p. 13 |
Anterior | 125 de 272 | Següent |
|
Aquesta pàgina
Tot
Subconjunt |
Carregant continguts ...
,dePaso
tas
Menos
sucedi�
m
.epanto..
I mi�rcoles, d�a 10. se jug� en
' Glasgow una de las semifinales
� de la Copa de Europa de f�tbol
itre el Atl�tico de Madrid y el
eltic local. El encuentro pasar�
la historia como uno de los m�s
correctos que haya jugado jam�s
i equipe espa�ol reforzado con
irios agresivos hispanoamerica-
JS. algunos de ellos de feroz e
rsuto aspecto. Lo vimos por te-
visi�n, contemplamos c�mo se
^compon�a �al ralent� alguna ju-
que motiv� amonestaciones o
Isi�n y quedamos convencidos
realmente el cero a cero de
w se mantuvo despu�s de
batalla campal
n embargo, lo m�s chocante no
lo que sucedi� en el campo,
j^V//80 '� V ha venido despu�s. Y
V* / *!' "* refiero a las agresiones que
se sucedieron en el pasillo de los
vestuarios, sino a la inaudita agre-
si�n verbal de la prensa madrile�a.
Hagamos constar, antes que nada,
que el arbitro, se�or Babacan, ex-
puls� a tres jugadores espa�oles
y exhibi� la tarjeta blanca pr�cti-
camente a todo el cuadro del At-
l�tico de Madrid En unos diarios
imparciales, como los barceloneses,
a quienes ni les va ni les viene es-
te partido, as� como -L'Equipe-
franees, le�mos cosas como es-
tas. En �El Noticiero Universal� y
firmado por Alvarez Taboada: �No
cabe duda que, contrastando con
lo que estamos acostumbrados a
ver en nuestros campos de f�tbol,
en los que incluso el p�blico sue-
le convertirse en "auxiliar" del di-
rector del partido, el arbitraje del
turco Babacan merece pasar a la
historia de! f�tbol, si no como el
m�s perfecto �porque tal perfec-
ci�n es muy dif�cil de conseguir,
especialmente en un deporte como
el f�tbol�, s�, por lo menos, como
uno de los m�s ejemplares de cuan-
tos nos ha sido dado presenciar en
estos �ltimos tiempos, en los que
los arbitros suelen dejarse influir
con notoria facilidad�. El �Diario
de Barcelona� dec�a, refiri�ndose
al arbitro y a las expulsiones y
amonestaciones: �Lo verdadera-
mente lamentable es que todas
ellas estuvieron del todo justifica-
das, porque desde el primer mo-
mento los jugadores atl�ticos y,
principalmente, algunos de sus mu-
chos sudamericanos, se emplearon
con una dureza del todo reprocha-
ble. En consecuencia, hay que cali-
ficar de buena la actuaci�n del co-
legiado turco que demostr� ser un
aut�ntico arbitro de categor�a eu-
ropea, sancionando todo lo sancio-
nable y aplicando el reglamento fut-
bol�stico a rajatabla, cosa que, des-
graciadamente, hay muchos otros
se�ores arbitros que, en ocasiones,
parecen desconocerlo�.
Y �La Vanguardia� acababa su
comentario afirmando: �El Atl�ti-
co sali� bien librado del choque,
pero ha dejado la estela de una
antideportividad que lesiona no ya
a la entidad que representa, sino
al deporte espa�ol en general�. Ci-
tamos los diarios barceloneses tra-
dicionales m�s ponderados.
�Quieren ustedes leer lo que ha
dicho la prensa madrile�a sobre el
partido? En �ABC� G�era escri-
b�a: �El arbitro turco dio la sensa-
ci�n de haber perdido ya los estri-
bos y de manifestarse claramente
contrario a cualquier jugada del At-
l�tico�. El .diario �Marca� titulaba
a toda plana esta delicada injuria:
�El turco, un loco�. El diario �Arri-
ba� se acordaba del imperio del Si-
glo de Oro y estrenaba este grotes-
co e inoportuno t�tulo: �La vengan-
za de Lepanto�, refiri�ndose, como
es natural, a la nacionalidad turca
del �parcial�simo arbitro�. En el
diario �As� encabeza la cr�nica:
�Locura arbitral� y dec�a: �El co-
legiado turco, se�or Babacan, autor
de un expolio que pasar� a la his-
toria de los robos arbitrales�. Pero
la perla de todos los comentarios
ha sido la de Ram�n Melc�n en
el �Nuevo Diario�. Si no me equi-
voco, Melc�n fue arbitro, cosa que
agrava sus incre�bles conceptos.
Despu�s de titular su cr�nica �El
turco, todo un payaso�, escribe:
�Desconozco si ser� cuesti�n de
cromosomas de la herencia, de una
especie de antipat�a personal exa-
cerbada contra todo lo relacionado
con Espa�a por aquello de que tan-
to su madre como, imagino, su
padre, tal vez nacieron en Turqu�a�.
Versallesco, a fe m�a.
Hemos hecho estas largas citas
para reflexionar y a la vez avisar
de la escas�sima responsabilidad
que presentan algunos comentaris-
tas de f�tbol cuando se tercia por
en medio la pasi�n. En este caso
ha sido Madrid, que deber�a dar
ejemplo por ser la capital de Es-
pa�a. Pero este espect�culo podr�a
darse, quiz�s, en otras ciudades.
La consecuencia de ello fueron las
escenas de violencia e histeria que,
seg�n la prensa, se dieron en el
aeropuerto de Madrid al llegar los
expedicionarios de tan poco glo-
riosa haza�a. Y la constante per-
versi�n de la deportividad que se
ejerce sobre la opini�n espa�ola. Y
en el caso particular de este par-
tido, a�adamos que estos comenta-
ristas han usado de la injuria hasta
m�s all� de los l�mites de lo to-
lerable.
Todo ello redunda en perjuicio
del deporte espa�ol: se convierte
en h�roes a jugadores que tuvieron
una incalificable actuaci�n depor-
tiva, se justifica la decisi�n del en-
trenador que orden� semejante ac-
tuaci�n violenta y antirreglamenta-
ria, se deprava a las honestas pa-
siones del aficionado y se consigue
dar un aire de cerrilidad pueblerina,
�tica y literariamente hablando, que
da pena. Much�sima pena.
Los
libros
y
su
realidad
Se celebrar� el pr�ximo martes
la Feria del Libro. De hecho, en
los pa�ses civilizados es el li-
bro un elemento principal�simo de
la vida cotidiana. Lo ha sido, evi-
dentemente, durante un tiempo mu-
cho menor, quiz�, del que muchos
historiadores literarios creen. En
realidad, la funci�n del libro, tal
como hoy la consideramos, data
apenas de un siglo y medio. Como
dice muy bien el cr�tico George
Steiner, en Occidente no es la in-
venci�n de la imprenta el punto de
arranque de la popularizaci�n del
libro, la �poca en que los libros,
como hechos materiales, como
conceptos morales, constituyen
el centro principal de las energ�as
de la civilizaci�n. Quiz�, como
apunta Steiner, �la importancia b�-
sica de la "cultura de la imprenta"
viene mucho despu�s de Gutenberg
y tiene una historia muy breve�.
Efectivamente, es el siglo XIX
y parte del nuestro el momento de
la hegemon�a irrefutable de la le-
tra impresa. Hoy, otros medios de
comunicaci�n y de informaci�n han
venido a competir con la lectura.
Tiene todav�a una enorme prepon-
derancia para la formaci�n espiri-
tual del hombre, pero, evidentemen-
te, no es �nica. El concepto deci-
mon�nico del libro como un mun-
do cerrado y �nico para la forma-
ci�n intelectual est� sujeto a re-
visi�n por parte de las generacio-
nes j�venes.
El hombre de hoy ha perdido el
silencio. Vivir en silencio, leer en
la intimidad, es una estampa pre-
t�rita, t�pica del hombre cl�sico.
Como not� muy bien san Agust�n,
el individuo que lee sin mover los
labios, se encierra en un mundo
aparte de los dem�s. El hombre
actual no tan s�lo desde�a, sino
que tiene un mundo sellado y pro-
pio; el hecho de quedarse cara a
cara con la �nica compa��a de las
ideas escritas formando parte de
su circunstancia espiritual le re-
pugna. Necesita la compa��a de la
imagen, de la palabra hablada al
lado del lenguaje escrito. As�, pues,
el libro no es su �nico veh�culo de
cultura. Es important�simo un ele-
mento de confirmaci�n de las ideas
que a trav�s de otros canales se
le sugiere. Tiene una enorme im-
portancia, quiz� mayor que nunca,
porque su acci�n, extraordinaria-
mente dilatada, se extiende a un
m�s copioso n�mero de seres hu-
manos. Y nunca como hoy ha sido
el libro mejor compa�ero, como
resumen de tantas ideas, de tan-
tas noticias y opiniones que que-
dan en alto, que afectan al esp�ritu
del hombre y que podr�an quedar
inciertas. Por otra parte, el amor
com�n a los libros ha creado la
m�s bella solidaridad: la del orden
y el m�todo, la de la claridad y el
estudio, la de las verdades m�s no-
bles del esp�ritu humano. Siem-
pre pienso en la frase de Petrarca
cuando se trata de libros, del viejo
v�nculo que existe entre el hombre
y este precioso objeto: �Los libros
nos encantan profundamente, nos
hablan, nos dan consejos y est�n
unidos a nosotros por una especie de
familiaridad viva y armoniosa�. No
es ocioso recordarla en este d�a.
Y
las
rosas
Adem�s de la fiesta de los libros,
el 23 de abril es San Jorge, pa-
tr�n de Catalu�a, de Genova y
de Inglaterra. El caballeresco San
Jorge va unido a la fiesta de las
rosas, que es una flor que los poe-
tas han intentado siempre apre-
hender: algunos han escrito sobre
ello con mano verdaderamente ilu-
minada. Durante el Renacimiento
existi� en Europa una refinada le-
gi�n de poetas obsesos por la pri-
mavera. Estos poetas no cesaron
en su delicad�simo esfuerzo por fi-
jar el car�cter de esta estaci�n tan
dif�cil de definir. Los poetas rena-
centistas quisieron explicar las os-
curas ra�ces dolorosas que deja la
primavera en todos los esp�ritus y
que produce esta extra�a fiebre, a
base de su car�cter ef�mero; inme-
diatamente encontraron, como s�m-
bolo primaveral, a la rosa, con su
breve y extasiada vida. La lecci�n
de elegante hedonismo, que los
poetas latinos supieron ver en la
vida breve de las rosas, fue llevada
por los poetas del Renacimiento a
extremos incre�bles. La rosa, ya sea
sola, ya sea mezclada entre los li-
rios y en ocasiones desangrada en
la roja mancha de los claveles, es
el s�mbolo floral de la primavera y,
por extensi�n, de la juventud.
13
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Destino. Año 1974, No. 1905-1908 (Abril) |
| Descripció | 2a època |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2010 |
| Data del document original | 1974 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | Imatge/jpeg |
| Font | Publicació original: Barcelona : Destino, 1937-1985, No. 1 (6 marzo 1937)-no. 100 (28 enero 1939) ; 2a época, no. 101 (24 jun. 1939)-no. 2230 (jul. 1980) ; nueva época, no. 1 (28 marzo/3 abr. 1985)-no. 8 (16/22 mayo 1985) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1134648~S10*cat# |
| Gestió dels drets | Còpia permesa amb finalitat d’estudi o recerca, citant la font "Biblioteca de Catalunya". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització. |
Descripció de la pàgina
Etiquetes
Comentaris
Afegir un comentari per p. 13
