03_No. 1 (1 enero 1862), p. 106-118 |
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D§ 106
do luego de los rigurosos ayunos de su interminable invier
no. Cuando ya hace algun tiempo que ha trascordado el sol
su puesta cotidiana, entonces empieza á germinar y á florecer
todo cuanto es capazde echar flores, por no malograr el tiem
po escaso concedido á aquella vegetacion. Todos los animales
se regocijan al despertar del largo sueno de invierno; pero la
diversidad de seres es allí muy contada, y muy corto el tiem
po de la decoracion , para que pueda compararse aquel car
naval con el nuestro.
Pero no solamente lo que vive sobre la tierra, sino tambien
la misma tierra tiene su carnaval.
Ya es sabido que Goethe no era afecto al plutonismo en
geología. El craso neptunismo de Werner se avenía mas con
su temple. Pero tampoco aquí, como en la teoría de los colo
res, ha podido detener su autoridad la marcha de la ciencia.
El plutonismo es un hecho demostrado y universalmente re
conocido; hay mas, la ciencia moderna ha tenido que mode
rarlo en varios sentidos. La tierra, en su desarrollo gradual,
presenta diversos períodos que fueron determinados por cau
sas plutónicas. Al delirio saturnal plutónico de corta duracion
siguieron largos ayunos neptúnicos. Así vemos aquí tarnbien
como un esceso de accion dirigida en un mismo sentido acar
rea una reac,cion ; y como en el oleage incesante de leyes ac
tuantes, vá desenvolviéndose y formándose la tiera para el
rey de la creacion , el hombre.
Tambien en su vida, que no pertenece menos á la natura
leza que la de los demás seres , volvemos á tropezar con la
misma ley. El hombre es por escelencia el héroe del carnaval.
Su vida toda es una, alternativa incesante de corto carnaval y
de dilatados ayunos; por esto es tan pobre de goces, y tan rico
de privaciones. Viene al mundo con alborozo carnavalesco ;
y á poco de disfrutar de plena libertad, le aprisionan en pa
hales. Con lodo, acaba por acostumbrarse á ellos, y salta y
trisca que dá gusto el verle. Este es el carnaval de su ninez,
seguido luego de los ayunos de la adolescencia, puesto que
ya es hora de cultivarle , de instruirle. Entonces se le echa
una nueva camisa de fuerza ; y vienen los ayunos al pié de
'la letra, si se atreve fi oponer la menor resistencia. Finalmen
te, se abalanza al dulce reclamo del tercer carnaval, el amor,
el mas delicioso de todos. Pero tras una corta embriaguez,
sigue el Matrimonio, que •
no calificaremos de cuaresma; pero
que allá se vá. Tal es la vida del hombre de la naturaleza. Pe
ro hay tátnbien hombres de la virtud y de la religion, así co
mo, los hay de ideas. Solo en el terreno de la vida puramente
intelectual no hay carnaval ni cuaresma. Un solo sorbo del
Pulo cáliz de la verdad dá un bienestar tan ageno de la accion
como de la reaccion del carnaval.
La porosidad de los cuerpos.
por ebuarbo tiebtittz.
ARTICULO PRIMERO.
La maravilla mas grande de la naturaleza es la sencillez de
las causas por cuyo medio produce tan infinita diversidad
de fenómenos. La investigacion de esta unidad en la plu
ralidad constituye uno de los goces mas puros y elevados
del naturalista. !Y cómo puediera ser de otro modo, si solo por
este medio le es dado orientarse en supropio interior y en to
do el universo! Así que creo será para los lectores de esta re
vista tambien un placer escudrinar conmigo los variadosefec
tos de una simple causa. A este fin he escogido la porosidad
de los cuerpos, y con tanta mas razon , porque hasta el pre
sente no ha sido considerado este punto con toda la atencion
que en alto grado merece.
Poroso es todo cuerpo que, en medio de su masa, conserva
todavía .espacios vacíos, que pueden ser ocupados por flúidos,
ya gases, ya líquidos. La esponja ordinaria nos presenta • el
ejemplo filas grosero de un cuerpo poroso, por la multitud
de agujeros ( poros ) que lo penetran. Pero la porosidad vá
mucho mas allá. Con escepcion de un número reducido de
cuerpos, como, por ejemplo, el vidrio, todos los demás son
porosos. El papel, por el cual filtra el agua; el vaso de made
ra, al través del cual, con auxilio de la máquina pneumatica,
se puede hacer pasar hasta el azogue ; la vejiga animal, que
vá perdiendo por evaporacion el liquido que contiene : todos
son porosos.
• Es evidente que un mismo cuerpo puede tener diferentes
densidades, segun que se separen 6 se aproximen mas sus
moléculas unas á otras. Por esta razon el hierro colado. es
mas ligero que el forjado, aunque sean entrambos, con muy
Juan lont y Guitart,
corta diferencia, un mismo cuerpo. Pedazos de igual dimen
sion de cada uno de ellos habrán. de tener, por consiguiente,
peso diferente, siendo mayor el peso del hierro forjado que el
del colado. A estos pesos, referidos á una misma unidad (sea
esta el peso del agua) , se les dá el nombre de pesos específi
cos. Así pues, el hierro forjado tendrá mayor peso especifico
que el hierro colado, como tambien mayor densidad, porque,
á igualdad de volúmen, contendrá mayor cantidad de hierro.
Resulta de lo dicho que los pesos específicos de los cuerpos
deben estar en la misma relacion que sus densidades. De mo
do que vemos ya por de pronto como la densidad y el poso
específico dependen de la porosidad.
Sin embargo , lo porosidad tiene , considerada en diversos
sentidos, una importancia é influencia mucho mayores toda
vía. Por la introduccion del aire en sus poros, se hace el cuer
po mas ó menos mal conductor del calor, porque es sabido
que los flúidos elásticos son los cuerpos mas mal conductores
del calórico. A la clase de estos malos conductores (esto es,
cuerpós que conservan el calor) pertenecen todos los tejidos
fabricados con pelos, lana, algodon, lino y seda, las maderas,
y en general, todas las partes de plantas, el carbol), la tierra,
etc.; y está probado que, aun cuando muchas de estas mate- •
rias no sean ya por su naturaleza muy buenos conductores del
colórico , por la sola porosidad, pasan tí ser enteramente,
malos conductores. Citaré un ejemplo de cuerpos conducto
res, A los que la porosidad convierte en malos conductores: la
toba caliza. Esta es un carbonato de cal poroso y ligero, que
forma grandes depósitos en Turingia, proporcinando un tila
107
terial de construccion muy apreciado , singularmente porque
las paredes de los aposentos construidas con esta piedra guar
dan mucho tiempo el calor. Cuanto mas poroso es este mate
rial, tanto mayor cantidad de aire contiene, el cual interrumpe
la mediana conductibilidad para el calórico que presenta
generalmente la piedra. Revocando luego con argamasa por
defuera y por dentro la pared del material citado , se conse
guirá aun mejor el objeto deseado, de que el aposento se man
tenga lo mas caliente posible. Recordamos aquí la propiedad
desagradable de muchas paredeS de nuestras habitaciones,
de algunas partes de las mismas, de rezumar en invierno, esto
es, de humedecerse siempre, y hasta el punto á veces de chor
rear el agua á lo largo de las mismas. La causa de esto con
siste en que las piedras sillares que atraviesan todo el grueso
de la pared N'ati adquiriendo poco á poco la temperatura
fria que reina fuera , y la conducen al interior del aposento ;
Por donde el vapor acuoso, existente en la atmósfera mas ca
liente de esta, se condensa y deposita sobre la pared en forma
de rocío. Las paredes de tierra y guijarros de las pobres ca
banas guardan mejor del fijo que las paredes de mamposte
ría de nuestras casas, porque son mas porosas, y tienen en
cerrado en sus poros mayor volumen de aire.
La porosidad de los cuerpos puede ser con frecuencia muy
perjudicial á su conservacion. Por la entrada del aire y de la
humedad en los infinitos poros repartidos por toda su masa,
quedan espuestos á la influencia directa de estos agentes ; y
segun sea su constitucion química, son atacados con mayor
menor rapidez, alterados, y á veces enteramente descompues
tos. Por esto se averían y corrompen con facilidad las sustan
cia animales y vegetales, cuando contienen aire y humedad
Por el contrario, se conservan sin alterador) por mucho tiem
po, si, despues de privados del aire y de la humedad por una
desecacion prolongada , se prensa , 6 , lo que es lo mismo
se hacen mas densos á favor de una fuerte presion, y se les
pone por fin en vasos perfectamente cerrados.
La porosidad ejerce una accion no menos poderosa sobre
las duras rocas y las masas de penascos. En los poros de la
roca se introduce el aire. Por el ácido carbónico y el amo
níaco en él contenido, se alteran poco á poco la composicion
y la constitucion química de las rocas. La humedad penetra
asimismo en los poros. Disuelve materias , ó se solidifica en
invierno, formando hielo, el cual, por ocupar mayor espacio,
resquebraja y desgrega las mas duras masas. Así es como la
accion destructora del aire y de la humedad, secundada por
la porosidad, ha quebrantado penascos , convirtiéndolos en
,piedras y cantos, y produciendo , por su accion prolongada,
una nueva capa de tierra vegetal.
La absorcion ile aire , de principios morbíficos , miasmas
y olores de toda especie , etc., determinada por la porosidad ,
dá origen á fenómenos muy singulares. Retenidas largo tiem
po por los poros de toda suerte de tejidos, y llevadas á gran
des distancias, pueden estas sustancias gaseosas ocasionar de
repente enfermedades contagiosas. Este temor de contagio ha
dado motivo á grandes disposiciones higiénicas mas ó menos
severas, como son la institución de las cuarentenas y los cor
dones sanitarios , etc. Del mismo modo se pegan á los vesti
dos y á los cabellos el humo del tabaco y olores de toda espe
cie. El olor repugnante que se desprende al aljofifar en in
vierno aposentos muy habitados y siempre cerrados , el pes
tilente hedor que despiden gentes desaseadas al entrar en una
estancia limpia , especialmente si está caliente , son debidos
á la misma causa. El agua con que se friega el piso, sobreto
do si se emplea caliente, introduciéndose en los poros de la
madera ó de los ladrillos, desaloja los gases fétidos ; y en los
vestidos sucios, es el aire caliente de las habitaciones, mas pu
ro , y específicamente mas ligero, el que produce este efecto.
La presion del aire cambia, como es sabido, con el calor y la
humedad; y entonces los gases que se encuentran en los poros
se dilatan, se difunden por la atmósfera del aposento, y llegan
por fin , con su espansion , á nuestro olfato.
Ciertos cuerpos ocupan un lugar importante en la indus
tria, solo en razon de su porosidad. Tal es el carbon
Por su propiedad de destruir el olor, sabor y color de las ma
terias vegetales, se ha hecho en los últimos tiempos un artí
culo de comercio considerable. Sin su concurso, fuera del todo imposible obtener de las remolachas un azúcar blanco y de sa
bor agradable. Solo al amparo de la constitucion porosa del
carbon de huesos, pudo nacer y desarrollarse un ramo de in
dustria tan grandioso como ha venido á ser con el tiempo la
fabricador) de azúcar indígena en Europa. La industria ha sa
bido utilizar tarnbien de una manera ingeniosa hasta la accion
destructora que la porosidad ejerce , segun hemos visto , en
los cuerpos. Por la introduccion de agua en los poros ó va
sos capilareS, se distienden estos en sentido de su latitud , al
paso que disminuyen en longitud, lo cual ocasiona efectos tan
importantes como asombrosos. Recordaré, come una mues
tra de este efecto, la manera tan sencilla como se hienden
grandes troncos y piedras , por medio de cunas de madera
seca, introducidas á fuerza de martillo, que se impregnan des
pues repetidas veces con agua. Y quién no sabe, por la his
toria, el modo como se levantó, bajo el papado de Sixto y, el
grande obelisco enfrente de la basílica de S. Pedro en Roma ?
?Quién habrá que no se haya incomodado mas de una vez
per haberse rajado alguno de sus muebles, ó por haberse ala
beado alguna puerta 6 cajon á causa de la humedad. .
En la porosidad se funda tambien el enfriamiento de las be
bidas, que puede llegar basta la formacion de hielo, efectua
do en las jarras llamadas alcarrazas, de mucho uso en Africa
y en el Sur de Espana. El agua vá rezumando por los poros del
vaso, que está formado de una arcilla muy ligera y poco coci
da ; al llegar á la parte este,rior , favorecida por la corriente
de aire, se evapora, tomando el calórico que para ello necesita
ó hace latente, de las paredes del mismo vaso y del líquido en
él contenido. Igual servicio prestan al hombre y á los anima
les los poros de que abundantemente está provistas)) piel, corno
que solo por la evaporacion cutánea se esplica que los profe
sores ingleses Bancks y Solander pudiesen resistir, por espacio
de 8 minutos, la temperatura de sucuarto, en que el termó
metro marcaba 101 grados Reaumur, calor suficiente para co
cer en pocos momentos huevos duros. Los poros por los que
se exhalan ó evaporan los humores del cuerpo habilitan al
hombre para vivir en todas las zonas ; puesto que, segun sea
el calor esterno mayor ó menor, tanto mas rápida ó lenta
mente se verifica la evaporaciou, con lo cual el calor interno
del cuerpo se conserva siempre á unos 50°R. Creemos ocioso
detenernos en probar la necesidad indispensable , y la im
portancia de los poros para la vida animal , y que sin ellos ,
deberia ser la organizado') interna del cuerpo humano com
pletamente distinta. Muchas y peligrosas enfermedades son
debidas únicamente á la alteracion de la marcha regular de
la exhalado') cutánea.
Los cuerpos deben tambien á la porosidad la propiedad de
absorver gases. Esta absorcion depende del número y magni
tud de los poros, como tambien de la naturaleza química de
los gases, esto es, de su grado de afinidad para determinados
cuerpos. Mas notable es aun el que los gases, no solo pueden
ser absorvidos, sino condensados al propio tiempo. De esta
propiedad goza, por ejemplo, el platino, sumamente dividido,
ó lo que se llama esponja de platino, que condensa mas de
sesenta veces su volumen de aire atmosférico. Fácil es con!,
.2§ 108
'prender que, comprimiéndose de este modo el aire, debe ad
quirir propiedades especiales ; y tanto mas, si se atiende al
desprendimiento de calórico que se produce durante la con
densacion. Esta es la razon porqué el aire comprimido en la
esponja de platino produce la inflamacion de una corriente
de gas hidrógeno, como nos lo manifiesta la lámpara de
hidrógeno de Doebereiner, y porqué determina igualmente la
combinacion del vapor de alcohol con el óxígeno, y la con
siguiente formacion de vinagre, en cuyo hecho fundó el mis
mo químico un nuevo sistema de fabricacion de vinagre. En
el artículo siguiente estudiaremos otros efectos no menosim
portantes de la porosidad.
El corazon humano.
por Oton
ARTICULO PRIMERO.
Si bien habla ya en otro tiempo dos mundos, el mundo
del poeta y el de la vida real y cotidiana, dotados cada uno
de un lenguage peculiar, de leyes y costumbres especiales,
parece haber sobrevenido ahora un tercero , el de la ciencia.
Y aun falta averiguar cual de ellos sea el verdadero , si el
que está bajo el dominio inmediato de nuestros sentidos, el
de las viejas tradiciones , ó bien si el recien descubierto del
microscopio, del escalpelo y de los reactivos químicos. No tra
tamos aquí de ventilar esta cuestion, dejándola en buen hora
á los filósofos que tanto tiempo hace se están devanando los
sesos para conseguirlo. En el mundo del poeta, fué siempre
el corazon humano el punto céntrico , de modo que una
historia de este corazon seria al propio tiempo una historia
de la poesía y del mismo poeta. Fué su órgano predilecto, el
palenque de sus combates, de sus versos , que allá triscan
juguetones, ó se pavonean con paso grave y mesurado , el
objeto de su entusiasmo ó de su desesperacion • El corazon
humano fué para el poeta un cielo, ó un infierno, ya visitado
por los ángeles, ya acosado por trasgos y espíritus malignos;
fué para él un flamígero altar, en cuyas aras ofrecian holo
caustos ora el amor, ora el ódio ; fué para él el asiento de la
piedad y de la maldad, la fuente del valor y del miedo. Tan
pronto era asolado por las deshechas tempestadesde las pasio
nes, comole desgarraban las furias del dolor; ya carcornia sus
raices el roedor gusano de la tristeza, ya se convertia en un
hogar apacible, en torno del cual, buscando el calor, se
agrupaban los mas tiernos sentimientos. En una palabra,
? qué es lo que no ha sido el corazon para el poeta? ?Yqué no
es aun hoy dia en el lenguage vulgar, que parece convertir
á cada cual en poeta á pesar suyo? Unas veces palpita y reto
za en el pecho del hombre esta cosa qué nunca para ; otras
veces suspira y gime, tiembla y enmudece, salta de alborozo,
se ensancha de contento, se petrifica, y estalla. ! Pero cuán
otra cosa es el corazon en el mundo de la ciencia, el corazon
bajo el escalpelo del anatómico! !Apenas me atrevo á pronun
ciarlo, tan prosáicas, y, lo confieso, tan materialistas apare
cerán acaso mis palabras: el corazon es un músculo hueco,
un saco carnoso, una bomba hidráulica! ? Pero qué le hemos
de hacer? estas páginas están destinadas á llevar la palabra
en nombre de la ciencia ; y ya que nos veamos precisados
á encabezar este artículo con una manifestacion tan prosáica,
quizás consigamos arrancarle una poesía que no desmerezca
de la de nuestras representaciones vulgares, y que acaso pue
da competir con la del mismo poeta.
El corazon es, como decíamos, un músculo hueco, un sa
co carnoso de forma casi redonda, que termina por su parte
inferior en una punta algo ladeada hácia la izquierda. Las
paredes del corazon están casi enteramente formadas de fi
Antonio Raye.
bras musculares, esto es, de carne propiamente dicha , cu
yas fibras , de igual naturaleza que las que componen los
músculos de nuestros miembros , se distinguen , como estas,
por la propiedad de contraerse con suma rapidez.
Esta estructura del corazon. ya nos indica su destino en el
organismo animal. Los músculos son por esencia órganos de
movimiento. Pero el movimiento que corre á cargo del cora
zon es el curso de la sangre, un movimiento en direccion
alternada, esto es, impeler la sangre á las partes mas remotas
del cuerpo, y recibir otra vez la que de estas regresa al punto
de partida ; por consiguiente, un movimiento circulatorio.
Si se encargase á un maquinista la construccion de una
máquina destinada á obrar en un líquido un efecto análogo,
un doble movimiento como el de la sangre, sin duda que
nos fabricaria una bomba mixta, esto es, un aparato de aspi
racion y de compresion. Ya es esta, poco mas menos, la idea
que vulgarmente se tiene del corazon,.como si la contraccion
de las paredes musculosas de este supliese el ascenso y des
censo del piston en el cuerpo de bomba. Pero en el organis
mo hay que tomar en cuenta muchísimas condiciones. Si la
naturaleza hubiese dispuesto el corazon como una bomba
ordinaria, aspirante é impelente , su fuerza de aspiracion
obrada naturalmente basta sobre los jugos nutricios del
estómago, introduciendo con ellos , en los vasos sanguíneos,
aire del que nunca falta en aquella cavidad.
Pero la sangre no se aviene con el aire ; de modo que su
presencia en los canales sanguíneos acarrearia la muerte ins
tantánea del organismo. Además de que la naturaleza hubie
ra debido crear en tal caso , como en efecto lo ha hecho .en
una bomba animal de aire análoga , los pulmones, tubos
récios y capaces de resistir á la presion que sobre, ellos ejer
ciera la atmósfera. Pero esto hubiera estado en oposicion á
su vez con la esencia de los vasos sanguíneos, que requieren
membranas tenues y delicadas, para que al través de ellas
puedan irse deponiendo sobre los diversos órganos las sus
tancias alimenticias de la sangre , é incorporándose á esta los
ya gastados materiales de la vida.
Así fué que la naturaleza hubo de cenirse á dar al corazon
la forma de una bomba comprimente ; y luego veremos qué
efectos tan maravillosos ha sabido alcanzar por medio de
una máquina tan sencilla.
Si el corazon fuese una mera bolsa indivisa, que, por medio
de la contraccion de las fibras musculares de sus paredes.
ya fuese esta ocasionada por la presion de la misma sangre
que lo llena, ó per otra causa cualquiera, se contrajese
rápidamente, arrojaria sin duda la sangre con gran fuerza á
los canales que desde él se dirigen á todas las partes del cuer
po. Pero esta misma sangre retrocediera de nuevo el corazon,
Y1 109 tE
al dilatarse este, resultando tan solo un flujo y reflujo de la
corriente sanguínea , con lo cual no fuera posible evitar que
las materias ya gastadas , y por lo tanto inútiles, y hasta per
judiciales , volvieran de nuevo y sin cesar á los tejidos. Así
es que, para realizar una circulacion conveniente de la san
gre, hubieron de adoptarse ciertas disposiciones que impi
diesen al torrente sanguíneo, que sale del corazon, mezclarse
con la corriente que regresa al mismo.
Esta regulacion del curso de la sangre en direcciones
opuestas exige una division del corazon por un tabique trans
;Pis'. .1.
.Fiil. 3,
a.
Fe:g. 5.
versal, que debe estar perforado, pero provisto al mismo tiem
po de una válvula, que solo permita á la sangre entrar por un
lado y salir por otro. Así es que todo corazon consta en efec
to de cámara (ventrículo)) y antecámara ( aurícula ). La an
tecámara está destinada á recibir la sangre que, despues de
haber recorido todo el cuerpo, refluye al corazon , y á im
pelerla con su contraccion dentro de la cámara que se dila
ta para recibirla, y se contrae en seguida para arrojarla á los
vasos que, difusamente ramificados, penetran por todo el
cuerpo. Por esto no necesita la antecámara sino de muy pocos
K'zy 2,
Fig. .4',
Fig. .a Él corazon humano, con los troncos de los vasos sanguíneos , 'visto por su parte anterior:— a cámara derecha ; b Izquierda; o d arlerlá pulmonar ; e
grande arteria (aorta ), que reparte la sangre de todo el cuerpo ; / antecámara derecha ; m Izquierda; n vena superior.
Fig. 2.a El corazon visto por la parte posterior : a cámara derecha ;.b izquierda ; o antecámara derecha ;h izquierda; e aurícula derecha ;f izquierda; 1 \TU
pulmonarderecha; m izquierda ; n arteria pulmonar.
Fig 3.a Seccion del lado derecho del corazon ; a vena superior ; b vena inferior ; d paredes de la antecámara ; f aurícula ; k /m válvula tricúspide ; tabique di
visorio de la cámara izquierda; pabertura de la arteria pulmonar ; y t paredesde la cámara.
Fig. tfr.a Seccion del lado izquierdo del corazon : ab venas pulmonares izquierdas; o d aberturas de las venas pulmonares de la derecha ; tabique divisorio;
de la antecámara derecha ; (aurícula; g restos del agujero oval ; 1m válvula dicúspide ó mitral ; q tabique divisorio de la cámara derecha. •
Fig.b.a Representaelon teórica figurada de la circiilacion de la sangre. 1 Antecamara izquierda ;2 cámara izquierda ; 3 punta del corazon ; 4 válvula mitra];
válvulas de la grande arteria que distribuye la sangre por todo el cue:.po; &tabique divisorio de las cámaras; "1 punta de la cámara derecha; 8 valuará dere
cha; O valvUla de la arteria pulmonar ; 10 válvula tricúspide; 11 antecámara derecha ; 12 tabique divisorio de las antecámaras ; 13 pulmones ;14 intestinos
hígados ;ab d corriente arterial ;p h o corriente venosa.
músculos, en proporcion al corto trecho á que debe limitarse
su accion ; al paso que la cámara requiere una masa conside
rable de músculos en sus paredes, puesto que' su accion de
be estenderse hasta las partes mas remotas del cuerpo.
Esta disposicion tan sencilla del corazon nos la presenta la
naturaleza en los peces. En estos, se reune toda la sangre, que
de los tejidos vuelve al corazon , en una sencilla 'antecámara,
por la cual es empujada dentro de una cámara, y por esta á
las branquias, que ,son , en los peces, lo que los pulmones
en los mamíferos y las aves, desde cuyos finísimos canalitos
ó capilares , se introduce en canales mayores para repartirse.
finalmente por todo el cuerpo. Verdad es que el efecto del
impulso del corazon queda ya amortiguado en las branquias,
de lo cual resultan una circulacion mas lenta de la sangre ,
un calor vital mas bajo, y una nutricion mas perezosa de
los tejidos : consecuencias todas que están en perfecta armo
nía con el medio vital del pez, el agua, que, llevando en
el aire disuelta una Muy 'pequena cantidad de oxígeno, no
ejerce sobre los tejidos una accion tan destructora como el
aire atmosférico puro.
Pero á nosotros, habitantes del elemento aeriforme , se nos
han impuesto otras condiciones, una circulacion de la san
gre mas viva y acelerada, una reparacion mas activa de las
pérdidas sufridas por los tejidos, en incesante pugna con su
enemigo el oxígeno. Aquí debe el corazon empujar inmedia
tamente el torrente de la sangre por todo el cuerpo, y esta
corriente ha de ser de sangre no mezclada, y nutritiva. Aquí
es de todo punto imprescindible una separacion de la sangre,
vivificada por la respiracion, de la que, gastada por su cur
so al través de todos los tejidos , vuelve al corazon ; en una .
palabra, se requiere la separacion de la sangre arterial es
pumosa y de color rojo vivo, de la sangre venosa oscura y
de un color negro rojizo.
La naturaleza efectúa esta separacion por medio de una
nueva division de la cavidad del corazon. Un tabique lon
gitudinal, sin abertura alguna , separa el corazon en dos mita
(les, derecha é izquierda, cada una de las cuales se compone
á su vez de cámara y antecámara. En la antecámara derecha
penetra la .sangre Venosa procedente de los tejidos, la que es
en seguida enviada á los pulmones por la cámara del mismo
lado. En la antecámara izquierda aboca la sangre, refresca
da y regenerada en los pulmones por el acto de la respira
cion , pasando despues á la cámara correspondiente, que con
incansable fuerza la arroja á los puntos mas distantes del
cuerpo. Las varias condiciones impuestas á la fuerza motriz
de las diversas partes del corazon determinan tambien natu
ralmente otra estructura de sus paredes musculosas. Así co
mo la antecámara y la cámara se diferencian ya entre sí , la
una por su constitucion membranosa , y la otra por su cons
titucion carnosa, asimismo necesita lambían la cámara iz
quierda del corazon , que tiene que impeler la sangre por
todo el cuerpo, paredes mas carnosas y abundantes en mús
culos que la de la derecha, que solo tiene que arrojarla hasta
los pulmones. Así es pues que la estructura fundamental del
corazon humano, viene á ser un sistema de cuatro cámaras,
cuya disposicion se opone á toda mezcla de la sangre arte
rial con la venosa. Solo en el feto, hasta el instante del na cimiento, se verifica esta mezcla por medio de una abertura
en el tabique divisorio de las dos antecámaras, el llamado
agujero oval, y de un canal de comunicacion entre la arteria Pulmonar y la grande arteria, Ó la arteria aorta, que repar
te la sangre por todo el cuerpo. Pero hasta aquí no hemos
110 bf
hecho mas que trazar un bosquejo de este mecanismo orgá.
nico , cuyo destino especial necesita todavía varios artificios
á cual mas admirables. Pero contemplemos entre tanto el
corazon en su actividad. En este momento empieza á funcio
nar la máquina. Simultáneamente se contraen ambas ante.
cámaras, impulsando la sangre respectivamente en las dos
cámaras , que, vistas por &fuera , parecen formar un solo
cuerpo, y las dilatan , tras lo cual se contraen tambien estás
á la vez, impulsando la sangre, por la derecha, á las arterias
pulmonares., y por la izquierda, á la arteria aorta, que la
distribuye por todo el cuerpo. Muévase al mismo tiempo el
corazon , que cuelga libre en un ancho saco de paredes lisas,
llamado pericardio. La punta del corazon se levanta un poca,
gira sobre su eje, y golpea la pared del pecho. El corazon
ha dado un latido. Pero qué de cosas no han pasado duran
te este sencillo latido! Para que la sangre pudiese fluir de las
antecámaras á las cámaras, y de estas á las arterias, y para
que no pudiese retroceder de las cámaras á las antecámaras,
ni de estas á aquellas , debieron abrirse y cerrarse una por
cion de válvulas. Escuchemos ahora con atencion , y hasta
oiremos *el ruido de estas válvulas, que se san abriendo y
cerrando. Un sonido prolongado, sordo como el lejano mur
mullo de una corriente, acompana el latido del corazon , al.
cual sucede inmediatamente un tono breve, claro y seco. Es
evidente que todo este rumor fué ocasionado por el choque de
las ondas sanguíneas contra las válvulas que se oponen á su
paso, la primera vez contra la grande, en forma de vela,
situada en la pared divisoria de la cámara y antecámara, y
la segunda vez contra las pequenas válvulas, en figura de
bolsa, que se encuentran en las arterias. Aquí por fin tene
mos ya poesía. 'Aquí tenemos un vivo golpear y latir del co
razona aquí tenemos hasta tonos graves y agudos. Pero vea
mos si no encontramos una poesía aun mas conceptuosa ; y
á esta ha de abrirnos el camino la consideraCion de las vál
vulas del corazon. Pues por mas prosaicas y mecánicas que
aparezcan estas á primera vista, no dejan de ser con todo
los verdaderos reguladores del curso de la sangre, de los
cuales depende toda la actividad de la nutricion , y por con
siguiente , de todas las funciones , inclusas las de la inteli
gencia, los conceptos y las creaciones del poeta.
Miguel Guilarl y Buch
Juan Pablo Federico Richter.
Su biografía, y juicio sobre sus obras. (Conclusion.)*
Con lágrimas de gozo hubo de mojar María aquellos ca
ractéres queridos, antes de acertar á leerlos. Siguió luego en.
tre ella y Juan Pablo una correspondencia , donde se pinta
mas y mas el entusiasmo de la muchacha, que mas adelante
vino á convertirse en impetuoso amor, á pesar de la cordura
y la pureza de alma del poeta. Solo citaremos de ella la úl
tima carta que le dirigió, anunciándole que iba á quitarse
la vida ; pero antes de llegar á este doloroso desenlace , con
tinuaremos algunos pasages de las cartas que le escribió Juan
Pablo.
« V. tiene de mí, como hombre, una opinion demasiado
ventajosa. Ningun escritor puede ser tan moral como sus
obras, así como no hay predicador tan religioso como sus
sermones.
—« Las tres últimas cartas de V. me han complacido en el
tramo , porque espresan ingénuamente las relaciones posi
tivas entre nosotros dos, de padre é hija, relaciones á queme
dejé llevar por su primera carta de V. , y á las que he sido
fiel constantemente. De este modo puedo quererla á V. tanto,
y dispensarle toda mi confianza. La palabra padre es para Ufl
padre, lo propio que la palabra hija, una palabra santa.
Por qué ha de suponer Y. cine yo estoy triste ? Las ciencias
son mi. cielo; mis hijos y mi Carlota labran mi diCha, pagán
dome con su carino el que yo les profeso. Si-algo ha de afli-,
gime es el estar viendo á casi todos los pueblos de Europa
chorreando sangre. —Y. me endiosa, en vez de seguir 'mi
ejemplo. Así es que ya no le daré á V. mas consejos ; pues
harto conozco ya el sexo y las almas fogosas á quienes V. se
asemeja. —Pásalo bien, hija mia ; y así llene tu corazon el
espíritu de la luz plácida y sin tormentas.»
La desdichada María, en quien, en medio de su pasion de
sastrada , no hicieron mella los saludables consejos de Juan
Pablo, habla resuelto arrojarse en brazos de la muerte. Solo
dos consideraciones la habian detenido hasta entonces ; el
desconsuelo de su madre , y el abandono en que !labia de
dejar á su hermana menor. Pero habiendo muerto la madre,
y casádose la hermana, arregló todos sus intereses domésti
cos , y se dispuso para la muerte con serenidad y firmeza.
Una hora antes del trance, escribió á Juan Pablo la carta si -
guiente :
« No se enoje V., padre mio, al recibir estos renglones de
su desdichada María. Mas yo no puedo sufrir que me ten
ga V. por viva, despues de muerta. li madre, que murió ya
hace dos meses , no desaprobó mi intento de seguirla ; pero
me rogó que ordenase , antes de dar este paso , los negocios
de casa, que cuidase de mi hermanita, y no la abandonase ,
en aquellos aciagos tiempos de guerra. Ya cesó la guerra , y
la existencia de mi hermana esté afianzada. Yo he hecho
cuanto pude, y me apresuro á salir de un mundo, donde hube
de delinquir de un modo tan incomprensible , donde fueron
tan vanos mis mayores conatos tras lo bueno, y donde, desde
que le escribí á V., no he hecho mas que pasar de una deses
peracion en otra. ! Ah ! sin duda habrá todavía en el gran
dísimo universo un sitio donde yo pueda recobrar y venir á
ser por fin lo que quisiera ser. Harto he padecido ya, ya
puedo morir. Pero no me atrevo á escribir á V. mas que es
to, á saber: que la que le escribió á V. habrá muerto segura
mente cuando V. lea la presente , y que V. debe alegrarse de
ello.—! Ah! V. me despreciará , y no creerá mis vivas ansias
por hacer algo por V. y los suyos. ! Oh! !el cielo le colme
á Y. de bendiciones y le retina á V. en el otro muralla con
los suyos ! —Pero á mí no me desprecie V. demasiado , y
permítame Y. que envio un regalillo á sus hijos , en quienes
no puedo pensar sin llorar amargamente, porque son tan
venturosos. Mas no les diga V. su procedencia , pues deseo
que me olviden, y desaparecer sin ser vista. A nadie he co
municado rni historia , y he reducido á cenizas todos mis li
bros y apuntes.
« ! Oh ! indios, querido , inolvidable padre! ! Ay de mí, que
tan desventurada hube de ser! Mi desconsolado espíritu se irá
cerniendo encima de V. hasta que Y. lo tome y lo lleve con
sigo. ! Así pudiese yo llevarle á.V. una senal, un alto men
sage ! »
Embargada María en el arreglo de los negocios de su casa
hasta el último instante , y atenta y placentera , no infundió
la menor sospecha á su hermana ni al marido de esta ; de
modo que no despertó su angustia hasta despues de cometido
el acto. Mas no murió María en el mismo instante; y llevada
'moribunda á su casa , habló de esta manera á los circuns
tantes :
« No me ha enganado mi creencia ; ! el alma es inmortal !
Cuando las aguas me recibieron y me abrazaron con sus sor
dos zumbidos , padecí horrorosamenle. El instinto animal de
la propia conservacion, los trabajados pulmones , el corazon
comprimido, pusieron á dura prueba mi resolucion de morir.
Engullí, en ansiosos tragos, el agua que amagaba salvarme ,
y le arrebaté su fuerza desleal las dos veces que me levantó á
la luz y al aire. Me hundí ; la corriente me .hizo roda i: á lo
hondo ; me encogí aferradamente al fondo para quitar á mis
manos y piés el oficio de remos naturales. Pero con todo ,
otra vez volvió á levantarme el agua; hundhe de nuevo , y
perdí toda sensacion del cuerpo , mas no la fuerza del pen
samiento. Sentí que se entrometían unos hombres , sin ser
requeridos , en mi ayuda ; yo les resistí , pero al fin me aban
donaron mis fuerzas. Mientras que con sus remos me impelían
los marineros inicia tierra , murió mi cuerpo; pero abrióseme
un mundo esplendente. Mi alma , libre de los lazos que me
aherrojaban, se movia libremente por regiones nuevas; eáta
siábanla tonos y semblantes del otro mundo. En aquel punto
me tiraron á tierra aquellos hombres desapiadados; todas mis
ilusiones se desvanecieron ; asaltóme otra vez mi humana
conciencia con todo su penar intolerable. Pero mis esperan
zas se mantienen firmes , y no hay fuerza humana capaz de
torcer 'ni voluntad.»
Despues de haber proferido estas palabras , cayó aquella
pobre muchacha en un profundo sueno , del cual no desper
tó mas.
Pero lleguemos ya al último cuadro de Juan Pablo, al que
los corona todos , al de su muerte. En ningun artículo bio
gráfico hemos leido una escena de muerte tan suave , tan Ile
na de gozo y amor, como la de Juan Pablo.
Morimos , dicen los sacerdotes, como hemos vivido ; y el
ejemplo del tierno poeta de Hof es un testimonio terminante
de la verdad de este axioma. Pero antes de hablar de su muer
te, diremos que, en 1821, tuvo el desconsuelo de perder á su
hijo único , á quien quería entrahablemente , y en quien ci
fraba todas sus esperanzas. Nunca recobró de este golpe com
pletamente ; y el estado de su ánimo puede cologirse de los
siguientes renglones que estractamos de una carta que escri
bió á un amigo suyo en Dresda. Dice así : « No busco en
Dresda mas que música, esto es, la naturaleza , las cercanías
de la ciudad , y corazones amantes. Ha ocurrido en mí una
gran mudanza. Dirian que el tiempo trata al mortal herido
como un pedrusco de mármol ; tan desapiadadamente le vá
quitando á martillazos una pieza tras otra , aun cuando fuere
la forma de un hijo , hasta que le ha dado otra figura. ! Así
fuera de mármol este hombre I»
Adoleció, en los postreros ahos de su vida, de una oftalmía
que acabó completamente con su vista á principios del aho
18'25. Ya no podian gozar sus ojos de la vista de las verdes
praderas, ni de las flores que tanto le embelesaban. En aquel
triste estado, aparecieron mas tiernamente que nunca lquel
amor y cariho tan propios de su naturaleza íntima ; sus fac
ciones se pusieron aun mas suaves, su voz mas dulce; el me
nor servicio que se le hiciese le parecía demasiado grande; y
enternecía elude buscar á tientas el bolsillo para mostrar su
gratitud á la criada por la menor atencion que con él tenia.
Por el mes de octubre de 1825 fué llamado su sobrino Oton
Spazier , á quien debemos la mayor parte de estas noticias
biográficas , por el anciano poeta ciego y enfermo.
I.a llamada de aquel hombre inmortal dice el sobrino ,
vino á causarme una emocion deliciosa en medio de la sole
dad que me rodeaba. Aparecióme mas plácida y pura la ima
gen venerada de. aquella ancianidad hermosa, justo galardon
de su noble vida. Púseme en camino en medio del lluvioso
octubre, y entré el 24 en su gabinete. Al llegar á sucasa, es
periinenté el mismo gozo que habla sentido en otro tiempo,
cuando , sentado en medio de su familia , oia con embeleso
sus sabias palabras. Las ventanas de su cuarto , que miraban
a. levante , daban á unos jardines , descubriéndose mas allá
algunos bosquecillos y casas , y en último término, las mon
tanas que cenían el horizonte. Una suave fragancia de flores
V frutas, que exhalaba su morada, daba al pensamiento la im
presion de los risuenos dias de verano de los climas meridio•
natos y de los vinedos del Rin. En frente de una de las ven
tanas habia el sofá donde solia leer , y delante del sofá una
mesa cubierta de plumas, de papeles de diversos colores , de
vasos , flores y libros , entre los cuales noté una edicion
112 E
qhuaebniaa uinnglpeisaanod,eySmwaifst aylldáelaStjearunlea. dAel lloasdocandaeriootsr,aqvueen,tapnoar
medio de una escalerilla, llegaban hasta la mesa donde escri bia el poeta. Aquellos pajaritos bajaban libremente por aque
lla escalerilla , y rociaban la mesa con el agua de los flore
ros; y sucedió no pocas veces que, sorprendido Juan Pablo,
en sus momentos de inspirácion, por una de aquellas repen
tinas invasiones, se detenia para dejar pasear libremente á sus
canarios por encima del papel en que estaba escribiendo,
pdmlaue,zmcpalao.nrdEdononuladnsergibonatcajoasnbdadeeallajcgauuraad-ritcnoo.nhablaiatiunntaa eqsucealelerilclaajeasdcuesala
« Todo ocupaba en el aposento el lugar de costumbre; pero
dirían que estaba ausente la mano que lo dirígia El hombre
robusto que habia arrostrado los rigores del invierno estaba
tendido sobre unos almohadones, inmoble , y con los ojos
para siempre cerrados. « El cielo, díjorne, me está hiriendo
con doble azote, y el uno es muy cruel ( hablaba de su cegue ra) ; pero voy á levantarme, porque es mucho lo que tene
mos que hablar y hacer.» Tenia la voz muy débil , y me do
na oirle hablar de sí. Como ya se hacia tarde, al cabo de un
rato díjome su esposa que fuese á acostarme, y que volviese
por la manana del dia siguiente.»
En efecto, al dia siguiente comenzó una revision completa
de sus obras; las que iba leyeitdo el sobrino, indicando Juan
Pablo las correcciones que quería hacer. Oia con blandura y
paciencia las observaciones de su sobrino, las examinaba y
las censuraba ó aplaudia , segun le parecian ó no acertadas.
De esta manera pasó una resena de toda su vida intelectual; y
en las innumerables comparaciones que llenan sesenta y cua•
tro volúmenes (1) , no encontró mas que dos ó tres repeti
ciones.
El 44 de noviembre, cayeron las cortinas sobre el lecho
mortuorio. !Qué sosiego! ! qué imágen tan tierna! Pero oid :
« Por la tarde, creyendo Juan Pablo que era ya de noche,
dijo que era hora de acostarse. Metiéronle en cama, y colo
caron, segun costumbre, á su lado una mesita con un vaso
de agua, y sus dos relojes. Llevóle su mujer una guirnalda
de %res "que una senora le habia enviado, pues no !rabia
nadie en el pueblo y en sus cercanías que no procurase com
placerle en sus dias postreros. Paseó la mano por encima de
aquellas flores, que ya no podia ver; y cuya fragancia [am.
poco podia sentir ; y dijo : Ah ! ! flores queridas !
« Sus amigos, sentados alrededor del lecho, callaban to
dos. Alargó el brazo para descansar; y poco despues se apode.
ró de él un dulce sueno. Ningun rumor turbaba la tranquili
dad del aposento. Su consorte, sentada á la cabecera de la
Cama, estaba couteinplando calladamente y arrobada el ros
tro de su querido esposo. Su sobrino tenia en la mano un
Plato)), abierto en el pasage donde el filósofo refiere la muer
te de Sócrates. En aquel punto, entró en el cuarto un jóven
de noble semblante, levantó las manos al cielo, y repitió en
voz queda una plegaria hebráica. Era, aquel mozo Manuel,
uno de los mas íntimos amigos de Richter.
« A las seis de la tarde llegó el médico; y Richter seguia
durmiendo al parecer ; su semblante tenia una espresion mas
sosegada, su frente parecia radiante; pero estaba frio como
el mármol, y las lágrimas de su desconsolada esposa le caian
encima sin conmoverle. Su respiracion se puso irregular, y
no obstante presentaban sus faceioues mayor serenidad que
antes. Pasóle por el rostro una leve convulsion. !Es la muer
te! dijo el médico; y así era en efecto. El espíritu habia aban
donado su morada.
(1) Sus obras, inclusas las póstumas, forman 01 volúmenes, publicados
por G. Reimer de Berilo.
« Todos los circunstantes se echaron de rodillas, y oraron,
siguiendo su alma hácia el cielo á aquella alma que se alejaba
de la tierra; y no lloraban.»
Así murió Richter, grande y santo como poeta, mas gran
de y mas santo como hombre. Diéronle sepultura al resplan
dor de blandones , colocaron sobre el féretro su manuscri
to; no terminado , sobre la inmortalidad del alma , y acom
paháronle los estudiantes del gimnasio , cantando la oda
sublime de Klopstock : Auferstehen wirst Du ( Sí, alma mia,
resucitarás).
Cundió por la Alemania entera un dolor profundo y gene
ral tras la muerte de Juan Pablo. El mundo literario echó el
resto de sus espresiones simpáticas por el malogro de suautor
predilecto. Pero entre los muchos tributos que se publicaron
entonces á la memoria de Richter, daremos dos solamente :
el primero es la conclusion del discurso que profirió su so
brino , el Dr. Spazier, en su entierro ; y el segundo es un fragmento de la oracion que leyó en Francfort , el 2 de di
ciembre de 4825 , el célebre Luis Bcerne , escritor , mas que
otro alguno , capaz de apreciar el mérito literario de uno de
los autores mas queridos y estimados en Alemania.
«1E1 cantor mas puro del amor y de la primavera , el que
cogió para nosotros las flores mas bellas y fragantes de la
tierra , está descansando ahora debajo de. ellas ! Cerráronse
para siempre aquellos ojos límpidos y carinosos , que hace
poco estaban velando por la humanidad y por su querida pa,
tria germánica, y en los cuales se reflejaba amorosamente todo
lo bueno y hermoso; en cuyos animados destellos se alzaban
la bondad y la belleza mas puras y majestuosas, y ante cuya
penetrante mirada huían los malos aterrorizados. Y desde en
tonces se ha desplomado sobre nuestra patria una noche mas lóbrega ; y lo bello y lo bueno han perdido su mas robusto
apoyo; y en medio de esta lobreguez , irguen impunes la ca
beza los alevosos y malvados; y embarga los pechos honrados
el mas acerbo dolor.
« Poeta inmortal, astro brillante, blason de ta patria y de
la humana naturaleza, espíritu descollante en ciencia como
en sabiduría, valiente orador de la libertad germánica, vic
torioso adalid contra todo vicio, jamás produjo la tierra un
sér mas puro que tá. Descansa pues en tu blanca vestidura,
en el regazo de tu madre, con el laurel que te cine las sienes,
como un Bramin blando y suave eir las floridas riberas del
Gánges , cerca de tus queridas sierras de Fichtel , detrás de
las cuales te levantaste un dia como el sol de la primavera,
y hácia las que se están volviendo ahora miles de ojos llo
rosos.»
« Se ha puesto un astro, dice Bcerne (4) , y el ojo del pre
sente siglo se cerrará antes que vuelva á aparecer, por cuan
to el génio resplandeciente anda recorriendo órbitas inmen
sas, y solo de tarde en tarde saludan gozosos los nietos la
(1) Este poeta, que supo espresar sentimientos tan sublimes, ha bajado
tambien al sepulcro. Mal comprendido, y hasta menospreciado en vida, se le
ha hecho justicia despues de muerto. Ly que en otro tiempo se consideraba
como una censura, rigurosa y malévola de su patria, hija de la amargura Y aspereza de su corazon , se atribuye ahora al anhelo de provocar con su sá
tira la enmienda donde era necesaria. IVeuérdanse ahora sus palabras me
morables en con testacion al cargo que se le arrojó de ser traidor a su patria.
« ?Creeis , dijo, que yo me complazco en escribir como lo hago sobre el pais
donde nací 9 jSabed que no hay una palabra que no haya escrito con la me jor sangre de micorazon!» Sin duda que el autor del elogio de Juan Pablo
hubo de ser un hombre de alma levantada ; vcia y apreciaba lo bueno y lo
digno de alabanza ; conócese que sus palabras finjan directamente de su co
razon , pues no hubo hombre mas sincero que di, por donde su elogio es de
inestimable precio. No habiendo conocido Reme personalmente á Juan Pa
blo , no pudo influir en su juicio el carino de la amistad ; y con todo, su plu
ma, animada por su asunto, su pluma, tan acostumbrada á la sátira y a
sarcasmo matador , vino á tomar de suyo, al pintar el carácter de Juan Pa
blo, el modo de la liraeólica que nos hechizacon sus suaves acentos.
s'enida de aquel de quien se despidieron sus abuelos con lá
grimas de desconsuelo. ! Y ha caido una corona de la cabeza
de un rey ! ! y se ha roto la espada en la diestra de un guerre
ro ! ! y ya no existe el sumo pontífice ! Bien podemos llorar
por él , que era nuestro todo y cuya pérdida es ahora irrepa
rable. No hay pais que no tenga su alegre compensacion por
cada privacion triste. El Norte sin corazon tiene su fuerza de
bronce; el enfermizo Mediodía tiene su dorado sol ; los fran
cecas olvidan el .hambre con sus chistes; la libertad ilumina
las nieblas de Albion. Nosotros teníamos á Juan Pablo , y ya
no le tenemos ; y con él hemos perdido lo que solo en él po
seíamos : la fuerza , la blandura , la fé , el alegre chiste y el
habla majestuosa. Tal es el astro que se ha puesto; tal la co
rona que ha caído; tal la espada rota, y tal el sumo pontífice
que oraba por nosotros en el templo de la naturaleza. Se mar
chó de este suelo , y nuestra devocion ha perdido su intér
prete. Nos afligimos por nosotros que le hemos perdido, y por
los demás que no le han perdido. No vivió él para todos ; pe
ro vendrá un tiempo en que habrá nacido para todos , y en
que todos llorarán su pérdida. Pero Richter descansa en el
portal del siglo vigésimo , y aguarda tranquilo y con sus dul
ces sonrisas que allá le sigan los rezagados...
« Van bajando los siglos en su ráudo vuelo , las estaciones
van. rodando una tras otra, la fortuna varía constantemente.
Nada hay permanente mas que el cambio, nada constante
sino la muerte. Cada latido del corazon nos descarga una he
rida , y la vida toda fuera un perpetuo desangrarse , si no
fuera la poesía. Esta nos dá lo que la naturaleza nos niega:
una edad dorada que no se enmohece, una primavera eterna,
una dicha sin celages, y unajuventud permanente. Es el poeta
el consuelo de la humanidad , cuando le confirió el cielo sus
poderes , cuando Dios le ha estampado su sello en la frente, y
no se desdora aquel mendigando el salario de su celestial
mensage.
« Tal fué Juan Pablo. No cantó en los palacios de los gran
des, no jugueteó -con su lira á la mesa de los ricos. Fué el poeta
de los humildes , el cantor de los pobres , y donde lloraban
afligidos , allá se oían los dulces acentos de su arpa. Por mas
que veneremos la altanera campana que de vez en cuando ha
ce retumbar sus majestuosos sonidos en ocasionesosoleinnes,
no por esto desestimaremos el reloj familiar , que acompana
cada latido de nuestro corazon , que repite cada cuarto de
hora de nuestros goces , y nos vá quitando un minuto tras
otro nuestros pesares.
« De todas las estaciones del ano , es la primavera la mas
mimada; el viandante admira las anchas carreteras, y los dos,
y los Alpes; y lo que admira la muchediimbre, esto mismo en
salza el poeta. No fué Juan Pablo adulador de la multitud, ni
siervo de la costumbre. Por entre senderos desusados y cu
biertos de maleza buscaba la aldea menospreciada; contaba
entre los hombres á los indisiduos , los tejados de las ciuda
des, y debajo de cada tejado un corazon. Para él florecían
todas las estaciones ; todas le producían frutos.
« Por la libertad del pensamiento batalló Juan Pablo con
otros; mas nadie peleó como él por la libertad del sentimien
to. !Somos los hombres unos seres raros é inesplicables ! Pro.
curamos encubrir nuestro amor con mas ahinco casi que
nuestro odio; y huimos de parecer carinosos como de mostrar
nuestras riquezas delante de ladrones. Aparentamos sosiego,
y estamos agitados ; parecemos estar despiertos, y nos me
cemos en dulces ensuenos; andamos con paso firme, y nues
tros corazones allá se abandonan á gratas memorias; y con
nuestros piés , cansados por la vejez , vagamos por los flori
dos pensiles de nuestra infancia, y nos alzamosen las alas de la
fantasía á las doradas nubes de la juventud que ya voló. ! Con
TOMO 1.
qué zozobra aplicas el oido en torno para qué ningun ojo te
coja de sorpresa , para que ningun ('ido perciba los callados
suspiros de tu pecho ! Entonces es cuando sé te acerca Juan
Pablo , y te dice en voz queda y con la sonrisa en los labios:
« Ya te conozco; ahí estás ocultando tu gozo, porque se te an toja harto aninado para merecer su eompasion.» Juan Pablo
te busca y te encuentra, y tus ocultos deseos tambien , y te
dice : « Ven , que vamos á jugar juntos.» Entra disimulada
mente en el cuarto donde estás llorando á solas , se te arroja
al cuello y te dice : « ! Oye , que vengo á llorar contigo !» Si
por ventura está dormitando en tu pecho la halagilena sensa
cion de tus anos infantiles, y está sonando, y luego despierta,
buen seguro que junto á la cuna estará Juan Pablo, y qui
zás fueron sus acentos los que tan dulcemente convidaron tu
corazon al sueno, y te presentaron aquellas visiones halague
fías. NO anda Juan Pablo buscando , como otros , las huellas
de los yermos ocultos en el corazon humano; nada de eso, lo
que él busca en el corazon son los pensiles ocultos ; él separa
Ja corteza del encallecido pecho, y pone patente el blando li
bar, y en las cenizas de un corazon marchito , encuentra la
última chispa ya casi muerta , y la orca hasta que se levanta
una llama de amor pura y halagüena. Por esto fué Juan Pablo
el bienhechor de los hombres ; en esto fué su ángel custodio.
« Era el amor para él una llama sagrada, y la justicia el
ara sobre la cual estaba ardiendo aquella , y puras eran las
ofrendas que le llevaba. Él fué un poeta moral ; jamás enga
lanó el feo pecado con las flores de sus palabras; jamás encu
brió una emocion deshonrosa con el oro de su oratoria. Y no
porque le faltasen los medios; mas no quiso; tambien hubie
ra podido ganar con la lisonja una sonrisa de los piadosos
censores de las faltas agenas ; mas no lo hizo, porque peleó
toda su vida por la libertad y la fé.
« La admiracion ensalza ; pero el amor enmudece. No ala
baremos á Juan Pablo; le lloraremos. Sus obras pueden con -
tarse , mas no estimarse. Nada heredó de los suyos. El cielo
le prodigó sus finezas ; la fortuna , en un arrebato de alegría,
vació en él el cuerno de abundancia, y le cargó de flores y
frutos ; la tierra le dió sus tesoros ocultos.
« Tal fué Juan Pablo. Preguntais dónde nació dónde vi
vió , dónde descansan sus cenizas ? Vino del cielo, habitó en
Ja tierra , nuestro corazon es su sepulcro. Quisiérais saber
algo de su ninez, de los suenos de su juventud , de los anos
de su edad viril? Ahí está el muchacho Gustavo , ahí el mo
zo Albano , ahí el valiente Schoppe ; preguntádselo á ellos,
que á buen seguro os lo dirán. Quereis saber cuáles eran sus
esperanzas ? En el valle de Campan las vereis. Ningun héroe,
ningtm poeta apuntó jamás una relacion tan fiel de su vida
como Juan Pablo. Su espíritu voló ; pero acá quedan sus
obras. Ha vuelto á su casa; pero en cualquiera cielo por don
de vagare, en cualquiera estrella donde more, no dará al ol
vido, en medio de sudicha, á su amada tierra, ni á sus que
ridos semejantes , que han jugado y llorado con él , y que ,
como él , han amado y padecido. »
Terminaremos estas noticias biográficas de Juan Pablo con
la tierna relacion que nos dá el poeta Guillermo Muller del
cuarto donde , por espacio de veinte anos, estuvo compo
niendo aquel sus obras inmortales. Pero antes de copiarla,
bueno será que sepa el lector que , despues que Juan Pablo
hubo fijado su residencia en Bayreuth , buscó , á media hora
de distancia de aquel pueblo , una casita, cuyo piso superior
alquiló para trabajar en él desahogadamente y á la vista de
sus queridas montanas de Fichtel. Llamábase Rollwenzel la
duena de aquella habitacion. Dice así Guillermo Mullen:
« Una frondosa alameda conduce á la ermita de Juan Pablo.
Pero á la mitad del camino , en el punto donde describe un
1::;
yi 114
ángulo agudo para dirigirse á la izquierda , hicimos alto de
lante de una pequena posada , de donde salió una viejecita
de buena traza , vestida entre senora y aldeana, la cual nos
saludó corno si fuéramos muy conocidos, y nos invitó á entrar
en su albergue. ? Y por dónde has adivinado tú, buena ancla
na,, que no entrarnos en tu posada en demanda de vino ni
cerveza ? no nos preguntas qué es lo que desearnos comer ;
sino que nos conduces con sigilo escalera arriba , abres una
puertecita , y nos dices con lágrimas en los ojos y con noble
orgullo en los labios : ! Ese es el cuarto! aquí ha estado escri
biendo Juan Pablo casi todos los diaS por espacio de veinte
anos ; aquí, en esta mesa, ha trabajado con un ahinco, !ay de
mí ! que le ha muerto. ! Cuántas veces le he dicho: ! Mire V.
que Y. se mata! !No trabaje V. tanto ; que no es posible que
V. lo resista !— Muchas veces, cuando ya á las dos tenia dis
puesta la comida , y sabia, y dando un golpecito á la puerta,
le decia « La comida está ya pronta para cuando V. guste;»
estaba él sentado á la mesa, con los ojos encendidos y que
le salian de la cabeza , y me estaba mirando un buen rato
antes de volver en su acuerdo. Mas por fin prorumpia : «Una
hórita mas , querida Rollwenzel. » Y pasaba otra hora ; vol
vía yo á llamarle ; pero el espíritu le tenia aun aprisionado;
y cuando finalmente se levantaba y bajaba la escalera, iba
vacilando como si se fuese á caer ; y yo , que lo notaba, iba
delante de él , sin que él lo advirtiese, para que no se hiciese
dano. ! Ah Dios mio ! ? Y querrá V. creer que los hombres
malos, que no le conocian , suponían que aquel vacilar era
efecto del vino ? ! Pero así se apiade Dios de mi alma como
aquello no era cierto! No bebia en todo el dia mas allá de
una botellita de vino del Rosellon , y por la tarde , de vez
en cuando, un jarro de cerveza ; á esto se reducía su bebida,
esceptuando algun dia de fiesta , cuando agasajaba á algun
íntimo amigo suyo, aquí, en mi casa, pues puedo asegurarles
á Vds. que nadie le servia tan á su gusto como la anciana
Rollwenzel , y él me queda muchísimo. Verdad es que yo le
cuidaba con carino ; pues yo le miraba como á un Dios sobre
la tierra; y aun cuando hubiese sido mi rey y mi padre y mi
esposo é hijo todo junto , no hubiera podido amarle y vene
rarle mas. ! Ah ! ! qué hombre eraaquel ! Aunque es verdad
que yo no he leido sus escritos , porque él no quiso , era yo
tan dichosa, cuando oia decir que los leian y celebraban las
gentes en todas partes , como si yo misma hubiese cooperado
á componerlos. Y daba gusto oir á los forasteros que venían
á verle ; pues entonces aprendia uno á conocer cuánto valia
el senor Richter. Lo que es en Bayreuth , no sabían apre
ciarle ; pero en Berlin , celebraron el dia de su cumpleanos
en un salon magnífico , todos gente sabia y principal, y tam
bien se brindó allí á mi salud ; pues así me lo leyó el senor
Richter de una carta de Berlin. Tambien me habia prometi
do que yo haría mi papel en el final de su nuevo libro. ! Ah,
Dios mío! si él viviera todavía , no le dina una palabra de la
honra que Me destinaba...
« La anciana interrumpió nuestros tristes pensamientos ,
cuando estábamos contemplando los lejanos montes, y nos
llamó otra vez al cuartito, diciendo: ! Ay Dios miol !cuando
recuerdo cuánto ha escrito aquí el Sr. Richter, aquí en esta
mesa ! Para otros cincuenta anos hubiera tenido que escribir,
segun me decia , cuando yo le instaba que no se matase con
tanto trabajar , y que no dejase enfriar la comida. Un hom
bre como él no volverá á nacer de mugen. No era de este mun
do. Así me ha ocurrido mas de una vez, y acuérdome que un
din le dije : « Senor Richter , reíase V. cuanto quiera de la
anciana Rollwenzel ; pero lo cierto es que V. se me antoja
corno un cometa, todo luz, que no se sabe de dónde viene ni
á dónde vá. ! Dios le tenga en su gloria! ! Era aquí tan di
choso ! Bastaba una flor para ponerle contento, y tambien un
pajarito ; todos los dias, al llegar , encontraba sobre la mesa
una porcion de frescas flores que yo le tenia dispuestas , y
cuando se iba, le metía un lindo ramillete en el ojal de la le
vita. Un din, ya hace de esto mas de un ano , se quedó en su
casa, y no volvió. Yo fui á verle en el pueblo unos quince dias
antes de su muerte , me senté al lado de su cama, y pregunto
cómo me iba. « Me vá muy mal , senor Richter , le contesté,
porque no tengo el gusto de verle á V. en mi casa. » Harto
me decia el corazon que no volvería, y cuando me dijeren
que sus canarios babian muerto , pensé entre mi : Ay que
se nos vá á morir tambien ! Su pobre galgo se murió tras él.
« I Ahora , Dios mio , tú le tienes contigo ! Le hicieron un
entierro corno si fuera un marqués, con coches y blandones ,
y una comitiva tan grande , que no cabia contarla. Yo ma
drugué aquel día, y llegué al cementerio antes que los de
más; y cuando me hallé sola delante de la huesa, á donde de
bian bajarle , pensé entre mí : « ?Y ahí has de bajar „luan
Pablo? — No, me dije ; no será Juan Pablo quien baje á esa
hoya. » Y cuando tuve delante el ataud‹, pensé otra vez: « ?Y
tú estás ahí dentro , Juan Pablo? — No , me dije , no eres tú
Juan Pablo. »
« Redoblados sollozos embargaban el habla á aquella bue
na anciana; y hondamente conmovidos , le apretamos la ma
no. ?Qué valen todos los panegíricos y loores al lado del quie
to holocausto de tu corazon ? ! Sea tu casita un monumento
de aquel varan estraordinario ! ! Siga ella subsistiendo inalte
rable , lo propio que el aposento, y corónela el arco iris con
sus siete colores como una bendicion del cielo ! »
Las obras de Richter son las siguientes :
Litigios groenlandeses.
Papeles escogidos del diablo.
La Logia invisible.
Hespero.
Vida de Quinto Fixlein.
Flores, frutos y espinas.
El Valle de Campan.
El Párroco en jubileo.
Suenos y verdades.
Recreaciones biográficas.
Palingenesia.
Cartas y carrera de la vida que tenemos delante.
Titan.
Elegía reservada de los hombres de estos tiempos.
Escritos cortos.
Anos de locuras:
Introducción á la estética.
Librito de la libertad.
Levan,a, ó educacion de los ninos.
Sermon para la paz de Alemania.
Viage del cura Schmelzle á Fketz.
Viage de Katzenberge á los banos.
El alborear de la Alemania.
Florecillas de otono.
Vida de Fibel.
Cambio de trono de Marte y Febo.
Museo.
Sermones políticos de cuaresma.
Sinónimos alemanes.
Nicolás Margrave.
Pequena censura de libros.
Repaso de la estética.
Selina.
Ecos políticos.
Las obras de Richter son , no solo para leidas , sino para
estudiadas tambien , y con mucha paciencia y detenimiento.
Juzgado este poeta por la generalidad de los lectores , y aun
por ciertos literatos , se le condenará desde luego como mís
tico , como sofiador aleman , como novador temerario y osa
do , y como tal se le sentenciará al limbo destinado para todas
las vaciedades. Con todo , constantemente estamos pidiendo
originalidad , y con no menos frecuencia nos indisponemos
con ella , cual si, segun dice el mismo escritor de quien es
tamos hablando, no pudiese contentarnos mas que una origi
nalidad, la propia. Y en efecto , todo lo estrailo nos destempla
ordinariamente sin culpa suya á primera vista , y desgracia
damente no hay nada muy llano que no sea muy comí]. La
moneda del reino pasa por todas las roanos , y ya en oro,
plata ó cobre , todo el mundo está dispuesto á recibirla, por
que es de valor conocido ; mas no sucede así con rieles nue
vos y medallas de bronce corintio.
Pocos son los escritores con quienes , como con Richter,
sea tan forzoso guardarse de las primeras impresiones. Es un
fenómeno ya desde el primer renglon ; presentase con una sin
gularidad muy determinada ; hasta su lenguaje es para los
críticos una piedra de escándalo , y para los críticos de la ra
lea gramatical es una pena insuperable. Y no porque ignore
la gramática ni el arte de deletrear y analizar, sino porque se
toma muchísimas libertades, menudea los paréntesis y cláu
sulas subsidiarias , inventa miles de palabras nuevas , cosa
que solo puede tolerar la lengua alemana , por ser esencial
mente radical , altera las admitidas, y por medio de rayitas y
apóstrofos las junta y empareja del modo mas estrafalario,
produciendo sentencias heterogéneas, pesadas é interminables.
Agreguense á lo dicho figuras sin tasa , un tejido de metáfo
ras y de símiles y alusiones á todas las regiones de la tierra,
al mar , al aire , enlazado todo con ímpetus epigramáticos,
arranques vehementes ó sardónicos, interjecciones, chanzas
y retruécanos. Dirian una maleza intransitable ; nada asoma
por todos lados , como no sea lobreguez , disonancia, coda
sion, un caos inapeable. Y el estilo del todo corresponde al de
las partes. Toda obra suya, ora sea una ficcion ó un tratado
serio , se presenta envuelta en algun fantástico embozo , que
suele ser una esplicacion desatinada de su publieacion, rela
cionada con el autor , quien , antes de dar fin á la obra, hace
generalmente su papel en el drama. No hay, historia suya que
no adolezca de las digresiones mas raras é inesperadas; ofré
cese de cuando en cuando una hoja suelta con su súplica satí
rica, su programa , ó alguna estraha interealacion, sin que
el lector pueda darse razon de todo aquel fárrago. En fin , las
obras de Richter son una maleza, un laberinto; y sucede con
frecuencia que el lector , que jadeando se afana por seguirle,
aburrido de no comprenderle , tira el libro, y no vuelve á
cogerlo en su vida.
Todo esto es verdad de Richter : fuerza es confesarlo; pero
tambien son verdades muchas mas cosas que atesora. Antes
de censurar á un hombre por parecer lo que no es , debe
mos estar bien seguros de saber lo que es. Quizás consista la
clave del arcano en que Richter requiere mayor estudio del
que quieren dar á lo que leen los mas de los lectores ; pues
conforme nos vamos intimando con él, se nos presenta mas
despejado. Juan Pablo es un autor consecuente como el que
mas en su esfera ; cuanto mas le penetramos , mas se va or
denando y embelleciendo lo que al principio nos pareció una
confusion , hasta que por último, visto desde su propio cen
tro , su universo intelectual deja de parecernos una serie
de paisajes aéreos , incoherentes y desencajados , y nos
presenta una escena grande , magnífica y variada , llena
piertamente de productos maravillosos ; irregular, si se
115
quiere ; pero rica , lujosa , grande , brillante y soleada..
Elásole dado á Richter el nombre de Coloso intelectual ;
con efecto, como tal debe considerársele bajo todos aspectos.
Sus facultades son todas agigantadas , y por lo mismo son sus
movimientos torpes y pesados ; grandes y espléndidas antes
que armoniosas y bellas ; y con todo , vienen á formar un
conjunto rebosante de vida , y dotado de una fuerza estraor
dinaria. Tiene una inteligencia vehemente., escabrosa , irre
sistible ; hace trizas de los problemas mas arduos, los reduce
á polvo ; penetra en las mas recónditas combinaciones de las
cosas , y afianza las mas remotas; su imaginacion es vaga,
sombría , brillante y aterradora, anda errante por lo infinito,
y hace comparecer delante de nosotros , en su luz crepuscu -
lar , formas brillantes , imponentes ó pavorosas ; no hay en
el mundo literario un ejemplar de tan rica fantasía ; derrama
sus tesoros con una prodigalidad que no conoce límites , col
gando , como el sol, un diamante de cada hoja, y sembrando
la tierra anchamente de perlas orientales. Pero mas hondo
que todas estas prendas está el humor , que es la descollante
en Juan Pablo , el fuego central que anima y vivifica todo su
sér. El chiste es el elemento en que su naturaleza vive y ac
túa ; pero tan gigante en sus chistes como en su seriedad,
traspasa todos los límites , y allá se desmanda sin ley ni me
dida. Amontona el Pelion sobre el Osa , y parte y arroja el
universo como un juguete ; la Luna , á fuer de satélite rebel
de , se mofa de la Tierra ; Marte predica á los demás planetas
una doctrina harto singular : hasta el tiempo y el espacio an
dan á competencia en sus fantásticos juegos ; levantase una
mojiganga ; la naturaleza entera .esta bufoneando del modo
mas estraVagante.
Con todo, aquella anarquía tiene su intento ; aquellas ca
rátulas no son mascarillas vanas , sino que encubren rostros
vivos, y aquella momería tiene su significado. Richter es
chistoso y placentero, mas nunca socarron ; aun mas, á pesar
de su estravagancia , cabe decir que, su humor es , entre to
das sus prendas , la mas pura y genuina ; es tan halagiieho,
tan antojadizo , tan primoroso , tan ingenuo ; y vemos surgir
de su ciclópea fragua unas figuras tan perfectas y animadas,
que ha de escitar, mientras subsista nuestro linage , la risa
el .amor de los hombres. Aunque caprichoso al parecer , no
obra sin premeditacion ; y á la manera de Rube,ns , puede,
con un solo rasgo , trocar un semblante risuelio en otro tris
te ; pero hasta en su sonrisa yace encubierto un dolor tan
esquisito y tan profundo, que no arranca lágrimas. Es Richter
un' hombre sensible en el mas noble sentido de esta palabra,
pues ama á todos los vivientes con el corazon de hermano;
allá sé esplaya su alma en dolor ó alegría, en bondad ó gran -
deza , por la creacion entera. Todo afecto gentil ó generoso,
todo .estremecimiento de compasion , todo noble destello del
alma, despiertan un eco en su pecho, y armonizan con su
espíritu en términos , que le arrancan acentos capaces de cau
tivar á los ángeles. Ni aun la aversion viene á ser odio en él;
menosprecia mucho , pero con justicia y con tolerancia tam
bien , con placidez, y hasta con cierto amor. El amor es la
atmósfera que respira, el medio por donde mira, lo que vi
vifica y embellece cuanto abraza. La naturaleza inanimada no
es ya un yerto conjunto de matices y fragancias , sino una
Presencia misteriosa, con la cual está platicando en inefable
simpatía. La noche infinita, con sus solemnes aspectos, el día
y el suave tránsito del alborear y del anochecer rebosan para
él de intento y significado ; él ama á la verde tierra con sus
arroyos y bosques, con sus floridos campos y su eterno
cielo ; la quiere con pasion en todas sus vicisitudes de luz
y de. sombra ; su espíritu se sacia de su grandeza y de sus
hechizos ; se espacia , como la brisa por la ,selva y el llano,
por la canada y el valle , hurtando y despidiendo fragancias.
No pocas veces ha causado estraneza que vayan de pareja
dos cosas , al parecer tan encontradas ; que los hombres fes
tivos sean á la par hombres sensibles. Mas lo estrano fuera
que estas dos prendas estuviesen separadas , que residiese el
humor genial y puro en un ánimo tosco y encallecido. La
esencia del humor es la sensibilidad , la tierna simpatía con
todas las formas de la existencia. La última perfeecion de nues•
tras facultades , dice Schiller , con una verdad mas profunda
de lo que á primera vista aparece , consiste en que su activi
dad venga á parar en festivo juego , sin perder por esto su
gravedad y tino. El verdadero humor es la sensibilidad en sia
sentido mas genuino y profundo ; pero es el juguetear de la
sensibilidad, cual el renir carinoso y regalado de una madre
con su tierno hijo.
La facultad de la ironía, la caricatura, que usurpa á veces
el nombre de humor, pero que principalmente consiste en
cierta eontorsion superficial ó trastorno de los objetos, y aca
ba cuando mas en una risotada , DO tiene nada que ver con
el humor de Richter. La ironía no es mas que una menguada
fraccion del humor, 6, por Mejor decir, es el cuerpo sin
alma. El verdadero humor no nace mas de la cabeza que del
corazon ; no es menosprecio, su esencia es el amor; no se
manifiesta. en carcajadas , sino en tranquilas sonrisas , que
encarnan mucho mas. Es como una sublimidad inversa, que
enaltece lo que nos es inferior y nos encarina con ello, al
paso que la sublimidad baja á nuestro afecto lo que nos está
muy encima. La primera no es menos rara y preciosa que la
segunda, conquista mucho mas los corazones, y es la piedra
de toque mas certera de un génio descollante. Dirian que es
la flor y la fragancia, el efluvio mas puro de una naturaleza
profunda, fina y amante ; de una naturaleza en armonía
consigo propia, tolerante con el mundo, á pesar de sus con
tradicciones, y que hasta halla en estos lunares nuevos ele
mentos de belleza y bondad. Entre los escritores ingleses, no
ocupa Shakspeare , en ésta parte, el primer lugar, pues su
humor ; aunque exuberante y muy sentido, no es de la espe
cie mas tierna 6 delicada ; Swift propende á la mera ironía;
y su humor, lo propio que el de Ben Jonson, aunque atesora
cierto afecto, lo tiene cubierto debajo de una corteza cáustica
y amarga. Sterne , á pesar de sus lunares, es lo mejor que en
este género pueden citar los ingleses, pues Yorik el cabo,
Trim y mi tio Tobias no tienen parangon , como no seaDon
Quijote, el cual es muy superior á todos.ellos. Cervantes es,
entre todos los grandes escritores de éste género, el mas pu
ro ; su.humor es tan gentil como genial, tan robusto como
etéreo, y está en cabal consonancia consigo y con su noble
naturaleza. Dicen que abunda el humor entre los italianos;
confesamos no obstante que no acertamos á ver en sus elási
cos nada que se le parezca, corno no sea quizás de vez en
cuando en Ariosto y en Manzoni. Lo que es en Francia, pue
de decirse que murió el humor con Montaigne ; Voltaire, que
con tanto ahinco blandió el arma de lo ridículo, jamás se en
cumbró al humor ; y hasta en Moliere, son sus chistes hijos
mas bien de las circunstancias que de su carácter.
Qué Richter puja en humor á todos los escritores alemanes
es mucho decir, aunque no por esto es menos cierto. Ni Wie
land , ni Gcethe , ni Ramler, ni Gellert , ni el mismo Tieck,
pueden parangonarse en esta parte con Juan Pablo. No sin
razon le han apellidado sus panegiristas Der Einzige ( El
Unico ) ; y ora sea para alabarle 6 censurarle, fuerza les será
á sus críticos adoptar este epíteto, puesto que en balde fuera
buscar con quien compararle en todo el círculo literario.
« Acontece con el estilo, dice Lessing, lo que con la nariz;
cada cual tiene la propia y el propio. Verdad es que hay nari
ces descomunales ; pero nadie tiene el derecho de amputadas,.
como no sean postizas. » Que el estilo de Richter es singular;
no hay que negarlo ; pero la cuestion es esta : hasta qué
punto representa su modo de escribir su real modo de pensar
y de existir? Pues la gran ley de la cultura es que cada cual.
venga á ser todo lo que fué criado capaz de ser , que se di
late cuanto pueda hasta adquirir sus cabales medros , que re
sista á todo obstáculo , y que arroje de sí toda .adhesion eš
traba y danina, y se muestre finalmente en su propia forma
y estatura , sean estas cuales fueren. No hay uniforme de es- -
celencia , ni en la naturaleza física ni en la espiritual.; todo
lo genuino es lo que debe ser ; el ciervo.es hermoso , y no lo
es menos el elefante. Lo propio sucede en literatura. Además,
el génio , que tiene tambien .sus fueros , elige una órbita á su
gusto., y por muy escéntrieá que sea., no deja de ser una ór-.
bita celeste ; y nosotros , que no hacernos mas que mirar los
astros , debemos conformarnos con ella, dejar á un lado toda
cavilacion , observarla y calcular sus leyes. Y no queremos
decir con esto que sea Richter un nuevo planeta en los cie
los intelectuales ; quizás fuera mas exacto decir que es un
corneta que , 6 pesar de suslarguísimas aberraciones y del
nebuloso manto que le encubre, ocupa su lugar en el em
píreo.
No es nuestro .propósito hablar de la filosofía de Richter, ni
indicar en qué concuerda ó desafina con la filosofía alemana.
Diremos tan solo que no es ni mecánica ni escéptica ;. no es
hija del foro ni del laboratorio , sino de las honduras del es
píritu humano, y dá por fruto un noble sistema de moralidad
y una firme conviccion de la religion. Y es esto tan positivo,
que, aunque no fuera mas que bajo este aspecto, le conside
ramos muy digno de estudio. Richter es religioso en el sentí-,
do mas puro de esta palabra. La reverencia y el acatamiento
para con el Espíritu omnipotente y de bondad infinita for
man, sin mezcla de temor interesado, la corona mas bella y
radiante de šu cultura. Se echa de ver cómo la divina influen
cia ha reprimido y acrisolado los fogosos elementos de su
naturaleza, los cuales, castigados por un principio de com
pasion y humildad, han dado cabida á la paz y á la benevo
lencia. Acompánale por todas partes una fé intensa y constante
en la inmortalidad del hombre y en su nativa grandeza :.de
en medio de las vórtices de la vida, levanta los ojos á un.as
tro celestial que le sirva de guia , y en lo invisible y eterno
halla la solucion de lo visible y volandero. « Cuando allá en
tu hora postrera, » dice en su Levana , página 251, « cuan
do en tu hora postrera (medítalo bien ), se postren todas las
facultades de tu espíritu abatido, y mueran de inanicion la
imaginacion , el pensamiento, el ahinco , el goce, entonces
seguirá floreciendo sola la nocturna flor de la creencia, la
que refrescará con su fragancia la lobreguez de la muerte.»
Tales son, aunque escritos de priesa y á larga distancia, al
gunos de los principales rasgos de Juan Pablo Federico Richter
y de sus obras. La Alemania le quiere -entranablemente. El
tiempo, que tanto achica y contrae famas anchamente esto
didas , no podrá probablemente nada con Richter, porque
encierra este escritor lo que no muere : la belleza y serenidad
de alma, el espíritu de humanidad , amor y blanda sabiduría,
contra lo cual se estrellan las vicisitud-es de la moda. Suya es
la escelencia de la naturaleza íntima, única que confiere la
inmortalidad á los escritos. Llegará, á no dudarlo, un tiempo
en que, en medio del desierto moral de la literatura vulgar,
con sus arenales, con sus arbustos resecados, amargos y ve
nenosos. á veces, se levantarán los partos de este hombre en
su irregular lozanía, á la manera de un grupo de flexibles
palmas, con su verde alfombra y pozo de agua cristalina,
117
para agasajar al peregrino en la abrasada soledad, con re
galada fruta y carinosa sombra.
Permítasenos ahora decir una palabra de la traduecion de
los fragmentos de Richter que iremos dando en la Abeja;
fragmentos, decimos, porque no creemos que sus obras com
pletas mereciesen en estos tiempos mediana aceptacion, segun
ya se habrá podido colegir de lo que llevamos dicho.
Grandísima dificultad presentan además las obras de este
escritor para quien trate de traducirlas á otra lengua, pues
llevan un sello tan indeleble de nacionalidad, que es poco me
nos que imposible ponerlas en ninguna otra lengua europea.
Con decir que ni aun los Alemanes pueden comprender las
obras de Richter sin estudiarlas muy detenidamente , y que
hasta se ha publicado ex-profeso un diccionario para facilitar
la inteligencia de las mismas al público aleman, se harán car
go nuestros lectores de cuán ardua sea esta empresa.
Creemos no obstante que bastarán los estrictos, que pensa
mos publicar , para dar al lector una idea , en cuanto cabe ,
aproximada de este escritor estraordinario. En medio de la
desconfianza con que los ofrecehios al Público, nos alienta el
deseo de que empiece á conocerse en nuestro pais , comuni
cando de este modo á los demás el placer y.la instruccion que
á nosotros mismos nos han proporcionado la lectura y el es
tudio.de Juan Pablo.
Como son dos los sistemas que suelen seguirse en la tra
duccion, no parecerá por demás que hablemos del que hemos
adoptado para la Abeja, y mas aun para los estractos de
Richter. Así en Espana como en Francia é Inglaterra, se reco
mienda generalmente el sistema de la traduccion libre, al pa
so que en Alemania , el sistema literal es el mas universal
mente adoptado. Sin que sea nuestro ánimo discutir el mérito
comparativo de estos dos sistemas, fuerza es confesar que nin.
gun pais posee, como la Alemania, versiones tan cabales de
los autores célebres , así de la antigüedad como de los tiem
pos modernos; y la escelencia de sus traducciones de Hornero,
Esquilo , Sófocles , Eurípides, Píndaro , Platon Virgilio ,
del Dante , de Shakspeare , Cervantes, etc. , etc., prueba
satisfactoriamente que sus eminentes traductores han
adoptado el único sistema que podia alcanzar el éxito mas
completo. Y esto es 'tan cierto , que el célebre Goethe , cu
yo voto en toda materia literaria es de muchísimo peso, dijo
que llegaria un tiempo en que todos los Europeos aficiona
dos á las letres aprenderian la lengua alemana, solo pa
ra poder leer las escelentes versiones de los buenos esc.ri
tores antiguos y modernos que está poseyendo la Alemania.
Confesamos pues que , en cuanto lo lia consentido la índo
le de nuestra lengua materna, hemos seguido fielmente el sis
tema aleman; que hemos procurado ser unos meros intérpre
tes de las ideas de Juan Pablo, y que no nos hemos permitido
aditamento ni cercen ; en una palabra , hemos procurado
dar en nuestra lengua una copia tan exacta como nos ha sido
posible del original aleman , tal como lo hemos leido y en
tendido.
Ahora pues, de lo dicho se infiere que, siendo el estilo de
Juan Pablo , segun ya se ha visto, raro y esclusivamente su
yo, y habiendo empleado imágenes, y aun palabras , que no
usó autor alguno antes ni despues de él , si nuestra version
ha de ser fiel y reflejar una cabal semejanza del texto aleman,
habrá de ofrecer algo estrano y desusado. Con un autor como
Juan Pablo no cabia seguir el sistema de la traduccion libre;
pues si bien podian darse sus ideas, hubiérase perdido su esti
lo con sus estranezas, por donde hubiera recibido el lector es
panol una impresion harto imperfecta de sumodo de escribir.
Quizás se nos eche en cara el habernos adherido con demasia
do rigor al estilo aleman ; pero confiamos que si es esto un
error se mirará con indulgencia , puesto que presenta por
otro lado un trasunto mas fiel del original.
En una cosa sobre todo se han estrellado todos nuestros es
fuerzos en la traduccion ; y es en los redoblados compuestos
de dos y mas nombres sustantivos é infinitivos, con cuyo me
dio , usado por Richter con profusion estremada , se espresa
en el texto en brevísimas palabras una idea complexa, que en
castellano requiere una frase pesada y perezosa. Esta es otra
de las ventajas que tienen las lenguas germánicas sobre las
neo-latinas; y la nulidad de estas, en esta parte y en otras que
omitimos, no está en nuestra mano el remediarla. De este es
collo hemos procurado salir lo menos mal posible.
Solo nos resta anadir qae la traduccion de los fragmentos
de Richter, que iremos insertando en la Abeja, ha sido para
nosotros una obra de amor, y que, como tal, 110 hemos per
donado tiempo ni fatiga para acercarnos, en cuanto nos ha
sido dable, al intento del autor. No sabemos. hasta qué punto
lo habremos conseguido; pero si su lectura contribuye á mi
tigar los quebrantos del corazon y el tedio del alma de algu
no de nuestros lectores, tendremos por bien premiado nuestro
aran , al pa'so que nos cabrá tambien el consuelo de haber
contribuido con nuestro óbolo á propagar sentimientos bajo
todos conceptos morales • nobles y levantados.
Antonio Bergnes de las Casas.
El teatro considerado como una institucion moral.
por Zchilter.
El teatro debe indudablemente su origen á aquel ímpetu
irresistible que nos arrastra hacia lo nuevo y lo estraordi
nario, al deseo vehemente de sentir agitadas nuestras pasio
nes. Agotado por los supremos esfuerzos del espíritu ,4atiga
do por las ocupaciones monótonas, deprimentes á veces, de
su profesion , harto de sensualidad , debió sentir el hom
bre en su interior un vacío que mal se avenia con su
incesante anhelo de accion. Nuestra naturaleza , igualmente
incapaz ya de seguir sumida en un estado puramente animal,
como de ocuparse sin tregua en las elevadas tareas del en -
tendimiento , exigia un estado intermedio que armoniza
se tan contrapuestos estremos, relajando una tirantez es
eesiva, y facilitando así la transicion alternada de un estado
á otro. Esta utilidad la proporciona principalmente el senti
do estético, ó sea el sentimiento para lo bello. Pero como el
fin principal que debe proponerse el legislador es escoger, en
tre dos influencias , la mas elevada , así tampoco debe con
tentarse con haber refrenado las inclinaciones aviesas de su
pueblo, antes bien las utilizará , en cuanto sea posible , co
mo instrumentos de mas altos planes, y se esforzará en con
• vertidas en fuentes de felicidad. Así es como vino á elegir,
con preferencia á todas las demás, el teatro, que abre un
campo infinito donde pueda espaciarse el espíritu sediento
de actividad, donde, sin ocasionar una tension desmedida
m 118 w
de ninguna de las fuerzas del alma , encuentre cada cual su
pasto , hermanando de esta suerte el mas noble solaz con la
cultura del corazon y del espíritu..
El que por primera vez emitió el juicio de que la mas ro
busta columna del estado era la religion , porque , sin ella ,
pierden las mismas leyes sus fuerza , defendió , sin intentar
lo, ó sin advertirlo acaso , el teatro en su acepcion mas no
ble ; pues cabalmente aquella insuficiencia , aquel carácter
vacilante de las leyes políticas , que hacen la religion indis
pensable al estado , determinan tambien la fuerza moral de
la escena. u Las leyes , quiso decir , no giran sino sobre
deberes puramente negativos ; la religion , por el contra
rio , estiende sus exigencias y su esfera de accion sobre el
verdadero obrar ; las leyes son una rémora á las acciones di
solventes del complejo social; la religion impone , prescribe,
ordena las que mas estrechan sus lazos. Aquellas dominan
únicamente sobre las manifestaciones esteriores de la volun
tad ; los hechos tan solo les están sujetos: esta dilata su ju
risdiccion hasta los arcanos mas recónditos del corazon , y
persigue los pensamientos hasta sus mas escondidos gérmenes.
Las leyes son resbaladizas y flexibles, veleidosas como el hu
mor y la pasion , la religion liga, fija , y estrecha eterna
mente.» Esto quiso decir el que llamó á !a religion la mas ro
busta columna del estado, pero , aunque le atribuyamos este
gran poder sobre el cerazon de lodos los hombres, ? podrá 1.a
religion por sí sola completar toda la cultura del espíritu ?
Grande es, por desgracia, el número de los hombres, sobre
los cuales obra mas sensual que espilitualmente. Despojad á
la religion de sus ritos, de sus imágenes, de sus promesas de
goces eternos, de sus amenazas de castigo. infinito, y perde
ría para el hombre rudo, para el espíritu limitado , que no
acierta á encumbrarse á la contemplacion pura y sublime de
la Divinidad, la mayor parte de su poder infalible. Por esto,
todos los fundadores de religiones, todos los grandes teólo
gos han establecido, han convenido en la necesidad indis
pensable del culto esterno , de los ritos, de las ceremonias,
de pinturas y de imágenes sensibles, que contribuyesen á in
culcar y grabar en los mas incultos entendimientos las subli
mes verdades de la moral, y á hacer ostensible á todos su ac
cion benéfica y civilizadora. Ahora bien, ! qué refuerzo no
adquieren la moral y las leyes, si se aunan con el teatro,
donde palpita y vive lo presente, donde el vicio y la virtud ,
la dicha y el infertunio, la locura y la sabiduría pasan en mil
pinturas verdaderas y accesibles á los ojos del espectador,
donde la Providencia muestra patentes sus arcanos, donde
,el corazon humano , bajo la tortura de la pasion , revela
sus vibraciones mas sutiles , donde toda máscara cae, todo
afeite se desvanece, y la verdad, incorruptible como liada
manto, administra su justicia!
La jurisdiccion de la escena empieza allí donde termina la
de las leyes civiles. Cuando la justicia, cohechada por el oro
y á sueldo de los vicios, se revuelca en disolucion desen
frenada, cuando los desmanes de los poderosos se rien de su
impotencia, y maniatada por el miedo, tiembla la autoridad
ante los hombres, entonces se apodera el teatro de la balanza
y de la espada, y arrastrá á los vicios ante su terrible tribunal.
El reino inmenso de la historia, el pasado y el porvenir, obe
decen á sus menores mandatos. Del polvo en que yacen lar
go tiempo deshechos, levántanse osados criminales al om
nipotente conjuro de la poesía, y comparecen á repetir en
nuestra presencia una vida de ignominia para leccion tre
menda de la posteridad. Inermes, pasan á nuestros ojos los
horrores de su siglo, al modo que las figuras de una fantas
magoría, y penetrados de terror voluptuoso, execramos su
memoria. Cuando DO se ensenase ya moral alguna, cuando bu
biese desaparecido todayeligion Y toda creencia, y no quedase
ea Pié ninguna ley , nos horrorizaríamos siempre á la vista
de Medea bajando vacilante por la escalinata del palacio, salpi
cada con la sangre de sus hijos, por su mano degollados; un
terror saludable sobrecogerá á la humanidad , y cada cual apreciará para consigo su conciencia tranquila, al aparecerse
Lady Macbeth somnánbula, desencajado el rostro , lavándose
las manos, y requiriendo todos los perfumes de la Arabia
para pnriíicarlas del asqueroso hedor del asesinato. Guante
es cierto que la representacion visible obra mas poderosa
mente que la letra muerta, tan cierto es tambien que el teatro
ejerce una accion mas profunda y duradera que las leyes.
Pero hasta aquí no se nos hapresentado el teatro mas que
como un firme apoyo de la justicia.—Un campo mas vasto se
abre á su poder. Miles de vicios , que las leyes sufren impunes,
llevan sil merecido castigo, miles de virtudes, sobre las cua
les enmudecen aquellas, son enaltecidas en el teatro. Aquí
lleva de la mano á un lado el saber, y al otro lado la religion.
De estos dos purísimos manantiales saca sus lecciones y sus
dechados, y nos muestra el deber austero, adornado con una
vestidura galana y seductora. ! Cómo colma de halagüenas
sensaciones, de propósitos saludables y de pasion nuestra al
ma! !qué divinos ideales presenta á nuestros conatos! Cuando
Cinna , el traidor, cree estar leyendo su sentencia de muerte
en los labios del magnánimo Augusto ; y este , grande como
sus dioses , alargándole la diestra, esclama « ! Seamos ami
gos , Clima! » ? quién, entre la muchedumbre, no estrecha
rla con placer la mano de su mortal enemigo para igualarse
con el generoso romano? Cuando Francisco de Sickingen ,
saliendo al campo á castigar á.un príncipe tirano, y á pelear
en defensa de agenos derechos, al mirar por acaso hácia
atrás , vé cual consumen las llamas su castillo , donde que
daron sin amparo suesposa y sus hijuelos, y fiel guardador
de su palabra, prosigue su camino, ! cuán grande no apa
rece entonces el hombre, y cuán mezquino y despreciable e
. temido incontrastable destino !
Tan odiosos, como amable la virtud, se reflejan los vicios
en su terrille espejo. Cuando el desvalido y aninado rey
Loar, entre las tinieblas y la tempestad, llama en vano á la
puerta de sus hijas; y cuando se mesa desesperado, esparcien
do al viento sus nevadas canas, y cuenta á los embravecidos
elementos cuán inhumana ha sido para él su Regana ;. y
cuando, en su fiero dolor , prorumpe en las tremebundas
palabras u !todo os lo di! » ! cuán execrable se nos muestra la
ingratitud ! ! cuán vivo no es nuestro propósito de venerar á
nuestros padres y•de amarlos con filial carino !
Pero la esfera de accion de la escena se estiende todavía
mas allá; pues donde las leyes se desdenan de acompanar laá
sensaciones del hombre, se afana ella celosa por nuestra ins
truccion. La dicha de la sociedad es tan turbada por la locu
ra como por los crímenes y los vicios. Una esperiencia tan
antigua como el mundo nos ensena que, en la trama de los
negocios humanos, los pesos mas graves penden á veces de
los hilos mas tenues y delicados, y que si nos remontamos á
la fuente de los hechos, debemos sonreirnos diez veces por
una gin nos horroricemos. Mi catálogo de malvados vá re
duciéndose á medida que voy entrando en anos, al paso que
mi registro de locos se vá haciendo mas y mas largo. Si en
el un sexo reconocen todas las l'altas morales un solo y
mismo origen , si todos los escesos monstruosos del vicio que
lo estigmatizan no son mas que formas variadas, grados su
periores de una cualidad que , en último resultado , amamos
todos de consuno, ?por qué no ha de haber seguido la natu
raleza, en el otro sexo, iguales caminos ? Solo un secreto
conozco yo para preservar á los bombres de la depravacion ;
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Abeja, La. No. 1 (1 enero 1862), p. 079-118 |
| Descripció | Informació addicional del títol: revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Títol addicional | Revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1862 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Librería de D. Juan Oliveres, [1862-1870], No. 1 (1 enero 1862)-No. 3 (1 enero 1964) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1056597~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Ateneu Barcelonès". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 8 bits |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | 03_No. 1 (1 enero 1862), p. 106-118 |
| Transcript | D§ 106 do luego de los rigurosos ayunos de su interminable invier no. Cuando ya hace algun tiempo que ha trascordado el sol su puesta cotidiana, entonces empieza á germinar y á florecer todo cuanto es capazde echar flores, por no malograr el tiem po escaso concedido á aquella vegetacion. Todos los animales se regocijan al despertar del largo sueno de invierno; pero la diversidad de seres es allí muy contada, y muy corto el tiem po de la decoracion , para que pueda compararse aquel car naval con el nuestro. Pero no solamente lo que vive sobre la tierra, sino tambien la misma tierra tiene su carnaval. Ya es sabido que Goethe no era afecto al plutonismo en geología. El craso neptunismo de Werner se avenía mas con su temple. Pero tampoco aquí, como en la teoría de los colo res, ha podido detener su autoridad la marcha de la ciencia. El plutonismo es un hecho demostrado y universalmente re conocido; hay mas, la ciencia moderna ha tenido que mode rarlo en varios sentidos. La tierra, en su desarrollo gradual, presenta diversos períodos que fueron determinados por cau sas plutónicas. Al delirio saturnal plutónico de corta duracion siguieron largos ayunos neptúnicos. Así vemos aquí tarnbien como un esceso de accion dirigida en un mismo sentido acar rea una reac,cion ; y como en el oleage incesante de leyes ac tuantes, vá desenvolviéndose y formándose la tiera para el rey de la creacion , el hombre. Tambien en su vida, que no pertenece menos á la natura leza que la de los demás seres , volvemos á tropezar con la misma ley. El hombre es por escelencia el héroe del carnaval. Su vida toda es una, alternativa incesante de corto carnaval y de dilatados ayunos; por esto es tan pobre de goces, y tan rico de privaciones. Viene al mundo con alborozo carnavalesco ; y á poco de disfrutar de plena libertad, le aprisionan en pa hales. Con lodo, acaba por acostumbrarse á ellos, y salta y trisca que dá gusto el verle. Este es el carnaval de su ninez, seguido luego de los ayunos de la adolescencia, puesto que ya es hora de cultivarle , de instruirle. Entonces se le echa una nueva camisa de fuerza ; y vienen los ayunos al pié de 'la letra, si se atreve fi oponer la menor resistencia. Finalmen te, se abalanza al dulce reclamo del tercer carnaval, el amor, el mas delicioso de todos. Pero tras una corta embriaguez, sigue el Matrimonio, que • no calificaremos de cuaresma; pero que allá se vá. Tal es la vida del hombre de la naturaleza. Pe ro hay tátnbien hombres de la virtud y de la religion, así co mo, los hay de ideas. Solo en el terreno de la vida puramente intelectual no hay carnaval ni cuaresma. Un solo sorbo del Pulo cáliz de la verdad dá un bienestar tan ageno de la accion como de la reaccion del carnaval. La porosidad de los cuerpos. por ebuarbo tiebtittz. ARTICULO PRIMERO. La maravilla mas grande de la naturaleza es la sencillez de las causas por cuyo medio produce tan infinita diversidad de fenómenos. La investigacion de esta unidad en la plu ralidad constituye uno de los goces mas puros y elevados del naturalista. !Y cómo puediera ser de otro modo, si solo por este medio le es dado orientarse en supropio interior y en to do el universo! Así que creo será para los lectores de esta re vista tambien un placer escudrinar conmigo los variadosefec tos de una simple causa. A este fin he escogido la porosidad de los cuerpos, y con tanta mas razon , porque hasta el pre sente no ha sido considerado este punto con toda la atencion que en alto grado merece. Poroso es todo cuerpo que, en medio de su masa, conserva todavía .espacios vacíos, que pueden ser ocupados por flúidos, ya gases, ya líquidos. La esponja ordinaria nos presenta • el ejemplo filas grosero de un cuerpo poroso, por la multitud de agujeros ( poros ) que lo penetran. Pero la porosidad vá mucho mas allá. Con escepcion de un número reducido de cuerpos, como, por ejemplo, el vidrio, todos los demás son porosos. El papel, por el cual filtra el agua; el vaso de made ra, al través del cual, con auxilio de la máquina pneumatica, se puede hacer pasar hasta el azogue ; la vejiga animal, que vá perdiendo por evaporacion el liquido que contiene : todos son porosos. • Es evidente que un mismo cuerpo puede tener diferentes densidades, segun que se separen 6 se aproximen mas sus moléculas unas á otras. Por esta razon el hierro colado. es mas ligero que el forjado, aunque sean entrambos, con muy Juan lont y Guitart, corta diferencia, un mismo cuerpo. Pedazos de igual dimen sion de cada uno de ellos habrán. de tener, por consiguiente, peso diferente, siendo mayor el peso del hierro forjado que el del colado. A estos pesos, referidos á una misma unidad (sea esta el peso del agua) , se les dá el nombre de pesos específi cos. Así pues, el hierro forjado tendrá mayor peso especifico que el hierro colado, como tambien mayor densidad, porque, á igualdad de volúmen, contendrá mayor cantidad de hierro. Resulta de lo dicho que los pesos específicos de los cuerpos deben estar en la misma relacion que sus densidades. De mo do que vemos ya por de pronto como la densidad y el poso específico dependen de la porosidad. Sin embargo , lo porosidad tiene , considerada en diversos sentidos, una importancia é influencia mucho mayores toda vía. Por la introduccion del aire en sus poros, se hace el cuer po mas ó menos mal conductor del calor, porque es sabido que los flúidos elásticos son los cuerpos mas mal conductores del calórico. A la clase de estos malos conductores (esto es, cuerpós que conservan el calor) pertenecen todos los tejidos fabricados con pelos, lana, algodon, lino y seda, las maderas, y en general, todas las partes de plantas, el carbol), la tierra, etc.; y está probado que, aun cuando muchas de estas mate- • rias no sean ya por su naturaleza muy buenos conductores del colórico , por la sola porosidad, pasan tí ser enteramente, malos conductores. Citaré un ejemplo de cuerpos conducto res, A los que la porosidad convierte en malos conductores: la toba caliza. Esta es un carbonato de cal poroso y ligero, que forma grandes depósitos en Turingia, proporcinando un tila 107 terial de construccion muy apreciado , singularmente porque las paredes de los aposentos construidas con esta piedra guar dan mucho tiempo el calor. Cuanto mas poroso es este mate rial, tanto mayor cantidad de aire contiene, el cual interrumpe la mediana conductibilidad para el calórico que presenta generalmente la piedra. Revocando luego con argamasa por defuera y por dentro la pared del material citado , se conse guirá aun mejor el objeto deseado, de que el aposento se man tenga lo mas caliente posible. Recordamos aquí la propiedad desagradable de muchas paredeS de nuestras habitaciones, de algunas partes de las mismas, de rezumar en invierno, esto es, de humedecerse siempre, y hasta el punto á veces de chor rear el agua á lo largo de las mismas. La causa de esto con siste en que las piedras sillares que atraviesan todo el grueso de la pared N'ati adquiriendo poco á poco la temperatura fria que reina fuera , y la conducen al interior del aposento ; Por donde el vapor acuoso, existente en la atmósfera mas ca liente de esta, se condensa y deposita sobre la pared en forma de rocío. Las paredes de tierra y guijarros de las pobres ca banas guardan mejor del fijo que las paredes de mamposte ría de nuestras casas, porque son mas porosas, y tienen en cerrado en sus poros mayor volumen de aire. La porosidad de los cuerpos puede ser con frecuencia muy perjudicial á su conservacion. Por la entrada del aire y de la humedad en los infinitos poros repartidos por toda su masa, quedan espuestos á la influencia directa de estos agentes ; y segun sea su constitucion química, son atacados con mayor menor rapidez, alterados, y á veces enteramente descompues tos. Por esto se averían y corrompen con facilidad las sustan cia animales y vegetales, cuando contienen aire y humedad Por el contrario, se conservan sin alterador) por mucho tiem po, si, despues de privados del aire y de la humedad por una desecacion prolongada , se prensa , 6 , lo que es lo mismo se hacen mas densos á favor de una fuerte presion, y se les pone por fin en vasos perfectamente cerrados. La porosidad ejerce una accion no menos poderosa sobre las duras rocas y las masas de penascos. En los poros de la roca se introduce el aire. Por el ácido carbónico y el amo níaco en él contenido, se alteran poco á poco la composicion y la constitucion química de las rocas. La humedad penetra asimismo en los poros. Disuelve materias , ó se solidifica en invierno, formando hielo, el cual, por ocupar mayor espacio, resquebraja y desgrega las mas duras masas. Así es como la accion destructora del aire y de la humedad, secundada por la porosidad, ha quebrantado penascos , convirtiéndolos en ,piedras y cantos, y produciendo , por su accion prolongada, una nueva capa de tierra vegetal. La absorcion ile aire , de principios morbíficos , miasmas y olores de toda especie , etc., determinada por la porosidad , dá origen á fenómenos muy singulares. Retenidas largo tiem po por los poros de toda suerte de tejidos, y llevadas á gran des distancias, pueden estas sustancias gaseosas ocasionar de repente enfermedades contagiosas. Este temor de contagio ha dado motivo á grandes disposiciones higiénicas mas ó menos severas, como son la institución de las cuarentenas y los cor dones sanitarios , etc. Del mismo modo se pegan á los vesti dos y á los cabellos el humo del tabaco y olores de toda espe cie. El olor repugnante que se desprende al aljofifar en in vierno aposentos muy habitados y siempre cerrados , el pes tilente hedor que despiden gentes desaseadas al entrar en una estancia limpia , especialmente si está caliente , son debidos á la misma causa. El agua con que se friega el piso, sobreto do si se emplea caliente, introduciéndose en los poros de la madera ó de los ladrillos, desaloja los gases fétidos ; y en los vestidos sucios, es el aire caliente de las habitaciones, mas pu ro , y específicamente mas ligero, el que produce este efecto. La presion del aire cambia, como es sabido, con el calor y la humedad; y entonces los gases que se encuentran en los poros se dilatan, se difunden por la atmósfera del aposento, y llegan por fin , con su espansion , á nuestro olfato. Ciertos cuerpos ocupan un lugar importante en la indus tria, solo en razon de su porosidad. Tal es el carbon Por su propiedad de destruir el olor, sabor y color de las ma terias vegetales, se ha hecho en los últimos tiempos un artí culo de comercio considerable. Sin su concurso, fuera del todo imposible obtener de las remolachas un azúcar blanco y de sa bor agradable. Solo al amparo de la constitucion porosa del carbon de huesos, pudo nacer y desarrollarse un ramo de in dustria tan grandioso como ha venido á ser con el tiempo la fabricador) de azúcar indígena en Europa. La industria ha sa bido utilizar tarnbien de una manera ingeniosa hasta la accion destructora que la porosidad ejerce , segun hemos visto , en los cuerpos. Por la introduccion de agua en los poros ó va sos capilareS, se distienden estos en sentido de su latitud , al paso que disminuyen en longitud, lo cual ocasiona efectos tan importantes como asombrosos. Recordaré, come una mues tra de este efecto, la manera tan sencilla como se hienden grandes troncos y piedras , por medio de cunas de madera seca, introducidas á fuerza de martillo, que se impregnan des pues repetidas veces con agua. Y quién no sabe, por la his toria, el modo como se levantó, bajo el papado de Sixto y, el grande obelisco enfrente de la basílica de S. Pedro en Roma ? ?Quién habrá que no se haya incomodado mas de una vez per haberse rajado alguno de sus muebles, ó por haberse ala beado alguna puerta 6 cajon á causa de la humedad. . En la porosidad se funda tambien el enfriamiento de las be bidas, que puede llegar basta la formacion de hielo, efectua do en las jarras llamadas alcarrazas, de mucho uso en Africa y en el Sur de Espana. El agua vá rezumando por los poros del vaso, que está formado de una arcilla muy ligera y poco coci da ; al llegar á la parte este,rior , favorecida por la corriente de aire, se evapora, tomando el calórico que para ello necesita ó hace latente, de las paredes del mismo vaso y del líquido en él contenido. Igual servicio prestan al hombre y á los anima les los poros de que abundantemente está provistas)) piel, corno que solo por la evaporacion cutánea se esplica que los profe sores ingleses Bancks y Solander pudiesen resistir, por espacio de 8 minutos, la temperatura de sucuarto, en que el termó metro marcaba 101 grados Reaumur, calor suficiente para co cer en pocos momentos huevos duros. Los poros por los que se exhalan ó evaporan los humores del cuerpo habilitan al hombre para vivir en todas las zonas ; puesto que, segun sea el calor esterno mayor ó menor, tanto mas rápida ó lenta mente se verifica la evaporaciou, con lo cual el calor interno del cuerpo se conserva siempre á unos 50°R. Creemos ocioso detenernos en probar la necesidad indispensable , y la im portancia de los poros para la vida animal , y que sin ellos , deberia ser la organizado') interna del cuerpo humano com pletamente distinta. Muchas y peligrosas enfermedades son debidas únicamente á la alteracion de la marcha regular de la exhalado') cutánea. Los cuerpos deben tambien á la porosidad la propiedad de absorver gases. Esta absorcion depende del número y magni tud de los poros, como tambien de la naturaleza química de los gases, esto es, de su grado de afinidad para determinados cuerpos. Mas notable es aun el que los gases, no solo pueden ser absorvidos, sino condensados al propio tiempo. De esta propiedad goza, por ejemplo, el platino, sumamente dividido, ó lo que se llama esponja de platino, que condensa mas de sesenta veces su volumen de aire atmosférico. Fácil es con!, .2§ 108 'prender que, comprimiéndose de este modo el aire, debe ad quirir propiedades especiales ; y tanto mas, si se atiende al desprendimiento de calórico que se produce durante la con densacion. Esta es la razon porqué el aire comprimido en la esponja de platino produce la inflamacion de una corriente de gas hidrógeno, como nos lo manifiesta la lámpara de hidrógeno de Doebereiner, y porqué determina igualmente la combinacion del vapor de alcohol con el óxígeno, y la con siguiente formacion de vinagre, en cuyo hecho fundó el mis mo químico un nuevo sistema de fabricacion de vinagre. En el artículo siguiente estudiaremos otros efectos no menosim portantes de la porosidad. El corazon humano. por Oton ARTICULO PRIMERO. Si bien habla ya en otro tiempo dos mundos, el mundo del poeta y el de la vida real y cotidiana, dotados cada uno de un lenguage peculiar, de leyes y costumbres especiales, parece haber sobrevenido ahora un tercero , el de la ciencia. Y aun falta averiguar cual de ellos sea el verdadero , si el que está bajo el dominio inmediato de nuestros sentidos, el de las viejas tradiciones , ó bien si el recien descubierto del microscopio, del escalpelo y de los reactivos químicos. No tra tamos aquí de ventilar esta cuestion, dejándola en buen hora á los filósofos que tanto tiempo hace se están devanando los sesos para conseguirlo. En el mundo del poeta, fué siempre el corazon humano el punto céntrico , de modo que una historia de este corazon seria al propio tiempo una historia de la poesía y del mismo poeta. Fué su órgano predilecto, el palenque de sus combates, de sus versos , que allá triscan juguetones, ó se pavonean con paso grave y mesurado , el objeto de su entusiasmo ó de su desesperacion • El corazon humano fué para el poeta un cielo, ó un infierno, ya visitado por los ángeles, ya acosado por trasgos y espíritus malignos; fué para él un flamígero altar, en cuyas aras ofrecian holo caustos ora el amor, ora el ódio ; fué para él el asiento de la piedad y de la maldad, la fuente del valor y del miedo. Tan pronto era asolado por las deshechas tempestadesde las pasio nes, comole desgarraban las furias del dolor; ya carcornia sus raices el roedor gusano de la tristeza, ya se convertia en un hogar apacible, en torno del cual, buscando el calor, se agrupaban los mas tiernos sentimientos. En una palabra, ? qué es lo que no ha sido el corazon para el poeta? ?Yqué no es aun hoy dia en el lenguage vulgar, que parece convertir á cada cual en poeta á pesar suyo? Unas veces palpita y reto za en el pecho del hombre esta cosa qué nunca para ; otras veces suspira y gime, tiembla y enmudece, salta de alborozo, se ensancha de contento, se petrifica, y estalla. ! Pero cuán otra cosa es el corazon en el mundo de la ciencia, el corazon bajo el escalpelo del anatómico! !Apenas me atrevo á pronun ciarlo, tan prosáicas, y, lo confieso, tan materialistas apare cerán acaso mis palabras: el corazon es un músculo hueco, un saco carnoso, una bomba hidráulica! ? Pero qué le hemos de hacer? estas páginas están destinadas á llevar la palabra en nombre de la ciencia ; y ya que nos veamos precisados á encabezar este artículo con una manifestacion tan prosáica, quizás consigamos arrancarle una poesía que no desmerezca de la de nuestras representaciones vulgares, y que acaso pue da competir con la del mismo poeta. El corazon es, como decíamos, un músculo hueco, un sa co carnoso de forma casi redonda, que termina por su parte inferior en una punta algo ladeada hácia la izquierda. Las paredes del corazon están casi enteramente formadas de fi Antonio Raye. bras musculares, esto es, de carne propiamente dicha , cu yas fibras , de igual naturaleza que las que componen los músculos de nuestros miembros , se distinguen , como estas, por la propiedad de contraerse con suma rapidez. Esta estructura del corazon. ya nos indica su destino en el organismo animal. Los músculos son por esencia órganos de movimiento. Pero el movimiento que corre á cargo del cora zon es el curso de la sangre, un movimiento en direccion alternada, esto es, impeler la sangre á las partes mas remotas del cuerpo, y recibir otra vez la que de estas regresa al punto de partida ; por consiguiente, un movimiento circulatorio. Si se encargase á un maquinista la construccion de una máquina destinada á obrar en un líquido un efecto análogo, un doble movimiento como el de la sangre, sin duda que nos fabricaria una bomba mixta, esto es, un aparato de aspi racion y de compresion. Ya es esta, poco mas menos, la idea que vulgarmente se tiene del corazon,.como si la contraccion de las paredes musculosas de este supliese el ascenso y des censo del piston en el cuerpo de bomba. Pero en el organis mo hay que tomar en cuenta muchísimas condiciones. Si la naturaleza hubiese dispuesto el corazon como una bomba ordinaria, aspirante é impelente , su fuerza de aspiracion obrada naturalmente basta sobre los jugos nutricios del estómago, introduciendo con ellos , en los vasos sanguíneos, aire del que nunca falta en aquella cavidad. Pero la sangre no se aviene con el aire ; de modo que su presencia en los canales sanguíneos acarrearia la muerte ins tantánea del organismo. Además de que la naturaleza hubie ra debido crear en tal caso , como en efecto lo ha hecho .en una bomba animal de aire análoga , los pulmones, tubos récios y capaces de resistir á la presion que sobre, ellos ejer ciera la atmósfera. Pero esto hubiera estado en oposicion á su vez con la esencia de los vasos sanguíneos, que requieren membranas tenues y delicadas, para que al través de ellas puedan irse deponiendo sobre los diversos órganos las sus tancias alimenticias de la sangre , é incorporándose á esta los ya gastados materiales de la vida. Así fué que la naturaleza hubo de cenirse á dar al corazon la forma de una bomba comprimente ; y luego veremos qué efectos tan maravillosos ha sabido alcanzar por medio de una máquina tan sencilla. Si el corazon fuese una mera bolsa indivisa, que, por medio de la contraccion de las fibras musculares de sus paredes. ya fuese esta ocasionada por la presion de la misma sangre que lo llena, ó per otra causa cualquiera, se contrajese rápidamente, arrojaria sin duda la sangre con gran fuerza á los canales que desde él se dirigen á todas las partes del cuer po. Pero esta misma sangre retrocediera de nuevo el corazon, Y1 109 tE al dilatarse este, resultando tan solo un flujo y reflujo de la corriente sanguínea , con lo cual no fuera posible evitar que las materias ya gastadas , y por lo tanto inútiles, y hasta per judiciales , volvieran de nuevo y sin cesar á los tejidos. Así es que, para realizar una circulacion conveniente de la san gre, hubieron de adoptarse ciertas disposiciones que impi diesen al torrente sanguíneo, que sale del corazon, mezclarse con la corriente que regresa al mismo. Esta regulacion del curso de la sangre en direcciones opuestas exige una division del corazon por un tabique trans ;Pis'. .1. .Fiil. 3, a. Fe:g. 5. versal, que debe estar perforado, pero provisto al mismo tiem po de una válvula, que solo permita á la sangre entrar por un lado y salir por otro. Así es que todo corazon consta en efec to de cámara (ventrículo)) y antecámara ( aurícula ). La an tecámara está destinada á recibir la sangre que, despues de haber recorido todo el cuerpo, refluye al corazon , y á im pelerla con su contraccion dentro de la cámara que se dila ta para recibirla, y se contrae en seguida para arrojarla á los vasos que, difusamente ramificados, penetran por todo el cuerpo. Por esto no necesita la antecámara sino de muy pocos K'zy 2, Fig. .4', Fig. .a Él corazon humano, con los troncos de los vasos sanguíneos , 'visto por su parte anterior:— a cámara derecha ; b Izquierda; o d arlerlá pulmonar ; e grande arteria (aorta ), que reparte la sangre de todo el cuerpo ; / antecámara derecha ; m Izquierda; n vena superior. Fig. 2.a El corazon visto por la parte posterior : a cámara derecha ;.b izquierda ; o antecámara derecha ;h izquierda; e aurícula derecha ;f izquierda; 1 \TU pulmonarderecha; m izquierda ; n arteria pulmonar. Fig 3.a Seccion del lado derecho del corazon ; a vena superior ; b vena inferior ; d paredes de la antecámara ; f aurícula ; k /m válvula tricúspide ; tabique di visorio de la cámara izquierda; pabertura de la arteria pulmonar ; y t paredesde la cámara. Fig. tfr.a Seccion del lado izquierdo del corazon : ab venas pulmonares izquierdas; o d aberturas de las venas pulmonares de la derecha ; tabique divisorio; de la antecámara derecha ; (aurícula; g restos del agujero oval ; 1m válvula dicúspide ó mitral ; q tabique divisorio de la cámara derecha. • Fig.b.a Representaelon teórica figurada de la circiilacion de la sangre. 1 Antecamara izquierda ;2 cámara izquierda ; 3 punta del corazon ; 4 válvula mitra]; válvulas de la grande arteria que distribuye la sangre por todo el cue:.po; &tabique divisorio de las cámaras; "1 punta de la cámara derecha; 8 valuará dere cha; O valvUla de la arteria pulmonar ; 10 válvula tricúspide; 11 antecámara derecha ; 12 tabique divisorio de las antecámaras ; 13 pulmones ;14 intestinos hígados ;ab d corriente arterial ;p h o corriente venosa. músculos, en proporcion al corto trecho á que debe limitarse su accion ; al paso que la cámara requiere una masa conside rable de músculos en sus paredes, puesto que' su accion de be estenderse hasta las partes mas remotas del cuerpo. Esta disposicion tan sencilla del corazon nos la presenta la naturaleza en los peces. En estos, se reune toda la sangre, que de los tejidos vuelve al corazon , en una sencilla 'antecámara, por la cual es empujada dentro de una cámara, y por esta á las branquias, que ,son , en los peces, lo que los pulmones en los mamíferos y las aves, desde cuyos finísimos canalitos ó capilares , se introduce en canales mayores para repartirse. finalmente por todo el cuerpo. Verdad es que el efecto del impulso del corazon queda ya amortiguado en las branquias, de lo cual resultan una circulacion mas lenta de la sangre , un calor vital mas bajo, y una nutricion mas perezosa de los tejidos : consecuencias todas que están en perfecta armo nía con el medio vital del pez, el agua, que, llevando en el aire disuelta una Muy 'pequena cantidad de oxígeno, no ejerce sobre los tejidos una accion tan destructora como el aire atmosférico puro. Pero á nosotros, habitantes del elemento aeriforme , se nos han impuesto otras condiciones, una circulacion de la san gre mas viva y acelerada, una reparacion mas activa de las pérdidas sufridas por los tejidos, en incesante pugna con su enemigo el oxígeno. Aquí debe el corazon empujar inmedia tamente el torrente de la sangre por todo el cuerpo, y esta corriente ha de ser de sangre no mezclada, y nutritiva. Aquí es de todo punto imprescindible una separacion de la sangre, vivificada por la respiracion, de la que, gastada por su cur so al través de todos los tejidos , vuelve al corazon ; en una . palabra, se requiere la separacion de la sangre arterial es pumosa y de color rojo vivo, de la sangre venosa oscura y de un color negro rojizo. La naturaleza efectúa esta separacion por medio de una nueva division de la cavidad del corazon. Un tabique lon gitudinal, sin abertura alguna , separa el corazon en dos mita (les, derecha é izquierda, cada una de las cuales se compone á su vez de cámara y antecámara. En la antecámara derecha penetra la .sangre Venosa procedente de los tejidos, la que es en seguida enviada á los pulmones por la cámara del mismo lado. En la antecámara izquierda aboca la sangre, refresca da y regenerada en los pulmones por el acto de la respira cion , pasando despues á la cámara correspondiente, que con incansable fuerza la arroja á los puntos mas distantes del cuerpo. Las varias condiciones impuestas á la fuerza motriz de las diversas partes del corazon determinan tambien natu ralmente otra estructura de sus paredes musculosas. Así co mo la antecámara y la cámara se diferencian ya entre sí , la una por su constitucion membranosa , y la otra por su cons titucion carnosa, asimismo necesita lambían la cámara iz quierda del corazon , que tiene que impeler la sangre por todo el cuerpo, paredes mas carnosas y abundantes en mús culos que la de la derecha, que solo tiene que arrojarla hasta los pulmones. Así es pues que la estructura fundamental del corazon humano, viene á ser un sistema de cuatro cámaras, cuya disposicion se opone á toda mezcla de la sangre arte rial con la venosa. Solo en el feto, hasta el instante del na cimiento, se verifica esta mezcla por medio de una abertura en el tabique divisorio de las dos antecámaras, el llamado agujero oval, y de un canal de comunicacion entre la arteria Pulmonar y la grande arteria, Ó la arteria aorta, que repar te la sangre por todo el cuerpo. Pero hasta aquí no hemos 110 bf hecho mas que trazar un bosquejo de este mecanismo orgá. nico , cuyo destino especial necesita todavía varios artificios á cual mas admirables. Pero contemplemos entre tanto el corazon en su actividad. En este momento empieza á funcio nar la máquina. Simultáneamente se contraen ambas ante. cámaras, impulsando la sangre respectivamente en las dos cámaras , que, vistas por &fuera , parecen formar un solo cuerpo, y las dilatan , tras lo cual se contraen tambien estás á la vez, impulsando la sangre, por la derecha, á las arterias pulmonares., y por la izquierda, á la arteria aorta, que la distribuye por todo el cuerpo. Muévase al mismo tiempo el corazon , que cuelga libre en un ancho saco de paredes lisas, llamado pericardio. La punta del corazon se levanta un poca, gira sobre su eje, y golpea la pared del pecho. El corazon ha dado un latido. Pero qué de cosas no han pasado duran te este sencillo latido! Para que la sangre pudiese fluir de las antecámaras á las cámaras, y de estas á las arterias, y para que no pudiese retroceder de las cámaras á las antecámaras, ni de estas á aquellas , debieron abrirse y cerrarse una por cion de válvulas. Escuchemos ahora con atencion , y hasta oiremos *el ruido de estas válvulas, que se san abriendo y cerrando. Un sonido prolongado, sordo como el lejano mur mullo de una corriente, acompana el latido del corazon , al. cual sucede inmediatamente un tono breve, claro y seco. Es evidente que todo este rumor fué ocasionado por el choque de las ondas sanguíneas contra las válvulas que se oponen á su paso, la primera vez contra la grande, en forma de vela, situada en la pared divisoria de la cámara y antecámara, y la segunda vez contra las pequenas válvulas, en figura de bolsa, que se encuentran en las arterias. Aquí por fin tene mos ya poesía. 'Aquí tenemos un vivo golpear y latir del co razona aquí tenemos hasta tonos graves y agudos. Pero vea mos si no encontramos una poesía aun mas conceptuosa ; y á esta ha de abrirnos el camino la consideraCion de las vál vulas del corazon. Pues por mas prosaicas y mecánicas que aparezcan estas á primera vista, no dejan de ser con todo los verdaderos reguladores del curso de la sangre, de los cuales depende toda la actividad de la nutricion , y por con siguiente , de todas las funciones , inclusas las de la inteli gencia, los conceptos y las creaciones del poeta. Miguel Guilarl y Buch Juan Pablo Federico Richter. Su biografía, y juicio sobre sus obras. (Conclusion.)* Con lágrimas de gozo hubo de mojar María aquellos ca ractéres queridos, antes de acertar á leerlos. Siguió luego en. tre ella y Juan Pablo una correspondencia , donde se pinta mas y mas el entusiasmo de la muchacha, que mas adelante vino á convertirse en impetuoso amor, á pesar de la cordura y la pureza de alma del poeta. Solo citaremos de ella la úl tima carta que le dirigió, anunciándole que iba á quitarse la vida ; pero antes de llegar á este doloroso desenlace , con tinuaremos algunos pasages de las cartas que le escribió Juan Pablo. « V. tiene de mí, como hombre, una opinion demasiado ventajosa. Ningun escritor puede ser tan moral como sus obras, así como no hay predicador tan religioso como sus sermones. —« Las tres últimas cartas de V. me han complacido en el tramo , porque espresan ingénuamente las relaciones posi tivas entre nosotros dos, de padre é hija, relaciones á queme dejé llevar por su primera carta de V. , y á las que he sido fiel constantemente. De este modo puedo quererla á V. tanto, y dispensarle toda mi confianza. La palabra padre es para Ufl padre, lo propio que la palabra hija, una palabra santa. Por qué ha de suponer Y. cine yo estoy triste ? Las ciencias son mi. cielo; mis hijos y mi Carlota labran mi diCha, pagán dome con su carino el que yo les profeso. Si-algo ha de afli-, gime es el estar viendo á casi todos los pueblos de Europa chorreando sangre. —Y. me endiosa, en vez de seguir 'mi ejemplo. Así es que ya no le daré á V. mas consejos ; pues harto conozco ya el sexo y las almas fogosas á quienes V. se asemeja. —Pásalo bien, hija mia ; y así llene tu corazon el espíritu de la luz plácida y sin tormentas.» La desdichada María, en quien, en medio de su pasion de sastrada , no hicieron mella los saludables consejos de Juan Pablo, habla resuelto arrojarse en brazos de la muerte. Solo dos consideraciones la habian detenido hasta entonces ; el desconsuelo de su madre , y el abandono en que !labia de dejar á su hermana menor. Pero habiendo muerto la madre, y casádose la hermana, arregló todos sus intereses domésti cos , y se dispuso para la muerte con serenidad y firmeza. Una hora antes del trance, escribió á Juan Pablo la carta si - guiente : « No se enoje V., padre mio, al recibir estos renglones de su desdichada María. Mas yo no puedo sufrir que me ten ga V. por viva, despues de muerta. li madre, que murió ya hace dos meses , no desaprobó mi intento de seguirla ; pero me rogó que ordenase , antes de dar este paso , los negocios de casa, que cuidase de mi hermanita, y no la abandonase , en aquellos aciagos tiempos de guerra. Ya cesó la guerra , y la existencia de mi hermana esté afianzada. Yo he hecho cuanto pude, y me apresuro á salir de un mundo, donde hube de delinquir de un modo tan incomprensible , donde fueron tan vanos mis mayores conatos tras lo bueno, y donde, desde que le escribí á V., no he hecho mas que pasar de una deses peracion en otra. ! Ah ! sin duda habrá todavía en el gran dísimo universo un sitio donde yo pueda recobrar y venir á ser por fin lo que quisiera ser. Harto he padecido ya, ya puedo morir. Pero no me atrevo á escribir á V. mas que es to, á saber: que la que le escribió á V. habrá muerto segura mente cuando V. lea la presente , y que V. debe alegrarse de ello.—! Ah! V. me despreciará , y no creerá mis vivas ansias por hacer algo por V. y los suyos. ! Oh! !el cielo le colme á Y. de bendiciones y le retina á V. en el otro muralla con los suyos ! —Pero á mí no me desprecie V. demasiado , y permítame Y. que envio un regalillo á sus hijos , en quienes no puedo pensar sin llorar amargamente, porque son tan venturosos. Mas no les diga V. su procedencia , pues deseo que me olviden, y desaparecer sin ser vista. A nadie he co municado rni historia , y he reducido á cenizas todos mis li bros y apuntes. « ! Oh ! indios, querido , inolvidable padre! ! Ay de mí, que tan desventurada hube de ser! Mi desconsolado espíritu se irá cerniendo encima de V. hasta que Y. lo tome y lo lleve con sigo. ! Así pudiese yo llevarle á.V. una senal, un alto men sage ! » Embargada María en el arreglo de los negocios de su casa hasta el último instante , y atenta y placentera , no infundió la menor sospecha á su hermana ni al marido de esta ; de modo que no despertó su angustia hasta despues de cometido el acto. Mas no murió María en el mismo instante; y llevada 'moribunda á su casa , habló de esta manera á los circuns tantes : « No me ha enganado mi creencia ; ! el alma es inmortal ! Cuando las aguas me recibieron y me abrazaron con sus sor dos zumbidos , padecí horrorosamenle. El instinto animal de la propia conservacion, los trabajados pulmones , el corazon comprimido, pusieron á dura prueba mi resolucion de morir. Engullí, en ansiosos tragos, el agua que amagaba salvarme , y le arrebaté su fuerza desleal las dos veces que me levantó á la luz y al aire. Me hundí ; la corriente me .hizo roda i: á lo hondo ; me encogí aferradamente al fondo para quitar á mis manos y piés el oficio de remos naturales. Pero con todo , otra vez volvió á levantarme el agua; hundhe de nuevo , y perdí toda sensacion del cuerpo , mas no la fuerza del pen samiento. Sentí que se entrometían unos hombres , sin ser requeridos , en mi ayuda ; yo les resistí , pero al fin me aban donaron mis fuerzas. Mientras que con sus remos me impelían los marineros inicia tierra , murió mi cuerpo; pero abrióseme un mundo esplendente. Mi alma , libre de los lazos que me aherrojaban, se movia libremente por regiones nuevas; eáta siábanla tonos y semblantes del otro mundo. En aquel punto me tiraron á tierra aquellos hombres desapiadados; todas mis ilusiones se desvanecieron ; asaltóme otra vez mi humana conciencia con todo su penar intolerable. Pero mis esperan zas se mantienen firmes , y no hay fuerza humana capaz de torcer 'ni voluntad.» Despues de haber proferido estas palabras , cayó aquella pobre muchacha en un profundo sueno , del cual no desper tó mas. Pero lleguemos ya al último cuadro de Juan Pablo, al que los corona todos , al de su muerte. En ningun artículo bio gráfico hemos leido una escena de muerte tan suave , tan Ile na de gozo y amor, como la de Juan Pablo. Morimos , dicen los sacerdotes, como hemos vivido ; y el ejemplo del tierno poeta de Hof es un testimonio terminante de la verdad de este axioma. Pero antes de hablar de su muer te, diremos que, en 1821, tuvo el desconsuelo de perder á su hijo único , á quien quería entrahablemente , y en quien ci fraba todas sus esperanzas. Nunca recobró de este golpe com pletamente ; y el estado de su ánimo puede cologirse de los siguientes renglones que estractamos de una carta que escri bió á un amigo suyo en Dresda. Dice así : « No busco en Dresda mas que música, esto es, la naturaleza , las cercanías de la ciudad , y corazones amantes. Ha ocurrido en mí una gran mudanza. Dirian que el tiempo trata al mortal herido como un pedrusco de mármol ; tan desapiadadamente le vá quitando á martillazos una pieza tras otra , aun cuando fuere la forma de un hijo , hasta que le ha dado otra figura. ! Así fuera de mármol este hombre I» Adoleció, en los postreros ahos de su vida, de una oftalmía que acabó completamente con su vista á principios del aho 18'25. Ya no podian gozar sus ojos de la vista de las verdes praderas, ni de las flores que tanto le embelesaban. En aquel triste estado, aparecieron mas tiernamente que nunca lquel amor y cariho tan propios de su naturaleza íntima ; sus fac ciones se pusieron aun mas suaves, su voz mas dulce; el me nor servicio que se le hiciese le parecía demasiado grande; y enternecía elude buscar á tientas el bolsillo para mostrar su gratitud á la criada por la menor atencion que con él tenia. Por el mes de octubre de 1825 fué llamado su sobrino Oton Spazier , á quien debemos la mayor parte de estas noticias biográficas , por el anciano poeta ciego y enfermo. I.a llamada de aquel hombre inmortal dice el sobrino , vino á causarme una emocion deliciosa en medio de la sole dad que me rodeaba. Aparecióme mas plácida y pura la ima gen venerada de. aquella ancianidad hermosa, justo galardon de su noble vida. Púseme en camino en medio del lluvioso octubre, y entré el 24 en su gabinete. Al llegar á sucasa, es periinenté el mismo gozo que habla sentido en otro tiempo, cuando , sentado en medio de su familia , oia con embeleso sus sabias palabras. Las ventanas de su cuarto , que miraban a. levante , daban á unos jardines , descubriéndose mas allá algunos bosquecillos y casas , y en último término, las mon tanas que cenían el horizonte. Una suave fragancia de flores V frutas, que exhalaba su morada, daba al pensamiento la im presion de los risuenos dias de verano de los climas meridio• natos y de los vinedos del Rin. En frente de una de las ven tanas habia el sofá donde solia leer , y delante del sofá una mesa cubierta de plumas, de papeles de diversos colores , de vasos , flores y libros , entre los cuales noté una edicion 112 E qhuaebniaa uinnglpeisaanod,eySmwaifst aylldáelaStjearunlea. dAel lloasdocandaeriootsr,aqvueen,tapnoar medio de una escalerilla, llegaban hasta la mesa donde escri bia el poeta. Aquellos pajaritos bajaban libremente por aque lla escalerilla , y rociaban la mesa con el agua de los flore ros; y sucedió no pocas veces que, sorprendido Juan Pablo, en sus momentos de inspirácion, por una de aquellas repen tinas invasiones, se detenia para dejar pasear libremente á sus canarios por encima del papel en que estaba escribiendo, pdmlaue,zmcpalao.nrdEdononuladnsergibonatcajoasnbdadeeallajcgauuraad-ritcnoo.nhablaiatiunntaa eqsucealelerilclaajeasdcuesala « Todo ocupaba en el aposento el lugar de costumbre; pero dirían que estaba ausente la mano que lo dirígia El hombre robusto que habia arrostrado los rigores del invierno estaba tendido sobre unos almohadones, inmoble , y con los ojos para siempre cerrados. « El cielo, díjorne, me está hiriendo con doble azote, y el uno es muy cruel ( hablaba de su cegue ra) ; pero voy á levantarme, porque es mucho lo que tene mos que hablar y hacer.» Tenia la voz muy débil , y me do na oirle hablar de sí. Como ya se hacia tarde, al cabo de un rato díjome su esposa que fuese á acostarme, y que volviese por la manana del dia siguiente.» En efecto, al dia siguiente comenzó una revision completa de sus obras; las que iba leyeitdo el sobrino, indicando Juan Pablo las correcciones que quería hacer. Oia con blandura y paciencia las observaciones de su sobrino, las examinaba y las censuraba ó aplaudia , segun le parecian ó no acertadas. De esta manera pasó una resena de toda su vida intelectual; y en las innumerables comparaciones que llenan sesenta y cua• tro volúmenes (1) , no encontró mas que dos ó tres repeti ciones. El 44 de noviembre, cayeron las cortinas sobre el lecho mortuorio. !Qué sosiego! ! qué imágen tan tierna! Pero oid : « Por la tarde, creyendo Juan Pablo que era ya de noche, dijo que era hora de acostarse. Metiéronle en cama, y colo caron, segun costumbre, á su lado una mesita con un vaso de agua, y sus dos relojes. Llevóle su mujer una guirnalda de %res "que una senora le habia enviado, pues no !rabia nadie en el pueblo y en sus cercanías que no procurase com placerle en sus dias postreros. Paseó la mano por encima de aquellas flores, que ya no podia ver; y cuya fragancia [am. poco podia sentir ; y dijo : Ah ! ! flores queridas ! « Sus amigos, sentados alrededor del lecho, callaban to dos. Alargó el brazo para descansar; y poco despues se apode. ró de él un dulce sueno. Ningun rumor turbaba la tranquili dad del aposento. Su consorte, sentada á la cabecera de la Cama, estaba couteinplando calladamente y arrobada el ros tro de su querido esposo. Su sobrino tenia en la mano un Plato)), abierto en el pasage donde el filósofo refiere la muer te de Sócrates. En aquel punto, entró en el cuarto un jóven de noble semblante, levantó las manos al cielo, y repitió en voz queda una plegaria hebráica. Era, aquel mozo Manuel, uno de los mas íntimos amigos de Richter. « A las seis de la tarde llegó el médico; y Richter seguia durmiendo al parecer ; su semblante tenia una espresion mas sosegada, su frente parecia radiante; pero estaba frio como el mármol, y las lágrimas de su desconsolada esposa le caian encima sin conmoverle. Su respiracion se puso irregular, y no obstante presentaban sus faceioues mayor serenidad que antes. Pasóle por el rostro una leve convulsion. !Es la muer te! dijo el médico; y así era en efecto. El espíritu habia aban donado su morada. (1) Sus obras, inclusas las póstumas, forman 01 volúmenes, publicados por G. Reimer de Berilo. « Todos los circunstantes se echaron de rodillas, y oraron, siguiendo su alma hácia el cielo á aquella alma que se alejaba de la tierra; y no lloraban.» Así murió Richter, grande y santo como poeta, mas gran de y mas santo como hombre. Diéronle sepultura al resplan dor de blandones , colocaron sobre el féretro su manuscri to; no terminado , sobre la inmortalidad del alma , y acom paháronle los estudiantes del gimnasio , cantando la oda sublime de Klopstock : Auferstehen wirst Du ( Sí, alma mia, resucitarás). Cundió por la Alemania entera un dolor profundo y gene ral tras la muerte de Juan Pablo. El mundo literario echó el resto de sus espresiones simpáticas por el malogro de suautor predilecto. Pero entre los muchos tributos que se publicaron entonces á la memoria de Richter, daremos dos solamente : el primero es la conclusion del discurso que profirió su so brino , el Dr. Spazier, en su entierro ; y el segundo es un fragmento de la oracion que leyó en Francfort , el 2 de di ciembre de 4825 , el célebre Luis Bcerne , escritor , mas que otro alguno , capaz de apreciar el mérito literario de uno de los autores mas queridos y estimados en Alemania. «1E1 cantor mas puro del amor y de la primavera , el que cogió para nosotros las flores mas bellas y fragantes de la tierra , está descansando ahora debajo de. ellas ! Cerráronse para siempre aquellos ojos límpidos y carinosos , que hace poco estaban velando por la humanidad y por su querida pa, tria germánica, y en los cuales se reflejaba amorosamente todo lo bueno y hermoso; en cuyos animados destellos se alzaban la bondad y la belleza mas puras y majestuosas, y ante cuya penetrante mirada huían los malos aterrorizados. Y desde en tonces se ha desplomado sobre nuestra patria una noche mas lóbrega ; y lo bello y lo bueno han perdido su mas robusto apoyo; y en medio de esta lobreguez , irguen impunes la ca beza los alevosos y malvados; y embarga los pechos honrados el mas acerbo dolor. « Poeta inmortal, astro brillante, blason de ta patria y de la humana naturaleza, espíritu descollante en ciencia como en sabiduría, valiente orador de la libertad germánica, vic torioso adalid contra todo vicio, jamás produjo la tierra un sér mas puro que tá. Descansa pues en tu blanca vestidura, en el regazo de tu madre, con el laurel que te cine las sienes, como un Bramin blando y suave eir las floridas riberas del Gánges , cerca de tus queridas sierras de Fichtel , detrás de las cuales te levantaste un dia como el sol de la primavera, y hácia las que se están volviendo ahora miles de ojos llo rosos.» « Se ha puesto un astro, dice Bcerne (4) , y el ojo del pre sente siglo se cerrará antes que vuelva á aparecer, por cuan to el génio resplandeciente anda recorriendo órbitas inmen sas, y solo de tarde en tarde saludan gozosos los nietos la (1) Este poeta, que supo espresar sentimientos tan sublimes, ha bajado tambien al sepulcro. Mal comprendido, y hasta menospreciado en vida, se le ha hecho justicia despues de muerto. Ly que en otro tiempo se consideraba como una censura, rigurosa y malévola de su patria, hija de la amargura Y aspereza de su corazon , se atribuye ahora al anhelo de provocar con su sá tira la enmienda donde era necesaria. IVeuérdanse ahora sus palabras me morables en con testacion al cargo que se le arrojó de ser traidor a su patria. « ?Creeis , dijo, que yo me complazco en escribir como lo hago sobre el pais donde nací 9 jSabed que no hay una palabra que no haya escrito con la me jor sangre de micorazon!» Sin duda que el autor del elogio de Juan Pablo hubo de ser un hombre de alma levantada ; vcia y apreciaba lo bueno y lo digno de alabanza ; conócese que sus palabras finjan directamente de su co razon , pues no hubo hombre mas sincero que di, por donde su elogio es de inestimable precio. No habiendo conocido Reme personalmente á Juan Pa blo , no pudo influir en su juicio el carino de la amistad ; y con todo, su plu ma, animada por su asunto, su pluma, tan acostumbrada á la sátira y a sarcasmo matador , vino á tomar de suyo, al pintar el carácter de Juan Pa blo, el modo de la liraeólica que nos hechizacon sus suaves acentos. s'enida de aquel de quien se despidieron sus abuelos con lá grimas de desconsuelo. ! Y ha caido una corona de la cabeza de un rey ! ! y se ha roto la espada en la diestra de un guerre ro ! ! y ya no existe el sumo pontífice ! Bien podemos llorar por él , que era nuestro todo y cuya pérdida es ahora irrepa rable. No hay pais que no tenga su alegre compensacion por cada privacion triste. El Norte sin corazon tiene su fuerza de bronce; el enfermizo Mediodía tiene su dorado sol ; los fran cecas olvidan el .hambre con sus chistes; la libertad ilumina las nieblas de Albion. Nosotros teníamos á Juan Pablo , y ya no le tenemos ; y con él hemos perdido lo que solo en él po seíamos : la fuerza , la blandura , la fé , el alegre chiste y el habla majestuosa. Tal es el astro que se ha puesto; tal la co rona que ha caído; tal la espada rota, y tal el sumo pontífice que oraba por nosotros en el templo de la naturaleza. Se mar chó de este suelo , y nuestra devocion ha perdido su intér prete. Nos afligimos por nosotros que le hemos perdido, y por los demás que no le han perdido. No vivió él para todos ; pe ro vendrá un tiempo en que habrá nacido para todos , y en que todos llorarán su pérdida. Pero Richter descansa en el portal del siglo vigésimo , y aguarda tranquilo y con sus dul ces sonrisas que allá le sigan los rezagados... « Van bajando los siglos en su ráudo vuelo , las estaciones van. rodando una tras otra, la fortuna varía constantemente. Nada hay permanente mas que el cambio, nada constante sino la muerte. Cada latido del corazon nos descarga una he rida , y la vida toda fuera un perpetuo desangrarse , si no fuera la poesía. Esta nos dá lo que la naturaleza nos niega: una edad dorada que no se enmohece, una primavera eterna, una dicha sin celages, y unajuventud permanente. Es el poeta el consuelo de la humanidad , cuando le confirió el cielo sus poderes , cuando Dios le ha estampado su sello en la frente, y no se desdora aquel mendigando el salario de su celestial mensage. « Tal fué Juan Pablo. No cantó en los palacios de los gran des, no jugueteó -con su lira á la mesa de los ricos. Fué el poeta de los humildes , el cantor de los pobres , y donde lloraban afligidos , allá se oían los dulces acentos de su arpa. Por mas que veneremos la altanera campana que de vez en cuando ha ce retumbar sus majestuosos sonidos en ocasionesosoleinnes, no por esto desestimaremos el reloj familiar , que acompana cada latido de nuestro corazon , que repite cada cuarto de hora de nuestros goces , y nos vá quitando un minuto tras otro nuestros pesares. « De todas las estaciones del ano , es la primavera la mas mimada; el viandante admira las anchas carreteras, y los dos, y los Alpes; y lo que admira la muchediimbre, esto mismo en salza el poeta. No fué Juan Pablo adulador de la multitud, ni siervo de la costumbre. Por entre senderos desusados y cu biertos de maleza buscaba la aldea menospreciada; contaba entre los hombres á los indisiduos , los tejados de las ciuda des, y debajo de cada tejado un corazon. Para él florecían todas las estaciones ; todas le producían frutos. « Por la libertad del pensamiento batalló Juan Pablo con otros; mas nadie peleó como él por la libertad del sentimien to. !Somos los hombres unos seres raros é inesplicables ! Pro. curamos encubrir nuestro amor con mas ahinco casi que nuestro odio; y huimos de parecer carinosos como de mostrar nuestras riquezas delante de ladrones. Aparentamos sosiego, y estamos agitados ; parecemos estar despiertos, y nos me cemos en dulces ensuenos; andamos con paso firme, y nues tros corazones allá se abandonan á gratas memorias; y con nuestros piés , cansados por la vejez , vagamos por los flori dos pensiles de nuestra infancia, y nos alzamosen las alas de la fantasía á las doradas nubes de la juventud que ya voló. ! Con TOMO 1. qué zozobra aplicas el oido en torno para qué ningun ojo te coja de sorpresa , para que ningun ('ido perciba los callados suspiros de tu pecho ! Entonces es cuando sé te acerca Juan Pablo , y te dice en voz queda y con la sonrisa en los labios: « Ya te conozco; ahí estás ocultando tu gozo, porque se te an toja harto aninado para merecer su eompasion.» Juan Pablo te busca y te encuentra, y tus ocultos deseos tambien , y te dice : « Ven , que vamos á jugar juntos.» Entra disimulada mente en el cuarto donde estás llorando á solas , se te arroja al cuello y te dice : « ! Oye , que vengo á llorar contigo !» Si por ventura está dormitando en tu pecho la halagilena sensa cion de tus anos infantiles, y está sonando, y luego despierta, buen seguro que junto á la cuna estará Juan Pablo, y qui zás fueron sus acentos los que tan dulcemente convidaron tu corazon al sueno, y te presentaron aquellas visiones halague fías. NO anda Juan Pablo buscando , como otros , las huellas de los yermos ocultos en el corazon humano; nada de eso, lo que él busca en el corazon son los pensiles ocultos ; él separa Ja corteza del encallecido pecho, y pone patente el blando li bar, y en las cenizas de un corazon marchito , encuentra la última chispa ya casi muerta , y la orca hasta que se levanta una llama de amor pura y halagüena. Por esto fué Juan Pablo el bienhechor de los hombres ; en esto fué su ángel custodio. « Era el amor para él una llama sagrada, y la justicia el ara sobre la cual estaba ardiendo aquella , y puras eran las ofrendas que le llevaba. Él fué un poeta moral ; jamás enga lanó el feo pecado con las flores de sus palabras; jamás encu brió una emocion deshonrosa con el oro de su oratoria. Y no porque le faltasen los medios; mas no quiso; tambien hubie ra podido ganar con la lisonja una sonrisa de los piadosos censores de las faltas agenas ; mas no lo hizo, porque peleó toda su vida por la libertad y la fé. « La admiracion ensalza ; pero el amor enmudece. No ala baremos á Juan Pablo; le lloraremos. Sus obras pueden con - tarse , mas no estimarse. Nada heredó de los suyos. El cielo le prodigó sus finezas ; la fortuna , en un arrebato de alegría, vació en él el cuerno de abundancia, y le cargó de flores y frutos ; la tierra le dió sus tesoros ocultos. « Tal fué Juan Pablo. Preguntais dónde nació dónde vi vió , dónde descansan sus cenizas ? Vino del cielo, habitó en Ja tierra , nuestro corazon es su sepulcro. Quisiérais saber algo de su ninez, de los suenos de su juventud , de los anos de su edad viril? Ahí está el muchacho Gustavo , ahí el mo zo Albano , ahí el valiente Schoppe ; preguntádselo á ellos, que á buen seguro os lo dirán. Quereis saber cuáles eran sus esperanzas ? En el valle de Campan las vereis. Ningun héroe, ningtm poeta apuntó jamás una relacion tan fiel de su vida como Juan Pablo. Su espíritu voló ; pero acá quedan sus obras. Ha vuelto á su casa; pero en cualquiera cielo por don de vagare, en cualquiera estrella donde more, no dará al ol vido, en medio de sudicha, á su amada tierra, ni á sus que ridos semejantes , que han jugado y llorado con él , y que , como él , han amado y padecido. » Terminaremos estas noticias biográficas de Juan Pablo con la tierna relacion que nos dá el poeta Guillermo Muller del cuarto donde , por espacio de veinte anos, estuvo compo niendo aquel sus obras inmortales. Pero antes de copiarla, bueno será que sepa el lector que , despues que Juan Pablo hubo fijado su residencia en Bayreuth , buscó , á media hora de distancia de aquel pueblo , una casita, cuyo piso superior alquiló para trabajar en él desahogadamente y á la vista de sus queridas montanas de Fichtel. Llamábase Rollwenzel la duena de aquella habitacion. Dice así Guillermo Mullen: « Una frondosa alameda conduce á la ermita de Juan Pablo. Pero á la mitad del camino , en el punto donde describe un 1::; yi 114 ángulo agudo para dirigirse á la izquierda , hicimos alto de lante de una pequena posada , de donde salió una viejecita de buena traza , vestida entre senora y aldeana, la cual nos saludó corno si fuéramos muy conocidos, y nos invitó á entrar en su albergue. ? Y por dónde has adivinado tú, buena ancla na,, que no entrarnos en tu posada en demanda de vino ni cerveza ? no nos preguntas qué es lo que desearnos comer ; sino que nos conduces con sigilo escalera arriba , abres una puertecita , y nos dices con lágrimas en los ojos y con noble orgullo en los labios : ! Ese es el cuarto! aquí ha estado escri biendo Juan Pablo casi todos los diaS por espacio de veinte anos ; aquí, en esta mesa, ha trabajado con un ahinco, !ay de mí ! que le ha muerto. ! Cuántas veces le he dicho: ! Mire V. que Y. se mata! !No trabaje V. tanto ; que no es posible que V. lo resista !— Muchas veces, cuando ya á las dos tenia dis puesta la comida , y sabia, y dando un golpecito á la puerta, le decia « La comida está ya pronta para cuando V. guste;» estaba él sentado á la mesa, con los ojos encendidos y que le salian de la cabeza , y me estaba mirando un buen rato antes de volver en su acuerdo. Mas por fin prorumpia : «Una hórita mas , querida Rollwenzel. » Y pasaba otra hora ; vol vía yo á llamarle ; pero el espíritu le tenia aun aprisionado; y cuando finalmente se levantaba y bajaba la escalera, iba vacilando como si se fuese á caer ; y yo , que lo notaba, iba delante de él , sin que él lo advirtiese, para que no se hiciese dano. ! Ah Dios mio ! ? Y querrá V. creer que los hombres malos, que no le conocian , suponían que aquel vacilar era efecto del vino ? ! Pero así se apiade Dios de mi alma como aquello no era cierto! No bebia en todo el dia mas allá de una botellita de vino del Rosellon , y por la tarde , de vez en cuando, un jarro de cerveza ; á esto se reducía su bebida, esceptuando algun dia de fiesta , cuando agasajaba á algun íntimo amigo suyo, aquí, en mi casa, pues puedo asegurarles á Vds. que nadie le servia tan á su gusto como la anciana Rollwenzel , y él me queda muchísimo. Verdad es que yo le cuidaba con carino ; pues yo le miraba como á un Dios sobre la tierra; y aun cuando hubiese sido mi rey y mi padre y mi esposo é hijo todo junto , no hubiera podido amarle y vene rarle mas. ! Ah ! ! qué hombre eraaquel ! Aunque es verdad que yo no he leido sus escritos , porque él no quiso , era yo tan dichosa, cuando oia decir que los leian y celebraban las gentes en todas partes , como si yo misma hubiese cooperado á componerlos. Y daba gusto oir á los forasteros que venían á verle ; pues entonces aprendia uno á conocer cuánto valia el senor Richter. Lo que es en Bayreuth , no sabían apre ciarle ; pero en Berlin , celebraron el dia de su cumpleanos en un salon magnífico , todos gente sabia y principal, y tam bien se brindó allí á mi salud ; pues así me lo leyó el senor Richter de una carta de Berlin. Tambien me habia prometi do que yo haría mi papel en el final de su nuevo libro. ! Ah, Dios mío! si él viviera todavía , no le dina una palabra de la honra que Me destinaba... « La anciana interrumpió nuestros tristes pensamientos , cuando estábamos contemplando los lejanos montes, y nos llamó otra vez al cuartito, diciendo: ! Ay Dios miol !cuando recuerdo cuánto ha escrito aquí el Sr. Richter, aquí en esta mesa ! Para otros cincuenta anos hubiera tenido que escribir, segun me decia , cuando yo le instaba que no se matase con tanto trabajar , y que no dejase enfriar la comida. Un hom bre como él no volverá á nacer de mugen. No era de este mun do. Así me ha ocurrido mas de una vez, y acuérdome que un din le dije : « Senor Richter , reíase V. cuanto quiera de la anciana Rollwenzel ; pero lo cierto es que V. se me antoja corno un cometa, todo luz, que no se sabe de dónde viene ni á dónde vá. ! Dios le tenga en su gloria! ! Era aquí tan di choso ! Bastaba una flor para ponerle contento, y tambien un pajarito ; todos los dias, al llegar , encontraba sobre la mesa una porcion de frescas flores que yo le tenia dispuestas , y cuando se iba, le metía un lindo ramillete en el ojal de la le vita. Un din, ya hace de esto mas de un ano , se quedó en su casa, y no volvió. Yo fui á verle en el pueblo unos quince dias antes de su muerte , me senté al lado de su cama, y pregunto cómo me iba. « Me vá muy mal , senor Richter , le contesté, porque no tengo el gusto de verle á V. en mi casa. » Harto me decia el corazon que no volvería, y cuando me dijeren que sus canarios babian muerto , pensé entre mi : Ay que se nos vá á morir tambien ! Su pobre galgo se murió tras él. « I Ahora , Dios mio , tú le tienes contigo ! Le hicieron un entierro corno si fuera un marqués, con coches y blandones , y una comitiva tan grande , que no cabia contarla. Yo ma drugué aquel día, y llegué al cementerio antes que los de más; y cuando me hallé sola delante de la huesa, á donde de bian bajarle , pensé entre mí : « ?Y ahí has de bajar „luan Pablo? — No, me dije ; no será Juan Pablo quien baje á esa hoya. » Y cuando tuve delante el ataud‹, pensé otra vez: « ?Y tú estás ahí dentro , Juan Pablo? — No , me dije , no eres tú Juan Pablo. » « Redoblados sollozos embargaban el habla á aquella bue na anciana; y hondamente conmovidos , le apretamos la ma no. ?Qué valen todos los panegíricos y loores al lado del quie to holocausto de tu corazon ? ! Sea tu casita un monumento de aquel varan estraordinario ! ! Siga ella subsistiendo inalte rable , lo propio que el aposento, y corónela el arco iris con sus siete colores como una bendicion del cielo ! » Las obras de Richter son las siguientes : Litigios groenlandeses. Papeles escogidos del diablo. La Logia invisible. Hespero. Vida de Quinto Fixlein. Flores, frutos y espinas. El Valle de Campan. El Párroco en jubileo. Suenos y verdades. Recreaciones biográficas. Palingenesia. Cartas y carrera de la vida que tenemos delante. Titan. Elegía reservada de los hombres de estos tiempos. Escritos cortos. Anos de locuras: Introducción á la estética. Librito de la libertad. Levan,a, ó educacion de los ninos. Sermon para la paz de Alemania. Viage del cura Schmelzle á Fketz. Viage de Katzenberge á los banos. El alborear de la Alemania. Florecillas de otono. Vida de Fibel. Cambio de trono de Marte y Febo. Museo. Sermones políticos de cuaresma. Sinónimos alemanes. Nicolás Margrave. Pequena censura de libros. Repaso de la estética. Selina. Ecos políticos. Las obras de Richter son , no solo para leidas , sino para estudiadas tambien , y con mucha paciencia y detenimiento. Juzgado este poeta por la generalidad de los lectores , y aun por ciertos literatos , se le condenará desde luego como mís tico , como sofiador aleman , como novador temerario y osa do , y como tal se le sentenciará al limbo destinado para todas las vaciedades. Con todo , constantemente estamos pidiendo originalidad , y con no menos frecuencia nos indisponemos con ella , cual si, segun dice el mismo escritor de quien es tamos hablando, no pudiese contentarnos mas que una origi nalidad, la propia. Y en efecto , todo lo estrailo nos destempla ordinariamente sin culpa suya á primera vista , y desgracia damente no hay nada muy llano que no sea muy comí]. La moneda del reino pasa por todas las roanos , y ya en oro, plata ó cobre , todo el mundo está dispuesto á recibirla, por que es de valor conocido ; mas no sucede así con rieles nue vos y medallas de bronce corintio. Pocos son los escritores con quienes , como con Richter, sea tan forzoso guardarse de las primeras impresiones. Es un fenómeno ya desde el primer renglon ; presentase con una sin gularidad muy determinada ; hasta su lenguaje es para los críticos una piedra de escándalo , y para los críticos de la ra lea gramatical es una pena insuperable. Y no porque ignore la gramática ni el arte de deletrear y analizar, sino porque se toma muchísimas libertades, menudea los paréntesis y cláu sulas subsidiarias , inventa miles de palabras nuevas , cosa que solo puede tolerar la lengua alemana , por ser esencial mente radical , altera las admitidas, y por medio de rayitas y apóstrofos las junta y empareja del modo mas estrafalario, produciendo sentencias heterogéneas, pesadas é interminables. Agreguense á lo dicho figuras sin tasa , un tejido de metáfo ras y de símiles y alusiones á todas las regiones de la tierra, al mar , al aire , enlazado todo con ímpetus epigramáticos, arranques vehementes ó sardónicos, interjecciones, chanzas y retruécanos. Dirian una maleza intransitable ; nada asoma por todos lados , como no sea lobreguez , disonancia, coda sion, un caos inapeable. Y el estilo del todo corresponde al de las partes. Toda obra suya, ora sea una ficcion ó un tratado serio , se presenta envuelta en algun fantástico embozo , que suele ser una esplicacion desatinada de su publieacion, rela cionada con el autor , quien , antes de dar fin á la obra, hace generalmente su papel en el drama. No hay, historia suya que no adolezca de las digresiones mas raras é inesperadas; ofré cese de cuando en cuando una hoja suelta con su súplica satí rica, su programa , ó alguna estraha interealacion, sin que el lector pueda darse razon de todo aquel fárrago. En fin , las obras de Richter son una maleza, un laberinto; y sucede con frecuencia que el lector , que jadeando se afana por seguirle, aburrido de no comprenderle , tira el libro, y no vuelve á cogerlo en su vida. Todo esto es verdad de Richter : fuerza es confesarlo; pero tambien son verdades muchas mas cosas que atesora. Antes de censurar á un hombre por parecer lo que no es , debe mos estar bien seguros de saber lo que es. Quizás consista la clave del arcano en que Richter requiere mayor estudio del que quieren dar á lo que leen los mas de los lectores ; pues conforme nos vamos intimando con él, se nos presenta mas despejado. Juan Pablo es un autor consecuente como el que mas en su esfera ; cuanto mas le penetramos , mas se va or denando y embelleciendo lo que al principio nos pareció una confusion , hasta que por último, visto desde su propio cen tro , su universo intelectual deja de parecernos una serie de paisajes aéreos , incoherentes y desencajados , y nos presenta una escena grande , magnífica y variada , llena piertamente de productos maravillosos ; irregular, si se 115 quiere ; pero rica , lujosa , grande , brillante y soleada.. Elásole dado á Richter el nombre de Coloso intelectual ; con efecto, como tal debe considerársele bajo todos aspectos. Sus facultades son todas agigantadas , y por lo mismo son sus movimientos torpes y pesados ; grandes y espléndidas antes que armoniosas y bellas ; y con todo , vienen á formar un conjunto rebosante de vida , y dotado de una fuerza estraor dinaria. Tiene una inteligencia vehemente., escabrosa , irre sistible ; hace trizas de los problemas mas arduos, los reduce á polvo ; penetra en las mas recónditas combinaciones de las cosas , y afianza las mas remotas; su imaginacion es vaga, sombría , brillante y aterradora, anda errante por lo infinito, y hace comparecer delante de nosotros , en su luz crepuscu - lar , formas brillantes , imponentes ó pavorosas ; no hay en el mundo literario un ejemplar de tan rica fantasía ; derrama sus tesoros con una prodigalidad que no conoce límites , col gando , como el sol, un diamante de cada hoja, y sembrando la tierra anchamente de perlas orientales. Pero mas hondo que todas estas prendas está el humor , que es la descollante en Juan Pablo , el fuego central que anima y vivifica todo su sér. El chiste es el elemento en que su naturaleza vive y ac túa ; pero tan gigante en sus chistes como en su seriedad, traspasa todos los límites , y allá se desmanda sin ley ni me dida. Amontona el Pelion sobre el Osa , y parte y arroja el universo como un juguete ; la Luna , á fuer de satélite rebel de , se mofa de la Tierra ; Marte predica á los demás planetas una doctrina harto singular : hasta el tiempo y el espacio an dan á competencia en sus fantásticos juegos ; levantase una mojiganga ; la naturaleza entera .esta bufoneando del modo mas estraVagante. Con todo, aquella anarquía tiene su intento ; aquellas ca rátulas no son mascarillas vanas , sino que encubren rostros vivos, y aquella momería tiene su significado. Richter es chistoso y placentero, mas nunca socarron ; aun mas, á pesar de su estravagancia , cabe decir que, su humor es , entre to das sus prendas , la mas pura y genuina ; es tan halagiieho, tan antojadizo , tan primoroso , tan ingenuo ; y vemos surgir de su ciclópea fragua unas figuras tan perfectas y animadas, que ha de escitar, mientras subsista nuestro linage , la risa el .amor de los hombres. Aunque caprichoso al parecer , no obra sin premeditacion ; y á la manera de Rube,ns , puede, con un solo rasgo , trocar un semblante risuelio en otro tris te ; pero hasta en su sonrisa yace encubierto un dolor tan esquisito y tan profundo, que no arranca lágrimas. Es Richter un' hombre sensible en el mas noble sentido de esta palabra, pues ama á todos los vivientes con el corazon de hermano; allá sé esplaya su alma en dolor ó alegría, en bondad ó gran - deza , por la creacion entera. Todo afecto gentil ó generoso, todo .estremecimiento de compasion , todo noble destello del alma, despiertan un eco en su pecho, y armonizan con su espíritu en términos , que le arrancan acentos capaces de cau tivar á los ángeles. Ni aun la aversion viene á ser odio en él; menosprecia mucho , pero con justicia y con tolerancia tam bien , con placidez, y hasta con cierto amor. El amor es la atmósfera que respira, el medio por donde mira, lo que vi vifica y embellece cuanto abraza. La naturaleza inanimada no es ya un yerto conjunto de matices y fragancias , sino una Presencia misteriosa, con la cual está platicando en inefable simpatía. La noche infinita, con sus solemnes aspectos, el día y el suave tránsito del alborear y del anochecer rebosan para él de intento y significado ; él ama á la verde tierra con sus arroyos y bosques, con sus floridos campos y su eterno cielo ; la quiere con pasion en todas sus vicisitudes de luz y de. sombra ; su espíritu se sacia de su grandeza y de sus hechizos ; se espacia , como la brisa por la ,selva y el llano, por la canada y el valle , hurtando y despidiendo fragancias. No pocas veces ha causado estraneza que vayan de pareja dos cosas , al parecer tan encontradas ; que los hombres fes tivos sean á la par hombres sensibles. Mas lo estrano fuera que estas dos prendas estuviesen separadas , que residiese el humor genial y puro en un ánimo tosco y encallecido. La esencia del humor es la sensibilidad , la tierna simpatía con todas las formas de la existencia. La última perfeecion de nues• tras facultades , dice Schiller , con una verdad mas profunda de lo que á primera vista aparece , consiste en que su activi dad venga á parar en festivo juego , sin perder por esto su gravedad y tino. El verdadero humor es la sensibilidad en sia sentido mas genuino y profundo ; pero es el juguetear de la sensibilidad, cual el renir carinoso y regalado de una madre con su tierno hijo. La facultad de la ironía, la caricatura, que usurpa á veces el nombre de humor, pero que principalmente consiste en cierta eontorsion superficial ó trastorno de los objetos, y aca ba cuando mas en una risotada , DO tiene nada que ver con el humor de Richter. La ironía no es mas que una menguada fraccion del humor, 6, por Mejor decir, es el cuerpo sin alma. El verdadero humor no nace mas de la cabeza que del corazon ; no es menosprecio, su esencia es el amor; no se manifiesta. en carcajadas , sino en tranquilas sonrisas , que encarnan mucho mas. Es como una sublimidad inversa, que enaltece lo que nos es inferior y nos encarina con ello, al paso que la sublimidad baja á nuestro afecto lo que nos está muy encima. La primera no es menos rara y preciosa que la segunda, conquista mucho mas los corazones, y es la piedra de toque mas certera de un génio descollante. Dirian que es la flor y la fragancia, el efluvio mas puro de una naturaleza profunda, fina y amante ; de una naturaleza en armonía consigo propia, tolerante con el mundo, á pesar de sus con tradicciones, y que hasta halla en estos lunares nuevos ele mentos de belleza y bondad. Entre los escritores ingleses, no ocupa Shakspeare , en ésta parte, el primer lugar, pues su humor ; aunque exuberante y muy sentido, no es de la espe cie mas tierna 6 delicada ; Swift propende á la mera ironía; y su humor, lo propio que el de Ben Jonson, aunque atesora cierto afecto, lo tiene cubierto debajo de una corteza cáustica y amarga. Sterne , á pesar de sus lunares, es lo mejor que en este género pueden citar los ingleses, pues Yorik el cabo, Trim y mi tio Tobias no tienen parangon , como no seaDon Quijote, el cual es muy superior á todos.ellos. Cervantes es, entre todos los grandes escritores de éste género, el mas pu ro ; su.humor es tan gentil como genial, tan robusto como etéreo, y está en cabal consonancia consigo y con su noble naturaleza. Dicen que abunda el humor entre los italianos; confesamos no obstante que no acertamos á ver en sus elási cos nada que se le parezca, corno no sea quizás de vez en cuando en Ariosto y en Manzoni. Lo que es en Francia, pue de decirse que murió el humor con Montaigne ; Voltaire, que con tanto ahinco blandió el arma de lo ridículo, jamás se en cumbró al humor ; y hasta en Moliere, son sus chistes hijos mas bien de las circunstancias que de su carácter. Qué Richter puja en humor á todos los escritores alemanes es mucho decir, aunque no por esto es menos cierto. Ni Wie land , ni Gcethe , ni Ramler, ni Gellert , ni el mismo Tieck, pueden parangonarse en esta parte con Juan Pablo. No sin razon le han apellidado sus panegiristas Der Einzige ( El Unico ) ; y ora sea para alabarle 6 censurarle, fuerza les será á sus críticos adoptar este epíteto, puesto que en balde fuera buscar con quien compararle en todo el círculo literario. « Acontece con el estilo, dice Lessing, lo que con la nariz; cada cual tiene la propia y el propio. Verdad es que hay nari ces descomunales ; pero nadie tiene el derecho de amputadas,. como no sean postizas. » Que el estilo de Richter es singular; no hay que negarlo ; pero la cuestion es esta : hasta qué punto representa su modo de escribir su real modo de pensar y de existir? Pues la gran ley de la cultura es que cada cual. venga á ser todo lo que fué criado capaz de ser , que se di late cuanto pueda hasta adquirir sus cabales medros , que re sista á todo obstáculo , y que arroje de sí toda .adhesion eš traba y danina, y se muestre finalmente en su propia forma y estatura , sean estas cuales fueren. No hay uniforme de es- - celencia , ni en la naturaleza física ni en la espiritual.; todo lo genuino es lo que debe ser ; el ciervo.es hermoso , y no lo es menos el elefante. Lo propio sucede en literatura. Además, el génio , que tiene tambien .sus fueros , elige una órbita á su gusto., y por muy escéntrieá que sea., no deja de ser una ór-. bita celeste ; y nosotros , que no hacernos mas que mirar los astros , debemos conformarnos con ella, dejar á un lado toda cavilacion , observarla y calcular sus leyes. Y no queremos decir con esto que sea Richter un nuevo planeta en los cie los intelectuales ; quizás fuera mas exacto decir que es un corneta que , 6 pesar de suslarguísimas aberraciones y del nebuloso manto que le encubre, ocupa su lugar en el em píreo. No es nuestro .propósito hablar de la filosofía de Richter, ni indicar en qué concuerda ó desafina con la filosofía alemana. Diremos tan solo que no es ni mecánica ni escéptica ;. no es hija del foro ni del laboratorio , sino de las honduras del es píritu humano, y dá por fruto un noble sistema de moralidad y una firme conviccion de la religion. Y es esto tan positivo, que, aunque no fuera mas que bajo este aspecto, le conside ramos muy digno de estudio. Richter es religioso en el sentí-, do mas puro de esta palabra. La reverencia y el acatamiento para con el Espíritu omnipotente y de bondad infinita for man, sin mezcla de temor interesado, la corona mas bella y radiante de šu cultura. Se echa de ver cómo la divina influen cia ha reprimido y acrisolado los fogosos elementos de su naturaleza, los cuales, castigados por un principio de com pasion y humildad, han dado cabida á la paz y á la benevo lencia. Acompánale por todas partes una fé intensa y constante en la inmortalidad del hombre y en su nativa grandeza :.de en medio de las vórtices de la vida, levanta los ojos á un.as tro celestial que le sirva de guia , y en lo invisible y eterno halla la solucion de lo visible y volandero. « Cuando allá en tu hora postrera, » dice en su Levana , página 251, « cuan do en tu hora postrera (medítalo bien ), se postren todas las facultades de tu espíritu abatido, y mueran de inanicion la imaginacion , el pensamiento, el ahinco , el goce, entonces seguirá floreciendo sola la nocturna flor de la creencia, la que refrescará con su fragancia la lobreguez de la muerte.» Tales son, aunque escritos de priesa y á larga distancia, al gunos de los principales rasgos de Juan Pablo Federico Richter y de sus obras. La Alemania le quiere -entranablemente. El tiempo, que tanto achica y contrae famas anchamente esto didas , no podrá probablemente nada con Richter, porque encierra este escritor lo que no muere : la belleza y serenidad de alma, el espíritu de humanidad , amor y blanda sabiduría, contra lo cual se estrellan las vicisitud-es de la moda. Suya es la escelencia de la naturaleza íntima, única que confiere la inmortalidad á los escritos. Llegará, á no dudarlo, un tiempo en que, en medio del desierto moral de la literatura vulgar, con sus arenales, con sus arbustos resecados, amargos y ve nenosos. á veces, se levantarán los partos de este hombre en su irregular lozanía, á la manera de un grupo de flexibles palmas, con su verde alfombra y pozo de agua cristalina, 117 para agasajar al peregrino en la abrasada soledad, con re galada fruta y carinosa sombra. Permítasenos ahora decir una palabra de la traduecion de los fragmentos de Richter que iremos dando en la Abeja; fragmentos, decimos, porque no creemos que sus obras com pletas mereciesen en estos tiempos mediana aceptacion, segun ya se habrá podido colegir de lo que llevamos dicho. Grandísima dificultad presentan además las obras de este escritor para quien trate de traducirlas á otra lengua, pues llevan un sello tan indeleble de nacionalidad, que es poco me nos que imposible ponerlas en ninguna otra lengua europea. Con decir que ni aun los Alemanes pueden comprender las obras de Richter sin estudiarlas muy detenidamente , y que hasta se ha publicado ex-profeso un diccionario para facilitar la inteligencia de las mismas al público aleman, se harán car go nuestros lectores de cuán ardua sea esta empresa. Creemos no obstante que bastarán los estrictos, que pensa mos publicar , para dar al lector una idea , en cuanto cabe , aproximada de este escritor estraordinario. En medio de la desconfianza con que los ofrecehios al Público, nos alienta el deseo de que empiece á conocerse en nuestro pais , comuni cando de este modo á los demás el placer y.la instruccion que á nosotros mismos nos han proporcionado la lectura y el es tudio.de Juan Pablo. Como son dos los sistemas que suelen seguirse en la tra duccion, no parecerá por demás que hablemos del que hemos adoptado para la Abeja, y mas aun para los estractos de Richter. Así en Espana como en Francia é Inglaterra, se reco mienda generalmente el sistema de la traduccion libre, al pa so que en Alemania , el sistema literal es el mas universal mente adoptado. Sin que sea nuestro ánimo discutir el mérito comparativo de estos dos sistemas, fuerza es confesar que nin. gun pais posee, como la Alemania, versiones tan cabales de los autores célebres , así de la antigüedad como de los tiem pos modernos; y la escelencia de sus traducciones de Hornero, Esquilo , Sófocles , Eurípides, Píndaro , Platon Virgilio , del Dante , de Shakspeare , Cervantes, etc. , etc., prueba satisfactoriamente que sus eminentes traductores han adoptado el único sistema que podia alcanzar el éxito mas completo. Y esto es 'tan cierto , que el célebre Goethe , cu yo voto en toda materia literaria es de muchísimo peso, dijo que llegaria un tiempo en que todos los Europeos aficiona dos á las letres aprenderian la lengua alemana, solo pa ra poder leer las escelentes versiones de los buenos esc.ri tores antiguos y modernos que está poseyendo la Alemania. Confesamos pues que , en cuanto lo lia consentido la índo le de nuestra lengua materna, hemos seguido fielmente el sis tema aleman; que hemos procurado ser unos meros intérpre tes de las ideas de Juan Pablo, y que no nos hemos permitido aditamento ni cercen ; en una palabra , hemos procurado dar en nuestra lengua una copia tan exacta como nos ha sido posible del original aleman , tal como lo hemos leido y en tendido. Ahora pues, de lo dicho se infiere que, siendo el estilo de Juan Pablo , segun ya se ha visto, raro y esclusivamente su yo, y habiendo empleado imágenes, y aun palabras , que no usó autor alguno antes ni despues de él , si nuestra version ha de ser fiel y reflejar una cabal semejanza del texto aleman, habrá de ofrecer algo estrano y desusado. Con un autor como Juan Pablo no cabia seguir el sistema de la traduccion libre; pues si bien podian darse sus ideas, hubiérase perdido su esti lo con sus estranezas, por donde hubiera recibido el lector es panol una impresion harto imperfecta de sumodo de escribir. Quizás se nos eche en cara el habernos adherido con demasia do rigor al estilo aleman ; pero confiamos que si es esto un error se mirará con indulgencia , puesto que presenta por otro lado un trasunto mas fiel del original. En una cosa sobre todo se han estrellado todos nuestros es fuerzos en la traduccion ; y es en los redoblados compuestos de dos y mas nombres sustantivos é infinitivos, con cuyo me dio , usado por Richter con profusion estremada , se espresa en el texto en brevísimas palabras una idea complexa, que en castellano requiere una frase pesada y perezosa. Esta es otra de las ventajas que tienen las lenguas germánicas sobre las neo-latinas; y la nulidad de estas, en esta parte y en otras que omitimos, no está en nuestra mano el remediarla. De este es collo hemos procurado salir lo menos mal posible. Solo nos resta anadir qae la traduccion de los fragmentos de Richter, que iremos insertando en la Abeja, ha sido para nosotros una obra de amor, y que, como tal, 110 hemos per donado tiempo ni fatiga para acercarnos, en cuanto nos ha sido dable, al intento del autor. No sabemos. hasta qué punto lo habremos conseguido; pero si su lectura contribuye á mi tigar los quebrantos del corazon y el tedio del alma de algu no de nuestros lectores, tendremos por bien premiado nuestro aran , al pa'so que nos cabrá tambien el consuelo de haber contribuido con nuestro óbolo á propagar sentimientos bajo todos conceptos morales • nobles y levantados. Antonio Bergnes de las Casas. El teatro considerado como una institucion moral. por Zchilter. El teatro debe indudablemente su origen á aquel ímpetu irresistible que nos arrastra hacia lo nuevo y lo estraordi nario, al deseo vehemente de sentir agitadas nuestras pasio nes. Agotado por los supremos esfuerzos del espíritu ,4atiga do por las ocupaciones monótonas, deprimentes á veces, de su profesion , harto de sensualidad , debió sentir el hom bre en su interior un vacío que mal se avenia con su incesante anhelo de accion. Nuestra naturaleza , igualmente incapaz ya de seguir sumida en un estado puramente animal, como de ocuparse sin tregua en las elevadas tareas del en - tendimiento , exigia un estado intermedio que armoniza se tan contrapuestos estremos, relajando una tirantez es eesiva, y facilitando así la transicion alternada de un estado á otro. Esta utilidad la proporciona principalmente el senti do estético, ó sea el sentimiento para lo bello. Pero como el fin principal que debe proponerse el legislador es escoger, en tre dos influencias , la mas elevada , así tampoco debe con tentarse con haber refrenado las inclinaciones aviesas de su pueblo, antes bien las utilizará , en cuanto sea posible , co mo instrumentos de mas altos planes, y se esforzará en con • vertidas en fuentes de felicidad. Así es como vino á elegir, con preferencia á todas las demás, el teatro, que abre un campo infinito donde pueda espaciarse el espíritu sediento de actividad, donde, sin ocasionar una tension desmedida m 118 w de ninguna de las fuerzas del alma , encuentre cada cual su pasto , hermanando de esta suerte el mas noble solaz con la cultura del corazon y del espíritu.. El que por primera vez emitió el juicio de que la mas ro busta columna del estado era la religion , porque , sin ella , pierden las mismas leyes sus fuerza , defendió , sin intentar lo, ó sin advertirlo acaso , el teatro en su acepcion mas no ble ; pues cabalmente aquella insuficiencia , aquel carácter vacilante de las leyes políticas , que hacen la religion indis pensable al estado , determinan tambien la fuerza moral de la escena. u Las leyes , quiso decir , no giran sino sobre deberes puramente negativos ; la religion , por el contra rio , estiende sus exigencias y su esfera de accion sobre el verdadero obrar ; las leyes son una rémora á las acciones di solventes del complejo social; la religion impone , prescribe, ordena las que mas estrechan sus lazos. Aquellas dominan únicamente sobre las manifestaciones esteriores de la volun tad ; los hechos tan solo les están sujetos: esta dilata su ju risdiccion hasta los arcanos mas recónditos del corazon , y persigue los pensamientos hasta sus mas escondidos gérmenes. Las leyes son resbaladizas y flexibles, veleidosas como el hu mor y la pasion , la religion liga, fija , y estrecha eterna mente.» Esto quiso decir el que llamó á !a religion la mas ro busta columna del estado, pero , aunque le atribuyamos este gran poder sobre el cerazon de lodos los hombres, ? podrá 1.a religion por sí sola completar toda la cultura del espíritu ? Grande es, por desgracia, el número de los hombres, sobre los cuales obra mas sensual que espilitualmente. Despojad á la religion de sus ritos, de sus imágenes, de sus promesas de goces eternos, de sus amenazas de castigo. infinito, y perde ría para el hombre rudo, para el espíritu limitado , que no acierta á encumbrarse á la contemplacion pura y sublime de la Divinidad, la mayor parte de su poder infalible. Por esto, todos los fundadores de religiones, todos los grandes teólo gos han establecido, han convenido en la necesidad indis pensable del culto esterno , de los ritos, de las ceremonias, de pinturas y de imágenes sensibles, que contribuyesen á in culcar y grabar en los mas incultos entendimientos las subli mes verdades de la moral, y á hacer ostensible á todos su ac cion benéfica y civilizadora. Ahora bien, ! qué refuerzo no adquieren la moral y las leyes, si se aunan con el teatro, donde palpita y vive lo presente, donde el vicio y la virtud , la dicha y el infertunio, la locura y la sabiduría pasan en mil pinturas verdaderas y accesibles á los ojos del espectador, donde la Providencia muestra patentes sus arcanos, donde ,el corazon humano , bajo la tortura de la pasion , revela sus vibraciones mas sutiles , donde toda máscara cae, todo afeite se desvanece, y la verdad, incorruptible como liada manto, administra su justicia! La jurisdiccion de la escena empieza allí donde termina la de las leyes civiles. Cuando la justicia, cohechada por el oro y á sueldo de los vicios, se revuelca en disolucion desen frenada, cuando los desmanes de los poderosos se rien de su impotencia, y maniatada por el miedo, tiembla la autoridad ante los hombres, entonces se apodera el teatro de la balanza y de la espada, y arrastrá á los vicios ante su terrible tribunal. El reino inmenso de la historia, el pasado y el porvenir, obe decen á sus menores mandatos. Del polvo en que yacen lar go tiempo deshechos, levántanse osados criminales al om nipotente conjuro de la poesía, y comparecen á repetir en nuestra presencia una vida de ignominia para leccion tre menda de la posteridad. Inermes, pasan á nuestros ojos los horrores de su siglo, al modo que las figuras de una fantas magoría, y penetrados de terror voluptuoso, execramos su memoria. Cuando DO se ensenase ya moral alguna, cuando bu biese desaparecido todayeligion Y toda creencia, y no quedase ea Pié ninguna ley , nos horrorizaríamos siempre á la vista de Medea bajando vacilante por la escalinata del palacio, salpi cada con la sangre de sus hijos, por su mano degollados; un terror saludable sobrecogerá á la humanidad , y cada cual apreciará para consigo su conciencia tranquila, al aparecerse Lady Macbeth somnánbula, desencajado el rostro , lavándose las manos, y requiriendo todos los perfumes de la Arabia para pnriíicarlas del asqueroso hedor del asesinato. Guante es cierto que la representacion visible obra mas poderosa mente que la letra muerta, tan cierto es tambien que el teatro ejerce una accion mas profunda y duradera que las leyes. Pero hasta aquí no se nos hapresentado el teatro mas que como un firme apoyo de la justicia.—Un campo mas vasto se abre á su poder. Miles de vicios , que las leyes sufren impunes, llevan sil merecido castigo, miles de virtudes, sobre las cua les enmudecen aquellas, son enaltecidas en el teatro. Aquí lleva de la mano á un lado el saber, y al otro lado la religion. De estos dos purísimos manantiales saca sus lecciones y sus dechados, y nos muestra el deber austero, adornado con una vestidura galana y seductora. ! Cómo colma de halagüenas sensaciones, de propósitos saludables y de pasion nuestra al ma! !qué divinos ideales presenta á nuestros conatos! Cuando Cinna , el traidor, cree estar leyendo su sentencia de muerte en los labios del magnánimo Augusto ; y este , grande como sus dioses , alargándole la diestra, esclama « ! Seamos ami gos , Clima! » ? quién, entre la muchedumbre, no estrecha rla con placer la mano de su mortal enemigo para igualarse con el generoso romano? Cuando Francisco de Sickingen , saliendo al campo á castigar á.un príncipe tirano, y á pelear en defensa de agenos derechos, al mirar por acaso hácia atrás , vé cual consumen las llamas su castillo , donde que daron sin amparo suesposa y sus hijuelos, y fiel guardador de su palabra, prosigue su camino, ! cuán grande no apa rece entonces el hombre, y cuán mezquino y despreciable e . temido incontrastable destino ! Tan odiosos, como amable la virtud, se reflejan los vicios en su terrille espejo. Cuando el desvalido y aninado rey Loar, entre las tinieblas y la tempestad, llama en vano á la puerta de sus hijas; y cuando se mesa desesperado, esparcien do al viento sus nevadas canas, y cuenta á los embravecidos elementos cuán inhumana ha sido para él su Regana ;. y cuando, en su fiero dolor , prorumpe en las tremebundas palabras u !todo os lo di! » ! cuán execrable se nos muestra la ingratitud ! ! cuán vivo no es nuestro propósito de venerar á nuestros padres y•de amarlos con filial carino ! Pero la esfera de accion de la escena se estiende todavía mas allá; pues donde las leyes se desdenan de acompanar laá sensaciones del hombre, se afana ella celosa por nuestra ins truccion. La dicha de la sociedad es tan turbada por la locu ra como por los crímenes y los vicios. Una esperiencia tan antigua como el mundo nos ensena que, en la trama de los negocios humanos, los pesos mas graves penden á veces de los hilos mas tenues y delicados, y que si nos remontamos á la fuente de los hechos, debemos sonreirnos diez veces por una gin nos horroricemos. Mi catálogo de malvados vá re duciéndose á medida que voy entrando en anos, al paso que mi registro de locos se vá haciendo mas y mas largo. Si en el un sexo reconocen todas las l'altas morales un solo y mismo origen , si todos los escesos monstruosos del vicio que lo estigmatizan no son mas que formas variadas, grados su periores de una cualidad que , en último resultado , amamos todos de consuno, ?por qué no ha de haber seguido la natu raleza, en el otro sexo, iguales caminos ? Solo un secreto conozco yo para preservar á los bombres de la depravacion ; |
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