04_No. 1 (1 enero 1862), p. 119-133 |
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y este es — resguardar su corazon contra toda flaqueza.
Esta accion provechosa podemos esperarla en gran parte
del teatro. Él es quien presenta el espejo á la numerosa clase
de los locos , y con saludable burla les hace sonrojarse de
sus debilidades. Lo que otras veces obra conmoviendo los
ánimos y llenándolos de espanto , lo alcanza aquí , tal vez
mas pronta y seguramente , por medio del chiste y de la sá
tira. Si tratásemos de parangonar la comedia con la tragedia
y de avalorar la eficacia de su accion , quizá nos obligaria la
esperiencia á conceder la supremacia á la primera. La mofa
y el desprecio hieren el orgullo del hombre mas dolorosa
mente que no tortura su conciencia la execracion de sus
vicios. Ante lo terrible se retrae nuestra coba.rdia ; pero esta
misma cobardía nos entrega indefensos al aguijon de la sáti
ra. Las leyes y la conciencia nos preservan muchas veces de
crímenes y de vicios —las ridiculeces requieren un sentido
especial mas delicado , que solo ejercitamos en el teatro. Tal
vez concedamos á un amigo plenos poderes para atacar nues
tro corazon y nuestras costumbres ; pero nos cuesta grandes
esfuerzos el perdonarle una sola risa. Bien sufren nuestro
corazon y nuestras costumbres un vigilante y un fiscal ;
pero nuestras impertinencias apenas un testigo. Solo el tea
tro puede zeherir nuestras flaquezas , porque respeta nuestra
susceptibilidad y quiere ignorar quién sea el loco culpable.
Sin sonrojarnos , vernos caer nuestra propia máscara ante su
espejo , y quedamos en secreto agradecidos por lo blando de
la advertencia.
Mas no se limita aquí de mucho su vasta esfera de accion.
El teatro, mas que toda otra institucion pública del estado ,
es una escuela de sabiduría práctica , un derrotero al través
de la vida social , una clave infalible para los mas revueltos
laberintos del alma humana. Concedo enhorabuena que el
amor propio y el encallecimiento de la conciencia anonadan
do pocas veces sus mejores efectos ; que miles de vicios man
tienen enhiesta ante su espejo la impúdica frente , que miles
de hidalgos sentimientos se embotan contra el yerto corazon
del espectador ;—yo mismo soy de opinion que quizás el
flarpagon de Moliere no ha enmandado todavía á ningun lo
grero , que el suicida Beverley no ha retraído sino á muy
pocos de sus hermanos de la funesta,pasion del juego, que
la desgraciada historia de bandoleros de Carlos Moor no con
tribuirá mucho por cierto á la seguridad de los caminos rea
les— pero por mas que limitemos esta gran virtualidad de la
escena , aunque llevemos la injusticia hasta el estremo de
invalidarla por completo—aun así, ! cuán inmensa no fuera
todavía su influencia ! Aun , dado que no reduzca ni estir
pe la suma de los vicios, no los dá á conocer, nos familiariza
con ellos. Con aquellos viciosos, con aquellos insensatos he
mos de vivir. Debemos evitarles, ó chocar con ellos; debe
mos derribarlos, ó sucumbir á su empuje. Ahora no nos sor
prenderán ya; estamos prevenidos y dispuestos á rechazar sus
ataques. El teatro nos ha revelado el secreto para recono
cerlos y desarmarlos. Al hipócrita le arrancó la máscara ar
tificiosa, y descubrió la red con que nos envolvian la astucia
y el dolo ; le arrastró de sus tortuosas madrigueras, y nos
mostró á la luz del día su faz espantosa. Cabe que la mori
bunda Sara no infunda terror en el ánimo de un solo liber
tino ; que no basten á enfriar su impura llama todas las pin
turas de seduccion castigada ; cabe tambien que una mali
ciosa actriz ponga, por el contrario, especial cuidado en no
producir tal efecto ; pero por dicha , no es poco que la cán
dida inocencia conozca los lazos que se le tienden, que el tea
tro le ensene á desconfiar de sus protestas y á estremecerse
ante su adoracion.
Mas no se cine el teatro á mostrarnos los hombres y sus
caractéres , sino que tambien nos patentiza los destinos de
que son juguete, y nos ensena el grande arte de sobrellevar
los. En la trama de nuestra existencia entran el caso y el
plan por mitad y mitad : este depende de nuestra direccion ;
pero debemos someternos á aquel ciegamente. Felices noso
tros, si los reveses inevitables de la fortuna no nos cogen del
todo desapercibidos; si nuestro ánimo y nuestra cordura tu
vieron ya lugar de ejercitarse en ocasiones análogas , si
nuestro CoraZOII se ha templado para recibir el golpe: El tea -
tro hace pasar ante nuestros ojos una escena varia de huma
nos padecimientos; con arte sutil nos introduce en las desdi
chas agenas , y nos paga una desazon momentánea con de
leitosas lágrimas , y con ricas creces en valor y esperiencia.
Guiados por él , seguimos , por las resonantes riberas de Na
xos, á Ariadne abandonada; bajamos á la mazmorra , donde ,
rodeado de los cadáveres de sus hijos muy amados , sufre
Ugolino los tormentos del hambre ; pisamos las sangrientas
gradas del cadalso , y asistirnos á la hora solemne de la
muerte. Allí olmos á la naturaleza confii mar con una voz que
no admite répliczi lo que nuestra alma solo vagamente pre
sintiera. En los calabozos de la Torre de Londres , abandona
al enganado valido el favor de su soberana ; ahora que va á
morir, deja al acongojado Moor suinfiel y sofística sabiduría.
La eternidad emancipa á un muerto para que vaya á revelar
secretos que ningun viviente puede saber; y el malvado, que
se creyera seguro , pierde el postrer arrimo de su pérfida re
serva, al ver que hablan tambien las tumbas.
Ni se contenta tampoco el teatro con darnos á conocer los
destinos de la humanidad , sino que además nos ensena á ser
justos é indulgentes con los desgraciados. Solo entonces ,
cuando hemos llegado á sondear toda la profundidad de sus
tormentos, podemos atrevernos á arrojar sobre ellos nuestro
fallo. No cabe crimen mas afrentoso que el del hurto ; pero
no mezclarnos todos una lágrima de compasion con nuestra
sentencia, al penetrar hasta el fondo de las angustias horribles
entre las cuales perpetra el robo Eduardo Ruhberg? El sui
cidio es generalmente execrado corno el atentado mas impío ;
pero cuando acosada por un padre furioso, impulsada por el
amor, consternada por la espantosa imágen de las paredes de
un claustro, bebe Mariana el tósigo , ?, quién será de nosotros
el primero que mueva el labio para condenar á aquella desdi
chada criatura? La humanidad y la tolerancia empiezan tí for
mar el espíritu dominante de nuestra época ; sus rayos bené
ficos han penetrado hasta dentro de los estrados de los tribu
nales , y mas adelante todavía — en el corazon de nuestros
príncipes. ! Cuánto no han cooperado nuestros teatros á esta
obra divina! ? No son ellos los que han intimado al hombre
con el hombre, y descubierto el secreto mecanismo que im
pulsa sus acciones ?
Hav una clase notable de hombres que , mas que otra al
guna, debe estar agradecida al teatro. Allí oyen los podero
sos del mundo lo que por maravilla, ó acaso jamás oyen,—la
verdad; lo que nunca ó raras veces ven esto mismo lo están
viendo allí — al hombre.
Por grandes y variados que sean los méritos del buen tea
tro á favor de la educacion moral, no son menores los ser
vicios que presta á la ilustracion general del entendimiento.
Aquí precisamente, en esta esfera elevada, es donde el grande
ingenio, el fogoso patriota sabe utilizar toda su grande in
fluencia.
Arroja una mirada por todas las generaciones de la.huma
nidad, compara pueblos con pueblos, siglos con siglos , y vé
cuán esclava yace la gran masa del pueblo, aherrojada por la
supersticion y las preocupaciones, que oponen una eterna valla
á su felicidad; vé como los puros destellos de la verdad ilumi
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nan tan solo á unos pocos individuos „que compraron tal vez
esta escasa ventaja á costa de toda una vida. ? Por qué me
dios podrá el sabio legislador conseguir que participe de ellos
la: nacion entera ?
El teatro es el cauce comun por donde la luz de la sabidu
ría que emana de la parte mejor del pueblo se derrama para
difundirse en rayos mas suaves al través de todo el cuerpo
del estado. Ideas mas atinadas , principios acrisolados, sen
timientos mas puros, fluyen de allí por todas las venas del
pueblo; las nieblas de la barbarie, del fanatismo sombrío, se
desvanecen , la noche huye ante la luz victoriosa. Entre tan
tos y tan preciosos frutos del buen teatro, mencionaremos
dos siquiera. !Cuán general no se ha hecho de pocos anos acá
la tolerancia con las religiones y las sectas ! Aun antes de
que Nathan el judío, y Saladino el sarraceno, nos sonroja
ran por boca de Lessing ; aun antes de que José II abatiese
la hidra formidable del odio religioso, ya habla plantado el
teatro en nuestros corazones la humanidad y la blandura ;
las horribles pinturas de la rabia del sacerdocio pagano nos
ensenaron á evitar el encono religioso y la intolerancia. Con
no menor fortuna podría combatir el teatro los errores de la
edecaeion. No. hay para el estado asunto que, cual este, de
ba importarle por sus consecuencias ; y sin embargo, ninguno
hay tan descuidado, tan completamente abandonado, con
una confianza sin límites, al capricho y á la irrellexion in
dividuales. Solo el teatro pudiera ponernos ante los ojos , en
cuadros no menos verdaderos que pavorosos, las desdicha
das víctimas de una educacion descuidada, guiada por tor--'
cidos prineipios ; aquí aprenderian los padres á desistir de
máximas temerarias, y las madres á amar con un amor mas
racional. Las ideas erradas estravian el mejor corazon en los
que dirigen la educacion de la juventud , y no hacen mas
que enconar el mal , cuando engreídos con la bondad de sus
métodos, atrofian y malean los tiernos vástagos en inverná
culos filantrópicos.
Y si lo entendiera la administracion del estado , pudiera
ilustrarse y dirigirse tambien desde las tablas la opinion pú
blica sobre la marcha del gobierno y los actos de los gober
nantes. El poder legislativo hablaria aquí por medio de
símbolos con sus súbditos, se sinceraría de sus quejas,
aun antes que se manifestasen, desvaneceria sus cargos,
aguijonearla al escepticismo. Hasta la industria y el espíritu
de invencion pudieran entusiasmarse , y se entusiasmarian
sin duda, ante la escena, si nuestros poetas se tomasen el
trabajo de ser patriotas, y el estado no creyese rebajarse con
escucharles.
No cabe pasar por alto el grande influjo que un tea
tro bien constituido ejerciera sobre el espíritu de la na
cion. Espíritu nacional de un pueblo llamo yo á la semejanza
y conformidad de sus opiniones y tendencias respecto de
objetos, acerca de los cuales otra nacion opina y siente de
diverso modo. Solo al teatro es dado produciresta consonan
cia en alto grado ; puesto que él recorre todo los estadios
del humano saber, apura todas las situaciones de la vida,
é ilumina con su brillo los mas tenebrosos rincones del cora
zon; porque abarca todos los estados y condiciones, y se di
rige por la senda mas trillada á la razon y al sentimiento. Si
en todas nuestras piezas dominase un rasgo descollante, si
nuestros poetas se pusieran de acuerdo y celebrasen una es
trecha alianza para marchar de concierto á este fin , si guia
se sus trabajos el mas severo discernimiento , y consagrasen
su pincel tan solo á asuntos populares — si , por decirlo de
una ve, pudiésemos llegar á poseer un teatro nacional,
entonces seríamos- una nadan tambien. ? Qué es lo 'que tan
fuertemente eslabonaba á la Grecia? ? Qué es lo cine tan
sistiblemente arrastraba al pueblo á los teatros ? nada mas
que el argumento patrio de sus dramas, el espíritu helénico,'
el grande y predominante interés del estado , la humanidad
mas digna , que todos ellos respiraban. •
Otro título tiene todavía el teatro , que cito con tanto ma
yor placer , por cuanto presumo que ya habrá sido fallado•á'
su favor el litigio que le pusieran sus detractores. Lo que
hasta aquí nos propusimos demostrar , esto 'es que influye
esencialmente en das costumbres y la ilustracion del enten
dimiento, era un punto dudoso—que, entre todos los inventos
del lujo y todas las instituciones para el solaz de la sociedad,
merece la preferencia : eso lo han confesado sus mismos ené.
rnigos— pero los servicios que presta en esta parte son mas.
importantes de lo que generalmente se cree.
La naturaleza humana se resiste á yacer sin tregua ni des,
canso sobre el potro de los negocios ; los alicientes de los
sentidos mueren con el deseo satisfecho. Sobrecargado el.
hombre de goces animales, agoviado por largos esfnerzos',
atormentado por su incesante afán de actividad, ansía pla
ceros mas selectos y elevados, 6 se arroja sin freno en tumul
tuosas distracciones, que precipitan su ruina y comprometen
la paz de la sociedad. Placeres bacánticos , juego funesto , y
mil desvaríos que enjendra el ócio , son inevitables , cuando
el legislador no acierta á dirigir esta tendencia del pueblo.
El hombre de negocios corre el riesgo de espiar con el fu
nesto esplin una vida que tan generosamente sacrificó al es
tado ; el hombre erudito peligra degenerar en un ridículo
pedante; el populacho en una fiera. El teatro es la institución
donde se hermana el recreo con la ensenanza, el descanso,
con el esfuerzo, el pasatiempo con la cultura, donde ninguna
fuerza del alma es escitada en menoscabo de las demás, donde
no se goza placer alguno á espensas del todo. Cuando el do
lor corroe nuestro corazon , cuando •el mal humor envenena
nuestras horas solitarias; cuando el bullicio del mundo y los
negocios nos causan hastío , cuando mil pesos nos oprimen,
el alma, y nuestra sensibilidad está á punto de quedar aho-,
gada por los trabajos de la profesion —entonces nos abre el
teatro sus puertas. En este mundo artificial nos sonamos le
jos de la realidad, volvemos á ser nosotros mismos, des
pierta nuestra sensibilidad , pasiones saludables conmueven
nuestra adormecida natureleza é impelen la sangre en circu
lacion mas viva. El desventurado, llorando los padecimientos
agenos , alivia y olvida los propios, el venturoso vuelve en sí
de su embriaguez ; el que se creyera seguro cobra recelo. El
enteco afeminado se torna hombre, el de alma empedernida
empieza por primera vez á sentir. Y luego !qué 'triunfo para tí,
oh, naturaleza! !naturaleza tantas veces hollada y otras tantas.
levantada, cuando hombres de todos rangos, paises y con
diciones, arrojados todos los grillos del artificio y de la moda,
arrancados á todas las trabas del destino, hermanados por
una sola simpatía , estrechados én una sola familia , se ol
dan de sí mismos y del mundo entero, y se acercan á su ce-.
leste orígen I Cada uno goza las sensaciones , el placer, el en
tusiasmo de todos, que de miles de ojos se reflejan en él
robustecidos y hermoseados, mientras que su pecho solo dá.
cabi á un sentiiniento— á la satisfaccion de ser hombre.,
Juan Font y Guilart.
BARCELONA. -- IMPRENTA DE D. JUAN OLIVERES , EDITOR RESPONSADLE.
122 §1,
ALEJANDRO DE IIIIBOLDT.
Acaba de estinguirse aquella esplendente antorcha que,
durante tres cuartos de siglo, tanta luz derramó por to
dos los ámbitos de las ciencias naturales ; ha cerrado la
muerte aquellos ojos que tan adentro penetraron en los
arcanos de *la naturaleza --helada y yerta yace aquella
mano venerable y pura, que, mas que otro alguna, le
vantó el velo de Isis de la Creacion — y aquel espíritu tan
audaz, tan fuerte , tan sublime y generoso ; aquel espíri
tu que abarcaba el universo, á quien fué estrecho espacio
la tierra, y que, en las robustas alas de su genio, recorrió
infatigable la inmensidad de los cielos; aquel espíritu, tan
trabajado por la sed insaciable de verdad, yace en el re
poso de la muerte. El vaso terrestre, deleznable al fin, co
mo todo lo material, que encerró aquella alma tan her
mosa, descansa en el seno de la tierra ; pero la centella
divina que lo animaba ha volado al empíreo de donde
vino, y se goza en la vista de la eterna verdad, que con
tan ardiente afan buscó siempre, en el seno de Aquel, pa
ra quien no hay tiempo ni espacio, y que es la misma ver
dad infinita!
Alejandro de Humboldt ha muerto. En alas de la elec
tricidad ha corrido la infausta nueva por todos los ámbi
tos de Europa, como un grito de dolor que se escapa
del pecho de la humanidad : angustioso grito, que, es
tremeciendo la atmósfera y salvando océanos, resonará
hasta en los mas remotos confines del mundo civilizado.
Entre los hielos del Norte , como bajo los fuegos del sol
tropical , en todos los continentes, en todos los paises de
la tierra , allí donde las luces bienhechoras de la instruc
cion han esclarecido las inteligencias, donde haya rayado
siquiera un pálido albor de civilizacion, allí ha de encon
trar por do quiera ecos el sentimiento doloroso que ha
estremecido en Europa todos los corazones donde vibre
una fibra para lo bueno y lo grande. Sí, en medio de
las trascendentales cbestiones que se agitan, á la vista de
los graves sucesos que embargan todos los ánimos, en
tre la ansiedad y la zozobra universal, entre el ardimien
to é impaciencia de los unos, el recelo y las aprensiones
de los otros; el encono, la arnbicion sangrienta, la sed de
venganza, los ódios, los deseos, las esperanzas—en este
vórtice de buenas y malas pasiones que nos envuelven,
nos embriagan, nos fascinan, nos arrastran en suinmen
sa oleada, ha resonado un nombre, ante el cual ha enmu
decido todo; y amigos y enemigos, todos le han pronun
ciado descubriendo la cabeza con respeto, y ha sido el
asunto de todas las conversaciones, y ha ocupado el pri
mer lugar en los escritos que cada dia arrojan las pren
sas á la anhelosa curiosidad pública. Y este nombre, que
se encumbraba sobre el estruendo de las armas aprestán
dose á encarnizada lucha, era el de un sabio modesto y
virtuoso, de un anciano apartado de las convulsiones po
líticas —era el gran nombre de Alejandro de Humboldt,
el único quizás que pudiera, en tales momentos, hacerse
oir entre el tumulto, y distraer la atencion de las gentes,
fija en el palenque donde van á decidirse tal vez los :des
tinos de todos los pueblos del continente europeo. Hum
boldt habiallegado á aquella altura de tan pocos alcanzada.
superior á toda consideracion de partido , de nacionali
dad, de religion; objeto de la admiracion del mundo, que
ya en vida gozan de la inmortalidad reservada á su nom
bre.
La muerte de un monarca poderoso, aun de aquellos
que juegan ahora la suerte de las naciones, no hubiera
causado la profunda impresion que ha conmovido todos
los corazones al anuncio de la muerte de Humboldt: no
fuera al menos tan universal el duelo, ni tan íntimo, ni
tan sincero. Con razon ha sido llorada, y mas que la de un
monarca llorada, porque él era un rey de la Indigencia,
un emperador de las dilatadas regiones de la ciencia, un
gran conquistador de grandes verdades. Y el cetro que
cayó de su mano no hay diestra bastante robusta para
empunarlo ; y la corona que cenia su frente no le viene á
ninguna cabeza ; y el trono que ocupaba quedará vacío.
Cual otro Macedon , el imperio que allegó se desmem
brará despues de su muerte ; pero no hay hombros que
puedan con el peso de tanta grandeza! Estos son los cOn
quistadores cuyo nombre deben conservar los pueblos en
la memoria y en el corazon! !Estos son los héroes acreedo
res á la exaltacion de las edades futuras. No regó el árbol
de su gloria el llanto de las madres, no lo fecundó la san
gre de nuestros hermanos, no costaron sus conquistas
millares de vidas, no marcó su senda el incendio, la de
vastacion y la muerte ; no fomentaron las pasiones sal
vages y brutales, arrojando unos contra otros á los
hombres como fieras del desierto ; no enconaron los
males de la humanidad —no, estos reyes solo el bien
ejercen , solo paZ suspiran , solo concordia ; en una
gran familia quisieran ver unidos á todos los hombres —
! ay ! los ódios nacionales, ! cuánto los deploran ! los ca
prichos delos déspotas , ! cuánto los odian ! la ambicion.
.de los guerreros, !cuánto la tiemblan! Volved á ellos la
vista , ó pueblos , amadlos y veneradlos, que ellos
son los campeones de vuestra libertad , los sostenes de
vuestros fueros, los bienhechores en todo — ellos en
sanchan los horizontes del entendimiento humano, ellos
elevan vuestra razon , despiertan en los pechos nobles
afectos, altas aspiraciones, y os hacen mas dignos y me
jores. No os goceis ya en laureles empapados en sangre,
no os deslumbren ya funestas glorias de destruccion y de
carniceria ; fundad mas bien vuestro orgullo en las puras
glorias del saber yen las nobles conquistas de la inteligen
cia. ?Pero á donde nos arrebató nuestro entusiasmo por
el héroe? En Humboldt, venerad, ó pueblos , á uno de
esos hienhechores de la humanidad ! 'Todos debeis á su
memoria una lágrima, pues para todos trabajó , investi
gó, obró sin tregua hasta su postrer aliento!... Que todos
le lloren ; pues todos le han perdido !
El dia 6 de mayo, á las tres de la tarde, falleció en Berlin
i23
Alejandro de Ilumboldt, muy cercano á cumplir los noven•
ta anos. Reyes y príncipes, sabios é ignorantes, jóvenes y
ancianos , todo un pueblo consternado le acompanó á la
ultima morada. Llórale la Alemania entera como su glo
ria mas preclara; vistió la ciencia fúnebres ropages á tan
dolorosa pérdida. Él era su hijo predilecto , su sumo sa
cerdote; y por mas que pesára.sobre su cabeza un siglo de
trabajo , fue todavía para las ciencias grande pérdida.
Pues no era Humboldt' un anciano decrépito, á quien se
tiene en respeto como una venerable reliquia; no era, co
mo otros grandes espíritus que han tocado á los últimos
lindes de la vida, una grandiosa ruina, ante la cual se in
clina el hombre penetrado del sentimiento melancólico que
infunde una grandeza pasada , un poder derrocado , una
gloria que. fue— no, el espíritu de Humboldt no ha co
nocib vejez , no ha decaido nunca, sino que, raro fe
nómeno intelectual , se fué robusteciendo con los anos
que acaban por amenguar las facultades de los demás
hombres ; la senectud mas provecta ha sido su virilidad ;
y á medida que iba acercándose al término, parecía crecer,
encumbrarse mas y mas alto , y la muerte ha segado esta
preciosa existencia en el apogeo de su esplendor y de su
gloria. A la edad en que los hombres mas activos y labo
riosos..se entregan por fin al merecido descanso, daba ci
ma Humboldt á los trabajos que mas inmortalidad ase
guran á su nombre.
No era en nuestro propósito escribir una biografía de
Humboldt; tarea muy superior á nuestras escasas fuerzas.
Seguir paso á paso su carrera intelectual , acompanarle en
sus dilatados viajes , enumerar sus investigaciones , ana
lizar sus trabajos, fuera hacer la historia científica de todo
el siglo. Pues si las ciencias naturales se han remon
tado á tal altura, si en tan corto período han dado tan gi
gantes pasos en la senda del progreso , si han penetrado
hasta las clases mas arrinconadas de la sociedad humana,
débese este logro en gran parte al poderoso impulso de
Humboldt. Con razon pudo decir de sí mismo : « Mi vida
entera está en mis escritos; » pues ellos son la hoja in
mortal de sus méritos y servicios. Mas ya que á otras phi
mas de mas bríos que la nuestra esté reservado el escribir
la historia de tan preclaro ingenio, séanos licito desa
hogar nuestro sentimiento, publicar nuestro entusiasmo ,
ponderar su grandeza y honrar su memoria. Que en el
concierto de voces de todos los pueblos que en todas len
guas pronunciarán palabras de adios sobre su tumba , no
fillten los acentos espanoles que tan queridos le fueron ,
modesto tributo de agradecimiento, si, en valor, escaso :
espresion sincera al menos de nuestro duelo. ?Se nos til
dará de osados, si, á la corona de espléndidas.flores en
tretejidas á su memoria , enlazamos una pobre flore
?Y cómo pudiera mantenerse silenciosa entre el lu
to universal y la universal alabanza nuestra publicacion ,
que es un destello de su lumbre, puesto que á su grito se
alzaron, y á su semejanza se formaron todos aquellos escri
tores cuyas obras son los ricos venenos que á beneficio del
público espanol esplotamos? ?Cómo pudiéramos callar ,
cuando se cierra la tumba sobre los restos de aquel que
fué creador y cabeza de las ciencias populares, que la Abe
ja, está destinada á propagar en nuestro suelo?
Ciertamente que cada uno de mis dignos companeros
hubiera desempenado mas cumplidamente este árduo co
metido; pero vino á recaer la eleccion en el mas humilde,
en aquel cuyas fuerzas son mas débiles, por haber disfru
tado el que estos desalinados renglones escribe la honrade
conocer personalmente al ilustre filósofo.
No abundará nuestro escrito en pormenores biográ
ficos , ni estensas noticias de sus viajes , pue1 si al
guna pretension pudiéramos abrigar al tomar la pluma,
movidos por el entusiasmo , fué tan solo la de exaltar su
importancia en la historia de los adelantos humanos para
aquellos que no le conocen , pues para los que le conocen
sobrará, por ocioso y por corto, todo encarecimiento.
Nació Alejandro Enrique de Humboldt en Berlin , el 14
de setiembre de -170 , de una familia de antigua noble
za , ilustre p.or sus pasados , y rica en bienes de fortuna.
Su padre, Alejandro Jorge de Ilumboldt , mayor en el
ejército prusiano y chambelan de S. M. , puso , desde
muy temprano, todo su ahinco en cultivar el entendimien
to y el corazon de sus hijos que tanto lustre debian de dar
á su nombre: pues que Guillermo, el futuro ministro de
Prusia , primogénito de la familia, fué en todo punto dig
no hermano de aquel cuya pérdida hoy lamentamos. Am
bos recibieron los mismos ensenamientos , tuvieron á la
vista los mismos ejemplos , y fueron objeto de igual soli
citud y de iguales desvelos por parte de 'sus padres y maes
tros, por cuanto así lo consentía la poca diferencia de sus
edades. Entrambos pasaron los anos de su infancia y los
primeros de su adolescencia en el apacible retiro de Tegel,
quinta y parque de la familia en las cercanía% de Berlin,
siendo quizás á este apartamiento , á esta libertad en el
sono de la naturaleza, al esmero constante y por nada dis
traido con que fueron cultivados su razon temprana y su
corazon, una de las causas que mas poderosamente influ
yeron en el perfecto desarrollo de las inmensas facultades
con que á entrambos les dotara el cielo. Pocos hombres
habrá por cierto con quienes haya sido la naturaleza tan
generosa como con llumboldt , y pocos tambien que , ya
desde sus primeros pasos en la vida, se hayan visto rodea
dos de todas las circunstancias mas favorables y ocasiona
das á guiarlos á altos destinos: riqueza, alta consideracion,
esmerada y atinada educacion moral é intelectual, y libre
desarrollo de las fuerzas físicas.
Uno de sus primeros preceptores fué Campe, el popular
autor del Nuevo Robinson, de aquel libro que todos he
mos leido con avidez, cuando ninos; que ha hecho germi
nar , en miles de cabezas jóvenes, ideas vagas de paises
lejanos, deseos de maravillosas aventuras, descabellados
planes para el porvenir. Cuan profundas sean las prime
ras impresiones del nino , y cuanto se reflejan en todo
el resto de la vida, no se ha comprendido bastante , pues.
tanto se descuida; pero como lo acredita la esperiencia ,
obran de tal suerte á veces circunstancias triviales de la
ninez, que vienen á decidir Mas tarde el destino de nues
tra existencia. En Humboldt vemos confirmada esta ver-.
dad , pues , segun él mismo refiere , la lectura de esta ,
obra de su primer maestro fué la primera chispa que en
cendió en su pecho el deseo de largos viages por mar, de
visitar ignoradas y remotas regiones; asi es como tal vez se
)2 124 «
deban álas infantiles páginas del Robinson la investigacion
del Asia central y la esploracion de las Cordilleras. Conti
nuóse la obra de Campe bajo la hábil direccion de Kunth,
hombre de sólidos conocimientos y de sano criterio, que,
á instancias de la familia, y encarinado cada vez mas con
susalumnos, siguió dirigiéndolos hasta durante los pri
meros anos que pasaron en las universidades. No pode
mos omitir las lecciones sobre botánica que á los herma
nos dió , mientras su permanencia en Tegel, el célebre
médico Heim, residente entonces en Spandau. Bajo la
direccion de su,primer maestro, siguieron ambos herma
nos ensanchando sus conocimientos en Berlin , donde re
cibieron ensenanza particular de varios profesores ilustres,
hasta que sólidamente preparados para los estudios uni
versitarios, los inauguraron en la Academia de Francfort
del Oder, donde se aplicó Humboldt á la carrera adminis
trativa. Por aquellos tiempos era la universidad de Gottin
ga uno de los focos intelectuales de Alemania, por el gran
número de hombres eminentes que ocupaban sus cáte
dras. De todos los puntos acudia allí una juventud selec
ta, ansiosa de escuchar las lecciones de un Blumenbach ,
el gran fundador de las ciencias naturales comparadas, del
historiador Eichorn, de Heine, el gran promovedor del
estudio de la antigüedad, y de otros profesores no menos
distinguidos en todos los ramos de las ciencias, cuya fama
atrajo tambien á los dos hermanos, anhelantes de beber en
tan ricas fuentes. Separáronse allí en sus estudios los her
manos, que hasta entonces fueran condiscípulos, para en
tregarse cada cual á los de su particular vocacion. Guiller
mo se dedicó con preferencia al derecho, á la historia, á
las lenguas y á las ciencias filosóficas y morales. Alejan
dro, si bien participó de estos conocimientos, dirijióse
con predileccion singular á todos los ramos de las ciencias
exactas y de observacion. Aquí tambien nosotros nos
separaremos del hermano y condiscípulo del gran na
turalista, por cuya vida vamos á tender una ojeada ;
pero no pudiéramos hacerlo sin senalar la altura estraor
dinaria que alcanzó mas tarde como literato y como hom
bre de estado. A no enganarnos, su reputacion comenzó en
Espana , que, como hemos de ver, no ha sido estrana á
la suerte de su grande hermano, con una luminosa inves
tigacion sobre el idioma vascuence; y prosiguiendo infa
tigable en esta senda , que forma su mas ilustre blason ,
rayó tan alto su ingenio, que ha merecido el título del
primer filólogo del mundo: Tan laboriosas é inmensas in
vestigaciones no fueron parte para que no ejerciera su in
teligencia en el bien del país desde los mas altos puestos
del estado, llevando á la nacion por la senda de las re
formas liberales. Grande por su saber y por su alma ge
nerosa, todo cuanto salía de su pluma era igualmente
grande, como lo prueban sus « Cartas á una-amiga,» tan
celebradas en Alemania, que, pocos anos ha, despues de
la muerte de aquella, se publicaron, y de las que se han
agotado repetidas ediciones. Poeta de robusto númen ,
como lo atestiguan sus «Sonetos » y su elogio á Roma,
escritor elegante, al par que profundo— nos referimos á
sus cartas,— filósofo eminente, orador brillante, se os
tenta en toda su grandeza como investigador de las rela
ciones y del espíritu de las lenguas, y coronó su gloria
con su administracion de los negocios del gobierno, guia
da por el mas ardiente celo , por una conciencia recta y
por las nobles miras. Orgullo de su patria y gloria de
su tiempo, murió este hombre estraordinario en 4855,
en brazos de su desconsolado hermano, cuyo mejor ami
go fué, y para cuya familia ha sido despues amoroso pa
dre.
Grave yerro fuera , en un, biógrafo , ó cuando menos,
singular desacuerdo, introducir en su panegírico una figu
ra estrafia, de la talla de la de Guillermo de Ilumboldt, que
pudiera aminorar ó quizás destruir el interés y el senti
miento con que trata de rodear la memoria de su héroe •;
mas no v miedo que así suceda, hablando , como ha
blamos, de Alejandro de flumboldt , cuya grandeza no
puede ser por ninguna ofuscada, cuyo valor saldrá incólu
me de todo parangcn, sino que, antes bien, recibe nuevo
realce de la gloria de tan insigne varon , que, mientras
vivió, le estuvo unido por el carino fraterno mas entrana
ble, por la amistad mas íntima, por los redoblados vínculos
de la familia, de la ciencia, de la opinion , de la simpa
tía; y cual sus corazones siempre lo fueron, pasarán sus
nombres abrazados á la posteridad, como dos genios ge
melos, igualmente grandes, igualmente buenos, igual
mente dignos de eterno renombre.
Admirable es por cierto y poco frecuente el espec
táculo que ofrecen estas dos sublimes inteligencias her
manas, que, en sus principios, enlazadas en un mismo
cultivo, en 'iguales cuidados , en comunes esfuerzos ,
cual ramas de un mismo árbol, sepárense brego para reu
nirse al fin tras larga y laboriosa carrera, en alturas á
que jamás se había remontado_ el vuelo de la ciencia
humana ; aseméjanse á dos fuentes que, en sunacimiento
unidas á una sola corriente, pártense mas tarde en dos
brazos que van acreciendo sus aguas, disputando por do.
quier vida y abundancia, hasta que, tras largos
tos giros, confunden los magestuosos nos sus caudales. •
Pero tiempo es ya de que prosiguiendo el curso de nues
tra narracion , por un momento involuntariamente inter
rumpida , dediquemos esclusivamente nuestra atencion á
los variados sucesos que presenta la vida de aquel de los
ilustres hermanos á cuya memoria este escrito se dedica.
Dejámosle en Gottinga , entregado al laborioso estu
dio de las ciencias naturales , á. las cuales con mayor
predileccion se inclinaba. No cabe que pasemos por alto
una circunstancia que fué de suma trascendencia en la
vida de Humboldt , circunstancia de mucho precio para
el que trate de seguir las causas del desenvolvimiento de
esta inteligencia, al investigar los caminos por donde se
encumbró á su grandeza: su amistad con Jorge Forster.
Residia á la sazon en la pequena ciudad de Gottinga este
famoso viajero , este' célebre naturalista, este genio mal
apreciado, pudiéramos decir, por sus contemporáneos ,
al cual no ha honrado aun quizás cual merece la posteri
dad ; )orge Forster,, que apenas salido de la infancia,
acompanó al célebre capitan Cook en su viaje al rededor.
del mundo, en cuyo relato dejó escrita una obra maestra,•
que no se pudiera concebir salida de tan tiernas ma
nos, á no ser por la candidez, los rasgos ingenuos , aque
lla gracia y frescura infantiles que en ella campean, pres
tando al estilo un hechizo indefinible; Forster,, el genio
aherrojado que, sintiendo bullir en su mente altas ernpre
)2 125 r
sas y grandes hechos , las vió ahogadas bajo el peso de la
miseria y de los obstáculos; Forster , que, nacido para
descubridor de mundos, tuvo que consumir su ardor y su
vida en una cátedra , á duras penas alcanzada , y en los
estrechos aposentos de una biblioteca. Cual si en Ilum
boldt adivináia , por un presentimiento de su genio , el
continuador de su obra , el brazo fuerte que 'labia de lle
var á cabo los vastos pensamientos que devoraban su al
ma , pronto hubo de aficionársele , y de esta simpatia no
tardó en nacer la mas estrecha amistad. Este íntimo con
tacto, este largo cambio de ideas con Forster espoleó los
vivos deseos del mozo Ilumboldt, fortaleció sus intentos
de visitar remotos y desconocidos paises , no por el afan
que con frecuencia despierta en las imaginaciones juveni
les una vida fecunda.en lances y aventuras, sino por el de
contemplar la naturaleza en sus escenas mas sublimes, en
su grande y selvática magnificencia. Jorge Forster dió
pábulo á su espíritu y encaminó sus ímpetus por la senda
que habla de conducirle al fin seguro, al fin á que llegó.
Ya el mismo Humboldt aprecia , en su Cosmos , la valía
de Forster , del cual dice que inauguró una nueva era de
viajes científicos, cuyo fin era el estudio comparativo de
los pueblos y de los paises ; y estima las ricas dotes de
que dió muestra en sus escritos , dotes que él imitó y
realzó mas tarde; cita así mismo:las pintorescas y anima
das ddeessccrriippcciioonneess de las islas del mar del Sur por Forster
como una de las causas que mas contribuyeron á escitar
en él el arrebatado deseo de grandes viajes por apartados
climas ; pero tal vez no nos enganemos al atribuir mayor
influencia en estos propósitos, que á las obras y al ejem
plo, á la palabra viva y entusiasta del viagero que habia
visto aquellas estrailas regiones, que habia corrido aque
llas tormentas y peligros, á quien 'labia sonreido aquella
pomposa naturaleza que tan bien supo pintar; al hombre
todo fuego , todo accion ; todo entusiasmo, formado so
bre el puente de Jos navíos , fortalecido por las brisas
de todos los mares. El resultado inmediato de esta amis
tad inapreciable fué un viaje científico que de consuno
hicieron ambos amigos, el ano , por el Rin, Holanda é
Inglaterra , cuya escursion dió por fruto la priniera obra
.de Humboldt : «Observaciones mineralógicas sobre cier
tas formaciones basálticas del Rin , » y en la cual reco
gió Forster los materiales para su libro « Vistas del bajo
libio, » obra preciosa, que califica la maestra de su au
tor el fisiólogo Molleschott , el apasionado vindicador de
la memoria de Forster , el autor del libro , por muchos
conceptos estimable , « Jorge Forster , el naturalista del
pueblo. »
Este viaje dispertó además en Humboldt la aficion á la
metalurgia, decidiendo de su vocacion práctica, tan ar
monizada con sus inclinaciones , y que tan útil habla de
serle mas tarde en la investigacion de grandes continen
tes : esta fué la carrera de injeniero de minas. A este in
tento pasó á la escuela de comercio de Hamburgo , donde
se dedicó al estudio del cálculo mercantil y de las lenguas
vivas , sin desatender por esto sus estudios botánicos, has
ta tanto que brillantemente preparado, trasladóse á la
Academia de minas de Freiberg , donde el sabio Werner,,
el padre de la geologia y la geognosia, comunicaba nueva
vida é impulso á tan importante estudio , rodeado de una
multitud de discípulos, despues famosos , entre los cuales
se contaba Leopoldo de Iluch , el eminente geólogo , con
el cual Humboldt contrajo una de aquellas amistades que
jamás pueden romperse , porque no se fundan en gustos
mudables , ni en efímeras simpatias , sino que arraigan
en la parte mas noble de nuestro ser.
Completados los estudios de la carrera , obtuvo el em
pleo de asesor en el distrito minero de Berlin , en cuyo
desempeno dió tales muestras de aptitud y de tan celosa
diligencia , que á poco fué agraciado con el cargo de su
perintendente de las minas de Bayreuth , cuyos estableci
mientos y laboreo debia organizar y poner al nivel de los
últimos adelantos. Las numerosas ocupaciones á tales car
gos anejas no fueron parte sin embargo para que dejara
de mano sus estudios favoritos y sus investigaciones , á los
que , por el contrario , dedicaba todos los momentos que
le dejaba libres el ejercicio de sus funciones. En este espa
cio compuso y publicó su « Flora subterránea de Freiberg,
con aforismos sobre la fisiologia química de, las plantas» ,
el « Prodromo de la flora de Freiberg, » y sus esperimen.
tos sobre la irritacion de la fibra nerviosa y muscular ,
obras que daban claras muestras de su capacidad , de su
espíritu de observacion, y de otras cualidades que le con.
quistaron ya desde entonces muy distinguido lugar en el
mundo científico.
Sin embargo, no podian tales triunfos contentar un áni
mo tan impetuoso como el de Humboldt , ocupado sin ce
sar en grandes proyectos, en los cuales sin duda le afirmó
el buen éxito de sus primeros ensayos. Quizás le pesaba
dedicar la mayor parte de su tiempo á tareas sedentarias;
debia sentirse estrecho y atado en el reducido círculo de
su jurisdiccion. Hamboldt habia nacido por el movimien.
to , para una actividad mas vasta , para empresas mas al
tas que la direccion de un establecimiento metalúrgico.
Como quiera que sea , no necesitaba para vivir del pro
ducto de su empleo , que dimitió en 1705 , pasando desde
luego á Viena , por Silesia y Polonia, para dedicarse allí,
con el afamado profesor Freiesleben, al estudio profundo
de la botánica. La muerte de su querida madre, acaecida
á fines de 1706, le llama de nuevo á Berlin; durante aque
lla permanencia en el pais natal al lado de su hermano,
tiene frecuente trato con Goethe, Schiller y otras celebri
dades literarias y científicas , que encienden y estimulan
su noble ambicion de grandes hechos. Desde aquella épo
ca ya no son vagos deseos los que le ocupan, sino proyectos
decididos y bien calculados, á cuya ejecucion tienden to
dos sus esfuerzos : su plan está resuelto; « ver es saber, »
dice, pero para ver se• necesitan los ojos de la ciencia, y
quiere aprestarse con nuevos conocimientos para conseguir
todo el fruto posible de sus futuras espedicioncs. Enajena
al efecto sus bienes, y pasa á Salzburgo, en cuyo observa
torio permanece mucho tiempo , ocupado en trabajos de
astronomia práctica, bajo la direccion de Zach. De allí se
dirige con su amigo Buch á Italia para examinar sus volca
nes; mas les obliga á desistir de su intento la ruptura de
hostilidades con la Francia. A su regreso, siempre teniendo
á la vista su grande objeto, dedicase; en colaboracion con
el mismo Buch , á esploraciones geológicas y á largos es
perimentos meteorológicos, en cuyos estudios se aguza
ron su natural facultad de observacion y aquella penetra.
Y1 126
cion, aquel tino en apreciar el valor de los hechos , al pa
recer mas insignificantes; sin los cuales estériles fueran sus
conatos y malogrados sus designios.
Dispuesto ya por fin con tan variados preparativos á
emprender con fruto un viaje de esploracion , aceptó go
zoso la propuesta que le dirigiera, en 1798 , lord Bristol
para formar parte de la proyectada espedicion á Egipto
y Palestina por cuenta del gobierno británico ; y sin to
marse mas tiempo que el preciso para el arreglo de sus ne
gocios , marcha á Paris para hacerse con los instrumentos
necesarios á sus observaciones. Allí fué recibido con sin
gular agasajo por los sabios mas eminentes y por las.cor
poraciones científicas ; allí trabó importantes amistades
que tan útiles hablan de serle mas tarde, y se relacionó
con Bonpland, su futuro companero datrabajos.
A poco de su llegada á la capital de Francia, recibe la
nueva de haberse diferido la espedicion al Egipto , de la
cual debía formar parte ; pero el Museo Nacional está
>preparando un granviaje de esploracion al hemisferio aus
tral ; Humboldt solicita el favor de agregarse á ella en
calidad de naturalista, y es favorablemente acogida su
demanda. Otro, en su lugar, habiérase entregado qui
zás á los goces de la sociedad y á los placeres que ofrece
una gran ciudad, mayormente á la juventud, como para
indemnizarse de las fatigas que le esperaban ; pero Hum
boldt estimaba en mucho sus fuerzas, sus riquezas y su
tiempo para desperdiciadas en vísperas de tal empresa ;
así que,. dándose por entero á la ciencia, llenó el tiempo
que faltaba para ponerla por obra con investigaciones físi
cas y químicas, para adiestrarse en el manejo de los ins
trumentos y adquirir aquella seguridad tan necesaria al
observador; tomando además con Bonpland toda suerte de
disposiciones, y hallando todavía su actividad espacio so
. brante para estudiar el árabe. Sin embargo , la proxinni
dad inminente de una guerra con Italia y Alemania hizo
aplazar tarnbien esta espedicion. Trata entonces de incor
porarse á otra que se estaba disponiendo para el Egipto;
pero á consecuencia del descalabro de Abukir,, fracasa
tambien. Tantas veces frustrado en sus esperanzas, no
por eso se desalienta, nada es capaz de arredrar su.firme
za ; sus intentos han de verse cumplidos. Ya que los pla
nes de los gobiernos así se malogran, propónese verificar
lo á propia costa , y en efecto , concierta con Bonpland
un nuevo viaje al Egipto, desde donde debían dirigirse
por el golfo Pérsico á las Indias orientales. Ricamente abas
tecidos pues de cuanto requeria la consecucion de sus pro
yectos, dejan la capital de Francia y se trasladan A Mar
sella para embarcarse á bordo de un buque holandés que
les habia ofrecido el cónsul de aquella nacion ; pero el
buque dió una varada en las costas de Portugal, y no ha
bla de estar disponible para el servicio hasta la próxima
primavera.
Desconcertados, mas no acobardados , con este nuevo
fracaso, resuelven los viajeros pasar el invierno próximo.
en la corte de Espana, tal vez sin imaginar que este viaje
llevaba consigo .el feliz remate de sus hasta entonces
desafortunadas pretensiones. Parten • pues para Barcelo
na, y despues .de una corla permanencia en esta ciudad ,
salen para la capital de la monarquía. Su reputacion cien
tífica, su alcurnia .y lo cortés de su trato, ganáronle des
de luego las simpatías de personas de suposicion é in
fluencia , entre otras, del ministro Urquija , el sucesor del
célebre Jovellanos en la direccion de los negocios, sugeto
de reconocido talento , amigo de las letras y las ciencias ;
A las cuales , durante su gobierno , dispensó particular
proteccion. Si era la vanidad de ser tenido en concepto de
inteligente lo que á tales mercedes le inclinaba, como su
ponen algunos historiadores de:aquel reinado, no es oca
sion aquí de deslindado , ni imparta tal juicio á nuestro
relato. Solo sí diremos que basta el modo corno procedió
con Alejandro de ilumboldt.para asegurarle nuestra gra
titud, y merecer la de todos los espanoles que en algo esti
men las glorias de su patria: si al afan de figurar como
Mecenas se debe este proceder, bendita sea su vanidad!
Quizás con ella hizo mas bien al mundo que con todos los
actos de su gobierno. Incansable Ilumboldt , cuando se
trataba de llevar á cabo la idea fija en su mente, aprovechó
su permanencia en la corte espanola para solicitar A. su
favor la proteccion del monarca ; á cuyo efecto presentó á
su ministro, el ya citado D. Luis de Urquijo , una memo
ria en que, además de esponer detenidamente sus planes,
encarecia las ventajas que podria reportar de ellos el go
bierno espanol por el conocimiento mas perfecto de los.
recursos y producciones de sus vastas colonias, pidiendo,
como gracia especial, el permiso de poder visitarlas libre
mente. Apoyó el ministro calurosamente esta peticion
en el consejo del monarca , y desplegó tal celo á favor
de su recomendado , que no tardó en ser cumplidamente
otorgada. Él mismo refiere este paso en los siguientes tér
minos; « Presentáronme á la corte , residente á la sazon
en el real sitio de Aranjuez, y el rey me acogió con su
mo agrado. Espliquéle los móviles que me inducian á
intentar un viaje al Nuevo Mundo y á las Filipinas, y
presenté una memoria sobre el sunto al secretario de
Estado D. Mariano Luis de Urquijo. Este ministro apoyó
mis pretensiones y desvaneció todos los impedimentos.
Obtuve dos 'pasaportes, uno del rey mismo, y otro del
consejo de Indias: jamás se habia otorgado un permiso
mas lato á viajera alguno ; ni ningun estrangero había
'sido honrado por el gobierno espanol con una confianza.
igual á la que se me dispensó. »' Cábenos una singular
satisfaccion , un verdadero órgullo. al consignar este acta
de nuestro gobierno, este generoso apoyo prestado al ihis
tre viagero por nuestra harto calumniada Espana, que así.
contribuyó de un modo tan directo á los importantes
trabajos del nuevo descubridor de las Américas. Parece.
en efecto que haya sido Espana designada á desempenar
un cargo providencial en los destinos de este rico y flo
rido continente, pocos siglos ha todavia desconocido al
mundo antiguo, hasta que el osado genio de Cristóbal
Colon lo hizo surgir radiante de juventud y hermosura
del fondo de los mares. El inmortal Genovés, rechazado de
todas las cortes de Europa, escarnecido por los sábios co
moloco, desdenado de todos, viene á refugiarse con su
despecho á esa Espana despedazada'por un combate de sie
te siglos, que en aquel momento juntaba todos sus es
fuerzos y todos sus recursos para soterrar el último hablar.
te del Islam en nuestro suelo. En aquel supremo esfuerzo,
que absorvia toda la inteligencia, toda la actividad de la
grande Isabel, se arroja á sus pies con la postrera espe
17(
ranza el desafortunado inventor de mundos , implorando
su ayuda para la temeraria tentativa ; y aquella muger
sublime , apurada por la escasez de medios para el logro
de sus propios intentos , le presta el ausilio de su brazo po
deroso , y sabe hallarlos para el genio , menospreciado
por la ciencia presuntuosa y por la rica ignorancia, y dán,
dolo sus carabelas y sus gentes, dá al mundo otro mundo
nuevo ; y á la Espana , libre por su valor y fortaleza , á la
Espana, cimentada por su genio, le dá glorias inmortales
y riquezas sin cuento. ! Ay ! que por ella no pudo prever
los males que aquellos lauros y aquel oro debian acarrear
nos, como otros no menos crueles con que sus grandes
hechos y sabias constituciones habian de desgarrar mas
tarde el seno de su nacion querida! Perdónesenos este
arranque de entusiasmo ante esta grandiosa figura y esta
época gloriosa de la historia patria !
Tarnbien Humboldt , desatendido por su propia nacion,
frustradas sus esperanzas en la proteccion de poderosos
gobiernos, encuentra en Espana el anhelado término de
sus deseos , emprende su viaje bajo los auspicios del go
bierno espanol. — Espana, tambien esta vez se engran
dece enviando á las americanas playas al Colon científico
de los siglos xvin y xix.
Abandonaron Humboldt y Bonpland la corte de Espafia
en el mes de mayo de 1790 , dirigiéndose á la Coruna
para embarcarse en la corbeta Pizarro , cuyo capi tan tenia
orden del gobierno , no solamente de recibirlos á su bor
do y de atender á la esmerada colocacion de sus instru
mentos , sino además de hacer escala en Tenerife, dete
niéndose allí todo el tiempo que necesitaran para examinar
el Pico y la Orotava. Este permiso , raro en aquella época,
y esta solicitud de nuestro gobierno á favor de los jóvenes
viajeros , contrastan singularmente con la negativa que el
mismo Humboldt recibió dé parte del británico , cuando
en 1818 intentó un nuevo viaje de esploracion á las Indias
orientales , porque se recelaba de la penetrante mirada
política del autor del « Ensayo sobre la isla de Cuba. »
Con verdadero orgullo hacemos mérito de la parte que
tuvo Espana eii la obra de ilumboldt , porque , sin esta
feliz circunstancia , quizás hubieran resultado estériles
sus intentos , y de seguro no hubieran sido las Américas
el teatro de sus trabajos.
El dia 5 de junio , se embarcó con su companero en la
corbeta Pizarro , logrando burlar la vigilancia de los cru
ceros ingleses , que bloqueaban la Coruna , al amparo de
la noche y de la tempestad. Tantos esfuerzos fueron pre
cisos , tantas dificultades y obstculos tuvo que vencer
este genio arrojado , que , entre las tinieblas , la guerra y
la furia de los elementos , conseguia lanzarse por fin al
través del Océano á conquistar para la ciencia un mundo
desconocido.
Durante el viaje hablase declarado á bordo del Pizarro
la terrible fiebre amarilla , y hallándose á la vista de Cu
maná, manifiestan al capitan su resolucion de aportar en
aquella ciudad ; y el dia 16 de julio de 1859 , huella por
fin su planta la deseada tierra americana.
Hemos advertido ya que no intentábamos escribir una
biografía de Humboldt, sino tomar ligeros apuntes sobre
los sucesos mas importantes de su vija , en ellos tan rica.
Desde este punto debemos renunciar á la tarea de seguirle
paso á paso en estos inmensos viajes, que duraron cuatro
anos , en sus multiplicados trabajos é investigaciones , don
de aplicó la variada copia de conocimientos con que habia
adornado y exaltado su natural talento. Admira su porten
tosa actividad , dirigida en tantos y tan opuestos sentidos;
nada pasa desadvertido á sus ojos : caudalosos nos , inac
cesibles montes , intrincadas selvas , todo lo esplora ; la
tierra y la atmósfera las sujeta á su observacion , sin que
su vista abandone la contemplacion de la bóveda estrella
da del firmamento : animales , plantas , minerales , es
tructura de los terrenos , climas , todo lo indaga , y acu
mula datos , esperimentos, variada riqueza de nuevos
objetos de todos los reinos de la naturaleza, cual , antes de
él , ningun naturalista ni viajero. Asombra actividad tan
compleja , atencion tan universal á todos los fenómenos ,
á todos les objetos que le rodean, laboriosidad tan incan
sable. No parece sino que , ante el vivo espectáculo de la
naturaleza, sus ansias se acrecen, sus ojos se multiplican ,
sus fuerzas redoblan , sus miembros se aceran , y su inte
ligencia se agranda y fortalece. ! Qué de fatigas ! ! qué de
trabajos ! ! qué de grandes tareas emprendidas y acaba
das ! Nuestro plan nos permite apenas recordarlas , ! y co
mo fuera posible , sin llenar numerosas páginas , seguir
en todos sus pormenores esta larga cuanto gloriosa cam
pana científica , cuyas jornadas son otras tantas victorias !
Habrémos de limitarnos á citar algunos nombres , á sena
lar muy por alto este inmenso itinerario. La provincia de
Venezuela fué el primer objeto de sus esploraciones , á
que dedicaron cerca de un ano , durante el cual recorrie
ron los distritos que cruzan el Orinoco , el Rio Negro, el
Casaquiar, el Atrapabo , cuyas corrientes fueron en todos
sentidos estudiadas. En junio de 1800 toman algunos dias
de descanso en Angostura para volver á emprender con
nuevo aliento nuevos estudios en tierras de Cumaná , don
de el bloqueo inglés, que á poco frustrara sus planes en
la Coruna , les retarda tambien aquí por algun tiempo su
proyectado viaje á la habana, para donde se embarcan á
fines del mismo ano. Pasan algunos meses estudiando la
naturaleza de nuestra florida Antilla, recogiendo datos y
observaciones de toda especie, hasta que, creyendo, por
una falsa noticia, reproducida en los periódicos, que el ca
pitan Baudio , con quien debian reunirse, 'labian doblado
el Cabo de Hornos, y que se hallaba en un puerto de Chile,
determinan ir á suencuentro, dirigiéndose á las costas del
mar del Sur por Puerto Cabello, Cartagena y el Istmo de
Panamá, cuyo evento les hizo atravesar un trecho de SOO
leguas que no se habian propuesto visitar. Despues de es
te largo trayecto, en que, prescindiendo de sus demás tra
bajos, investigaron el curso y las riberas del río de las
Amazonas, llegan á Quito á principios de enero de '1802,
donde averiguaron que el capitan I3audin , objeto de su es
cursion , había dado efectivamente á la vela, pero para
Nueva Holanda por el Cabo de Buena Esperanza. Descon
certó este inesperado suceso el plan primitivo de Hm
boldt , que era esplorar el reino de Méjico, pasar de allí á
Filipinas y regresar á Europa por Bombay, Basora Ale
po y Constantinopla ; sin embargo, no por haber recibi
do una nueva direccion , fué menos fecundo en resultados.
A la investigacion del rio de las Amazonas siguió la del
Magdalena, y una detenida esploracion de las cercanias
y5 128
11111~1111111
de Quito , en que emplearon cerca de medio ano , y final
mente la tan celebrada ascension al Chimborazo, la mon
tana mas gigantesca de la cordillera del Écuador,, una de
las mas elevadas de la tierra, que, arrancando del Cabo
de Hornos, esconde sus cumbres, cubiertas de nieves
eternas, en el seno de las nubes. Allí no hay sendas, no
hay humano ausilio, no hay vida. Ni lo escarpado del
camino , ni la muerte segura al menor desliz, ni el can
sancio, ni el fijo, nada puede arredrar el osado valor y
el firme empeno de Hurnboldt .y Bonpland. Alcanzan la
altura de mil y seiscientos metros sobre el nivel del mar,
á que había trepado La Condamine en 1745, la mayor á
que hubiese llegado jamás humana planta ; pero adelante
siguen los arrojados viajeros. El frio arrecía, la vegeta
cion les abandona, y siguen adelante; rehusan acompa
narles sus guias ; el aire enrarecido no basta á la respira
cien, la sangre se cuaja casi en sus venas, entumece el
frío sus miembros ; ya ni un animal ni una planta se di
visan , solamente hielo y soledad y nieblas, y espantosos
abismos ; pero el fuego sagrado del entusiasmo les anima,
y avanzan impávidos por este reino de la muerte. Por fin,
les cierra el paso una sima sin fondo, cortada á pico que
allá estiende por ambos lados su negra boca, y fuerza es
que retrocedan unte esta insalvable barrera. Pero allí, al
borde del precipicio, á siete mil metros sobre el mar, en
tre los mayores sufrimientos, establecen su observatorio ,
y nolo abandonan hasta dejar practicados con rigurosa
exactitud cuantos esperimentos y observaciones se !rabian
propuesto.
Esta subida de Humboldt al Chimborazo no tiene rival
en los anales de la ciencia moderna, á no ser la ascension
aerostática de su digno amigo Gay-Lussac; en la que, al
par de iguales peligros , por nadie acometidos, resplan
decen el mismo ardiente amor á la ciencia, y el mismo
sublime heroismo.
Despues del no menos trabajoso descenso, se encami
•aron al Perú para reponerse de tan estraordinarias fa
tigas en la hermosa y risuena ciudad de Lima, y conti
nuar luego sus científicas correrías por las tierras circun
vecinas. En diciembre del mismo ano, embárcanse nue
vamente para Guayaquil, desde donde, despues de dos
mesel de estancia , se dirigieron al reino de Méjico. Allí
permanecieron mas de un ano, dedicados á una actividad
sin tregua, recorriendo todos los distritos de Nueva Es
pana .37 de las colonias limítrofes. Las Cordilleras.fueron á
todas luces esploradas , estudiados fueron así mismo los
grandiosos volcanes de Cotopaxi y Pichincha, la Tierra
caliente, el curso de los ríos, la riquísima y variada flora
de aquel pais bendecido del cielo , que seria un Eden , si
no hirvieran en su seno la disension y las desordenadas
pasiones humanas. Pero por aquel tiempo era todavía el
cetro espanol el ,cetro de dos mundos , y aquellas regio
nes, sujetas entonces á su dominio, no eran , cual despues
lo han sido, devastadas por la discordia y la anarquía.
Así que ; Humboldt y su fiel companero Bonpland , favore
cidos por las eficaces recomendaciones del gobierno me
tropolitano, pudieron efectuar, en toda libertad y con to.
das las comodidades y recursos conciliables con el estado
del pais, sus trabajosas escursiones.
Conseguido el término que hablan fijado á su esplora
cion , embarcáronse para la Habana en marzo de 4804 ,
donde acabó de recolectar Humboldt los datos que le fal
taban para sus dos obras sobre aquella isla , rico y envi
diado floron que todavía guardamos de la corona de nues
tra pasada grandeza.
En fin , despues de haber recorrido las principales ciu
dades de los estados de la América del Norte , dejaron el
nuevo continente , que acababan de conquistar para la
ciencia, habiendo llevado á cabo el viaje mas largo que
se haya emprendido á costas de dos particulares. Aporta
ron en Burdeos el dia 5 de agosto del mismo ano , carga
dos de ricos trofeos, cual nunca se hablan juntado tan
inmensos para la ciencia y la vida, para el espíritu y el
corazon del hombre.
Su llegada á Paris con tan rico cargamento fué un her
moso triunfo para Humboldt y Bonpland : para las cien
cias naturales un día de gloria, imponderable. Acogidos
con cordial entusiasmo por los amigos que allí dejaron,
por los hombres mas eminentes, festejados por las mas
distinguidas personas, buscados con ávida curiosidad por
todas panel , porque todos ansiaban ver y admiraban á
los intrépidos y afortunados viajeros; oh sí , debió ser
para Humboldt uno de los mas felices dias de su vida aquel
en que, entre los arrebatos de júbilo que causa la dicha
de volverse á ver tras tan larga ausencia , entre tantas
espontáneas muestras de interés, de carino, de admira
cion , pudo decir á los amigos, que gozosos le rodeaban,
en respuesta á su afectuosa bienvenida: « !Esto hemos
hecho! aquí está el resultado de nuestros trabajos ; teso
ros traigo para todos vosotros ; asociaros quiero á todos
á mi gloria. » Este glorioso día debió ser, despues de la
, satisfaccion de supropia conciencia, el mas grato galardon
de sus afanes.
Mas no se durmió mucho tiempo Humboldt á la som
bra de sus laureles ; pues apenas si se entregó por algu
nos dias al reposo que tanto su cuerpo como su espíritu
necesitaban, y que tan merecidamente pedian. Dedicado
al principio á la ordenacion de sus manuscritos, muy pron
to alterna este vasto trabajo, para él sobrado ligero, con
nuevos esperimentos químicos , que con Gay-Lussac eje
cuta para determinar exactamente la composicion del ai
re, echando con este brillante trabajo los cimientos de la
Eudiometria ó análisis de los gases , que acaba de ser lle
vada á la perfeccion por el célebre profesor de Heidelberg,
Roberto Bunsen. Por este tiempo fija tambien , en cblabo
racion con el mismo, la situacion del meridiano magné
tico. -
Acompanado de Gay-Lussac y de Leopoldo de Buch ,
emprende, en abril de 1805, un viaje, ya otra vez in
tentado, á Italia, con el objeto de estudiar sus volcanes y
de contemplar los destrozados monumentos del poderío
romano y los tesoros artísticos con que la engalanó la ci
vilizadora cristiana. Despues de haber examinado el cráter
del Vesubio, y de haber pasado algunos meses en Nápo
les y en Roma, visita las principales ciudades de Italia, pa.
sando luego á Berlin , donde recibe iguales muestras de
general simpatía que en Paris, y obtiene de su soberano
la venia de permanecer en esta última ciudad para vacar
á la publicacion de la obra sobre su viaje.
Esta empezó á salir en 4807 bajo el título de « Viaje
129 l<
de Alejandro de Humboldt y Aimé Bonpland á las regio
IRIS equinocciales del Nuevo Continente , » y no terminó
hasta 1827 , de modo que su publicacion le ocupó duran
te veinte anos. Consta la obra de 8 tomos en cuarto y 15
en folio , adornados con magníficas láminas , y compren
de , además de la relacion histórica del viaje , toda de la
pluma de Humboldt , cinco secciones que abarcan todas
sus observaciones , descubrimientos , determinaciones nue
vas ó rectificadas , tanto en zoología , anatomía compara
da , mineralogía y botánica , como en geología , física
general y astronomía. Al levantamiento de esta obra mo
numental , cooperaron con sus trabajos Arago , Cuvier,
Gay- Lussac , Kunth , Klaproth , Wildenow, y otros sabios
eminentes, franceses, alemanes é ingleses.
Durante este largo período , dió pábulo á su escedente
actividad con la publicacion de varias obras que aumen
taron aun su reputaeion ya europea , ó por mejor decir,
universal ; verificó numerosas escursiones á su país natal
para visitar á su familia y al rey, y aun ocupaba su ima
ginacion con vastos planes de futuros viajes. En 1807, dá
á luz las «Vistas de la Naturaleza, » con cu5a obra , que
tanta boga ha alcanzado , dejó patentemente demostrado
que la poesía no está renida con la ciencia , y que la ri
gurosa descripcion científica de los fenómenos terrestres
puede perfectamente conciliarse con una pintura animada
de las bellezas de la naturaleza. En 4814 acompana á
Londres á su hermano , ministro plenipotenciario de Pru
sia en la Gran Bretana. En 1818 , por deseo especial del
rey de Prusia , le acompana al congreso de Verona. Con
una pension anual de 12,000 thalers , concedida por este
generoso monarca , intenta , en 4818 , un viaje á la In
dia , que frustraron , como ya insinuamos, los recelos
púnicos del gobierno inglés.
Terminada en 1827 la publicacion de suobra , que has
ta entonces le retuviera en Paris , cede por fin á las repe
tidas instancias de su soberano, y establece su domicilio
en Berlin , aceptando título y sueldo de canciller privado
con que aquel quiso honrarle ; pero rehusando todo ser
vicio activo ; pues, afortunadamente para la ciencia , fué
mas afecto á esta que á la política. De regreso á su pa
tria , como esparcimiento á mas graves tareas , dió en va
rias ocasiones lecturas públicas sobre el Cosmos , que fue
ron el. fundamento de la obra de que nos ocuparemoS
mas adelante.
Ya .en 4810 , hallándose en Viena , habia recibido, por
medio de la embajada rusa , proposiciones del Czar para
hacer un viaje de esploraeion á la Tallarla y al Tibet , cu
yos gastos se !labia brindado á costear por mitad el rey
de Prusia ; pero frustró este plan la guerra con la Francia
y la invasion de la Rusia por el grande ejército napoleóni
co. Sin embargo, en 4829 renovó el czar Nicolás aquella
propuesta , con el deseo espreso de sufragar por completo
los gastos de la espedicion, dejando á Humboldt absoluta
libertad en la direccion y en el itinerario , sin proponerse
otros fines que la utilidad del estudio de aquellas regiones
recabaria la ciencia. Aceptó gustoso el sexagenario Hum
boldt tan franca invitacion, y agregándose á sus amigos el
distinguido mineralogista Gustavo Rose, y Ehrenberg, el
célebre zoólogo, el Lineo de los animales infusorios, em -
prendió este nuevo viaje con tanto ardor como si tan solo
contára seis lustros. No nos detendremos en enumerar
cireenstanciadamente los accidentes de esta famosa espe
dicion ; ni la demasiada estension que han adquirido los
ligeros apuntes que nos propusimos formar de su vida ,
nos perínite siquiera que indiquemos sus puntos culminan
tes : baste decir que , salidos de Petersburgo en mayo de
4820 , recorrieron la Siberia , las orillas del Volga, la ca -
dcha del Ural , donde descubrió Humboldt un criadero de
diamantes ; costearon el mar Caspio, internándose en la
Tartaria , hasta la frontera china ; y regresaron á Peters
burgo , despnes de haber andado en el espacio de nueve
meses , mas de dos mil y trescientas leguas geográficas.
Ocioso fuera decir qué reportaron las ciencias grandes be
neficios de este viaje, que se enriquecieron con nuevos (latos
y colecciones , que Ilumboldt se coronó nuevamente de
gloria ; solo diremos que si el joven viajero reveló á la
ciencia el Nuevo Mundo, el anciano abrió á sus miradas un
mundo aun desconocido dentro del antiguo contibente.
A poco de su regreso , volvió á Paris , cuya residencia
alternó, durante muchos anos, con la de Berlin y Londres.
Por mas que fuera su voluntad vivir retraido de la vida
pública , tales eran la ilimitada confianza que en él tenia
puesta el rey de Prusia , y el aprecio que hacia de su ta
lento y de su tacto en difíciles negocios , que hubo de re
signarse á admitir repetidas veces encargos diplomáticos
públicos y privados , entre otros, el de reconocer á nom
bre de la Prusia , al monarca entronizado en Francia por
la revolucion de Julio.
Poco antes de estallar el movimiento revolucionario que
dió inesperado fin al reinado de este mismo monarca, para
sustituirle un efímero gobierno democrático, que, como
otras tantas veces, no fné mas que el hincapié del despo
tismo , abandonó para siempre el suelo francés , y residió
desde entonces en Dedil] , entregado á las tareas literarias.
No obstante su edad avanzada , conservaba el vigor
de sus fuerzas y el uso completo de sus facultades. Esca
sas horas daba al descanso , largas á la lectura , al estu
dio , á la composicion original y al despacho de su vasta
correspondencia ; dedicando el resto al trato de los hom
bres y á la amistad..
En los últimos anos esperimentó dolorosos golpes ;
poco á poco iban dejándole sus mas queridos amigos de
juventud : su hermano Guillermo , Leopoldo de Boa ,
•
Gay-laissac , "'trago , Gauss , bajaron sucesivamente al
sepulcro.
Con la firmeza y tranquilidad del justo esperaba tam -
bien él , tiempo hacia , el inevitabble «trance.
A fines de abril , una ligera indisposición le obligó á
guardar cama. Esta noticia , inmediatamente publicada
por el telégrafo , causó ansiedad y zozobra universales ;
cada (lía trasmitían el telégrafo y los periódicos á todos !os
puntos del país varios partes sobre el estado del ilustre en
fermo. Pero á pesar de los carinosos cuidados y de la en
tranable solicitud de sus sobrinos , de la familia real y de
todos sus amigos; á pesar de todos los ausilios de la cien -
cia humana , limé agravándose rápidamente sucumbiendo
por fin á la fuerza del mal , sin que las sombras de la
muerte vecina anublaran por un solo instante su podero
sa y privilegiada inteligencia.
El dia 6 de mayo , á las tres de la tarde , el horario de
TOMO 1. 17
130 t<
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la eternidad marcaba el postrer momento de una grande
existencia.
La importancia de Humboldt para la ciencia, tanto por
sus propios trabajos como por el impulso que -comunicó ,
P01' aquella accion enérgica que irradió siempre de él como
centro de una actividad la mas asombrosa, es superior á
todo encomio: así obró por sus descubrimientos como por
SUS escritos científicos, como por su ejemplo y su protec
cion ; el mismo aliento que infundió con la palabra escrita,
lo fomentó con todos los recursos que le prestaban su po
sicion , su riqueza y su celebridad universal. Su influen
cia en todos sentidos es imposible avalórarla. Él fué uno
de aquellos que con poderosa mano empujaron las cien
cias naturales por la senda del progreso que vienen recor
riendo desde fines del pasado siglo. En todas las ramas de
esta vasta Serie de conocimientos, productos casi todos de
la época moderna, que se comprenden bajo el nombre
de ciencias naturales, ha trabajado él, ha descubierto
nuevos hechos, ha revelado nuevas verdades: en todas
las esferas del humano saber donde sentó la planta , ha
dejado profunda é indeleble huella de su paso. Por do
quiera áventáronse á su voz las tinieblas , brotó la luz ; al
caos sucedió el órden armónico ; por donde quiera anona
dando-el error, derrocando rancias preocupaciones con
sagradas por los siglos, desembarazando el terreno de la
maleza que lo ahogaba y atajaba el paso á la investiga
cion , despejó numerosas vias y encaminó á las ciencias por
nuevos y nunca hollados derroteros. Elocuentemente acre
ditan esta laboriosidad inconcebible , esta universalidad
de su talento , este dominio sobre todos los conocimientos
humanos sus numerosas obras sobre botánica, sobre físi
ca, sobre química, astronomía , fisiología, zoología, mi
neralogía, geognosía , paleontología, geografía, historia,
economía política, estadística, etnografía, que constituyen
por sí solas un 'largo catálogo.. Bastaran ya variados tra
bajos, tan luminosas investigaciones para levantarle á la
categoría de los mas ilustres y privilegiados ingenios. Si
ante tan rica y portentosa variedad, que involuntaria
mente nos recuerda la exuberante riqueza y lozanía de
aquella espléndida naturaleza tropical, cuyo vivificante
sol, que por tantos anos abrazó su frente, parece le fecun
dó é infundió sobrehumano aliento ; si ante esta abarca
dora inteligencia queda el ánimo sobrecogido de espanto,
nos presenta á la par un irrefragable testimonio de cuanto
puede dar de sí la inteligencia del hombre sostenida por
una voluntad enérgica y un trabajo perseverante. Hum
boldt no descansójamás, no pudo abandonarse á los so
lazes de la vida, y aun así se hace arduo concebir como
logró llevar á cabo tan innumerables trabajos, que bien
pudieran parangonarse con los del mito herácleó. Entre
los tales debiera á justicia contarse su inmensa lectura , no
¦a de impresos de todo género que en • su tiempo arroja
ron las prensas de todos los paises, sino tambien la de
obras arrinconadas y desconocidas, fruto del saber de los
pasados .siglos , cuyos apolillados volúmenes desenterró
de los estantes donde &miau , para entresacar de la in
mensa hojarasca preciosa . doctrina, documentos utilísi
mos , hechos que yacian. allí aislados y estériles , pero
que, esclarecidos á la luz de suespíritu , se enlazaron con
otros ya conocidos , entrando así en el círculo armónico
de las leyes que rigen el universo. Y no tan solo fué celo
soy constante promovedor de todas las ramas de las cien.
cias., antes ya beneficiadas por otros ingenios , sino que
algunas de ellas son enteramente creacion suya propia;
pues ni .antes de él existieron la meteorología, la geografia
vegetal , la climatología, la hidrografía , ni menos habia
nadie tentado la gigante empresa de describir en ordena.
do conjunto todos los fenómenos que se pasan en nuestro
planeta Y en su atmósfera: pues él es tambien el inmortal
creador de la geografia física. En sus dilatados viajes.,
recogió gran copia de tesoros de toda especie , tesoros
inestimables , que no bastara jamás á acaudalar él solo ,
á pesar de su saber , constancia y energía , pero que,
derramados con larga mano por su desinteresado posee
dor, han sido preciosos materiales de construccion en la
grandiosa fábrica de la ciencia moderna.
Su carácter noble, su verdadero, intenso anhelo por los
progresos del saber no podían dar cabida en su ánimo á
miras mezquinas , que no pocas veces deslustran los mas
preclaros ingenios. Mas que ambicion de gloria, tuvo an
sia de verdad ; obedecia á una necesidad de suser. El bajo
egoismo. de renombre no lo conoció jamás, ni menos
abrigó su pecho la corrosiva envidia de agenos triunfos.
Así es que no adolecia de la debilidad , harto COMUCI entre
los naturalistas, de querer beneficiar á solo provecho de
su gloria sus observaciones, sus ideas y descubrimientos,
ratardándolas así , ó defraudando á veces de ellas al mun
do, por la escasez de las propias fuerzas ú otros obstácules
que se oponen á su cabal desenvolvimiento. Muy diferen:e
fué Humboldt de estos mezquinos rebuscadores de fama ,
pues generoso, daba el fruto de sus afanes para que otros
compartieran la suya. Para todos los investigadores es
tuvieron sus arcas siempre abiertas ; él -supo colocar sus
riquezas en buenas manos, que rindieron á la ciencia cre.
cidos intereses. Sus inmensas y variadas colecciones de
toda clase de objetos naturales, sus observaciones, fueron
de 'esta suerte un copioso raudal de puras aguas que, re
partiéndose en nos y canales, ha derramado prosperidad
y abundancia por todos los campos de la ciencia.
Mas no se encierra en estos límites su vasta influencia :
no solo ensenó nuevos caminos, no solo descubrió nuevas
regiones, no solo liberal, y magnánimo, prodigó sus te
soros, sino que dispertó, avivó, •comunicó sus elevados
impulsos, el entusiasmo que le animaba , á muchos que
quizá, sin sus escitaciones y consejos, no hubieran nunca
pisado tales caminos, y que son ahora pilares de la cien
cia, esplendor y lustre de su nacion y de su tiempo—no
solo ha iluminado con la luz de su genio , sino que ha
sido el foco donde han venido á inflamarse muchos claros
entendimientos, cuya fulgente llama .centellea ahora so
bre las cumbres de las diversas comarcas de la ciencia
como alegres fogatas que anuncian al mundo la libertad
del espíritu y el triunfo de la inteligencia.
Humboldt, siempre afable, siempre benévolo, acopió
carinoso a los neófitos, los ilustró con sus luces , los alen
tó á seguir en la carrera emprendida ; dotado de rara
penetracion , descubrió no pocas veces en sus tímidos des
tellos la futura grandeza intelectual, reconoció en sus gér •
» 131 «
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menes al paciente y laborioso observador, y no solamente
le infundió ánimo con su palabra poderosa , no solo le
prestó el ausilio de su saber y esperiencia , sino que de
sus propios haberes le facilitó cuantiosos recursos para
continuar sus estudios , ó para proseguir sus investigacio
nes. De varios sabemos , y de algunos nos honramos con
la amistad personal , que, sin la mediacion de Humboldt,
sin las sumas con que contribuyó á sustentarles , ni nun
ca llegaran á la posicion que hoy ocupan , ni nunca hu
bieran podido llevar á término los trabajos con que se
ilustraron , ni nunca hubieran conseguido la gloria que
con ellos se granjearon.
Mas , por grandes y numerosos que sean los títulos que
por este influjo , como hombre científico, y por estas m'en.
das morales presente al agradecimiento y respecto de la
posteridad , quedan todas sobrepujadas, y aun eclipsadas
por otra cualidad 'que constituye, por decirlo así, la esen
cia de su genio ; cualidad que, si en todas sus obras, se
muestra relevante, aparece en todo su apogeo y desarrollo
en su obra maestra: el Cosmos. Su mayor título á la in
mortalidad es la direccion humana que dió á los conoci
mientos científicos , es el haber creado á la unidad ; tal de
un pueblo desgregado en pequenos reinos , condados , y
senoríos , de débiles recursos y de ninguna influencia ,
pinta y eslabona un gran legislador una fuerte y poderosa
nacionalidad. Por él vinieron á ser las ciencias naturales
lo que son hoy dia, no, cual antes, patrimonio esclusivo de
los eruditos, no meras servidoras de la medicina y de las
artes, sino el mas poderoso medio de cultivo de la huma
na inteligencia, la gran palanca de ilustracion del pueblo.
No existieron antes escritos populares ; pues ciertas espo
siciones secas y descarnadas, hechas sin trabazon ni rela
ciones con la vida de la naturaleza , no son por cierto
acreedoras á tal dictado , antes merecen ser llamadas im
populares por la árida que presentaban la ciencia, escar
pada é inaccesible. Otra fié la naturaleza que dió Hum
boldt á su pueblo, grande, armónica, clara, comprensible
y risuena ; él la presentó hermosa , iluminada por su eter
na sonrisa. Él dijo á los hombres: ved ahí vuestro código,
vuestras leyes, aprended á conocer la patria, robusteced
y sublimad vuestro espíritu en el espectáculo de la ver
dad eterna, y admirad la inmensa sabiduría y bondad de
quien tal crió. Dijo, y brotó la luz , y las apas del saber
bajaron impetuosas de las alturas á esclarecer la noche de
la ignorancia y del error, á purificar la inteligencia del
pueblo. Por todas las clases se han difundido , y cada vez
van penetrando mas adentro , y fomentando esta obra de
regeneracion.
?Cómo pudiéramos pasar adelante sin dedicar algunos
momentos á la contemplacion del monumento con que
mas ha contribuido á esta obra civilizadora , el Cosmos?
El Cosmos, esta obra colosal, es uno de los mas grandes
esfuerzos del espíritu humano , obra es de aquellas que se
alzan sobre las literaturas, sobre las generaciones , sobre
los siglos, como gigantes jalones que marcan la senda del
progreso de la humanidad , que no forman el ornamento
de un pueblo con que se reviste y envanece á los ojos de
las demás naciones, sino que constituyen ante todo el
padron glorioso que ostenta toda una edad para admi
racion y respeto de los siglos venideros. El Cosmos es
/11~111•111~~§~
el fruto de una vida de estudio incesante , de nunca can
sados esfuerzos , es la síntesis de trabajos inmensos — el
Cosmos no pocha er obra sino de un hombre como HUID -
bohlt, datado de facultades estraordinarias , fecundadas y
exaltadas por profundos, universales é incesantes estudios.
apoyadas por u na voluntad inflexibles , guiadas por un
juicio recto y certero , ennoblecidas por un amor sincero
de la verdad ; — el Cosmos no podia ser obra sino de un
hombre tan grande como Humboldt , que , sin menoscabo
en su privilegiada inteligencia , alcanzase los últimos Ii -
mites concedidos á la existencia del hombre. Aun así ,
apenas se concibe como bastó tan corto espacio á tan in -
mensa tarea.
Era el ano de 1844 , á los 75 de su edad , cuando dió
al mundo la primera parte del Cosmos. Resonó un grito
de admiracion universal ; toda la Europa, toda la tierra
civilizada saludó con entusiasmo aquel libro sublime; to
das las inteligencias se humillaron ante aquel anciano ,
que, en el invierno de su vida, brindaba con tan precioso
fruto, ante aquel coloso que amontonaba montanas para
escalar el cielo de la verdad. Nadie aun había concebido
tan titánica empresa , nadie la !labia tentado. No satisfa
cia sus altas aspiracionesel haber cultivado todos los cam
pos de la ciencia, el haber enlazado hechos, descubierto
leyes, revelado órdenes enteras de fenómenos, estudiado
grandes regiones dedil tierra , y hallado grandes relacio
nes entre apartados continentes : atormentábale sin ce
sar la idea de abarcar en un gran conjunto la naturaleza
entera , de encerrar en los límites de una descripcion ar
mónica y sencilla el aspecto , la estructura ; la vida de
nuestro planeta y sus relaciones con el universo infinito.
Para el logro de concepcion tan osada era necesario un
conocimiento íntimo de -todas las ciencias, de todos los
hechos , de todos los pormenores; era menester haber se
guido con igual carino las revoluciones de los astros , y
las imperceptibles desviaciones de la aguja magnética ;
así las leyes segun las cuales el enmaranado caos de las
plantas se resuelve en un orden armónico , como los mis
terios de la vida microscópica; así la distribucion del ca
lor y de la lluvia sobre la superficie del globo , como las
inscripciones que grabaron organizaciones extinguidas
en el corazon de las montanas: tal empresa requeria un
conocimiento circunstanciado , completo de cuanto pasa ,
de cuanto puede observar en el globo la investigacion hu
mana , y la fuerza de no perderse entre el revuelto labe
rinto de hechos particulares , de saber desprenderse, ele
varse sobre ellos, abarcarlos en su conjunto, y formular
en claros y precisos rasgos sus grandes relaciones. Solo
Humboldt podio acariciar tan vasta idea; solo él pudo Ile•
varia á cabo con tanta fortuna. A este fin se dirigieron
todos sus esfuerzos , á esta unidad se encaminó siempre
su espíritu y cada nuevo hecho, cada ley nueva con que
su saber se enriquecía é iba ordenándose en su entendi
miento, era una piedra mas del edificio que ambicionaba
legar á la posteridad.
Mucho daba en aquella primera parte : cielo y tierra ,
todo lo recorria , desde las manchas nebulosas y los sis
temas de estrellas hasta el hombre : el cuadro entero de
la naturaleza fundado sobre la sólida base de la observa
clon de los hechos. Esto era la parte mas importante de
111 132 g
su obra ; pero .prometia mas. aun. Era verdaderamente
conmovedor ver á aquel anciano, acometiendo con el ar.
dor de un joven tal empresa , — si pudiera un joven in
tentarla—arrojándose con ánimo tan firme y resuelto á
trabajos capaces de arredrar al mas osado , despreciando
la fatiga , sobreponiéndose á L vejez , contando con la
vida, y desafiando la muerte. Acrecentaban la admiracion
y el entusiasmo aquel aliento juvenil y aquella voluntad
nunca doblegada , á la par que dispertaban en los corazo
nes la zozobra y los recelos de que burlase la muerte tan
nobles afanes. La naturaleza , sin embargo , tan pródiga
con él , la naturaleza, que, carinosa amiga , le abriera sus
mas recónditos arcanos, le revelara sus mas escondidas
leyes, quiso estremar.su liberalidad: la muerte respetó aun
por mucho tiempo tan preciosa existencia. Por muchos
anos aun pudieron recrearse sus ojos en el sublime espec
táculo de la creacion, cuyas sencillas, eternas é inmutables
leyes iba consignando en este nuevo Génesis., en esta Bi
blia de la ciencia ; de que , á fuer de gran legislador, do
taba á su pueblo. Aun por mochos anos recreó la prima
vera sus ojos con su fioreal alfombra, y los anos se abrian
y se hundian en el pasado , y se seguian , y siempre, siem
pre le encontraban infatigable, estudiando aun, recogien
do , ordenando los numerosos tesoros del saber acumula
dos durante su larga vida. Toda la ciencia del siglo se
coordinaba, se desenvolvia, se esdarecia en la cabeza del
sabio anciano que. con, redoblado afan iba colocando los
sillares de aquella fábrica gigantesca. Los céfiros debieron
refrescar carinosos su enardecida frente ; los vientos de
bieron enfrenar sus ímpetus por no distraerle de su obra;
el sol debió enviarle sus mas esplendentes y vivnicos ra
yos para alimentar el fuego de su entendimiento; la na
turaleza entera debió infundirle vigor y estremecerse
anhelante á la voz de su hijo mas noble, .que pregonaba
á los hombres el espíritu de sus leyes.
Despues .de haber disenado este gran cuadro de la na
turaleza, despues de haber desentranado del caos de las
observaciones particulares las leyes generale's , y puesto
de relieve las relaciones mútuas y las causales de las gran
des séries de fenómenos, parece que debia darse por sa
tisfecho, y por completo y realizado el plan grandioso de
sus osados deseos ; pero su intento .era mas vasto toda
vía ;.faltábale aun mucho para llegar á la meta de sus afa
nes. En la naturaleza , Yeia al hombre , esta manifesta
cion suprema de la idea divina; y no imaginaba cabal
una descripcion de la naturaleza que no comprendiese á
la vez el reflejo de su imagen , recibida por los sentidos
en el espíritu del hombre. No descansó pues de la fatigosa
tarea á que acababa de dar cima, sino que recogiendo en
tan feliz acabamiento nuevas fuerzas , con bizarro ardi
miento arrojóse á un nuevo empeno no menos árduo, á
medirlo por la grandeza de sus intentos. Mas era lium
boldt un hombre eseepcional á quien no arredraban obs
táculos ,y á quien no desviaban de su propósito los mas
enormes trabajos.
En 1847, salió a. luz la segunda parte del Cosmos. Si
en la primera se propuso trazar el cuadro de la kida uni
versal en la pura objetividad de su aspecto estera(' , sóli
damente cimentada en el terreno de la rigorosa observacion
científica, entraba ahora en una nuevo esfera de ,conside
raciones, dejando el mundo esterior por el mundo de los
sentimientos. Propúsose esta vez examinar las fuentes de
la contemplacion íntima que, en los tiempos antiguos y
modernos , han elevado nuestra alma al sentimiento puro
de la naturaleza , así como las causas que mas poderosa
mente han obrado en el desenvolvimiento de sucompren
sion como un todo armónico. Entraba además en su plan
la esposicion de los medios mas apropiados á dispertar
la aficion de la naturaleza y su estudio , y examinar la
impresion diversa producida por su especOcillo en la ima
ginacion del hombre, segun las épocas .y las razas , hasta
que por último la divinacion primitiva , el presentimien
to vago y la observacion cierta , la poesía y la ciencia se
enlazan y penetran. No conceptuó suficiente para abarcar
en su conjunto la naturaleza la mera eonsideracion de los
fenómenos estemos , sino que juzgó indispensable poner
de manifiesto las armonías morales , los lazos misteriosos
que unen al hombre con el mundo sensible. Allí nos
muestra como el aspecto del universo , en los varios pue
blos y en los diversos grados de cultora , obró variada
mente sobre la imaginacion y el C011.1Z011 del hombre;
como le inclinó á la adorador' de ciertos objetos coreó.-
reos , y dispertó mas tarde en su ánimo aspiraciones de
naturaleza mas pura é inmaterial ; como unas veces sus
citó en él ideas risuenas, y .otras veces sombrías ;como se
va traduciendo esta impresion de la naturaleza .en la es
presion poética del sentimiento por medio de la palabra y
de los 'colores , y van desarrollándose los gérmenes de las
bellas artes ; como influyó por fin en los diversos papeles.
que representaron los pueblos en la historia de la civiliza
don. Abraza además el cuadro de esta segunda parte las
mas vastas consideraciones acerca del progresivo desen
volvimiento de la idea del Cosmos al través de todos los,
siglos , comprendiendo en .ellas el influjo mutuo de los
pueblos por las emigraciones , las conquistas , las invasio•
nes ; el predominio de las lenguas , la navegacion y el
comercio ; los viajes y descubrimientos de continentes nue
vos; no menos que por la propagacion de las artes , las
letras, los sistemas filosóficos y los conocimientos científi
cos, senaladamente el de nuevos instrumentos que, agran
dando el campo de la observacion , pusieron al hombre
en mas cercano contacto con la infinidad de los espacios
celestes , así como con la estructura íntima de los cuerpos
y los organismos infinitamente pequenos. Así va resenando
á grandes pinceladas toda la historia de la civilizado')
desde los primeros esfuerzos de la razon humana , des
. amparada de aguo ausilio , hasta el punto en que la idea
de Cosmos viene á confundirse con las mismas ciencias
naturales, y, encarnándose en su propio genio, á celebrar
su manifestacion mas cumplida.
Si vasta fué la idea de la primera parte, no le cedía la
segunda en grandeza ; si conocimientos estraordinarios
requería aquella , no eran menores los ,que para la segun
da se necesitaban. Cual de las dos es mas de admirar , no
acertaremos á decirlo. Solo sí que es casi increible que
sean frutos de un mismo tronco , partos de una misma
inteligencia. Asombra el caudal de erudicion , la lectura
inmensa que supone la ejecocion. Al echar la vista por las
-notas , donde SO citan las fuentes en que se apoya este lu
minoso trabado , queda LflO como anonadado ante su di
versidad y el sinnúmero de obras griegas, latinas, alema
nas, inglesas, espanolas, francesas, italianas, portuguesas,
sobre literatura , sobre ciencias , sobre bellas artes, sobre
antigüedades , sobre viajes , historia , lenguas , legisla
cion , que contribuyeron á la composicion de esta segun
da parte. En ella revela Ilumboldt la mas profunda inti
midad con los poetas ; los filósofos y los historiadores de
la antigüedad clásica , un conocimiento asombroso de la
historia y de la literatura de todos los pueblos , un estu
dio detenido de las antigüedades y de las obras del arte y
del ingenio. Córro , entre tantos viajes , tantos estudios,
tantos trabajos científicos , entre la composicion de obras
numerosísimas , pudo hallar tiempo para tan vasta lectura
de género tan diverso. no se concibe ; y mas difícil se
hace comprender cómo tan variados conocimientos , tan
tos hechos, han podido, sin abrumar su inteligencia, ser
conservados , asimdados , coordinados y desenvueltos en
grandes y generales consideraciones.
En todas las obras de Ilumboldt, sobre todo en las
Vistas de la Naturaleza, y en el Cosmos , junto á las dotes
científicas , que le colocan en primera línea como sabio ,
cuales son aquella universalidad de su saber , aquel do
minio de todas las materias, hasta las mas íntimas singu
laridades, aquella claridad transparente , aquel enlace de
ideas tan natural y espedito , aquella unidad del pensa
miento que arrolla toda confusion , y que se sobrepone á
toda oscuridad ; junto á todas estas dotes científicas y filo
sóficas descuellan otras literarias , ó mejor, estrechamente
hermanadas con ellas, forman un todo perfecto que levan
tan su estilo á la altura de los escritores clásicos de los
idiomas en que escribió, principalmente el ;liman y el
francés. Resalta sobre todo la sencillez , hija de la per
fecta comprension del asunto, con la cual se dá la mano el
calor vigoroso que á sus composiciones prestaba el amor
á los hombres y á la naturaleza : estas dos llamas sagra
das que constantemente ardieron en el altar de su eora
zon , que fueron los móviles de todo su obrar , y que der
ramaron en cuanto salió de su pluma tanta vida y tanta
lozania. No ahogó en él tanta ciencia la sensibilidad , no
predominó la cabeza sobre el corazon. Con verdaderos y
halagüenos colores nos pinta la naturaleza cual la com
prendia•su inteligencia de sabio , cual la sentía su alma
de poeta. Fue liumboldt poeta, y gran. poeta. ?Cómo, á no
serio: hubiera podido abarcar la naturaleza en su hermo
sura y magnificencia? cómo trazar el sublime cuadro
del Cosmos? Él es el poeta de lo grandioso y de lo infinito.
Ved cómo se remonta , cómo sederrama su genio por los
iumensos espacios , y cómo en pocas pinceladas , .con la
naturalidad de la fuerza , bosqueja aquellos imponentes
cuadros telúricos y siderales , evocados por su inspiracion
gigantesca. Y vedle otras veces , cual sabe pintar con
suaves colores las delicias del paisage, la cantinela de las
aves y la galanura de las flores. Dijérase que está pulsan •
do el harpa éolica de la creacion! A los poderosos y senti
dos acordes que le arranca su vigorosa mano , involunta
riamente se nos vienen á la memoria los delicados acentos
de Schiller en sus Ideales :
Como un (ha con ansia suplicante ,
A la piedra abrazóse Pigmalion ,
Hasta que al fin por el helado mármol
El ardiente sentir se derramó ;
En mi brazo de amor , yo á la natura
Así estreché con ansia juvenil ,
Hasta que sobre mi pecho de poeta
Empezó á calentarse y á latir.
Y mi férvido anhelo compartiendo,
Halló la muda acentos de pasion ,
Y mis beses de amor me devolvia.
Y el concento del alma comprendió.
Entonces me vivió el árbol la rosa.
Can tome el argentino manantial ,
Y hasta lo insensible se animaba
Los ecos de mi vida al resonar.
En la tercera parte que aun quiso dar 5 su Cosmos reu
nió los materiales que no consentian la generosidad y los
límites que impuso y debió imponer á la primera , resu -
miendo los resultados de la observacion en que se apo
yan las opiniones científicas eo el actual estado de los co
nocimientos humanos El primer tomo está consagrado
esclusivamente al exámun de los datos y doctrinas astro
nómicas; el segundo de esta tercera parte, y último de la
obra está reservado á la geografía físic;..1 y las ciencias
ausi liares. Rayaba en los noventa anos ; y joven siempre
de espíritu ; hallole la muerte ocupado e:1 la publicacion
del último tomo de su libro inmortal , que , por fortuna ,
ha quedado completo.
Todo encomio nos parece escaso para esa obra colosal é
incomparable (Id Cosmos, y nos apartainos de ella con la
conviccion de no haber encarecido bastantemente su al -
canee. Cuando consideramos que es un anciano octogena
rio quien escribió aquellas páginas que respiran el vigor
y el fuego de la juventud, crece de todo punto la admira
clon que su valor intrínseco nos infunde , y nos asalta el
recuerdo de otro anciano , cuyo nombre abrazamos con
nuestro amor , de un anciano qiie , cual numboldt, creó
una nueva era de actividad intelectual , que, cual él ,
sintió estremecerse su alma armónica ante el espectáculo
de la naturaleza ; que , cual él, la amó y la hizo amar
de los hombres ; que , como él , senaló á los ingenios el
faro que debia guiarles al suspirado puerto, mostrándoles
con la fuerza de su brillante ejemplo que solo sintiendo
y amando la naturaleza , reflejándola y ataviándola con
el manto ideal de la poesía y las galas del lenguage ;
era como producirian obras valederas, dignas y peren
nes — el gran Cervantes, en fin ; cuya civilizadora, cuyo
influjo en el progreso del entendimiento humano , no
hayan sido quizás en su justo valor estimados ; Cerval) •
tes , que, como Humboldt su Cosmos, escribió , cubierta
la frente por los hielos de la vejez , las nmorta les pági
nas' del Ingenioso 'Hidalgo. Esta comparacion de Hum -
boldt con nuestro viejo Cervantes, que se nos cayó de la
pluma , no es la idea que , segun dice Hoerne , nos ar
roja el naufragio del acaso ; nó , fné la íntima semejanza
entre ambos genios que hirió de improviso nuestra ima
ginacion. El Cosmos , y no creemos desdorarlo ni reba
jarlo con tal comparacion , ha sido para las ciencias lo
que para las letras el Quijote; ambos libros gigantes fue
ron la mas alta espresion del espíritu de su siglo; en en
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Abeja, La. No. 1 (1 enero 1862), p. 119-158 |
| Descripció | Informació addicional del títol: revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Títol addicional | Revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes por una sociedad literaria |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1862 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Librería de D. Juan Oliveres, [1862-1870], No. 1 (1 enero 1862)-No. 3 (1 enero 1964) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1056597~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Ateneu Barcelonès". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 8 bits |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | 04_No. 1 (1 enero 1862), p. 119-133 |
| Transcript | :>1 119 y este es — resguardar su corazon contra toda flaqueza. Esta accion provechosa podemos esperarla en gran parte del teatro. Él es quien presenta el espejo á la numerosa clase de los locos , y con saludable burla les hace sonrojarse de sus debilidades. Lo que otras veces obra conmoviendo los ánimos y llenándolos de espanto , lo alcanza aquí , tal vez mas pronta y seguramente , por medio del chiste y de la sá tira. Si tratásemos de parangonar la comedia con la tragedia y de avalorar la eficacia de su accion , quizá nos obligaria la esperiencia á conceder la supremacia á la primera. La mofa y el desprecio hieren el orgullo del hombre mas dolorosa mente que no tortura su conciencia la execracion de sus vicios. Ante lo terrible se retrae nuestra coba.rdia ; pero esta misma cobardía nos entrega indefensos al aguijon de la sáti ra. Las leyes y la conciencia nos preservan muchas veces de crímenes y de vicios —las ridiculeces requieren un sentido especial mas delicado , que solo ejercitamos en el teatro. Tal vez concedamos á un amigo plenos poderes para atacar nues tro corazon y nuestras costumbres ; pero nos cuesta grandes esfuerzos el perdonarle una sola risa. Bien sufren nuestro corazon y nuestras costumbres un vigilante y un fiscal ; pero nuestras impertinencias apenas un testigo. Solo el tea tro puede zeherir nuestras flaquezas , porque respeta nuestra susceptibilidad y quiere ignorar quién sea el loco culpable. Sin sonrojarnos , vernos caer nuestra propia máscara ante su espejo , y quedamos en secreto agradecidos por lo blando de la advertencia. Mas no se limita aquí de mucho su vasta esfera de accion. El teatro, mas que toda otra institucion pública del estado , es una escuela de sabiduría práctica , un derrotero al través de la vida social , una clave infalible para los mas revueltos laberintos del alma humana. Concedo enhorabuena que el amor propio y el encallecimiento de la conciencia anonadan do pocas veces sus mejores efectos ; que miles de vicios man tienen enhiesta ante su espejo la impúdica frente , que miles de hidalgos sentimientos se embotan contra el yerto corazon del espectador ;—yo mismo soy de opinion que quizás el flarpagon de Moliere no ha enmandado todavía á ningun lo grero , que el suicida Beverley no ha retraído sino á muy pocos de sus hermanos de la funesta,pasion del juego, que la desgraciada historia de bandoleros de Carlos Moor no con tribuirá mucho por cierto á la seguridad de los caminos rea les— pero por mas que limitemos esta gran virtualidad de la escena , aunque llevemos la injusticia hasta el estremo de invalidarla por completo—aun así, ! cuán inmensa no fuera todavía su influencia ! Aun , dado que no reduzca ni estir pe la suma de los vicios, no los dá á conocer, nos familiariza con ellos. Con aquellos viciosos, con aquellos insensatos he mos de vivir. Debemos evitarles, ó chocar con ellos; debe mos derribarlos, ó sucumbir á su empuje. Ahora no nos sor prenderán ya; estamos prevenidos y dispuestos á rechazar sus ataques. El teatro nos ha revelado el secreto para recono cerlos y desarmarlos. Al hipócrita le arrancó la máscara ar tificiosa, y descubrió la red con que nos envolvian la astucia y el dolo ; le arrastró de sus tortuosas madrigueras, y nos mostró á la luz del día su faz espantosa. Cabe que la mori bunda Sara no infunda terror en el ánimo de un solo liber tino ; que no basten á enfriar su impura llama todas las pin turas de seduccion castigada ; cabe tambien que una mali ciosa actriz ponga, por el contrario, especial cuidado en no producir tal efecto ; pero por dicha , no es poco que la cán dida inocencia conozca los lazos que se le tienden, que el tea tro le ensene á desconfiar de sus protestas y á estremecerse ante su adoracion. Mas no se cine el teatro á mostrarnos los hombres y sus caractéres , sino que tambien nos patentiza los destinos de que son juguete, y nos ensena el grande arte de sobrellevar los. En la trama de nuestra existencia entran el caso y el plan por mitad y mitad : este depende de nuestra direccion ; pero debemos someternos á aquel ciegamente. Felices noso tros, si los reveses inevitables de la fortuna no nos cogen del todo desapercibidos; si nuestro ánimo y nuestra cordura tu vieron ya lugar de ejercitarse en ocasiones análogas , si nuestro CoraZOII se ha templado para recibir el golpe: El tea - tro hace pasar ante nuestros ojos una escena varia de huma nos padecimientos; con arte sutil nos introduce en las desdi chas agenas , y nos paga una desazon momentánea con de leitosas lágrimas , y con ricas creces en valor y esperiencia. Guiados por él , seguimos , por las resonantes riberas de Na xos, á Ariadne abandonada; bajamos á la mazmorra , donde , rodeado de los cadáveres de sus hijos muy amados , sufre Ugolino los tormentos del hambre ; pisamos las sangrientas gradas del cadalso , y asistirnos á la hora solemne de la muerte. Allí olmos á la naturaleza confii mar con una voz que no admite répliczi lo que nuestra alma solo vagamente pre sintiera. En los calabozos de la Torre de Londres , abandona al enganado valido el favor de su soberana ; ahora que va á morir, deja al acongojado Moor suinfiel y sofística sabiduría. La eternidad emancipa á un muerto para que vaya á revelar secretos que ningun viviente puede saber; y el malvado, que se creyera seguro , pierde el postrer arrimo de su pérfida re serva, al ver que hablan tambien las tumbas. Ni se contenta tampoco el teatro con darnos á conocer los destinos de la humanidad , sino que además nos ensena á ser justos é indulgentes con los desgraciados. Solo entonces , cuando hemos llegado á sondear toda la profundidad de sus tormentos, podemos atrevernos á arrojar sobre ellos nuestro fallo. No cabe crimen mas afrentoso que el del hurto ; pero no mezclarnos todos una lágrima de compasion con nuestra sentencia, al penetrar hasta el fondo de las angustias horribles entre las cuales perpetra el robo Eduardo Ruhberg? El sui cidio es generalmente execrado corno el atentado mas impío ; pero cuando acosada por un padre furioso, impulsada por el amor, consternada por la espantosa imágen de las paredes de un claustro, bebe Mariana el tósigo , ?, quién será de nosotros el primero que mueva el labio para condenar á aquella desdi chada criatura? La humanidad y la tolerancia empiezan tí for mar el espíritu dominante de nuestra época ; sus rayos bené ficos han penetrado hasta dentro de los estrados de los tribu nales , y mas adelante todavía — en el corazon de nuestros príncipes. ! Cuánto no han cooperado nuestros teatros á esta obra divina! ? No son ellos los que han intimado al hombre con el hombre, y descubierto el secreto mecanismo que im pulsa sus acciones ? Hav una clase notable de hombres que , mas que otra al guna, debe estar agradecida al teatro. Allí oyen los podero sos del mundo lo que por maravilla, ó acaso jamás oyen,—la verdad; lo que nunca ó raras veces ven esto mismo lo están viendo allí — al hombre. Por grandes y variados que sean los méritos del buen tea tro á favor de la educacion moral, no son menores los ser vicios que presta á la ilustracion general del entendimiento. Aquí precisamente, en esta esfera elevada, es donde el grande ingenio, el fogoso patriota sabe utilizar toda su grande in fluencia. Arroja una mirada por todas las generaciones de la.huma nidad, compara pueblos con pueblos, siglos con siglos , y vé cuán esclava yace la gran masa del pueblo, aherrojada por la supersticion y las preocupaciones, que oponen una eterna valla á su felicidad; vé como los puros destellos de la verdad ilumi N 120 1.1 nan tan solo á unos pocos individuos „que compraron tal vez esta escasa ventaja á costa de toda una vida. ? Por qué me dios podrá el sabio legislador conseguir que participe de ellos la: nacion entera ? El teatro es el cauce comun por donde la luz de la sabidu ría que emana de la parte mejor del pueblo se derrama para difundirse en rayos mas suaves al través de todo el cuerpo del estado. Ideas mas atinadas , principios acrisolados, sen timientos mas puros, fluyen de allí por todas las venas del pueblo; las nieblas de la barbarie, del fanatismo sombrío, se desvanecen , la noche huye ante la luz victoriosa. Entre tan tos y tan preciosos frutos del buen teatro, mencionaremos dos siquiera. !Cuán general no se ha hecho de pocos anos acá la tolerancia con las religiones y las sectas ! Aun antes de que Nathan el judío, y Saladino el sarraceno, nos sonroja ran por boca de Lessing ; aun antes de que José II abatiese la hidra formidable del odio religioso, ya habla plantado el teatro en nuestros corazones la humanidad y la blandura ; las horribles pinturas de la rabia del sacerdocio pagano nos ensenaron á evitar el encono religioso y la intolerancia. Con no menor fortuna podría combatir el teatro los errores de la edecaeion. No. hay para el estado asunto que, cual este, de ba importarle por sus consecuencias ; y sin embargo, ninguno hay tan descuidado, tan completamente abandonado, con una confianza sin límites, al capricho y á la irrellexion in dividuales. Solo el teatro pudiera ponernos ante los ojos , en cuadros no menos verdaderos que pavorosos, las desdicha das víctimas de una educacion descuidada, guiada por tor--' cidos prineipios ; aquí aprenderian los padres á desistir de máximas temerarias, y las madres á amar con un amor mas racional. Las ideas erradas estravian el mejor corazon en los que dirigen la educacion de la juventud , y no hacen mas que enconar el mal , cuando engreídos con la bondad de sus métodos, atrofian y malean los tiernos vástagos en inverná culos filantrópicos. Y si lo entendiera la administracion del estado , pudiera ilustrarse y dirigirse tambien desde las tablas la opinion pú blica sobre la marcha del gobierno y los actos de los gober nantes. El poder legislativo hablaria aquí por medio de símbolos con sus súbditos, se sinceraría de sus quejas, aun antes que se manifestasen, desvaneceria sus cargos, aguijonearla al escepticismo. Hasta la industria y el espíritu de invencion pudieran entusiasmarse , y se entusiasmarian sin duda, ante la escena, si nuestros poetas se tomasen el trabajo de ser patriotas, y el estado no creyese rebajarse con escucharles. No cabe pasar por alto el grande influjo que un tea tro bien constituido ejerciera sobre el espíritu de la na cion. Espíritu nacional de un pueblo llamo yo á la semejanza y conformidad de sus opiniones y tendencias respecto de objetos, acerca de los cuales otra nacion opina y siente de diverso modo. Solo al teatro es dado produciresta consonan cia en alto grado ; puesto que él recorre todo los estadios del humano saber, apura todas las situaciones de la vida, é ilumina con su brillo los mas tenebrosos rincones del cora zon; porque abarca todos los estados y condiciones, y se di rige por la senda mas trillada á la razon y al sentimiento. Si en todas nuestras piezas dominase un rasgo descollante, si nuestros poetas se pusieran de acuerdo y celebrasen una es trecha alianza para marchar de concierto á este fin , si guia se sus trabajos el mas severo discernimiento , y consagrasen su pincel tan solo á asuntos populares — si , por decirlo de una ve, pudiésemos llegar á poseer un teatro nacional, entonces seríamos- una nadan tambien. ? Qué es lo 'que tan fuertemente eslabonaba á la Grecia? ? Qué es lo cine tan sistiblemente arrastraba al pueblo á los teatros ? nada mas que el argumento patrio de sus dramas, el espíritu helénico,' el grande y predominante interés del estado , la humanidad mas digna , que todos ellos respiraban. • Otro título tiene todavía el teatro , que cito con tanto ma yor placer , por cuanto presumo que ya habrá sido fallado•á' su favor el litigio que le pusieran sus detractores. Lo que hasta aquí nos propusimos demostrar , esto 'es que influye esencialmente en das costumbres y la ilustracion del enten dimiento, era un punto dudoso—que, entre todos los inventos del lujo y todas las instituciones para el solaz de la sociedad, merece la preferencia : eso lo han confesado sus mismos ené. rnigos— pero los servicios que presta en esta parte son mas. importantes de lo que generalmente se cree. La naturaleza humana se resiste á yacer sin tregua ni des, canso sobre el potro de los negocios ; los alicientes de los sentidos mueren con el deseo satisfecho. Sobrecargado el. hombre de goces animales, agoviado por largos esfnerzos', atormentado por su incesante afán de actividad, ansía pla ceros mas selectos y elevados, 6 se arroja sin freno en tumul tuosas distracciones, que precipitan su ruina y comprometen la paz de la sociedad. Placeres bacánticos , juego funesto , y mil desvaríos que enjendra el ócio , son inevitables , cuando el legislador no acierta á dirigir esta tendencia del pueblo. El hombre de negocios corre el riesgo de espiar con el fu nesto esplin una vida que tan generosamente sacrificó al es tado ; el hombre erudito peligra degenerar en un ridículo pedante; el populacho en una fiera. El teatro es la institución donde se hermana el recreo con la ensenanza, el descanso, con el esfuerzo, el pasatiempo con la cultura, donde ninguna fuerza del alma es escitada en menoscabo de las demás, donde no se goza placer alguno á espensas del todo. Cuando el do lor corroe nuestro corazon , cuando •el mal humor envenena nuestras horas solitarias; cuando el bullicio del mundo y los negocios nos causan hastío , cuando mil pesos nos oprimen, el alma, y nuestra sensibilidad está á punto de quedar aho-, gada por los trabajos de la profesion —entonces nos abre el teatro sus puertas. En este mundo artificial nos sonamos le jos de la realidad, volvemos á ser nosotros mismos, des pierta nuestra sensibilidad , pasiones saludables conmueven nuestra adormecida natureleza é impelen la sangre en circu lacion mas viva. El desventurado, llorando los padecimientos agenos , alivia y olvida los propios, el venturoso vuelve en sí de su embriaguez ; el que se creyera seguro cobra recelo. El enteco afeminado se torna hombre, el de alma empedernida empieza por primera vez á sentir. Y luego !qué 'triunfo para tí, oh, naturaleza! !naturaleza tantas veces hollada y otras tantas. levantada, cuando hombres de todos rangos, paises y con diciones, arrojados todos los grillos del artificio y de la moda, arrancados á todas las trabas del destino, hermanados por una sola simpatía , estrechados én una sola familia , se ol dan de sí mismos y del mundo entero, y se acercan á su ce-. leste orígen I Cada uno goza las sensaciones , el placer, el en tusiasmo de todos, que de miles de ojos se reflejan en él robustecidos y hermoseados, mientras que su pecho solo dá. cabi á un sentiiniento— á la satisfaccion de ser hombre., Juan Font y Guilart. BARCELONA. -- IMPRENTA DE D. JUAN OLIVERES , EDITOR RESPONSADLE. 122 §1, ALEJANDRO DE IIIIBOLDT. Acaba de estinguirse aquella esplendente antorcha que, durante tres cuartos de siglo, tanta luz derramó por to dos los ámbitos de las ciencias naturales ; ha cerrado la muerte aquellos ojos que tan adentro penetraron en los arcanos de *la naturaleza --helada y yerta yace aquella mano venerable y pura, que, mas que otro alguna, le vantó el velo de Isis de la Creacion — y aquel espíritu tan audaz, tan fuerte , tan sublime y generoso ; aquel espíri tu que abarcaba el universo, á quien fué estrecho espacio la tierra, y que, en las robustas alas de su genio, recorrió infatigable la inmensidad de los cielos; aquel espíritu, tan trabajado por la sed insaciable de verdad, yace en el re poso de la muerte. El vaso terrestre, deleznable al fin, co mo todo lo material, que encerró aquella alma tan her mosa, descansa en el seno de la tierra ; pero la centella divina que lo animaba ha volado al empíreo de donde vino, y se goza en la vista de la eterna verdad, que con tan ardiente afan buscó siempre, en el seno de Aquel, pa ra quien no hay tiempo ni espacio, y que es la misma ver dad infinita! Alejandro de Humboldt ha muerto. En alas de la elec tricidad ha corrido la infausta nueva por todos los ámbi tos de Europa, como un grito de dolor que se escapa del pecho de la humanidad : angustioso grito, que, es tremeciendo la atmósfera y salvando océanos, resonará hasta en los mas remotos confines del mundo civilizado. Entre los hielos del Norte , como bajo los fuegos del sol tropical , en todos los continentes, en todos los paises de la tierra , allí donde las luces bienhechoras de la instruc cion han esclarecido las inteligencias, donde haya rayado siquiera un pálido albor de civilizacion, allí ha de encon trar por do quiera ecos el sentimiento doloroso que ha estremecido en Europa todos los corazones donde vibre una fibra para lo bueno y lo grande. Sí, en medio de las trascendentales cbestiones que se agitan, á la vista de los graves sucesos que embargan todos los ánimos, en tre la ansiedad y la zozobra universal, entre el ardimien to é impaciencia de los unos, el recelo y las aprensiones de los otros; el encono, la arnbicion sangrienta, la sed de venganza, los ódios, los deseos, las esperanzas—en este vórtice de buenas y malas pasiones que nos envuelven, nos embriagan, nos fascinan, nos arrastran en suinmen sa oleada, ha resonado un nombre, ante el cual ha enmu decido todo; y amigos y enemigos, todos le han pronun ciado descubriendo la cabeza con respeto, y ha sido el asunto de todas las conversaciones, y ha ocupado el pri mer lugar en los escritos que cada dia arrojan las pren sas á la anhelosa curiosidad pública. Y este nombre, que se encumbraba sobre el estruendo de las armas aprestán dose á encarnizada lucha, era el de un sabio modesto y virtuoso, de un anciano apartado de las convulsiones po líticas —era el gran nombre de Alejandro de Humboldt, el único quizás que pudiera, en tales momentos, hacerse oir entre el tumulto, y distraer la atencion de las gentes, fija en el palenque donde van á decidirse tal vez los :des tinos de todos los pueblos del continente europeo. Hum boldt habiallegado á aquella altura de tan pocos alcanzada. superior á toda consideracion de partido , de nacionali dad, de religion; objeto de la admiracion del mundo, que ya en vida gozan de la inmortalidad reservada á su nom bre. La muerte de un monarca poderoso, aun de aquellos que juegan ahora la suerte de las naciones, no hubiera causado la profunda impresion que ha conmovido todos los corazones al anuncio de la muerte de Humboldt: no fuera al menos tan universal el duelo, ni tan íntimo, ni tan sincero. Con razon ha sido llorada, y mas que la de un monarca llorada, porque él era un rey de la Indigencia, un emperador de las dilatadas regiones de la ciencia, un gran conquistador de grandes verdades. Y el cetro que cayó de su mano no hay diestra bastante robusta para empunarlo ; y la corona que cenia su frente no le viene á ninguna cabeza ; y el trono que ocupaba quedará vacío. Cual otro Macedon , el imperio que allegó se desmem brará despues de su muerte ; pero no hay hombros que puedan con el peso de tanta grandeza! Estos son los cOn quistadores cuyo nombre deben conservar los pueblos en la memoria y en el corazon! !Estos son los héroes acreedo res á la exaltacion de las edades futuras. No regó el árbol de su gloria el llanto de las madres, no lo fecundó la san gre de nuestros hermanos, no costaron sus conquistas millares de vidas, no marcó su senda el incendio, la de vastacion y la muerte ; no fomentaron las pasiones sal vages y brutales, arrojando unos contra otros á los hombres como fieras del desierto ; no enconaron los males de la humanidad —no, estos reyes solo el bien ejercen , solo paZ suspiran , solo concordia ; en una gran familia quisieran ver unidos á todos los hombres — ! ay ! los ódios nacionales, ! cuánto los deploran ! los ca prichos delos déspotas , ! cuánto los odian ! la ambicion. .de los guerreros, !cuánto la tiemblan! Volved á ellos la vista , ó pueblos , amadlos y veneradlos, que ellos son los campeones de vuestra libertad , los sostenes de vuestros fueros, los bienhechores en todo — ellos en sanchan los horizontes del entendimiento humano, ellos elevan vuestra razon , despiertan en los pechos nobles afectos, altas aspiraciones, y os hacen mas dignos y me jores. No os goceis ya en laureles empapados en sangre, no os deslumbren ya funestas glorias de destruccion y de carniceria ; fundad mas bien vuestro orgullo en las puras glorias del saber yen las nobles conquistas de la inteligen cia. ?Pero á donde nos arrebató nuestro entusiasmo por el héroe? En Humboldt, venerad, ó pueblos , á uno de esos hienhechores de la humanidad ! 'Todos debeis á su memoria una lágrima, pues para todos trabajó , investi gó, obró sin tregua hasta su postrer aliento!... Que todos le lloren ; pues todos le han perdido ! El dia 6 de mayo, á las tres de la tarde, falleció en Berlin i23 Alejandro de Ilumboldt, muy cercano á cumplir los noven• ta anos. Reyes y príncipes, sabios é ignorantes, jóvenes y ancianos , todo un pueblo consternado le acompanó á la ultima morada. Llórale la Alemania entera como su glo ria mas preclara; vistió la ciencia fúnebres ropages á tan dolorosa pérdida. Él era su hijo predilecto , su sumo sa cerdote; y por mas que pesára.sobre su cabeza un siglo de trabajo , fue todavía para las ciencias grande pérdida. Pues no era Humboldt' un anciano decrépito, á quien se tiene en respeto como una venerable reliquia; no era, co mo otros grandes espíritus que han tocado á los últimos lindes de la vida, una grandiosa ruina, ante la cual se in clina el hombre penetrado del sentimiento melancólico que infunde una grandeza pasada , un poder derrocado , una gloria que. fue— no, el espíritu de Humboldt no ha co nocib vejez , no ha decaido nunca, sino que, raro fe nómeno intelectual , se fué robusteciendo con los anos que acaban por amenguar las facultades de los demás hombres ; la senectud mas provecta ha sido su virilidad ; y á medida que iba acercándose al término, parecía crecer, encumbrarse mas y mas alto , y la muerte ha segado esta preciosa existencia en el apogeo de su esplendor y de su gloria. A la edad en que los hombres mas activos y labo riosos..se entregan por fin al merecido descanso, daba ci ma Humboldt á los trabajos que mas inmortalidad ase guran á su nombre. No era en nuestro propósito escribir una biografía de Humboldt; tarea muy superior á nuestras escasas fuerzas. Seguir paso á paso su carrera intelectual , acompanarle en sus dilatados viajes , enumerar sus investigaciones , ana lizar sus trabajos, fuera hacer la historia científica de todo el siglo. Pues si las ciencias naturales se han remon tado á tal altura, si en tan corto período han dado tan gi gantes pasos en la senda del progreso , si han penetrado hasta las clases mas arrinconadas de la sociedad humana, débese este logro en gran parte al poderoso impulso de Humboldt. Con razon pudo decir de sí mismo : « Mi vida entera está en mis escritos; » pues ellos son la hoja in mortal de sus méritos y servicios. Mas ya que á otras phi mas de mas bríos que la nuestra esté reservado el escribir la historia de tan preclaro ingenio, séanos licito desa hogar nuestro sentimiento, publicar nuestro entusiasmo , ponderar su grandeza y honrar su memoria. Que en el concierto de voces de todos los pueblos que en todas len guas pronunciarán palabras de adios sobre su tumba , no fillten los acentos espanoles que tan queridos le fueron , modesto tributo de agradecimiento, si, en valor, escaso : espresion sincera al menos de nuestro duelo. ?Se nos til dará de osados, si, á la corona de espléndidas.flores en tretejidas á su memoria , enlazamos una pobre flore ?Y cómo pudiera mantenerse silenciosa entre el lu to universal y la universal alabanza nuestra publicacion , que es un destello de su lumbre, puesto que á su grito se alzaron, y á su semejanza se formaron todos aquellos escri tores cuyas obras son los ricos venenos que á beneficio del público espanol esplotamos? ?Cómo pudiéramos callar , cuando se cierra la tumba sobre los restos de aquel que fué creador y cabeza de las ciencias populares, que la Abe ja, está destinada á propagar en nuestro suelo? Ciertamente que cada uno de mis dignos companeros hubiera desempenado mas cumplidamente este árduo co metido; pero vino á recaer la eleccion en el mas humilde, en aquel cuyas fuerzas son mas débiles, por haber disfru tado el que estos desalinados renglones escribe la honrade conocer personalmente al ilustre filósofo. No abundará nuestro escrito en pormenores biográ ficos , ni estensas noticias de sus viajes , pue1 si al guna pretension pudiéramos abrigar al tomar la pluma, movidos por el entusiasmo , fué tan solo la de exaltar su importancia en la historia de los adelantos humanos para aquellos que no le conocen , pues para los que le conocen sobrará, por ocioso y por corto, todo encarecimiento. Nació Alejandro Enrique de Humboldt en Berlin , el 14 de setiembre de -170 , de una familia de antigua noble za , ilustre p.or sus pasados , y rica en bienes de fortuna. Su padre, Alejandro Jorge de Ilumboldt , mayor en el ejército prusiano y chambelan de S. M. , puso , desde muy temprano, todo su ahinco en cultivar el entendimien to y el corazon de sus hijos que tanto lustre debian de dar á su nombre: pues que Guillermo, el futuro ministro de Prusia , primogénito de la familia, fué en todo punto dig no hermano de aquel cuya pérdida hoy lamentamos. Am bos recibieron los mismos ensenamientos , tuvieron á la vista los mismos ejemplos , y fueron objeto de igual soli citud y de iguales desvelos por parte de 'sus padres y maes tros, por cuanto así lo consentía la poca diferencia de sus edades. Entrambos pasaron los anos de su infancia y los primeros de su adolescencia en el apacible retiro de Tegel, quinta y parque de la familia en las cercanía% de Berlin, siendo quizás á este apartamiento , á esta libertad en el sono de la naturaleza, al esmero constante y por nada dis traido con que fueron cultivados su razon temprana y su corazon, una de las causas que mas poderosamente influ yeron en el perfecto desarrollo de las inmensas facultades con que á entrambos les dotara el cielo. Pocos hombres habrá por cierto con quienes haya sido la naturaleza tan generosa como con llumboldt , y pocos tambien que , ya desde sus primeros pasos en la vida, se hayan visto rodea dos de todas las circunstancias mas favorables y ocasiona das á guiarlos á altos destinos: riqueza, alta consideracion, esmerada y atinada educacion moral é intelectual, y libre desarrollo de las fuerzas físicas. Uno de sus primeros preceptores fué Campe, el popular autor del Nuevo Robinson, de aquel libro que todos he mos leido con avidez, cuando ninos; que ha hecho germi nar , en miles de cabezas jóvenes, ideas vagas de paises lejanos, deseos de maravillosas aventuras, descabellados planes para el porvenir. Cuan profundas sean las prime ras impresiones del nino , y cuanto se reflejan en todo el resto de la vida, no se ha comprendido bastante , pues. tanto se descuida; pero como lo acredita la esperiencia , obran de tal suerte á veces circunstancias triviales de la ninez, que vienen á decidir Mas tarde el destino de nues tra existencia. En Humboldt vemos confirmada esta ver-. dad , pues , segun él mismo refiere , la lectura de esta , obra de su primer maestro fué la primera chispa que en cendió en su pecho el deseo de largos viages por mar, de visitar ignoradas y remotas regiones; asi es como tal vez se )2 124 « deban álas infantiles páginas del Robinson la investigacion del Asia central y la esploracion de las Cordilleras. Conti nuóse la obra de Campe bajo la hábil direccion de Kunth, hombre de sólidos conocimientos y de sano criterio, que, á instancias de la familia, y encarinado cada vez mas con susalumnos, siguió dirigiéndolos hasta durante los pri meros anos que pasaron en las universidades. No pode mos omitir las lecciones sobre botánica que á los herma nos dió , mientras su permanencia en Tegel, el célebre médico Heim, residente entonces en Spandau. Bajo la direccion de su,primer maestro, siguieron ambos herma nos ensanchando sus conocimientos en Berlin , donde re cibieron ensenanza particular de varios profesores ilustres, hasta que sólidamente preparados para los estudios uni versitarios, los inauguraron en la Academia de Francfort del Oder, donde se aplicó Humboldt á la carrera adminis trativa. Por aquellos tiempos era la universidad de Gottin ga uno de los focos intelectuales de Alemania, por el gran número de hombres eminentes que ocupaban sus cáte dras. De todos los puntos acudia allí una juventud selec ta, ansiosa de escuchar las lecciones de un Blumenbach , el gran fundador de las ciencias naturales comparadas, del historiador Eichorn, de Heine, el gran promovedor del estudio de la antigüedad, y de otros profesores no menos distinguidos en todos los ramos de las ciencias, cuya fama atrajo tambien á los dos hermanos, anhelantes de beber en tan ricas fuentes. Separáronse allí en sus estudios los her manos, que hasta entonces fueran condiscípulos, para en tregarse cada cual á los de su particular vocacion. Guiller mo se dedicó con preferencia al derecho, á la historia, á las lenguas y á las ciencias filosóficas y morales. Alejan dro, si bien participó de estos conocimientos, dirijióse con predileccion singular á todos los ramos de las ciencias exactas y de observacion. Aquí tambien nosotros nos separaremos del hermano y condiscípulo del gran na turalista, por cuya vida vamos á tender una ojeada ; pero no pudiéramos hacerlo sin senalar la altura estraor dinaria que alcanzó mas tarde como literato y como hom bre de estado. A no enganarnos, su reputacion comenzó en Espana , que, como hemos de ver, no ha sido estrana á la suerte de su grande hermano, con una luminosa inves tigacion sobre el idioma vascuence; y prosiguiendo infa tigable en esta senda , que forma su mas ilustre blason , rayó tan alto su ingenio, que ha merecido el título del primer filólogo del mundo: Tan laboriosas é inmensas in vestigaciones no fueron parte para que no ejerciera su in teligencia en el bien del país desde los mas altos puestos del estado, llevando á la nacion por la senda de las re formas liberales. Grande por su saber y por su alma ge nerosa, todo cuanto salía de su pluma era igualmente grande, como lo prueban sus « Cartas á una-amiga,» tan celebradas en Alemania, que, pocos anos ha, despues de la muerte de aquella, se publicaron, y de las que se han agotado repetidas ediciones. Poeta de robusto númen , como lo atestiguan sus «Sonetos » y su elogio á Roma, escritor elegante, al par que profundo— nos referimos á sus cartas,— filósofo eminente, orador brillante, se os tenta en toda su grandeza como investigador de las rela ciones y del espíritu de las lenguas, y coronó su gloria con su administracion de los negocios del gobierno, guia da por el mas ardiente celo , por una conciencia recta y por las nobles miras. Orgullo de su patria y gloria de su tiempo, murió este hombre estraordinario en 4855, en brazos de su desconsolado hermano, cuyo mejor ami go fué, y para cuya familia ha sido despues amoroso pa dre. Grave yerro fuera , en un, biógrafo , ó cuando menos, singular desacuerdo, introducir en su panegírico una figu ra estrafia, de la talla de la de Guillermo de Ilumboldt, que pudiera aminorar ó quizás destruir el interés y el senti miento con que trata de rodear la memoria de su héroe •; mas no v miedo que así suceda, hablando , como ha blamos, de Alejandro de flumboldt , cuya grandeza no puede ser por ninguna ofuscada, cuyo valor saldrá incólu me de todo parangcn, sino que, antes bien, recibe nuevo realce de la gloria de tan insigne varon , que, mientras vivió, le estuvo unido por el carino fraterno mas entrana ble, por la amistad mas íntima, por los redoblados vínculos de la familia, de la ciencia, de la opinion , de la simpa tía; y cual sus corazones siempre lo fueron, pasarán sus nombres abrazados á la posteridad, como dos genios ge melos, igualmente grandes, igualmente buenos, igual mente dignos de eterno renombre. Admirable es por cierto y poco frecuente el espec táculo que ofrecen estas dos sublimes inteligencias her manas, que, en sus principios, enlazadas en un mismo cultivo, en 'iguales cuidados , en comunes esfuerzos , cual ramas de un mismo árbol, sepárense brego para reu nirse al fin tras larga y laboriosa carrera, en alturas á que jamás se había remontado_ el vuelo de la ciencia humana ; aseméjanse á dos fuentes que, en sunacimiento unidas á una sola corriente, pártense mas tarde en dos brazos que van acreciendo sus aguas, disputando por do. quier vida y abundancia, hasta que, tras largos tos giros, confunden los magestuosos nos sus caudales. • Pero tiempo es ya de que prosiguiendo el curso de nues tra narracion , por un momento involuntariamente inter rumpida , dediquemos esclusivamente nuestra atencion á los variados sucesos que presenta la vida de aquel de los ilustres hermanos á cuya memoria este escrito se dedica. Dejámosle en Gottinga , entregado al laborioso estu dio de las ciencias naturales , á. las cuales con mayor predileccion se inclinaba. No cabe que pasemos por alto una circunstancia que fué de suma trascendencia en la vida de Humboldt , circunstancia de mucho precio para el que trate de seguir las causas del desenvolvimiento de esta inteligencia, al investigar los caminos por donde se encumbró á su grandeza: su amistad con Jorge Forster. Residia á la sazon en la pequena ciudad de Gottinga este famoso viajero , este' célebre naturalista, este genio mal apreciado, pudiéramos decir, por sus contemporáneos , al cual no ha honrado aun quizás cual merece la posteri dad ; )orge Forster,, que apenas salido de la infancia, acompanó al célebre capitan Cook en su viaje al rededor. del mundo, en cuyo relato dejó escrita una obra maestra,• que no se pudiera concebir salida de tan tiernas ma nos, á no ser por la candidez, los rasgos ingenuos , aque lla gracia y frescura infantiles que en ella campean, pres tando al estilo un hechizo indefinible; Forster,, el genio aherrojado que, sintiendo bullir en su mente altas ernpre )2 125 r sas y grandes hechos , las vió ahogadas bajo el peso de la miseria y de los obstáculos; Forster , que, nacido para descubridor de mundos, tuvo que consumir su ardor y su vida en una cátedra , á duras penas alcanzada , y en los estrechos aposentos de una biblioteca. Cual si en Ilum boldt adivináia , por un presentimiento de su genio , el continuador de su obra , el brazo fuerte que 'labia de lle var á cabo los vastos pensamientos que devoraban su al ma , pronto hubo de aficionársele , y de esta simpatia no tardó en nacer la mas estrecha amistad. Este íntimo con tacto, este largo cambio de ideas con Forster espoleó los vivos deseos del mozo Ilumboldt, fortaleció sus intentos de visitar remotos y desconocidos paises , no por el afan que con frecuencia despierta en las imaginaciones juveni les una vida fecunda.en lances y aventuras, sino por el de contemplar la naturaleza en sus escenas mas sublimes, en su grande y selvática magnificencia. Jorge Forster dió pábulo á su espíritu y encaminó sus ímpetus por la senda que habla de conducirle al fin seguro, al fin á que llegó. Ya el mismo Humboldt aprecia , en su Cosmos , la valía de Forster , del cual dice que inauguró una nueva era de viajes científicos, cuyo fin era el estudio comparativo de los pueblos y de los paises ; y estima las ricas dotes de que dió muestra en sus escritos , dotes que él imitó y realzó mas tarde; cita así mismo:las pintorescas y anima das ddeessccrriippcciioonneess de las islas del mar del Sur por Forster como una de las causas que mas contribuyeron á escitar en él el arrebatado deseo de grandes viajes por apartados climas ; pero tal vez no nos enganemos al atribuir mayor influencia en estos propósitos, que á las obras y al ejem plo, á la palabra viva y entusiasta del viagero que habia visto aquellas estrailas regiones, que habia corrido aque llas tormentas y peligros, á quien 'labia sonreido aquella pomposa naturaleza que tan bien supo pintar; al hombre todo fuego , todo accion ; todo entusiasmo, formado so bre el puente de Jos navíos , fortalecido por las brisas de todos los mares. El resultado inmediato de esta amis tad inapreciable fué un viaje científico que de consuno hicieron ambos amigos, el ano , por el Rin, Holanda é Inglaterra , cuya escursion dió por fruto la priniera obra .de Humboldt : «Observaciones mineralógicas sobre cier tas formaciones basálticas del Rin , » y en la cual reco gió Forster los materiales para su libro « Vistas del bajo libio, » obra preciosa, que califica la maestra de su au tor el fisiólogo Molleschott , el apasionado vindicador de la memoria de Forster , el autor del libro , por muchos conceptos estimable , « Jorge Forster , el naturalista del pueblo. » Este viaje dispertó además en Humboldt la aficion á la metalurgia, decidiendo de su vocacion práctica, tan ar monizada con sus inclinaciones , y que tan útil habla de serle mas tarde en la investigacion de grandes continen tes : esta fué la carrera de injeniero de minas. A este in tento pasó á la escuela de comercio de Hamburgo , donde se dedicó al estudio del cálculo mercantil y de las lenguas vivas , sin desatender por esto sus estudios botánicos, has ta tanto que brillantemente preparado, trasladóse á la Academia de minas de Freiberg , donde el sabio Werner,, el padre de la geologia y la geognosia, comunicaba nueva vida é impulso á tan importante estudio , rodeado de una multitud de discípulos, despues famosos , entre los cuales se contaba Leopoldo de Iluch , el eminente geólogo , con el cual Humboldt contrajo una de aquellas amistades que jamás pueden romperse , porque no se fundan en gustos mudables , ni en efímeras simpatias , sino que arraigan en la parte mas noble de nuestro ser. Completados los estudios de la carrera , obtuvo el em pleo de asesor en el distrito minero de Berlin , en cuyo desempeno dió tales muestras de aptitud y de tan celosa diligencia , que á poco fué agraciado con el cargo de su perintendente de las minas de Bayreuth , cuyos estableci mientos y laboreo debia organizar y poner al nivel de los últimos adelantos. Las numerosas ocupaciones á tales car gos anejas no fueron parte sin embargo para que dejara de mano sus estudios favoritos y sus investigaciones , á los que , por el contrario , dedicaba todos los momentos que le dejaba libres el ejercicio de sus funciones. En este espa cio compuso y publicó su « Flora subterránea de Freiberg, con aforismos sobre la fisiologia química de, las plantas» , el « Prodromo de la flora de Freiberg, » y sus esperimen. tos sobre la irritacion de la fibra nerviosa y muscular , obras que daban claras muestras de su capacidad , de su espíritu de observacion, y de otras cualidades que le con. quistaron ya desde entonces muy distinguido lugar en el mundo científico. Sin embargo, no podian tales triunfos contentar un áni mo tan impetuoso como el de Humboldt , ocupado sin ce sar en grandes proyectos, en los cuales sin duda le afirmó el buen éxito de sus primeros ensayos. Quizás le pesaba dedicar la mayor parte de su tiempo á tareas sedentarias; debia sentirse estrecho y atado en el reducido círculo de su jurisdiccion. Hamboldt habia nacido por el movimien. to , para una actividad mas vasta , para empresas mas al tas que la direccion de un establecimiento metalúrgico. Como quiera que sea , no necesitaba para vivir del pro ducto de su empleo , que dimitió en 1705 , pasando desde luego á Viena , por Silesia y Polonia, para dedicarse allí, con el afamado profesor Freiesleben, al estudio profundo de la botánica. La muerte de su querida madre, acaecida á fines de 1706, le llama de nuevo á Berlin; durante aque lla permanencia en el pais natal al lado de su hermano, tiene frecuente trato con Goethe, Schiller y otras celebri dades literarias y científicas , que encienden y estimulan su noble ambicion de grandes hechos. Desde aquella épo ca ya no son vagos deseos los que le ocupan, sino proyectos decididos y bien calculados, á cuya ejecucion tienden to dos sus esfuerzos : su plan está resuelto; « ver es saber, » dice, pero para ver se• necesitan los ojos de la ciencia, y quiere aprestarse con nuevos conocimientos para conseguir todo el fruto posible de sus futuras espedicioncs. Enajena al efecto sus bienes, y pasa á Salzburgo, en cuyo observa torio permanece mucho tiempo , ocupado en trabajos de astronomia práctica, bajo la direccion de Zach. De allí se dirige con su amigo Buch á Italia para examinar sus volca nes; mas les obliga á desistir de su intento la ruptura de hostilidades con la Francia. A su regreso, siempre teniendo á la vista su grande objeto, dedicase; en colaboracion con el mismo Buch , á esploraciones geológicas y á largos es perimentos meteorológicos, en cuyos estudios se aguza ron su natural facultad de observacion y aquella penetra. Y1 126 cion, aquel tino en apreciar el valor de los hechos , al pa recer mas insignificantes; sin los cuales estériles fueran sus conatos y malogrados sus designios. Dispuesto ya por fin con tan variados preparativos á emprender con fruto un viaje de esploracion , aceptó go zoso la propuesta que le dirigiera, en 1798 , lord Bristol para formar parte de la proyectada espedicion á Egipto y Palestina por cuenta del gobierno británico ; y sin to marse mas tiempo que el preciso para el arreglo de sus ne gocios , marcha á Paris para hacerse con los instrumentos necesarios á sus observaciones. Allí fué recibido con sin gular agasajo por los sabios mas eminentes y por las.cor poraciones científicas ; allí trabó importantes amistades que tan útiles hablan de serle mas tarde, y se relacionó con Bonpland, su futuro companero datrabajos. A poco de su llegada á la capital de Francia, recibe la nueva de haberse diferido la espedicion al Egipto , de la cual debía formar parte ; pero el Museo Nacional está >preparando un granviaje de esploracion al hemisferio aus tral ; Humboldt solicita el favor de agregarse á ella en calidad de naturalista, y es favorablemente acogida su demanda. Otro, en su lugar, habiérase entregado qui zás á los goces de la sociedad y á los placeres que ofrece una gran ciudad, mayormente á la juventud, como para indemnizarse de las fatigas que le esperaban ; pero Hum boldt estimaba en mucho sus fuerzas, sus riquezas y su tiempo para desperdiciadas en vísperas de tal empresa ; así que,. dándose por entero á la ciencia, llenó el tiempo que faltaba para ponerla por obra con investigaciones físi cas y químicas, para adiestrarse en el manejo de los ins trumentos y adquirir aquella seguridad tan necesaria al observador; tomando además con Bonpland toda suerte de disposiciones, y hallando todavía su actividad espacio so . brante para estudiar el árabe. Sin embargo , la proxinni dad inminente de una guerra con Italia y Alemania hizo aplazar tarnbien esta espedicion. Trata entonces de incor porarse á otra que se estaba disponiendo para el Egipto; pero á consecuencia del descalabro de Abukir,, fracasa tambien. Tantas veces frustrado en sus esperanzas, no por eso se desalienta, nada es capaz de arredrar su.firme za ; sus intentos han de verse cumplidos. Ya que los pla nes de los gobiernos así se malogran, propónese verificar lo á propia costa , y en efecto , concierta con Bonpland un nuevo viaje al Egipto, desde donde debían dirigirse por el golfo Pérsico á las Indias orientales. Ricamente abas tecidos pues de cuanto requeria la consecucion de sus pro yectos, dejan la capital de Francia y se trasladan A Mar sella para embarcarse á bordo de un buque holandés que les habia ofrecido el cónsul de aquella nacion ; pero el buque dió una varada en las costas de Portugal, y no ha bla de estar disponible para el servicio hasta la próxima primavera. Desconcertados, mas no acobardados , con este nuevo fracaso, resuelven los viajeros pasar el invierno próximo. en la corte de Espana, tal vez sin imaginar que este viaje llevaba consigo .el feliz remate de sus hasta entonces desafortunadas pretensiones. Parten • pues para Barcelo na, y despues .de una corla permanencia en esta ciudad , salen para la capital de la monarquía. Su reputacion cien tífica, su alcurnia .y lo cortés de su trato, ganáronle des de luego las simpatías de personas de suposicion é in fluencia , entre otras, del ministro Urquija , el sucesor del célebre Jovellanos en la direccion de los negocios, sugeto de reconocido talento , amigo de las letras y las ciencias ; A las cuales , durante su gobierno , dispensó particular proteccion. Si era la vanidad de ser tenido en concepto de inteligente lo que á tales mercedes le inclinaba, como su ponen algunos historiadores de:aquel reinado, no es oca sion aquí de deslindado , ni imparta tal juicio á nuestro relato. Solo sí diremos que basta el modo corno procedió con Alejandro de ilumboldt.para asegurarle nuestra gra titud, y merecer la de todos los espanoles que en algo esti men las glorias de su patria: si al afan de figurar como Mecenas se debe este proceder, bendita sea su vanidad! Quizás con ella hizo mas bien al mundo que con todos los actos de su gobierno. Incansable Ilumboldt , cuando se trataba de llevar á cabo la idea fija en su mente, aprovechó su permanencia en la corte espanola para solicitar A. su favor la proteccion del monarca ; á cuyo efecto presentó á su ministro, el ya citado D. Luis de Urquijo , una memo ria en que, además de esponer detenidamente sus planes, encarecia las ventajas que podria reportar de ellos el go bierno espanol por el conocimiento mas perfecto de los. recursos y producciones de sus vastas colonias, pidiendo, como gracia especial, el permiso de poder visitarlas libre mente. Apoyó el ministro calurosamente esta peticion en el consejo del monarca , y desplegó tal celo á favor de su recomendado , que no tardó en ser cumplidamente otorgada. Él mismo refiere este paso en los siguientes tér minos; « Presentáronme á la corte , residente á la sazon en el real sitio de Aranjuez, y el rey me acogió con su mo agrado. Espliquéle los móviles que me inducian á intentar un viaje al Nuevo Mundo y á las Filipinas, y presenté una memoria sobre el sunto al secretario de Estado D. Mariano Luis de Urquijo. Este ministro apoyó mis pretensiones y desvaneció todos los impedimentos. Obtuve dos 'pasaportes, uno del rey mismo, y otro del consejo de Indias: jamás se habia otorgado un permiso mas lato á viajera alguno ; ni ningun estrangero había 'sido honrado por el gobierno espanol con una confianza. igual á la que se me dispensó. »' Cábenos una singular satisfaccion , un verdadero órgullo. al consignar este acta de nuestro gobierno, este generoso apoyo prestado al ihis tre viagero por nuestra harto calumniada Espana, que así. contribuyó de un modo tan directo á los importantes trabajos del nuevo descubridor de las Américas. Parece. en efecto que haya sido Espana designada á desempenar un cargo providencial en los destinos de este rico y flo rido continente, pocos siglos ha todavia desconocido al mundo antiguo, hasta que el osado genio de Cristóbal Colon lo hizo surgir radiante de juventud y hermosura del fondo de los mares. El inmortal Genovés, rechazado de todas las cortes de Europa, escarnecido por los sábios co moloco, desdenado de todos, viene á refugiarse con su despecho á esa Espana despedazada'por un combate de sie te siglos, que en aquel momento juntaba todos sus es fuerzos y todos sus recursos para soterrar el último hablar. te del Islam en nuestro suelo. En aquel supremo esfuerzo, que absorvia toda la inteligencia, toda la actividad de la grande Isabel, se arroja á sus pies con la postrera espe 17( ranza el desafortunado inventor de mundos , implorando su ayuda para la temeraria tentativa ; y aquella muger sublime , apurada por la escasez de medios para el logro de sus propios intentos , le presta el ausilio de su brazo po deroso , y sabe hallarlos para el genio , menospreciado por la ciencia presuntuosa y por la rica ignorancia, y dán, dolo sus carabelas y sus gentes, dá al mundo otro mundo nuevo ; y á la Espana , libre por su valor y fortaleza , á la Espana, cimentada por su genio, le dá glorias inmortales y riquezas sin cuento. ! Ay ! que por ella no pudo prever los males que aquellos lauros y aquel oro debian acarrear nos, como otros no menos crueles con que sus grandes hechos y sabias constituciones habian de desgarrar mas tarde el seno de su nacion querida! Perdónesenos este arranque de entusiasmo ante esta grandiosa figura y esta época gloriosa de la historia patria ! Tarnbien Humboldt , desatendido por su propia nacion, frustradas sus esperanzas en la proteccion de poderosos gobiernos, encuentra en Espana el anhelado término de sus deseos , emprende su viaje bajo los auspicios del go bierno espanol. — Espana, tambien esta vez se engran dece enviando á las americanas playas al Colon científico de los siglos xvin y xix. Abandonaron Humboldt y Bonpland la corte de Espafia en el mes de mayo de 1790 , dirigiéndose á la Coruna para embarcarse en la corbeta Pizarro , cuyo capi tan tenia orden del gobierno , no solamente de recibirlos á su bor do y de atender á la esmerada colocacion de sus instru mentos , sino además de hacer escala en Tenerife, dete niéndose allí todo el tiempo que necesitaran para examinar el Pico y la Orotava. Este permiso , raro en aquella época, y esta solicitud de nuestro gobierno á favor de los jóvenes viajeros , contrastan singularmente con la negativa que el mismo Humboldt recibió dé parte del británico , cuando en 1818 intentó un nuevo viaje de esploracion á las Indias orientales , porque se recelaba de la penetrante mirada política del autor del « Ensayo sobre la isla de Cuba. » Con verdadero orgullo hacemos mérito de la parte que tuvo Espana eii la obra de ilumboldt , porque , sin esta feliz circunstancia , quizás hubieran resultado estériles sus intentos , y de seguro no hubieran sido las Américas el teatro de sus trabajos. El dia 5 de junio , se embarcó con su companero en la corbeta Pizarro , logrando burlar la vigilancia de los cru ceros ingleses , que bloqueaban la Coruna , al amparo de la noche y de la tempestad. Tantos esfuerzos fueron pre cisos , tantas dificultades y obstculos tuvo que vencer este genio arrojado , que , entre las tinieblas , la guerra y la furia de los elementos , conseguia lanzarse por fin al través del Océano á conquistar para la ciencia un mundo desconocido. Durante el viaje hablase declarado á bordo del Pizarro la terrible fiebre amarilla , y hallándose á la vista de Cu maná, manifiestan al capitan su resolucion de aportar en aquella ciudad ; y el dia 16 de julio de 1859 , huella por fin su planta la deseada tierra americana. Hemos advertido ya que no intentábamos escribir una biografía de Humboldt, sino tomar ligeros apuntes sobre los sucesos mas importantes de su vija , en ellos tan rica. Desde este punto debemos renunciar á la tarea de seguirle paso á paso en estos inmensos viajes, que duraron cuatro anos , en sus multiplicados trabajos é investigaciones , don de aplicó la variada copia de conocimientos con que habia adornado y exaltado su natural talento. Admira su porten tosa actividad , dirigida en tantos y tan opuestos sentidos; nada pasa desadvertido á sus ojos : caudalosos nos , inac cesibles montes , intrincadas selvas , todo lo esplora ; la tierra y la atmósfera las sujeta á su observacion , sin que su vista abandone la contemplacion de la bóveda estrella da del firmamento : animales , plantas , minerales , es tructura de los terrenos , climas , todo lo indaga , y acu mula datos , esperimentos, variada riqueza de nuevos objetos de todos los reinos de la naturaleza, cual , antes de él , ningun naturalista ni viajero. Asombra actividad tan compleja , atencion tan universal á todos los fenómenos , á todos les objetos que le rodean, laboriosidad tan incan sable. No parece sino que , ante el vivo espectáculo de la naturaleza, sus ansias se acrecen, sus ojos se multiplican , sus fuerzas redoblan , sus miembros se aceran , y su inte ligencia se agranda y fortalece. ! Qué de fatigas ! ! qué de trabajos ! ! qué de grandes tareas emprendidas y acaba das ! Nuestro plan nos permite apenas recordarlas , ! y co mo fuera posible , sin llenar numerosas páginas , seguir en todos sus pormenores esta larga cuanto gloriosa cam pana científica , cuyas jornadas son otras tantas victorias ! Habrémos de limitarnos á citar algunos nombres , á sena lar muy por alto este inmenso itinerario. La provincia de Venezuela fué el primer objeto de sus esploraciones , á que dedicaron cerca de un ano , durante el cual recorrie ron los distritos que cruzan el Orinoco , el Rio Negro, el Casaquiar, el Atrapabo , cuyas corrientes fueron en todos sentidos estudiadas. En junio de 1800 toman algunos dias de descanso en Angostura para volver á emprender con nuevo aliento nuevos estudios en tierras de Cumaná , don de el bloqueo inglés, que á poco frustrara sus planes en la Coruna , les retarda tambien aquí por algun tiempo su proyectado viaje á la habana, para donde se embarcan á fines del mismo ano. Pasan algunos meses estudiando la naturaleza de nuestra florida Antilla, recogiendo datos y observaciones de toda especie, hasta que, creyendo, por una falsa noticia, reproducida en los periódicos, que el ca pitan Baudio , con quien debian reunirse, 'labian doblado el Cabo de Hornos, y que se hallaba en un puerto de Chile, determinan ir á suencuentro, dirigiéndose á las costas del mar del Sur por Puerto Cabello, Cartagena y el Istmo de Panamá, cuyo evento les hizo atravesar un trecho de SOO leguas que no se habian propuesto visitar. Despues de es te largo trayecto, en que, prescindiendo de sus demás tra bajos, investigaron el curso y las riberas del río de las Amazonas, llegan á Quito á principios de enero de '1802, donde averiguaron que el capitan I3audin , objeto de su es cursion , había dado efectivamente á la vela, pero para Nueva Holanda por el Cabo de Buena Esperanza. Descon certó este inesperado suceso el plan primitivo de Hm boldt , que era esplorar el reino de Méjico, pasar de allí á Filipinas y regresar á Europa por Bombay, Basora Ale po y Constantinopla ; sin embargo, no por haber recibi do una nueva direccion , fué menos fecundo en resultados. A la investigacion del rio de las Amazonas siguió la del Magdalena, y una detenida esploracion de las cercanias y5 128 11111~1111111 de Quito , en que emplearon cerca de medio ano , y final mente la tan celebrada ascension al Chimborazo, la mon tana mas gigantesca de la cordillera del Écuador,, una de las mas elevadas de la tierra, que, arrancando del Cabo de Hornos, esconde sus cumbres, cubiertas de nieves eternas, en el seno de las nubes. Allí no hay sendas, no hay humano ausilio, no hay vida. Ni lo escarpado del camino , ni la muerte segura al menor desliz, ni el can sancio, ni el fijo, nada puede arredrar el osado valor y el firme empeno de Hurnboldt .y Bonpland. Alcanzan la altura de mil y seiscientos metros sobre el nivel del mar, á que había trepado La Condamine en 1745, la mayor á que hubiese llegado jamás humana planta ; pero adelante siguen los arrojados viajeros. El frio arrecía, la vegeta cion les abandona, y siguen adelante; rehusan acompa narles sus guias ; el aire enrarecido no basta á la respira cien, la sangre se cuaja casi en sus venas, entumece el frío sus miembros ; ya ni un animal ni una planta se di visan , solamente hielo y soledad y nieblas, y espantosos abismos ; pero el fuego sagrado del entusiasmo les anima, y avanzan impávidos por este reino de la muerte. Por fin, les cierra el paso una sima sin fondo, cortada á pico que allá estiende por ambos lados su negra boca, y fuerza es que retrocedan unte esta insalvable barrera. Pero allí, al borde del precipicio, á siete mil metros sobre el mar, en tre los mayores sufrimientos, establecen su observatorio , y nolo abandonan hasta dejar practicados con rigurosa exactitud cuantos esperimentos y observaciones se !rabian propuesto. Esta subida de Humboldt al Chimborazo no tiene rival en los anales de la ciencia moderna, á no ser la ascension aerostática de su digno amigo Gay-Lussac; en la que, al par de iguales peligros , por nadie acometidos, resplan decen el mismo ardiente amor á la ciencia, y el mismo sublime heroismo. Despues del no menos trabajoso descenso, se encami •aron al Perú para reponerse de tan estraordinarias fa tigas en la hermosa y risuena ciudad de Lima, y conti nuar luego sus científicas correrías por las tierras circun vecinas. En diciembre del mismo ano, embárcanse nue vamente para Guayaquil, desde donde, despues de dos mesel de estancia , se dirigieron al reino de Méjico. Allí permanecieron mas de un ano, dedicados á una actividad sin tregua, recorriendo todos los distritos de Nueva Es pana .37 de las colonias limítrofes. Las Cordilleras.fueron á todas luces esploradas , estudiados fueron así mismo los grandiosos volcanes de Cotopaxi y Pichincha, la Tierra caliente, el curso de los ríos, la riquísima y variada flora de aquel pais bendecido del cielo , que seria un Eden , si no hirvieran en su seno la disension y las desordenadas pasiones humanas. Pero por aquel tiempo era todavía el cetro espanol el ,cetro de dos mundos , y aquellas regio nes, sujetas entonces á su dominio, no eran , cual despues lo han sido, devastadas por la discordia y la anarquía. Así que ; Humboldt y su fiel companero Bonpland , favore cidos por las eficaces recomendaciones del gobierno me tropolitano, pudieron efectuar, en toda libertad y con to. das las comodidades y recursos conciliables con el estado del pais, sus trabajosas escursiones. Conseguido el término que hablan fijado á su esplora cion , embarcáronse para la Habana en marzo de 4804 , donde acabó de recolectar Humboldt los datos que le fal taban para sus dos obras sobre aquella isla , rico y envi diado floron que todavía guardamos de la corona de nues tra pasada grandeza. En fin , despues de haber recorrido las principales ciu dades de los estados de la América del Norte , dejaron el nuevo continente , que acababan de conquistar para la ciencia, habiendo llevado á cabo el viaje mas largo que se haya emprendido á costas de dos particulares. Aporta ron en Burdeos el dia 5 de agosto del mismo ano , carga dos de ricos trofeos, cual nunca se hablan juntado tan inmensos para la ciencia y la vida, para el espíritu y el corazon del hombre. Su llegada á Paris con tan rico cargamento fué un her moso triunfo para Humboldt y Bonpland : para las cien cias naturales un día de gloria, imponderable. Acogidos con cordial entusiasmo por los amigos que allí dejaron, por los hombres mas eminentes, festejados por las mas distinguidas personas, buscados con ávida curiosidad por todas panel , porque todos ansiaban ver y admiraban á los intrépidos y afortunados viajeros; oh sí , debió ser para Humboldt uno de los mas felices dias de su vida aquel en que, entre los arrebatos de júbilo que causa la dicha de volverse á ver tras tan larga ausencia , entre tantas espontáneas muestras de interés, de carino, de admira cion , pudo decir á los amigos, que gozosos le rodeaban, en respuesta á su afectuosa bienvenida: « !Esto hemos hecho! aquí está el resultado de nuestros trabajos ; teso ros traigo para todos vosotros ; asociaros quiero á todos á mi gloria. » Este glorioso día debió ser, despues de la , satisfaccion de supropia conciencia, el mas grato galardon de sus afanes. Mas no se durmió mucho tiempo Humboldt á la som bra de sus laureles ; pues apenas si se entregó por algu nos dias al reposo que tanto su cuerpo como su espíritu necesitaban, y que tan merecidamente pedian. Dedicado al principio á la ordenacion de sus manuscritos, muy pron to alterna este vasto trabajo, para él sobrado ligero, con nuevos esperimentos químicos , que con Gay-Lussac eje cuta para determinar exactamente la composicion del ai re, echando con este brillante trabajo los cimientos de la Eudiometria ó análisis de los gases , que acaba de ser lle vada á la perfeccion por el célebre profesor de Heidelberg, Roberto Bunsen. Por este tiempo fija tambien , en cblabo racion con el mismo, la situacion del meridiano magné tico. - Acompanado de Gay-Lussac y de Leopoldo de Buch , emprende, en abril de 1805, un viaje, ya otra vez in tentado, á Italia, con el objeto de estudiar sus volcanes y de contemplar los destrozados monumentos del poderío romano y los tesoros artísticos con que la engalanó la ci vilizadora cristiana. Despues de haber examinado el cráter del Vesubio, y de haber pasado algunos meses en Nápo les y en Roma, visita las principales ciudades de Italia, pa. sando luego á Berlin , donde recibe iguales muestras de general simpatía que en Paris, y obtiene de su soberano la venia de permanecer en esta última ciudad para vacar á la publicacion de la obra sobre su viaje. Esta empezó á salir en 4807 bajo el título de « Viaje 129 l< de Alejandro de Humboldt y Aimé Bonpland á las regio IRIS equinocciales del Nuevo Continente , » y no terminó hasta 1827 , de modo que su publicacion le ocupó duran te veinte anos. Consta la obra de 8 tomos en cuarto y 15 en folio , adornados con magníficas láminas , y compren de , además de la relacion histórica del viaje , toda de la pluma de Humboldt , cinco secciones que abarcan todas sus observaciones , descubrimientos , determinaciones nue vas ó rectificadas , tanto en zoología , anatomía compara da , mineralogía y botánica , como en geología , física general y astronomía. Al levantamiento de esta obra mo numental , cooperaron con sus trabajos Arago , Cuvier, Gay- Lussac , Kunth , Klaproth , Wildenow, y otros sabios eminentes, franceses, alemanes é ingleses. Durante este largo período , dió pábulo á su escedente actividad con la publicacion de varias obras que aumen taron aun su reputaeion ya europea , ó por mejor decir, universal ; verificó numerosas escursiones á su país natal para visitar á su familia y al rey, y aun ocupaba su ima ginacion con vastos planes de futuros viajes. En 1807, dá á luz las «Vistas de la Naturaleza, » con cu5a obra , que tanta boga ha alcanzado , dejó patentemente demostrado que la poesía no está renida con la ciencia , y que la ri gurosa descripcion científica de los fenómenos terrestres puede perfectamente conciliarse con una pintura animada de las bellezas de la naturaleza. En 4814 acompana á Londres á su hermano , ministro plenipotenciario de Pru sia en la Gran Bretana. En 1818 , por deseo especial del rey de Prusia , le acompana al congreso de Verona. Con una pension anual de 12,000 thalers , concedida por este generoso monarca , intenta , en 4818 , un viaje á la In dia , que frustraron , como ya insinuamos, los recelos púnicos del gobierno inglés. Terminada en 1827 la publicacion de suobra , que has ta entonces le retuviera en Paris , cede por fin á las repe tidas instancias de su soberano, y establece su domicilio en Berlin , aceptando título y sueldo de canciller privado con que aquel quiso honrarle ; pero rehusando todo ser vicio activo ; pues, afortunadamente para la ciencia , fué mas afecto á esta que á la política. De regreso á su pa tria , como esparcimiento á mas graves tareas , dió en va rias ocasiones lecturas públicas sobre el Cosmos , que fue ron el. fundamento de la obra de que nos ocuparemoS mas adelante. Ya .en 4810 , hallándose en Viena , habia recibido, por medio de la embajada rusa , proposiciones del Czar para hacer un viaje de esploraeion á la Tallarla y al Tibet , cu yos gastos se !labia brindado á costear por mitad el rey de Prusia ; pero frustró este plan la guerra con la Francia y la invasion de la Rusia por el grande ejército napoleóni co. Sin embargo, en 4829 renovó el czar Nicolás aquella propuesta , con el deseo espreso de sufragar por completo los gastos de la espedicion, dejando á Humboldt absoluta libertad en la direccion y en el itinerario , sin proponerse otros fines que la utilidad del estudio de aquellas regiones recabaria la ciencia. Aceptó gustoso el sexagenario Hum boldt tan franca invitacion, y agregándose á sus amigos el distinguido mineralogista Gustavo Rose, y Ehrenberg, el célebre zoólogo, el Lineo de los animales infusorios, em - prendió este nuevo viaje con tanto ardor como si tan solo contára seis lustros. No nos detendremos en enumerar cireenstanciadamente los accidentes de esta famosa espe dicion ; ni la demasiada estension que han adquirido los ligeros apuntes que nos propusimos formar de su vida , nos perínite siquiera que indiquemos sus puntos culminan tes : baste decir que , salidos de Petersburgo en mayo de 4820 , recorrieron la Siberia , las orillas del Volga, la ca - dcha del Ural , donde descubrió Humboldt un criadero de diamantes ; costearon el mar Caspio, internándose en la Tartaria , hasta la frontera china ; y regresaron á Peters burgo , despnes de haber andado en el espacio de nueve meses , mas de dos mil y trescientas leguas geográficas. Ocioso fuera decir qué reportaron las ciencias grandes be neficios de este viaje, que se enriquecieron con nuevos (latos y colecciones , que Ilumboldt se coronó nuevamente de gloria ; solo diremos que si el joven viajero reveló á la ciencia el Nuevo Mundo, el anciano abrió á sus miradas un mundo aun desconocido dentro del antiguo contibente. A poco de su regreso , volvió á Paris , cuya residencia alternó, durante muchos anos, con la de Berlin y Londres. Por mas que fuera su voluntad vivir retraido de la vida pública , tales eran la ilimitada confianza que en él tenia puesta el rey de Prusia , y el aprecio que hacia de su ta lento y de su tacto en difíciles negocios , que hubo de re signarse á admitir repetidas veces encargos diplomáticos públicos y privados , entre otros, el de reconocer á nom bre de la Prusia , al monarca entronizado en Francia por la revolucion de Julio. Poco antes de estallar el movimiento revolucionario que dió inesperado fin al reinado de este mismo monarca, para sustituirle un efímero gobierno democrático, que, como otras tantas veces, no fné mas que el hincapié del despo tismo , abandonó para siempre el suelo francés , y residió desde entonces en Dedil] , entregado á las tareas literarias. No obstante su edad avanzada , conservaba el vigor de sus fuerzas y el uso completo de sus facultades. Esca sas horas daba al descanso , largas á la lectura , al estu dio , á la composicion original y al despacho de su vasta correspondencia ; dedicando el resto al trato de los hom bres y á la amistad.. En los últimos anos esperimentó dolorosos golpes ; poco á poco iban dejándole sus mas queridos amigos de juventud : su hermano Guillermo , Leopoldo de Boa , • Gay-laissac , "'trago , Gauss , bajaron sucesivamente al sepulcro. Con la firmeza y tranquilidad del justo esperaba tam - bien él , tiempo hacia , el inevitabble «trance. A fines de abril , una ligera indisposición le obligó á guardar cama. Esta noticia , inmediatamente publicada por el telégrafo , causó ansiedad y zozobra universales ; cada (lía trasmitían el telégrafo y los periódicos á todos !os puntos del país varios partes sobre el estado del ilustre en fermo. Pero á pesar de los carinosos cuidados y de la en tranable solicitud de sus sobrinos , de la familia real y de todos sus amigos; á pesar de todos los ausilios de la cien - cia humana , limé agravándose rápidamente sucumbiendo por fin á la fuerza del mal , sin que las sombras de la muerte vecina anublaran por un solo instante su podero sa y privilegiada inteligencia. El dia 6 de mayo , á las tres de la tarde , el horario de TOMO 1. 17 130 t< ¦=1~~1~~~1 la eternidad marcaba el postrer momento de una grande existencia. La importancia de Humboldt para la ciencia, tanto por sus propios trabajos como por el impulso que -comunicó , P01' aquella accion enérgica que irradió siempre de él como centro de una actividad la mas asombrosa, es superior á todo encomio: así obró por sus descubrimientos como por SUS escritos científicos, como por su ejemplo y su protec cion ; el mismo aliento que infundió con la palabra escrita, lo fomentó con todos los recursos que le prestaban su po sicion , su riqueza y su celebridad universal. Su influen cia en todos sentidos es imposible avalórarla. Él fué uno de aquellos que con poderosa mano empujaron las cien cias naturales por la senda del progreso que vienen recor riendo desde fines del pasado siglo. En todas las ramas de esta vasta Serie de conocimientos, productos casi todos de la época moderna, que se comprenden bajo el nombre de ciencias naturales, ha trabajado él, ha descubierto nuevos hechos, ha revelado nuevas verdades: en todas las esferas del humano saber donde sentó la planta , ha dejado profunda é indeleble huella de su paso. Por do quiera áventáronse á su voz las tinieblas , brotó la luz ; al caos sucedió el órden armónico ; por donde quiera anona dando-el error, derrocando rancias preocupaciones con sagradas por los siglos, desembarazando el terreno de la maleza que lo ahogaba y atajaba el paso á la investiga cion , despejó numerosas vias y encaminó á las ciencias por nuevos y nunca hollados derroteros. Elocuentemente acre ditan esta laboriosidad inconcebible , esta universalidad de su talento , este dominio sobre todos los conocimientos humanos sus numerosas obras sobre botánica, sobre físi ca, sobre química, astronomía , fisiología, zoología, mi neralogía, geognosía , paleontología, geografía, historia, economía política, estadística, etnografía, que constituyen por sí solas un 'largo catálogo.. Bastaran ya variados tra bajos, tan luminosas investigaciones para levantarle á la categoría de los mas ilustres y privilegiados ingenios. Si ante tan rica y portentosa variedad, que involuntaria mente nos recuerda la exuberante riqueza y lozanía de aquella espléndida naturaleza tropical, cuyo vivificante sol, que por tantos anos abrazó su frente, parece le fecun dó é infundió sobrehumano aliento ; si ante esta abarca dora inteligencia queda el ánimo sobrecogido de espanto, nos presenta á la par un irrefragable testimonio de cuanto puede dar de sí la inteligencia del hombre sostenida por una voluntad enérgica y un trabajo perseverante. Hum boldt no descansójamás, no pudo abandonarse á los so lazes de la vida, y aun así se hace arduo concebir como logró llevar á cabo tan innumerables trabajos, que bien pudieran parangonarse con los del mito herácleó. Entre los tales debiera á justicia contarse su inmensa lectura , no ¦a de impresos de todo género que en • su tiempo arroja ron las prensas de todos los paises, sino tambien la de obras arrinconadas y desconocidas, fruto del saber de los pasados .siglos , cuyos apolillados volúmenes desenterró de los estantes donde &miau , para entresacar de la in mensa hojarasca preciosa . doctrina, documentos utilísi mos , hechos que yacian. allí aislados y estériles , pero que, esclarecidos á la luz de suespíritu , se enlazaron con otros ya conocidos , entrando así en el círculo armónico de las leyes que rigen el universo. Y no tan solo fué celo soy constante promovedor de todas las ramas de las cien. cias., antes ya beneficiadas por otros ingenios , sino que algunas de ellas son enteramente creacion suya propia; pues ni .antes de él existieron la meteorología, la geografia vegetal , la climatología, la hidrografía , ni menos habia nadie tentado la gigante empresa de describir en ordena. do conjunto todos los fenómenos que se pasan en nuestro planeta Y en su atmósfera: pues él es tambien el inmortal creador de la geografia física. En sus dilatados viajes., recogió gran copia de tesoros de toda especie , tesoros inestimables , que no bastara jamás á acaudalar él solo , á pesar de su saber , constancia y energía , pero que, derramados con larga mano por su desinteresado posee dor, han sido preciosos materiales de construccion en la grandiosa fábrica de la ciencia moderna. Su carácter noble, su verdadero, intenso anhelo por los progresos del saber no podían dar cabida en su ánimo á miras mezquinas , que no pocas veces deslustran los mas preclaros ingenios. Mas que ambicion de gloria, tuvo an sia de verdad ; obedecia á una necesidad de suser. El bajo egoismo. de renombre no lo conoció jamás, ni menos abrigó su pecho la corrosiva envidia de agenos triunfos. Así es que no adolecia de la debilidad , harto COMUCI entre los naturalistas, de querer beneficiar á solo provecho de su gloria sus observaciones, sus ideas y descubrimientos, ratardándolas así , ó defraudando á veces de ellas al mun do, por la escasez de las propias fuerzas ú otros obstácules que se oponen á su cabal desenvolvimiento. Muy diferen:e fué Humboldt de estos mezquinos rebuscadores de fama , pues generoso, daba el fruto de sus afanes para que otros compartieran la suya. Para todos los investigadores es tuvieron sus arcas siempre abiertas ; él -supo colocar sus riquezas en buenas manos, que rindieron á la ciencia cre. cidos intereses. Sus inmensas y variadas colecciones de toda clase de objetos naturales, sus observaciones, fueron de 'esta suerte un copioso raudal de puras aguas que, re partiéndose en nos y canales, ha derramado prosperidad y abundancia por todos los campos de la ciencia. Mas no se encierra en estos límites su vasta influencia : no solo ensenó nuevos caminos, no solo descubrió nuevas regiones, no solo liberal, y magnánimo, prodigó sus te soros, sino que dispertó, avivó, •comunicó sus elevados impulsos, el entusiasmo que le animaba , á muchos que quizá, sin sus escitaciones y consejos, no hubieran nunca pisado tales caminos, y que son ahora pilares de la cien cia, esplendor y lustre de su nacion y de su tiempo—no solo ha iluminado con la luz de su genio , sino que ha sido el foco donde han venido á inflamarse muchos claros entendimientos, cuya fulgente llama .centellea ahora so bre las cumbres de las diversas comarcas de la ciencia como alegres fogatas que anuncian al mundo la libertad del espíritu y el triunfo de la inteligencia. Humboldt, siempre afable, siempre benévolo, acopió carinoso a los neófitos, los ilustró con sus luces , los alen tó á seguir en la carrera emprendida ; dotado de rara penetracion , descubrió no pocas veces en sus tímidos des tellos la futura grandeza intelectual, reconoció en sus gér • » 131 « `1111~121~11.1~~1 menes al paciente y laborioso observador, y no solamente le infundió ánimo con su palabra poderosa , no solo le prestó el ausilio de su saber y esperiencia , sino que de sus propios haberes le facilitó cuantiosos recursos para continuar sus estudios , ó para proseguir sus investigacio nes. De varios sabemos , y de algunos nos honramos con la amistad personal , que, sin la mediacion de Humboldt, sin las sumas con que contribuyó á sustentarles , ni nun ca llegaran á la posicion que hoy ocupan , ni nunca hu bieran podido llevar á término los trabajos con que se ilustraron , ni nunca hubieran conseguido la gloria que con ellos se granjearon. Mas , por grandes y numerosos que sean los títulos que por este influjo , como hombre científico, y por estas m'en. das morales presente al agradecimiento y respecto de la posteridad , quedan todas sobrepujadas, y aun eclipsadas por otra cualidad 'que constituye, por decirlo así, la esen cia de su genio ; cualidad que, si en todas sus obras, se muestra relevante, aparece en todo su apogeo y desarrollo en su obra maestra: el Cosmos. Su mayor título á la in mortalidad es la direccion humana que dió á los conoci mientos científicos , es el haber creado á la unidad ; tal de un pueblo desgregado en pequenos reinos , condados , y senoríos , de débiles recursos y de ninguna influencia , pinta y eslabona un gran legislador una fuerte y poderosa nacionalidad. Por él vinieron á ser las ciencias naturales lo que son hoy dia, no, cual antes, patrimonio esclusivo de los eruditos, no meras servidoras de la medicina y de las artes, sino el mas poderoso medio de cultivo de la huma na inteligencia, la gran palanca de ilustracion del pueblo. No existieron antes escritos populares ; pues ciertas espo siciones secas y descarnadas, hechas sin trabazon ni rela ciones con la vida de la naturaleza , no son por cierto acreedoras á tal dictado , antes merecen ser llamadas im populares por la árida que presentaban la ciencia, escar pada é inaccesible. Otra fié la naturaleza que dió Hum boldt á su pueblo, grande, armónica, clara, comprensible y risuena ; él la presentó hermosa , iluminada por su eter na sonrisa. Él dijo á los hombres: ved ahí vuestro código, vuestras leyes, aprended á conocer la patria, robusteced y sublimad vuestro espíritu en el espectáculo de la ver dad eterna, y admirad la inmensa sabiduría y bondad de quien tal crió. Dijo, y brotó la luz , y las apas del saber bajaron impetuosas de las alturas á esclarecer la noche de la ignorancia y del error, á purificar la inteligencia del pueblo. Por todas las clases se han difundido , y cada vez van penetrando mas adentro , y fomentando esta obra de regeneracion. ?Cómo pudiéramos pasar adelante sin dedicar algunos momentos á la contemplacion del monumento con que mas ha contribuido á esta obra civilizadora , el Cosmos? El Cosmos, esta obra colosal, es uno de los mas grandes esfuerzos del espíritu humano , obra es de aquellas que se alzan sobre las literaturas, sobre las generaciones , sobre los siglos, como gigantes jalones que marcan la senda del progreso de la humanidad , que no forman el ornamento de un pueblo con que se reviste y envanece á los ojos de las demás naciones, sino que constituyen ante todo el padron glorioso que ostenta toda una edad para admi racion y respeto de los siglos venideros. El Cosmos es /11~111•111~~§~ el fruto de una vida de estudio incesante , de nunca can sados esfuerzos , es la síntesis de trabajos inmensos — el Cosmos no pocha er obra sino de un hombre como HUID - bohlt, datado de facultades estraordinarias , fecundadas y exaltadas por profundos, universales é incesantes estudios. apoyadas por u na voluntad inflexibles , guiadas por un juicio recto y certero , ennoblecidas por un amor sincero de la verdad ; — el Cosmos no podia ser obra sino de un hombre tan grande como Humboldt , que , sin menoscabo en su privilegiada inteligencia , alcanzase los últimos Ii - mites concedidos á la existencia del hombre. Aun así , apenas se concibe como bastó tan corto espacio á tan in - mensa tarea. Era el ano de 1844 , á los 75 de su edad , cuando dió al mundo la primera parte del Cosmos. Resonó un grito de admiracion universal ; toda la Europa, toda la tierra civilizada saludó con entusiasmo aquel libro sublime; to das las inteligencias se humillaron ante aquel anciano , que, en el invierno de su vida, brindaba con tan precioso fruto, ante aquel coloso que amontonaba montanas para escalar el cielo de la verdad. Nadie aun había concebido tan titánica empresa , nadie la !labia tentado. No satisfa cia sus altas aspiracionesel haber cultivado todos los cam pos de la ciencia, el haber enlazado hechos, descubierto leyes, revelado órdenes enteras de fenómenos, estudiado grandes regiones dedil tierra , y hallado grandes relacio nes entre apartados continentes : atormentábale sin ce sar la idea de abarcar en un gran conjunto la naturaleza entera , de encerrar en los límites de una descripcion ar mónica y sencilla el aspecto , la estructura ; la vida de nuestro planeta y sus relaciones con el universo infinito. Para el logro de concepcion tan osada era necesario un conocimiento íntimo de -todas las ciencias, de todos los hechos , de todos los pormenores; era menester haber se guido con igual carino las revoluciones de los astros , y las imperceptibles desviaciones de la aguja magnética ; así las leyes segun las cuales el enmaranado caos de las plantas se resuelve en un orden armónico , como los mis terios de la vida microscópica; así la distribucion del ca lor y de la lluvia sobre la superficie del globo , como las inscripciones que grabaron organizaciones extinguidas en el corazon de las montanas: tal empresa requeria un conocimiento circunstanciado , completo de cuanto pasa , de cuanto puede observar en el globo la investigacion hu mana , y la fuerza de no perderse entre el revuelto labe rinto de hechos particulares , de saber desprenderse, ele varse sobre ellos, abarcarlos en su conjunto, y formular en claros y precisos rasgos sus grandes relaciones. Solo Humboldt podio acariciar tan vasta idea; solo él pudo Ile• varia á cabo con tanta fortuna. A este fin se dirigieron todos sus esfuerzos , á esta unidad se encaminó siempre su espíritu y cada nuevo hecho, cada ley nueva con que su saber se enriquecía é iba ordenándose en su entendi miento, era una piedra mas del edificio que ambicionaba legar á la posteridad. Mucho daba en aquella primera parte : cielo y tierra , todo lo recorria , desde las manchas nebulosas y los sis temas de estrellas hasta el hombre : el cuadro entero de la naturaleza fundado sobre la sólida base de la observa clon de los hechos. Esto era la parte mas importante de 111 132 g su obra ; pero .prometia mas. aun. Era verdaderamente conmovedor ver á aquel anciano, acometiendo con el ar. dor de un joven tal empresa , — si pudiera un joven in tentarla—arrojándose con ánimo tan firme y resuelto á trabajos capaces de arredrar al mas osado , despreciando la fatiga , sobreponiéndose á L vejez , contando con la vida, y desafiando la muerte. Acrecentaban la admiracion y el entusiasmo aquel aliento juvenil y aquella voluntad nunca doblegada , á la par que dispertaban en los corazo nes la zozobra y los recelos de que burlase la muerte tan nobles afanes. La naturaleza , sin embargo , tan pródiga con él , la naturaleza, que, carinosa amiga , le abriera sus mas recónditos arcanos, le revelara sus mas escondidas leyes, quiso estremar.su liberalidad: la muerte respetó aun por mucho tiempo tan preciosa existencia. Por muchos anos aun pudieron recrearse sus ojos en el sublime espec táculo de la creacion, cuyas sencillas, eternas é inmutables leyes iba consignando en este nuevo Génesis., en esta Bi blia de la ciencia ; de que , á fuer de gran legislador, do taba á su pueblo. Aun por mochos anos recreó la prima vera sus ojos con su fioreal alfombra, y los anos se abrian y se hundian en el pasado , y se seguian , y siempre, siem pre le encontraban infatigable, estudiando aun, recogien do , ordenando los numerosos tesoros del saber acumula dos durante su larga vida. Toda la ciencia del siglo se coordinaba, se desenvolvia, se esdarecia en la cabeza del sabio anciano que. con, redoblado afan iba colocando los sillares de aquella fábrica gigantesca. Los céfiros debieron refrescar carinosos su enardecida frente ; los vientos de bieron enfrenar sus ímpetus por no distraerle de su obra; el sol debió enviarle sus mas esplendentes y vivnicos ra yos para alimentar el fuego de su entendimiento; la na turaleza entera debió infundirle vigor y estremecerse anhelante á la voz de su hijo mas noble, .que pregonaba á los hombres el espíritu de sus leyes. Despues .de haber disenado este gran cuadro de la na turaleza, despues de haber desentranado del caos de las observaciones particulares las leyes generale's , y puesto de relieve las relaciones mútuas y las causales de las gran des séries de fenómenos, parece que debia darse por sa tisfecho, y por completo y realizado el plan grandioso de sus osados deseos ; pero su intento .era mas vasto toda vía ;.faltábale aun mucho para llegar á la meta de sus afa nes. En la naturaleza , Yeia al hombre , esta manifesta cion suprema de la idea divina; y no imaginaba cabal una descripcion de la naturaleza que no comprendiese á la vez el reflejo de su imagen , recibida por los sentidos en el espíritu del hombre. No descansó pues de la fatigosa tarea á que acababa de dar cima, sino que recogiendo en tan feliz acabamiento nuevas fuerzas , con bizarro ardi miento arrojóse á un nuevo empeno no menos árduo, á medirlo por la grandeza de sus intentos. Mas era lium boldt un hombre eseepcional á quien no arredraban obs táculos ,y á quien no desviaban de su propósito los mas enormes trabajos. En 1847, salió a. luz la segunda parte del Cosmos. Si en la primera se propuso trazar el cuadro de la kida uni versal en la pura objetividad de su aspecto estera(' , sóli damente cimentada en el terreno de la rigorosa observacion científica, entraba ahora en una nuevo esfera de ,conside raciones, dejando el mundo esterior por el mundo de los sentimientos. Propúsose esta vez examinar las fuentes de la contemplacion íntima que, en los tiempos antiguos y modernos , han elevado nuestra alma al sentimiento puro de la naturaleza , así como las causas que mas poderosa mente han obrado en el desenvolvimiento de sucompren sion como un todo armónico. Entraba además en su plan la esposicion de los medios mas apropiados á dispertar la aficion de la naturaleza y su estudio , y examinar la impresion diversa producida por su especOcillo en la ima ginacion del hombre, segun las épocas .y las razas , hasta que por último la divinacion primitiva , el presentimien to vago y la observacion cierta , la poesía y la ciencia se enlazan y penetran. No conceptuó suficiente para abarcar en su conjunto la naturaleza la mera eonsideracion de los fenómenos estemos , sino que juzgó indispensable poner de manifiesto las armonías morales , los lazos misteriosos que unen al hombre con el mundo sensible. Allí nos muestra como el aspecto del universo , en los varios pue blos y en los diversos grados de cultora , obró variada mente sobre la imaginacion y el C011.1Z011 del hombre; como le inclinó á la adorador' de ciertos objetos coreó.- reos , y dispertó mas tarde en su ánimo aspiraciones de naturaleza mas pura é inmaterial ; como unas veces sus citó en él ideas risuenas, y .otras veces sombrías ;como se va traduciendo esta impresion de la naturaleza .en la es presion poética del sentimiento por medio de la palabra y de los 'colores , y van desarrollándose los gérmenes de las bellas artes ; como influyó por fin en los diversos papeles. que representaron los pueblos en la historia de la civiliza don. Abraza además el cuadro de esta segunda parte las mas vastas consideraciones acerca del progresivo desen volvimiento de la idea del Cosmos al través de todos los, siglos , comprendiendo en .ellas el influjo mutuo de los pueblos por las emigraciones , las conquistas , las invasio• nes ; el predominio de las lenguas , la navegacion y el comercio ; los viajes y descubrimientos de continentes nue vos; no menos que por la propagacion de las artes , las letras, los sistemas filosóficos y los conocimientos científi cos, senaladamente el de nuevos instrumentos que, agran dando el campo de la observacion , pusieron al hombre en mas cercano contacto con la infinidad de los espacios celestes , así como con la estructura íntima de los cuerpos y los organismos infinitamente pequenos. Así va resenando á grandes pinceladas toda la historia de la civilizado') desde los primeros esfuerzos de la razon humana , des . amparada de aguo ausilio , hasta el punto en que la idea de Cosmos viene á confundirse con las mismas ciencias naturales, y, encarnándose en su propio genio, á celebrar su manifestacion mas cumplida. Si vasta fué la idea de la primera parte, no le cedía la segunda en grandeza ; si conocimientos estraordinarios requería aquella , no eran menores los ,que para la segun da se necesitaban. Cual de las dos es mas de admirar , no acertaremos á decirlo. Solo sí que es casi increible que sean frutos de un mismo tronco , partos de una misma inteligencia. Asombra el caudal de erudicion , la lectura inmensa que supone la ejecocion. Al echar la vista por las -notas , donde SO citan las fuentes en que se apoya este lu minoso trabado , queda LflO como anonadado ante su di versidad y el sinnúmero de obras griegas, latinas, alema nas, inglesas, espanolas, francesas, italianas, portuguesas, sobre literatura , sobre ciencias , sobre bellas artes, sobre antigüedades , sobre viajes , historia , lenguas , legisla cion , que contribuyeron á la composicion de esta segun da parte. En ella revela Ilumboldt la mas profunda inti midad con los poetas ; los filósofos y los historiadores de la antigüedad clásica , un conocimiento asombroso de la historia y de la literatura de todos los pueblos , un estu dio detenido de las antigüedades y de las obras del arte y del ingenio. Córro , entre tantos viajes , tantos estudios, tantos trabajos científicos , entre la composicion de obras numerosísimas , pudo hallar tiempo para tan vasta lectura de género tan diverso. no se concibe ; y mas difícil se hace comprender cómo tan variados conocimientos , tan tos hechos, han podido, sin abrumar su inteligencia, ser conservados , asimdados , coordinados y desenvueltos en grandes y generales consideraciones. En todas las obras de Ilumboldt, sobre todo en las Vistas de la Naturaleza, y en el Cosmos , junto á las dotes científicas , que le colocan en primera línea como sabio , cuales son aquella universalidad de su saber , aquel do minio de todas las materias, hasta las mas íntimas singu laridades, aquella claridad transparente , aquel enlace de ideas tan natural y espedito , aquella unidad del pensa miento que arrolla toda confusion , y que se sobrepone á toda oscuridad ; junto á todas estas dotes científicas y filo sóficas descuellan otras literarias , ó mejor, estrechamente hermanadas con ellas, forman un todo perfecto que levan tan su estilo á la altura de los escritores clásicos de los idiomas en que escribió, principalmente el ;liman y el francés. Resalta sobre todo la sencillez , hija de la per fecta comprension del asunto, con la cual se dá la mano el calor vigoroso que á sus composiciones prestaba el amor á los hombres y á la naturaleza : estas dos llamas sagra das que constantemente ardieron en el altar de su eora zon , que fueron los móviles de todo su obrar , y que der ramaron en cuanto salió de su pluma tanta vida y tanta lozania. No ahogó en él tanta ciencia la sensibilidad , no predominó la cabeza sobre el corazon. Con verdaderos y halagüenos colores nos pinta la naturaleza cual la com prendia•su inteligencia de sabio , cual la sentía su alma de poeta. Fue liumboldt poeta, y gran. poeta. ?Cómo, á no serio: hubiera podido abarcar la naturaleza en su hermo sura y magnificencia? cómo trazar el sublime cuadro del Cosmos? Él es el poeta de lo grandioso y de lo infinito. Ved cómo se remonta , cómo sederrama su genio por los iumensos espacios , y cómo en pocas pinceladas , .con la naturalidad de la fuerza , bosqueja aquellos imponentes cuadros telúricos y siderales , evocados por su inspiracion gigantesca. Y vedle otras veces , cual sabe pintar con suaves colores las delicias del paisage, la cantinela de las aves y la galanura de las flores. Dijérase que está pulsan • do el harpa éolica de la creacion! A los poderosos y senti dos acordes que le arranca su vigorosa mano , involunta riamente se nos vienen á la memoria los delicados acentos de Schiller en sus Ideales : Como un (ha con ansia suplicante , A la piedra abrazóse Pigmalion , Hasta que al fin por el helado mármol El ardiente sentir se derramó ; En mi brazo de amor , yo á la natura Así estreché con ansia juvenil , Hasta que sobre mi pecho de poeta Empezó á calentarse y á latir. Y mi férvido anhelo compartiendo, Halló la muda acentos de pasion , Y mis beses de amor me devolvia. Y el concento del alma comprendió. Entonces me vivió el árbol la rosa. Can tome el argentino manantial , Y hasta lo insensible se animaba Los ecos de mi vida al resonar. En la tercera parte que aun quiso dar 5 su Cosmos reu nió los materiales que no consentian la generosidad y los límites que impuso y debió imponer á la primera , resu - miendo los resultados de la observacion en que se apo yan las opiniones científicas eo el actual estado de los co nocimientos humanos El primer tomo está consagrado esclusivamente al exámun de los datos y doctrinas astro nómicas; el segundo de esta tercera parte, y último de la obra está reservado á la geografía físic;..1 y las ciencias ausi liares. Rayaba en los noventa anos ; y joven siempre de espíritu ; hallole la muerte ocupado e:1 la publicacion del último tomo de su libro inmortal , que , por fortuna , ha quedado completo. Todo encomio nos parece escaso para esa obra colosal é incomparable (Id Cosmos, y nos apartainos de ella con la conviccion de no haber encarecido bastantemente su al - canee. Cuando consideramos que es un anciano octogena rio quien escribió aquellas páginas que respiran el vigor y el fuego de la juventud, crece de todo punto la admira clon que su valor intrínseco nos infunde , y nos asalta el recuerdo de otro anciano , cuyo nombre abrazamos con nuestro amor , de un anciano qiie , cual numboldt, creó una nueva era de actividad intelectual , que, cual él , sintió estremecerse su alma armónica ante el espectáculo de la naturaleza ; que , cual él, la amó y la hizo amar de los hombres ; que , como él , senaló á los ingenios el faro que debia guiarles al suspirado puerto, mostrándoles con la fuerza de su brillante ejemplo que solo sintiendo y amando la naturaleza , reflejándola y ataviándola con el manto ideal de la poesía y las galas del lenguage ; era como producirian obras valederas, dignas y peren nes — el gran Cervantes, en fin ; cuya civilizadora, cuyo influjo en el progreso del entendimiento humano , no hayan sido quizás en su justo valor estimados ; Cerval) • tes , que, como Humboldt su Cosmos, escribió , cubierta la frente por los hielos de la vejez , las nmorta les pági nas' del Ingenioso 'Hidalgo. Esta comparacion de Hum - boldt con nuestro viejo Cervantes, que se nos cayó de la pluma , no es la idea que , segun dice Hoerne , nos ar roja el naufragio del acaso ; nó , fné la íntima semejanza entre ambos genios que hirió de improviso nuestra ima ginacion. El Cosmos , y no creemos desdorarlo ni reba jarlo con tal comparacion , ha sido para las ciencias lo que para las letras el Quijote; ambos libros gigantes fue ron la mas alta espresion del espíritu de su siglo; en en |
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