02_No. 1 (1 enero 1862), p. 52-65 |
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La facultad de absorver su propio volumen de
ácido carbónico ; y esto 'se verifica siempre , sea
p cual fuere la presion. Vamos á tratar de dar una
esplicacion clara de este principio. Tomase un ci
lindro de cristal fuerte , trasparente y bien ca
3 librado , esto es , que presente en toda su lon
gitud un diámetro igual ( Fig. 9 ) , dividido en
cinco partes iguales , y provisto de un émbolo p r
1 que ajuste herméticamente. Échese agua en este
vaso hasta ocupar la primera division 4 ; llénese
luego rápidamente de ácido carbónico el espacio
Fine 9.• re?tante , colóquese el émbolo, y agí'ese bien el lí
quido; y se verá que el émbolo desciende toda una division
( hasta 4) , lo que nos dice que el agua absorve ó disuelve su
propio volúmen de ácido carbónico á la presion ordinaria
de la atmósfera. Pero si luego , sin alterar en nada la dispo7
sicion del aparato, ejercemos sobre el émbolo una presion
igual á la de la atmósfera, es decir, le cargamos 45 libras
por pulgada cuadrada de superficie „bajará al instante dos.
divisiones ( hasta 5); ó lo que es lo mismo , quedará el gas
reducido á la mitad de su primitivo volúmen. Si ahora agi
tamos fuertemente el todo , irá bajando gradualmente el ém
bolo , como en el primer esperimento , toda una division
( hasta 2 ) , ó en otros términos, el agua absorve tambien,
bajo esta presion elevada una cantidad de gas igual á la del
volúmen que ocupa.
Empleemos ahora desde un principio una presion de tres
atmósferas, 45 libras, las que agregadas á la presion ordi
naria de la atmósfera, siempre existente, constituyen una
presion de 60 libras por pulgada cuadrada ; el émbolo des
cenderá de una vez tres divisiones (hasta 2 ) , comprimiendo
así el gas á un cuarto. de su volúmen..Agitando en seguida
el agua, baja el émbolo poco á poco otra division ( hasta ),
y todo el gas ha desaparecido — esto es, el agua ha abservi
do igualmente, bajo esta nueva presion , su propio volúmen
de ácido carbónico.
Si se suprime luego la presion aplicada de 45 libras por
pulgada cuadrada, se desprende el gas disuelto en el agua
gradualmente, é irá empujando el émbolo hácia arriba hasta
que alcance este la division n.° 4 , en que se fija , como en el
primer esperimento , y que el agua no retenga mas que su
propio volúmen de gas á la presion ordinaria de una atmós
fera.
•
En esta propiedad importante se funda la fabricacion del
agua carbónica y de las limonadas gaseosas , así como de
ciertas aguas Minerales artificiales, en que, por medio de má
quinas poderosas, se sobresatura el agua de ácido carbónico;
de cuyo rápido desprendimiento , luego de destapadas las bo
tellas que contienen aguas así fabricadas, podemos darnos
ahora una completa esplicacion.
Sea que se haga absorver a1 agua, por medio de una fuerte
presion , el ácido carbónico ya preparado , cual lo practica
el fabricante de limonadas gaseosas, sea que se desarrolle en
la botella misma per la • alteracion de las sustancias en ella
contenidas, el resultado es liempre idéntico. Sucede lo último
con todos los líquidos en fermentacion, embotellados. Duran
te el transcurso de la alteracion química, que llamamos fer
mentacion , se verifica un desprendimiento lento de ácido
carbónico en el interior de los vasos que contienen dichos
líquidos ; pero con la misma rapidez con que se forma , es
absorvido de nuevo por el agua, porque vá creciendo al pro
pio tiempo la presion del gas sobre las paredes interiores de
los vasos, que suponemos hermética y fuertemente tapados.
Con las botellas de vidrio de suficiente resistencia sucede que,
si el tapon no está sujetado con bastante fuerza , este es pro
yectado á lo lejos con violencia , y el líquido en gran parte
arrastrado por la salida tumultuosa del gas : si la botella es
sobrado endeble , estalla entonces por la gran presion qué
ejerce el gas , como tan frecuentemente acontece con las aguas
minerales y gaseosas , y mas todavía con el Champana , del
cual á Veces se pierden por esta causa, en el espacio de pocas'
horas , millares de botellas , ocasionando enormes quebran
tos á los cosecheros. Tambien existe el ácido carbónico, aun
que en mucha menor cantidad , en los vinos ordinarios y en
las cervezas , sobre todo en las últimas , cuando se han con
servado bien tapadas ; como que á la presencia de este gas,
disuelto en ellos de la manera indicada, deben 11130S y otros
su espuma , cuándo se vierten rápidamente y de cierta altura,
y del desprendimiento natural del ácido carbónico depende
también el que, espuestas largo tiempo al aire , se vuelvan
estas bebidas sosas y desagradables...
El agua absorve tambien el oxígeno y el ázoe de que cons
ta principalmente la atmósfera , aunque no en las mismas
proporciones en que estos elementos se encuentran en el aire.
Sabemos que el aire que respiramos contiene 21 p.°/, de oxi
geáo, al paso que el que separamos del agua que lo Mantenia
distrelto.presenta de 51 á 55 p.°/o. Esta sabia disposicion tie
ne , al par de otras , el objeto de satisfacer á las necesidades
de los peces , y en general de todos los animales acuáticos,
que deben estraer del agua en que viven el oxígeno necesario
para su conservacion , por serles naturalmente mas fácil to
marlo de un aire que contiene un tercio que de otro que no
contiene mas que un quinto de esta sustancia vital. La exac
titud de este aserto queda plenamente probada por •un hecho
tan fácil de demostrar, como es la mortandad rápida y com
pleta de los peces, al perder el agua en que vivian , por una
causa accidental cualquiera, parte de su oxígeno.
De muy reciente fecha data el descubrimiento de que el agua
del mar contiene mucho mas oxígeno cerca de la superficie
que á una profdndidad de 1000 ó 2000 pies; propiedad que
nos aclara satisfactoriamente la disminucion de la vida ani
mal , creciente á proporcion de la profundidad , que presenta
el mar ; circunstancia tan repetidas veces observada, pero de
que no !labia podido darse hasta ahora una ésplicacion cum
plida.
La tendencia del agua A absorver mucho mas oxígeno del
que, respecto del ázoe, existe en el aire, nos dá razon de
otro hecho notable que , durante mucho tiempo , fue ,. hasta
para los naturalistas , un enigma al parecer inesplicable. Sí
se llena .un frasco de nieve y se le coloca luego herméticamen
te tapado en un paraje caliente , derritese la nieve , y el agua.
formada alcanza hasta una tercera parte del, vaso, quedando
el espacio restante ocupado por .el aire , antes interpuesto en
los poros de la nieve. Examinando químicamente este aire, se
encuentra que contiene menos oxígeno que el atmos.férico ordi
nario; pues, al paso que este, como sabemos, tiene un 21 p. Vo,
solo contiene aquel de un 4‘2 á un 14: Y de ahí la opinion, que
prevaleció largo tiempo, de que el aire disuelto en la nieve te
nia naturalmente esta proporeion menor de oxígeno, y de que
la nieve debla estar, por lo tanto, dotada de la propiedad de
absorver estos gases de la atmósfera en cantidades ptoporcio•
palos 1i. las del aire analizado. Pero otra es , y mas sencilla, la
esplicaeion de este fenómeno, que proviene meramente de la
mayor cantidad de oxigeno, relativamente á la de ázoe , que
del aire contenido entre los poros de la nieve, disuelve el agua
en que esta se resuelve ; lo cual determina la pobreza de oxí
geno que se advierte en el aire restante , no disuelto.
En resúmen , el agua que bebemos y empleamos para usos
tan múltiples como importantes, es un cuerpo que, consi
derado á la luz de la química, •y• de las ciencias naturales
en general, no es menos digno de estudio que el aire
'que respiramos. Entrambos elementos, como se les llamó en
otro tiempo , son indispensables para la existencia de los
seres vivos sobre la tierra ; entrambos se presentan mez
clados con una multitud de cuerpos estranos á su compo
53 tE
sicion , y entrambos se hallan, por sus importantes propie
dades , variada é íntimamente relacionados con el desarrollo
de las plantas, y con las necesidades y el bienestar del-hoin
bre y de todos los animales.
Juan Font y Guitart.
El péndulo.
por Oton ttle.
11.—El péndulo como medida de la tierra..
Lo que se suele llamar historia del mundo no es por lo
coma .mas que la historia de hombres aislados y de sus pa
siones, que , saliendo repentinamente de la oscuridad, sobre
las ruinas de los pueblos , de sus leyes y de sus costUmbres,
han construido el trono de su dominacion y levantado el mo
numento de su ambicion y de su vanidad. Pero hay otra histo -
ria del mundo, que es la historia de la civilizaeion y de la
ciencia humana. En ella, lo nuevo se forma paulatinamente,
y raras veces, ó tan solo en apariencia, surgen nuevas épocas
de meras individualidades. Una especie de fermentacion de los
espíritus precede aquí á cada revolucion, y dirige instintiva
mente miles de ojos hacia un solo objeto. Escasa al. principio
y desatendida, luego objeto de la mofa y persecucion de las
masas , y hasta de los cuerpos literarios, crece continuamen
te la falange de los descubridores de tesoros desconocidos.
Primero unos pocos, despues en mayor número , llaman á la
puerta cerrada, que permanece inmóvil, hasta que el hijo de.
la fortuna sé adelanta á la muchedumbre, y con un feliz im
pulso de su diestra hace saltar el cerrojo : y abriéndose la
puerta de par en par, brota un torrente de luz, que disipa la
noche de en torno con los suaves rayos de la verdad y del
saber,'no con el siniestro resplandor de.la arnbicion y del
afan de dominar. Por esto no solo están envueltos en la os
curidad del mito y de la fábula los descubrimientos que perte
necen á los tiempos mas remotos, si que tambien acerca de
aquellaS cosas cuyo origen se remonta á pocos siglos, y hasta
-casi en las que se desarrollaron con la generación que todavía
vive, suele reinar tal incertidumbre, que á menudo estamos
mejor informados de los reyes del antiguo Egipto ó• de los
Asirios que de la persona , lugar ó tiempo del descubrimien
to de aquellas. Seria ciertamente de una importancia inmensa
levantar el velo que nos oculta el gérmen recóndito del de
sarrollo de la humanidad, y recorrer las maravillosas vias ,
por las cuales vá adelantando de escalon en escalon la civili
zacion humana. Seria una empresa digna de nuestras aca
demias; pero no tienen para ella ni tiempo ni vocacion.
El descubrimiento de la gravítacion universal y de sus leyes
pertenece sin embargo á aquellos de cuya historia estamos me
jor informados, porque ha influido profundamente en el desar
yollo de la ciencia , y ha sido el fundamento de suépoca moder
na. No es la feliz ocurrencia de un hombre aislado, sino el re
sultado de investigacionesque han durado siglos, el blanco de
los conatos de miles de inteligencias. Hemos citado á Buygens
como el inventor del reloj de péndulo ; pero un Galileo hu
bo de precederle y poner de manifiesto el hecho de la igual
duracion de sus oscilaciones. Al gran Newton agradecemos
la brillante ley de la atraccíon universal, á que obedecen to
dos.los cuerpos celestes ; pero algunos hombres eminentes le
allanarori el camino á tan elevada nieta. Un Copérnico de
bia antes promulgar el nuevo testamento de la astronomía:
un Keplero perfeccionarlo con sus leyes; un Galileo dilucidar
con la perspicacia de su espíritu , el fenómeno de la caída de
los cuerpos , y un Hoolie y un Huygens debian llevar sus le
yes al terreno del cálculo y de la mecánica. En tal disposicion,
nada tiene de estrano que la caída de una manzana fuese ca
paz de despertar en el espíritu de Newton aquella verdad
grandiosa que él , sin .saberlo , habia ya encontrado siendo
un joven de 20 anos , y .tras la Cual , sin embargo, se habia
afanado en vano, sacrificándole la mas robusta temporada.de
su vida.
Cuando des,pues de tan célebre lucha se hubo conquistado
el principio de la gravitacion universal , rellejóse su luz en la
oscuridad de miles de anos anteriores. Lo que laboriosa
mente y con tanto esfuerzo del entendimiento se habia estado
buscando por tanto tiempo, encontróse con leve trabajo escri--
tuen la celda de Cambridge,,y resultó demostrado de un mo
do irrefutable. Por espacio de dos mil anos habíanselos hom
bres afanado en medir su maternal vivienda , tierra , y en
investigar su forma. Si la edad media ensenaba todavía que la
forma de la tierra era la de un disco ó cilindro complanado,
la antigüedad gentílica tenia de ella. mas exacto couocimien -
to; y la forma esférica de la tierra era ya, mil anos antes ,
para Tales, Pitágoras y Anaximandro ,. un hecho incontesta
ble. Eratóstenes y Posidouio habian ya medido la magnitud
de la tierra, aunque con medios groseros. El siglo del rena
cimiento intelectual, el siglo XVI; emprendió tambien otra vez
esta medicion , y Willibrod , Snellius y Picard la llevaron ya
á may or grado de aproximacion, en el sigloXVII, con el auxi
lio de la trigonometría. Pero el espíritu científico que se iba
desarrollando.suscitaba nuevas dudas y exigencias. Quedaba
ya lijada la forma esférica de la tierra. La doctrina de Coper
111C0 la habia sancionado , y contra ella se estrellaban impo
tentes las refutaciones de sus contemporáneos. Pero la misma
doctrina de Copérnico habia promovido una nueva convic
cion, la de la rotaciou de la tierra sobre su eje. Buscábanse
pruebas. para demostrarla á la faz de sus adversarios , y cú
polo á Newton encontrarlas en la forma de la tierra , don
de debian conservarse impresas las huellas de su movi
miento. Newton considuró el achatamiento de la tierra en sus
polos como una 'consecuencia de su rotacion , y requirió la
comprobacion de su aserto por medio de medidas directas.'
La dificultad de esta medicion y la incertidumbre de su re
sultado, poco menos que inevitable, por leves que fuesen los
errores , presentóse inmediatamente al primer ensayo. Las
primeras medidas francesas del meridiano condujeron. cabal
mente á una consecuencia opuesta, esto es, al aplanamiento.
de la tierra en el ecuador. Y se pasó mucho tiempo antes que
los sábios franceses, heridos en su orgullo nacional , sede
eidieran á favor de la atrevida teoría de Newton ; y no que
daron completamente convencidos, hasta que las grandes me.
diciones en el Perú y en la Laponia la confirmaron de un mo
do incontestable.
,El espíritu atrevido y perspicaz de Newton liabia calculado
la forma de la tierra sin necesidad de medirla. Deterrninába
la , segun él , la gravedad universal , modificada por el mo
vimiento de rotacion , que producia su achatamiento. Si la
tierra gira sobre su eje , debe ser mayor Sli atraccion en el
Polo que en el ecuador , donde se encuentra mas disminuida
por la mayor velocidad de rotacion. Recíprocamente , si se
verifica que un cuerpo pesa mas en el polo que en el ecuador,
queda indudablemente demostrado el movimiento de rotacion
de la tierra. ?Pero por qué medios se consigue averiguarlo?
.?Cómo probaremos si un cuerpo se manifiesta mas pesado en'
un punto de la tierra que en otro ? Si llevásemos una balanza
con sus pesos correspondientes desde el polo al ecuador, los
mismos pesos que se hubiesen equilibrado con una piedra en
el polo se equilibrarian igualmente en el ecuador, porque la
accion de la gravedad sobre ambos cuerpos ha cambiado en
la misma proporcion. Mas bien acertaríamos á comparar la
atraccion de la tierra.en diferentes regiones por medio de una
balanza de resorte, porque el peso de una misma piedra. do
blada mas el resorte en el polo que en el ecuador. Difícil se
ria ciertamente construir una balanza de tal sensibilidad, y
más difícil aun vencer la influencia de los cambios de tempe
ratura en suelasticidad. Nada porto tanto seria tan adecuado
para esta investigacion como el movimiento que engendra la
aceion de la pesadez , esto , la calda de los cuerpos. Si
tan solo la pesadez impele los cuerpos á caer, es necesario
que , variando la intensidad de esta fuerza en diferentes lu
gares de la tierra, 'varíe tanibien la velocidad de la calda; y
por consiguiente, los cuerpos que caen en diferentes lugares
deben recorrer en unos mismos tiempos espacios desiguales.
Para venir pues en conocimiento de fa variacion de la grave
dad, y al mismo tiempo de la verdadera forma de la tierra,
seria menester tan solo observar desde el ecuador al polo el
espacio de corre una piedra cayendo en un segundo. Pero
esto supone una observacion tan sumamente delicada, que es
inasequible con nuestros instrumentos. Para esta observacion
es indispensable una kluracion mayor, tal como nos la pro-.
porciona el prolongado y repetido movimiento de descenso
del péndulo. Siendo la gravedad la fuerza motriz del i;éndu
lo , y sus oscilaciones una serie alternada de descensos y as
censos, es claro que las oscilaciones deben ser mas lentas ,
si la gravedad disminuye. Y ya que sabemos que la rapidez
de estas oscilaciones depende de la longitud del péndulo,
fácil nos será comprender que una duracion igual de las os
cilaciones en diferentes lugares de la tierra, y variando la
intensidad de la gravedad, supone tambien longitudes desi
guales de los péndulos. En efecto siendo igual la duracion
de las oscilaciones, es evidente (pelas fuerzas impulsivas son proporcionales á los arcos ó espacios descritos, los que, supo
niendo los desvíos ó amplitudes iguales, son proporcionales
á las longitudes de los péndulos ; por Consigniente , las fuer
zas • impulsivas de la gravedad, y tambien los espacios que
hacen describir á los péndulos en un segundo, son entre sí
como sus longitudes. Por consiguiente, basta determinar la
longitud del péndulo de segundos, 6 contar 'el número' de
oscilaciones de un mismo péndulo, en el mismo espacio de
tiempo en diferentes lugares de la tierra, para poder inferir
indudablemente el incremento de la gravedad del ecuador á
los polos, y por lo tanto el achatamiento de la tierra.
Semejante observacion se realizó efectivamente en el ano
J679., trigésimo de la vida de Newton. Elastrónomo francés
Richer se habla trasladado de Paris á la isla.de Cayena que
está situada á los 50 de latitud norte. Cuando puso en mar
cha su reloj , que eh Paris .estaba 'exactamente arreglado al
tiempo medio , observó que atrasaba diariamente dos minutos
y medio , y hubo de acortar el péndulo de cerca de v, de
línea francesa para que el reloj marcase el tiempo medio en
Cayena. Que el reloj no habia padecido avería durante el
viaje, quedó 'evidentemente demostrado , cuando Richer , á
su regreso á Paris , hubo de prolongar otra vez su péndulo
de I 'A línea, porque el reloj adelantaba entonces dos minu
tos y medio al dia. Newton, que penetró la causa de este
fenómeno, no dudó que en él se habla encontrado la medi
da mas segura de la pesadez de la tierra , y la prueba mas
infalible de su rotacion sobre su eje.
Pero tratándose de una medida importa obtener la mayor
exactitud ; es preciso eliminar todas las influencias estrarias,
hasta las mas leves. Por consiguiente , para medir la tierra,
no debemos servirnos del reloj de péndulo, porque obra en
este, además de la gravedad, la traccion del peso. Necesita
mos un péndulo libre. Debemos *disminuir,'en cuanto sea po,
sible , el rozamiento, á cuyo fin lo suspendemos por medio
de un prisma de acero templado apoyado sobre un plano de
ágata. Pero debemos ante todo preservarlo de la influencia'
del calor , que, como es sabido, dilata todos los cuerpos , y
principalmente los metales. Una clevacion de temperatura ,
prolongando el péndulo, lo haria oscilar mas lentamente, al
paso que una disminucion lo acortaria , haciéndole oscilar
mas rápidamente. Un péndulo de precision debe conservar
una longitud invariable. A este fin se ha compites-lo el péndulo
con diferentes piezas, de las cuales unas tienen su punto, de
apo¦sa) en la parte inferior, y por consiguiente se prolongan
hácia arriba, al paso que las otras, estando fijadas por su
estremo superior, se dilatan de arriba abajo. Semejante dis
posicion , que se llama cornpensacion , mane
varillas
i
a. 2. sentand en
P
d
°
, cuyo vástago
de acero a corre
Hola abajo, pa
sando libremepte
por los travesanos
beyfg, y está
afianzado en el tra
vesano h k. A en
trambos lados del
vástago de acero
'hay dos varillas de
zinc, c y d, su
jetas por ambos
estremos , al paso
por efecto del calor, que otras dos va
se prolonga la van- 127 rillas de acero ,
Ila de acero del me-
,»: clavadas en be y
dio, empuja preci f y, llevan en su
samente hácia aba- estremo inferior el
jo él travesano hk, travesano « n ni,
pero al mismo tiene del cual, pende la
po se dilatan las lenteja por medio
varillas de zinc ea de un tornillo. Si,
si el triple, y levantan el travesano be, y juntamente con él las
dos varillas estremas de acero bmyen. Por medio de una
acertada proporeion entre las longitudes de las dos series de
varillas, deben destruirse mútuamente los movimientos hácia
arriba y hácia abajo. Otra disposicion manifiesta el péndulo
representado en la adjunta fig•a 2, el cual lleva , en su parte
inferior , dos láminas, una de hierro, y otra de laton, clavadas
una con otra, cuya desigual dilatacion ocasiona una curvatura
cóncava hácia arriba, mediante la cual se elevan los pequebos
pesos de los estremos , de manera que el centro de oscilacion
que , á consecuencia de la dilataeion de la varilla .del péndu
lo , debe bajar , se remonta, conservando una posicion inva
riable. En ellercer péndulo , fig.' :5 , se ha obtenido el mis
nici efecto con un vaso lleno de azogue , cuya dilatacion ha
cia arriba compensa la de la varilla hacia abajo.
. Suponiendo ahora que ya tenemos un péndulo de cuya
longitud invariable no nos queda duda , todavía exige alpi
na consideracion el lugar destinado á la observaeion. Es pre
ciso conocer exactamente la altura á que se halla sobre el
nivel del mar , porque tambien , con la distancia del centro
de la tierra , disminuye la pesadez. Sobre los móntes elevados,
oscilan los péndulos mas lentamente que en las regiones ba
jas. Por esto encontró Bouguer que un péndulo de 459
líneas de largo , que al nivel del mar ejecutaba 98770 osci
laciones en '24 horas , en el picacho del Pinchincha, á 44400
pies de elevacion , solo ejecutaba 9872.0 oscilaciones, y para
dar el mismo número que en el llano , era menester una lon
gitud de 438,05 líneas. De modo que por este medio podrian
medirse con el péndulo las alturas de las montaísias.
Despues de haber aplicado oportunamente todas las preven
ciones indicadas, falta una operacion importante, (luces contar
las oscilaciones que el péndulo ejecuta en un dia. Tainbien esto
es eligen oso. Pues el contar simplemente las oscilaciones com
prendidas en un tiempo dado es demasiado ineierto. Lo mejor
es colocar un péndulo libre delante de un péndulo de reloj, y
Observar los dos con un anteojo. Se observa con cuidado si los
dos péndulos siguen exactamente la misma marcha, ó si las os
cilaciónes del péndulo libre se suceden mas rápidamente, ó, al
contrario , mas lentamente que las del „péndulo del reloj.
Pronto se advierte que las oscilaciones se separan mas y mas,
hasta que los péndulos se mueven en direcciones encontra
das ; entonces empiezan á aproximarse otra vez y á seguir
la misma direccion , hasta que finalmente vuelven á coincidir
exactamente. Durante este tiempo, el un péndulo adelanta so
bre el otro.dos oscilaciones. Supongamos ahora que el péndu
lo libre marche mas lentamente que el del reloj, y que trans
curran 8 minutos exactosentre dos coincidencias de los movi
mientos de los péndulos ; esto nos indica que mientras el re
loj ha corrido los 8 minutos „ y por lo tanto su péndulo ha
dado 480 oscilaciones , el péndulo libre ha dado solo 478.
Pero el reloj marcha de (ha y de noche , y por medio de ob
servaciones astronómicas se puede fácilmente determinar
cuantas horas ;minutos y segundos , esto es , cuantas oscila
ciones ha contado en el intervalo de un dia. Con esto se pue
de tambien calcular el número de oscilaciones que ejecuta el
péndulo libre en 24 horas , y ciertamente con un grado de
exactitud , que apenas consiente un error de mas de Yo, de
oscilado!) ó de de todo el tiempo observado.
El mismo péndulo puede ser llevado á diferentes puntos
del globo , y en cada uno observado de la misma manera Y
K
con igual exactitud. El gobierno inglés ha dispuesto varias
espediciones con este objeto. Sabine y Forster fueron enviados
al Spitzberg , en la inmediacion del polo , á varios puntos
situados cerca del ecuador, á las Antillas , á la América del
sur y al Africa meridional. Así se ha encontrado que el pén
dulo , en,la inmediacion del polo , dá unas '240 oscilaciones
mas al dia que en el ecuador. Fudándose en la ley de que
los cuadrados de los números de oscilaciones son entre sí co
mo las fuerzas que las producen, y están en razon inversa de
las longitudes de los péndulos., pueden calcularse las diferen
tes longitudes del péndulo de segundos y las diferentes inten
sidades de la fuerza de gravedad que les son proporcionales.
Mientras que en el Spitzberg , bajo los 70' 49' 58" latitud
norte , el péndulo de segundos exige una longitud de 5 piés
2 pulgadas 1 línea, necesita en la isla de Santo.Tomás , ba
jo 0" 24' 44" latitud norte , tan solo 5 pies 1 pulgada 10 3/,
lín.; y mientras que en el Spitzberg una piedra corre , en tm
segundo de descenso, un espacio de 15 piés 7 pulgadas 11.
líneas, en Santo Tomás solo cae de una altura de 45 pies 7
pulgadas.
Obvia se huela consecuencia de todos estos hechos. Cuan
to mayor es la fuerza de gravedad que actúa sobre el péndu
lo en movimiento , tanto mas vivamente lo impele hacia la
posicion de equilibrio, tanto menos tiempo exige cada osci
lacion , y tanto mayor es el número de ellas en un dia. Así es
que el péndulo mide.la pesadez de la tierra en. sus diferentes
regiones, y por medio. de ella tambien su forma ó su achata
miento. El resultado final es que la gravedad en el polo y la
gravedad en el ecuador están casi exactamente en la relacion
de 180 ál79. Newton, sin embargo, !labia deducido de su teo
ría de la gravedad que esta relacion, como la de los ejes, era de
250 á 229 ; al paso que de las medidas trigonométricas resul
tó le de 500 á299 ?Quién tenia razon? No era Newton, por
que habla basado su cálculo en lasuposicion de una densidad
homogénea de la tierra á cualquiera profundidad , la que la
simple vista demuestra inverosímil, y las esploracioneS geoló
gicas hacen completamente inadmisible. Con el aumento de
densidad de las capas terrestres, con la profundidad, Varía em
pero tambien la deduccion de la relacion de la intensidad de
la gravedad basada en la de los ejes de la tierra. Esta última
debe ser menor que aquella , porque aquella varía , no solo
con las distancias, si que tambien en razon de la masa.. El
cálculo dá efectivamente por resultado , mediante la conside
racion de la desigual densidad de la tierra, en cuanto es po
sible , como igualmente mediante las observaciones del pén
dulo , la relacion encontrada por medidas geodésicas entre
los dos ejes terrestres de 500 á 299. Prueba harto poderosa,
así de la exactitud de la teoría de la agravedad, como del mo
vimiento de rotacion de la tierra !
Queda pues demostrado que el péndulo ha medido la for
ma de la tierra ; pero lo que es mas , tambien ha pesado su
masa , segun veremos en otro artículo.
Antonio Raye.
El cambio de materia entre el reino animal y el vegetal por
medio de la atmósfera.
por Croma.
ABTICULO SEGUNDO.
Se consideraba antes el suelo como manantial del carbono tierra el humus, rico en carbono, y que lo elaboraban. Funda
de las plantas ; puesto que se creia que estas absorvian de la base esta opinion en la antigua observacion que los yege
Y1 56 II
mente , produciendo una vivísima llama.. Priestley fué el pri
mero que observó esta.« purificacion,» por medio de las plan
tas , « del aire viciado ,» segun él decia. Si la planta continúa
bajo la misma campana , sin que el aire se renueve , perece,
aun cuando se le proporcionen todas las otras condiciones de
vida.
Es tambien fácil de probar que los vegetales exhalan oxígeno
puro por la aceion de laduz solar , colocando algunas tijas
frescas dentro de una campana de cristal llena de agua, é in
vertida, se elevan una porcion de burbujillas de gas , que se
reunen debajo del fondo de la campana, y se puede reconocer
que son de oxígeno , lo mismo que en el caso anterior.
Las plantas absorven pues el ácido carbónico del. aire, sepa
ran por medio de la accion vital, sus elementos, carbono y
oxígeno , se apropian el primero , Y devuelven el segundo ,
sin mezcla, á la atmósfera. Este es el motivo por que , á. pesar
de los muchos é inagotables manantiales de ácido carbónico,
cuales son la combustion, la respiracion, la putrefaccion, etc.,
no puede acumularse en mayor cantidad en la atmósfera'este
gas nocivo para la respiracion animal.
Es ahora de grande interés saber cómo funcionan las plan
tas durante la ausencia del sol. Por la noche, absorven oxí
geno, y exhalan ácido carbónico, y á la verdad, segun observó
Saulsure antes que nadie , la cantidad de oxígeno absorvida
es mayor que la de ácido carbónico exhalado. Este fenómeno
tiene, no obstante, su aclaracion; en ausencia de la luz solar,
excitador,necesario de la vida , reposa la. actividad orgánica
de los vegetales , y quedan expuestos á la influencia química
del oxígeno, que les es contraria, cayendo en un estado que •
se puede llamar muy bien el sueno de las plantas. Esta absor
cion de oxígeno y espulsion de ácido carbónico no pueden ,
empero, ponerse en parangon con las producidas por la res
piracion de los animales. La accion del oxígeno sobre una
planta adormecida , en que descansa la fuerza plástica orgá
nica es justamente la misma que sobre una planta. muerta;
esta, por razon de su deScomposicion, absorve oxígeno.y des
prende ácido carbónico; de modo que, tambien en este caso,
puede decirse que el stieno es la imagen de la muerte.
Cuanto vá dicho servirá para ponernos ahora en. claro cual
es la verdadera utilidad que el humus presta á las plantas. Se
ha indicado Ya que ninguna materia, cuya composicion sea
igual ó semejante á la de las mismas sustancias vegetales, pue.
de servir de alimento al reino.. vegetal ; y en esto estriba el
principal carácter. diferencial entre las plantas y los seres.
inorgánicos ; puesto que estos crecen por justa posicion , ó
sea, por la simple deposicion sobre su superficie de Moléculas
de su misma especie. El humus, cuyos elementos , carbono,
hidrógeno y oxígeno, son los mismos que los del leno, no es,
por consiguiente, accesible á las plantas, sino despues que aque
llos han sido desunidos. Por la putrefaccion, que, en susresul
tados , es semejante á la combustion y á la respieacion animal ,
produce el humus constantemente ácido carbónico y agua;
convirtiéndose así , por medio de su destruccion , en
•
una
fuente Inagotable de alimento para el vegetal , cuando antes
era enteramente inútil á este efecto. El voraz oxígeno del ai
re, que, donde quiera que penetra manifiesta siempre su
accion ávida y destructora, *devuelve á las plantas muertas
el oxígeno que quitó á las vivas, combinándolo con carbono,
• y formando ácido carbónico, aunque, en realidad, para pro
porcionarlo de nuevo, en el mismo estado de cornbinacion ,
como alimento, al reino vegetal. Así como las hojas absorven
el ácido carbónico del aire libre , así tarnbien las tiernas rai
cillas le chupan , junto con agua de la'tierra, rica en humus,
que las rodea. El ácido carbónico absorvido es reemplazado
inmediatamente en la tierra con nuevo oxigeno, producién-*
tales crecen con tanta mayor lozanía cuanto mas a un ante en
humus es el suelo. Pero, si bien dicha observacion es exacta,
no es menos cierto tambien que el humus , sin sufrir cambio
en sucomposicion, es inútil para servirles de alimento. Es pro
ducido por la descomposicion .de cuerpos organizados , y en
especial por la de materias vegetales , y es tan poco soluble
en el agua , que seria insuficiente la cantidad que de él po
drian absorver las plantas. Algo mas solubles son á la verdad
las sales que forma el ácido úlmico , y mas que ninguna la
que resulta de su combinacion con la cal ; sin embargo , la
cantidad de carbono contenida en el vegetal es siempre mucho
Mayor que la que podríamos obtener de las combinaciones de
dicho ácido. Además , terrenos cultivados , siendo de igual
superficie , dan la misma cantidad de carbono , aunque sean
de diversa calidad., y diverso tambien el número de las plan
tas que lleven. Finalmente , se observa que tierras cultivadas
se hacen cada ano mas ricas en compuestos de carbono, cuan
do deberia racionalmente suceder lo contrario, si los vegeta
les sacasen directamente del suelo el carbono que necesitan. El
humus no puede ser, por consiguiente, 1 medio de alimenta
cion del reino vegetal. Sobre. todo , es preciso tener presente
que ningun compuesto orgánico , en estado de tal, sirve para
alimentar las .plantas, sino que ha de haber sido antes resuci
tó en sus elementos, y transformado en compuesto inorgáni•
o, verificándose este cambio, en los mas de los Casos, por la
accion del oxígeno atmosférico. Esa propiedad especial de las
plantas de renovarse únicamente á espensas del reino inorgá
nico está del todo conforme con lo que exigen las leyes fun
damentales de la economía de la naturaleza. Si el reino vege
tal .se proveyese directamente dé compuestos orgánicos, ocur
riria , en la cuenta del mundo orgánico, un déficit imposible
de cubrir , que deberia aumentar hasta la estincion de toda
vida; mientras que, por otra parte, se acumulada en el reino
inorgánico un capital muerto y sin valor, que, no solamente
dejaría de producir interés si no que, devorando los restos
del reino orgánico , acelerarla la ruina general; lo que seria
tanto mas inevitable, cuanto que todas las necesidades se lle
nan, en la naturaleza , Por medio de cambios, y no ocurre
en ella nada que pueda compararse á préstamo.
No siendo pues el suelo el manantial del carbono de las plan
tas, debe indudablemente serlo la atmósfera. Esta le contiene
en estado de ácido carbónico, es decir, carbono combinado con
oxígeno, formando un compuesto gaseoso. La gran capa de
aire que envuelve nuestro planeta consta, en peso, de 23 por
ciento de oxígeno, 70 Vio de ázoe, y dé 1/ 1/20 de ácido cae
bónico, sin contar cierta cantidad variable de agua en forma
de vapor. Esta cantidad de carbono, comparada eón la que
contiene el reino- vegetal , debe parecer al pronto insignifi
cante. Sin embargo, la cantidad absoluta de carbono conte
nida en el aire es siempre muy grande, y tanto mas, cuanto
que el ácido carbónico circula constantemente por laatmósfera,
Sin encontrar nunca en ella un estado de reposo permanente.
Es muy fácil demostrar que los vegetales absorven en rea
lidad. ácido carbónico del aire atmosférico. Basta para ello
introducir una planta en una atmósfera de ácido carbónico ;
y esto se consigue fácilmente, colocando la planta debajo de
una campana de crislal , de modo que no tenga aeceso el
aire, y haciendo que vaya á- parar dentro de la misma el áci
do carbónico necesario hasta llenarla , el cual se obtiene tra
tando creta, ósea, carbonato de cal, con ácido sulfúrico di
luido en agua. Dejando así la campana expuesta á la luz solar,
sucederá que, al cabo de algun tiempo, habrá dentro de ella,
en vez de ácido carbónico, una cantidad igual de oxígeno pu
ro, que se puede reconocer introduciendo en dicho gas. un
cuerpo .en ignicion ; cuya cotnbustion se avivará inmediata
dose de este modo la constante formacion .de aquel. Esto nos
da á conocer cuál es la utilidad de las labores por medio del
arado , el azadon y demás que tienen por objeto remover la
tierra. Un esperimento muy conocido demuestra hasta la evi
denciaaque las raices ejercen, respecto (le suelo, el mismo pa
pel que las ramas y las hojas respecto del aire , plantando al
revés un arbol , es decir, enterrando sus ramas, y dejando las
raices al aire libre, se sé que las unas pueden reemplazar per
fectamente á las otras en sus funciones y en su desarrollo.
El hidrógeno hace tambien su círculo lo Mismo que el car
bono ; procede del reino inorgánico , y pasa, asociado con el
oxígeno , á traves del vejeta! ; este último gas ejerce su accion
sobre los cuerpos en putrefaccion y en combustion , y se se
para de ellos , formando, no solo ácido carbónico, sino tam
bien agua. El agua en vapor, de la atmósfera, y la que cayen
do en forma de lluvia , humedece la tierra , proporcionan el
hidrógeno á las plantas. El mayor número de partes y pro
ductos vejetales, "como son el lefio, la fécula, el azdcar, la go
ma, contienen oxígeno é hidrógeno, exactamente en la misma
proporcionen que ambos están reunidos en el agua. El ácido
carbónico y el agua estraidos de los alimentos son elaborados
y transformados, á escepcion del oxígeno, que se desprende
procedente del ácido carbónico , para dar lugar á la forma
cion de dichas partes y productos.
Finalmente , encontramos tambien el ázoe en las bases or
gánicas y en el gluten , ciertamente en cantidad insignificante
respecto de la masa de la planta ; pero , en cambio , es un
elemento muy importante para la vida de la misma. Este gas
adquiere tambien grande importancia en la nutricion del rei
no animal. El aire atmosférico contiene en cantidad prepon
derante el ázoe puro , y á pesar de esto, es Completamente
inútil para la nutricion de los vejetales : su inercia química
para con todos los cuerpos es causa de esta inutilidad ; de ahí
es' tambien.que permanece libre en la atmósfera , á pesar de
'estar en continuo contacto con el. oxígeno, que se apodera de
todo por combinacion. Pero la atmósfera le contiene en otra
forma mas útil , combinado con hidrógeno , constituyendo
amoníaco. El ázoe, en dicho estado de combinacion, es decir,
formando amoníaco , es recogido tambien del suelo por la
planta ; los escrementos animales , que se emplean para abo
nar la tierra , contienen en abundancia dicho cuerpo, y des
componiéndose, reembolsan en ázoe al reino vejetal el capi
tal que este presta al. animal.
Si bien el reino vejetal se alimenta esclusivamente á es
petisas del inorgánico , es tambien en cambio la única fuente
de materia nutritiva para el reino animal. Esto sucede sobre
todo en los animales herbívoros; pero por intermedio de ellos
tambien en los carnívoros y en el hombre , que se alimenta
de sustancias correspondientes á ambos reinos.
Los vejctales son séres que , cuanto mas aumentan en ma
sa y dimension , tanto mas alimento absorven y asimilan; no
sucede otro tanto en los animales ; pues estos , luego que han
adquirido un crecimiento 'determinado, no aumentan ya en
volumen ni en peso , por mas (pie se alimenten ; porque, la
continua pérdida de materia , que por una parte causa la
respiracion, mantiene en equilibrio, con insignificantes osci
laciones; la reparacion, que, por otra, efectúa la nutricion.
Los elementos separados de la organizacion animal y espe
lidos por medio de la respiracion, combinados con el oxígeno,
constituyendo ácido carbónico y agua, deben ser reemplaza -
dos continuamente ; así nos lo demuestra la consideracion
del manantial destinado á reparar dicha pérdida ; puesto que
lo componen una clase do alimentos , que todos ellos se hacen
notar por su riqueza en carbono y en hidrógeno. Estos resti
tuyen las dos materias que se pierden p -r la accion pulmonar;
TOMO 1.
y es evidente que el aumento de esta accion , ó la existencia
de mayor cantidad de oxígeno en el aire hacen precisa una
apropiacion tambien mas grande de dicha clase de alimentos.
Los individuos jóvenes y llenos de vida, cuya respiracion esmas
activa que la de los adultos y flemáticos , toman por esta ra
zon mas alimento y con mas frecuencia. El inlátigable pájaro
cantor , cuya actividad vital es casi toda ella respiracion, pe
rece muy pronto por falta de alimento ; mientras que el está
pido y perezoso anfibio , que tiene estremadamentc reducida
la respiracion , puede soportar largo tiempo el hambre. En
esto mismo se funda que necesitemos mas alimento en invier
no y en las zonas frias que en verano y bajo los trópicos; por
que estando el aire mas condensado por causa del frio, pene
tra en el cuerpo á cada inspiracien mayor cantidad de oxíge
no , al mismo tiempo que hay mas pérdida de calórico; En
toda combinacion química , especialmente en la del oxígeno
con otros cuerpos , se desarrolla calórico ; de lo que se sigue
naturalmente, que la reparacion de materia efectuada por di
cha clase de alimentos es un medio de conservacion del calor
del cuerpo.
Si anduviésemos desnudos como los indios, dice Liebig en
su química animal, ó si estuviésemos sujetos, en nuestras ca
zas y pescas, al mismo grado de frio que !os Samoyedos; po
dríamos digerir tan perfectamente c(mao ellos diez libras de
carne ó de pescado , y además una docena de velas de sebo,
segun nos refieren con asombro viajeros que iban cubiertos
de escelente abrigo ; podríamos támbien beber, sin miedo de
que nos hiciera dano, la misma cantidad de aguardiente ó de
aceite de ballena que ellos, porque el carbono y 'el hidrógeno,
que dichas bebidas contienen , sirven justamente para con
servar el equilibrio interno , amenazado por la temperatura
esterior.
El inglés vé con pesar disminuir en la Jamaica su apetito,
que le proporcionaba un goce siempre renovado , y consigue
en realidad , valiéndose de la pimienta de Cayena y de los
estimulantes mas fuertes , consumir la misma. cantidad de
alimento que en su patria ; pero no es consumida da cantidad
de carbono introducida. con él en el cuerpo ; la temperatura
del aire es demasiado elevada para ello,•y un calor enervante
no permite aumentar., por medio del movimiento y de los
esfuerzos , el número de inspiraciones necesario para equili
brar el gasto con el ingreso.
Liebig ha llamado alimentos respiratorios á aquella clase
de alimentos que compensan la pérdida resultante de la res
piracion ó exhalacion pulmonar. Pertenecen á este grupo el
gran número de sustancias que carecen de ázoe, las grasas y
las bebidas espirituosas. Cuando dichas sustancias se toman
en esceso , ó cuando disminuye la accion del oxígeno , se
acumulan formando grasa bajo la piel del animal , como un
capital de reserva que ha de servir para combustible. De igual
manera se deposita periódicamente la grasa en los animales
invernantes , que están cargados de gordura , citando se re- •
tiran á sus guaridas para pasar el letargo , y salen despues de
ellas flacos y desprovistos del repuesto que tan necesario les
ha sido.
Toda formacion de grasa , dice tambie.n Liebig en su quí
mica animal , es siempre consecuencia de la falta del oxígeno
necesario para la reduecion á gas del carbono apropiado en
esceso. Este carbono depositado bajo la forma (le grasa no
existe en el beduino ni el árabe del desierto, que presentan
con orgullo al viajero , y celebran en sus canciones, sus del
gados miembros musculosos,. enjutos y faltos de gordura se
muestra ,empero bajo el aspecto de hinchazon, y como resul
tado de mezquino alimento , en los calabozos y elidas prisio
nes ; se muestra tambien en las mujeres del Oriente , y en la
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condicion, bien conocida de todos, de nuestros animales do
mésticos cebados.
Los alimentos que contienen ázoe, y llama Liebig 'plásti
cos , por centrapolicion á los respiratorios , es decir, mate
rias que sirven para formar, se ofrecen al ser animal en un
estado muy en concordancia con la naturaleza de los elemen
tos de la sangre. Tales son la albúmina, la fibrina , el. casco
y otras sustancias análogas. El ázoe, espelido del cuerpo por
medio de la secrecion urinaria, congénere de la respiracion,
es reemplazado por esta clase de alimentos. Por esto es que
no se deberia admitir con tanto rigor cía division de los ali
mentos en dos clases ; porque no debemos olvidar que la res
piracion , así como la secrecion renal, tienen por objeto alejar
del cuerpo materias separadas del organismo ; por los pulmo
nes se arrojan las que carecen de ázoe, y por los rinones las
que le contienen.
Hagamos pasar otra vez por delante de nuestra vista el gran
círculo que recorre la materia por los tres reinos de la natu
raleza.
El reino animal existe en tanto que roba sin cesar á la at
modera su oxígeno, devolviéndole, por ea-da volúmen de
dicho gas, otro igual de ácido carbónico. Figurémonos que
la tierra estuviese poblada solamente por el reino animal ; este
se estinguiria muy pronto en una atmósfera escasa de oxígeno
y emponzonada por el ácido carbónico. Aquí, empero, entra
á hacer su servicio el reino vejetal. El ácido carbónico, que
mata á los animales, es la condieion mas precisa de vida
para las plantas ; y el oxígeno, que el animal absorve con avi
dez, es arrojado continuamente por el vejeta!, como inútil y
pernicioso. Este continuo cambio mantiene siempre y en
todas partes invariable la constitucion de la atmósfera. Alí
como todos los reinos de la naturaleza se procuran las
recíprocas condiciones de existencia , asimismo se verifica
tambien otro tanto respecto de las diversas regiones de la
superficie de nuestro globo. La exuberante vejetacion que
crece bajo el sol abrasador de los trópicos es un rico manan
tial del mas puro gas oxígeno ; mientras que las zonas Mas
frias, por efecto del aumento de respiracion , y por consi--
gaiente de la combustion, son especialmente focos de produc.
cion del gas ácido carbónico. Ambas zonas cambian .el gas
que contienen por medio de las corrientes regulares de la at
mósfera, poniéndose de este modo constantemente en 00.
librio.
El carbono pasa del reino inorgánico á las plantas, y de
estas al cuerpo de los animales, que lo entregan otra vez á los
vejetales en forma conveniente para servirles de alimento.
El hidrógeno vá , lo mismo que el carbono, en union con el
oxígeno, de un reino á otro ; mientras que el ázoe, eligiendo
por companero al hidrógeno, circula de una á otra forma-de
vida. Acido carbónico, agua y amoníaco son las combinacio
nes en que los elementos desprendidos de los cadáveres de los
séres naturales pasan á la atmósfera para constituir, abando
nándola, nuevas formas de vida. La fuerza organizadora de
la naturaleza está presente en todas partes. Allí donde un
átomo se separa de una vida envejecida, entra al punto en
condiciones por cuyo medio es portador de vida nueva, y la
atmósfera está colocada como puente en la naturaleza para
dar paso á cata repetida .resurreccion que se verifica de la
incesante muerte á la incesante vida nueva.
Antonio Sanchez Comendador.
El sueno.
por
Solo duerme lo que vive y siente; solo el hombre y el animal;
por cuanto el sueno es vivir. ? Acaso podemos decir que duer
men los billones de celdillas germinales, esporos, huevos y
semillas, que.hace siglos y miles de anos que están descan
sando sin desarrollarse en el aire, en el agua , y debajo de la
superficie de la tierra? ?Podemos decir que esté durmiendo la
cebolla que, desde miles de anos, tiene la momia en la mano?
Todo estado no desarrollado, que no ha venido á pasar á vida
cabal , no es sueno , por mas que se le parezca.
No diremos de una piedra que esté durmiendo ; crece, es
verdad, pero no hay vida en ella, y por lo mismo, no es ca
paz de descanso. « La piedra no respira, por mas que le dé el
sol, dice. Heine ; no duerme, por mas que esté quieta desde
miles de anos. »
Verdad es que encontramos en ciertas plantas fenómenos
análogos á los del sueno ; y de ahí el llamar este fenómeno
sueno de las plantas. Varias flores cierran sus hojas á distintas
horas del dia, y algunas especies de árboles encogen de noche
sus 'hojas ; y el tiempo de este dormir de las flores es muy
diverso é independiente de las horas del dia y de la noche.
Linneo compuso detales plantas, capaces de sueno, el reloj de
Flora, que indica las horas por medio del abrirse y cerrarse
de las mismas flores.
Que el sueno de las plantas no es sueno real, despréndese
del hecho de no ser súbito , como el de los animales, sino,
antes bien, gradual. La vida de las plantas capaces de sueno
Iriebricb.
es un cambio constante entre el dormirse y el despertarse '; Pa,
san doce horas antes no cae la flor en un sueno completo, y
otras doce horas antes no está completamente despierta.
En algunas flores, depende la completa despertada de los
rayos *del sol y del cielo sereno ; puesto que no se abren cuan
do está nublado ó llueve ; otras, como la sensitiva ( Mimosa
pudica), se cierran en una luz escasa, en los eclipses solares;
pero otras hay, al parecer, completamente independientes del
sol , como ciertas flores del polo norte, que se abren y
cierran con regularidad, aunque no se pone el sol. Cuanto
mas jóvenes y robustas son las flores y las hojas, con tanta
mayor facilidad se verifica en ellas esto que llamamos dor
mirse y despertarse. Hasta la luz artificial produce. segun los
esperimentos de Decandolle , el mismo efecto en las plantas
que la luz solar; ¦ tampoco puede decirse de la luna que ca
rezca enteramente de influencia. Es muy reparable tarnbien,
que el color de las flores tiene su significado respecto del pre
sentarse y del cesar el sueno de las mismas , y viceversa. Así
es como las mas de las flores vespertinas y nocturnas están
pintadas de blanco, al paso que lo están de amarillo las mas
de las matutinas y diurnas.
Entre los animales, se nos presentan asimismo algunos
fenómenos, que pudiéramos confundir á primera vista co .
el sueno. Tal es el estado de las ninfas y de las crisálidas de
los insectos, el envaramiento de muchos gusanos. y reptiles
en invierno, el sueno invernal de la marmota , del tejen,
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dei hamster y del oso. En este articulo solo nos hemos pro
puesto hablar del sueno real y verdadero , y con preferencia
del del hombre ; ya que el sueno de los 'animales es , en
sus fenómenos esenciales , igual al de nuestra especie.
El sueno del hombre es el retraimiento de la conciencia y
del libre albedrío de toda referencia y relacion esterior para
ensimismarse en la propia vida íntima.. Los sentidos que, en"
el estado de vela, enlazan y establecen la union de la concien
cia y voluntad humana con el mundo eterno, esto eš, los fenó
menos estemos, están privados por el sueno casi enteramente
de su actividad. Verdad es que no están muertos; puesto que
en tal caso , nadie podria ser despertado por un ruido , por
un olor penetrante , por una luz viva y repentina , ni por el
contacto ; pero, con todo, no llevan á la conciancia, durante
el sueno , ningun fenómeno , y si lo verifican , lo hacen de
un modo parcial y defectuoso. Los sentidos apartan al hom
bre , con el sueno , casi completamente de toda relacion es-terna,
está entonces limitado á sí mismo; solo es hombre co
mo lo es el desvalido infante.
El cerebro y la médula espinal y todos los nervios que de
ellos dependen , y por consiguiente , ante todo los nervios de
los sentidos , caen , con el sueno , en un estado de reposo y
de inactividad parcial, al paso que los nervios ganglionares,
que son una condicion del cuerpo orgánico, é intervienen en
la respiraeion , en la circulacion,de la sangre y en la nutri
cion, siguen en actividad no interrumpirla. Aun mas , su ac
tividad, durante el sueno, vá á mas; por cuanto, estando me
nos desordenados por influencias estomas, obran con mayor
fuerza, y de todos modos mas tranquila y arregladamente.
A menudo , y sobre todo en cuerpos sanos , se presen
ta, poco antes de dormirse , una convulsion violenta é invo -
luntaria de algun miembro ; por un instante se vé uno como
arrancado por aquel sacudimiento del estado medio dormido;
pero pronto se apodera (lel cuerpo un sueno mas profundo y
tranquilo. Esta convulsion nace de la preponderancia que ad
quiere el sistema ganglionar sobre los nervios del cerebro y
de la médula espinal.
No es el sueno un fenómeno que acometa al hombre desde
fuera, sino que pertenece.á las necesidades mas .esenciales del
cuerpo, que salen y nacen del mismo. Cuando tenemos ham
bre ó sed, para satisfacer la necesidad, tenemos que introducir
algun cuerpo estrano en el cuerpo; por cuanto se ha declarado
en él una falta que no puede satisfacer por sí mismo, No suce
de lo mismo con el cansancio. No se ha declarado ninguna fal
ta en el cuerpo, corno no sea la necesidad apremiante del sueno,
que pueda remediarse por la agregacion de alguna cosa ester
na, sino que se ven desordenadas la uniformidad y la armonía
de las fuerzas y de las funciones. Pero el equilibrio solo pire -
de ser llevado á cabo por el mismo cuerpo. Con la vela y las
varias influencias y penalidades del dia, están demasiadamen
te escitadas, cansadas y gastadas ciertas fuerzas y ciertos ner
vios, al paso que otras han descansado, ó hasta se ven conteni
das para obrar con libertad. Aquellas necesitan descanso, estas
están pidiendo actividad para restablecer el equilibrio del todo.
1.0 propio viene á suceder cuando estamos cansados de an
dar. Los músculos flexores de las piernas han sido demasiada
mente esforzados , al paso que los opuestos, los músculos ex
tensores , han trabajado poco. De ahí es que el remedio mas
acertado y espedito , en este caso, es el echarnos , con lo
cual, tendiendo las piernas, ponemos en actividad los múscu
los extensores. Entonces descansan los músculos flexores , y
con la actiN idad de lys músculos opuestos , adquieten nueva
fuerza y vigor.
El cernir-senos los ojos de cansados, sobre todo cuando he
mos esforzado mucho la vista, procede de que los músculos
de los párpados, que sirven para mantener los ojos abiertos,
han estado activos demasiado tiempo , y por consiguiente,
están relajados. Los músculos contrapuestos , esto es los
constrictores , están pidiendo hacer algo , y con su actividad
se renueva la fuerza de los primeros.
Así se conserva el cuerpo por los contrastes que en el mis
mo existen; pues no se gastan estos mútuamente , puesto que
no contienen elementos estranos ni enemigos, perteneciendo,
como pertenecen , á un todo , esto es, á un organismo. Ellos
son una condieion de fuerza y de vigor recíprocos que engen
dran , bien asi como el cambio alternado , no desmedido , de
gozo y dolor conserva al ánimo la frescura de la juventud. El
gozo es para el hombre el rocío restaurador y vivificante; y « la
inquietud y la desdicha » , dice Benzel Bernau , « le son tan
necesarios al hombre, como la sal y las tormentas al mar.»
Cae pues el sueno sobre el cuerpo como el igualador de las
fuerzas y actividades aisladas ; es el reconciliador entre los
diversos contrastes del hombre , asi por lo que respecta al
cuerpo como poi: lo que respecta al espíritu. Con propiedad
llama Cieeron al sueno « adormecedor de cuitas , refugio de
cansados y afligidos:» Todos los cuidados y las penalidades
del dia , que tan fuertemente eseitan y conmueven á veces el
espíritu y el corazon , caen en el olvido con el sueno. El
cuerpo , rendido por el trabajo del día , recobra sus fuerzas;
los músculos relajados adquieren nueva elasticidad ; y cual
si acabase de nacer , despierta el hombre, vigoroso y fuerte,
por la manana , despnes del sueno. Todas las funciones del
cuerpo vuelven á equilibrarse con el descanso y la actividad
durante el sueno
Bien podemos decir del sueno que con él emprende el hom
bre cada vez un pequeno viaje, en el cual olvida los cuidados y
los sinsabores y la vida diaria de su casa; en el que se le mues
tran nuevas regiones é imágenes nuevas ; en el que ha echa
do de sí todo cuidado, dejándolo en casa , para gozar , sin
impedimento , de los goces y recreos del viaje y de las
estranas y amables regiones que se le ponen delante. Y en"
efecto, ?no es el suelo quien saca realmente al hombre
del estrecho círculo diario de la vida ordinaria? ? no es él
quien , por algunas horas , se la hace dar al olvido? ?Y no
entra el espíritu , durante el suelo , asido de la mano de los
suenos , en una tierra estrafia y libre , donde se le ponen de
lante imágenes abigarradas y raras , y donde vive y obra con
ellas, y por maravilla se acuerda de su casa y de la realidad
de la vida ?
Pero esto creen los Ostíacos y otros pueblos que ; durante.
el sueno , abandona el espíritu el cuerpo ; que emprende
viajes, y vive por su propia cuenta ; que anda en busca de
aventuras, que vá á caza, y ejecuta todos los actos predilectos,
á que los impedimentos y necesidades de la vida real no le
dejan entregarse en la vigilia.
! Cuán ligero , cuán libre es el espíritu durante el sueno.!
No conoce grillos ni ataduras , ni leyes ; nada sabe del espa
cio ni del tiempo. Libre recorre al vuelo el universo , se re
monta atrevido á los astros mas remotos , y vive en ellos,
como si fuera allí muy conocido-, bien baja á las entranas
de la tierra , á donde, estando en vela, ni aun se atreve á
llevarle el pensamiento.
No pocas veces se ha comparado el sueno con la muerte.
Ciceron y Lucrecio dijeron, que nada !labia tan semejante á
la muerte como el sueno; y Ovidio le llama imág,en de la.
muerte fria. Federico Logau dice :
«Un sueno largo es la muerte, •
Y breve muerte es dormir.
Durmiendo callan los males ,
Que se estinguen al morir.»
?Pero con qué derecho podernos comparar el sueno, esta
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do en que reposan cuerpo y espíritu para disponerse para una
vida mas vigorosa , en que el organismo d.el cuerpo humano
entra en un período realde la vida, con la muerte, por la que
se descompone el organismo, por la que se disuelve la armo
nía de las fuerzas por donde obraba el espíritu, de modo que
solo la memoria del cuerpo animado do su espíritu, ysu obrar
racional y humano., nos hacen considerar todavía como hom
bre la materia inerte?
Nada tiene de comun el sueno con la muerte. Por mas
que en el sueno y azga el hombre al parecer desvalido, .sigue
dormitando, con todo, en él, é imperando toda la vida que,
en el estado de vela, le hace senor de la creacion. Late el cora
zon en el pecho tranquilo y lleno de vida. Al sueno sigue la
despertada, vnelta á la vida del sol; la muerte es fria y yerta;
nuestra voz no puede llamarla á la vida, nuestro contacto no
puede hacer latir de nuevo el corazon: •
tIerinosa es la costumbre, sin duda, que escribe sobre la
huesa de los difuntos estas palabras: « aquí descansa », « aquí
duerme » ; por cuanto espresan estas pocas palabras, para los
sobrevivientes, que tambien hay un despertar del sueno de la
muerte, esto es, una aurora de otra vida, pues, sin esta espe
ranza, seria la vida muy triste.
Algunos psicólogos modernos han comparado con igual
impropiedad el sueno con la vida embrionaria del feto. El
estado del feto en.el vientre de su Madre es el estado de crea
cion de la vida, en el que se forma la materia y se desarrolla
la vida. El ernbrion no piensa ni suena; solo por el mundo
esterno se despiertan en el cerebro del nino las funciones del
espíritu; pues por él recibe las primeras impresiones de los
sentidos. La vida del nino, como ernbrion es puramente or
gánica, solo están activos los nervios vitales y motores; los
de sensacion no se desenvuelven hasta más tarde, y por gra
dos ; y son los últimos, en este progreso, los nervios del ce
rebro, que vienen á ser la corona, el punto céntrico de todos
los nervios de sensacion.
En la naturaleza entera, en todo el universo, en mutó
lo conocemos, donde quiera que se manifiesta la vida, pode
mos observar el tiempo de la igualacion y compensacion de
las fuerzas y contrastes, ó sea, el tiempo de descanso, segun
se le llama comunmente.
La tierra pende del sol; ella descansa en invierno, y renue
va las fuerzas que necesita para traer al ser nueva vida en la
primavera, para vestir la vestidura que influye en el corazon
del hombre tan blanda y dolorosamente. Todo lo que inme
diatamerfte depende de la tierra, todo lo que está nias sujeto
á la influencia telúrica que la solar, encuentra, con pocas
escepciones , el sueno durante la noche, ó sea en espacios de
• tiempos determinados por la rotacion de la tierra. •
No es el sueno una imagen de la muerte, ni un regreso á
la vida embrionaria ; es, sí, una vida independiente, libre,
hija del mismo cuerpo. El sueno es la actividad polar de la
vida, una dulce necesidad de la vida.
Cuán dulce es la sensacion, 'cuando, tras la fatiga del dia,
que ha relajado el cuerpo ó los nervios del cerebro, nos coge
el sueno por la noche en stis brazos no menos blandos que
protectores! Ya antes que se nos acerque el tiempo, ha empe
zado á reposar toda la naturaleza que nos rodea; y el estre
llado cielo nos está mirando tan suave y tan apacible como
un mundo de ensuenos. Entonces nos dá el sueno, y tranqui
los nos tendemos en el lecho. Reúnense luego ante nuestro
espíritu los companeros y las ocurrencias del dia, cual si qui
siesen despedirse de él. Todo nos aparece mas suave y .mas
hermoso, pues ya está saliendo el espíritu del círculo de la
realidad. ya empieza á cernérsenos lo' fantasía sobre la cabe
za en danza ligera y silfídea. Agólpansenos imágenes raras,
nueva.s siempre y mas nuevas, que seducen y embelesan . En •
tónees arrojamos la última y débil mirada á la realidad en
vuelta en imágenes nebulosas, y el sueno nos echa el velo, y
nos lleva. suavemente á sus regiones. Tranquilo y quieto ya
ce el hombre; todas las arrugas que los cuidados del dia y de
la vida abrieron, en su frente las alisa el sueno con su blanda
'mano. Ya no desfigura ninguna pasión las facciones; el pecho
sube y baja mas y mas quieto, pues ningun temor acongoja el
corazon; todo está reconciliado y dado al olvido; todo está tran
quilo, todo es quietud. Solo las funciones mas íntimas de la
vida siguen obrando en el cuerpo que está durmiendo, y le
vigorizan. Y cuando despierta el hombre por la manana, le
parece que el sueno le ha rociado el cuerpo con fresco rocío
de la vida; los músculos se estienden con mayor, fuerza; el es t
piran piensa con mayor penetracion y acierto, pues media un
espacio de tiempo, una noche, un sueno, entre lo pasado y lo
presente; y aquel no puede ya afectar inmediatamente al espiri.
tu. La nueva manana despierta nuevas esperanzas, nueva fuer.
za Vital, y nueva vida mas placentera.
?Y seria este sueno una imagen de la muerte ó del estado
embrionario ? Shakspeare se Valió de otro símil ; pues dice
del sueno, que es «el plato mas nutritivo del banquete de la vi
da»; y cierto, que noo cabe pintarlo de unanodo mas exacto y•
hermoso. El sueno es .para nosotros comida y bebida al pro
pie tiempo. Es tan necesario al cuerpo como la albúmina á la
.sangre, como el aire, la luz y el sol. Es el bienhechor de los
hombres mas amable y mas blando. El esceso en el comer y
. el beber irrita; pero el sueno ataja el camino á todo esceso,
quitándonos las ganas de dormir.
Ya se ha dicho que es una locura creer que reposen en el
sueno todas las funciones del cuerpo; pues las funciones ve,
getativas del mismo siguen en completa actividad;..y solo, se
vuelven mas regulares, por no afectarlas ninguna influencia
perturbadora de fuera, ninguna tension ni escitacion. La res
piracion disminuye, durante el sueno, de 20 á 1 5 inspiraciones
por minuto, y por consecuencia, se vuelve mas lenta la circu
lacion de la sangre. Tambien es mas lenta la digestion duran
te el sueno; .pero es por lo mismo mas beneficiosa. El ácido car
bónico que se expira disminuye en una cuarta parte.; y por
esta causa favorece el dormir la formacion de la gordura.
Con el sueno, es menor el movimiento del corazon, el pecho
late mas tranquilo y suave. Con la respiracion disminuye tam •
bien el calor propio del cuerpo; y. nunca es mas necesario el
abrigo que durante el sueno. Tambien disminuye la formacion •
de las lágrimas, lo que ya sucede cuando estamos cansados.
Por lo que hace á los mismos sentidos, no se presenta este
riormente mudanza alguna. Solo se cierra el ojo, se retira al
go en la cavidad, y la nina se dirige un poco hácia arriba.
Desaparece con todo, hasta cierto punto, la fuerza visual de
que tenemos conciencia. Cuando en vela cerramos los ojos, te
nemos la sensacion de una', superficie oscura que se nos pone
delante, y hasta al través de los párpados percibimos el cam
bio de luz, puesto que los penetra, 'cuando es intensa. Si
dirigimos los ojos cerrados al sol ó á la luz, percibimos un es
plendor rojo. Durante el sueno, desaparece esta facultad de
percepcion , por cuanto la impresion de la luz no es llevada
entonces al cerebro por los nervios sensorios. Solo puede des.
pertarnos una luz repentina y muy fuerte que obre muy de
terminadamente sobre los nervios.
Ni el oido, ni el gusto, ni el olfato pierden, en el sueno,
la facultad de percepeion; pero llevan con mas dificultad las
impresiones í los nervios sensorios y al cerebro, á la con
ciencia. Un sabor ó un olor fuerte puede despertarnos tambien
'del sueno, y con tanta mayor facilidad, cuanto mas insóli
tos nos sean.
N C)1
Respecto del oido , ocurren , durante el sueno , fenómenos
particulares. El ruido acostumbrado , por muy fuerte que
sea , no trastorna el sueno. El inolinero duerme á pierna
suelta en medio del estruendo del molino , y despierta en
cesando aquel. Cuando nos dormimos oyendo tocar un ins
trumento de música , nos despertamos en cesando de tocar.
A los silbidos y gritos de los serenos , al estruendo de las
calles nos acostumbramos luego , aunque al principio nos
parezcan insoportables.
No siempre nos despierta el hablar alto y recio ; pero tan
pronto corno nos llaman en voz queda por nuestro nombre,
despertamos , pues para nuestro nombre está siempre des
pierta nuestra atencion , aun durante el sueno. En el sueno,
estamos separados y retraidos del mundo esterno , é indife
rentes para lo que en él ocurre ; todas nuestras fuerzas y ac
tividades están concentradas en nosotros mismos. Por esto nos
despierta mucho menos el hablar recio que el llamarnos por
nuestro nombre ; por cuanto este nos interesa especialmente,
y las há con nuestra vida y sos intereses.
Tambien durante el sueno conservamos viva atencion á lo
que en vela escitó nuestro interés mas íntimo. Una madre,
que quizás ha estado velando algunas noches seguidas á su
hijo en la cuna, podrá seguir durmiendo tranquila en medio
del mayor ruido; pero bastará, para despertarla sobresaltada,
el menor grito de su hijo , pues para esto está su oido siempre
atento ; á esto se dirige su atencion constantemente, aun du
rante el sue4o. •
Cuando queremos emprender un viaje muy de manana ,
empezar una tarea y hacernos llamar á una hora determinada,
tampoco nos abandona, en el sueno, la ateneion dirigida á este
deseo; dormimos si, pero dormimos aguardando siempre que
nos despierten, y aunque no nos despertemos á la hora deter
minada, basta que nos llamen muy quedo para despertarnos.
El sueno ligero que tienen algunas personas puede depen
der de varias causas. El que ha consumido sus fuerzas tra
bajando de firme todo el día, dormirá mas fuerte y profun
damente que el que ahorró sus fuerzas en nonadas, ó durmió
Ja siesta á buena cuenta. Tambien depende la mayor ó menor
susceptibilidad del sueno de la debilidad ó de la fuerza de
los nervios , así como del hábito , de la voluntad y del ejer
cicio. Una voluntad enérgica se manifiesta asimismo en el
sueno. Cuando de veras nos proponemos despertarnos á una
hora determinada, por maravilla dejamos de verificarlo. Los
pueblos salvages , que dan á sus sentidos una finura asom
brosa , tienen tambien el sueno muy ligero. Las personas
medrosas , que se acuestan con pensamientos inquietos , des
piertan al rumor mas leve, porque están temiendo duendes
ó ladrones , ó lo que les sugiere su exaltada fantasía.
Es tambien muy particular la influencia que ejercen en el
sueno, por un lado , la alegría , el dolor y la tristeza , y por
otro, la esperanza, el miedo y el temor. Lo que es la alegría
y el dolor, se duermen Pronto, á pesar de la escitacion que
provocan en el ánimo ; por cuanto ya hay de suyo algo ador
mecedor en la sensacion , igual y monótona siempre, los pen
samientos se clavan constantemente en un mismo punto , y
aun cuando por acaso se desvien , vuelven luego á él con re
doblada tenacidad. No sucede lo mismo con la esperanza, el
. miedo y el temor. No tenemos entonces delante objeto alguno
determinado ; la fantasía vá volando sin freno de acá para
acullá , crea imágenes, las está viendo , y las sigue sin
tregua. En este caso , basta un leve rumor para ahuyentar el
.sueno durante horas enteras , y la fantasía no se cansa -de
.crear las imágenes mas espantosas. El corazon late mas recio
mas inquieto ; el sudor de la angustia nos enfría la frente,
pasa un buen rato, antes no puede el sueno , valiéndose
de todo su poder , arrancarnos á tales imágenes , que suelen
continuar tambien en suenos.
Nadie hasta ahora ha podido reconocer el momento en que
nos invade el sueno , y esto que ha habido muchos que lo
han probado , y que han clavado toda su atencion en el ins
tante en que les invadía el sueno. Al principio se aventa el
sueno , como espantado , pero por grados se nos acerca mas
y mas. Le vemos venir ; todavía está nuestra atencion clava
da en él ; pero cuanto mas se nos acerca , mas desaparece
aquella ; por fin nos rendimos , y , cuando nos despertamos
por la manana del dia siguiente , encontramos que otra s'ez
nos ha sorprendido el sueno , como siempre lo hará y debe
hacerlo , por lo mismo que es sueno.
Tambien en medio de las actividades corporales, y hasta en.
las intelectuales, sorprende el sueno al hombre , tan súbita
mente, que la actividad en que estaba empenado vá conti
nuando todavía un breve rato , aun en el sueno. Veamos lo
que le pasa á aquella hilandera, que se está muriendo .de sue
no en medio de su pobre dan. Por mas que se esfuerce en
ahuyentarlo , cierra al principio los ojos sin quererlo, reclina
la cabeza , la que se cae mas y mas sobre el pecho ; pero el
pié empuja todavía la rueda , la mano convulsa é incierta vá
tirando todavía la hebra , aunque deje de tenerla en los de
dos , hasta que por fin descansa la cabeza, sobre el pecho , y
las manos sobre el regazo, ó hasta que la voz del ama ahu
yenta al huésped en mal hora llegado.
El abstenerse enteramente de dormir es un conato tan ne
cio como vano. Verdad es que, con una voluntad enérgica, po
demos aventar el sueno durante algun tiempo ; pero cuanto
mas tiempo pasamos resistiéndole , tanto mayor se vuelve la
necesidad , y mas débil nuestra voluntad. Puede un hombre
enérgico dejarse morir de hambre , pues cabe que sea tan
grande la fuerza de voluntad , que , en medio de los dolores
mas atroces se abstenga de comer, puesto que, para llevar
algo á la boca, hay que alargar el brazo y la mano. Pero nadie
puede matarse absteniéndose voluntariamente del sueno, por
cuanto se desploma este, con tanta omnipotencia sobre el
hombre como la muerte.
La muerte , por falta forzada de sueno , es la muerte mas
espantosa que cabe imaginar ; y. á los turcos y chinos perte
nece el triste mérito de haber inventado este bárbaro supli
cio. Aun ahora Mismo se impone esta pena á algunos cri
minales, Pero oigamos lo que sobre este suplicio dice una
revista inglesa. Un comerciante chino , que habia muerto á
su mujer, fué condenado , en 1850, á morir por falta de
sueno. Encerráronle en la cárcel de Amoy bajo la vigilancia
de tres guardas , que debian , relevándose, impedir al des
graciado, por todos los medios posibles, entregarse al snencn
Hasta el octavo dia fueron tolerables los padecimientos ; pero
ya mas adelante , fueron atroces, de modo que el desventu
ra-do pedía como una merced que le estrangulasen. Con tenazas
rojas se le sacudió últimamente el sueno , perdió los sentidos,
entró el delirio ; pero el infeliz vivió hasta diez y nueve
?has , sin haber dormido ni un solo instante. — Siempre se
ha mostrado rica la inventiva del hombre para martirizar á
sus semejantes
Los animales toman, cuando duermen , al igual de las mas
de las plantas capaces de sueno, la postura que tenian en,es
tado de embrion. El hombre toma la posicion en la que esh
mas cómodo y que presenta al cuerpo el mejor punto de apo
yo. Cuando está sentado, reclina la cabeza sobre el pecho,
la espina dorsal se encorva un poco , y se caen los brazos ,
bien descansan sobre el regazo. Hállanse en inactividad todos
los músculos que , en estado de vela , mantenian tirantes el
cuerpo y los miembros.
•
m 62
Al 'adulto, en estado de salud, le bastan de seis á siete horas
de sueno. Las mujeres, que tienen los nervios mas irritables,
necesitan dormir mas que los hombres. Cuanto menos desar
rollado y crecido está el cuerpo, mas horas de sueno necesita,
porque el sueno favorece las funciones de la vida. Los ancia
nos, en quienes.. es escasa la actividad de las funciones vita
les , suelen dormir pocas horas.
En verano, en los dias bochornosos y en las noches calu
rosas, estamos mas propensos al sueno que en invierno, cuyo
frescor pone los músculos tirantes, y aninia y aCelera el cam
bio de materia ; pues el calor abate así el 'espíritu como el
cuerpo. Por esto duermen Íos meridionales mas que los ha
bitantes de los paises fríos. En Espana é Italia se suele dormir
la siesta. •
La noche es el tiempo mas natural para dormir, mas no
su medida ; pues en tal caso, los habitantes del norte dormi
rian en invierno como marmotas, al paso que los que moran
cerca de los polos pasarían, en verano, semanas enteras en
vela, puesto que semanas enteras está el sol, en dicha estacion,
sobre su horizonte. La mejor regla es la necesidad moderada
del cuerpo.
Es de todo punto indiferente que nos acostemos tarde y nos
levantemos tarde, ó vice versa ; por cuanto todo depende del
hábito. Muchas personas, y hasta algunos .médicos, censuran
el que las gentes retiren tarde y trabajen hasta deshora de la
noche, como cosa muy perjudicial para la salud. En este ca
so, los habitantes de las ciudades populosas, como Londres
y PariS, deberian estar generalmente caquécticos. La verdad
es que en esto, como en otras muchas cosas, todo depende
del hábito , el cual suele dejar mentirosos muchos refranes.
« Mas valen dos horas de sueno antes de media noche que
cuatro despues , » dice otro refran ; pero sobre esto hay que
tener presente que, en las primeras horas de sueno, es siem
pre el mismo mas profundo y restaurador , ora caigan an
tes, ora caigan despues de media noche. Muchísimos hom
1,1
bres doctos trabajan hasta muy entrada la noche, porque,
separados entonces del mundo esterno , pueden, con menos
embarazo, entregarse á sus meditaciones. Las enfermedades
de que adolecen tantas personas doctas no deben, empero,
atribuirse á su costumbre de acostarse tarde, sino antes bien
á grandes esfuerzos intelectuales, á falta de movimiento, y
por consiguiente, á una digestion defectuosa y á pesadez ab
dominal.
De noche es cuando mejor pueden trabajar los mas de los
hombres. La fantasía está llena entonces de imágenes, hijas
de las impresiones del dia , y los pensamientos se destacan
mas fácilmente, y se remontan mas alto. Las mas de las poe
sías de *Schiller,, se conoce por su alto vuelo rítmico,
fueron compuestas despues de media noche. Por la manana,
son los pensamientos, por lo general, mas rentos , bien que
la fuerza del pensar es mas penetrante y profunda. La fanta
sía es menos activa, pues, á no ser así , deberia sentir aun
los últimos ecos de los suenos nocturnos. Si fuésemos\ ami
gos de contrastes, pudiéramos decir : Para el poeta la noche; .
para el matemático la manana.
El comer, poco antes de acostarse, es mal sano, porque el
sueno desordena la digestion , y la digestion .desordena el
sueno. Deberíamos cenar tres horas antes de acostarnos para
dar lugar á que estuviesen terminadas las principales funcio
nes de la digestion. Es preciso evitar, antes de acostarse,
todo manjar y bebida. que irrite los nervios, como especias,
café , té, etc. Los manjares mas propios para 14,cena sol] los
dé fácil digestion, como sopa, leche, tostadas con manteca, etc.
Las buenas noches que nos dainos , cuando de noche nos
separamos unos de otros, nos ha parecido siempre un saludo
muy propio y hermoso ; pues el sueno viene á ser el fénix de
nuestra vida, y nunca necesita Mas el hombre un deseo be
névolo, que cuando se entrega al sueno, durante el cual yace
inerme, pero en manos siempre de la Providencia.
Antonio Bergnes de las Casas.
La girafa.
por Cirios Mallec.
Cuando los pensamientos mas inconexos-, como abigarrado
juego de colores, se vacían en la misma turquesa ,. formando
una unidad de suerte que se nos hace difícil reconocer la
idea principal, solemos tildar de raro el estilo, tan opuesto al
armónico equilibrio de las proporciones de la belleza. Tara
bien conoce la naturaleza este estilo, especialmente en aquella
parte del mundo á que con razon pudiera aplicarse el epíteto
de rara. Tal es el Africa, con la desmedida variedad de formas
de su suelo y de su naturaleza animal , que encontró su
espresion humana en la singular historia del Egipto y en su
arte caprichosa ; las fértiles formaciones de la Delta , junto
á la espantosa muerte del desierto ; los multiformes bosques,
á la par de la indescriptible' miseria de las plantas de las es
tepas ; la plenitud de la vida animal en el desierto, y la for
macion mas rica del suelo, al lado de la mayor uniformidad
en sus contornos esteriores ! Aquí el caballo , el asno y el
camello ; allí manadas de gacelas y antílopes ! Aquí el prodi
gioso hipopótamo y el, hasta hace poco fabuloso y tal vez ester
'minado, unicornio ; allí el leen , el chacal, la hiena, el tigre,
el oso y. el *leopardo. En la punta meridional, el elefante y
el rinoceronte, rebanos de zebras, de gnus, estudia amalga
ma de cabra, buey y caballo--, manadas de guaggas y de bú
falos, y junto con el cocodrilo, el avestruz, la abutarda, la
cigüena, etc., las mas raras desviaciones del hombre etíope;
los tipos mas encontrados en el mismo cuadro ! No es de ad
mirar que el Africa apareciese ya á los pueblos de la antigüe
dad como el pais de las fábulas y de las maravillas. Y como
si hubiese querido la naturaleza echar el resto de las contra
dicciones, reflejándolas reunidas en una sola forma, nos pre
senta el pensamiento mas raro de esta rarísima creacion , en
carnado en la girafa (Camelo Pardalis Guirafa de Linneo).,
el Ziraffet, Zuraffa, Zurnapa ó Zurafeta de los árabes ; el Deba
de los caldeos ; el Naip de los boten Lotes ; el Camelopardalis
de los antiguos.
La girafa », dice un escritor de gran talento, «no es lo que
parece , no parece lo que es : no llega á ser lo que no es,
sino que lo es todo, y nada á un mismo tiempo.» ? Qué será
pues la girafa? Los antiguos aseguraban tambien que era un
animal maravilloso, uno de los mas estravagantes atributos
del Africa. Así es que no tuvo el mismo César á mengua llevar
la girafa al circo de Roma como símbolo del Africa avasallada,
MI anos antes de la era cristiana ; y los sultanes del Oriente
raras veces dejaron de agregarlas á los presentes que hacian.á
los monarcas amigos. ?En qué consiste, pues,,que se hiciera
Yi 63
la girara objeto de una atencion tan general? Dejemos al cé
lebre esci itor ya citado, Teodoro Mundt, en sus « Viajes por
todo el mundo , » que nos aclare él mismo sus paradójicas
frases.
« Nunca , )1 dice , « ha amalgamado la naturaleza , de una
manera tan notable , lo ridículo y lo sublitne , lo feo y lo be
llo, en una sola y misma imagen, como en este animal estra
vagante : y no se ha concretado meramente á la superficie ,
sino que ha creado allí una unidad bajo todos conceptos , un
tipo pintoresco. Linneo ha colocado á la girafa, que, á prime.
ra vista, se presenta efectivamente como cuadrúpedo, mamí
fero parecido en cierto modo al ciervo , en la clase de estos
rumiantes. ?Pero qué tiene que ver el mero ciervo con el
múltiple y abarcador concepto de una girara , que, ya por su
conformacion esterna , burla todas las clasificaciones y carac
teres distintivos de los naturalistas; sin contar que debe Man
darse tambien á la inteligencia , á la índole y á lo misterioso
de su naturaleza , cuando se trata de emitir una definicion y
un juicio cabal de lo que es en sí una girara? Su cabeza
presenta sin duda cierta semejanza con la del ciervo , pero
los cuernos cónicos de su peluda frente , únicos en todo el
reino animal , dan , á primera vista , á la girara una figura
peculiar y fabulosa. Observase tambien al golpe que tiene
orejas de vaca, y , si se dirige la vista á las piernas, hasta las
pezunas, cree uno por un momento estar viendo un caballo.
Por otra parte, jurada uno casi que es una pantera, al consi
derar el color blanco pardusco y leonado de su piel. Pero lo
que constituye la parte mas esencial de la girara , lo que le
imprime ante todo su aspecto característico es su magnífico y
monstruoso cuello. Dotado de una elasticidad de movimientos
y de una variedad de espresion verdaderamente pasmosas, no
pudiera negarse á este cuello un franco tributo de admira
cion „ si la loca estravagancia de su conjunto no escitase al
propio tiempo la risa. »
A esta rareza de su traza general y á los movimientos in
sólitos del cuello corresponde naturalmente su fisonomía. No
es maravilla que una imaginacion poética crea descubrir en
esta cabeza magestuosamente erguida el orgullo aristocrático;
en la profunda fiexion del cuello la humildad ; en el zaran
deo de su paso una elegante pedantería , etc. « La girara , »
anadiremos con Bogumil Goltz , el. amable « Lugareno de
Egipto , posee una pedantería graciosa , una simetría no
simétrica , un. equilibrio vacilante, una monstruosidad armó
nica , una bufonería imponente , una grandiosidad ridícula.
La girara manifiesta, en los movimientos de su cuello , un
simbolismo , que espresa los mas contrapuestos caracteres :
altivez y magestad en la manera de llevar la cabeza y de
mirarlo todo desde lo alto ; humildad , candor y sencillez al
pacer la yerba del suelo ; genio investigador y diplomático
en los ángulos del ojo , cuando aguza sus orejas de vaca y
contrae convulsivamente los ijares.): Esta pintura puede con
siderarse , realmente , como la espresion del efecto que pro
duce en la generalidad de los espectadores la vista de la gira
fa; impresion singular que, en 4857, trajo embargados á todos
los Parisienses, incluso al mismo Luis Felipe, y en que la fan
tasía poética veía representada la caricatura de la época.
Pudiera creerse quizás que ambos escritores, no muy doc
tos en zoología , debieron hacernos una descripcion tanto
mas exagerada de la girara , en cuanto tuvo uno de ellos oca
sion de admirarla en Egipto, y el otro en el Jardin de plantas
de Paris. !Mas no fue así ! Pues tampoco pudo el verdadero
zoólogo evitar una impresion análoga, como nos lo atestigua
.emi sus escritos el ingenioso viagero Lichtenstein. Hallabas()
este en el pais de los Bosquemanes y Betjuanes, en el, cabo de
Buena-Esperanza, á orillas del rio Orange, cuando advertido
por un hotentote vió en la cercanía dos largos cuellos de
cisne. Pertenecian estos á dos guatas , que tranquilamente y
en la misma posicion que los demás animales , y no de ro
dillas , como se deéia en fábulas propaladas acerca de este
animal, estaban pastando la fresca yerba. Regocijó esta vista
en e,tremo al viajero naturalista, que les dió al momento la
caza. Pero así que las tuvo á tiro de fusil , sintiéronle las gi
raras , y emprendieron una rápida fuga. «Pero esta fuga , »
escribe el viajero , « fue tan rara , que casi vine á olvidar la
caza por la risa que me causó. »
Sin embargo , lo que la imaginacion exaltada del poeta, y
del hombre en general , reduce al punto á símbolos, se con
vierte, á la luz de la ciencia, en una ley de la naturaleza. ?Qué
es lo que justifica aquellos movimientos contradictorios que
tan ridículos y estravagantes 'nos parecen? El citado viajero
contesta tambien á esta pregunta. «La desproporcion estraor
dinaria de la altura anterior respecto á la posterior , y de la
altura total relativamente á la longitud oponen grandes difi
cultades á la marcha rápida del animal. » Imposibilitada por
esta causa de andar al trote , queda reducida la giraraal paso
natural y reposado, y al galopar en veloz carrera. Con todo ,
es aquel galope tan desmanado y torpe , que uno cree poder
alcanzarla á pié á pesar de que á cada salto gana de 12 á 46
pies de terreno. Para hacerse capaz de este Movimiento, de
be recordarse la desproporcion singular de sus miembros loco
motores. El ejemplar de Lichtenstein que, segun otros datos,
dista aun mas de diez pies del límite estremo que puede al
canzar este animal, media desde la planta 'á los cuernos 45
pies y 4 pulgadas , en las cuales entraba el cuello solo por 5
pies , teniendo , por consiguiente , la pierna, desde su arti
enlacien hasta el casco , algo mas de 8 pies. Por el contrario,
la parte trasera, desde la rabadilla hasta la pezuna, no tenia
mas que 6 1/, pies de longitud , al paso que la del pecho has
ta el arranque de la cola ascendía á 7 pies. Es evidente, que
una conformacion tan desproporcionada, en que la parte
anterior sobrepuja como unos siete pies á la trasera, hace caer
el punto de gravedad hacia adelante, acarreando por lo tanto,
con el aumento de velocidad, el vuelco del animal. Esta fal
ta de simetría en la situacion del punto de gravedad no pue
de naturalmente ser compensada, sino cuando el animal do
bla el cuello Inicia atrás, repartiendo así la carga por todo
el cuerpo. Entonces se aligeran las piernas delanteras, en
estremo esbeltas, del peso escesivo que sobre ellas gravitaba,
paralizando la velocidad de sus movimientos. «Para correr,»
dice el viajero , « las .estiende, y sin doblar las rodillas, las
pone en el suelo impulsado por la fuerza de las piernas trase
ras , y por el contrapeso de la cabeza, que estiende de nuevo
hacia adelante promoviendo el salto de las patas posteriores
por medio de nueva flexion del cuello hacia atrás. Así vá os
cilando continuamente el cuello de acá para allá como el mas
til de un barco que se mece sobre las inquietas olas. »
Sosegadamente andan paciendo sobre el suelo lojizo de
Karro, en que las copiosas lluvias de la primavera hacen bro
tar los mesembriantemos perennes, á la par de los brezos y
de magníficas plantas liliaceas y miles y miles de florecillas que
ostentan sus racimos, y sus ramilletes , y sus cabecitas y sus
campanillas sobre el verde esmeralda de los pastos. Manadas
de zancudos avestruces, de antílopes y muchos otros animales
de variadas formas cruzan aquellas desiertas regiones, en que
el árbol de la girara (Acacia Gira& de Lichtenstein) estiende
su alado y trémulo follaje, ofreciendo al rumiante de que ha
blamos su heno favorito.
Estos pequenos rebanos de giraras, compuestos por lo gene
ral de 4 á 10 individuos, presentan un golpe de vista singu
lar. El color leonado de su piel, y las manchas blancas y pardas
N 64
del diseho mas variado que la cortan y van disminuyendo hácia
la cabeza hasta quedar reducidas á pequenos puntos, nos
recuerdan la pantera. Entonces se comprende porque dieron
los antiguos á la girafa el nombre de camelopardo, es decir,
camello leopardo. Pero así como
« La ligereza del camello aduna
« A la manchada piel de la pant,era ,
así tambien posee los caractéres de verdadero rumiante. Aque.
llas piernas de color unido, cuyas rodillas presentan una
protuberancia callosa casi desnuda de pelo, terminadas por
pies. ahorquillados; aquella cabeza, parecida á la del ciervo,
con las ventanas de la nariz ovales y el labio superior guar
necido de cerdas recias que avanzan á manera de cúpula so
bre el inferior,, con las orejas de vaca blancas en la base y
por la parte de delante y parduscas por detrás ; aquellos
cuernos (Micos de color pardo claro, casi redondeados en la
punta y adornados de cerdasmegras , sobre la frente peluda
y de. color igual , son atributos del tipo de los rumiantes.
Pero no sin una diferencia muy esencial. Esta consiste en la
formacion de los cuernos , pues , mientras que estos en los
demás rumiantes no son mas que prolongaciones de la piel,
apoyadas en una protuberancia de los huesos, que vá to -
mando creces al paso que se desarrolla el animal , provienen
en la girafa del mogote formado por los huesos frontales , y
son un verdadero hueso, cubierto tan solo por la piel de la
frente. Mayor rareza es todavía que adornen al macho tres de
estos cuernos, al paso que la hembra no tiene mas que dos;.e.a..
reciendo unos y otros de significacion en la vida de la giraki..
A hádase á esto la melena, qué nos recuerda la del caballo,
y le cuelga hasta la mitad de las espaldas , la cola proporcio
nalmente muy delgada, que remata en una borla de largas
cerdas negras , la pupila redonda del ojo con el iris castano,
y los cuatro pezones en la hembra , y tendremos un trasunto
completo de la figura chocante de este hijo del desierto.
Figura poética en verdad; rara como la tierra patria que lo
crió, y no obstante, dechado de blandura que, escluido por
sus formas del terreno de la vida práctica, se refugia al tran
quilo regazo de lanaturaleza, desde el alto Egipto hasta el Cabo,
en los desiertos y llanuras'de Karro , donde vivo solo para sí
y para su familia, á la que profesa el mas tierno carino. Pero
no solo l flecha emponzonada del hotentote corta con frecueu.
cia estos dulces lazos para apodérárse de su carne, que es el
venado mas sabroso de Africa, al par que de su dura médula,
de su piel preciosa para zapatos y odres, de sus largas cerdas
para asegurar los brazaletes de cobre ó de hierro, sino que tarn
bien turba á veces su felicidad doméstica el temido rey del de.
sierto. Este es segun nos pinta el poeta ), el que está acechan
do entra lo juncales de la laguna donde van á abrevarse las gira
fas y. las gacelas. Allí es donde llevando en pos de sí, como no.
bles de su corte, al tigre, á la hiena y al buitre insaciable, se
busca en la girafa un caballo cual nunca se viera tan estrano.
« Hunde en la nuca su voraz colmillo ,
« Las corvas garras en el flanco aferra ;
Y sobre el lomo del corcel gigante,
« Ondula del gineta la melena.
Tras ellos vuelan las nubes de polvo de Karro que levan
tan en su rauda carrera , hasta que el caballo se desploma á
la orilla del desierto, agotadas sus fuerzas , espirante- bajo el
peso de su diestro gineta : y. así termina esta trágica escena
que arroja sobre el raro cuadro del Africa un colorido tan
terrible.
(1) Frelligralli, en una poesía, tan original eOmo pomposa, intilulada «Ca
balgata del leon.»
Miguel (i'-‘uilart y Buelt.
).> 65
Fuentes vegetales.
por lados ninita-.
« Caros amigos 1 mas felices tiempos tuvo la tierra que
los que alcanzamos : duda no cabe , y de mas noble espíritu
fuera un pueblo tambien ) » ; no , dudarlo no cabe, pues
lnibo mejores vendimias que ahora, y vivieron tambien otras
gentes de las que en esta edad desdichada corren. Ahí tene
•mos, por ejemplo, al bienaventurado Mefistófeles (2). ? Dón
de está hoy dia un prestidigiador que proporcione á algunos
sedientos mortales bebida sin escote y sin tasa , y una hora
de alegría , cual la que disfrutaron los senores Frosch, Siebel
Y companía , por artes de aquel insigne varon ? ? No es
gran dolor , queridos Oyentes, que los incrédulos naturalis
tas hayan arrojado de la tierra á aquel respetable senor , que
de cuando en cuando gustaba tambien de bromas, como de
hacer brotar de viejas mesas el dulce vino de Hungría y el
espumoso Champana ? Solo él parece haber comprendido lo
que per boca de nuestro Goethe dice :
•
La vid lleva racimos,
El cabro!). cornamenta ;
Eh sino es dulce jugo,
La vid no mas que lena
Tambien podrá dar vino
La mesa de madera !
Una íntima mirada
En la naturaleza ;
Y cata ahí un milagro ,
Creed con fé 'sincera !
En vuestras sonrisas estoy leyendo que tampoco estais bien
_ciertos de comprender esta íntima mirada en la naturaleza ,
.y que vueStra fe no alcanza á _ trasportar montana alguna.
Mas ya que me ha cabido ser hoy el que lleve la palabra ea
esta dignísima congregacion de bebedores., cual entre noso
tros alemanes, ninos ávidos de ciencia, es antigua costumbre
no creo poder «escoger un asunto mas adecuado al carácter de
esta reunion, que, tomando por lema aquel delicioso milagro.,
manifestaros sobre él mi docta ó indocta opinion.
Ante todo debo recordaros que el maestro Goelhe no fué
inventor del cuento, sino que lo encontró ya preparado, y
lo prohijó , sacándolo de la vieja tradicion del Fausto , por
decirlo así, en carne .y hueso, con su contenido y su carácter
local; de lo que vino á salir tambien aquella escena, de taberna
de Auerbach, la mas sabrosa de todas las escenas de magia
para el alegre bebedor.
Tenemos que habérnoslas, por consiguiente, con un festivo
cuento popular, que quizás, sin necesidad de que yo lo insi
núe, colocareis desde luego en la categoría de las « botas de
siete leguas» , de la «varita de virtudes» , de «el espejo encan
(1) Principio de la poesía de Schiller, que lleva por título «A. los amigos.»
i2) Peisonage importante del poema dramático de Coethe, «Fausto». La es
cena á que aquí se ?titule pasa en una taberna de Leipzig, llamada de Auer
bach, á donde condujo Mefistófeles á Fausto, despues de estrechado el pacto
infernal, para introducirle, como él dice , en alegre companía, á fin de que
viese cuán fácil era la vida, y cómo con poco chiste y mucha suficiencia,
gira cada Cual en el estrecho baile de rueda de la existeticia, cual juegan los
gatitos con la cola. Allí encue.ntran una reunion de bebedores, con los cuales
traban eonversacion y cantan. Al al proponerle un brindis á la libertad,
contesta Mefistófeles que de buena gana bebería un vaso en honor de esta
diosa, si sus vinos no fuesen tan malos, y les ofrece de los de su bodega. A
este efecto pide un barreno, y abre en la mesaalgunos agujeros, de los cuales,
á impulsos de la fórmula mágica citada, brotan chorros de los vinos mas es
isitos. liemos creido necesaria esta esplicacion para mayor inteligencia del
4exto, así como nos parece supérIluo continuar la descripcion de esta escena.
TOMO 1.
tado», de la «mesa cubre-té» , y otros cuentos de viejas que
burlan á los mas grandes potentados del universo: el espacio
el tiempo. !Pero chanzas á un lado! El cuento popular es un ni
no que muchas veces dice la verdad, ó la siente por una especie
de corazonada; si no, ?qué otra cosa son las alas de Dédalo mas
que los modernos globos aerostáticos, que pasean por las 1111
bes en orgulloso vuelo al rey de la creacion? ?Qué las botas de
siete leguas, sino las locomotoras? ?Qué será la varita de virtud,
sino el telégrafo eléctrico, que lleva la palabra del hombre con
la velocidad del lumínico al través del tiempo y del espacio?
Vemos pues que asi como se oculta una gravedad profunda en
los juegos infantiles , así tambien puede hablarnos la verdad
desde el fondo de cuentos de hadas , y que debe amplificarse
por lo tanto nuestra divisa « en el vino yace la verdad».
N'as estoy viendo que os preguntais impacientes, á dónde
voy á parar, y qué tienen que ver tantos preámbulos con
el milagro de.la taberna de Auerbach , y la íntima mirada
en la naturaleza. Ya estoy al cabo. ? No queda resuelto 01
punto el grande arcano con solo recordaros el vino de abedul,
que, desde remotos siglos, obtienen los pueblos de Origen ger
mánico por la simple perforacion del tronco de este árbol? ? y
no os parece el cuento en cuestion un trasunto embellecido de
este hecho á favor del taumaturgo Mefistófeles , que rondaba
en otro tiempo entre los hombre necesitados., prestándo
les bienes y servicios, para dejarse enganar al fin y al postre
como un pobre diablo, y que allí por arte de birliqui-birloque
restableció en la vetusta mesa la naturaleza primitiva del. le
no del abedul? Esta es, salvo mejor parecer, como suele decir
uno de los mas modestos miembros de esta asamblea, mi opi
nion sobre el asuntó, que, para mí, considero como fuera de
toda duda.
Conozco, sin embargo, ,que esta solucion prosáica arrebata
á nuestro cuento el mágico manto del romanticismo , y que
por mas que haya resuelto el problema, á mi ver, de un modo
satisfactorio, no debo separarme así de vosotros. Quizás con lo
que trato de anadir conseguiré devolver al cuento la perdida
estima. ?Y no es ya admirable por demás que un mero tronco
de abedul haga brotar por la abierta herida una fuente, cuya
existencia tan distantes estábamos de sospechar, y cuyas aguas
se trasforman por lo menos en una refrescante, bebida? ?No es
una maravilla igual la que ha granjeado tanta celebridad al
arce azucarado de América? A fines de enero asciende la
sávia en el árbol. Practicad en su tronco una incision de dOs
tres dedos de largo, injertad en la misma un canutillo, dejad
que destile en una vasija la fuente misteriosa, y tendreis, para
el caluroso mes de marzo, un refresco precioso, que pronto
sabreis apreciar en lo que vale, como los Norte-americanos,
que lo tienen en grande estima. Si reducís este zumo por me
dio de la ebullicion, obtendreis un jarabe de color amarillo de
caramelo, dulce como la miel, cuyas propiedades dulcifican
tes aventajan en mucho á las del jarabe de azúcar. Pero no
valdria el trabajo que en ello os tomarais ; puesto que una
tonelada de zumo , si bien un árbol de buena calidad produ
ce diariamente una cuba de líquido , no dé mas que una bo
tella, y á lo sumo dos de jarabe; pero ya hace en cambio la
naturaleza las veces de amable repostera, llenando con oficio
sa mano la cuba, sin que hayaisaenido que perder ni una sola
hora de trabajo, ni un instante de dulce sueno.
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Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Abeja, La. No. 1 (1 enero 1862), p. 039-078 |
| Descripció | Informació addicional del títol: revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Títol addicional | Revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1862 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Librería de D. Juan Oliveres, [1862-1870], No. 1 (1 enero 1862)-No. 3 (1 enero 1964) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1056597~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Ateneu Barcelonès". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 8 bits |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | 02_No. 1 (1 enero 1862), p. 52-65 |
| Transcript | La facultad de absorver su propio volumen de ácido carbónico ; y esto 'se verifica siempre , sea p cual fuere la presion. Vamos á tratar de dar una esplicacion clara de este principio. Tomase un ci lindro de cristal fuerte , trasparente y bien ca 3 librado , esto es , que presente en toda su lon gitud un diámetro igual ( Fig. 9 ) , dividido en cinco partes iguales , y provisto de un émbolo p r 1 que ajuste herméticamente. Échese agua en este vaso hasta ocupar la primera division 4 ; llénese luego rápidamente de ácido carbónico el espacio Fine 9.• re?tante , colóquese el émbolo, y agí'ese bien el lí quido; y se verá que el émbolo desciende toda una division ( hasta 4) , lo que nos dice que el agua absorve ó disuelve su propio volúmen de ácido carbónico á la presion ordinaria de la atmósfera. Pero si luego , sin alterar en nada la dispo7 sicion del aparato, ejercemos sobre el émbolo una presion igual á la de la atmósfera, es decir, le cargamos 45 libras por pulgada cuadrada de superficie „bajará al instante dos. divisiones ( hasta 5); ó lo que es lo mismo , quedará el gas reducido á la mitad de su primitivo volúmen. Si ahora agi tamos fuertemente el todo , irá bajando gradualmente el ém bolo , como en el primer esperimento , toda una division ( hasta 2 ) , ó en otros términos, el agua absorve tambien, bajo esta presion elevada una cantidad de gas igual á la del volúmen que ocupa. Empleemos ahora desde un principio una presion de tres atmósferas, 45 libras, las que agregadas á la presion ordi naria de la atmósfera, siempre existente, constituyen una presion de 60 libras por pulgada cuadrada ; el émbolo des cenderá de una vez tres divisiones (hasta 2 ) , comprimiendo así el gas á un cuarto. de su volúmen..Agitando en seguida el agua, baja el émbolo poco á poco otra division ( hasta ), y todo el gas ha desaparecido — esto es, el agua ha abservi do igualmente, bajo esta nueva presion , su propio volúmen de ácido carbónico. Si se suprime luego la presion aplicada de 45 libras por pulgada cuadrada, se desprende el gas disuelto en el agua gradualmente, é irá empujando el émbolo hácia arriba hasta que alcance este la division n.° 4 , en que se fija , como en el primer esperimento , y que el agua no retenga mas que su propio volúmen de gas á la presion ordinaria de una atmós fera. • En esta propiedad importante se funda la fabricacion del agua carbónica y de las limonadas gaseosas , así como de ciertas aguas Minerales artificiales, en que, por medio de má quinas poderosas, se sobresatura el agua de ácido carbónico; de cuyo rápido desprendimiento , luego de destapadas las bo tellas que contienen aguas así fabricadas, podemos darnos ahora una completa esplicacion. Sea que se haga absorver a1 agua, por medio de una fuerte presion , el ácido carbónico ya preparado , cual lo practica el fabricante de limonadas gaseosas, sea que se desarrolle en la botella misma per la • alteracion de las sustancias en ella contenidas, el resultado es liempre idéntico. Sucede lo último con todos los líquidos en fermentacion, embotellados. Duran te el transcurso de la alteracion química, que llamamos fer mentacion , se verifica un desprendimiento lento de ácido carbónico en el interior de los vasos que contienen dichos líquidos ; pero con la misma rapidez con que se forma , es absorvido de nuevo por el agua, porque vá creciendo al pro pio tiempo la presion del gas sobre las paredes interiores de los vasos, que suponemos hermética y fuertemente tapados. Con las botellas de vidrio de suficiente resistencia sucede que, si el tapon no está sujetado con bastante fuerza , este es pro yectado á lo lejos con violencia , y el líquido en gran parte arrastrado por la salida tumultuosa del gas : si la botella es sobrado endeble , estalla entonces por la gran presion qué ejerce el gas , como tan frecuentemente acontece con las aguas minerales y gaseosas , y mas todavía con el Champana , del cual á Veces se pierden por esta causa, en el espacio de pocas' horas , millares de botellas , ocasionando enormes quebran tos á los cosecheros. Tambien existe el ácido carbónico, aun que en mucha menor cantidad , en los vinos ordinarios y en las cervezas , sobre todo en las últimas , cuando se han con servado bien tapadas ; como que á la presencia de este gas, disuelto en ellos de la manera indicada, deben 11130S y otros su espuma , cuándo se vierten rápidamente y de cierta altura, y del desprendimiento natural del ácido carbónico depende también el que, espuestas largo tiempo al aire , se vuelvan estas bebidas sosas y desagradables... El agua absorve tambien el oxígeno y el ázoe de que cons ta principalmente la atmósfera , aunque no en las mismas proporciones en que estos elementos se encuentran en el aire. Sabemos que el aire que respiramos contiene 21 p.°/, de oxi geáo, al paso que el que separamos del agua que lo Mantenia distrelto.presenta de 51 á 55 p.°/o. Esta sabia disposicion tie ne , al par de otras , el objeto de satisfacer á las necesidades de los peces , y en general de todos los animales acuáticos, que deben estraer del agua en que viven el oxígeno necesario para su conservacion , por serles naturalmente mas fácil to marlo de un aire que contiene un tercio que de otro que no contiene mas que un quinto de esta sustancia vital. La exac titud de este aserto queda plenamente probada por •un hecho tan fácil de demostrar, como es la mortandad rápida y com pleta de los peces, al perder el agua en que vivian , por una causa accidental cualquiera, parte de su oxígeno. De muy reciente fecha data el descubrimiento de que el agua del mar contiene mucho mas oxígeno cerca de la superficie que á una profdndidad de 1000 ó 2000 pies; propiedad que nos aclara satisfactoriamente la disminucion de la vida ani mal , creciente á proporcion de la profundidad , que presenta el mar ; circunstancia tan repetidas veces observada, pero de que no !labia podido darse hasta ahora una ésplicacion cum plida. La tendencia del agua A absorver mucho mas oxígeno del que, respecto del ázoe, existe en el aire, nos dá razon de otro hecho notable que , durante mucho tiempo , fue ,. hasta para los naturalistas , un enigma al parecer inesplicable. Sí se llena .un frasco de nieve y se le coloca luego herméticamen te tapado en un paraje caliente , derritese la nieve , y el agua. formada alcanza hasta una tercera parte del, vaso, quedando el espacio restante ocupado por .el aire , antes interpuesto en los poros de la nieve. Examinando químicamente este aire, se encuentra que contiene menos oxígeno que el atmos.férico ordi nario; pues, al paso que este, como sabemos, tiene un 21 p. Vo, solo contiene aquel de un 4‘2 á un 14: Y de ahí la opinion, que prevaleció largo tiempo, de que el aire disuelto en la nieve te nia naturalmente esta proporeion menor de oxígeno, y de que la nieve debla estar, por lo tanto, dotada de la propiedad de absorver estos gases de la atmósfera en cantidades ptoporcio• palos 1i. las del aire analizado. Pero otra es , y mas sencilla, la esplicaeion de este fenómeno, que proviene meramente de la mayor cantidad de oxigeno, relativamente á la de ázoe , que del aire contenido entre los poros de la nieve, disuelve el agua en que esta se resuelve ; lo cual determina la pobreza de oxí geno que se advierte en el aire restante , no disuelto. En resúmen , el agua que bebemos y empleamos para usos tan múltiples como importantes, es un cuerpo que, consi derado á la luz de la química, •y• de las ciencias naturales en general, no es menos digno de estudio que el aire 'que respiramos. Entrambos elementos, como se les llamó en otro tiempo , son indispensables para la existencia de los seres vivos sobre la tierra ; entrambos se presentan mez clados con una multitud de cuerpos estranos á su compo 53 tE sicion , y entrambos se hallan, por sus importantes propie dades , variada é íntimamente relacionados con el desarrollo de las plantas, y con las necesidades y el bienestar del-hoin bre y de todos los animales. Juan Font y Guitart. El péndulo. por Oton ttle. 11.—El péndulo como medida de la tierra.. Lo que se suele llamar historia del mundo no es por lo coma .mas que la historia de hombres aislados y de sus pa siones, que , saliendo repentinamente de la oscuridad, sobre las ruinas de los pueblos , de sus leyes y de sus costUmbres, han construido el trono de su dominacion y levantado el mo numento de su ambicion y de su vanidad. Pero hay otra histo - ria del mundo, que es la historia de la civilizaeion y de la ciencia humana. En ella, lo nuevo se forma paulatinamente, y raras veces, ó tan solo en apariencia, surgen nuevas épocas de meras individualidades. Una especie de fermentacion de los espíritus precede aquí á cada revolucion, y dirige instintiva mente miles de ojos hacia un solo objeto. Escasa al. principio y desatendida, luego objeto de la mofa y persecucion de las masas , y hasta de los cuerpos literarios, crece continuamen te la falange de los descubridores de tesoros desconocidos. Primero unos pocos, despues en mayor número , llaman á la puerta cerrada, que permanece inmóvil, hasta que el hijo de. la fortuna sé adelanta á la muchedumbre, y con un feliz im pulso de su diestra hace saltar el cerrojo : y abriéndose la puerta de par en par, brota un torrente de luz, que disipa la noche de en torno con los suaves rayos de la verdad y del saber,'no con el siniestro resplandor de.la arnbicion y del afan de dominar. Por esto no solo están envueltos en la os curidad del mito y de la fábula los descubrimientos que perte necen á los tiempos mas remotos, si que tambien acerca de aquellaS cosas cuyo origen se remonta á pocos siglos, y hasta -casi en las que se desarrollaron con la generación que todavía vive, suele reinar tal incertidumbre, que á menudo estamos mejor informados de los reyes del antiguo Egipto ó• de los Asirios que de la persona , lugar ó tiempo del descubrimien to de aquellas. Seria ciertamente de una importancia inmensa levantar el velo que nos oculta el gérmen recóndito del de sarrollo de la humanidad, y recorrer las maravillosas vias , por las cuales vá adelantando de escalon en escalon la civili zacion humana. Seria una empresa digna de nuestras aca demias; pero no tienen para ella ni tiempo ni vocacion. El descubrimiento de la gravítacion universal y de sus leyes pertenece sin embargo á aquellos de cuya historia estamos me jor informados, porque ha influido profundamente en el desar yollo de la ciencia , y ha sido el fundamento de suépoca moder na. No es la feliz ocurrencia de un hombre aislado, sino el re sultado de investigacionesque han durado siglos, el blanco de los conatos de miles de inteligencias. Hemos citado á Buygens como el inventor del reloj de péndulo ; pero un Galileo hu bo de precederle y poner de manifiesto el hecho de la igual duracion de sus oscilaciones. Al gran Newton agradecemos la brillante ley de la atraccíon universal, á que obedecen to dos.los cuerpos celestes ; pero algunos hombres eminentes le allanarori el camino á tan elevada nieta. Un Copérnico de bia antes promulgar el nuevo testamento de la astronomía: un Keplero perfeccionarlo con sus leyes; un Galileo dilucidar con la perspicacia de su espíritu , el fenómeno de la caída de los cuerpos , y un Hoolie y un Huygens debian llevar sus le yes al terreno del cálculo y de la mecánica. En tal disposicion, nada tiene de estrano que la caída de una manzana fuese ca paz de despertar en el espíritu de Newton aquella verdad grandiosa que él , sin .saberlo , habia ya encontrado siendo un joven de 20 anos , y .tras la Cual , sin embargo, se habia afanado en vano, sacrificándole la mas robusta temporada.de su vida. Cuando des,pues de tan célebre lucha se hubo conquistado el principio de la gravitacion universal , rellejóse su luz en la oscuridad de miles de anos anteriores. Lo que laboriosa mente y con tanto esfuerzo del entendimiento se habia estado buscando por tanto tiempo, encontróse con leve trabajo escri-- tuen la celda de Cambridge,,y resultó demostrado de un mo do irrefutable. Por espacio de dos mil anos habíanselos hom bres afanado en medir su maternal vivienda , tierra , y en investigar su forma. Si la edad media ensenaba todavía que la forma de la tierra era la de un disco ó cilindro complanado, la antigüedad gentílica tenia de ella. mas exacto couocimien - to; y la forma esférica de la tierra era ya, mil anos antes , para Tales, Pitágoras y Anaximandro ,. un hecho incontesta ble. Eratóstenes y Posidouio habian ya medido la magnitud de la tierra, aunque con medios groseros. El siglo del rena cimiento intelectual, el siglo XVI; emprendió tambien otra vez esta medicion , y Willibrod , Snellius y Picard la llevaron ya á may or grado de aproximacion, en el sigloXVII, con el auxi lio de la trigonometría. Pero el espíritu científico que se iba desarrollando.suscitaba nuevas dudas y exigencias. Quedaba ya lijada la forma esférica de la tierra. La doctrina de Coper 111C0 la habia sancionado , y contra ella se estrellaban impo tentes las refutaciones de sus contemporáneos. Pero la misma doctrina de Copérnico habia promovido una nueva convic cion, la de la rotaciou de la tierra sobre su eje. Buscábanse pruebas. para demostrarla á la faz de sus adversarios , y cú polo á Newton encontrarlas en la forma de la tierra , don de debian conservarse impresas las huellas de su movi miento. Newton considuró el achatamiento de la tierra en sus polos como una 'consecuencia de su rotacion , y requirió la comprobacion de su aserto por medio de medidas directas.' La dificultad de esta medicion y la incertidumbre de su re sultado, poco menos que inevitable, por leves que fuesen los errores , presentóse inmediatamente al primer ensayo. Las primeras medidas francesas del meridiano condujeron. cabal mente á una consecuencia opuesta, esto es, al aplanamiento. de la tierra en el ecuador. Y se pasó mucho tiempo antes que los sábios franceses, heridos en su orgullo nacional , sede eidieran á favor de la atrevida teoría de Newton ; y no que daron completamente convencidos, hasta que las grandes me. diciones en el Perú y en la Laponia la confirmaron de un mo do incontestable. ,El espíritu atrevido y perspicaz de Newton liabia calculado la forma de la tierra sin necesidad de medirla. Deterrninába la , segun él , la gravedad universal , modificada por el mo vimiento de rotacion , que producia su achatamiento. Si la tierra gira sobre su eje , debe ser mayor Sli atraccion en el Polo que en el ecuador , donde se encuentra mas disminuida por la mayor velocidad de rotacion. Recíprocamente , si se verifica que un cuerpo pesa mas en el polo que en el ecuador, queda indudablemente demostrado el movimiento de rotacion de la tierra. ?Pero por qué medios se consigue averiguarlo? .?Cómo probaremos si un cuerpo se manifiesta mas pesado en' un punto de la tierra que en otro ? Si llevásemos una balanza con sus pesos correspondientes desde el polo al ecuador, los mismos pesos que se hubiesen equilibrado con una piedra en el polo se equilibrarian igualmente en el ecuador, porque la accion de la gravedad sobre ambos cuerpos ha cambiado en la misma proporcion. Mas bien acertaríamos á comparar la atraccion de la tierra.en diferentes regiones por medio de una balanza de resorte, porque el peso de una misma piedra. do blada mas el resorte en el polo que en el ecuador. Difícil se ria ciertamente construir una balanza de tal sensibilidad, y más difícil aun vencer la influencia de los cambios de tempe ratura en suelasticidad. Nada porto tanto seria tan adecuado para esta investigacion como el movimiento que engendra la aceion de la pesadez , esto , la calda de los cuerpos. Si tan solo la pesadez impele los cuerpos á caer, es necesario que , variando la intensidad de esta fuerza en diferentes lu gares de la tierra, 'varíe tanibien la velocidad de la calda; y por consiguiente, los cuerpos que caen en diferentes lugares deben recorrer en unos mismos tiempos espacios desiguales. Para venir pues en conocimiento de fa variacion de la grave dad, y al mismo tiempo de la verdadera forma de la tierra, seria menester tan solo observar desde el ecuador al polo el espacio de corre una piedra cayendo en un segundo. Pero esto supone una observacion tan sumamente delicada, que es inasequible con nuestros instrumentos. Para esta observacion es indispensable una kluracion mayor, tal como nos la pro-. porciona el prolongado y repetido movimiento de descenso del péndulo. Siendo la gravedad la fuerza motriz del i;éndu lo , y sus oscilaciones una serie alternada de descensos y as censos, es claro que las oscilaciones deben ser mas lentas , si la gravedad disminuye. Y ya que sabemos que la rapidez de estas oscilaciones depende de la longitud del péndulo, fácil nos será comprender que una duracion igual de las os cilaciones en diferentes lugares de la tierra, y variando la intensidad de la gravedad, supone tambien longitudes desi guales de los péndulos. En efecto siendo igual la duracion de las oscilaciones, es evidente (pelas fuerzas impulsivas son proporcionales á los arcos ó espacios descritos, los que, supo niendo los desvíos ó amplitudes iguales, son proporcionales á las longitudes de los péndulos ; por Consigniente , las fuer zas • impulsivas de la gravedad, y tambien los espacios que hacen describir á los péndulos en un segundo, son entre sí como sus longitudes. Por consiguiente, basta determinar la longitud del péndulo de segundos, 6 contar 'el número' de oscilaciones de un mismo péndulo, en el mismo espacio de tiempo en diferentes lugares de la tierra, para poder inferir indudablemente el incremento de la gravedad del ecuador á los polos, y por lo tanto el achatamiento de la tierra. Semejante observacion se realizó efectivamente en el ano J679., trigésimo de la vida de Newton. Elastrónomo francés Richer se habla trasladado de Paris á la isla.de Cayena que está situada á los 50 de latitud norte. Cuando puso en mar cha su reloj , que eh Paris .estaba 'exactamente arreglado al tiempo medio , observó que atrasaba diariamente dos minutos y medio , y hubo de acortar el péndulo de cerca de v, de línea francesa para que el reloj marcase el tiempo medio en Cayena. Que el reloj no habia padecido avería durante el viaje, quedó 'evidentemente demostrado , cuando Richer , á su regreso á Paris , hubo de prolongar otra vez su péndulo de I 'A línea, porque el reloj adelantaba entonces dos minu tos y medio al dia. Newton, que penetró la causa de este fenómeno, no dudó que en él se habla encontrado la medi da mas segura de la pesadez de la tierra , y la prueba mas infalible de su rotacion sobre su eje. Pero tratándose de una medida importa obtener la mayor exactitud ; es preciso eliminar todas las influencias estrarias, hasta las mas leves. Por consiguiente , para medir la tierra, no debemos servirnos del reloj de péndulo, porque obra en este, además de la gravedad, la traccion del peso. Necesita mos un péndulo libre. Debemos *disminuir,'en cuanto sea po, sible , el rozamiento, á cuyo fin lo suspendemos por medio de un prisma de acero templado apoyado sobre un plano de ágata. Pero debemos ante todo preservarlo de la influencia' del calor , que, como es sabido, dilata todos los cuerpos , y principalmente los metales. Una clevacion de temperatura , prolongando el péndulo, lo haria oscilar mas lentamente, al paso que una disminucion lo acortaria , haciéndole oscilar mas rápidamente. Un péndulo de precision debe conservar una longitud invariable. A este fin se ha compites-lo el péndulo con diferentes piezas, de las cuales unas tienen su punto, de apo¦sa) en la parte inferior, y por consiguiente se prolongan hácia arriba, al paso que las otras, estando fijadas por su estremo superior, se dilatan de arriba abajo. Semejante dis posicion , que se llama cornpensacion , mane varillas i a. 2. sentand en P d ° , cuyo vástago de acero a corre Hola abajo, pa sando libremepte por los travesanos beyfg, y está afianzado en el tra vesano h k. A en trambos lados del vástago de acero 'hay dos varillas de zinc, c y d, su jetas por ambos estremos , al paso por efecto del calor, que otras dos va se prolonga la van- 127 rillas de acero , Ila de acero del me- ,»: clavadas en be y dio, empuja preci f y, llevan en su samente hácia aba- estremo inferior el jo él travesano hk, travesano « n ni, pero al mismo tiene del cual, pende la po se dilatan las lenteja por medio varillas de zinc ea de un tornillo. Si, si el triple, y levantan el travesano be, y juntamente con él las dos varillas estremas de acero bmyen. Por medio de una acertada proporeion entre las longitudes de las dos series de varillas, deben destruirse mútuamente los movimientos hácia arriba y hácia abajo. Otra disposicion manifiesta el péndulo representado en la adjunta fig•a 2, el cual lleva , en su parte inferior , dos láminas, una de hierro, y otra de laton, clavadas una con otra, cuya desigual dilatacion ocasiona una curvatura cóncava hácia arriba, mediante la cual se elevan los pequebos pesos de los estremos , de manera que el centro de oscilacion que , á consecuencia de la dilataeion de la varilla .del péndu lo , debe bajar , se remonta, conservando una posicion inva riable. En ellercer péndulo , fig.' :5 , se ha obtenido el mis nici efecto con un vaso lleno de azogue , cuya dilatacion ha cia arriba compensa la de la varilla hacia abajo. . Suponiendo ahora que ya tenemos un péndulo de cuya longitud invariable no nos queda duda , todavía exige alpi na consideracion el lugar destinado á la observaeion. Es pre ciso conocer exactamente la altura á que se halla sobre el nivel del mar , porque tambien , con la distancia del centro de la tierra , disminuye la pesadez. Sobre los móntes elevados, oscilan los péndulos mas lentamente que en las regiones ba jas. Por esto encontró Bouguer que un péndulo de 459 líneas de largo , que al nivel del mar ejecutaba 98770 osci laciones en '24 horas , en el picacho del Pinchincha, á 44400 pies de elevacion , solo ejecutaba 9872.0 oscilaciones, y para dar el mismo número que en el llano , era menester una lon gitud de 438,05 líneas. De modo que por este medio podrian medirse con el péndulo las alturas de las montaísias. Despues de haber aplicado oportunamente todas las preven ciones indicadas, falta una operacion importante, (luces contar las oscilaciones que el péndulo ejecuta en un dia. Tainbien esto es eligen oso. Pues el contar simplemente las oscilaciones com prendidas en un tiempo dado es demasiado ineierto. Lo mejor es colocar un péndulo libre delante de un péndulo de reloj, y Observar los dos con un anteojo. Se observa con cuidado si los dos péndulos siguen exactamente la misma marcha, ó si las os cilaciónes del péndulo libre se suceden mas rápidamente, ó, al contrario , mas lentamente que las del „péndulo del reloj. Pronto se advierte que las oscilaciones se separan mas y mas, hasta que los péndulos se mueven en direcciones encontra das ; entonces empiezan á aproximarse otra vez y á seguir la misma direccion , hasta que finalmente vuelven á coincidir exactamente. Durante este tiempo, el un péndulo adelanta so bre el otro.dos oscilaciones. Supongamos ahora que el péndu lo libre marche mas lentamente que el del reloj, y que trans curran 8 minutos exactosentre dos coincidencias de los movi mientos de los péndulos ; esto nos indica que mientras el re loj ha corrido los 8 minutos „ y por lo tanto su péndulo ha dado 480 oscilaciones , el péndulo libre ha dado solo 478. Pero el reloj marcha de (ha y de noche , y por medio de ob servaciones astronómicas se puede fácilmente determinar cuantas horas ;minutos y segundos , esto es , cuantas oscila ciones ha contado en el intervalo de un dia. Con esto se pue de tambien calcular el número de oscilaciones que ejecuta el péndulo libre en 24 horas , y ciertamente con un grado de exactitud , que apenas consiente un error de mas de Yo, de oscilado!) ó de de todo el tiempo observado. El mismo péndulo puede ser llevado á diferentes puntos del globo , y en cada uno observado de la misma manera Y K con igual exactitud. El gobierno inglés ha dispuesto varias espediciones con este objeto. Sabine y Forster fueron enviados al Spitzberg , en la inmediacion del polo , á varios puntos situados cerca del ecuador, á las Antillas , á la América del sur y al Africa meridional. Así se ha encontrado que el pén dulo , en,la inmediacion del polo , dá unas '240 oscilaciones mas al dia que en el ecuador. Fudándose en la ley de que los cuadrados de los números de oscilaciones son entre sí co mo las fuerzas que las producen, y están en razon inversa de las longitudes de los péndulos., pueden calcularse las diferen tes longitudes del péndulo de segundos y las diferentes inten sidades de la fuerza de gravedad que les son proporcionales. Mientras que en el Spitzberg , bajo los 70' 49' 58" latitud norte , el péndulo de segundos exige una longitud de 5 piés 2 pulgadas 1 línea, necesita en la isla de Santo.Tomás , ba jo 0" 24' 44" latitud norte , tan solo 5 pies 1 pulgada 10 3/, lín.; y mientras que en el Spitzberg una piedra corre , en tm segundo de descenso, un espacio de 15 piés 7 pulgadas 11. líneas, en Santo Tomás solo cae de una altura de 45 pies 7 pulgadas. Obvia se huela consecuencia de todos estos hechos. Cuan to mayor es la fuerza de gravedad que actúa sobre el péndu lo en movimiento , tanto mas vivamente lo impele hacia la posicion de equilibrio, tanto menos tiempo exige cada osci lacion , y tanto mayor es el número de ellas en un dia. Así es que el péndulo mide.la pesadez de la tierra en. sus diferentes regiones, y por medio. de ella tambien su forma ó su achata miento. El resultado final es que la gravedad en el polo y la gravedad en el ecuador están casi exactamente en la relacion de 180 ál79. Newton, sin embargo, !labia deducido de su teo ría de la gravedad que esta relacion, como la de los ejes, era de 250 á 229 ; al paso que de las medidas trigonométricas resul tó le de 500 á299 ?Quién tenia razon? No era Newton, por que habla basado su cálculo en lasuposicion de una densidad homogénea de la tierra á cualquiera profundidad , la que la simple vista demuestra inverosímil, y las esploracioneS geoló gicas hacen completamente inadmisible. Con el aumento de densidad de las capas terrestres, con la profundidad, Varía em pero tambien la deduccion de la relacion de la intensidad de la gravedad basada en la de los ejes de la tierra. Esta última debe ser menor que aquella , porque aquella varía , no solo con las distancias, si que tambien en razon de la masa.. El cálculo dá efectivamente por resultado , mediante la conside racion de la desigual densidad de la tierra, en cuanto es po sible , como igualmente mediante las observaciones del pén dulo , la relacion encontrada por medidas geodésicas entre los dos ejes terrestres de 500 á 299. Prueba harto poderosa, así de la exactitud de la teoría de la agravedad, como del mo vimiento de rotacion de la tierra ! Queda pues demostrado que el péndulo ha medido la for ma de la tierra ; pero lo que es mas , tambien ha pesado su masa , segun veremos en otro artículo. Antonio Raye. El cambio de materia entre el reino animal y el vegetal por medio de la atmósfera. por Croma. ABTICULO SEGUNDO. Se consideraba antes el suelo como manantial del carbono tierra el humus, rico en carbono, y que lo elaboraban. Funda de las plantas ; puesto que se creia que estas absorvian de la base esta opinion en la antigua observacion que los yege Y1 56 II mente , produciendo una vivísima llama.. Priestley fué el pri mero que observó esta.« purificacion,» por medio de las plan tas , « del aire viciado ,» segun él decia. Si la planta continúa bajo la misma campana , sin que el aire se renueve , perece, aun cuando se le proporcionen todas las otras condiciones de vida. Es tambien fácil de probar que los vegetales exhalan oxígeno puro por la aceion de laduz solar , colocando algunas tijas frescas dentro de una campana de cristal llena de agua, é in vertida, se elevan una porcion de burbujillas de gas , que se reunen debajo del fondo de la campana, y se puede reconocer que son de oxígeno , lo mismo que en el caso anterior. Las plantas absorven pues el ácido carbónico del. aire, sepa ran por medio de la accion vital, sus elementos, carbono y oxígeno , se apropian el primero , Y devuelven el segundo , sin mezcla, á la atmósfera. Este es el motivo por que , á. pesar de los muchos é inagotables manantiales de ácido carbónico, cuales son la combustion, la respiracion, la putrefaccion, etc., no puede acumularse en mayor cantidad en la atmósfera'este gas nocivo para la respiracion animal. Es ahora de grande interés saber cómo funcionan las plan tas durante la ausencia del sol. Por la noche, absorven oxí geno, y exhalan ácido carbónico, y á la verdad, segun observó Saulsure antes que nadie , la cantidad de oxígeno absorvida es mayor que la de ácido carbónico exhalado. Este fenómeno tiene, no obstante, su aclaracion; en ausencia de la luz solar, excitador,necesario de la vida , reposa la. actividad orgánica de los vegetales , y quedan expuestos á la influencia química del oxígeno, que les es contraria, cayendo en un estado que • se puede llamar muy bien el sueno de las plantas. Esta absor cion de oxígeno y espulsion de ácido carbónico no pueden , empero, ponerse en parangon con las producidas por la res piracion de los animales. La accion del oxígeno sobre una planta adormecida , en que descansa la fuerza plástica orgá nica es justamente la misma que sobre una planta. muerta; esta, por razon de su deScomposicion, absorve oxígeno.y des prende ácido carbónico; de modo que, tambien en este caso, puede decirse que el stieno es la imagen de la muerte. Cuanto vá dicho servirá para ponernos ahora en. claro cual es la verdadera utilidad que el humus presta á las plantas. Se ha indicado Ya que ninguna materia, cuya composicion sea igual ó semejante á la de las mismas sustancias vegetales, pue. de servir de alimento al reino.. vegetal ; y en esto estriba el principal carácter. diferencial entre las plantas y los seres. inorgánicos ; puesto que estos crecen por justa posicion , ó sea, por la simple deposicion sobre su superficie de Moléculas de su misma especie. El humus, cuyos elementos , carbono, hidrógeno y oxígeno, son los mismos que los del leno, no es, por consiguiente, accesible á las plantas, sino despues que aque llos han sido desunidos. Por la putrefaccion, que, en susresul tados , es semejante á la combustion y á la respieacion animal , produce el humus constantemente ácido carbónico y agua; convirtiéndose así , por medio de su destruccion , en • una fuente Inagotable de alimento para el vegetal , cuando antes era enteramente inútil á este efecto. El voraz oxígeno del ai re, que, donde quiera que penetra manifiesta siempre su accion ávida y destructora, *devuelve á las plantas muertas el oxígeno que quitó á las vivas, combinándolo con carbono, • y formando ácido carbónico, aunque, en realidad, para pro porcionarlo de nuevo, en el mismo estado de cornbinacion , como alimento, al reino vegetal. Así como las hojas absorven el ácido carbónico del aire libre , así tarnbien las tiernas rai cillas le chupan , junto con agua de la'tierra, rica en humus, que las rodea. El ácido carbónico absorvido es reemplazado inmediatamente en la tierra con nuevo oxigeno, producién-* tales crecen con tanta mayor lozanía cuanto mas a un ante en humus es el suelo. Pero, si bien dicha observacion es exacta, no es menos cierto tambien que el humus , sin sufrir cambio en sucomposicion, es inútil para servirles de alimento. Es pro ducido por la descomposicion .de cuerpos organizados , y en especial por la de materias vegetales , y es tan poco soluble en el agua , que seria insuficiente la cantidad que de él po drian absorver las plantas. Algo mas solubles son á la verdad las sales que forma el ácido úlmico , y mas que ninguna la que resulta de su combinacion con la cal ; sin embargo , la cantidad de carbono contenida en el vegetal es siempre mucho Mayor que la que podríamos obtener de las combinaciones de dicho ácido. Además , terrenos cultivados , siendo de igual superficie , dan la misma cantidad de carbono , aunque sean de diversa calidad., y diverso tambien el número de las plan tas que lleven. Finalmente , se observa que tierras cultivadas se hacen cada ano mas ricas en compuestos de carbono, cuan do deberia racionalmente suceder lo contrario, si los vegeta les sacasen directamente del suelo el carbono que necesitan. El humus no puede ser, por consiguiente, 1 medio de alimenta cion del reino vegetal. Sobre. todo , es preciso tener presente que ningun compuesto orgánico , en estado de tal, sirve para alimentar las .plantas, sino que ha de haber sido antes resuci tó en sus elementos, y transformado en compuesto inorgáni• o, verificándose este cambio, en los mas de los Casos, por la accion del oxígeno atmosférico. Esa propiedad especial de las plantas de renovarse únicamente á espensas del reino inorgá nico está del todo conforme con lo que exigen las leyes fun damentales de la economía de la naturaleza. Si el reino vege tal .se proveyese directamente dé compuestos orgánicos, ocur riria , en la cuenta del mundo orgánico, un déficit imposible de cubrir , que deberia aumentar hasta la estincion de toda vida; mientras que, por otra parte, se acumulada en el reino inorgánico un capital muerto y sin valor, que, no solamente dejaría de producir interés si no que, devorando los restos del reino orgánico , acelerarla la ruina general; lo que seria tanto mas inevitable, cuanto que todas las necesidades se lle nan, en la naturaleza , Por medio de cambios, y no ocurre en ella nada que pueda compararse á préstamo. No siendo pues el suelo el manantial del carbono de las plan tas, debe indudablemente serlo la atmósfera. Esta le contiene en estado de ácido carbónico, es decir, carbono combinado con oxígeno, formando un compuesto gaseoso. La gran capa de aire que envuelve nuestro planeta consta, en peso, de 23 por ciento de oxígeno, 70 Vio de ázoe, y dé 1/ 1/20 de ácido cae bónico, sin contar cierta cantidad variable de agua en forma de vapor. Esta cantidad de carbono, comparada eón la que contiene el reino- vegetal , debe parecer al pronto insignifi cante. Sin embargo, la cantidad absoluta de carbono conte nida en el aire es siempre muy grande, y tanto mas, cuanto que el ácido carbónico circula constantemente por laatmósfera, Sin encontrar nunca en ella un estado de reposo permanente. Es muy fácil demostrar que los vegetales absorven en rea lidad. ácido carbónico del aire atmosférico. Basta para ello introducir una planta en una atmósfera de ácido carbónico ; y esto se consigue fácilmente, colocando la planta debajo de una campana de crislal , de modo que no tenga aeceso el aire, y haciendo que vaya á- parar dentro de la misma el áci do carbónico necesario hasta llenarla , el cual se obtiene tra tando creta, ósea, carbonato de cal, con ácido sulfúrico di luido en agua. Dejando así la campana expuesta á la luz solar, sucederá que, al cabo de algun tiempo, habrá dentro de ella, en vez de ácido carbónico, una cantidad igual de oxígeno pu ro, que se puede reconocer introduciendo en dicho gas. un cuerpo .en ignicion ; cuya cotnbustion se avivará inmediata dose de este modo la constante formacion .de aquel. Esto nos da á conocer cuál es la utilidad de las labores por medio del arado , el azadon y demás que tienen por objeto remover la tierra. Un esperimento muy conocido demuestra hasta la evi denciaaque las raices ejercen, respecto (le suelo, el mismo pa pel que las ramas y las hojas respecto del aire , plantando al revés un arbol , es decir, enterrando sus ramas, y dejando las raices al aire libre, se sé que las unas pueden reemplazar per fectamente á las otras en sus funciones y en su desarrollo. El hidrógeno hace tambien su círculo lo Mismo que el car bono ; procede del reino inorgánico , y pasa, asociado con el oxígeno , á traves del vejeta! ; este último gas ejerce su accion sobre los cuerpos en putrefaccion y en combustion , y se se para de ellos , formando, no solo ácido carbónico, sino tam bien agua. El agua en vapor, de la atmósfera, y la que cayen do en forma de lluvia , humedece la tierra , proporcionan el hidrógeno á las plantas. El mayor número de partes y pro ductos vejetales, "como son el lefio, la fécula, el azdcar, la go ma, contienen oxígeno é hidrógeno, exactamente en la misma proporcionen que ambos están reunidos en el agua. El ácido carbónico y el agua estraidos de los alimentos son elaborados y transformados, á escepcion del oxígeno, que se desprende procedente del ácido carbónico , para dar lugar á la forma cion de dichas partes y productos. Finalmente , encontramos tambien el ázoe en las bases or gánicas y en el gluten , ciertamente en cantidad insignificante respecto de la masa de la planta ; pero , en cambio , es un elemento muy importante para la vida de la misma. Este gas adquiere tambien grande importancia en la nutricion del rei no animal. El aire atmosférico contiene en cantidad prepon derante el ázoe puro , y á pesar de esto, es Completamente inútil para la nutricion de los vejetales : su inercia química para con todos los cuerpos es causa de esta inutilidad ; de ahí es' tambien.que permanece libre en la atmósfera , á pesar de 'estar en continuo contacto con el. oxígeno, que se apodera de todo por combinacion. Pero la atmósfera le contiene en otra forma mas útil , combinado con hidrógeno , constituyendo amoníaco. El ázoe, en dicho estado de combinacion, es decir, formando amoníaco , es recogido tambien del suelo por la planta ; los escrementos animales , que se emplean para abo nar la tierra , contienen en abundancia dicho cuerpo, y des componiéndose, reembolsan en ázoe al reino vejetal el capi tal que este presta al. animal. Si bien el reino vejetal se alimenta esclusivamente á es petisas del inorgánico , es tambien en cambio la única fuente de materia nutritiva para el reino animal. Esto sucede sobre todo en los animales herbívoros; pero por intermedio de ellos tambien en los carnívoros y en el hombre , que se alimenta de sustancias correspondientes á ambos reinos. Los vejctales son séres que , cuanto mas aumentan en ma sa y dimension , tanto mas alimento absorven y asimilan; no sucede otro tanto en los animales ; pues estos , luego que han adquirido un crecimiento 'determinado, no aumentan ya en volumen ni en peso , por mas (pie se alimenten ; porque, la continua pérdida de materia , que por una parte causa la respiracion, mantiene en equilibrio, con insignificantes osci laciones; la reparacion, que, por otra, efectúa la nutricion. Los elementos separados de la organizacion animal y espe lidos por medio de la respiracion, combinados con el oxígeno, constituyendo ácido carbónico y agua, deben ser reemplaza - dos continuamente ; así nos lo demuestra la consideracion del manantial destinado á reparar dicha pérdida ; puesto que lo componen una clase do alimentos , que todos ellos se hacen notar por su riqueza en carbono y en hidrógeno. Estos resti tuyen las dos materias que se pierden p -r la accion pulmonar; TOMO 1. y es evidente que el aumento de esta accion , ó la existencia de mayor cantidad de oxígeno en el aire hacen precisa una apropiacion tambien mas grande de dicha clase de alimentos. Los individuos jóvenes y llenos de vida, cuya respiracion esmas activa que la de los adultos y flemáticos , toman por esta ra zon mas alimento y con mas frecuencia. El inlátigable pájaro cantor , cuya actividad vital es casi toda ella respiracion, pe rece muy pronto por falta de alimento ; mientras que el está pido y perezoso anfibio , que tiene estremadamentc reducida la respiracion , puede soportar largo tiempo el hambre. En esto mismo se funda que necesitemos mas alimento en invier no y en las zonas frias que en verano y bajo los trópicos; por que estando el aire mas condensado por causa del frio, pene tra en el cuerpo á cada inspiracien mayor cantidad de oxíge no , al mismo tiempo que hay mas pérdida de calórico; En toda combinacion química , especialmente en la del oxígeno con otros cuerpos , se desarrolla calórico ; de lo que se sigue naturalmente, que la reparacion de materia efectuada por di cha clase de alimentos es un medio de conservacion del calor del cuerpo. Si anduviésemos desnudos como los indios, dice Liebig en su química animal, ó si estuviésemos sujetos, en nuestras ca zas y pescas, al mismo grado de frio que !os Samoyedos; po dríamos digerir tan perfectamente c(mao ellos diez libras de carne ó de pescado , y además una docena de velas de sebo, segun nos refieren con asombro viajeros que iban cubiertos de escelente abrigo ; podríamos támbien beber, sin miedo de que nos hiciera dano, la misma cantidad de aguardiente ó de aceite de ballena que ellos, porque el carbono y 'el hidrógeno, que dichas bebidas contienen , sirven justamente para con servar el equilibrio interno , amenazado por la temperatura esterior. El inglés vé con pesar disminuir en la Jamaica su apetito, que le proporcionaba un goce siempre renovado , y consigue en realidad , valiéndose de la pimienta de Cayena y de los estimulantes mas fuertes , consumir la misma. cantidad de alimento que en su patria ; pero no es consumida da cantidad de carbono introducida. con él en el cuerpo ; la temperatura del aire es demasiado elevada para ello,•y un calor enervante no permite aumentar., por medio del movimiento y de los esfuerzos , el número de inspiraciones necesario para equili brar el gasto con el ingreso. Liebig ha llamado alimentos respiratorios á aquella clase de alimentos que compensan la pérdida resultante de la res piracion ó exhalacion pulmonar. Pertenecen á este grupo el gran número de sustancias que carecen de ázoe, las grasas y las bebidas espirituosas. Cuando dichas sustancias se toman en esceso , ó cuando disminuye la accion del oxígeno , se acumulan formando grasa bajo la piel del animal , como un capital de reserva que ha de servir para combustible. De igual manera se deposita periódicamente la grasa en los animales invernantes , que están cargados de gordura , citando se re- • tiran á sus guaridas para pasar el letargo , y salen despues de ellas flacos y desprovistos del repuesto que tan necesario les ha sido. Toda formacion de grasa , dice tambie.n Liebig en su quí mica animal , es siempre consecuencia de la falta del oxígeno necesario para la reduecion á gas del carbono apropiado en esceso. Este carbono depositado bajo la forma (le grasa no existe en el beduino ni el árabe del desierto, que presentan con orgullo al viajero , y celebran en sus canciones, sus del gados miembros musculosos,. enjutos y faltos de gordura se muestra ,empero bajo el aspecto de hinchazon, y como resul tado de mezquino alimento , en los calabozos y elidas prisio nes ; se muestra tambien en las mujeres del Oriente , y en la 8 58 K condicion, bien conocida de todos, de nuestros animales do mésticos cebados. Los alimentos que contienen ázoe, y llama Liebig 'plásti cos , por centrapolicion á los respiratorios , es decir, mate rias que sirven para formar, se ofrecen al ser animal en un estado muy en concordancia con la naturaleza de los elemen tos de la sangre. Tales son la albúmina, la fibrina , el. casco y otras sustancias análogas. El ázoe, espelido del cuerpo por medio de la secrecion urinaria, congénere de la respiracion, es reemplazado por esta clase de alimentos. Por esto es que no se deberia admitir con tanto rigor cía division de los ali mentos en dos clases ; porque no debemos olvidar que la res piracion , así como la secrecion renal, tienen por objeto alejar del cuerpo materias separadas del organismo ; por los pulmo nes se arrojan las que carecen de ázoe, y por los rinones las que le contienen. Hagamos pasar otra vez por delante de nuestra vista el gran círculo que recorre la materia por los tres reinos de la natu raleza. El reino animal existe en tanto que roba sin cesar á la at modera su oxígeno, devolviéndole, por ea-da volúmen de dicho gas, otro igual de ácido carbónico. Figurémonos que la tierra estuviese poblada solamente por el reino animal ; este se estinguiria muy pronto en una atmósfera escasa de oxígeno y emponzonada por el ácido carbónico. Aquí, empero, entra á hacer su servicio el reino vejetal. El ácido carbónico, que mata á los animales, es la condieion mas precisa de vida para las plantas ; y el oxígeno, que el animal absorve con avi dez, es arrojado continuamente por el vejeta!, como inútil y pernicioso. Este continuo cambio mantiene siempre y en todas partes invariable la constitucion de la atmósfera. Alí como todos los reinos de la naturaleza se procuran las recíprocas condiciones de existencia , asimismo se verifica tambien otro tanto respecto de las diversas regiones de la superficie de nuestro globo. La exuberante vejetacion que crece bajo el sol abrasador de los trópicos es un rico manan tial del mas puro gas oxígeno ; mientras que las zonas Mas frias, por efecto del aumento de respiracion , y por consi-- gaiente de la combustion, son especialmente focos de produc. cion del gas ácido carbónico. Ambas zonas cambian .el gas que contienen por medio de las corrientes regulares de la at mósfera, poniéndose de este modo constantemente en 00. librio. El carbono pasa del reino inorgánico á las plantas, y de estas al cuerpo de los animales, que lo entregan otra vez á los vejetales en forma conveniente para servirles de alimento. El hidrógeno vá , lo mismo que el carbono, en union con el oxígeno, de un reino á otro ; mientras que el ázoe, eligiendo por companero al hidrógeno, circula de una á otra forma-de vida. Acido carbónico, agua y amoníaco son las combinacio nes en que los elementos desprendidos de los cadáveres de los séres naturales pasan á la atmósfera para constituir, abando nándola, nuevas formas de vida. La fuerza organizadora de la naturaleza está presente en todas partes. Allí donde un átomo se separa de una vida envejecida, entra al punto en condiciones por cuyo medio es portador de vida nueva, y la atmósfera está colocada como puente en la naturaleza para dar paso á cata repetida .resurreccion que se verifica de la incesante muerte á la incesante vida nueva. Antonio Sanchez Comendador. El sueno. por Solo duerme lo que vive y siente; solo el hombre y el animal; por cuanto el sueno es vivir. ? Acaso podemos decir que duer men los billones de celdillas germinales, esporos, huevos y semillas, que.hace siglos y miles de anos que están descan sando sin desarrollarse en el aire, en el agua , y debajo de la superficie de la tierra? ?Podemos decir que esté durmiendo la cebolla que, desde miles de anos, tiene la momia en la mano? Todo estado no desarrollado, que no ha venido á pasar á vida cabal , no es sueno , por mas que se le parezca. No diremos de una piedra que esté durmiendo ; crece, es verdad, pero no hay vida en ella, y por lo mismo, no es ca paz de descanso. « La piedra no respira, por mas que le dé el sol, dice. Heine ; no duerme, por mas que esté quieta desde miles de anos. » Verdad es que encontramos en ciertas plantas fenómenos análogos á los del sueno ; y de ahí el llamar este fenómeno sueno de las plantas. Varias flores cierran sus hojas á distintas horas del dia, y algunas especies de árboles encogen de noche sus 'hojas ; y el tiempo de este dormir de las flores es muy diverso é independiente de las horas del dia y de la noche. Linneo compuso detales plantas, capaces de sueno, el reloj de Flora, que indica las horas por medio del abrirse y cerrarse de las mismas flores. Que el sueno de las plantas no es sueno real, despréndese del hecho de no ser súbito , como el de los animales, sino, antes bien, gradual. La vida de las plantas capaces de sueno Iriebricb. es un cambio constante entre el dormirse y el despertarse '; Pa, san doce horas antes no cae la flor en un sueno completo, y otras doce horas antes no está completamente despierta. En algunas flores, depende la completa despertada de los rayos *del sol y del cielo sereno ; puesto que no se abren cuan do está nublado ó llueve ; otras, como la sensitiva ( Mimosa pudica), se cierran en una luz escasa, en los eclipses solares; pero otras hay, al parecer, completamente independientes del sol , como ciertas flores del polo norte, que se abren y cierran con regularidad, aunque no se pone el sol. Cuanto mas jóvenes y robustas son las flores y las hojas, con tanta mayor facilidad se verifica en ellas esto que llamamos dor mirse y despertarse. Hasta la luz artificial produce. segun los esperimentos de Decandolle , el mismo efecto en las plantas que la luz solar; ¦ tampoco puede decirse de la luna que ca rezca enteramente de influencia. Es muy reparable tarnbien, que el color de las flores tiene su significado respecto del pre sentarse y del cesar el sueno de las mismas , y viceversa. Así es como las mas de las flores vespertinas y nocturnas están pintadas de blanco, al paso que lo están de amarillo las mas de las matutinas y diurnas. Entre los animales, se nos presentan asimismo algunos fenómenos, que pudiéramos confundir á primera vista co . el sueno. Tal es el estado de las ninfas y de las crisálidas de los insectos, el envaramiento de muchos gusanos. y reptiles en invierno, el sueno invernal de la marmota , del tejen, 59 dei hamster y del oso. En este articulo solo nos hemos pro puesto hablar del sueno real y verdadero , y con preferencia del del hombre ; ya que el sueno de los 'animales es , en sus fenómenos esenciales , igual al de nuestra especie. El sueno del hombre es el retraimiento de la conciencia y del libre albedrío de toda referencia y relacion esterior para ensimismarse en la propia vida íntima.. Los sentidos que, en" el estado de vela, enlazan y establecen la union de la concien cia y voluntad humana con el mundo eterno, esto eš, los fenó menos estemos, están privados por el sueno casi enteramente de su actividad. Verdad es que no están muertos; puesto que en tal caso , nadie podria ser despertado por un ruido , por un olor penetrante , por una luz viva y repentina , ni por el contacto ; pero, con todo, no llevan á la conciancia, durante el sueno , ningun fenómeno , y si lo verifican , lo hacen de un modo parcial y defectuoso. Los sentidos apartan al hom bre , con el sueno , casi completamente de toda relacion es-terna, está entonces limitado á sí mismo; solo es hombre co mo lo es el desvalido infante. El cerebro y la médula espinal y todos los nervios que de ellos dependen , y por consiguiente , ante todo los nervios de los sentidos , caen , con el sueno , en un estado de reposo y de inactividad parcial, al paso que los nervios ganglionares, que son una condicion del cuerpo orgánico, é intervienen en la respiraeion , en la circulacion,de la sangre y en la nutri cion, siguen en actividad no interrumpirla. Aun mas , su ac tividad, durante el sueno, vá á mas; por cuanto, estando me nos desordenados por influencias estomas, obran con mayor fuerza, y de todos modos mas tranquila y arregladamente. A menudo , y sobre todo en cuerpos sanos , se presen ta, poco antes de dormirse , una convulsion violenta é invo - luntaria de algun miembro ; por un instante se vé uno como arrancado por aquel sacudimiento del estado medio dormido; pero pronto se apodera (lel cuerpo un sueno mas profundo y tranquilo. Esta convulsion nace de la preponderancia que ad quiere el sistema ganglionar sobre los nervios del cerebro y de la médula espinal. No es el sueno un fenómeno que acometa al hombre desde fuera, sino que pertenece.á las necesidades mas .esenciales del cuerpo, que salen y nacen del mismo. Cuando tenemos ham bre ó sed, para satisfacer la necesidad, tenemos que introducir algun cuerpo estrano en el cuerpo; por cuanto se ha declarado en él una falta que no puede satisfacer por sí mismo, No suce de lo mismo con el cansancio. No se ha declarado ninguna fal ta en el cuerpo, corno no sea la necesidad apremiante del sueno, que pueda remediarse por la agregacion de alguna cosa ester na, sino que se ven desordenadas la uniformidad y la armonía de las fuerzas y de las funciones. Pero el equilibrio solo pire - de ser llevado á cabo por el mismo cuerpo. Con la vela y las varias influencias y penalidades del dia, están demasiadamen te escitadas, cansadas y gastadas ciertas fuerzas y ciertos ner vios, al paso que otras han descansado, ó hasta se ven conteni das para obrar con libertad. Aquellas necesitan descanso, estas están pidiendo actividad para restablecer el equilibrio del todo. 1.0 propio viene á suceder cuando estamos cansados de an dar. Los músculos flexores de las piernas han sido demasiada mente esforzados , al paso que los opuestos, los músculos ex tensores , han trabajado poco. De ahí es que el remedio mas acertado y espedito , en este caso, es el echarnos , con lo cual, tendiendo las piernas, ponemos en actividad los múscu los extensores. Entonces descansan los músculos flexores , y con la actiN idad de lys músculos opuestos , adquieten nueva fuerza y vigor. El cernir-senos los ojos de cansados, sobre todo cuando he mos esforzado mucho la vista, procede de que los músculos de los párpados, que sirven para mantener los ojos abiertos, han estado activos demasiado tiempo , y por consiguiente, están relajados. Los músculos contrapuestos , esto es los constrictores , están pidiendo hacer algo , y con su actividad se renueva la fuerza de los primeros. Así se conserva el cuerpo por los contrastes que en el mis mo existen; pues no se gastan estos mútuamente , puesto que no contienen elementos estranos ni enemigos, perteneciendo, como pertenecen , á un todo , esto es, á un organismo. Ellos son una condieion de fuerza y de vigor recíprocos que engen dran , bien asi como el cambio alternado , no desmedido , de gozo y dolor conserva al ánimo la frescura de la juventud. El gozo es para el hombre el rocío restaurador y vivificante; y « la inquietud y la desdicha » , dice Benzel Bernau , « le son tan necesarios al hombre, como la sal y las tormentas al mar.» Cae pues el sueno sobre el cuerpo como el igualador de las fuerzas y actividades aisladas ; es el reconciliador entre los diversos contrastes del hombre , asi por lo que respecta al cuerpo como poi: lo que respecta al espíritu. Con propiedad llama Cieeron al sueno « adormecedor de cuitas , refugio de cansados y afligidos:» Todos los cuidados y las penalidades del dia , que tan fuertemente eseitan y conmueven á veces el espíritu y el corazon , caen en el olvido con el sueno. El cuerpo , rendido por el trabajo del día , recobra sus fuerzas; los músculos relajados adquieren nueva elasticidad ; y cual si acabase de nacer , despierta el hombre, vigoroso y fuerte, por la manana , despnes del sueno. Todas las funciones del cuerpo vuelven á equilibrarse con el descanso y la actividad durante el sueno Bien podemos decir del sueno que con él emprende el hom bre cada vez un pequeno viaje, en el cual olvida los cuidados y los sinsabores y la vida diaria de su casa; en el que se le mues tran nuevas regiones é imágenes nuevas ; en el que ha echa do de sí todo cuidado, dejándolo en casa , para gozar , sin impedimento , de los goces y recreos del viaje y de las estranas y amables regiones que se le ponen delante. Y en" efecto, ?no es el suelo quien saca realmente al hombre del estrecho círculo diario de la vida ordinaria? ? no es él quien , por algunas horas , se la hace dar al olvido? ?Y no entra el espíritu , durante el suelo , asido de la mano de los suenos , en una tierra estrafia y libre , donde se le ponen de lante imágenes abigarradas y raras , y donde vive y obra con ellas, y por maravilla se acuerda de su casa y de la realidad de la vida ? Pero esto creen los Ostíacos y otros pueblos que ; durante. el sueno , abandona el espíritu el cuerpo ; que emprende viajes, y vive por su propia cuenta ; que anda en busca de aventuras, que vá á caza, y ejecuta todos los actos predilectos, á que los impedimentos y necesidades de la vida real no le dejan entregarse en la vigilia. ! Cuán ligero , cuán libre es el espíritu durante el sueno.! No conoce grillos ni ataduras , ni leyes ; nada sabe del espa cio ni del tiempo. Libre recorre al vuelo el universo , se re monta atrevido á los astros mas remotos , y vive en ellos, como si fuera allí muy conocido-, bien baja á las entranas de la tierra , á donde, estando en vela, ni aun se atreve á llevarle el pensamiento. No pocas veces se ha comparado el sueno con la muerte. Ciceron y Lucrecio dijeron, que nada !labia tan semejante á la muerte como el sueno; y Ovidio le llama imág,en de la. muerte fria. Federico Logau dice : «Un sueno largo es la muerte, • Y breve muerte es dormir. Durmiendo callan los males , Que se estinguen al morir.» ?Pero con qué derecho podernos comparar el sueno, esta w 60 do en que reposan cuerpo y espíritu para disponerse para una vida mas vigorosa , en que el organismo d.el cuerpo humano entra en un período realde la vida, con la muerte, por la que se descompone el organismo, por la que se disuelve la armo nía de las fuerzas por donde obraba el espíritu, de modo que solo la memoria del cuerpo animado do su espíritu, ysu obrar racional y humano., nos hacen considerar todavía como hom bre la materia inerte? Nada tiene de comun el sueno con la muerte. Por mas que en el sueno y azga el hombre al parecer desvalido, .sigue dormitando, con todo, en él, é imperando toda la vida que, en el estado de vela, le hace senor de la creacion. Late el cora zon en el pecho tranquilo y lleno de vida. Al sueno sigue la despertada, vnelta á la vida del sol; la muerte es fria y yerta; nuestra voz no puede llamarla á la vida, nuestro contacto no puede hacer latir de nuevo el corazon: • tIerinosa es la costumbre, sin duda, que escribe sobre la huesa de los difuntos estas palabras: « aquí descansa », « aquí duerme » ; por cuanto espresan estas pocas palabras, para los sobrevivientes, que tambien hay un despertar del sueno de la muerte, esto es, una aurora de otra vida, pues, sin esta espe ranza, seria la vida muy triste. Algunos psicólogos modernos han comparado con igual impropiedad el sueno con la vida embrionaria del feto. El estado del feto en.el vientre de su Madre es el estado de crea cion de la vida, en el que se forma la materia y se desarrolla la vida. El ernbrion no piensa ni suena; solo por el mundo esterno se despiertan en el cerebro del nino las funciones del espíritu; pues por él recibe las primeras impresiones de los sentidos. La vida del nino, como ernbrion es puramente or gánica, solo están activos los nervios vitales y motores; los de sensacion no se desenvuelven hasta más tarde, y por gra dos ; y son los últimos, en este progreso, los nervios del ce rebro, que vienen á ser la corona, el punto céntrico de todos los nervios de sensacion. En la naturaleza entera, en todo el universo, en mutó lo conocemos, donde quiera que se manifiesta la vida, pode mos observar el tiempo de la igualacion y compensacion de las fuerzas y contrastes, ó sea, el tiempo de descanso, segun se le llama comunmente. La tierra pende del sol; ella descansa en invierno, y renue va las fuerzas que necesita para traer al ser nueva vida en la primavera, para vestir la vestidura que influye en el corazon del hombre tan blanda y dolorosamente. Todo lo que inme diatamerfte depende de la tierra, todo lo que está nias sujeto á la influencia telúrica que la solar, encuentra, con pocas escepciones , el sueno durante la noche, ó sea en espacios de • tiempos determinados por la rotacion de la tierra. • No es el sueno una imagen de la muerte, ni un regreso á la vida embrionaria ; es, sí, una vida independiente, libre, hija del mismo cuerpo. El sueno es la actividad polar de la vida, una dulce necesidad de la vida. Cuán dulce es la sensacion, 'cuando, tras la fatiga del dia, que ha relajado el cuerpo ó los nervios del cerebro, nos coge el sueno por la noche en stis brazos no menos blandos que protectores! Ya antes que se nos acerque el tiempo, ha empe zado á reposar toda la naturaleza que nos rodea; y el estre llado cielo nos está mirando tan suave y tan apacible como un mundo de ensuenos. Entonces nos dá el sueno, y tranqui los nos tendemos en el lecho. Reúnense luego ante nuestro espíritu los companeros y las ocurrencias del dia, cual si qui siesen despedirse de él. Todo nos aparece mas suave y .mas hermoso, pues ya está saliendo el espíritu del círculo de la realidad. ya empieza á cernérsenos lo' fantasía sobre la cabe za en danza ligera y silfídea. Agólpansenos imágenes raras, nueva.s siempre y mas nuevas, que seducen y embelesan . En • tónees arrojamos la última y débil mirada á la realidad en vuelta en imágenes nebulosas, y el sueno nos echa el velo, y nos lleva. suavemente á sus regiones. Tranquilo y quieto ya ce el hombre; todas las arrugas que los cuidados del dia y de la vida abrieron, en su frente las alisa el sueno con su blanda 'mano. Ya no desfigura ninguna pasión las facciones; el pecho sube y baja mas y mas quieto, pues ningun temor acongoja el corazon; todo está reconciliado y dado al olvido; todo está tran quilo, todo es quietud. Solo las funciones mas íntimas de la vida siguen obrando en el cuerpo que está durmiendo, y le vigorizan. Y cuando despierta el hombre por la manana, le parece que el sueno le ha rociado el cuerpo con fresco rocío de la vida; los músculos se estienden con mayor, fuerza; el es t piran piensa con mayor penetracion y acierto, pues media un espacio de tiempo, una noche, un sueno, entre lo pasado y lo presente; y aquel no puede ya afectar inmediatamente al espiri. tu. La nueva manana despierta nuevas esperanzas, nueva fuer. za Vital, y nueva vida mas placentera. ?Y seria este sueno una imagen de la muerte ó del estado embrionario ? Shakspeare se Valió de otro símil ; pues dice del sueno, que es «el plato mas nutritivo del banquete de la vi da»; y cierto, que noo cabe pintarlo de unanodo mas exacto y• hermoso. El sueno es .para nosotros comida y bebida al pro pie tiempo. Es tan necesario al cuerpo como la albúmina á la .sangre, como el aire, la luz y el sol. Es el bienhechor de los hombres mas amable y mas blando. El esceso en el comer y . el beber irrita; pero el sueno ataja el camino á todo esceso, quitándonos las ganas de dormir. Ya se ha dicho que es una locura creer que reposen en el sueno todas las funciones del cuerpo; pues las funciones ve, getativas del mismo siguen en completa actividad;..y solo, se vuelven mas regulares, por no afectarlas ninguna influencia perturbadora de fuera, ninguna tension ni escitacion. La res piracion disminuye, durante el sueno, de 20 á 1 5 inspiraciones por minuto, y por consecuencia, se vuelve mas lenta la circu lacion de la sangre. Tambien es mas lenta la digestion duran te el sueno; .pero es por lo mismo mas beneficiosa. El ácido car bónico que se expira disminuye en una cuarta parte.; y por esta causa favorece el dormir la formacion de la gordura. Con el sueno, es menor el movimiento del corazon, el pecho late mas tranquilo y suave. Con la respiracion disminuye tam • bien el calor propio del cuerpo; y. nunca es mas necesario el abrigo que durante el sueno. Tambien disminuye la formacion • de las lágrimas, lo que ya sucede cuando estamos cansados. Por lo que hace á los mismos sentidos, no se presenta este riormente mudanza alguna. Solo se cierra el ojo, se retira al go en la cavidad, y la nina se dirige un poco hácia arriba. Desaparece con todo, hasta cierto punto, la fuerza visual de que tenemos conciencia. Cuando en vela cerramos los ojos, te nemos la sensacion de una', superficie oscura que se nos pone delante, y hasta al través de los párpados percibimos el cam bio de luz, puesto que los penetra, 'cuando es intensa. Si dirigimos los ojos cerrados al sol ó á la luz, percibimos un es plendor rojo. Durante el sueno, desaparece esta facultad de percepcion , por cuanto la impresion de la luz no es llevada entonces al cerebro por los nervios sensorios. Solo puede des. pertarnos una luz repentina y muy fuerte que obre muy de terminadamente sobre los nervios. Ni el oido, ni el gusto, ni el olfato pierden, en el sueno, la facultad de percepeion; pero llevan con mas dificultad las impresiones í los nervios sensorios y al cerebro, á la con ciencia. Un sabor ó un olor fuerte puede despertarnos tambien 'del sueno, y con tanta mayor facilidad, cuanto mas insóli tos nos sean. N C)1 Respecto del oido , ocurren , durante el sueno , fenómenos particulares. El ruido acostumbrado , por muy fuerte que sea , no trastorna el sueno. El inolinero duerme á pierna suelta en medio del estruendo del molino , y despierta en cesando aquel. Cuando nos dormimos oyendo tocar un ins trumento de música , nos despertamos en cesando de tocar. A los silbidos y gritos de los serenos , al estruendo de las calles nos acostumbramos luego , aunque al principio nos parezcan insoportables. No siempre nos despierta el hablar alto y recio ; pero tan pronto corno nos llaman en voz queda por nuestro nombre, despertamos , pues para nuestro nombre está siempre des pierta nuestra atencion , aun durante el sueno. En el sueno, estamos separados y retraidos del mundo esterno , é indife rentes para lo que en él ocurre ; todas nuestras fuerzas y ac tividades están concentradas en nosotros mismos. Por esto nos despierta mucho menos el hablar recio que el llamarnos por nuestro nombre ; por cuanto este nos interesa especialmente, y las há con nuestra vida y sos intereses. Tambien durante el sueno conservamos viva atencion á lo que en vela escitó nuestro interés mas íntimo. Una madre, que quizás ha estado velando algunas noches seguidas á su hijo en la cuna, podrá seguir durmiendo tranquila en medio del mayor ruido; pero bastará, para despertarla sobresaltada, el menor grito de su hijo , pues para esto está su oido siempre atento ; á esto se dirige su atencion constantemente, aun du rante el sue4o. • Cuando queremos emprender un viaje muy de manana , empezar una tarea y hacernos llamar á una hora determinada, tampoco nos abandona, en el sueno, la ateneion dirigida á este deseo; dormimos si, pero dormimos aguardando siempre que nos despierten, y aunque no nos despertemos á la hora deter minada, basta que nos llamen muy quedo para despertarnos. El sueno ligero que tienen algunas personas puede depen der de varias causas. El que ha consumido sus fuerzas tra bajando de firme todo el día, dormirá mas fuerte y profun damente que el que ahorró sus fuerzas en nonadas, ó durmió Ja siesta á buena cuenta. Tambien depende la mayor ó menor susceptibilidad del sueno de la debilidad ó de la fuerza de los nervios , así como del hábito , de la voluntad y del ejer cicio. Una voluntad enérgica se manifiesta asimismo en el sueno. Cuando de veras nos proponemos despertarnos á una hora determinada, por maravilla dejamos de verificarlo. Los pueblos salvages , que dan á sus sentidos una finura asom brosa , tienen tambien el sueno muy ligero. Las personas medrosas , que se acuestan con pensamientos inquietos , des piertan al rumor mas leve, porque están temiendo duendes ó ladrones , ó lo que les sugiere su exaltada fantasía. Es tambien muy particular la influencia que ejercen en el sueno, por un lado , la alegría , el dolor y la tristeza , y por otro, la esperanza, el miedo y el temor. Lo que es la alegría y el dolor, se duermen Pronto, á pesar de la escitacion que provocan en el ánimo ; por cuanto ya hay de suyo algo ador mecedor en la sensacion , igual y monótona siempre, los pen samientos se clavan constantemente en un mismo punto , y aun cuando por acaso se desvien , vuelven luego á él con re doblada tenacidad. No sucede lo mismo con la esperanza, el . miedo y el temor. No tenemos entonces delante objeto alguno determinado ; la fantasía vá volando sin freno de acá para acullá , crea imágenes, las está viendo , y las sigue sin tregua. En este caso , basta un leve rumor para ahuyentar el .sueno durante horas enteras , y la fantasía no se cansa -de .crear las imágenes mas espantosas. El corazon late mas recio mas inquieto ; el sudor de la angustia nos enfría la frente, pasa un buen rato, antes no puede el sueno , valiéndose de todo su poder , arrancarnos á tales imágenes , que suelen continuar tambien en suenos. Nadie hasta ahora ha podido reconocer el momento en que nos invade el sueno , y esto que ha habido muchos que lo han probado , y que han clavado toda su atencion en el ins tante en que les invadía el sueno. Al principio se aventa el sueno , como espantado , pero por grados se nos acerca mas y mas. Le vemos venir ; todavía está nuestra atencion clava da en él ; pero cuanto mas se nos acerca , mas desaparece aquella ; por fin nos rendimos , y , cuando nos despertamos por la manana del dia siguiente , encontramos que otra s'ez nos ha sorprendido el sueno , como siempre lo hará y debe hacerlo , por lo mismo que es sueno. Tambien en medio de las actividades corporales, y hasta en. las intelectuales, sorprende el sueno al hombre , tan súbita mente, que la actividad en que estaba empenado vá conti nuando todavía un breve rato , aun en el sueno. Veamos lo que le pasa á aquella hilandera, que se está muriendo .de sue no en medio de su pobre dan. Por mas que se esfuerce en ahuyentarlo , cierra al principio los ojos sin quererlo, reclina la cabeza , la que se cae mas y mas sobre el pecho ; pero el pié empuja todavía la rueda , la mano convulsa é incierta vá tirando todavía la hebra , aunque deje de tenerla en los de dos , hasta que por fin descansa la cabeza, sobre el pecho , y las manos sobre el regazo, ó hasta que la voz del ama ahu yenta al huésped en mal hora llegado. El abstenerse enteramente de dormir es un conato tan ne cio como vano. Verdad es que, con una voluntad enérgica, po demos aventar el sueno durante algun tiempo ; pero cuanto mas tiempo pasamos resistiéndole , tanto mayor se vuelve la necesidad , y mas débil nuestra voluntad. Puede un hombre enérgico dejarse morir de hambre , pues cabe que sea tan grande la fuerza de voluntad , que , en medio de los dolores mas atroces se abstenga de comer, puesto que, para llevar algo á la boca, hay que alargar el brazo y la mano. Pero nadie puede matarse absteniéndose voluntariamente del sueno, por cuanto se desploma este, con tanta omnipotencia sobre el hombre como la muerte. La muerte , por falta forzada de sueno , es la muerte mas espantosa que cabe imaginar ; y. á los turcos y chinos perte nece el triste mérito de haber inventado este bárbaro supli cio. Aun ahora Mismo se impone esta pena á algunos cri minales, Pero oigamos lo que sobre este suplicio dice una revista inglesa. Un comerciante chino , que habia muerto á su mujer, fué condenado , en 1850, á morir por falta de sueno. Encerráronle en la cárcel de Amoy bajo la vigilancia de tres guardas , que debian , relevándose, impedir al des graciado, por todos los medios posibles, entregarse al snencn Hasta el octavo dia fueron tolerables los padecimientos ; pero ya mas adelante , fueron atroces, de modo que el desventu ra-do pedía como una merced que le estrangulasen. Con tenazas rojas se le sacudió últimamente el sueno , perdió los sentidos, entró el delirio ; pero el infeliz vivió hasta diez y nueve ?has , sin haber dormido ni un solo instante. — Siempre se ha mostrado rica la inventiva del hombre para martirizar á sus semejantes Los animales toman, cuando duermen , al igual de las mas de las plantas capaces de sueno, la postura que tenian en,es tado de embrion. El hombre toma la posicion en la que esh mas cómodo y que presenta al cuerpo el mejor punto de apo yo. Cuando está sentado, reclina la cabeza sobre el pecho, la espina dorsal se encorva un poco , y se caen los brazos , bien descansan sobre el regazo. Hállanse en inactividad todos los músculos que , en estado de vela , mantenian tirantes el cuerpo y los miembros. • m 62 Al 'adulto, en estado de salud, le bastan de seis á siete horas de sueno. Las mujeres, que tienen los nervios mas irritables, necesitan dormir mas que los hombres. Cuanto menos desar rollado y crecido está el cuerpo, mas horas de sueno necesita, porque el sueno favorece las funciones de la vida. Los ancia nos, en quienes.. es escasa la actividad de las funciones vita les , suelen dormir pocas horas. En verano, en los dias bochornosos y en las noches calu rosas, estamos mas propensos al sueno que en invierno, cuyo frescor pone los músculos tirantes, y aninia y aCelera el cam bio de materia ; pues el calor abate así el 'espíritu como el cuerpo. Por esto duermen Íos meridionales mas que los ha bitantes de los paises fríos. En Espana é Italia se suele dormir la siesta. • La noche es el tiempo mas natural para dormir, mas no su medida ; pues en tal caso, los habitantes del norte dormi rian en invierno como marmotas, al paso que los que moran cerca de los polos pasarían, en verano, semanas enteras en vela, puesto que semanas enteras está el sol, en dicha estacion, sobre su horizonte. La mejor regla es la necesidad moderada del cuerpo. Es de todo punto indiferente que nos acostemos tarde y nos levantemos tarde, ó vice versa ; por cuanto todo depende del hábito. Muchas personas, y hasta algunos .médicos, censuran el que las gentes retiren tarde y trabajen hasta deshora de la noche, como cosa muy perjudicial para la salud. En este ca so, los habitantes de las ciudades populosas, como Londres y PariS, deberian estar generalmente caquécticos. La verdad es que en esto, como en otras muchas cosas, todo depende del hábito , el cual suele dejar mentirosos muchos refranes. « Mas valen dos horas de sueno antes de media noche que cuatro despues , » dice otro refran ; pero sobre esto hay que tener presente que, en las primeras horas de sueno, es siem pre el mismo mas profundo y restaurador , ora caigan an tes, ora caigan despues de media noche. Muchísimos hom 1,1 bres doctos trabajan hasta muy entrada la noche, porque, separados entonces del mundo esterno , pueden, con menos embarazo, entregarse á sus meditaciones. Las enfermedades de que adolecen tantas personas doctas no deben, empero, atribuirse á su costumbre de acostarse tarde, sino antes bien á grandes esfuerzos intelectuales, á falta de movimiento, y por consiguiente, á una digestion defectuosa y á pesadez ab dominal. De noche es cuando mejor pueden trabajar los mas de los hombres. La fantasía está llena entonces de imágenes, hijas de las impresiones del dia , y los pensamientos se destacan mas fácilmente, y se remontan mas alto. Las mas de las poe sías de *Schiller,, se conoce por su alto vuelo rítmico, fueron compuestas despues de media noche. Por la manana, son los pensamientos, por lo general, mas rentos , bien que la fuerza del pensar es mas penetrante y profunda. La fanta sía es menos activa, pues, á no ser así , deberia sentir aun los últimos ecos de los suenos nocturnos. Si fuésemos\ ami gos de contrastes, pudiéramos decir : Para el poeta la noche; . para el matemático la manana. El comer, poco antes de acostarse, es mal sano, porque el sueno desordena la digestion , y la digestion .desordena el sueno. Deberíamos cenar tres horas antes de acostarnos para dar lugar á que estuviesen terminadas las principales funcio nes de la digestion. Es preciso evitar, antes de acostarse, todo manjar y bebida. que irrite los nervios, como especias, café , té, etc. Los manjares mas propios para 14,cena sol] los dé fácil digestion, como sopa, leche, tostadas con manteca, etc. Las buenas noches que nos dainos , cuando de noche nos separamos unos de otros, nos ha parecido siempre un saludo muy propio y hermoso ; pues el sueno viene á ser el fénix de nuestra vida, y nunca necesita Mas el hombre un deseo be névolo, que cuando se entrega al sueno, durante el cual yace inerme, pero en manos siempre de la Providencia. Antonio Bergnes de las Casas. La girafa. por Cirios Mallec. Cuando los pensamientos mas inconexos-, como abigarrado juego de colores, se vacían en la misma turquesa ,. formando una unidad de suerte que se nos hace difícil reconocer la idea principal, solemos tildar de raro el estilo, tan opuesto al armónico equilibrio de las proporciones de la belleza. Tara bien conoce la naturaleza este estilo, especialmente en aquella parte del mundo á que con razon pudiera aplicarse el epíteto de rara. Tal es el Africa, con la desmedida variedad de formas de su suelo y de su naturaleza animal , que encontró su espresion humana en la singular historia del Egipto y en su arte caprichosa ; las fértiles formaciones de la Delta , junto á la espantosa muerte del desierto ; los multiformes bosques, á la par de la indescriptible' miseria de las plantas de las es tepas ; la plenitud de la vida animal en el desierto, y la for macion mas rica del suelo, al lado de la mayor uniformidad en sus contornos esteriores ! Aquí el caballo , el asno y el camello ; allí manadas de gacelas y antílopes ! Aquí el prodi gioso hipopótamo y el, hasta hace poco fabuloso y tal vez ester 'minado, unicornio ; allí el leen , el chacal, la hiena, el tigre, el oso y. el *leopardo. En la punta meridional, el elefante y el rinoceronte, rebanos de zebras, de gnus, estudia amalga ma de cabra, buey y caballo--, manadas de guaggas y de bú falos, y junto con el cocodrilo, el avestruz, la abutarda, la cigüena, etc., las mas raras desviaciones del hombre etíope; los tipos mas encontrados en el mismo cuadro ! No es de ad mirar que el Africa apareciese ya á los pueblos de la antigüe dad como el pais de las fábulas y de las maravillas. Y como si hubiese querido la naturaleza echar el resto de las contra dicciones, reflejándolas reunidas en una sola forma, nos pre senta el pensamiento mas raro de esta rarísima creacion , en carnado en la girafa (Camelo Pardalis Guirafa de Linneo)., el Ziraffet, Zuraffa, Zurnapa ó Zurafeta de los árabes ; el Deba de los caldeos ; el Naip de los boten Lotes ; el Camelopardalis de los antiguos. La girafa », dice un escritor de gran talento, «no es lo que parece , no parece lo que es : no llega á ser lo que no es, sino que lo es todo, y nada á un mismo tiempo.» ? Qué será pues la girafa? Los antiguos aseguraban tambien que era un animal maravilloso, uno de los mas estravagantes atributos del Africa. Así es que no tuvo el mismo César á mengua llevar la girafa al circo de Roma como símbolo del Africa avasallada, MI anos antes de la era cristiana ; y los sultanes del Oriente raras veces dejaron de agregarlas á los presentes que hacian.á los monarcas amigos. ?En qué consiste, pues,,que se hiciera Yi 63 la girara objeto de una atencion tan general? Dejemos al cé lebre esci itor ya citado, Teodoro Mundt, en sus « Viajes por todo el mundo , » que nos aclare él mismo sus paradójicas frases. « Nunca , )1 dice , « ha amalgamado la naturaleza , de una manera tan notable , lo ridículo y lo sublitne , lo feo y lo be llo, en una sola y misma imagen, como en este animal estra vagante : y no se ha concretado meramente á la superficie , sino que ha creado allí una unidad bajo todos conceptos , un tipo pintoresco. Linneo ha colocado á la girafa, que, á prime. ra vista, se presenta efectivamente como cuadrúpedo, mamí fero parecido en cierto modo al ciervo , en la clase de estos rumiantes. ?Pero qué tiene que ver el mero ciervo con el múltiple y abarcador concepto de una girara , que, ya por su conformacion esterna , burla todas las clasificaciones y carac teres distintivos de los naturalistas; sin contar que debe Man darse tambien á la inteligencia , á la índole y á lo misterioso de su naturaleza , cuando se trata de emitir una definicion y un juicio cabal de lo que es en sí una girara? Su cabeza presenta sin duda cierta semejanza con la del ciervo , pero los cuernos cónicos de su peluda frente , únicos en todo el reino animal , dan , á primera vista , á la girara una figura peculiar y fabulosa. Observase tambien al golpe que tiene orejas de vaca, y , si se dirige la vista á las piernas, hasta las pezunas, cree uno por un momento estar viendo un caballo. Por otra parte, jurada uno casi que es una pantera, al consi derar el color blanco pardusco y leonado de su piel. Pero lo que constituye la parte mas esencial de la girara , lo que le imprime ante todo su aspecto característico es su magnífico y monstruoso cuello. Dotado de una elasticidad de movimientos y de una variedad de espresion verdaderamente pasmosas, no pudiera negarse á este cuello un franco tributo de admira cion „ si la loca estravagancia de su conjunto no escitase al propio tiempo la risa. » A esta rareza de su traza general y á los movimientos in sólitos del cuello corresponde naturalmente su fisonomía. No es maravilla que una imaginacion poética crea descubrir en esta cabeza magestuosamente erguida el orgullo aristocrático; en la profunda fiexion del cuello la humildad ; en el zaran deo de su paso una elegante pedantería , etc. « La girara , » anadiremos con Bogumil Goltz , el. amable « Lugareno de Egipto , posee una pedantería graciosa , una simetría no simétrica , un. equilibrio vacilante, una monstruosidad armó nica , una bufonería imponente , una grandiosidad ridícula. La girara manifiesta, en los movimientos de su cuello , un simbolismo , que espresa los mas contrapuestos caracteres : altivez y magestad en la manera de llevar la cabeza y de mirarlo todo desde lo alto ; humildad , candor y sencillez al pacer la yerba del suelo ; genio investigador y diplomático en los ángulos del ojo , cuando aguza sus orejas de vaca y contrae convulsivamente los ijares.): Esta pintura puede con siderarse , realmente , como la espresion del efecto que pro duce en la generalidad de los espectadores la vista de la gira fa; impresion singular que, en 4857, trajo embargados á todos los Parisienses, incluso al mismo Luis Felipe, y en que la fan tasía poética veía representada la caricatura de la época. Pudiera creerse quizás que ambos escritores, no muy doc tos en zoología , debieron hacernos una descripcion tanto mas exagerada de la girara , en cuanto tuvo uno de ellos oca sion de admirarla en Egipto, y el otro en el Jardin de plantas de Paris. !Mas no fue así ! Pues tampoco pudo el verdadero zoólogo evitar una impresion análoga, como nos lo atestigua .emi sus escritos el ingenioso viagero Lichtenstein. Hallabas() este en el pais de los Bosquemanes y Betjuanes, en el, cabo de Buena-Esperanza, á orillas del rio Orange, cuando advertido por un hotentote vió en la cercanía dos largos cuellos de cisne. Pertenecian estos á dos guatas , que tranquilamente y en la misma posicion que los demás animales , y no de ro dillas , como se deéia en fábulas propaladas acerca de este animal, estaban pastando la fresca yerba. Regocijó esta vista en e,tremo al viajero naturalista, que les dió al momento la caza. Pero así que las tuvo á tiro de fusil , sintiéronle las gi raras , y emprendieron una rápida fuga. «Pero esta fuga , » escribe el viajero , « fue tan rara , que casi vine á olvidar la caza por la risa que me causó. » Sin embargo , lo que la imaginacion exaltada del poeta, y del hombre en general , reduce al punto á símbolos, se con vierte, á la luz de la ciencia, en una ley de la naturaleza. ?Qué es lo que justifica aquellos movimientos contradictorios que tan ridículos y estravagantes 'nos parecen? El citado viajero contesta tambien á esta pregunta. «La desproporcion estraor dinaria de la altura anterior respecto á la posterior , y de la altura total relativamente á la longitud oponen grandes difi cultades á la marcha rápida del animal. » Imposibilitada por esta causa de andar al trote , queda reducida la giraraal paso natural y reposado, y al galopar en veloz carrera. Con todo , es aquel galope tan desmanado y torpe , que uno cree poder alcanzarla á pié á pesar de que á cada salto gana de 12 á 46 pies de terreno. Para hacerse capaz de este Movimiento, de be recordarse la desproporcion singular de sus miembros loco motores. El ejemplar de Lichtenstein que, segun otros datos, dista aun mas de diez pies del límite estremo que puede al canzar este animal, media desde la planta 'á los cuernos 45 pies y 4 pulgadas , en las cuales entraba el cuello solo por 5 pies , teniendo , por consiguiente , la pierna, desde su arti enlacien hasta el casco , algo mas de 8 pies. Por el contrario, la parte trasera, desde la rabadilla hasta la pezuna, no tenia mas que 6 1/, pies de longitud , al paso que la del pecho has ta el arranque de la cola ascendía á 7 pies. Es evidente, que una conformacion tan desproporcionada, en que la parte anterior sobrepuja como unos siete pies á la trasera, hace caer el punto de gravedad hacia adelante, acarreando por lo tanto, con el aumento de velocidad, el vuelco del animal. Esta fal ta de simetría en la situacion del punto de gravedad no pue de naturalmente ser compensada, sino cuando el animal do bla el cuello Inicia atrás, repartiendo así la carga por todo el cuerpo. Entonces se aligeran las piernas delanteras, en estremo esbeltas, del peso escesivo que sobre ellas gravitaba, paralizando la velocidad de sus movimientos. «Para correr,» dice el viajero , « las .estiende, y sin doblar las rodillas, las pone en el suelo impulsado por la fuerza de las piernas trase ras , y por el contrapeso de la cabeza, que estiende de nuevo hacia adelante promoviendo el salto de las patas posteriores por medio de nueva flexion del cuello hacia atrás. Así vá os cilando continuamente el cuello de acá para allá como el mas til de un barco que se mece sobre las inquietas olas. » Sosegadamente andan paciendo sobre el suelo lojizo de Karro, en que las copiosas lluvias de la primavera hacen bro tar los mesembriantemos perennes, á la par de los brezos y de magníficas plantas liliaceas y miles y miles de florecillas que ostentan sus racimos, y sus ramilletes , y sus cabecitas y sus campanillas sobre el verde esmeralda de los pastos. Manadas de zancudos avestruces, de antílopes y muchos otros animales de variadas formas cruzan aquellas desiertas regiones, en que el árbol de la girara (Acacia Gira& de Lichtenstein) estiende su alado y trémulo follaje, ofreciendo al rumiante de que ha blamos su heno favorito. Estos pequenos rebanos de giraras, compuestos por lo gene ral de 4 á 10 individuos, presentan un golpe de vista singu lar. El color leonado de su piel, y las manchas blancas y pardas N 64 del diseho mas variado que la cortan y van disminuyendo hácia la cabeza hasta quedar reducidas á pequenos puntos, nos recuerdan la pantera. Entonces se comprende porque dieron los antiguos á la girafa el nombre de camelopardo, es decir, camello leopardo. Pero así como « La ligereza del camello aduna « A la manchada piel de la pant,era , así tambien posee los caractéres de verdadero rumiante. Aque. llas piernas de color unido, cuyas rodillas presentan una protuberancia callosa casi desnuda de pelo, terminadas por pies. ahorquillados; aquella cabeza, parecida á la del ciervo, con las ventanas de la nariz ovales y el labio superior guar necido de cerdas recias que avanzan á manera de cúpula so bre el inferior,, con las orejas de vaca blancas en la base y por la parte de delante y parduscas por detrás ; aquellos cuernos (Micos de color pardo claro, casi redondeados en la punta y adornados de cerdasmegras , sobre la frente peluda y de. color igual , son atributos del tipo de los rumiantes. Pero no sin una diferencia muy esencial. Esta consiste en la formacion de los cuernos , pues , mientras que estos en los demás rumiantes no son mas que prolongaciones de la piel, apoyadas en una protuberancia de los huesos, que vá to - mando creces al paso que se desarrolla el animal , provienen en la girafa del mogote formado por los huesos frontales , y son un verdadero hueso, cubierto tan solo por la piel de la frente. Mayor rareza es todavía que adornen al macho tres de estos cuernos, al paso que la hembra no tiene mas que dos;.e.a.. reciendo unos y otros de significacion en la vida de la giraki.. A hádase á esto la melena, qué nos recuerda la del caballo, y le cuelga hasta la mitad de las espaldas , la cola proporcio nalmente muy delgada, que remata en una borla de largas cerdas negras , la pupila redonda del ojo con el iris castano, y los cuatro pezones en la hembra , y tendremos un trasunto completo de la figura chocante de este hijo del desierto. Figura poética en verdad; rara como la tierra patria que lo crió, y no obstante, dechado de blandura que, escluido por sus formas del terreno de la vida práctica, se refugia al tran quilo regazo de lanaturaleza, desde el alto Egipto hasta el Cabo, en los desiertos y llanuras'de Karro , donde vivo solo para sí y para su familia, á la que profesa el mas tierno carino. Pero no solo l flecha emponzonada del hotentote corta con frecueu. cia estos dulces lazos para apodérárse de su carne, que es el venado mas sabroso de Africa, al par que de su dura médula, de su piel preciosa para zapatos y odres, de sus largas cerdas para asegurar los brazaletes de cobre ó de hierro, sino que tarn bien turba á veces su felicidad doméstica el temido rey del de. sierto. Este es segun nos pinta el poeta ), el que está acechan do entra lo juncales de la laguna donde van á abrevarse las gira fas y. las gacelas. Allí es donde llevando en pos de sí, como no. bles de su corte, al tigre, á la hiena y al buitre insaciable, se busca en la girafa un caballo cual nunca se viera tan estrano. « Hunde en la nuca su voraz colmillo , « Las corvas garras en el flanco aferra ; Y sobre el lomo del corcel gigante, « Ondula del gineta la melena. Tras ellos vuelan las nubes de polvo de Karro que levan tan en su rauda carrera , hasta que el caballo se desploma á la orilla del desierto, agotadas sus fuerzas , espirante- bajo el peso de su diestro gineta : y. así termina esta trágica escena que arroja sobre el raro cuadro del Africa un colorido tan terrible. (1) Frelligralli, en una poesía, tan original eOmo pomposa, intilulada «Ca balgata del leon.» Miguel (i'-‘uilart y Buelt. ).> 65 Fuentes vegetales. por lados ninita-. « Caros amigos 1 mas felices tiempos tuvo la tierra que los que alcanzamos : duda no cabe , y de mas noble espíritu fuera un pueblo tambien ) » ; no , dudarlo no cabe, pues lnibo mejores vendimias que ahora, y vivieron tambien otras gentes de las que en esta edad desdichada corren. Ahí tene •mos, por ejemplo, al bienaventurado Mefistófeles (2). ? Dón de está hoy dia un prestidigiador que proporcione á algunos sedientos mortales bebida sin escote y sin tasa , y una hora de alegría , cual la que disfrutaron los senores Frosch, Siebel Y companía , por artes de aquel insigne varon ? ? No es gran dolor , queridos Oyentes, que los incrédulos naturalis tas hayan arrojado de la tierra á aquel respetable senor , que de cuando en cuando gustaba tambien de bromas, como de hacer brotar de viejas mesas el dulce vino de Hungría y el espumoso Champana ? Solo él parece haber comprendido lo que per boca de nuestro Goethe dice : • La vid lleva racimos, El cabro!). cornamenta ; Eh sino es dulce jugo, La vid no mas que lena Tambien podrá dar vino La mesa de madera ! Una íntima mirada En la naturaleza ; Y cata ahí un milagro , Creed con fé 'sincera ! En vuestras sonrisas estoy leyendo que tampoco estais bien _ciertos de comprender esta íntima mirada en la naturaleza , .y que vueStra fe no alcanza á _ trasportar montana alguna. Mas ya que me ha cabido ser hoy el que lleve la palabra ea esta dignísima congregacion de bebedores., cual entre noso tros alemanes, ninos ávidos de ciencia, es antigua costumbre no creo poder «escoger un asunto mas adecuado al carácter de esta reunion, que, tomando por lema aquel delicioso milagro., manifestaros sobre él mi docta ó indocta opinion. Ante todo debo recordaros que el maestro Goelhe no fué inventor del cuento, sino que lo encontró ya preparado, y lo prohijó , sacándolo de la vieja tradicion del Fausto , por decirlo así, en carne .y hueso, con su contenido y su carácter local; de lo que vino á salir tambien aquella escena, de taberna de Auerbach, la mas sabrosa de todas las escenas de magia para el alegre bebedor. Tenemos que habérnoslas, por consiguiente, con un festivo cuento popular, que quizás, sin necesidad de que yo lo insi núe, colocareis desde luego en la categoría de las « botas de siete leguas» , de la «varita de virtudes» , de «el espejo encan (1) Principio de la poesía de Schiller, que lleva por título «A. los amigos.» i2) Peisonage importante del poema dramático de Coethe, «Fausto». La es cena á que aquí se ?titule pasa en una taberna de Leipzig, llamada de Auer bach, á donde condujo Mefistófeles á Fausto, despues de estrechado el pacto infernal, para introducirle, como él dice , en alegre companía, á fin de que viese cuán fácil era la vida, y cómo con poco chiste y mucha suficiencia, gira cada Cual en el estrecho baile de rueda de la existeticia, cual juegan los gatitos con la cola. Allí encue.ntran una reunion de bebedores, con los cuales traban eonversacion y cantan. Al al proponerle un brindis á la libertad, contesta Mefistófeles que de buena gana bebería un vaso en honor de esta diosa, si sus vinos no fuesen tan malos, y les ofrece de los de su bodega. A este efecto pide un barreno, y abre en la mesaalgunos agujeros, de los cuales, á impulsos de la fórmula mágica citada, brotan chorros de los vinos mas es isitos. liemos creido necesaria esta esplicacion para mayor inteligencia del 4exto, así como nos parece supérIluo continuar la descripcion de esta escena. TOMO 1. tado», de la «mesa cubre-té» , y otros cuentos de viejas que burlan á los mas grandes potentados del universo: el espacio el tiempo. !Pero chanzas á un lado! El cuento popular es un ni no que muchas veces dice la verdad, ó la siente por una especie de corazonada; si no, ?qué otra cosa son las alas de Dédalo mas que los modernos globos aerostáticos, que pasean por las 1111 bes en orgulloso vuelo al rey de la creacion? ?Qué las botas de siete leguas, sino las locomotoras? ?Qué será la varita de virtud, sino el telégrafo eléctrico, que lleva la palabra del hombre con la velocidad del lumínico al través del tiempo y del espacio? Vemos pues que asi como se oculta una gravedad profunda en los juegos infantiles , así tambien puede hablarnos la verdad desde el fondo de cuentos de hadas , y que debe amplificarse por lo tanto nuestra divisa « en el vino yace la verdad». N'as estoy viendo que os preguntais impacientes, á dónde voy á parar, y qué tienen que ver tantos preámbulos con el milagro de.la taberna de Auerbach , y la íntima mirada en la naturaleza. Ya estoy al cabo. ? No queda resuelto 01 punto el grande arcano con solo recordaros el vino de abedul, que, desde remotos siglos, obtienen los pueblos de Origen ger mánico por la simple perforacion del tronco de este árbol? ? y no os parece el cuento en cuestion un trasunto embellecido de este hecho á favor del taumaturgo Mefistófeles , que rondaba en otro tiempo entre los hombre necesitados., prestándo les bienes y servicios, para dejarse enganar al fin y al postre como un pobre diablo, y que allí por arte de birliqui-birloque restableció en la vetusta mesa la naturaleza primitiva del. le no del abedul? Esta es, salvo mejor parecer, como suele decir uno de los mas modestos miembros de esta asamblea, mi opi nion sobre el asuntó, que, para mí, considero como fuera de toda duda. Conozco, sin embargo, ,que esta solucion prosáica arrebata á nuestro cuento el mágico manto del romanticismo , y que por mas que haya resuelto el problema, á mi ver, de un modo satisfactorio, no debo separarme así de vosotros. Quizás con lo que trato de anadir conseguiré devolver al cuento la perdida estima. ?Y no es ya admirable por demás que un mero tronco de abedul haga brotar por la abierta herida una fuente, cuya existencia tan distantes estábamos de sospechar, y cuyas aguas se trasforman por lo menos en una refrescante, bebida? ?No es una maravilla igual la que ha granjeado tanta celebridad al arce azucarado de América? A fines de enero asciende la sávia en el árbol. Practicad en su tronco una incision de dOs tres dedos de largo, injertad en la misma un canutillo, dejad que destile en una vasija la fuente misteriosa, y tendreis, para el caluroso mes de marzo, un refresco precioso, que pronto sabreis apreciar en lo que vale, como los Norte-americanos, que lo tienen en grande estima. Si reducís este zumo por me dio de la ebullicion, obtendreis un jarabe de color amarillo de caramelo, dulce como la miel, cuyas propiedades dulcifican tes aventajan en mucho á las del jarabe de azúcar. Pero no valdria el trabajo que en ello os tomarais ; puesto que una tonelada de zumo , si bien un árbol de buena calidad produ ce diariamente una cuba de líquido , no dé mas que una bo tella, y á lo sumo dos de jarabe; pero ya hace en cambio la naturaleza las veces de amable repostera, llenando con oficio sa mano la cuba, sin que hayaisaenido que perder ni una sola hora de trabajo, ni un instante de dulce sueno. 9 |
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