03_No. 1 (1 enero 1862), p. 25-38 |
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Luego que ha cesado la lluvia, y el cielo despejado conce
de de nuevo libre paso á los rayos del sol para que calienten
la superficie de la tierra, empiezan otra vez á levantarse va
pores, y los vientos secan las gotas de la lluvia y del rocío con
mayor ó menor rapidez. Existen además en nuestro globo re giones en las que reina un estío eterno y un claro cielo sobre
la superficie del mar, en que se produce una evaporacion nunca interrumpida, y que acarrea á la atmósfera cantidades de agua
comparativamente cuantiosas. El viento arrastra estos vapores
á otras zonas; y de este modo el agua que cae en un lugar en
forma de lluvia ó de. rocío es reemplazada de nuevo por la
que de otro punto se eleva en forma de vapor. Y todo esto
se efectúa para mantener el bello orden de la composicion de
la atmósfera, tan ajustada á las necesidades de todos los se
res vivientes !
Cuán admirable es la disposicion segun la cual el agua así
se evapora y resuelve constantemente en el aire—escasamente
en unos lugares, y en otros en grandes masas — repartiéndose
luego igualmente por la espaciosa ysiempre agitada atmósfera,
para caer luego despues en refrescantes lluvias, ó estenderse
luego en delicados velos de nieblas sobre montes y valles, lle
vando en sus pliegues las misteriosas pedrerías del rocío! Pero
mas admirable todavía es la ley , casi pudiéramos decir el
instintivo impulso , al cual obedeciendo , elige el rocío los
cuerpos sobre que ha de caer, y desciende desde luego para
refrescar la planta marchita , y solo despues de haber apaga
do abundantemente su sed , derrama su caudal sobrante so
bre el infructífero suelo.
Bella y admirable es la naturaleza en todo el conjunto de
su actividad , cuando se la sabe comprender. No malgasta ni
su arte ni la mas pequena partícula de su materia ; y sin em bargo, derrama generosa, y pródiga, al parecer , sus tesoros,
y hasta fuerza á la materia inerte, por medio de leyes inmu
tables, y con incesante aran, á doblegarse al servicio y á la
satisfaccion de las necesidades de todo sér viviente.
Cuatro cuerpos por consiguiente — oxigeno, ázoe , -ácido
carbónico, y vapor de agua— son esenciales é indispensables
para la composicion de la atmósfera; y estos , tanto por su na
turaleza como por su cantidad, son perfectamente adecuados
á la posibilidad y al mantenimiento de la vida de todas las
criaturas. Además de estos, contiene el aire otras muchas ma
terias en proporciones pequenas é inconmensurables, algunas
.de las cuales se l'orla, en el mismo aire; otras suben, en for
ma de vapores, de la superficie de la tierra, y otras, en fin,
proceden del agua del mar.
De las que se originan en el mismo aire, merecen particu
lar mencion la ozona y el ácido nítrico.
El primero de estos cuerpos no es mas que oxígeno que se
halla en un estado de afinidad química superior al ordi
nario: estado en que le convierten la accion de los rayos so
lares , la electricidad y otras muchas causas. En este estado ,
obra con mas fuerza sobre los cuerpos, y se combina con ellos
con mayor prontitud. Entre los diversos fines de utilidad que
contribuye á llenar, citaremos la oxidacion ) de las sustan
cias orgánicas, con frecuencia nocivas , que se encuentran
en el aire, y la de los cuerpos animales y vegetales en el sue
lo , cooperando así á su descomposicion , de la cual depende
el abastecimiento de víveres para las plantas y la fertilidad, de
los terrenos.
La ozona existe probablemente en el aire en todo tiempo ;
mas siempre en tan corta cantidad, que no se ha logrado de
terminar suproporcion segun peso y medida. En invierno, en
las elevadas cumbres de las montanas, y despues de una tor
(1) Cuando un cuerpo se combina con el oxígeno , se dice que se oxida, (S
que se verifica su oxidacion.
TOMO I.
menta que ha purificado el aire , se presenta siempre en ma
yor abundancia: su existencia es apreciable por el olfato. A la
ozona es debido aquel olor particular que se nota en el aire despues de una tempestad, así como tambien el que adquiere
en aposentos cerrados donde se desarrolla electricidad por
medios artificiales. Es muy probable que este cuerpo miste
rioso , y poco investigado aun , tenga una influencia mas im
portante sobre la naturaleza y la vida de lo que hasta el pre
sente sabemos.
El ácido nítrico , otro de los cuerpos que , como hemos
dicho, se forma en el aire , está contenido en este quizá en
mayor copia que la ozona. En la vida ordinaria, es vulgarmen
te conocido bajo el nombre de agna fuerte , y consta tan solo
de oxígeno y ázoe : los dos principios mas esenciales de la at
mósfera. Cada rayo que cruza el aire , cada chispa eléctrica
pequena ó grande, que bajo otra cualquiera forma lo atravie
sa, ocasiona una combinacion de estos gases, y formacion de
ácido nítrico á lo largo de la línea que marca su curso. En
todas partes, y casi en todo tiempo, se efectúa con frecuencia
este paso de electricidad al través del aire; y como se mani
fiesta en los paises tropicales casi todos los dias del ano , puede considerarse este ácido como un elemento constante del
aire atmosférico. Si es indispensable para la actual organiza
cion de losanimales, ó ejerce sobre ella algun influjo, cuestion
és esta qne no ha podido resolverse hasta ahora con certeza;
pero repetidos y esmerados esperimentos han demostrado la
frecuente presencia de este ácido en el aire, hasta en el de nues
tra Europa templada, y el sabor ácido que tiene muchas veaes
la lluvia es debido á la cantidad que del raismo ha disuelto.
El ácido nítrico es muy favorable al crecimiento de los vege
tales, 'y es por lo tanto una de las materias destinadas para ser
segregadas del aire por la lluvia y el rocío, y proporcionar de
este modo á las plantas un precioso alimento, que cada día y
á cada momento les acarrean los vientos.
Otros muchos gases y vapores de naturaleza y composi
cion mas diversas elévanse continuamente de la superficie de
la tierra y se disipan en la atmósfera. Las plantas y los anima
les, que, despues de muertos, se descomponen de tan diversas
maneras, las innumerales materias que en el aire se queman:
todos estos cuerpos forman combinaciones químicas de natu
raleza volátil, ó gaseosa, que suben y se confunden en el aire.
Algunas de ellas, como el amoníaco 'y el hidrógeno sulfurado,
pueden distinguirse por medio del olfato, al paso que otras
no pueden ser por ningun sentido apreciadas. Los terrenos
pantanosos., caldeados por el ardiente sol del estío, exhalan
ponzonosos miasmas que envenenan el aire y producen la fie
bre en el cuerpo del hombre, por mas que no podamos reco
nocerlos por medio de ningun sentido, ni descubrir su presen
cia por medio de los reactivos químicos mas sensibles. Muchos
volcanes en actividad vomitan inmensas columnas de humo
fétido,. y millares dé operaciones químicas naturales y artificia
les producen cantidades enormes de gases y de emanaciones
infectas. Los vientos se apoderan de todas estas materias ga
seosas y las transportan mas ó menos velozmente lejos del
punto de su produccion, dispersándolas por la atmósfera uni
versal. Esta debe contener por consiguiente un número casi
infinito de principios accidentales , en ningun modo necesa
rios para su composicion; pero que, á causa de su ligereza, se
elevan á grandes alturas, y se reparten luego por el aire, á la
manera que los cuerpos líquidos impuros acompanan algun
tiempo la corriente de los nos, antes de perderse enteramente
en ella, y que los cuerpos estranos sólidos son arrastrados por
sus aguas á la inconmensurable concavidad del Océano.
Entre las materias que de la superficie de la tierra se elevan
en el aire, es el amoníaco la mas notable, á causa de suaccion
4
w 26 1:
importante sobre la vida y el desarrollo de las plantas. Este
gas, de todos conocido por el olor de espíritu volátil de cuerno
de ciervo medicinal , que no es mas que agua cargada de gas
amoníaco , se forma durante la descomposicion de las mate
rias de orígen vegetal 6 animal en presencia del aire y de la
humedad, y es la causa principal del olor desagradable y pe
netrante que despiden éstas materias en putrefaccion, como mas
distintamente se percibe en los establos mal ventilados. Es
evidente que de todos los puntos de la superficie de la tierra
debesubir este gas á la atmósfera; y efectivamente forma, aun
que en pequefiísima cantidad , una parte constante , pero no
esencial del mismo. Bajo este concepto debemos distinguirle
del ácido nítrico, que, como sabemos ya, se forma en la misma
atmósfera por proceleres puramente físicos, y es completamente
independiente por lo tanto de la preexistencia de seres vivien
tes. Fuera pasillo que se produjese tambien el amoníaco de
una manera análoga ; y en este caso, debiéramos, no solo con
siderarlo como un elemento esencial de la atmósfera, sino
deducir tambien de su presencia y reproduccion continua un
nuevo y sábio arreglo para el sustento de. la vida vegetal.
Finalmente, los vientos que barren la superficie del mar eter
namente undoso, arrollando sus aguas y azotándolas para for
mar la nevada espuma , arrastran parte de la llovizna en que
revientan , la cual se mezcla con el aire conmovido. Así son
llevadas por cima de altas sierras, lejos, allá en el interior de
los continentes, las partículas de sal y-otras materias del agua
del mar que vienen tambien á formar parte del inescrutable
mar atmosférico. La multitud de cuerpos estrafíos que en torno
nuestro se ciernen, y que ván mezclados con aquellos que tan
indispensables son para laconservacion de la vida animal y ve -
getal , es tan inmensamente grande , que se hace impolible
determinar siquiera aproximadamente su número y su peso.
I.a aglomeracion de materias tan heterogéneas en el aire lo
baria, con el transcurso del tiempo , nocivo é impropio para la
vida animal sin duda alguna, y quizá tambien para el desar
rollo saludable de muchos vegetales; pero las aguas del ciela
suben y bajan en incesante giro para lavarlo y purificarlo. A
ellas fué confiado el importante cargo de mantener el equili
brio de las primeras condiciones de la vida, y lo desempelian
con infatigable fidelidad y constancia.
Por mas sencillo que aparezca el aire á losojos del vulgo, su
historia cientdca es sumamente complicada. La exacta pro
porcion de sus principios contitutivos ofrece aun. muchas par
ticularidades interesantes; y grande es el número de las di
versas medidas que aseguran la existencia y la proporcion
constante de sus elementos esenciales. Alas aunque nuestra
escrutadora mirada logre penetrar todas estas admirables re
laciones , no debe esto envanecernos, antes bien, deberá in -
clinarse la mas soberbia inteligencia ante la inmensa sabidu
ría y la sencilla hermosura de la naturaleza, y adorar al Autor
de tantas maravillas.
El Condore
por (Itárlog
Juan Font y Guilart.
! El condor ! Qué de imágenes no se asocian á este nom bre ! Cual heridos de una varilla mágica, nos hallamos en las gigantes alturas de un Chimborazo , de un Pichincha, de un Cotopaxi , de un Aconcagua , etc., cumbres descollantes del
Itob,o
gl
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Nuevo Mundo, al lado de espantosos abismos y de picos inac
cesibles. Ya hace tiempo que hemos dejado á la espalda toda
vegetacion, y por maravilla hemos podido columbrar á lar
gas distancias una manada de ariscas vicubs , de llamas,
y •27 m
alpacos ó huanacos. Por acá y acullá surge la amable figura
de un ciervo de los Andes ( Cervus andisiensis), al paso que
por las quebradas de los penascos s'án retozando las chinchi
llas (Eriomys Chinchilla), ó se desliza con disimulo el astuto
atoe ( Canis azarae), la zorra de los Andes , para coger una
de las sabrosas perdices de aquellas alturas ( .Tinamotis Pent
landii). Por acaso se vea un jaguar ( Félis concolor ), ostra
viado por aquellas cordilleras. Síguele el hucumari de hocico
blanco ( Ursus ornatus), el oso de los Andes ; y para aca
balar el grandioso reino animal de estas alturas , privadas de
toda vegetacion y de la vista del hombre , van volando cerca
de voraces halcones ariscas aves acuáticas de los lagos de los
Andes. Pero muy encima de todo lo dicho vá describiendo
majestuosamente el condor sus círculos en espiral, á seme
janza de los buitres.
Entre todas las aves de América, ninguna ha impresiona
do tanto como está la fantasía de los pueblos. Los Incas le
atribuian un papel importante en sus dogmas religiosos ; la
república de Chile la estampó en su moneda, apenas se vió
organizada ; los viajeros, antes de Humboldt, la ensalzaron
como rey de los Andes por su grandeza y su fuerza ; en una palabra, era el•condor,, en el reino animal, el emblema mas
adecuado de las agigantadas montanas de las Cordilleras ame ricanas, por cuanto la fuerza y la grandeza han sido en todos
tiempos lo ideal de los pueblos.
Con todo no es el coudor tan incomparable como se ha su
puesto; pues lo que es el buitre de 101 corderos para los Al
pes suizos, esto mismo viene á ser el condor para los Andes;
esto es, el gigante entre los buitres. Cuando ha adquirido
todo su crecimiento, mide el buitre hembra de los Alpes, el
cual, bien así como en los mas de sus rapaces semejantes, es
mayor que el macho , con las alas tendidas , .unos diez pies, y
cuatro y medio de largo, al paso que la cola tendida tiene
hasta tres piés. El conclor adulto mide, de punta á punta de las
alas, unos catorce piés, y cinco piés largos desde la punta del
pico hasta el remate de la cola ; los mas pequenos tienen or dinariamente, de punta á punta de las alas, ocho piés sola
mente, y cuatro desde el pico hasta la cola. Un plumaje ne
gro lustroso , con las puntas de las alas blancas, un robusto
pico, con la cabeza pelada y fuertemente arqueada, la que está
coronada en el macho de una cresta carnosa, un collar blan
co en torno del musculoso cuello, y fuertes garras, son los ca
racteres descollantes de esta ave colosal. Sin embargo, ape
nas puja su fuerza sobre la del buitre de los Alpes. Una carga
de diez libras es lo sumo con que puede echar á volar, has -
tante empero para que pueda llevarse á su antro ninos peque
nuelos y animales endebles.
Aquí , en las nevadas cumbres., impera el tirano á fuer de
senor absoluto, sin que ningun otro buitre se atreva á dis
putarle el dominio. Este empieza generalmente á una eleva
cion de 10000 piés, altura á que casi termina el reino del bui
tre de los Alpes. Cuando Humbold( estaba cerca de la cumbre .
del Chimborazo, vió todavía en las regiones superiores volar
un condor á una elevacion que probablemente llegaba á veinte
y dos mil piés. Con razon dice Humboldt que es un fenóme
no fisiológico muy reparable ; por cuanto esta ave, que por
espacio de largas horas se mueve ligeramente en regiones de
aire muy enrarecido, donde apenas senala el barómetro doce
pulgadas , puede precipitarse repentinamente de aquellas al
turas á la orilla del mar, donde senala el barómetro veinte y
ocho pulgadas, recorriendo de este modo en brevísimo tiem
po todos los climas. A esta altura de 22,000 piés, segun ob
serva el mismo naturalista, deben de henchirse de un modo
estraordinario los sacos de aire del condor,, cuando se han
llenado de aire en regiones mas bajas , puesto que ya se deja
entender que la menor presion de aire de aquellas alturas no puede comprimir el aire inspirado, el cual, por lo mismo, se
ha de dilatar. Verdad es que algunos aeronautas, como Gay
Lussac , -se elevaron á una altura de 21600 piés , y que , si
bien con dificultad, pudieron respirar impunemente durante
un breve rato; pero !qué vale aquí esta rivalidad del hombre
que sin esfuerzos se levantó en un globo aerostático á aquella
altura! ! Cuán diverso fuera el caso, si trepase fatigoSamente
no mas que hasta las cumbres del Chimborazo ! Aun prescin
diendo de los vértigos y del cansancio, no pocas veces revien
tan los finos vasos sanguíneos de los ojos , de los labios y de
la nariz, y hasta de las partes internas del cuerpo; y no obs
tante, aquí donde en atroces convulsiones encuentra sus límites
la naturaleza tan tenaz del gato , aquí impera el condor sin
contraste ; porque es su patria. Esta se compone de altísimos
penascos verticales; pues no puede este gigante levantarse del.
suelo llano , y mucho menos cuando está harto de presa. Es
tando acostumbrado á cernerse majestuosamente por el éter,
tiene á menos vivir en el suelo, donde se vé precisado á batir
pesadamente las alas. Con las alas tendidas, sin el menor mo
vimiento de temblor, con las garras encogidas, y no movien
do mas que la cabeza y el cuello , cual si no fueran las alas
mas que el punto de apoyo , en que obrasen el empuje del
cuello y de la cabeza y los movimientos de la cola timonera:
así se Vá meciendo tranquilo encima de abismos horrorosos
por el Océano del aire, cual impávido aeronauta. De repente
se repliegan las alas en un instante, y ya se ha desplomado
en regiones mas profundas. Espáciase su mirada á larguísimas
distancias sobre la tierra; y allá se dispara como una saeta, en
descubriendo la presa. No es menos interesante el drama, cuan
do el rey de los aires coje sin compasion su presa , y al igual
de Mefistófeles de la tradicion , se remonta con ella otra vez
por los aires, ó cuando en la Puna, que está á 15000 piés so
bre el nivel del mar, se desploma sobre un infeliz caballo, y
le destroza las carnes. Desgraciadamente el hombre, no me
nos cruel que el condor,, ha observado este lance ; pues así
como tiene Espana sus corridas de toros, tiene tambien la
América del Sur sus corridas de condores , para recrearse en
los gritos lastimosos del toro, el cual, con las carnes destroza
das, se precipita dando vueltas por el redondel, llevando so
bre el lomo un Condor que le ató el hombre satánico. Mas no
siempre es el condor cazador atrevido y valiente ; convierte
se muchas veces en merodeador para devorar, en companía de
sus Semejantes, los cuerpos muertos de animales que descubre.
Parece casi increible , dice Tschudi , que baste menos de un
cuarto de hora para atraer una multitud de condores al cebo
que se les presenta ; y esto que momentos antes no vejan nin
guno los ojos mas perspicaces : en este caso, no sabemos qué
es lo que mas debe escitar nuestraad miraeion: si el sentido del
olfato, ó el de la vista. Tambien sabe muy bien cuando sale á
la caza la puma, el leon del Nuevo Mundo, y no ignora la pu
ma quien la sigue. Cuando se precipitan los condores al suelo
y vuelven á levantarse todos á un tiempo, ya saben los Chi
lenos que la puma hubo de defender su presa y rechazar á los
merodeadores ; y en efecto, parece que el condor no corres
ponde por su carácter á la idea que nos formamos de un rey
de los aires. Bien así como el patron de un barco arroja á ve
ces al mar parte del lastre que dificulta el andar de la nave,
asimismo arroja tambien á veces el condor la demasiada car
ga que le oprime el estómago ; y vuela en seguida á su trono
de penascos para dormir la siesta, y recoger despues toda su
corte. Esta se compone de sus companeros, que, si bien vi
ven á pares en altísimos riscos, se reunen á menudo hasta vein
te ó treinta en republicana igualdad, y suelen pasar el rato unos
con otros hasta. que de nuevo los dispersa el afan de la caza.
Sin embargo , no es el candor .un vagabundo ; pues duer
me siempre en un mismo sitio ; y donde duerme , anida y
cria á su parva, en el mismo penasco quizás donde salió de
la cáscara. Lo que es mimado, no lo está, pues , á la manera
espartana, no construye nido, sino que pone sus dos huevos,
de estraordinar.ia magnitud, en la pena pelada. Sus hijos son
bastante tardíos en crecer; los Chilenos aseguran que tarda el
condor un ano en volar, y que esto no se verifica hasta que
el plumon negruzco se ha convertido en plumas. De todos mo
dos, tienen los padres que cuidar á sus hijuelos mucho tiem
po, puesto que se les vé juntos muchas veces, aunque son ya
adultos. Por esto no nos parece in fundadodo que dice Darwin,
que la hembra pone un ano sin otro. Cuando no tiene parva
que cuidar , emprende el condor larguísimos viajes , puesto
que se traslada 'desde el núcleo de los Andes peruanos y de
Quito hasta los costas magallánicas en la ribera occidental del
Pacífico. Tambien corta el Ecuador para pasar á lassierras de
Nueva Granada.
Ya se deja entender que estando dotado el condor de buen
apetito, arrebatará muchas veces á su rival el hombre lo que
este destina para su mesa. Y en efecto; es de mucha considera
cion el dano que le causa esta ave rapaz en ovejas, cabras, bue
yes, vicunas, alpacas, llamas, huanacos, etc.; y tanto, que por
todas partes se la ha proscrito. Con todo, parece que no le da
esto mucho cuidado ; pues , segun Tschudi , son estas aves
tan atrevidas en la Puna peruana, que no tienen reparo en
acercarse al hombre ; y refiere el propio viajero que no po
cas veces , al desollar algun animal que 'labia muerto en la
caza, se le acercaban los condores hasta diez ó doce pasos
para recoger las entranas que les tiraba.
Para cazarlos, de nada sirve la pólvora ni el plomo; pues
tiene las plumas tan fuertes, que apenas dan paso á las balas.
Pero en el pecado está la penitencia, dice el Peruano, y se le
coge de esta manera. .Hay en la provincia de Iluarochirin,
segun dice Tschudi , en las altas mesetas, un grande embudo
natural abierto en la pena, de unos 60 pies de hondo. Allá en
la orilla arroja el cazador un mulo muerto ó llama; y luego
se reunen los condores para devorarlo. Pero como la presa,
destrozada y tirada por todos lados, acaba por caerse dentro
del embudo , llevando tras sí á los hambrientos candores,
vénse estos en el fondo perdidos sin remedio ; pues hartos ya
de carne, no pueden alzarse de un suelo que tiene apenas
quince pies de ancho; y en esta situacion, los matan los In
dios á trancazos con unas varas larguísimas que tienen para
el intento. Ilumboldt describe de este modo la caza que les
dan : Rodean de una robusta y estrecha cerca un buey muer
to; acuden allá los condores en tropel para devorar el animal;
y una vez hartos, estando apinados en lugar estrecho, no pue
den alzarse ; y los Indios los matan á garrotazos, ó bien los
cogen vivos con el lazo. En otras partes del Perú se mete un
Indio dentro de una piel fresca de buey, de la que cuelgan ti
ras de carne. El Indio está provisto de fuertes sogas; acuden
luego los condores; pero tan pronto como se posan sobre el
pellejo, les agarra el cholo las patas y las ata al mismo pelle
jo , de modo que las patas de las aves vienen fi estar afian
zadas dentro de un bolson. Luego se escurre el Indio del pe
llejo; salen los otros cholos de su escondite, les arrojan sus
ponchos encima, y los llevan al pueblo, donde los venden para
las corridas de toros.
Pero tambien despues de muerto ha de ser útil el condor.
Bien así como la madre árabe reparte entre sus hijos el cora
zon del lean para comunicarles su indómito valor , asimismo
come el Indio el corazon del condor para apropiarse su fuerza,
ó para curarse de la epilepsia comiendo la carne de aquel que
nunca cayó. No parecerá estrano que un animal que se estu
vo meciendo toda su vida en el purísimo éter haga el papel
de eharlatan para curar las erupciones cutáneas; y en efecto,
con esta mira. se utiliza el Indio de su grasa. La Indiana se
apodera del estómago del condor ; pues parece que esta en
trana, á la que no resistió ni hueso ni carne en putrefaccion,
es el mejor remedio, segun cuentan, para las callosidades del
pecho del sexo hermoso. Pero lo mas admirable • para noso
tros es el ser el condor el último ciudadano del Océano etéreo,
donde mas próximo á los astros, cabe que de tarde en tarde
tropiece con su rival en un globo aerostático; pero mas libre
que este, seguirá siendo siempre probablemente el símbolo
del éter.
Miguel Guitart y Buch.
El criminal por la honra perdida.
por Zr4it1er.
No hay en la historia del hombre ningun capítulo mas ins
tructivo para el corazon y el espíritu que los anales de sus es
travíos. En la ejecucion de todo gran crimen púsose en movi
miento una fuerza grande en proporcion. Si bien, á la pálida
luz de los afectos ordinarios, suele encubrirse el secreto mó
vil de la concupiscencia, en sobreviniendo una pasion violen
ta, se muestra tanto mas pujante y colosal. El filósofo que di
rige su espíritu al estudio del hombre aplicará á la psicología
algunos de los hechos que observe en este campo, y los uti
lizará para la vida moral.
Es el corazon humano algo tan uniforme, y no obstante
tan complexo. Una misma facultad , un mismo anhelo puede
presentarse bajo miles de formas, y en mil direcciones distin -
tas ; puede motivar mil fenómenos contradictorios ; puede
aparecer envuelta eh mil caractéres diversos ; y de una sola
inclinacion pueden otra vez derivarse mil caractéres y actos
desemejantes; y esto sin que el hombre de quien se trata ten
ga el menor presentimiento de tales afinidades. Si , cual se
lleveantóvyapaparaaraenllogsénotetrrooas hreurimnoatsnodae olatrmonaLtuirnaelboe,zaq,uiseeeclasinficase
por los impulsos y las inclinaciones , ! qué asombro no fuera
el nuestro , si viniésemos á encontrar juntos , y en el mismo
orden con los monstruos de la humanidad , á muchos cuyos
vicios tienen que ahogarse ahora forzosamente en la estrecha
esfera civil y en el angosto recinto de las leyes !
Considerada la cuestion por este lado , no son pocos los re
paros que nos ocurren contra el modo como se suele tratar la
historia; y en esto, á nuestro entender, se ha de buscar la causa
de lo estéril que ha sido hasta ahora para la vida civil el estu
dio de la misma. Es tan repugnante el contraste que reina en
tre la violenta agitacion de ánimo del hombre actuante, y la
disposicion sosegada del lector ; media entre ellos tanta dis
tancia, que muy arduo ha de ser para el último, y hasta im
posible, presentir la menor conexion. Hay una laguna entre
el sugeto histórico y el lector, que ataja toda comparacion
aplicacion, y que, en vez de aquel saludable temor que pone
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en guardia á la orgullosa salud, provoca el desden y la duda.
Miramos al desdichado, que, en la misma hora en que come
tió el hecho, así como en aquella en que lo está espiando, era
hombre como nosotros , como á una criatura de estrana es
pecie, cuya sangre no circula como la nuestra, cuya voluntad
obedece á otras reglas; su destino nos conmueve apenas, por
cuanto la simpatía se funda únicamente en la oscura concien
cia de que corremos el mismo peligro ; y estamos tan ajenos
de sonar siquiera tal analogía. Con la referencia se malogra
la ensenanza , por donde la historia , que debiera ser una
escuela de cultura , se ha de contentar con la triste tarea de
satisfacer nuestra curiosidad. Si la historia ha de ser algo mas
Jara nosotros , si ha de alcanzar todo su objeto, ha de optar
forzosamente entre estos dos métodos : Ó bien se ha de acalo
rar el lector como el héroe , ó bien se ha de enfriar el héroe
como el lector.
Bien sabemos que algunos de los mejores historiadores de
nuestros tiempos, y de la antigüedad tambien, se han atenido
al primer método , hiriendo el corazon del lector con su se
ductora esposicion. Pero este método es una usurpacion del
escritor contra la libertad republicana del público leyente , á
quien viene á sucederle formar parte del tribunal ; fuera de
que traspasa con esto los límites de su terreno , por cuanto
este método pertenece esclusiva y propiamente al orador y al
poeta. Así es que solo le queda al historiador el segundo.
El héroe debe enfriarse como el lector, ó , lo que en este
caso viene á ser lo mismo, debemos conocerle antes que obre;
debemos verle, no solo obrar, sino tambien querer obrar. Sus
pensamientos nos importan mucho mas que todos sus actos;
y mucho mas nos importan todavía las fuentes de sus pensa
mientos que las consecuencias de sus acciones. Los hombres
han examinado el suelo del Vesubio para darse razon del ori
gen de su ignicion : ?por qué se dispensa menosaitencion á un
fenómeno moral que á otro físico? ?Por qué no se estudian del
mismo modo la constitucion y la situacion de las cosas que
rodeaban á un hombre de tales circunstancias , antes que el
combustible hacinado prendiese fuego en su interior ? Al so
nador, amante de lo maravilloso, le atrae la misma rareza
de tal fenómeno ; pero el amigo de la verdad anda buscando
una madre para estos hijos perdidos, y la busca en el alma
humana, y en las condiciones variables que de fuera la im
pulsaron , y en estas dos cosas la ha de hallar ciertamente :
por donde ya no le sorprende ver medrar tambien la veneno
sa cicuta en el mismo tablar donde no suelen florecer mas que
plantas saludables , encontrar juntos en una misma cuna la
sabiduría y la locura , la virtud y el vicio.
Aun prescindiendo de las ventajas que puede sacar la psico
logía de este modo de tratar la historia , merece con todo la
preferencia, aunque no sea mas que por esto : porque desar
raiga la mofa cruel y la orgullosa seguridad, con que la virtud
erguida, y no probada, está mirando desde su elevacion á la
que se vino al suelo, porque propaga el blando espíritu de
tolerancia , sin la cual no hay prófugo que vuelva á sus ho
gares, no cabe reconciliacion de la ley Con el que la ofendió,
ni ningun miembro infecto de la sociedad puede salvarse de
la total gangrena.
? Quién sabe si el delincuente de quien voy á hablar hubie
ra tenido aun derecho de apelar á aquel espíritu de toleran
cia ? ? Quién sabe si estaba ya perdido sin remedio para el
cuerpo del estado ? —No quiero anticiparme al fallo del lec
tor. De nada le serviria ya nuestra indulgencia , puesto que
murió por mano del verdugo : pero es posible que la autopsia
de sus vicios instruya á la humanidad, y quizás tambien á
la misma justicia.
Cristiano Woltera hija de un posadero de una ciudad de
provincia ( cuyo nombre callamos por las razones que mas
adelante se verán ) , y ayudaba á su madre, pues va habia
muerto su padre , en los quehaceres de la posada. Esta no era
de las mas concurridas, por donde tenia Wolf muchas horas
ociosas. Ya de nino, cuando iba á la escuela, era tenido Cris
tiano por travieso y desvergonzado ; las muchachas se queja
ban de su atrevimiento , y los jaques del pueblo celebraban su
inventiva para lo malo. La naturaleza habla padecido , por
decirlo así , una distraccion cuando le formó ; pues su rostro
exiguo , su pelo crespo de un negro desagradable , su nariz
aplastada , y su labio superior abultado , y torcido además
por una coz que le tiró un caballo , le daban una traza re
pugnante tal , que no habia muchacha del pueblo que no hu
yese de él , ni mozo que no se espaciase á sus anchas sobre
la triste figura de Wolf.
Pero él quiso porfiar por lo que se le negaba; y por lo
mismo que desagradaba , se metió en la cabeza agradar. Era
sensual , y se persuadió de que amaba. La muchacha á quien
obsequiaba se le mostró esquiva, y él tenia motivos para 'creer
que sus rivales eran mas dichosos que él : con todo, era aque
lla muchacha muy pobre ; y su corazon , que se habia mos
trado inflexible á sus encarecimientos , se dejó convencer
quizás por sus regalos ; pero el mismo Wolf tenia escasamen
te de qué vivir , y sus vanos conatos por aparentar lo que no
tenia acabaron con los pocos recursos que le daba la posada.
Demasiado flojo é ignorante para realzar el mal estado de su
casa con el trabajo y la especulacion ; demasiado altivo para
trocar su papel de amo por el de criado, no vió mas que una
salida : salida por donde han echado miles antes y despues de
él , y con mejor éxito, el camino de robar honradamente. La
ciudad donde vivia no estaba muy distante de un gran bosque
senorial ; hízose pues cazador furtivo, y el producto de su
montería pasaba fielmente á manos• de su moza.
Entre los pretendientes de Juana era de los mas valentones
un guardabosques llamado Roberto. Ya desde luego notó este
la ventaja que sobre él daba á su rival la reciente liberalidad
de Cristiano , y movido de sus celos, se empenó en averiguar
el origen de aquella mudanza. Con esta mira siniestra, hízose
parroquiano del Sol ( que así se llamaba la posada de Wolf);
y su vista , aguzada por la rabia y la envidia , no tardó en
descubrir la procedencia de aquel dinero. Hacia poco cabal
mente que se habia renovado con desusado rigor un edicto
Contra los cazadores furtivos , á quienes condenaba á encierro
en la casa de reclusion. Roberto estuvo incansable en espiar
los secretos pasos de su enemigo ; y no hubo de costarle mu
cho cojer al atolondrado infraganti. Wolf fué preso ; y tan.
solo haciendo un abandono de sus cortos haberes, pudo des.-
viar la prision con una multa.
Robert6 estaba triunfante , pues su rival estaba perdido ; y
no era Juana una mujer capaz de dispensar sus finezas á un
pordiosero. Wolf conocía muy bien á su enemigo; y este ene
migo era el venturoso amante de Juana. La miseria y el de
samparo á que se vió reducido enconaron aun mas su lasti
mado orgullo : el hambre le impele al ancho mundo ; pero la
pasion y la venganza le detienen en su pueblo. Por segunda
vez se arroja á cazar furtivamente ; pero la vigilancia de Ro
berto , mas y mas enardecida , le sorprende por segunda vez
en el acto ; y entonces padece Woll todo el rigor de la ley,
pues ya nada mas le queda que dar, y le encierran en la casa
de correccion.
Vencido el ano de la condena, sin que menguara el ímpe
tu de su desacordada pasion , y mas que antes embravecido
por su misma desventura , no bien sale de prision , vá cor
riendo á su pueblo para mostrarse á Juana. Se le pone delan
te; pero Juana huye de él. Su triste desamparo ha doblegado
30
por fin su orgullo y vencido su flojedad. Vá á ver á los rica
chos del pueblo y les pide trabajar á jornal. Pero los campe
sinos se le encogen de hombros , al ver aquel cuerpo escuá
lido , y tanto mas endeble al lado de los robustos mozos de
labranza. Prueba entonces la última tentativa ; sabe que está
vacante un empleo , ,el postrero y mas abandonado para un
hombre de bien : pide ser guarda puercos del pueblo; pero los
labradores no quieren fiar sus cerdos á un tunante. Vrustra
do,en todos sus planes , por todas partes desechado, por ter
cera vez se hace cazador furtivo , y por tercera vez le hace
caer su mala suerte en manos de su tenaz enemigo.
La doble recaida habia agravado su culpa ; los jueces con
sultaron el código penal ; pero ni uno siquiera se paró en con
sultar la disposicion de ánimo del acusado. El edicto contra
los cazadores furtivos estaba clamando por un castigo solem
ne y ejemplar ; y el desdichado Wolf se vió marcado en la
espalda con la senal infamante de la horca, y condenado á
tres anos de presidio en una fortaleza.
Pero tambien pasó este tiempo, y salió de la fortaleza, pero
muy otro de como en ella habia entrado. Aquí principia una
nueva época en su :vida ; pero oigámosle á él mismo, como
lo manifestó mas tarde á su padre espiritual y ante el mismo
juzgado. « Yo entré en la fortaleza, dijo , como un hombre
estraviado , y salí de ella un desalmado. Todavía habia yo
tenido algo en el mundo que yo queda entranablemente, y
mi orgullo se retorcía debajo de la ignominia. Cuando me
llevaron á la fortaleza , me encerraron con veinte y tres pre
sos , entre los cuales habia dos asesinos , y los demás eran
ladrones y, foragidos. De mí se mofaban , cuando les hablaba
de Dios, y porfiaban por ensenarme horribles blasfemias con
tra el Redentor.—No pasaba dia que no se fraguase algun
plan abominable. Al principio huia yo de aquella gente, y me
agazapaba en un rincon por no oir sus coloquios ; pero yo
necesitaba companía , y mis bárbaros guardianes me habian
negado el perro leal que me habia seguido á la prision. El
trabajo ero duro y tiránico ; .yo estaba enfermizo ; necesitaba
ayuda , y si he de hablar con franqueza , necesitaba campa
sion , y esta hube de comprarla con el postrer residuo de mi
conciencia. Así fui acostumbrándome finalmente á lo mas
horrible ; y antes de terminar dano 'labia pujado sobre mis
maestros.
Desde aquel punto estuve anhelando la libertad, porque
con ella habia de llegar el dia de la venganza. Todos los hom
bres me habian ofendido, porque todos eran mejores y mas
dichosos que yo. Yo me consideraba como mártir del dere
cho natural y como víctima de las leyes. Rechinando los dien
tes, restregaba yo mis grillos, cuando salia el sol detrás de
la prision ; pues una dilatada perspectiva es para un preso
doble infierno. El viento que, colándose por el calabozo,
silbaba por las aberturas de la torre , y la golondrina que se posaba sobre las rejas , se me antojaba que me daban dente
ra , y me hacían mas horrorosa todavía la prision. Entonces juré un odio ardiente é irreconciliable á todo lo humano, y siempre he cumplido mis juramentos.
« Mi primer pensamiento, tan pronto COMO me vi libre,
fue correr á la ciudad donde habia nacido ; pues si bien poco
tenia que esperar allí para mantenerme , era mucho lo que en . ella se prometia la sed de venganza que me aquejaba. Latió
emlecealmcpoaranzaorino cdoenscvoilolalnetnecisao, bcrueaenldsootose vperceisneont;ómáasmnioviesrtaa ya aquella cordial complacencia que había sentido á la vuelta
de mi primera pere,grinacion. La memoria de todas las des
dichas y persecuciones que allí 'labia yo padecido despertó
de repente como de un sueno mortal ; no hubo herida que no
se abriese y que no chorrease sangre. Redoblé el paso, por
cuanto ya me gozaba con anticipacion en el placer de espantar
á mis enemigos con mi aparicion repentina, y estaba yo anhe
lando entonces mi humillacion tanto como en otro tiempo me
habla estremecido ante ella.
« Las campanas taliian á vísperas, cuando me hallé en me
dio de la plaza. Los vecinos iban presurosos á la iglesia; pronto
me reconocieron , y cuantos tropezaban conmigo retrocedian
de espanto. Siempre habia yo querido mucho á los ninos , y
aun en aquel punto, sin acertar á hacer otra cosa , ofrecí un
cuarto á un nino que pasaba brincando á mi lado. Miróme
el nino por un instante de hito en hito, y me tiró en seguida
el cuarto á la cara. A haber yo estado mas tranquilo, hubiera
recordado que la barba crecida que llevaba me desfiguraba
horriblemente ; pero mi mal corazon !labia infestado mi jui
cio , y corrieron por mis mejillas lágrimas amargas como
nunca hasta entonces las habia llorado.
« No sabe el nino quién soy ni de donde vengo, dije yo para
mí, y con todo huye de mí como de una bestia asquerosa. •
?Acaso estoy marcarlo en la frente, ó he dejado de tener traza
humana desde que siento que no puedo amar á los hombres?
—El menosprecio de aquel nino me amargó mas que los tres
anos de presidio por donde 'labia pasado , pues yo quería ha
cerle bien y no podia achacarle ningun ódio personal.
« Coloquéme en un taller de carpintería enfrente de la igle
sia; lo que yo quena no lo sé ; pero recuerdo sí que me le
vanté con la rabia en el corazon , cuando noté que ni uno de
mis conocidos que me pasaron por delante se dignó saludar
me. Apartéme entonces de aquel punto para buscar una posa
da, y al volver la esquina do una calle, tropecé con Juana.
! Posadero del Sol ! prorumpió ella en voz alta, haciendo
un ademan como para abrazarme. !Tú aquí otra vez, querido
posadero del Sol! ! Cuánto mealegro de verte! » La vestidura
de aquella mujer respiraba hambre y miseria, y su rostro
daba claros indicios de una enfermedad vergonzosa ; en una
palabra, todo su aspecto indicaba la criatura mas depravada.
Unos dragones que yo acnbaba de encontrar me hicieron pre
sumir que habla guarnicion en el pueblo, y desde luego adi
viné las resultas. Volvile , pues, la espalda con menosprecio,
profiriendo una palabra obscena ; pues sentía cierta satisfac
clon al ver á una criatura que valía menos que yo. Nunca la
habia yo querido.
« Mi madre habia muerto ; y mis acreedores se habian
pagado con la casita que me habia legado. Ya no tenia yo á
nadie ni nada en el mundo. Todos buian de mí como de un
apestado ; pero tambien había yo aprendido, á no tener ver.:.
lienza. En otro tiempo me. retraia de la vistade los hombres,
porque el menosprecio me era intolerable ; mas ahora me
complacia en asustarles con mi presencia. Ya nada tenia yo
que perder ni que guardar ; ya no necesitaba prenda alguna,
puesto que nadie quena concedérmela.
« El mundo todo estaba abierto ante mí ; quizás en otra
provincia me hubieran tenido por hombre de bien ; pero ni
siquiera tenia yo ánimo para parecerlo. La desesperacion y la
ignominia me halan impuesto finalmente aquel modo de
pensar. El único refugio que me quedaba se reducia á poder
prescindir de la honra, puesto que ya no me cabia pretender
á ella. Si mi vanidad y orgullo hubiesen sobrevivido á mi
humillacion , me hubiera quitado la vida.
.« Ignoraba yo aun lo que tenia resuelto ; quena obrar mal,
así lo recuerdo, aunque de un modo muy oscuro. Queda
merecer mi suerte. Las leyes, segun mi sentir, eran un be
neficio para el mundo, y así me propuse quebrantarlas. En
otro tiempo habia yo delinquido por necesidad y falta de re
flexion ; mas ahora queda yo delinquir por mi voluntad y
para mi placer.
Y 31
« Lo primero que hice fué emboscarme para cazar como
antes ; pues la caza habia venido á parar en mí en una pasion ;
fuera de que tambien era forzoso vivir. Pero no era este el
único móvil de mi resolucion, pues yo me gozaba en hollar
el edicto senorial y en causar á mi soberano todo el dano que
estuviese en mi mano. Ya no me daba cuidado que me pren
dieran , pues tenia una bala pronta para mi descubridor , y
mi carabina no erraba el blanco. Maté todos los animales
monteses que pude encontrar ; solo vendia una parte en la
frontera; lo restante lo abandonaba en el mismo sitio. Entre
tanto vivia yo miserablemente á trueque de comprar pólvora
y plomo. Las devastaciones que cometí en el monte llamaron
la atencion ; mas nadie sospechaba ya de mí , porque vivia
muy pobremente ; y mi nombre yacía en el olvido.
« Ya hacia algunos meses que llevaba yo esta vida. Una
manana, despues de haber recorrido el monte segun costum
bre , siguiendo la pista de un venado , ya empezaba á darle
por perdido, pues 'labia andado dos horas. en balde , cuando
le descubrí parado y á tiro. Apunto luego y voy á tirar , pero
de repente me sobresalta la vista de un sombrero tirado al
suelo á pocos pasos de mí. Entonces empiezo á mirar en torno,
y veo al cazador Roberto, que, oculto detrás del enorme tron
co de una encina, está apuntando al mismo venado para quien
destinaba yo el tiro. A la vista de aquel hombre, recorre mis
huesos un frío mortal. Aquel era precisamente el hombre á
quien yo, entre todos los vivientes, mas aborrecia , y á aquel
hombre le tenia yo á tiro de fusil. Parecióme en aquel mo
mento cual si el mundo entero estuviese en el cafion de mi
carabina, y cual si el odio de toda mi vida se me hubiese con
centrado en la yema del dedo con que iba á disparar el arma.
Una mano invisible, tremenda, se estaba cerniendo encima de
mí; la manecilla del horario de mi destino marcaba irrevoca
blemente aquel negro minuto. Temblábame el brazo, cual si
abandonara al .fusil la terrible eleccion ;— yo daba diente
con diente , como si tiritase de calentura, y el aire que inspi
raba se me aprisionaba en los pulmones de un modo que me
ahogaba. Un minuto entero estuvo vacilando mi fusil entre el
hombre y el venado— un minuto — y otro— y otro ; la ven
ganza y la conciencia estaban batallando tenaz y desespera
(lamente; pero ganó la venganza, y el. guardabosques cayó
al suelo.
« Cayóme el fusil.con el tiro... Asesino !... tartamudeé.
El bosque estaba callado como un cementerio... y oí muy
distintamente la palabra asesino que había proferido. Al lle
gar junto á aquel hombre, estaba en la agonía. Largo rato es
tuve parado y mudo delante del cadáver, cuando por último
una récia carcajada me desahogó el pecho. « ? Sabrás callar
ahora., compadre? dije, bajándome para volverle la cara al
otro lado.; ,pues tenia los ojos muy abiertos y desencajados.
Yo me puse sério y enmudecí ; empezaba á-sentir un 110 sé
qué.
« Hasta entonces habia yo delinquido á costas de mi ver
güenza ; pero en aquel punto acababa de suceder una cosa
que aun 110 había espiado. Una hora antes, nadie hubiera
podido persuadirme de que hubiese debajo del cielo una cria
tura mas malvada que yo ; mas ahora empecé á creer que
una hora antes era mi suerte.envidiable.
« No meocurrió, verdad es, la justicia de Dios; pero sí un
recuerdo confuso de la soga y el tajo , y la ejecucion de una
infanticida que cuando nino habla visto. Martirizabame el
pensamiento de haber de perder la vida ; pero de mas no me
acuerdo. Deseaba que aun viviese el difunto. Hacíame violen
cia para pintarme vivamente en la fantasía todo el dano que
aquel hombre me había hecho ; pero qué estrafieza! mi me
moria estaba como muerta ; no pocha 5.o evocar cosa alguna
de lo que , un cuarto de hora antes , me ponia furioso. No
comprendia , en una palabra , cómo había podido cometer
aquel homicidio.
« Entretanto , seguia yo delante del cadáver , cuando el chasquido de unos látigos y el rechinar de algunos carros que
atravesaban el bosque me hicieron volver en mi acuerdo. El
sitio donde me hallaba distaba apenas un cuarto de hora de
la carretera. Ya era hora de pensar en mi seguridad.
« Indeliberadamente me embosqué aun mas; pero ocurrióme
por el camino que el difunto poseia un reloj ; yo necesitaba
dinero para alcanzar la frontera, y con todo , no tenia ánimo
para s•olver al sitio donde yacía el muerto. Sobresaltóme aquí
el pensamiento del demonio y de la omnipotencia de Dios. Mas
yo recogí todas mis fuerzas , y resuelto á habérmelas con el
mismo infierno , volví al sitio fatal. Allí encontré lo que ha
bia esperado, y además, en un bolsillo verde, algo mas de un
duro en dinero. En el momento de írmelo á meter en el bol
sillo , me detuve y me puse á cavilar. Y no me atajaba cier
tamente ningun impulso de vergüenza , ni me detenia tam
poco el temor de agravar mi crimen con el robo. El orgullo
fué lo que me impulsó á tirar el reloj, y á no tomar del dine
ro mas qu'e la mitad. Yo queda ser tenido por enemigo per
sonal del muerto , mas no por ladron.
« Embosquéme en seguida corriendo, pues no ignoraba
que aquel monte se estendia nueve leguas al norte y termina
ba en los confines del estado. Anduve corriendo sin aliento
hasta medio dia. La celeridad de la carrera habia disipado
las angustias de mi conciencia; pero volvieron estas con redo
blada furia cuando me hallé rendido de cansancio. Mil hor
rendas figuras me pasaban por delante y me sajaban el pecho
corno afilados cuchillos. Tremenda era la opcion que me que
daba entre una vida llena de incesante temor de la muerte y
el suicidio; y yo debia elegir. Yo no tenia ánimo para salir
del mundo por mi mano; y con todo, me horrorizaba la pers
pectiva de permanecer en él. Estrechado entre los tormen
tos ciertos y presentes de la vida y los venideros de la eter
nidad, tan incapaz de vivir corno de morir, pasé la sesta
hora de mi fuga, hora prenada de tormentos que no hay hom
bre capaz de contar.
Embargado y lentamente, y con el sombrero muy calado
sin advertirlo, cual si con esto me hubiese puesto descono
cido ante los ojos de la naturaleza bruta, sepia yo un estre
cho sendero , que me conducia por lo mas enmaranado del
bosque, cuando de repente me gritó « alto! » una voz áspera
é imperiosa. Aquella voz estaba muy cerca ; mi distraccion
y el sombrero que tenia hundido hasta los ojos no me habian
permitido mirar en torno. Alcé la vista, y vi venir hacia mí á
un hombre bravío , que empunaba un nudoso garrote. Su
estampa era agigantada; así me lo hizo creer al menos mi pri
mer asombro; y su tez era de mulato , resaltando horrorosa
mentesobre su negrura la blancura de un ojo bizco. Llevaba,
en vez de cinturon., una gruesa soga pasada sobre una levita
de pano verde, donde tenia metido un cuchillo de monte y
una pistola. Repitió aquella figura el grito , y un brazo ro
busto asió el mio. La voz de un hombre me habia sobresalta
do; pero la vista de un malhechor me infundió aliento , pues
en la situacion en que 5 o me hallaba, tenia motivos para tem
blar ante todo hombre honrado , mas no ante un fornido.
— « ?Quién eres?» dijo la aparicion.
— « Un igual tuyo , » contesté , « si eres efectivamente lo
que pareces.
-
« No se trata de eso ; ? qué es lo que andas buscando
por aquí ?
— « ? Con qué derecho me lo preguntas? » contesté con
altivez. •
D§ 32 De
'te Aquel hombre me estuvo mirando de pies á cabeza, como
si tratase de comparar mi figura con la-suya, y mi respuesta
con mi figura.
— «Estás hablando con aspereza como un mendigo ,» dijo
Por fin.
— « Todo puede ser, como 'que ayer lo fui.
— « Así lo jurarla yo, »_prorumpió aquel hombrocon una carcajada; «y no querrás ahora que te tengan por de mejor
condicion.
-
« POCO se me dá que me tengan por cosa peor ; » Y di
ciendo estas palabras, hice ademan de seguir mi camino.
— « ! Despacio, compadre! ? A. qué tanta' priesa ? ! Tanto
te apremia el tiempo ! »
« Yo estuve cavilando un rato; y no sé cómo me vinieron
estas palabras á la lengua : « La vida es corta , » dije con re
tintin , « y el infierno dura eternamente.»
«Aquel hombre me miró de hito en hito. « Qué me ma
ten , » prorumpió finalmente, « si no te has escapado de la
horca.
— « Eso bien podrá venir andando el tiempo. Abur, 'ca
marada.
« ! Aguarda, compadre !» gritó, sacando del zurron de
caza un frasco de estafo, que se arrimó á los lábios y me alargó despues. La fuga y las angustias habian acabado con
mis fuerzas, y en todo aquel horroroso dia no habita yo pro
bado bocado. Ya estaba yo temiendo morir de necesidad en aquel monte, donde á cuatro leguas en contorno no podia ha
llar de qué comer. Júzguese pues con cuanto placer admitida
yo el trago. Con él corrieron fuerzas nuevas por mis huesos,
cobré ánimo y amor á la vida. Hasta empecé á creer que no
era yo tan desdichado como me habia parecido ; ! tanto pudo
aquel sorbo de aguardiente! Sí, .fuerza es confesarlo, mi si
tuacion rayó en feliz; pues por fin, despues de mil esperan
zas burladas, habla tropezado con un hombre queso me se mejaba. En el estado en' que yo habia caido , me hubiera
asoCiado con el diablo, á trueque de tener un camarada á
quien confiar mis penas.
« Aquel hombre se habia echado sobre la yerba, y yo hice
otro tanto.
— « El trago que me has dado mé ha hecho bien, » dije al
cabo de un rato. « Bueno será que nos conozcamos mas ínti
mamente.»
« El hombre del bosque sacó fuego para encender la pipa.
« ? Hace mucho que estás en el oficio ? »
« Miróme de hito en hito.— « No te entiendo.
—«? Cuántas veces se ha ensangrentado eso ? » dije yo sa
cándole el cuchillo del cinturon.
— « ?Quién eres tú? » dijo asustado, y quitándose la pipa
de los labios.
— « soy un asesino como tú... pero no mas que un prin
cipiante.» .
« Aquel hombre me miró, y volvió á tomar la pipa.
-
« ? Tú no serás de éste pais ? » dijo.
—Soy de siete leguas de aquí... soy el posadero del Sol
de L... si es que has oido hablar de mí.»
« Al oir estas palabras, lévantóse el hombre arrebatada
mente. « ! Tú eres el cazadorWolf ! » gritó.
— « El mismo.
— « !Bien venido, camarada, bien venido! dijo sacudién
dome las manos con viblencia. !Cuánto me alegro de tenerte
por fin, compadre ! Ya hace*anos y anos que estoy pensando
en tí ; yo te conozco muy bien; todo lo sé, siempre he con
tado contigo.
— « ! Has contado tú conmigo ! ?pues para qué ?
— « Todo el pais está hablando de tí. Tú tienes enemigos;
un empleado te perdió , Wolf. ! Se han portado contigo con
una barbárie inaudita ! »
« Aquí se acaloró aquel hombre, y prosiguió de esta mane
ra.— « Porque has muerto un par de jabalíes, que el prín
cipe hace pacer por nuestras dehesas y barbechos, te han te
nido largos anos preso en la casa de correccion y en la forta
leza, te han robado casa y ajuar, en una palabra, han hecho
de tí un podiosero. ?Hemos llegado pues á un tiempo en que
no ha de valer más un hombre que una liebre? ? Acaso no
valemos nosotros mas que el ganado que está paciendo por
los Campos ? ! Y un hombre como tú habia de sufrir tanto
baldon !
— « ?Pero podia yo remediarlo?
« Eso allá se verá. Pero dime, ? de dónde vienes ahora,
y á qué bueno ? »
« Contéle entonces cuanto me habia pasado. Pero aquel
hombre, sin aguardar á que yo hubiese acabado, se levantó
precipitadamente con alegre impaciencia ; y cogiéndome del
brazo para que le siguiese', dijo ; « Ven , amigo Wolf, ahora
estás maduro, ahora te tengo como te necesitaba , yo haré
de tí algo de provecho; sígueme.
— « ? A dónde quieres llevarme ?
— « ! No mas preguntas! sígueme, te digo; » y con estas palabras , me arrastró tras sí.
« Ya habíamos andado un cuartito de hora. El monte se volvia mas enmaranado y escabroso ; ni él ni yo decíamos
una palabra, cuando el silbido de mi guia me sacó de mi ca
vilacion. Miré delante, y ví que nos hallábamól en la orilla
de un precipicio. Otro silbido contestó de lo interior de la
sima , y una escala de cuerda fué subiendo lentamente como
por sí misma. Mi gula se. descolgó, mandándome esperar, hasta que volviese. « Ante todo, dijo, debo sugetar al perro,
pues como no te conoce, te baria pedazos.» Diciendo estas palabras, desapareció.
« Hallérne solo entonces delante de la sima, y me constaba
perfectamente qúe estaba solo. No se me ocultó la imprevision
de mi gula; y con alguna resolucion por mi parte, hubiera podido subir la escalera, con lo cuál quedaba yo libre de toda
persecucion. Confieso que así lo pensé. Estuve mirando allá
en la sima que me habia de tragar, y aquello me trajo á la
pmeecmé oáriaesetrleambiescmeormdeel iannftieernlao,cdaerlreqruae qyuae nyooca'rbnee sdailsipr.onEima á emprender; solo una pronta fuga podia salvarme. Ya resuel
vo huir; ya alargo la mano para subir la escalera ;—pero de
repente me pareció oir una voz de trueno que resonaba como
una carcajada del infierno, y me decia : .Qué tiene que per der un asesino?» — y me cae el brazo sin fuerzas. Mi cuenta
estaba llena; 'labia ya volado el tiempo del arrepentimiento;
el asesinato recien cometido se encumbraba á mis espaldas
como un penasco, y atajaba mi retroceso eternamente. Al
bmaisjamro. Ytiaemripoocaabpiaareecniótonmciesgeulieac,ciqounien me dijo que ya podia , y me descolgué con el.
«No bien hubimos andando algunos pasos-por debajo , se ensanchó el piso, y vi unas cuantas chozas en una hondona
da. En medio de ellas habla un pequeno espacio cubierto de
menuda yerba, en el cual habla unos veinte individuos, entre
hombres y mujeres, en torno. de una hoguera de carbon.
« ! Aquí teneis , camaradas, » dijo mi guia presentándome
ábieaqnuvelelnaidgae.nte, « aquí teneis al posadero del 'Sol 1• dadle la
pán«d!oEsle epnostaodrenroo.deSluSoall!eg»rígaritaron todos levantándose yagol me pareció sincera y cordial, fuerza es confesarlo. No habia allí semblante que no respira sqeuiceonnfmiaenzcao,gyiahpaostra reel spveetsotid; oqu;iepnaremceiaecsotrmecohasibvaollvaiemseannoá,
ver á un conocido antiguo y querido. Mi llegada habla in
terrumpido el banquete. Sirviéronle luego , y me obligaron
á brindar por mi feliz llegada. Componíase la comida de car
ne de venado; y la botella de vino circulaba sin cesar. Dirian
que el bienest/r y la concordia animaban á toda la gavilla ,
y todos porfiaban por mostrar la alegría que les causaba el
verme con ellos.
« Habíanme colocado entre dos mujeres ; lugar preferente
en la mesa. Yo esperaba ver allí la hez del sexo ; pero grande
fué mi asombro, cuando vi entre aquella gente depravada las
dos mujeres mas hermosas que hubiese conocido hasta enton
ces. illargarita , la de mas edad y la mas bella , se hacia tra
tar de senorita, y tendría apenas veinte y cinco anos. Su ha
bla era atrevida , y sus ademanes mas atrevidos todavía.
María, la mas joven , estaba casada ; pero habia huido de su
marido , que la maltrataba. Conociase que 'labia recibido
mejor educacion que su companera ; pero que tenia el sem
blante muy pálido y estaba delicada. Con todo , me dejé
prendar de esta antes que de aquella.
« Ya ves , compadre , dijo el hombr e que allí me habla
conducido ; ya ves la vida que llevarnos ; todos los días son
como este ; ? no es verdad, camaradas ?
« Sí, todos los días son como este, » gritó toda la cua
drilla.
— « Si te agrada pies nuestro modo de vivir, venga esa
mano , y serás nuestro capitan. Hasta ahora lo he sido yo ;
pero á tí cederé gustoso el *puesto. ?Os parece bien , camara
das? »
« Un recio sí fué la unánime respuesta.
« Mi cabeza estaba ardiendo, mi cerebro atontado: me her
vía la sangre de vino y concupiscencia ; el mundo me 'labia
echado de sí como á un' apestado ; aquí hallaba yo cordial
acogida , bienestar y respeto. De todos modos, y cualquiera
que fuese mi eleccion , me aguardaba una muerte violenta ;
pero aquí podia yo al menos vender mi vida á mas subido
precio. La concupiscencia era en mí una pasien desenfrenada;
el otro sexo no me había mostrado hasta entonces mas que
menosprecio; aquí me estaba brindando con placeres sin tasa.
Poco hubo de costarme el resolverme.— « ! Con vosotros me
quedo , camaradas !» grité en voz recia y resuelta, adelantán
dome en medio de ellos ; « con vosotros me quedo,» repetí,
« si me cedeis mi hermosa vecina.» — Convinieron todos en
mi demanda ; y con esto vine á ser dueno de una prostituta,
y capilar) de una gavilla de salteadores.»
Lo restante de esta historia lo pasaremos en silencio ; por
cuanto lo meramente horroroso para nadie puede ser instruc
tivo. Un desdichado que habia caido á tanta hondura habia
de permitirse cuanto horroriza 5 la humanidad ; pero bueno
es que conste que no cometió otro asesinato, segun él mismo
lo afirmó en el cadalso.
La fama de este hombre se estendió luego por toda la pro -
vincia. No habia seguridad en las carreteras ; asaltos noctur
turnos traian desasosegados á los campesinos, el nombre del po
sadero del Sol causaba universal zozobra; la justicia le andaba
buscando con alible°, y se puso á talla su cabeza. Pero él tuvo
la dicha de burlar cuantos planes 'se combinaron para pren
derle, y supo aprovecharse de la supersticion de los crédulos
campesinos. Hasta sus mismos companeros llegaron 5 persua
dirse de que tenia hecho un pacto con el demonio. El territo -
rio donde representaba su papel era en aquel tiempo uno de
los mas atrasados de Alemania ; y la general creencia de que
era un brujo contribuía en gran manera á su seguridad per
sonal ; pues nadie quena habérselas con un foragido que te
nia 5 sudisposicion al mismo diablo.
• Ya hacia un ano que llevaba tan triste vida, cuando empe
TOMO 1.
zó 5 hacérsele intolerable. La gavilla á cuya cabeza se 'labia
puesto no realizaba sus brillantes esperanzas. Un esterior en
ganoso le habia cegado en otro tiempo en medio de la em
briaguez; mas ahora echó de ver con espanto cuánto se habia
hundido. Hambre y miseria reemplazaron la abundancia con
que le habian brindado ; no pocas veces hubo de arriesgar la
vida por un bocado de pan para hambrear luego. Voló aque
lla imagen fantástica de fraternal concordia ; la envidia, la
suspicacia y los celos estaban batallando en lo interior de
aquella gavilla. La justicia 'labia prometido un .premio al que
le entregase vivo , é indulto , si era cómplice suyo quien lo
vendieSe ! tentacion poderosa para la hez de la tierra ! El
desdichado estaba hecho bien cargo del plisa) que corría ;
pues mala prenda erade suvida la lealtad de aquellos que de
linquian constantemente contra Dios y los hombres. Ya no
podia conciliar el sueno ; angustias mortales é incesantes •le
acosaban ; la horrenda fantasma de la sospecha arrastraba
tras él sus cadenas 5 donde quiere que huyese, le martirizaba
en vela ,se encarnaba 5 su lado cuando se acostaba, y le ater
rorizaba con horribles ensuenos. La conciencia , que habia
enmudecido, recobró otra vez el habla ; y el áspid del arre
pentimiento, que habia estado durmiendo; despertó de nuevo
en aquel tumulto general de su pecho. 'fodo su ódio se apar
tó entonces de la humanidad para volverse contra él mismo
con redoblada violencia. Él perdonó á la naturaleza entera, y
no halló por maldecir ,mas que así propio.
El vicio habia completado su ensenanza en el desventura
do ; su natural buen entendimiento arrolló por fin la triste
ilusion. Sintió toda su degradacion ; una quieta melancolía
sucedió á la rabiosa desesperacion. Él estaba llamando lo pa
sado con ardorosas lágrimas, porque sabia que lo emplearía
de muy distinta manera. Hasta empezó .5 esperar que todavía
pocha ser hombre de bien, porqué sentía que podía sedo. Así
fué como, en la mas alta cumbre de su depravacion , se ha
llaba mas cerca del bien que lo había estado quizás antes de
sn desliz primero.
Por este mismo tiempo habia estallado la guerra llamada
de siete anos, y los oficiales reclutas iban enganchando mozos
á porfía. En esta circunstancia vió el desdichado una vislum
bre de esperanza, y escribió á su soberano una carta , que
extracto á continuacion :
« Si vuestra real gracia no tiene 5 menos bajar hasta mí; si
los criminales de mi especie no yacen fuera del alcance de
vuestra compasion , dignaos oirme, Senor: yo soy asesino y
ladron; la ley me condena á muerte, la justicia me anda bus
.cando; — y yo me ofrezco á presentarme voluntariamente.
Pero traigo al mismo tiempo una súplica muy rara á los pies
de vuestro trono. Yo detesto mi vida , y no temo la muerte ;
pero me horroriza el morir sin haber vivido. Yo deseara vivir
para espiar una parte de lo pasado, para aplacar al estado 5
quien he ofendido. Mi muerte en el cadalso será para el mun
do un ejemplo , mas no una reparacion de mis hechos. Yo
detesto el vicio, y anhelo la honradez y la virtud. Yo he mos
trado facultades para venir á ser temible para mi patria ; y
todavía me quedan algunas para emplearme en su servicio.
« Bien sé que estoy pidiendo algo desusado. Yo merezco la
muerte, y no debo entrar en negociaciones con la justicia.
Mas no parezco ante vos aherrojado.., aun estoy libre.., y no
tiene el miedo la menor parte en la súplica que os dirijo.
« Gracia es lo que pido. Aun cuando tuviera un derecho 5
la justicia, no osara hacerlo valedero.—Con todo, algo pudie
ra yo recordar á mis jueces. La época de mis crímenes empie
za con la sentencia que me arrebató la honra para siempre.
Si en aquel entoncesno se me hubiese negado la justicia, qui
zás no necesitaria yo ahora pediros gracia.
o
w 3•
« Dispensadme gracia , Senor , no ya justicia. Si está en
vuestras altas atribuciones aplacar por mí la ley , regaladme
la vida , que desde ahora pongo para siempre á Vuestro ser
vicio. Si podeis hacerlo , veré vuestra voluntad en los papeles
públicos ; 'y bajo vuestra palabra soberana, me presentaré en
la capital. Pero si lo teneis resuelto de otro modo , haga la
justicia lo que le parezca , que yo haré otro tanto conmigo.»
A esta súplicaano tuvo contestacion , como tampoco la re
cibió á otras dos en que pedia una plaza de ginete al servicio
del príncipe. Con esto se desvaneció completamente su espe
ranza de perdou ; y resolvió huir del pais para ir á morir co
mo soldado al servicio del rey de Prusia.
Logró separarse de su gavilla y emprendió el viaje. Cabal
mente habia de pasar , con el camino que llevaba , por una
pequena ciudaddonde queria detenerse una noche. Hacia poco
que se habian pasado á las autoridades locales órdenes muy
rigurosas respecto de los viandantes, porque el soberano del
pais , que era príncipe del imperio , habia tenido á bien to
mar parte en la guerra. El guarda de la puerta de aquella
pequena ciudad estaba sentado delante de la barrera, cuando
llegó Wolf montado. El traje de este hombre era estrafalario,
desalinado y estranó al mismo tiempo. El rocinante que mon-
taba, y lo grotesco de su vestido para el cual habia consulta
do probablemente, antes que su gusto, la cronología de sus
robos, formaba reparable contraste con un rostro donde se
leian pasiones aviesas y padecimientosprofundos. El empleado
de la puerta se inmutó á la vista de aquel viajero tan raro ;
ya llevaba cuarenta anos de guarda de la puerta, como qué
habla encanecido en este empleo, y adquirido un tino certero
para juzgar por la fisonomía de las intenciones de los viaje
ros. El ojo de halcon de aquel sabueso conoció tambien aquí
á su hombre; por donde no vaciló en atrancar la puerta, y pi-.
dióle á Wolf el pasaporte, cogiendo el caballo por el freno.-
Wolf iba Ya prevenido, y tanto, que llevaba consigo un pasa.
porte que no había mucho que habia quitado á 1111 mercader.
Pero no bastaba este solo testimonio para volcar cuarenta
anos de observacion fisiognomónica, ó para mover á una re-.
tractacion al oráculo de la puerta. Este dió mas crédito á sus
ojos que á aquel pedazo de papel, y Wolf hubo de seguirle á
la casa del ayuntamiento.
El alcalde examinó el pasaporte y le declaró corriente. Pero
este buen hombre era muy amante de noticias y de charlar
sobre la gaceta con 'una botella al lado. Como decia el pasa
porte que el portador •venia directamente del teatro de la guer
ra, trató de sacar del forastero algunas noticias reservadas,
y • le envió inmediatamente el secretario con el pasaporte para
invitarle á beber con él una botella de vino. Entretanto esta
ba aguardando Wolf delante de las casas consistoriales; y su
traza grotesca habia atraido en torno suyo al populacho y á
los papanatas del pueblo. Aquellas gentes se hablan al oido y
senalan con el dedo al ginete y el caballo, y acababan por ar
mar un alboroto. Desgraciadamente era robado el caballo ; y
Wolf se imagina que le conocen ; el inesperado agasajo del ala
ealdé le confirma en su sospecha ; y desde luego dá por su
puesto que han descubierto el engano del pasaporte, y que
aquel convite no es mas que un lazo para cogerle vivo v sin
resistencia. La mala conciencia le hace perder la cabeza ; dá
un espolazo á sucaballo, y se escapa sin contestar al secreta
rio, que, en nombre del alcalde, le convidaba.
Aquella fuga repentina aumenta el alboroto.
« Es un bribon !» gritan todos, y todos se precipitan tras
él. Pero tratase para el ginete de vida ó muerte ; ya tiene la
delantera, sus perseguidores le ván siguiendo de lejos y ja
deando ; ya casi está en salvo; pero una mano invisible se
le cierne encima; ya se vá acabando la arena de su reloj; la
inexorable Némesis detiene á su deudor : la calle por donde
se metió no tiene salida , y hay que volver para atrás contra
sus perseguidores.
La gritería provocada por este incidente ha alarmado en
tretanto á toda la poblacion , y los vecinos salen á la calle, y
vá á mas el gentío que ataja las calles y sedirige contra el fo
rastero. Este ensena una pistola, y la gente se retira; él quie
re abrirse paso. por entre la turba, diciendo : « Este tiro será
para el atrevido que quiera detenerme.» El miedo impone
silencio por un momento ; pero .un mozo cerrajero, mas ani
moso , le embiste por la espalda, y le hace saltar la pistola de
la mano en el instante en que el furioso Wolf iba á disparar:
Viéndole inerme, el populacho se le echa encima , le arroja
de caballo , y le arrastra en •triunfo á las casas consisto
riales..
— «? Quién sois? le pregunta el juez en tono desabrido,
• — « Soy un hombre resuelto á no contestar á ninguna pre
gunta que no se me haga con la debida urbanidad.
« ?Quién es V. ?
— (, soy lo que dice el pasaporte. He recorrido toda la
Alemania; pero en ninguna parte he visto tanta grosería co
mo en este pueblo. .
— « La inesperada fuga de V. le hace- á V. sospechoso.
? Pórqué huia Y.?
— « Porque ya estaba fastidiado de.ser el hazme reir del
populacho.
— « V. amenazó hacer fuego. .
-- «la pistola no estaba cargada.» Aquí se examinó la •
pistola, y se vió que en efecto no tenia bala dentro.
— « ? Porqué lleva V. consigo armas ocultas?
— « Porque traigo conmigo efectos de algun valor, y por
que me han hablado de un tal posadero del Sol, que , segun
aseguran, anda por estos contornos.
-
Sus contestaciones de V. prueban que es V. hombre
de valor, mas no bastan para justificarle. Hasta manana por
la manana le doy á V. de tieinpo para declarar la Verdad:
-
« Yo insistiré en lo dicho.
d- Llévenle á la turre.
« ! A la torre! Esporo, senor alpalde, que todavía habrá"
justicia en este pais. Yo le pediré á V. una satisfaccion.
— « Yo estoy muy dispuesto á dársela á V., en cuanto se
haya V. justificado*. »
Por la manana del dia siguiente estuvo cavilando el alcal
de que quizás era inocente el forastero, que nada recabada
de él con tono imperioso , y que lo mas acertado seria tratar
le con moderacion y decoro. Reunió pues el jurado , y man
dó que le trajesen el preso.
— « Espero que se servirá V. disculpar el mal tratamiento
de ayer, y que lo atribuirá V. al primer acaloramiento.
— « Estoy muy dispuesto á contestar á V.
« Nuestras leyes son muy rigurosas, y el lance de V. ha
llamado la atencion. Yo no puedo ponerle á V. en libertad
sin faltar á mi deber. Las apariencias están contraV. Yo de
seara que me dijese Y. algo que las desvaneciese.
-
« ? Mas si nada pudiera yo decir ?
— « En ese caso, he de dar parte al gobierno de lo ocur
rido , y entretanto se quedará V. preso.
— « ?Y luego?
— « Despues es muy posible que, como á vagabundo, se
le eche á Y. del pais á latigazos, ó cuando menos, que le
declaren á V. soldado.»
Wolf estuvo callado un rato, como si batallase consigo,
y en seguida se encaró resuelto con el juez. •
s
— « ?No podria yo estar solo con V. un cuarto de hora ?»
Los demás magistrados se miraron unos á otros en ademan
Y1 35 K
receloso ; pero hubieron de salir de la hizo su presidente, sala á una sena que les afros que está V. en el mundo; habrá V. padecido mucho, ?no es Verdad? y se ha vuelto V. mas humano. -- « A ver, ? qué quiere V. decirme? — « A fé mia que no comprendo... — « La conducta de V. de ayer, senor alcalde, jamás me bu- — « qhdbuáeiecesraiaamfiaVmer.tortv;aoiptddauaoeVseá.scpchreooecoynifemeqsdueaeerhlveaaisoivnlVeef.unrducnanidadi.h,doopPmoerrerbqosrupeee.ldcatteeonbmgyieoocndou.ennrsaicpdileoarncaecrciooennn edpbsirlctaoaennmdtáooiVs?nEe.esrtceiácleos'cVirotd.ariráaaázpaoYn)c.o?omsl?apiNsaneoseroigascadordirávediinlaVaa.aenVtáet.erlcnooeislndhatrqodiumb..iu,ebnnpraerelsos.ndtáet?oN.VD.a..idomash;ualyie.
— « ? Pero qué tiene Y. que decirme ? — « ! Acabe Y. por Dios !... ! Y. me asusta ! — « Veo que es V. un hombre de bien. Ya hace mucho — « ?No lo adivina V.?... Escriba V. al príncipe como me tiinefmlapmoeqVu.eqdueeseleabeastyreocehnecloanmtraarnoá. un hombre como V. 'Per- eRnuceognuteróY.V..p.,oyr-qmuíe, yaonmciiasnmoo, esypdoenjteánYe.amcaeenrteenmesedgeusciduabruín..a. — « ! A qué vendrá á parar todo eso ! lágrima sobre el parte. Soy el posadero del Sol. »
— « V. tiene la cabeza cana y venerable ; ya hace largos Antonio Bergnes de las Casas.
Los dos ángeles.
por tirummarber.
Abrazados como hermanos, iban recorriendo la tiorra el
ángel del sueno y el de la muerte. Ya anochecia. Sentáronse
en la cima de un collado, no lejos de las moradas de los hom -
bres. Reinaba en torno una melancólica quietud, y tambien
enmudecia el esquilon de la lejana aldea. Callados y tranqui
los , como suelen estarlo , tenianse carinosamente abrazados
los dos genios benéficos de la humanidad , y ya se acercaba
la noche. Levantóse entonces el ángel del sueno de su mus
goso lecho , y empezó á esparcir con ligera mano las invisi
bles semillitas del sueno. Los suaves céfiros las llevaron á las
habitaciones del cansado labrador , y al punto se dejaron
caer en brazos del dulce sueno los moradores de las campes
tres chozas desde el anciano que anda apoyado en el báculo,
hasta el infante que se mece en la cuna. El doliente olvidó
sus padecimientos, el afligido su desconsuelo , el menesteroso
su miseria. Cerráronse los ojos de todos ellos. Terminada su
tarea, sentóse el benéfico ángel del sueno al lado de su mas
grave hermano. « Cuando despierte la aurora , dijo él con ri
suena inocencia , me alabarán los hombres como á su amigo
y bienhechor. ! 011 ! qué placer iguala al de hacer bien se
cretamente y sin ser visto ! ! Cuán felices somos nosotros
mensageros invisibles del buen Genio ! ! -Cuán bella es pues-,
tra VOCaCi011! » Así habló el amable ángel del sueno..
Mirábale el ángel de la muerte con callada melancolía , y
asomó á sus ojos una lágrima como las derraman los in
mortales. « ! Ay I » dijo él, « !que no pueda yo, como tú , ce
lebrar la alegre gratitud de los hombres! A mí me llama la
tierra enemigo suyo y perturbador de sus gozos. » Oh !
hermano inio , repuso el ángel del sueno, ?tan pronto has.
olvidado que cuando despierte el bueno, reconocerá en tí
su amigo y bienhechor, y te bendecirá agradecido? ?No so
mos nosotros hermanos y rnensageres del mismo Padre? »
Así habló él, y .en aquel punto brillaron de júbilo los ojos
del ángel de la muerte, y estrecharon sus abrazos los dos gé
nios hermanos.
Los tres amigos.
por tjerber.
No te fie,s de ningun amigo , que no le hayas probado.
Amigos, hay muchos á la mesa del banquete ; pocos, empe
ro, 6 acaso ninguno, á la puerta de la cárcel.
Tenia un hombre tres amigos ; y de estos quena muchísi
mo á los dos; pero el tercero le era indiferente , aunque era
el que á él mas le queda. Un dia fué demandado ante el tri
bunal para.responder á unos cargos que, sin fundado mo
tivo, se le hacian. « ?Cuál de vosotros, dijo él, quiere acom
panarme y atestiguar mi inocencia? Se me ha hecho un car
go muy grave, y el Rey está airado conmigo. »
El primero de sus amigos se disculpó desde luego, di
ciéndole que sus muchos quehaceres no le permitian acompa
narle. El segundo le acompanó hasta la puerta del juzgado;
pero llegado allí, le volvió la espalda, y se fué otra vez á sus
negocios, porque tuvo miedo de presentarse ante el airado
Antonio Bergnes de las Casas.
Juez. El tercero, con quien él menos había contado , se me
tió dentro con él, habló en su defensa, y atestiguó su inocen
cia con tantas veras , que el Juez le absolvió , y hasta le hi
zo un regalo.
Tres amigos tiene el hombre en este mundo ; ? pero cómo
se portan en la hora de la muerte, cuando Dios le llama á
su tribunal supremo? El dinero , que es su mejor amigo , es
el primero que le abandona , y no vá con él. Sus parientes y
amigos le acompanan hasta la puerta del sepulcro, y se vuel
ven luego á sus casas. El tercero, de quien tan poco aprecio
hizo por lo mas en vida , son sus buenas obras. Estas solas
le acompanan hasta. el trono del Juez, ván delante , hablan
P01' él, y alcanzan misericordia y gracia.
Antonio Bergnes de las Casas.
36 l<
Encuentro inesperado.
por jelict.
Hace algo mas de cincuenta anos que, en el pueblo de Falun,
en Suecia , dió un joven minero un beso á su linda novia,
diciéndole : « El dia de Santalucíabendecirá el cura nuestro
amor, y seremos marido y mujer, y nos edificaremos un ni
dito. » — « Y en él morarán la paz y el amor, repuso la her
mosa novia con graciosa sonrisa ,- pues tú eres mi único y
mi todo , y sin ti, me fuera la vida tan enojosa! »
Mas cuando unos pocos dias antes de Santa Lucía los hubo
proclamado el párroco por segunda vez, dió la muerte un
aldabazo á la puerta de uno de estos venturosos amantes.
Cuande á la manana siguiente Pasó el joven 'minero por de
lante de la cabana de su querida, llamó á su ventana y le dió
los buenos dias, mas no volvió á darle las buenas tardes, pues
nunca mas volvió de la mina, y en vano estuvo ella haciendo
un dobladillo, aquella misma manana, á una corbata negra
que (merla -regalarle el dia de las bodas ; pero como el novio
nunca acababa de llegar, puso la triste la corbata á un lado,
lloró su. muerte y no le olvidó jamás.
Entretanto destruyó un temblor de tierra la gran ciudad
de Lisboa en Portugal, y pasó la guerra de los siete anos, y
murió el emperador Francisco 1, y quedó disuelta la órden
de los Jesuitas y partida la Polonia , y murió la emperatriz
'aria Teresa, y fué ajusticiado Struensee, el privado del rey
de Dinamarca ; la América inglesa conquistó su independen
cia, y las fuerzas unidas de Espana y Francia no pudieron re
cobrar la plaza de Gibraltar; Los Turcos encerraron al general
.Stein en la cueva de los Veteranos, en Hungría, y murió tara
bien el emperador José ; Gustavo , rey de Suecia invadió la
Finlandia rusa, y empezó la revolucion francesa y la larga
guerra, y el emperador Leopoldo II bajó tambien al sepul
cro. Napoleon invadió la Prusia, y los Ingleses bombardea
ron la ciudad de Copenhague, y los campesinos seguian sem
brando y segando. Los Molineros molian, y los herreros ferja
ban , y los mineros cavaban la tierra, én busca de venas
metálicas, en sus talleres subterráneos. Mas al tratar los mi
neros de Falun, en el ano 1809, pocos dias antes ó despues de
San Juan, de abrir un hoyo entre dos capas , á mas de tres
cientas varas de profundidad , sacaron de los escombros y
del agua saturada de sulfato de hierro el cadáver de un man
cebo, enteramente penetrado de la misma sal, pero fuera de
esto , incorrupto y sin la menor alteracion ; y tanto , que
todavía podían reconocerse sus facciones y edad, como si
hubiese muerto en aquel mismo instante, ó corno Si se hu
biese echado á sestear en medio de su faena. Mas cuando le
hubieron sacado de la mina, nadie conoció al mancebo dor
mido, ni supo nada de su desgracia (pites sus padres, ami
gos y conocidos habian muerto tambien ya hacia mucho tiem
po), hasta que se presentó la que habia.sido novia del minero,
que allá, en dias muy lejanos, se habia metido en la mina,
y no habia vuelto á subir. Toda cana y encogida, llegó
aquella caduca mujer al sitio, apoyando su encorvado cuerpo
en una muleta, y reconoció á su novio ; y con gozosa, antes
que con dolorosa sorpresa, dejóse caer sobre el querido cadá
ver; y despues que se hubo recobrado de la violenta emocion
de júbilo que la embargó durante un buen rato, prorumpió
en estas palabras : « Es mi novio, á quien he estado llorando
durante cincuenta anos, y que Dios me deja ver finalmente
.antes de morir. Ocho dias antes de la 's bodas, bajó mi querido
á la mina, y nunca volvió, »
Estas palabras arrancaron lágrimas á los circunstantes, que
estaban viendo á la novia en edad caduca, y al novio en
toda su juvenil hermosura ; pero él no abria la boca para
sonreirse ni los ojos para reconocerla. Finalmente mandó ella
á los mineros que lo llevasen á su cabana, como cosa que era
suya esclusivamente , hasta que le hubiesen dispuesto un se-
.
. pulcro en el cementerio. Al dia siguiente, cuando fueron á
buscarle los mineros para llevarlo al campo santo , abrió
ella una arquita , sacó una corbata negra , se la puso á él al
cuello, y echó á andar trabajosamente á su lado , vestida de
fiesta, cual si fuera un dia de bodas', y no de entierro.; .en
seguida, cuando le hubieron bajado al hoyo , 'dijo : « Haz
por dormir bien un dia mas ó diez á lo sumo en el fresco
tálamo y no te impacientes ; pues poco es lo que me queda
que hacer, y pronto vuelvo, y amanecerá luego.— Lo que
una vez ha restityido la tierra, no lo guardará por segunda
vez, » dijo en el acto de marcharse y de volverse á mirar á
su novio.
El Verano polar.
Sabido es que las tierras polares, por efecto de la posicion
oblícua del eje de la tierra respecto de la órbita terrestre, tie
nen, en invierno, una noche que dura meses enteros, y en ve
rano, un dia de igual duracion. Segun el sueco Oscar Schmidt,
se hace en gran manera reparable la influencia. de esta marcha
de la naturaleza, no menos en el hombre que en los animales
y en las plantas. Con lágrimas en los ojos le refirió la mujer
de un alto funcionario en Tromsoe , capital de la Norlandia,
en Noruega, la cual no estaba de nina acostumbrada á este
fenómeno, cuán horrorosa le habla parecido la ausencia del
sol durante una noche de dos meses. Segun los viajeros, ejer
ce el sol boreal en los que están acostumbrados á la regular
alternativa de luz y oscuridad una influencia muy escitante,
Antonio Bergnes de las Casas.
que hasta se deja conocer en los naturales de aquellas regio
nes. Los ninos juegan hasta despues de media noche, las aves
y otros animales, que en otros climas gustan del descanso
de la noche, pierden la cuenta del tiempo, mientras vá
describiendo el sol círculos completos sobre el horizonte, y
SU disco rojizo alumbra desd.e el norte aquella anchurosa
tierra. A esta misma circunstancia debe el reino vejetal aquel
brotar tan rico y lozano ; por cuantO se observa en las plantas
la propia sobre-escibacion que en los animales. Con aquella
luz constante, reciben las yerbas y las hojas de las plantas
un verde mas lleno y fresco que en nuestros climas ; las flo
res descuellan por sus matices mas limpios y subidos. Cuan
do el disco solar está mas inclinado al horizonte y tiembla,
YI 37 1(
con su color 'violado, encima de las ondas , no ya, como en
tre nosotros , unos pocos minutos antes de la puesta, sino
durante horas enteras; cuando, en su carrera circular, vá be
sando , por decirlo así , aquellas majestuosas costas, y encen
diendo las nevadas cumbres , en aquellos momentos no ha
bija sin duda ningun hijo mimado del Sur que no prorum
piese en vivas esclamaciones de asombro y admiracion.
La tríentalis europea , que entre nosotros solo presentaflo
Juan
SUERO DEL ENTIERRO.
res lisas y blancas , está allí pintada del encarnado mas
subido. Las anémonas, entre otras, echan de sí la palidez de
los climas uniformes , y toman el color ardiente de la -juven
tud ; y á su lado se desarrollan mas bellos y pintados los
líquenes y lo musgos. Ya está visto ; no hay un rincon de la
tierra á quien haya desatendido la próvida naturaleza.
Pablo
Antonio Bergnes de las Casas.
Federico Richter.
Una madre tiernamente formada de alma y cuerpo , al
arrojarse á un aposento, de donde salian voces de ayuda, por
haberse encendido una vasija de espíritu de vino que se ha
bia derramado por el suelo , resbaló , y cayó en el espíritu
quemante y corrosivo y murió de resultas , tras un mes de
padecimientos. Es de saber además que ya habian muerto dos
hijos suyos, y que sus hijas solas acompanaron su cuerpo en
el entierro de la manana. La forma de esta relacion se funda
en la creencia, popular en Alemania, de que si una persona,
en la noche de ano nuevo , traza un círculo en torno suyo
en una encrucijada , juguetearán por todo el ano delante de
ella espíritus en forma de vapor.
Sigamos entretejiendo siempre variados suenecitos para
agregarlos al gran sueno de la vida ; y vosotros , amigos
queridos , admitid con benevolencia el sueno que acá os pre
sento.
Soné que me hallaba en el cementerio en la noche de ano
nuevo , cuando la creencia anda buscando en sus círculos
ataudes y llamas en los techos de las casas.— Los futuros se
pulcros del ano estaban abiertos á la manera de lechos de
descanso, y estaban vacíos, y colocados en hileras que se es
tendian á larga distancia. Iba pasando un pardo dia de in
vierno tras otro, y precipitaba á sus muertos en la mas fresca
gruta de esta bochornosa vida... Yo no conocía á los que se
hundian en los sepulcros. Llegaron despues los claros dios de
primavera, y se portaron con mayor aspereza, y llenaron los
lechos abiertos de la muerte, ora,con un padre, ora con una
hermana , ora con un amigo ;—de cuando en cuando desli
zábase de entre dos brazos un pequeno atand de infante á la
segunda cuna de la vida, cual si fuera el cáliz de una flor ;
— y yo empecé á meditar con suave dolor : Preciosas criatu
ras , !cuán alegremente os enfriais en el ventisquero de la
vida, y con qué contento os dejais caer en vuestra ultima y
mas blanda almohada llena de flores ! ! Ah ! la cruz , que
tantas heridas os abriera , está ahora pintada , y nada mas,
en vuestro pequeno túmulo !—Mas yo no conocia á ninguno
de aquellos á quienes los dias de la primavera tiraban á la
huesa entre el clamoreo de las campanas.
Apareció luego una manana nublada y muda , que llevaba
su forma tapada en su ataud,—y detrás de la forma tapada ,
andaban vacilantes unas figuras vestidas de blanco , estre
chamente veladas , y mudas ; —la bóveda se oscureció aun
mas;—y abrióse el ataud. ! Oh ! un grito de horror se ex
haló entonces de todos los corazones, y conocí á la desven
turada y á la difunta.—! Tú , forma marchita y tranquila ,
cuyos ojos están cerrados para siempre , pero tambien para
siempre enjutos , como vas tan destrozada debajo de la
tierra ! ! Cómo te estuvo sajando tan redobladamente la
muerte á tí , tierna flor , antes no te remato ! Ay de mí ! en
torna de tus labios vino á petrificarse el dolor en tu postrer
aliento , y tu mano está ensangrentada , cual si por largo
tiempo la hubieses tenido aferrada á la helada cerradura de la
puerta de la muerte , y retirádola despues mal herida. Con
todo , mas quiero contemplarte á ti, ó tú , ya tranquila , que
á tus amigos , en quienes tan al vivo se reflejan en un solo
pensamiento todos sus padecimientos ; mas quiero mirarte á
tí que á tu hermana, que tan gustosa participada de tu pre
sente y tan profunda noche de sueno, como participó de tus
anteriores noches desveladas ; — mas quiero mirarte á tí que
á tus carinosos hijos , que , cegados por el llanto , están con
templando el írio túmulo de tierra que se interpone entre el
corazon de su madre y sus tiernos y amantes corazones.
Y se me enturbió la vista , y desplomándose las nubes , se
posaron pesadamente como un palio sobre la escena de luto y
los desconsolados séres;—y nubloso todo como una vida. Mas
de repente tembló la nube , anchamente cuarteada por unos
rayos, de cuyo sol nada sabe el hombre;—patentizóse el azu
lado cielo lleno de brillantez de amor , y chupaba con tibios
céfiros las, flores de la pesada tierra del túmulo. —Surgie
ron del sepulcro dos altas azucenas.— Dos primaveras se
fueron corriendo amorosamente la una al encuentro de la
otra, y mecieron con sus soplos las azucenas hasta que echa
ron á volar las hojas de sus capullos á lo alto, y las recogieron
dos ángeles que bajaron del cielo. — Cerniéronse luego los
ángeles encima del sepulcro, acercándose á él mas y mas;—
salieron del mismo mas y mas llores ; abvióse despues ;—
levantóse la madre; — los ángeles eran sus dos hijos, los cua
les estaban echados sobre el regazo de su madre, que la muer
te habia curado de la vida.— « !Oh! ! bien venida ! » — dije
ron ; « ! bien venida á nuestra tierra de, reposo, madre harto
martirizada! aquí curará tu vida mas blandamente , y aque
lla blanca mortaja es el vendaje postrero y el mas suave para
tus llagas terrenales.— No mires tanto rato á la tierra, donde
te están llorando; en la eternidad vuelan los días de otro mo
do ; y no hace mucho que de tí nos separamos, querida
madre, y la eternidad hermosa atrae á sí todo lo que
rido.»
No diré, amigos mios , que desperté , por cuanto no fué
aquella apariciou un sueno.— Mas tampoco lo fué el consue
lo ; — pues Dios puso en todo pecho una flor inmarcesible
para cada sepulcro de la tielra.
EL DOBLE JURAMENTO DE ENMIENDA.
Era Enrique nn joven de quince anos, esto es , lleno de
buenos propósitos , que raras veces cumplia , y lleno de de
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fectos, de queso arrepentia todos los (Has ; él quena entrana
blemente á su 'padre y á su maestro pero mas queda sus
gustos ; de buena gana hubiera sacrificado por entrambos su
vida , Mas no su voluntad ; y su fogoso espíritu no le arran
caba á él menos lágrimas que .á las personas á quienes que
ria. De este modo iba vagando su vida dolorosamente entre
.el pecado y el arrepentimiento , hasta que por ú!tifno su lar
go fluctuar entre sus buenas resoluciones y sus recaidas desa
hució de toda enmienda , no solo á. sus amigos , sino tam
bien á él mismo. .
Acosaba ya sin tregua al mal herido corazon del conde su padre el triste presentimiento de. que , en la universidad y en
sus. viajes , donde los falsos senderos del vicio se ván vol
viendo mas y mas floridos y resbaladizos , y de donde no
habria ya ninguna manoque le retrajese , y nose oiria tam
poco la voz de un padre que le Hartase atrás , se precipita
da Enrique de uno en otro yerro, y regresaria finalmente. con
el alma contaminada que malogró su. pura belleza, y hasta
el reflejo de la virtud , el arrepentimiento.
El conde era de índole blanda, tierna y religiosa; pero de
complexion débil y enfermiza. El sepulcro de su esposa se hallaba, por decirlo así, debajo del suelo de su vida, y soca
vaba todos los pensiles donde iba 'buscando flores... Enfermó
él una vez en el dia de su natalicio , quizás á consecuencia
del mismo, por no poder su lastimado pecho sufrir un (ha en
que con mayor fuerza late el corazon en él. Mientras iba re
cobrando de un desmayo para caer en otro, entró su hijo en
la pequena glorieta, donde estaban el sepulcro de su madre
y el otro vacío que su padre habla mandado construir para
sí durante la temporada de luto ; y -allí juró Enrique al espí
ritu de su madre guerra sin tregua á sus ímpetus de enojo y
á su voraz anhelo por los placeres. El natalicio de su padre
le estaba diciendo á gritos : « La delgada tierra que sostiene
á tu padre, y le separa del polvo de tu madre, se hundirá
muy pronto , quizás dentro de poquísimos dias ; y Monees
morirá él conturbado y sin consuelo; y se llegará á tu ma
dre, y no le podrá hablar de tu enmienda.» — Oh ! aquí fué
el llorar amargamente ; — pero, desdichado Enrique, y de
qué sirven tus lágrimas y tu desconsuelo sin tu enmienda?
Al cabo de algunos dias pudo levantarse su padre de la ca
ma , y en medio de su enternecimiento) y esperanza, apretó
contra su calenturiento pecho al jóven arrepentido. Estaba
Enrique él)rio de gozo y de dicha con el recobro de su padre
y el beso que le dió; — pero volvióse mas desatentado y dís
colo que antes; su maestro , que trataba de contrarestar con
medios enérgicos la enfermiza blandura del padre, se opuso
á aquellos ímpetus; Enrique desobedeció fieramente sus man
datos, que no tenia por paternales; y al repetirlos el .maestro
de un modo terminante, Enrique, furioso , malhirió el co
razon y el honor del amigo que le contrarestaba; —y aquella
relelion contra su maestro penetró corno una saeta envenena
da en el lastimado corazon de su padre, el cual, rendido por
la herida, volvió á caer en el .lecho del dolor.
No trato ahora de pintaros, hijos mios, ni el desconsuelo de
Enrique , ni su pecado ; pero incluid , sí , en el severo fallo
que merecen sus faltas las que vosotros mismos habeis acumu
lado quizás en vuestra conciencia. !Ah! ?qué hijo puede acer
carse al lecho mortuorio de sus padres , que no tenga que
decirse : « Aunque no haya yo quitado á su vida ninguno de
SUS anos , es muy positivo que les cuesto semanas y .días.
! Ay de mí ! quizás he motivado yo mismo ó aumentado los quebrantos que ahora quisiera yo mitigar , y esos ojos que
ridos, que tan alegremente estarían contemplando la vida una
hora mas , mis faltas solas los cierran antes de tiempo.»
Pero el insensato mortal está pecando tan osadamente , por
que se le encubren sus matadoras consecuencias; — él desa
herroja las voraces fieras que en su pecho tiene enjauladas,
y. allá las suelta de noche contra el linage humano , sin ad
vertir que los mónstruos desmandados se abalanzan sobre
tantas personas inocentes , y las hacen pedazos.
Con la mayor frescura arroja el hombre fiero las queman
tes ascuas de sus pecados en torno suyo ; y solo despnes que
está yaciendo en la huesa, arden tras el las chozas incendia
das por las chispas que él diseminó ; y su columna de humo
pasa , corno una pirámide infamante , á su sepulcro , sobre
el cual se levanta para siempre.
Tan pronto como su padre quedó desahuciado, no pudo
Enrique contemplar por mas tiempo el moribundo cuerpo ;
quedóse en el aposento contiguo, y mientras que convulsiones
y desmayos estaban jugando con la vida de su padre, se echó
de rodillas, como un delincuente, sin moverse, y con los ojos
fijos ante el porvenir. y la sajadora esclarnacion !Ha muerto !
Por último, hubo de acercarse al moribundo padre para
despedirse de él y recibir su peidon; pero su padre le devol
vió su amor solamente , y no su confianza , y dijo « En
miéndate , hijo mio , mas no lo prometas.1
Estaba Enrique echado en el aposento contiguo , rendido
por el dolor y la vergüenza, cuando oyó, cual si despertara,
á su anciano maestro , que tambien lo habia sido de su pa
dre, bendiciéndole, como si ya envolviera la larguísima noche
aquella vida yerta : «!Muere blandamente, 6 tú, sér virtuoso
y fiel discípulo ! !Todas las buenas resoluciones que tú cum
plistes , todas tus victorias Sobre tí, y todas tus buenas obras
han de pasar en éste momento, cual brillantes y rojas nubes
vespertinas, por el crepúsculo de tu muerte : espera todavía
en tu hora postrera por tu desdichado Enrique, y sonríete,
si me oyes • y si hay todavía un arrobo en tu sajado cora- •
zon !»
El pobre enfermo no pudo recobrar del pesado hielo de la
insensibilidad que se arrollaba encima de él ; sus confusos
sentidos tuvieron la voz del maestro por la de su hijo, y tar
tamudeó de esta manera : « !Enrique ! yo no te veo ; pero te
oigo ; ponme la mano encima, y jura que te enmendarás.»
Allá se abalanzó el mozo para proferir el juramento; pero el
maestro le hizo una sena, y puso la mano sobre él corazon •
que se helaba, y dijo en voz queda: «140juro en tu nombre.»
Pero de repente sintió que el corazon estaba muerto y que
descansaba del largo movimiento de la vida, y dijo: « Hoye,
jóven desdichado ; ha muerto sin esperanza ! »
Huyó entonces Enrique de la quinta ; pues y cómo hubiera
podido contemplar un descobsuelo que él mismo 'labia acar
reado á los amigos de su padre, ni tomar parte en él? Va
cilante y sollozando , entró en la glorieta, y vió los blancos
monumentos que interceptaban, como pálidos. esqueletos, la,
verde enramada; mas no tuvo valor para tocar el sitio vacío
donde habla de dormir su padre; —apoyóse pues en la se gunda pirámide, que cubría un corazon que no habia muer
to por culpa suya , el de su madre , el cual ya desde largo
tiempo estaba parado en el polvo del descompuesto pecho. No
osó llorar ni jurar, sino que mudo y sajado, llevó su dolor
mas allá. Salíanle por todas partes al encuentro recuerdos de
su pérdida y de su culpa ;—cada nino que corria hácia su padre con las espigad uras de los campos, mientras las levan
taba en alto , era para él un recuerdo de su culpa, — todo
tanido de campanas era el clamoreo por los difuntos, — toda
zanja era un sepulcro, — todo índice de horario senalaba,
como el del régio reloj (I), la hora postrera de su padre.
Habla en otro tiempo en el palacio , real de Versalles un reloj que , mientras vivia el rey, estaba parado, y senalaba la bora de la muerte del rey
pArqeuceelderenltoej, yetqauceiesrotlaomaenndtaebuanotbreallovemz,ecmueanntodomootrrio. rey se estaba muriendo.
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Abeja, La. No. 1 (1 enero 1862), p. 001-038 |
| Descripció | Informació addicional del títol: revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Títol addicional | Revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1862 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Librería de D. Juan Oliveres, [1862-1870], No. 1 (1 enero 1862)-No. 3 (1 enero 1964) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1056597~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Ateneu Barcelonès". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 8 bits |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | 03_No. 1 (1 enero 1862), p. 25-38 |
| Transcript | m 23 K Luego que ha cesado la lluvia, y el cielo despejado conce de de nuevo libre paso á los rayos del sol para que calienten la superficie de la tierra, empiezan otra vez á levantarse va pores, y los vientos secan las gotas de la lluvia y del rocío con mayor ó menor rapidez. Existen además en nuestro globo re giones en las que reina un estío eterno y un claro cielo sobre la superficie del mar, en que se produce una evaporacion nunca interrumpida, y que acarrea á la atmósfera cantidades de agua comparativamente cuantiosas. El viento arrastra estos vapores á otras zonas; y de este modo el agua que cae en un lugar en forma de lluvia ó de. rocío es reemplazada de nuevo por la que de otro punto se eleva en forma de vapor. Y todo esto se efectúa para mantener el bello orden de la composicion de la atmósfera, tan ajustada á las necesidades de todos los se res vivientes ! Cuán admirable es la disposicion segun la cual el agua así se evapora y resuelve constantemente en el aire—escasamente en unos lugares, y en otros en grandes masas — repartiéndose luego igualmente por la espaciosa ysiempre agitada atmósfera, para caer luego despues en refrescantes lluvias, ó estenderse luego en delicados velos de nieblas sobre montes y valles, lle vando en sus pliegues las misteriosas pedrerías del rocío! Pero mas admirable todavía es la ley , casi pudiéramos decir el instintivo impulso , al cual obedeciendo , elige el rocío los cuerpos sobre que ha de caer, y desciende desde luego para refrescar la planta marchita , y solo despues de haber apaga do abundantemente su sed , derrama su caudal sobrante so bre el infructífero suelo. Bella y admirable es la naturaleza en todo el conjunto de su actividad , cuando se la sabe comprender. No malgasta ni su arte ni la mas pequena partícula de su materia ; y sin em bargo, derrama generosa, y pródiga, al parecer , sus tesoros, y hasta fuerza á la materia inerte, por medio de leyes inmu tables, y con incesante aran, á doblegarse al servicio y á la satisfaccion de las necesidades de todo sér viviente. Cuatro cuerpos por consiguiente — oxigeno, ázoe , -ácido carbónico, y vapor de agua— son esenciales é indispensables para la composicion de la atmósfera; y estos , tanto por su na turaleza como por su cantidad, son perfectamente adecuados á la posibilidad y al mantenimiento de la vida de todas las criaturas. Además de estos, contiene el aire otras muchas ma terias en proporciones pequenas é inconmensurables, algunas .de las cuales se l'orla, en el mismo aire; otras suben, en for ma de vapores, de la superficie de la tierra, y otras, en fin, proceden del agua del mar. De las que se originan en el mismo aire, merecen particu lar mencion la ozona y el ácido nítrico. El primero de estos cuerpos no es mas que oxígeno que se halla en un estado de afinidad química superior al ordi nario: estado en que le convierten la accion de los rayos so lares , la electricidad y otras muchas causas. En este estado , obra con mas fuerza sobre los cuerpos, y se combina con ellos con mayor prontitud. Entre los diversos fines de utilidad que contribuye á llenar, citaremos la oxidacion ) de las sustan cias orgánicas, con frecuencia nocivas , que se encuentran en el aire, y la de los cuerpos animales y vegetales en el sue lo , cooperando así á su descomposicion , de la cual depende el abastecimiento de víveres para las plantas y la fertilidad, de los terrenos. La ozona existe probablemente en el aire en todo tiempo ; mas siempre en tan corta cantidad, que no se ha logrado de terminar suproporcion segun peso y medida. En invierno, en las elevadas cumbres de las montanas, y despues de una tor (1) Cuando un cuerpo se combina con el oxígeno , se dice que se oxida, (S que se verifica su oxidacion. TOMO I. menta que ha purificado el aire , se presenta siempre en ma yor abundancia: su existencia es apreciable por el olfato. A la ozona es debido aquel olor particular que se nota en el aire despues de una tempestad, así como tambien el que adquiere en aposentos cerrados donde se desarrolla electricidad por medios artificiales. Es muy probable que este cuerpo miste rioso , y poco investigado aun , tenga una influencia mas im portante sobre la naturaleza y la vida de lo que hasta el pre sente sabemos. El ácido nítrico , otro de los cuerpos que , como hemos dicho, se forma en el aire , está contenido en este quizá en mayor copia que la ozona. En la vida ordinaria, es vulgarmen te conocido bajo el nombre de agna fuerte , y consta tan solo de oxígeno y ázoe : los dos principios mas esenciales de la at mósfera. Cada rayo que cruza el aire , cada chispa eléctrica pequena ó grande, que bajo otra cualquiera forma lo atravie sa, ocasiona una combinacion de estos gases, y formacion de ácido nítrico á lo largo de la línea que marca su curso. En todas partes, y casi en todo tiempo, se efectúa con frecuencia este paso de electricidad al través del aire; y como se mani fiesta en los paises tropicales casi todos los dias del ano , puede considerarse este ácido como un elemento constante del aire atmosférico. Si es indispensable para la actual organiza cion de losanimales, ó ejerce sobre ella algun influjo, cuestion és esta qne no ha podido resolverse hasta ahora con certeza; pero repetidos y esmerados esperimentos han demostrado la frecuente presencia de este ácido en el aire, hasta en el de nues tra Europa templada, y el sabor ácido que tiene muchas veaes la lluvia es debido á la cantidad que del raismo ha disuelto. El ácido nítrico es muy favorable al crecimiento de los vege tales, 'y es por lo tanto una de las materias destinadas para ser segregadas del aire por la lluvia y el rocío, y proporcionar de este modo á las plantas un precioso alimento, que cada día y á cada momento les acarrean los vientos. Otros muchos gases y vapores de naturaleza y composi cion mas diversas elévanse continuamente de la superficie de la tierra y se disipan en la atmósfera. Las plantas y los anima les, que, despues de muertos, se descomponen de tan diversas maneras, las innumerales materias que en el aire se queman: todos estos cuerpos forman combinaciones químicas de natu raleza volátil, ó gaseosa, que suben y se confunden en el aire. Algunas de ellas, como el amoníaco 'y el hidrógeno sulfurado, pueden distinguirse por medio del olfato, al paso que otras no pueden ser por ningun sentido apreciadas. Los terrenos pantanosos., caldeados por el ardiente sol del estío, exhalan ponzonosos miasmas que envenenan el aire y producen la fie bre en el cuerpo del hombre, por mas que no podamos reco nocerlos por medio de ningun sentido, ni descubrir su presen cia por medio de los reactivos químicos mas sensibles. Muchos volcanes en actividad vomitan inmensas columnas de humo fétido,. y millares dé operaciones químicas naturales y artificia les producen cantidades enormes de gases y de emanaciones infectas. Los vientos se apoderan de todas estas materias ga seosas y las transportan mas ó menos velozmente lejos del punto de su produccion, dispersándolas por la atmósfera uni versal. Esta debe contener por consiguiente un número casi infinito de principios accidentales , en ningun modo necesa rios para su composicion; pero que, á causa de su ligereza, se elevan á grandes alturas, y se reparten luego por el aire, á la manera que los cuerpos líquidos impuros acompanan algun tiempo la corriente de los nos, antes de perderse enteramente en ella, y que los cuerpos estranos sólidos son arrastrados por sus aguas á la inconmensurable concavidad del Océano. Entre las materias que de la superficie de la tierra se elevan en el aire, es el amoníaco la mas notable, á causa de suaccion 4 w 26 1: importante sobre la vida y el desarrollo de las plantas. Este gas, de todos conocido por el olor de espíritu volátil de cuerno de ciervo medicinal , que no es mas que agua cargada de gas amoníaco , se forma durante la descomposicion de las mate rias de orígen vegetal 6 animal en presencia del aire y de la humedad, y es la causa principal del olor desagradable y pe netrante que despiden éstas materias en putrefaccion, como mas distintamente se percibe en los establos mal ventilados. Es evidente que de todos los puntos de la superficie de la tierra debesubir este gas á la atmósfera; y efectivamente forma, aun que en pequefiísima cantidad , una parte constante , pero no esencial del mismo. Bajo este concepto debemos distinguirle del ácido nítrico, que, como sabemos ya, se forma en la misma atmósfera por proceleres puramente físicos, y es completamente independiente por lo tanto de la preexistencia de seres vivien tes. Fuera pasillo que se produjese tambien el amoníaco de una manera análoga ; y en este caso, debiéramos, no solo con siderarlo como un elemento esencial de la atmósfera, sino deducir tambien de su presencia y reproduccion continua un nuevo y sábio arreglo para el sustento de. la vida vegetal. Finalmente, los vientos que barren la superficie del mar eter namente undoso, arrollando sus aguas y azotándolas para for mar la nevada espuma , arrastran parte de la llovizna en que revientan , la cual se mezcla con el aire conmovido. Así son llevadas por cima de altas sierras, lejos, allá en el interior de los continentes, las partículas de sal y-otras materias del agua del mar que vienen tambien á formar parte del inescrutable mar atmosférico. La multitud de cuerpos estrafíos que en torno nuestro se ciernen, y que ván mezclados con aquellos que tan indispensables son para laconservacion de la vida animal y ve - getal , es tan inmensamente grande , que se hace impolible determinar siquiera aproximadamente su número y su peso. I.a aglomeracion de materias tan heterogéneas en el aire lo baria, con el transcurso del tiempo , nocivo é impropio para la vida animal sin duda alguna, y quizá tambien para el desar rollo saludable de muchos vegetales; pero las aguas del ciela suben y bajan en incesante giro para lavarlo y purificarlo. A ellas fué confiado el importante cargo de mantener el equili brio de las primeras condiciones de la vida, y lo desempelian con infatigable fidelidad y constancia. Por mas sencillo que aparezca el aire á losojos del vulgo, su historia cientdca es sumamente complicada. La exacta pro porcion de sus principios contitutivos ofrece aun. muchas par ticularidades interesantes; y grande es el número de las di versas medidas que aseguran la existencia y la proporcion constante de sus elementos esenciales. Alas aunque nuestra escrutadora mirada logre penetrar todas estas admirables re laciones , no debe esto envanecernos, antes bien, deberá in - clinarse la mas soberbia inteligencia ante la inmensa sabidu ría y la sencilla hermosura de la naturaleza, y adorar al Autor de tantas maravillas. El Condore por (Itárlog Juan Font y Guilart. ! El condor ! Qué de imágenes no se asocian á este nom bre ! Cual heridos de una varilla mágica, nos hallamos en las gigantes alturas de un Chimborazo , de un Pichincha, de un Cotopaxi , de un Aconcagua , etc., cumbres descollantes del Itob,o gl <,\ Nuevo Mundo, al lado de espantosos abismos y de picos inac cesibles. Ya hace tiempo que hemos dejado á la espalda toda vegetacion, y por maravilla hemos podido columbrar á lar gas distancias una manada de ariscas vicubs , de llamas, y •27 m alpacos ó huanacos. Por acá y acullá surge la amable figura de un ciervo de los Andes ( Cervus andisiensis), al paso que por las quebradas de los penascos s'án retozando las chinchi llas (Eriomys Chinchilla), ó se desliza con disimulo el astuto atoe ( Canis azarae), la zorra de los Andes , para coger una de las sabrosas perdices de aquellas alturas ( .Tinamotis Pent landii). Por acaso se vea un jaguar ( Félis concolor ), ostra viado por aquellas cordilleras. Síguele el hucumari de hocico blanco ( Ursus ornatus), el oso de los Andes ; y para aca balar el grandioso reino animal de estas alturas , privadas de toda vegetacion y de la vista del hombre , van volando cerca de voraces halcones ariscas aves acuáticas de los lagos de los Andes. Pero muy encima de todo lo dicho vá describiendo majestuosamente el condor sus círculos en espiral, á seme janza de los buitres. Entre todas las aves de América, ninguna ha impresiona do tanto como está la fantasía de los pueblos. Los Incas le atribuian un papel importante en sus dogmas religiosos ; la república de Chile la estampó en su moneda, apenas se vió organizada ; los viajeros, antes de Humboldt, la ensalzaron como rey de los Andes por su grandeza y su fuerza ; en una palabra, era el•condor,, en el reino animal, el emblema mas adecuado de las agigantadas montanas de las Cordilleras ame ricanas, por cuanto la fuerza y la grandeza han sido en todos tiempos lo ideal de los pueblos. Con todo no es el coudor tan incomparable como se ha su puesto; pues lo que es el buitre de 101 corderos para los Al pes suizos, esto mismo viene á ser el condor para los Andes; esto es, el gigante entre los buitres. Cuando ha adquirido todo su crecimiento, mide el buitre hembra de los Alpes, el cual, bien así como en los mas de sus rapaces semejantes, es mayor que el macho , con las alas tendidas , .unos diez pies, y cuatro y medio de largo, al paso que la cola tendida tiene hasta tres piés. El conclor adulto mide, de punta á punta de las alas, unos catorce piés, y cinco piés largos desde la punta del pico hasta el remate de la cola ; los mas pequenos tienen or dinariamente, de punta á punta de las alas, ocho piés sola mente, y cuatro desde el pico hasta la cola. Un plumaje ne gro lustroso , con las puntas de las alas blancas, un robusto pico, con la cabeza pelada y fuertemente arqueada, la que está coronada en el macho de una cresta carnosa, un collar blan co en torno del musculoso cuello, y fuertes garras, son los ca racteres descollantes de esta ave colosal. Sin embargo, ape nas puja su fuerza sobre la del buitre de los Alpes. Una carga de diez libras es lo sumo con que puede echar á volar, has - tante empero para que pueda llevarse á su antro ninos peque nuelos y animales endebles. Aquí , en las nevadas cumbres., impera el tirano á fuer de senor absoluto, sin que ningun otro buitre se atreva á dis putarle el dominio. Este empieza generalmente á una eleva cion de 10000 piés, altura á que casi termina el reino del bui tre de los Alpes. Cuando Humbold( estaba cerca de la cumbre . del Chimborazo, vió todavía en las regiones superiores volar un condor á una elevacion que probablemente llegaba á veinte y dos mil piés. Con razon dice Humboldt que es un fenóme no fisiológico muy reparable ; por cuanto esta ave, que por espacio de largas horas se mueve ligeramente en regiones de aire muy enrarecido, donde apenas senala el barómetro doce pulgadas , puede precipitarse repentinamente de aquellas al turas á la orilla del mar, donde senala el barómetro veinte y ocho pulgadas, recorriendo de este modo en brevísimo tiem po todos los climas. A esta altura de 22,000 piés, segun ob serva el mismo naturalista, deben de henchirse de un modo estraordinario los sacos de aire del condor,, cuando se han llenado de aire en regiones mas bajas , puesto que ya se deja entender que la menor presion de aire de aquellas alturas no puede comprimir el aire inspirado, el cual, por lo mismo, se ha de dilatar. Verdad es que algunos aeronautas, como Gay Lussac , -se elevaron á una altura de 21600 piés , y que , si bien con dificultad, pudieron respirar impunemente durante un breve rato; pero !qué vale aquí esta rivalidad del hombre que sin esfuerzos se levantó en un globo aerostático á aquella altura! ! Cuán diverso fuera el caso, si trepase fatigoSamente no mas que hasta las cumbres del Chimborazo ! Aun prescin diendo de los vértigos y del cansancio, no pocas veces revien tan los finos vasos sanguíneos de los ojos , de los labios y de la nariz, y hasta de las partes internas del cuerpo; y no obs tante, aquí donde en atroces convulsiones encuentra sus límites la naturaleza tan tenaz del gato , aquí impera el condor sin contraste ; porque es su patria. Esta se compone de altísimos penascos verticales; pues no puede este gigante levantarse del. suelo llano , y mucho menos cuando está harto de presa. Es tando acostumbrado á cernerse majestuosamente por el éter, tiene á menos vivir en el suelo, donde se vé precisado á batir pesadamente las alas. Con las alas tendidas, sin el menor mo vimiento de temblor, con las garras encogidas, y no movien do mas que la cabeza y el cuello , cual si no fueran las alas mas que el punto de apoyo , en que obrasen el empuje del cuello y de la cabeza y los movimientos de la cola timonera: así se Vá meciendo tranquilo encima de abismos horrorosos por el Océano del aire, cual impávido aeronauta. De repente se repliegan las alas en un instante, y ya se ha desplomado en regiones mas profundas. Espáciase su mirada á larguísimas distancias sobre la tierra; y allá se dispara como una saeta, en descubriendo la presa. No es menos interesante el drama, cuan do el rey de los aires coje sin compasion su presa , y al igual de Mefistófeles de la tradicion , se remonta con ella otra vez por los aires, ó cuando en la Puna, que está á 15000 piés so bre el nivel del mar, se desploma sobre un infeliz caballo, y le destroza las carnes. Desgraciadamente el hombre, no me nos cruel que el condor,, ha observado este lance ; pues así como tiene Espana sus corridas de toros, tiene tambien la América del Sur sus corridas de condores , para recrearse en los gritos lastimosos del toro, el cual, con las carnes destroza das, se precipita dando vueltas por el redondel, llevando so bre el lomo un Condor que le ató el hombre satánico. Mas no siempre es el condor cazador atrevido y valiente ; convierte se muchas veces en merodeador para devorar, en companía de sus Semejantes, los cuerpos muertos de animales que descubre. Parece casi increible , dice Tschudi , que baste menos de un cuarto de hora para atraer una multitud de condores al cebo que se les presenta ; y esto que momentos antes no vejan nin guno los ojos mas perspicaces : en este caso, no sabemos qué es lo que mas debe escitar nuestraad miraeion: si el sentido del olfato, ó el de la vista. Tambien sabe muy bien cuando sale á la caza la puma, el leon del Nuevo Mundo, y no ignora la pu ma quien la sigue. Cuando se precipitan los condores al suelo y vuelven á levantarse todos á un tiempo, ya saben los Chi lenos que la puma hubo de defender su presa y rechazar á los merodeadores ; y en efecto, parece que el condor no corres ponde por su carácter á la idea que nos formamos de un rey de los aires. Bien así como el patron de un barco arroja á ve ces al mar parte del lastre que dificulta el andar de la nave, asimismo arroja tambien á veces el condor la demasiada car ga que le oprime el estómago ; y vuela en seguida á su trono de penascos para dormir la siesta, y recoger despues toda su corte. Esta se compone de sus companeros, que, si bien vi ven á pares en altísimos riscos, se reunen á menudo hasta vein te ó treinta en republicana igualdad, y suelen pasar el rato unos con otros hasta. que de nuevo los dispersa el afan de la caza. Sin embargo , no es el candor .un vagabundo ; pues duer me siempre en un mismo sitio ; y donde duerme , anida y cria á su parva, en el mismo penasco quizás donde salió de la cáscara. Lo que es mimado, no lo está, pues , á la manera espartana, no construye nido, sino que pone sus dos huevos, de estraordinar.ia magnitud, en la pena pelada. Sus hijos son bastante tardíos en crecer; los Chilenos aseguran que tarda el condor un ano en volar, y que esto no se verifica hasta que el plumon negruzco se ha convertido en plumas. De todos mo dos, tienen los padres que cuidar á sus hijuelos mucho tiem po, puesto que se les vé juntos muchas veces, aunque son ya adultos. Por esto no nos parece in fundadodo que dice Darwin, que la hembra pone un ano sin otro. Cuando no tiene parva que cuidar , emprende el condor larguísimos viajes , puesto que se traslada 'desde el núcleo de los Andes peruanos y de Quito hasta los costas magallánicas en la ribera occidental del Pacífico. Tambien corta el Ecuador para pasar á lassierras de Nueva Granada. Ya se deja entender que estando dotado el condor de buen apetito, arrebatará muchas veces á su rival el hombre lo que este destina para su mesa. Y en efecto; es de mucha considera cion el dano que le causa esta ave rapaz en ovejas, cabras, bue yes, vicunas, alpacas, llamas, huanacos, etc.; y tanto, que por todas partes se la ha proscrito. Con todo, parece que no le da esto mucho cuidado ; pues , segun Tschudi , son estas aves tan atrevidas en la Puna peruana, que no tienen reparo en acercarse al hombre ; y refiere el propio viajero que no po cas veces , al desollar algun animal que 'labia muerto en la caza, se le acercaban los condores hasta diez ó doce pasos para recoger las entranas que les tiraba. Para cazarlos, de nada sirve la pólvora ni el plomo; pues tiene las plumas tan fuertes, que apenas dan paso á las balas. Pero en el pecado está la penitencia, dice el Peruano, y se le coge de esta manera. .Hay en la provincia de Iluarochirin, segun dice Tschudi , en las altas mesetas, un grande embudo natural abierto en la pena, de unos 60 pies de hondo. Allá en la orilla arroja el cazador un mulo muerto ó llama; y luego se reunen los condores para devorarlo. Pero como la presa, destrozada y tirada por todos lados, acaba por caerse dentro del embudo , llevando tras sí á los hambrientos candores, vénse estos en el fondo perdidos sin remedio ; pues hartos ya de carne, no pueden alzarse de un suelo que tiene apenas quince pies de ancho; y en esta situacion, los matan los In dios á trancazos con unas varas larguísimas que tienen para el intento. Ilumboldt describe de este modo la caza que les dan : Rodean de una robusta y estrecha cerca un buey muer to; acuden allá los condores en tropel para devorar el animal; y una vez hartos, estando apinados en lugar estrecho, no pue den alzarse ; y los Indios los matan á garrotazos, ó bien los cogen vivos con el lazo. En otras partes del Perú se mete un Indio dentro de una piel fresca de buey, de la que cuelgan ti ras de carne. El Indio está provisto de fuertes sogas; acuden luego los condores; pero tan pronto como se posan sobre el pellejo, les agarra el cholo las patas y las ata al mismo pelle jo , de modo que las patas de las aves vienen fi estar afian zadas dentro de un bolson. Luego se escurre el Indio del pe llejo; salen los otros cholos de su escondite, les arrojan sus ponchos encima, y los llevan al pueblo, donde los venden para las corridas de toros. Pero tambien despues de muerto ha de ser útil el condor. Bien así como la madre árabe reparte entre sus hijos el cora zon del lean para comunicarles su indómito valor , asimismo come el Indio el corazon del condor para apropiarse su fuerza, ó para curarse de la epilepsia comiendo la carne de aquel que nunca cayó. No parecerá estrano que un animal que se estu vo meciendo toda su vida en el purísimo éter haga el papel de eharlatan para curar las erupciones cutáneas; y en efecto, con esta mira. se utiliza el Indio de su grasa. La Indiana se apodera del estómago del condor ; pues parece que esta en trana, á la que no resistió ni hueso ni carne en putrefaccion, es el mejor remedio, segun cuentan, para las callosidades del pecho del sexo hermoso. Pero lo mas admirable • para noso tros es el ser el condor el último ciudadano del Océano etéreo, donde mas próximo á los astros, cabe que de tarde en tarde tropiece con su rival en un globo aerostático; pero mas libre que este, seguirá siendo siempre probablemente el símbolo del éter. Miguel Guitart y Buch. El criminal por la honra perdida. por Zr4it1er. No hay en la historia del hombre ningun capítulo mas ins tructivo para el corazon y el espíritu que los anales de sus es travíos. En la ejecucion de todo gran crimen púsose en movi miento una fuerza grande en proporcion. Si bien, á la pálida luz de los afectos ordinarios, suele encubrirse el secreto mó vil de la concupiscencia, en sobreviniendo una pasion violen ta, se muestra tanto mas pujante y colosal. El filósofo que di rige su espíritu al estudio del hombre aplicará á la psicología algunos de los hechos que observe en este campo, y los uti lizará para la vida moral. Es el corazon humano algo tan uniforme, y no obstante tan complexo. Una misma facultad , un mismo anhelo puede presentarse bajo miles de formas, y en mil direcciones distin - tas ; puede motivar mil fenómenos contradictorios ; puede aparecer envuelta eh mil caractéres diversos ; y de una sola inclinacion pueden otra vez derivarse mil caractéres y actos desemejantes; y esto sin que el hombre de quien se trata ten ga el menor presentimiento de tales afinidades. Si , cual se lleveantóvyapaparaaraenllogsénotetrrooas hreurimnoatsnodae olatrmonaLtuirnaelboe,zaq,uiseeeclasinficase por los impulsos y las inclinaciones , ! qué asombro no fuera el nuestro , si viniésemos á encontrar juntos , y en el mismo orden con los monstruos de la humanidad , á muchos cuyos vicios tienen que ahogarse ahora forzosamente en la estrecha esfera civil y en el angosto recinto de las leyes ! Considerada la cuestion por este lado , no son pocos los re paros que nos ocurren contra el modo como se suele tratar la historia; y en esto, á nuestro entender, se ha de buscar la causa de lo estéril que ha sido hasta ahora para la vida civil el estu dio de la misma. Es tan repugnante el contraste que reina en tre la violenta agitacion de ánimo del hombre actuante, y la disposicion sosegada del lector ; media entre ellos tanta dis tancia, que muy arduo ha de ser para el último, y hasta im posible, presentir la menor conexion. Hay una laguna entre el sugeto histórico y el lector, que ataja toda comparacion aplicacion, y que, en vez de aquel saludable temor que pone 51 29 X en guardia á la orgullosa salud, provoca el desden y la duda. Miramos al desdichado, que, en la misma hora en que come tió el hecho, así como en aquella en que lo está espiando, era hombre como nosotros , como á una criatura de estrana es pecie, cuya sangre no circula como la nuestra, cuya voluntad obedece á otras reglas; su destino nos conmueve apenas, por cuanto la simpatía se funda únicamente en la oscura concien cia de que corremos el mismo peligro ; y estamos tan ajenos de sonar siquiera tal analogía. Con la referencia se malogra la ensenanza , por donde la historia , que debiera ser una escuela de cultura , se ha de contentar con la triste tarea de satisfacer nuestra curiosidad. Si la historia ha de ser algo mas Jara nosotros , si ha de alcanzar todo su objeto, ha de optar forzosamente entre estos dos métodos : Ó bien se ha de acalo rar el lector como el héroe , ó bien se ha de enfriar el héroe como el lector. Bien sabemos que algunos de los mejores historiadores de nuestros tiempos, y de la antigüedad tambien, se han atenido al primer método , hiriendo el corazon del lector con su se ductora esposicion. Pero este método es una usurpacion del escritor contra la libertad republicana del público leyente , á quien viene á sucederle formar parte del tribunal ; fuera de que traspasa con esto los límites de su terreno , por cuanto este método pertenece esclusiva y propiamente al orador y al poeta. Así es que solo le queda al historiador el segundo. El héroe debe enfriarse como el lector, ó , lo que en este caso viene á ser lo mismo, debemos conocerle antes que obre; debemos verle, no solo obrar, sino tambien querer obrar. Sus pensamientos nos importan mucho mas que todos sus actos; y mucho mas nos importan todavía las fuentes de sus pensa mientos que las consecuencias de sus acciones. Los hombres han examinado el suelo del Vesubio para darse razon del ori gen de su ignicion : ?por qué se dispensa menosaitencion á un fenómeno moral que á otro físico? ?Por qué no se estudian del mismo modo la constitucion y la situacion de las cosas que rodeaban á un hombre de tales circunstancias , antes que el combustible hacinado prendiese fuego en su interior ? Al so nador, amante de lo maravilloso, le atrae la misma rareza de tal fenómeno ; pero el amigo de la verdad anda buscando una madre para estos hijos perdidos, y la busca en el alma humana, y en las condiciones variables que de fuera la im pulsaron , y en estas dos cosas la ha de hallar ciertamente : por donde ya no le sorprende ver medrar tambien la veneno sa cicuta en el mismo tablar donde no suelen florecer mas que plantas saludables , encontrar juntos en una misma cuna la sabiduría y la locura , la virtud y el vicio. Aun prescindiendo de las ventajas que puede sacar la psico logía de este modo de tratar la historia , merece con todo la preferencia, aunque no sea mas que por esto : porque desar raiga la mofa cruel y la orgullosa seguridad, con que la virtud erguida, y no probada, está mirando desde su elevacion á la que se vino al suelo, porque propaga el blando espíritu de tolerancia , sin la cual no hay prófugo que vuelva á sus ho gares, no cabe reconciliacion de la ley Con el que la ofendió, ni ningun miembro infecto de la sociedad puede salvarse de la total gangrena. ? Quién sabe si el delincuente de quien voy á hablar hubie ra tenido aun derecho de apelar á aquel espíritu de toleran cia ? ? Quién sabe si estaba ya perdido sin remedio para el cuerpo del estado ? —No quiero anticiparme al fallo del lec tor. De nada le serviria ya nuestra indulgencia , puesto que murió por mano del verdugo : pero es posible que la autopsia de sus vicios instruya á la humanidad, y quizás tambien á la misma justicia. Cristiano Woltera hija de un posadero de una ciudad de provincia ( cuyo nombre callamos por las razones que mas adelante se verán ) , y ayudaba á su madre, pues va habia muerto su padre , en los quehaceres de la posada. Esta no era de las mas concurridas, por donde tenia Wolf muchas horas ociosas. Ya de nino, cuando iba á la escuela, era tenido Cris tiano por travieso y desvergonzado ; las muchachas se queja ban de su atrevimiento , y los jaques del pueblo celebraban su inventiva para lo malo. La naturaleza habla padecido , por decirlo así , una distraccion cuando le formó ; pues su rostro exiguo , su pelo crespo de un negro desagradable , su nariz aplastada , y su labio superior abultado , y torcido además por una coz que le tiró un caballo , le daban una traza re pugnante tal , que no habia muchacha del pueblo que no hu yese de él , ni mozo que no se espaciase á sus anchas sobre la triste figura de Wolf. Pero él quiso porfiar por lo que se le negaba; y por lo mismo que desagradaba , se metió en la cabeza agradar. Era sensual , y se persuadió de que amaba. La muchacha á quien obsequiaba se le mostró esquiva, y él tenia motivos para 'creer que sus rivales eran mas dichosos que él : con todo, era aque lla muchacha muy pobre ; y su corazon , que se habia mos trado inflexible á sus encarecimientos , se dejó convencer quizás por sus regalos ; pero el mismo Wolf tenia escasamen te de qué vivir , y sus vanos conatos por aparentar lo que no tenia acabaron con los pocos recursos que le daba la posada. Demasiado flojo é ignorante para realzar el mal estado de su casa con el trabajo y la especulacion ; demasiado altivo para trocar su papel de amo por el de criado, no vió mas que una salida : salida por donde han echado miles antes y despues de él , y con mejor éxito, el camino de robar honradamente. La ciudad donde vivia no estaba muy distante de un gran bosque senorial ; hízose pues cazador furtivo, y el producto de su montería pasaba fielmente á manos• de su moza. Entre los pretendientes de Juana era de los mas valentones un guardabosques llamado Roberto. Ya desde luego notó este la ventaja que sobre él daba á su rival la reciente liberalidad de Cristiano , y movido de sus celos, se empenó en averiguar el origen de aquella mudanza. Con esta mira siniestra, hízose parroquiano del Sol ( que así se llamaba la posada de Wolf); y su vista , aguzada por la rabia y la envidia , no tardó en descubrir la procedencia de aquel dinero. Hacia poco cabal mente que se habia renovado con desusado rigor un edicto Contra los cazadores furtivos , á quienes condenaba á encierro en la casa de reclusion. Roberto estuvo incansable en espiar los secretos pasos de su enemigo ; y no hubo de costarle mu cho cojer al atolondrado infraganti. Wolf fué preso ; y tan. solo haciendo un abandono de sus cortos haberes, pudo des.- viar la prision con una multa. Robert6 estaba triunfante , pues su rival estaba perdido ; y no era Juana una mujer capaz de dispensar sus finezas á un pordiosero. Wolf conocía muy bien á su enemigo; y este ene migo era el venturoso amante de Juana. La miseria y el de samparo á que se vió reducido enconaron aun mas su lasti mado orgullo : el hambre le impele al ancho mundo ; pero la pasion y la venganza le detienen en su pueblo. Por segunda vez se arroja á cazar furtivamente ; pero la vigilancia de Ro berto , mas y mas enardecida , le sorprende por segunda vez en el acto ; y entonces padece Woll todo el rigor de la ley, pues ya nada mas le queda que dar, y le encierran en la casa de correccion. Vencido el ano de la condena, sin que menguara el ímpe tu de su desacordada pasion , y mas que antes embravecido por su misma desventura , no bien sale de prision , vá cor riendo á su pueblo para mostrarse á Juana. Se le pone delan te; pero Juana huye de él. Su triste desamparo ha doblegado 30 por fin su orgullo y vencido su flojedad. Vá á ver á los rica chos del pueblo y les pide trabajar á jornal. Pero los campe sinos se le encogen de hombros , al ver aquel cuerpo escuá lido , y tanto mas endeble al lado de los robustos mozos de labranza. Prueba entonces la última tentativa ; sabe que está vacante un empleo , ,el postrero y mas abandonado para un hombre de bien : pide ser guarda puercos del pueblo; pero los labradores no quieren fiar sus cerdos á un tunante. Vrustra do,en todos sus planes , por todas partes desechado, por ter cera vez se hace cazador furtivo , y por tercera vez le hace caer su mala suerte en manos de su tenaz enemigo. La doble recaida habia agravado su culpa ; los jueces con sultaron el código penal ; pero ni uno siquiera se paró en con sultar la disposicion de ánimo del acusado. El edicto contra los cazadores furtivos estaba clamando por un castigo solem ne y ejemplar ; y el desdichado Wolf se vió marcado en la espalda con la senal infamante de la horca, y condenado á tres anos de presidio en una fortaleza. Pero tambien pasó este tiempo, y salió de la fortaleza, pero muy otro de como en ella habia entrado. Aquí principia una nueva época en su :vida ; pero oigámosle á él mismo, como lo manifestó mas tarde á su padre espiritual y ante el mismo juzgado. « Yo entré en la fortaleza, dijo , como un hombre estraviado , y salí de ella un desalmado. Todavía habia yo tenido algo en el mundo que yo queda entranablemente, y mi orgullo se retorcía debajo de la ignominia. Cuando me llevaron á la fortaleza , me encerraron con veinte y tres pre sos , entre los cuales habia dos asesinos , y los demás eran ladrones y, foragidos. De mí se mofaban , cuando les hablaba de Dios, y porfiaban por ensenarme horribles blasfemias con tra el Redentor.—No pasaba dia que no se fraguase algun plan abominable. Al principio huia yo de aquella gente, y me agazapaba en un rincon por no oir sus coloquios ; pero yo necesitaba companía , y mis bárbaros guardianes me habian negado el perro leal que me habia seguido á la prision. El trabajo ero duro y tiránico ; .yo estaba enfermizo ; necesitaba ayuda , y si he de hablar con franqueza , necesitaba campa sion , y esta hube de comprarla con el postrer residuo de mi conciencia. Así fui acostumbrándome finalmente á lo mas horrible ; y antes de terminar dano 'labia pujado sobre mis maestros. Desde aquel punto estuve anhelando la libertad, porque con ella habia de llegar el dia de la venganza. Todos los hom bres me habian ofendido, porque todos eran mejores y mas dichosos que yo. Yo me consideraba como mártir del dere cho natural y como víctima de las leyes. Rechinando los dien tes, restregaba yo mis grillos, cuando salia el sol detrás de la prision ; pues una dilatada perspectiva es para un preso doble infierno. El viento que, colándose por el calabozo, silbaba por las aberturas de la torre , y la golondrina que se posaba sobre las rejas , se me antojaba que me daban dente ra , y me hacían mas horrorosa todavía la prision. Entonces juré un odio ardiente é irreconciliable á todo lo humano, y siempre he cumplido mis juramentos. « Mi primer pensamiento, tan pronto COMO me vi libre, fue correr á la ciudad donde habia nacido ; pues si bien poco tenia que esperar allí para mantenerme , era mucho lo que en . ella se prometia la sed de venganza que me aquejaba. Latió emlecealmcpoaranzaorino cdoenscvoilolalnetnecisao, bcrueaenldsootose vperceisneont;ómáasmnioviesrtaa ya aquella cordial complacencia que había sentido á la vuelta de mi primera pere,grinacion. La memoria de todas las des dichas y persecuciones que allí 'labia yo padecido despertó de repente como de un sueno mortal ; no hubo herida que no se abriese y que no chorrease sangre. Redoblé el paso, por cuanto ya me gozaba con anticipacion en el placer de espantar á mis enemigos con mi aparicion repentina, y estaba yo anhe lando entonces mi humillacion tanto como en otro tiempo me habla estremecido ante ella. « Las campanas taliian á vísperas, cuando me hallé en me dio de la plaza. Los vecinos iban presurosos á la iglesia; pronto me reconocieron , y cuantos tropezaban conmigo retrocedian de espanto. Siempre habia yo querido mucho á los ninos , y aun en aquel punto, sin acertar á hacer otra cosa , ofrecí un cuarto á un nino que pasaba brincando á mi lado. Miróme el nino por un instante de hito en hito, y me tiró en seguida el cuarto á la cara. A haber yo estado mas tranquilo, hubiera recordado que la barba crecida que llevaba me desfiguraba horriblemente ; pero mi mal corazon !labia infestado mi jui cio , y corrieron por mis mejillas lágrimas amargas como nunca hasta entonces las habia llorado. « No sabe el nino quién soy ni de donde vengo, dije yo para mí, y con todo huye de mí como de una bestia asquerosa. • ?Acaso estoy marcarlo en la frente, ó he dejado de tener traza humana desde que siento que no puedo amar á los hombres? —El menosprecio de aquel nino me amargó mas que los tres anos de presidio por donde 'labia pasado , pues yo quería ha cerle bien y no podia achacarle ningun ódio personal. « Coloquéme en un taller de carpintería enfrente de la igle sia; lo que yo quena no lo sé ; pero recuerdo sí que me le vanté con la rabia en el corazon , cuando noté que ni uno de mis conocidos que me pasaron por delante se dignó saludar me. Apartéme entonces de aquel punto para buscar una posa da, y al volver la esquina do una calle, tropecé con Juana. ! Posadero del Sol ! prorumpió ella en voz alta, haciendo un ademan como para abrazarme. !Tú aquí otra vez, querido posadero del Sol! ! Cuánto mealegro de verte! » La vestidura de aquella mujer respiraba hambre y miseria, y su rostro daba claros indicios de una enfermedad vergonzosa ; en una palabra, todo su aspecto indicaba la criatura mas depravada. Unos dragones que yo acnbaba de encontrar me hicieron pre sumir que habla guarnicion en el pueblo, y desde luego adi viné las resultas. Volvile , pues, la espalda con menosprecio, profiriendo una palabra obscena ; pues sentía cierta satisfac clon al ver á una criatura que valía menos que yo. Nunca la habia yo querido. « Mi madre habia muerto ; y mis acreedores se habian pagado con la casita que me habia legado. Ya no tenia yo á nadie ni nada en el mundo. Todos buian de mí como de un apestado ; pero tambien había yo aprendido, á no tener ver.:. lienza. En otro tiempo me. retraia de la vistade los hombres, porque el menosprecio me era intolerable ; mas ahora me complacia en asustarles con mi presencia. Ya nada tenia yo que perder ni que guardar ; ya no necesitaba prenda alguna, puesto que nadie quena concedérmela. « El mundo todo estaba abierto ante mí ; quizás en otra provincia me hubieran tenido por hombre de bien ; pero ni siquiera tenia yo ánimo para parecerlo. La desesperacion y la ignominia me halan impuesto finalmente aquel modo de pensar. El único refugio que me quedaba se reducia á poder prescindir de la honra, puesto que ya no me cabia pretender á ella. Si mi vanidad y orgullo hubiesen sobrevivido á mi humillacion , me hubiera quitado la vida. .« Ignoraba yo aun lo que tenia resuelto ; quena obrar mal, así lo recuerdo, aunque de un modo muy oscuro. Queda merecer mi suerte. Las leyes, segun mi sentir, eran un be neficio para el mundo, y así me propuse quebrantarlas. En otro tiempo habia yo delinquido por necesidad y falta de re flexion ; mas ahora queda yo delinquir por mi voluntad y para mi placer. Y 31 « Lo primero que hice fué emboscarme para cazar como antes ; pues la caza habia venido á parar en mí en una pasion ; fuera de que tambien era forzoso vivir. Pero no era este el único móvil de mi resolucion, pues yo me gozaba en hollar el edicto senorial y en causar á mi soberano todo el dano que estuviese en mi mano. Ya no me daba cuidado que me pren dieran , pues tenia una bala pronta para mi descubridor , y mi carabina no erraba el blanco. Maté todos los animales monteses que pude encontrar ; solo vendia una parte en la frontera; lo restante lo abandonaba en el mismo sitio. Entre tanto vivia yo miserablemente á trueque de comprar pólvora y plomo. Las devastaciones que cometí en el monte llamaron la atencion ; mas nadie sospechaba ya de mí , porque vivia muy pobremente ; y mi nombre yacía en el olvido. « Ya hacia algunos meses que llevaba yo esta vida. Una manana, despues de haber recorrido el monte segun costum bre , siguiendo la pista de un venado , ya empezaba á darle por perdido, pues 'labia andado dos horas. en balde , cuando le descubrí parado y á tiro. Apunto luego y voy á tirar , pero de repente me sobresalta la vista de un sombrero tirado al suelo á pocos pasos de mí. Entonces empiezo á mirar en torno, y veo al cazador Roberto, que, oculto detrás del enorme tron co de una encina, está apuntando al mismo venado para quien destinaba yo el tiro. A la vista de aquel hombre, recorre mis huesos un frío mortal. Aquel era precisamente el hombre á quien yo, entre todos los vivientes, mas aborrecia , y á aquel hombre le tenia yo á tiro de fusil. Parecióme en aquel mo mento cual si el mundo entero estuviese en el cafion de mi carabina, y cual si el odio de toda mi vida se me hubiese con centrado en la yema del dedo con que iba á disparar el arma. Una mano invisible, tremenda, se estaba cerniendo encima de mí; la manecilla del horario de mi destino marcaba irrevoca blemente aquel negro minuto. Temblábame el brazo, cual si abandonara al .fusil la terrible eleccion ;— yo daba diente con diente , como si tiritase de calentura, y el aire que inspi raba se me aprisionaba en los pulmones de un modo que me ahogaba. Un minuto entero estuvo vacilando mi fusil entre el hombre y el venado— un minuto — y otro— y otro ; la ven ganza y la conciencia estaban batallando tenaz y desespera (lamente; pero ganó la venganza, y el. guardabosques cayó al suelo. « Cayóme el fusil.con el tiro... Asesino !... tartamudeé. El bosque estaba callado como un cementerio... y oí muy distintamente la palabra asesino que había proferido. Al lle gar junto á aquel hombre, estaba en la agonía. Largo rato es tuve parado y mudo delante del cadáver, cuando por último una récia carcajada me desahogó el pecho. « ? Sabrás callar ahora., compadre? dije, bajándome para volverle la cara al otro lado.; ,pues tenia los ojos muy abiertos y desencajados. Yo me puse sério y enmudecí ; empezaba á-sentir un 110 sé qué. « Hasta entonces habia yo delinquido á costas de mi ver güenza ; pero en aquel punto acababa de suceder una cosa que aun 110 había espiado. Una hora antes, nadie hubiera podido persuadirme de que hubiese debajo del cielo una cria tura mas malvada que yo ; mas ahora empecé á creer que una hora antes era mi suerte.envidiable. « No meocurrió, verdad es, la justicia de Dios; pero sí un recuerdo confuso de la soga y el tajo , y la ejecucion de una infanticida que cuando nino habla visto. Martirizabame el pensamiento de haber de perder la vida ; pero de mas no me acuerdo. Deseaba que aun viviese el difunto. Hacíame violen cia para pintarme vivamente en la fantasía todo el dano que aquel hombre me había hecho ; pero qué estrafieza! mi me moria estaba como muerta ; no pocha 5.o evocar cosa alguna de lo que , un cuarto de hora antes , me ponia furioso. No comprendia , en una palabra , cómo había podido cometer aquel homicidio. « Entretanto , seguia yo delante del cadáver , cuando el chasquido de unos látigos y el rechinar de algunos carros que atravesaban el bosque me hicieron volver en mi acuerdo. El sitio donde me hallaba distaba apenas un cuarto de hora de la carretera. Ya era hora de pensar en mi seguridad. « Indeliberadamente me embosqué aun mas; pero ocurrióme por el camino que el difunto poseia un reloj ; yo necesitaba dinero para alcanzar la frontera, y con todo , no tenia ánimo para s•olver al sitio donde yacía el muerto. Sobresaltóme aquí el pensamiento del demonio y de la omnipotencia de Dios. Mas yo recogí todas mis fuerzas , y resuelto á habérmelas con el mismo infierno , volví al sitio fatal. Allí encontré lo que ha bia esperado, y además, en un bolsillo verde, algo mas de un duro en dinero. En el momento de írmelo á meter en el bol sillo , me detuve y me puse á cavilar. Y no me atajaba cier tamente ningun impulso de vergüenza , ni me detenia tam poco el temor de agravar mi crimen con el robo. El orgullo fué lo que me impulsó á tirar el reloj, y á no tomar del dine ro mas qu'e la mitad. Yo queda ser tenido por enemigo per sonal del muerto , mas no por ladron. « Embosquéme en seguida corriendo, pues no ignoraba que aquel monte se estendia nueve leguas al norte y termina ba en los confines del estado. Anduve corriendo sin aliento hasta medio dia. La celeridad de la carrera habia disipado las angustias de mi conciencia; pero volvieron estas con redo blada furia cuando me hallé rendido de cansancio. Mil hor rendas figuras me pasaban por delante y me sajaban el pecho corno afilados cuchillos. Tremenda era la opcion que me que daba entre una vida llena de incesante temor de la muerte y el suicidio; y yo debia elegir. Yo no tenia ánimo para salir del mundo por mi mano; y con todo, me horrorizaba la pers pectiva de permanecer en él. Estrechado entre los tormen tos ciertos y presentes de la vida y los venideros de la eter nidad, tan incapaz de vivir corno de morir, pasé la sesta hora de mi fuga, hora prenada de tormentos que no hay hom bre capaz de contar. Embargado y lentamente, y con el sombrero muy calado sin advertirlo, cual si con esto me hubiese puesto descono cido ante los ojos de la naturaleza bruta, sepia yo un estre cho sendero , que me conducia por lo mas enmaranado del bosque, cuando de repente me gritó « alto! » una voz áspera é imperiosa. Aquella voz estaba muy cerca ; mi distraccion y el sombrero que tenia hundido hasta los ojos no me habian permitido mirar en torno. Alcé la vista, y vi venir hacia mí á un hombre bravío , que empunaba un nudoso garrote. Su estampa era agigantada; así me lo hizo creer al menos mi pri mer asombro; y su tez era de mulato , resaltando horrorosa mentesobre su negrura la blancura de un ojo bizco. Llevaba, en vez de cinturon., una gruesa soga pasada sobre una levita de pano verde, donde tenia metido un cuchillo de monte y una pistola. Repitió aquella figura el grito , y un brazo ro busto asió el mio. La voz de un hombre me habia sobresalta do; pero la vista de un malhechor me infundió aliento , pues en la situacion en que 5 o me hallaba, tenia motivos para tem blar ante todo hombre honrado , mas no ante un fornido. — « ?Quién eres?» dijo la aparicion. — « Un igual tuyo , » contesté , « si eres efectivamente lo que pareces. - « No se trata de eso ; ? qué es lo que andas buscando por aquí ? — « ? Con qué derecho me lo preguntas? » contesté con altivez. • D§ 32 De 'te Aquel hombre me estuvo mirando de pies á cabeza, como si tratase de comparar mi figura con la-suya, y mi respuesta con mi figura. — «Estás hablando con aspereza como un mendigo ,» dijo Por fin. — « Todo puede ser, como 'que ayer lo fui. — « Así lo jurarla yo, »_prorumpió aquel hombrocon una carcajada; «y no querrás ahora que te tengan por de mejor condicion. - « POCO se me dá que me tengan por cosa peor ; » Y di ciendo estas palabras, hice ademan de seguir mi camino. — « ! Despacio, compadre! ? A. qué tanta' priesa ? ! Tanto te apremia el tiempo ! » « Yo estuve cavilando un rato; y no sé cómo me vinieron estas palabras á la lengua : « La vida es corta , » dije con re tintin , « y el infierno dura eternamente.» «Aquel hombre me miró de hito en hito. « Qué me ma ten , » prorumpió finalmente, « si no te has escapado de la horca. — « Eso bien podrá venir andando el tiempo. Abur, 'ca marada. « ! Aguarda, compadre !» gritó, sacando del zurron de caza un frasco de estafo, que se arrimó á los lábios y me alargó despues. La fuga y las angustias habian acabado con mis fuerzas, y en todo aquel horroroso dia no habita yo pro bado bocado. Ya estaba yo temiendo morir de necesidad en aquel monte, donde á cuatro leguas en contorno no podia ha llar de qué comer. Júzguese pues con cuanto placer admitida yo el trago. Con él corrieron fuerzas nuevas por mis huesos, cobré ánimo y amor á la vida. Hasta empecé á creer que no era yo tan desdichado como me habia parecido ; ! tanto pudo aquel sorbo de aguardiente! Sí, .fuerza es confesarlo, mi si tuacion rayó en feliz; pues por fin, despues de mil esperan zas burladas, habla tropezado con un hombre queso me se mejaba. En el estado en' que yo habia caido , me hubiera asoCiado con el diablo, á trueque de tener un camarada á quien confiar mis penas. « Aquel hombre se habia echado sobre la yerba, y yo hice otro tanto. — « El trago que me has dado mé ha hecho bien, » dije al cabo de un rato. « Bueno será que nos conozcamos mas ínti mamente.» « El hombre del bosque sacó fuego para encender la pipa. « ? Hace mucho que estás en el oficio ? » « Miróme de hito en hito.— « No te entiendo. —«? Cuántas veces se ha ensangrentado eso ? » dije yo sa cándole el cuchillo del cinturon. — « ?Quién eres tú? » dijo asustado, y quitándose la pipa de los labios. — « soy un asesino como tú... pero no mas que un prin cipiante.» . « Aquel hombre me miró, y volvió á tomar la pipa. - « ? Tú no serás de éste pais ? » dijo. —Soy de siete leguas de aquí... soy el posadero del Sol de L... si es que has oido hablar de mí.» « Al oir estas palabras, lévantóse el hombre arrebatada mente. « ! Tú eres el cazadorWolf ! » gritó. — « El mismo. — « !Bien venido, camarada, bien venido! dijo sacudién dome las manos con viblencia. !Cuánto me alegro de tenerte por fin, compadre ! Ya hace*anos y anos que estoy pensando en tí ; yo te conozco muy bien; todo lo sé, siempre he con tado contigo. — « ! Has contado tú conmigo ! ?pues para qué ? — « Todo el pais está hablando de tí. Tú tienes enemigos; un empleado te perdió , Wolf. ! Se han portado contigo con una barbárie inaudita ! » « Aquí se acaloró aquel hombre, y prosiguió de esta mane ra.— « Porque has muerto un par de jabalíes, que el prín cipe hace pacer por nuestras dehesas y barbechos, te han te nido largos anos preso en la casa de correccion y en la forta leza, te han robado casa y ajuar, en una palabra, han hecho de tí un podiosero. ?Hemos llegado pues á un tiempo en que no ha de valer más un hombre que una liebre? ? Acaso no valemos nosotros mas que el ganado que está paciendo por los Campos ? ! Y un hombre como tú habia de sufrir tanto baldon ! — « ?Pero podia yo remediarlo? « Eso allá se verá. Pero dime, ? de dónde vienes ahora, y á qué bueno ? » « Contéle entonces cuanto me habia pasado. Pero aquel hombre, sin aguardar á que yo hubiese acabado, se levantó precipitadamente con alegre impaciencia ; y cogiéndome del brazo para que le siguiese', dijo ; « Ven , amigo Wolf, ahora estás maduro, ahora te tengo como te necesitaba , yo haré de tí algo de provecho; sígueme. — « ? A dónde quieres llevarme ? — « ! No mas preguntas! sígueme, te digo; » y con estas palabras , me arrastró tras sí. « Ya habíamos andado un cuartito de hora. El monte se volvia mas enmaranado y escabroso ; ni él ni yo decíamos una palabra, cuando el silbido de mi guia me sacó de mi ca vilacion. Miré delante, y ví que nos hallábamól en la orilla de un precipicio. Otro silbido contestó de lo interior de la sima , y una escala de cuerda fué subiendo lentamente como por sí misma. Mi gula se. descolgó, mandándome esperar, hasta que volviese. « Ante todo, dijo, debo sugetar al perro, pues como no te conoce, te baria pedazos.» Diciendo estas palabras, desapareció. « Hallérne solo entonces delante de la sima, y me constaba perfectamente qúe estaba solo. No se me ocultó la imprevision de mi gula; y con alguna resolucion por mi parte, hubiera podido subir la escalera, con lo cuál quedaba yo libre de toda persecucion. Confieso que así lo pensé. Estuve mirando allá en la sima que me habia de tragar, y aquello me trajo á la pmeecmé oáriaesetrleambiescmeormdeel iannftieernlao,cdaerlreqruae qyuae nyooca'rbnee sdailsipr.onEima á emprender; solo una pronta fuga podia salvarme. Ya resuel vo huir; ya alargo la mano para subir la escalera ;—pero de repente me pareció oir una voz de trueno que resonaba como una carcajada del infierno, y me decia : .Qué tiene que per der un asesino?» — y me cae el brazo sin fuerzas. Mi cuenta estaba llena; 'labia ya volado el tiempo del arrepentimiento; el asesinato recien cometido se encumbraba á mis espaldas como un penasco, y atajaba mi retroceso eternamente. Al bmaisjamro. Ytiaemripoocaabpiaareecniótonmciesgeulieac,ciqounien me dijo que ya podia , y me descolgué con el. «No bien hubimos andando algunos pasos-por debajo , se ensanchó el piso, y vi unas cuantas chozas en una hondona da. En medio de ellas habla un pequeno espacio cubierto de menuda yerba, en el cual habla unos veinte individuos, entre hombres y mujeres, en torno. de una hoguera de carbon. « ! Aquí teneis , camaradas, » dijo mi guia presentándome ábieaqnuvelelnaidgae.nte, « aquí teneis al posadero del 'Sol 1• dadle la pán«d!oEsle epnostaodrenroo.deSluSoall!eg»rígaritaron todos levantándose yagol me pareció sincera y cordial, fuerza es confesarlo. No habia allí semblante que no respira sqeuiceonnfmiaenzcao,gyiahpaostra reel spveetsotid; oqu;iepnaremceiaecsotrmecohasibvaollvaiemseannoá, ver á un conocido antiguo y querido. Mi llegada habla in terrumpido el banquete. Sirviéronle luego , y me obligaron á brindar por mi feliz llegada. Componíase la comida de car ne de venado; y la botella de vino circulaba sin cesar. Dirian que el bienest/r y la concordia animaban á toda la gavilla , y todos porfiaban por mostrar la alegría que les causaba el verme con ellos. « Habíanme colocado entre dos mujeres ; lugar preferente en la mesa. Yo esperaba ver allí la hez del sexo ; pero grande fué mi asombro, cuando vi entre aquella gente depravada las dos mujeres mas hermosas que hubiese conocido hasta enton ces. illargarita , la de mas edad y la mas bella , se hacia tra tar de senorita, y tendría apenas veinte y cinco anos. Su ha bla era atrevida , y sus ademanes mas atrevidos todavía. María, la mas joven , estaba casada ; pero habia huido de su marido , que la maltrataba. Conociase que 'labia recibido mejor educacion que su companera ; pero que tenia el sem blante muy pálido y estaba delicada. Con todo , me dejé prendar de esta antes que de aquella. « Ya ves , compadre , dijo el hombr e que allí me habla conducido ; ya ves la vida que llevarnos ; todos los días son como este ; ? no es verdad, camaradas ? « Sí, todos los días son como este, » gritó toda la cua drilla. — « Si te agrada pies nuestro modo de vivir, venga esa mano , y serás nuestro capitan. Hasta ahora lo he sido yo ; pero á tí cederé gustoso el *puesto. ?Os parece bien , camara das? » « Un recio sí fué la unánime respuesta. « Mi cabeza estaba ardiendo, mi cerebro atontado: me her vía la sangre de vino y concupiscencia ; el mundo me 'labia echado de sí como á un' apestado ; aquí hallaba yo cordial acogida , bienestar y respeto. De todos modos, y cualquiera que fuese mi eleccion , me aguardaba una muerte violenta ; pero aquí podia yo al menos vender mi vida á mas subido precio. La concupiscencia era en mí una pasien desenfrenada; el otro sexo no me había mostrado hasta entonces mas que menosprecio; aquí me estaba brindando con placeres sin tasa. Poco hubo de costarme el resolverme.— « ! Con vosotros me quedo , camaradas !» grité en voz recia y resuelta, adelantán dome en medio de ellos ; « con vosotros me quedo,» repetí, « si me cedeis mi hermosa vecina.» — Convinieron todos en mi demanda ; y con esto vine á ser dueno de una prostituta, y capilar) de una gavilla de salteadores.» Lo restante de esta historia lo pasaremos en silencio ; por cuanto lo meramente horroroso para nadie puede ser instruc tivo. Un desdichado que habia caido á tanta hondura habia de permitirse cuanto horroriza 5 la humanidad ; pero bueno es que conste que no cometió otro asesinato, segun él mismo lo afirmó en el cadalso. La fama de este hombre se estendió luego por toda la pro - vincia. No habia seguridad en las carreteras ; asaltos noctur turnos traian desasosegados á los campesinos, el nombre del po sadero del Sol causaba universal zozobra; la justicia le andaba buscando con alible°, y se puso á talla su cabeza. Pero él tuvo la dicha de burlar cuantos planes 'se combinaron para pren derle, y supo aprovecharse de la supersticion de los crédulos campesinos. Hasta sus mismos companeros llegaron 5 persua dirse de que tenia hecho un pacto con el demonio. El territo - rio donde representaba su papel era en aquel tiempo uno de los mas atrasados de Alemania ; y la general creencia de que era un brujo contribuía en gran manera á su seguridad per sonal ; pues nadie quena habérselas con un foragido que te nia 5 sudisposicion al mismo diablo. • Ya hacia un ano que llevaba tan triste vida, cuando empe TOMO 1. zó 5 hacérsele intolerable. La gavilla á cuya cabeza se 'labia puesto no realizaba sus brillantes esperanzas. Un esterior en ganoso le habia cegado en otro tiempo en medio de la em briaguez; mas ahora echó de ver con espanto cuánto se habia hundido. Hambre y miseria reemplazaron la abundancia con que le habian brindado ; no pocas veces hubo de arriesgar la vida por un bocado de pan para hambrear luego. Voló aque lla imagen fantástica de fraternal concordia ; la envidia, la suspicacia y los celos estaban batallando en lo interior de aquella gavilla. La justicia 'labia prometido un .premio al que le entregase vivo , é indulto , si era cómplice suyo quien lo vendieSe ! tentacion poderosa para la hez de la tierra ! El desdichado estaba hecho bien cargo del plisa) que corría ; pues mala prenda erade suvida la lealtad de aquellos que de linquian constantemente contra Dios y los hombres. Ya no podia conciliar el sueno ; angustias mortales é incesantes •le acosaban ; la horrenda fantasma de la sospecha arrastraba tras él sus cadenas 5 donde quiere que huyese, le martirizaba en vela ,se encarnaba 5 su lado cuando se acostaba, y le ater rorizaba con horribles ensuenos. La conciencia , que habia enmudecido, recobró otra vez el habla ; y el áspid del arre pentimiento, que habia estado durmiendo; despertó de nuevo en aquel tumulto general de su pecho. 'fodo su ódio se apar tó entonces de la humanidad para volverse contra él mismo con redoblada violencia. Él perdonó á la naturaleza entera, y no halló por maldecir ,mas que así propio. El vicio habia completado su ensenanza en el desventura do ; su natural buen entendimiento arrolló por fin la triste ilusion. Sintió toda su degradacion ; una quieta melancolía sucedió á la rabiosa desesperacion. Él estaba llamando lo pa sado con ardorosas lágrimas, porque sabia que lo emplearía de muy distinta manera. Hasta empezó .5 esperar que todavía pocha ser hombre de bien, porqué sentía que podía sedo. Así fué como, en la mas alta cumbre de su depravacion , se ha llaba mas cerca del bien que lo había estado quizás antes de sn desliz primero. Por este mismo tiempo habia estallado la guerra llamada de siete anos, y los oficiales reclutas iban enganchando mozos á porfía. En esta circunstancia vió el desdichado una vislum bre de esperanza, y escribió á su soberano una carta , que extracto á continuacion : « Si vuestra real gracia no tiene 5 menos bajar hasta mí; si los criminales de mi especie no yacen fuera del alcance de vuestra compasion , dignaos oirme, Senor: yo soy asesino y ladron; la ley me condena á muerte, la justicia me anda bus .cando; — y yo me ofrezco á presentarme voluntariamente. Pero traigo al mismo tiempo una súplica muy rara á los pies de vuestro trono. Yo detesto mi vida , y no temo la muerte ; pero me horroriza el morir sin haber vivido. Yo deseara vivir para espiar una parte de lo pasado, para aplacar al estado 5 quien he ofendido. Mi muerte en el cadalso será para el mun do un ejemplo , mas no una reparacion de mis hechos. Yo detesto el vicio, y anhelo la honradez y la virtud. Yo he mos trado facultades para venir á ser temible para mi patria ; y todavía me quedan algunas para emplearme en su servicio. « Bien sé que estoy pidiendo algo desusado. Yo merezco la muerte, y no debo entrar en negociaciones con la justicia. Mas no parezco ante vos aherrojado.., aun estoy libre.., y no tiene el miedo la menor parte en la súplica que os dirijo. « Gracia es lo que pido. Aun cuando tuviera un derecho 5 la justicia, no osara hacerlo valedero.—Con todo, algo pudie ra yo recordar á mis jueces. La época de mis crímenes empie za con la sentencia que me arrebató la honra para siempre. Si en aquel entoncesno se me hubiese negado la justicia, qui zás no necesitaria yo ahora pediros gracia. o w 3• « Dispensadme gracia , Senor , no ya justicia. Si está en vuestras altas atribuciones aplacar por mí la ley , regaladme la vida , que desde ahora pongo para siempre á Vuestro ser vicio. Si podeis hacerlo , veré vuestra voluntad en los papeles públicos ; 'y bajo vuestra palabra soberana, me presentaré en la capital. Pero si lo teneis resuelto de otro modo , haga la justicia lo que le parezca , que yo haré otro tanto conmigo.» A esta súplicaano tuvo contestacion , como tampoco la re cibió á otras dos en que pedia una plaza de ginete al servicio del príncipe. Con esto se desvaneció completamente su espe ranza de perdou ; y resolvió huir del pais para ir á morir co mo soldado al servicio del rey de Prusia. Logró separarse de su gavilla y emprendió el viaje. Cabal mente habia de pasar , con el camino que llevaba , por una pequena ciudaddonde queria detenerse una noche. Hacia poco que se habian pasado á las autoridades locales órdenes muy rigurosas respecto de los viandantes, porque el soberano del pais , que era príncipe del imperio , habia tenido á bien to mar parte en la guerra. El guarda de la puerta de aquella pequena ciudad estaba sentado delante de la barrera, cuando llegó Wolf montado. El traje de este hombre era estrafalario, desalinado y estranó al mismo tiempo. El rocinante que mon- taba, y lo grotesco de su vestido para el cual habia consulta do probablemente, antes que su gusto, la cronología de sus robos, formaba reparable contraste con un rostro donde se leian pasiones aviesas y padecimientosprofundos. El empleado de la puerta se inmutó á la vista de aquel viajero tan raro ; ya llevaba cuarenta anos de guarda de la puerta, como qué habla encanecido en este empleo, y adquirido un tino certero para juzgar por la fisonomía de las intenciones de los viaje ros. El ojo de halcon de aquel sabueso conoció tambien aquí á su hombre; por donde no vaciló en atrancar la puerta, y pi-. dióle á Wolf el pasaporte, cogiendo el caballo por el freno.- Wolf iba Ya prevenido, y tanto, que llevaba consigo un pasa. porte que no había mucho que habia quitado á 1111 mercader. Pero no bastaba este solo testimonio para volcar cuarenta anos de observacion fisiognomónica, ó para mover á una re-. tractacion al oráculo de la puerta. Este dió mas crédito á sus ojos que á aquel pedazo de papel, y Wolf hubo de seguirle á la casa del ayuntamiento. El alcalde examinó el pasaporte y le declaró corriente. Pero este buen hombre era muy amante de noticias y de charlar sobre la gaceta con 'una botella al lado. Como decia el pasa porte que el portador •venia directamente del teatro de la guer ra, trató de sacar del forastero algunas noticias reservadas, y • le envió inmediatamente el secretario con el pasaporte para invitarle á beber con él una botella de vino. Entretanto esta ba aguardando Wolf delante de las casas consistoriales; y su traza grotesca habia atraido en torno suyo al populacho y á los papanatas del pueblo. Aquellas gentes se hablan al oido y senalan con el dedo al ginete y el caballo, y acababan por ar mar un alboroto. Desgraciadamente era robado el caballo ; y Wolf se imagina que le conocen ; el inesperado agasajo del ala ealdé le confirma en su sospecha ; y desde luego dá por su puesto que han descubierto el engano del pasaporte, y que aquel convite no es mas que un lazo para cogerle vivo v sin resistencia. La mala conciencia le hace perder la cabeza ; dá un espolazo á sucaballo, y se escapa sin contestar al secreta rio, que, en nombre del alcalde, le convidaba. Aquella fuga repentina aumenta el alboroto. « Es un bribon !» gritan todos, y todos se precipitan tras él. Pero tratase para el ginete de vida ó muerte ; ya tiene la delantera, sus perseguidores le ván siguiendo de lejos y ja deando ; ya casi está en salvo; pero una mano invisible se le cierne encima; ya se vá acabando la arena de su reloj; la inexorable Némesis detiene á su deudor : la calle por donde se metió no tiene salida , y hay que volver para atrás contra sus perseguidores. La gritería provocada por este incidente ha alarmado en tretanto á toda la poblacion , y los vecinos salen á la calle, y vá á mas el gentío que ataja las calles y sedirige contra el fo rastero. Este ensena una pistola, y la gente se retira; él quie re abrirse paso. por entre la turba, diciendo : « Este tiro será para el atrevido que quiera detenerme.» El miedo impone silencio por un momento ; pero .un mozo cerrajero, mas ani moso , le embiste por la espalda, y le hace saltar la pistola de la mano en el instante en que el furioso Wolf iba á disparar: Viéndole inerme, el populacho se le echa encima , le arroja de caballo , y le arrastra en •triunfo á las casas consisto riales.. — «? Quién sois? le pregunta el juez en tono desabrido, • — « Soy un hombre resuelto á no contestar á ninguna pre gunta que no se me haga con la debida urbanidad. « ?Quién es V. ? — (, soy lo que dice el pasaporte. He recorrido toda la Alemania; pero en ninguna parte he visto tanta grosería co mo en este pueblo. . — « La inesperada fuga de V. le hace- á V. sospechoso. ? Pórqué huia Y.? — « Porque ya estaba fastidiado de.ser el hazme reir del populacho. — « V. amenazó hacer fuego. . -- «la pistola no estaba cargada.» Aquí se examinó la • pistola, y se vió que en efecto no tenia bala dentro. — « ? Porqué lleva V. consigo armas ocultas? — « Porque traigo conmigo efectos de algun valor, y por que me han hablado de un tal posadero del Sol, que , segun aseguran, anda por estos contornos. - Sus contestaciones de V. prueban que es V. hombre de valor, mas no bastan para justificarle. Hasta manana por la manana le doy á V. de tieinpo para declarar la Verdad: - « Yo insistiré en lo dicho. d- Llévenle á la turre. « ! A la torre! Esporo, senor alpalde, que todavía habrá" justicia en este pais. Yo le pediré á V. una satisfaccion. — « Yo estoy muy dispuesto á dársela á V., en cuanto se haya V. justificado*. » Por la manana del dia siguiente estuvo cavilando el alcal de que quizás era inocente el forastero, que nada recabada de él con tono imperioso , y que lo mas acertado seria tratar le con moderacion y decoro. Reunió pues el jurado , y man dó que le trajesen el preso. — « Espero que se servirá V. disculpar el mal tratamiento de ayer, y que lo atribuirá V. al primer acaloramiento. — « Estoy muy dispuesto á contestar á V. « Nuestras leyes son muy rigurosas, y el lance de V. ha llamado la atencion. Yo no puedo ponerle á V. en libertad sin faltar á mi deber. Las apariencias están contraV. Yo de seara que me dijese Y. algo que las desvaneciese. - « ? Mas si nada pudiera yo decir ? — « En ese caso, he de dar parte al gobierno de lo ocur rido , y entretanto se quedará V. preso. — « ?Y luego? — « Despues es muy posible que, como á vagabundo, se le eche á Y. del pais á latigazos, ó cuando menos, que le declaren á V. soldado.» Wolf estuvo callado un rato, como si batallase consigo, y en seguida se encaró resuelto con el juez. • s — « ?No podria yo estar solo con V. un cuarto de hora ?» Los demás magistrados se miraron unos á otros en ademan Y1 35 K receloso ; pero hubieron de salir de la hizo su presidente, sala á una sena que les afros que está V. en el mundo; habrá V. padecido mucho, ?no es Verdad? y se ha vuelto V. mas humano. -- « A ver, ? qué quiere V. decirme? — « A fé mia que no comprendo... — « La conducta de V. de ayer, senor alcalde, jamás me bu- — « qhdbuáeiecesraiaamfiaVmer.tortv;aoiptddauaoeVseá.scpchreooecoynifemeqsdueaeerhlveaaisoivnlVeef.unrducnanidadi.h,doopPmoerrerbqosrupeee.ldcatteeonbmgyieoocndou.ennrsaicpdileoarncaecrciooennn edpbsirlctaoaennmdtáooiVs?nEe.esrtceiácleos'cVirotd.ariráaaázpaoYn)c.o?omsl?apiNsaneoseroigascadordirávediinlaVaa.aenVtáet.erlcnooeislndhatrqodiumb..iu,ebnnpraerelsos.ndtáet?oN.VD.a..idomash;ualyie. — « ? Pero qué tiene Y. que decirme ? — « ! Acabe Y. por Dios !... ! Y. me asusta ! — « Veo que es V. un hombre de bien. Ya hace mucho — « ?No lo adivina V.?... Escriba V. al príncipe como me tiinefmlapmoeqVu.eqdueeseleabeastyreocehnecloanmtraarnoá. un hombre como V. 'Per- eRnuceognuteróY.V..p.,oyr-qmuíe, yaonmciiasnmoo, esypdoenjteánYe.amcaeenrteenmesedgeusciduabruín..a. — « ! A qué vendrá á parar todo eso ! lágrima sobre el parte. Soy el posadero del Sol. » — « V. tiene la cabeza cana y venerable ; ya hace largos Antonio Bergnes de las Casas. Los dos ángeles. por tirummarber. Abrazados como hermanos, iban recorriendo la tiorra el ángel del sueno y el de la muerte. Ya anochecia. Sentáronse en la cima de un collado, no lejos de las moradas de los hom - bres. Reinaba en torno una melancólica quietud, y tambien enmudecia el esquilon de la lejana aldea. Callados y tranqui los , como suelen estarlo , tenianse carinosamente abrazados los dos genios benéficos de la humanidad , y ya se acercaba la noche. Levantóse entonces el ángel del sueno de su mus goso lecho , y empezó á esparcir con ligera mano las invisi bles semillitas del sueno. Los suaves céfiros las llevaron á las habitaciones del cansado labrador , y al punto se dejaron caer en brazos del dulce sueno los moradores de las campes tres chozas desde el anciano que anda apoyado en el báculo, hasta el infante que se mece en la cuna. El doliente olvidó sus padecimientos, el afligido su desconsuelo , el menesteroso su miseria. Cerráronse los ojos de todos ellos. Terminada su tarea, sentóse el benéfico ángel del sueno al lado de su mas grave hermano. « Cuando despierte la aurora , dijo él con ri suena inocencia , me alabarán los hombres como á su amigo y bienhechor. ! 011 ! qué placer iguala al de hacer bien se cretamente y sin ser visto ! ! Cuán felices somos nosotros mensageros invisibles del buen Genio ! ! -Cuán bella es pues-, tra VOCaCi011! » Así habló el amable ángel del sueno.. Mirábale el ángel de la muerte con callada melancolía , y asomó á sus ojos una lágrima como las derraman los in mortales. « ! Ay I » dijo él, « !que no pueda yo, como tú , ce lebrar la alegre gratitud de los hombres! A mí me llama la tierra enemigo suyo y perturbador de sus gozos. » Oh ! hermano inio , repuso el ángel del sueno, ?tan pronto has. olvidado que cuando despierte el bueno, reconocerá en tí su amigo y bienhechor, y te bendecirá agradecido? ?No so mos nosotros hermanos y rnensageres del mismo Padre? » Así habló él, y .en aquel punto brillaron de júbilo los ojos del ángel de la muerte, y estrecharon sus abrazos los dos gé nios hermanos. Los tres amigos. por tjerber. No te fie,s de ningun amigo , que no le hayas probado. Amigos, hay muchos á la mesa del banquete ; pocos, empe ro, 6 acaso ninguno, á la puerta de la cárcel. Tenia un hombre tres amigos ; y de estos quena muchísi mo á los dos; pero el tercero le era indiferente , aunque era el que á él mas le queda. Un dia fué demandado ante el tri bunal para.responder á unos cargos que, sin fundado mo tivo, se le hacian. « ?Cuál de vosotros, dijo él, quiere acom panarme y atestiguar mi inocencia? Se me ha hecho un car go muy grave, y el Rey está airado conmigo. » El primero de sus amigos se disculpó desde luego, di ciéndole que sus muchos quehaceres no le permitian acompa narle. El segundo le acompanó hasta la puerta del juzgado; pero llegado allí, le volvió la espalda, y se fué otra vez á sus negocios, porque tuvo miedo de presentarse ante el airado Antonio Bergnes de las Casas. Juez. El tercero, con quien él menos había contado , se me tió dentro con él, habló en su defensa, y atestiguó su inocen cia con tantas veras , que el Juez le absolvió , y hasta le hi zo un regalo. Tres amigos tiene el hombre en este mundo ; ? pero cómo se portan en la hora de la muerte, cuando Dios le llama á su tribunal supremo? El dinero , que es su mejor amigo , es el primero que le abandona , y no vá con él. Sus parientes y amigos le acompanan hasta la puerta del sepulcro, y se vuel ven luego á sus casas. El tercero, de quien tan poco aprecio hizo por lo mas en vida , son sus buenas obras. Estas solas le acompanan hasta. el trono del Juez, ván delante , hablan P01' él, y alcanzan misericordia y gracia. Antonio Bergnes de las Casas. 36 l< Encuentro inesperado. por jelict. Hace algo mas de cincuenta anos que, en el pueblo de Falun, en Suecia , dió un joven minero un beso á su linda novia, diciéndole : « El dia de Santalucíabendecirá el cura nuestro amor, y seremos marido y mujer, y nos edificaremos un ni dito. » — « Y en él morarán la paz y el amor, repuso la her mosa novia con graciosa sonrisa ,- pues tú eres mi único y mi todo , y sin ti, me fuera la vida tan enojosa! » Mas cuando unos pocos dias antes de Santa Lucía los hubo proclamado el párroco por segunda vez, dió la muerte un aldabazo á la puerta de uno de estos venturosos amantes. Cuande á la manana siguiente Pasó el joven 'minero por de lante de la cabana de su querida, llamó á su ventana y le dió los buenos dias, mas no volvió á darle las buenas tardes, pues nunca mas volvió de la mina, y en vano estuvo ella haciendo un dobladillo, aquella misma manana, á una corbata negra que (merla -regalarle el dia de las bodas ; pero como el novio nunca acababa de llegar, puso la triste la corbata á un lado, lloró su. muerte y no le olvidó jamás. Entretanto destruyó un temblor de tierra la gran ciudad de Lisboa en Portugal, y pasó la guerra de los siete anos, y murió el emperador Francisco 1, y quedó disuelta la órden de los Jesuitas y partida la Polonia , y murió la emperatriz 'aria Teresa, y fué ajusticiado Struensee, el privado del rey de Dinamarca ; la América inglesa conquistó su independen cia, y las fuerzas unidas de Espana y Francia no pudieron re cobrar la plaza de Gibraltar; Los Turcos encerraron al general .Stein en la cueva de los Veteranos, en Hungría, y murió tara bien el emperador José ; Gustavo , rey de Suecia invadió la Finlandia rusa, y empezó la revolucion francesa y la larga guerra, y el emperador Leopoldo II bajó tambien al sepul cro. Napoleon invadió la Prusia, y los Ingleses bombardea ron la ciudad de Copenhague, y los campesinos seguian sem brando y segando. Los Molineros molian, y los herreros ferja ban , y los mineros cavaban la tierra, én busca de venas metálicas, en sus talleres subterráneos. Mas al tratar los mi neros de Falun, en el ano 1809, pocos dias antes ó despues de San Juan, de abrir un hoyo entre dos capas , á mas de tres cientas varas de profundidad , sacaron de los escombros y del agua saturada de sulfato de hierro el cadáver de un man cebo, enteramente penetrado de la misma sal, pero fuera de esto , incorrupto y sin la menor alteracion ; y tanto , que todavía podían reconocerse sus facciones y edad, como si hubiese muerto en aquel mismo instante, ó corno Si se hu biese echado á sestear en medio de su faena. Mas cuando le hubieron sacado de la mina, nadie conoció al mancebo dor mido, ni supo nada de su desgracia (pites sus padres, ami gos y conocidos habian muerto tambien ya hacia mucho tiem po), hasta que se presentó la que habia.sido novia del minero, que allá, en dias muy lejanos, se habia metido en la mina, y no habia vuelto á subir. Toda cana y encogida, llegó aquella caduca mujer al sitio, apoyando su encorvado cuerpo en una muleta, y reconoció á su novio ; y con gozosa, antes que con dolorosa sorpresa, dejóse caer sobre el querido cadá ver; y despues que se hubo recobrado de la violenta emocion de júbilo que la embargó durante un buen rato, prorumpió en estas palabras : « Es mi novio, á quien he estado llorando durante cincuenta anos, y que Dios me deja ver finalmente .antes de morir. Ocho dias antes de la 's bodas, bajó mi querido á la mina, y nunca volvió, » Estas palabras arrancaron lágrimas á los circunstantes, que estaban viendo á la novia en edad caduca, y al novio en toda su juvenil hermosura ; pero él no abria la boca para sonreirse ni los ojos para reconocerla. Finalmente mandó ella á los mineros que lo llevasen á su cabana, como cosa que era suya esclusivamente , hasta que le hubiesen dispuesto un se- . . pulcro en el cementerio. Al dia siguiente, cuando fueron á buscarle los mineros para llevarlo al campo santo , abrió ella una arquita , sacó una corbata negra , se la puso á él al cuello, y echó á andar trabajosamente á su lado , vestida de fiesta, cual si fuera un dia de bodas', y no de entierro.; .en seguida, cuando le hubieron bajado al hoyo , 'dijo : « Haz por dormir bien un dia mas ó diez á lo sumo en el fresco tálamo y no te impacientes ; pues poco es lo que me queda que hacer, y pronto vuelvo, y amanecerá luego.— Lo que una vez ha restityido la tierra, no lo guardará por segunda vez, » dijo en el acto de marcharse y de volverse á mirar á su novio. El Verano polar. Sabido es que las tierras polares, por efecto de la posicion oblícua del eje de la tierra respecto de la órbita terrestre, tie nen, en invierno, una noche que dura meses enteros, y en ve rano, un dia de igual duracion. Segun el sueco Oscar Schmidt, se hace en gran manera reparable la influencia. de esta marcha de la naturaleza, no menos en el hombre que en los animales y en las plantas. Con lágrimas en los ojos le refirió la mujer de un alto funcionario en Tromsoe , capital de la Norlandia, en Noruega, la cual no estaba de nina acostumbrada á este fenómeno, cuán horrorosa le habla parecido la ausencia del sol durante una noche de dos meses. Segun los viajeros, ejer ce el sol boreal en los que están acostumbrados á la regular alternativa de luz y oscuridad una influencia muy escitante, Antonio Bergnes de las Casas. que hasta se deja conocer en los naturales de aquellas regio nes. Los ninos juegan hasta despues de media noche, las aves y otros animales, que en otros climas gustan del descanso de la noche, pierden la cuenta del tiempo, mientras vá describiendo el sol círculos completos sobre el horizonte, y SU disco rojizo alumbra desd.e el norte aquella anchurosa tierra. A esta misma circunstancia debe el reino vejetal aquel brotar tan rico y lozano ; por cuantO se observa en las plantas la propia sobre-escibacion que en los animales. Con aquella luz constante, reciben las yerbas y las hojas de las plantas un verde mas lleno y fresco que en nuestros climas ; las flo res descuellan por sus matices mas limpios y subidos. Cuan do el disco solar está mas inclinado al horizonte y tiembla, YI 37 1( con su color 'violado, encima de las ondas , no ya, como en tre nosotros , unos pocos minutos antes de la puesta, sino durante horas enteras; cuando, en su carrera circular, vá be sando , por decirlo así , aquellas majestuosas costas, y encen diendo las nevadas cumbres , en aquellos momentos no ha bija sin duda ningun hijo mimado del Sur que no prorum piese en vivas esclamaciones de asombro y admiracion. La tríentalis europea , que entre nosotros solo presentaflo Juan SUERO DEL ENTIERRO. res lisas y blancas , está allí pintada del encarnado mas subido. Las anémonas, entre otras, echan de sí la palidez de los climas uniformes , y toman el color ardiente de la -juven tud ; y á su lado se desarrollan mas bellos y pintados los líquenes y lo musgos. Ya está visto ; no hay un rincon de la tierra á quien haya desatendido la próvida naturaleza. Pablo Antonio Bergnes de las Casas. Federico Richter. Una madre tiernamente formada de alma y cuerpo , al arrojarse á un aposento, de donde salian voces de ayuda, por haberse encendido una vasija de espíritu de vino que se ha bia derramado por el suelo , resbaló , y cayó en el espíritu quemante y corrosivo y murió de resultas , tras un mes de padecimientos. Es de saber además que ya habian muerto dos hijos suyos, y que sus hijas solas acompanaron su cuerpo en el entierro de la manana. La forma de esta relacion se funda en la creencia, popular en Alemania, de que si una persona, en la noche de ano nuevo , traza un círculo en torno suyo en una encrucijada , juguetearán por todo el ano delante de ella espíritus en forma de vapor. Sigamos entretejiendo siempre variados suenecitos para agregarlos al gran sueno de la vida ; y vosotros , amigos queridos , admitid con benevolencia el sueno que acá os pre sento. Soné que me hallaba en el cementerio en la noche de ano nuevo , cuando la creencia anda buscando en sus círculos ataudes y llamas en los techos de las casas.— Los futuros se pulcros del ano estaban abiertos á la manera de lechos de descanso, y estaban vacíos, y colocados en hileras que se es tendian á larga distancia. Iba pasando un pardo dia de in vierno tras otro, y precipitaba á sus muertos en la mas fresca gruta de esta bochornosa vida... Yo no conocía á los que se hundian en los sepulcros. Llegaron despues los claros dios de primavera, y se portaron con mayor aspereza, y llenaron los lechos abiertos de la muerte, ora,con un padre, ora con una hermana , ora con un amigo ;—de cuando en cuando desli zábase de entre dos brazos un pequeno atand de infante á la segunda cuna de la vida, cual si fuera el cáliz de una flor ; — y yo empecé á meditar con suave dolor : Preciosas criatu ras , !cuán alegremente os enfriais en el ventisquero de la vida, y con qué contento os dejais caer en vuestra ultima y mas blanda almohada llena de flores ! ! Ah ! la cruz , que tantas heridas os abriera , está ahora pintada , y nada mas, en vuestro pequeno túmulo !—Mas yo no conocia á ninguno de aquellos á quienes los dias de la primavera tiraban á la huesa entre el clamoreo de las campanas. Apareció luego una manana nublada y muda , que llevaba su forma tapada en su ataud,—y detrás de la forma tapada , andaban vacilantes unas figuras vestidas de blanco , estre chamente veladas , y mudas ; —la bóveda se oscureció aun mas;—y abrióse el ataud. ! Oh ! un grito de horror se ex haló entonces de todos los corazones, y conocí á la desven turada y á la difunta.—! Tú , forma marchita y tranquila , cuyos ojos están cerrados para siempre , pero tambien para siempre enjutos , como vas tan destrozada debajo de la tierra ! ! Cómo te estuvo sajando tan redobladamente la muerte á tí , tierna flor , antes no te remato ! Ay de mí ! en torna de tus labios vino á petrificarse el dolor en tu postrer aliento , y tu mano está ensangrentada , cual si por largo tiempo la hubieses tenido aferrada á la helada cerradura de la puerta de la muerte , y retirádola despues mal herida. Con todo , mas quiero contemplarte á ti, ó tú , ya tranquila , que á tus amigos , en quienes tan al vivo se reflejan en un solo pensamiento todos sus padecimientos ; mas quiero mirarte á tí que á tu hermana, que tan gustosa participada de tu pre sente y tan profunda noche de sueno, como participó de tus anteriores noches desveladas ; — mas quiero mirarte á tí que á tus carinosos hijos , que , cegados por el llanto , están con templando el írio túmulo de tierra que se interpone entre el corazon de su madre y sus tiernos y amantes corazones. Y se me enturbió la vista , y desplomándose las nubes , se posaron pesadamente como un palio sobre la escena de luto y los desconsolados séres;—y nubloso todo como una vida. Mas de repente tembló la nube , anchamente cuarteada por unos rayos, de cuyo sol nada sabe el hombre;—patentizóse el azu lado cielo lleno de brillantez de amor , y chupaba con tibios céfiros las, flores de la pesada tierra del túmulo. —Surgie ron del sepulcro dos altas azucenas.— Dos primaveras se fueron corriendo amorosamente la una al encuentro de la otra, y mecieron con sus soplos las azucenas hasta que echa ron á volar las hojas de sus capullos á lo alto, y las recogieron dos ángeles que bajaron del cielo. — Cerniéronse luego los ángeles encima del sepulcro, acercándose á él mas y mas;— salieron del mismo mas y mas llores ; abvióse despues ;— levantóse la madre; — los ángeles eran sus dos hijos, los cua les estaban echados sobre el regazo de su madre, que la muer te habia curado de la vida.— « !Oh! ! bien venida ! » — dije ron ; « ! bien venida á nuestra tierra de, reposo, madre harto martirizada! aquí curará tu vida mas blandamente , y aque lla blanca mortaja es el vendaje postrero y el mas suave para tus llagas terrenales.— No mires tanto rato á la tierra, donde te están llorando; en la eternidad vuelan los días de otro mo do ; y no hace mucho que de tí nos separamos, querida madre, y la eternidad hermosa atrae á sí todo lo que rido.» No diré, amigos mios , que desperté , por cuanto no fué aquella apariciou un sueno.— Mas tampoco lo fué el consue lo ; — pues Dios puso en todo pecho una flor inmarcesible para cada sepulcro de la tielra. EL DOBLE JURAMENTO DE ENMIENDA. Era Enrique nn joven de quince anos, esto es , lleno de buenos propósitos , que raras veces cumplia , y lleno de de m 38 1E fectos, de queso arrepentia todos los (Has ; él quena entrana blemente á su 'padre y á su maestro pero mas queda sus gustos ; de buena gana hubiera sacrificado por entrambos su vida , Mas no su voluntad ; y su fogoso espíritu no le arran caba á él menos lágrimas que .á las personas á quienes que ria. De este modo iba vagando su vida dolorosamente entre .el pecado y el arrepentimiento , hasta que por ú!tifno su lar go fluctuar entre sus buenas resoluciones y sus recaidas desa hució de toda enmienda , no solo á. sus amigos , sino tam bien á él mismo. . Acosaba ya sin tregua al mal herido corazon del conde su padre el triste presentimiento de. que , en la universidad y en sus. viajes , donde los falsos senderos del vicio se ván vol viendo mas y mas floridos y resbaladizos , y de donde no habria ya ninguna manoque le retrajese , y nose oiria tam poco la voz de un padre que le Hartase atrás , se precipita da Enrique de uno en otro yerro, y regresaria finalmente. con el alma contaminada que malogró su. pura belleza, y hasta el reflejo de la virtud , el arrepentimiento. El conde era de índole blanda, tierna y religiosa; pero de complexion débil y enfermiza. El sepulcro de su esposa se hallaba, por decirlo así, debajo del suelo de su vida, y soca vaba todos los pensiles donde iba 'buscando flores... Enfermó él una vez en el dia de su natalicio , quizás á consecuencia del mismo, por no poder su lastimado pecho sufrir un (ha en que con mayor fuerza late el corazon en él. Mientras iba re cobrando de un desmayo para caer en otro, entró su hijo en la pequena glorieta, donde estaban el sepulcro de su madre y el otro vacío que su padre habla mandado construir para sí durante la temporada de luto ; y -allí juró Enrique al espí ritu de su madre guerra sin tregua á sus ímpetus de enojo y á su voraz anhelo por los placeres. El natalicio de su padre le estaba diciendo á gritos : « La delgada tierra que sostiene á tu padre, y le separa del polvo de tu madre, se hundirá muy pronto , quizás dentro de poquísimos dias ; y Monees morirá él conturbado y sin consuelo; y se llegará á tu ma dre, y no le podrá hablar de tu enmienda.» — Oh ! aquí fué el llorar amargamente ; — pero, desdichado Enrique, y de qué sirven tus lágrimas y tu desconsuelo sin tu enmienda? Al cabo de algunos dias pudo levantarse su padre de la ca ma , y en medio de su enternecimiento) y esperanza, apretó contra su calenturiento pecho al jóven arrepentido. Estaba Enrique él)rio de gozo y de dicha con el recobro de su padre y el beso que le dió; — pero volvióse mas desatentado y dís colo que antes; su maestro , que trataba de contrarestar con medios enérgicos la enfermiza blandura del padre, se opuso á aquellos ímpetus; Enrique desobedeció fieramente sus man datos, que no tenia por paternales; y al repetirlos el .maestro de un modo terminante, Enrique, furioso , malhirió el co razon y el honor del amigo que le contrarestaba; —y aquella relelion contra su maestro penetró corno una saeta envenena da en el lastimado corazon de su padre, el cual, rendido por la herida, volvió á caer en el .lecho del dolor. No trato ahora de pintaros, hijos mios, ni el desconsuelo de Enrique , ni su pecado ; pero incluid , sí , en el severo fallo que merecen sus faltas las que vosotros mismos habeis acumu lado quizás en vuestra conciencia. !Ah! ?qué hijo puede acer carse al lecho mortuorio de sus padres , que no tenga que decirse : « Aunque no haya yo quitado á su vida ninguno de SUS anos , es muy positivo que les cuesto semanas y .días. ! Ay de mí ! quizás he motivado yo mismo ó aumentado los quebrantos que ahora quisiera yo mitigar , y esos ojos que ridos, que tan alegremente estarían contemplando la vida una hora mas , mis faltas solas los cierran antes de tiempo.» Pero el insensato mortal está pecando tan osadamente , por que se le encubren sus matadoras consecuencias; — él desa herroja las voraces fieras que en su pecho tiene enjauladas, y. allá las suelta de noche contra el linage humano , sin ad vertir que los mónstruos desmandados se abalanzan sobre tantas personas inocentes , y las hacen pedazos. Con la mayor frescura arroja el hombre fiero las queman tes ascuas de sus pecados en torno suyo ; y solo despnes que está yaciendo en la huesa, arden tras el las chozas incendia das por las chispas que él diseminó ; y su columna de humo pasa , corno una pirámide infamante , á su sepulcro , sobre el cual se levanta para siempre. Tan pronto como su padre quedó desahuciado, no pudo Enrique contemplar por mas tiempo el moribundo cuerpo ; quedóse en el aposento contiguo, y mientras que convulsiones y desmayos estaban jugando con la vida de su padre, se echó de rodillas, como un delincuente, sin moverse, y con los ojos fijos ante el porvenir. y la sajadora esclarnacion !Ha muerto ! Por último, hubo de acercarse al moribundo padre para despedirse de él y recibir su peidon; pero su padre le devol vió su amor solamente , y no su confianza , y dijo « En miéndate , hijo mio , mas no lo prometas.1 Estaba Enrique echado en el aposento contiguo , rendido por el dolor y la vergüenza, cuando oyó, cual si despertara, á su anciano maestro , que tambien lo habia sido de su pa dre, bendiciéndole, como si ya envolviera la larguísima noche aquella vida yerta : «!Muere blandamente, 6 tú, sér virtuoso y fiel discípulo ! !Todas las buenas resoluciones que tú cum plistes , todas tus victorias Sobre tí, y todas tus buenas obras han de pasar en éste momento, cual brillantes y rojas nubes vespertinas, por el crepúsculo de tu muerte : espera todavía en tu hora postrera por tu desdichado Enrique, y sonríete, si me oyes • y si hay todavía un arrobo en tu sajado cora- • zon !» El pobre enfermo no pudo recobrar del pesado hielo de la insensibilidad que se arrollaba encima de él ; sus confusos sentidos tuvieron la voz del maestro por la de su hijo, y tar tamudeó de esta manera : « !Enrique ! yo no te veo ; pero te oigo ; ponme la mano encima, y jura que te enmendarás.» Allá se abalanzó el mozo para proferir el juramento; pero el maestro le hizo una sena, y puso la mano sobre él corazon • que se helaba, y dijo en voz queda: «140juro en tu nombre.» Pero de repente sintió que el corazon estaba muerto y que descansaba del largo movimiento de la vida, y dijo: « Hoye, jóven desdichado ; ha muerto sin esperanza ! » Huyó entonces Enrique de la quinta ; pues y cómo hubiera podido contemplar un descobsuelo que él mismo 'labia acar reado á los amigos de su padre, ni tomar parte en él? Va cilante y sollozando , entró en la glorieta, y vió los blancos monumentos que interceptaban, como pálidos. esqueletos, la, verde enramada; mas no tuvo valor para tocar el sitio vacío donde habla de dormir su padre; —apoyóse pues en la se gunda pirámide, que cubría un corazon que no habia muer to por culpa suya , el de su madre , el cual ya desde largo tiempo estaba parado en el polvo del descompuesto pecho. No osó llorar ni jurar, sino que mudo y sajado, llevó su dolor mas allá. Salíanle por todas partes al encuentro recuerdos de su pérdida y de su culpa ;—cada nino que corria hácia su padre con las espigad uras de los campos, mientras las levan taba en alto , era para él un recuerdo de su culpa, — todo tanido de campanas era el clamoreo por los difuntos, — toda zanja era un sepulcro, — todo índice de horario senalaba, como el del régio reloj (I), la hora postrera de su padre. Habla en otro tiempo en el palacio , real de Versalles un reloj que , mientras vivia el rey, estaba parado, y senalaba la bora de la muerte del rey pArqeuceelderenltoej, yetqauceiesrotlaomaenndtaebuanotbreallovemz,ecmueanntodomootrrio. rey se estaba muriendo. |
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