuestra
inteligencia , cuando deseamos recibir una clara idea • de la
magnitud , procuramos simplificar los grandes números que
nos enganan con su sonido , y echamos mano de Mayores
unidades de medida. Pero estas medidas deben ser accesibles
. á nuestro entendimiento, y han de ser para él comprensibles:
Sin duda que á muchos les habrá ocurrido cuán difícil es se
nalar distancias que no han recorrido. Si se le pregunta .á
uno cuánto dista Londres o San Petersburgo del punto de 'su
residencia , si no se le presentan á la memoria algunos re
cuerdos de muchacho , de cuando en la escuela le ensenaban
geografía, procurará salir del paso comparando las distancias
que le dá el mapa, 6 su imagen, con otras ya por él conocidas.
Lo propio le pasa al filósofo que allá se hunde en los espacios
infinitos del universo. Gradualmente se ha ido hallando en Su
casa en el munido mas cercano del sistema planetario ; en se -
gaida se ha acostumbrado á considerar como admitida en el
dominio de sus ideas la distancia de la tierra al sol. Lo que
para el aldeano os la distancia de su cortijo á la gran ciudad
mas cercana , aunque nunca se curó de distancias , y aunque
nunca haya llegado hasta ella, esto mismo es para el filosofo,
habitante de la tierra , la tirada de 21 millones de millas has -
ta el sol (pues el sol es para él lo que para el aldeano la gran
ciudad ); medida ordinaria, como si él mismo hubiese anda
do mas de una vez este camino. •
Bien así como sabe el campesino que un buen andarin lle
ga en tantas horas á la ciudad, asimismo sabe el filósofo qué
el veloz corredor, la luz, llega á él en 8 minutos desde •el
sol. Ya no se pregunta el filósofo si puede representarse aque
llos millones de millas , puesto que las ha concebido como
unidad , como distancia de la tierra ; ya no se pregunta si .é!
puede medir y pesar la mole de la tierra de 2630 millones de
millas cúbicas , y su peso de 15 1/2 cuadrillones de libras,
pues mide y pesa con eso , sin darse mayor molestia, los pla.L
netas vecinos. Transforma él para sí la tierra en una arveja, y
la coloca á 65 pasos de la esfera solar, con un diámetro. de
14 pulgadas, y en seguida á 529 pasos coloca á Júpiter, y á
616 pasos á Saturno, este con un diámetro de .1 4/4, y aquel
con el de 1 4/2 pulgada. No mas que á 2500 pasos mas allá
pudiera colocar el último planeta conocido ;•- y dos millas
mas lejos venia mar los cometas. Sale entonces á las estrellas
fijas ; y ya no sirven como medida sus distancias terrestrass
por cuanto estas distancias las abarcan ya á miles y á millo
nes. En este caso, buscando siempre representaciones reales,
huye de los guarismos monstruosos y adopta una nueva me
dida en el espacio que recorre la luz en un ano ; esto es, •el
ano lumínico. Verdad es que este celeste Indicador , que coge
65000 distancias terrestres , ó 1.500,000.000,000 de millas,
no es. Mas que una medida imaginaria ; pero todavíadiá ca
bida en el estrecho entendimiento á números nuevos.. Nties•
tro monstruoso inundo de estrellas fijas se mide por este neeL
dio de un cabo á otro de la vía, !actea , y dá por resultado
8000 dé aquellos anos lumínicos. Llegase finalmente á los mi
les de manchas nebulosas en el fondo del cielo , y otra vez
se estienden las distancias á millones de aquellos anos lumí
8
ticos; pero otra vez puede el hombre reducir á puntos aque
llos mundos gigantes, y medir de un cabo á otro sus distan
•ias con sus magnitudes , como si lo efectuara con pies y con
millas. Lo que fue para él al principio el sistema planetario,
esto mismo viene á ser para él uno tras otro el sistema de
las estrellas fijas y el mundo nebuloso. De este modo logra
mos formarnos una imagen de la estension del universo , y
sin grandes guarismos , precisamente porque los evitamos.
Cuéntase de los primitivos habitantes de Nueva Holanda
que sn idioma no alcanza á senalar un número mas allá de 7,
que todo lo (Inc pasa de 7 es para ellos monstruoso. Verdad
es que nosotros hemos adelantado mas , puesto que contarnos
I)01 miles y por millonas ; para eso tenemos palabras , pero
acaso tenernos mucho mas? — Francamente hablando , casi
estamos por dudarlo. Tambien nuestra facultad representativa
alcanza sus límites , en los que el número mas determinado
no nos dá mas que una cantidad indeterminada. Cuando es
tamos acostumbrados á considerar ciertas cantidades como en
teros, por la vista frecuente. del objeto, no puede negarse que las
indicaciones , tales como 1000 pesos , 1000 varas , tienen un
significado completo; donde, empero, no podemos contar, ó no
tratamos de hacerlo, estamos dispuestos á usar grandes núme
ros, en testimonio de que otra vez tenemos delante cantidades
indeterminadas. Si preguntáramos á nuestros lectores cuántas
estrellas vén en el cielo, seguramente que los mas de ellos con
testarían que á millones. Mas si les dijéramos* que ni aun
la vista mas perspicaz (sin telescopio se entiende ) puede ver
mas de 25.i2 estrellas en todo nuestro cielo septentrional,
seguramente que no nos darían crédito, á no irles ensenando
Y contando una por una , en una carta astionómica, todas las
estrellas visibles desde la primera hasta la sexta magnitud.
I..o propio sucederia, si les preguntáramos cuánto material
de fábrica han ido reuniendo los hombres de 6000anos á esta
parte. Si, antes de haber puesto en guardia al lector , le hu
biésemos dirigido esta pregunta , es probable que , en este
caso , hubiera dicho lo que los indígenas de Nueva Holanda,
á saber, que era una monstruosidad. Y no es estrano que no
se atreva á decir cuánto, puesto que nunca ha tratado de for
marse de esto ni siquiera una idea aproximada. Pero si deci
mos al lector que todas aquellas fábricas vienen á formar ape
nas una milla cúbica , es muy probable que menee la cabeza,
como para decirnos que no nos cree. Quizás algunos de los
que nos están leyendo empiecen á calcular ; y en este caso,
no podrán menos de reconocer, que aun es exagerado el pro
ducto que arriba hemos dado.
?Pero de dónde procederá esta contradiccion? Procederá sin
• duda de que no tenian una idea bien clara de lo que es una
milla cúbica ; y estaban aguardando para lo grande muchos
guarismos , y nosotros hemos dado una unidad solamente.
Verdad es que tambien hubiéramos podido dar , como pro
• dueto, 15,821,000 millones de piés cúbicos; y esto quizás no
hubiera disonado tanto. Pero mejor será que lo probemos, va
liéndonos de puntos de comparacion conocidos. Diremos pues:
'imaginaos los materiales de fábrica acumulados por los hom
bres en. el espacio de 6000 anos , estendidos todos sobre una
superficie de 2.1,000 millas cuadradas, y por consiguiente so
bre el suelo, con corta diferencia , de toda la Francia y de la
Alemania , y VerelS que lo levantarán de un pié. Tal vez no
parezca ya esto tan pequeno. Tarnbien pudiéramos decir: ten
ded todo cl agigantado murallon de los Pirineos por el suelo
de la Francia ; y no lo levantará mas que de 408 pies. Pero
cojed todos los escombros humanos , tendedlos sobre la mis
ma superficie, y no lo levantarán mas que da 2 1/2 piés, esto
es , solo llegarán á 1;44 de la gran. cordillera. Esto causará
asombro sin duda ; pero pudiéramos levantar este asombro
hasta la duda , si anadiésemos que de tales escombros de fá
brica humana pudiéramos levantar unas 270 montanas como
el Vesubio , ó 5 colosos como el NIonte Blanco. De lo dicho
resulta que porque, en vez de todas estas perífrases, usamos
la sencilla espresion de milla cúbica, apareció tan pequeno lo
que ahora ha venido á ser tan grande. Y así nos sucede siem
pre que medimos con medidas que están fuera del dominio
de nuestras ideas acostumbradas.
Los números son resultados de cálculos. Pruebe el lector de
fabricar en su espíritu lo que puede haber fabricado la.especie
humana en 6000 anos, y mida despues lo fabricado. Viven
actualmente en la tierra. unos 1000 millones de hombres.
Pero solo una pequena parte vive en habitaciones sólidas,
edifica ciudades y abre carreteras. Admitamos que desde un
principio haya habido constantemente 500 millones de hom
bres con albergues sólidos , suposicion alta en demasía para
la antigüedad. Por término medio se cuentan en San Peters
burgo 57 personas por casa, en París 28 ; pero en ciudades
mas pequenas como Weimar , Edita , etc., de 10 á 11 sola
mente. De ahí es que en general podemos admitir que hay
una casa para 10 personas. Supongamos que , una con otra,
tengan estas casas 50 pies de largo , 50 de ancho y 50 de
alto ; que tengan dos pisos y 6 aposentos en cada uno , que
todas las paredes sean macizas., las esteriores de un pié de espe
sor, y las interiores de 1/2 pié al menos. En este caso , tene
mos, para material de tal casa , 8700 piés cúbicos, de modo
que corresponden 870 pies cúbicos por persona. Por consi
guiente , aquellos 500 millones de hombres vienen á compo
ner todos juntos un material de fábrica de 261000 millones
de pies cúbicos. Admitamos además que todos estos edificios
se renueven completamente todos los 420 anos , que sus es
combros levanten la superficie de la tierra; y tendremos, para
las fábricas de los 6000 anos la suma de 13,050,000 millones
de pies cúbicos, y por consiguiente, aun no una milla cúbica.
Aunque•para completar la milla cúbica nos quedan todavía
los materiales de las carreteras , diques , calzadas, etc., de
poco nos servirla , aun cuando duplicáramos el resultado. El
origen de nuestro sinsabor es mas profundo ; por cuanto se
ha de buscar en el orgullo mortificado del hombre, que hasta
aquí estaba acostumbrado á ver á su linaje dar nueva forma y
figura á la tierra; se ha de buscar, en una palabra, en el senti
miento que naturalmente enjendra la conciencia de la flaque
za é impotencia. Ya se vé ; ! estamos tan acostumbrados á
medir la fuerza del autor por la grandeza de la obra ! Lo físi
camente grande embarga y embelesa nuestra naturaleza sen
sual ; tememos ó respetamos lo que fuertemente impresiona
nuestros sentidos. 'n'asordamos el papel que, en los efectos de
las fuerzas , representa el tiempo, el tiempo , que alcanza á
sumar hasta monstruosidades de lo mas pequeno. Al oir el
bramido del mar y el estruendo de un gran salto de agua,
nos pasma la monstruosa fuerza del agua; y con todo no llega
todavía al 4/800 de la fuerza que levantó aquella misma agua
•en forma de vapor hasta las nubes. Cuando un terremoto
conmueve el suelo debajo de nuestas plantas , huimos ater
rorizados ; y esto no obstante, todo un pueblo está ahora vi
viendo sin temor ni cuidado en las costas de Suecia, que hace
siglos se están levantando sobre el terso espejo del mar, de un
modo inperceptible para el vulgo. Miramos con asombro los
agigantados cuerpos de la ballena y del elefante, los CEIOUYIeS
troncos del baobab y del roble, y menospreciamos los peque
nos pólipos y los invisibles infusorios ; y esto que los primeros
mueren sin dejar huella , y los últimos dejan tras sí , como
obras suyas, islas y montanas.
No hay que buscar, pues, en la espaciosa estension la medida
de lo verdaderamente grande, sino antes bien, en la fuerza que
9
lentamente ó de un golpe sacó la obra á luz. Midamos enho
rabuena las fuerzas de los cuerpos por el espacio y el tiempo;
,mas la fuerza del espíritu solo puede medirse por las creacio
nes del espíritu. Si no tuviera, el hombre otra tarea mas que
la del pólipo ó del infusorio, justo fuera que le subiese á la
cara el rubor de la vergüenza, al hacerse cargo de la pequenez
de sus obras ; pero si ha de buscar su grandeza en las obras de la ciencia y del amor, vea entonces cada cual si puedesen
tarse satisfecho sobre la piedra que trajo á esta gran fábrica.
Antonio .Bergnes de las Casas.
El guano.
por C, Bo$1titarsl1rr.
Aunque parezca impropio considerar la naturaleza como
una grande despensa universal , con todo esto , es innegable
que ofrece por acá y acullá nuestra buena madre ciertos
costados que nos la presentan bajo aquel aspecto.
? A quién no le ocurrirán aquí desde luego los inmensos
depósitos de carbon de piedra, que desde miles de anos yacían
desconocidos en el regazo de la tierra, hasta que le ocurrió al
hombre , no hace mucho , entrar en posesion de esta heren
cia de antiquísimos tiempos? Estos acopios tienen traza de du
rar todavía mucho tiempo , ó al menos es de esperar que du
ren lo bastante, esto es , hasta que la ciencia haya introducido
en nuestros caloríferos y combustibles una reforma funda
mental, si no acaso una revolucion completa. Y por cierto
que se dijo, poco hace, que no está en lejana perspectiva el
poder calentar con hidrógeno por medio de la descomposicion
del agua.
A mas de uno de nuestros lectores se le hace quizás la boca
un agua , pensando tambien en los bancos de ostras, algunos'
de los cuales tienen muchísimos pies de potencia y algunas
millas de estension.
Mas importantes son todavía los depósitos de sal, que ,
por su estension y magnitud , están alzando una protesta in
cesante -contra el monopolio.
Despensas de una especie particular, nada apetitosas por cierto, y llenas, con todo , de precioso contenido , son las
islas y las costas donde se encuentra el guano , en el Perú y
en el Africa meridional.
Las personas que ván siguiendo como se debe los progre
sos de la agricultura no ignoran que nos hallamos en la fase
del guano. Ya hace algunos anos qu'e es este abono un artícu
lo de introduccion de suma importancia para la Europa me
dia y septentrional. Los •navieros ingleses se han apoderado ,
como suelen hacerlo en todo, de este nuevo renglon de co
mercio ; y sus buques traen anualmente , despues de haber
doblado el cabo de Hornos , cantidades inmensas de este pro
ducto para nuestros campos, que de un ano para otro nece
sitan mayor cantidad de abonos.
Hace unos cuarenta anos que se supo en Europa, por Ilum
boldt sobre todo , que ya desde los tiempOs de los Incas se
utilizaba el guano en el Perú para abono de los maizales es pecialmente, y que existian en aquel vais depósitos inmen
sos, estercoleros de miles de anos de existencia, que solo
esperaban que los utilizasen. Hasta el ano 1840 no llegó á
Inglaterra la primera muestra de este abono, de solas veinte
toneladas; pero ya en 1844 se importaron en aquel pais unas
900,000 toneladas de la. isla del Africa meridional, llamada
ichabon , y 25,000 del Perú. Desde entonces ha tomado la
importacion de este abono un aumento estraordinario ; y en
el dia , casi todos los grandes agricultores de Alemania abo
nan sus campos con el guano.
TOMO 1.
Alcídes d'Orbigny , célebre viajero y naturalista francés , refiere que , cuando , en 1826 , navegaba él por las aguas
de Bolivia , no podia esplicarse la blancura de las rocas de aquellas costas á donde no llegaban las olas del niar , hasta
que los naturales le dijeron que eran capas monstruosas de
estiércol de aves marinas.
Desde entonces está el guano en mucha estima ; y sus fa
bricantes , dotados del apetito mas envidiable , y del estóma
go mas robusto , cuidan de que no llegue á faltar en ningun
tiempo.
La pregunta de en qué pueda consistir la gran fuerza de
abono del guano coincide con esta otra pregunta : ?de qué
vive la planta ? El contestar á esta pregunta estenderia en
gran manera el presente artículo sobre el guano, y le quitaria
su carácter especial. Así es que voy á contestar en muy bre
ves palabras: La planta vive especialmente de agua, ácido
carbónico y sales amoniacales , y solo puede absorverlas por
las raices en forma de disolucion acuosa, por carecer de toda
abertura para absorver sustancias sólidas.
Los mas de los alimentos que estraemos del reino vegetal
son para nosotros tanto mas nutritivos cuánto mas ricos son
en ázoe, fósforo y azufre, materias que contienen en mayor
abundancia los mejores abonos, Pero , entre todos ellos , el
mas rico en lo dicho es el guano. Las aves del guano , como
las llamaremos para abreviar , viven esclusivamente de peces
y de otros animales marinos ; por consiguiente, su escremen
to debe ser mas rico en aquellas materias que sirven especial
mente para la formacion del cuerpo animal, que el produci
do por animales herbívoros. Además , las contiene bajo- una
forma y en combinacion por las cuales se disuelven fácilmen
te en el agua; y. en tal estado, pueden fácilmente ser absorvi
das por las raices de las plantas. Además , no deslíe ni des
virtúa el cielo tropical con sus lluvias esta sustancia tan rica
para el abono de las tierras.
Vamos á tratar ahora mas especialmente del guano y de
sus fabricantes.
Los parages donde se beneficia el guano en mayor escala
se hallan en las islas Chinchas, cerca de Pisco; y los habitan
tes de Chancay son los que mas especialmente se dedican al
transporte, y tráfico del guano en unos barcos llamados gua
neros. Encuéntrase este estiércol á veces en capas de 60 pies
de potencia , para cuya acumulacion se ha debido necesitar
muchísimo tiempo. Es una masa densa, terrosa , adiposa al
tacto. La mas fresca y la mejor, la que forma las capas su
periores del lecho, es súcia , de un blanco amarillento, y des.
pide un hedor penetrante orinoso. Este es el mas fuerte para
estercolar las tierras. Los lechos inferiores son mas oscuros ,
y no tienen la fuerza depabono de los primeros: eneuéntranse
con frecuencia revueltos en su masa plumas, huesos y hue
vos de aves , y tambien momias de las mismas aves.
2
)2 10 I(
Aquellas pequebas islas vienen á ser los cuarteles de noche saS; las que pasan el dia cazando al vuelo peces y otros ani
de prodigiosos enjambres de aves marinas de especies diver- males de mar, al paso que otras muchas ,á quienes negó na
/-71-C
"
\
VIPP[14.'
\\
,„• ....o. ••• ¦•¦
turaleza el volar , ván nadando en busca de pesca , en las
cercanías del lugar donde nacieron. A estas /últimas les es
hasta trabajoso el andar , por efecto de la estrana estructura
de su cuerpo. Lalá -
mina dará al lector
una idea, en cuanto
cqabe , ele la vida
no llevan los habi
tades de una isla
de guano.
? Qué figuras tan
raras son esas que
ahí vemos dibuja
das? Empecemos
por la segunda , la
mayor. Descollan
do sobre sus com
paneras , y balan
ceando con haito
trabajo su cuerpo
zom po y pesado ,
se nos presenta el
pingüino gigante
( Aptenodytes pa
tagonicus). El pobrecito está contento cuando nada le obliga
á mudar ele sitio en tierra, á la que pertenece tan poco como
al aire ; pues parécese suandar al de un hombre que tuviese
las piernas atadas por los tobillos. Sus patas cortas , que le
salen de un estremo del cuerpo, sin poder apenas mantener
el equilibrio , no le permiten dar pasos , como no sean muy
cortos y circunspectos ; y si se viene al suelo , cuando trata
de huir, cae de pecho, y empuja con las patas el cuerpo como
un carreton , en demanda del mar, gue es su verdadera pa
tria. Sus alas , que no son mas que unos mogotes sin plumas,
y cubiertas de escamitas , no le permiten levantarse ni una
pulgada del suelo. Pero sírvenle para la natacion á guisa de
robustos remos , apoyados por unas patas zompas , pero pro
vistas de anchas membranas nadadoras. A su lado está , y
envidiando al pare
cer su magnitud ,
el pequeno pin
güino manchado
( Spheniscus de
mersus) , tan pare
cido al otro por su
naturaleza de pez
y por su torpeza ,
así en la tierra co
mo en el aire. De
irás del pingüino
gigante se vé una
ridícula carátula, el
alca impennes. Di
rian que solo por
burla le dió natura
, leza sus alitas, por
cuanto son dema
siado endebles para
levantar por los
aires su pesado cuerpo ; á lo sumo pueden servirle de re
meras para acelerar algo su andar desmanado. Al lado de
su pariente , provisto de alas absolutamente inservibles
para el vuelo , viene á formar esta ave, para el sistemático ,
un medio muy bien venido entre esta y los podicípodes
(Colymbus y Podiceps), que presentan una estructura igual,
pero provistos de alas propias para el vuelo ; aves que se en
cuentran en los largos estanques de Alemania.
Aliado de estas tres aves, que en el suelo se presentan tan
torpes y envaradas como los malos cómicos en las tablas , se
dispara un albatros, ó vulgarmente fragata ( Diomedea exu
lan.$) , de lo alto de las nubes para zamparse un pez ; pues
es un animal á quien nunca se le acaba el apetito , y por lo
mismo es uno de los mayores contribuyentes de la agricul
tura. Tiene un derecho muy fundado además para • comer á
dos carrillos , pues apenas hay otra ave que la iguale en el
ímpetu y aguante del vuelo. No pocas veces se la encuentra
en alta mar á centenares de millas marinas de tierra firme,
volando con velocidad incansable.
A estos cuatro químicos alados de la agricultura se aso
cian , en aquellos grandes laboratorios atlánticos , una mul
titud de companeros , todos ellos del orden de las aves pal
mípedas. Encuéntranse entre ellas muchísimos parientes de
nuestras paviotas ) y golondrinas de mar ( sienta ).
Quizás llega á tanto su inteligencia de ave , que se maravi
llen de que el culto Europeo vaya á limpiarles las cloacas, y
apeste con su hediondo botin las naves debajo del sol tropi
cal.
Concluiremos este artículo , que quizás habrá ofendido á
mas de un melindroso , esto es, á la cultura viciada , con
una advertencia harto interesante para nuestros agriculto
res, y es á saber : que aprendan por las islas del guano,
no humedecidas por ninguna gota de lluvia , á alejar el agua
de sus estercoleros.
Miguel Guitart y Buch.
Juan Cristiano Oersted.
por Muller.
La historia de los hombres grandes es tambien la historia
de su época , y una parte de la 'listo' ia de la humanidad. Sus
obras y sus hechos son 'hijos del espíritu del tiempo, y ejer
cen poderoso influjo en la posteridad mas remota. Celébren
se enhorabuena los héroes de la espada con monumentos de
piedra , ya que sus hechos suelen darse al olvido con las he
ridas que causaron : los héroes de la ciencia se crean á sí
mismos su memoria , por cuanto dm'an sus obras con la di
cha que promovieron. Mientras se lean libros se acordarán
los hombres de Guttemberg ; y mientras el vapor impela em
barcaciones, carruages y máquinas , no se dará al olvido á
Watt ni á•Fulton. Así mismo, cuando por toda la tierra ha
yan tendido su red los alambres del telégrafo electro—magné
tico , y enlazado en espíritu é inteligencia á los diversos pue
blos tambien volará entonces el nombre de Oersted por to
dos los paises , y no habrá lengua que no le ensalce.
Juan Cristiano Oersted nació, en 1777, en la pequena ciu
dad de Rudkjoebing, en la isla danesa de Langeland, don
de su padre (jarcia la facultad de farmacia. Criado en medio
de la escasez, fuése instruyendo el nino por sí mismo. Con
un viejo tratado de aritmética que vino á caer en sus manos,
aprendió los elementos del cálculo ; de un vecino aloman
aprendió la lengua alemana, y con el trato con algunos hom
bres doctos, amigos de su hermano menor, que mas ade
lante vino. á ser ministro de justicia de Dinamarca , aumentó
y corroboró sus conocimientos y el afan del saber. Mas ade
lante recibió de un maestro particular algunas nociones de •
latín para habilitarse para la botica , en la cual le hizo entrar
su padre de practicante á la edad de doce anos. En aquella po
bre botica empezó á conocer y á amar las ciencias naturales,
y en especial la química. Pero con todo , mucho trabajo le
hubo de costar dar vado al genio ; y no sin grandes dificul
tades , lograron ambos hermanos ponerse en disposicion de
entrar en la universidad. Por fin pasaron á Copenhague en
4794 ; y en medio de las mas estrechas privaciones, dieron
principio á su carrera científica. No tardaron los dos herma
nos en tomar caminos diversos, por cuanto el mas joven se
dedicó á la filosofía y á la ciencia del derecho ; al paso que
el mayor, que es el objeto de esta resena, se dedicó á la as
tronomía, A la física y á la medicina; mas nunca sesepararon
sus corazones, que siguieron unidos toda la vida. En tranqui
lo y motejado retraimiento vivian ellos para las ciencias ; y
tan solo al fogoso Oehlenschleeger se le permita entrar por
aquel tiempo en el sagrario de su pura felicidad.
La edad juvenil de estos íntimos amigos vino á coincidir
con aquel grande período de fermentacion de los tiempos
modernos , que habla de dar á luz una nueva primavera .
Surgía ya en todas partes y en todas las situaciones de la
vida un espíritu nuevo y ardiente. La revolucion francesa
había hecho pedazos la mohosa fábrica del feudalismo , y
el hálito de la libertad se levantaba de aquellos escombro«s
para despertar á otros pueblos. En Alemania , habian creado
Kant y Fichte una filosofía viva ; y Schiller y Goethe empe
zaban ya a abrir la flor de la poesía. Y cierto que no
podian quedarse en zaga las ciencias naturales. Werner habia
dado nueva forma á la geología, Lineo á la botánica, Cuvier
á la zoología , Brown á la medicina , Priestley y Lavoisier ,
derribando los antiguos elementos , habian dado á la quí
mica el carácter de ciencia; y Galvani y Volta habian mostra
do las honduras de la vida física y sus fuerzas actuantes.
Steffens fué quien , desde Alemania , llevo estas faustas
nuevas á Dinamarca ; y con él se intimó , lleno de entusias
mo nuestro Oersted , quien no tardó en hallar ocasion de
hacer ver en público la solidez de su saber y la claridad de sus
intuiciones. Ganó los premios ofrecidos por la universidad á
las mejores memorias sobre varios plintos de medicina y filo
sofía , sufrió sus exámenes de farmacia , y recibió , en 4799 ,
el grado de doctor. Un ano despues, tomó á su cargo la direc
cion de una botica ; pero el ansia de penetrar mas y mas en
las honduras de las ciencias le movió á salir de su pais. En el
ano 1801 , emprendió suprimer viaje por Alemania, Francia
y Holanda, en el cual trabó íntimas relaciones de amistad con
los hombres famosos de sutiempo , á saber : con Schelling ,
Fiebre ,Schleiermacher, Tieck , Ermarin , Weisz, Hausmaiín ,
y con el físico Ritter. A su regreso á Copenhague , en 4805 ,
pretendió la cátedra vacante de física ; pero no se la dieron ,
porque le tenian por filósofo; y la física , tal como se ensenaba
entonces en las universidades, solo necesitaba profesores es
perimentalistas. Con todo , logró para tres anos al menos un
situado de 500 pesos , y otra suma igual para sus espadillen
tos ; y así pertrechado, principió un curso , para personas ins
truidas , sobre la electricidad y el magnetismo , sobre el caló
rico y lumínico. Estas cursos , así como sus ensayos sobre
las figuras acústicas, le abrieron finalmente, en 4806 , el ca
mino al profesorado.
Por este tiempo empezaron á germinar en él las primeras
ideas de su grandioso descubrimiento. Ya en sus Considera
ciones de las leyes químicas, que publicó en 4 815 , espresó
su presentimiento de la estrecha afinidad de las corrientes
eléctricas , galvánicas y magnéticas. Así como el galvanismo
no es mas que una forma encubierta de la electricidad , ocur
rióle que el magnetismo podia ser la electricidad en forma mas
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Abeja, La. No. 1 (1 enero 1862), p. 001-038 |
| Descripció | Informació addicional del títol: revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Títol addicional | Revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1862 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Librería de D. Juan Oliveres, [1862-1870], No. 1 (1 enero 1862)-No. 3 (1 enero 1964) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1056597~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Ateneu Barcelonès". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 8 bits |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | 01_No. 1 (1 enero 1862), Portada-p. 11 |
| Transcript | LA ABEJA. REVISTA Y LITERARIA ILL PRINCIPALMENTE STRADA, EXTRACTADA DE LOS BUENOS ESCRITORES ALEMANES, POR UNA SOCIEDAD LITERARIA. TOICO 1. BARCELONA. LIBRERIA DE D. JUAN OLIVERES , EDITOR, IMPRESOR DE S. M. calle de Escudillers, núm. 57. Esta Revista es de propiedad. • LA ABEJA. REVISTA CIENTIFICA Y LITERARIA ILUSTRADA, PRINCIPALMENTE EXTRACTADA DE LOS BUENOS ESCRITORES ALEMANES. POR D. ANTONIO BERGNES DE LAS CASAS, catedrático de lengua griega, en la facultad de filosofía y letras, de la Universidad de Barcelona : D. MIGUEL GUITART Y BUCH , doctor en Medicina : D. ANTONIO SANCHEZ COMENDADOR, oatedrático de mineralogía y zoología, en la facultad de ciencias, de la Universidad de Barcelona : D. ANTONIO RAVE , catedrático de física , en la facultad de ciencias, de la Universidad de Barcelona : D. JUAN FONT Y GUITART. INTRODUCCION. 1;nep 112 T11 6Pl á'nocvTa. !Lb 71% eX/a ri,112Ta zoletr,d.vouaccv , ázol.crou Iš y,piatp.% nucas,, ys,41 xn..1 irat3a1%; tbzlevo.; clTrelpw; IzeLv, ITY.vTax?,0,1,/ 11 TI ze.?atp.% auVkiyetv. ISÓCRATES. Bien así, como vemos á la abeja posarse sobre todas las flores , y extraer lo útilde cada una de ellas , asimismo deben los aman tes de la instruccion probarlo todo, .y recoger lo bueno donde quiera que se encuentre. TRIDUCCION. Es cosa que no puede menos de halagar á todo amante del progreso racional el ver como, á la par de los asombrosos descubrimientos en las ciencias, que á porfía se sacan á luz, van creciendo Jos conatos de los físicos y naturalistas mas eminentes para convertir en bien ó propiedad comun , )or medio de una exposicion comprensible y estética, los bellos productos de las investigado es científicas. No puede negarse que á tan lisonjero resultado ha contribuido en gran manera el ojemplo de Alejandro de Humboldt, cuyas Representaciones de la Naturaleza, y cuya obra mas re iente , El Kosmos , hermanan, con la hermosura de la forma y la viveza del colorido, tanto va jor intrínseco, tanta ciencia, y, por decirlo en una palabra, tanta filosofía. Siguiendo las huellas del decano de los físicos y naturalistas europeos, han tratado otros escritores célebres de rom per tambien la valla que separa de la ciencia á las personas cultas, no iniciadas en ella, hacién dola inteligible y sabrosa con las galas y los atractivos de una descripcion amena y florida. No es nuestro intento dar por dignos de imitacion todos los ensayos que en esta parte se han hecho, ya que en algunos de ellos se han traspuesto no pocas veces los rigurosos límites de la ciencia. Tampoco tratamos de negar que los peligros de la confusion y de la superficialidad ame nazan muy de cerca á aquel que alcanzó á poca costa la posesion del saber ; aun diremos mas : no vacilamos en afirmar que la mayor ventaja, la massólida y legítima, que alcanza la cultura cou el estudio, se funda, en parte, en el trabajo del mismo estudio. Son de tamana importancia, sin embargo, los resultados de los esfuerzos que hacen la cien cia accesible y amable, y que presentan á la inteligencia la naturaleza en sus leyes y fenó menos, que apenas merecen tomarse en consideracion los inconvenientes de que hemos hablado. Fuera de esto, toda persona dotada de sano criterio recibirá lo que se le ofrezca, con la modes tia que no puede menos de producir en ella la conviccion de que se halla solamente al um bral de las ciencias, y de que solo alcanza á ver hasta donde se le franquea la vista. Y es muy posible que algunos jóvenes, llevados de noble aliento, vengan á sentir luego el irresistible im TOMO 1. 1 2 1" pulso de dominar el terreno que de lejos han percibido, y de intimarse mas y mas con la na turaleza : de donde puede nacer un amor constante al estudio, cuyo influjo moral no acertamos á estimar en lo que vale. Despréndese fácilmente de lo dicho el objeto que nos hemos propuesto con esta publicacion , la cual constará sobre todo de paskres , mas ó menos ampliados , de los escritores alemanes que , He vados de su amor á la humanidad , han echado sobre sus hombros la no fácil terea de servir de intérpretes y mediadores entre la ciencia y los que apenas la han saludado. No vamos á dar tratados metódicos y acabados , sino apuntes preciosos y concisos , con imágenes y descripciones del uni verso , y esto8. cuadros presentarán á la vista , en lo aislado , lo- grande y el conjunto, y en lo particular , lo universal por cuanto en ellos aparece el Divino Autor de todo lo criado. Nuestra tarea , por lo visto , no puede ser mas modesta, , ni tampoco nos atreveríamos á mas. Imitaremos á la abeja diligente , que vá volando de flor en flor para libar el néctar mas precioso , segun se expre sa Isócrates en el epígrafe que nos sirve de lema-. Creemos pues que La-Abeja podrá ser dé algúna utilidad , no solo para los Sres. Profesores , que hallarán en ella materiales interesantes para dar , de vez en cuando , á sus lecciones mayor nove dad y atractivo , sino tarnbien para los mismos estudiantes, y hasta para el vulgo , por cuanto unos y otros encontrarán en estas páginas el pasto mas selecto , así para el espíritu como para el corazon. Y no haya cuidado de que la parte metafórica de la exposicion llegue á arrebatar en ningun caso la fan tasía ; puesto que la materia no puede menos de convidar á pensar , y es por lo mismo bastante pode rosa para mantener en su fiel la balanza. Fuerza es decirlo : escasas son las excursiones que hasta ahora han hecho nuestros hombres ins truidos al suelo intelectual de Alemania. La lengua que'allí se habla'. la mas rica y enérgica sin ' du da , á la par que la mas árdua de la gran familia europea , ha sido hasta ahora otra cabeza de Medu sa para los que creen mal empleado el tiempo , no escaso , que requiere su estudio. Esta es otra con sideracion que nos mueve á esperar que , como órgano especial destinado al intento , será La Abeja bien recibida por el Público ilustrado. Hasta ahora ha estado la Espana separada de la Alemania , no solo por su posicion , sino tambien., y de un modo muy senalado , por el espíritu francés, que se vá extendiendo mas y mas entre los dos pai ses. Verdad es que el Aleman, adoctrinado por tantos lados en el elemento romano , no.ha consentido que esta separacion le imposibilitase llegar á las fuentes de la literatura espanola. El Espanol , empero, apartado , así por la palabra como por el modo, del mundo germánico, completamente estrano para él, no puede menos de aparecer á grandísima distancia de aquel pais , y si por ventura trata de adquirir algun conocimiento de la literatura y del arte alemanes , tiene que acudir forzosamente á la rnediacion francesa. Quizas le quepa á La Abeja la dicha de iniciar la union tan deseada entre los dos paises. Además de los artículos científicos, ocuparán parte de las columnas de esta Revista otros pura mente literarios, no menos instructivos que agradables; y á este efecto elegiremos las obras mas desinteresadas del 'pensamiento y de la poesía, las dotadas de aquella gracia moral, de aquella tran quilidad genuina de un pueblo que ha dado tantas prendas á la cultura intelectual. Por consiguiente, quedan excluidos de La Abeja todos los autores de sistemas mentirosos y delirantes, que soterrando todo lo bello, condueeri á los pueblos, por el ateismo , al menosprecio de toda autoridad y de los dul ces lazos de familia.. Tambien contendrá esta Revista , empezando desde el segundo número, una resena de las obras de mayor importancia que vayan saliendo á luz en Alemania. Daremos tarnbien de cuando en cuando la biografía de algunos de los hombres célebres en letras y ciencias. Y para amenizar „aun mas esta publicacion , continuaremos, al final de cada número , bajo el título de Excerpta, unas cuantas máximas, pensamientos y chispas del ingenio y del humor, así de les antiguos corno de los modernos, que en la lectura hemos ido recogiendo; aunque no siempre podremos continuar los nombres de sus autores, porque, cuando los íbamos apuntado, estábamos muy agenos de proponernos darlos al público. Diremos en conclusion que, si se nos pregunta cuál será nuestro criterio en la eleceion , am pliacion y castigo de los artículos que vamos á verter del aleman , contestaremos que no somos de aquellos que pautan sus cánones por lo pasado, y que quieren lo presente, solo en cuantose parece á lo que fué ; ni tampoco de aquellos otros , no menos tenaces y exclusivos, que fundan sus exi gencias en las ideas y necesidades exageradas del momento, y que, al paso que censuran lo pasado, esián mal hallados con lo presente, porque no realiza precipitadamente, á medida de su impaciencia , sus ensayos de progreso y de futura grandeza. Segun nuestro sentir, todo progreso que merezca este dictado se efectúa lentamente y por un parto no menos largo que trabajoso. En el órden real y huma no • de las cosas no . hay nada repentino ; todo viene motivado, preparado, traida de mucho tiempo y con regularidad': tal es.la ley de la misma naturaleza ; y ningun individuo, ninguna nacion la que cberraánntasiimempupnree,meDniotes.mDeedsipaunetse de lo dicho, casi parece excusado anadir que lo bueno y lo bello mere , nuestra predileccion. Antonio Bergnes de las Casas. )1 3 El calor vital. por Oton *En todos tiempos fué el invierno la imagen de la muerte. .Su helado aliento convierte la creacion entera en un calla do sepulcro. Arrímanse entonces los hombres unos á otros, y chisporrotea en el hogar la llama halagüena para estre char mas y mas el pequeno círculo-de la familia. Surgen entonces vivas ansias tras el vividor verano ; y el primer rayo tibio del sol que hace rasgar á la modesta florecita el manto de nieve que cubre la tierra llama tambien al hombre á la vida esterior y placentera. Con negros colores nos pin ta la fantasía las heladas regiones polares ;cual un mundo yerto, sin gozos ni placeres. Con éxtasis Se cierne, empero nuestro pensamiento sobre 'el mundo tropical, el paraiso de la tierra, donde yerbas y .helechos se alzan .en selvas, don de centenares de plantas arraigan en un solo árbol, de cu ya verde enramada se destacan sus abigarradas flores y fru tos; donde celebra la vida sus mas altos triunfos en la mag nificencia de los matices de los insectos y de las aves, en la esfampa agigantada de los paquidermos, y en la elástica fuerza de les animales carniceros. . Así es como en todos tiempos enlazó el hombre la Vida con el calor ; y para la antigüedad fué este la primitiva fuerza creadora del mundo. Ocultábase un fuego central en el regazo de la tierra, y la misma tierra era el hogar de los dioses. Las vestales custodiaban , para los Romanos , el fuego sagrado en el. templo de Vesta ; y los Germanos en cendian hogueras en las cumbres dé sus montanas para ce lebrar el solsticio de slerano. Aun ahora mismo pide el habla poética' al calor las imá genes de la vida creadora, y canta la llama del amor y el calor del sentimiento ; el mancebo está.ardiendo por la don- • cella : el orador inflama el corazon de sus oyentes. Donde se enfria el hombre para lo santo y para la verdad, para la patria y el derecho, allí se paraliza la fuerza, allá desapa rece el hecho. Tan íntimamente como la naturaleza, enlaza .tambien el pensamiento el calor y la. luz. Una luz fria es el aspecto fosfórico de la muerte, un espectro alevoso. La luz ha de encender,' ha de calentar , el espíritu ha de vivificar. Cuan do del ojo risueno del infante, rompe el primer rayo de luz, penetra calurosamente en el accesible corazon de la madre. . La amorosa mirada , empero, de la madre universal, en cu yo seno descansamos todos, de la madre Naturaleza, reflejo de la Omnipotencia Divina no Solo ha de alumbrar nuestro entendimiento, sino que ha de calentar tambien nuestro corazon. Y ya que hemos hablado del calor del corazon , no hay que olvidar que, bien así. como nuestra tierrra oculta un fuego eterno debajo de su verde manto, asimismo. trae el hombre un hogar en su interior, cuya llama se agita sin tregua desde su nacimiento hasta su muerte: El calor del corazon es la fuente primitiva de la vida.. En, todo cuerpo nos muestra la ciencia calor latente ; y no hay mas que despertarle para que manifieste sus efectos benéficos ó destructores. Herimos el pedernal con' el acero y al punto se desenvuelve tanto calórico, que vemos des prenderse encendidas las partículas de acero. Y ••si aun nos parece algo oscuro este fenómeno., echemos un . popo de agua sobre cal viva, -y veremos que se. calienta luego en tér minos , que no la podemos aguantar con la mano. El agua no fué, empero, chupada por la cal como por Una esponja, sino que pasó con ella á una combinacion íntima y se so• lidifieó con la misma. Cojemos un eslabon neumático v, mediante un fuerte empuje .con el émbolo ,• comprimimos el aire en el • tubo , y se enciende la yesca. A martillazos se vuelven 'candentes los Metales ; las Campanas se calientan á fuerza de tocarlas ; la acerada. ballesta se vuelve quemante con la ténsion redoblada. ..Así se engendra calóricó donde quiera que se condensen los cuerpos , y ora sean aeriformes, ora sólidos, por medio del. rece ;de la presion ó perension. Nosotros engendramos. ordinariamente nuestro calor por medio de la cornbustion. El proceder es indénticoal del apa gar la cal. Los mas de nuestros combustibles constan de car bono é hidrógeno ; ellos absorven el oxígeno del aire, y 'lo condensan consigo en ácido carbónico y agua. Darnos á esta eombinacion el nombre de proceder químico ; y conocemos otras varias que diariamente nos Presenta la naturaleza. Ve • mos materias animales y vegetales pasar á estado de piltrefaccion ,• y gozamos de los productos de la:fermentación en el vino, la cerveza ,y el vinagre. En la putrefaccion , así co mo en la fermentacion , se engendra, empero, ácido earbó tiico ; en la primera., á costas del oxígeno de la atmósfera; y en la segunda ,• á costas del oxígeno existente en el azúcar. En ambas operaciones, se desenvuelve calórico, 'que sube á 500 R.; y hasta inflama montones de estiércol y de heno. Así es como, con mucha propiedad podemos dar el 'nombre de combustion lenta á la putrefaccion y á la fermentacion , aunque no vayan acompanadas de fuego ni de desenvolvi miento de luz. ?Qué procederes químicos son los que engendran el 'fuego interno de nuestro cuerpo? Es cierto que en la nutricion de nuestro cuerpo se verifican variadas transformaciones de nuestros alimentos, que bien pudiéramos comparar con • los procederes químicos de la fermentacion. La saliva .y ,los jygos gástricos, la bilis y el jugo pancréatico convierten, como las heces , el alrnidon en azúcar y disuelven la albú mina y la grasa. Vernos además, en la digestion, que se segre gan partes de los alimentos, y pasan a estado de putrefac cion ; vemos que otros se convierten en sangre, y que dé es ta se segregan las materias sólidas de los músculos, de la grasa. y de los huesos. Y finalmente, vemos otro proceder, en el cuerpo animal , el que sigue sin interaupcion desde el na cimiento hasta la muerte, y con el que enlazamos la vida , .á saber, la respiracion. . Bien así como el pez en el fondo del Océano, asimismo vive el hombre ea el fondo de un océano de aire que no puede abandonar so• pena de muerte. Pero así como para la vida del pez solo tiene importancia la corta cantidad de aire que encierra el agua, y Muere el animal en una. agua priva, da de aire , del mismo modo no le sirve al hombre, para la vida ,.toda la masa del aire , sino una pequena parte del mis; m'o , á saber, el oxígeno. Así como, con los órganos respira torios propios del pez, solo sirve el agua para la rarefaccion del aire , asímismo efectúa el ázoe del aire el enrarecimiento del oxígeno productor de la vida. Por lo mismo, no contie nen ',100 partes de aire mas que 21 de oxígeno y 79 de ázoe; y cualquiera otra proporcion perjudicada á la vida del hord bre. • • Este aire lo respira el hombre por la boca y las ventanas 4 de la nariz, y lo conduce á los pulmones por la traquea, la que, segun la figura, se bifurca, al moda de un árbol , en , dos bronquios , y estos en finí simas ramas. Los pulmones son dos sacos esponjosos y elásticos, situados á entrambos lados del corazon ; el' izquierdo á mas estrecho, y está siempre divi dido en dos lóbulos , al paso que el derecho lo está en tres. A estos . pulmones afluye toda la sangre del cuerpo , por las arterias pulmonares, desde el ventrículo derecho del cora zon , y aquí viene á ponerse en contacto, aunque no de un modo inmediato, con el aire atmósferico. la seccion transversal de un pulmon como la muestra, aumenta- , da 250 veces en la lá mina adjunta , obser VareMOS en ella mu chos agujeros redon dos ú ovalados ,, los que están separados por una capa no m0/, ,ancha de sustancia fi brosa , y nunca cornu. nican unos con otros. Estos agujeros son las secciones de cuerpos vesiculosos , en que se funden las últi mas ramitas finas de los bronquios, que, á.manera de árbol, se ramifican por todo el pulmon , y que llaman celdillas pul. manares. Son pequenísimos ; tienen , en los ninos, apenás un diámetro de 0,055 á 0,05 de línea ; alcanzan en los adultos el grandor de 0,07, y en los ancianos el de 0,4. .La sangre entra en los pulmones por las arterias pulmona. res, que se remifican asímismo en un tejido de delicados tu , bitos. La lámina representa SO veces ma, yor este remate ramificado de la arte ,- ria pulmonar, tal como se divide entre los pequenos lóbulos pulmonares. De es ?ir tos remates de ramas salen ramificaciones e mas finas todavía , que ván á parar á las lo' 96- vesículas pulmonares , y allí se resuelven ÍI en una red de delicados vasos capilares. Si consideramos Esta red cubre las paredes de las vesícu las pulmonares, y aquí se efectúa, al traves de delicadas membranas, el true que de los gases. Despues que la sangre ha segregado su ácido carbónico, y absorvido el oxígeno, júntanse las redes de vasos capilares de las paredes de las cendillas en tubos mas gruesos, que hallan su tronco cemun en la vena ..pulmo nar , que conduce la sangre á la aurícula, y de esta pasa al ventrículo izquierdo del corazon. Ahora es cuando empie za la sangre, impelida por el latido del corazon al través' de las grandes arterias, su mision nutritiva por todas las partes del cuerpo, y se subdivide por innumerables redecillas de finas vasos capilares, que allá por todos lados dejan chupar las materias útiles, y recogen en nuevos canales los fluidos que no pueden consumirse, para que sean conducidos por las venas á la aurícula, y .de allí al ventrículo derecho del corazon. ? Pero qué cambio tan completo se ha efectuado entretan- • to en la sangre? El aire expirado se diferencia del inspirado por su mayor contenido de ácido carbónico y vapor acuoso, y por su menor cantidad de oxígeno. Así pues, se ha engendra.. do ácido carbónico y agua á costa del oxígeno , y se ha efec tuado una combustion lenta. Creíase antes generalmente que• esta combustion se efectuaba en las pulmones; pero ya sede ja ver que la sangre de las otras partes del cuerpo que vuel-. ve por las venas , sangre que antes debia quemarse, está mu cho mas saturada de ácido carbónico que la arterial, esto es, que la sangre quemada. De ahí es que la formacion del gas ácido carbónico debe de haberse efectuado ya en las mismas partes del cuerpo, y que el hogar de la .combustion propiamente tal no puede es tar en otra parte mas que en los vasos capilares que se estien den por todo el cuerpo. Si consideramos detenidamente estos vasos capilares, vemos que san unos tubos finísimos, envueltos en membranitas per fectamente trasparentes de un grueso de 0,006 á 0,005 lí nea apenas, 'que forman entre sí redes-redobladamente enla zadas con mallas, ora redon das, ora prolongadas, ó rom boidales. La figurarepresenta un vaso capilar de la especie mas sencilla aumentado 250 veces. Vemoscubiertos susde licados tubos, en loscostados, alternados de cuerpecitos de 0,002 línea de ancho, y de 0,004 línea de la largo. Llámanlos núcleos celulares, y vienen á ser unos pequenos gérmenes, de los que se forma y se repone toda materia orgánica. 'El núcleo celular nace de la union de • varios granitos &mentares, pequenísimos, y fácilmente mo vibles, que se forman en el fluido orgánico capaz de formacion, esto es, la materia gérmen ó blástema; sobre la superficie este rior del núcleo celular se deposita luego una capa, que gra dualmente se vá apartando, como membrana celular, del mi cleo , al paso que el espacio intermedio se vá llenando de un 'fluido. Con esto queda completada la celdilla animal. Fórmanse ahora nuevas celdillas al lado de las antiguas, se transforman, se estienden ó engruesan , y ván formando de este modo los varios tejidos celulares del cuerpo animal. Así es como vemos en los vasos capilares los principios primitivos de toda formacion orgánica de materia. Aquí en estos me diadores entre las arterias y las venas, se efectúan los cam bios mas importantes de la respiracion y de la nutricio!). Por los vasos capilares son absorvidas las materias alimenticias en las paredes del tubo intestinal ; por ellas se convierten las partes nutritivas de la sangre en la masa de los órganos circundantes , ó se depositan para reponer la materia per dida; pOr ellos son conducidas las materias consumidas á la masa de la sangre, ó separadas para las secreciones por me - dio (lelos rinones, las glándulas salivales, el hígado y la piel. En los vasos capilares de los pulmones absorve• la sangre el oxígeno únicamente para traspasarlo, por la grande red de va sos capilares del cuerpo, á los órganos cuya descomposi eion facilita los Productos de combustion , los cuales • son otra vez separados en los, pulmones en forma de ácido car bónico y agua. Así es como efectivamente debemos considerar el calor vi tal animal como producto de combustion'química ; y la cor riente de sangre arterial se parece entonces á un sistema de fuelles que conduce á las partes del cuerpo el oxígeno nece sario para la combustion. Una vez reconocida la fuente de donde emana nuestro ca lor vital, no puede ya sernos difícil hallar los medios por • >1 S los cuales atizarnos y guardamos el fuego interno. Ya se deja entender , y así lo ha demostrado tambien la esperiencia , que la cantidad de calórico que se desenvuelve en una combustion , permanece la misma , ora se -verifique con rapidez , ora se efectúe despacio. Así pues , de la canti dad del producto de combustion debe poderse inferir la can tidad del material consumido , y la del calor que se ha desen vuelto. La cantidad de gas ácida carbónico que se exhala depende de la edad , del sexo y del estado fisiológico del individuo. El varon exhala mas ácido carbónico que la muger , general. mente el doble. Esta exhalaeion alcanza su mayor altura en tre la edad de 20 anos y la de 40 , al paso que con la vejez vá menguando mas y mas , hasta llegar á la de la ninez El nino exhala diariamente unas 44 onzas de ácido carbónico, y el adulto unas 54. Por consiguiente , pierde el Dir10 diaria mente, por la respiracion, onzas. de carbono, y el adulto 10 onzas. N'erija onza de carbono produce , en rápida combus tion , tanto calórico , que pueden calentarse con él 5 1/4 li bras de agua hasta los 60. R. Aquellas 4 amas de carbono, que, con el respirar del nino, se ván consumiendo lentamen te, bastarian, por consiguiente, para ealen 27 libras de agua hasta los 60'; y las 10 onzas da adulto pondrian hasta 64 //2 libras de agua en el mismo estado calórico. A esto hay que anadir la cantidad de agua espelida diariamente por la evaporaeion y la respiracion. Y aunque la mayor par te de la misma sea introducida por los alimentos y la bebida, de be con todo formarse otra parte en el cuerpo de sus elemen tos , el hidrógeno y el oxígeno. Diariamente exhalamos unas 17 onzas de agua ; y si esta cantidad se formara en el cuerpo, podríamos inferir de ello una combustion de cerca de '2 on zas de hidrógeno , calórico suficiente para calentar 68 libras de agua hasta los 600. Un desenvolvimiento tan considera ble, y no interrumpido , de calórico , puede muy bien man tener el calor vital del hombre , que , por término medio, no pasa de 29 á 51° R., y que ni aun en las enfermedades in fiamatorias, escede de 5.2'. Apenas ejerce influjo en él el aire esterior ; ora viva el hombre en climas ardorosos , ora viva en la zona glacial , siempre arde lo misma su fuego interno; el cual vá reparando sin tregua la pérdida de calórico que padece el cuerpo por fuera. Verdad es que por medios artifi ciales procuramos disminuir esta pérdida de calórico , y nos arropamos con telas parecidas á las pieles de los animales , á quienes abrigó naturaleza con malos conductores de calórico, con pelo , plumas y grasa. Pero á pesar de esto , todavía nos sustrae calórico el aire frio ; transpiramos , exhalamos aire caliente y vapores acuosos , y perdemos calórico por los es crementos. Así es que no podemos guardar el fuego de nues tro interior , si no le facilitamos continuamente , con la ali- • mentacion , el combustible necesario. Por esto comemos alimentos ricos en carbono é hidrógeno, como azúcar , al midon, grasa: sustancias, que, si bien no son adecuadas para la formacien de la sangre, mantienen con todo la respiracion; y las hemos de comer en cantidad tal , que queden comple tamente cubiertas todas las pérdidas padecidas por la trans piracion y respiracion. Pero tambien podemos levantar nuestro mecanismo inte rior vital. Todo esfuerzo corporal , todo movimiento violento engendra un gasto mas pronto de materia , una respiracion mas viva , uu movimiento mas acelerado de la sangre. Con esto se aumenta el desenvolvimiento de calórico pero para que no venga á danar al cuerpo , aviva tambien la transpi racion de la piel. Sudamos , y por este medio espelemos el calor escedente. En siendo mas lento el movimiento , y mas aun durante el suena, respiramos mas lentamente, y desenvol. vemos menos calórico. De ahí es que cua ado hace mucho frío', lo sentimos mocho menos, si trabaja-. s con ardor , a an damos de priesa, que Si estarnos sentad., en un aposento poco calentado. Por esto nos cubrimos, dura,. te el sueno, para con servar la menor cantidad de calórico que se engendra estando quietos ; y por la misma causa estarnos al abrigo de la con gelacion , cuando andamos en una noche cruda de invierno, mientras logramos repeler el sueno. Pero cuanto mas calórico perdemos , cuanto mas de priesa andamos, cuanto mas de priesa respiramos, cuanto mas oxí geno introducimos, por consiguiente, en nuestro cuerpo por el sistema de fuelles de nuestro curso de la sangre, tanto mayor será la cantidad de alimentos que necesitamos, en especial de los ricos en carbono. En los dios calurosos de verano tenemos menos apetito que en el rigor del invierno. Y esto es natural , por cuanto, en la estacion calurosa, perdemos menos calor vital que en la fria ; y por consiguiente hay menos necesidad de reponer lo. Por lo mismo, se alimenta el meridional de frutos que no contienen mas allá del 12 por ciento de carbono ; y el habi tanta de los polos tiene que comer grasa y aceite de ballena, que contienen de 60 á 80 por ciento. El hambre engendra frio , por cuanto en el cuerpo ham briento solo puede efectuarse el desenvolvimienta de calórico á costa de las partes del cuerpo que se combinan con el oxí geno del aire , y que por lo mismo se Váll consumiendo á sí propias. El frío y el hambre desgastan el cuerpo; y ambas causas juntas aniquilaron al ejército francés en su retirada de Rusia. Los alimentos grasos, ricos en carbono é hidróge no, son el mejor preservativo del frio. La ropa. de mucho abrigo disminuye por otra parte la necesidad de comer. El Indiano , que anda en carnes , el Esquimal , que corre á la caza con el fijo mas riguroso, se comen media ternera ó una azumbre de aceite de ballena. Ningun animal carnicero de la zona tórrida llega á la voracidad del óso polar. Así es como la naturaleza nos está diciendo que midamos la cantidad de los alimentos por el número de nuestras ins piraciones y las pérdidas de calórico. Y bien así como el acti vo habitante del norte no puede absorver, coa su alimento, menos carbono é hidrógeno del que él expira , ni puede ei ocioso meridional absorver mas de uno y otro del que expira, sin menoscabo entrambos de su salud, asimismo debiéramos tambien nosotros, que somos hijos de un clima variable, dis minuir nuestra alimentacion en verano, y aumentarla en in vierno. Verdad es que el hambre, por un lado, y la saciedad, por otro, nos hacen guardar la medida conveniente; pero tambien es cierto que somos mas dóciles á las exigencias de la primera que á los preceptos de la segunda. Son menos los hombres que se consumen de hambre que los que se rellenan de comida. Bien es verdad que el pobre, con su comida par ca y sencilla, está menos expuesto á tales tentaciones que ei rico, quien, por medio de manjares variadamente condimen tados , se proporciona escitantes artificiales. Y esta es la cau sa porque acometen mas enfermedades al rico , de resultas de su destemplanza , que al pobre ; el cual , si bien , en ro deándosele la ocasion , tambien se escode , aleja , por otro lado , con su respiracion mas acelerada , efecto de su vida mas activa , el esceso de comida que allá de vez en cuando pueda haber tornado. La buena mesa, con una vida sedentaria , hace mas nece sario el movimiento y. algun refrescante. El hombre de bufete respira despacio , porque , conforme vá en aumento la acti vidad del espíritu, vá menguando la actividad del cuerpo. Él debe reponerse al aire libre, trepar por las sierras, andar al ambiente frio, para que , mientras descansa el espíritu, vaya. subiendo la respiracion , y se gaste el esceso de álimentacion que haya tomado. El pobre, que con su jornal gana trabajo samente el sustento , no comprende generalmente al hombre de bufete, y le envidia su paseo, su huelga, como lo llama, sin echar de ver que le es á este tan necesario el movimiento como lo es á él el descanso despues del trabajo. Comete un error fatal el hombre de bufete que trata de reparar la pérdi da de sus fuerzas con una alimentacion mas rica, en vez de modificarla á tenor del trabajo del espíritu. Sentimos á menudo, despues de comer, y especialmente con el uso de bebidas alcohólicas, una viva necesidad de agua. fresca. El calor interno, que ha ido en aumento , está pidien do un, refrescante. Con este se acelera la respiracion , y con ella se aleja el esceso de hidrógeno carbonado. Por la misma causa mueven los banos frios el apetito, así como el movi miento al aire frío, porque la pérdida de calórico tiende á reponerse constantemente. Toda emocion violenta del ánimo, la alegría y el dolor, el enfado, la ira, la zozobra y el espan to influye en nuestro apetito, segun detiene el pulso, é im pele mas aceleradamente la sangre por los vasos. s El hablar recio , el cantar, el gritar de los ninos, aumenta .tambien el apetito, porque acelera la respiracion. Por esto comemos, en una sociedad de amigos, y en amena y ani mada conversacion, mucho mas, sin dano, que á solas. Durmiendo, respiramos mas lentamente; por esto no hay nada mas perjudicial que el esceso en la cena. Venimos á parecernos entonces al enfermo, á quien, á pesar de su buen estómago, ordena el médico la dieta, para que no aumente la calentura. De este modo tenemos en nuestro poder el fuego de nues 6 I( tro interior. A nuestro gusto trabamos ó avivamos los fuelles, la respiracion , y aumentamos ó disminuimos el combusti ble, la alimentacion. Pero no es nuestro cuerpo una estufa en la que podamos , á nuestro antojo, acumular el combustible y atizar el fuego. El cuerpo arde por sí propio ; y la alimen tacion no es mas que la reparacion de las partes del cuerpo consumidas. En cuanto falta el alimento, desaparece la gor dura, los músculos se reblandecen, el cerebro se descompo ne, y la. llama se apaga, porque, gastado el aceite, queda el cuerpo inerte. El esceso de alimento no siempre nos guarda de esta combustion incesante : él hombre mas voraz se vue,1- ve flaco , cuando los órganos de la digestion no convierten los alimentos en sávia nutritiva. Malos guardadores somos por lo mas de este fuego c.orpo reo ; así lo demuestran las muchas dolencias abdominales de nuestros tiempos. Pero tambien somos á la par pésimos cus todios de nuestro fuego espiritual. Solo en un cuerpo sano reside una alma sana. La digestion perturbada obra de' re chazo sobre los nervios y el cerebro, engendra pensamientos sombríos, mal humor, descontento íntimo. Se ahoga el sen timiento levantado del sór espiritual y libre, agobiado por la pesada carga del estómago. La sangre espesa, que circula torpe y trabajosamente, paraliza toda la fuerza de la volun tad en el alma indiferente y perezosa; los incentivos artificiales ahogan , en los placeres sensuales, los mas nobles impulsos.. A las Vestales de Roma les amenazaba un castigo tremen do, y al estado una calamidad espantosa , cuando dejaban apagarse el fuego sagrado. Y á nosotros tambien , sacerdotes infieles de nuestro fuego vital , nos amenaza la muerte cor poral y la servidumbre del espíritu. _Antonio Bergnes de las Casos. Lo grande y lo pequeno en la wahntralezw, por Oton No pocas veces hemos oido ponderar el poder con que el hombre 'con sus guarismos domina al universo, como que no hay nada que la ciencia no haya conjurado bajo forma numérica. Con sus instrumentos puede ella medir las cosas mas diminutas, el polvillo del ala de la mariposa, los glo hulillos de nuestra sangre , las invisibles corazas silíceas del pedernal. La ciencia mide las alturas y profundidades de nuestra tierra, y cuenta los miles de anos en que se formaron las capas .cle la superficie. Cuenta los mundos del cielo, mide sus magnitudes, sus distancias, sus movimientos. Por medio de guarismos ordena ella la vida química de la materia , en guarismos convierte los tonos y las undulaciones de la luz. Hasta sabe medir con guarismos el bien estar de las naciones, el estado de su sanidad, de sus artes y cultura. Pero, en medio de este triunfo del ingenio humano, se nos pasan por alto algunas consideraciones ; pues echamos en olvido que no siempre nos dan los guarismos representacio nes claras y precisas, y que no puede el número fundar nuestro juicio sobre lo grande y lo pequeno. El número se alcanza tan solo con la medicion ; y esta no es mas que la comparacion con una unidad conocida, la medida. Cuantas mas unidades de estas podemos distinguir, tanto mayor nos aparece un objeto. Ni aun el ojo puede recorrer, de un golpe una larga. línea. En la curva, salta de un cabo á otro , y descansa con placer donde halla puntos de reposo. Con esto se ven forzados los músculos del ojo á describir ángulos, y su Me. movimiento pierde la longitud de la línea. Si el ojo no halla reposo en parte alguna, cánsase del esfuerzo que se le impo ne, y se allana á darnos una representacion de lo infinito, de lo infinitamente grande. Si no puede ya el ojo distinguir, ni ponerse en activo movimiento , desde luego deja de medir. vuela ante él la representacion de la magnitud para conver tirse en lo infinitamentepequeno. ? Quién no habrá sentido lo dicho, si ha andado alguna vez por una carretera desierta, ó entre árboles de igual elevacion y forma, ó entre casas de fábrica igual y. en forma de cuarteles , ó si , situado sobre la cumbre de una montana , ha mirado á sus pies una multitud de verdes colinas ó de penascos desnudos y destrozados ? ?Quién no habrá sentido el mismo vértigo de lo inconmensura ble si alguna vez ha fijado la vista en un solo punto, una molécula de polvo, ó una chispa de luz? Pero si se ha familia rizado con aquella enojosa hilera de casas semejantes, y sa be distinguir aquellas fábricas uniformes por sus habitantes' y su interior, desaparece entonces á sus ojos la impresion de lo infinito; y si un microscopio le aproxima aquella misma par tecilla de polvo ; si la reconoce como fábrica de animalillos individuales , en quienes hasta llega á distinguir órganos, entonces aprende á admirar tambien la grandeza de .lo infini tamente pequeno. . Si nuestro juicio sobre lo grande y lo pequeno se funda en la medida, ya se deja entender que lo certero de esta opera eion dependerá de la medida que • nos sirva de coinparacion. 7 K: De ahi el haberse mostrado el hombre tan propenso , ya desde los tiempos primitivos , á tomar la medida de su pro pio cuerpo , de sus brazos , de las manos ó de los piés , que tenia mas cercanos , y que mejor conocia : pues en cuanto perdemos la medida , de nada nos sirven. los guarismos. A los que están acostumbrados á medir con pequenas me didas , y que viven en un inundo de pequeneces , les aparece grande todo lo estrano. Esto lo habrá esperimentado el que, saliendo de los llanos de sus hogares, suba á una serranía ; el que , procedente de la pequena ciudad donde nació , se meta en el bullicio de una gran capital ; y esto mismo esperimen tamos todos , cuando de repente viene á interrumpir el hura can de la historia del mundo la uniforme y eterna paz de que poco antes disfrutábamos. Pero tambien por grados nos va mos acostumbrando á la medida mayor ; nos deja el vértigo. que sentíamos ante los abismos y despenaderos , mengua el asombro que nos causara la magnificencia • de las grandes. capitales , y ya no nos infunden el mismo pasmo las gran diosas figuras de la historia. • Así es como todo es grande y todo pequeno ,.segun lo con sideramos por sí solo ó en su posicion con.respecto al todo. No hacemos alto en los individuos de los animalillos infuso rios, porque no se vén con el ojo desnudo. Pero cuando, en el ano 1845, se voló el penasco. Round Down de Dóvres con la potencia:de 185 quintales de pólvora ; cuando se vio que 20 millones de quintales de fragmentos de caliza cubrian una superficie de 24 yugadas de 50 pies de alto, causó no poco asombro la grandeza de aquellos animalillos que habian fa bricado aquel penasco, y á cuyos residuos hubo de contra poner el hombre la fuerzamas destructora que posee. Embár ganos una sensacion de asombroy temor á la vista del Chim borazo , que se encumbra entre las nubes á una elevacion de 20,000 pies. Y con todo, ? qué es el Chimborazo respecto de la mole de la tierra ? Menos que un granito de arena sobre una bola de billar. El rio de las ,Amazonas, de 750 millas (4) de largo, con su cuenca fluviátil de 900,000 millas cuadradas y con sudesembocadero de 50 millas de ancho; semejante á un mar, se nos aparece como un portento entre los idos. Pero qué son sus moles de agua, y qué las de todos los idos de la. tierra, al lado de los 4 1/2 millones de millas cúbicas de agua que abarca el Océano, cuyas profundidades no pudieran lle nar todos los dos juntos con sus aguas en menos de 40,000 anos Apenas hacemos alto en la sal que contiene el mar ; y no obstante , todas sus sales juntas forman una mole de 150,000 millas cúbicas : magnitud que puja cinco veces so bro todos los Alpes reunidos, y equivale á los 2/5 del 'ante mural penascoso del Himalaya. La mas rica de las fuentes sa lobres de Alemania , la llamada Neusalzwerk , cerca de Min den, que en 24 horas da 64,800 pies cúbicos de agua, debe ría correr por espacio de 2 millones de anos para dar no mas que una milla cúbica de sal. Tampoco nos parece grande un lecho de carbon de piedra de 44 pies de potencia.' Pero si reflexionamos en su formación , si consideramos que , en • -medio de la mas rica vegetacion.de los trópicos, la formacion de una capa de humus de O pulgadas de espesor necesita casi un siglo , que esta se ha de reducir á la vigésima séptima parte para alcanzar la densidadidel carbon de piedra; que, por consiguiente, aquel lechoes obra de mas de 150,000 anos, nos asombra la grandiosidad que viene á ostentar la naturaleza en aquellas pequenas capas de mineral. Así es corno todo viene á parar en grande, hasta lo mas pequeno, cuando halla mos una medida que nos senale .su conexion con lo que le (4) Afilias alemanas dé 15 al grade rodea, y su fortnacion ; cuando se nos manifiesta como pro dueto de causas aisladas. Solemos emplear medidas pequenas , cuando ponderamos la magnitud de una cosa , ó queremos enganarnos á nosotros mismos ó á los demás. No suena lo mismo que se han anda-- do 10 millas alemanas que 50 millas inglesas. Una hora nos parecerá larga, si llamarnos la atencion á sus 80,400 segun . dos ; 10,000 francos parecen mas dinero que 400 libras' es terlinas ; y mayor efecto se producirá , si contamos por reis portugueses. Mas cuando no estamos interesados en ilusionar nuestra inteligencia , cuando deseamos recibir una clara idea • de la magnitud , procuramos simplificar los grandes números que nos enganan con su sonido , y echamos mano de Mayores unidades de medida. Pero estas medidas deben ser accesibles . á nuestro entendimiento, y han de ser para él comprensibles: Sin duda que á muchos les habrá ocurrido cuán difícil es se nalar distancias que no han recorrido. Si se le pregunta .á uno cuánto dista Londres o San Petersburgo del punto de 'su residencia , si no se le presentan á la memoria algunos re cuerdos de muchacho , de cuando en la escuela le ensenaban geografía, procurará salir del paso comparando las distancias que le dá el mapa, 6 su imagen, con otras ya por él conocidas. Lo propio le pasa al filósofo que allá se hunde en los espacios infinitos del universo. Gradualmente se ha ido hallando en Su casa en el munido mas cercano del sistema planetario ; en se - gaida se ha acostumbrado á considerar como admitida en el dominio de sus ideas la distancia de la tierra al sol. Lo que para el aldeano os la distancia de su cortijo á la gran ciudad mas cercana , aunque nunca se curó de distancias , y aunque nunca haya llegado hasta ella, esto mismo es para el filosofo, habitante de la tierra , la tirada de 21 millones de millas has - ta el sol (pues el sol es para él lo que para el aldeano la gran ciudad ); medida ordinaria, como si él mismo hubiese anda do mas de una vez este camino. • Bien así como sabe el campesino que un buen andarin lle ga en tantas horas á la ciudad, asimismo sabe el filósofo qué el veloz corredor, la luz, llega á él en 8 minutos desde •el sol. Ya no se pregunta el filósofo si puede representarse aque llos millones de millas , puesto que las ha concebido como unidad , como distancia de la tierra ; ya no se pregunta si .é! puede medir y pesar la mole de la tierra de 2630 millones de millas cúbicas , y su peso de 15 1/2 cuadrillones de libras, pues mide y pesa con eso , sin darse mayor molestia, los pla.L netas vecinos. Transforma él para sí la tierra en una arveja, y la coloca á 65 pasos de la esfera solar, con un diámetro. de 14 pulgadas, y en seguida á 529 pasos coloca á Júpiter, y á 616 pasos á Saturno, este con un diámetro de .1 4/4, y aquel con el de 1 4/2 pulgada. No mas que á 2500 pasos mas allá pudiera colocar el último planeta conocido ;•- y dos millas mas lejos venia mar los cometas. Sale entonces á las estrellas fijas ; y ya no sirven como medida sus distancias terrestrass por cuanto estas distancias las abarcan ya á miles y á millo nes. En este caso, buscando siempre representaciones reales, huye de los guarismos monstruosos y adopta una nueva me dida en el espacio que recorre la luz en un ano ; esto es, •el ano lumínico. Verdad es que este celeste Indicador , que coge 65000 distancias terrestres , ó 1.500,000.000,000 de millas, no es. Mas que una medida imaginaria ; pero todavíadiá ca bida en el estrecho entendimiento á números nuevos.. Nties• tro monstruoso inundo de estrellas fijas se mide por este neeL dio de un cabo á otro de la vía, !actea , y dá por resultado 8000 dé aquellos anos lumínicos. Llegase finalmente á los mi les de manchas nebulosas en el fondo del cielo , y otra vez se estienden las distancias á millones de aquellos anos lumí 8 ticos; pero otra vez puede el hombre reducir á puntos aque llos mundos gigantes, y medir de un cabo á otro sus distan •ias con sus magnitudes , como si lo efectuara con pies y con millas. Lo que fue para él al principio el sistema planetario, esto mismo viene á ser para él uno tras otro el sistema de las estrellas fijas y el mundo nebuloso. De este modo logra mos formarnos una imagen de la estension del universo , y sin grandes guarismos , precisamente porque los evitamos. Cuéntase de los primitivos habitantes de Nueva Holanda que sn idioma no alcanza á senalar un número mas allá de 7, que todo lo (Inc pasa de 7 es para ellos monstruoso. Verdad es que nosotros hemos adelantado mas , puesto que contarnos I)01 miles y por millonas ; para eso tenemos palabras , pero acaso tenernos mucho mas? — Francamente hablando , casi estamos por dudarlo. Tambien nuestra facultad representativa alcanza sus límites , en los que el número mas determinado no nos dá mas que una cantidad indeterminada. Cuando es tamos acostumbrados á considerar ciertas cantidades como en teros, por la vista frecuente. del objeto, no puede negarse que las indicaciones , tales como 1000 pesos , 1000 varas , tienen un significado completo; donde, empero, no podemos contar, ó no tratamos de hacerlo, estamos dispuestos á usar grandes núme ros, en testimonio de que otra vez tenemos delante cantidades indeterminadas. Si preguntáramos á nuestros lectores cuántas estrellas vén en el cielo, seguramente que los mas de ellos con testarían que á millones. Mas si les dijéramos* que ni aun la vista mas perspicaz (sin telescopio se entiende ) puede ver mas de 25.i2 estrellas en todo nuestro cielo septentrional, seguramente que no nos darían crédito, á no irles ensenando Y contando una por una , en una carta astionómica, todas las estrellas visibles desde la primera hasta la sexta magnitud. I..o propio sucederia, si les preguntáramos cuánto material de fábrica han ido reuniendo los hombres de 6000anos á esta parte. Si, antes de haber puesto en guardia al lector , le hu biésemos dirigido esta pregunta , es probable que , en este caso , hubiera dicho lo que los indígenas de Nueva Holanda, á saber, que era una monstruosidad. Y no es estrano que no se atreva á decir cuánto, puesto que nunca ha tratado de for marse de esto ni siquiera una idea aproximada. Pero si deci mos al lector que todas aquellas fábricas vienen á formar ape nas una milla cúbica , es muy probable que menee la cabeza, como para decirnos que no nos cree. Quizás algunos de los que nos están leyendo empiecen á calcular ; y en este caso, no podrán menos de reconocer, que aun es exagerado el pro ducto que arriba hemos dado. ?Pero de dónde procederá esta contradiccion? Procederá sin • duda de que no tenian una idea bien clara de lo que es una milla cúbica ; y estaban aguardando para lo grande muchos guarismos , y nosotros hemos dado una unidad solamente. Verdad es que tambien hubiéramos podido dar , como pro • dueto, 15,821,000 millones de piés cúbicos; y esto quizás no hubiera disonado tanto. Pero mejor será que lo probemos, va liéndonos de puntos de comparacion conocidos. Diremos pues: 'imaginaos los materiales de fábrica acumulados por los hom bres en. el espacio de 6000 anos , estendidos todos sobre una superficie de 2.1,000 millas cuadradas, y por consiguiente so bre el suelo, con corta diferencia , de toda la Francia y de la Alemania , y VerelS que lo levantarán de un pié. Tal vez no parezca ya esto tan pequeno. Tarnbien pudiéramos decir: ten ded todo cl agigantado murallon de los Pirineos por el suelo de la Francia ; y no lo levantará mas que de 408 pies. Pero cojed todos los escombros humanos , tendedlos sobre la mis ma superficie, y no lo levantarán mas que da 2 1/2 piés, esto es , solo llegarán á 1;44 de la gran. cordillera. Esto causará asombro sin duda ; pero pudiéramos levantar este asombro hasta la duda , si anadiésemos que de tales escombros de fá brica humana pudiéramos levantar unas 270 montanas como el Vesubio , ó 5 colosos como el NIonte Blanco. De lo dicho resulta que porque, en vez de todas estas perífrases, usamos la sencilla espresion de milla cúbica, apareció tan pequeno lo que ahora ha venido á ser tan grande. Y así nos sucede siem pre que medimos con medidas que están fuera del dominio de nuestras ideas acostumbradas. Los números son resultados de cálculos. Pruebe el lector de fabricar en su espíritu lo que puede haber fabricado la.especie humana en 6000 anos, y mida despues lo fabricado. Viven actualmente en la tierra. unos 1000 millones de hombres. Pero solo una pequena parte vive en habitaciones sólidas, edifica ciudades y abre carreteras. Admitamos que desde un principio haya habido constantemente 500 millones de hom bres con albergues sólidos , suposicion alta en demasía para la antigüedad. Por término medio se cuentan en San Peters burgo 57 personas por casa, en París 28 ; pero en ciudades mas pequenas como Weimar , Edita , etc., de 10 á 11 sola mente. De ahí es que en general podemos admitir que hay una casa para 10 personas. Supongamos que , una con otra, tengan estas casas 50 pies de largo , 50 de ancho y 50 de alto ; que tengan dos pisos y 6 aposentos en cada uno , que todas las paredes sean macizas., las esteriores de un pié de espe sor, y las interiores de 1/2 pié al menos. En este caso , tene mos, para material de tal casa , 8700 piés cúbicos, de modo que corresponden 870 pies cúbicos por persona. Por consi guiente , aquellos 500 millones de hombres vienen á compo ner todos juntos un material de fábrica de 261000 millones de pies cúbicos. Admitamos además que todos estos edificios se renueven completamente todos los 420 anos , que sus es combros levanten la superficie de la tierra; y tendremos, para las fábricas de los 6000 anos la suma de 13,050,000 millones de pies cúbicos, y por consiguiente, aun no una milla cúbica. Aunque•para completar la milla cúbica nos quedan todavía los materiales de las carreteras , diques , calzadas, etc., de poco nos servirla , aun cuando duplicáramos el resultado. El origen de nuestro sinsabor es mas profundo ; por cuanto se ha de buscar en el orgullo mortificado del hombre, que hasta aquí estaba acostumbrado á ver á su linaje dar nueva forma y figura á la tierra; se ha de buscar, en una palabra, en el senti miento que naturalmente enjendra la conciencia de la flaque za é impotencia. Ya se vé ; ! estamos tan acostumbrados á medir la fuerza del autor por la grandeza de la obra ! Lo físi camente grande embarga y embelesa nuestra naturaleza sen sual ; tememos ó respetamos lo que fuertemente impresiona nuestros sentidos. 'n'asordamos el papel que, en los efectos de las fuerzas , representa el tiempo, el tiempo , que alcanza á sumar hasta monstruosidades de lo mas pequeno. Al oir el bramido del mar y el estruendo de un gran salto de agua, nos pasma la monstruosa fuerza del agua; y con todo no llega todavía al 4/800 de la fuerza que levantó aquella misma agua •en forma de vapor hasta las nubes. Cuando un terremoto conmueve el suelo debajo de nuestas plantas , huimos ater rorizados ; y esto no obstante, todo un pueblo está ahora vi viendo sin temor ni cuidado en las costas de Suecia, que hace siglos se están levantando sobre el terso espejo del mar, de un modo inperceptible para el vulgo. Miramos con asombro los agigantados cuerpos de la ballena y del elefante, los CEIOUYIeS troncos del baobab y del roble, y menospreciamos los peque nos pólipos y los invisibles infusorios ; y esto que los primeros mueren sin dejar huella , y los últimos dejan tras sí , como obras suyas, islas y montanas. No hay que buscar, pues, en la espaciosa estension la medida de lo verdaderamente grande, sino antes bien, en la fuerza que 9 lentamente ó de un golpe sacó la obra á luz. Midamos enho rabuena las fuerzas de los cuerpos por el espacio y el tiempo; ,mas la fuerza del espíritu solo puede medirse por las creacio nes del espíritu. Si no tuviera, el hombre otra tarea mas que la del pólipo ó del infusorio, justo fuera que le subiese á la cara el rubor de la vergüenza, al hacerse cargo de la pequenez de sus obras ; pero si ha de buscar su grandeza en las obras de la ciencia y del amor, vea entonces cada cual si puedesen tarse satisfecho sobre la piedra que trajo á esta gran fábrica. Antonio .Bergnes de las Casas. El guano. por C, Bo$1titarsl1rr. Aunque parezca impropio considerar la naturaleza como una grande despensa universal , con todo esto , es innegable que ofrece por acá y acullá nuestra buena madre ciertos costados que nos la presentan bajo aquel aspecto. ? A quién no le ocurrirán aquí desde luego los inmensos depósitos de carbon de piedra, que desde miles de anos yacían desconocidos en el regazo de la tierra, hasta que le ocurrió al hombre , no hace mucho , entrar en posesion de esta heren cia de antiquísimos tiempos? Estos acopios tienen traza de du rar todavía mucho tiempo , ó al menos es de esperar que du ren lo bastante, esto es , hasta que la ciencia haya introducido en nuestros caloríferos y combustibles una reforma funda mental, si no acaso una revolucion completa. Y por cierto que se dijo, poco hace, que no está en lejana perspectiva el poder calentar con hidrógeno por medio de la descomposicion del agua. A mas de uno de nuestros lectores se le hace quizás la boca un agua , pensando tambien en los bancos de ostras, algunos' de los cuales tienen muchísimos pies de potencia y algunas millas de estension. Mas importantes son todavía los depósitos de sal, que , por su estension y magnitud , están alzando una protesta in cesante -contra el monopolio. Despensas de una especie particular, nada apetitosas por cierto, y llenas, con todo , de precioso contenido , son las islas y las costas donde se encuentra el guano , en el Perú y en el Africa meridional. Las personas que ván siguiendo como se debe los progre sos de la agricultura no ignoran que nos hallamos en la fase del guano. Ya hace algunos anos qu'e es este abono un artícu lo de introduccion de suma importancia para la Europa me dia y septentrional. Los •navieros ingleses se han apoderado , como suelen hacerlo en todo, de este nuevo renglon de co mercio ; y sus buques traen anualmente , despues de haber doblado el cabo de Hornos , cantidades inmensas de este pro ducto para nuestros campos, que de un ano para otro nece sitan mayor cantidad de abonos. Hace unos cuarenta anos que se supo en Europa, por Ilum boldt sobre todo , que ya desde los tiempOs de los Incas se utilizaba el guano en el Perú para abono de los maizales es pecialmente, y que existian en aquel vais depósitos inmen sos, estercoleros de miles de anos de existencia, que solo esperaban que los utilizasen. Hasta el ano 1840 no llegó á Inglaterra la primera muestra de este abono, de solas veinte toneladas; pero ya en 1844 se importaron en aquel pais unas 900,000 toneladas de la. isla del Africa meridional, llamada ichabon , y 25,000 del Perú. Desde entonces ha tomado la importacion de este abono un aumento estraordinario ; y en el dia , casi todos los grandes agricultores de Alemania abo nan sus campos con el guano. TOMO 1. Alcídes d'Orbigny , célebre viajero y naturalista francés , refiere que , cuando , en 1826 , navegaba él por las aguas de Bolivia , no podia esplicarse la blancura de las rocas de aquellas costas á donde no llegaban las olas del niar , hasta que los naturales le dijeron que eran capas monstruosas de estiércol de aves marinas. Desde entonces está el guano en mucha estima ; y sus fa bricantes , dotados del apetito mas envidiable , y del estóma go mas robusto , cuidan de que no llegue á faltar en ningun tiempo. La pregunta de en qué pueda consistir la gran fuerza de abono del guano coincide con esta otra pregunta : ?de qué vive la planta ? El contestar á esta pregunta estenderia en gran manera el presente artículo sobre el guano, y le quitaria su carácter especial. Así es que voy á contestar en muy bre ves palabras: La planta vive especialmente de agua, ácido carbónico y sales amoniacales , y solo puede absorverlas por las raices en forma de disolucion acuosa, por carecer de toda abertura para absorver sustancias sólidas. Los mas de los alimentos que estraemos del reino vegetal son para nosotros tanto mas nutritivos cuánto mas ricos son en ázoe, fósforo y azufre, materias que contienen en mayor abundancia los mejores abonos, Pero , entre todos ellos , el mas rico en lo dicho es el guano. Las aves del guano , como las llamaremos para abreviar , viven esclusivamente de peces y de otros animales marinos ; por consiguiente, su escremen to debe ser mas rico en aquellas materias que sirven especial mente para la formacion del cuerpo animal, que el produci do por animales herbívoros. Además , las contiene bajo- una forma y en combinacion por las cuales se disuelven fácilmen te en el agua; y. en tal estado, pueden fácilmente ser absorvi das por las raices de las plantas. Además , no deslíe ni des virtúa el cielo tropical con sus lluvias esta sustancia tan rica para el abono de las tierras. Vamos á tratar ahora mas especialmente del guano y de sus fabricantes. Los parages donde se beneficia el guano en mayor escala se hallan en las islas Chinchas, cerca de Pisco; y los habitan tes de Chancay son los que mas especialmente se dedican al transporte, y tráfico del guano en unos barcos llamados gua neros. Encuéntrase este estiércol á veces en capas de 60 pies de potencia , para cuya acumulacion se ha debido necesitar muchísimo tiempo. Es una masa densa, terrosa , adiposa al tacto. La mas fresca y la mejor, la que forma las capas su periores del lecho, es súcia , de un blanco amarillento, y des. pide un hedor penetrante orinoso. Este es el mas fuerte para estercolar las tierras. Los lechos inferiores son mas oscuros , y no tienen la fuerza depabono de los primeros: eneuéntranse con frecuencia revueltos en su masa plumas, huesos y hue vos de aves , y tambien momias de las mismas aves. 2 )2 10 I( Aquellas pequebas islas vienen á ser los cuarteles de noche saS; las que pasan el dia cazando al vuelo peces y otros ani de prodigiosos enjambres de aves marinas de especies diver- males de mar, al paso que otras muchas ,á quienes negó na /-71-C " \ VIPP[14.' \\ ,„• ....o. ••• ¦•¦ turaleza el volar , ván nadando en busca de pesca , en las cercanías del lugar donde nacieron. A estas /últimas les es hasta trabajoso el andar , por efecto de la estrana estructura de su cuerpo. Lalá - mina dará al lector una idea, en cuanto cqabe , ele la vida no llevan los habi tades de una isla de guano. ? Qué figuras tan raras son esas que ahí vemos dibuja das? Empecemos por la segunda , la mayor. Descollan do sobre sus com paneras , y balan ceando con haito trabajo su cuerpo zom po y pesado , se nos presenta el pingüino gigante ( Aptenodytes pa tagonicus). El pobrecito está contento cuando nada le obliga á mudar ele sitio en tierra, á la que pertenece tan poco como al aire ; pues parécese suandar al de un hombre que tuviese las piernas atadas por los tobillos. Sus patas cortas , que le salen de un estremo del cuerpo, sin poder apenas mantener el equilibrio , no le permiten dar pasos , como no sean muy cortos y circunspectos ; y si se viene al suelo , cuando trata de huir, cae de pecho, y empuja con las patas el cuerpo como un carreton , en demanda del mar, gue es su verdadera pa tria. Sus alas , que no son mas que unos mogotes sin plumas, y cubiertas de escamitas , no le permiten levantarse ni una pulgada del suelo. Pero sírvenle para la natacion á guisa de robustos remos , apoyados por unas patas zompas , pero pro vistas de anchas membranas nadadoras. A su lado está , y envidiando al pare cer su magnitud , el pequeno pin güino manchado ( Spheniscus de mersus) , tan pare cido al otro por su naturaleza de pez y por su torpeza , así en la tierra co mo en el aire. De irás del pingüino gigante se vé una ridícula carátula, el alca impennes. Di rian que solo por burla le dió natura , leza sus alitas, por cuanto son dema siado endebles para levantar por los aires su pesado cuerpo ; á lo sumo pueden servirle de re meras para acelerar algo su andar desmanado. Al lado de su pariente , provisto de alas absolutamente inservibles para el vuelo , viene á formar esta ave, para el sistemático , un medio muy bien venido entre esta y los podicípodes (Colymbus y Podiceps), que presentan una estructura igual, pero provistos de alas propias para el vuelo ; aves que se en cuentran en los largos estanques de Alemania. Aliado de estas tres aves, que en el suelo se presentan tan torpes y envaradas como los malos cómicos en las tablas , se dispara un albatros, ó vulgarmente fragata ( Diomedea exu lan.$) , de lo alto de las nubes para zamparse un pez ; pues es un animal á quien nunca se le acaba el apetito , y por lo mismo es uno de los mayores contribuyentes de la agricul tura. Tiene un derecho muy fundado además para • comer á dos carrillos , pues apenas hay otra ave que la iguale en el ímpetu y aguante del vuelo. No pocas veces se la encuentra en alta mar á centenares de millas marinas de tierra firme, volando con velocidad incansable. A estos cuatro químicos alados de la agricultura se aso cian , en aquellos grandes laboratorios atlánticos , una mul titud de companeros , todos ellos del orden de las aves pal mípedas. Encuéntranse entre ellas muchísimos parientes de nuestras paviotas ) y golondrinas de mar ( sienta ). Quizás llega á tanto su inteligencia de ave , que se maravi llen de que el culto Europeo vaya á limpiarles las cloacas, y apeste con su hediondo botin las naves debajo del sol tropi cal. Concluiremos este artículo , que quizás habrá ofendido á mas de un melindroso , esto es, á la cultura viciada , con una advertencia harto interesante para nuestros agriculto res, y es á saber : que aprendan por las islas del guano, no humedecidas por ninguna gota de lluvia , á alejar el agua de sus estercoleros. Miguel Guitart y Buch. Juan Cristiano Oersted. por Muller. La historia de los hombres grandes es tambien la historia de su época , y una parte de la 'listo' ia de la humanidad. Sus obras y sus hechos son 'hijos del espíritu del tiempo, y ejer cen poderoso influjo en la posteridad mas remota. Celébren se enhorabuena los héroes de la espada con monumentos de piedra , ya que sus hechos suelen darse al olvido con las he ridas que causaron : los héroes de la ciencia se crean á sí mismos su memoria , por cuanto dm'an sus obras con la di cha que promovieron. Mientras se lean libros se acordarán los hombres de Guttemberg ; y mientras el vapor impela em barcaciones, carruages y máquinas , no se dará al olvido á Watt ni á•Fulton. Así mismo, cuando por toda la tierra ha yan tendido su red los alambres del telégrafo electro—magné tico , y enlazado en espíritu é inteligencia á los diversos pue blos tambien volará entonces el nombre de Oersted por to dos los paises , y no habrá lengua que no le ensalce. Juan Cristiano Oersted nació, en 1777, en la pequena ciu dad de Rudkjoebing, en la isla danesa de Langeland, don de su padre (jarcia la facultad de farmacia. Criado en medio de la escasez, fuése instruyendo el nino por sí mismo. Con un viejo tratado de aritmética que vino á caer en sus manos, aprendió los elementos del cálculo ; de un vecino aloman aprendió la lengua alemana, y con el trato con algunos hom bres doctos, amigos de su hermano menor, que mas ade lante vino. á ser ministro de justicia de Dinamarca , aumentó y corroboró sus conocimientos y el afan del saber. Mas ade lante recibió de un maestro particular algunas nociones de • latín para habilitarse para la botica , en la cual le hizo entrar su padre de practicante á la edad de doce anos. En aquella po bre botica empezó á conocer y á amar las ciencias naturales, y en especial la química. Pero con todo , mucho trabajo le hubo de costar dar vado al genio ; y no sin grandes dificul tades , lograron ambos hermanos ponerse en disposicion de entrar en la universidad. Por fin pasaron á Copenhague en 4794 ; y en medio de las mas estrechas privaciones, dieron principio á su carrera científica. No tardaron los dos herma nos en tomar caminos diversos, por cuanto el mas joven se dedicó á la filosofía y á la ciencia del derecho ; al paso que el mayor, que es el objeto de esta resena, se dedicó á la as tronomía, A la física y á la medicina; mas nunca sesepararon sus corazones, que siguieron unidos toda la vida. En tranqui lo y motejado retraimiento vivian ellos para las ciencias ; y tan solo al fogoso Oehlenschleeger se le permita entrar por aquel tiempo en el sagrario de su pura felicidad. La edad juvenil de estos íntimos amigos vino á coincidir con aquel grande período de fermentacion de los tiempos modernos , que habla de dar á luz una nueva primavera . Surgía ya en todas partes y en todas las situaciones de la vida un espíritu nuevo y ardiente. La revolucion francesa había hecho pedazos la mohosa fábrica del feudalismo , y el hálito de la libertad se levantaba de aquellos escombro«s para despertar á otros pueblos. En Alemania , habian creado Kant y Fichte una filosofía viva ; y Schiller y Goethe empe zaban ya a abrir la flor de la poesía. Y cierto que no podian quedarse en zaga las ciencias naturales. Werner habia dado nueva forma á la geología, Lineo á la botánica, Cuvier á la zoología , Brown á la medicina , Priestley y Lavoisier , derribando los antiguos elementos , habian dado á la quí mica el carácter de ciencia; y Galvani y Volta habian mostra do las honduras de la vida física y sus fuerzas actuantes. Steffens fué quien , desde Alemania , llevo estas faustas nuevas á Dinamarca ; y con él se intimó , lleno de entusias mo nuestro Oersted , quien no tardó en hallar ocasion de hacer ver en público la solidez de su saber y la claridad de sus intuiciones. Ganó los premios ofrecidos por la universidad á las mejores memorias sobre varios plintos de medicina y filo sofía , sufrió sus exámenes de farmacia , y recibió , en 4799 , el grado de doctor. Un ano despues, tomó á su cargo la direc cion de una botica ; pero el ansia de penetrar mas y mas en las honduras de las ciencias le movió á salir de su pais. En el ano 1801 , emprendió suprimer viaje por Alemania, Francia y Holanda, en el cual trabó íntimas relaciones de amistad con los hombres famosos de sutiempo , á saber : con Schelling , Fiebre ,Schleiermacher, Tieck , Ermarin , Weisz, Hausmaiín , y con el físico Ritter. A su regreso á Copenhague , en 4805 , pretendió la cátedra vacante de física ; pero no se la dieron , porque le tenian por filósofo; y la física , tal como se ensenaba entonces en las universidades, solo necesitaba profesores es perimentalistas. Con todo , logró para tres anos al menos un situado de 500 pesos , y otra suma igual para sus espadillen tos ; y así pertrechado, principió un curso , para personas ins truidas , sobre la electricidad y el magnetismo , sobre el caló rico y lumínico. Estas cursos , así como sus ensayos sobre las figuras acústicas, le abrieron finalmente, en 4806 , el ca mino al profesorado. Por este tiempo empezaron á germinar en él las primeras ideas de su grandioso descubrimiento. Ya en sus Considera ciones de las leyes químicas, que publicó en 4 815 , espresó su presentimiento de la estrecha afinidad de las corrientes eléctricas , galvánicas y magnéticas. Así como el galvanismo no es mas que una forma encubierta de la electricidad , ocur rióle que el magnetismo podia ser la electricidad en forma mas |
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