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EDITADO POR LA DELEGA-!
CION DE PRENSA V PRO-
PAGANDA DE LA
TERRITORIAL DE
CATALU�A
EL TERCER FRENTE
sus ciudadan'
Existe en algunos individuos (no puede decirse
que se trate de hombres) vocaci�n evidente de de"
sertores. La v�caci�n es una cosa que rompe con
las circunstancias, que es m�s fuerte que
los acontecimientos, que se impone. La vocaci�n de
desertar se impone tambi�n. Tr�tese de guerra ci"
vil o de guerra exterior; tr�tese, asimismo, de paz,
quien tenga vocaci�n de desertor lleva esta voca"
ci�n a 'as �ltimas c�nsecuenciaS. En la guerr-a,
alej�ndose espiritual y f�sicamente de la lucha. En
la paz, manteni�ndose a distancia de 'a paz colee"
tiva, como si el fragor y la emoci�n del suceso co"
tidiano, de la Patria com�n, del Estado, de todo:,
, provocara latidos de miedo rec�ndito en el �nimo del
desertor. La deserci�n se produce entonces en la mesa de caf� por
aquellos que ante el dilema, ante una y otra coyuntura, se deciden por
una tercera sa.uci�n prsona1; no es que sean imparciales, pero deser-
tan del campo en que se debat�an las dos so'uciones posibles, y se pa-
san, a la vez, a ios dos campos contrarios, sin pasarse, de hecho, a
ninguno, march�ndose a ver la soluci�n desde el extranjero.
Son, �stos, los individuos a quienes es imposible movilizar por nada
ni para nada. Mucho menos para una guerra. Y mucho men�s todav�a
para una guerra civil, puesto que �sta les brinda tantas excusas con que
encubrir su vocaci�n. En una guerra civil, en efecto, los desertores se
apoderan de los argumentos de ambos band�s, y as�, si los dos princi"
pios combatientes consegu�an, a 'os ojos de los extranjeros, justificar
Su actitud, los desertores lo consiguen por partida dob'e.
Asi, es posible llegar a la formaci�n de un tercer frente: el de los
desertores. Sus trincheras, bien alejadas de todo bullicio, est�n en los
caf�s ele Par�s y quedan icvmldablems.ite fortificadas!. Porque es evi-
dente qas ti fin de a gerra es ta Paz; no solamente el fin, sino su fina-
lidad. Pues bien, la Paz es lo que los desertores predicaron siempre.
Pasan, pues, y sin muchos sfuerzos de dial�ctica. pOr unos formidables
previsores. Su doctrina triunfa, gane quien gane. Como a ellos les im-
porta poco la clase de Paz que venga, se pueden permitir el lujo de que
su frente est� tambi�n cargado de raz�n.
El tercer frente ha tenido, en esta guerra, formidables cabecillas.
Har� un a�o, aproximadamente, P�rtela Valladares aseguraba que la
guerra la ganar�an los que se hab�an quedado en Par�s. Fiaba, por lo
visto, en aquellos tiempos, m�s en sus condiciones de estratega de la
deserci�n que en las militares del General Franco.
Nunca hubi�ramos esperado que e! miedo pudiera ser una doctrina
po'�tica. Pues bien; este tercer frente ha lanzado tambi�n su m�nifies"
to: lo encabeza, con su firma, don Salvador de Madariaga. Aspiran a
formar 'a Tercera Espa�a, que fu�, precisamente, la que no pudo de"
cidirse nunca ante nada, ni ante el 19 de ju'io. Claro est� que la Terce-
ra Espa�a seria la �nica que. en �ltimo t�rmino, no podr�a triunfar en
Espa�a. La Espa�a Nacional, que no alberga ni ha albergado nunca a
ninguno de sus partidarios, los repudia de una vez para siempre.
C
<&irin<Bil de
fiir<�ind(B
Del tupido encinar una colum-
na de humo se elevaba, evapor�n-
dose despu�s de un corto trecho
de gracioso ondular. Los ca�ones
parec�an temblar bajo las verdes
ramas que los ocultaban, verdosos
ellos mismos, hundi�ndose en 'a
blanda tierra, sapicada de bellotas
abiertas, sedientas de roc�o, aho"
gadas de lluvia...
Silenciosamente aparecieron. Al"
gunos, triunfantes y sudorosos;
otros, p�lid�s y somnolientos; to-
dos con los capotes acartonados,
r�gidos, con grandes placas de
blancuzco barro seco.
Llegados ya delante del impro"
visado altar, se arrodillaron pesa"
damente, hundi�ndose en la blanda
tierra sembrada de brillantes gotas.
El cielo se rasg�; sus l�grimas nos
refrescaron; un azul intens�simos
nos domin� y nos iluminaron rayos
de vidriera de una inmensa cate-
d r a I , eScogietado, camponiendo
grupos, acentuando y borrando,
reanimando y ba�ando con fria'"
dades de cripta.
Y 'a Santa Misa comenz�.
Una abeja, zumbando, pas�. La
vimos, curiosa, ensordecedora, lla~
mada por el destello del desnudo
c�liz, envolverle con gracias de
enamorado... Se acerc� tanto a Ti
que .perfumada y ebria, se call�...
Y todo el rumoreo lejano se in�"
ciaba ,se hinchaba, llegaba a' fin a
ser estridente griter�a en este des"
pertar sonriente, continuo y ava"
sallador... Celebrando, celebrando...
Lagartija, mi vecinita; paloma
torcaz de vuelo planeado, culebra
perezosa, mariposa que la brisa te
mece: acompa�asteis a los s�ida"
dos en este templo donde todos
cabemos para, con nuestras plega"
rias, esperan ser llagados por Su
Gracia... ?
"Ite ,missa est". ?
OZERANS.
�" G ' o r � a de zapadores ",
por Eugenio d'Ors.
"El vaso de ricino", por
Gin.
-"La ciudad agonizante".
Reportaje del "Times".
-"Panorama internacional".
por F. O. G.
"Caminos de Roma", por
Mascar�.
-"Lo ex�tico" pOr �ngel
Mar�a Pascual.
"Para una idea nacional"
sindicalista", por Luis
Legas.
-"El traslado de indus"
trias", por Samuel Con-
gos!.
B
na fecha
superada
Se celebr� en su d�a, al dictado de Mosc�, la fiesta marxista
dei Primero de Mayo en los lugares donde pediste la labor sub"
terr�nea de 'a Internacional comunista. En la Espa�a Nacional
se contrapuso a esPa fecha otra, desde luega. infinitamente m�s
significativa para nuestro suelo: la del 2 de mayo. Parec�a como
s� Espa�a, en primero de mayo, hubiese despertado de una ho
rrib'e pesadilla.
Para nosotros, el Primero de Mayo ir� siempre ligado a su as"
pecto externo. Ya no es pos�b'e delimitar d�nde termina la signi
ficaci�n marxista de la fiesta del Trabaja y d�nde comienza su
ex ter i o riza ci�n por las plazas y las calles de la ciudad. La signi"
ficaci�n del Primero de Mayo es, en efecto, la fiesta del Trabajo.
Pero su exteriorizaci�n eran los pu�os amenazadores, las mira
das de odio, el insutu expl�cito o disfrazado; las vacaciones, en
definitiva, de toda sociabilidad, que parec�a huir un d�a de todos
los pa�ses sov i erizantes del mundo desnud�ndose, no ya del cue~
lio y la corbata, sino precisamente del mono azul del trabajo, y
pase�ndose en camiseta por 'as calles y plazas de las ciudades.
Obtenido este espect�culo, la fiesta del Trabajo, en definitiva, no
exist�a. Quedaba reducida a la fiesta de' odio. El Primero de
Mayo socialista era, concretamente, 'a fecha en que todo aquel
que se sintiera capaz de ello pod�a exteriorizar su odio sin ser
molestado por nadie. Al d�a siguiente, todo se�or que se sintiera
insultado por otro podia redamar ante un tribuna', pod�a e�gir
�� m�s o menos garantizadas� reparaciones por e' hecho. Pero
el Primero de Mayo, d�a de la& vacaciones de la sociab:.idad, n�
hab�a derecho a rec'amar. Andar pir la calle significaba presen"
tarse como candidato al insulto de gente desconocida o a la ame"
naza t�cita o expl�cita de] primer transe�nte o de la primera ma"
nifestaci�n de transe�ntes que apareciera por la esquina.
Esta legalizaci�n del odio un d�a al a��o manten�a en su casa,
detr�s de las ventanas y balcones, a toda 'a gran cantidad de
ciudadanos que, a pesar de las propagandas puestas en juego, no
se sent�an lo bastante audaces para mezclarse con el grupo de
l�s manifestantes. Ello motivaba que por �a calle des�rtica no se
oyera otro rumor que el de la agrupaci�n de gentes avanzando
con pancartas a la busca y captura de !transe�nte a insultar, de
los domicilios ante los cuales levantar e� pu�o. Nunca el asfalto
de las ciudades ha dado la impresi�n de ser una cosa tan desnu"
da como en Primero de Mayo. La "fiesta de� Trabajo" convert�a
inmediatamente a las ciudades en unOs desiertos asfaltadas y si"
I en c�o sos.
En ning�n pa�s del mundo, y mucho menos en Espa�a, podr�a
dar resultado una fiesta de este tipo, ni las doctrinas que la orga"
nizaban. Condici�n indispensable para que las fiestas sean efec-
tivamente tales es que lo sean para todo el mundo.. Cuando en
una fiesta popular no se abre, sobre la ciudad risue�a, la gracia
de 'os balcones, se�al de confianza ilimitada; cuando en una
fiesta no se oyen risas; cuando a algo que lleve el t�tulo de fiesta
se el a�ade el texto de las miradas de odio, que a.ejan al verda"
dero pueblo de la fiesta mucho m�s que las bayonetas y los fus�"
les, la fiesta, sea la que fuere, se convierte en una carnavalada
funeral.
Y es que el Primero de Mayo Socialista no es un d�a ni una
fecha. Es, simplemente, una consigna. Un partida casi mong�lico
hab�a arrancado el Primero de Mayo del calendario de todos los
pa�ses civilizados, apoder�ndose de �l. Era como si Mosc�, en.
esta fecha, hubiese enterrado a todas las ciudades del mundo
bajo uno de sus m�s monstruosos carteles de propaganda.
La desfiguraci�n del Primero de Mayo es, tal vez, la m�s'
enorme que han conseguido hacer los hombres de la III Interna"
cional. El mes de mayo, mes de 'as flores, inaugura, en su primer
d�a el realce efectivo de la primavera. Mosc� ha sido capaz de
convertir esta fecha, s�mbolo de aromas nuevos y de nuevos c�"
'ores, en una fecha incapacitada para todo latido humano que
acuse fuerza de l<a Naturaleza. Las flores del Primero de Mayo
han pasado por el laboratorio de esterilizaci�n bolchevique. Pa-
rece como si 'a primavera abriera un par�ntesis de veinticuatro
horas. La "fiesta del Trabajo" origina tumultos, inunda de san"
gre y de asfalto, desde hoy, el recuerdo de toda persona acostum"
brada a vivir y a comprender la primavera.
Espa�a y todo el mundo pueden presentar los comprobantes
de 'o que esos Primeros de Mayo, los pu�os levantados, las mi-
radas de odio, ei reba�o inacabable de toda la juventud sin otra
ilusi�n que la de la frase soez, la del instinto sucio, ha dejado so
bre las tierras de Espa�a cuatrocientos mil cad�veres .aparte de
las bajas de guerra; cuatrocientos mil espa�oles asesinados fr�a"
mente. Las obras de arte destruidas los monumentos de 'a c�vi"
lizaci�n occidental despedazados por los suelos, s�rven de mura-
lla a la depravaci�n de toda esta juventud que levant� los pu�os.
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Destino. Año 1938, No. 44-95 (Enero-Diciembre) |
| Descripció | Subtítol: semanario de Falange Española Tradicionalista y de las Juntas Ofensivas Nacional-Sindicalistas. Publicada a Burgos per: Delegación de Prensa y Propaganda de la Jefatura Territorial de Cataluña de Falange Española de las J.O.N.S. |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2010 |
| Contribuïdors | Falange Española Tradicionalista y de las JONS |
| Data del document original | 1938 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | Imatge/jpeg |
| Font | Publicació original: Barcelona : Destino, 1937-1985, No. 1 (6 marzo 1937)-no. 100 (28 enero 1939) ; 2a época, no. 101 (24 jun. 1939)-no. 2230 (jul. 1980) ; nueva época, no. 1 (28 marzo/3 abr. 1985)-no. 8 (16/22 mayo 1985) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1134648~S10*cat# |
| Gestió dels drets | Còpia permesa amb finalitat d’estudi o recerca, citant la font "Biblioteca de Catalunya". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització. |
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