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espa�a
siones, sobre el lujo, sobre transmisiones y
actos jur�dicos documentados. Su finalidad,
pues, es meramente financiera. �1 segundo
bloque se dirige a un relanzamiento de la
inversi�n. Uno de sus puntales es la supe-
raci�n de la crisis del sector de la cons-
trucci�n, para lo cual, me han dicho, se han
adoptado medidas audaces y renovadoras.
Otro aspecto de la cuesti�n ir� dirigido al
sost�n de la bolsa y la canalizaci�n de aho-
rros privados hacia ella. Pero la parte m�s
importante de esta secci�n vendr� dada por
la actividad inversora de bancos y cajas de
ahorro (dos y cinco puntos m�s, respectiva-
mente, si la cosa no es cambiada a �ltima
hora). El tercer rengl�n, por �ltimo, inclu-
ye las medidas demag�gicas, tales como la
no autorizaci�n de nuevos gastos consunti-
vos del Estado y la Administraci�n institu-
cional, la congelaci�n de dividendos y la
subvenci�n p�blica a los diez alimentos m�s
decisivos en la formaci�n de la cesta de la
compra de nuestras familias. Sobre la efica-
cia de estas partidas, como es l�gico, cabe
sando. Porque, en definitiva, el trasfondo
del problema es m�s pol�tico que econ�mi-
co. Y a eso atribuyo yo que Fraga no quisie-
ra dejar que las palabras de Villar cayeran
sobre el pa�s como una proposici�n parcial
y se lanzara en tromba a capitalizarlas, por
el procedimiento de taparlas y relegarlas al
olvido, con un acto de fe y de esperanza en
el programa de reformas pol�ticas.
El coloquio de Fraga
�C�mo si no, cuando pasan semanas en-
teras sin que ning�n miembro del Gobierno
aparezca por la peque�a pantalla, se da la cu-
riosa circunstancia de que los dos vicepre-
sidentes civiles salen a la palestra durante
dos d�as seguidos? No creo yo que el Gobier-
no trace un calendario de las comparecen-
cias p�blicas de sus miembros. Hay un to-
que de azar en las r�fagas que cruzan la ac-
tualidad pol�tica. Y sin embargo, �qui�n se
abrigar serias dudas. En primer lugar, sos-
pecho, porque estas medidas de choque, ele-
mentales y prehist�ricas, no corresponden al
nivel real de bienestar de nuestro pa�s. No
basta con controlar f�rreamente diez man-
jares para que los ciudadanos se sientan se-
guros. Ni con mantener estables los alqui-
leres. Y el espa�ol duda de que si empieza
subiendo la gasolina, siguen los colegios y la
inflaci�n permanece galopando, no se le est�
planteando una estabilizaci�n vergonzante
(puesto que se rehuye tal concepto como si
apestara) y que el coste social de esta �po-
ca de privaciones lo paguen s�lo los humildes
mientras que el consumo ostentoso de la cla-
se ociosa, por citar a mi venerado Veblen,
sigue siendo una nota habitual en la vida
p�blica.
Entonces a esperar. Jos� Elias Gallego me
dec�a que es penoso que cuando un Gobier-
no plantea una reforma pol�tica que trata
de europeizarnos se planteen reformas fis-
cales que no pretenden, como ser�a l�gico,
equiparar nuestro sistema financiero a las
normas del Mercado Com�n. Ya se ve, pues,
que los t�cnicos no est�n demasiado entu-
siasmados con el condumio que se est� gui-
DefrOnOLffiM. H-3�5i?
negar�a a ver que las actuaciones televisivas
de Villar y Fraga ofrecen dos versiones de
la continuidad definida la semana pasada por
el teniente general De Santiago?
A mi modo de ver el juego est� asi: Fra-
ga y Areilza se han dado perfecta cuenta de
que la reforma se impondr�: temen el des-
cr�dito que puede sobrevenirles como con-
secuencia de la aciaga situaci�n econ�mi-
ca y social y se han decidido a dar un paso
ai frente. La presencia fraguiana en el lan-
zamiento del programa del �partido� para
la Reforma Democr�tica no fue una casua-
lidad ni un gesto protocolario. La estrategia
del gran partido del centro est� lanzada. Y
sus impulsores se han decidido a llenar el
vac�o ideol�gico gubernamental. Van a pro-
digarse, a comparecer en plena calle, a ro-
dearse de multitudes. Hay dos partes com-
plementarias en esta pol�tica. Una, los con-
tactos en la sombra, la est� desarrollando
P�o Cabanillas. Otra, el llamamiento a la
�mayor�a�, la ha comenzado a hacer Fraga
en una intervenci�n que ha disgustado a los
militantes de los partidos pero que ha ob-
tenido muchas adhesiones entre la gente
no alineada o no definida.
Por eso Fraga, despu�s de hablar a la opi-
ni�n internacional, se ha decidido a compa-
recer directamente ante los espa�oles como
algo m�s que un ministro de Gobernaci�n
o un simple vicepresidente del Interior. Si
durante los dos primeros meses de su ges-
ti�n Fraga fue prudente en su af�n de no
hacerle sombra a Arias, ahora, cuando ya
hay un pacto para la reforma constitucional
y est�n perfectamente definidos los dos pun-
tos y medio en los que va a ser imprescindi-
ble, en la primera tacada, modificar las Le-
yes Fundamentales, ahora Fraga ya no se
recata en aparecer ante la televisi�n como
el ide�logo de la reforma. Es decir, no s�lo
como un hombre del Gobierno, sino como
un verdadero l�der de partido.
Quienes hemos o�do a Fraga en privado
durante las �ltimas semanas podemos ase-
gurar que todo lo que dijo en p�blico se
corresponde con una brutal equivalencia a
sus opiniones m�s �ntimas. Pero si no hay
novedad en la filosof�a s� que existe en 1a
t�ctica. Fraga ha hablado sin rehuir los
temas conflictivos �amnist�a, homologaci�n
del PC, regionalismo� pero sin buscar una
sola adhesi�n en los sectores en los que
estas cuestiones son tema esencial. En una
palabra. Ha usado la televisi�n no para ha-
blar desde el Gobierno para el pa�s, sino
desde un partido a una posible base de ad-
herentes. Descartando, inclusive, las voces
discrepantes o claramente disidentes. Fraga,
en tal aspecto, est� en las ant�podas de su
compa�ero Villar Mir. Este ultimo est� ali-j
neado con uno de los extremos del abanico
de fuerzas. Aquel, en cambio, lucha por des-
prenderse de la hipoteca de la derecha m�s
cerril, busca una equidistancia en el centro.
Donde Villar acusa. Fraga alza una propo-
sici�n esperanzadora. Al �cargarse al pa�s�
se le enfrenta la posibilidad de �potenciar la
moderaci�n frente a los extremismos�.
A mi modesto juicio Fraga se equivoca al]
pretender introducir en Espa�a el esquema
bipolar del sistema ingl�s. Para el juego al-]
tentativo de un socialismo y unos �torys�
conservadores no basta con dejar fuera del]
tablero a los extremos. Es necesario que
�stos tengan escasa entidad. Y en Espa�a
eso no es as�. Por eso se da tambi�n en este
terreno la parad�jica situaci�n de que
que temen quedar excluidos de la cancha po-
l�tica se complementan en su acci�n incen-
diaria y alocadamente extremista. Para ello,
por tanto, no le va a bastar a Fraga con ins-
pirar una ley electoral que facilite la for
maci�n de mayor�as. T�cnicamente desde
luego, esto es posible. Lo que ya no est� tas
claro es si encontrar� las adhesiones nece-
sarias. Adhesiones que necesita, sobre todo
en el campo del socialismo.
Porque las dem�s, lo que son las cosas,
van a venir rodadas. Muchos de los que b
est�n en la oposici�n quiz� todav�a no �
pensado en la posibilidad de militar en
mismo partido que Fraga. Pero se rend�
ante esta posibilidad o se van a quedar -
clientela. Basta ver, si no, el capote de
Asamblea Episcopal al afirmar en el jus
momento procesal la incompatibilidad de _
fe cat�lica y las doctrinas marxistas. �A�
so la televisi�n y el pulpito no est�n cola
rando ya en la composici�n del gran part�
del centro-derecha liberal y reformista.
La duda, pese a todo, subsiste. No bas
con vencer en unas elecciones a quienes Q
dan a ambos lados de la mesa de billar-
preciso que no puedan romper la baraja-
en este terreno no es tan f�cil que la m
raci�n consiga acallar a los extremis
Quiz�s, en el fondo, porque se ha desc-
do la �nica posibilidad que exist�a de tra
el tema razonablemente: a trav�s de un
to entre el sistema y la oposici�n. �
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Destino. Año 1976, No. 2005-2008 (Marzo) |
| Descripció | 2a època |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2010 |
| Data del document original | 1976 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | Imatge/jpeg |
| Font | Publicació original: Barcelona : Destino, 1937-1985, No. 1 (6 marzo 1937)-no. 100 (28 enero 1939) ; 2a época, no. 101 (24 jun. 1939)-no. 2230 (jul. 1980) ; nueva época, no. 1 (28 marzo/3 abr. 1985)-no. 8 (16/22 mayo 1985) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1134648~S10*cat# |
| Gestió dels drets | Còpia permesa amb finalitat d’estudi o recerca, citant la font "Biblioteca de Catalunya". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització. |
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