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de la pen�nsula. Sin embargo, una serle
de razones pol�ticas y estrat�gicas deter-
minaron que por decisi�n oficial se cons-
truyera en Cartagena. Las desventajas eco-
n�micas de una tal decisi�n son obvias,
puesto que el petr�leo refinado ten�a que
recorrer una gran distancia por barco
hasta Barcelona y por tren hasta Madrid.
Adem�s la zona de Escombreras es �rida
y no dispone con facilidad del agua ne-
cesaria para una factor�a de este tipo.
LA CORU�A Y PUERTOLLANO
Hay que pasar del a�o 1950 al 1964
para registrar la aparici�n de una nueva
refiner�a, esta vez en La Coru�a, Tambi�n
en esta ocasi�n mediaron en la decisi�n
razones de �ndole m�s bien pol�tico que
econ�mico. En efecto, el mercado local
de consumo en Galicia es escaso y el
grueso de la producci�n se ha de trans-
portar por mar o por ferrocarril a San-
tander y a Bilbao. Su capacidad en 1967
era de dos millones de toneladas.
La puesta en funcionamiento el a�o si-
guiente, 1965, de la cuarta refiner�a mar-
ca el punto culminante de las ideas de
autarqu�a que tanto despilfarro provoc�
en algunos sectores de la vida econ�mica
espa�ola. Se pens�, inicialmente, apro-
vechar un yacimiento de pizarras bitumi-
nosas de Puertollano para asegurarse una
fuente independiente de petr�leo. Sin em-
bargo, ei elevado coste del producto final
aconsej� desistir y proceder a la instala-
ci�n de un oleoducto de 275 km de lon-
gitud para el transporte del crudo desde
M�laga. La capacidad actual es de dos
millones de toneladas y se ha hablado
de aprovechar su emplazamiento en el
interior de la pen�nsula para convertirla
en la gran refiner�a del Centro.
LAS REFINER�AS PARA
LA EXPORTACI�N
En 1964 la pol�tica petrol�fera del Go-
bierno inicia una nueva etapa al autorizar
la instalaci�n de nuevas refiner�as desti-
nadas fundamentalmente a la exportaci�n.
De acuerdo con esta pol�tica se han ins-
talado en total tres refiner�as: en Huelva,
Castell�n y Algeciras. Ninguna de las tres
se han localizado en el lugar escogido
originariamente por tas compa��as propie-
tarias. Gulf y CEPSA, propietarias, respec-
tivamente, de las refiner�as de Huelva y
de Algeciras, quer�an instalarlas en Bil-
bao, y Esso, propietaria de la de Castell�n,
quer�a hacerlo en Barcelona.
En general, no puede decirse que los
emplazamientos impuestos sean los m�s
favorables. Por ejemplo, los puertos de
Huelva y de Castell�n son insuficientes y
obligan a complicados transbordos. Hay
que decir, adem�s, que aunque te�rica-
mente el destino actual de los productos
refinados es la exportaci�n, a largo plazo
las compa��as citadas conf�an en vender
sus productos al mercado interior. Cuan-
do esto suceda, si es que llega a suce-
der, si bien el aumento del consumo as�
lo hace prever, se tendr� que sufrir el in-
conveniente del alejamiento de los centros
de consumo. Las capacidades actuales de
las refiner�as de Castell�n, Huelva y Al-
geciras son, respectivamente, de tres, cua-
tro y dos millones de toneladas anuales.
LA APERTURA EN LA POL�TICA
PETROL�FERA
La �ltima etapa de la pol�tica petrol�-
fera espa�ola se abre en marzo del a�o
pasado con la promulgaci�n de un Decre-
to que autoriza las refiner�as de petr�leo.
Cuando el Gobierno estime conveniente la
instalaci�n de una nueva refiner�a fijar�
la capacidad, los plazos de construcci�n,
etc�tera, y abrir� concurso p�blico. La
participaci�n extranjera no podr� rebasar
el 40 % del capital social.
Como hemos visto, a pesar de la exis-
tencia actual de ocho refiner�as, con una
capacidad conjunta de 31 millones de to-
neladas, las tres zonas principales de con-
sumo del pa�s, a saber: Catalu�a, el Pa�s
Vasco y Madrid, todav�a carecen de ur.a
refiner�a. Como es natural, los costes de
esta situaci�n il�gica han gravitado en
estos veinte a�os sobre el consumidor,
que ha tenido que pagar ios elevados gas-
tos de transporte del producto fraccionado
y refinado.
Parece que por fin se va a resolver la
situaci�n y en el caso de Bilbao la deci-
si�n ya est� tomada. En septiembre pasa-
do se resolvi� el concurso convocado
para la refiner�a de petr�leos de Bilbao y
se adjudicaba a un consorcio formado
por bancos y cajas de ahorro de Vizcaya
asociadas con la Gulf. Constituye un �n-
dice del inter�s despertado por la convo-
catoria, el hecho de que se presentaran a
concurso cinco propuestas y que todas
ellas se hayan prestado a construir, jun-
to con la refiner�a original, una serie de
instalaciones industriales anejas de consi-
derable magnitud. Estas ofertas demues-
tran el rendimiento inmediato que acom-
pa�a a una local izaci�n acertada. El pro-
yecto adjudicado incluye la construcci�n
de petroleros, la participaci�n en una plan-
ta de etileno en Catalu�a y la construc-
ci�n de un dique por valor de 30 millones
de d�lares. El coste de la refiner�a se es-
tima en 5.880 millones de pesetas.
LA REFINER�A DE CATALU�A
Si volvemos ahora a Catalu�a, debere-
mos hacer constar que en 1964, por ejem-
plo, el consumo representaba el 18.5
del total espa�ol y que en el apartado del
fuel-oil esta participaci�n se elevaba al
24%. La l�gica de estas cifras es bien
clara, y ha desembocado al cabo de tan-
to tiempo en la adopci�n, por parte del
Ministerio de Industria, de una alternativa
m�s razonable. Recientemente (el d�a 14
de enero de este a�o) se ha constituido
una Comisi�n interministerial encargada
de estudiar el posible emplazamiento de
una refiner�a para el tratamiento de cru-
dos en el litoral de las provincias de Bar-
celona o de Tarragona. La propuesta debe-
r� presentarse al Ministerio de Industria
en un plazo m�ximo de seis meses.
Se prev� una capacidad m�nima de tra-
tamiento de cinco millones de toneladas
al a�o. Sin embargo, en la reserva de
espacio disponible para futuras ampliacio-
nes se prev� la posibilidad de alcanzar
una capacidad del orden de los ocho o
diez millones. Aunque la producci�n de la
refiner�a se destinar�a esencialmente a
aprovisionar los centros industriales de
Barcelona y Tarragona, su zona de in-
fluencia se extender�a por el litoral medi-
terr�neo hasta el cabo de Gata y abarca-
r�a por el interior a gran parte de la
cuenca del Ebro.
No entraremos ahora en los pros y los
contras que pueden calificar la localiza
ci�n de la refiner�a en alguna de las tres
zonas que se proponen: el delta del Llo-
bregat, en Barcelona, un tri�ngulo forma-
do por Vendrell, Vilafranca del Pened�s
y Vilanova i la Geltr�, y el campo de Ta-
rragona. Los requerimientos de una insta-
laci�n de refino se centran en los si-
guientes apartados: una terminal de atra-
que capaz para buques de 300.000 tonela-
das de desplazamiento, o incluso de
500.000 si se tienen en cuenta las tenden-
cias actuales al gigantismo; un caudal de
agua suficiente para refrigerar las insta-
laciones; energ�a el�ctrica, y una exten-
si�n de terreno que permita el almacena-
miento de parte de los productos y las
posibles ampliaciones. Las tres zonas
cumplen o pueden cumplir con estos re-
quisitos.
La decisi�n depende, pues, de otros
factores de econom�a, como la distribuci�n
de los productos refinados y la inclusi�n
de la factor�a en un complejo petroqu�mi
co con efectos multiplicadores. Sea cual
fuere la decisi�n final, estamos seguros
que redundar� en un aumento de la capa-
cidad competitiva de la industria catala-
na y en una mejora en el d�ficit de ener
gia que padecemos. Proyectos ya en fase
de realizaci�n como el gas natural o la
central nuclear de Vandell�s apuntan en
el mismo sentido-
A LA LUZ DEL RECUERDO
por Sebasti�n Gasch
EL AUGUSTO
BEBY,
RECORDADO
�STA vivo y patente en la memoria de
los viejos aficionados al circo el re-
cuerdo de las actuaciones de Beby en
Barcelona. Uno de los mejores augustos
que en el mundo de la pista han sido,
era corpulento, con muchas espaldas y
patizambo. Ello le serv�a para aumen-
tar su comicidad. Ojos peque�os, irra-
diando picard�a. En apariencia, un hom-
bre constantemente distra�do. En la pis-
ta vest�a un traje a cuadritos con un
pantal�n que le llegaba a media pier-
na. Calzaba unos zapatos enormes y se
tocaba con un sombrero hongo, color de
caf�. Pelo corto, con una graciosa flore-
cita que de �l emerg�a. Los pies le bai-
laban dentro de los zapatos y el sombre-
ro no le entraba en la cabeza. En la
mu�eca derecha, a manera de reloj de
pulsera, un despertador enorme.
Beby pertenec�a a la gloriosa familia
Frediani. Se llamaba Aristodemo Fre-
diani y naci� en el circo Blumenfield,
instalado, en Bielefeld (Alemania), don-
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Antonet y Beby
de sus padres hab�an sido contratados
moment�neamente. Recibi�, pues, desde
su m�s tierna infancia, bajo la direcci�n
de su padre, Augusto, y la vigilancia
constante de su hermano, Willy, la edu-
caci�n necesaria para convertirse en un
elemento utilizable en la tropa ecues-
tre del Circo Toscano, el circo paterno.
Beby hizo su presentaci�n en p�blico
cuando s�lo contaba cuatro a�os de
edad, y a los dieciocho ya era un ar-
tista completo. Hizo sucesivamente de
acr�bata a caballo, de rompeplatos, de
trapecista a�reo, de barriste de hombre
sin miedo y de qui�n sabe cu�ntas co-
sas m�s. Disfrazado de ��cuy�re�, ejecu-
taba unos volteos a caballo que arran-
caban carcajadas. De entonces data,
sin duda la vis c�mica de quien llega-
r�a a ser uno de los mejores augustos
de todos los tiempos. Salvo la partida
de bautismo Aristodemo nada ten�a de
alem�n. Era un italiano ciento por cien-
to, con algo de meridional franc�s.
Beby se rompi� el brazo en Roche-
fort, la clav�cula al actuar en el Circo
Rancy, en Lyon, y un hueso del pie tra-
bajando en el Barnum. Esos accidentes
explicaban la deformaci�n de su cuer-
po y ellos fueron la causa de que deci-
diera hacerse payaso. Su carrera de
augusto se inici� en Tarragona al lado
de Antonet (Humberto Guillaume). En
la primavera del a�o 1918, Antonet, por-
tentoso clown, se traslad� a Tarragona,
�sn donde encontr� a los Frediani, y a
.os pocos d�as debutaba en el teatro
Principal de dicha ciudad, en compa��a
ie Beby. Antonet y Beby salieron luego
para Madrid. De Madrid, hacia Barcelo-
na, donde debutaron a mediados de
septiembre del mismo a�o 1918. Y des-
pu�s quince a�os de ininterrumpidos
�xitos alcanzados a lo largo y a lo an-
cho del mundo. Al juntarse con Anto-
net, la personalidad de Beby se afin�,
se aliger� de hojarasca. La colaboraci�n
entre ambos les vali� elogios sin cuen-
to, y sus actuaciones en nuestro Circo
Olympia est�n frescas en la memoria
de los aficionados barceloneses.
Antonet era todo vivacidad y Beby
personificaba la blandura. Antonet era
la acci�n y Beby la cachaza. Antonet
marchaba en l�nea recta y Beby era el
obst�culo. En casi todas las parejas de
payasos el clown de rostro enharinado
suele ser el inteligente, y el augusto el
infeliz, y por eso le llaman el �tonto�.
Pero en Antonet y Beby suced�a todo lo
contrar�o. Antonet resultaba un ingenuo
a pesar del ritmo vivaz con que condu-
c�a la acci�n, y Beby se demostraba
muy malicioso, pese a la pachorra que
se le ca�a a cachos.
El car�cter de Antonet era muy dif�-
cil. Su nerviosismo constitu�a una cala-
midad para quienes se ve�an obligados
a soportarle. Los dos compa�eros ten�an
camerino aparte y a veces transcurr�an
varias semanas sin que ambos se diri-
gieran la palabra. Hasta que lleg� el
momento en que Beby ya no pudo ave-
nirse con el car�cter m�s y m�s iras-
cible de Antonet y se produjo la sepa-
raci�n.
Beby se asoci� entonces sucesivamen-
te, con varios clowns, y en sus �ltimos
a�os, retirado ya de la pista, cargado de
achaques, viv�a recluido en su piso del
barrio de Grenelle, en Par�s. Y un d�a,
de pronto, Beby se sinti� muy grave
y pidi� ser trasladado a Castres, en el
sur de Francia, para morir all� y ser
enterrado junto a sus padres. Llevaba
ya varios d�as enfermo en un hospital
parisiense, donde a�n entreten�a a las
enfermeras con sus cl�sicas bromas. Un
taxista, amigo suyo, cumpliendo su de-
seo, le condujo a Castres. Quinientos
kil�metros de un tir�n. (En 1914, el Cir-
co Toscano, del cual era propietario y
director Augusto Frediani, se detuvo en
Castres, en una de sus giras por el sur
de Francia, y �ste compr� all� una casi-
ta para que sirviera como almac�n del
material. Luego, fue aquella casita la
�direcci�n permanente� del viejo Au-
gusto Frediani, fundador de la dinast�a
que lleva su nombre.) Y en aquella
casita, en la primavera de 1958, dej�
de existir Beby.
Beby era un hombre que nunca ha-
blaba en serio, que nunca estaba serio.
Todo se lo tomaba a broma. Una noche,
al entrar en la bodega del Hotel Col�n,
en la plaza de Catalu�a, simul� darse
un golpe con la puerta, junto al guar-
darropa: 'La mia Madonna/�, exclam�.
La encargada del guardarropa se lo
mir�, un poco compasiva y le dijo: �Con-
tin�e usted haciendo el payaso y ver�
lo que le ocurre el d�a menos pensado�.
No lo conoc�a, y Beby le pregunt�: ��Le
parece, se�orita, que yo ser�a un buen
payaso?�. �Con este tipo, seguro que
s�, le contest� la se�orita.
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Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Destino. Año 1969, No. 1635-1638 (Febrero) |
| Descripció | 2a època |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2010 |
| Data del document original | 1969 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | Imatge/jpeg |
| Font | Publicació original: Barcelona : Destino, 1937-1985, No. 1 (6 marzo 1937)-no. 100 (28 enero 1939) ; 2a época, no. 101 (24 jun. 1939)-no. 2230 (jul. 1980) ; nueva época, no. 1 (28 marzo/3 abr. 1985)-no. 8 (16/22 mayo 1985) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1134648~S10*cat# |
| Gestió dels drets | Còpia permesa amb finalitat d’estudi o recerca, citant la font "Biblioteca de Catalunya". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització. |
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