03_No. 1 (1 enero 1862), p. 79-91 |
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Ueber die Berge steigt schon die Sonne
Ya el alba riente los picachos dora,
Rebanos de ovejas se escuchan balar,
Mi amor, mi cordero, mi sol y mi aurora , ; Quién tu rostro viera antesde marchar !
Vuelvo á sus postigos la ansiosa mirada ;
Adios, mi querida, me ausento de aquí !
En vano ! no escucha mi tierna llamada :
Duerme aun y suena ; ?si sonará en mí ?
Sic gaben mir Rath und gute Lehren
De avisos me colmaron y lecciones,
Y llegaron corteses á abrumarme ;
Y todos protegerml deseaban,
Y decian no mas que me esperase.
Mas con su proteccion tan decantada , Venido hubiera á perecer de hambre,
•A no ser por un hombre de altas prendas
Que quiso en mi favor interesarse.
;Hombre escelente ! dame de que coma,
; Oh io ! nunca jamás podréolvidarle
; Lástima que no pueda darle un beso !
Pues yo soy este hombre incomparable.
CORONACION.
Ihr Lieder ! ihr rneine guten Lieder !
;Ea! cantares inios ,
; O mis cantares buenos y queridos,
Armaos ! y que atruenen los °idos
Las sonoras trompetas !
Y alzadme con presura,
Sobre el pavés triunfante,
Como reina elegida , esta hermosura
Que debe dominar mi pecho amante.
Salve, salve, mi reina encantadora !
Al sol que brilla en el inmenso cielo
Le arrancaré sus rayos deslumbrantes,
El oro rojo que la tierraquema ,
Para forjar con ellos la diadema
Que tus cabellos cina undiv'agantes;
Y de la seda azul del firmamento
Un precioso giron he de cortarte ,
De estrellados brillantes recamado,
Para el manto preciado
Con que los régios hombros quiero ornarte :
Y una corte he de darte
De engreidos sonetos
De maneras pomposas y galanas,
De orgullosos tercetos ,
Y de estancias pulidas, cortesanas.
Por batidor tendrás mi chiste crudo,
Y por bufon mi loca fantasía ;
Mi humor por heraldo, cuyo escudo
Una riente lágrima atavía.
Y yo en tanto, graciosa soberana,
Sobre cogines de esplendente grana
Rendidamente hincado,
En senal de amoroso vasallage ,
Te ofrezco en homenage,
; Oh mi reina adorada y mi senora !
'De mi pobre juicio el resto escaso,
Que, por capricho ó por piedad acaso,
Dejarme quiso aun tu antecesora.
MAR BONANZA.
Meeresstille ! ihre Strahlen
!Mar bonanza ! sus rayos ardorosos
A plomo lanza el sol sobre las aguas,
Y en el záfiro undoso verdes surcos
Abre la nave en su carrera blanda.
Junto á la barra echado de barriga,
Duerme el piloto plácido á la larga ;
Y al pié del rnastil remendando velas,
El breoso grumete se agazapa.
So el alquitran que cubre sus megillas
Le asoman los colores ; su bocaza
Con dolor se contrae ; y angustiosas
Son de sus grandes ojos las miradas.
Que el capitan le mira furibundo,
Y en ternos se desata y amenazas ;
« Pillastre !» grita « pícaro ! un arenque
Del tonel me has robado ! no te escapas !»
Mar bonanza! por sobre el onda riza
La cabezuela un pececillosaca
Por calentarse al sol, y coletea
Y alegre chapotea con el agua.
Mas atisba en lo alto la gaviota,
Y sobre el pejecillo se dispara,
Y con la presa rápida en el pico,
Remóntase en la atmósfera azulada.
NAUFRAGIO.
Hoffnung und Liebe ! alles zertriimmert !
; Esperanza y amor ! todo perdido !
Y yo mismo no mas que un cuerpo inerte,
Un cadáver no mas, que el mar airado
Contra la arena arroja ; y aquí yazgo
Sobre una yerma inhabitada orilla.
Ruge ante mí el desierto de las aguas ;
Tras de mí yacen penas y dolores ;
Y raudas pasan sobre mí las nubes,
Las pardas y sin forma hijas del aire,
Que con cubos de niebla el agua sacan •
Del hondo mar ; y la pesada carga
Arrastran y remolcan lejos , lejos,
Para vaciarla al fin en el Océano.
; Triste faena, inútil y enojosa,
Como mí propia miserable vida !
Zumban las olas con furor crecido,
Las gaviotas chillan. Mil recuerdos
Agólpanse á mi mente; y se levantan
Olvidados ensuenos de ventura,
Fantasmas que atormentan dulcemente.
Vive del ,norte én el helado suelo
Una hermosa muger , cual reina altiva :
Su esbelto talle de ciprés erguido
Cine lasciva la nevada falda;
De las sienes de trenzas coronadas,
Un torrente de rizos se derrama
Como una negra noche deliciosa,
Y en torno al dulce pálido semblante
Cual vagas ilusiones serpentean ;
Y sobre el dulce pálido semblante
Brillan dos ojos vivos y rasgados
Como dos negrosesplendentes soles.
; Oh soles adorados ! cuantas veces ,
Cuantas bebí extasiado en vuestros rayos
De inspiracion la llama devorante,
Y vacilé embriagado en vuestro fuego.
Luego una risa de paloma dulce
Vagaba en torno á los altivos labios,
Y los labios altivos suspiraban
Palabras SlaVCS COMO luz de luna,
Como perfumes de la rosa tiernas ;
Y mi alma sus alas desplegando ,
Cual águila real volaba al cielo.
, Callad, gaviotas y furentes olas !
Todo acabóse, dicha y esperanza ;
Esperanza y amor ! nada me resta !
Náufrago triste en enemiga playa,
Destrozado, perdido delirante ,
El rostro escondo en la mojada arena.
Juan Font y Guitart.
w 80 w
Poesías de Luis Uhland.
LA ERMITA.
Allá arriba está la ermita ,
Mira callada en el val ;
Abajo en la verde yerba
Canta alegre el rabadan.
Triste dobla la campana ,
Suena canto funeral....
Mira arriba el pastorcillo ,
Y ha parado su cantar.
A los que en el val gozaron
Hoy los llevan á enterrar :
Pastorcillo ! ay pastorcillo !
Que tambien te llevarán !
DESPEDIDA.
Adiós! adios , amada mia !
Debo dejarte hoy,
Un beso dame, un beso de tu boca
Para siempre me voy.
Una flor rompe, dame con tu mano,
Del árbol del jardin ! '
Fruto no he de esperarlo ; la esperanza
Murió ya para mí.
SONES DE MUERTE.
1. La SERENATA.
! Qué armónicossonidos interrumpen
Mi sueno fatigoso !
Asómate, mi madre, á ver quien turba
Tan tarde mi reposo.
« Nada percibo en la desierta calle,
En paz, hija, dormita ,
Que nadie á darte serenatas viene
Mi enferma pobrecita ! »
No es música terrestre la que llena
Mi alma de alegría ;
Con sus cantos los ángeles me llaman,
Adios! oh madre mia !
2. EL Tormo.
«No quiero ir al jardin , ya estaré en cama
Todo el verano quieto'•
Oyera solamente el tordo alegre,
Que canta allí en el seto. »
Traen en una jaula al pobre nino
El ave aprisionada ;
Mas no quiere cantar, la cabecita
Doblando acongojada.
Al pájaro con rostro suplicante
El nino enfermo mira ;
Rompe el tordo á cantar; sonrie el nino,
Y en la Sonrisa espira.
3. EL CLAVE.
« Vuestro clave tocadme, buen vecino ;
Probad si su sonido
Derramará tal vezalgun consuelo •
Al pecho dolorido ! »
. Al ruego de la enferma , el viejo toca ,
Así nunca tocó !
Tan pura , tan magnífica armonía
Jamás produjo , nó !
Estrafios Sones, de celeste gloria ,
En el clave despierta ;
S ;brecogido de terror, se para ,
Y vé á su amiga yerta.
Exeerpta.
1. Todo dicho sin hecho es nube sin lluvia, arco sin cuerda.
OHLENSCHLOEGER.
2. Nuestras propias acciones son para nosotros bendicion ó mal
dicion.
3. Arduo es en la tierrra adquirir virtud, libertad y dicha ; pero
mucho mas árduo todavía es propagarlas.
4. Cada ' cual tiene su propia dicha en las manos, como el artista
el pedrusco del que vá á labrar una estátua.
5. El seguir hasta su origen las huellas de un error es refutarlo.
DUGALD STEWART.
6. ? Qué efecto puede producir el sol de la ciencia en los tibios
mundanos? El mismo que produce el otro sol en los ventisqueros.
Puede este sol platearlos y dorarlos con sus rayos ; mas no alcan
za kderretirlos. J. P. F. RICHTER. •
7. Los hombres mas dignos son generalmente los mas calumnia
dos, bien así como suele ser la mejorfruta la mas picada por los pá
jaros.
8. La bondad, como la caridad, cubre una multitud de faltas ;
viene á ser la leche y la miel del contento doméstico.
9. El único caso en que obra con violencia la luz de los libros es
aquel en que se le oponen impedimentos, y en que la lánguida llama
Juan Tont y Guitart.
se condensa en fuego fundidor, torciéndola con el soplete. La muda
Francia sacó de repente la lengua, como el hijo mudo de Creso, aun
que de muy distinto modo. ?Sun dolor que hable la necesidad impe
tuosa , y no la larga y mansa libertad ; que tana las campanas , no el
religioso sacristan , sino el temblor de tierra. J. P. F. RICHTER.
10. Sé lo que quieras que los hombres piensen de tí ; pues si eres
un jumento, jumento serás, aun cuando todos los hombres te tuvie
ren por leon.
11. Malísima condescendencia para la multitud es el provocar en
ella las sensaciones que quiere tener, y no las que debiera tener,
12. Sin suenos políticos, muriera todo estado, lo propio que, se
gun Kant , muriera un cuerpo sin otro. El que no quiere nada inas
que la actualidad no hubiera sido seguramente su creador.
13. Toda revolucion política es hija mas bien que madre de una
revolucion moral.
14. El poeta que viste pensamientos obscenos en armoniosos ver
SO se parece á un cantor que difunde por los aires hedor y armonía
á un mismo tiempo , y nos halaga el oido á costas de la nariz.
J. P. F. RICHTER.
Antonio Bergnes de las Casas.
BARCELONA.—IMPRENTA. 011 D. JUAN ()LIMES, CALLE DE ESCUDILLERS N.° 7. — 1801.
LA ABEJA.
REVISTA CIENTÍFICA Y LITEBBLI ILUSTRADA,
_PRINCIPALMENTE
EXTRACTADA DE LOS BUENOS ESCRITORES ALEMANES.
POR
D. ANTONIO BERGNES DE LAS CASAS,
catedrático de lengua griega, en la facultad de filosofía y letras, de la Universidad de Barcelona :
D. MIGUEL GUITART Y BUCII , doctor en Medicina :
D. ANTONIO SANCHEZ COMENDADOR,
catedrático de mineralogía y zoología , en la facultad do ciencias , de la Universidad de Barcelona :
D. ANTONIO RAVE ,
catedrático de física , en la facultad de ciencias, de la Universidad de Barcelona :
D. JUAN FONT Y GUITART.
Duraeion del sistema del 9.
por 3. 3.
Aunque así nosotros, corno todo cuanto con nosotros vive
en esta tierra , debeMos volver al polvo de donde salirnos, y
aunque estarnos resignados á este destino , comun á todos los
vivientes , no podernos , con todo , reprimir el deseo de que,
tras nuestra salida de esta escena , gocen de la vida otros sé
res en esta misma escena y en sucesion constante , que siga
subsistiendo el cielo que ahora está tendido encima de noso
tros , y que el mismo sol y la misma luna , que tan risuenos
nos han alumbrado á veces, iluminen tambien las llores que,
allá en tiempos futuros , florecerán sobre nuestros sepulcros.
Parece por demás advertir que para investigaciones de
esta especie, debemos prescindir de los transtornos que pueden
acontencer por efecto de fuerzas imprevistas y esteras. Qui
zás un corneta , que aun nos es desconocido , hará un dia pe
dazos nuestro planeta, ó lo anegará en sus ondas, ó lo redu
cirá á cenizas , dispersando los fragmentos por el océano del
universo. Quizás llegue un dia en que todo este sistema se,
incendie y consuma por alguna causa desconocida , como
la estrella fija de la Casiopea , de modo que ni siquiera
quede una huella de cuanto ahora nos rodea. Tales catástro
fes , ora sean posibles ó no, pueden preverse ; y no tienen
nada que ver cen una destruccion necesaria ó sujeta á cálcu
lo, de un modo natural, en la sucesion de los tiempos: así que
el estudio de una destruccion de esta especie es el único que
podernos proponernos en este escrito. El que un hombre que
de muerto de un rayo no puede influir en la mayor ó menor
duracion de la especie humana. Pero el que todos los hom
bres , y con ellos todos los vivientes , estén sujetos á roces y
deterioro incesante : esto nos hace inferir con harta certeza
una cesacion de movimiento de toda la máquina. Y lleva
esa máquina grande y admirable que tenernos encima ves
tigios de tal naturaleza, que de ellos podamos inferir, aunque
fuere en el porvenir mas lejano, su cesacion y su destruccion
'consiguiente ?
Ya se deja entender que solo podemos hablar aquí princi
palmente de aquellas perturbaciones á que están sujetos in -
T0310 1.
Cittrow.
dividualmente los cuerpos de nuestro sistema solar. Tales
perturbaciones son de dos especies: las periódicas, que afec
tan solamente al lugar de los planetas en su órbita ; y las
seculares , que cambian con el tiempo esta misma órbita. Es
evidente que las primeras no pueden influir en lo mas mí
nimo en la destruccion del todo. Pero y las segundas ?
— Pudieran influir , é infiuirian tambien , si esta variacion
de las órbitas siguiese siempre con el tiempo, por consiguien
te sin fin, la misma direccion. Pero no hacen : tal por donde
parece que , por este lado al menos, no hay nada que temer.
Pero como esta consideracion es de suyo muy importante,
y mas aun, por lo que á nosotros toca, no será por demás
que la estudiemos mas de cerca.
Sabido es que toda órbita de planeta ó cometa tiene seis
elementos, por los cualesse les puede reconocer y distinguir
de todos los demás cuerpos celestes. Estos elementos son : I.",
el eje mayor ó el tiempo de revolucion ; la escentricidad;
5.1', la indinacion de la órbita; 4.°, la longitud del perihelio;
S.', la longitud de los nodos ; y G.°, la época ó lugar del pla
neta en su órbita en un tiempo dado.
Será por demás estendernos aquí para probar que, de los
seis elementos arriba dichos , los tres últimos son completa -
mente indiferentes y sin ninguna influencia en la mayor da
cio') de todo el sistema. Que el eje mayor esté dirigido á esta
á aquella region del cielo, que la órbita planetaria corte el
plano de la elíptica en esta ó en otra línea, esto puede pertur
bar tan poco la estabilidad del todo en general, como puede
depender la misma del sitio del planeta en su órbita en cual
quier tiempo.
Mas no sucede lo mismo con los tres primeros elementos.
El eje mayor no puede estar sujeto á ninguna variacion , ni
siquiera á una variacion periódica , porque semejante varia
cion pasaria , por sunaturaleza , á un ameno ó disminucion
incesantes de la misma; aumento ó disminucion que, por peque
na que fuese, se iría acumulando con el discurso del tiempo ,
y acabada por acarrear un efecto destructor para el todo; pues
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todo planeta cuya distancia media varíe , aunque no sea mas
que en una cantidad mínima, se irá acercando constantemente
al sol , ó se irá alejando mas y mas de él ; y cada uno de. es
tos dos casos no podria menos de producir los mas fatales
efectos para tal planeta y sus habitantes. Los otros dos elemen
tos , empero, esto es , la escentricidad y la inclinacion de la
órbita , pueden sufrir tales variaciones, bien que estas deben
encerrarse dentro de ciertos límites, so pena de perturbar con
el tiempo el sistema entero. Si, por ejemplo , la escentricidad
de la órbita terrestre viniese á crecer mas y mas con el tiempo,
ó bien si esta misma órbita se hiciese mas y mas 'elíptica, ó si la
luna, en su carrera, se acercase mas y mas á la tierra, en el pri
mer caso , carnbiaria nuestro ano completamente su carácter
por lo que hace á la temperatura, y en el segundo caso, de
berle precipitarse la luna finalmente sobre la tierra. Si las
escentricidades de los otros planetas estuviesen sujetas á tales
variaciones , acercaríanse algunos de ellos un dia á la tierra;
nuestros anos y los suyos serian, ora muy cortos, oramuy lar
gos ; nuestas estaciones dejarian de enlazarse con una tem
peratura determinada ;. los planetas , a perentemente , mas
pequenos y las, lunas de los mismos, si se nos acercasen, cre
cerian en espantosa magnitud, y desparecerian otros comple
tamente á nuestra vista; las olas del mar inundarian de cuan
do en criando toda la tierra á manera de mareas universales ;
y el choque , inevitable al fin , de nuestra tierra con uno de
los otroscuerpos celestes, destruiria toda organizacion en los
dos , y quizás entrambos cuerpos tambien.
Ahora, pues, vemos por el análisis que el desarrollo de los
mas de estos elementos depende de séries, cuyos términos to
dos, sin esceptuar uno solo, contienen solamente 'senos de án
gulos que van progresando con el tiempo. Pero como los senos,
segun es sabido , no son mas que magnitudes que van perió
dicamente en aumento y distninucion, se verificarla lo mismo
con aquellos elementos, si aquella série no contuviese un tér
mino que fuese proporcional al tiempo mismo. En virtud de
este último término , pueden crecer sin límites aquellos ele
mentos, y así lo verifican tambien, pero sin que peligre en lo,
mas mínimo la estabilidad de todo el sistema. Pero los tres
primeros elementos , desarrollados tambien en séries , solo
muestran términos que contienen los cosenos de aquellos án
gulos, y ningun término Proporcional al tiempo mismo ; de
donde se ha sacado la conclusion de que estos tres elementos
no pueden sufrir variaciones que vayan creciendo con el tiem
po , sino solamente variaciones que periódicamente se repro
ducen.
Pero esta conclusion , que, durante mucho tiempo , ha
parecido satisfactoria, no es completamente exacta. Pois
son fué el primero que demostró (Conn. des temps 1850) que.
no basta que estas series contengan solamente cosenos, para
que aquellos elementos no puedan crecer ó disminuir de un
modo continuo; sinoque además han de serconvergentes estas
séries , esto. es , que sus términos sucesivos han de ser siempre
mas pequenos , si la conclusion que se fundó en los mismos
ha de ser perfectamente rigurosa.
Lo que es la serie para el eje mayor de las órbitas, esta es
siempre convergente, segun se puede demostrar; y es además,
de tal naturaleza , que su variacion , si á los signos generales
contenidos en ella se sustituyen los valores numéricos para
cada planeta, es siempre igual á cero. Así.es..que por estelado,
y este es el mas importante de todos, no hay que temer la me
nor perturbacion en la estabilidad de nuestro sistema solar.
El desarrollo .para la escentricidad y las inclinaciones de
las órbitas dá , empero., ciertas séries , de las cuales se hace
árduo decir con seguridad si convergen ó no. Poisson en
contró , no obstante , que la constitucion de estos dos ele,
mentos depende tambien de dos ecuaciones , que son de la
mayor importancia para el objeto que nos ocupa. Si , Pues ,
estas ecuaciones no tienen mas que dos raíces reales é iguales,
ó si tienen dos raices imaginarias , pueden aquellas séries se
guir siendo siempre con vergentes ; pero estos dos elementos
pueden crecer proporcionalmente con el tiempo , esto es,
sin fin ; de donde podríamos inferir , con no menor certeza,
la destruccion final del sistema.'
Pero ya demostró antes Laplace que las ralees de estas dos,
ecuaciones serán siempre, en un caso dado, réales y desiguales
entre sí ; y este caso se verifica , cuando todos los planetas se
mueven en la misma direccion en torno del sol: Así se veri
fica esto afortunadamente en nuestro sistema , en el cual
todos los planetas , sin escepcion , se mueven de occidente á
oriente ; y la corrsecuencia inmediata de esto es que las escen
tricidades , así corno tambien las inclinaciones de las órbitas
de estos planetas, no crecen ya inde0 nidamente,si no que siem
prehan de aumentar y disminuir entre dos límites solamente, y
estos muy próximos, ó, con otras palabras, que queda afianza
da la estabilidad de nuestro sistema , que se presenta con to
das las condiciones de una dorador) como eterna.
Otra consideradon mas detenida de este asunto nos pone
de manifiesto otras varias 'disposiciones, las que, no pudiendo
sujetarse al cálculo, llevan en sí el sello de la casualidad ,
paso que quizás sirven efectivamente de intento para el mismo
fin. Así es que dé los planetas antiguos, Mercurio y .Marte son
los que tienen mayor escentrieidad; pero tambien son de me
nor masa ; y en los nuevos planetas, son las escentri -
cidades muy grandes; pero tambien son lás masas muy peque
nas. Si tuviese Júpiter, que es el mayor de todos los planetas,
una escentricidad de su órbita tal como Juno ó Palas ,
es muy probable que amenazada en gran manera la estabili
dad de nuestro sistema solar. La tierra y otros planetas mas
pequenos por efecto de las atracciones de Júpiter, estraordi
nariamente desiguales , convertirian sus órbitas , que ahora
son casi circulares , en elipses muy prolongadas, y ó bien le
precipitarian en el sol, ó se alejarian de él para lanzarse á
regiones mas y mas 'remotas del cielo. Mucho mas admirable
todavía aparece esta union de grandes escentricidades con
pequenísimas masas en los cometas, los cuales si tuviesen
masas mas considerables , con su gran número y con la
estremada licencia de su movimiento por todas las direccio
nesdel cielo , no podrian_menos de obras de un modo fatal
sobre nuestro sistema solar.
El mismo gran geómetra, á quien debemos tantos y tan
\ hermosos descubrimientos en estas altas regiones de la astrono
mía encontró que, entre los tres elementos de que estamos
hablando , y entre las masas de los planetas , existen varias
ecuaciones , sobre cuyo fundamento no podemoS estendernos
en este lugar, pero que son demasiado importantes para que
las pasemos por alto.
Imaginémonos de cualquiera planeta , de Mercurio , per
ejemplo, el producto (lelos tres factores: masa del planeta, cua
drado de su escentricidad , y raiz cuadrada de su qe mayor.
Si llamamos á este producto para Nlercurio a, para Vénus a',
para la Tierra O, etc. , nos mostrarán aquellos altos cálculos
que la suma de todas estas cantidades a , a', , debe
ser para todos tiempos una cantidad constante é invariable.
Ahora pues, si es muy pequena la masa de cada planeta, toman
do por unidad la masa del sol, y si el cuadrado de la escentri
cidad, tomando por unidad la mitad del eje mayor de la ór
bita, es , á tenor de las observaciones, una cantidad muy pe
quena en todos los planetas, deben ser tambor) una cantidad
Muy pequena las cantidades a, al, O..., y en consecuencia ,
muy pequena ha de ser tambien aquella constante, al menos en
D2 83.1n
el actual estado de nuestro sistema planetario. Pero corno estas
constantes son una cantidad inmutable, paro todos tiempos, y
por consiguiente, muy pequena siempre, de ahí es que los tér
minos aislados a, a', a"... de aquella suma han de ser siem
pre muy pequenos. Pero los términos constan de las masas y
de la mitad del eje de las órbitas, que permanecen siempre las
mismas, y finalmente, de las escentricidades de estas órbitas ,
las cuales , en consecuencia, han de seguir sibrido siempre
muy pequenas, por cuanto los términos a, al, solo pue
den tener valores muy pequenos , segun ya se ha visto.
Y en efecto, aun cuando uno solo de estos términos a, al,
a"... pudiese venirá ser muy grande con el tiempo, esto es, si
una sola escentricidad de nuestro sistema solar pudiese crecer
indefinidamente , vendria á ser con esto aquella suma , ó , lo
que es lo mismo , aquella constante misma indefinidamente
grande. Pero ella es ahora muy pequena , segun lo demues
tran las observaciones, y por consiguiente , siendo , como es,
una constante, debe seguir siendo siempre muy pequena; por
donde tampoco puede una sola de aquellas escentricidades
crecer desmedidamente, sino que todas ellas deben permane
cer siempre encerradas entre dos valores poco distantes entre
Si, de los cuales no pueden alejarse nunca; pero siempre en la
suposielon de que todos aquellos términos a, al, a"... sean
cantidades positivas; por cuanto, aunque solo uno (le los mis
mos recibiese un valor negativo, es evidente que, en este ca
so, no pudieran aplicarse las conclusiones arriba dichas. •En
tonces pudieran dos de estos términos crecer sin dificultad
hasta lo infinito, y la suma seguiria siendo, no obstante, una
cantidad muy pequena, si uno de estos términos fuese positi
vo , y negativo el otro. Pero este caso nunca puede ocurrir
en nuestro sistema planetario, ?Y por qué no ?—Por la razon
aducida antes : porque los movimientos de todos los plane
tas se verifican constantemente en la misma direccion. En este
caso, debemos tomar todos los férminos a, a', siempre
con el mismo signo de los dos que corresponden á toda raiz
cuadrada; y por lo mismo , á la raiz cuadrada del eje mayor
arriba dicho; de suerte que deben tomarse losvalores positivos
de estas cantidades, si los planetas van de oeste á este, y los
negativos, si van de este á oeste. Pero como, en nuestro siste
ma solar , se mueven todos los planetas alrededor del sol de
oeste á este,- y como además las inaaS de los mismos, así co
mo los cuadrados de las escentrícidades de sus órbitas , son
ya de su o cantidades positivas, son tarnbien positivos todos
aquellos términosa, al, a"... por donde es aquí perfectamente
aplicable la susodicha conclusion de que estas eseentricidades
han de seguir siendo siempre cantidades pequenas , ó de que
nunca podrán trasponer determinados límites.
Una espresion completamente análoga se obtiene para las
inclinaciones de las órbitas respecto de la eclíptica. Si llama
mos b el producto de los tres factores , á saber : masa de un
planeta, cuadrado de la tangente de la inclinacion, y raiz cua
drada del eje mayor de la órbita , y si espresamos por bl el
mismo producto correspondiente á un segundo planeta, por
el de un tercero, etc., nos demuestra el análisis que la suma de
las cantidades b, es, en nuestro sistema, una cantidad
invariable en todos tiempos. Esta cantidad es ahora muy pe
quena, segun las observaciones; y por consiguiente, debe se
guir' siendo siempre muy pequena , y por la misma cau
sa, porque las cantidades b, b, P... son todas positivas , o,
con otras palabras , porque los movimientos de los planetas
están todos dirigidos hácia el mismo lado.
Vemos pues que , en N'irtud de un mecanismo sencillísimo
de nuestro sistema solar, scn completamente invariables los ejes
mayores de las órbitas, y que si bien las escentricidadesó in
clinaciones de las mismas varían un poco , están , con todo ,
estas variaciones encerradas en límites fijos , y generalmente
muy: estrechos, cuyos valores nunca pueden traspasar. Y CO
IDO de la estabilidad de estos tres elementos pende principal
mente la conservacion de nuestro sistema y de su coordinacion
actual en tiempos futuros, podemos inferir de esto que, en la
formados] de este sistema , entró en las miras de su Divino
Autor asegurarle esta conservacion é imprimirle el sello de una
duraeion indefinida. Este objeto se ha Conseguido principal
mente por dos medios, que, á primera vista parecen muy exí
giros, esto es, escogiendo simplemente números inconmensu
rables para los ejes mayores, ó, lo que es lo mismo, para los
tiempos de traslacion de estos planetas, con lo cual se asegu
ró la invariabilidad del eje mayor, que es uno de los ciernen
tos Mas importantes para la estabilidad del todo; y ordenando
los movimientos de los planetas, de modo que todos ellos gi
ran alrededor del sol siguiendo una misma direccion.
Otra disposicion hay en el sistema planetario' que tiene, al
parecer, el mismo objeto , y que se puede descubrir sin gran
fuerza de atencion. El imperio solar está ordenado , no solo
en el todo , sino tambien en las partes aisladas del mismo
de un modo esencialmente monárquico. El sol, centro de los
mosimientos de los planetas, prepondera en masa sobre todos
los planetas juntos , esto es , prepondera sobre ellos mas de
setecientas veces en fuerza ; é igual preponderancia observa
mos en todos los planetas principales respecto de sus satélites.
La masa de la tierra es setenta veces mayor que la de la luna,
y la masa de Júpiter es seis mil veces mayor que la de sus cuatro
lunas juntas. Las poderosas atracciones consiguientes del sol
sobre los planetas, y de los planetas principales sobre sus sa
télites alejan la posibilidad de toda perturbacion en este
grandioso estado, que pueda acarrear' una destruccion, ni si -
quiera un desorden. Si , por ejemplo , se separara Júpiter re
pentinamente de este sistema ; veríamos sus lunas, que aho
ra vemos girar tan ordenadamente en torno de él, dispersar
se luego por el espacio ; y mientras que una de ellas girada
en elipses alrededor del sol , se alejaría otra del mismo en
órbitas hiperbólicas. La existencia , empero , de fuerzas mas
poderosas , y tan preponderantes sobre todas las otras , es
una garantía esencial para un sistema que debe permanecer
unido en todas sus partes, y que no debe recibir dano esen
cial en la regularidad de sus movimientos.
Hasta en nuestra tierra observarnos vestigios análogos de
esta mira de la naturaleza de dar á sus obras persistencia y
duración. A esto contuibuyen en gran manera la estabilidad de
los polos en la superficie de la tierra , y el equilibrio de los
mares, de esta masa de aguas que cubre una parte tan con
siderable de la tierra: hechos confirmados por las observacio
nes de miles de anos. Estos dos fenómenos , imprescindibles
para la conservacion de los séres orgánicos, pueden conside
rarse como un sencillísimo resultado de la rotacion de la tier
ra, enlazada con la gravitacion universal de todos los cuer
pos; pues, por aquella rotacion , quedó aplanada la tierra en
los polos, y por efecto de este aplanamiento, ha vellido á que
dar determinado é invariable el eje de rotacion de la tierra.
Ilas por efecto de la gravitacion universal, debió la masa de
la tierra condensarse mas hacia su centro que en la proximi
dad de su superficie; de modo que ahora la densidad media
de toda la tierra prepondera en mucho sobre la del agua del
mar; y esto solo basta para mantener los mares en equilibrio
estable, y para refrenar el furor de sus olas.
Resulta pues de todas estas observaciones que el Divino
Autor de la naturaleza lo ha ordenado todo de modo que que
de asegurada la duracion de su obra , no menos grande que
bella , y que, en sus disposiciones respecto del sistema solar ,
tuvo las mismas miras que se echan de ver en la tierra Ora
la eonservacion del sistema y de las criaturas que viven en él.
Vamos á considerar ,ahora el movimiento de los cuerpos
celestes en un medio resistente. La propagaeion de la luz en
los espacios celestes prueba que estos espacios no pueden ser
enteramente vacios, sino que han de estar llenos de una ma
teria sutilísima. La resistencia que opone esta materia al mo---
vimiento de los cuerpos sumamente compactos de los plane
tas ha sido hasta ahora imperceptible para nosotros ; pero en
el corneta de Encke, se ha observado ya un efecto análogo, por
cuanto, segun las observaciones, cada revolution de este co
meta es mas corta de cerca de un dia que la anterior. Puede
probarse además por el cálculo que , por efecto de tal medio
resistente, el eje mayor, y por consecuencia, el tiempo de re
volucion del corneta alrededor del sol, debe decrecer mas y
más, y que, por consiguiente , debe el mismo cuerpo precipi
tarse finalmente en el sol. La escentrieidad de la órbita y la
longitud del perihelio están espuestas , de resultas de esta
resistencia, á determinadas variaciones, las cuales, con el
discurso del tiempo, ó con la aproximacion de los cometns
al sol, van siempre en disminucion, pero cuyo período coin
cide con el del tiempo de revolucion del corneta. Segun las
observaciones , en el transcurso de diez revoluciones, au
menta la velocidad del citado corneta en cerea de una milési
ma parte de la misma ; y si este aumento siguiese siendo uni
forme, dentro de diez y seis mil anos, seria esta velocidad
el doble de la actual. Si en un espacio de un minan de anos
ganase Júpiter la diez millonésima parte de su velocidad, pa
sanan setenta millones de anos antes no hubiera ganado la
Milésima parte, y se necesitaría un tiempo setecientas veces
mayor para llevar al doble la velocidad primitiva de este pla
neta. Pero por grandes que aparezcan estos períodos, la conse
cuencia de esto fuera, no obStante, una aproximacion Cons
tante, y finalmente el precipitarse este planeta en el sol.
Tambien allá en el discurso de los tiempos ; tras millones de
anos, será el tiempo de revolucion de la tierra la mitad ó
menos del actual, y finalmente Volverá tam bien ella, así co
mo todos los planetas, al sol , de donde salió. La grande le
janía de aquella época no detendrá el cumplimiento de nues
tro destino. Desde el momento en que nos hacemos cargo de
que los cuerpos celestes se Mueven en un medio resistente, es
imposible todo movimiento perpétuo de los mismos, no me
nos que la eterna duracion del sistema, tal corn.o ahora 'existe.
Los resultados obtenidos por las consideraciones arriba es
puestas tienen necesariamente sus límites ; pues si bien las
admirables disposiciones de la naturalera , de que hemos
hablado, pueden tranquilizarnos completamente en órdeu á
la (M'ardor] de su obra ; y si bien lo interior' de este sistema
no llevan en sí ninguna senal de una destruccion futura, no
se nos puede ocultar que toda duracion , por muy larga que
sea, no" es, con todo, eterna. Lejos de nosotros la temeridad
de escrudinar la estructura íntima del universo , y mucho
menos las miras de su Escelso Fundador. Pero todos los dias
estamos viendo que á todas las cosas de esta tierra se les ha
senalado un breve período de existencia, tras el cual desapare
cen, y no vuelven ya á presentarse, al menos, en la misma
forma. Cada invierno que llega destruye las hermosas figu
ras de nuestros campos. Numerosas familias y especies enteras
de animales han desaparecido completamente ; y hasta pue
blos enteros, naciones dominadoras del mundo, nos pasan de
lante corno imágenes de sombras chinescas en la pared; y to
do lo que en este mundo nos rodea es arrebatado por la cor
riente del tiempo, y corre sin parar á su estado final, disolu
cien y ruina. La tierra que pisamos. está cubierta de los
escombros y del polvo de las plantas y animales del mundo
prirnitivo , y llegará un tiempo en que pasarán los hombres
sobre las pirámides y las grandes capitales de Europa , como
pasan ahora sobre Babilonia y Cartago, sin ver ni una hues
Ila de las. mismas.
Y de esta ley , tan universal en la naturaleza , cuyos.des
tructores efectos nos rodean por todos lados, ?deberán formar
una escepeion esta misma tierra y el cielo tendido encima de
ella ? ? Qué derechos tendrian para tales pretensiones ? ?O
qué derecho tenemos nosotros , nacidos ayer , y que ma
nana ya no somos , para exigir la eterna existencia de
nuestra morada? ? Acaso no hemos visto desaparecer del cie
lo estrellas y siátemas enteres?—Espectáculos horrorosos por
cierto, al lado de los cuales desaparecen cómpletamente nues
tras inundaciones y terremotos, y la muerte de miles en una
hora. Pero por muy grande que pueda parecernos una catás
trofe de esta especie , ella nos parece tan grande, porque so
mos nosotros mismos tan pequenos. En aquellas alturas se mi
de con otra medida ; y ? qué otra cosa viene á ser nuestro
sistema planetario, y aun nuestra via láctea, mas que Un pun
to imperceptible del universo infinito ?
Si pues este punto, imperceptible, comparado con lo res
tante del sistema planetario ; .si esta tierra ,• al igual de los
frutos de nuestros 'campos , debiese ir madurando gradual
mente y envejecer hasta cumplir su destino; si debiese ser •
tambien destruida un dia por las mismas fuerzas queen
gendraron, y que, durante tan largo tiempo , la han conser
vado, ?quién será osado á levantarse contra la eterna ley de
la naturaleza ? No estamos debiendo, así nuestro cuerpo,
corno todo lo que poseemos, y la misma tierra, á los ciernen
tos?—Si despiertan estos y reclaman los suyo ; si el fuego y
el agua y los vientos, que han hecho nuestra tierra habita
ble y fructífera, siguen su carrera, y empiezan á destruirla ,
si este. sol, que, durante tanto tiempo, nos ha alumbrado y
calentado, que, durante tantos miles de anos, mantuvo todo
lo viviente, y que en cordones de oro nos hizo girar en torno
de su risuena faz, atrae finalmente á su ardiente regazo á la
tierra, impotente ya en su vejez para resistirle ; aun mas , si
el mismo sol, el rey de nuestros dias, ha vivido ya. su tiempo
y cumplido su destino; si finalmente él mismo se apaga y de
saparece de entre los séres creados, por horroroso que esto
nos parezca—?qué mas sucederia entonces que lo que es fuer
za que suceda á tenor de las eternas leyes de la naturaleza ?
Pues donde quiera que, en los espacios del mundo, observa
mos nacimiento, crecimiento y maturidad , ha de haber tam
bien decadencia y muerte; y donde, en el cambio de las
sas, hay pi-egreso, ha' de haber ruina, ruina aparente al me
nos, cambio de formas y de figuras. Todo lo corpóreo , esto •
es, lo mortal , vá corriendo irresistiblemente á su disolucion,
y no hay fuerza capaz de contenerlo ; y bien así como en las
cumbres de nuestras montanas, y en los abismos de la tierra,
yacen dispersos los petrefactos y resíduos de las plantas y
animales de un mundo que fué , tambien se dispersarán qui
zás un din, en el espacio del universo, los deleznables frag
mentos de la grande y celestial fábrica que tenemos encima.
Este sol , estas estrellas se apagarán , y de ellas no quedará
allá ni una huella, corno no queda acá ninguna de los ticas
pos primitivos. Tambien se marchitarán estas llores del cielo,
y caerán como las hojas secas con que juegan los vientos ; y
la misma onda, que las llevó durante tanto tiempo , las pre
cipitará tambien un día á las profundidades del Océano del
mundo', al abismo de la eterna noche. Solo permanecerá
Uno, á quien no hay nombre capaz de nombrar; solo perita
necerá Uno, muy encima del Océano de los mundos, que
brama á los piés de su trono, y cuyas olas suben y bajan sin
cesar delante de él, mientras que ÉL, y solo ÉL, es inmutas
lile y eterno. Antonio Beroes de las Casas.
>1 85
El diamante.
por eton Me.
ARTICULO PRIMERO.
Si observásemos siempre con atencion y buena fé los im
pulsos de nuestro ánimo , pudiéramos sorprender no pocas
veces en nosotros ciertas conmociones que nos banan casi su
poner la existencia de una naturaleza demónica en nuestro
interior. De una disposicion de espíritu la mas humana y be
névola , surge de repente un placer canibalico , al oir el rela
to de una terrible desgracia. Una satisfaccion recóndita y
voluptuosa se mezcla con nuestra simpatía hacia los infelices.
Pero si luego nos dicen ; que todo no fué mas que ruido, que
se consiguió atajar el fuego , que la reyerta terminó sin der
ramamiento de sangre , bien pronuncian nuestros labios un
« gracias á Dios ; » pero no siempre sale del corazon.
Injustos fuéramos sin embargo en llamar demónico un sen
timiento que no pasa de ser una manifestacion de la propen
sion natural del hombre a lo maravilloso ; esto es, el inquieto
afan de trasladarse fuera de la atmósfera comun en que vive,
á las regiones de lo estraordinario. El mismo hombre, posei -
do pocos momentos antes de aquella satisfaccion demónica,
se arrojará quizás á las llamas, con inminente riesgo de su
propia N ida , para salvar la de un nino. El mismo ódio hacia
lo vulgar y cotidiano es lo que hace olvidar y menospreciar al
hombre las bellezas que le rodean , y le impele á los paises
en que reina un sol abrasador , ó hielos perpétuos , en pos
de lo bello ó de lo terrible. Muchas veces me ha sucedido ai
preguntar al habitante de un ameno valle de la sierra : es
muy hermoso este pais , ? no es cierto ? y responderme cabe
ceando : « Mas hermoso debe ser el de Vd., donde no hay
montanas que subir , y donde no descubre la vista mas que
fértiles campos y llanuras.» Y cuando preguntaba por los ca
minos mas bellos , siempre me indicaban los mas llanos y
despejados al través de monótonas praderas ó de los claros
del bosque. Sus ojos no percibian las. bellezas que le rodea
ban , no vejan mas que las piedras del camino y los árboles
que le robaban la luz : estranjero es el que dá á conocer á
los montaneses las bellezas del pais , y les ensena á apreciar
las , segun su valor , en metálico) sonante.
Con los mismos ojos contemplamos nosotros nuestras flori
das campinas. Tal vez nos embelese el primer verdor de la
primavera ; pero el verano nos fastidia ya. La primera cam
panilla blanca , la primera violeta son aun hermosas ; pues
brotaron de un suelo helado y boreal ; pero ?qué tienen de
particular tantos millares de flores amarillas, azules y encar
nadas ? ?qué son sino lerba para pasto del ganado ? En cam
bio , cuidamos en nuestros invernáculos con el mayor esmero
á las hijas exóticas de un sol tropical. Pero tambien , ! qué
rarísimas formas son aquellas ! ! qué hojas tan poderosas!
; qué llores ostentan á cual mas lustrosa y encendida! !Esta es
la nobleza del reino vejeta! !... Pero no; en el reino de lo bello
disuena esta calificacion... No es su orgullosa magnificencia
bastante fria y relumbrante para que tal nombre le cuadre; no
cabe en el mundo de las flores nada tan delicado, tan aromoso,
tan fugaz y tan suave. Si fuesen piedras , pase ; entences sí
que pudiéramos colocarles nuestras ejecutorias, ya que no po
damos prescindir de imponerlas hasta á la misma naturaleza.
! Pero las piedras ! ? hay nada mas uniforme , nada mas
monótono ? La tierra , con sus montanas y sus penascos, es
siempre la misma en el sur y en el norte , con la única (Efe
rencia de presentarse el granito en unos lugares con matiz
distinto ; el basalto hendido en columnas mas bellas, el suelo
vejetal algo mas rico en cal ó en greda. ! Mas en todas partes
granito , basalto, arenisca, arcilla y arena ; nada raro , nada
estraordinario ! Pero entre la arena se encuentran piedrecitas
brillantes de varios colores. Los ninos las recogen y juegan
con ellas : los padres , prendados de su brillo , se engalanan
con las mismas. Otros les envidian este adorno, pues las pie
dras no se encuentran á cada paso, y les ofrecen otros objetos
en trueque ; y así pasan á serias piedras un medio de cambio,
y á adquirir un valor que conservan ; pues son bastante duras
y consistentes para no perder su brillo y su trasparencia du
rante un comercio de muchos anos; son bastante duras para
que el arte pueda exaltar por medio del pulimento su brillan
tez natural. La civilizacion acrecienta las necesidades del lujo;
y como estas piedras de adorno continúan siendo escasas, su
valor sube basta un punto increible. Y esto son las piedras
preciosas. Dureza , brillo, magnificencia de colores les pres
taron nobleza.
? Mas de dónde se derivan tan raras prendas? Creíase en
otro tiempo que el sol de los trópicos , que produce los es
plendentes colores de las plantas y de los animales, hacía cre
cer tarnbien las piedras preciosas. El lapidario Ferrer escribió
á Colon que , mientras no encontrase hombres negros , no
debia prometerse el hallazgo del oro ni de piedras preciosas.
Ahora sabemos ya que las piedras no crecen , sino que son
productos químicos de los tiempos primitivos de nuestro pla
neta. Tambien las piedras deben sunobleza, ante todo, á felices
circunstancias de su nacimiento. Las piedras nobles son cris
tales, esto es, cuerpos cuyas moléculas , en el momento de su
pro.luccion, fueron colocándose unas sobre otras segun leyes
determinadas, dando así origen á formas simétricas regulares.
Cualquier movimiento , por leve que fuese , debía impedir la
constitucion regular del gran cristal ; cualquier cuerpecillo
estraiio caido en la masa que cristalizaba , — un granito de
arena 6 de polvo,—debia quedar interpuesto entre sus molé
culas. Tales perturbaciones menoscabaron su trasparencia.
Así que, solo una rara y feliz coincidencia de todas las cir
cunstancias favorables permitió una cristalizacion ordenada
de las piedras preciosas. Verdad es que se les agregó luego
una leve cantidad de una sustancia estrana , á la cual deben
los colores que las realzan. Mas no se crea que fueron sus
tancias raras y costosas las que dieron color á las piedras pre
ciosas. El hierro , el manganeso , el cromo , el níquel , se
encuentran con grande abundancia en la naturaleza ; de modo
que sobrarian materias tintóreas para embellecer todas las
piedras del mundo , á semejanza de las magníficas que nos
envian Ceilan y las Indias orientales , como entendiésemos
la manera de tenirlas , y tuviésemos destreza suficiente para
.practicarlo. Ni tampoco son tan raras y ricas, como pudiera
imaginarse , las materias de que las piedras preciosas se for
maron ; antes al contrario , son las mas comunes , las mas
despreciadas , las que indiferentes pisamos todos los dios. La
arcilla ordinaria de alfarero contiene dos especies de tierras,
la sílice la alúmina , cada una de las cuales produce , en
estado de cristal , piedras preciosas ; la sílice dá origen al
cristal de roca y á la amatista ; la alúmina al rubí y al zafiro.
>1 86
Bien podemos estraer estas tierras de la arcilla y prepararlas
en toda su pureza ; pero obtenerlas en estado de cristales, eso
sí que no podemos conseguirlo (I). Existen grandes montanas
de dolomita , de que nos es fácil obtener . la magnesia mas
pura ; podemos combinar esta con la alúmina., pero solo la
naturaleza supo crear con esta combinacion la espinela. Por
consiguiente , no lo raro de la materia que les dió orígen, no
ilustres abuelos , sino una conformacion y desarrollo felices
de sus naturales inclinaciones, prestaron á las piedras precio
sas sus cualidades y su nobleza. Nacidas con frecuencia del
polvo mas vil y despreciado, se encumbran.á la suprema gran -
deza. El negro y sucio carbon que el deshollinador raspa de
nuestras chimeneas , que ennegrece !os tubos de las .lámparas
y las paredes de los aposontos, sabe convertirlo la naturaleza,
por el sencillo proceder de la cristalizacion , esto es , del des
arrollo natural no perturbado , en la corona de todas las
piedras preciosas, en la joya d'e mas valor, el diamante.
?Qué tiene que ver el carbon con el diamante? Precisamen
te lo mismo que un pedazo de creta con la estimada perla.
Quien ha visto diamantes , y de los millones que hasta el pre
sente fueron traidos á Europa , bien habrá llegado uno á lo
menos hasta los ojos del lector— quien conoce aquel lustre
particular , aquella trasparencia , aquella dureza., no pudo
ciertamente imaginar jamás que fuese constituido por la mis
ma materia que el negro , blando y opaco carbon. Pero la
naturaleza juega caprichosamente con la materia. ?Quién re
conoce en el puro mármol de Carraca , en los límpidos cris
tales de espato de Islandia, al carbonato de 'cal de nuestras
montanas de creta y piedra caliza ? ?Y quién lo sospechará en
las erizadas conchas de los moluscos y,caracoles, y en la perla
preciada? ?Quién tendria las duras cerdas del puerco, la
suave lana espanola y el delicado plumaje del marabú por
formas diversas de la misma sustanciacórnea? Y no obstante
así es ; una misma es la materia : solo difiere en el ordena
miento de sus moléculas. Aquí, por una cristalizacion pertur
bada, se amontonaron las partículas de la cal, formando una
masa térrea ; allí la magnitud y regularidad de las partes (lió
al todo un aspecto granugiento ; unas veces se efectuó la cris
talizacion sin estorbo ; otras se colocaron ténues capas con
céntricas unas sobre.otras , dando origen al brillo particular
dela perla y del nácar. La conformacion mas 6 menos grosera
ó delicada, mas ó menos compacta 6 lacia, de las celdillas fué
causa de la diversidad de \ las formas que afecta la sustancia
córnea. ?Por qué no pudiera pues perder el negro carbol], por
medio de la cristalizacion , su oscura y opaca apariencia ?
los griegos llamaron al diamante (damas, el indomable, en
atencion á su dureza ; pero buscábanla equivocadamente en la
circunstancia de resistir, puesto sobre un yunque, á los mar
(1) Ciertamente que no ignoraba el autor del presente artículo los ensa
yos de Ebelman para la reproduccion artificial de ciertas especies minerales,
ienntterreruomtrapsiddoeslpruobrílay dmeulearteespdieneelsate, i—lustrtarebaqjousímqiuceopor desgracia quedaron ,—ni tampoco los mas recientes de Bunsen y de Gaudin, quienes, por diferentes procedimientos, han conseguido resultados análogos. Es posiMe que, á pesar del interés científico
que ofrecen semejantes descubrimientos, considerase estos productos artifi ciales sobrado inferiores por el tamano y perfeccion de los cristales, y demás
propiedades físicas que constituyen la belleza en joyería, para alternar con
sus rivales de la naturaleza. Menos felices han sido aun los ensayos para la
transformacion del carbon en diamante. Despretz , acumulando los tres ma nantiales mas poderosos de calórico, á saber, los rayos solares concentrados
en el foco de un lente , la combustion de la mezcla de hidrógeno y oxígeno
ydalar, csoorlrdiearn,tefudneduirnean pgillaobduelislleoissciyenvtooslaptialirzeasrdteodBausnslaesn ,vahraieldoagdreasdodaebclaanr
bono ; pero desgraciadamente, en lugar de adquirir por este medio las pro. • piedades del diamante, todas, incluso el mismo diamante, se han conveitido
en grafito, que es la variedad mas distante del diamante por la forma geo métrica, cohesion ydemás propiedades físicas mas características. De dende
es de inferir que la naturaleza ha empleado otros medios , y no una tempe ratura elevada, en la formacion del diamante.
5
tillazos. El diamante se quebranta fácilmente con un martillo,
pero no hay cuerpo que pueda rayarlo , á la manera que el
vidrio es rayado por el pedernal, que le gana en dureza. Nin
gun disolvente, ningun ácido le disuelve ni le descompone;
propiedad que permite distinguirle de todas las demás piedras
preciosas, las cuales, á causa de la sílice que contienen, no son
capaces de resistir, por lo menos, á la accion del ácido fluorhí
chico. Harto raro es por lo tanto que entre los antiguos pudiese,
tomar pié la creencia de que le disolvia la sangre de macho
cabrío. Todavía en el Percival (2) se cuenta qbe un bufon untó
secretamente con sangre de cabron el casco de diamante del
héroe, por locual se puso á poco rato el yelmo mas blando que
una yesca. En la antigüedad no se probaba ni esperimentá
ba , y de allí tan desatinada preocupacion. Espuesto al fuego,
tampoco hincha el diamante. Pero cuando se supo producir
una temperatura de un grado Superior á la de los hornos Or
dinarios, se comenzó á dudar de si un calor tan poderoso como
el que se concentra en el foco de un espejo ustorio no conse
guirla dar al 'través con la gloria del reputado invencible.
Del fuerte poder refringente del diamante habla concluido ya
Newton, en 4675 , que debla de ser un cuerpo combustible.
Mas no se hizo elisayo alguno hasta 1694, en que el gran Du
que de Toscana, Cosme III, mandó practicar los esperimentos
á fin de probar la fijeza del diamante. Y cuál fué el asombro.
general , al ver que iba desapareciendo poco á poco el dia
mante, y que era al fin completamente destruido por el calor!
El emperador Francisco I repitió estos esperimentos en Viena,
y obtuvo igual resultado por medio del fuego de un horno.
Continuaron los sábios franceses estos esperimentos , y en 26
de julio de 4774 be quemó en el laboratorio del químico Ma
guer, un magnífico diamante. El hecho era incontestable : el
diamante habia desaparecido por dcalor ; pero no se decidió
si se había volatilizado ó quemado ; si seliabia resquebrajado
y soltado en partecillas invisibles. Entonces saltó al palenque
el famoso joyero Le 131anc en París , en pro de la indestructi
bilidad del diamante , sosteniendo que repetidas veces leha
bia espuesto á un fuego muy vivo para limpiarle de cleros
manchas , sin que hubiese esperimentado por esto ningun
menoscabo. Los químicos D'Arcet y Ronde le desafiaron á
repetir esta prueba en su presencia. Aceptó Le Blanc el reto,
y al efecto encerró en una cápsula un diamante envuelto en
una mezcla de polvo de carbon y creta, y lo entregó al fuego,
convencido de que saldria ileso de aquella prueba ignea.
dTiaammbaienntesl,osyqcuuímanidcoosesretotasd, odreesspquuesisideerotrnessahcorrifaiscadre aulngufnuoes
go sostenido , hubieron desaparecido , abrióse la cápsula de
Le 131anc : su diamante habia desaparecido. también. Pero no
gozaron largo tiempo de su triunfo. Otro joyero , sujetó, en presencia del famoso Lavoisier, tres diamantes bien
envueltos en carbol) dentro de una pipa de tierra al fuego mas
violentó. Al sacar la cápsula, se encontraron los diamantes
intactos entre el polvo del carbon. Reconocióse entonces que
solo se evitaba la combustion de los diamantes por la esclu
sion completa del aire ; pero que en contacto de este, y es
pecialmente dentro de oxígeno puro, ardian orno el carbon
ordinario : y ya Lavoisier demostró, en 4776, que se produ
cia entonces ácido carbónico. El diamante es, .por lo tanto,
un cuerpo combustible ; no es mas que .carbon !
Juan Font ý Guitart.
(2) Poema épico del célebre trovador Wolfram de Eschenbach , á mediados del siglo XIII. Esta grandiosa epopeya, sea dicho dqeuepaflsoore, cieós
duenraa dceomlaos ucnoampoobsriaciomneasesdterasceonllasnutegséndeeroa.quel siglo, y aun hoy día se consi
La vida de un sabio , de
un tranquilo investigador de
la naturaleza , ó del espíritu
humano, suele generalmente
considerarse como una de las
mas insípidas y descoloridas
pinturas, á las cuales solo al
canzan á prestar algun inte
rés el brillo y la luz que ar -
rolan sobre el mundo con -
temporáneo y la posteridad.
Una juventud laboriosa ,. un
destello accidental del talen
to , la lucha de la vocacion
con el capricho ó la obceca
cion paterna , la escasez de
recursos, y las privaciones
de la pobreza , los trabajos
fatigosos de la carrera y de
estudios profundos , quizás
tambien las hostilidades de
la necedad y de la preocupa
cion poderosa ; tales son los
elementos vulgares y monó
tonos de que por lo comun
nos imaginamos compuesta
la vida de todo hombre emi
nente en letras y ciencias. Si
así fuere, pudiéramos consolarnos con la sentencia de aquel
filósofo : Bienaventurado el pueblo cuya historia es monó
tona ! Mas, no es así por cierto. Pasarán tal vez juntó á él,
sin conmoverle, las pequenas vicisitudes de la vida ; pero las
grandes tempestades del mundo invaden su tranquila mora
da. Tambien el sabio es hombre , tambien late su corazon
como el de otro cualquiera. Tambien el sabio es ciudadano ,
y no es sordo á la voz del deber , cuando este le llama. 'l'am
bien puede él , como el poeta , morir la muerte del héroe en
el campo de batalla , ó la del tnártir en el cadalso.
Cuando el sabio vive en una de aquellas épocas turbulen
tas, en que tempestades desencadenadas rugen al través de los
pueblos , conmoviéndolo y desquiciándolo todo , no parece á
veces sino que se tengan que escribir las aventuras y hazanas
de un guerrero. No muy distante de nosotros está uno de estos
períodos de agitacion ; tras el cual ha pasado poco mas de
medio, siglo. Hablamos de aquellas convulsiones. en que rom
pió la Francia las trabas de la rutina , del fanatismo y de los
privilegios. Entonces frté cuando , en la encarnizada batalla
entre el hecho y los derechos históricos , presentó tambien la
ciencia sus héroes y sus víctimas. A la cabeza de la famosa
asamblea nacional vemos á un sabio modesto , dechado de
apacibles virtudes , al desgraciado Bailly. Desde la tribu
na de la sangrienta conveneion olmos brotar la palabra
entusiasta de los labios (le otro sabio , del génio brillante
de Condorcet. En la terrible junta de salud pública , al la
do de llobespierre , de Saint Just y de Couthon , encontra
87 1C
Antonio Lorenzo Lavoisier.
Bosquejo biográfico.
por (Dton
Antonio Lorenzo Lavoisier.
mos á un tercer sabio , al fa.
moso matemático Carnot ; y
este sabio crea ejércitos de la
nada , y organiza la victoria
contra la Europa entera. Sa
bios son igualmente los quí
micos Chaptal , Fourcroy,,
Monge, Berthollet, que crean
armas para estos ejércitos ,
arrancando al patrio suelo. el
salitre de que les priva el es•
traque) , y convirtiendo en
canones las campanas Otro
sabio es tambien Mennier, el
que abandonando su pacífico
laboratorio para dirigir la de.
fensa brillante de Maguncia,
muere como un héroe en su
baluarte.
? Pero dónde se refugia la
ciencia? ? qué es de los gra
ves estudios en medio de tan
ta exaltacion Política? ? Pue
de acaso la pluma herma
narse con la espada? Tal so
lemos preguntarnos desde el
cómodo bufete , junto á la
lumbre. Los hechos elocuen
tes se encargan de respondernos. En ningun tiempo produjo
la ciencia tan brillantes resultados , ni abriendo nuevas vías,
ejerció un influjo tan íntimo y duradero en la ciencia del
porvenir ; pero tampoco encontró en tiempo alguno un apo
yo mas firme y decidido , ni un aprecio mas general que en
aquella epoca borrascosa. Recordemos la famosa Escuela
Normal , la Escuela Politécnica, el Museo de historia natural,
el Conservatorio de artes y oficios : recordemos tambien la
medido!' del grado del meridiano y la. introduecion del nue
vo sistema de pesos y medidas, creaciones todas de la sangui
naria C.onvencion. La misma mano que debió firmar al pié
de muchas sentencias de muerte decretadas por la junta de
salud pública , fué la que escribió aquella célebre Geometría
del espacio, y la metafísica del cálculo infinitesimal. La cien
cia , amiga del sosiego , sabe tambien conciliarse con la tem
pestad y la pelea, y saca sus frutos y flores de un suelo abre«
vado de sangre. 'Cierto que la tempestad aniquila algunos
gérmenes preciosos , y que á impulsos de las furibundas pa
siones políticas , caen lamentables víctimas en el terreno de
la ciencia. Pero la víctima mas grande que jamás haya ofre
cido la ciencia fué sacrificada , en las sangrientas aras de
aquella revolucion , en la cabeza del fundador de la química
moderna , del inmortal Lavoisier.
Antonio Lorenzo Lavoisier nació en Paris en.,16 de agosto
de 1745. Su padre , que, por medio de especulaciones comer
ciales , habia adquirido una fortuna bastante considerable ,
CEO al mismo tiempo aficionado á las ciencias naturales , y
24 88 m
estaba en relacion con los mas célebres naturalistas de Paris.
De ahí el haber concurrido todas las circunstancias para pro
porcionar al jóven Lavoisier una educacion distinguida. Los
sabios de mas fama fueron sis maestros y nada le impidió
seguir el libre impulso de su génio. Lacaille fué su maestro
de astronomía , Jussieu le instruyó en la botánica , Rouelle ,
el primer químico que reconoció la esencia de las sales , fué
quien le inició en el estudio de la química. Ya á los veinte y
un anos se ofreció á Lavoisier ocasion de demostrar su tem
prano talento y de crearse una reputacion distinguida con sus
.investigaciones científicas. LaAcademia francesa , á propues
ta del gobierno , habla establecido un premio de dol mil li
bras para la mejor memoria sobre el *alumbrado público de
-Paris. La mayor claridad , la mayor facilidad en la construc
cion de los aparatos , y la mayor economía posible en- los
gastos del planteo, debían ser igualmente atendidas. Lavoi
sier emprendió la resolucion de este problema, mostrando al
mundo de cuánta energía era capaz, de cuántos sacrificios
para la ciencia. Ocupado en comparar la fuerza luminosa de
diferentes llamas, observó que su vista carecia de la finura
que requerian tan delicadas distinciones. Un medio ;labia para
conseguir esta penetrador", medio capaz en verdad de arre
drar á un joven de 21 anos, á quien, con mil placeres,
brindaban la juventud y la riqueza. Lo adoptó sin embargo.
Hizo revestir un aposento de negras colgaduras , y encerróse
en él por espacio de seis semanas en completa oscuridad. Así
logró su objeto ; su vista había adquirido una sensibilidad
tal , que podia apreciar las mas leves diferencias luminosas.
Lavoísier resolvió el problema con tanto lucimiento, que la
Academia le adjudicó el premio, que él empero, llevado de
un noble impulso de generosidad , mandó distribuir entre
tres de sus competidores para indemnizarles de los gastos
que les ocasionaran sus esperimentos. En recompensa de su
desprendimiento, agracióle , en 1776, la Academia, pox órden
espresa del Rey, con la medalla de oro ; y dos anos despues,
á la edad de '25, fué nombrado miembro de la Academia de
ciencias.
En este tiempo empieza la verdadera actividad química de
Lavoisier,, que al principio se dedicó casi esclusivamente á
investigaciones aisladas, en especial á la refutacion de anti
guos y nuevos errores ; pero que muy luego se concentró en
el problema que forma el foco de toda su vida científica , y
que dió á la ciencia la divisa, bajo la cual debia pelear y ven
cer : la obra gigántea de la reforma en el campo de la quími
ca. Para poderse entregar con entera libertad á tan ardua ta
rea, y disponer sin restriccion de los medios necesarios para
la ejecueion de los mas vastos y variados' ésperimentos , soli
citó, en 1771 , el cargo muy productivo de arrendador ge
neral. Bajo el gobierno de los Luises XV y XVI, no eran los
empleos mas que prebendas; ?por qué pues debiéramos echar
en cara, á un lavoisier que codiciara un empleo para llevar á
cabo sus planes científicos? Proporcionóle por otra parte este
.empleo redobladas ocasiones para aplicar sus conocimientos
en bien del estado y del pais. Consultábase su parecer en to
dos los negocios públicos que requerian profundos conocimien.
tos científicos , á la par que una mirada práctica. Cuando,
en 4776, fué colocado al frente de la fábrica de pólvoras y
salitres, dió á la pólvora francesa la preeminencia sobre la
de las demás naciones, libertando á la vez á su pais de una de
las leyes mas onerosas de aquel tiempo, por la que era per
mitido á los empleados del ramo penetrar á viva fuerza en
los sótanos para recoger la tierra salitrosa que en ellos se
encuentra : estremos á que no fué necesario apelar desde
el momento en que dió á luz su método para la produc
tion artificial del salitre, método que siguió empleando
se en Francia aun largo tiempo despues de su
•
muerte.
Los trabajos mas estraordinarios de Lavoisier pertenecen
sin embargo al dominio de la ciencia. ? Qué utilidad podia
reportar la ciencia del rico Lavoisier , del millonario ? Tal
preguntarán quizás con admiracion aquellos que , obcecados
por una bárbara y funesta preociipacion , se imaginan que la
actividad del espíritu , la investigacion de la verdad , y el no
ble anhelo de distinguirse con descubrimientos y creaciones
intelectuales reclaman absolutamente el aguijon de la miseria
ó del hambre. Es inconcebible que haya aun quien pueda aca
tar tan groseras y absurdas opiniones. Cumpliale al hijo de
Catalina de Médicis , á Carlos IX , el de las sangrientas bodas
de Paris , decir de Ronsard , su poeta favorito : « Un buen
poeta debe echar tan pocas carnes como un buen caballo; con
que se le mantenga , basta. » Pero la esperiencia ha desmen
tido hace tiempo un modo de ver tan singular. El gran Leib
nitz era millonario; al conde de Bufon , á Cavendish á
Boyle , se les contaba entre los mas ricos de sus coetáneos;
Laplace disfrutaba de mas de cien mil libras de renta- No se
pretenda >colocar al sabio en la misma línea que al pobre jor
nalero de los talleres. El génio no trabaja por pan. El irre
sistible anhelo del investigador por descorrer una parte del
velo en que 'envuelve la naturaleza sus fenómenos , procede
de lo Mas íntimo del alma , á semejanza de una violenta pa
sion , y solo puede ser alimentado y enaltecido por los mas
generosos impulsos del patriotismo y de la humanidad. El
génio produce, porque está en su naturaleza producir ; el
sabio investiga y medita, porque á ello le llama su vocacion.
!Se lanzan gritos de indignacion contra el cuero del mayoral
de esclavos, y se recomienda el látigo moral de la miseria en
el libre terreno de la ciencia !
Lavoisier,, el millonario , fué el fundador de una ciencia
nueva , de la química actual. La riqueza industrial de nues
tros tiempos, el ornato y la comodidad de nuestra vida ordi
naria , hasta mil pequeneces de las mas baladíes, deben su
origen á los trabajos de este hombre estraordinario. Poseia
millones , es cierto, pero la herencia que nos legó fué de un
volor cien mil veces mayor. Pudiera tomarse esto por un el
carecimiento hijo del entusiasmo , pudieran venirse á las
mientes aquellos personajes fabulosos , aquellos héroes y Hér
cules , que la fantasía griega, ávida de maravillas, fundió en.
un solo troquel de las hazanas de mil héroes envueltos en el
polvo del olvido. El pueblo es en efecto el mismo hoy que ha
ce dos mil anos. Igualmente ingrato , olvida con la misma
facilidad los nombres de los que se desentranan por su bien,
para crearse un héroe á quien atribuir sus trabajos. Tenemos
hoy dia nuestro Fausto, como tuvieron los griegos su Hérmes,
y poseemos mas de un Hércules en el reino de las Ciencias.
?Qué fenómeno astronómico puede haber que , á los ojos del
pueblo , no deba atribuirse á Herschel ? Eulero y Newton ,
Watt y Volta ? no son tambien héroes de esta especie, y no
se ha colocado ya en vida á Humboldt y á Liebig en la cate
goría de tales---Y así será siempre, ysiemPre seguirá el pue
blo creándose héroes y adornándolos con el brillo de los que
sepulta en la sima del olvido ! Solo la historia sabe mante
nerse apartada de estas creaciones de la fantasía ; veraz y
grave, tributa homenage á aquellos hombres selectos á quie
nes concedió la naturaleza el precioso privilegio de abarcar
y coordinar mil hechos aislados, y deducir de ellos las mas
poderosas teorías ; pero tampoco olvida que la hoz del sega
dor, como dice Arago , debió cortar las espigas, antes que
pudiera pensarse en formar y atar las gavillas.
Muchos de estos segadores hablan precedido tambien á La
voisier ; muchos de los hechos sobre los que fundó su gran
dioso edificio habian sido descubiertos por otros, y hasta la
idea fundamental de su teoría habla sido ya mas de una vez
enunciada. Sin embargo , permanece su mérito íntegro y sin
tacha ; pues que á la propia , no á prestada luz, debe la au
reola de gloria que circunda su nombre. El mérito de Lavoi
sier no consiste en un descubrimiento aislado, sino en la reo
Ilion de infinitos hechos , poco importa si conocidos desde
largo tiempo , ó nuevamente descubiertos por él , en una teo
ría ; no en la espresion de una opinion, sino en la realizacion
de una grande idea al través del vasto campo de la ciencia.
En efecto , desde el afio 1772, una idea dominante penetra
y enlaza unos con otros todos los trabajos de Lavoisier : en
primer lugar , la esplicacion de la calcinacion y de la combos
tion; luego , en sentido mas lato , la importancia del oxígeno
y de sus acciones químicas. Él fué el primero que, en sus in
vestigaciones, eligió por juez supremo la balanza, esta lengua
única , que no miente jamás. Su espíritu sagaz y penetrante
desarrolló el pensamiento sencillo en un grande edificio ; la
seguridad de su observaciou (lió una base sólida á esta ()Tan
fábrica.
Antes de Lavoisier,, casi por espacio de un siglo entero,
habia imperado , como soberana absoluta en la ciencia, la
teoría flogística fundada por Stahl. Segun esta teoría, un cuer
po misterioso, el flogisto , era la causa de toda combustion ;
y en el acto de verificarse esta, se desprendia de los cuerpos,
dejando por residuo una cal, una tierra, ó un ácido. Alas li
gero que el aire , se suponia que el flogisto , combinado con
los cuerpos, tendia á elevarlos .á la manera de un globo aeros
tático, á hacerlos menos 'pesados; y su desprendimiento , en
el acto de la combustion, debia aumentar por lo tanto el peso
de la materia incinerada. Esta teoría era, al parecer, tan sen
cilla, que pudo seducir y arrastrar á los mas claros ingenios.
Pero á cada nueva observacion , atajaban su curso nuevos
obstáculos, que ponian en descubierto su falsedad, y obliga
ban á recurrir á nuevas sutilezas y` fantasías. Lavoisier (lió á
esta caduca teoría el golpe de gracia por medio de la palabra
mágica de la balanza , á la que desató la lengua.
El esperimento decisivo de que partió la reforma de la quí
mica fué el siguiente : introdújose una cantidad determinada
de estafo en una retorta , que se pesó con exactitud, despues
de cerrada herméticamente. Por la accion del calor, se con
virtió el estafo en cal de estafo , sin que se alterase el peso
del aparato. Abrióse entonces la retorta, permitiendo el libre
acceso del aire ; y al pesarla de nuevo , se observó un au
mento notable. Este eseeso de peso resultó luego ser debido
esclusivamente á la cal de estafo , esto es , á que , al calci
narse este metal, labia absorvido del aire una cantidad igual,
en peso, al que labia desaparecido de la retorta; y fué luego
reemplazado por el (pie en esta penetró al abrirla.
Esté esperimento labia sido practicado ya cien aflos antes
por el ingenioso Boyle. Pero cuánto vá muchas veces de la
simple observacion de un hecho á su esplicacion , y cuán fá
cil sea en la ciencia ver una cosa sin descubrirla , lo vemos
aquí patentemente demostrado. Boyle habia visto lo que La
voisier. Pero Boyle desatendió la disminucion del aire, atri
buyendo el aumento de peso del metal calcinado á una su
puesta materia ponderable de la llama. Lavoisier supo estimar
en todo su valor esta disminucion de la masa del aire, y re
conoció la calcinacion como una combinaciou del metal con
el aire.
Esta esplicacion tuvo luego un carácter mas preciso, y adqui
riómayor importancia. Eu un viage que en 1775 hizo Priestley
á Paris, dió á conocer á Lavoisier su reciente descubrimiento
del oxígeno. A fuer de biógrafos imparciales, no debemos pa
sar por alto una sombra que empaja el carácter de este hombre
ilustre. Lavoisier no mentó jamás aquella comunicacion de
TOMO I.
89 I<
Priestley , é hizo siempre pasar por suyo el descubrimiento
del químico inglés. No podemos abonar absolutamente esta
omision de méritos agenos, tanto menos cuando debemos con
ceder á Lavoisier el grande é indisputable de haber sabido ha
cer fecundos todos los descubrimientos de sus contemporá
neos. Pudo Priestley escitar con su descubrimiento la admi
racion del mundo científico , fomentar la atrevida esperanza
de las cabezas acaloradas, que creian ya haber encontrado un
medio de rejuvenecer el cuerpo decrépito, y un antídoto con
tra la muerte; pero Lavoisier fué el primero que senaló su im
portancia científica. Ya en el siguiente alío de 4775, reconoció
el gas !Tejen descubierto como la causa de toda calcinacion y
combustion. Demostró que todas las cales metálicas procedian
de la combinacion de los metales con el oxígeno , como tam
bien que el llamado aire fijo , ó ácido gaseiforine, no era mas
que una combinacion del carbono con el oxígeno , ya fuese
producida por la combustion del diamante, ya por la del car
bon de lefa ordinario. Demostró además que el aire era una
mezcla de dos gases, que contenia sobre un quinto de aquel
aire puro ó vital t'ocien descubierto , al paso que los cuatro
quintos restantes de su volúmen eran ocupados por otro gas
inservible para la respiracion y la combustion : el ázoe.
Lavoisier reconoció además el oxígeno corno elemento fun-,
damental de los ácidos mas importantes : del carbónico , del
sulfúrico , del fosfórico y del nítrico ; y vió en este cuerpo el
principio comun á que todos debian sus propiedades ácidas.
Esto le indujo, en 1781 , á proponer el nombre oxígeno,
engendrado)- de ácidos, para distinguir el nuevo gas, mien
tras que las cales metálicas debian recibir en adelante el de
óxidos metálicos.
Es atributo característico del verdadero ingenio deber sa
car partido de lo insignificante , de lo oscuro , y hasta de lo
falso de observaciones agenas. Observan muchos : solo descu
bre el genio.. Bergmann se habia servido de la precipitacion
de los metales en disolucion por medio de otros metales
para determinar la proporcion de flogisto en ellos contenida.
En manos de Lavoisier, adquirieron estos esperimentos muy
alta importancia, utilizándolos para la determinacion del oxí
geno de los óxidos metálicos , por donde echó desde luego
los cimientos de una tabla de afinidades químicas.
Densas tinieblas envolvian aun la mas importante de todas
las operaciones químicas : la disolucion de los metales, la for
macion de las sales. Por aquel tiempo, en 1783 , acertó Ca
vendish á descubrir la produccion de agua en la combustion
del gas hidrógeno. Para la teoría del flogisto habria quedado
este hecho aislado y estéril : para Lavoisier fué la clave que
esplicaba todos los fenómenos que se producen al disolverse
los metales en los ácidos. La composicion del agua, formada
de oxígeno é hidrógeno ; la descomposicion del agua por los
metales, fueron las consecuencias inmediatas que Lavoisier
dedujo del fenómeno observado por Cavendish.
En el ano de 4785, quedó terminada la nueva teoría quí
mica en sus principios fundamentales. Hasta allí solo Lavoi
sier habia combatido la teoría del flogisto , consagrada por la
edad y la costumbre. Desde entonces vinieron á secundar sus
esfuerzos dignos compafieros. 13erthollet, Guyton de Morveau
y Fourcroy fueron los primeros químicos de valía que se de
clararon partidarios de la doctrina de Lavoisier. Pronto pasó
á ser en Francia cuestion de nacionalidad , y preseatóse ante
el estrangero como Chimie Française. 1,a ciencia alemana no
se sometió á la nueva verdad, sino despues de una tenaz re
sistencia. A propuesta de Klaproth, decidióse la academia de
Berlin á un examen radical de la teoría de Lavoisier ; y la
franca y entusiasta adbesion que por ella manifestó aquel
ilustre químico atrajo pronto en torno de la nueva bandera á
12
D4 90 E
los mejores químicos alemanes. Qué mucho que se resistiera
Alemania tanto tiempo y con tal pertinacia á.conceder la en
trada á la reforma científica , si era la patria del destronado
flogisto !
La influencia que Lavoisier ha ejercido en la química es in
calculable. El rigor con que se sujetó á la ley, que él mismo
se habia impuesto , de no sentar nada que no estuviese apo
yado en los esperimentos, ni de suplir jamás al silencio de los
hechos, le preservó de errores, y jamás han alcanzado las
Opiniones de un reformador un imperio tan duradero é incon
testado. Su génio"no le dejaba pasar nada desatendido, y le
elevaba al propio tiempo sobre las pequenas casualidades
que raras veces permiten distinguir las grandes leyes, en su
plena pureza, á las mas abarcadoras consideraciones. Ningun
naturalista en época alguna, ha sabido hacer producir tan
enormes intereses al capital científico heredado de sus ma
yores, ninguno ha transmitido á la posteridad la ciencia de
suépoca tan ennoblecida, tan ricamente fertilizada, como La
voisier.
Ocupado en la fábrica de su magnífico edificio, alcanzóle
la tempestad de la revolucion francesa. Lavoisier continué sir
viendo á la patria bajo la nueva forma de gobierno. Donde
se necesitaba de sus consejos , allí se le encontrába infatiga
ble. Vémosle activo en la fabricacion de los asignados, en la
nueva derrama, en la famosa regularizacion del sistema de
pesos y medidas. Pero ni tantos trabajos meritorios en bien
de la patria ,,ni la gloria de su reforma científica pudieron
salvarle de la cuchilla sanguinaria de Robespierre. Conviene
que echemos aquí una rápida ojeada al estado de la Francia,
en aquella época de terror.
La junta de salud pública era, en 4795 , el único poder en
Francia, capaz de oponer un dique eficaz al embate de las
olas enemigas que por todas partes se precipitaban sobre su
nacionalidad. Con enérgica voluntad y férreo brazo refrenó
en el interior las desbordadas pasiones, y rechazó en el este
rior al enemigo. Pero lo que al principio fué energía convir
tióse luego en delirio. Pronto domina el terror de un cabo á
otro del pais, sembrando el loto y la desesperacion en las
: no perdona ni edad ni sexo; ciego, derriba todas las
opiniot:es ; y anadiendo á la crueldad la hipocresía, parodia
las l'ornas de la adrninistracion de justicia.
Se h t tratado de disculpar los horrores de aquellos dias ,
invocando su necesidad, ó la voluntad del pueblo. Podrá un
pueblo , arrebatado por las pasiones del momento, dejarse
arrastrar á las acciones mas horribles; pero jamás se ha com
placido en atrocidades diarias,jamás ha clamado por la muer
te de un hombre que honraba á su patria con su ingenio , y
á la humanidad con sus virtudes. No sobre el pueblo, nó ;
sobre algunos tan solo cae la rnaldicion de aquellos crímenes;
sobre la frente de Robespierre y consortes.
En aquel tiempo del terror poseia un.hombre como Lavoi
sier prendas suficientes para despertar la atencion del acusa
dor público ; dos sobre todo fueron las que se consideraron
como crímenes: sus riquezas y su grandeza científica. Lavoi
sier era rico, y se necesitaban sus riquezas para poder gober
nar barato ; Lavoisier habia sido además arrendador general,
habia pertenecido á aquella clase abominada de empleados, á
los cuales era costumbre achacar todos los vejámenes del go
bierno pasado: Pero Lavoisier se habia grangeado tarnbien ,
como sabio, un enemigo personal peligroso; tal era Marat, el
ex-médico de Neuchatel, el literato abortado, al que el asalto
de la Bastilla convirtiera de repente, de acérrimo antagonista
de la democracia, en apasionado frenético del terror.
Marat 'labia sido desairado por la Academia en sus impu
dentes tentativas tras una celebridad literaria ; y Bailly y
Lavoisier fueron los que principalmente censuraron, sin con
sideracion, su ignorancia , su charlatanismo y sus malas ar
tes. La reVolucion puso en las manos de Marat los medios de
vengar este agravio, inferido á su amor propio. Bailly subió
á la guillotina el 44 de noviembre de 1794, Lavoisier el 8 de
mayo del propio ano.
A mediados de. abril de 4 794, fué preso Lavoisier. La acu
sacion dirigida contra .él y los demás arrendadores generales
le inculpaba («le ser los fautores ó cómplices de una trama
urdida contra el pueblo francés, cuyo objeto era favorecer los
intereses de los enemigos (le la Francia, habiendo ejercido toda
especie de estorsiones, y mezclado, dorante su'administracion
de la fábrica de tabacos, agua y sustancias nocivas con el ta
baco.» El din 6 de mayo, compareció Lavoisier ante el tribu.--
nal revolucionario. Solo una burla cruel podia prestar el nom
bre de tribunal á aquella turba de asesinos. Escierto que eran
los jueces jurados elegidos por suerte ; pero la lista de aque
llos jurados habia sido formada por los mismos hombres del.
terror, y solo comprendia sus mas seguros y adictos partida
rios. No fueron hombres imparciales, libres de toda prevew
cion, los que juzgaron la causa de los aótisados, sino enemigos
políticos, lo mas cruel é implacable que existe en el mundo.
Ante tales jueces, acusacion y sentencia era todo uno; Vana •
era toda defensa, que casi aparecia como una aeusacion pro
pia. Por otra parte , los amigos de Lavoisier estaban lejos,
como Garnot, ó temblaban ante el terrible poder ; y hasta de
uno de ellos , de Fourcroy , llegó á susurrarse por aquel en
tonces que , por baja envidia , é infame ambicion de gloria ,
habia contribuido á la muerte de un rival que tanto le eclip
saba. Solo el químico Loysel !bendígale por ello el cielo ! osó
levantar la voz en favor del acusado y enumerar ante el tri
bunal del terror sus brillantes trabajos científicos y los himen;
sos servicios prestados á la patria. Entonces resonaron aque
llas memorables palabras del acusador público Fourquier
Tinville : « !Ya no necesitamos sábios » El (ha 8 de mayo
de 4 794 , subió Lavoisier al cadalso ; y la cabeza del sabio
mas grande de su tiempo rodó bajo el hacha del verdugo.
Mas de sesenta anos han pasado desde entonces ; nuevos
torrentes han arrastrado nuevas víctimas , sino al patíbulo ,
á la‘proscripcion y á la miseria. Las pasiones políticas son las
mismas , y las palabras de Fourquier-Tinville solo se han re
vestido de una forma mas suave. Preténdese en verdad dis
putar á los hombres de ciencia el derecho de profesar opinio
nes políticas, olvidando de todo punto que quien está llamado
á investigar la vida y sus necesidades debe concurrir tambien
al mercado de la vida.
Juan Font y Guitart.
n 91
Efectos/J.,. pequenísimos.
por E. Molía tiospitarsller.
Cuando oimos hablar de una fuerza , es muy natural que se
nos ocurran al pronto aquellos fenómenos en que se manifies
ta su accion de la manera mas reparable y grandiosa. Es muy
natural que Si se trata, por ejemp:o , de la fuerza del vapor,
(5 de la fuerza de ddataeion de los gases, 6 de la. fuerza de
gravedad, se nos vengan desde luego á las mientes la máquina
de vapor, las armas de fuego, la roca que se derrumba, ó el
peso del quintal. Es esto tan natural corno que , al hablar de
los trópicos, se nos representen involuntariamente las palme
ras. Y no es decir con .esto que olvidemos que estas fuerzas
tambien actúan en otras partes, aun en muchas donde suac
cion es menos visible , ó completamente recóndita, Bien nos
consta que existen tina infinidad de fuerzas que solo obran en
pequeno y de una Manera oculta , cuyos efectos no se hacen
reparables, sino en el agregado de millones de repeticiones, y
cuyas creaciones pasarán por siglos ignoradas para, tras miles
de anos , asombrar con su grandeza. ? Quién no conoce las
fábricas gigantescas del mundo animal microscópico y del
reino vejeta] , la fuerza de la gota que horada la pena , y la
de la intemperie que pulveriza montanas ?'
Sin embargo , nunca podrá repetirse bastante que toda
fuerza debe ejercer por necesidad una accion. Pero se dirá, ?á
qué viene esto ? ?tí qué gastar aun palabras sobre un punto
del cual estarnos ya convencidos, y debernos estarlo, á no ser
que queramos torcer nuestra razon ? Enhorabuena, podrá ser
cierto , siquiera en general , que se crea en el hecho ; pero
mucho dudo que se conciba toda su importancia. Mas diré:
dudo que, en muchos casos, se le dé mas valor que el que se
da á una sutileza teórica.
Quien crea en la generalidad de las fuerzas actuantes de la
naturaleza debe conceder asimismo que nada puede existir en
todo el universo capaz de sustraerse ó de ser sustraido á la
influencia de una sola de estas fuerzas, y que tampoco puede
haber una sola de las últimas que deje de influir en un cuer
po sobre el cual se dirige su accion. Y á pesar de esto, con la
mayor facilidad nos dejamos alucinar , en términos de negar,
donde vemos descollar particularmente una fuerza , la accion
simultánea de las demás , ó á lo Menos de considerarlas tan
fútiles y recónditas , que no valen la pena de tornarse en
cuco ta. -
Sabemos muy bien que , entre las partecillas mas pequenas
de un líquido cualquiera obra la fuerza de cohesion , á la
cual debe la gota su forma esférica. Sin embargo , esta fuerza
solo nos parece activa en la gota , es decir, no solemos reco
nocerla sino cuando,se presenta un líquido bajo esta forma;
pues desda el punto én que la masa , por ejemplo , del agua
crece , y la fuerza de la gravedad empieza á prevalecer y á
estender el líquido en una superficie llana y tersa como un.
espejo , se nos figura que aquella fuerza interior ha sido ani
quilada. Y con todo , está muy presente , y tiende á dar al
líquido , hasta dentro del mismo vaso , aunque no sea mas
que aproximativamente , la forma esferoidal de la gota. A lo
menos, CO aquellos puntos en que el líquidose halla en Mune
diato contacto con las paredes del s aso , obra esta atraccion
íntima, esta tension , y redondea las asistas agudas , ¦ a hacia
arriba , ya hácia abajo , segun que el líquido moje ó no el
vaso que lo contiene, Pero solo notamos y nos convencemos
de que efectivamente existe en los líquidos esta tendencia
incesante á tornar la forma redondeada.de la gota , cuando
inmergimos en un líquido , sea cual fuere, un tubo de vidrio
de pequeno diámetro, y se manifiesta la superficie líquida en
el interior del mismo, abovedada hácia abajo, ó liácia arriba,
esto es , convexa ó cóncava , lo cual depende de la natura
leza del líquido y de la materia de que está formado el vaso,
esto es , de la propiedad que tenga el uno de mojar ó no las
paredes del otro.
Pero aun vamos mas lejos al establecer de un modo abso
luto las acciones 'de ciertas fuerzas como caracteres distinti
vos. Creemos , por ejemplo, que no cabe separar mas marca
damente la idea de liquidez de la de solidez, que atribuyendo
á la primera únicamente aquella movilidad y poca cohesion
de las partes entre sí, que comunica á los líquidos abandona
dos á su propio peso la propiedad de fluir. Y sin embargo, el
acero tenaz no es bastante sólido aun para impedir que re
petidas vibraciones traspongan sus moléculas, convirtiéndolo
en un cuerpo granujiento y quebradizo corno el hierro cola
do ; y sin embargo, ni el mismo duro hielo es bastante sóli
do, pues que en los valles profundos de Suiza fluyen los hie
los4le los ventisqueros ala manera de torrentes. Así caemos
(ns errores, en el mismo punto en que establecemos divisiones
donde la naturaleza no las ha establecido. La naturaleza no
conoce definiciones ; así separa tan poco lo líquido de lo só
lido como lo pequeno de lo grande.
Que la pesadez es una fuerza universal á cuya accion están
sujetos los corpúsculos de polvo que vemos revolotear al rayo
del sol , no menos que la mole de los penascos , cosa es por
cierto que fuera difícil poner en duda ú olvidar. Sabernos así
mismo que la pesadez obra verticalmente y hacia abajo, y que
un cuerpo sólido necesita de consiguiente un apoyo por su
parte inferior para no caerse. Pero creemos, no obstante, po
der tender horizontalmente una cadena, un alambre. ?Y qué
otra cosa significa esto , qué sostener la cadena por los lados,
pretender que se aguante por sí sola, esto es, sin ser aguanta
da ? Las matemáticas podrian demostrarnos que esta tension
es de lodo punto imposible, que requiere una fuerza infinita,
es decir , una fuerza que no existe. Quizás se dé crédito al
Matemático respecto de cadenas de hierro , grandes cables y
maromas ; pero será escarnecido , al aseguras' que el hilo de
seda tras tenso no forma tampoco una línea horizontal.' !Qué!
se preguntará en tono de burla, ? en un hilo tan ligero , que
se lo lleva el mas leve airecillo , pudiera ejercer la pesadez
un poder tan grande , que fuese menester una fuerza infinita
para ponerlo perfectamente tirante ? Pues bien, tomad el hilo
mas delicado que la naturaleza ó el arte alcancen á producir,
tomad uno de aquellos hilos que los astrónomos tienden en
el foco de los telescopios , y que proceden de los capullos en
que ciertas especies de aranas envuelven sus bilevecillos. Ved;
este hilo es tan tenue, que .á simple vista solo puede 'Temió
cerse en los reflejos que dé mirándolo contra el sol. No hay
para qué hablar de su peso , ? no es verdad ? Ahora pues,
fíjese el hilito por ambos cabos , tiéndase horizontalmente lo
mejor que se pueda , y consideradlo luego con un fuerte an
teojo de larga vista : se comiscará inicia su mitad , formará
una línea curva liácia abajo, ni mas ni menos que la pesada
cadena y la gruesa maroma.
? Estais ahora convencidos? Pero aun hay mas ; exigimcs
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Abeja, La. No. 1 (1 enero 1862), p. 079-118 |
| Descripció | Informació addicional del títol: revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Títol addicional | Revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1862 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Librería de D. Juan Oliveres, [1862-1870], No. 1 (1 enero 1862)-No. 3 (1 enero 1964) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1056597~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Ateneu Barcelonès". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 8 bits |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | 03_No. 1 (1 enero 1862), p. 79-91 |
| Transcript | 3,5 79 g< Ueber die Berge steigt schon die Sonne Ya el alba riente los picachos dora, Rebanos de ovejas se escuchan balar, Mi amor, mi cordero, mi sol y mi aurora , ; Quién tu rostro viera antesde marchar ! Vuelvo á sus postigos la ansiosa mirada ; Adios, mi querida, me ausento de aquí ! En vano ! no escucha mi tierna llamada : Duerme aun y suena ; ?si sonará en mí ? Sic gaben mir Rath und gute Lehren De avisos me colmaron y lecciones, Y llegaron corteses á abrumarme ; Y todos protegerml deseaban, Y decian no mas que me esperase. Mas con su proteccion tan decantada , Venido hubiera á perecer de hambre, •A no ser por un hombre de altas prendas Que quiso en mi favor interesarse. ;Hombre escelente ! dame de que coma, ; Oh io ! nunca jamás podréolvidarle ; Lástima que no pueda darle un beso ! Pues yo soy este hombre incomparable. CORONACION. Ihr Lieder ! ihr rneine guten Lieder ! ;Ea! cantares inios , ; O mis cantares buenos y queridos, Armaos ! y que atruenen los °idos Las sonoras trompetas ! Y alzadme con presura, Sobre el pavés triunfante, Como reina elegida , esta hermosura Que debe dominar mi pecho amante. Salve, salve, mi reina encantadora ! Al sol que brilla en el inmenso cielo Le arrancaré sus rayos deslumbrantes, El oro rojo que la tierraquema , Para forjar con ellos la diadema Que tus cabellos cina undiv'agantes; Y de la seda azul del firmamento Un precioso giron he de cortarte , De estrellados brillantes recamado, Para el manto preciado Con que los régios hombros quiero ornarte : Y una corte he de darte De engreidos sonetos De maneras pomposas y galanas, De orgullosos tercetos , Y de estancias pulidas, cortesanas. Por batidor tendrás mi chiste crudo, Y por bufon mi loca fantasía ; Mi humor por heraldo, cuyo escudo Una riente lágrima atavía. Y yo en tanto, graciosa soberana, Sobre cogines de esplendente grana Rendidamente hincado, En senal de amoroso vasallage , Te ofrezco en homenage, ; Oh mi reina adorada y mi senora ! 'De mi pobre juicio el resto escaso, Que, por capricho ó por piedad acaso, Dejarme quiso aun tu antecesora. MAR BONANZA. Meeresstille ! ihre Strahlen !Mar bonanza ! sus rayos ardorosos A plomo lanza el sol sobre las aguas, Y en el záfiro undoso verdes surcos Abre la nave en su carrera blanda. Junto á la barra echado de barriga, Duerme el piloto plácido á la larga ; Y al pié del rnastil remendando velas, El breoso grumete se agazapa. So el alquitran que cubre sus megillas Le asoman los colores ; su bocaza Con dolor se contrae ; y angustiosas Son de sus grandes ojos las miradas. Que el capitan le mira furibundo, Y en ternos se desata y amenazas ; « Pillastre !» grita « pícaro ! un arenque Del tonel me has robado ! no te escapas !» Mar bonanza! por sobre el onda riza La cabezuela un pececillosaca Por calentarse al sol, y coletea Y alegre chapotea con el agua. Mas atisba en lo alto la gaviota, Y sobre el pejecillo se dispara, Y con la presa rápida en el pico, Remóntase en la atmósfera azulada. NAUFRAGIO. Hoffnung und Liebe ! alles zertriimmert ! ; Esperanza y amor ! todo perdido ! Y yo mismo no mas que un cuerpo inerte, Un cadáver no mas, que el mar airado Contra la arena arroja ; y aquí yazgo Sobre una yerma inhabitada orilla. Ruge ante mí el desierto de las aguas ; Tras de mí yacen penas y dolores ; Y raudas pasan sobre mí las nubes, Las pardas y sin forma hijas del aire, Que con cubos de niebla el agua sacan • Del hondo mar ; y la pesada carga Arrastran y remolcan lejos , lejos, Para vaciarla al fin en el Océano. ; Triste faena, inútil y enojosa, Como mí propia miserable vida ! Zumban las olas con furor crecido, Las gaviotas chillan. Mil recuerdos Agólpanse á mi mente; y se levantan Olvidados ensuenos de ventura, Fantasmas que atormentan dulcemente. Vive del ,norte én el helado suelo Una hermosa muger , cual reina altiva : Su esbelto talle de ciprés erguido Cine lasciva la nevada falda; De las sienes de trenzas coronadas, Un torrente de rizos se derrama Como una negra noche deliciosa, Y en torno al dulce pálido semblante Cual vagas ilusiones serpentean ; Y sobre el dulce pálido semblante Brillan dos ojos vivos y rasgados Como dos negrosesplendentes soles. ; Oh soles adorados ! cuantas veces , Cuantas bebí extasiado en vuestros rayos De inspiracion la llama devorante, Y vacilé embriagado en vuestro fuego. Luego una risa de paloma dulce Vagaba en torno á los altivos labios, Y los labios altivos suspiraban Palabras SlaVCS COMO luz de luna, Como perfumes de la rosa tiernas ; Y mi alma sus alas desplegando , Cual águila real volaba al cielo. , Callad, gaviotas y furentes olas ! Todo acabóse, dicha y esperanza ; Esperanza y amor ! nada me resta ! Náufrago triste en enemiga playa, Destrozado, perdido delirante , El rostro escondo en la mojada arena. Juan Font y Guitart. w 80 w Poesías de Luis Uhland. LA ERMITA. Allá arriba está la ermita , Mira callada en el val ; Abajo en la verde yerba Canta alegre el rabadan. Triste dobla la campana , Suena canto funeral.... Mira arriba el pastorcillo , Y ha parado su cantar. A los que en el val gozaron Hoy los llevan á enterrar : Pastorcillo ! ay pastorcillo ! Que tambien te llevarán ! DESPEDIDA. Adiós! adios , amada mia ! Debo dejarte hoy, Un beso dame, un beso de tu boca Para siempre me voy. Una flor rompe, dame con tu mano, Del árbol del jardin ! ' Fruto no he de esperarlo ; la esperanza Murió ya para mí. SONES DE MUERTE. 1. La SERENATA. ! Qué armónicossonidos interrumpen Mi sueno fatigoso ! Asómate, mi madre, á ver quien turba Tan tarde mi reposo. « Nada percibo en la desierta calle, En paz, hija, dormita , Que nadie á darte serenatas viene Mi enferma pobrecita ! » No es música terrestre la que llena Mi alma de alegría ; Con sus cantos los ángeles me llaman, Adios! oh madre mia ! 2. EL Tormo. «No quiero ir al jardin , ya estaré en cama Todo el verano quieto'• Oyera solamente el tordo alegre, Que canta allí en el seto. » Traen en una jaula al pobre nino El ave aprisionada ; Mas no quiere cantar, la cabecita Doblando acongojada. Al pájaro con rostro suplicante El nino enfermo mira ; Rompe el tordo á cantar; sonrie el nino, Y en la Sonrisa espira. 3. EL CLAVE. « Vuestro clave tocadme, buen vecino ; Probad si su sonido Derramará tal vezalgun consuelo • Al pecho dolorido ! » . Al ruego de la enferma , el viejo toca , Así nunca tocó ! Tan pura , tan magnífica armonía Jamás produjo , nó ! Estrafios Sones, de celeste gloria , En el clave despierta ; S ;brecogido de terror, se para , Y vé á su amiga yerta. Exeerpta. 1. Todo dicho sin hecho es nube sin lluvia, arco sin cuerda. OHLENSCHLOEGER. 2. Nuestras propias acciones son para nosotros bendicion ó mal dicion. 3. Arduo es en la tierrra adquirir virtud, libertad y dicha ; pero mucho mas árduo todavía es propagarlas. 4. Cada ' cual tiene su propia dicha en las manos, como el artista el pedrusco del que vá á labrar una estátua. 5. El seguir hasta su origen las huellas de un error es refutarlo. DUGALD STEWART. 6. ? Qué efecto puede producir el sol de la ciencia en los tibios mundanos? El mismo que produce el otro sol en los ventisqueros. Puede este sol platearlos y dorarlos con sus rayos ; mas no alcan za kderretirlos. J. P. F. RICHTER. • 7. Los hombres mas dignos son generalmente los mas calumnia dos, bien así como suele ser la mejorfruta la mas picada por los pá jaros. 8. La bondad, como la caridad, cubre una multitud de faltas ; viene á ser la leche y la miel del contento doméstico. 9. El único caso en que obra con violencia la luz de los libros es aquel en que se le oponen impedimentos, y en que la lánguida llama Juan Tont y Guitart. se condensa en fuego fundidor, torciéndola con el soplete. La muda Francia sacó de repente la lengua, como el hijo mudo de Creso, aun que de muy distinto modo. ?Sun dolor que hable la necesidad impe tuosa , y no la larga y mansa libertad ; que tana las campanas , no el religioso sacristan , sino el temblor de tierra. J. P. F. RICHTER. 10. Sé lo que quieras que los hombres piensen de tí ; pues si eres un jumento, jumento serás, aun cuando todos los hombres te tuvie ren por leon. 11. Malísima condescendencia para la multitud es el provocar en ella las sensaciones que quiere tener, y no las que debiera tener, 12. Sin suenos políticos, muriera todo estado, lo propio que, se gun Kant , muriera un cuerpo sin otro. El que no quiere nada inas que la actualidad no hubiera sido seguramente su creador. 13. Toda revolucion política es hija mas bien que madre de una revolucion moral. 14. El poeta que viste pensamientos obscenos en armoniosos ver SO se parece á un cantor que difunde por los aires hedor y armonía á un mismo tiempo , y nos halaga el oido á costas de la nariz. J. P. F. RICHTER. Antonio Bergnes de las Casas. BARCELONA.—IMPRENTA. 011 D. JUAN ()LIMES, CALLE DE ESCUDILLERS N.° 7. — 1801. LA ABEJA. REVISTA CIENTÍFICA Y LITEBBLI ILUSTRADA, _PRINCIPALMENTE EXTRACTADA DE LOS BUENOS ESCRITORES ALEMANES. POR D. ANTONIO BERGNES DE LAS CASAS, catedrático de lengua griega, en la facultad de filosofía y letras, de la Universidad de Barcelona : D. MIGUEL GUITART Y BUCII , doctor en Medicina : D. ANTONIO SANCHEZ COMENDADOR, catedrático de mineralogía y zoología , en la facultad do ciencias , de la Universidad de Barcelona : D. ANTONIO RAVE , catedrático de física , en la facultad de ciencias, de la Universidad de Barcelona : D. JUAN FONT Y GUITART. Duraeion del sistema del 9. por 3. 3. Aunque así nosotros, corno todo cuanto con nosotros vive en esta tierra , debeMos volver al polvo de donde salirnos, y aunque estarnos resignados á este destino , comun á todos los vivientes , no podernos , con todo , reprimir el deseo de que, tras nuestra salida de esta escena , gocen de la vida otros sé res en esta misma escena y en sucesion constante , que siga subsistiendo el cielo que ahora está tendido encima de noso tros , y que el mismo sol y la misma luna , que tan risuenos nos han alumbrado á veces, iluminen tambien las llores que, allá en tiempos futuros , florecerán sobre nuestros sepulcros. Parece por demás advertir que para investigaciones de esta especie, debemos prescindir de los transtornos que pueden acontencer por efecto de fuerzas imprevistas y esteras. Qui zás un corneta , que aun nos es desconocido , hará un dia pe dazos nuestro planeta, ó lo anegará en sus ondas, ó lo redu cirá á cenizas , dispersando los fragmentos por el océano del universo. Quizás llegue un dia en que todo este sistema se, incendie y consuma por alguna causa desconocida , como la estrella fija de la Casiopea , de modo que ni siquiera quede una huella de cuanto ahora nos rodea. Tales catástro fes , ora sean posibles ó no, pueden preverse ; y no tienen nada que ver cen una destruccion necesaria ó sujeta á cálcu lo, de un modo natural, en la sucesion de los tiempos: así que el estudio de una destruccion de esta especie es el único que podernos proponernos en este escrito. El que un hombre que de muerto de un rayo no puede influir en la mayor ó menor duracion de la especie humana. Pero el que todos los hom bres , y con ellos todos los vivientes , estén sujetos á roces y deterioro incesante : esto nos hace inferir con harta certeza una cesacion de movimiento de toda la máquina. Y lleva esa máquina grande y admirable que tenernos encima ves tigios de tal naturaleza, que de ellos podamos inferir, aunque fuere en el porvenir mas lejano, su cesacion y su destruccion 'consiguiente ? Ya se deja entender que solo podemos hablar aquí princi palmente de aquellas perturbaciones á que están sujetos in - T0310 1. Cittrow. dividualmente los cuerpos de nuestro sistema solar. Tales perturbaciones son de dos especies: las periódicas, que afec tan solamente al lugar de los planetas en su órbita ; y las seculares , que cambian con el tiempo esta misma órbita. Es evidente que las primeras no pueden influir en lo mas mí nimo en la destruccion del todo. Pero y las segundas ? — Pudieran influir , é infiuirian tambien , si esta variacion de las órbitas siguiese siempre con el tiempo, por consiguien te sin fin, la misma direccion. Pero no hacen : tal por donde parece que , por este lado al menos, no hay nada que temer. Pero como esta consideracion es de suyo muy importante, y mas aun, por lo que á nosotros toca, no será por demás que la estudiemos mas de cerca. Sabido es que toda órbita de planeta ó cometa tiene seis elementos, por los cualesse les puede reconocer y distinguir de todos los demás cuerpos celestes. Estos elementos son : I.", el eje mayor ó el tiempo de revolucion ; la escentricidad; 5.1', la indinacion de la órbita; 4.°, la longitud del perihelio; S.', la longitud de los nodos ; y G.°, la época ó lugar del pla neta en su órbita en un tiempo dado. Será por demás estendernos aquí para probar que, de los seis elementos arriba dichos , los tres últimos son completa - mente indiferentes y sin ninguna influencia en la mayor da cio') de todo el sistema. Que el eje mayor esté dirigido á esta á aquella region del cielo, que la órbita planetaria corte el plano de la elíptica en esta ó en otra línea, esto puede pertur bar tan poco la estabilidad del todo en general, como puede depender la misma del sitio del planeta en su órbita en cual quier tiempo. Mas no sucede lo mismo con los tres primeros elementos. El eje mayor no puede estar sujeto á ninguna variacion , ni siquiera á una variacion periódica , porque semejante varia cion pasaria , por sunaturaleza , á un ameno ó disminucion incesantes de la misma; aumento ó disminucion que, por peque na que fuese, se iría acumulando con el discurso del tiempo , y acabada por acarrear un efecto destructor para el todo; pues 11 )1 82 I< todo planeta cuya distancia media varíe , aunque no sea mas que en una cantidad mínima, se irá acercando constantemente al sol , ó se irá alejando mas y mas de él ; y cada uno de. es tos dos casos no podria menos de producir los mas fatales efectos para tal planeta y sus habitantes. Los otros dos elemen tos , empero, esto es , la escentricidad y la inclinacion de la órbita , pueden sufrir tales variaciones, bien que estas deben encerrarse dentro de ciertos límites, so pena de perturbar con el tiempo el sistema entero. Si, por ejemplo , la escentricidad de la órbita terrestre viniese á crecer mas y mas con el tiempo, ó bien si esta misma órbita se hiciese mas y mas 'elíptica, ó si la luna, en su carrera, se acercase mas y mas á la tierra, en el pri mer caso , carnbiaria nuestro ano completamente su carácter por lo que hace á la temperatura, y en el segundo caso, de berle precipitarse la luna finalmente sobre la tierra. Si las escentricidades de los otros planetas estuviesen sujetas á tales variaciones , acercaríanse algunos de ellos un dia á la tierra; nuestros anos y los suyos serian, ora muy cortos, oramuy lar gos ; nuestas estaciones dejarian de enlazarse con una tem peratura determinada ;. los planetas , a perentemente , mas pequenos y las, lunas de los mismos, si se nos acercasen, cre cerian en espantosa magnitud, y desparecerian otros comple tamente á nuestra vista; las olas del mar inundarian de cuan do en criando toda la tierra á manera de mareas universales ; y el choque , inevitable al fin , de nuestra tierra con uno de los otroscuerpos celestes, destruiria toda organizacion en los dos , y quizás entrambos cuerpos tambien. Ahora, pues, vemos por el análisis que el desarrollo de los mas de estos elementos depende de séries, cuyos términos to dos, sin esceptuar uno solo, contienen solamente 'senos de án gulos que van progresando con el tiempo. Pero como los senos, segun es sabido , no son mas que magnitudes que van perió dicamente en aumento y distninucion, se verificarla lo mismo con aquellos elementos, si aquella série no contuviese un tér mino que fuese proporcional al tiempo mismo. En virtud de este último término , pueden crecer sin límites aquellos ele mentos, y así lo verifican tambien, pero sin que peligre en lo, mas mínimo la estabilidad de todo el sistema. Pero los tres primeros elementos , desarrollados tambien en séries , solo muestran términos que contienen los cosenos de aquellos án gulos, y ningun término Proporcional al tiempo mismo ; de donde se ha sacado la conclusion de que estos tres elementos no pueden sufrir variaciones que vayan creciendo con el tiem po , sino solamente variaciones que periódicamente se repro ducen. Pero esta conclusion , que, durante mucho tiempo , ha parecido satisfactoria, no es completamente exacta. Pois son fué el primero que demostró (Conn. des temps 1850) que. no basta que estas series contengan solamente cosenos, para que aquellos elementos no puedan crecer ó disminuir de un modo continuo; sinoque además han de serconvergentes estas séries , esto. es , que sus términos sucesivos han de ser siempre mas pequenos , si la conclusion que se fundó en los mismos ha de ser perfectamente rigurosa. Lo que es la serie para el eje mayor de las órbitas, esta es siempre convergente, segun se puede demostrar; y es además, de tal naturaleza , que su variacion , si á los signos generales contenidos en ella se sustituyen los valores numéricos para cada planeta, es siempre igual á cero. Así.es..que por estelado, y este es el mas importante de todos, no hay que temer la me nor perturbacion en la estabilidad de nuestro sistema solar. El desarrollo .para la escentricidad y las inclinaciones de las órbitas dá , empero., ciertas séries , de las cuales se hace árduo decir con seguridad si convergen ó no. Poisson en contró , no obstante , que la constitucion de estos dos ele, mentos depende tambien de dos ecuaciones , que son de la mayor importancia para el objeto que nos ocupa. Si , Pues , estas ecuaciones no tienen mas que dos raíces reales é iguales, ó si tienen dos raices imaginarias , pueden aquellas séries se guir siendo siempre con vergentes ; pero estos dos elementos pueden crecer proporcionalmente con el tiempo , esto es, sin fin ; de donde podríamos inferir , con no menor certeza, la destruccion final del sistema.' Pero ya demostró antes Laplace que las ralees de estas dos, ecuaciones serán siempre, en un caso dado, réales y desiguales entre sí ; y este caso se verifica , cuando todos los planetas se mueven en la misma direccion en torno del sol: Así se veri fica esto afortunadamente en nuestro sistema , en el cual todos los planetas , sin escepcion , se mueven de occidente á oriente ; y la corrsecuencia inmediata de esto es que las escen tricidades , así corno tambien las inclinaciones de las órbitas de estos planetas, no crecen ya inde0 nidamente,si no que siem prehan de aumentar y disminuir entre dos límites solamente, y estos muy próximos, ó, con otras palabras, que queda afianza da la estabilidad de nuestro sistema , que se presenta con to das las condiciones de una dorador) como eterna. Otra consideradon mas detenida de este asunto nos pone de manifiesto otras varias 'disposiciones, las que, no pudiendo sujetarse al cálculo, llevan en sí el sello de la casualidad , paso que quizás sirven efectivamente de intento para el mismo fin. Así es que dé los planetas antiguos, Mercurio y .Marte son los que tienen mayor escentrieidad; pero tambien son de me nor masa ; y en los nuevos planetas, son las escentri - cidades muy grandes; pero tambien son lás masas muy peque nas. Si tuviese Júpiter, que es el mayor de todos los planetas, una escentricidad de su órbita tal como Juno ó Palas , es muy probable que amenazada en gran manera la estabili dad de nuestro sistema solar. La tierra y otros planetas mas pequenos por efecto de las atracciones de Júpiter, estraordi nariamente desiguales , convertirian sus órbitas , que ahora son casi circulares , en elipses muy prolongadas, y ó bien le precipitarian en el sol, ó se alejarian de él para lanzarse á regiones mas y mas 'remotas del cielo. Mucho mas admirable todavía aparece esta union de grandes escentricidades con pequenísimas masas en los cometas, los cuales si tuviesen masas mas considerables , con su gran número y con la estremada licencia de su movimiento por todas las direccio nesdel cielo , no podrian_menos de obras de un modo fatal sobre nuestro sistema solar. El mismo gran geómetra, á quien debemos tantos y tan \ hermosos descubrimientos en estas altas regiones de la astrono mía encontró que, entre los tres elementos de que estamos hablando , y entre las masas de los planetas , existen varias ecuaciones , sobre cuyo fundamento no podemoS estendernos en este lugar, pero que son demasiado importantes para que las pasemos por alto. Imaginémonos de cualquiera planeta , de Mercurio , per ejemplo, el producto (lelos tres factores: masa del planeta, cua drado de su escentricidad , y raiz cuadrada de su qe mayor. Si llamamos á este producto para Nlercurio a, para Vénus a', para la Tierra O, etc. , nos mostrarán aquellos altos cálculos que la suma de todas estas cantidades a , a', , debe ser para todos tiempos una cantidad constante é invariable. Ahora pues, si es muy pequena la masa de cada planeta, toman do por unidad la masa del sol, y si el cuadrado de la escentri cidad, tomando por unidad la mitad del eje mayor de la ór bita, es , á tenor de las observaciones, una cantidad muy pe quena en todos los planetas, deben ser tambor) una cantidad Muy pequena las cantidades a, al, O..., y en consecuencia , muy pequena ha de ser tambien aquella constante, al menos en D2 83.1n el actual estado de nuestro sistema planetario. Pero corno estas constantes son una cantidad inmutable, paro todos tiempos, y por consiguiente, muy pequena siempre, de ahí es que los tér minos aislados a, a', a"... de aquella suma han de ser siem pre muy pequenos. Pero los términos constan de las masas y de la mitad del eje de las órbitas, que permanecen siempre las mismas, y finalmente, de las escentricidades de estas órbitas , las cuales , en consecuencia, han de seguir sibrido siempre muy pequenas, por cuanto los términos a, al, solo pue den tener valores muy pequenos , segun ya se ha visto. Y en efecto, aun cuando uno solo de estos términos a, al, a"... pudiese venirá ser muy grande con el tiempo, esto es, si una sola escentricidad de nuestro sistema solar pudiese crecer indefinidamente , vendria á ser con esto aquella suma , ó , lo que es lo mismo , aquella constante misma indefinidamente grande. Pero ella es ahora muy pequena , segun lo demues tran las observaciones, y por consiguiente , siendo , como es, una constante, debe seguir siendo siempre muy pequena; por donde tampoco puede una sola de aquellas escentricidades crecer desmedidamente, sino que todas ellas deben permane cer siempre encerradas entre dos valores poco distantes entre Si, de los cuales no pueden alejarse nunca; pero siempre en la suposielon de que todos aquellos términos a, al, a"... sean cantidades positivas; por cuanto, aunque solo uno (le los mis mos recibiese un valor negativo, es evidente que, en este ca so, no pudieran aplicarse las conclusiones arriba dichas. •En tonces pudieran dos de estos términos crecer sin dificultad hasta lo infinito, y la suma seguiria siendo, no obstante, una cantidad muy pequena, si uno de estos términos fuese positi vo , y negativo el otro. Pero este caso nunca puede ocurrir en nuestro sistema planetario, ?Y por qué no ?—Por la razon aducida antes : porque los movimientos de todos los plane tas se verifican constantemente en la misma direccion. En este caso, debemos tomar todos los férminos a, a', siempre con el mismo signo de los dos que corresponden á toda raiz cuadrada; y por lo mismo , á la raiz cuadrada del eje mayor arriba dicho; de suerte que deben tomarse losvalores positivos de estas cantidades, si los planetas van de oeste á este, y los negativos, si van de este á oeste. Pero como, en nuestro siste ma solar , se mueven todos los planetas alrededor del sol de oeste á este,- y como además las inaaS de los mismos, así co mo los cuadrados de las escentrícidades de sus órbitas , son ya de su o cantidades positivas, son tarnbien positivos todos aquellos términosa, al, a"... por donde es aquí perfectamente aplicable la susodicha conclusion de que estas eseentricidades han de seguir siendo siempre cantidades pequenas , ó de que nunca podrán trasponer determinados límites. Una espresion completamente análoga se obtiene para las inclinaciones de las órbitas respecto de la eclíptica. Si llama mos b el producto de los tres factores , á saber : masa de un planeta, cuadrado de la tangente de la inclinacion, y raiz cua drada del eje mayor de la órbita , y si espresamos por bl el mismo producto correspondiente á un segundo planeta, por el de un tercero, etc., nos demuestra el análisis que la suma de las cantidades b, es, en nuestro sistema, una cantidad invariable en todos tiempos. Esta cantidad es ahora muy pe quena, segun las observaciones; y por consiguiente, debe se guir' siendo siempre muy pequena , y por la misma cau sa, porque las cantidades b, b, P... son todas positivas , o, con otras palabras , porque los movimientos de los planetas están todos dirigidos hácia el mismo lado. Vemos pues que , en N'irtud de un mecanismo sencillísimo de nuestro sistema solar, scn completamente invariables los ejes mayores de las órbitas, y que si bien las escentricidadesó in clinaciones de las mismas varían un poco , están , con todo , estas variaciones encerradas en límites fijos , y generalmente muy: estrechos, cuyos valores nunca pueden traspasar. Y CO IDO de la estabilidad de estos tres elementos pende principal mente la conservacion de nuestro sistema y de su coordinacion actual en tiempos futuros, podemos inferir de esto que, en la formados] de este sistema , entró en las miras de su Divino Autor asegurarle esta conservacion é imprimirle el sello de una duraeion indefinida. Este objeto se ha Conseguido principal mente por dos medios, que, á primera vista parecen muy exí giros, esto es, escogiendo simplemente números inconmensu rables para los ejes mayores, ó, lo que es lo mismo, para los tiempos de traslacion de estos planetas, con lo cual se asegu ró la invariabilidad del eje mayor, que es uno de los ciernen tos Mas importantes para la estabilidad del todo; y ordenando los movimientos de los planetas, de modo que todos ellos gi ran alrededor del sol siguiendo una misma direccion. Otra disposicion hay en el sistema planetario' que tiene, al parecer, el mismo objeto , y que se puede descubrir sin gran fuerza de atencion. El imperio solar está ordenado , no solo en el todo , sino tambien en las partes aisladas del mismo de un modo esencialmente monárquico. El sol, centro de los mosimientos de los planetas, prepondera en masa sobre todos los planetas juntos , esto es , prepondera sobre ellos mas de setecientas veces en fuerza ; é igual preponderancia observa mos en todos los planetas principales respecto de sus satélites. La masa de la tierra es setenta veces mayor que la de la luna, y la masa de Júpiter es seis mil veces mayor que la de sus cuatro lunas juntas. Las poderosas atracciones consiguientes del sol sobre los planetas, y de los planetas principales sobre sus sa télites alejan la posibilidad de toda perturbacion en este grandioso estado, que pueda acarrear' una destruccion, ni si - quiera un desorden. Si , por ejemplo , se separara Júpiter re pentinamente de este sistema ; veríamos sus lunas, que aho ra vemos girar tan ordenadamente en torno de él, dispersar se luego por el espacio ; y mientras que una de ellas girada en elipses alrededor del sol , se alejaría otra del mismo en órbitas hiperbólicas. La existencia , empero , de fuerzas mas poderosas , y tan preponderantes sobre todas las otras , es una garantía esencial para un sistema que debe permanecer unido en todas sus partes, y que no debe recibir dano esen cial en la regularidad de sus movimientos. Hasta en nuestra tierra observarnos vestigios análogos de esta mira de la naturaleza de dar á sus obras persistencia y duración. A esto contuibuyen en gran manera la estabilidad de los polos en la superficie de la tierra , y el equilibrio de los mares, de esta masa de aguas que cubre una parte tan con siderable de la tierra: hechos confirmados por las observacio nes de miles de anos. Estos dos fenómenos , imprescindibles para la conservacion de los séres orgánicos, pueden conside rarse como un sencillísimo resultado de la rotacion de la tier ra, enlazada con la gravitacion universal de todos los cuer pos; pues, por aquella rotacion , quedó aplanada la tierra en los polos, y por efecto de este aplanamiento, ha vellido á que dar determinado é invariable el eje de rotacion de la tierra. Ilas por efecto de la gravitacion universal, debió la masa de la tierra condensarse mas hacia su centro que en la proximi dad de su superficie; de modo que ahora la densidad media de toda la tierra prepondera en mucho sobre la del agua del mar; y esto solo basta para mantener los mares en equilibrio estable, y para refrenar el furor de sus olas. Resulta pues de todas estas observaciones que el Divino Autor de la naturaleza lo ha ordenado todo de modo que que de asegurada la duracion de su obra , no menos grande que bella , y que, en sus disposiciones respecto del sistema solar , tuvo las mismas miras que se echan de ver en la tierra Ora la eonservacion del sistema y de las criaturas que viven en él. Vamos á considerar ,ahora el movimiento de los cuerpos celestes en un medio resistente. La propagaeion de la luz en los espacios celestes prueba que estos espacios no pueden ser enteramente vacios, sino que han de estar llenos de una ma teria sutilísima. La resistencia que opone esta materia al mo--- vimiento de los cuerpos sumamente compactos de los plane tas ha sido hasta ahora imperceptible para nosotros ; pero en el corneta de Encke, se ha observado ya un efecto análogo, por cuanto, segun las observaciones, cada revolution de este co meta es mas corta de cerca de un dia que la anterior. Puede probarse además por el cálculo que , por efecto de tal medio resistente, el eje mayor, y por consecuencia, el tiempo de re volucion del corneta alrededor del sol, debe decrecer mas y más, y que, por consiguiente , debe el mismo cuerpo precipi tarse finalmente en el sol. La escentrieidad de la órbita y la longitud del perihelio están espuestas , de resultas de esta resistencia, á determinadas variaciones, las cuales, con el discurso del tiempo, ó con la aproximacion de los cometns al sol, van siempre en disminucion, pero cuyo período coin cide con el del tiempo de revolucion del corneta. Segun las observaciones , en el transcurso de diez revoluciones, au menta la velocidad del citado corneta en cerea de una milési ma parte de la misma ; y si este aumento siguiese siendo uni forme, dentro de diez y seis mil anos, seria esta velocidad el doble de la actual. Si en un espacio de un minan de anos ganase Júpiter la diez millonésima parte de su velocidad, pa sanan setenta millones de anos antes no hubiera ganado la Milésima parte, y se necesitaría un tiempo setecientas veces mayor para llevar al doble la velocidad primitiva de este pla neta. Pero por grandes que aparezcan estos períodos, la conse cuencia de esto fuera, no obStante, una aproximacion Cons tante, y finalmente el precipitarse este planeta en el sol. Tambien allá en el discurso de los tiempos ; tras millones de anos, será el tiempo de revolucion de la tierra la mitad ó menos del actual, y finalmente Volverá tam bien ella, así co mo todos los planetas, al sol , de donde salió. La grande le janía de aquella época no detendrá el cumplimiento de nues tro destino. Desde el momento en que nos hacemos cargo de que los cuerpos celestes se Mueven en un medio resistente, es imposible todo movimiento perpétuo de los mismos, no me nos que la eterna duracion del sistema, tal corn.o ahora 'existe. Los resultados obtenidos por las consideraciones arriba es puestas tienen necesariamente sus límites ; pues si bien las admirables disposiciones de la naturalera , de que hemos hablado, pueden tranquilizarnos completamente en órdeu á la (M'ardor] de su obra ; y si bien lo interior' de este sistema no llevan en sí ninguna senal de una destruccion futura, no se nos puede ocultar que toda duracion , por muy larga que sea, no" es, con todo, eterna. Lejos de nosotros la temeridad de escrudinar la estructura íntima del universo , y mucho menos las miras de su Escelso Fundador. Pero todos los dias estamos viendo que á todas las cosas de esta tierra se les ha senalado un breve período de existencia, tras el cual desapare cen, y no vuelven ya á presentarse, al menos, en la misma forma. Cada invierno que llega destruye las hermosas figu ras de nuestros campos. Numerosas familias y especies enteras de animales han desaparecido completamente ; y hasta pue blos enteros, naciones dominadoras del mundo, nos pasan de lante corno imágenes de sombras chinescas en la pared; y to do lo que en este mundo nos rodea es arrebatado por la cor riente del tiempo, y corre sin parar á su estado final, disolu cien y ruina. La tierra que pisamos. está cubierta de los escombros y del polvo de las plantas y animales del mundo prirnitivo , y llegará un tiempo en que pasarán los hombres sobre las pirámides y las grandes capitales de Europa , como pasan ahora sobre Babilonia y Cartago, sin ver ni una hues Ila de las. mismas. Y de esta ley , tan universal en la naturaleza , cuyos.des tructores efectos nos rodean por todos lados, ?deberán formar una escepeion esta misma tierra y el cielo tendido encima de ella ? ? Qué derechos tendrian para tales pretensiones ? ?O qué derecho tenemos nosotros , nacidos ayer , y que ma nana ya no somos , para exigir la eterna existencia de nuestra morada? ? Acaso no hemos visto desaparecer del cie lo estrellas y siátemas enteres?—Espectáculos horrorosos por cierto, al lado de los cuales desaparecen cómpletamente nues tras inundaciones y terremotos, y la muerte de miles en una hora. Pero por muy grande que pueda parecernos una catás trofe de esta especie , ella nos parece tan grande, porque so mos nosotros mismos tan pequenos. En aquellas alturas se mi de con otra medida ; y ? qué otra cosa viene á ser nuestro sistema planetario, y aun nuestra via láctea, mas que Un pun to imperceptible del universo infinito ? Si pues este punto, imperceptible, comparado con lo res tante del sistema planetario ; .si esta tierra ,• al igual de los frutos de nuestros 'campos , debiese ir madurando gradual mente y envejecer hasta cumplir su destino; si debiese ser • tambien destruida un dia por las mismas fuerzas queen gendraron, y que, durante tan largo tiempo , la han conser vado, ?quién será osado á levantarse contra la eterna ley de la naturaleza ? No estamos debiendo, así nuestro cuerpo, corno todo lo que poseemos, y la misma tierra, á los ciernen tos?—Si despiertan estos y reclaman los suyo ; si el fuego y el agua y los vientos, que han hecho nuestra tierra habita ble y fructífera, siguen su carrera, y empiezan á destruirla , si este. sol, que, durante tanto tiempo, nos ha alumbrado y calentado, que, durante tantos miles de anos, mantuvo todo lo viviente, y que en cordones de oro nos hizo girar en torno de su risuena faz, atrae finalmente á su ardiente regazo á la tierra, impotente ya en su vejez para resistirle ; aun mas , si el mismo sol, el rey de nuestros dias, ha vivido ya. su tiempo y cumplido su destino; si finalmente él mismo se apaga y de saparece de entre los séres creados, por horroroso que esto nos parezca—?qué mas sucederia entonces que lo que es fuer za que suceda á tenor de las eternas leyes de la naturaleza ? Pues donde quiera que, en los espacios del mundo, observa mos nacimiento, crecimiento y maturidad , ha de haber tam bien decadencia y muerte; y donde, en el cambio de las sas, hay pi-egreso, ha' de haber ruina, ruina aparente al me nos, cambio de formas y de figuras. Todo lo corpóreo , esto • es, lo mortal , vá corriendo irresistiblemente á su disolucion, y no hay fuerza capaz de contenerlo ; y bien así como en las cumbres de nuestras montanas, y en los abismos de la tierra, yacen dispersos los petrefactos y resíduos de las plantas y animales de un mundo que fué , tambien se dispersarán qui zás un din, en el espacio del universo, los deleznables frag mentos de la grande y celestial fábrica que tenemos encima. Este sol , estas estrellas se apagarán , y de ellas no quedará allá ni una huella, corno no queda acá ninguna de los ticas pos primitivos. Tambien se marchitarán estas llores del cielo, y caerán como las hojas secas con que juegan los vientos ; y la misma onda, que las llevó durante tanto tiempo , las pre cipitará tambien un día á las profundidades del Océano del mundo', al abismo de la eterna noche. Solo permanecerá Uno, á quien no hay nombre capaz de nombrar; solo perita necerá Uno, muy encima del Océano de los mundos, que brama á los piés de su trono, y cuyas olas suben y bajan sin cesar delante de él, mientras que ÉL, y solo ÉL, es inmutas lile y eterno. Antonio Beroes de las Casas. >1 85 El diamante. por eton Me. ARTICULO PRIMERO. Si observásemos siempre con atencion y buena fé los im pulsos de nuestro ánimo , pudiéramos sorprender no pocas veces en nosotros ciertas conmociones que nos banan casi su poner la existencia de una naturaleza demónica en nuestro interior. De una disposicion de espíritu la mas humana y be névola , surge de repente un placer canibalico , al oir el rela to de una terrible desgracia. Una satisfaccion recóndita y voluptuosa se mezcla con nuestra simpatía hacia los infelices. Pero si luego nos dicen ; que todo no fué mas que ruido, que se consiguió atajar el fuego , que la reyerta terminó sin der ramamiento de sangre , bien pronuncian nuestros labios un « gracias á Dios ; » pero no siempre sale del corazon. Injustos fuéramos sin embargo en llamar demónico un sen timiento que no pasa de ser una manifestacion de la propen sion natural del hombre a lo maravilloso ; esto es, el inquieto afan de trasladarse fuera de la atmósfera comun en que vive, á las regiones de lo estraordinario. El mismo hombre, posei - do pocos momentos antes de aquella satisfaccion demónica, se arrojará quizás á las llamas, con inminente riesgo de su propia N ida , para salvar la de un nino. El mismo ódio hacia lo vulgar y cotidiano es lo que hace olvidar y menospreciar al hombre las bellezas que le rodean , y le impele á los paises en que reina un sol abrasador , ó hielos perpétuos , en pos de lo bello ó de lo terrible. Muchas veces me ha sucedido ai preguntar al habitante de un ameno valle de la sierra : es muy hermoso este pais , ? no es cierto ? y responderme cabe ceando : « Mas hermoso debe ser el de Vd., donde no hay montanas que subir , y donde no descubre la vista mas que fértiles campos y llanuras.» Y cuando preguntaba por los ca minos mas bellos , siempre me indicaban los mas llanos y despejados al través de monótonas praderas ó de los claros del bosque. Sus ojos no percibian las. bellezas que le rodea ban , no vejan mas que las piedras del camino y los árboles que le robaban la luz : estranjero es el que dá á conocer á los montaneses las bellezas del pais , y les ensena á apreciar las , segun su valor , en metálico) sonante. Con los mismos ojos contemplamos nosotros nuestras flori das campinas. Tal vez nos embelese el primer verdor de la primavera ; pero el verano nos fastidia ya. La primera cam panilla blanca , la primera violeta son aun hermosas ; pues brotaron de un suelo helado y boreal ; pero ?qué tienen de particular tantos millares de flores amarillas, azules y encar nadas ? ?qué son sino lerba para pasto del ganado ? En cam bio , cuidamos en nuestros invernáculos con el mayor esmero á las hijas exóticas de un sol tropical. Pero tambien , ! qué rarísimas formas son aquellas ! ! qué hojas tan poderosas! ; qué llores ostentan á cual mas lustrosa y encendida! !Esta es la nobleza del reino vejeta! !... Pero no; en el reino de lo bello disuena esta calificacion... No es su orgullosa magnificencia bastante fria y relumbrante para que tal nombre le cuadre; no cabe en el mundo de las flores nada tan delicado, tan aromoso, tan fugaz y tan suave. Si fuesen piedras , pase ; entences sí que pudiéramos colocarles nuestras ejecutorias, ya que no po damos prescindir de imponerlas hasta á la misma naturaleza. ! Pero las piedras ! ? hay nada mas uniforme , nada mas monótono ? La tierra , con sus montanas y sus penascos, es siempre la misma en el sur y en el norte , con la única (Efe rencia de presentarse el granito en unos lugares con matiz distinto ; el basalto hendido en columnas mas bellas, el suelo vejetal algo mas rico en cal ó en greda. ! Mas en todas partes granito , basalto, arenisca, arcilla y arena ; nada raro , nada estraordinario ! Pero entre la arena se encuentran piedrecitas brillantes de varios colores. Los ninos las recogen y juegan con ellas : los padres , prendados de su brillo , se engalanan con las mismas. Otros les envidian este adorno, pues las pie dras no se encuentran á cada paso, y les ofrecen otros objetos en trueque ; y así pasan á serias piedras un medio de cambio, y á adquirir un valor que conservan ; pues son bastante duras y consistentes para no perder su brillo y su trasparencia du rante un comercio de muchos anos; son bastante duras para que el arte pueda exaltar por medio del pulimento su brillan tez natural. La civilizacion acrecienta las necesidades del lujo; y como estas piedras de adorno continúan siendo escasas, su valor sube basta un punto increible. Y esto son las piedras preciosas. Dureza , brillo, magnificencia de colores les pres taron nobleza. ? Mas de dónde se derivan tan raras prendas? Creíase en otro tiempo que el sol de los trópicos , que produce los es plendentes colores de las plantas y de los animales, hacía cre cer tarnbien las piedras preciosas. El lapidario Ferrer escribió á Colon que , mientras no encontrase hombres negros , no debia prometerse el hallazgo del oro ni de piedras preciosas. Ahora sabemos ya que las piedras no crecen , sino que son productos químicos de los tiempos primitivos de nuestro pla neta. Tambien las piedras deben sunobleza, ante todo, á felices circunstancias de su nacimiento. Las piedras nobles son cris tales, esto es, cuerpos cuyas moléculas , en el momento de su pro.luccion, fueron colocándose unas sobre otras segun leyes determinadas, dando así origen á formas simétricas regulares. Cualquier movimiento , por leve que fuese , debía impedir la constitucion regular del gran cristal ; cualquier cuerpecillo estraiio caido en la masa que cristalizaba , — un granito de arena 6 de polvo,—debia quedar interpuesto entre sus molé culas. Tales perturbaciones menoscabaron su trasparencia. Así que, solo una rara y feliz coincidencia de todas las cir cunstancias favorables permitió una cristalizacion ordenada de las piedras preciosas. Verdad es que se les agregó luego una leve cantidad de una sustancia estrana , á la cual deben los colores que las realzan. Mas no se crea que fueron sus tancias raras y costosas las que dieron color á las piedras pre ciosas. El hierro , el manganeso , el cromo , el níquel , se encuentran con grande abundancia en la naturaleza ; de modo que sobrarian materias tintóreas para embellecer todas las piedras del mundo , á semejanza de las magníficas que nos envian Ceilan y las Indias orientales , como entendiésemos la manera de tenirlas , y tuviésemos destreza suficiente para .practicarlo. Ni tampoco son tan raras y ricas, como pudiera imaginarse , las materias de que las piedras preciosas se for maron ; antes al contrario , son las mas comunes , las mas despreciadas , las que indiferentes pisamos todos los dios. La arcilla ordinaria de alfarero contiene dos especies de tierras, la sílice la alúmina , cada una de las cuales produce , en estado de cristal , piedras preciosas ; la sílice dá origen al cristal de roca y á la amatista ; la alúmina al rubí y al zafiro. >1 86 Bien podemos estraer estas tierras de la arcilla y prepararlas en toda su pureza ; pero obtenerlas en estado de cristales, eso sí que no podemos conseguirlo (I). Existen grandes montanas de dolomita , de que nos es fácil obtener . la magnesia mas pura ; podemos combinar esta con la alúmina., pero solo la naturaleza supo crear con esta combinacion la espinela. Por consiguiente , no lo raro de la materia que les dió orígen, no ilustres abuelos , sino una conformacion y desarrollo felices de sus naturales inclinaciones, prestaron á las piedras precio sas sus cualidades y su nobleza. Nacidas con frecuencia del polvo mas vil y despreciado, se encumbran.á la suprema gran - deza. El negro y sucio carbon que el deshollinador raspa de nuestras chimeneas , que ennegrece !os tubos de las .lámparas y las paredes de los aposontos, sabe convertirlo la naturaleza, por el sencillo proceder de la cristalizacion , esto es , del des arrollo natural no perturbado , en la corona de todas las piedras preciosas, en la joya d'e mas valor, el diamante. ?Qué tiene que ver el carbon con el diamante? Precisamen te lo mismo que un pedazo de creta con la estimada perla. Quien ha visto diamantes , y de los millones que hasta el pre sente fueron traidos á Europa , bien habrá llegado uno á lo menos hasta los ojos del lector— quien conoce aquel lustre particular , aquella trasparencia , aquella dureza., no pudo ciertamente imaginar jamás que fuese constituido por la mis ma materia que el negro , blando y opaco carbon. Pero la naturaleza juega caprichosamente con la materia. ?Quién re conoce en el puro mármol de Carraca , en los límpidos cris tales de espato de Islandia, al carbonato de 'cal de nuestras montanas de creta y piedra caliza ? ?Y quién lo sospechará en las erizadas conchas de los moluscos y,caracoles, y en la perla preciada? ?Quién tendria las duras cerdas del puerco, la suave lana espanola y el delicado plumaje del marabú por formas diversas de la misma sustanciacórnea? Y no obstante así es ; una misma es la materia : solo difiere en el ordena miento de sus moléculas. Aquí, por una cristalizacion pertur bada, se amontonaron las partículas de la cal, formando una masa térrea ; allí la magnitud y regularidad de las partes (lió al todo un aspecto granugiento ; unas veces se efectuó la cris talizacion sin estorbo ; otras se colocaron ténues capas con céntricas unas sobre.otras , dando origen al brillo particular dela perla y del nácar. La conformacion mas 6 menos grosera ó delicada, mas ó menos compacta 6 lacia, de las celdillas fué causa de la diversidad de \ las formas que afecta la sustancia córnea. ?Por qué no pudiera pues perder el negro carbol], por medio de la cristalizacion , su oscura y opaca apariencia ? los griegos llamaron al diamante (damas, el indomable, en atencion á su dureza ; pero buscábanla equivocadamente en la circunstancia de resistir, puesto sobre un yunque, á los mar (1) Ciertamente que no ignoraba el autor del presente artículo los ensa yos de Ebelman para la reproduccion artificial de ciertas especies minerales, ienntterreruomtrapsiddoeslpruobrílay dmeulearteespdieneelsate, i—lustrtarebaqjousímqiuceopor desgracia quedaron ,—ni tampoco los mas recientes de Bunsen y de Gaudin, quienes, por diferentes procedimientos, han conseguido resultados análogos. Es posiMe que, á pesar del interés científico que ofrecen semejantes descubrimientos, considerase estos productos artifi ciales sobrado inferiores por el tamano y perfeccion de los cristales, y demás propiedades físicas que constituyen la belleza en joyería, para alternar con sus rivales de la naturaleza. Menos felices han sido aun los ensayos para la transformacion del carbon en diamante. Despretz , acumulando los tres ma nantiales mas poderosos de calórico, á saber, los rayos solares concentrados en el foco de un lente , la combustion de la mezcla de hidrógeno y oxígeno ydalar, csoorlrdiearn,tefudneduirnean pgillaobduelislleoissciyenvtooslaptialirzeasrdteodBausnslaesn ,vahraieldoagdreasdodaebclaanr bono ; pero desgraciadamente, en lugar de adquirir por este medio las pro. • piedades del diamante, todas, incluso el mismo diamante, se han conveitido en grafito, que es la variedad mas distante del diamante por la forma geo métrica, cohesion ydemás propiedades físicas mas características. De dende es de inferir que la naturaleza ha empleado otros medios , y no una tempe ratura elevada, en la formacion del diamante. 5 tillazos. El diamante se quebranta fácilmente con un martillo, pero no hay cuerpo que pueda rayarlo , á la manera que el vidrio es rayado por el pedernal, que le gana en dureza. Nin gun disolvente, ningun ácido le disuelve ni le descompone; propiedad que permite distinguirle de todas las demás piedras preciosas, las cuales, á causa de la sílice que contienen, no son capaces de resistir, por lo menos, á la accion del ácido fluorhí chico. Harto raro es por lo tanto que entre los antiguos pudiese, tomar pié la creencia de que le disolvia la sangre de macho cabrío. Todavía en el Percival (2) se cuenta qbe un bufon untó secretamente con sangre de cabron el casco de diamante del héroe, por locual se puso á poco rato el yelmo mas blando que una yesca. En la antigüedad no se probaba ni esperimentá ba , y de allí tan desatinada preocupacion. Espuesto al fuego, tampoco hincha el diamante. Pero cuando se supo producir una temperatura de un grado Superior á la de los hornos Or dinarios, se comenzó á dudar de si un calor tan poderoso como el que se concentra en el foco de un espejo ustorio no conse guirla dar al 'través con la gloria del reputado invencible. Del fuerte poder refringente del diamante habla concluido ya Newton, en 4675 , que debla de ser un cuerpo combustible. Mas no se hizo elisayo alguno hasta 1694, en que el gran Du que de Toscana, Cosme III, mandó practicar los esperimentos á fin de probar la fijeza del diamante. Y cuál fué el asombro. general , al ver que iba desapareciendo poco á poco el dia mante, y que era al fin completamente destruido por el calor! El emperador Francisco I repitió estos esperimentos en Viena, y obtuvo igual resultado por medio del fuego de un horno. Continuaron los sábios franceses estos esperimentos , y en 26 de julio de 4774 be quemó en el laboratorio del químico Ma guer, un magnífico diamante. El hecho era incontestable : el diamante habia desaparecido por dcalor ; pero no se decidió si se había volatilizado ó quemado ; si seliabia resquebrajado y soltado en partecillas invisibles. Entonces saltó al palenque el famoso joyero Le 131anc en París , en pro de la indestructi bilidad del diamante , sosteniendo que repetidas veces leha bia espuesto á un fuego muy vivo para limpiarle de cleros manchas , sin que hubiese esperimentado por esto ningun menoscabo. Los químicos D'Arcet y Ronde le desafiaron á repetir esta prueba en su presencia. Aceptó Le Blanc el reto, y al efecto encerró en una cápsula un diamante envuelto en una mezcla de polvo de carbon y creta, y lo entregó al fuego, convencido de que saldria ileso de aquella prueba ignea. dTiaammbaienntesl,osyqcuuímanidcoosesretotasd, odreesspquuesisideerotrnessahcorrifaiscadre aulngufnuoes go sostenido , hubieron desaparecido , abrióse la cápsula de Le 131anc : su diamante habia desaparecido. también. Pero no gozaron largo tiempo de su triunfo. Otro joyero , sujetó, en presencia del famoso Lavoisier, tres diamantes bien envueltos en carbol) dentro de una pipa de tierra al fuego mas violentó. Al sacar la cápsula, se encontraron los diamantes intactos entre el polvo del carbon. Reconocióse entonces que solo se evitaba la combustion de los diamantes por la esclu sion completa del aire ; pero que en contacto de este, y es pecialmente dentro de oxígeno puro, ardian orno el carbon ordinario : y ya Lavoisier demostró, en 4776, que se produ cia entonces ácido carbónico. El diamante es, .por lo tanto, un cuerpo combustible ; no es mas que .carbon ! Juan Font ý Guitart. (2) Poema épico del célebre trovador Wolfram de Eschenbach , á mediados del siglo XIII. Esta grandiosa epopeya, sea dicho dqeuepaflsoore, cieós duenraa dceomlaos ucnoampoobsriaciomneasesdterasceonllasnutegséndeeroa.quel siglo, y aun hoy día se consi La vida de un sabio , de un tranquilo investigador de la naturaleza , ó del espíritu humano, suele generalmente considerarse como una de las mas insípidas y descoloridas pinturas, á las cuales solo al canzan á prestar algun inte rés el brillo y la luz que ar - rolan sobre el mundo con - temporáneo y la posteridad. Una juventud laboriosa ,. un destello accidental del talen to , la lucha de la vocacion con el capricho ó la obceca cion paterna , la escasez de recursos, y las privaciones de la pobreza , los trabajos fatigosos de la carrera y de estudios profundos , quizás tambien las hostilidades de la necedad y de la preocupa cion poderosa ; tales son los elementos vulgares y monó tonos de que por lo comun nos imaginamos compuesta la vida de todo hombre emi nente en letras y ciencias. Si así fuere, pudiéramos consolarnos con la sentencia de aquel filósofo : Bienaventurado el pueblo cuya historia es monó tona ! Mas, no es así por cierto. Pasarán tal vez juntó á él, sin conmoverle, las pequenas vicisitudes de la vida ; pero las grandes tempestades del mundo invaden su tranquila mora da. Tambien el sabio es hombre , tambien late su corazon como el de otro cualquiera. Tambien el sabio es ciudadano , y no es sordo á la voz del deber , cuando este le llama. 'l'am bien puede él , como el poeta , morir la muerte del héroe en el campo de batalla , ó la del tnártir en el cadalso. Cuando el sabio vive en una de aquellas épocas turbulen tas, en que tempestades desencadenadas rugen al través de los pueblos , conmoviéndolo y desquiciándolo todo , no parece á veces sino que se tengan que escribir las aventuras y hazanas de un guerrero. No muy distante de nosotros está uno de estos períodos de agitacion ; tras el cual ha pasado poco mas de medio, siglo. Hablamos de aquellas convulsiones. en que rom pió la Francia las trabas de la rutina , del fanatismo y de los privilegios. Entonces frté cuando , en la encarnizada batalla entre el hecho y los derechos históricos , presentó tambien la ciencia sus héroes y sus víctimas. A la cabeza de la famosa asamblea nacional vemos á un sabio modesto , dechado de apacibles virtudes , al desgraciado Bailly. Desde la tribu na de la sangrienta conveneion olmos brotar la palabra entusiasta de los labios (le otro sabio , del génio brillante de Condorcet. En la terrible junta de salud pública , al la do de llobespierre , de Saint Just y de Couthon , encontra 87 1C Antonio Lorenzo Lavoisier. Bosquejo biográfico. por (Dton Antonio Lorenzo Lavoisier. mos á un tercer sabio , al fa. moso matemático Carnot ; y este sabio crea ejércitos de la nada , y organiza la victoria contra la Europa entera. Sa bios son igualmente los quí micos Chaptal , Fourcroy,, Monge, Berthollet, que crean armas para estos ejércitos , arrancando al patrio suelo. el salitre de que les priva el es• traque) , y convirtiendo en canones las campanas Otro sabio es tambien Mennier, el que abandonando su pacífico laboratorio para dirigir la de. fensa brillante de Maguncia, muere como un héroe en su baluarte. ? Pero dónde se refugia la ciencia? ? qué es de los gra ves estudios en medio de tan ta exaltacion Política? ? Pue de acaso la pluma herma narse con la espada? Tal so lemos preguntarnos desde el cómodo bufete , junto á la lumbre. Los hechos elocuen tes se encargan de respondernos. En ningun tiempo produjo la ciencia tan brillantes resultados , ni abriendo nuevas vías, ejerció un influjo tan íntimo y duradero en la ciencia del porvenir ; pero tampoco encontró en tiempo alguno un apo yo mas firme y decidido , ni un aprecio mas general que en aquella epoca borrascosa. Recordemos la famosa Escuela Normal , la Escuela Politécnica, el Museo de historia natural, el Conservatorio de artes y oficios : recordemos tambien la medido!' del grado del meridiano y la. introduecion del nue vo sistema de pesos y medidas, creaciones todas de la sangui naria C.onvencion. La misma mano que debió firmar al pié de muchas sentencias de muerte decretadas por la junta de salud pública , fué la que escribió aquella célebre Geometría del espacio, y la metafísica del cálculo infinitesimal. La cien cia , amiga del sosiego , sabe tambien conciliarse con la tem pestad y la pelea, y saca sus frutos y flores de un suelo abre« vado de sangre. 'Cierto que la tempestad aniquila algunos gérmenes preciosos , y que á impulsos de las furibundas pa siones políticas , caen lamentables víctimas en el terreno de la ciencia. Pero la víctima mas grande que jamás haya ofre cido la ciencia fué sacrificada , en las sangrientas aras de aquella revolucion , en la cabeza del fundador de la química moderna , del inmortal Lavoisier. Antonio Lorenzo Lavoisier nació en Paris en.,16 de agosto de 1745. Su padre , que, por medio de especulaciones comer ciales , habia adquirido una fortuna bastante considerable , CEO al mismo tiempo aficionado á las ciencias naturales , y 24 88 m estaba en relacion con los mas célebres naturalistas de Paris. De ahí el haber concurrido todas las circunstancias para pro porcionar al jóven Lavoisier una educacion distinguida. Los sabios de mas fama fueron sis maestros y nada le impidió seguir el libre impulso de su génio. Lacaille fué su maestro de astronomía , Jussieu le instruyó en la botánica , Rouelle , el primer químico que reconoció la esencia de las sales , fué quien le inició en el estudio de la química. Ya á los veinte y un anos se ofreció á Lavoisier ocasion de demostrar su tem prano talento y de crearse una reputacion distinguida con sus .investigaciones científicas. LaAcademia francesa , á propues ta del gobierno , habla establecido un premio de dol mil li bras para la mejor memoria sobre el *alumbrado público de -Paris. La mayor claridad , la mayor facilidad en la construc cion de los aparatos , y la mayor economía posible en- los gastos del planteo, debían ser igualmente atendidas. Lavoi sier emprendió la resolucion de este problema, mostrando al mundo de cuánta energía era capaz, de cuántos sacrificios para la ciencia. Ocupado en comparar la fuerza luminosa de diferentes llamas, observó que su vista carecia de la finura que requerian tan delicadas distinciones. Un medio ;labia para conseguir esta penetrador", medio capaz en verdad de arre drar á un joven de 21 anos, á quien, con mil placeres, brindaban la juventud y la riqueza. Lo adoptó sin embargo. Hizo revestir un aposento de negras colgaduras , y encerróse en él por espacio de seis semanas en completa oscuridad. Así logró su objeto ; su vista había adquirido una sensibilidad tal , que podia apreciar las mas leves diferencias luminosas. Lavoísier resolvió el problema con tanto lucimiento, que la Academia le adjudicó el premio, que él empero, llevado de un noble impulso de generosidad , mandó distribuir entre tres de sus competidores para indemnizarles de los gastos que les ocasionaran sus esperimentos. En recompensa de su desprendimiento, agracióle , en 1776, la Academia, pox órden espresa del Rey, con la medalla de oro ; y dos anos despues, á la edad de '25, fué nombrado miembro de la Academia de ciencias. En este tiempo empieza la verdadera actividad química de Lavoisier,, que al principio se dedicó casi esclusivamente á investigaciones aisladas, en especial á la refutacion de anti guos y nuevos errores ; pero que muy luego se concentró en el problema que forma el foco de toda su vida científica , y que dió á la ciencia la divisa, bajo la cual debia pelear y ven cer : la obra gigántea de la reforma en el campo de la quími ca. Para poderse entregar con entera libertad á tan ardua ta rea, y disponer sin restriccion de los medios necesarios para la ejecueion de los mas vastos y variados' ésperimentos , soli citó, en 1771 , el cargo muy productivo de arrendador ge neral. Bajo el gobierno de los Luises XV y XVI, no eran los empleos mas que prebendas; ?por qué pues debiéramos echar en cara, á un lavoisier que codiciara un empleo para llevar á cabo sus planes científicos? Proporcionóle por otra parte este .empleo redobladas ocasiones para aplicar sus conocimientos en bien del estado y del pais. Consultábase su parecer en to dos los negocios públicos que requerian profundos conocimien. tos científicos , á la par que una mirada práctica. Cuando, en 4776, fué colocado al frente de la fábrica de pólvoras y salitres, dió á la pólvora francesa la preeminencia sobre la de las demás naciones, libertando á la vez á su pais de una de las leyes mas onerosas de aquel tiempo, por la que era per mitido á los empleados del ramo penetrar á viva fuerza en los sótanos para recoger la tierra salitrosa que en ellos se encuentra : estremos á que no fué necesario apelar desde el momento en que dió á luz su método para la produc tion artificial del salitre, método que siguió empleando se en Francia aun largo tiempo despues de su • muerte. Los trabajos mas estraordinarios de Lavoisier pertenecen sin embargo al dominio de la ciencia. ? Qué utilidad podia reportar la ciencia del rico Lavoisier , del millonario ? Tal preguntarán quizás con admiracion aquellos que , obcecados por una bárbara y funesta preociipacion , se imaginan que la actividad del espíritu , la investigacion de la verdad , y el no ble anhelo de distinguirse con descubrimientos y creaciones intelectuales reclaman absolutamente el aguijon de la miseria ó del hambre. Es inconcebible que haya aun quien pueda aca tar tan groseras y absurdas opiniones. Cumpliale al hijo de Catalina de Médicis , á Carlos IX , el de las sangrientas bodas de Paris , decir de Ronsard , su poeta favorito : « Un buen poeta debe echar tan pocas carnes como un buen caballo; con que se le mantenga , basta. » Pero la esperiencia ha desmen tido hace tiempo un modo de ver tan singular. El gran Leib nitz era millonario; al conde de Bufon , á Cavendish á Boyle , se les contaba entre los mas ricos de sus coetáneos; Laplace disfrutaba de mas de cien mil libras de renta- No se pretenda >colocar al sabio en la misma línea que al pobre jor nalero de los talleres. El génio no trabaja por pan. El irre sistible anhelo del investigador por descorrer una parte del velo en que 'envuelve la naturaleza sus fenómenos , procede de lo Mas íntimo del alma , á semejanza de una violenta pa sion , y solo puede ser alimentado y enaltecido por los mas generosos impulsos del patriotismo y de la humanidad. El génio produce, porque está en su naturaleza producir ; el sabio investiga y medita, porque á ello le llama su vocacion. !Se lanzan gritos de indignacion contra el cuero del mayoral de esclavos, y se recomienda el látigo moral de la miseria en el libre terreno de la ciencia ! Lavoisier,, el millonario , fué el fundador de una ciencia nueva , de la química actual. La riqueza industrial de nues tros tiempos, el ornato y la comodidad de nuestra vida ordi naria , hasta mil pequeneces de las mas baladíes, deben su origen á los trabajos de este hombre estraordinario. Poseia millones , es cierto, pero la herencia que nos legó fué de un volor cien mil veces mayor. Pudiera tomarse esto por un el carecimiento hijo del entusiasmo , pudieran venirse á las mientes aquellos personajes fabulosos , aquellos héroes y Hér cules , que la fantasía griega, ávida de maravillas, fundió en. un solo troquel de las hazanas de mil héroes envueltos en el polvo del olvido. El pueblo es en efecto el mismo hoy que ha ce dos mil anos. Igualmente ingrato , olvida con la misma facilidad los nombres de los que se desentranan por su bien, para crearse un héroe á quien atribuir sus trabajos. Tenemos hoy dia nuestro Fausto, como tuvieron los griegos su Hérmes, y poseemos mas de un Hércules en el reino de las Ciencias. ?Qué fenómeno astronómico puede haber que , á los ojos del pueblo , no deba atribuirse á Herschel ? Eulero y Newton , Watt y Volta ? no son tambien héroes de esta especie, y no se ha colocado ya en vida á Humboldt y á Liebig en la cate goría de tales---Y así será siempre, ysiemPre seguirá el pue blo creándose héroes y adornándolos con el brillo de los que sepulta en la sima del olvido ! Solo la historia sabe mante nerse apartada de estas creaciones de la fantasía ; veraz y grave, tributa homenage á aquellos hombres selectos á quie nes concedió la naturaleza el precioso privilegio de abarcar y coordinar mil hechos aislados, y deducir de ellos las mas poderosas teorías ; pero tampoco olvida que la hoz del sega dor, como dice Arago , debió cortar las espigas, antes que pudiera pensarse en formar y atar las gavillas. Muchos de estos segadores hablan precedido tambien á La voisier ; muchos de los hechos sobre los que fundó su gran dioso edificio habian sido descubiertos por otros, y hasta la idea fundamental de su teoría habla sido ya mas de una vez enunciada. Sin embargo , permanece su mérito íntegro y sin tacha ; pues que á la propia , no á prestada luz, debe la au reola de gloria que circunda su nombre. El mérito de Lavoi sier no consiste en un descubrimiento aislado, sino en la reo Ilion de infinitos hechos , poco importa si conocidos desde largo tiempo , ó nuevamente descubiertos por él , en una teo ría ; no en la espresion de una opinion, sino en la realizacion de una grande idea al través del vasto campo de la ciencia. En efecto , desde el afio 1772, una idea dominante penetra y enlaza unos con otros todos los trabajos de Lavoisier : en primer lugar , la esplicacion de la calcinacion y de la combos tion; luego , en sentido mas lato , la importancia del oxígeno y de sus acciones químicas. Él fué el primero que, en sus in vestigaciones, eligió por juez supremo la balanza, esta lengua única , que no miente jamás. Su espíritu sagaz y penetrante desarrolló el pensamiento sencillo en un grande edificio ; la seguridad de su observaciou (lió una base sólida á esta ()Tan fábrica. Antes de Lavoisier,, casi por espacio de un siglo entero, habia imperado , como soberana absoluta en la ciencia, la teoría flogística fundada por Stahl. Segun esta teoría, un cuer po misterioso, el flogisto , era la causa de toda combustion ; y en el acto de verificarse esta, se desprendia de los cuerpos, dejando por residuo una cal, una tierra, ó un ácido. Alas li gero que el aire , se suponia que el flogisto , combinado con los cuerpos, tendia á elevarlos .á la manera de un globo aeros tático, á hacerlos menos 'pesados; y su desprendimiento , en el acto de la combustion, debia aumentar por lo tanto el peso de la materia incinerada. Esta teoría era, al parecer, tan sen cilla, que pudo seducir y arrastrar á los mas claros ingenios. Pero á cada nueva observacion , atajaban su curso nuevos obstáculos, que ponian en descubierto su falsedad, y obliga ban á recurrir á nuevas sutilezas y` fantasías. Lavoisier (lió á esta caduca teoría el golpe de gracia por medio de la palabra mágica de la balanza , á la que desató la lengua. El esperimento decisivo de que partió la reforma de la quí mica fué el siguiente : introdújose una cantidad determinada de estafo en una retorta , que se pesó con exactitud, despues de cerrada herméticamente. Por la accion del calor, se con virtió el estafo en cal de estafo , sin que se alterase el peso del aparato. Abrióse entonces la retorta, permitiendo el libre acceso del aire ; y al pesarla de nuevo , se observó un au mento notable. Este eseeso de peso resultó luego ser debido esclusivamente á la cal de estafo , esto es , á que , al calci narse este metal, labia absorvido del aire una cantidad igual, en peso, al que labia desaparecido de la retorta; y fué luego reemplazado por el (pie en esta penetró al abrirla. Esté esperimento labia sido practicado ya cien aflos antes por el ingenioso Boyle. Pero cuánto vá muchas veces de la simple observacion de un hecho á su esplicacion , y cuán fá cil sea en la ciencia ver una cosa sin descubrirla , lo vemos aquí patentemente demostrado. Boyle habia visto lo que La voisier. Pero Boyle desatendió la disminucion del aire, atri buyendo el aumento de peso del metal calcinado á una su puesta materia ponderable de la llama. Lavoisier supo estimar en todo su valor esta disminucion de la masa del aire, y re conoció la calcinacion como una combinaciou del metal con el aire. Esta esplicacion tuvo luego un carácter mas preciso, y adqui riómayor importancia. Eu un viage que en 1775 hizo Priestley á Paris, dió á conocer á Lavoisier su reciente descubrimiento del oxígeno. A fuer de biógrafos imparciales, no debemos pa sar por alto una sombra que empaja el carácter de este hombre ilustre. Lavoisier no mentó jamás aquella comunicacion de TOMO I. 89 I< Priestley , é hizo siempre pasar por suyo el descubrimiento del químico inglés. No podemos abonar absolutamente esta omision de méritos agenos, tanto menos cuando debemos con ceder á Lavoisier el grande é indisputable de haber sabido ha cer fecundos todos los descubrimientos de sus contemporá neos. Pudo Priestley escitar con su descubrimiento la admi racion del mundo científico , fomentar la atrevida esperanza de las cabezas acaloradas, que creian ya haber encontrado un medio de rejuvenecer el cuerpo decrépito, y un antídoto con tra la muerte; pero Lavoisier fué el primero que senaló su im portancia científica. Ya en el siguiente alío de 4775, reconoció el gas !Tejen descubierto como la causa de toda calcinacion y combustion. Demostró que todas las cales metálicas procedian de la combinacion de los metales con el oxígeno , como tam bien que el llamado aire fijo , ó ácido gaseiforine, no era mas que una combinacion del carbono con el oxígeno , ya fuese producida por la combustion del diamante, ya por la del car bon de lefa ordinario. Demostró además que el aire era una mezcla de dos gases, que contenia sobre un quinto de aquel aire puro ó vital t'ocien descubierto , al paso que los cuatro quintos restantes de su volúmen eran ocupados por otro gas inservible para la respiracion y la combustion : el ázoe. Lavoisier reconoció además el oxígeno corno elemento fun-, damental de los ácidos mas importantes : del carbónico , del sulfúrico , del fosfórico y del nítrico ; y vió en este cuerpo el principio comun á que todos debian sus propiedades ácidas. Esto le indujo, en 1781 , á proponer el nombre oxígeno, engendrado)- de ácidos, para distinguir el nuevo gas, mien tras que las cales metálicas debian recibir en adelante el de óxidos metálicos. Es atributo característico del verdadero ingenio deber sa car partido de lo insignificante , de lo oscuro , y hasta de lo falso de observaciones agenas. Observan muchos : solo descu bre el genio.. Bergmann se habia servido de la precipitacion de los metales en disolucion por medio de otros metales para determinar la proporcion de flogisto en ellos contenida. En manos de Lavoisier, adquirieron estos esperimentos muy alta importancia, utilizándolos para la determinacion del oxí geno de los óxidos metálicos , por donde echó desde luego los cimientos de una tabla de afinidades químicas. Densas tinieblas envolvian aun la mas importante de todas las operaciones químicas : la disolucion de los metales, la for macion de las sales. Por aquel tiempo, en 1783 , acertó Ca vendish á descubrir la produccion de agua en la combustion del gas hidrógeno. Para la teoría del flogisto habria quedado este hecho aislado y estéril : para Lavoisier fué la clave que esplicaba todos los fenómenos que se producen al disolverse los metales en los ácidos. La composicion del agua, formada de oxígeno é hidrógeno ; la descomposicion del agua por los metales, fueron las consecuencias inmediatas que Lavoisier dedujo del fenómeno observado por Cavendish. En el ano de 4785, quedó terminada la nueva teoría quí mica en sus principios fundamentales. Hasta allí solo Lavoi sier habia combatido la teoría del flogisto , consagrada por la edad y la costumbre. Desde entonces vinieron á secundar sus esfuerzos dignos compafieros. 13erthollet, Guyton de Morveau y Fourcroy fueron los primeros químicos de valía que se de clararon partidarios de la doctrina de Lavoisier. Pronto pasó á ser en Francia cuestion de nacionalidad , y preseatóse ante el estrangero como Chimie Française. 1,a ciencia alemana no se sometió á la nueva verdad, sino despues de una tenaz re sistencia. A propuesta de Klaproth, decidióse la academia de Berlin á un examen radical de la teoría de Lavoisier ; y la franca y entusiasta adbesion que por ella manifestó aquel ilustre químico atrajo pronto en torno de la nueva bandera á 12 D4 90 E los mejores químicos alemanes. Qué mucho que se resistiera Alemania tanto tiempo y con tal pertinacia á.conceder la en trada á la reforma científica , si era la patria del destronado flogisto ! La influencia que Lavoisier ha ejercido en la química es in calculable. El rigor con que se sujetó á la ley, que él mismo se habia impuesto , de no sentar nada que no estuviese apo yado en los esperimentos, ni de suplir jamás al silencio de los hechos, le preservó de errores, y jamás han alcanzado las Opiniones de un reformador un imperio tan duradero é incon testado. Su génio"no le dejaba pasar nada desatendido, y le elevaba al propio tiempo sobre las pequenas casualidades que raras veces permiten distinguir las grandes leyes, en su plena pureza, á las mas abarcadoras consideraciones. Ningun naturalista en época alguna, ha sabido hacer producir tan enormes intereses al capital científico heredado de sus ma yores, ninguno ha transmitido á la posteridad la ciencia de suépoca tan ennoblecida, tan ricamente fertilizada, como La voisier. Ocupado en la fábrica de su magnífico edificio, alcanzóle la tempestad de la revolucion francesa. Lavoisier continué sir viendo á la patria bajo la nueva forma de gobierno. Donde se necesitaba de sus consejos , allí se le encontrába infatiga ble. Vémosle activo en la fabricacion de los asignados, en la nueva derrama, en la famosa regularizacion del sistema de pesos y medidas. Pero ni tantos trabajos meritorios en bien de la patria ,,ni la gloria de su reforma científica pudieron salvarle de la cuchilla sanguinaria de Robespierre. Conviene que echemos aquí una rápida ojeada al estado de la Francia, en aquella época de terror. La junta de salud pública era, en 4795 , el único poder en Francia, capaz de oponer un dique eficaz al embate de las olas enemigas que por todas partes se precipitaban sobre su nacionalidad. Con enérgica voluntad y férreo brazo refrenó en el interior las desbordadas pasiones, y rechazó en el este rior al enemigo. Pero lo que al principio fué energía convir tióse luego en delirio. Pronto domina el terror de un cabo á otro del pais, sembrando el loto y la desesperacion en las : no perdona ni edad ni sexo; ciego, derriba todas las opiniot:es ; y anadiendo á la crueldad la hipocresía, parodia las l'ornas de la adrninistracion de justicia. Se h t tratado de disculpar los horrores de aquellos dias , invocando su necesidad, ó la voluntad del pueblo. Podrá un pueblo , arrebatado por las pasiones del momento, dejarse arrastrar á las acciones mas horribles; pero jamás se ha com placido en atrocidades diarias,jamás ha clamado por la muer te de un hombre que honraba á su patria con su ingenio , y á la humanidad con sus virtudes. No sobre el pueblo, nó ; sobre algunos tan solo cae la rnaldicion de aquellos crímenes; sobre la frente de Robespierre y consortes. En aquel tiempo del terror poseia un.hombre como Lavoi sier prendas suficientes para despertar la atencion del acusa dor público ; dos sobre todo fueron las que se consideraron como crímenes: sus riquezas y su grandeza científica. Lavoi sier era rico, y se necesitaban sus riquezas para poder gober nar barato ; Lavoisier habia sido además arrendador general, habia pertenecido á aquella clase abominada de empleados, á los cuales era costumbre achacar todos los vejámenes del go bierno pasado: Pero Lavoisier se habia grangeado tarnbien , como sabio, un enemigo personal peligroso; tal era Marat, el ex-médico de Neuchatel, el literato abortado, al que el asalto de la Bastilla convirtiera de repente, de acérrimo antagonista de la democracia, en apasionado frenético del terror. Marat 'labia sido desairado por la Academia en sus impu dentes tentativas tras una celebridad literaria ; y Bailly y Lavoisier fueron los que principalmente censuraron, sin con sideracion, su ignorancia , su charlatanismo y sus malas ar tes. La reVolucion puso en las manos de Marat los medios de vengar este agravio, inferido á su amor propio. Bailly subió á la guillotina el 44 de noviembre de 1794, Lavoisier el 8 de mayo del propio ano. A mediados de. abril de 4 794, fué preso Lavoisier. La acu sacion dirigida contra .él y los demás arrendadores generales le inculpaba («le ser los fautores ó cómplices de una trama urdida contra el pueblo francés, cuyo objeto era favorecer los intereses de los enemigos (le la Francia, habiendo ejercido toda especie de estorsiones, y mezclado, dorante su'administracion de la fábrica de tabacos, agua y sustancias nocivas con el ta baco.» El din 6 de mayo, compareció Lavoisier ante el tribu.-- nal revolucionario. Solo una burla cruel podia prestar el nom bre de tribunal á aquella turba de asesinos. Escierto que eran los jueces jurados elegidos por suerte ; pero la lista de aque llos jurados habia sido formada por los mismos hombres del. terror, y solo comprendia sus mas seguros y adictos partida rios. No fueron hombres imparciales, libres de toda prevew cion, los que juzgaron la causa de los aótisados, sino enemigos políticos, lo mas cruel é implacable que existe en el mundo. Ante tales jueces, acusacion y sentencia era todo uno; Vana • era toda defensa, que casi aparecia como una aeusacion pro pia. Por otra parte , los amigos de Lavoisier estaban lejos, como Garnot, ó temblaban ante el terrible poder ; y hasta de uno de ellos , de Fourcroy , llegó á susurrarse por aquel en tonces que , por baja envidia , é infame ambicion de gloria , habia contribuido á la muerte de un rival que tanto le eclip saba. Solo el químico Loysel !bendígale por ello el cielo ! osó levantar la voz en favor del acusado y enumerar ante el tri bunal del terror sus brillantes trabajos científicos y los himen; sos servicios prestados á la patria. Entonces resonaron aque llas memorables palabras del acusador público Fourquier Tinville : « !Ya no necesitamos sábios » El (ha 8 de mayo de 4 794 , subió Lavoisier al cadalso ; y la cabeza del sabio mas grande de su tiempo rodó bajo el hacha del verdugo. Mas de sesenta anos han pasado desde entonces ; nuevos torrentes han arrastrado nuevas víctimas , sino al patíbulo , á la‘proscripcion y á la miseria. Las pasiones políticas son las mismas , y las palabras de Fourquier-Tinville solo se han re vestido de una forma mas suave. Preténdese en verdad dis putar á los hombres de ciencia el derecho de profesar opinio nes políticas, olvidando de todo punto que quien está llamado á investigar la vida y sus necesidades debe concurrir tambien al mercado de la vida. Juan Font y Guitart. n 91 Efectos/J.,. pequenísimos. por E. Molía tiospitarsller. Cuando oimos hablar de una fuerza , es muy natural que se nos ocurran al pronto aquellos fenómenos en que se manifies ta su accion de la manera mas reparable y grandiosa. Es muy natural que Si se trata, por ejemp:o , de la fuerza del vapor, (5 de la fuerza de ddataeion de los gases, 6 de la. fuerza de gravedad, se nos vengan desde luego á las mientes la máquina de vapor, las armas de fuego, la roca que se derrumba, ó el peso del quintal. Es esto tan natural corno que , al hablar de los trópicos, se nos representen involuntariamente las palme ras. Y no es decir con .esto que olvidemos que estas fuerzas tambien actúan en otras partes, aun en muchas donde suac cion es menos visible , ó completamente recóndita, Bien nos consta que existen tina infinidad de fuerzas que solo obran en pequeno y de una Manera oculta , cuyos efectos no se hacen reparables, sino en el agregado de millones de repeticiones, y cuyas creaciones pasarán por siglos ignoradas para, tras miles de anos , asombrar con su grandeza. ? Quién no conoce las fábricas gigantescas del mundo animal microscópico y del reino vejeta] , la fuerza de la gota que horada la pena , y la de la intemperie que pulveriza montanas ?' Sin embargo , nunca podrá repetirse bastante que toda fuerza debe ejercer por necesidad una accion. Pero se dirá, ?á qué viene esto ? ?tí qué gastar aun palabras sobre un punto del cual estarnos ya convencidos, y debernos estarlo, á no ser que queramos torcer nuestra razon ? Enhorabuena, podrá ser cierto , siquiera en general , que se crea en el hecho ; pero mucho dudo que se conciba toda su importancia. Mas diré: dudo que, en muchos casos, se le dé mas valor que el que se da á una sutileza teórica. Quien crea en la generalidad de las fuerzas actuantes de la naturaleza debe conceder asimismo que nada puede existir en todo el universo capaz de sustraerse ó de ser sustraido á la influencia de una sola de estas fuerzas, y que tampoco puede haber una sola de las últimas que deje de influir en un cuer po sobre el cual se dirige su accion. Y á pesar de esto, con la mayor facilidad nos dejamos alucinar , en términos de negar, donde vemos descollar particularmente una fuerza , la accion simultánea de las demás , ó á lo Menos de considerarlas tan fútiles y recónditas , que no valen la pena de tornarse en cuco ta. - Sabemos muy bien que , entre las partecillas mas pequenas de un líquido cualquiera obra la fuerza de cohesion , á la cual debe la gota su forma esférica. Sin embargo , esta fuerza solo nos parece activa en la gota , es decir, no solemos reco nocerla sino cuando,se presenta un líquido bajo esta forma; pues desda el punto én que la masa , por ejemplo , del agua crece , y la fuerza de la gravedad empieza á prevalecer y á estender el líquido en una superficie llana y tersa como un. espejo , se nos figura que aquella fuerza interior ha sido ani quilada. Y con todo , está muy presente , y tiende á dar al líquido , hasta dentro del mismo vaso , aunque no sea mas que aproximativamente , la forma esferoidal de la gota. A lo menos, CO aquellos puntos en que el líquidose halla en Mune diato contacto con las paredes del s aso , obra esta atraccion íntima, esta tension , y redondea las asistas agudas , ¦ a hacia arriba , ya hácia abajo , segun que el líquido moje ó no el vaso que lo contiene, Pero solo notamos y nos convencemos de que efectivamente existe en los líquidos esta tendencia incesante á tornar la forma redondeada.de la gota , cuando inmergimos en un líquido , sea cual fuere, un tubo de vidrio de pequeno diámetro, y se manifiesta la superficie líquida en el interior del mismo, abovedada hácia abajo, ó liácia arriba, esto es , convexa ó cóncava , lo cual depende de la natura leza del líquido y de la materia de que está formado el vaso, esto es , de la propiedad que tenga el uno de mojar ó no las paredes del otro. Pero aun vamos mas lejos al establecer de un modo abso luto las acciones 'de ciertas fuerzas como caracteres distinti vos. Creemos , por ejemplo, que no cabe separar mas marca damente la idea de liquidez de la de solidez, que atribuyendo á la primera únicamente aquella movilidad y poca cohesion de las partes entre sí, que comunica á los líquidos abandona dos á su propio peso la propiedad de fluir. Y sin embargo, el acero tenaz no es bastante sólido aun para impedir que re petidas vibraciones traspongan sus moléculas, convirtiéndolo en un cuerpo granujiento y quebradizo corno el hierro cola do ; y sin embargo, ni el mismo duro hielo es bastante sóli do, pues que en los valles profundos de Suiza fluyen los hie los4le los ventisqueros ala manera de torrentes. Así caemos (ns errores, en el mismo punto en que establecemos divisiones donde la naturaleza no las ha establecido. La naturaleza no conoce definiciones ; así separa tan poco lo líquido de lo só lido como lo pequeno de lo grande. Que la pesadez es una fuerza universal á cuya accion están sujetos los corpúsculos de polvo que vemos revolotear al rayo del sol , no menos que la mole de los penascos , cosa es por cierto que fuera difícil poner en duda ú olvidar. Sabernos así mismo que la pesadez obra verticalmente y hacia abajo, y que un cuerpo sólido necesita de consiguiente un apoyo por su parte inferior para no caerse. Pero creemos, no obstante, po der tender horizontalmente una cadena, un alambre. ?Y qué otra cosa significa esto , qué sostener la cadena por los lados, pretender que se aguante por sí sola, esto es, sin ser aguanta da ? Las matemáticas podrian demostrarnos que esta tension es de lodo punto imposible, que requiere una fuerza infinita, es decir , una fuerza que no existe. Quizás se dé crédito al Matemático respecto de cadenas de hierro , grandes cables y maromas ; pero será escarnecido , al aseguras' que el hilo de seda tras tenso no forma tampoco una línea horizontal.' !Qué! se preguntará en tono de burla, ? en un hilo tan ligero , que se lo lleva el mas leve airecillo , pudiera ejercer la pesadez un poder tan grande , que fuese menester una fuerza infinita para ponerlo perfectamente tirante ? Pues bien, tomad el hilo mas delicado que la naturaleza ó el arte alcancen á producir, tomad uno de aquellos hilos que los astrónomos tienden en el foco de los telescopios , y que proceden de los capullos en que ciertas especies de aranas envuelven sus bilevecillos. Ved; este hilo es tan tenue, que .á simple vista solo puede 'Temió cerse en los reflejos que dé mirándolo contra el sol. No hay para qué hablar de su peso , ? no es verdad ? Ahora pues, fíjese el hilito por ambos cabos , tiéndase horizontalmente lo mejor que se pueda , y consideradlo luego con un fuerte an teojo de larga vista : se comiscará inicia su mitad , formará una línea curva liácia abajo, ni mas ni menos que la pesada cadena y la gruesa maroma. ? Estais ahora convencidos? Pero aun hay mas ; exigimcs |
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