No. 14 (10 jul. 1915) |
Anterior | 1 de 1 | Següent |
|
Aquesta pàgina
Tot
Subconjunt |
Ano I
suelto 1 0 céntimos Barcelona 10 de Julio de 1915
LA TALA DE LOS BOSQUES DE FRANCIA
—Pero que demonio querrán hacer con tanta madera?
—Ataudes, hombre, ataudesI
Núm. 14
Redacción y Administración:
Pnertaferrisa, núm. 28, 1.`', 2.a
rhlt CWC
EL MÁS ENEibi(0
• DE A.
ísMpAD
Dr1llIFRI(0 VERDAD.
NEUMÁTICOS Y BANDAGES
1.9
BARCELONA MADRID
96, Rambla de Cataluna Sagasta, 15
C, 63 FI A INI
La Cultura Alemana
contra la Civilización
por A. Vanuci, obra documentada y sen
sacional, con los antecedentes históricos
y étnicos de la guerra europea
.111,0«b
Precio: 2 plas. Pídase en todas las librerías,
kioscos y en la casa editorial, Cortes, 478 - Barcelona
%.911
IN
Marca
Economía
Fuerza
.0.000.00.00.000.0.
Lt„tul
121
Brillo
Pureza
De venta, en pastillas, en todas partes
Maquinaría Vítí-vinicola
MIDON
"EL LEON"
Planchado con brillo al alcance de todos
ENSAYARLO OBLIGA A ADOPTARLO
son preferencia á todos los almidones
Exíjase la marca: "EL LEON"
IIIMWNIVAINntInhtl%%%%%111"%111
Wi(rj• 'MY:AI%
11000000000#0000000000
M - Artículos para Bodegas m
1 Kegels &Vila I
MMRambla de Cataluna, 32 M BARCELONA
12LitiflID1
GASOLENO SUPERIOR
F• y P•
Marea
"El Clavilerio"
Para automóvi!es y toda clase
de motores
BERIA1
El Manifiesto
y (A B
Como los que se disfrazan en carnaval
para decir cuatro tonterías y cubren su
cara y disimulan con el falsete su voz,
asi «A B C» trae a cuento en su número
del miércoles, unas cabriolas de «El Mun
do» sobre el manifiesto de los intelectua
les. Pero «A B C», apropiándose las pala
bras del citado diario, habla por cuenta
propia, una vez más, valiéndose del puri
tanismo de que se debe a los lectores la
información, que al fin y al cabo, tras
cendental ha sido lo que comentan.
Dos son los argumentos que emplea el
«querido colega» de «A B C» para disecar
el manifiesto y quitar alcance a su-signi
ficación: uno, que «ni están todos lo que
son, ni son todos los que están»•' otro la
referencia de un editorial de LaDépéche
Marocaine donde—dicen—se escribe des
pectivamente de Espana. Ninguno de los
dos extremos tiene consistencia y buena
prueba de ello es que ni «El Mando», que
descubre, ni «AB C», que transcribe, opo
nen a los firmantes del manifiesto sino
palabras y palabras. Otros nombres, otras
firmas, hubieran sido de más eficacia, en
una protesta tan desinteresada como la
de «El Mundo», que esos «aquí nos cono
cemos todos» y demás frasecitas de cajón
con que se pretende desviar el concepto
de los que necesitan esquilas ,que los
guien para recórrer los caminos.
Porque el Mayor alcance del manifies
to—y ahí les duele a los germanizantes y
germanizados—son los nombres de todos
esos directores de cultura y encauzadores
del espíritu cuya competencia y cono
cimiento de Alemania se atestiguan con
el solo recuerdo de su educación y de sus
obras; y ahí están Fernando de los Ríos,
Ramón Menendez Pidal y Ortega y Gas
set, y Zulueta, para no citarlos a todos,
que representan, mal que les pese, la ver
dadera Espana y viva, no esa por cuya
representación despotrican un prehis
tórico Mundo y un «A B C» sin omega.
Pudieran haber hecho hincapié con
mejores razones los dos diarios en com
parar la actitud de los amigos de Francia
de hoy con la de los afrancesados del
siglo XIX, aunque con ello se hubiesen
refocilado marcando la trágica separa
ción del pueblo y de los «consagrados a
las puras actividades del espíritu.» Si es
que en esa incomprensión no son los
culpables quienes andan, como Vicente,
por donde va la gente,—y quien dice
'Vicente dice rotativos —, y los que
halagan toda clase de sentimientos para
sentirse halagados.
Porque solo dos nombres de alguna
significación no se hallan en el manifies
to: Baroja y Benavente.
Pero esos dos hombres, ni son toda
Espana ni, suponiendo que lo fuesen, po
drían apropiárselos «A B C» v «El
Mundo». Baroja, al menos, por lo que su
actitud ha dicho, y por sus trabajos, en
nada les presta apoyo ni firmeza. Antes
han de mirarle como a enemigo, entre
esos mismos, a quien no sabiendo como
llamarles, califican de «colección de far
santes». Y Benavente por eso de su afini
dad con ,los comedíografos franceses e
ingleses—cuya originalidad casi les debe
—ha adoptado con su ,germanofilía una
nueva posición, pero sin trascendencia
ninguna.
En cuanto a separación de «caudales
y medianos y más chicos», que decía el
poeta y que no se apropía «El Mundo»,
no es cierto en cosas del espíritu ni lo
puede ser. Caudales y nada más, por que
en estos caudales nos sentimos representa
dos nosotros, y claro está que muchos más
—quieran o no—«El Mundo» y «A B C»
Y eso en la historia del mundo y de sus
hombres es cosa general.—«A B C» en
suaniversario reciente pidió opinión solo a
unos toreros -Vicente Pastor, Regaterín,
Gallito, Belmonte,—a representación de
los demás. Y Diogenes Laercio en sus
Vidas de los filósofos dedicó todo el libro
III a Platón, «jefe de las diez sectas, e
instituidor de la primera Academia».
Y basta.
El segundo argumento de «El Mundo»
es el editorial de la Dépéche Marocaine,
que le hace decir: «Aprended, intelec
tuales. Vosotros les ofrecéis a los france
ses vuestro corazón, y ellos ospagan con
su desprecio por anticipado». !No hay
necesidad de esos consejos y exclamacio
nes a lo San Juan Crisóstomo! Ni Dépéche
Marocaine, habla por el manifiesto ni «El,
Mundo» cita todos los grandes diarios
franceses llenos cordialidad y de entu
siasmo por la adhesión de nuestros inte
lectuales. Y a fé que el mismo «A B C»
le presta las palabras de Herve. Este ar
gumento, pues, con solo leer la prensa se
deshace y debilita. Pero Dios les tenga
en cuenta la intención a los neutrales de
opereta. Eso sí, nada de suspicacias, nada
de resquemores...
JOAQUÍN MONTANER
Nuestra Guerra
UN PEQUENO ANUNCIO
El caballero manipulador del retablito
de la unidad moral de Europa, nos ha
anunciado la aparición de una revistilla
donde se acogerá todo lo que se refiera a
esa acción de internacionalismo de seno
ritos. Nos parece muy bien y nada ten
dríamos que objetar a ese anuncio—con
tribuyendo a él con estos comentarios
si no contuviese una advertencia que
pudiera haber sido escrita con malignidad
de filósofo caído en conspiraciones de .
europeísmo.
. La advertencia es esta: «Será una
publicación independiente. No visitará
embajadas, ni consulados, ni insertará
anuncios comerciales de casas extran
geras*. Muy bien. Igual que IBERIA, que
ni visita consulados, ni sube escaleras de
embajadas y si anuncios comerciales de
casas extrangeras publica, bien sabe el
vocero de los amigos de la unidad moral
de Europa, que el anuncio en escritores
nobles como nosotros, no resta libertades,
ni senoríos. Y que somos escritores nobles
lo sabe bien el hierofante de Europa una
y moral, y sentiríamos tener que recor
dárselo minuciosamente, con cierta alta
nería. El anuncio, venga de Tarrasa o
de la China, y de ello pueden informarle
en La Ven, a nada obliga. Acudiría a
nuestras planas el del «Glosario» y no
influiría en las calificaciones que otorga
mos a ciertas actitudes y a ciertas mali
PRECIOS DE SUSCRIPCION
Trimestre:
1 Fuera de Barcelona
Extranjero
Ptas. 2
» 3
La responsabilidad de los articulo» e» exclusiva
de sus autores. No sedevuelven los originales
cias de espíritus que, por avatares in
comprensibles, aparecen ahora como si
fueran los de unos mal pensados y rece
losos confidentes de embajadas, que ven
en todo escritor francófilo una pluma a
sueldo y en todo literato lleno de amores
por Francia «un pequeno D'Annunzio».
De ínfimo coste será la revistilla anun
ciada, pero aun así, tememos llame el
supremo definidor de Europa, a puertas
agenas. Por de pronto ya halló la hospi
talidad de una casa extrana. Despues
buscará el pequeno auxilio pecuniario de
sus creyentes para su pequena revista,
probando que se puede ser muy amigo de
Europa y de la gorronería.
M. A.
EL «NUEVO MUNDO»
Cuando, a principios de la guerra, la
revista madrilena Nuevo Mundo recogió
todo lo que sobre Alemania, autora de la
tragedia, escribían los más selectos inge
nios espanoles, tuvimos una sorpresa
confortadora. Era aquello como una re
dención de la vieja revista. Ales grabados
populacheros y a las frívolas y amenas
prosas sucedía la pasión de los espíritus
encendidos en ira e incluso se llevó a los
grabados una visión justa de la guerra,
dándoles más que finalidad recreativa,
misión de documentos, de prueba gráfica
de las crueldades alemanas.
El texto de Nuc vo Mundo fué bello y
fué generoso, pero las hidalgas cordiali
dades tal vez danan los intereses de los
accionistas y en la casa de Nuevo Mundo
debió 'escucharse el grito barbáro de
«!menos política y más administración!»
y al cambiar de empresa se cambió de
espíritu. Ahora N1,16V0 Mundo ingresa en
la cofracra neutralista. No será germanó
filo, que la permanencia de su antiguo
director en la presidencia de la Empresa
es una garantía de que eso no puede tener
efectividad, pero volverán lo grabados
insipidos y las prosas vagas y amenas.
Ya han recibido los escritores el man
dato de bajar el tono en todo lo referente
a la guerra, supliendo el antiguo ardor
por las anodinas divagaciones. Y si Nue
vo Mundo impone la neutralidad, si en la
revista E.spaúa—tan simpática, tan digna
de nuestra solidaridad—no son gratos
los apasionamientos que produce la gue
rra, ?donde irán con sus artículos hondos
y bravos, contra Alemania, Unamuno y
Perez de Ayala, y Maeztu y todos los que
han plantado bandera, no francesa, sino
espanola, contra los germanizantes?
Nunca como ahora hemos lamentado
nuestra pobreza. IBERIA no es más que
un anhelo. Vivimos de buenas voluntades,
no de buenos duros y las buenas volun
tades se agotan. Y hace ya tanto tiempo
que repetimos a los lapices y a las plu
mas: «Por el amorde Francial.. Por nues
tra alma catalana; por nuestra alma es
panola!»
-- 4
MOSTRES
DE CULTURA
Del llibre .Unkultur de Curt Wigartd
«En cap part del món s'experimenta tal
necessitat de passar per personatge.»
«Aquesta m;anía d'adoptar aires de supe
rioritat completament infundats 1 volguer
imposar-se als que no'ns coneixen contrasta
singularment ,amb la disposició servil que
constitueix també un 'deis trets del carácter
alemany. I en cap part es comprova tan
exactament aquest fet com en els funciona
ris de qualsevulla categoría. Feia més d'un
any que jo vivía a Londres, quan tinguí
necessitat d'anar al Consulat alemany. Vaig
entrar en el despatx d'un emplear subal
tern, el qui, de moment, m'apostrofá bru
talrnent per a demanar-me que volía, amb
,a,qu,ell tó aspre de suboficial alemany que
coneixen tots els que tingueren «asió de
viure a Alemanya. Peró apenes vaig poguer
explicar-me i conegué Pobjecte de ma visi
ta per a son quefe, variá tant completament
el tó, desfent-se en afalacs i aparentant una
tant humil cortesía que aquell emplear ha
guera semblat als ulls de qualsevol que en
aquell moment arrivés, més que un correc
te funcionad, un esclau temerás de la tra
lla. Tinc la convicció de que aquest trist
defecte del caracter alemany, aquesta na
rreja de baixesa davant del superior i d'or
gull brutal davant del inferior, no ha si
gut jutjada tan severament com mereix, fins
per aquells qui's donen compte de lo molt
d'humil-liant que per a nosaltres té.»
Parla després Wigand de la manca d'in
depentlencia moral en que's cría el ciutadá
alemany ja des de l'escola. Tata la pedago
gía lalemánya, en la práctica, salvat d'al
gunes tant escases com honroses excepcions,
está fundada en aquest lema: Que m'oldliin,
perb que'rni temin.
Peró sobre aixó Ilegeixis el fragment de
Otto Krille que rnés avall es reprodueix.
Diu Cust Wigand, encara:
«La brutalitat i la rudesa persisteixen i
s'afirmen més i més en l'anima del nostre
poble. Aquests defectes es descobreixen en
totes les categorles de la societat alemanya,
des dels nivells tnés baixos fins als m'a en
lairats. Els estudiants que a Jena 'fa alguns
anys es distregueren llençant al carrer el
mobiliari de cert nombre de hotels i cases
de dispeses, o bé els aprenents de filosot
que cada dia en nostres urbs universitaries
es consideren facultats per a insultar a toda
dóna que troben sola, són de la mateixa
pasta que els saltataulells i ofícinistes que
en quadrilles sa.quegen un jardí públic o
particular a la sortida del treball, o aquells
grupus d'obrers que trobant-se amb senyo
res o senyoretes les volten i segueixen can
tant cançons obscenes».
•
»... Recordo... als pobres italians que
a París iexposen i vénen figuretes de guix
sobre la barana del Pont Nou. Sovint els he
vist a bastanta distancia déla llur mercade
ría i fins absentar-se d'allí un quart d'hora,
sens el temor de que ningú, deliberadament,
anirá a trencar-les per el plaer de causar un
perjudici a son modest venedor. Aital con
fiançia fóra totalment impossible a Beflín».
• • • • • • •
, «Si •la paratila alernanya Schaaenfreude
(alegría de peZudicai') no té 'equivalencia en
Ialtres llengues no és sense raó. Naturalment
que aquest plaer málvat de causar perjudici
per el sca gust que produeix veure1ho, ,exis
tira, Més o menys definit, per-dissort, en in
dividuus de diversos paisos, pero entre eils
no ,apareixera niés que com un estat d'es
perit excepcional o él resultat d'una impul
siálmornentánia, mentres que Palemany, per
el,contrari, té propensSió a la Schaaenfre,u
die natural i crónica.
A aquesta alegría que procura la desgra
cia d'altre s'hi afegeix en toda ánima ale
inanya, un amor apasaonat per la delació.
No hi ha ialtre poble en el qual ,eis, delators
siguin tant ,abundants, ni que estiguin més
satisfets de si mateixos, ni millor considerats
deis quels rodegen. Nostra mateixa llei so
bre delictes de lesa majestat els proporciona
en últim terme un recurs meravellós, an-íb
qua' ,ajuda poden llençar a la presó a qual
sevol que'ls molesti.»
Seguix desp,rés parlant de la manifestació
més gran de la Incultura de sos compatriotes
en la grollería insultanta de sa acritut res
pecte a les dónes.
Es trasllueix a quink baixesa i degrada
ció deu arribar la vida alegre alernanya en
les ,cerveceries de les ciutats universitaries
i en .els ca,fes nocturns de Berlín.
Peró lo millor, i més curiós és que «Una
jove parella provinCiana diu Wigand —
que vingueren a passar una semana a Berlín
als qui vaig recomanar una vetllada en
el Teatre Alemany, em declararen sense do
nar-se'n vergonya que no podíen anar-ht
perque tenlen la nit destinada per a visitar
el 'Café Nacional, afegint que si tornaven a
la sev,a ciutat sense haver conegut aquella
fina de titules tothoml es burlaría d'ells '»
Del llibre Water dem Joch de Otto
Krille.
«El régim de nostra escola podría en ri
gor fer de nosaltres uns sers correctes, pun
luals prácticament utilisables, tot menys ho
mes. Precis és que el deixeple sigui un ca
rácter molt personal, una individualitat de
molt fondes arras per a que resisteixi la
destruccló de son carácter pels cops d.'una
disciplina mancada d'ánima.»
IDEARI de la GUERRA
LA JOVE FRANÇA
Gennanófils i francófils espanyols han
coincidit, al menys, en una cosa: en mos
trar-se sorpresos de la «nova França» que
la guerra ha creat. A Espanya eren tinguts
els francesos per gent cridanera, impressio
nable, lleuger,a i inconstant. I quan s'ha
vist, en l'hora del perill, una Franca se
rena., digna i grave, tota plena de seny i me
sura, hi ha hagur un gest d'estranyesa pro
funda. Mai s'hauría pensat aquí que els
francesos cravuf fossin tant patriotes, tant
ferms 1 tant formals.
1 és que signorava Pevolució de l'árnma
francesa en els darrers anys, és qué no es
sabía rés de 1' esperit que animava les jo
ves generacions franceses. L'actitut ad
mirable de la Franca davant la guerra no
podía estranyar ni sorpendre més que als
ignorants de les coses del món.
Que la 'joventut francesa anava per ca-,
Imins ,nous, era un fet sabut pels qui es pre
ocupen deis problemés politics i espirituals
deis nostres dies. De quatre anys enea se
havíen publicat a França nombrosos llibres
i treballs a propbsit de la nova direcciá
que prenía el jovent. Podém citar Les Jeu
nes gens a'anfourd'hui, de Agathon; Aux
Ecoutes ae la Ftlance qui vient, de Gastón
Riou; A quoi révent les Jeunes gens, de
Emile Henriot, i les Enquestes sobre la jo
ventut realitzades per la Reme des Francais
i la Reme hebdomludaire.
En cada llibre i en cada etiquesta es re
flexen els sentiments i les idees de son res
pectiu autor. Sentiments i idees que en al
guns casos són tant oposats com en el de
Agathon, reialista i católic, i Riou, repu
blicá i protestant. Peró en tots aqueixos
trebálls pot un homi trabar la constatació
franca que la jove generació presentava no
tories i tránscendentals ditereneies respecte
a les generacións anteriors.
Deis llibres i treballs sobre la joventut
francesa, Hubert Lagardelle en treia una
impreSsió de cáos. Trobava en els esperits
joves l'influencia contradictoria de Bergsón,
de RomainRolland, de Barrés, de Maurrasn
de Claudel. Perb una afiffiracix5 comuna res
salta i la de la renaixença del pa
triotisme en l'ánima del jovent. I aquest
patriotisme que ap,areixía en els joves, no
era un patriotisme exaltat, frenétic, extern.
Era un patriotisme reflexiu, calmós, ferm
i, en cert sentit, «pragmátic». ?No són
aquestes, precisament, les característiques
del patriotisme francés que es manifesta
lavur a Franca, en el país i en el camp de
batalla, en les .fábriques d 'obusos i en les
trinxeres ?
Rés d'imprevist, rés de sobtat, rés de mi
raculós hi ha„ dones, en la actitut actual de
la Franca. L'«hcmie enterat» — que a Es
panya és un tipus raríssim — ja tenía
previst el fenómen que ofereix el poble fran
tés, en el qual les reserves de forca i d'he
roismé són inestroncables.
A. ROVIRA I VIRGILI
PETR u LEO HAHN BELLEZA dela CABELLERA
FRASCO GRANDE: 4 PTAS.,
FRASCO PEQUENO: 2 PTAS.50
!LOS RUSOS
SE RETIRAN!
• ! Los rusos se retiran Con voz lacrimo
sa, lloran esto muchos de nuestros amigos,
almas impresionables que pasan sin mati
ces ni gradaciones del optimismo loco al
descorazonamiento más cruel. El ruso,
hombre de leyenda, de cuya resistencia vi
tal, de cuyo empuje y temeridad se espera
ban grandes hazanas, retrocede a la hora
de mayor compromiso, en el instante de
su prometida y esperada ofensiva general,
aquella ofensiva que tenía que aplastar a
los alemanes como una hoja de estano en
tre los cilindros de un laminador. Su faci
lidad en hacerse ilusiones en tiempos de
guerra comí° en tiempos de paz es un abo
minable defecto. Desde el principio se puso
en la avalancha moscovita, en aquella nub'e
de cosacos que comb la langosta se ex
tendía por la Prusia oriental y por las pro
vincias austriacas, una fe ciega. Corno si
la salvación tuviera que llegarnos siempre
de ignotas lejanías desconfiábamos de todo
menos de aquel ejército oscuro, misterioso,
innúmero, un poco salvaje, que descendía
entre bosques y lagos con el fatal empuje
de una avalancha. Cedíamos París casi de
buena gana en la certeza de que la apiso
nadoria del Zar llegaría a Berlín ya Viena.
aplastando y pulverizando cuanto se opusie
ra a su camino.
Hoy, de esas buenas fantasías meridio
nales, ? qué queda ya ? Queda el decaimien
to exagerad:o corno lo fueron las magnífi
cas creencias ilusorias que lo prepararon.
'Al alejarse los rusos se ha aleja,do la es
peranza de muchas alma,s cándidas. Cier
tamente la lógica entra en pocp en esa de
presión espiritual. Debe creerse en el ruso
limitadamente. Si desde los comienzos de
la lucha le hubiéramos asignad,o su ver
dadero papel, si Más que máquina apiso
nadora le hubiésemos llamado lanzadera,
instrumento torturante, aguijón o algo así
tenaz y movedizo, no nos hallaríamos hoy
con el peso del desengano de los predis
puestos a enganarse.
!El ruso se retira! La cantinela empieza
a enojarme. I Dios sabrá lo que le puede
ocurrir al ruso I Nos tomamos demasiado
a pecho la frase de Napoleón : «al ruso
no basta matarle, es precis,o aun empujarle
para que caiga». Y ved ahí que al salir
nos ahora con que es sensible al derroche
de metralla, al lanza-fuegos prusiano y a los
gases asfixiantes, nos produce un desencan
to enorme.
Yo tengo un amigo cuya incredulidad en
los partes oficiales austriacos era de las más
irreductibles. Cadamillar de prisioneros ru-
N LÁMPARA ITRÓGENO
Si describiéramos, a base de esta fotografía, las ca-ravanas
de las gentes trágicas que huyendo del Norte,
han afluido a París ríos departamentos centrales, los
germanófilos, senores de orden yde piadosas creencias,
responderían, displicentes: Cosas de la guerra...
Cosas de la guerra, si, de la guerra alemana. Las
viejas palabras de Atila, resucitan, transtormadast
«Por donde nosotros los alemanespasamos, na3a vuel-ve
a crecer, ni la hierba, ni los pueblos, ni la piedad,
ni dura el honor de las hembras, ni el decoro de los
hos que en ellos nos venía anunciado, mi
amigo les concedía la cuarta parte de un
individuo y aun así él aseguraba que era
ponerse en lo, peor. Esto duró hasta el aban-dono
de Lamberg. Después de esta parte,
el buen latino, no sólo cree en las estadísti-cas
imperiales sino que sospecha que exa-geran
en menos para no causarnos demasia-da
pena. Nunca el gran duque Nicolás po-drá
Saber hasta qué punto ha maréhitadó
las esperanzas de sus sencillos admiradores
de por acá con el largo repliegue de su ejér-cito.
Hay que tener en cuenta, dicho sea en
verdad, que allí en oriente era el único lu-gar
donde se disfrutaba de la batalla cam-pal
clásica, obsesionante y hermosa. Se es-carbaba
poco debajo tierra, a lo más pro-visionalmente,
y la imaginación, como los
regimientos, escuadrones y baterías, anda-ba
suelta en campo raso, tomando y dejan-do
lomas, pueblos y caseríos.
En estas condiciones las Momentáneas re-tiradas
de los rusos, seguidas al otro día de
una victoria indudable — los mapas, Dios
mío, no tienen contradictores posibles
daban cierta variedad agradabilísima a la
campana.
Cotidianamente al despertar nos pregun-tábamos
: « ?dónde estarán los rusos ? » ex*
la seguridad de hallar, más tarde, en los
telegramas copartícipes de los aromas de
-
EL ÉXODO DE LOS 0,NINOS
hombres, noiálza.p,,a,zredre;olo0sFt~em:~ptlzoTs,--n-i-l.a5d-1e -l;o1s1c7emtienna-i
terios, ni la vida de los ninos.
Hay en la guerra alemana, una constante visión
de ninos trágicos. Frimero los ninos fusilados, los
que sufrieron muerte y dicen que mutilación; después
aquellos párvulos del Lusitan/a, flotando en el
Océano, en un sacrificio de vidas tiernas hecho a Alemania; y ahora, esas peregrinaciones de ninos
famélicos, atontados, llenos sus ojitos de horrores que
descienden de los campos de guerra.
nuestro chocolate, una respuesta confortan-te.
Y los rusos invadían, invadían el terri-torib
enemigo que era una delicia. Ello fué
que nos acostumbraron demasiado bien. Por
eso su última retirada no merece perdón
de los hombres. De ésta indudablemente no
se rehacen como de las otras, oímos af r-mar.
Unos pocos ere los desengariados en la
pujanza moscovita confían aun ; tal vez con
los hielos del próximo invierno... El ruso
sin frío es como una avispa sin aguijón.
La mayoría de esos ilusos tiene, empero, la
incredulidad petrificada en el alma. Ellos
están cierios que a no tardar se voceara
por estas calles la entrada de los alema-nes
en Varsovia.
Lo peor es que de la desconfianza en el
ruso se pasa la desconfianza en el inglés
y del inglés en Joffre.
Nosotros, a pesar de todo, vivimos con-vencidos
de que las tropas del Zar avan-zando
o retrocediendo, vencidas o vencedo-ras,
cumplen su misión, desempenan su pa-pel
de actores en la tragedia con envidiable
energía. Esta guerra sin precedentes se re-duce
a una operación de restar. Y los ru
sos, tanto si combaten en su casa como en
la del adversario, son un formidable sus-traendo.
P. BERTRANA
De 50 a 2000. bujías y de 6 a 220 voltios Z1/2 NA 11I" IN/
T"CO ummmcom&-r".
Fábrica: CORTES, 397 ESAFICIE1-011¦1^
E "
- ()
LAS DOS CAMPANAS
En LL Journial de Géneve, contestando
,a Romain Rollancl:
«He 'leído con much.o interés el último
articuló de Romain *Rolland. Pienso como
ese ilustre escritor que es bueno, indispen
sable senalar las tentativas, aunque sean ais
ladas, de los pensadores y escritores de Ale
mania que procuran sustraerse de la atmós
fera de .1Ias ideas donfinantes. Pero quien
sólo escucha una cainpana sólo oye un so
nido. Y no podemos permanecer 'bajo la
impresión de que esas manifestaciones indi
can o anuncian una orientación nueva del
pensamiento alemán. Son, desgraciadamen
te, •vanas demostraciones de una pequena
selección que combate, animosamente, pero
impotente, en medio del océano de ensuenos
y de sofismos agresivos de la mayoría. Le
jos de decrecer, el orgulloso enceg.amiento
de la masa se, afirma cada vez Más intransi
gente: he aquí la otra campana. Es preciso
también escuchar el sonido que hace.
Sin hablar de las proclamas reales ni de
los discursos pronunciados últimamente en
la tribuna del Keichstag, y en la Cámara
de diputados de Prusia, ni de los artículos
de La prensa, oficiosa de Berlín y de sus
sucedáneos encargados de mantener en to
das partes .el arlor bélico, cada día se re
mueven y se multiplican hasta en los centros •
independientes, las manife taciones intelec
tuales que relevan la mentalidad del harto
famoso manifiesto de los noventa y tres!"
Tengo encima de mi Mesa un gran mon
tón de publicaciones, libros y folletos, más
vibrantes unos clit? otros. Por cuatro o cinco
escritores jóvenes que desaprueban 'a teo
ría del itnperiali sino o. que exaltan la queja
de la humanidad herida y do iente, hay vein
te, treinta de los otros que el delirio de
la guerra exalta en relatos que carecen de
todo sentimiento humano. Recuerdos de
campana redactados por oficiales, recopi
laciones de correspondencia de periodistas
alemanes • que han seguido de cerca o de
Lejos las operaciones, cada semana surge un
nuevo volumen. He leído algunos. No se
puede imaginar nada más incivil. En un
grado tal que hasta la autoridad militar ale
mana ha tenido que intervenir en diversas
ocasiones para poner en su punto algunos
relatos con demasiada audacia, infieles y
hasta mentirosos.
Senalaré especialmente una Conquista de
Bélgica en 1914 (ale Eroberung Belgiens
1914), por el comandante .von Strántz, que
formula tales monstruosidades contrarias a
la verdad, sembradoras de odio, que el co
mandante en jefe de Lovaina ha tenido .que
protestar y restablecer los hechos inexac
tamente explicados. Del mismo género pue
do citar también •el Fahnentrager von Ver
dun (El Portaestandarte de Verdun) relatos
de guerra servidos por La !aventad moder
ra por K. Fr. Stauffer. Ese libro ha le
vantado vivas protestas de Ea Misma auto
ridad eclesiástica alemana con motivo del
papel que se atribuye a los sacerdotes cató
licos de Bélgica y de Francia en las pre
tendidas atrocidades de los paisanos y fran
co tiradores.
Desgraciadamente esas rectificaciones y
esas 'protestas por medio de periódicos dia
rios se desvanecen y olvidan pronto : los li
bros quedan y la ponzona que destilan Con
tinua propagando la intoxicación del espí
ritu público contra el cual todos queremos
luchar.
He ,aquí un libro de ún médico berlinés,
el Dr. Magnus Hirschfeld: Vctruns hasren
uns dieVálc?, ? (? Por qué los pueblos nos
odian ?) El título era atractivo; parecía
anunciar una ,eM)ecie de examen de concien
cia, prometiendo una información moral.
I Nada! El libro del Dr. MagnuS Hirsch
feld es Una nueva y loca exaltación del ger
manismo y de la Kultur. Con un cierto or
gullo el autor comprueba que los alemanes
tienen en su contra la Mitad de los habitan
tes de la tierra : Die Hálfte der Ericlbewoh
rte., steth gegen uns! Un espíritu libre e
imparcial, ante una tal hostilidad habría
buscado lo que, en la política de Alemania,
en sus gestos< en las actitudes o en las ideas
de los alemanes, ha desencadenado contra
ellos una animadversión tan general. Esas
investigaciones no han preocupado ni un
sólo instante al Doctor Hirschfeld. Se li
mita a afirmar que si los alemanes son de
testados, no es por su falta, sino «por culpa
de la prensa del capitalismo anglo-francés
que desde tiempo inmeMorial los calum
nia 1 » «Desde antes de la guerra — dice --
ya se nos odiaba, no a causa de nuestras
alebilidacks, Sino a causa de nuestra fuerza.
No es por sus defectos, sino por sus cuali
dades que han hecho la Alemania odiosa.»
Traduzco textualmente. Por todas partes el
Doctor FIirschfeld encuentra. sentimientos
de celos y de baja envidia! Todos los pue
blos mienten, ignoran, se dejan alucinar.
I Unicarnente los alemanes son perfectos e
intangibles
Así los fenómenos más evidentes, los he
chos más incontestables que obligarían a
toda otra nación a un retorno sobre sí mis
ma, contribuyen invariablemente en Alema
nia a la exaltación de la vanidad y del or
gullo nacional I El Doctor Hirschfeld tiene
una palabra deliciosa para caractetizar lo
que, según él, causa, más darlo a los alema
nes, y es lo que llama «un método inducti
vamente penetrante. Tanto peor para los
pueblos que no quieren someterse a ese mé
todo. Se les impondrá, porque es preciso,
sacar ,a los pueblos de sumediocridad ! j Es
el deber de Alemania! Los ingleses parli
cularmente parecen, según el doctor berli
nés, que tienen necesidad de una reeduca
ción por esos métodos inductivamente pe
netrantes. A despecho de su aparente cos
mopolitismo no hay pueblo que no haya
quedado muyprovinciano y que no esté (ira
sado!
Unicamente los alemanes, entiéndase
bien, no son gente limitada.
Tengo ..ante mí la colección de Monis
liche Sonntegspredigten, del célebre quími
co Ostwald. Ha quedado un poco ridículo,
por su exposición extravagante de la orga
nización que Alcman'a preparaba en Europa.
Algunos cuerpos sabios y académicos han
creído incluso Im deber desolidarizarse de
él. Sus Setimioncis aominicos han continuado
no obstante, sieIdo leídos, extendiendo' in
cesantemente loS sofismas conocidos, pero
de otra manera presentados, soore lo que se
funda la pretensión alemana a la hegemo
nía mundial. Una de las últimas meditacio
nes de Ostwald está consagrada a la idea
del Derecho. ?Cómo nace el derecho ? —
se pregunta el ilustre químico. De una ma
nera muy simple: dos fuerzas enemigas se
encuentran en presenCia ; un conflicto se
produce a consecuencia del cual una de las
dos sucumbe. «Entonces, solamente, escri
be M. Ostwald, el derecho hace su apari
ción, cómo la expresión de relaciones en
tre esas fuerzas respectivas.» Esa relación
además determinara su actitud. La lucha
ha dejado a uno de los combatientes derri
bado y a otro en pie. El derecho consiste
'en que «el hombre caído consentirá en po
ner al servicio del vencedor una parte de
su energía sin necesidad de que se le obli
gue cada vez a golpes! »
Que no se nos diga que esa aplicación
ininteligente de las leyes de ia quimica at
orden social, que ese realismo violento
opuesto a la idea que la mayor parte de los
pueblos se hacen del derecho como de una
cosa anterior y superior a la fuerza, que esa
filosofía científicamente brutal hace enco
ger de hombros, que los espíritus indepen
dientes y educados se niegan a aceptar, com
batiéndose siempre ! Esos abominables so
fism:as son• tan peligrosos y tan capciosos
bajo la forma pseudo científica que los re
viste que hasta fuera de Alemania han con
taminado algunos ,esPlritus débiles y obscu
recidos, hasta en las ensenanzas unrversita
rias, la clara noción del derecho !
Pero esos sofismas no son nada al lado
de los que pululan en las Páginas de gue
rra de M. Houston Hewart Chamberlain.
Ese escritor no es un advenedizo. Es un
hombre escuchado. Alardea de contar con
la confianza de Guillermo II. Es autor de
esa obra considerable Les Assises clu XIX
siéele ..de la que tanto se ha hablado últi
mamente, y en la que, bajo las apariencias ,
de una especie de filosofía de la hi.toria,
exalta con mi Cierto Misticismo sectario los
ensuenos más orgullosos del pangermanis
m'o. En algunos anos ese libro, que ha de
mostrado con muchos sofismas históricos,
etnográficos y estéticos, que hay en el mun
do una raza superior, una raza elegida, des
tinada a las Más altas misiones civilizadoras
g La hegemonía del mundo: la germana..
Ese libro ha alcanzado diez ediciones y ha
sido traducido alinglés y al francés y otras
lenguas.
Desde que la guerra ha estallado, M. FI.
S. Chamberlain publica sus reflexiones so
bre los acontecimientos en pequenos fas
cículos titulados Páginas de la guerra. Se
venden a Millares los ejemplares. Y se leen
cosas que hacen dudar de la solidez del
buen sentido humano.
—«En todo Alemania — y Chamberlain
asegura haberla recorrido e interrogado en
todos 'los sentidos — durante el curso de los
cuarenta y tres anos -- no hh vivido un
hombre, ni uno ,sólo, que no haya querido la ,
guerra I El que diga lo contrario miente a
sabiendas o inconscimtemente.»
Y esto :
--«No hay un partido de la guerra en
Alemania. Es una invención embustera del
.Tinies!»
También se miente representando a Ale
mania como un pais mi'itar; no lo es y lo
prueba está «en que de cada dos oficiales,
el uno es profesor, a)ogado o negociante».
Buena lógica. Es la conclusión opuesta
la que se deduce después 'de esta comproba
ción ; pero las exigencias de la lógica -no
dificultan más en M. Chamberlain que las
de la veracidad'. Después de Lovaina, Di
nant, Reims, Soissons, Arde.nna, Arras, se
atreve a escribir : «los soldados alemanes,
los más disciplinados del mundo, no han.
tocado nunca ni un cabello de Jos habitan
tes pacíficos e inocentes... Los ofieiales se
han Preocupado siempre& salvaguardar las
obras de arte • y las colecciones «científi
cas» (sic). Esos son los soldados franceses,
rusos e ingleses que están animados por una
ciega pasión destructora que le ha Sido con
taminada «por una larga serie de mentiras
sistemáticas.»
Para M. Chamber'ain, el rey Eduardo VII
era un «intrigante», ,el rey Jorge V, una
especie de «iletrado» que «confiesa que só
lo hace unos anos oyó hablar de Goethe,
no sabiendo quien era», LOS ingleses son
seres sin cUltura que no llegan a saber ha
blar ni su propia lengua' correctamente y
cuyo valor correlativo depende de las tres.
B — Beet, Bier alta 'Belt Carne, cerveza y
cama». El director del Timls es denunciado
como un pérfido agitador cle negocios que
compra las conciencias y que consiguió has.
cerse dueno de todía la prensa inglesa. Ha
sido encargado de triturar la opinión pú
blica por embustes sabiamente destilados,.
haciendo así la guerra plausible a las ma
sas «porque ningún hombre político pue
de prescindir hoy de la opinión pública, cosa
que estaba permitida a Richelieu».
M. Chamberlam, tiene realmente ia ob
sesión de la mentira universal. En todas
partes se 'miente — salvo, claro está, en Ale
mania! — Así pide una ley contra la men
tira, necesitándola enseguida, precisándole
«que se haga inmediatamente, porque im
porta, ,para la paz de Europa, que los em
busteros sean ahorcados Í»
Pero esto no es todo. M...11. S. nos ha
bla también de la libertad 'alemana, pro
ducto original — nos asegura — :y. lo de-.
bemos creer ! Pero cuando no le podremos
seguir es al pretender imponernos la liber
tad ialemana!
También nos quiere imponer la lengua
alemana. No bromeo. Está impreso.
Lalengua alemana es la única realmente
viva. Todaslas otras están desposeídas de la
vida von Seben ,abgeschnitten... habiendo
sido construidas con raíces extrangeras, o
sea con materia minería; son lenguas arti
ficiales; no son lenguas naturales.
Reproducimos un ejemplo de la docu
mentación lingüistica de donde Chamber
lain, filósofo quizá insuficiente, serán sus
conclusiones. Opon.:' la. palabra alcmana Er
folg,a su correspondí nte francés siccés. Er
folg, nos dice, sugiere inmediatamente la
idea de su esfuerzo hacia un punto deter
minado, esfuerzo coronado por el prefijo er
que indica que el objeto ha sido alcanzado.
La palabra succés se compone de dos sí
labas suc y cés, ninguna de las cuales tie
ne SentidO Para los franceses de hoy. Esas
dos sílabas no representan nada a su espíri
tu, !t su imaginación, mientras que con Er
y Fólí„,r, los alemanes husmean enseguida la
victoria ! Chamberlain tampoco tiene el
francés en gran estima.
. 'En una lengua tan artificial «las palabras
sólo son abstracciones monetarias, incapa
ces de una nodulación, d.?. una progresión,
de una relación entre ellas. El pueblo que
habla una lengua así no pueae comprender
los grados de comprensión ; el mismo ge
nio no encontrará un órgano que le -permita
Creer de nuevo ! La mediocridad es de ri
gor 1 » Esas últimas palabras están en fran
cés en el texto, por mayor claridad, sin du
da, en medio de ésas palabras alemanas qué
hacen pensar tanto a -M. Chamberlairi
! Oh, Mdliére, alma de la risa, fuente ina
gotable de alegría, refugió del claro buen
sentido frandés, podías imaginar que la lo
cura de- Vadins y Trissotin llegara hasta
tál extremo!
! Pero hed aquí el colmo! Hablando de
esas miríficas premisas, Charnberlain saca
Ja conclusión «que no hay deber más im
portante, más imperioso — hoy o manana,
poco importa — que imponer al mundo la
lengua alemana... El deber de todo alemán,
donde se halle, es forzar a toclOs los otros
en todos los instantes a hablar su lengua,
hasta que ésta triunfe por todo con sus ar
rna.s, el ejército del pueblo alemán ! Es
preciso ensenar a la gente que aquel que no
es alemán es un paria! El alemán se ha
de convertir en la lengua universal, »
Esas son — se dirá — locas aberracio
nes de un espíritu perturbado. Confo-rmes.
Pero es con esas aberraciones que se nos
ha conducido a donde estamos. Antes de
la guerra considerábamos también como
aberraciones los frenéticos sofismas de
Treisalu, von Bernhardi, Frobenius, etc.
Y aquellas aberraciones han hecho la rea
lidad del momento 1
Más aun. Los hombres de acción — los
únicos que cuentan — no nos han ocul
tado su opinión a propósito de los ensue
nos de los pacifistas, de las aspiraciones
humanitarias a las cuales las naciones civi
liiadas buscaron el modo de dar un sem
blante de realización firmando las des- gra
ciadas convenciones de La Haya. Ahora sir
ven de burla! En cuanto a los lamentos
poéticos,y los suspiros dolorosos que la gue
rra inspira a los jóvenes escritores, de que
se ha hecho referencia, son a sus ojoS', es
túpidos sentimentalismos que sólo causan
risa. No olvidemos que toda Alemania en
armas tiene entre-las manos el famoso bre
viario del 'perfecto guerrero alemán, ese
Kriegsgebroué:h im Laiideskrieg, donde se
recomienda autoritariamente no prestar oído
a las sugestiones sentimentales de los mi
sioneros humanitarios.
Esas feroces ensenanzas no se pueden ol
vidar ni pasar en silencio ; es preciso, por
lo contrario que las t Mgamo3 presentes en el
espíritu con objeto de mantener más vivo el
desprecio y el horror en la conciencia de la
humanidad. El día que el abominable error
germánico naya sido públicamente, unani
memente, solemnemente adjurado, en he
chos y en principios, entonces solamente
habrá llegado el Momento de dejar mezclar
en nuestlros justos rencores el grito de dolor
de las almas nooles ae Alemania, víctimas
de «los malos Pastores que los han condu
cido a la muerte y a "la sinraión 1»
MAURICIO KUFFERATH
De la Academia Real de Bélgica
BRONCE Y MARFIL
Es un paisaje melancólico. En la duna
desierta, frente a la monotonía de las
aguas, el perfil severo .,c1.e un soldado,
cuya gallarda estatura se doblega un tan
to al peso de una meditación profunda y
dolorosa. Junto a la figura de bronce del
guerrero, el marfil de una breve silueta
femenina, sutil y delicada.
-
Bronce y marfil, Sus Majestades Alber
to e Isabel de Bélgica, el rey-héroe y la
reina-santa; el monarca caballero a quien,
sin agLardar .las consagraciones tardías
de la historia, la humanidad ha decorado
del título de Grande; ,y la dulce soberana
cuya abnegación ilumina, como una au
rora de consuelo y esperanza, los lóbregos
Campos de batalla en-que combate el pue
blo belga, con nunca sobrepasada bizarría,
por la existencia de mi patria.
Antes de la tragedia a cuyo desarrollo
abominable asiste el mundo sorprendido
y consternado, reinaban noblemente en
uno de los paises más prósperos y felices
de la tierra, la pequena y diligente Bél
gica, maravilla de civilización y de rique
za, de amor al trabajo, de virtudes fami
liares, de mentalidad sana y ponderada;
atento El, para estimularlas generosa
mente, a todas las actividades intelectua
les, comerciales, industriales de su pueblo;
consagrada Ella a modelar como una
joya el alma de sus hijos, y---espíritu
refinado y exquisito—con una sonrisa de
encantadora solicitud y acogimiento para
todas las obras de belleza; hogar dichoso
y apacible, como la nación misma cuyas
virtudes y exCelencias admirablemente
encarna.
Cuando próximos a romperse los di
ques que contenían el toi rente implacable
de la guerra, dijo el rey, !no! a las propo
siciones oprobiosas y prefirió el sacrificio
a la deshonra, una sola voluntad, un solo
empeno convulsionó el alma de Bélgica,
nunca como entoncestan entranablemente
unida a su monarca. Pueblo y soberano
marcharon estoicamente, con la divina
naturalidad de lo sublime, a la lucha sin
tregua y sin desmayo por mantener el
decoro de la patria; y la espada de Alber
to fué el símbolo fulgurante del heroísmo
delos hombres, y en el corazón de Isabel
se refugiaron todas las ternuras, todas
las bondades, todas las abnegaciones del
alma femenina.
Esta guerra apocalíptica puede termi
nar manana o prolongar todavía unos y
otros meses el infierno de sus hecatombes.
(M, HE DE UN CUADRO)
7
No importa: Bélgica se ha cenido con sus
propias manos la palma suprema del mar
tirio, y cualesquieraque sean las propor
ciones de las catlistrofes futuras, primará
siempre en el recuerdo de los hombres la
inmolación voluntaria de ese pueblo.
La victoria puede poner su corona
augusta en una u: otras frentes. No im
porta: Bélgica ya ha triunfado, rescatando
su derecho a la vida a precio de heroísmos;
y el respeto fervoroso de todas las nacio
nes garantiza su existencia como un im
perativo categórico del honor humano,
porque la muerte de Bélgica sería una
mengua irreparable.
Pueden el éxito o la gloria labrar con
cinceles de eternidad una majestuosa su
cesión de mármoles, que senalen al asom
bro de los siglos las epop9yas que de un
extremo al otro de la Europa se realizan
cada día. No importa: sobre todos los
mármoles se destacarán armoniosa y so
beranamente el marfil y el bronce de ese
grupo; de la reinaisanta que pone el con
suelo de su piedad, como una venda de
misericordia, sobre las tremendas angus
tias del dolor y de la muerte, y del rey
caballero en quien la bravura y la hidal
guíase han hecho pensamiento y músculo.
El huracán de sangre y fuego que
convulsiona al mundo puede aventar,
como despojos vanos, unas u otras sober
bias dinastías que en cimientos seculares
se asentaban. No importa: el trono de
Alberto e Isabel de Bélgica resistirá vic
torioso a sus embates, porque es el amor
de todos los varones dignos que existen
en la tierra el que inquebrantablemente
lo sustenta.
Ycuando, marcado en el cuadrante de
las horas el momento solemne de las re
paraciones, vuelvan a la integridad de
sus estados el rey paladín y la sublime
reina, será el mismo hogar apacible y
dichoso de los pasados días, en medio del
propio pueblo próspero, feliz y diligente;
el mismo estímulo generoso a las fecun
das actividades nacionales; la propia con
sagración a modelar como una joya el
alma de los hijos, y la sonrisa encantadora
de antano para las obras de belleza; pero
todo ello sublimado por la magnífica apo
teosis de la gloria, a los fulgores de una
luz nueva,y más radiante, en una Bélgica
más grande, más rica y poderosa...
Paris, junio 1915.
ERNESTO MARTÍN
POSTALES DEL GENERAL JOFFRE
Recordamos a nuestros lectores que la Revista "IBERIA" ha
puesto a la venta unas magníficas postales del general Joffre,
avaladas con un autógrafo EN CATALÁN del gran caudillo.
Al precio de 10 céntimos las encontrarán en Librerías, Kioskos
y demás puntos de venta de periódicos.
-8
La Alemania de
los germanófilos
Nuevamente un estimado lector, el senor
Faura, nos envía retazos de la obra descrip
tiva de la vida alemana que tiene publicada
Don Agustín Murua Valerdi, coRocido ger
Manófilo. A nosotros no nos interesa lo
que el senor Agustín Murua y Valerdi pueda
Opinar, y si recogemos lo que un paciente
lector nos envía, es tán sólo para hacer
resaltar que la brutalidad alemana, incuba
da en sus universidades, está descrita por
mano amiga, la del senor Agustín Murua
Valerdi, curioso ejemplar universitario y ve
hemente germanófilo:
Nos presenta este senor — dice el senor
Faura, — a los estudiantes alemanes como
!uno de los Modelos de educación y cultura
pero al correr de la pluma se le escapan
ciertas afirmaciones que desdicen de un ale
inanófilo. Al hablar de la manera de de
mostrar el entusiasmo en las aulas, dice
así :
«Iban a sonar las nueve, cuando de re
pente comenzó el anfiteatro a poblarse de
estudiantes, corno si éstos surgieran por es
cotillón en un espectáculo de magia. Ob
servé por las grandes vidrieras del local,
que docenas de ellos, Montados en bici
cletas, llegaban en distintas direcciones con
el tiempo tasado para echar el candado a
sus máquinas y ganar sus asientos en la
cátedra. Vestían generalmente calzón corto
y botas con suelas enormes, no faltando en
tre ellos bastantes alumnas provistas de los
indispensables lentes, característicos de la
mujer sabia en todas las latitudes. La con
secuencia fué quedar el local completamente
lleno en menos tiempo que el que se tarda
en describirlo. ?Qué dirían de esto nues
tros alumnos acostumbrados a pasearse có
modamente al sol durante media hora antes
de empezar las clases ? Decididamente, en
esto, somos maestros en el arte de perder
el 'tiempo. El momento solemne de comen
zar la clase iba a sonar, y apenas el reloj
había terminado de dar la última campana
ida, con exactitud matemática, que no se
resintió después ni un sólo día, durante los
más crudos de aquel invierna, el nrofesor
Baeyer hizo su entrada en el auditorio. Un
pateo general que hubiera hecho palidecer
de envidia a los reventadores de nuestros es
trenos, se produjo entonces. Para esto eran
acaso las suelas de tres dedos que había ob
servado. Era, sin duda, la fórmula de en
tusiasmo que reemplazaba a nuestros aplau
sos, porque el maestro se inclinó profunda
mente conmovido.»
Continua después describiendo la figura
del profesor con las siguientes palabras :
«Cuando un religioso silencio reemplaió al
pateo atronador...» «De cuando en cuando
el pateo de los alumnos me indicaba que el
Maestro refería uno de sus descubrimien
tos.»
Describe los Corps, asociaciones escola
res, y dice:
«En todas las corporaciones reina una
severa disciplina, y, sobre todo, son. en ex
tremo susceptibles en lo que se refiere a
Las llamadas cuestiones de honor. No so
lamente el estudiante incorporado ha de ser
celoso del suyo propio, sino velar por el de
La corporación a que pertenece. Es decir,
una especie de caballero anda,nte, suscep
tible de todo el ridículo que sobre ellos ver
tiera deuna vez para siempre el Manco in
mortal, sin que pueda negarse en el 'fondo,
el principio de humana nobleza y el es
piritUalismo que informa sus acciones. Y
como en la manera de lavar las manchas de
honor que el estudiante alemán emplea,
aunque la sangre corre en abundancia, no
suele llegar nunca al río, quiero decir que
no hay ,lepelin subsiguiente, que diría el
chulo de López Silva, el ridículo está más
cerca que la admiración.
Desgraciadamente los alemanes leen po
co el Quijorle,, y a. esto atribuyo que los
desafíos escolares subsistan ; porque lo más
gracioso es que, en la mayoría de los casos,
no existe ofensa alguna que pueda servir de
motivo razonable al duelo, y es necesario in
ventarla, de suerte que se llegd al duelo por
).2
•
..7....~»IZZaralaailata~rawasaa04
Todavía Steinlen!... Los snobs
enmascarados deinternacionalistas
por carecer de coraje para alistar
se en los pelotones sin corazón y
sin talento-de los germanófilos, ha
rán una mueca de displicencia me
nospreciadora. «Bha! Otro anacró
nico fin du sicle»:
A Steinlen no se le puede encua
drar ni en epílogos ni en prólogos
de siglos, porque Steinlen no tiene
época. En una nota comentadora
de sus dibujos, «Apa», escribía que
este artista no habla el lenguaje
hermético de algunos simbolistas y
eruditos, sino el lenguaje universal
UNA
que emplearon Miguel Angel y Bal
zac. Y anadía: «La mayor parte de
nuestros artistas bebieron en el arte
de Steinlen y de Toulouse Lautrec
y algunos de ellos solo en la fuente
sana y generosa del primero».
Jesucristo dibujaba por la mano
de -Steinlen. Todos los hombres,
todas las persecuciones, todos los
calvarios de los que sufrían hambre
y sed de justicia, aparecían en sus
dibujos de una plasticidad maravi
llosa. Colaboró en Le Canard Sau
vage, en el Pere Peinard en L'as
siette au veurre y sobre todo en el
suplemento ilustrado del Gil-Blas,
que sembró su
, fiarna por el mundo.
La bravacidad aleul,ana, lo plagió
y el Simplicissirri primitivo
un calco del Gil-Dtcls Y de Stein len.
Es anarquista!—se de
—Los pobres inostraban con el sus
lacerías y el de ellas hacía flagela-ciones.
En el fondo un cristiano,
orchais toujours.
de Jehan Rictus, deuicados a Jesús:
que podia cantar a,quellos 'versos
(Ah! mar amoure0." c"r ame?')
marchais ménie ae,ssus la mer
Toi au moins, t'eta- un sincere,
Tu marchais... tu
Et t'as marché/u5 0 au Calvaire.
ur c, AFÍA DE SPrEINLEN
Este hombre que era el alma
plástica de la Francia dolorida e
insurgente, este hombre que odiaba
todas las crueldades y todos los
uniformes, figuraos como se habrá
estremecido ante la guerra y como
habrá odiado a los soldados alema
nes! Ni un momento ha abdicado
de su vida, agitando un patriotis
mo deparada, pero todos sus viejos
rencores se han alzado contra ese
pueblo que anade hambre al ham
bre, tiranía a las tiranías, ofrecien
do al cielo que invoca las hecatom
bes que harán clamar a los hom
bres secularmente.
(11.S .7 .
,
•
.
•
•
"-••••..
•
La litografía que hoy publica
mos, no es inédita, pero aún no
ha sido reproducida, ni en Fran
cia, ni entre nosotros, por revista
alguna. Acogiéndola tributamos un
homenaje al viejo combatiente y
al gran artista. En ella ha puesto
todo su arte y todo su odio, y así
como de la guerra de la indepen
dencia espanola eternizó Goya
sus horrores, Steinlen dejará a
los hombres con sus dibujos el
recuerdo de estos soldados ale
manes que llevan en su alma la
impiedad del soldado Longinos.
* * *
9 —
el duelo mismo. 'Me han referido qu'e, so
bre todo en ciudades universitarias peque
nas como JenaoHeidelberg, algunos Corps,
obligados a batirse de tiempo en tiempo por
prescripción reglamentaria, y no teniendo
ofensa Alguna colectiva ni particular que
vengar, envían a uno de sus individuos más
caracterizados por cafés y cervecerías en
busca de camorra. El valiente entra en di
chos locales «pálido el rostro, cejijunto el
ceno y torva la mirada, aunque afligida».
que dijo nuestro poeta, para ver si otro
estudiante le sostiene la mirada a fin de
haraIarle en seguida la tarjeta de desafío.
Yo puedo afirmar que cuando en Munich,
Heidelberg y Leipzig he frecuentado los lo
cales donde los estudiantes se reunen, y he
procurado sostener miradas que nie parecían
,algún tanto insolentes, no con el ánima de
Aceptar tarjetas, sino de lanzar el bock al
retador con la mejor puntería posible, no
he tenido ocasión de darme este gustazo,
pues nadie, como decíamos en el Instituto
de San Isidro, ha pretendido mojarme la
oreja.
Las acciones de honor (Threnhándel) se
dice que se ventilan con florete, sable o
pistola, pero en realidad casi nunca se estila
Más que el sable con filo y sin punta. Esta
es la llamada Men,spr, que constituye el
Mayor y más temido encanto de la vida cor porativa. Esta Mensur es una costumbre
reprobable, corno desprovista de toda base,
seriedad y gracia ; repugnante secuela de
los torneos caballerescos, casi siempre des
provista de peligros, pero alguna vez se
guida por dasualidades, de lamentables con
secuencias, que no encuentro palabras para
anatétnizar.
Para la mensur, que se realiza general
mente en relaivo secreto por hallarse pe
nada por la ley, aun cuando la policía haga
generalmente la vista gorda, se reunen los
socios de los Corps combatientes en el do
inicilio social de uno de ellos, un estudiante
de medicina prepara el botiquín : gasas yo
dofórmicas, sublimado, esponjas, agujas an
tisépticas, etc., en previsión del hale, y en
medio de tan alarmantes preparativos, in
troducen en la sala a los combatientes, que
parecen Más bien que ésto, por la palidez
y terror que los domina, «reses destinadas
por su dueno al Matadero» según la frase
inimitable del «Don Luis» de Zorrilla. Los
padrinos les colocan petos, almbhadfilados
y manoplas que protegen los órganos esen
dales y las manos; además, les vendan
fuertemente el cuello, para proteger la ca
rótida y la yugular y les colocan unas fuer
-tés antiparras de alambre a fin de defender
los ojos. De tal suerte sólo quedan libres
el cráneo y la cara, que es donde han de
cebarse los sables homicidas. Dada la senal
por el juez de camino, el asalto empieza ;
como la cara se halla congestionada por las
ligaduras del cuello, basta una pequena he
rida para que la sangre salte conaa un spr
ddor, tinendo los blancos petos y guan
tes, salpicando a los testigos y corriendo
por el suelo; el espectáculo es sencillamen
te abominable. A veces, por la pérdida de
"angre, se recubren los sernblantes de es
tos salvajes civilizados de una palidez cada
vérica, y de sus peludos cráneos, llenos de
cicatrices, algunas redentes, fluye la san
gre o se coagula, levantando el estómago de
los extranjeros circunstantes, porque los na
turales del país se excitan con su vista y
animan a los combatientes a trabar nueva pelea. Estos cegados por la sangre y por
el amer propio, 'embotados por la cerveza
y animados por las excitaciones de la con
rrencia, se acometen de nuevo con furor
y la sangre vuelve a correr en abundancia.
A veces, por una desgracia imprevista, el
filo del sable interesa tejidos profundos o
un golpe ciego secciona la yugular y se
agua la fiesta... Otras veces el espectáculo
es trágico-cómico. Hay que recoger sen
eillamente a todo escape un pedazo de oreja
o de nariz del suelo, a fin de que aren" de
nuevo en su sitio... verdaderamente horri
ble.»
Que bien se enlazan esas universidades
ponvertidas en campos de torneos, con él
sadismo alemán que ha elevado la guerra
a barbarie apocalíptica, a vesánica crueldad
metodizada! Los estudiantes convertidos en
gallos de pelea, la mano libresca transfdr
rnada en puno de preboste, el orgullo uni
versitario Mezclado a la vanidad de matari
fe. De Heidelberg parte un camino sin pér
dida hacia Lovaina. Quien sintió el goce
de la pelea y de la sangre, al lado de la
cátedra, ?qué de raro tiene, sea, después,
en las locuras guerreras, incendiario, vio
lador y rnatador de inocentes ?
— 10
El Castillo de Compiegne
He aquí algunos fragmentos de. las notas
tomadas sobre. la ocupacióa alemana, an
tes de la batalla del Mame, .por el 'conser
vador. del. Castillo d Compiegne, M. Ga
briel. Mourey.
.Los alemanes se instalaron en el Castillo,
tornando posesión. Era el 1.9 'dé Septiem
bre. Se previno al Conservador que S. E.
el general v..ori Kluck, acompanado de dos
'oficiales' des.eaba. visitar el Palacio.
«Me encontré dice — ante un hombre
de buena presencia, de porce elegante, arro
gante en 'su uniforme extremadamente so
brio, ostentando altivo, pero sin rigidez, Da-'
je la gorra plana,. sus facciones de rasgos
firmes, :pronunciados netamente, de ojos
inny dulces — uno de ellos cubierto por el
monóculo — barba corta, morena, andando
.,ebn precisión la forma de la mejilla y ja
barbilla, barba de guerra, teniendo aspecto,
de primer momento, mas de un ruso que de
. a.lemán
• En un francés impecable, y casi Sin acen
to, me. Suplicó le dispensara por haberme
molestado, interrogándome después sobre la
histoti.a.-del.Palaeio, la fecha de su construc
ción, el arquitecto que lo construyó, sus
huéspedes más ilustres, concretándose a re
plicar Mis respuestas con Un «ya sé, ya sé»
:que se hubiera tomado por una impertinen4
cia de no hapertne apercibido que era mo-•
,tivado por su sorpresa encontrando en el
fondo de su memoria recuerdos que .desde
hace tiempo estaban dormidos y que mi
palabra. despertaba...
• Llegando al final de la escalera de Apolo,
echó, tina' ,mirada . sobre las extensas pare
des ahora desnudas corno la mayor parte
. de los departamentos, de las suntuosas ta
picerías que constituyen La, ri4tieza y la glo
ria del 'Palacio de, Compiégne. Yo lo obser
vaba'. coi una cierta ansiedá.o. No peste
, fteó.
--- ?De qué época data esa rampa •de hie
rro forjador preguntó.
---,De tiempos de Luis XV. •
Empen' la visita. Yo me limitaba a las
informa.ciones esenciales, u contestar con
Mucho ingenio, Además, era la primera vez
Cine entraba, desde que se quitaron los ta
pices en las habLáciones,..donde tenían tan
toe.XPlendor, ý I,a visita de esas grandes
stmerficies-.Mnrales cubiertas de papel gris,
donde antes •se ostentaba la floración .mag
riffica. dé .las obras maestras del arte fran
cés, tne causaba Una impresión de infinita
tristeza.' La-vida .había habitado allí ; sólo
se. encontraba la muerte.
—? Pero, dígame V., senor conservador,
por qué causa todas: las paredes del Palacio
están tan desguarnecidas ? ?.No 'poseía el
Palacio una colección famosa de 'tapices de
los Gobelinos ?
—Sí, Excelencia ; pero el subsecretario
de Bellas Artes, de quien depende la admi
nistración y la eonservaci5n de los Palacios
Nacionales, Me dió orden de depositarlos..,
Había de contestarme con el «ya sé, ya
sé».
—?Y dónde están' ahora
—Lo ignoro. Tomaron el camino de Pa-,
rís... o cualquier :otro.
• Entonces, a flor de labio, con una sonrisa
que tenía un poco de ironía y de amargura y,
tal vez de melancolía:
— ! Ah... si... los Bárbaros!
No dije nada, como si no le hubiera en
tendido. Pero sentí 'que un nudo se me hacía,
en la garganta, no pudiendo gritar : «j Oh,
sí, bárbaros, bárbaros, convirtiendo los tra
PAGINAS DE LA GUERRA
tados en trozos de papel, haciendo marchar
delante de las tropas en las batallas a las
mujeres y a los ninos, rematando heridos,
violando todas las leyes y todos los &re,
choS 1 Oh, sí, Bárbaros
ahora, 'senor conservador, dónde
estamos?
--rE,,n el dormitorio, de Napoleón I, tal
cómo estaba en la 'época que lo habitaba.
—?Es posible ? ?Exactannente ?
! Kolossal I I Kolossal ! — replicó S. E.
Pero era un Kolossal discreto, más bien
un murmullo pronunciado, algo que corres
ponde al «very nice»"Cle los ingleses, que lo
aplican en todas las ocasiones.
En la biblioteca del Emperador, en la
alcoba y en el gabinete de María-Luisa,
en el Salón de Stucs, ante el Luis XIV de
Lebrun, sobretodo, delante el Bonaparte de
Gros, por último en la Sala de fiestas, el
deshimbramiento del general fué creciendo.
— ! Kolossal I o ! Muy hermoso, magní
fico!
—Es verdad, senor, le dije. Y tieneVues
tra Excelencia que compretider mi inquietud
pensando en los riésg•os que corren toas
esas obras de arte tan perfectas, esos mue
bles preciosos, esos bronces únicos, cuyo
valor es incalculable y que están sometidos
a mi cusfodia. Pero confío que serán res
petados y que el ejército alemán tendrá él
honor de no destrtiirlos.
No contestó: me' mordí los labios. Qui
zá dije demasiado d no dije lo que debía de
cir o no lo supe decir y era necesario de
cirlo en otro tono. ?Cómo reparar mi errór
táctico ? Era demasiado tarde. Llegamos a
la gran verja de honor!
—Le •agracfecemos muchísimo, senor con
servador, con gran amabilidad., Puede .estar
usted seguro qu'e nada se tocará de ese Pa
laCio y de esos hermosos tesoros que ep
cierra.
El día 4 de Septierribre, con una per
fecta urbanidad, dos jóvenes óficiales ale
Manes 'pidieron a M. Gabriel Mourey que
les condujera al Parque. Conncfan los jar
dines de Versalles, de Fontaineblau, de la
Malmaison : querían conocer también los de
Compiégne.
Les conduje a lo largo del corredor sub
terráneo — dice M. Mourcy — que co
munica al Patio de honor con el Parque.
Nuestros pasos resonaron sobre las baldo
sas llenas de humedad. Al final de la' alta
bóveda obscura, detrás de los barrotes de
la verja que la encierra, un telón de ver
dura movida dulcemente por la brisa y do
rado por el sol poniente.
Nos encontrarnos en el Parque, al pie de
la gran terraza y descendimos por la esca
lera de la Esfinge. Los parterres solitarios
ardientes, esperando la noche ; las flores
embalsamaban. Un postrer rayo oblicuo se
quebró sobre la larga fachada del Palacio,
simple, armoniosamente proporcionado, con
una Majestad discreta y a lo lejos, en la
vasta pradera, Beaux-Mouts haciendo resal
tar con una polvorencia de claridad, supers
pectiva infinita.
La belleza de los: jardines crece en la so
ledad. Tengo la impresión de no haber sen
tido nunca tan íntimamente, la de ese paisa
je compuesto. ?Era ponga presencia de esos
dos extranjeros -- ?qué digo ? enemigos,
que me la hacía más sensible y más pre
ciosa?
—! Qué francés es eso 1 — exclamó uno
de ellos.
—! Si, absolutamente francés! — aprobó
el otro.
—Versalles es, sin duda, más majestuoso.
—No me gusta Fontainehlau por su fal
ta de unidad.
—Falta algo aquí.
—Agua.
—Sí, agua; es verdad. Falta aun otra
cosa.
Intervine y pregunté :
—?Qué 'falta ?
—Un rey. Si Francia tuviera un rey, se
. nor conservador, no estaríamos aquí. Esa
guerra no hubiera tenido lugar. El mundo
estaría en paz. Si Francia tuviera un rey
haría ya tiempo que estaría concertada una
Dije simplemente:
—Perdone V.; pero lo dudo. Además,
Francia es republicana y continuará Sién
dolo. ,
—Por su desgracia.
—O por su felicidad.
Pausa. Mientras se paseaban por entre
las platabandas, les examiné a mi gusto.
No carecían de elegancia y finura; pero un
poco pesados y maCizos. El mayor, de vein
ticinco o treinta arios, lo más, alto y. de
aspecto deportista, sin rigidez. El, otro más
insignificante, con las espaldas estrechas y
las facciones cerradaS.
Al abandonar la terraza, oímos el bor
doneo de un aeroplano. Lo miraron como
a un hermano.
un «taube» dijeron. Se ven pocos
de los vuestros.
El 7 de Septiembre el Palacio estaba
intacto. Y los alemanes se portaron en for
ma no acostumbrada, coma si hubieran re
cibido órdenes de lo alto. Maurey está con
vencido de que el Kaiser se había de ins,
talar en Compiégne, cuando sus tropas se
encontraran sitiando París. Se llevaron muy
poca cosa del castillo, antes de su retirada.
Se metieron en todas partes; abriendo puer
tas y cajones.
He 'aquí la relación dr-lo robado :
«Las diez y seis grandes piezas, reyes,
reinas, caballos, alfiler y torres de coral,
esculturado del 'juego de ajedrez ofrecido
por Carolina de Nápoles a Napoleón I.
Cerca .docena y media de punales, esti
letes que formaban parte de una panoplia
que adornaba las paredes de la Sala de
Guardias.
Un reloj de sobremesa en bronce dorado,.
primer Imperio, representando Atolante.
Tres ,antorchas en. bronce ,dorado.
Un fragmento de un candelabro de Se
vres.
Ocho cobertores de lana.
Y nada más. Fué muy poco. La vanidad
del Kaiser, queriéndolo ocupar, salvó a
Compiégne.
e
LaNeutralidad de Bélgica
y el Derecho Cristiano
Conferencia que debla dar en Barcelona el por la orilla izquierda del Rhin acaso nos
sacerdote francés M. Lugan y que fué pro- hubiera sido fatal. Nos hemos visto obliga
hibida porla autoridad gubernativa. dos a prescindir de las legítimas protestas
del Luxemburgo y de Bélgica, hallándonos
dispuestos a reparar los danos cuando haya
mos alcanzado nuestra finalidad militar.
Cuando se estIi amenazado, como lo esta
mos, cuando se lucha por la existencia, sólo
ise ha de pensar en los medios de vencer.»
He de hablar con discreción de un tema
importante. Aunque me encuentro en un
país unido por lazos espirituales a Francia,
no se Me ocultan las razones respetables por
las cuáles en el actual conflicto europeo per
manece en la neutralidad. Atendiendo esas
circunstancias pondré mesura a mis pala
bras no queriendo abusar de la hospitali
dad de Espana.
Puedo hablar sin ninguna clase de pre
juicio. No he sido nunca un «chauvin».
Y he formado parte, como vocal, de la Aso
ciación de católicos franceses por la paz,
queriéndome considerar siempre por amor.
de Humanidad, como un discípulo de Cris
to y del Espíritu.No Me faltan tampoco
amigos en Alemania y en Austria. Tenien
do esos antecedentes generales, puedo ha
blar áin ninguna clase de pasión patriótica,
animado por espíritu de justicia de la neu
tralidad, de Bélgica. sino puedo del tono
desprenderme de prejuicio, porque solo a
Dios, Espíritu puro atane juzgar sin la me
nor sombre de pasión que obscurece la
mente humana: aun las más elevadas sobre
Las- altas cumbres de la razón, lo podré en
gran parte: porque no soy belga. Sé muy
bien por mis amigos de Bélgica que esta es
taba celosa de su neutralidad -y que la hu
biera defendido contra los' franceses con
tanto empeno como la defendió contra los
alemanes. Al estallar la catástrofe que en
sangrienta ahora a. Europa, el ministro de
Jesucristo de Bélgica suprimió un periódi
co de Bruselas «Le Petit Bleu», porque con
tra las órdenes terminantes del Gobierno,
rompió la neutralidad a favor de Francia, en
un ,artículo titulado «Ante los Bárbaros».
Trataré de la neutralidad belga en sí mis
ma, eón objetividad— corno dirían tos fi
lósofos alemanes — juzgando su violación
no desde el punto de vista utilitario .por
Francia sino por espíritu de justicia, que
no es palabra vacía.
Bélgica tenía derecho a ser respetada te
rritorialmente por Alemania.
En 19 de Abril de. 1839 fué firmado en
Londres, el Tratado, en cuyo artículo sép
timo, se dice: «Bélgica debe formar un Es
tado independiente y perpetuamente neutro
y deberá observar esa neutralidad con todos
los Estados». Los firmantes del Tratado
eran, el rey Leopoldo., en nombre de Bél
gica, el Emperador de Au-ti ia , el rey de
Francia, la Reina de Inglaterra el rey de
Prusia, el emperador de Rusia, en represen
;Ilación de sus respectivos Estados, compro
metiéndose a observar, tanto ellos como sus
sucesores, todas sus cláusulas sin violarlas
ni permitir que se violaran.
Claras y terminantes las palabras. Espe
cificado el derecho y el deber de cada uno.
Habiendo Alemania declarado la guerra
a Francia, pidió permiso a Bélgica para que
pudieran pasar libremente todas sus tropas
a través de su territorio, autorización , que
no fué concedida, no queriendo Bélgica
«faltar a su palabra». A pesar de esta ne
gativa heroica que constituirá la gloria eter
na del pueblo que la ha formulado, las tro
pas alemanas atravesaron el día 4 de Agosto
ele 1914, la frontera por el puente de Vise.
El mismo aí,a el Canciller del Imperio Ale
man,. Bethrnann Hollveg, portavoz de un
pueblo que le aplaudía, dijo en él Reichs
tag las palabras que citaré, haciendo la 'apo
logía de la violación de la netia.a idad belga.
Traduzco literalmente las palabras del Can
ciller porque plantean el problema de la
cuestión de justicia que discutirnos..
«Nuestras tropas — dijo estaban pri
mero exclusivamente a la defensiva. Pero
nos encontramos, por necesidad, en estado
de legítima defensa. La necesidad es ley.
Nuestras tropas han ocupado el Luxembur
go y tal vez Bélgica. Hemos atropellado el
derecho de gentes.; pero sabemos que Fran
cia estaba preparada para un ataque y este
Analicemos, senores, con calma y pacien
cia, esas temerarias e históricas palabras.
En primer lugar el Canciller alemán con
fiesa que la violación de las neutralidades
de Bélgica y del Luxemburgo, constituyen
un atentado, sino contra la justicia, con
tra el derecho de gentes. Afirma que se ha
ofendido ese derecho y reconoce legítima la
protesta de Bélgica,. Podríamos encontrar
de deducción en deducción que todo lo que
vulnera el derecho de gentes es ipso facto
contrario a la justicia internacional, pues es
un derecho regulador de las relaciones en
tre los pueblos, dando fuerza de ley a los
Tratados. Sería inútil. Leyendo atentamen
te las palabras del Canciller se ve claramen
te que declara que no es injusto lo contra
rio al derecho de gentes. No admite más
que una sola ley de justicia internadonal:
salvo populi, la salvación de un pueblo. He
aquí la única ley suprema. Justo es todo lo
que ayude a salvar un pueblo ; injusto todo
lo que impide su salvación. Esa ley la pro
clamaron primero los romanos aplicándola
a 'los individuos que ante la necesidad del
Estado carecían ele derecho. Y esa fué la
doctrina que condujo al Redentor de los
hombres al Calvario. Expedit ,unum nomi
nas mori pro pOpulo. «La salvación del pue
blo, decía y pensaba Caifás, exige que Cris
to muera, aunque sea inocente». Pero esa
doctrina no la aplicaron los romanos a las
naciones, matando a un pueblo para salvar a
otro.
Esa doctrina, proclamada por Bethman
Hollweg, es la filosofía de Hegel sobre el
Estado, que tuvo sus apóstoles en Thieb
zuch, con el prohombre individuo y en Mixh
:Id:: con el prohombre Estado prusiano.
Sobre este caso puede leerse lo que dice el
Conde Alcalá-Galiano acerca las palabras
del Canciller : «Cuando uno lucha por su
existencia, es preciso no pensar más que en gica no faltó a su deber de honor y de
los medios de vencer. ?Qué significa eso, lealtad. La pequena Bélgica hizo lo que la
sino presupone corno necesaria la violencia poderosa Alemania confesaba no poder ha
de la neutralidad belga y sus consecuencias, cer. Mantuvo la ley y la justicia, hasta el
la muerte y devastación? Todo está permi- último extremo. Bélgica quiso mantener,
tido para salvar a Alemania, considerándose costa de terribles sacrificios.. una Moral so-
. '
los Estados de garantía, papeluchos.
Si esta fuese la verdadera doctrina no
podríamos hablar nunca 'más del derecho
internacional. No habría nación que for-jándose
necesidades imaginarias no se cre-yera
autorizada para atropellar a los débi-les
y pequenas alegando y fingiendo razo-nes.
Caben tantas hipótesis en esas ne-cesidades!
Y si por ley de la existencia,
la necesidad exige ,que una raza sea sola
duena de un continente, 'dominadora de la
Tierra, nadie podría impedírselo si las na-dones
opuestas fueran débiles, no existien-do
otro derecho, otra normade justicia en-tre
los pueblos que la razón del más fuerte.
Hablaré elaro y dígase que no hay más
derecho ni más justicia entre las naciones
que la fuerza Material de los canones, de
las ametralladoras y de las bayonetas.'
Pero todos cuantos sienten su oig-nidad
humana y quieren elevarse por encima, a lo
infinito, del rango de las bestias, quien se
cree hijo del Espíritu y no de la carne y,
sobretodo, quien quiera glorificarse con el
título' dé diseípulo de Jesucristo, verbo de
Dios, ,eleninlar y „corona de nuestra raza,
no puede' aCeptar semejante doctrina mate-rialista
qtae puede servir para regularizar
la vida de las, fieras del desierto y de los
tiburones del'inar Una nación nunca puede
hacer lo que se le antoje para vivir. Para
un pueblo también tiene valor ia regla que
constituye el principio de 'toda moral hon-rada.
El fin, por bueno que sea, no pue-de
justificar los medios malos que se em-plean
para alcanzarlo. Si un Estado, aun
para salvarse, no puede matar injustamente
a un individuo si la muerte de Cristo, por
razón de Estado, constituye vergüenza del
—
sacerdocio judaico, menos puede un Estado,
para salvarse Matar a día colectividad, a
una familia, a los millones de individuos y
de familias que encierra una nación. Lo di-ce
muy bien el Cardenal Mercier en su nun-ca
bastante alabada Pastoral : «No es ver-dad
que el Estado valga esencialmente más
que el individuo y la familia, pues el bien
de las familias y de los individuos es la
razón de su organización. No es verdad que
la patria sea un dios Moloch, sobre cuyo
altar todas las vidas pueden ser legítima-mente
sacrificadas. La brutalidad de las cos-tumbres
paganas y el despotismo de los Cé-sares
había llegado hasta esta aberración a
la cual el militarismo aspiraba dar nueva
vida, a saber, que el Estado es omnipotente
y que su Poder arbitrario crea el Derecho».
Hasta aquí el Cardenal Mercier.
Hay en el Syllabus una proposición que
quiero citar, porque viene muy a propósi-to
del calificativo de papelucho dado a los
Tratados que estorban. La proposición con-denada,
dice : «La violación de los jura-rrientos
más sagrados, las acciones más cri-minales
y vergonzosas, las más opuestas ai
la ley eterna, no solamente no merecen vi-tuperio,
sino al contrario, son lícitas y dig-nas
de las Mayores alabanzas, cuando se
hacen por amor a la patria.»
Esto está condenado.
Hasta ahora he supuesto, sin reconocer,
que la radón de Alemania violando la neu-tralidad
de Bélgica, obedecía a una nece-sidad
de la existencia. Nada más lejos de
la verdad. Todo esta no fué más que un
pretexto.
Un escritor holandés, M. Frederich van
Eeden, dirigió, hace poco, una hermosa car-ta
a los y les decía, entre otras,
estas palabras que corroboran el argumen-to
que defiendo : «Tú, Bélgica, eres la ven-cedora.
La victoria material del usurpador
no puede suprimir tu victoria. ?Qué ha di-cho
el Gobierno alemán — pues el pueblo
alemán no es responsable de esta manera
de hablar — para justificar su acto de vio-lencia
? Que Alemania estaba en la nece-sidad
,absoltita de obrar en aquella forma,
porque la necesidad no reconoce ley. La
vida de Alemania_estaba en peligro ; tra-taba
de defenderse contra la agresión del
enemigo. Ante esa necesidad el interés uná-nime
de Bélgica no se tenía en cuenta. Los
hechos han demostra.do la falsedad de se
mejantes palabras. No era Alemania, era
Bélgica lo qae estaba en caso de absoluta
necesidad. No se trataba de la existencia do
Alemania. ?Quién puede sajar en la des-trucción
de un pueblo de setenta Millones
de hombres? En cambio la vida de Bélgi-ca
estaba en peligro. Y no obstante -Bél-
Y por esto, yo, Holandes, preferirla
pertenecer a la naciju belga pisoteada que
a la nación aieinaliaarrogante y poderosa.
Todos los pueblos inploran la ayuda de
Dios; pero ningún pueblo, tiene tanto de
recho a esta ayuda, como el belga.»
No podía tranquilizar la conciencia de
los pueblos el pretexto, alegado por Alema
nia para violar la neutralidad del territo
rio belga. Se tenía que encontrar otro pre
texto. Y- no costó rnueho hallarlo. Lo di
jo sin rodeos el Canciller : «Sabemos que
Francia estaba preparada para un ataque y
un ataque de los franceses sobre la vertien
te de la orilla izquierda del Rhin, podía
sernos fatal.» Y el pretexto aparece aun de
una manera más- clara y pertinente en la
nota enviada el 2 de Agosto por el gobier
no alemán al gobierno belga : «Ha recibido
el gobierno alemán, noticias ciertas, según
las cuáles, las 'fuerzas 'francesas tienen in
tención de dirigirse sobre el Mosa, pasando
por Givet y Naniur. Esas noticias descubren
la intericiÓri de Francia de dirigirse contra
Alemania, pasando por el territorio belga.
El Gobierno imperial alemán: debe temer
que Bélgicja,-.a pesar de su buena voluntad,
no esté en estado de detener, sin ayuda aje
na, el paso de los franceses. Se trata de una
amenaza dirigida contra Alemania. Por ins
tinto de conservación Alemania tiene el-de
ber de evitar este ataque del enemigo. El
Gobierno alentán sentiría mucho que Bél
gica mirase como un acto de hostilidad ésta
medida, que ha tenido que- adoptar por exi
gencias de sus enemigos.» El Gobierno ale
nián se comprometía. a dar una indemni7
ración. , Seguirá.
El secreto de Lord Kítchener
En 1900, el socialista inglés Mr. Blatch» ford, con una clarividencia que le caracte
riza corno gran político, aconsejaba que
Lord Kitchener preparase a la nación in glesa para una guerra anglo-germana. Lo
mismo que las continuas y no poco macha
conas del difunto, Lord " Roberts, la indi
cación discreta de Blatchford fu é desde
nada. Y el día 2 de Agosto, cuando ya
Alem'ania había declarado la guerra a Ru
sia y había violado, la neutralidad del Lu
xemburgo, ocupaba la cartera de guerra
Lord Haldane, un hombre civil, muy culto
y muy listo, pero con quien no estaba con
forme la opinión militar por ser demasiado
amigo de Alemania y muy poco versado
en las artes de la guerra. Muchos ingleses
recordaban a propósito de Lord Haldane
la frase de Napoleón en 1813 a su hermano José Bonaparte cuando éste se perneti( acon sejar a los generales franceses que hacían
la guerra en Espana: «la mayor de todas
innmmoorraalliiddaaddeess es comprometerse en una profesión de la cual está uno ignorante».
Entonces Thie Timles, interpretando los
deseos y el común sentir del pueblo inglés,
proclamó la candidatura de Lord Kitche
ner para ministro de la guerra. Y el jefe
del gobierno lo nombró y Lord Kitchener
aceptó el cargo. Esto era contrario a los precedentes constitucionales, pero el •nom bramiento fué acogido con aplauso por las
Colonias y Depencifencias inglesas y por los
aliadios franceses. Lord Kitchener había ser vido a Francia «cuando Francia, — dijo
el crítico militar de The Times — después
de las derrotas de Spicheren, Wórth, Mars lpaie-Ts oduer,laCirnasvoelleonttteessoyldaSdeedsácna, cdaeyl óReay ldoes
Prusia».
Horacio Herbert Kitchener nació en 24
de Junio de 1850 (cuenta, pues, sesenta y
cuati o anos) en Gunsborough Honse, cerca
de Tradee en Irlanda. El padre de Lord
Kitchener, militar también, el Coronel Kit chener, pertenecía a una familia de Saf folk, pero en los anos del nacimiento del
actual ministro se había convertido en un
terrateniente irlandés. Por el lado de su madre, née Chevallier, descendía de hugo
notes. Corría, pues, sangre francesa en sus
venias; y la voz de la sangre fué acaso
lo que le hizo tomar las armas por Francia
en 1870.
Los primeros arios los pasó en la casa paterna. Cuando tenía trece, fué enviado
a un colegio, cerca, de Villeneuve, a un ex
tremo del lago de Ginebra. El Coronel
Kitchener comprendió que el mundo sufría
una transformación y que era preciso apren
der idiomas extranjeros. Villeneuve está en
frente del Castillo de Chillon, cantado por
Lord Byron, y de Clareus, inmortalizado por
Rousseau. Allí había vivido otro revolu
cionario del pensamiento como Rousseau
de la sensibilidad y Byron de la poesía lí
rica — el inmortal Voltaire... el hombre
más completo que ha produtido la humani
dad, según el pensador alemán Popper. En
tre Ginebra y Villeneuve está Lausanne,
donde había residido Gribbon, el 'historia
dor de la decadencia y caida del Imperio
romano. Muy cerca, cae el Valle del Ros
sano, desde donde Bonaparte descendió a
Italia en 1800. Un ambiente de libertad
circundó la adolescencia del futuro Lord
Kitchener.
Del Colegio de Villeneuve pasó Kitche
ner al del Reverendo Jorge Frost en Ren sigton Square, 27 y 29, en Londres. Unas
)cas puertas más allá vivía Green. el
historiador del pueblo inglés a quien yo he
traducido; el filósofo Stuart Mill habitó en la misma plaza; el novelista humorístico
Thac Keray residió en la próxima Young
Street. Como Bisrnark, Horacio Kitchener
pertenecía a la raza de los escolares que
tornan afecto a sus maestros. Cuando mu
rió el Reverendo Frost, se encontró bajo
su almohada una carta de Lord Kitchener
agradeciéndole las enhorabuenas que su vie
jo maestro le tributaba con ocasión de la
victorias del Sudan. (Véase a H. G. Gro
ser : Lord Kiteherter, p. 23' Arthur Peor-son
Limitet, Londres, 1914).
A los diecisiete anos entró en la Aca
demia Militar de Woolwich, el más cientí
fico de los dos colegios que adiestran a los
futuros oficiales del Ejército inglés. Se dis tinguió por su aprovechamiento en las ma
CRÓNICA
temáticas y por su amor a la disciplina.
Descansando estaba en la. casade su padre,
cuando 'estalló la guerra franco-pruSiana,
en Dina,n, Inglaterra, donde ahora vivía el viejo coronel. Sin consultar con su proge nitor, y Menos con las autoridades de Wool wich, se escapé de voluntario al ejército
de Francia e ingresó en el 2.o cuerpo de
ejército del Loire, mnandado por el com petente general Chanzy. Su servicio des
dichadamente terminó con una pneumonía
y su principal hazana fué una ascenlión en
un rudimentario globo guerrero. En 29 de
Diciembre de 1913 repitió la experiencia
haciendo un vuelo en aeroplano con el pi
loto Olivier.
Por una, gran ironía del Destino, Lord
Kitchener fué encargado por Mr. Asquith
— como el general Chanzy por Gambetta
— de improvisar un ejército en tiempo de
guerra. Felizmente para la Gran Bretana
había habido factores en la Constitución
inglesa que los leguleyos y los historiado
res se olvidan de mencionar. Estos facto
res eran el dominio del mar y los marinos
británicos que lo sostienen...
Costó gran trabajo 'e influencias al pa
dre de Horacio Katchener que éste rein
gresara en la Academia cie Woolwicn. (Véa
se la monografía: Lord Kitehlyzer of Khar
town, por el autor del King Edivard The Seventh, pág. 19). Cuando salió de allí,
entró en el Cuerpo de Ingenieros Reales
y se especializó en la telegrafía, la cons
trucción de ferrocarriles y la fotografía. Su
experto conocimiento de los últimos ramos
de la ingeniería militar fué la causa de que
le agregaran a la Comisión de Exploración
de Palestina con ei Lugarteniente C'onder
para hacer el mapa de la Palestina Orien
tal.
De 1874 a 1877 Kitchener trabajó en
este mapa. Sus trabajos están contenidos
en tres inonumentales volúmenes de inves
tigaciones, un artíc'ulo sobre los restos de Sinagogas en Galilea y un mapa de la Pa
lestina Occidental. En un ataque de los
naturales del. país, Kitchener fué herido,
icuando su jefe Conder fué salvado por la
sangre fría y 'el valor del Ministro de la
Guerra actual. ,En Palestina. 'intimó 'mucho
con H0~ Hunt, el más sincero y el más
religioso de los pintores ingleses. «El Lu
garteniente Kitchener — escribía el artis
ta prerrafalista — estaba completando sus trabajos topográficos. Teníamos muchas
ocasiones de hablar sobre las futuras pers
pectivas Militares en Siria.»
Al volver de Palestina, Kitchener visi
té Constantinopla, Andrinópolis y Sofía,
perturbadas por el estallido de la guerra
ruso-turca. En Febrero de 1878 contribuyó
con un viril artículo a Blackwood Maga
zine, dando su imPresión de los soldados
turcos. «Siempre dispuestos a pelear (es
cribía) son verdaderos héroes, nunca con quistados, sino por la superioridad numé rica ; su lema es : Mientras tengamos vida,
pelearem'os...»
Los turcos derrotados en la guerra bal kánica pueden haber lamentado, que en
1883 este magnánimo inglés no hubiese
sido encargado por el Sultán de reorga
nizar el ejército turco; tarea que fué en
comendada al teórico militar Vander Goltz,
porque (como Von Bernhardi indica) con
venía a Alemania que Turquia poseyese un ejército fuerte.
En 1882 le encontramos en Alejandría
cuando el bombardeo de la ciudad era in
minente. Cuando Wolseby llegó a restau
rar el orden en el Valle del Nilo, uftlizó los
servicios de Kitchener — que habla el ára
be — y que sirvió de mayor de la caba
llería egipcia en la campana de Tel-el-Ke
bir. Sir Evelyng Wood fué nombrado Sir
dar del Ejército Egipcio y Kitchener as
cendió a segundo jefe de la caballería
egipcia.
Kitchener tomó no menos parte heroi
ca y activa que el mismo Gárdon. Disfra
zado de árabe — y como Napoleón en la
campana de Rusia — llevando consigo re llenos, avanzó hasta Dóngola consiguien
do disuadir a los indígenas que se unieran
al falso Profeta. «Toda su vida Kitchener
ha sido un soldado voluntario, decía el co rresponsal de guerra Bennet Burleigh I
Cuando Gordon murió, Kitchener tenía
treinta y cuatro anos. Como lugarteniente
coronel, aceptó luego el puesto de comi
sionado para Zanzibar. Al ario siguiente
(1886) fué nombrado general-gobernador
del 1,toral del Mar Rojo y Comandante
de Snakin. En 17 de Enero de 1888 sor
prendió el campamento de Osman Digna,
el más capaz de ios oficiales.que se nabían
lanzado contra Sna Rin. Una bala le atra
vesó la mandíbula y le entró en la nariz
y regresó a .inglaterra. Mas pronto vol
vió a su puesto y ayudó al General Gren
fell en 20 de Diciembre a derrotar a los
derviches en Gemaizeth, en la vecindad de
Suakin. Al ario siguiente dirigió la deci
siva carga de la caballería de húsares S,
de egipcios en la batalla de To,ski (3 de
Agosto de 1889).
Kitchener fué luego general ayudante del
ejército egipcio y de 1890 a 91, temporal
mente, Jefe de la Policía. En 1892 por de
signación de Sir Francis Grenfell fué nom
brado •Sirdar por indicación de Lord Co
mer, que tenía de él un altísimo concepto
y así lo ha expresado en su libro Modern
Egipl, publicado en 1898.
Se ve, pues, que Lord Kitchener no fué
un militar de salón, sino un militar de cam
pamento. Y esto es todo el secreto de Lord
Kitchener — y no el que, con fácil humo
rismo, supone el maligno Cirici Ventalló :
haber sido toda su vida un perfecto mili
tar y haber llegado al ministerio cie la gue
rra del Reino Unido en un m'omento en
que había que improvisar-1m gran ejército,
que llegaría a causar el asombro de Eu
ropa...
ANDRES GONZALEZ BLANCO
—Me parece que esta pina americana, no me ha sentado bien.
El Manifiesto de los
intelectuales espanoles
En la prensa de París, primero, en la
espanola, despues, ha aparecido el mani
fiesto de los intelectuales espanoles. Su
Prosa sobria e intensa, dicen que tiene la
Paternidad de Ramón Pérez de Ayala,
quia& el más fuerte de los nuevos hom
bres de letras de Castilla. Su lectura ha
sido epilogada en Francia con un apasio
nado !vive l'Espagne! En Madrid, con
trariamente, por las redacciones germa
nófilas, ha rugido un !muera! de despecho
envidioso. •
Y las firmas del manifiesto son todo.
el pensamiento espanol, con todos sus
matices. La Espana viva y perdurable
está ahí. Y si sus autores hubieran que
rido darle una mayor elasticidad, todo lo
que en Espana tiene un valor, todo lo que
en ella representa una fuerza inteligente
inscribiera su nombre bajo el manifiesto
que viene a hermana" con aquel otro que
Cataluna presentó a Francia.
A continuación lo transcribimos, así
como los comentarios que ha merecido de
Chaumie, el traductor de Valle Inclány
de Azorín.
«Elevamos la voz para decir nuestra
opinión, con modestia y sobriedad, como
espanoles y como hombres.
No estaría bien en este momento su
premo de la historia del mundo que la
historia de Espana se separase del curso
de los tiempos, permaneciendo a un lado
como roca estéril, incapaz de sentir in
quietudes por el porVeniry las que dictan
la razón y la ética. Sería una bajeza que
en estos momentos de gravedad profunda,
de intensos sentimientos religiosos, cuan
do la raza humana sufre sin límites,
,engendrando una solidaridad más estre
cha y más fraternal, que Espana, por
pusilanimidad de sus políticos responsa
bles, apareciese como un pueblo sin eco
en las entranas del mundo. Y sería peor
aun que esos ecos se propagasen con
acrimonia de voces inflamadas por riegas
pasicines y ultrajes de plumas y de perió
dicos mercenarios.
Nosotros, sin otro título que el de nues
tras vidas silenciosas consagradas a las
puras actividades del espíritu, sentimos
que para servir a la patria y ser ciudadano
honrado y útil• es preciso ser hombre
honrado y útil para todos los pueblos.
Por eso estamos seguros de cumplir con
nuestro deber de espanoles y de hombres
declarando que participamos, con la ple
nitud de nuestro corazón y de nuestro
juicio, en el conflicto que conmueve al
mundo. Nosotros nos hacemos solidarios
de la causa de los aliados en lo que ella
representa, los ideales de justicia, lo
único que puede coincidir con los más
profundos y más imperiosos intereses
políticos de la nación.
Nuestra conciencia rechaza todo aque
llo en que se manifiesten los hechos que
degradan la dignidad humana y el res
peto que los hombres se deben aun en el
mayor encarnizamientode la lucha.
Deseamos de una manera ardiente y
ferviente que la paz futura sirva a todas
las naciones de honrosa y provechosa
ensenanza, y esperamos que el triunfo de
la causa que estimamos justa afirmará
los valores esenciales mediante los cuales
cada pueblo, grande o pequeno, débil o
'-fuerte, hará nacer la cultura humana,
destruirá los fermentos del egoísmo de
dominación y de impúdica violencia ge
neradores de la catástrofe, y afirmará los
cimientos de una nueva fraternidad inter
nacional en que la fuerza llenará su fin,
que es garantir la razón y la justicia».
Catedráticos: Gumersindode Azcárate,
Nicolás Achúcarro, Adolfo Buylla,
Américo Castro, Julio Cejador, Manuel
B. Cossío, José Goyanes, Luis de Hoyos,
G. R. Lofora, Eduardo López Navarro,
Juan Madinaveitia, Gregorio Maranón,
Ramón Menéndez Pida!, Manuel Morente,
Manifestaciones francesas
tras los Pirineos
Desde que ha estallado la guerra no se
ha escrito página más hermosa. que ese ad
mirable manifiesto de los intelectuales de
Espana, en donde la armonía de la fórma
responde a la alteza de sentimientos.
Está firmado por la más selecto del pen
samiento espanol.
Profesores de Derecho, de Filosofía, de
Pedagogía, de Letras, de Ciencias, de Me
dicina, de las grandes Universidades, uno
de ellos, el senor Unamuno, ayer aun rec
tor de la Universidad de Salamanca ; músi
cos, pintores, decoradores, escritores de len
gua castellana y catalana, grandes espí
ritus inspirados por la única pasión de la
razón y la justicia, sin obedecer a ninguna
preocupación de partido.
Se encuentran, entre ellos, hombres de
todas las opiniones.
Nada más significativo a este propósito
que el azar del orden alfabético' que hace
el primer firmante a Azcárate, jefe respe
tado de partido republicano, cuya figura do
mina en el Parlamento y cuya situación mo
ral es tan respetable, que sin abandonar
en
ha
de
nada sus convicciones de toda su vida,
sido consultado por el Rey en las horas
— siendo el últimio el soberbio
escritor Ramón del Valle-Inclán, fogoso
carlista.
Tres de los literatos firmantes Son miem
bros de las Cortes. El gran decano de las
letras espánolas, D. Benito Pérez Galdós,
que se sienta en los bancos republicanas,
con Rtusinol (1), que se cuenta entre los
pintores, pero que es también, como no se
ignora, un rernarcable escritor catalán, y
Azorín, pseudónimo del diputado conserva
dor. Martínez Ruiz, con el que firma sus
libros y sus crónicas de una forma tan pura
(1) Aquí el escritor francés sufre una confusión.
13 —
José Ortega Gasset, Gustavo Pittalúga,
Adolfo Posada, Fernando de los Ríos,
J. Eugenio Rivera, Luis Simarro, Ramón
Turró, Miguel de Unamuno, Luis Urrutia
y Luis de Zulueta.
Compositores de música: ManuelFalla,
J. Turina, Rogelio del Villar y Arnadeo
Vives.
Pintores: Angla da Camarasa, Ramón
Casas, Anselmo Miguel Nieto, José Ro
dríguez Acosta, Julio Romero de Torres,
Santiago Rusinol, Ignacio Zuloaga y
Joaquín Sunyer.
Escultores y decoradores: Julio Anto
nio, Juan Borrell Nicolau, José Ciará, En
rique Casanova, Manuel Castanos, Mate
Fernánde de Sojo, ,Jerónimo Villalba y
José Villalba.
Escritores: Mario Aguilar, Gabriel
Alomar, Luis Araquistain, ManuelAzana,
«Azorín», José Carner, Manuel Ciges
Aparicio, Francisco Grandmontagne,
Amadeo Hurtado, Ignacio Iglesias, Anto
nio Machado, Ramiro de Maeztu, Gregorio
Martínez S erra, Enrique de Mesa, Ar
mando Palacio Valdés, Benito Pérez
Galdós, Ramón Pérez de Ayala y Ramón
del Valle Inclán.
y de una tan justa y tan limpia visión.
Tenemos dentro el mundo político espa
nol muy vivas y numerosas simpatías, mu
chas .de las cuales se han manifestado ya
ruidosamente, pero — sin duda para rio pre-
•
sentarse corno sospechosos de premedita
ción. — los autores de esta declaración se
han mantenido exclusivamente en el mundo
de la ensenanza, de las letras, die las cien
cias, de las artes ; ninguno de esos escritores
ha dado su firma en calidad de político.
Sólo en su calidad de profesor en Derecho
de la Universidad de Madrid aparece el se
nor Azcárate.
Algunos, como .ei grande y admirabie-no
velista Palacio Valdés, con todo y permane
cer alejados de las luchas de partido, tie
nen muy firmes convicciones religiosas ;
otros son librepensadores. Pero todos, ca
tólicos fervientes o librepensadores, repu
blicanos o carlistas, liberales o conservado
res, se unen en La expresión de un mismo
sentimiento.
El Público francés pudo ya apreciar la
calidad de las simpatías de muchos de ellos,
especialmente leyendo en Le Figloro un ar
tículo de una emoción muy fina, de Azorín,
y en L'Echo ci,e Parils la hermosa carta de
Una/Mino a Barrés.
Tales testimonios han tenido un eco pro
fundo en el alma francesa..
De instinto queremos todos a Espana en
Francia ; pero la conocemos muy poco.
Muchas cosas y muy encantadoras nos
seducen desde el primer momento, cuando
la recorrernos en un viaje rápida, quedán
donos grabadas para liempre las hermosas
imágenes, pero ignoramos el alma verda
dera de ese gran pueblo.
Si prolongamos nuestra residencia entre
ellos, si hablarnos su lengua, si gustamos
el encanto de las amistades ,espanola,s, ex
quigitas entre todas, por la ardiente del co
roa& y la vivacidad diScreta del espíritu,
-14
Comprendemos cada día más cuán firme era
el instinto que nos hacia amar a Espana.
Muchos han sido quienes, como yo, han
sentido esa simpatía tan grande hasta el
extremo de considerar a Espana como una
segunda patria.
'Se quieren por otras razones que no las
que les hablan primeramente cautivado. Sin
duda que se mostrarán siempre sensibles
a lo que les ha encantado en el Primer en
cuentro; pero es que no veían más que lo
más amable de las apariencias.
En el paisaje mismo, lo que más les im
presiona es la límpida austeridad de los
Montes y la severa amplitud de los grandes
horizontes. Está cerca entonces del cora
zón del pueblo. Detrás de esas actitudes
algunas veces desafectadas o de los espíri
tus demasiado predispuestos a criticarse a
sí mismo — permitiendo senale a los ami
gos los defectos comúnes — se descubre
todo el valor de esa alma tan llena de un
hermoso pasado, y que, por más que no se
cre:a tiene aun un rico porvenir.
Como nuestra Francia que una vez más
asombra al mundo, la Grecia soberana de
las viejas civilizaciones no ha detenido el
impulso expontáneo de un pueblo eterna
Mente joven.
Esto lo sienta muy bien, y lo han podido
probar desde hace tiempo, los elevados
espíritus y las hermosas conciencias que han
firmado ese manifiesto.
Ante todo y por encima de todo son pa
triotas.
Primero honran a su país por su arte y
su ciencia. El período actual quedará como
uno de los más grandes en la historia lite
raria y artística de Espana y la labor de sus
pensadores y sus sabios coloca la nación
en el lugar que le corresponde en el mundo
del pensamiento. Pero todos, tanto los pro
fesores como los escritores o los altistas,
no se contentan con el lustre que dan á su
patria. Hacen obra de educadores. La pre
paración de las generaciones nuevas es su
noble tormento.
Y todos, sean cuales fueren sus opiniones
filosóficas o políticas, se asocian en esta
acción. Fieles a las tradiciones profundas
de su raza, apasionadamente adheridos por
todas las fibras de su sér a la tierra de
Espana, quieren abrir a la juventud, al país
entero, los amplios ventanales sobre el mun
do.
Sigo desde hace anos sus esfuerzos. Con
ellos, dolorosamente he sentido, hace unos
Ineses, la pérdida de uno de los más gran
des de esos ,educadores, 11110, de los hombres
que más útiles han sido a ese país, Giner
de los Ríos, cuya ancianidad, de una sere
nidad tan pura y tan joven mostraba a los
que le vetan en medio de sus discípulos
la más alta imagen de un filósofo antiguo.
! Su firma hubiera figurado también at pie
de ese manifiesto; pues desde los primeros
días de la guerra afirmó con un arrogante
ardor su adhesión a nuestra causa 1'
Si la Muerte nos ha quitado su nombre,
se sobrevive por lo menos con el de Cossio,
su digno sucesor a la cabeza de su obra
y uno de los Más grandes de sus discípulos.
Desde hace meses, esos hombres, mu
chos de los cuales, no obstante, han estu
diado en las Universidades alemanas, no
desprecian ninguna ocasión para expresar,
en el periódico o en el libro, su adhesión
a la obra de justicia. ! Con cuánta emoción
yo, que sé lo que valen, les he oído, hace
tres meses, expresar su inalterable confian
za en el triunfo del derecho I
Releyendo sus nombres, les veo, desde
el carlista, mi querido Valle-Inclán, gen
til hombre de esas letras cuya personalidad(
evoca un pasado Magnífico y lejano, has
ta los hombres de la extrema izquierda, vi
Domingo por la manana me encuentro
en la cresta del Monte San Eloy. Abarco
un horizonte más extenso que desde el pro
montorio de Loreto. Es el mejor observa
torio para seguir la batalla de Arras y para
comprender cuán formidable es la fortaleza
que los alemanes han construido bajo tie
rra o a flor de tierra en los confines del Ar
tois y de Flandes.
Dos altas torres abaciales que la guerra
ha encontrado en estado de viejas ruinas,
perfeccionándolas, aimenadas, se levantan
bizarras desde el monte ‘al cielo sirviendo
de punto de pira a cros- leguas a la redonda.
Todo en torno de ese alto vestigio, encan
tadoras casitas de verano, ha perecido, co
mo los heridos de la batalla, bajo su som
bra, acribillado por las balas. Ninguno de
esos própietarios piensa en cenar sus claus
tros. Nos paseamros por un viejo parque
escuchando el estampido rabioso de nues
tro 75 y el retumbar tempestuoso que viene
de los alemilanes. Los hermosos árboles
cuyas hojas parecen dormir, fOrman una
protección aérka. !Qué tranquilidad volup
tuosa esta mantna ligera en este rincón de
la batalla! •
Pero es imposible que nos distraigamos
con un placer tan banal y. diario, cuaudo
des pasos nuestros podemos observar uno
de lo s más grandes espectáculos que se pue
den contemplar Saliendo de entre las casas
y jardines ganamos en lo alto del monte
un campo desnudo y un horizonte inmenso.
El suelo, donde nos instalamos, está acri
billado por las marmitas. Nuestro amable
guía nos nombra uno a uno esos puebleci-(
tos fortificados, donde cada casa es una
fortaleza; esos valles cerrados por trinche
ras estratégicas, esas colinas donde se han
instalado bastiones, esos caminos que se en
trecruzan a través del inmenso paisaje. A
nuestra derecha, en medio de la verdura,
el pueblecito de Ecurie; más al sud, Arras,
sin su atalaya dominante. Al este, delante
de nosotros, un grupo de árboles senala el
lugar donde estaba la Targette. Detrás de
la Targette, los vestigios de Neuville-Saint
Vaast. Más atrás aun esa región laborada
de blanco, surcada de pequenos caminos
trazados en el yeso: es el famoso Laberin
to. Ese lugarejo, en el horizonte, Thélus,
que está medio destruido. Más lejos aun
la cresta de Virriy. A nuestra izquierda, al
Norte, sobre la gran prominencia de terre
no, vemos construcciones blancas. Y dise
miradas bajo el gran cielo distinguimos tres
«salchichas» nuestras y sus tres Dracken
donde vigilan los oficiales observadores,
dispuestos a dirigir inItantáneamente los
fuegos de sus baterías sobre el objetivo in
teresante que reconozcan.
Uno permanecería horas enteras miran
do ese campo de batalla; horas escuchando
brantes por la misma generosa pasión.
A pesar del esfuerzo colosal de la propa
ganda alemana, Más allá de los Pirineos,
que lo ha, puesto todo en juego para .enga
nar a la opinión, el verdadero pensamiento
de la nación espanola se ha Manifestada
por sus más altos espír:tus.
Esas grandes palabras no serán olvida
das. Contribuirán a aproximar aun más a,
esos ,dos grandes pueblds tan naturalmente
inclinados el uno al otro y que todo lo pue
den obtener, conociéndose mejor y querién
dose más.
JACQUES CHAUMIE
Lo que flota bajo el cielo de batalla
el relato de nuestros esfuerzos espléndidos
para romper los ocho cuerpos de ejército
sucesivamente enviados por los alemanes,
para ganar ese acantilado de Vimy que nos
abriría esa llanura de Lens; horas, viendo
por toda la c,ampina, bajo el abrigo que
nuestras piezas han sabido improvisar, ios
fuegos de expulsión .de nuestros proyecti
les y después, a lo lejos, los humos de su
llegada al enemigo. Es una inmensa sinfo
nía que, fenómeno extrano,' inspira menos
horror por sus ,abominaciones,que respeto y
admiración por .esCIS hombres que saben mo
rir. Parece que se cumple un misterio, bajo
nuestros ojos, en este rincón de tierra.
Me encuentro aquí corno; en un templo,
en un lugar sagrado, donde pasa algo su
blime, eterno, el milagro por excelencia, el
encuentro entre la más grande potencia in
visible y el hombre cautivo.
Han visto la zarza ardiendo.
Y cuando evoca esa gran imagen bíbli
ca, ese recuerdo, de visiones católicas, no
quiero decir que-esos favores sobrenatura
les estén reservados sólo a los creyentes.
Cualquiera que sea su actitud racional y
razonable ante los dogmas y el misterio,
sean los que quieran sus prejuicios, desde
que entran en la zona heroica nuestros sol
dados se encuentran por este mismo hecho
en una zona religiosa. Un cristiana dirá
que se ha estremecido al contacto de un
Dios; otro que se ha estremecido solamen
te por la realización súbita y satisfactoria
de la idea de patria ; pero ante los ojos
de unos y otros está la aparición, la evoca
ción urgente de lo desconocido, de una pre
sencia, de una fuerza que es seguramente
una energía moral y religiosa.
A esas alturas, Dios, Patria, abnegación,
sacrificio, olvido de sí mismo, todas esas
grandes virtudes se juntan y se confunden.
Y los teólogos mismos lo sienten tan bien
que consideran ese acto de dar la vida por
un ide(al, de darla con un impulso, con gene
rosidad, con conciencia; como una 'especie
de sacramento, el sacramento del amor in
vencible.
! Invencible Me he dejado arrastrar por
mis reflexiones, por todo lo que flota bajo
el Cielo de esta batalla; pero mi conclusión
concuerda con la que el jefe que acaba de
llegar nos explica acerca las operaciones
sobre el inmenso teatro.
Lo dice en términos vulgares y sublimes,
— términos de discurso de distribución de
premios, siendo su propia banalidad ardien
te, despojada de todas las reminicencias por
la plena realidad de las palabras que em
plea: «Las tropas que saben llevar a un
tan alto punto el valor física y la grandeza
moral, pueden aspirar a todos los éxitos.»
MAURICIO BARRES
e
~3~ve~S9,~0E~Ciff*-~M~P~03~~~8~13-~=+_
El~lb
1
1
1
1
1
11
1 1- 11 r - -s-.1.1~~10
y. SALES
w 10 purgas, Frasco 2 ptas.
1 purga, Caja 30 cénts.
AGUA,
tv.
Botella UNA peseta
f. SON LOS MEJORES PURGANTES
té.
tio producen NAUSEAS ni 11(01, son oe efeCTO Miltil
Arrendatario y venta al por mayor: E. J. CURIEL
4
Aragón, 230- Barcelona 4
.W.:. OIMPKENTAS
CAKTELES • IMPRESIONES ..#:.
:744. VV
DE TODAS CLASES eY719,
ESPECIALIDAD EN ITIABA)01
PANA LA • INIDYSTPJA •
T
.#. y • COMEWO
TELEFONO 3553
...41.7. ----------•-—-\\••¦.--------..._.
Escudillers Blanchs, 10 :: Barcelona
"cA.BELLc•L"
Producto de infalible resultado para evitar
la caída del pelo, devolverle su primitivo
color y promover el nacimiento de otro,
aun en los casos de más rebelde calvicie
Consejo de Ciento, 341, pral. La tett BARCELONA
Representante- Depositario:
2 Boulevard Michelet
MARSELLA
Ii~e4=~~-11~0411~~10
1
11
G-rall Garage Moderno
B. Picornell :
PEOVeilia, 165 y lioselión, 160
Teléfono 7437
BARCELONA
Panhard E Levassor
VERMOREL
Corripailía para la fabricación de Contadores y
Material para Fábricas de Gas
Agua y Electricidad
A. C. T.
SOCIEDAD ANÓNIMA .11 CAPITAL 9.000.000 DE FRANCOS
Chamón y Triana
Carretera de Sarríá, 48 .4 BARCELONA Je Teléfono 6362
Contadores para Electricidad
Sistemas privilegiados
Elíhu Thomson, O. K., A. C. T., B. T.
H. g. (mercurio)
LAMPISTERIA
S. en C., Sucesores
Dirección telegráfica: CONTELEC
Contadores para Gas
Sístemas privilegiados
DUPLEX, SIRY LIZARS
Medidas invariables
Imprenta P. BORRAS, Ilactudillerei Blanoha10. ~valona
Thomson
Contadores para Agua
Sistemas privilegiados
Frager
Frager, Estrella D. P. Turbina T. E.
Aparatos de Medida y Registradores
Duplex Sistema Meylan d'Arsonval
GRIFERIA
FUNDICIÓN DE COBRE, BRONCE Y LATON
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Iberia. No. 014 (10 jul. 1915) |
| Matèria | Guerra Mundial I, 1914-1918 -- Revistes |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2009 |
| Contribuïdors | Ametlla, Claudi, 1883-1968, dir. ; Apa, 1878-1948 |
| Data del document original | 1915 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : [s.n.], 1915-1919 (Barcelona : Impr. F. Borrás), Año 1, no. 1 (10 abr. 1915)-año 5, no. 200 (22 feb. 1919) |
| Llengua | spa ; cat ; por |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1737811~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d´estudi o recerca, citant la font "Biblioteca de Catalunya ; Arxiu Històric de la Ciutat". Per a quaselvol altre ús cal demanar autorització |
| Productor | Docout, S.L. |
| Dispositiu de captura | Zeutschel OS 10000 TT |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 24 bits |
| Característiques físiques | Original ; 35 cm |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300 ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | No. 14 (10 jul. 1915) |
| Transcript | Ano I suelto 1 0 céntimos Barcelona 10 de Julio de 1915 LA TALA DE LOS BOSQUES DE FRANCIA —Pero que demonio querrán hacer con tanta madera? —Ataudes, hombre, ataudesI Núm. 14 Redacción y Administración: Pnertaferrisa, núm. 28, 1.`', 2.a rhlt CWC EL MÁS ENEibi(0 • DE A. ísMpAD Dr1llIFRI(0 VERDAD. NEUMÁTICOS Y BANDAGES 1.9 BARCELONA MADRID 96, Rambla de Cataluna Sagasta, 15 C, 63 FI A INI La Cultura Alemana contra la Civilización por A. Vanuci, obra documentada y sen sacional, con los antecedentes históricos y étnicos de la guerra europea .111,0«b Precio: 2 plas. Pídase en todas las librerías, kioscos y en la casa editorial, Cortes, 478 - Barcelona %.911 IN Marca Economía Fuerza .0.000.00.00.000.0. Lt„tul 121 Brillo Pureza De venta, en pastillas, en todas partes Maquinaría Vítí-vinicola MIDON "EL LEON" Planchado con brillo al alcance de todos ENSAYARLO OBLIGA A ADOPTARLO son preferencia á todos los almidones Exíjase la marca: "EL LEON" IIIMWNIVAINntInhtl%%%%%111"%111 Wi(rj• 'MY:AI% 11000000000#0000000000 M - Artículos para Bodegas m 1 Kegels &Vila I MMRambla de Cataluna, 32 M BARCELONA 12LitiflID1 GASOLENO SUPERIOR F• y P• Marea "El Clavilerio" Para automóvi!es y toda clase de motores BERIA1 El Manifiesto y (A B Como los que se disfrazan en carnaval para decir cuatro tonterías y cubren su cara y disimulan con el falsete su voz, asi «A B C» trae a cuento en su número del miércoles, unas cabriolas de «El Mun do» sobre el manifiesto de los intelectua les. Pero «A B C», apropiándose las pala bras del citado diario, habla por cuenta propia, una vez más, valiéndose del puri tanismo de que se debe a los lectores la información, que al fin y al cabo, tras cendental ha sido lo que comentan. Dos son los argumentos que emplea el «querido colega» de «A B C» para disecar el manifiesto y quitar alcance a su-signi ficación: uno, que «ni están todos lo que son, ni son todos los que están»•' otro la referencia de un editorial de LaDépéche Marocaine donde—dicen—se escribe des pectivamente de Espana. Ninguno de los dos extremos tiene consistencia y buena prueba de ello es que ni «El Mando», que descubre, ni «AB C», que transcribe, opo nen a los firmantes del manifiesto sino palabras y palabras. Otros nombres, otras firmas, hubieran sido de más eficacia, en una protesta tan desinteresada como la de «El Mundo», que esos «aquí nos cono cemos todos» y demás frasecitas de cajón con que se pretende desviar el concepto de los que necesitan esquilas ,que los guien para recórrer los caminos. Porque el Mayor alcance del manifies to—y ahí les duele a los germanizantes y germanizados—son los nombres de todos esos directores de cultura y encauzadores del espíritu cuya competencia y cono cimiento de Alemania se atestiguan con el solo recuerdo de su educación y de sus obras; y ahí están Fernando de los Ríos, Ramón Menendez Pidal y Ortega y Gas set, y Zulueta, para no citarlos a todos, que representan, mal que les pese, la ver dadera Espana y viva, no esa por cuya representación despotrican un prehis tórico Mundo y un «A B C» sin omega. Pudieran haber hecho hincapié con mejores razones los dos diarios en com parar la actitud de los amigos de Francia de hoy con la de los afrancesados del siglo XIX, aunque con ello se hubiesen refocilado marcando la trágica separa ción del pueblo y de los «consagrados a las puras actividades del espíritu.» Si es que en esa incomprensión no son los culpables quienes andan, como Vicente, por donde va la gente,—y quien dice 'Vicente dice rotativos —, y los que halagan toda clase de sentimientos para sentirse halagados. Porque solo dos nombres de alguna significación no se hallan en el manifies to: Baroja y Benavente. Pero esos dos hombres, ni son toda Espana ni, suponiendo que lo fuesen, po drían apropiárselos «A B C» v «El Mundo». Baroja, al menos, por lo que su actitud ha dicho, y por sus trabajos, en nada les presta apoyo ni firmeza. Antes han de mirarle como a enemigo, entre esos mismos, a quien no sabiendo como llamarles, califican de «colección de far santes». Y Benavente por eso de su afini dad con ,los comedíografos franceses e ingleses—cuya originalidad casi les debe —ha adoptado con su ,germanofilía una nueva posición, pero sin trascendencia ninguna. En cuanto a separación de «caudales y medianos y más chicos», que decía el poeta y que no se apropía «El Mundo», no es cierto en cosas del espíritu ni lo puede ser. Caudales y nada más, por que en estos caudales nos sentimos representa dos nosotros, y claro está que muchos más —quieran o no—«El Mundo» y «A B C» Y eso en la historia del mundo y de sus hombres es cosa general.—«A B C» en suaniversario reciente pidió opinión solo a unos toreros -Vicente Pastor, Regaterín, Gallito, Belmonte,—a representación de los demás. Y Diogenes Laercio en sus Vidas de los filósofos dedicó todo el libro III a Platón, «jefe de las diez sectas, e instituidor de la primera Academia». Y basta. El segundo argumento de «El Mundo» es el editorial de la Dépéche Marocaine, que le hace decir: «Aprended, intelec tuales. Vosotros les ofrecéis a los france ses vuestro corazón, y ellos ospagan con su desprecio por anticipado». !No hay necesidad de esos consejos y exclamacio nes a lo San Juan Crisóstomo! Ni Dépéche Marocaine, habla por el manifiesto ni «El, Mundo» cita todos los grandes diarios franceses llenos cordialidad y de entu siasmo por la adhesión de nuestros inte lectuales. Y a fé que el mismo «A B C» le presta las palabras de Herve. Este ar gumento, pues, con solo leer la prensa se deshace y debilita. Pero Dios les tenga en cuenta la intención a los neutrales de opereta. Eso sí, nada de suspicacias, nada de resquemores... JOAQUÍN MONTANER Nuestra Guerra UN PEQUENO ANUNCIO El caballero manipulador del retablito de la unidad moral de Europa, nos ha anunciado la aparición de una revistilla donde se acogerá todo lo que se refiera a esa acción de internacionalismo de seno ritos. Nos parece muy bien y nada ten dríamos que objetar a ese anuncio—con tribuyendo a él con estos comentarios si no contuviese una advertencia que pudiera haber sido escrita con malignidad de filósofo caído en conspiraciones de . europeísmo. . La advertencia es esta: «Será una publicación independiente. No visitará embajadas, ni consulados, ni insertará anuncios comerciales de casas extran geras*. Muy bien. Igual que IBERIA, que ni visita consulados, ni sube escaleras de embajadas y si anuncios comerciales de casas extrangeras publica, bien sabe el vocero de los amigos de la unidad moral de Europa, que el anuncio en escritores nobles como nosotros, no resta libertades, ni senoríos. Y que somos escritores nobles lo sabe bien el hierofante de Europa una y moral, y sentiríamos tener que recor dárselo minuciosamente, con cierta alta nería. El anuncio, venga de Tarrasa o de la China, y de ello pueden informarle en La Ven, a nada obliga. Acudiría a nuestras planas el del «Glosario» y no influiría en las calificaciones que otorga mos a ciertas actitudes y a ciertas mali PRECIOS DE SUSCRIPCION Trimestre: 1 Fuera de Barcelona Extranjero Ptas. 2 » 3 La responsabilidad de los articulo» e» exclusiva de sus autores. No sedevuelven los originales cias de espíritus que, por avatares in comprensibles, aparecen ahora como si fueran los de unos mal pensados y rece losos confidentes de embajadas, que ven en todo escritor francófilo una pluma a sueldo y en todo literato lleno de amores por Francia «un pequeno D'Annunzio». De ínfimo coste será la revistilla anun ciada, pero aun así, tememos llame el supremo definidor de Europa, a puertas agenas. Por de pronto ya halló la hospi talidad de una casa extrana. Despues buscará el pequeno auxilio pecuniario de sus creyentes para su pequena revista, probando que se puede ser muy amigo de Europa y de la gorronería. M. A. EL «NUEVO MUNDO» Cuando, a principios de la guerra, la revista madrilena Nuevo Mundo recogió todo lo que sobre Alemania, autora de la tragedia, escribían los más selectos inge nios espanoles, tuvimos una sorpresa confortadora. Era aquello como una re dención de la vieja revista. Ales grabados populacheros y a las frívolas y amenas prosas sucedía la pasión de los espíritus encendidos en ira e incluso se llevó a los grabados una visión justa de la guerra, dándoles más que finalidad recreativa, misión de documentos, de prueba gráfica de las crueldades alemanas. El texto de Nuc vo Mundo fué bello y fué generoso, pero las hidalgas cordiali dades tal vez danan los intereses de los accionistas y en la casa de Nuevo Mundo debió 'escucharse el grito barbáro de «!menos política y más administración!» y al cambiar de empresa se cambió de espíritu. Ahora N1,16V0 Mundo ingresa en la cofracra neutralista. No será germanó filo, que la permanencia de su antiguo director en la presidencia de la Empresa es una garantía de que eso no puede tener efectividad, pero volverán lo grabados insipidos y las prosas vagas y amenas. Ya han recibido los escritores el man dato de bajar el tono en todo lo referente a la guerra, supliendo el antiguo ardor por las anodinas divagaciones. Y si Nue vo Mundo impone la neutralidad, si en la revista E.spaúa—tan simpática, tan digna de nuestra solidaridad—no son gratos los apasionamientos que produce la gue rra, ?donde irán con sus artículos hondos y bravos, contra Alemania, Unamuno y Perez de Ayala, y Maeztu y todos los que han plantado bandera, no francesa, sino espanola, contra los germanizantes? Nunca como ahora hemos lamentado nuestra pobreza. IBERIA no es más que un anhelo. Vivimos de buenas voluntades, no de buenos duros y las buenas volun tades se agotan. Y hace ya tanto tiempo que repetimos a los lapices y a las plu mas: «Por el amorde Francial.. Por nues tra alma catalana; por nuestra alma es panola!» -- 4 MOSTRES DE CULTURA Del llibre .Unkultur de Curt Wigartd «En cap part del món s'experimenta tal necessitat de passar per personatge.» «Aquesta m;anía d'adoptar aires de supe rioritat completament infundats 1 volguer imposar-se als que no'ns coneixen contrasta singularment ,amb la disposició servil que constitueix també un 'deis trets del carácter alemany. I en cap part es comprova tan exactament aquest fet com en els funciona ris de qualsevulla categoría. Feia més d'un any que jo vivía a Londres, quan tinguí necessitat d'anar al Consulat alemany. Vaig entrar en el despatx d'un emplear subal tern, el qui, de moment, m'apostrofá bru talrnent per a demanar-me que volía, amb ,a,qu,ell tó aspre de suboficial alemany que coneixen tots els que tingueren «asió de viure a Alemanya. Peró apenes vaig poguer explicar-me i conegué Pobjecte de ma visi ta per a son quefe, variá tant completament el tó, desfent-se en afalacs i aparentant una tant humil cortesía que aquell emplear ha guera semblat als ulls de qualsevol que en aquell moment arrivés, més que un correc te funcionad, un esclau temerás de la tra lla. Tinc la convicció de que aquest trist defecte del caracter alemany, aquesta na rreja de baixesa davant del superior i d'or gull brutal davant del inferior, no ha si gut jutjada tan severament com mereix, fins per aquells qui's donen compte de lo molt d'humil-liant que per a nosaltres té.» Parla després Wigand de la manca d'in depentlencia moral en que's cría el ciutadá alemany ja des de l'escola. Tata la pedago gía lalemánya, en la práctica, salvat d'al gunes tant escases com honroses excepcions, está fundada en aquest lema: Que m'oldliin, perb que'rni temin. Peró sobre aixó Ilegeixis el fragment de Otto Krille que rnés avall es reprodueix. Diu Cust Wigand, encara: «La brutalitat i la rudesa persisteixen i s'afirmen més i més en l'anima del nostre poble. Aquests defectes es descobreixen en totes les categorles de la societat alemanya, des dels nivells tnés baixos fins als m'a en lairats. Els estudiants que a Jena 'fa alguns anys es distregueren llençant al carrer el mobiliari de cert nombre de hotels i cases de dispeses, o bé els aprenents de filosot que cada dia en nostres urbs universitaries es consideren facultats per a insultar a toda dóna que troben sola, són de la mateixa pasta que els saltataulells i ofícinistes que en quadrilles sa.quegen un jardí públic o particular a la sortida del treball, o aquells grupus d'obrers que trobant-se amb senyo res o senyoretes les volten i segueixen can tant cançons obscenes». • »... Recordo... als pobres italians que a París iexposen i vénen figuretes de guix sobre la barana del Pont Nou. Sovint els he vist a bastanta distancia déla llur mercade ría i fins absentar-se d'allí un quart d'hora, sens el temor de que ningú, deliberadament, anirá a trencar-les per el plaer de causar un perjudici a son modest venedor. Aital con fiançia fóra totalment impossible a Beflín». • • • • • • • , «Si •la paratila alernanya Schaaenfreude (alegría de peZudicai') no té 'equivalencia en Ialtres llengues no és sense raó. Naturalment que aquest plaer málvat de causar perjudici per el sca gust que produeix veure1ho, ,exis tira, Més o menys definit, per-dissort, en in dividuus de diversos paisos, pero entre eils no ,apareixera niés que com un estat d'es perit excepcional o él resultat d'una impul siálmornentánia, mentres que Palemany, per el,contrari, té propensSió a la Schaaenfre,u die natural i crónica. A aquesta alegría que procura la desgra cia d'altre s'hi afegeix en toda ánima ale inanya, un amor apasaonat per la delació. No hi ha ialtre poble en el qual ,eis, delators siguin tant ,abundants, ni que estiguin més satisfets de si mateixos, ni millor considerats deis quels rodegen. Nostra mateixa llei so bre delictes de lesa majestat els proporciona en últim terme un recurs meravellós, an-íb qua' ,ajuda poden llençar a la presó a qual sevol que'ls molesti.» Seguix desp,rés parlant de la manifestació més gran de la Incultura de sos compatriotes en la grollería insultanta de sa acritut res pecte a les dónes. Es trasllueix a quink baixesa i degrada ció deu arribar la vida alegre alernanya en les ,cerveceries de les ciutats universitaries i en .els ca,fes nocturns de Berlín. Peró lo millor, i més curiós és que «Una jove parella provinCiana diu Wigand — que vingueren a passar una semana a Berlín als qui vaig recomanar una vetllada en el Teatre Alemany, em declararen sense do nar-se'n vergonya que no podíen anar-ht perque tenlen la nit destinada per a visitar el 'Café Nacional, afegint que si tornaven a la sev,a ciutat sense haver conegut aquella fina de titules tothoml es burlaría d'ells '» Del llibre Water dem Joch de Otto Krille. «El régim de nostra escola podría en ri gor fer de nosaltres uns sers correctes, pun luals prácticament utilisables, tot menys ho mes. Precis és que el deixeple sigui un ca rácter molt personal, una individualitat de molt fondes arras per a que resisteixi la destruccló de son carácter pels cops d.'una disciplina mancada d'ánima.» IDEARI de la GUERRA LA JOVE FRANÇA Gennanófils i francófils espanyols han coincidit, al menys, en una cosa: en mos trar-se sorpresos de la «nova França» que la guerra ha creat. A Espanya eren tinguts els francesos per gent cridanera, impressio nable, lleuger,a i inconstant. I quan s'ha vist, en l'hora del perill, una Franca se rena., digna i grave, tota plena de seny i me sura, hi ha hagur un gest d'estranyesa pro funda. Mai s'hauría pensat aquí que els francesos cravuf fossin tant patriotes, tant ferms 1 tant formals. 1 és que signorava Pevolució de l'árnma francesa en els darrers anys, és qué no es sabía rés de 1' esperit que animava les jo ves generacions franceses. L'actitut ad mirable de la Franca davant la guerra no podía estranyar ni sorpendre més que als ignorants de les coses del món. Que la 'joventut francesa anava per ca-, Imins ,nous, era un fet sabut pels qui es pre ocupen deis problemés politics i espirituals deis nostres dies. De quatre anys enea se havíen publicat a França nombrosos llibres i treballs a propbsit de la nova direcciá que prenía el jovent. Podém citar Les Jeu nes gens a'anfourd'hui, de Agathon; Aux Ecoutes ae la Ftlance qui vient, de Gastón Riou; A quoi révent les Jeunes gens, de Emile Henriot, i les Enquestes sobre la jo ventut realitzades per la Reme des Francais i la Reme hebdomludaire. En cada llibre i en cada etiquesta es re flexen els sentiments i les idees de son res pectiu autor. Sentiments i idees que en al guns casos són tant oposats com en el de Agathon, reialista i católic, i Riou, repu blicá i protestant. Peró en tots aqueixos trebálls pot un homi trabar la constatació franca que la jove generació presentava no tories i tránscendentals ditereneies respecte a les generacións anteriors. Deis llibres i treballs sobre la joventut francesa, Hubert Lagardelle en treia una impreSsió de cáos. Trobava en els esperits joves l'influencia contradictoria de Bergsón, de RomainRolland, de Barrés, de Maurrasn de Claudel. Perb una afiffiracix5 comuna res salta i la de la renaixença del pa triotisme en l'ánima del jovent. I aquest patriotisme que ap,areixía en els joves, no era un patriotisme exaltat, frenétic, extern. Era un patriotisme reflexiu, calmós, ferm i, en cert sentit, «pragmátic». ?No són aquestes, precisament, les característiques del patriotisme francés que es manifesta lavur a Franca, en el país i en el camp de batalla, en les .fábriques d 'obusos i en les trinxeres ? Rés d'imprevist, rés de sobtat, rés de mi raculós hi ha„ dones, en la actitut actual de la Franca. L'«hcmie enterat» — que a Es panya és un tipus raríssim — ja tenía previst el fenómen que ofereix el poble fran tés, en el qual les reserves de forca i d'he roismé són inestroncables. A. ROVIRA I VIRGILI PETR u LEO HAHN BELLEZA dela CABELLERA FRASCO GRANDE: 4 PTAS., FRASCO PEQUENO: 2 PTAS.50 !LOS RUSOS SE RETIRAN! • ! Los rusos se retiran Con voz lacrimo sa, lloran esto muchos de nuestros amigos, almas impresionables que pasan sin mati ces ni gradaciones del optimismo loco al descorazonamiento más cruel. El ruso, hombre de leyenda, de cuya resistencia vi tal, de cuyo empuje y temeridad se espera ban grandes hazanas, retrocede a la hora de mayor compromiso, en el instante de su prometida y esperada ofensiva general, aquella ofensiva que tenía que aplastar a los alemanes como una hoja de estano en tre los cilindros de un laminador. Su faci lidad en hacerse ilusiones en tiempos de guerra comí° en tiempos de paz es un abo minable defecto. Desde el principio se puso en la avalancha moscovita, en aquella nub'e de cosacos que comb la langosta se ex tendía por la Prusia oriental y por las pro vincias austriacas, una fe ciega. Corno si la salvación tuviera que llegarnos siempre de ignotas lejanías desconfiábamos de todo menos de aquel ejército oscuro, misterioso, innúmero, un poco salvaje, que descendía entre bosques y lagos con el fatal empuje de una avalancha. Cedíamos París casi de buena gana en la certeza de que la apiso nadoria del Zar llegaría a Berlín ya Viena. aplastando y pulverizando cuanto se opusie ra a su camino. Hoy, de esas buenas fantasías meridio nales, ? qué queda ya ? Queda el decaimien to exagerad:o corno lo fueron las magnífi cas creencias ilusorias que lo prepararon. 'Al alejarse los rusos se ha aleja,do la es peranza de muchas alma,s cándidas. Cier tamente la lógica entra en pocp en esa de presión espiritual. Debe creerse en el ruso limitadamente. Si desde los comienzos de la lucha le hubiéramos asignad,o su ver dadero papel, si Más que máquina apiso nadora le hubiésemos llamado lanzadera, instrumento torturante, aguijón o algo así tenaz y movedizo, no nos hallaríamos hoy con el peso del desengano de los predis puestos a enganarse. !El ruso se retira! La cantinela empieza a enojarme. I Dios sabrá lo que le puede ocurrir al ruso I Nos tomamos demasiado a pecho la frase de Napoleón : «al ruso no basta matarle, es precis,o aun empujarle para que caiga». Y ved ahí que al salir nos ahora con que es sensible al derroche de metralla, al lanza-fuegos prusiano y a los gases asfixiantes, nos produce un desencan to enorme. Yo tengo un amigo cuya incredulidad en los partes oficiales austriacos era de las más irreductibles. Cadamillar de prisioneros ru- N LÁMPARA ITRÓGENO Si describiéramos, a base de esta fotografía, las ca-ravanas de las gentes trágicas que huyendo del Norte, han afluido a París ríos departamentos centrales, los germanófilos, senores de orden yde piadosas creencias, responderían, displicentes: Cosas de la guerra... Cosas de la guerra, si, de la guerra alemana. Las viejas palabras de Atila, resucitan, transtormadast «Por donde nosotros los alemanespasamos, na3a vuel-ve a crecer, ni la hierba, ni los pueblos, ni la piedad, ni dura el honor de las hembras, ni el decoro de los hos que en ellos nos venía anunciado, mi amigo les concedía la cuarta parte de un individuo y aun así él aseguraba que era ponerse en lo, peor. Esto duró hasta el aban-dono de Lamberg. Después de esta parte, el buen latino, no sólo cree en las estadísti-cas imperiales sino que sospecha que exa-geran en menos para no causarnos demasia-da pena. Nunca el gran duque Nicolás po-drá Saber hasta qué punto ha maréhitadó las esperanzas de sus sencillos admiradores de por acá con el largo repliegue de su ejér-cito. Hay que tener en cuenta, dicho sea en verdad, que allí en oriente era el único lu-gar donde se disfrutaba de la batalla cam-pal clásica, obsesionante y hermosa. Se es-carbaba poco debajo tierra, a lo más pro-visionalmente, y la imaginación, como los regimientos, escuadrones y baterías, anda-ba suelta en campo raso, tomando y dejan-do lomas, pueblos y caseríos. En estas condiciones las Momentáneas re-tiradas de los rusos, seguidas al otro día de una victoria indudable — los mapas, Dios mío, no tienen contradictores posibles daban cierta variedad agradabilísima a la campana. Cotidianamente al despertar nos pregun-tábamos : « ?dónde estarán los rusos ? » ex* la seguridad de hallar, más tarde, en los telegramas copartícipes de los aromas de - EL ÉXODO DE LOS 0,NINOS hombres, noiálza.p,,a,zredre;olo0sFt~em:~ptlzoTs,--n-i-l.a5d-1e -l;o1s1c7emtienna-i terios, ni la vida de los ninos. Hay en la guerra alemana, una constante visión de ninos trágicos. Frimero los ninos fusilados, los que sufrieron muerte y dicen que mutilación; después aquellos párvulos del Lusitan/a, flotando en el Océano, en un sacrificio de vidas tiernas hecho a Alemania; y ahora, esas peregrinaciones de ninos famélicos, atontados, llenos sus ojitos de horrores que descienden de los campos de guerra. nuestro chocolate, una respuesta confortan-te. Y los rusos invadían, invadían el terri-torib enemigo que era una delicia. Ello fué que nos acostumbraron demasiado bien. Por eso su última retirada no merece perdón de los hombres. De ésta indudablemente no se rehacen como de las otras, oímos af r-mar. Unos pocos ere los desengariados en la pujanza moscovita confían aun ; tal vez con los hielos del próximo invierno... El ruso sin frío es como una avispa sin aguijón. La mayoría de esos ilusos tiene, empero, la incredulidad petrificada en el alma. Ellos están cierios que a no tardar se voceara por estas calles la entrada de los alema-nes en Varsovia. Lo peor es que de la desconfianza en el ruso se pasa la desconfianza en el inglés y del inglés en Joffre. Nosotros, a pesar de todo, vivimos con-vencidos de que las tropas del Zar avan-zando o retrocediendo, vencidas o vencedo-ras, cumplen su misión, desempenan su pa-pel de actores en la tragedia con envidiable energía. Esta guerra sin precedentes se re-duce a una operación de restar. Y los ru sos, tanto si combaten en su casa como en la del adversario, son un formidable sus-traendo. P. BERTRANA De 50 a 2000. bujías y de 6 a 220 voltios Z1/2 NA 11I" IN/ T"CO ummmcom&-r". Fábrica: CORTES, 397 ESAFICIE1-011¦1^ E " - () LAS DOS CAMPANAS En LL Journial de Géneve, contestando ,a Romain Rollancl: «He 'leído con much.o interés el último articuló de Romain *Rolland. Pienso como ese ilustre escritor que es bueno, indispen sable senalar las tentativas, aunque sean ais ladas, de los pensadores y escritores de Ale mania que procuran sustraerse de la atmós fera de .1Ias ideas donfinantes. Pero quien sólo escucha una cainpana sólo oye un so nido. Y no podemos permanecer 'bajo la impresión de que esas manifestaciones indi can o anuncian una orientación nueva del pensamiento alemán. Son, desgraciadamen te, •vanas demostraciones de una pequena selección que combate, animosamente, pero impotente, en medio del océano de ensuenos y de sofismos agresivos de la mayoría. Le jos de decrecer, el orgulloso enceg.amiento de la masa se, afirma cada vez Más intransi gente: he aquí la otra campana. Es preciso también escuchar el sonido que hace. Sin hablar de las proclamas reales ni de los discursos pronunciados últimamente en la tribuna del Keichstag, y en la Cámara de diputados de Prusia, ni de los artículos de La prensa, oficiosa de Berlín y de sus sucedáneos encargados de mantener en to das partes .el arlor bélico, cada día se re mueven y se multiplican hasta en los centros • independientes, las manife taciones intelec tuales que relevan la mentalidad del harto famoso manifiesto de los noventa y tres!" Tengo encima de mi Mesa un gran mon tón de publicaciones, libros y folletos, más vibrantes unos clit? otros. Por cuatro o cinco escritores jóvenes que desaprueban 'a teo ría del itnperiali sino o. que exaltan la queja de la humanidad herida y do iente, hay vein te, treinta de los otros que el delirio de la guerra exalta en relatos que carecen de todo sentimiento humano. Recuerdos de campana redactados por oficiales, recopi laciones de correspondencia de periodistas alemanes • que han seguido de cerca o de Lejos las operaciones, cada semana surge un nuevo volumen. He leído algunos. No se puede imaginar nada más incivil. En un grado tal que hasta la autoridad militar ale mana ha tenido que intervenir en diversas ocasiones para poner en su punto algunos relatos con demasiada audacia, infieles y hasta mentirosos. Senalaré especialmente una Conquista de Bélgica en 1914 (ale Eroberung Belgiens 1914), por el comandante .von Strántz, que formula tales monstruosidades contrarias a la verdad, sembradoras de odio, que el co mandante en jefe de Lovaina ha tenido .que protestar y restablecer los hechos inexac tamente explicados. Del mismo género pue do citar también •el Fahnentrager von Ver dun (El Portaestandarte de Verdun) relatos de guerra servidos por La !aventad moder ra por K. Fr. Stauffer. Ese libro ha le vantado vivas protestas de Ea Misma auto ridad eclesiástica alemana con motivo del papel que se atribuye a los sacerdotes cató licos de Bélgica y de Francia en las pre tendidas atrocidades de los paisanos y fran co tiradores. Desgraciadamente esas rectificaciones y esas 'protestas por medio de periódicos dia rios se desvanecen y olvidan pronto : los li bros quedan y la ponzona que destilan Con tinua propagando la intoxicación del espí ritu público contra el cual todos queremos luchar. He ,aquí un libro de ún médico berlinés, el Dr. Magnus Hirschfeld: Vctruns hasren uns dieVálc?, ? (? Por qué los pueblos nos odian ?) El título era atractivo; parecía anunciar una ,eM)ecie de examen de concien cia, prometiendo una información moral. I Nada! El libro del Dr. MagnuS Hirsch feld es Una nueva y loca exaltación del ger manismo y de la Kultur. Con un cierto or gullo el autor comprueba que los alemanes tienen en su contra la Mitad de los habitan tes de la tierra : Die Hálfte der Ericlbewoh rte., steth gegen uns! Un espíritu libre e imparcial, ante una tal hostilidad habría buscado lo que, en la política de Alemania, en sus gestos< en las actitudes o en las ideas de los alemanes, ha desencadenado contra ellos una animadversión tan general. Esas investigaciones no han preocupado ni un sólo instante al Doctor Hirschfeld. Se li mita a afirmar que si los alemanes son de testados, no es por su falta, sino «por culpa de la prensa del capitalismo anglo-francés que desde tiempo inmeMorial los calum nia 1 » «Desde antes de la guerra — dice -- ya se nos odiaba, no a causa de nuestras alebilidacks, Sino a causa de nuestra fuerza. No es por sus defectos, sino por sus cuali dades que han hecho la Alemania odiosa.» Traduzco textualmente. Por todas partes el Doctor FIirschfeld encuentra. sentimientos de celos y de baja envidia! Todos los pue blos mienten, ignoran, se dejan alucinar. I Unicarnente los alemanes son perfectos e intangibles Así los fenómenos más evidentes, los he chos más incontestables que obligarían a toda otra nación a un retorno sobre sí mis ma, contribuyen invariablemente en Alema nia a la exaltación de la vanidad y del or gullo nacional I El Doctor Hirschfeld tiene una palabra deliciosa para caractetizar lo que, según él, causa, más darlo a los alema nes, y es lo que llama «un método inducti vamente penetrante. Tanto peor para los pueblos que no quieren someterse a ese mé todo. Se les impondrá, porque es preciso, sacar ,a los pueblos de sumediocridad ! j Es el deber de Alemania! Los ingleses parli cularmente parecen, según el doctor berli nés, que tienen necesidad de una reeduca ción por esos métodos inductivamente pe netrantes. A despecho de su aparente cos mopolitismo no hay pueblo que no haya quedado muyprovinciano y que no esté (ira sado! Unicamente los alemanes, entiéndase bien, no son gente limitada. Tengo ..ante mí la colección de Monis liche Sonntegspredigten, del célebre quími co Ostwald. Ha quedado un poco ridículo, por su exposición extravagante de la orga nización que Alcman'a preparaba en Europa. Algunos cuerpos sabios y académicos han creído incluso Im deber desolidarizarse de él. Sus Setimioncis aominicos han continuado no obstante, sieIdo leídos, extendiendo' in cesantemente loS sofismas conocidos, pero de otra manera presentados, soore lo que se funda la pretensión alemana a la hegemo nía mundial. Una de las últimas meditacio nes de Ostwald está consagrada a la idea del Derecho. ?Cómo nace el derecho ? — se pregunta el ilustre químico. De una ma nera muy simple: dos fuerzas enemigas se encuentran en presenCia ; un conflicto se produce a consecuencia del cual una de las dos sucumbe. «Entonces, solamente, escri be M. Ostwald, el derecho hace su apari ción, cómo la expresión de relaciones en tre esas fuerzas respectivas.» Esa relación además determinara su actitud. La lucha ha dejado a uno de los combatientes derri bado y a otro en pie. El derecho consiste 'en que «el hombre caído consentirá en po ner al servicio del vencedor una parte de su energía sin necesidad de que se le obli gue cada vez a golpes! » Que no se nos diga que esa aplicación ininteligente de las leyes de ia quimica at orden social, que ese realismo violento opuesto a la idea que la mayor parte de los pueblos se hacen del derecho como de una cosa anterior y superior a la fuerza, que esa filosofía científicamente brutal hace enco ger de hombros, que los espíritus indepen dientes y educados se niegan a aceptar, com batiéndose siempre ! Esos abominables so fism:as son• tan peligrosos y tan capciosos bajo la forma pseudo científica que los re viste que hasta fuera de Alemania han con taminado algunos ,esPlritus débiles y obscu recidos, hasta en las ensenanzas unrversita rias, la clara noción del derecho ! Pero esos sofismas no son nada al lado de los que pululan en las Páginas de gue rra de M. Houston Hewart Chamberlain. Ese escritor no es un advenedizo. Es un hombre escuchado. Alardea de contar con la confianza de Guillermo II. Es autor de esa obra considerable Les Assises clu XIX siéele ..de la que tanto se ha hablado últi mamente, y en la que, bajo las apariencias , de una especie de filosofía de la hi.toria, exalta con mi Cierto Misticismo sectario los ensuenos más orgullosos del pangermanis m'o. En algunos anos ese libro, que ha de mostrado con muchos sofismas históricos, etnográficos y estéticos, que hay en el mun do una raza superior, una raza elegida, des tinada a las Más altas misiones civilizadoras g La hegemonía del mundo: la germana.. Ese libro ha alcanzado diez ediciones y ha sido traducido alinglés y al francés y otras lenguas. Desde que la guerra ha estallado, M. FI. S. Chamberlain publica sus reflexiones so bre los acontecimientos en pequenos fas cículos titulados Páginas de la guerra. Se venden a Millares los ejemplares. Y se leen cosas que hacen dudar de la solidez del buen sentido humano. —«En todo Alemania — y Chamberlain asegura haberla recorrido e interrogado en todos 'los sentidos — durante el curso de los cuarenta y tres anos -- no hh vivido un hombre, ni uno ,sólo, que no haya querido la , guerra I El que diga lo contrario miente a sabiendas o inconscimtemente.» Y esto : --«No hay un partido de la guerra en Alemania. Es una invención embustera del .Tinies!» También se miente representando a Ale mania como un pais mi'itar; no lo es y lo prueba está «en que de cada dos oficiales, el uno es profesor, a)ogado o negociante». Buena lógica. Es la conclusión opuesta la que se deduce después 'de esta comproba ción ; pero las exigencias de la lógica -no dificultan más en M. Chamberlain que las de la veracidad'. Después de Lovaina, Di nant, Reims, Soissons, Arde.nna, Arras, se atreve a escribir : «los soldados alemanes, los más disciplinados del mundo, no han. tocado nunca ni un cabello de Jos habitan tes pacíficos e inocentes... Los ofieiales se han Preocupado siempre& salvaguardar las obras de arte • y las colecciones «científi cas» (sic). Esos son los soldados franceses, rusos e ingleses que están animados por una ciega pasión destructora que le ha Sido con taminada «por una larga serie de mentiras sistemáticas.» Para M. Chamber'ain, el rey Eduardo VII era un «intrigante», ,el rey Jorge V, una especie de «iletrado» que «confiesa que só lo hace unos anos oyó hablar de Goethe, no sabiendo quien era», LOS ingleses son seres sin cUltura que no llegan a saber ha blar ni su propia lengua' correctamente y cuyo valor correlativo depende de las tres. B — Beet, Bier alta 'Belt Carne, cerveza y cama». El director del Timls es denunciado como un pérfido agitador cle negocios que compra las conciencias y que consiguió has. cerse dueno de todía la prensa inglesa. Ha sido encargado de triturar la opinión pú blica por embustes sabiamente destilados,. haciendo así la guerra plausible a las ma sas «porque ningún hombre político pue de prescindir hoy de la opinión pública, cosa que estaba permitida a Richelieu». M. Chamberlam, tiene realmente ia ob sesión de la mentira universal. En todas partes se 'miente — salvo, claro está, en Ale mania! — Así pide una ley contra la men tira, necesitándola enseguida, precisándole «que se haga inmediatamente, porque im porta, ,para la paz de Europa, que los em busteros sean ahorcados Í» Pero esto no es todo. M...11. S. nos ha bla también de la libertad 'alemana, pro ducto original — nos asegura — :y. lo de-. bemos creer ! Pero cuando no le podremos seguir es al pretender imponernos la liber tad ialemana! También nos quiere imponer la lengua alemana. No bromeo. Está impreso. Lalengua alemana es la única realmente viva. Todaslas otras están desposeídas de la vida von Seben ,abgeschnitten... habiendo sido construidas con raíces extrangeras, o sea con materia minería; son lenguas arti ficiales; no son lenguas naturales. Reproducimos un ejemplo de la docu mentación lingüistica de donde Chamber lain, filósofo quizá insuficiente, serán sus conclusiones. Opon.:' la. palabra alcmana Er folg,a su correspondí nte francés siccés. Er folg, nos dice, sugiere inmediatamente la idea de su esfuerzo hacia un punto deter minado, esfuerzo coronado por el prefijo er que indica que el objeto ha sido alcanzado. La palabra succés se compone de dos sí labas suc y cés, ninguna de las cuales tie ne SentidO Para los franceses de hoy. Esas dos sílabas no representan nada a su espíri tu, !t su imaginación, mientras que con Er y Fólí„,r, los alemanes husmean enseguida la victoria ! Chamberlain tampoco tiene el francés en gran estima. . 'En una lengua tan artificial «las palabras sólo son abstracciones monetarias, incapa ces de una nodulación, d.?. una progresión, de una relación entre ellas. El pueblo que habla una lengua así no pueae comprender los grados de comprensión ; el mismo ge nio no encontrará un órgano que le -permita Creer de nuevo ! La mediocridad es de ri gor 1 » Esas últimas palabras están en fran cés en el texto, por mayor claridad, sin du da, en medio de ésas palabras alemanas qué hacen pensar tanto a -M. Chamberlairi ! Oh, Mdliére, alma de la risa, fuente ina gotable de alegría, refugió del claro buen sentido frandés, podías imaginar que la lo cura de- Vadins y Trissotin llegara hasta tál extremo! ! Pero hed aquí el colmo! Hablando de esas miríficas premisas, Charnberlain saca Ja conclusión «que no hay deber más im portante, más imperioso — hoy o manana, poco importa — que imponer al mundo la lengua alemana... El deber de todo alemán, donde se halle, es forzar a toclOs los otros en todos los instantes a hablar su lengua, hasta que ésta triunfe por todo con sus ar rna.s, el ejército del pueblo alemán ! Es preciso ensenar a la gente que aquel que no es alemán es un paria! El alemán se ha de convertir en la lengua universal, » Esas son — se dirá — locas aberracio nes de un espíritu perturbado. Confo-rmes. Pero es con esas aberraciones que se nos ha conducido a donde estamos. Antes de la guerra considerábamos también como aberraciones los frenéticos sofismas de Treisalu, von Bernhardi, Frobenius, etc. Y aquellas aberraciones han hecho la rea lidad del momento 1 Más aun. Los hombres de acción — los únicos que cuentan — no nos han ocul tado su opinión a propósito de los ensue nos de los pacifistas, de las aspiraciones humanitarias a las cuales las naciones civi liiadas buscaron el modo de dar un sem blante de realización firmando las des- gra ciadas convenciones de La Haya. Ahora sir ven de burla! En cuanto a los lamentos poéticos,y los suspiros dolorosos que la gue rra inspira a los jóvenes escritores, de que se ha hecho referencia, son a sus ojoS', es túpidos sentimentalismos que sólo causan risa. No olvidemos que toda Alemania en armas tiene entre-las manos el famoso bre viario del 'perfecto guerrero alemán, ese Kriegsgebroué:h im Laiideskrieg, donde se recomienda autoritariamente no prestar oído a las sugestiones sentimentales de los mi sioneros humanitarios. Esas feroces ensenanzas no se pueden ol vidar ni pasar en silencio ; es preciso, por lo contrario que las t Mgamo3 presentes en el espíritu con objeto de mantener más vivo el desprecio y el horror en la conciencia de la humanidad. El día que el abominable error germánico naya sido públicamente, unani memente, solemnemente adjurado, en he chos y en principios, entonces solamente habrá llegado el Momento de dejar mezclar en nuestlros justos rencores el grito de dolor de las almas nooles ae Alemania, víctimas de «los malos Pastores que los han condu cido a la muerte y a "la sinraión 1» MAURICIO KUFFERATH De la Academia Real de Bélgica BRONCE Y MARFIL Es un paisaje melancólico. En la duna desierta, frente a la monotonía de las aguas, el perfil severo .,c1.e un soldado, cuya gallarda estatura se doblega un tan to al peso de una meditación profunda y dolorosa. Junto a la figura de bronce del guerrero, el marfil de una breve silueta femenina, sutil y delicada. - Bronce y marfil, Sus Majestades Alber to e Isabel de Bélgica, el rey-héroe y la reina-santa; el monarca caballero a quien, sin agLardar .las consagraciones tardías de la historia, la humanidad ha decorado del título de Grande; ,y la dulce soberana cuya abnegación ilumina, como una au rora de consuelo y esperanza, los lóbregos Campos de batalla en-que combate el pue blo belga, con nunca sobrepasada bizarría, por la existencia de mi patria. Antes de la tragedia a cuyo desarrollo abominable asiste el mundo sorprendido y consternado, reinaban noblemente en uno de los paises más prósperos y felices de la tierra, la pequena y diligente Bél gica, maravilla de civilización y de rique za, de amor al trabajo, de virtudes fami liares, de mentalidad sana y ponderada; atento El, para estimularlas generosa mente, a todas las actividades intelectua les, comerciales, industriales de su pueblo; consagrada Ella a modelar como una joya el alma de sus hijos, y---espíritu refinado y exquisito—con una sonrisa de encantadora solicitud y acogimiento para todas las obras de belleza; hogar dichoso y apacible, como la nación misma cuyas virtudes y exCelencias admirablemente encarna. Cuando próximos a romperse los di ques que contenían el toi rente implacable de la guerra, dijo el rey, !no! a las propo siciones oprobiosas y prefirió el sacrificio a la deshonra, una sola voluntad, un solo empeno convulsionó el alma de Bélgica, nunca como entoncestan entranablemente unida a su monarca. Pueblo y soberano marcharon estoicamente, con la divina naturalidad de lo sublime, a la lucha sin tregua y sin desmayo por mantener el decoro de la patria; y la espada de Alber to fué el símbolo fulgurante del heroísmo delos hombres, y en el corazón de Isabel se refugiaron todas las ternuras, todas las bondades, todas las abnegaciones del alma femenina. Esta guerra apocalíptica puede termi nar manana o prolongar todavía unos y otros meses el infierno de sus hecatombes. (M, HE DE UN CUADRO) 7 No importa: Bélgica se ha cenido con sus propias manos la palma suprema del mar tirio, y cualesquieraque sean las propor ciones de las catlistrofes futuras, primará siempre en el recuerdo de los hombres la inmolación voluntaria de ese pueblo. La victoria puede poner su corona augusta en una u: otras frentes. No im porta: Bélgica ya ha triunfado, rescatando su derecho a la vida a precio de heroísmos; y el respeto fervoroso de todas las nacio nes garantiza su existencia como un im perativo categórico del honor humano, porque la muerte de Bélgica sería una mengua irreparable. Pueden el éxito o la gloria labrar con cinceles de eternidad una majestuosa su cesión de mármoles, que senalen al asom bro de los siglos las epop9yas que de un extremo al otro de la Europa se realizan cada día. No importa: sobre todos los mármoles se destacarán armoniosa y so beranamente el marfil y el bronce de ese grupo; de la reinaisanta que pone el con suelo de su piedad, como una venda de misericordia, sobre las tremendas angus tias del dolor y de la muerte, y del rey caballero en quien la bravura y la hidal guíase han hecho pensamiento y músculo. El huracán de sangre y fuego que convulsiona al mundo puede aventar, como despojos vanos, unas u otras sober bias dinastías que en cimientos seculares se asentaban. No importa: el trono de Alberto e Isabel de Bélgica resistirá vic torioso a sus embates, porque es el amor de todos los varones dignos que existen en la tierra el que inquebrantablemente lo sustenta. Ycuando, marcado en el cuadrante de las horas el momento solemne de las re paraciones, vuelvan a la integridad de sus estados el rey paladín y la sublime reina, será el mismo hogar apacible y dichoso de los pasados días, en medio del propio pueblo próspero, feliz y diligente; el mismo estímulo generoso a las fecun das actividades nacionales; la propia con sagración a modelar como una joya el alma de los hijos, y la sonrisa encantadora de antano para las obras de belleza; pero todo ello sublimado por la magnífica apo teosis de la gloria, a los fulgores de una luz nueva,y más radiante, en una Bélgica más grande, más rica y poderosa... Paris, junio 1915. ERNESTO MARTÍN POSTALES DEL GENERAL JOFFRE Recordamos a nuestros lectores que la Revista "IBERIA" ha puesto a la venta unas magníficas postales del general Joffre, avaladas con un autógrafo EN CATALÁN del gran caudillo. Al precio de 10 céntimos las encontrarán en Librerías, Kioskos y demás puntos de venta de periódicos. -8 La Alemania de los germanófilos Nuevamente un estimado lector, el senor Faura, nos envía retazos de la obra descrip tiva de la vida alemana que tiene publicada Don Agustín Murua Valerdi, coRocido ger Manófilo. A nosotros no nos interesa lo que el senor Agustín Murua y Valerdi pueda Opinar, y si recogemos lo que un paciente lector nos envía, es tán sólo para hacer resaltar que la brutalidad alemana, incuba da en sus universidades, está descrita por mano amiga, la del senor Agustín Murua Valerdi, curioso ejemplar universitario y ve hemente germanófilo: Nos presenta este senor — dice el senor Faura, — a los estudiantes alemanes como !uno de los Modelos de educación y cultura pero al correr de la pluma se le escapan ciertas afirmaciones que desdicen de un ale inanófilo. Al hablar de la manera de de mostrar el entusiasmo en las aulas, dice así : «Iban a sonar las nueve, cuando de re pente comenzó el anfiteatro a poblarse de estudiantes, corno si éstos surgieran por es cotillón en un espectáculo de magia. Ob servé por las grandes vidrieras del local, que docenas de ellos, Montados en bici cletas, llegaban en distintas direcciones con el tiempo tasado para echar el candado a sus máquinas y ganar sus asientos en la cátedra. Vestían generalmente calzón corto y botas con suelas enormes, no faltando en tre ellos bastantes alumnas provistas de los indispensables lentes, característicos de la mujer sabia en todas las latitudes. La con secuencia fué quedar el local completamente lleno en menos tiempo que el que se tarda en describirlo. ?Qué dirían de esto nues tros alumnos acostumbrados a pasearse có modamente al sol durante media hora antes de empezar las clases ? Decididamente, en esto, somos maestros en el arte de perder el 'tiempo. El momento solemne de comen zar la clase iba a sonar, y apenas el reloj había terminado de dar la última campana ida, con exactitud matemática, que no se resintió después ni un sólo día, durante los más crudos de aquel invierna, el nrofesor Baeyer hizo su entrada en el auditorio. Un pateo general que hubiera hecho palidecer de envidia a los reventadores de nuestros es trenos, se produjo entonces. Para esto eran acaso las suelas de tres dedos que había ob servado. Era, sin duda, la fórmula de en tusiasmo que reemplazaba a nuestros aplau sos, porque el maestro se inclinó profunda mente conmovido.» Continua después describiendo la figura del profesor con las siguientes palabras : «Cuando un religioso silencio reemplaió al pateo atronador...» «De cuando en cuando el pateo de los alumnos me indicaba que el Maestro refería uno de sus descubrimien tos.» Describe los Corps, asociaciones escola res, y dice: «En todas las corporaciones reina una severa disciplina, y, sobre todo, son. en ex tremo susceptibles en lo que se refiere a Las llamadas cuestiones de honor. No so lamente el estudiante incorporado ha de ser celoso del suyo propio, sino velar por el de La corporación a que pertenece. Es decir, una especie de caballero anda,nte, suscep tible de todo el ridículo que sobre ellos ver tiera deuna vez para siempre el Manco in mortal, sin que pueda negarse en el 'fondo, el principio de humana nobleza y el es piritUalismo que informa sus acciones. Y como en la manera de lavar las manchas de honor que el estudiante alemán emplea, aunque la sangre corre en abundancia, no suele llegar nunca al río, quiero decir que no hay ,lepelin subsiguiente, que diría el chulo de López Silva, el ridículo está más cerca que la admiración. Desgraciadamente los alemanes leen po co el Quijorle,, y a. esto atribuyo que los desafíos escolares subsistan ; porque lo más gracioso es que, en la mayoría de los casos, no existe ofensa alguna que pueda servir de motivo razonable al duelo, y es necesario in ventarla, de suerte que se llegd al duelo por ).2 • ..7....~»IZZaralaailata~rawasaa04 Todavía Steinlen!... Los snobs enmascarados deinternacionalistas por carecer de coraje para alistar se en los pelotones sin corazón y sin talento-de los germanófilos, ha rán una mueca de displicencia me nospreciadora. «Bha! Otro anacró nico fin du sicle»: A Steinlen no se le puede encua drar ni en epílogos ni en prólogos de siglos, porque Steinlen no tiene época. En una nota comentadora de sus dibujos, «Apa», escribía que este artista no habla el lenguaje hermético de algunos simbolistas y eruditos, sino el lenguaje universal UNA que emplearon Miguel Angel y Bal zac. Y anadía: «La mayor parte de nuestros artistas bebieron en el arte de Steinlen y de Toulouse Lautrec y algunos de ellos solo en la fuente sana y generosa del primero». Jesucristo dibujaba por la mano de -Steinlen. Todos los hombres, todas las persecuciones, todos los calvarios de los que sufrían hambre y sed de justicia, aparecían en sus dibujos de una plasticidad maravi llosa. Colaboró en Le Canard Sau vage, en el Pere Peinard en L'as siette au veurre y sobre todo en el suplemento ilustrado del Gil-Blas, que sembró su , fiarna por el mundo. La bravacidad aleul,ana, lo plagió y el Simplicissirri primitivo un calco del Gil-Dtcls Y de Stein len. Es anarquista!—se de —Los pobres inostraban con el sus lacerías y el de ellas hacía flagela-ciones. En el fondo un cristiano, orchais toujours. de Jehan Rictus, deuicados a Jesús: que podia cantar a,quellos 'versos (Ah! mar amoure0." c"r ame?') marchais ménie ae,ssus la mer Toi au moins, t'eta- un sincere, Tu marchais... tu Et t'as marché/u5 0 au Calvaire. ur c, AFÍA DE SPrEINLEN Este hombre que era el alma plástica de la Francia dolorida e insurgente, este hombre que odiaba todas las crueldades y todos los uniformes, figuraos como se habrá estremecido ante la guerra y como habrá odiado a los soldados alema nes! Ni un momento ha abdicado de su vida, agitando un patriotis mo deparada, pero todos sus viejos rencores se han alzado contra ese pueblo que anade hambre al ham bre, tiranía a las tiranías, ofrecien do al cielo que invoca las hecatom bes que harán clamar a los hom bres secularmente. (11.S .7 . , • . • • "-••••.. • La litografía que hoy publica mos, no es inédita, pero aún no ha sido reproducida, ni en Fran cia, ni entre nosotros, por revista alguna. Acogiéndola tributamos un homenaje al viejo combatiente y al gran artista. En ella ha puesto todo su arte y todo su odio, y así como de la guerra de la indepen dencia espanola eternizó Goya sus horrores, Steinlen dejará a los hombres con sus dibujos el recuerdo de estos soldados ale manes que llevan en su alma la impiedad del soldado Longinos. * * * 9 — el duelo mismo. 'Me han referido qu'e, so bre todo en ciudades universitarias peque nas como JenaoHeidelberg, algunos Corps, obligados a batirse de tiempo en tiempo por prescripción reglamentaria, y no teniendo ofensa Alguna colectiva ni particular que vengar, envían a uno de sus individuos más caracterizados por cafés y cervecerías en busca de camorra. El valiente entra en di chos locales «pálido el rostro, cejijunto el ceno y torva la mirada, aunque afligida». que dijo nuestro poeta, para ver si otro estudiante le sostiene la mirada a fin de haraIarle en seguida la tarjeta de desafío. Yo puedo afirmar que cuando en Munich, Heidelberg y Leipzig he frecuentado los lo cales donde los estudiantes se reunen, y he procurado sostener miradas que nie parecían ,algún tanto insolentes, no con el ánima de Aceptar tarjetas, sino de lanzar el bock al retador con la mejor puntería posible, no he tenido ocasión de darme este gustazo, pues nadie, como decíamos en el Instituto de San Isidro, ha pretendido mojarme la oreja. Las acciones de honor (Threnhándel) se dice que se ventilan con florete, sable o pistola, pero en realidad casi nunca se estila Más que el sable con filo y sin punta. Esta es la llamada Men,spr, que constituye el Mayor y más temido encanto de la vida cor porativa. Esta Mensur es una costumbre reprobable, corno desprovista de toda base, seriedad y gracia ; repugnante secuela de los torneos caballerescos, casi siempre des provista de peligros, pero alguna vez se guida por dasualidades, de lamentables con secuencias, que no encuentro palabras para anatétnizar. Para la mensur, que se realiza general mente en relaivo secreto por hallarse pe nada por la ley, aun cuando la policía haga generalmente la vista gorda, se reunen los socios de los Corps combatientes en el do inicilio social de uno de ellos, un estudiante de medicina prepara el botiquín : gasas yo dofórmicas, sublimado, esponjas, agujas an tisépticas, etc., en previsión del hale, y en medio de tan alarmantes preparativos, in troducen en la sala a los combatientes, que parecen Más bien que ésto, por la palidez y terror que los domina, «reses destinadas por su dueno al Matadero» según la frase inimitable del «Don Luis» de Zorrilla. Los padrinos les colocan petos, almbhadfilados y manoplas que protegen los órganos esen dales y las manos; además, les vendan fuertemente el cuello, para proteger la ca rótida y la yugular y les colocan unas fuer -tés antiparras de alambre a fin de defender los ojos. De tal suerte sólo quedan libres el cráneo y la cara, que es donde han de cebarse los sables homicidas. Dada la senal por el juez de camino, el asalto empieza ; como la cara se halla congestionada por las ligaduras del cuello, basta una pequena he rida para que la sangre salte conaa un spr ddor, tinendo los blancos petos y guan tes, salpicando a los testigos y corriendo por el suelo; el espectáculo es sencillamen te abominable. A veces, por la pérdida de "angre, se recubren los sernblantes de es tos salvajes civilizados de una palidez cada vérica, y de sus peludos cráneos, llenos de cicatrices, algunas redentes, fluye la san gre o se coagula, levantando el estómago de los extranjeros circunstantes, porque los na turales del país se excitan con su vista y animan a los combatientes a trabar nueva pelea. Estos cegados por la sangre y por el amer propio, 'embotados por la cerveza y animados por las excitaciones de la con rrencia, se acometen de nuevo con furor y la sangre vuelve a correr en abundancia. A veces, por una desgracia imprevista, el filo del sable interesa tejidos profundos o un golpe ciego secciona la yugular y se agua la fiesta... Otras veces el espectáculo es trágico-cómico. Hay que recoger sen eillamente a todo escape un pedazo de oreja o de nariz del suelo, a fin de que aren" de nuevo en su sitio... verdaderamente horri ble.» Que bien se enlazan esas universidades ponvertidas en campos de torneos, con él sadismo alemán que ha elevado la guerra a barbarie apocalíptica, a vesánica crueldad metodizada! Los estudiantes convertidos en gallos de pelea, la mano libresca transfdr rnada en puno de preboste, el orgullo uni versitario Mezclado a la vanidad de matari fe. De Heidelberg parte un camino sin pér dida hacia Lovaina. Quien sintió el goce de la pelea y de la sangre, al lado de la cátedra, ?qué de raro tiene, sea, después, en las locuras guerreras, incendiario, vio lador y rnatador de inocentes ? — 10 El Castillo de Compiegne He aquí algunos fragmentos de. las notas tomadas sobre. la ocupacióa alemana, an tes de la batalla del Mame, .por el 'conser vador. del. Castillo d Compiegne, M. Ga briel. Mourey. .Los alemanes se instalaron en el Castillo, tornando posesión. Era el 1.9 'dé Septiem bre. Se previno al Conservador que S. E. el general v..ori Kluck, acompanado de dos 'oficiales' des.eaba. visitar el Palacio. «Me encontré dice — ante un hombre de buena presencia, de porce elegante, arro gante en 'su uniforme extremadamente so brio, ostentando altivo, pero sin rigidez, Da-' je la gorra plana,. sus facciones de rasgos firmes, :pronunciados netamente, de ojos inny dulces — uno de ellos cubierto por el monóculo — barba corta, morena, andando .,ebn precisión la forma de la mejilla y ja barbilla, barba de guerra, teniendo aspecto, de primer momento, mas de un ruso que de . a.lemán • En un francés impecable, y casi Sin acen to, me. Suplicó le dispensara por haberme molestado, interrogándome después sobre la histoti.a.-del.Palaeio, la fecha de su construc ción, el arquitecto que lo construyó, sus huéspedes más ilustres, concretándose a re plicar Mis respuestas con Un «ya sé, ya sé» :que se hubiera tomado por una impertinen4 cia de no hapertne apercibido que era mo-• ,tivado por su sorpresa encontrando en el fondo de su memoria recuerdos que .desde hace tiempo estaban dormidos y que mi palabra. despertaba... • Llegando al final de la escalera de Apolo, echó, tina' ,mirada . sobre las extensas pare des ahora desnudas corno la mayor parte . de los departamentos, de las suntuosas ta picerías que constituyen La, ri4tieza y la glo ria del 'Palacio de, Compiégne. Yo lo obser vaba'. coi una cierta ansiedá.o. No peste , fteó. --- ?De qué época data esa rampa •de hie rro forjador preguntó. ---,De tiempos de Luis XV. • Empen' la visita. Yo me limitaba a las informa.ciones esenciales, u contestar con Mucho ingenio, Además, era la primera vez Cine entraba, desde que se quitaron los ta pices en las habLáciones,..donde tenían tan toe.XPlendor, ý I,a visita de esas grandes stmerficies-.Mnrales cubiertas de papel gris, donde antes •se ostentaba la floración .mag riffica. dé .las obras maestras del arte fran cés, tne causaba Una impresión de infinita tristeza.' La-vida .había habitado allí ; sólo se. encontraba la muerte. —? Pero, dígame V., senor conservador, por qué causa todas: las paredes del Palacio están tan desguarnecidas ? ?.No 'poseía el Palacio una colección famosa de 'tapices de los Gobelinos ? —Sí, Excelencia ; pero el subsecretario de Bellas Artes, de quien depende la admi nistración y la eonservaci5n de los Palacios Nacionales, Me dió orden de depositarlos.., Había de contestarme con el «ya sé, ya sé». —?Y dónde están' ahora —Lo ignoro. Tomaron el camino de Pa-, rís... o cualquier :otro. • Entonces, a flor de labio, con una sonrisa que tenía un poco de ironía y de amargura y, tal vez de melancolía: — ! Ah... si... los Bárbaros! No dije nada, como si no le hubiera en tendido. Pero sentí 'que un nudo se me hacía, en la garganta, no pudiendo gritar : «j Oh, sí, bárbaros, bárbaros, convirtiendo los tra PAGINAS DE LA GUERRA tados en trozos de papel, haciendo marchar delante de las tropas en las batallas a las mujeres y a los ninos, rematando heridos, violando todas las leyes y todos los &re, choS 1 Oh, sí, Bárbaros ahora, 'senor conservador, dónde estamos? --rE,,n el dormitorio, de Napoleón I, tal cómo estaba en la 'época que lo habitaba. —?Es posible ? ?Exactannente ? ! Kolossal I I Kolossal ! — replicó S. E. Pero era un Kolossal discreto, más bien un murmullo pronunciado, algo que corres ponde al «very nice»"Cle los ingleses, que lo aplican en todas las ocasiones. En la biblioteca del Emperador, en la alcoba y en el gabinete de María-Luisa, en el Salón de Stucs, ante el Luis XIV de Lebrun, sobretodo, delante el Bonaparte de Gros, por último en la Sala de fiestas, el deshimbramiento del general fué creciendo. — ! Kolossal I o ! Muy hermoso, magní fico! —Es verdad, senor, le dije. Y tieneVues tra Excelencia que compretider mi inquietud pensando en los riésg•os que corren toas esas obras de arte tan perfectas, esos mue bles preciosos, esos bronces únicos, cuyo valor es incalculable y que están sometidos a mi cusfodia. Pero confío que serán res petados y que el ejército alemán tendrá él honor de no destrtiirlos. No contestó: me' mordí los labios. Qui zá dije demasiado d no dije lo que debía de cir o no lo supe decir y era necesario de cirlo en otro tono. ?Cómo reparar mi errór táctico ? Era demasiado tarde. Llegamos a la gran verja de honor! —Le •agracfecemos muchísimo, senor con servador, con gran amabilidad., Puede .estar usted seguro qu'e nada se tocará de ese Pa laCio y de esos hermosos tesoros que ep cierra. El día 4 de Septierribre, con una per fecta urbanidad, dos jóvenes óficiales ale Manes 'pidieron a M. Gabriel Mourey que les condujera al Parque. Conncfan los jar dines de Versalles, de Fontaineblau, de la Malmaison : querían conocer también los de Compiégne. Les conduje a lo largo del corredor sub terráneo — dice M. Mourcy — que co munica al Patio de honor con el Parque. Nuestros pasos resonaron sobre las baldo sas llenas de humedad. Al final de la' alta bóveda obscura, detrás de los barrotes de la verja que la encierra, un telón de ver dura movida dulcemente por la brisa y do rado por el sol poniente. Nos encontrarnos en el Parque, al pie de la gran terraza y descendimos por la esca lera de la Esfinge. Los parterres solitarios ardientes, esperando la noche ; las flores embalsamaban. Un postrer rayo oblicuo se quebró sobre la larga fachada del Palacio, simple, armoniosamente proporcionado, con una Majestad discreta y a lo lejos, en la vasta pradera, Beaux-Mouts haciendo resal tar con una polvorencia de claridad, supers pectiva infinita. La belleza de los: jardines crece en la so ledad. Tengo la impresión de no haber sen tido nunca tan íntimamente, la de ese paisa je compuesto. ?Era ponga presencia de esos dos extranjeros -- ?qué digo ? enemigos, que me la hacía más sensible y más pre ciosa? —! Qué francés es eso 1 — exclamó uno de ellos. —! Si, absolutamente francés! — aprobó el otro. —Versalles es, sin duda, más majestuoso. —No me gusta Fontainehlau por su fal ta de unidad. —Falta algo aquí. —Agua. —Sí, agua; es verdad. Falta aun otra cosa. Intervine y pregunté : —?Qué 'falta ? —Un rey. Si Francia tuviera un rey, se . nor conservador, no estaríamos aquí. Esa guerra no hubiera tenido lugar. El mundo estaría en paz. Si Francia tuviera un rey haría ya tiempo que estaría concertada una Dije simplemente: —Perdone V.; pero lo dudo. Además, Francia es republicana y continuará Sién dolo. , —Por su desgracia. —O por su felicidad. Pausa. Mientras se paseaban por entre las platabandas, les examiné a mi gusto. No carecían de elegancia y finura; pero un poco pesados y maCizos. El mayor, de vein ticinco o treinta arios, lo más, alto y. de aspecto deportista, sin rigidez. El, otro más insignificante, con las espaldas estrechas y las facciones cerradaS. Al abandonar la terraza, oímos el bor doneo de un aeroplano. Lo miraron como a un hermano. un «taube» dijeron. Se ven pocos de los vuestros. El 7 de Septiembre el Palacio estaba intacto. Y los alemanes se portaron en for ma no acostumbrada, coma si hubieran re cibido órdenes de lo alto. Maurey está con vencido de que el Kaiser se había de ins, talar en Compiégne, cuando sus tropas se encontraran sitiando París. Se llevaron muy poca cosa del castillo, antes de su retirada. Se metieron en todas partes; abriendo puer tas y cajones. He 'aquí la relación dr-lo robado : «Las diez y seis grandes piezas, reyes, reinas, caballos, alfiler y torres de coral, esculturado del 'juego de ajedrez ofrecido por Carolina de Nápoles a Napoleón I. Cerca .docena y media de punales, esti letes que formaban parte de una panoplia que adornaba las paredes de la Sala de Guardias. Un reloj de sobremesa en bronce dorado,. primer Imperio, representando Atolante. Tres ,antorchas en. bronce ,dorado. Un fragmento de un candelabro de Se vres. Ocho cobertores de lana. Y nada más. Fué muy poco. La vanidad del Kaiser, queriéndolo ocupar, salvó a Compiégne. e LaNeutralidad de Bélgica y el Derecho Cristiano Conferencia que debla dar en Barcelona el por la orilla izquierda del Rhin acaso nos sacerdote francés M. Lugan y que fué pro- hubiera sido fatal. Nos hemos visto obliga hibida porla autoridad gubernativa. dos a prescindir de las legítimas protestas del Luxemburgo y de Bélgica, hallándonos dispuestos a reparar los danos cuando haya mos alcanzado nuestra finalidad militar. Cuando se estIi amenazado, como lo esta mos, cuando se lucha por la existencia, sólo ise ha de pensar en los medios de vencer.» He de hablar con discreción de un tema importante. Aunque me encuentro en un país unido por lazos espirituales a Francia, no se Me ocultan las razones respetables por las cuáles en el actual conflicto europeo per manece en la neutralidad. Atendiendo esas circunstancias pondré mesura a mis pala bras no queriendo abusar de la hospitali dad de Espana. Puedo hablar sin ninguna clase de pre juicio. No he sido nunca un «chauvin». Y he formado parte, como vocal, de la Aso ciación de católicos franceses por la paz, queriéndome considerar siempre por amor. de Humanidad, como un discípulo de Cris to y del Espíritu.No Me faltan tampoco amigos en Alemania y en Austria. Tenien do esos antecedentes generales, puedo ha blar áin ninguna clase de pasión patriótica, animado por espíritu de justicia de la neu tralidad, de Bélgica. sino puedo del tono desprenderme de prejuicio, porque solo a Dios, Espíritu puro atane juzgar sin la me nor sombre de pasión que obscurece la mente humana: aun las más elevadas sobre Las- altas cumbres de la razón, lo podré en gran parte: porque no soy belga. Sé muy bien por mis amigos de Bélgica que esta es taba celosa de su neutralidad -y que la hu biera defendido contra los' franceses con tanto empeno como la defendió contra los alemanes. Al estallar la catástrofe que en sangrienta ahora a. Europa, el ministro de Jesucristo de Bélgica suprimió un periódi co de Bruselas «Le Petit Bleu», porque con tra las órdenes terminantes del Gobierno, rompió la neutralidad a favor de Francia, en un ,artículo titulado «Ante los Bárbaros». Trataré de la neutralidad belga en sí mis ma, eón objetividad— corno dirían tos fi lósofos alemanes — juzgando su violación no desde el punto de vista utilitario .por Francia sino por espíritu de justicia, que no es palabra vacía. Bélgica tenía derecho a ser respetada te rritorialmente por Alemania. En 19 de Abril de. 1839 fué firmado en Londres, el Tratado, en cuyo artículo sép timo, se dice: «Bélgica debe formar un Es tado independiente y perpetuamente neutro y deberá observar esa neutralidad con todos los Estados». Los firmantes del Tratado eran, el rey Leopoldo., en nombre de Bél gica, el Emperador de Au-ti ia , el rey de Francia, la Reina de Inglaterra el rey de Prusia, el emperador de Rusia, en represen ;Ilación de sus respectivos Estados, compro metiéndose a observar, tanto ellos como sus sucesores, todas sus cláusulas sin violarlas ni permitir que se violaran. Claras y terminantes las palabras. Espe cificado el derecho y el deber de cada uno. Habiendo Alemania declarado la guerra a Francia, pidió permiso a Bélgica para que pudieran pasar libremente todas sus tropas a través de su territorio, autorización , que no fué concedida, no queriendo Bélgica «faltar a su palabra». A pesar de esta ne gativa heroica que constituirá la gloria eter na del pueblo que la ha formulado, las tro pas alemanas atravesaron el día 4 de Agosto ele 1914, la frontera por el puente de Vise. El mismo aí,a el Canciller del Imperio Ale man,. Bethrnann Hollveg, portavoz de un pueblo que le aplaudía, dijo en él Reichs tag las palabras que citaré, haciendo la 'apo logía de la violación de la netia.a idad belga. Traduzco literalmente las palabras del Can ciller porque plantean el problema de la cuestión de justicia que discutirnos.. «Nuestras tropas — dijo estaban pri mero exclusivamente a la defensiva. Pero nos encontramos, por necesidad, en estado de legítima defensa. La necesidad es ley. Nuestras tropas han ocupado el Luxembur go y tal vez Bélgica. Hemos atropellado el derecho de gentes.; pero sabemos que Fran cia estaba preparada para un ataque y este Analicemos, senores, con calma y pacien cia, esas temerarias e históricas palabras. En primer lugar el Canciller alemán con fiesa que la violación de las neutralidades de Bélgica y del Luxemburgo, constituyen un atentado, sino contra la justicia, con tra el derecho de gentes. Afirma que se ha ofendido ese derecho y reconoce legítima la protesta de Bélgica,. Podríamos encontrar de deducción en deducción que todo lo que vulnera el derecho de gentes es ipso facto contrario a la justicia internacional, pues es un derecho regulador de las relaciones en tre los pueblos, dando fuerza de ley a los Tratados. Sería inútil. Leyendo atentamen te las palabras del Canciller se ve claramen te que declara que no es injusto lo contra rio al derecho de gentes. No admite más que una sola ley de justicia internadonal: salvo populi, la salvación de un pueblo. He aquí la única ley suprema. Justo es todo lo que ayude a salvar un pueblo ; injusto todo lo que impide su salvación. Esa ley la pro clamaron primero los romanos aplicándola a 'los individuos que ante la necesidad del Estado carecían ele derecho. Y esa fué la doctrina que condujo al Redentor de los hombres al Calvario. Expedit ,unum nomi nas mori pro pOpulo. «La salvación del pue blo, decía y pensaba Caifás, exige que Cris to muera, aunque sea inocente». Pero esa doctrina no la aplicaron los romanos a las naciones, matando a un pueblo para salvar a otro. Esa doctrina, proclamada por Bethman Hollweg, es la filosofía de Hegel sobre el Estado, que tuvo sus apóstoles en Thieb zuch, con el prohombre individuo y en Mixh :Id:: con el prohombre Estado prusiano. Sobre este caso puede leerse lo que dice el Conde Alcalá-Galiano acerca las palabras del Canciller : «Cuando uno lucha por su existencia, es preciso no pensar más que en gica no faltó a su deber de honor y de los medios de vencer. ?Qué significa eso, lealtad. La pequena Bélgica hizo lo que la sino presupone corno necesaria la violencia poderosa Alemania confesaba no poder ha de la neutralidad belga y sus consecuencias, cer. Mantuvo la ley y la justicia, hasta el la muerte y devastación? Todo está permi- último extremo. Bélgica quiso mantener, tido para salvar a Alemania, considerándose costa de terribles sacrificios.. una Moral so- . ' los Estados de garantía, papeluchos. Si esta fuese la verdadera doctrina no podríamos hablar nunca 'más del derecho internacional. No habría nación que for-jándose necesidades imaginarias no se cre-yera autorizada para atropellar a los débi-les y pequenas alegando y fingiendo razo-nes. Caben tantas hipótesis en esas ne-cesidades! Y si por ley de la existencia, la necesidad exige ,que una raza sea sola duena de un continente, 'dominadora de la Tierra, nadie podría impedírselo si las na-dones opuestas fueran débiles, no existien-do otro derecho, otra normade justicia en-tre los pueblos que la razón del más fuerte. Hablaré elaro y dígase que no hay más derecho ni más justicia entre las naciones que la fuerza Material de los canones, de las ametralladoras y de las bayonetas.' Pero todos cuantos sienten su oig-nidad humana y quieren elevarse por encima, a lo infinito, del rango de las bestias, quien se cree hijo del Espíritu y no de la carne y, sobretodo, quien quiera glorificarse con el título' dé diseípulo de Jesucristo, verbo de Dios, ,eleninlar y „corona de nuestra raza, no puede' aCeptar semejante doctrina mate-rialista qtae puede servir para regularizar la vida de las, fieras del desierto y de los tiburones del'inar Una nación nunca puede hacer lo que se le antoje para vivir. Para un pueblo también tiene valor ia regla que constituye el principio de 'toda moral hon-rada. El fin, por bueno que sea, no pue-de justificar los medios malos que se em-plean para alcanzarlo. Si un Estado, aun para salvarse, no puede matar injustamente a un individuo si la muerte de Cristo, por razón de Estado, constituye vergüenza del — sacerdocio judaico, menos puede un Estado, para salvarse Matar a día colectividad, a una familia, a los millones de individuos y de familias que encierra una nación. Lo di-ce muy bien el Cardenal Mercier en su nun-ca bastante alabada Pastoral : «No es ver-dad que el Estado valga esencialmente más que el individuo y la familia, pues el bien de las familias y de los individuos es la razón de su organización. No es verdad que la patria sea un dios Moloch, sobre cuyo altar todas las vidas pueden ser legítima-mente sacrificadas. La brutalidad de las cos-tumbres paganas y el despotismo de los Cé-sares había llegado hasta esta aberración a la cual el militarismo aspiraba dar nueva vida, a saber, que el Estado es omnipotente y que su Poder arbitrario crea el Derecho». Hasta aquí el Cardenal Mercier. Hay en el Syllabus una proposición que quiero citar, porque viene muy a propósi-to del calificativo de papelucho dado a los Tratados que estorban. La proposición con-denada, dice : «La violación de los jura-rrientos más sagrados, las acciones más cri-minales y vergonzosas, las más opuestas ai la ley eterna, no solamente no merecen vi-tuperio, sino al contrario, son lícitas y dig-nas de las Mayores alabanzas, cuando se hacen por amor a la patria.» Esto está condenado. Hasta ahora he supuesto, sin reconocer, que la radón de Alemania violando la neu-tralidad de Bélgica, obedecía a una nece-sidad de la existencia. Nada más lejos de la verdad. Todo esta no fué más que un pretexto. Un escritor holandés, M. Frederich van Eeden, dirigió, hace poco, una hermosa car-ta a los y les decía, entre otras, estas palabras que corroboran el argumen-to que defiendo : «Tú, Bélgica, eres la ven-cedora. La victoria material del usurpador no puede suprimir tu victoria. ?Qué ha di-cho el Gobierno alemán — pues el pueblo alemán no es responsable de esta manera de hablar — para justificar su acto de vio-lencia ? Que Alemania estaba en la nece-sidad ,absoltita de obrar en aquella forma, porque la necesidad no reconoce ley. La vida de Alemania_estaba en peligro ; tra-taba de defenderse contra la agresión del enemigo. Ante esa necesidad el interés uná-nime de Bélgica no se tenía en cuenta. Los hechos han demostra.do la falsedad de se mejantes palabras. No era Alemania, era Bélgica lo qae estaba en caso de absoluta necesidad. No se trataba de la existencia do Alemania. ?Quién puede sajar en la des-trucción de un pueblo de setenta Millones de hombres? En cambio la vida de Bélgi-ca estaba en peligro. Y no obstante -Bél- Y por esto, yo, Holandes, preferirla pertenecer a la naciju belga pisoteada que a la nación aieinaliaarrogante y poderosa. Todos los pueblos inploran la ayuda de Dios; pero ningún pueblo, tiene tanto de recho a esta ayuda, como el belga.» No podía tranquilizar la conciencia de los pueblos el pretexto, alegado por Alema nia para violar la neutralidad del territo rio belga. Se tenía que encontrar otro pre texto. Y- no costó rnueho hallarlo. Lo di jo sin rodeos el Canciller : «Sabemos que Francia estaba preparada para un ataque y un ataque de los franceses sobre la vertien te de la orilla izquierda del Rhin, podía sernos fatal.» Y el pretexto aparece aun de una manera más- clara y pertinente en la nota enviada el 2 de Agosto por el gobier no alemán al gobierno belga : «Ha recibido el gobierno alemán, noticias ciertas, según las cuáles, las 'fuerzas 'francesas tienen in tención de dirigirse sobre el Mosa, pasando por Givet y Naniur. Esas noticias descubren la intericiÓri de Francia de dirigirse contra Alemania, pasando por el territorio belga. El Gobierno imperial alemán: debe temer que Bélgicja,-.a pesar de su buena voluntad, no esté en estado de detener, sin ayuda aje na, el paso de los franceses. Se trata de una amenaza dirigida contra Alemania. Por ins tinto de conservación Alemania tiene el-de ber de evitar este ataque del enemigo. El Gobierno alentán sentiría mucho que Bél gica mirase como un acto de hostilidad ésta medida, que ha tenido que- adoptar por exi gencias de sus enemigos.» El Gobierno ale nián se comprometía. a dar una indemni7 ración. , Seguirá. El secreto de Lord Kítchener En 1900, el socialista inglés Mr. Blatch» ford, con una clarividencia que le caracte riza corno gran político, aconsejaba que Lord Kitchener preparase a la nación in glesa para una guerra anglo-germana. Lo mismo que las continuas y no poco macha conas del difunto, Lord " Roberts, la indi cación discreta de Blatchford fu é desde nada. Y el día 2 de Agosto, cuando ya Alem'ania había declarado la guerra a Ru sia y había violado, la neutralidad del Lu xemburgo, ocupaba la cartera de guerra Lord Haldane, un hombre civil, muy culto y muy listo, pero con quien no estaba con forme la opinión militar por ser demasiado amigo de Alemania y muy poco versado en las artes de la guerra. Muchos ingleses recordaban a propósito de Lord Haldane la frase de Napoleón en 1813 a su hermano José Bonaparte cuando éste se perneti( acon sejar a los generales franceses que hacían la guerra en Espana: «la mayor de todas innmmoorraalliiddaaddeess es comprometerse en una profesión de la cual está uno ignorante». Entonces Thie Timles, interpretando los deseos y el común sentir del pueblo inglés, proclamó la candidatura de Lord Kitche ner para ministro de la guerra. Y el jefe del gobierno lo nombró y Lord Kitchener aceptó el cargo. Esto era contrario a los precedentes constitucionales, pero el •nom bramiento fué acogido con aplauso por las Colonias y Depencifencias inglesas y por los aliadios franceses. Lord Kitchener había ser vido a Francia «cuando Francia, — dijo el crítico militar de The Times — después de las derrotas de Spicheren, Wórth, Mars lpaie-Ts oduer,laCirnasvoelleonttteessoyldaSdeedsácna, cdaeyl óReay ldoes Prusia». Horacio Herbert Kitchener nació en 24 de Junio de 1850 (cuenta, pues, sesenta y cuati o anos) en Gunsborough Honse, cerca de Tradee en Irlanda. El padre de Lord Kitchener, militar también, el Coronel Kit chener, pertenecía a una familia de Saf folk, pero en los anos del nacimiento del actual ministro se había convertido en un terrateniente irlandés. Por el lado de su madre, née Chevallier, descendía de hugo notes. Corría, pues, sangre francesa en sus venias; y la voz de la sangre fué acaso lo que le hizo tomar las armas por Francia en 1870. Los primeros arios los pasó en la casa paterna. Cuando tenía trece, fué enviado a un colegio, cerca, de Villeneuve, a un ex tremo del lago de Ginebra. El Coronel Kitchener comprendió que el mundo sufría una transformación y que era preciso apren der idiomas extranjeros. Villeneuve está en frente del Castillo de Chillon, cantado por Lord Byron, y de Clareus, inmortalizado por Rousseau. Allí había vivido otro revolu cionario del pensamiento como Rousseau de la sensibilidad y Byron de la poesía lí rica — el inmortal Voltaire... el hombre más completo que ha produtido la humani dad, según el pensador alemán Popper. En tre Ginebra y Villeneuve está Lausanne, donde había residido Gribbon, el 'historia dor de la decadencia y caida del Imperio romano. Muy cerca, cae el Valle del Ros sano, desde donde Bonaparte descendió a Italia en 1800. Un ambiente de libertad circundó la adolescencia del futuro Lord Kitchener. Del Colegio de Villeneuve pasó Kitche ner al del Reverendo Jorge Frost en Ren sigton Square, 27 y 29, en Londres. Unas )cas puertas más allá vivía Green. el historiador del pueblo inglés a quien yo he traducido; el filósofo Stuart Mill habitó en la misma plaza; el novelista humorístico Thac Keray residió en la próxima Young Street. Como Bisrnark, Horacio Kitchener pertenecía a la raza de los escolares que tornan afecto a sus maestros. Cuando mu rió el Reverendo Frost, se encontró bajo su almohada una carta de Lord Kitchener agradeciéndole las enhorabuenas que su vie jo maestro le tributaba con ocasión de la victorias del Sudan. (Véase a H. G. Gro ser : Lord Kiteherter, p. 23' Arthur Peor-son Limitet, Londres, 1914). A los diecisiete anos entró en la Aca demia Militar de Woolwich, el más cientí fico de los dos colegios que adiestran a los futuros oficiales del Ejército inglés. Se dis tinguió por su aprovechamiento en las ma CRÓNICA temáticas y por su amor a la disciplina. Descansando estaba en la. casade su padre, cuando 'estalló la guerra franco-pruSiana, en Dina,n, Inglaterra, donde ahora vivía el viejo coronel. Sin consultar con su proge nitor, y Menos con las autoridades de Wool wich, se escapé de voluntario al ejército de Francia e ingresó en el 2.o cuerpo de ejército del Loire, mnandado por el com petente general Chanzy. Su servicio des dichadamente terminó con una pneumonía y su principal hazana fué una ascenlión en un rudimentario globo guerrero. En 29 de Diciembre de 1913 repitió la experiencia haciendo un vuelo en aeroplano con el pi loto Olivier. Por una, gran ironía del Destino, Lord Kitchener fué encargado por Mr. Asquith — como el general Chanzy por Gambetta — de improvisar un ejército en tiempo de guerra. Felizmente para la Gran Bretana había habido factores en la Constitución inglesa que los leguleyos y los historiado res se olvidan de mencionar. Estos facto res eran el dominio del mar y los marinos británicos que lo sostienen... Costó gran trabajo 'e influencias al pa dre de Horacio Katchener que éste rein gresara en la Academia cie Woolwicn. (Véa se la monografía: Lord Kitehlyzer of Khar town, por el autor del King Edivard The Seventh, pág. 19). Cuando salió de allí, entró en el Cuerpo de Ingenieros Reales y se especializó en la telegrafía, la cons trucción de ferrocarriles y la fotografía. Su experto conocimiento de los últimos ramos de la ingeniería militar fué la causa de que le agregaran a la Comisión de Exploración de Palestina con ei Lugarteniente C'onder para hacer el mapa de la Palestina Orien tal. De 1874 a 1877 Kitchener trabajó en este mapa. Sus trabajos están contenidos en tres inonumentales volúmenes de inves tigaciones, un artíc'ulo sobre los restos de Sinagogas en Galilea y un mapa de la Pa lestina Occidental. En un ataque de los naturales del. país, Kitchener fué herido, icuando su jefe Conder fué salvado por la sangre fría y 'el valor del Ministro de la Guerra actual. ,En Palestina. 'intimó 'mucho con H0~ Hunt, el más sincero y el más religioso de los pintores ingleses. «El Lu garteniente Kitchener — escribía el artis ta prerrafalista — estaba completando sus trabajos topográficos. Teníamos muchas ocasiones de hablar sobre las futuras pers pectivas Militares en Siria.» Al volver de Palestina, Kitchener visi té Constantinopla, Andrinópolis y Sofía, perturbadas por el estallido de la guerra ruso-turca. En Febrero de 1878 contribuyó con un viril artículo a Blackwood Maga zine, dando su imPresión de los soldados turcos. «Siempre dispuestos a pelear (es cribía) son verdaderos héroes, nunca con quistados, sino por la superioridad numé rica ; su lema es : Mientras tengamos vida, pelearem'os...» Los turcos derrotados en la guerra bal kánica pueden haber lamentado, que en 1883 este magnánimo inglés no hubiese sido encargado por el Sultán de reorga nizar el ejército turco; tarea que fué en comendada al teórico militar Vander Goltz, porque (como Von Bernhardi indica) con venía a Alemania que Turquia poseyese un ejército fuerte. En 1882 le encontramos en Alejandría cuando el bombardeo de la ciudad era in minente. Cuando Wolseby llegó a restau rar el orden en el Valle del Nilo, uftlizó los servicios de Kitchener — que habla el ára be — y que sirvió de mayor de la caba llería egipcia en la campana de Tel-el-Ke bir. Sir Evelyng Wood fué nombrado Sir dar del Ejército Egipcio y Kitchener as cendió a segundo jefe de la caballería egipcia. Kitchener tomó no menos parte heroi ca y activa que el mismo Gárdon. Disfra zado de árabe — y como Napoleón en la campana de Rusia — llevando consigo re llenos, avanzó hasta Dóngola consiguien do disuadir a los indígenas que se unieran al falso Profeta. «Toda su vida Kitchener ha sido un soldado voluntario, decía el co rresponsal de guerra Bennet Burleigh I Cuando Gordon murió, Kitchener tenía treinta y cuatro anos. Como lugarteniente coronel, aceptó luego el puesto de comi sionado para Zanzibar. Al ario siguiente (1886) fué nombrado general-gobernador del 1,toral del Mar Rojo y Comandante de Snakin. En 17 de Enero de 1888 sor prendió el campamento de Osman Digna, el más capaz de ios oficiales.que se nabían lanzado contra Sna Rin. Una bala le atra vesó la mandíbula y le entró en la nariz y regresó a .inglaterra. Mas pronto vol vió a su puesto y ayudó al General Gren fell en 20 de Diciembre a derrotar a los derviches en Gemaizeth, en la vecindad de Suakin. Al ario siguiente dirigió la deci siva carga de la caballería de húsares S, de egipcios en la batalla de To,ski (3 de Agosto de 1889). Kitchener fué luego general ayudante del ejército egipcio y de 1890 a 91, temporal mente, Jefe de la Policía. En 1892 por de signación de Sir Francis Grenfell fué nom brado •Sirdar por indicación de Lord Co mer, que tenía de él un altísimo concepto y así lo ha expresado en su libro Modern Egipl, publicado en 1898. Se ve, pues, que Lord Kitchener no fué un militar de salón, sino un militar de cam pamento. Y esto es todo el secreto de Lord Kitchener — y no el que, con fácil humo rismo, supone el maligno Cirici Ventalló : haber sido toda su vida un perfecto mili tar y haber llegado al ministerio cie la gue rra del Reino Unido en un m'omento en que había que improvisar-1m gran ejército, que llegaría a causar el asombro de Eu ropa... ANDRES GONZALEZ BLANCO —Me parece que esta pina americana, no me ha sentado bien. El Manifiesto de los intelectuales espanoles En la prensa de París, primero, en la espanola, despues, ha aparecido el mani fiesto de los intelectuales espanoles. Su Prosa sobria e intensa, dicen que tiene la Paternidad de Ramón Pérez de Ayala, quia& el más fuerte de los nuevos hom bres de letras de Castilla. Su lectura ha sido epilogada en Francia con un apasio nado !vive l'Espagne! En Madrid, con trariamente, por las redacciones germa nófilas, ha rugido un !muera! de despecho envidioso. • Y las firmas del manifiesto son todo. el pensamiento espanol, con todos sus matices. La Espana viva y perdurable está ahí. Y si sus autores hubieran que rido darle una mayor elasticidad, todo lo que en Espana tiene un valor, todo lo que en ella representa una fuerza inteligente inscribiera su nombre bajo el manifiesto que viene a hermana" con aquel otro que Cataluna presentó a Francia. A continuación lo transcribimos, así como los comentarios que ha merecido de Chaumie, el traductor de Valle Inclány de Azorín. «Elevamos la voz para decir nuestra opinión, con modestia y sobriedad, como espanoles y como hombres. No estaría bien en este momento su premo de la historia del mundo que la historia de Espana se separase del curso de los tiempos, permaneciendo a un lado como roca estéril, incapaz de sentir in quietudes por el porVeniry las que dictan la razón y la ética. Sería una bajeza que en estos momentos de gravedad profunda, de intensos sentimientos religiosos, cuan do la raza humana sufre sin límites, ,engendrando una solidaridad más estre cha y más fraternal, que Espana, por pusilanimidad de sus políticos responsa bles, apareciese como un pueblo sin eco en las entranas del mundo. Y sería peor aun que esos ecos se propagasen con acrimonia de voces inflamadas por riegas pasicines y ultrajes de plumas y de perió dicos mercenarios. Nosotros, sin otro título que el de nues tras vidas silenciosas consagradas a las puras actividades del espíritu, sentimos que para servir a la patria y ser ciudadano honrado y útil• es preciso ser hombre honrado y útil para todos los pueblos. Por eso estamos seguros de cumplir con nuestro deber de espanoles y de hombres declarando que participamos, con la ple nitud de nuestro corazón y de nuestro juicio, en el conflicto que conmueve al mundo. Nosotros nos hacemos solidarios de la causa de los aliados en lo que ella representa, los ideales de justicia, lo único que puede coincidir con los más profundos y más imperiosos intereses políticos de la nación. Nuestra conciencia rechaza todo aque llo en que se manifiesten los hechos que degradan la dignidad humana y el res peto que los hombres se deben aun en el mayor encarnizamientode la lucha. Deseamos de una manera ardiente y ferviente que la paz futura sirva a todas las naciones de honrosa y provechosa ensenanza, y esperamos que el triunfo de la causa que estimamos justa afirmará los valores esenciales mediante los cuales cada pueblo, grande o pequeno, débil o '-fuerte, hará nacer la cultura humana, destruirá los fermentos del egoísmo de dominación y de impúdica violencia ge neradores de la catástrofe, y afirmará los cimientos de una nueva fraternidad inter nacional en que la fuerza llenará su fin, que es garantir la razón y la justicia». Catedráticos: Gumersindode Azcárate, Nicolás Achúcarro, Adolfo Buylla, Américo Castro, Julio Cejador, Manuel B. Cossío, José Goyanes, Luis de Hoyos, G. R. Lofora, Eduardo López Navarro, Juan Madinaveitia, Gregorio Maranón, Ramón Menéndez Pida!, Manuel Morente, Manifestaciones francesas tras los Pirineos Desde que ha estallado la guerra no se ha escrito página más hermosa. que ese ad mirable manifiesto de los intelectuales de Espana, en donde la armonía de la fórma responde a la alteza de sentimientos. Está firmado por la más selecto del pen samiento espanol. Profesores de Derecho, de Filosofía, de Pedagogía, de Letras, de Ciencias, de Me dicina, de las grandes Universidades, uno de ellos, el senor Unamuno, ayer aun rec tor de la Universidad de Salamanca ; músi cos, pintores, decoradores, escritores de len gua castellana y catalana, grandes espí ritus inspirados por la única pasión de la razón y la justicia, sin obedecer a ninguna preocupación de partido. Se encuentran, entre ellos, hombres de todas las opiniones. Nada más significativo a este propósito que el azar del orden alfabético' que hace el primer firmante a Azcárate, jefe respe tado de partido republicano, cuya figura do mina en el Parlamento y cuya situación mo ral es tan respetable, que sin abandonar en ha de nada sus convicciones de toda su vida, sido consultado por el Rey en las horas — siendo el últimio el soberbio escritor Ramón del Valle-Inclán, fogoso carlista. Tres de los literatos firmantes Son miem bros de las Cortes. El gran decano de las letras espánolas, D. Benito Pérez Galdós, que se sienta en los bancos republicanas, con Rtusinol (1), que se cuenta entre los pintores, pero que es también, como no se ignora, un rernarcable escritor catalán, y Azorín, pseudónimo del diputado conserva dor. Martínez Ruiz, con el que firma sus libros y sus crónicas de una forma tan pura (1) Aquí el escritor francés sufre una confusión. 13 — José Ortega Gasset, Gustavo Pittalúga, Adolfo Posada, Fernando de los Ríos, J. Eugenio Rivera, Luis Simarro, Ramón Turró, Miguel de Unamuno, Luis Urrutia y Luis de Zulueta. Compositores de música: ManuelFalla, J. Turina, Rogelio del Villar y Arnadeo Vives. Pintores: Angla da Camarasa, Ramón Casas, Anselmo Miguel Nieto, José Ro dríguez Acosta, Julio Romero de Torres, Santiago Rusinol, Ignacio Zuloaga y Joaquín Sunyer. Escultores y decoradores: Julio Anto nio, Juan Borrell Nicolau, José Ciará, En rique Casanova, Manuel Castanos, Mate Fernánde de Sojo, ,Jerónimo Villalba y José Villalba. Escritores: Mario Aguilar, Gabriel Alomar, Luis Araquistain, ManuelAzana, «Azorín», José Carner, Manuel Ciges Aparicio, Francisco Grandmontagne, Amadeo Hurtado, Ignacio Iglesias, Anto nio Machado, Ramiro de Maeztu, Gregorio Martínez S erra, Enrique de Mesa, Ar mando Palacio Valdés, Benito Pérez Galdós, Ramón Pérez de Ayala y Ramón del Valle Inclán. y de una tan justa y tan limpia visión. Tenemos dentro el mundo político espa nol muy vivas y numerosas simpatías, mu chas .de las cuales se han manifestado ya ruidosamente, pero — sin duda para rio pre- • sentarse corno sospechosos de premedita ción. — los autores de esta declaración se han mantenido exclusivamente en el mundo de la ensenanza, de las letras, die las cien cias, de las artes ; ninguno de esos escritores ha dado su firma en calidad de político. Sólo en su calidad de profesor en Derecho de la Universidad de Madrid aparece el se nor Azcárate. Algunos, como .ei grande y admirabie-no velista Palacio Valdés, con todo y permane cer alejados de las luchas de partido, tie nen muy firmes convicciones religiosas ; otros son librepensadores. Pero todos, ca tólicos fervientes o librepensadores, repu blicanos o carlistas, liberales o conservado res, se unen en La expresión de un mismo sentimiento. El Público francés pudo ya apreciar la calidad de las simpatías de muchos de ellos, especialmente leyendo en Le Figloro un ar tículo de una emoción muy fina, de Azorín, y en L'Echo ci,e Parils la hermosa carta de Una/Mino a Barrés. Tales testimonios han tenido un eco pro fundo en el alma francesa.. De instinto queremos todos a Espana en Francia ; pero la conocemos muy poco. Muchas cosas y muy encantadoras nos seducen desde el primer momento, cuando la recorrernos en un viaje rápida, quedán donos grabadas para liempre las hermosas imágenes, pero ignoramos el alma verda dera de ese gran pueblo. Si prolongamos nuestra residencia entre ellos, si hablarnos su lengua, si gustamos el encanto de las amistades ,espanola,s, ex quigitas entre todas, por la ardiente del co roa& y la vivacidad diScreta del espíritu, -14 Comprendemos cada día más cuán firme era el instinto que nos hacia amar a Espana. Muchos han sido quienes, como yo, han sentido esa simpatía tan grande hasta el extremo de considerar a Espana como una segunda patria. 'Se quieren por otras razones que no las que les hablan primeramente cautivado. Sin duda que se mostrarán siempre sensibles a lo que les ha encantado en el Primer en cuentro; pero es que no veían más que lo más amable de las apariencias. En el paisaje mismo, lo que más les im presiona es la límpida austeridad de los Montes y la severa amplitud de los grandes horizontes. Está cerca entonces del cora zón del pueblo. Detrás de esas actitudes algunas veces desafectadas o de los espíri tus demasiado predispuestos a criticarse a sí mismo — permitiendo senale a los ami gos los defectos comúnes — se descubre todo el valor de esa alma tan llena de un hermoso pasado, y que, por más que no se cre:a tiene aun un rico porvenir. Como nuestra Francia que una vez más asombra al mundo, la Grecia soberana de las viejas civilizaciones no ha detenido el impulso expontáneo de un pueblo eterna Mente joven. Esto lo sienta muy bien, y lo han podido probar desde hace tiempo, los elevados espíritus y las hermosas conciencias que han firmado ese manifiesto. Ante todo y por encima de todo son pa triotas. Primero honran a su país por su arte y su ciencia. El período actual quedará como uno de los más grandes en la historia lite raria y artística de Espana y la labor de sus pensadores y sus sabios coloca la nación en el lugar que le corresponde en el mundo del pensamiento. Pero todos, tanto los pro fesores como los escritores o los altistas, no se contentan con el lustre que dan á su patria. Hacen obra de educadores. La pre paración de las generaciones nuevas es su noble tormento. Y todos, sean cuales fueren sus opiniones filosóficas o políticas, se asocian en esta acción. Fieles a las tradiciones profundas de su raza, apasionadamente adheridos por todas las fibras de su sér a la tierra de Espana, quieren abrir a la juventud, al país entero, los amplios ventanales sobre el mun do. Sigo desde hace anos sus esfuerzos. Con ellos, dolorosamente he sentido, hace unos Ineses, la pérdida de uno de los más gran des de esos ,educadores, 11110, de los hombres que más útiles han sido a ese país, Giner de los Ríos, cuya ancianidad, de una sere nidad tan pura y tan joven mostraba a los que le vetan en medio de sus discípulos la más alta imagen de un filósofo antiguo. ! Su firma hubiera figurado también at pie de ese manifiesto; pues desde los primeros días de la guerra afirmó con un arrogante ardor su adhesión a nuestra causa 1' Si la Muerte nos ha quitado su nombre, se sobrevive por lo menos con el de Cossio, su digno sucesor a la cabeza de su obra y uno de los Más grandes de sus discípulos. Desde hace meses, esos hombres, mu chos de los cuales, no obstante, han estu diado en las Universidades alemanas, no desprecian ninguna ocasión para expresar, en el periódico o en el libro, su adhesión a la obra de justicia. ! Con cuánta emoción yo, que sé lo que valen, les he oído, hace tres meses, expresar su inalterable confian za en el triunfo del derecho I Releyendo sus nombres, les veo, desde el carlista, mi querido Valle-Inclán, gen til hombre de esas letras cuya personalidad( evoca un pasado Magnífico y lejano, has ta los hombres de la extrema izquierda, vi Domingo por la manana me encuentro en la cresta del Monte San Eloy. Abarco un horizonte más extenso que desde el pro montorio de Loreto. Es el mejor observa torio para seguir la batalla de Arras y para comprender cuán formidable es la fortaleza que los alemanes han construido bajo tie rra o a flor de tierra en los confines del Ar tois y de Flandes. Dos altas torres abaciales que la guerra ha encontrado en estado de viejas ruinas, perfeccionándolas, aimenadas, se levantan bizarras desde el monte ‘al cielo sirviendo de punto de pira a cros- leguas a la redonda. Todo en torno de ese alto vestigio, encan tadoras casitas de verano, ha perecido, co mo los heridos de la batalla, bajo su som bra, acribillado por las balas. Ninguno de esos própietarios piensa en cenar sus claus tros. Nos paseamros por un viejo parque escuchando el estampido rabioso de nues tro 75 y el retumbar tempestuoso que viene de los alemilanes. Los hermosos árboles cuyas hojas parecen dormir, fOrman una protección aérka. !Qué tranquilidad volup tuosa esta mantna ligera en este rincón de la batalla! • Pero es imposible que nos distraigamos con un placer tan banal y. diario, cuaudo des pasos nuestros podemos observar uno de lo s más grandes espectáculos que se pue den contemplar Saliendo de entre las casas y jardines ganamos en lo alto del monte un campo desnudo y un horizonte inmenso. El suelo, donde nos instalamos, está acri billado por las marmitas. Nuestro amable guía nos nombra uno a uno esos puebleci-( tos fortificados, donde cada casa es una fortaleza; esos valles cerrados por trinche ras estratégicas, esas colinas donde se han instalado bastiones, esos caminos que se en trecruzan a través del inmenso paisaje. A nuestra derecha, en medio de la verdura, el pueblecito de Ecurie; más al sud, Arras, sin su atalaya dominante. Al este, delante de nosotros, un grupo de árboles senala el lugar donde estaba la Targette. Detrás de la Targette, los vestigios de Neuville-Saint Vaast. Más atrás aun esa región laborada de blanco, surcada de pequenos caminos trazados en el yeso: es el famoso Laberin to. Ese lugarejo, en el horizonte, Thélus, que está medio destruido. Más lejos aun la cresta de Virriy. A nuestra izquierda, al Norte, sobre la gran prominencia de terre no, vemos construcciones blancas. Y dise miradas bajo el gran cielo distinguimos tres «salchichas» nuestras y sus tres Dracken donde vigilan los oficiales observadores, dispuestos a dirigir inItantáneamente los fuegos de sus baterías sobre el objetivo in teresante que reconozcan. Uno permanecería horas enteras miran do ese campo de batalla; horas escuchando brantes por la misma generosa pasión. A pesar del esfuerzo colosal de la propa ganda alemana, Más allá de los Pirineos, que lo ha, puesto todo en juego para .enga nar a la opinión, el verdadero pensamiento de la nación espanola se ha Manifestada por sus más altos espír:tus. Esas grandes palabras no serán olvida das. Contribuirán a aproximar aun más a, esos ,dos grandes pueblds tan naturalmente inclinados el uno al otro y que todo lo pue den obtener, conociéndose mejor y querién dose más. JACQUES CHAUMIE Lo que flota bajo el cielo de batalla el relato de nuestros esfuerzos espléndidos para romper los ocho cuerpos de ejército sucesivamente enviados por los alemanes, para ganar ese acantilado de Vimy que nos abriría esa llanura de Lens; horas, viendo por toda la c,ampina, bajo el abrigo que nuestras piezas han sabido improvisar, ios fuegos de expulsión .de nuestros proyecti les y después, a lo lejos, los humos de su llegada al enemigo. Es una inmensa sinfo nía que, fenómeno extrano,' inspira menos horror por sus ,abominaciones,que respeto y admiración por .esCIS hombres que saben mo rir. Parece que se cumple un misterio, bajo nuestros ojos, en este rincón de tierra. Me encuentro aquí corno; en un templo, en un lugar sagrado, donde pasa algo su blime, eterno, el milagro por excelencia, el encuentro entre la más grande potencia in visible y el hombre cautivo. Han visto la zarza ardiendo. Y cuando evoca esa gran imagen bíbli ca, ese recuerdo, de visiones católicas, no quiero decir que-esos favores sobrenatura les estén reservados sólo a los creyentes. Cualquiera que sea su actitud racional y razonable ante los dogmas y el misterio, sean los que quieran sus prejuicios, desde que entran en la zona heroica nuestros sol dados se encuentran por este mismo hecho en una zona religiosa. Un cristiana dirá que se ha estremecido al contacto de un Dios; otro que se ha estremecido solamen te por la realización súbita y satisfactoria de la idea de patria ; pero ante los ojos de unos y otros está la aparición, la evoca ción urgente de lo desconocido, de una pre sencia, de una fuerza que es seguramente una energía moral y religiosa. A esas alturas, Dios, Patria, abnegación, sacrificio, olvido de sí mismo, todas esas grandes virtudes se juntan y se confunden. Y los teólogos mismos lo sienten tan bien que consideran ese acto de dar la vida por un ide(al, de darla con un impulso, con gene rosidad, con conciencia; como una 'especie de sacramento, el sacramento del amor in vencible. ! Invencible Me he dejado arrastrar por mis reflexiones, por todo lo que flota bajo el Cielo de esta batalla; pero mi conclusión concuerda con la que el jefe que acaba de llegar nos explica acerca las operaciones sobre el inmenso teatro. Lo dice en términos vulgares y sublimes, — términos de discurso de distribución de premios, siendo su propia banalidad ardien te, despojada de todas las reminicencias por la plena realidad de las palabras que em plea: «Las tropas que saben llevar a un tan alto punto el valor física y la grandeza moral, pueden aspirar a todos los éxitos.» MAURICIO BARRES e ~3~ve~S9,~0E~Ciff*-~M~P~03~~~8~13-~=+_ El~lb 1 1 1 1 1 11 1 1- 11 r - -s-.1.1~~10 y. SALES w 10 purgas, Frasco 2 ptas. 1 purga, Caja 30 cénts. AGUA, tv. Botella UNA peseta f. SON LOS MEJORES PURGANTES té. tio producen NAUSEAS ni 11(01, son oe efeCTO Miltil Arrendatario y venta al por mayor: E. J. CURIEL 4 Aragón, 230- Barcelona 4 .W.:. OIMPKENTAS CAKTELES • IMPRESIONES ..#:. :744. VV DE TODAS CLASES eY719, ESPECIALIDAD EN ITIABA)01 PANA LA • INIDYSTPJA • T .#. y • COMEWO TELEFONO 3553 ...41.7. ----------•-—-\\••¦.--------..._. Escudillers Blanchs, 10 :: Barcelona "cA.BELLc•L" Producto de infalible resultado para evitar la caída del pelo, devolverle su primitivo color y promover el nacimiento de otro, aun en los casos de más rebelde calvicie Consejo de Ciento, 341, pral. La tett BARCELONA Representante- Depositario: 2 Boulevard Michelet MARSELLA Ii~e4=~~-11~0411~~10 1 11 G-rall Garage Moderno B. Picornell : PEOVeilia, 165 y lioselión, 160 Teléfono 7437 BARCELONA Panhard E Levassor VERMOREL Corripailía para la fabricación de Contadores y Material para Fábricas de Gas Agua y Electricidad A. C. T. SOCIEDAD ANÓNIMA .11 CAPITAL 9.000.000 DE FRANCOS Chamón y Triana Carretera de Sarríá, 48 .4 BARCELONA Je Teléfono 6362 Contadores para Electricidad Sistemas privilegiados Elíhu Thomson, O. K., A. C. T., B. T. H. g. (mercurio) LAMPISTERIA S. en C., Sucesores Dirección telegráfica: CONTELEC Contadores para Gas Sístemas privilegiados DUPLEX, SIRY LIZARS Medidas invariables Imprenta P. BORRAS, Ilactudillerei Blanoha10. ~valona Thomson Contadores para Agua Sistemas privilegiados Frager Frager, Estrella D. P. Turbina T. E. Aparatos de Medida y Registradores Duplex Sistema Meylan d'Arsonval GRIFERIA FUNDICIÓN DE COBRE, BRONCE Y LATON |
Etiquetes
Afegir etiquetes per No. 14 (10 jul. 1915)
Comentaris
Afegir un comentari per No. 14 (10 jul. 1915)
