No. 1 (1 enero 1858) |
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ILUSTRACIM
PERIÓDICO QUINCENAL.
D. HUSEBIO COMAS Y SOL1-111.
(Contiene 59 grabados de todas dimensiones.)
LA
publicado bajo la direccion de
BARCELONA.
Imprenta del DIARIO DE BARCELONA, á cargo de Francisco Gabdach,
CALLE NUEVA DE S. FRANCIKO,NUM.17.
1859.
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' 1111 ?II,' 1111V
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,
1.0 DE ENERO DE 1858.
1
Núm. 1.—Tomo I.
Se suscribe en BARCELONA en la litografia de
D. Juan Vazquez , sucesor de Mabon , rambla
del Centro, núm. 31, y en las principales li
brerías del reino.
—
La correspondencia deberá dirigirse á dicho senor
Vazquez.
La caza del lema,
por Julio Gerard,
r„
EL MATADOR DE LEONES, TENIENTE DEL TERCER REGIMIENTO DE SPAIIIS,
istirmanio.
La caza del leon.— La loca de amor.—Aspiraciones cristia
nas.—La siega del heno en Anvernia.—Adelaida Ris
tori.—El autor de Las ruinas de ,ni convento.—El Tam
borilero de Villaviciosa. —Jefté.— Cuadro al vivo.— Pen
samientos.—Epígrama.
LámINAS : La siega del heno en Auvernia.— Adelaida Ris
tori en la tragedia Mirra.—El autor de Las ruinas de mi
convento.—Cuadro al vivo.
EL LEON, SU EDUCACION, SUS BABITOS Y COSTUMBRES. s.
N el mes de enero de 1848 encontré en
Paris á Adolfo Delegorgue, cazador na
turalista, que ha vivido siete anos en el
sur de África en medio de los Cafres y
de los Amazoulus, alimentándose de bif
tecks de hipopótamo y de costillas de
rinoceronte.
No tengo necesidad de decir que este
encuentro fué una fortuna para mi, y
que, no contento de haber leido los
viajes de mi valiente colega, le hice mil
preguntas relativas á las cacerías que
habia hecho, y especialmente acerca del
leon del cabo de Buena Esperanza.
Me dejó tan sorprendido la poca ana
logía que existe entre este animal y el
de la Argelia, que desde aquel mo
mento me decidí á escribir todas las observaciones
que habia hecho respecto de las costumbres de este
último, en los muchos anos que estuve en contacto
con él.
Todo el mundo sabe que el leon pertenece á la es
¦
'
PERIÓDICO UNIVERSAL.
pecie felina, y cosa singular, los mas eminentes na
turalistas que han escrito acerca de este animal, lo
han dado á conocer como si viviese siempre á la luz
del dia , y ninguno de ellos ha descorrido el velo de
sus hábitos nocturnos.
Este es un vacío sensible é inesplicable que trata
ré de llenar, empezando la historia del leon desde
su nacimiento y siguiéndola paso á paso hasta su
muerte. Me daré por satisfecho si las observaciones
que he hecho, pueden desvanecer las falsas ideas que
respecto de él he oido manifestar con mucha frecuen
cia en Francia y aun en la Argelia, donde solamen
te los indígenas conocen las costumbres del leon.
La union del leon y la leona se verifica ordinaria
mente á fines de enero. Las hembras son una terce
ra parte menos numerosas en razon de que la denti
cion hace perecer á muchas de ellas. Por eso no es
raro encontrar á una de esas senoras acompanada de
tres ó cuatro pretendientes que se entregan á terri
bles combates, hasta que fatigada de ver que estos
galanteadores no se matan por ella, los lleva hácia el
parage donde habita un viejo y enorme leon cuyo
valor ha apreciado oyéndole rugir.
Los amantes se revisten de valor y llegan con la
leona á la presencia del rival preferido.
Los preliminares son siempre de corta duracion, y
el resultado de estos encuentros termina á corta di
ferencia de la misma manera. Atacado por los tres
imprudentes, el leon viejo los recibe sin menearse ;
aquí degüella á uno de un bocado, allá rompe una
pierna á otro y el tercero puede tenerse por dichoso
sino deja mas que un ojo entze las unas del ven
cedor.
Una vez el campo libre, el noble animal sacude
ruidosamente su melena, parte de la cual vuela á
merced del viento; en seguida va á echarse al lado
de la leona, que, como una prueba de su afecto, le
lame las heridas que ha recibido por ella.
PROSPECTO.
1„—El público ha sido tantas veces burlado, que ya no cree en las pomposas ofertas de los
editores. En su consecuencia diremos únicamente que la empresa de la ILUSTRACION no per
dona gasto alguno para dar buen papel, tipos claros y hermosos, magnifico§ grabados y mejor
redaceion,—Echese una sola ojeada a este número, y ella bastará para demostrar que no hay exage
rucios en nuthtras palabras.
2, —La ILUSTRACION BARCELONESA sepublica dos veces al mes.
3.—Cada mes al recibir el suscritor el segundo numero del periódico, debe renovarla suscrip
cion para el prózinzo.
4.—Las suscripciones de provincia y del estrangero serán servidas puntualmente , si seremite
su importe en libranzas á en sellos de franqueo.
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PRECIO.
Cuando se encuentran dos leones adultos sobre el
mismo terreno, las cosas toman un aspecto mas gra
ve. Un árabe de la tribu de Kessena, me ha referido
un combate de esta naturaleza del cual fué testigo
ocular.
Era la época en que los ciervos están en celo.
Mahomet, grande acechador de animales de todo gé
nero, se encontraba en una noche de hermosa luna,
apostado en una encina acechando una cierva que
habia visto rondar por aquel sitio en companía de
varios ciervos. El árbol al cual se habla subido, era
el único que había en un gran raso al lado de un sen
dero.
A eso de media noche, el cazador vió llegar una
leona acompanada de un enorme leon de hermosa
melena. La leona dejó e/ sendero para ir á acostarse
al pié de la encina ; el leon no se movió del camino
y parecia escuchar.
Mahomet oyó entonces un rugido lejano que ape
nas se percibia ; la leona respondió en seguida. El
leon que habia venido con la leona se puso á rugir
con tanta fuerza, que el cazador, aterrorizado, dejó
caer su fusil para agarrarse á las ramas con toda su
fuerza á fin de no caer de miedo.
A medida que el animal que habia rugido prime
ramente parecia acercarse, la leona rugia mas fuer
te, en tanto que el leon , furioso, iba y venia del
sendero á la leona, como si quisiera imponerle silen
cio, y de la leona al sendero como si dijera : Que
venga, le aguardo!»
Una hora despues , un leen negro como un jabalí
se presentó al otro estremo del raso. La leona se le
vantó para ir hácia él ; pero , adivinando su laten
cion , el leon corrió al encuentro de su enemigo. Los
dos se agacharon para tomar mejor su carrera, y un
instante despues , abalanzándose uno contra otro,
rodaron por encima la yerba del raso para no vol
verse á levantar.
En BARCELONA, por un mes de suscrip
cion, llevados los números á domicilio. 2 rs.
Fuera de Barcelona, por id., franco de
portes. 3 »
En el estrangero 4 »
Números sueltos 2 »
LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL.
La lucha fué larga y terrible para el testigo invo
luntario de este desafio.
Mientras que los huesos crugian bajo los mordis
cos de los dos combatientes, sus unas esparcian sus
tripas por el suelo, y sus rugidos, unas veces sor
dos y otras furiosos, esplicaban su ira y sus dolores.
Al principio del combate , la leona se habla echa
do de barriga al suelo, y hasta el fin, demostró con
el movimiento incesante de la punta de su cola, el
placer que esperimentaba á la vista de aquellos dos
leones que se destrozaban por ella.
Concluido el combate, la leona se acercó poco á
poco á los dos cadáveres, y despues de olerlos se
alejó. Mahomet ya que no podia enviarle una bala,
no pudo menos de dirigirle un epíteto, que, si bien
algun tanto grosero, no era de ningun modo ino
portuno.
Este ejemplo de fidelidad conyugal, en la leona,
es aplicable á todas las demás de su sexo. Lo que
buscan antes que todo es un macho adulto y valien
te que las liberte de los leones jóvenes cuyos conti
nuos combates parecen fastidiarlas; pero en el mo
mento que se presenta un leon mas fuerte y vigoro
so es bien recibido.
Por lo que he tenido ocasion de ver, no sucede
otro tanto con el leon , que, á menos de verse obli
gado á ello, no deja nunca á su companera por la
cual siente un afecto digno de mejor suerte.
Desde el instante en que la pareja abandona su
guarida hasta que vuelve á ella, la leona va siempre
delante. Cuando le acomoda pararse, el leon la imi
ta y la aguarda.
Al llegar cerca del donar que debe ofrecerles la
cena, la leona se tiende, en tanto que el leon pene
tra osadamente en el cercado y le trae lo mejor que
encuentra. Mientras come, el leon la contempla con
un placer indecible, velando al mismo tiempo para
que nada pueda interrumpirla en tanto que sacia su
apetito, y no piensa en comer hasta que ella ha con
cluido. En una palabra, durante la época de los amo
res, el leon muestra por su hembra las mas asiduas
atenciones.
T.--JOAQUIN MOLA Y DOMINGUEZ.
(Se continuará.)
Laloca de amor.
!La muerte! dulce alegría,
Unica esperanza bella;
En muriendo, madre mía,
Subiré á vil ir con ella.
SELGAS.
Sevilla cuenta entre sus hermosos paseos el de las
Delicias, que constituye uno de los mas deliciosos
sitios de recreo de aquella sin igual ciudad : hallase
situado entre esta y el rio , siguiendo la orilla iz
quierda en direccion á su misma corriente. No es
uno de esos paseos raquíticos que solo cuentan po
bres hileras de árboles incapaces para dar sombra á
los concurrentes; es un frondoso bosque de falsas
acacias , copudos chopos y olmos gigantes que tejen
una bóveda de espesas y verdes ramas, cuyo suelo
alfombran millares de encarnadas y aromáticas hojas
que la coqueta diosa de aquellos sitios, el Aura, ar
rancó de los rosales que crecen junto al camino. El
aire puro y suave que allí se respira , el murmullo
del agua que lame mansamente el pié de los árboles,
el planidero cantar de los barqueros que surcan el
Guadalquivir con sus ligeras navecillas, el confuso
rumor que se eleva del vecino barrio de Triana, for
man una dulce armonía que despierta el alma á gra
tas sensaciones. —Tan delicioso sitio queda casi
abandonado á las ocho de la noche en verano : sus
concurrentes se retiran á la ciudad, y se distribuyen
en los paseos interiores que les son mas favoritos.
Si los peligros que en otro tiempo debió ofrecer, en
avanzadas horas de la noche, la vecindad de Triana,
constante guarida de las gentes de mal vivir, no ha
motivado este temprano abandono, no podria discul
parse tan poco razonable costumbre.
tina noche nos habíamos entretenido mas que de
costumbre en el Puente de Triana, oyendo las cho
cantes conversaciones, estranas ocurrencias y agu
dos chistes de la mucha gente que por allí transita
despues de anochecer ; al dirigirnos al paseo de las
Delicias lo encontramos ya sin concurrencia, pero no
fué esto motivo suficiente para decidirnos á volver
atrás. Al llegar á una especie de plazuela que tiene en
ambos lados asientos de piedra en forma semicircular,
llamónos la atencion un grupo que allí habla, y nos
quedamos ocultos en la sombra, para mejor obser
var, sin ser vistoa de las personas que eran el objeto
de nuestra curiosidad.
Casi al estremo del poyo semicircular de la iz
quierda estaba sentada una jóven enlutada ; tenia la
vista fija en la luna que aparecia triste en un peque
no claro que le dejaban espesas nubes. Era la nina
esbelta y de agraciadas formas ; cubria su rostro la
palidez de la muerte, la cual resaltaba mas por el
contraste de sus negros rizos que azotaban dulce
mente sus descarnadas mejillas : sus ojos brillaban
con todo el fuego de una pasion exaltada, como si
estuvieran en ellos concentradas todas las fuerzas de
una existencia que estaba á punto de abandonarla.
Su rostro, al par que los sufrimientos físicos , reve
laba el colmo de la satisfaccion moral, de un comple
to bienestar interno : presentábase iluminada por esa
aureola de beatitud que concebimos en los celestes
querubes. Su inmovilidad era completa : no podia
dudarse que la presencia de los mas bellos objetos ó
la idea de los mas gratos recuerdos sumíanla en ine
fable éstasis.—A muy corta distancia habla otra jó
ven de mayor edad, bastante parecida á aquella por
los rasgos de su fisonomía, que la contemplaba con
cierto resignado interés, y como esperando el de
senlace de aquella para nosotros inesplicable escena.
Al corto rato, un grupo de importunas nubes fué
invadiendo el disco de la luna: entonces como movi
da por un resorte, levantóse la jóven pausadamente,
y pintado el mas acerbo dolor en su semblante, di
rigió sus brazos suplicantes hacia el astro nocturno.
A medida que este iba desapareciendo, veíasela cre
cer, y por un momento creimos que se desprenderla
de la tierra para volar junto á los ángeles sus her
manos. En el momento de quedar oculta la luna, ca
yó sin sentido en brazos de la otra joven que habia
seguido con ansiedad todos sus movimientos.—Acu
dimos instantáneamente nosotros para prestarles al
gun socorro.
—Gracias, caballeros, nos dijo la jóven de mas
edad á mi companero y á mí. Estos accidentes le dan
todos los dias á mi pobre hermana ; pero pronto vol
verá en sí con el ausilio de esta esencia.
Y le dió á oler un frasquito que llevaba ya á pre
vencion.
Efectivamente, la enferma recobró luego sus sen
tidos: aplicóse la mano al corazon, y dijo con simpá
tica langidez y tierno acento :
—Sí, sí, !oh! !pronto nos uniremos para no sepa
rarnos jamás Siento aquí en mi pecho que no está
lejos el fin de mis sufrimientos.
Apoyóse en el brazo de su hermana, y marchamos
juntos en silencio hasta la entrada del paseo, en
donde les aguardaba un coche. La enferma subió en
él sin hablar palabra, como viviendo estrana á cuan
to la rodeaba.
Manifestónos la hermana su agradecimiento de una
manera muy galante y afectuosa. Con vivos deseos
de conocer el misterio que encerraba la estraordina
ria escena que acabábamos de presenciar, le pedimos
permiso para informarnos el dia siguiente del estado
de la enferma , á lo cual ella accedió muy gustosa y
agradecida.
Como es de suponer, en lo restante de la noche y
la manana siguiente, fué objeto casi único de nuestra
conversacion y conjeturas el doloroso incidente del
paseo de las Delicias. Interminables nos parecieron
las horas hasta llegar la destinada para nuestra pro
metida visita.
Recibiónos la hermana de la enferma, y nos dijo
que esta seguia en cama , de algun cuidado. El ata
que del dia anterior habíala dejado mas abatida que
de costumbre, y el médico al visitarla notó algunos
síntomas alarmantes.
Despues de los cumplidos de costumbre é infor
mados del estado de la enferma , la hermana, adivi
nando sin duda nuestra curiosidad por saber la cau
sa de sus dolencias, se apresuró á satisfacerla.
«Es muy triste, dijo, ver que una persona queri
da consume lentamente su existencia, y estar priva
dos los que darian la suya para conservársela, no
solo de prestarle los ausilios necesarios, si no de
evitar las causas que la precipitan á una muerte se
gura. Esta complicidad forzosa es una desgracia que
he de llorar mientras viva, es para mí el mas inso
portable martirio. —El interés que han manifesta
do Vds. por mi pobre hermana me asegura que no
escucharán con indiferencia la triste historia de sus
padecimientos.
«Al quedar huérfanas, pasamos á vivir bajo el am
paro de un tio materno que ha sido para nosotras un
segundo padre. La afabilidad de su carácter, su tier
no carino, sus infinitas bondades dulcificaron pronto
nuestro acerbo dolor y le atrajeron nuestras francas
simpatías. Mi enlace con un joven de un pueblo ve
cino me alejó de mi tio y de mi hermana. Esta era
muy jóven aun, mi tio rayaba ya en los cuarenta, y
teniendo necesidad de una companera para su vejez
trató de enlazarse con ella. Su principal idea fué
asegurar el porvenir á esta criatura que él idolatra
ba , y en la cual reconocia un tesoro de hermosos
sentimientos. Era avaro de esta riqueza que tan cui
dadosamente habla conservado y aun fomentado;
hacíasele increible que nadie mas que él supiera
apreciarla. Por otra parte vela que la nina era estra
fia á toda pasion que no fuera su carino ó el mio.
«Al manifestarle mi tio sus proyectos, mostróse
muy satisfecha y agradecida, y yo los aplaudí en el
alma. Aplazóse para mas tarde la realizacion de la bo
da, á fin de que mi hermana gozase por mas tiempo
las diversiones de la juventud que desaparecen ante
las obligaciones de la esposa.
«Por aquel entonces vino recomendado á mi tio un
apreciable jóven que cursaba el último ano de juris
prudencia. Recibiólo aquel con la amabilidad que le
es característica y le dispensó los obsequios de un
sincero afecto. El jóven visitó la familia, no con es
tremada frecuencia, y siempre á la hora en que sabia
estar mi tio en casa.
«Ocurrió poco despues la muerte de mi esposo, lo
cual me obligó á volver otra vez al lado de mi tio y
de mi hermana. El jóven nos visitó desde entonces
mas á menudo, y yo no tardé en quererle como á un
hermano, atraida por sus bellas prendas y simpático
carácter.
«A fin de calmar mi dolor procurándome alguna
distraccion , salíamos todas las noches á paseo bus
cando los sitios menos concurridos. Cuando una pe
na oprime nuestro corazon la alegría y el bullicio
aumentan el pesar que nos aflige ; la apacible tran
quilidad de la naturaleza y los cuidados de un de
sinteresado carino son un dulce bálsamo para las he
ridas del alma.
«Todas las noches acudiamos al sitio en que nos
encontraron Vds. ayer, á la hora en que sus habi
tuales concurrentes se dirigen de vuelta á la ciudad.
Allí pasábamos horas enteras en agradable conversa
clon ó contemplando silenciosamente las formas ca
prichosas de las nubes, los hermosos efectos de la
luz producidos por los rayos de la luna, que proyec
taban sobre la copa de los árboles ó reflejaban en el
cristal de las aguas.
«Asaltada por el recuerdo de un esposo querido,
muchas veces escuchaba sin comprender los simbóli
cos augurios que las ardientes fantasías de mi her
mana y de nuestro jóven companero atribulan, ya á
Ja calda de una hoja, ya al murmullo del viento, ya
al color de una nube, ya al curso de una estrella.
La luna era especialmente el objeto de sus visiones.
de sus poéticos ensuenos: en ella creaban maravi
llosos palacios habitados por seres fantásticos, pero
siempre hermosos y felices.
«Mi tio dió órden para que se hicieran los prepa
rativos de su boda, lo cual causó sumo disgusto á
mi hermana y á nuestro jóven amigo. Esta noticia
descorrió á sus ojos el velo que ocultaba el amor
que se profesaban, amor que habla nacido y crecido
sin sentirlo, amor grande, profundo cual correspon
dia á dos corazones hechos para gozarlo en toda su
intensidad, á dos imaginaciones capaces de concebirlo
en toda su grandeza.
«La lucha entre el deseo y el deber fué penosa,
pero corta ; y no cabia otra cosa en la rectitud de
sus sentimientos. El agradecimiento les obligaba á
sacrificar aquel amor, que era su propia existencia,
á la felicidad de un hombre que desde mucho tiempo
se habia acostumbrado á la idea y hecho una necesi
dad de ser esposo de mi hermana.
«A los pocos dias nuestro amigo se despidió para
Florencia, resistiendo á las vivas instancias de mi
?lo que le quena hacer testigo de su boda. El dia de
su partida lo fué de tristeza para todos, pues todos
le queriamos con entranable carino.
«Al irse á despedir de mi hermana quedáronse
ambos sin palabra ni movimiento ; hasta llegué á du
dar si se hablan convertido en estatuas de mármol,
tal era su palidez é inmovilidad. —Por fin desple
gó nuestro amigo los labios, y dijo.
—«Mientras exista , en cualquier parte en donde
me encuentre. acudiré todas las noches á ver nues
tro querido astro, y en él buscaré el reflejo de tus
ojos. Si muero, mi alma volará allí á esperar la tu
ya.
«Pocos dias despues se verificó la boda de mi her
mana. El color no volvió á su semblante ; la tristeza
la consumia lentamente.—Al cabo de un mes, entró
una manana nuestro tio y noticiónos la muerte de
aquel desventurado jóven. Mi hermana palideció,
coloráronse luego su frente y mejillas, aplicóse el
panuelo á los labios y lo retiró mojado en sangre.
—«Dios se ha compadecido de mi, dijo con agra
decido y desgarrador acento.
«Desde aquel dia una tisis mortal ha minado su
existencia. Fija su mente en una sola idea, su razon
se niega á todo consuelo, se resiste á todo cuidado :
solo espera la noche para ver á su amado, solo espe
ra la muerte para unirse á él. El médico ha tenido'
que consentir nuestros paseos nocturnos para librar
la de una muerte mas pronta á que sin duda la hu
biera conducido su desesperacion.
«Nuestro buen tio está ahora junto á su cama : no
puede consolarse de haber causado involuntariamen
te la desgracia de dos personas para él muy queri
das, y lamenta de continuo el no haber conocido
antes la pasion de estas tan desgraciadas criaturas,
para labrar su felicidad aun á costa de la suya.»
Despedímonos de aquella joven bajo la impresion
dolorosa que nos causara su relato, y á los cuatro
tijas supimos que la pobre enferma habla exhalado el
postrer aliento despidiéndose con afable sonrisa de
su desconsolada familia.
JUAN MASIÉ Y FLAQUER.
Aspiraciones cristianas.
Las siguientes composiciones, escritas unos ocho
anos hace, solo deben mirarse corno meros ensayos
de estilo, y al darlas á luz ninguna pretension abri
go de hacer el misionero apostólico, sin que tampo
co me ruborice del sentimiento puro y verdadero que
las inspiró.
1.
PLCADOR SIN ESPERANZA.
Inmii in tenebris ambulant.
DAVID.
Observad á este hombre. ?Veis sus ojos? Si algu
na luz esclarece su mirada, reflejo es de su alma in
quieta, no serena lumbre. Veis el rostro cuán tris
te, las mejillas cuán caldas, cuán quebrantada la
color? Sin duda habréis visto escurrirse lágrimas por
su nublada faz. Lágrimas son de hiel, humor de su
corazon cancerado. Si habla, ó se querella ó muer
de. Si se enoja, no tan rabiosos son los rujidos de
brava fiera enjaulada como los denuestos en que re
biecta. Mal encubierta con una sonrisa, asómase á
LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. 5
veces su alma ; mas, ay cuitado! que para él no tie
nen alegría las sonrisas, como ni las lágrimas dulzor.
Los rayos de luz que visten los cielos, solo enojos
le causan, porque no infiltran hasta su interior lleno
de tinieblas y negrura. Cuanto mas callada es la so
ledad, cuanto hay en ella mas apartamiento, ménos
le desplace; porque los ruidos quieren descasarle de
su horrible tristeza que es su companera única, su
esposa. Si quiere gozar del sueno , el sueno le es
traidor, y donde piensa aletargar cuidados, allí le
perturban fantasmas y pesadillas. Si levanta al cielo
su vista se encruelecen sus remordimientos, porque
vé un galardon el mas soberano que no esperaposeer
jamás, porque le deslumbran diademas inmortales
que cenirse desconfia. Si baja la vista á la tierra, su
tristeza se convierte en rabia pensando que la tierra
de su cuerpo es la causa y principio de sus desven
turas. ?Habeis adivinado quién es este infeliz? Es un
pecador que Dios ha dejado caer de su mano: es un
pecador sin esperanza.
Este miserable tenia un corazon hidalgo y gene
roso, mas de una vez sintió sus nobles latidos, y
del fuego de este corazon le han quedado tan solo
mustias cenizas. Mal avisado dejóse arrastrar por pa
siones villanas corriendo cual cabra montés por ve
redas torcidas que solo á despenaderos conducian.
No hubo fruto vedado que no probase, ni flores en
su camino que no cinera y deshojara. Holgó en todos
los prados, sesteó en todas las sombras, bebió de
todas las aguas, paladeó todas las dulzuras, y ahora
! mezquino! ni le deleitan las flores, ni le refrescan
las sombras, ni huelga en los prados, y las dulzuras
le empalagan, y todo le causa desplacer, todo an
gustia. Las pasiones aprisionaron su corazon y enca
denaron su voluntad; y ! ay triste! cuán pesadas le
son estas cadenas, ántes tan dulces y livianas! Esta
prision, cuán enojosa y desabrida! Mucho tiempo
hace que la virtud dejó de ser su hermana, mucho
tiempo que su mano tan blanda y caritativa para los
desventurados no ha vertido en sus heridas ni una
sola gota de dulcedumbre. Y tú, santa luz de las al
mas tristes, madre de todo contentamiento, bella
Esperanza, ?por qué no mitigas las desventuras de
este miserable? No te duelen ellas, á tí tan piadosa?
Por qué esta esquividad y desamor?—Porque yo
soy hija de la virtud, y quien abandona á mi madre,
á mí me abandona. Cuanto su corazon fué puro y
desnudo de mal nacidos apetitos, yo no dejé de ves
tirle con mi belleza. Luego que dió entrada al torpe
placer sensual, luego que empezó á apartar los ojos
del cielo mi morada, aferrándose con frenesí á los
bienes del suelo, yo, mal hallada entre tanta mise
ria, retiréle poco á poco mi lumbre purísima. ?Qué
necesidad tiene de mí quien no mira el porvenir?
?Quién halla placeres en el presente que le hartan y
satisfacen, para qué necesita losplaceres eternos que
yo prometo?
(Se continuará.)
GUILLERMO FORTEZA.
La siega del heno en Auvernia.
Este magnífico cuadro, debido al pincel de la re
putada artista francesa la senorita Rosa Bonlieur, fi
guró en la última esposicion universal de Paris.
La lámina del mismo, que damos en este número,
nos dispensa toda descripcion , pudiendo apreciar á
simple vista, los inteligentes en bellas artes, la ver
dad de sus menores detalles y la fácil ejecucion de
la obra.
Adelaida
Hoy que la atencion general está fija en esta ad
mirable artista , nos parece oportuno publicar los si
guientes apuntes biográficos acerca de la misma, es
tractados de los principales periódicos de la córte.
Nació Adelaida en la pequena ciudad de Civitale,
cerca de Udina , siendo sus padres Antonio Ristori
y Magdalena Pomatelli , dos pobres cómicos, quie
nes desde luego la destinaron á la escena, presen
tándola por primera vez en esta cuando apenas tenia
dos meses: la tierna criaturita figuró tendida en un
canastillo, en cierta pieza titulada Los aguinaldos.
— A los cuatro anos comenzó á recitar los pape
les de nino, que desempenó hasta los doce. En
tonces fué ajustada por el famoso director y actor
Moncalvo para los papeles de graciosa y damajóven.
No tardó mucho la Ristori en comprender cuán difícil
era hacer algunos progresos en el arte dramático
llevando la vida errante é insegura de las companías
nómadas (llamadas entre nosotros, de la legua );
aprovechó, pues, gozosa la ocasion que se le pre
sentó de entrar en la de artistas del rey de Cerdena,
y allí tuvo por maestro á la célebre artista Carlota
Marchionni.
Al principio la bella Adelaida solo cultivó el gé
nero cómico, consiguiendo sus principales triunfos
en las tres comedias de Goldoni: La locandiera, Gli
innamorati, y Zelinda é Lindoro ; despues en La lu
singhiera y La fiera, de Nota ; mas tarde probó sus
fuerzas en el drama con no mejor éxito.
Era el ano de 1816, y la Ristori trabajaba en Ro
ma en el humilde teatro Metastasio , cuyas lunetas
costaban 17 bayocos (unos 21 cuartos); cuando el
heredero de una noble familia romana, el marqués
Capránica del Grillo , se enamoró perdidamente de
la hermosa artista. Los detalles de estos amores
ofrecen un carácter tan estrano y tan teatral, que
parecerian invenciones de un novelista si no consta
se su completa autenticidad.
Julian del Grillo habló desde luego de matrimonio
á su futura esposa ; pero como no habla que esperar
el consentimiento de los Capránica , los dos amantes
se decidieron á seguir sus relaciones con la mas pro
funda reserva. A pesar de todo, el padre de Julian
las descubrió, é hizo internar á su hijo en los Esta
dos Romanos, mientras estaba detenida la actriz por
su ajuste en Florencia. Terminado este, vuela Ade
laida en busca del marqués del Grillo, oponiendo
siempre á sus instancias para verificar su enlace se
creto su repugnancia á entrar subrepticiamente en
una familia que la aborrecia. Al cabo de mil dudas,
indecisiones y protestas, Adelaida y Julian resolvie
ron separarse, el uno para ir á Cesena , á donde le
llamaba la voluntad paternal , la otra para volver á
Florencia; pero como hasta determinada distancia el
camino debia ser el mismo, los dos jóvenes viajaban
juntos en companía del viejo Ristori.
Una manana al atravesar cierto pueblo, oyeron la
ronca campana de la parroquia que llamaba 'á los fie
les á misa ; apéanse los tres viajeros del carruaje,
suben las gradas que conducen al templo, y llegan
á él cuando el sacerdote estaba ya en el altar. En
tonces, acercándose los dos amantes al ministro de
Dios, le declaran, poniendo los asistentes por testi
gos , que se toman por marido y mujer.
Semejante especie de matrimonios, aunque vá
lidos en la Italia meridional, tienen la desventaja de
que, despues de su celebracion , los contrayentes
suelen ser llevados á pasar la luna de miel en la
cárcel.—Por fortuna en el caso presente no sucedió
así; y como todas las historias parecidas acaban
siempre con el perdon y la bendicion paternal, el
marqués no tardó mucho en otorgar la suya. Gracias
á los consejos del cardenal Pacca , la reconciliacion
fué completa, ratificándose solemnemente el matri
monio en 1847.
Pero la nueva marquesa Capránica del Grillo se
vió obligada á renunciar al teatro, y durante dos
anos vivió retirada de él. Una vez, sin embargo, sabe
que un pobre director llamado Pisenti, acaba de ser
preso por deudas. — La caridad no era una virtud
cuyo ejercicio estuviese prohibido á la marquesa del
Grillo; en un momento esta organiza tres funcio
nes á beneficio del artista arruinado ; llega el dia de
la primera y el público arrebata en una hora todos
los billetes, siendo tan prodigioso el éxito, que
concluida la última representacion el marqués Ca
pánica corre á rogar á su nuera que vuelva á ser
Adelaida Ristori , la cual desde entonces no tie
ne admirador mas ardiente y entusiasta que su sue
gro.
4
o
'111
11:
111'
1,
LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIODICO UNIVERSAL.
rDesde el principio de su segunda
época, Adelaida se dedicó á la trage
dia, siendo sus triunfos todavía mayo
res en este género que en el cómico: de
entonces data esa celebridad que llena
con su rumor el viejo mundo, y que
va á resonar hasta el nuevo.—En 1819
volvió al teatro la Ristori ; en 1855 fué
á Paris ; y ahora no es ya una actriz
italiana, sino una artista europea.
El autorde Las ruinas de
mi convento.
Los literatos alemanes son verdade -
ramente incansables. Constantemente
están ojeando las producciones de los
otros paises, buscando entre las innu
merables arenas que arrastra el viento_
esas joyas sin precio destinadas á vivir
eternamente.
En 1852 publicóse en Munster, por
primera vez , la traduccion en aleman
de una novela filosófica titulada Die Rui
nen memas Closters , esto es, Las ruinas
de mi convento. Este libro vertióse lue
go al espanol y obtuvo grande acepta
cion en Barcelona. Dicha obra contiene
simplemente la relacion de un fraile que
cuenta él mismo las desgracias de su ni
nez, los suenos de su juventud, sus pe
nas, las pasiones que ha debido domi
nar en el mundo, sus goces en la vida
retirada del claustro, sus dolores, en
fin, cuando fué arrancado de su celda, y
las lágrimas que ha derramado sobre las
ruinas humeantes de su mansion solitaria.
No maldice á sus enemigos, antes les
quiere bien. Seria tal vez imposible en
contrar en ningun idioma del mundo,
dos páginas de una elocuencia mas subli
me que aquellas donde el padre Manuel
encuentra á su hermana moribunda, ar
rebatada tambien como él del claustro.
Creemos asimismo que nadie ha sido
capaz de presentar á los ojos del lector
una muerte tan dulce y aflictiva como
la del padre José, el cual no emplea
sino palabras de amor contra su asesino.
Pero ?quién es pues ese fraile qu e
tan bien escribe y hace sentir, y que po
see en tan alto grado ese poder del ta
lento para hacerse leer y aun aplaudir
de los mismos que tal vez fueron la
causa de su desgracia que lamenta? Na
die lo sabe : su nombre es un misterio.
Es cierto que se ha grabado un meda
llon , del cual damos en este número
una copia , y que se dice ser el retrato
del autor, pero su nombre no se en
cuentra allí.
El editor aleman dice que el autor
de Las ruinas de mi convento es un tal
fray Manuel de Clausans , franciscano
espanol; pero se sabe que jamás ha
existido en Espana un franciscano que
llevase este nombre. Otro traductor
asegura que su autor fué el historiador
Zurita, que la continuó Juan de Maria
na, y la terminó D. Manuel Ortiz de la
Vega. Tambien hay quien senala á una
persona muy conocida en esta capital
como autor de dicha obra ; no obstante
siempre resulta que el nombre del ver
dadero autor de Las ruinas es un seu
dónimo.
Dedúcese pues de todo lo dicho que
en el supuesto que sea un fraile el que
ha escrito este libro, al menos ha sa
bido captarse las simpatías hasta de sus
enemigos.
MANUEL MENDEZ LOPEZ.
Adelaida Ristori , en la tragedia Mirra.
El Tamborilero de VIllavielosa.
Voy á contar á los lectores la historia del tambo
rilero de Villaviciosa , la cual por lo menos podrá
servir para esplicar uno de los dichos que con tanta
frecuencia se repiten en Castilla, sin que podamos
muchas veces conocer su origen 6 signiíicacion. En
tre estos, figuran en primer término el modismo que
dice: tomar las de Villadiego , la cita vulgar del her
rero de Mamblas, que manchacando se le olvidó el
oficio, y por último la de el tamboriléro de Villavi
ciosa de quien vamos á ocuparnos detenidamente.
Respecto al modismo «tomar las de Villadiego,»
ninguno de los que hablan la lengua castellana pue
de ignorar su significacion , aunque son muy pocos
los que conocen su origen, el cual si no estoy mal
informado, consiste en que hay un lugar en la pro
vincia de Búrgos , llamado Villadiego, donde anti
guamente se fabricaban las mejores alpargatas, y
digo antiguamente, porque en la actualidad esta in
dustria parece haber fijado su domicilio en el reino
de Valencia. Ahora bien, como es bien sabido que
ningun calzado de los inventados hasta el dia estan á
propósito para correr como las alpargatas, el pue
blo , naturalmente aficionado al lenguaje metafórico,
dió en decir de los que se fugaban por evitar un pe
ligro cualquiera, que hablan tomado las de Villadie
go; esto es, que se habian provisto de alpargatas
para andar mas de prisa,lo que explica perfectamen
te el origen del modismo espresado. Escusado es de
cir que esta frase, tan repetida en el estilo familiar,
solo se usa en sentido irónico ó burlon y nunca en
la entonacion grave ó heróica en la cual cuadra me
nos mal, aunque no cuadra muy bien, la espresion
de aquel guerrero que, habiendo encomendado su
LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL.
estaba nuestro herrero, co
mo de costumbre, macha
cando con toda su alma,
cuando de pronto la made
ra estalló como una grana
da, la vigornia se fué ro
dando como alma que lleva
el diablo, y el martillo
que los herreros llaman
macho, cosa que no tiene
esplicacion como no sea la
de que no es hembra ni
mula, fué á dar á una es
pecie de caldero , produ
ciendo un sonido metálico capaz de enternecer á una
piedra; y este sonido metálico no era ciertamente
producido por el choque del caldero con el martillo,
sino por el estremecimiento obrado en las entranas
del caldero, que consistia en unos cuantos cartuchos
de onzas de oro, hermosas y flamantes como ellas
mismas. Desde aquel venturoso momento el herrero
no volvió á dar un solo martillazo, viviendo á pesar
de su holgazaneiia con ciertas comodidades propias
salvacion á sus piernas, di
jo que habia apelado á la
estratagema de la fuga.
Respecto al herrero de
Mamblas, de quien se dice
que machacando se le olvi
dó el oficio, corren muchas
versiones ; pero yo solo
quiero darcuenta de la mas
admitida, que me parece
tarnbien la mas lógica. Es
el caso, que hay un lugar
en la provincia de Ávila,
llamado Mamblas, donde
vivia un herrero sumamen
te hábil y trabajador que
se llevaba las horas muer
tas dando martillazos en el
yunque, por la raznn sen
cilla de que era pobre, y
era pobre porque ignoraba
que su antecesor 'labia de
jado un tesoro oculto de
bajo del yunque, donde
tan infructuosamente daba
los martillazos. Un dia por
aquello de
no hay piedra que no se rompa
en fuerza de tanto golpe,
El autor de Las ruinas de mi coiv :nto.
5
del hombre que ha encontrado un tesoro, y siendo
por consiguiente objeto misterioso de las conversa
ciones de todo el vecindario. Si alguno le decia:
«?Porqué no trabajas?. Contestaba muy grave y la
cónicamente: « Porque se me ha olvidado el oficio.»
Y si le replicaban : «?Pues como te se ha olvidado el
oficio?» él anadía: «Machacando. » Inútil es decir
que el tal herrero guardó siempre la mayor reserva
acerca del origen de su fortuna, y que si no fuera
por mí, este hecho irla al panteon del olvido, como
han ido en el mundo tantos otros por no tener his
toriador que los cuente ni poeta que los cante.
Pasando ahora al tamborilero de Villaviciosa, em
pezaré por manifestar, con la franqueza que me es
característica, que ignoro en cual de los pueblos co
nocidos con el nombre de Villaviciosa tuvo lugar el
hecho, suceso ó lance que voy á referir. No sé si la
cosa pasó en la villa de Asturias nombrada Villavicio
sa, ó en otra villa de la provincia de Córdoba llama
da Villaviciosa tambien , 6 en la Villaviciosa de la
provincia de Guadalajara, ó en Villaviciosa de la Ri
vera que está en la provincia de Leon , 6 en Villavi
ciosa de Odon que pertenece á la provincia de Ma
drid, porque no me han informado lo suficiente, y
nada ha dejado dicho sobre este particular el anti
guo inquisidor espanol, autor de la Mosquea poética,
don José Villaviciosa.
Pero el hecho que voy á contar pudo pasar lo
mismo en un pueblo que en otro, y así mis lectores
lo fijaran en el que mas les plazca, seguros de que
yo no les he de contradecir. Lo cierto es que habla
en Villaviciosa un hombre que tenia por oficio tocar
el tamboril, y á quien por esta poderosa razon lla
maban el Tamborilero de Villaviciosa. Este hombre
habia sido siempre estimado por su rara habilidad que
le había hecho notable en su oficio, así como por su
carácter atento y servicial ; de modo que todos los
lugares de la comarca se le disputaban en las gran
des festividades, como los troyanos y los griegos se
hubieran podido disputar los favores del Olimpo.
Así, una vez empleado en la funcion de un pueblo,
otra vez en la de otro pueblo, otra vez en Villavi
ciosa, la notabilidad tamborilera hacia algo mas que
ganar la vida honradamente ; quiero decir, que iba
haciendo sus ahorros y consiguiendo á fuerza de pa
ciencia aquel tesoro que el herrero de Mamblas en
contró cuando menos lo esperaba. Pero antes de pa
sar adelante voy á decir lo que es un tamborilero.
Mis lectores saben bien la aficion que la raza es
panola tiene á las diversiones, de manera que no
hay aldea-villorio que no celebre dos, tres ó cuatro
bailes públicos al ano, ya con motivo de ser el santo
patron del pueblo, ya en la pascua de Resureccion,
ya en fin porque se casa la hija del regidor con el
hijo del alcalde ú otros cualesquiera de los que tie
nen la bolsa repleta y genio para ga3tar
el dinero. Para satisfacer esta necesi
dad de bailoteo hayen los pueblos prin
cipales de cada partido hombres consa
grados con preferencia aun que no ex
clusivamente , al ejercicio del tamboril
ó de la dulzaina, los cuales, mediante
una prudente retribucion, surten al ve
cindario de música desde la aurora has
ta el crepúsculo vespertino, hora en
que por no se que reminicencia de sa
beismo y de paganismo á la vez, los
tamborileros y dulzaineros abandonan
el culto que acaban de tributar al Sol
para prosternarse ante las aras del dios
Baco. La dulzaina es un compuesto
de dos cuerpos elementales pareciéndo
se al pecado nefando de que habla cier
to filósofo diciendo, que era tan gra
ve, tan terrible, tan complicado en fin,
que para cometerlo habian de concurrir
dos personas. Efectivamente, sin la
asociacion de dos personas no hay dul
zaina posible: una de ellas es necesaria
para tocar el tambor con dos palillos ó
baquetas, y la otra ejecuta las melo
días conforme al compas marcado por
6 LA ILITSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL.
el tambor. Este bonómio hace que la dulzaina sea
lo que vulgarmente se llama cara-comida para estu
diantes, y así suelen abstenerse de ella en los pue
blos pobres de vecindario y de recursos, conten
tándose con la música del tamborilero, que aunque
compuesta igualmente de dos elementos ó sea gaitay
tambor, estos dos instrumentos son manejados por
un solo individuo á quien esta simplificacion musical
facilita gran despacho fundado en la baratura. Re
sulta, pues, que el tamborilero debia llamarse tam
borilero-gaitero 4 gaitero-tamborilero, porque, real
mente, hacer las dos cosas á un tiempo, tocando el
tambor con la mano derecha y con la izquierda una
especie de gaita que, con solos tres agujeros, da en
poder de un hombre hábil todos los tonos bemoles
y sostenidos, ya que no pueda dar los sonidos vi
brantes y simpáticos de una flauta de llaves. Tal era
el tamborilero de Villaviciosa. Este hombre singular,
verdadero fenómeno del arte, habia sido dotado por
la naturaleza de las dotes mas preciosas y brillantes
para el oficio. Hay quien asegura que cuando hacia
un redoble, no se le veia la mano derecha, y en
tonces su caja se multiplicaba por veinte, parecien
do mas bien que un tambor una banda de tambores,
y aturdiendo á los bailarines, que cesaban de bailar
no tanto embelesados por el encanto del redoble
c.)mo asustados de creerse en un campo de batalla.
Sin embargo, no era el tambor el fuerte de este tam
borillero sino la gaita, que en su mano izquierda ha
cia cosas inverosímiles , capaces de volver loco al
que al inatrumento inventó. En esta parte, el tam
borilero de Villaviciosa rayó tan alto, que excedía
á toda ponderacion , dejando absorta á la jente que
vela brotar de una miserable cana toda la diversi
dad de voces conocidas hasta el dia , desde el canto
agudo y chillon del grillo hasta el acento quebrado
y bronco de la zambomba.
Sucedió en cierta ocasion , que el vecindario de
Villaviciosa quiso celebrar una de aquellas funciones
que dejan recuerdos indelebles en la memoria de los
pueblos. Era el ha del Santo Patron , habla caido
una lluvia que aseguraba una abundante cosecha , se
había librado la poblacion de las siete décimas que
la correspondian en el sorteo de la quinta, en fin
habia caido el intendente que tenia sacrificado al
ayuntamiento con eternas comisiones de ejecucion y
apremios ; esta maravillosa reunion de circunstan
cias, habia naturalmente elevado el regocijo á la
categoría del entusiasmo; los ricos y los pobres, los
casados y los solteros, todos se reunieron en la ca
sa-consejo, para deliberar y discutir el proyecto dela
funcion que debia celebrarse, con cuyo motivo los
lugarenos lucieron sus facultades oratorias pronun
ciando discursos que no han pasado á la posteridad
por falta de taquígrafos. La reunion decidió quedar
en sesion permanente hasta convenir en todos los
puntos del programa , el cual tenia ciento cincuenta
artículos mas que la constitucion de 1812. El pri
mero y principal de los capítulos se referia como era
natural al baile de tamboril , y por consecuencia al
tamborilero de Villaviciosa. Haré lo posible por ex
tractar la sustancia de este capítulo.
Convinióse , pues, en que el tamborilero por ex
celencia tomaria parte en la festividad, apurando to
dos los recursos de un ingenio inagotable, todo bajo
la responsabilidad del ayuntamiento, que tomarla
las medidas oportunas para evitar una con flagacion
europea. Acordóse como ceremonia de órden y tes
timonio de consideracion al eminente artista de la
comarca, que el dia de la funcion , y al rayar el dia,
saldría de su casa el tamborilero acompanado del
alcalde, primer regidor, procurador del comun , se
cretario del ayuntamiento ó ministro ó alguacil del
mismo, para anunciar en todo el pueblo, al son má
gico del tambor y la gaita, la inaugacion de la fiesta
mónstruo , que debía dejar marcado un punto lumi
noso en esa línea interminable que los rronologistas
llaman tiempo. Este magnifico preludie (labia de du
rar hasta las diez , hora en que debia celebrarse la
funcion religiosa, indispensable en 1 a pueblo ver
daderamente católico. Despues de comer habia de re
petirse la misma ceremonia, siendo acompanado el
tamborilero desde su casa á la plaza, donde debia
verificarse el gran baile, por los indicados sugetos,
y diez vecinos honrados sacados del número de los
primeros contribuyentes, todos los cuales habían de
ir en traje de etiqueta; esto es, de calzon y botines
negros, sombrero calarles, con cinta de pana, y
embozados en la capa hasta las cejas, lo que, para
esta clase de ceremonias es de todo rigor, lo mismo
en invierno cuando cuelga un carámbano en el bor
de de cada teja, que en el verano cuando se achi
charran los pájaros bajo los mas atroces calores de la
canícula. Llegados á la plaza y dispuestas todas las
cosas en órden , se daría principio á la fiesta por una
gran sinfonía compuesta sobre el tema de las habas
verdes, con andante de arpa, timbales y cascabeles,
y alegro de jota aragonesa : esta obertura debia ve
rificarse á toda orquesta, con coros de ambos sexos,
siendo todo ello ejecutado por la sola y única indi
vidualidad del tamborilero de Villaviciosa. Despues
había de empezar el baile, que debía durar hasta la
caida del sol, dejando al arbitrio y buen gusto del
artista la eleccion de las tocatas que el mismo debia
ejecutar á satisfaccion de todo el mundo, es decir de
todo el mundo de Villaviciosa.
Discutidos y aprobados los interesantes artículos
del programa, se nombró una comision de einco in
dividuos, ó si se quiere de cuatro y medio, pues
uno de los cinco era tan pequeno de estatura que, á
su lado, cualquier enano hubiera parecido jigante,
para ajustar al tamborilero, porque lo contrario ha
bria sido contar sin la huéspeda. Todo se llevó á ca
bo, conforme á las mas severas prescripciones de la
etiqueta, y todo anunciaba que el acuerdo comun
obtendria la práctica sancion, sin que la Providencia
interpusiera el menor obstáculo á la realizacion de
tan grandioso y alegre pensamiento. Pero la Provi
dencia lo habia ordenado de otro modo : un obstá
culo casi insuperable iba á presentarse muy pronto ,
y este obstáculo, esta dificultad casi invencible, esta
cantidad negativa que no habia entrado en ningun
cálculo, ?lo creeran ustedes? era el tamborilero de
Villaviciosa. Porque ya es llegado el caso de decir
que este hombre, no menos apreciable por su ca
rácter bondadoso y complaciente que por su mérito
artístico, salió con la pata de gallo de decir que no
quena tocar.
Esta singularidad del tamborilero, incomprensible
para muchos no lo es para mí, que he tenido la
suerte de nacer y criarme en una aldea, y estoy por
lo tanto familiarizado con las monomanias y terque
da de los aldeanos. Me acuerdo de un zapatero ami
go mio, muy honrado y laborioso que estaba un dia
entonando una seguidilla, mientras remendaba unas
botas, cuyo cantar empezaba así:
La sal de las salinas
es dulce y agrio...
Dettíveme al oir estos versos, que á pesar de sil
falta gramatical despiertan algun interés, y el pícaro
zapatero conociendo mi intencion continuó :
Es dulce y agrio...
la sal de las salinas...
es dulce y agrio...
la sal de las salinas...
es dulce y agrio...
Entonces fingí seguir mi camino, y me volví de
puntillas aproximándome á la pared; me esperé cinco,
diez , quince minutos, inútil treta: el zapatero habia
sospechado mi evolucion , y mientras batía la suela ó
preparaba los cabos, se burlaba de mi curiosidad
con la eterna repeticion de :
Es dulce y agrio...
la sal de las salinas...
es dulce y agrio... etc.
Cuando me convencí de que era inútil esperar, me
acerqué á mi vecino, diciéndole con la mayor urba
nidad, que tendría gusto en saber la conclusion del
cantar que habia empezado, á lo que con semblante
alegre y afable me contestó :
—Pues, ?sabe Vd. que no se lo quiero decir?
Como es consiguiente, acudí á la reflexion , á la
súplica ; pero en vano ; el zapatero murió al cabo de
diez anos, sin satisfacer mi curiosidad, y solo des
pues de su muerte quiso complacerme, pues dejó
mandado en su testamento que me entregasen una
carta cerrada que dejaba para mí, y en la cual, des
pues de romper veinte y cuatro sobres, unos pega
dos con lacre, otros con obleas y otros con engrudo,
me encontré un papel de cigarro que contenia lo si
guiente:
Y hay autores que dicen :
que amarga el caldo.
Este rasgo característico del humor y terquedad
de los lugarenos, basta para hacer comprender la es
travagante negativa del tamborilero de Villaviciosa,
á quien todos sus amigos y conciudadanos rogaron,
suplicaron, lisongearon y ofrecieron cuanto tenían
para obligarle á tocar el dia de la funcion ; pero el
maldito tamborilero que aseguraba gozar de buena
salud, participar del contento público y desear sacri
ficarse por el pueblo de Villavicíosa , decia , como
única y concluyente razon de su conducta , que no
tocaba porque no quena tocar. Los ruegos y las li
sonjas pasaron á insultos y amenazas. El alcalde qui
so vencer la repugnancia del tamborilero, diciendo
que lo llevaria á la cárcel; los mozos le prometieron
una paliza mortal : todo era inútil , el hombre con
una indiferencia que rayaba en desden , decia que
estaban autorizados para todo, que obrasen como les
diese la gana, en la inteligencia de que el no tocaba
y que no tocaria , porque no quena tocar.
Decidióse entonces buscar otro tamborilero, pero
?qué tamborilero en el mundo podria suplir al de Vi
Ilaviciosa? Abrióse de nuevo la sesion , que fué tu
multuosa; prodigáronse en ella al tamborilero los
insultos mas infamantes y las mas sangrientas ame
nazas; propusiéronse mil medios violentos para ven
cer la obstinacion de aquel hombre , prevaleciendo
al fin la opinion del enano, de quien antes hice men
cion , el cual , como hombre de experiencia y buena
luz natural , dijo que si el dinero no era capaz de
ablandar el corazon del tamborilero, todos los de
más medios que se emplearian serian ineficaces. De
cir esto el enano y entregar cada cual todo el cobre,
plata y oro que llevaban en los bolsillos fué obra de
un minuto : ver el tamborilero aquel dinero reunido y
decidirse á tocar, fué obra de un momento. Bien
supo Quevedo lo que se decia cuando dijo :
Y pues él rompe recatos
y ablanda al juez mas severo,
poderoso caballero
es don Dinero.
Nadie se acordaba del sacrificio que habia hecho;
renació la alegría en toda la poblacion ; los insultos
y amenazas dejaron otra vez el puesto á las lisonjas
y salutaciones entusiastas. Bailaron los mozos y las
mozas , los viudos y los casados, los ninos y los vie
jos, observándose á la caida del sol un fenómeno sin
ejemplo, y fué que el tamborilero maldito parecia co
brar nuevos brios cuando todo el mundo estaba can
sado de bailar. Todos los bailarines, es decir, todos
los vecinos y vecinas de Villaviciosa , unos rendidos
y otros jadeando, se fueron retirando poco á poco,
menos el tamborilero, que, sin reparar en la disper
sien general, sin hacer caso de haberse quedado so
lo, seguia tocando cada vez con mas furia , como si
se hubiera propuesto hacer para siempre aborrecibles
la gaita y el tamboril : nueva y estravaganté sorpre
sa para el pueblo de Villaviciosa. Dieron las ocho,
las nueve, las diez, las once de la noche , y el tam
borilero seguía tocando , acostóse todo el mundo
buscando en el bálsamo del sueno el alivio de la
fatiga consiguiente á un día de algazara, pero na
die pudo pegar los ojos en toda la noche, porque
el tamborilero, paseándose por las calles de Villa
viciosa, parecía sacar de su tambor y gaita sonidos
infernales que desgarraban el tímpano menos delicado.
El dia siguiente fué tan cruel como la noche pa
nda: muchos habitantes hablan caldo enfermos, y
otros estaban enteramente sordos ; pero confiaban
en que el loco se cansaria dé tocar y volverla á la
poblacion aquella tranquilidad que todos hechaban
de menos. ! Vana confianza! El tamborilero parecia
tener de hierro los brazos y los pulmones, y cada
vez aumentaba mas el diabólico estrépito que ame
nazaba trastornar todas las cabezas. Repitiéronse las
súplicas para hacer callar aquel hombre : inútil ten
tativa. Encerráronle en un calabozo : necia preocu
pacion ; porque, como no habia cometido ningun cri
men, fué preciso soltarle y entonces comenzó con
mas fuerza que nunca el martilleo de aquel tambor,
comparable solo al de los cícoples, y alarido de
aquella gaita mas horrible y penetrante que el cuer
no de Astolfo. Fué pues, necesario recurrir al medio
propuesto anteriormente por el enano, que produjo
mayor cantidad que la vez precedente, y dando es
ta vez tambien como era natural, los mejores resul
tados, pues, efectivamente, el tamborilero abando
nó para siempre sus instrumentos para hacerse pro
pietario, no estribando en esto principalmente su
gloria y su fortuna, sino en haber legado sus hechos
á la posteridad, dando asunto para este artículo y
motivo para que las gentes de mi tierra digan con
mucha frecuencia, cuando alguno tiene dificultad en
deshacer lo que habia hecho de mala gana : « este se
parece al tamborilero de Villaviciosa que tuvieron
que darle mucho dinero por que tocara, y mucho
-mas para que lo dejase. »
Jefté.
( Leyenda bíblica. )
PRIMERA PARTE.
Canto I.
J . M. VITtERGAS.
Y dijéronle : Ven y sé nuestro
príncipe para pelear contra loshi
jos de Ammon.
Biblia. L. de los Jueces. cap. 11, Y. 46.
Cuando el arca de Dios templo tenia
de blandas pieles y nevado lino,
y el pueblo del Senor no eonocia
del regio trono el esplendor divino ;
y en la tierra anhelada se engreia
orgulloso y feroz con su destino ;
la historia aconteció que agora cuento
ton fé sencilla, si con pobre acento.
Muda estaba la voz de los profetas,
apagado el vigor de los guerreros,
y las naciones á Israel sugetas
aguzando en la sombra los aceros.
!Israel, Israel que al cielo retas
adorando á los dioses estrangeros,
guay, si por tus maldades te destina
el cielo á esclavitud, muerte y ruina!
Mas no es todo impiedad mengua y locura
del israelita en la region estensa,
ni todo pecho en su abyeccion impura
el vicio acoje y la mentira incierta;
de pocos justos la virtud segura
hacen de un pueblo soportar la ofensa,
y aplazar en la diestra armipotente
del supremo furor del rayo ardiente.
Honor y prez de la nacion judía,
-de noble faz y de modesto labio,
varon insigne en Manases vivía,
fuerte en la lid, y en el consejo sabio ;
baja codicia rechazóle un dia
-del patrio hogár, y del fraterno agravio
abrigando el dolor, no la venganza,
ganoso de luchar asió una lanza.
Y allegósele al punto turba fiera
él sello del valor viendo en su frente.
LA ILUSTRACIÓN BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. 7
y audaz enarbolando su bandera
llevó la guerra á la contraria gente;
vencedor con los suyos por dó quiera
pudo alzarse á la vez rico y potente;
mas sobrio en su ambicion, justo y sin dolo
por su patria vencer codició solo.
Y por ella luchando con desvelo
gastó el guerrero sus mejores anos,
cogiendo solo de su ingrato suelo
larga copia de acerbos desenganos ;
por eso ya sin ilusion ni anhelo,
vive lejos de propios y de estranos
con su Seila no mas, fruto querido,
y única prenda de su amor perdido.
Era el momento en que callada el ave
reposo busca en el vergel sombrío,
y en que la brisa que vagó suave
duerme en las ondas del diezmado rio.
Sin pena el cuerpo sostener no sabe
la ardiente calma del pesado estío,
Jefté por eso se rindió una siesta
al pié de un árbol que dosel le presta.
De fresca yerba sobre el blando lecho
el caudillo al reposo se abandona,
tiene una mano sobre el fuerte pecho
y el diestro brazo su cerviz corona ;
de sol un rayo penetró deshecho
por el verde ramaje, y como zona
de menudas estrellas fué pasando,
y su rostro apacible iluminando.
Mas del semblante varonil y bello
ahuyentase de súbito el reposo,
erizase en las sienes su cabello,
gime el pecho cual lago tormentoso,
que de la luz bajando en el destello
el ángel de los suenos, misterioso
con su cetro al tocar su seno en calma,
vision terrible presentó á su alma.
Al espíritu grande del Dios justo,
sobre la tempestad miró irascible
del pueblo ingrato retirarse angosto,
velado el rostro en su esplendor terrible,
y con ferrea coraza y ceno adusto
levantando un rumor desapacible,
romper las urnas de inauditos males
el Querub de las iras celestiales.
Luego como dragones irritados
en negra noche que entre !ayos cierra,
ejércitos y ejércitos airados
precedidos del ángel de la guerra,
y el furor y la muerte despiadados,
la esclavitud que al generoso aterra,
todo con espantoso clamoreo
bajar terrible sobre el pueblo hebreo.
La Multa sangre por dó quier humea
trocando en lagos la feraz campina
vapor infecto como nube ondea
atrayendo las aves de rapina ;
son las ciudades funeraria tea,
yendo como rebano que se apina.
hasta la infancia en la tormenta impura,
cual rota nave á perdicion segura.
Y un rumor percibió luego sombrío
cual ne hojarasca donde el fuego impera,
que acallando el doliente vocerío
dijo creciendo en la celeste esfela.
« Jefté, levanta, y del nefando impío
salva á ese pueblo que morir debiera : »
é inundado en sudor, torvo y sanudo
abrió los ojos con asombro mudo.
Pero á Seila no mas halló á su lado
que tierna y temerosa le miraba ;
del fruto de la vid tiene colmado
leve cesto que el brazo sujetaba ,
y en la diestra con pámpanos velado
ramo de lirios , que del sol guardaba
con el conato y cuidadoso alino,
que tierna madre al delicado nino.
Padre, perdona si turbé tu sueno,
dijo la joven candorosa y bella,
mas vienen estranteros con empeno
buscándote, Senor , tras de mi huella.
Y él de su frente despeando el ceno,
repuso con blandura á la doncella :
Que hallen en nuestro hogar franca acogida,
y une al ácimo pan, grata bebida.
Y tras ella partió. Mas cual detiene
de pasmo yerto el 3egador la planta,
la sierpe hollando que la miés contiene
y en espiral de pronto se levanta,
quedóante el grupo que á su encuentro viene
anudada la voz en la garganta.
viendo á los mismos que con sana fiera
le hcharon del hogar en que naciera.
Y ellos presa de un vértigo la mente
soportar no pudiendo su mirada,
sin que justo rubor cual llama ardiente
de púrpura la faz deje banada,
conturbados se inclinan: Mas la frente
de nevados cabellos coronada
alzó de Galaad varon severo,
y con noble ademan dijo al guerrero:
La paz de Dios sobre tu casa sea.
Je/'té. Con vosotros él venga á mi morada.
Anciano. Sin que benigno á mí anhelar te vea,
no la hollará mi planta fatigada.
Jefté. ?Qué de su siervo mi senor desea ?
Anciano. Grande es el Dios que fecundó la nada,
él nos conduce á sí por hondo arcano,
escucha pues mi voz.
Jefté. Comienza anciano.
Anciano. Prevaricó Israel , y el Filisteo
como banda de buitres carnicera,
por la tierra que fijé del Amorreo
dilató sanguinario su carrera ;
Benjamin y Judá fueron trofeo
de su ardiente rencor, y en sana tiera
de Ammon los hijos el Jordan pasaron ,
y de Arnon á Sichen nos asolaron.
! Justicia [lié de Dios ! Con fuerte mano
entezamos el arco en la campana,
mas de Ammon el ejército inhumano
en nuestra sangre con furor se bana ;
tres veces ! ay! bajo su hierro insano
deshechos fuimos con verguenza y sana,
y hoy no se alza un varon !suerte irrisoria!
que nos lleve á morir, ó á la victoria.
Dios contigo Jelté fué por dó quiera,
dispuesto al bien tu corazon te halle,
el pueblo por caudillo te eligiera,
que el peligro comun tu agravio acalle.
No habrá quien al tenderse tu bandera
ardoroso á su sombra no batalle,
juzgando ver en tu potente brio,
al invicto Josué contra el itnpio.
Apréstate á la lid, la patria llora,
y antes que espire en desigual pelea,
el noble arrojo que en tu pecho mora
valor inspire á la nacion Hebrea :
no dejes , no, que cuando así se implora
escarnio vil del enemigo sea,
y nuestra fuerza y libertad pasadas
tiendas para una noche levantadas.
Dijo, y Jefté que palpitante oía,
con encendida faz y claro acento
clamó á su vez. Pues el Senor os guia,
el esfuerzo daráme y ardimiento;
si guerra ha menester la patria mía.
de ella serán mi corazon, mi aliento;
pero maldito aquel que el odio inflame,
y sin justa razon sangre derrame.
Id al campo enemigo, de la oliva
al contrario llevad la verde rama,
decid que esta nacion noble y altiva
la paz le ofrece, y á razon le llama,
sabiendo al par si respondiese esquiva
la enorme hueste que á Satan aclama,
que caerán cual las plagas mas horrendas
el Senor y Jefté sobre sus tiendas.
(Se continuará.)
MAMA MENDOZA, DE VIVES..
8 LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL.
Cuadro al vivo.
1.
De algun tiempo á esta parte notamos
que va generalizándose entre el bello
sexo de nuestra ciudad condal, la ridí
cula moda parisiense de embadurnarse
el rostro con colorete y pintarse los
labios con carmin. En el último verano
sobre todo, en que, algunas elegantes
de torneadas espaldas se propusieron
rehabilitar el célebre degollado del si
glo xvtu , hubo senoritas que llegaron
hasta darse color á la garganta y hom
bros, que dejaban poco menos que des
cubiertos, y á los brazos y manos.
Tambien las hay que se ennegrecen
con antimonio el perfil del ojo y las ce
jas y pestanas, como las mugeres, de
Oriente; si bien estas lo hacen con un
polvo negro, impalpable y sútil, no co
nocido entre nosotros, que conservan
dentro de un frasquito. Este artificio,
como es natural, agracia mucho de no
che, dando á la fisonomía un encanto
y atractivo inesplicables , porque con
poca luz parecen mas rasgados los ojos
y es mas tierna y seductora la mirada;
pero para obtener estos resultados se
necesita toda la habilidad de las griegas
y la coquetería de las hijas del harem, y esto es pre
cisamente lo que les falta á nuestras loquillas.
El arrebol tiene el inconveniente de privarles
acercarse el panuelo á los labios y narices, para no
tenirlo de un color indefinible. Los dias lluviosos
particularmente, es muy espuesto salir con albayalde
y carmín en el rostro (1). Podria suceder que se des
lizasen por las mejillas con la humedad lágrimas de
sangre', y que las cejas trazasen un semicírculo com
pleto.
Entre el número de hermosuras que pasan la ma
nana jaspeando su trigueno rostro, se cuentan, y lo
decimos con rubor, algunas mugeres ancianas, de
esas que andan remilgando de una en otra visita,
criticando á todo el mundo, cuando mejor estarian
en casa repasando la lencería ó haciendo calzeta.
Nuestros lectores quizá tengan noticia de un tal
Mister George Clifford , muy conocido por su parti
cular acierto en restaurar los escritos casi borrados
ó descoloridos de los pergaminos, y el cual llegó á
adquirir cierta nombradía en la esposicion universal
de Lóndres en 1851. Tal vez los servicios de blister
Clifford podrian ser útiles al sexo femenino que tan
to abunda en rostros apergaminados por la edad,
que á la sombra de los bucles postizos y de los cm
tajos de las papalinas se ocultan debajo del colorete.
?Y porqué dudarlo? Si este caballero inglés restaura
libros viejos, bien pudiera restaurar mugeres viejas,
que al cabo vienen á ser una misma cosa, si hemos
de creer á cierto poeta que decia :
Yo siempre sigo el consejo
De toda muger anciana :
Que una vieja casquivana
Viene á ser un libro viejo.
Lope de Vega y Cervantes tampoco omitieron el
hacermencion de este achaque tan comun en las due
nas de su siglo. Este último, en la comedia La casa
de los zelos, pone en boca de Angélica, cansada de
seguir á su ama por caminos y carreras, estos opor
tunos versos:
?Cuándo de mis redomillas
Veré los blandos afeites
Las unturas, losaceites,
Las adobadas pastillas?
(1) Es bien sabido, segun nos demuestra la química, que
las emanaciones de gas s(illido-hídrico que continuamente
se desprenden de las letrinas, ennegrecen los objetos gas
previamente han sido coloreados por el albayalde.
Hay mastodavía : el humo que despide el cigarro, perju
dica notablemente el rostro enharinado con dicho afeite.
?Cuándo me daré un buen rato
Con reposo y sin sospecha?
Que tengo esta cara hecha
Una suela de zapato.
Cuadro al liso.
Don Francisco de Quevedo escribió sobre el mis
mo asunto en La fortuita con seso:
«Asistiala (á una cnuger casada y rica que se esta
ba arrebolando) como asesor de cachivaches, una
duena calavera confitada en untos.»
?Y qué diremos de los antifaces de terciopelo ó
raso que usaban nuestras abuelas en sus viajes para
conservar el cútis, de aquellos preciosos guantes
perfumados con ámbar, y de los ridículos peinados
con sus bucles, rizos, esencias, pomadas y polvos
con que se ataviaban?
Para dar mas autoridad á nuestras palabras, con
cluiremos diciendo que dichas viejas harta han sido
la burla de su propio sexo. Léanse sino los siguien
tes versos de la distinguida poetisa Dona María Josefa
Massanés de Gonzalez.
Mas que Ileveis, noble dama,
La frente caduca erguida
Con mas flores, gasa y monos,
Que canas medio tenidas;
Mas que vuestra boca incrusten
Seis dracmas de cochinilla,
Y el rojo pano de venus
Barnice vuestras mejillas,
Y el rechoncho cuerpo os prensen
Con la ferrada cotilla,
Por no bastar la doncella
Un par de mozos de esquina ;
Mas que encubra el mirinaque
Vuestras caderas fornidas,
Que oleis á vieja, os advierto,
Con los defectos de nina.
Por vida vuestra! dejad
De llevar cara postiza.
Sobrado dicen los hombres
Que todo lo nuestro es pifia ;
Dad al tiempo lo que es suyo
Si sois muger entendida.
A testa anciana las canas,
A frente moza las cintas.
No cabe duda que las viejas presumidas han sido
en todos tiempos el descrédito del bello sexo, como
lo son hoy dia esas pollitas que, sin necesidad de
ello las mas, aplican sobre su cara y garganta la le
che de Venus, el koldcream , limazon y varios otros
cosméticos y vinagrillos. Y lo mas notable en unas
y otras es el poco cuidado y ninguna inteligencia
con que en general se sirven de todos estos afeites;
pues lejos de dar al semblante el atractivo de la be
lleza , aun cuando no fuese sino por breves horas,
solo consiguen mover á risa y compasion.
Además las mugeres rameras, que por desgracia
tanto abundan en las grandes capitales, usan con
prodigalidad toda esa clase de untos, y solo por este
motivo debieran desterrar nuestras bellas dicha
moda francesa, que en vez de hermosearlas las ridi
culiza y acaba por marchitar su rostro.
MODESTO COSTA Y TURELL.
(Se continuará.)
Pensamientos.
Cuando los hombres 6 las mujeres hablan entre sí
de amor, los primeros siempre dicen sobre la mate
ria mas de lo que saben , y las segundas siempre sa
ben mas de lo que dicen.—Poincelot.
La ignorancia afirma ó niega redondamente: la
ciencia duda. Cuanto mas ha leido uno, mas instrui
do es; y cuanto mas ha meditado, mas en estado se
halla de afirmar que no sabe nada.—V.
En revolucion nunca se camina mas de prisa que
cuando se ignora adónde se va.—Robespierre.
Muchas veces las leyes son como las telaranas: los
insectos pequenos quedan prendidos en ellas; los
grandes las rompen.—Anacarsis.
Cada vez que proveo una vacante, hago veinte
descontentos y un ingrato.—Luis XIV.
Epigrama.
BARCELONA ESTÁ TRANQUILA.
—?Cómo no duermes Colasa ?
—Cállate un poco marido.
—Porqué?
—Porque siento ruido....
.Si habrá ladrones en casa?
—Jesus qué majadería!
Duerme sin miedo mujer....
?Qué ladrones ha de haber
Donde hay tanta policía?
Portodo lo publicado en este nintero: IVÁNVarona:.
Editor responsable, JUAN V AZQUEL
Imprenta del Diaato 01113ARC.LONO. cargo de Francisco Gabaiiach ,
calleNuera de 5. Francisco , nánt• 17.
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Ilustración barcelonesa, La. No. 01 (1 enero 1858) |
| Descripció | Conté il·lustracions. Informació addicional del subtítol: Periódico universal |
| Títol addicional | Periódico universal |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1858 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Juan Vázquez, 1858, No. 1 (1 enero 1858) - no. 24 (15 dic. 1858) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b2109794~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Productor | Ardiaca |
| Resolució | 150 ppp |
| Definició | 8 bits |
| Característiques físiques | 35 cm |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300 ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | No. 1 (1 enero 1858) |
| Transcript | ILUSTRACIM PERIÓDICO QUINCENAL. D. HUSEBIO COMAS Y SOL1-111. (Contiene 59 grabados de todas dimensiones.) LA publicado bajo la direccion de BARCELONA. Imprenta del DIARIO DE BARCELONA, á cargo de Francisco Gabdach, CALLE NUEVA DE S. FRANCIKO,NUM.17. 1859. ni ir - ' 1111 ?II,' 1111V ffEl=1,1,.„ , 1.0 DE ENERO DE 1858. 1 Núm. 1.—Tomo I. Se suscribe en BARCELONA en la litografia de D. Juan Vazquez , sucesor de Mabon , rambla del Centro, núm. 31, y en las principales li brerías del reino. — La correspondencia deberá dirigirse á dicho senor Vazquez. La caza del lema, por Julio Gerard, r„ EL MATADOR DE LEONES, TENIENTE DEL TERCER REGIMIENTO DE SPAIIIS, istirmanio. La caza del leon.— La loca de amor.—Aspiraciones cristia nas.—La siega del heno en Anvernia.—Adelaida Ris tori.—El autor de Las ruinas de ,ni convento.—El Tam borilero de Villaviciosa. —Jefté.— Cuadro al vivo.— Pen samientos.—Epígrama. LámINAS : La siega del heno en Auvernia.— Adelaida Ris tori en la tragedia Mirra.—El autor de Las ruinas de mi convento.—Cuadro al vivo. EL LEON, SU EDUCACION, SUS BABITOS Y COSTUMBRES. s. N el mes de enero de 1848 encontré en Paris á Adolfo Delegorgue, cazador na turalista, que ha vivido siete anos en el sur de África en medio de los Cafres y de los Amazoulus, alimentándose de bif tecks de hipopótamo y de costillas de rinoceronte. No tengo necesidad de decir que este encuentro fué una fortuna para mi, y que, no contento de haber leido los viajes de mi valiente colega, le hice mil preguntas relativas á las cacerías que habia hecho, y especialmente acerca del leon del cabo de Buena Esperanza. Me dejó tan sorprendido la poca ana logía que existe entre este animal y el de la Argelia, que desde aquel mo mento me decidí á escribir todas las observaciones que habia hecho respecto de las costumbres de este último, en los muchos anos que estuve en contacto con él. Todo el mundo sabe que el leon pertenece á la es ¦ ' PERIÓDICO UNIVERSAL. pecie felina, y cosa singular, los mas eminentes na turalistas que han escrito acerca de este animal, lo han dado á conocer como si viviese siempre á la luz del dia , y ninguno de ellos ha descorrido el velo de sus hábitos nocturnos. Este es un vacío sensible é inesplicable que trata ré de llenar, empezando la historia del leon desde su nacimiento y siguiéndola paso á paso hasta su muerte. Me daré por satisfecho si las observaciones que he hecho, pueden desvanecer las falsas ideas que respecto de él he oido manifestar con mucha frecuen cia en Francia y aun en la Argelia, donde solamen te los indígenas conocen las costumbres del leon. La union del leon y la leona se verifica ordinaria mente á fines de enero. Las hembras son una terce ra parte menos numerosas en razon de que la denti cion hace perecer á muchas de ellas. Por eso no es raro encontrar á una de esas senoras acompanada de tres ó cuatro pretendientes que se entregan á terri bles combates, hasta que fatigada de ver que estos galanteadores no se matan por ella, los lleva hácia el parage donde habita un viejo y enorme leon cuyo valor ha apreciado oyéndole rugir. Los amantes se revisten de valor y llegan con la leona á la presencia del rival preferido. Los preliminares son siempre de corta duracion, y el resultado de estos encuentros termina á corta di ferencia de la misma manera. Atacado por los tres imprudentes, el leon viejo los recibe sin menearse ; aquí degüella á uno de un bocado, allá rompe una pierna á otro y el tercero puede tenerse por dichoso sino deja mas que un ojo entze las unas del ven cedor. Una vez el campo libre, el noble animal sacude ruidosamente su melena, parte de la cual vuela á merced del viento; en seguida va á echarse al lado de la leona, que, como una prueba de su afecto, le lame las heridas que ha recibido por ella. PROSPECTO. 1„—El público ha sido tantas veces burlado, que ya no cree en las pomposas ofertas de los editores. En su consecuencia diremos únicamente que la empresa de la ILUSTRACION no per dona gasto alguno para dar buen papel, tipos claros y hermosos, magnifico§ grabados y mejor redaceion,—Echese una sola ojeada a este número, y ella bastará para demostrar que no hay exage rucios en nuthtras palabras. 2, —La ILUSTRACION BARCELONESA sepublica dos veces al mes. 3.—Cada mes al recibir el suscritor el segundo numero del periódico, debe renovarla suscrip cion para el prózinzo. 4.—Las suscripciones de provincia y del estrangero serán servidas puntualmente , si seremite su importe en libranzas á en sellos de franqueo. fll, 71\'' 1.^ n4. %lo 4,41— •szNT,',Y: cY. fay'VZI PRECIO. Cuando se encuentran dos leones adultos sobre el mismo terreno, las cosas toman un aspecto mas gra ve. Un árabe de la tribu de Kessena, me ha referido un combate de esta naturaleza del cual fué testigo ocular. Era la época en que los ciervos están en celo. Mahomet, grande acechador de animales de todo gé nero, se encontraba en una noche de hermosa luna, apostado en una encina acechando una cierva que habia visto rondar por aquel sitio en companía de varios ciervos. El árbol al cual se habla subido, era el único que había en un gran raso al lado de un sen dero. A eso de media noche, el cazador vió llegar una leona acompanada de un enorme leon de hermosa melena. La leona dejó e/ sendero para ir á acostarse al pié de la encina ; el leon no se movió del camino y parecia escuchar. Mahomet oyó entonces un rugido lejano que ape nas se percibia ; la leona respondió en seguida. El leon que habia venido con la leona se puso á rugir con tanta fuerza, que el cazador, aterrorizado, dejó caer su fusil para agarrarse á las ramas con toda su fuerza á fin de no caer de miedo. A medida que el animal que habia rugido prime ramente parecia acercarse, la leona rugia mas fuer te, en tanto que el leon , furioso, iba y venia del sendero á la leona, como si quisiera imponerle silen cio, y de la leona al sendero como si dijera : Que venga, le aguardo!» Una hora despues , un leen negro como un jabalí se presentó al otro estremo del raso. La leona se le vantó para ir hácia él ; pero , adivinando su laten cion , el leon corrió al encuentro de su enemigo. Los dos se agacharon para tomar mejor su carrera, y un instante despues , abalanzándose uno contra otro, rodaron por encima la yerba del raso para no vol verse á levantar. En BARCELONA, por un mes de suscrip cion, llevados los números á domicilio. 2 rs. Fuera de Barcelona, por id., franco de portes. 3 » En el estrangero 4 » Números sueltos 2 » LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. La lucha fué larga y terrible para el testigo invo luntario de este desafio. Mientras que los huesos crugian bajo los mordis cos de los dos combatientes, sus unas esparcian sus tripas por el suelo, y sus rugidos, unas veces sor dos y otras furiosos, esplicaban su ira y sus dolores. Al principio del combate , la leona se habla echa do de barriga al suelo, y hasta el fin, demostró con el movimiento incesante de la punta de su cola, el placer que esperimentaba á la vista de aquellos dos leones que se destrozaban por ella. Concluido el combate, la leona se acercó poco á poco á los dos cadáveres, y despues de olerlos se alejó. Mahomet ya que no podia enviarle una bala, no pudo menos de dirigirle un epíteto, que, si bien algun tanto grosero, no era de ningun modo ino portuno. Este ejemplo de fidelidad conyugal, en la leona, es aplicable á todas las demás de su sexo. Lo que buscan antes que todo es un macho adulto y valien te que las liberte de los leones jóvenes cuyos conti nuos combates parecen fastidiarlas; pero en el mo mento que se presenta un leon mas fuerte y vigoro so es bien recibido. Por lo que he tenido ocasion de ver, no sucede otro tanto con el leon , que, á menos de verse obli gado á ello, no deja nunca á su companera por la cual siente un afecto digno de mejor suerte. Desde el instante en que la pareja abandona su guarida hasta que vuelve á ella, la leona va siempre delante. Cuando le acomoda pararse, el leon la imi ta y la aguarda. Al llegar cerca del donar que debe ofrecerles la cena, la leona se tiende, en tanto que el leon pene tra osadamente en el cercado y le trae lo mejor que encuentra. Mientras come, el leon la contempla con un placer indecible, velando al mismo tiempo para que nada pueda interrumpirla en tanto que sacia su apetito, y no piensa en comer hasta que ella ha con cluido. En una palabra, durante la época de los amo res, el leon muestra por su hembra las mas asiduas atenciones. T.--JOAQUIN MOLA Y DOMINGUEZ. (Se continuará.) Laloca de amor. !La muerte! dulce alegría, Unica esperanza bella; En muriendo, madre mía, Subiré á vil ir con ella. SELGAS. Sevilla cuenta entre sus hermosos paseos el de las Delicias, que constituye uno de los mas deliciosos sitios de recreo de aquella sin igual ciudad : hallase situado entre esta y el rio , siguiendo la orilla iz quierda en direccion á su misma corriente. No es uno de esos paseos raquíticos que solo cuentan po bres hileras de árboles incapaces para dar sombra á los concurrentes; es un frondoso bosque de falsas acacias , copudos chopos y olmos gigantes que tejen una bóveda de espesas y verdes ramas, cuyo suelo alfombran millares de encarnadas y aromáticas hojas que la coqueta diosa de aquellos sitios, el Aura, ar rancó de los rosales que crecen junto al camino. El aire puro y suave que allí se respira , el murmullo del agua que lame mansamente el pié de los árboles, el planidero cantar de los barqueros que surcan el Guadalquivir con sus ligeras navecillas, el confuso rumor que se eleva del vecino barrio de Triana, for man una dulce armonía que despierta el alma á gra tas sensaciones. —Tan delicioso sitio queda casi abandonado á las ocho de la noche en verano : sus concurrentes se retiran á la ciudad, y se distribuyen en los paseos interiores que les son mas favoritos. Si los peligros que en otro tiempo debió ofrecer, en avanzadas horas de la noche, la vecindad de Triana, constante guarida de las gentes de mal vivir, no ha motivado este temprano abandono, no podria discul parse tan poco razonable costumbre. tina noche nos habíamos entretenido mas que de costumbre en el Puente de Triana, oyendo las cho cantes conversaciones, estranas ocurrencias y agu dos chistes de la mucha gente que por allí transita despues de anochecer ; al dirigirnos al paseo de las Delicias lo encontramos ya sin concurrencia, pero no fué esto motivo suficiente para decidirnos á volver atrás. Al llegar á una especie de plazuela que tiene en ambos lados asientos de piedra en forma semicircular, llamónos la atencion un grupo que allí habla, y nos quedamos ocultos en la sombra, para mejor obser var, sin ser vistoa de las personas que eran el objeto de nuestra curiosidad. Casi al estremo del poyo semicircular de la iz quierda estaba sentada una jóven enlutada ; tenia la vista fija en la luna que aparecia triste en un peque no claro que le dejaban espesas nubes. Era la nina esbelta y de agraciadas formas ; cubria su rostro la palidez de la muerte, la cual resaltaba mas por el contraste de sus negros rizos que azotaban dulce mente sus descarnadas mejillas : sus ojos brillaban con todo el fuego de una pasion exaltada, como si estuvieran en ellos concentradas todas las fuerzas de una existencia que estaba á punto de abandonarla. Su rostro, al par que los sufrimientos físicos , reve laba el colmo de la satisfaccion moral, de un comple to bienestar interno : presentábase iluminada por esa aureola de beatitud que concebimos en los celestes querubes. Su inmovilidad era completa : no podia dudarse que la presencia de los mas bellos objetos ó la idea de los mas gratos recuerdos sumíanla en ine fable éstasis.—A muy corta distancia habla otra jó ven de mayor edad, bastante parecida á aquella por los rasgos de su fisonomía, que la contemplaba con cierto resignado interés, y como esperando el de senlace de aquella para nosotros inesplicable escena. Al corto rato, un grupo de importunas nubes fué invadiendo el disco de la luna: entonces como movi da por un resorte, levantóse la jóven pausadamente, y pintado el mas acerbo dolor en su semblante, di rigió sus brazos suplicantes hacia el astro nocturno. A medida que este iba desapareciendo, veíasela cre cer, y por un momento creimos que se desprenderla de la tierra para volar junto á los ángeles sus her manos. En el momento de quedar oculta la luna, ca yó sin sentido en brazos de la otra joven que habia seguido con ansiedad todos sus movimientos.—Acu dimos instantáneamente nosotros para prestarles al gun socorro. —Gracias, caballeros, nos dijo la jóven de mas edad á mi companero y á mí. Estos accidentes le dan todos los dias á mi pobre hermana ; pero pronto vol verá en sí con el ausilio de esta esencia. Y le dió á oler un frasquito que llevaba ya á pre vencion. Efectivamente, la enferma recobró luego sus sen tidos: aplicóse la mano al corazon, y dijo con simpá tica langidez y tierno acento : —Sí, sí, !oh! !pronto nos uniremos para no sepa rarnos jamás Siento aquí en mi pecho que no está lejos el fin de mis sufrimientos. Apoyóse en el brazo de su hermana, y marchamos juntos en silencio hasta la entrada del paseo, en donde les aguardaba un coche. La enferma subió en él sin hablar palabra, como viviendo estrana á cuan to la rodeaba. Manifestónos la hermana su agradecimiento de una manera muy galante y afectuosa. Con vivos deseos de conocer el misterio que encerraba la estraordina ria escena que acabábamos de presenciar, le pedimos permiso para informarnos el dia siguiente del estado de la enferma , á lo cual ella accedió muy gustosa y agradecida. Como es de suponer, en lo restante de la noche y la manana siguiente, fué objeto casi único de nuestra conversacion y conjeturas el doloroso incidente del paseo de las Delicias. Interminables nos parecieron las horas hasta llegar la destinada para nuestra pro metida visita. Recibiónos la hermana de la enferma, y nos dijo que esta seguia en cama , de algun cuidado. El ata que del dia anterior habíala dejado mas abatida que de costumbre, y el médico al visitarla notó algunos síntomas alarmantes. Despues de los cumplidos de costumbre é infor mados del estado de la enferma , la hermana, adivi nando sin duda nuestra curiosidad por saber la cau sa de sus dolencias, se apresuró á satisfacerla. «Es muy triste, dijo, ver que una persona queri da consume lentamente su existencia, y estar priva dos los que darian la suya para conservársela, no solo de prestarle los ausilios necesarios, si no de evitar las causas que la precipitan á una muerte se gura. Esta complicidad forzosa es una desgracia que he de llorar mientras viva, es para mí el mas inso portable martirio. —El interés que han manifesta do Vds. por mi pobre hermana me asegura que no escucharán con indiferencia la triste historia de sus padecimientos. «Al quedar huérfanas, pasamos á vivir bajo el am paro de un tio materno que ha sido para nosotras un segundo padre. La afabilidad de su carácter, su tier no carino, sus infinitas bondades dulcificaron pronto nuestro acerbo dolor y le atrajeron nuestras francas simpatías. Mi enlace con un joven de un pueblo ve cino me alejó de mi tio y de mi hermana. Esta era muy jóven aun, mi tio rayaba ya en los cuarenta, y teniendo necesidad de una companera para su vejez trató de enlazarse con ella. Su principal idea fué asegurar el porvenir á esta criatura que él idolatra ba , y en la cual reconocia un tesoro de hermosos sentimientos. Era avaro de esta riqueza que tan cui dadosamente habla conservado y aun fomentado; hacíasele increible que nadie mas que él supiera apreciarla. Por otra parte vela que la nina era estra fia á toda pasion que no fuera su carino ó el mio. «Al manifestarle mi tio sus proyectos, mostróse muy satisfecha y agradecida, y yo los aplaudí en el alma. Aplazóse para mas tarde la realizacion de la bo da, á fin de que mi hermana gozase por mas tiempo las diversiones de la juventud que desaparecen ante las obligaciones de la esposa. «Por aquel entonces vino recomendado á mi tio un apreciable jóven que cursaba el último ano de juris prudencia. Recibiólo aquel con la amabilidad que le es característica y le dispensó los obsequios de un sincero afecto. El jóven visitó la familia, no con es tremada frecuencia, y siempre á la hora en que sabia estar mi tio en casa. «Ocurrió poco despues la muerte de mi esposo, lo cual me obligó á volver otra vez al lado de mi tio y de mi hermana. El jóven nos visitó desde entonces mas á menudo, y yo no tardé en quererle como á un hermano, atraida por sus bellas prendas y simpático carácter. «A fin de calmar mi dolor procurándome alguna distraccion , salíamos todas las noches á paseo bus cando los sitios menos concurridos. Cuando una pe na oprime nuestro corazon la alegría y el bullicio aumentan el pesar que nos aflige ; la apacible tran quilidad de la naturaleza y los cuidados de un de sinteresado carino son un dulce bálsamo para las he ridas del alma. «Todas las noches acudiamos al sitio en que nos encontraron Vds. ayer, á la hora en que sus habi tuales concurrentes se dirigen de vuelta á la ciudad. Allí pasábamos horas enteras en agradable conversa clon ó contemplando silenciosamente las formas ca prichosas de las nubes, los hermosos efectos de la luz producidos por los rayos de la luna, que proyec taban sobre la copa de los árboles ó reflejaban en el cristal de las aguas. «Asaltada por el recuerdo de un esposo querido, muchas veces escuchaba sin comprender los simbóli cos augurios que las ardientes fantasías de mi her mana y de nuestro jóven companero atribulan, ya á Ja calda de una hoja, ya al murmullo del viento, ya al color de una nube, ya al curso de una estrella. La luna era especialmente el objeto de sus visiones. de sus poéticos ensuenos: en ella creaban maravi llosos palacios habitados por seres fantásticos, pero siempre hermosos y felices. «Mi tio dió órden para que se hicieran los prepa rativos de su boda, lo cual causó sumo disgusto á mi hermana y á nuestro jóven amigo. Esta noticia descorrió á sus ojos el velo que ocultaba el amor que se profesaban, amor que habla nacido y crecido sin sentirlo, amor grande, profundo cual correspon dia á dos corazones hechos para gozarlo en toda su intensidad, á dos imaginaciones capaces de concebirlo en toda su grandeza. «La lucha entre el deseo y el deber fué penosa, pero corta ; y no cabia otra cosa en la rectitud de sus sentimientos. El agradecimiento les obligaba á sacrificar aquel amor, que era su propia existencia, á la felicidad de un hombre que desde mucho tiempo se habia acostumbrado á la idea y hecho una necesi dad de ser esposo de mi hermana. «A los pocos dias nuestro amigo se despidió para Florencia, resistiendo á las vivas instancias de mi ?lo que le quena hacer testigo de su boda. El dia de su partida lo fué de tristeza para todos, pues todos le queriamos con entranable carino. «Al irse á despedir de mi hermana quedáronse ambos sin palabra ni movimiento ; hasta llegué á du dar si se hablan convertido en estatuas de mármol, tal era su palidez é inmovilidad. —Por fin desple gó nuestro amigo los labios, y dijo. —«Mientras exista , en cualquier parte en donde me encuentre. acudiré todas las noches á ver nues tro querido astro, y en él buscaré el reflejo de tus ojos. Si muero, mi alma volará allí á esperar la tu ya. «Pocos dias despues se verificó la boda de mi her mana. El color no volvió á su semblante ; la tristeza la consumia lentamente.—Al cabo de un mes, entró una manana nuestro tio y noticiónos la muerte de aquel desventurado jóven. Mi hermana palideció, coloráronse luego su frente y mejillas, aplicóse el panuelo á los labios y lo retiró mojado en sangre. —«Dios se ha compadecido de mi, dijo con agra decido y desgarrador acento. «Desde aquel dia una tisis mortal ha minado su existencia. Fija su mente en una sola idea, su razon se niega á todo consuelo, se resiste á todo cuidado : solo espera la noche para ver á su amado, solo espe ra la muerte para unirse á él. El médico ha tenido' que consentir nuestros paseos nocturnos para librar la de una muerte mas pronta á que sin duda la hu biera conducido su desesperacion. «Nuestro buen tio está ahora junto á su cama : no puede consolarse de haber causado involuntariamen te la desgracia de dos personas para él muy queri das, y lamenta de continuo el no haber conocido antes la pasion de estas tan desgraciadas criaturas, para labrar su felicidad aun á costa de la suya.» Despedímonos de aquella joven bajo la impresion dolorosa que nos causara su relato, y á los cuatro tijas supimos que la pobre enferma habla exhalado el postrer aliento despidiéndose con afable sonrisa de su desconsolada familia. JUAN MASIÉ Y FLAQUER. Aspiraciones cristianas. Las siguientes composiciones, escritas unos ocho anos hace, solo deben mirarse corno meros ensayos de estilo, y al darlas á luz ninguna pretension abri go de hacer el misionero apostólico, sin que tampo co me ruborice del sentimiento puro y verdadero que las inspiró. 1. PLCADOR SIN ESPERANZA. Inmii in tenebris ambulant. DAVID. Observad á este hombre. ?Veis sus ojos? Si algu na luz esclarece su mirada, reflejo es de su alma in quieta, no serena lumbre. Veis el rostro cuán tris te, las mejillas cuán caldas, cuán quebrantada la color? Sin duda habréis visto escurrirse lágrimas por su nublada faz. Lágrimas son de hiel, humor de su corazon cancerado. Si habla, ó se querella ó muer de. Si se enoja, no tan rabiosos son los rujidos de brava fiera enjaulada como los denuestos en que re biecta. Mal encubierta con una sonrisa, asómase á LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. 5 veces su alma ; mas, ay cuitado! que para él no tie nen alegría las sonrisas, como ni las lágrimas dulzor. Los rayos de luz que visten los cielos, solo enojos le causan, porque no infiltran hasta su interior lleno de tinieblas y negrura. Cuanto mas callada es la so ledad, cuanto hay en ella mas apartamiento, ménos le desplace; porque los ruidos quieren descasarle de su horrible tristeza que es su companera única, su esposa. Si quiere gozar del sueno , el sueno le es traidor, y donde piensa aletargar cuidados, allí le perturban fantasmas y pesadillas. Si levanta al cielo su vista se encruelecen sus remordimientos, porque vé un galardon el mas soberano que no esperaposeer jamás, porque le deslumbran diademas inmortales que cenirse desconfia. Si baja la vista á la tierra, su tristeza se convierte en rabia pensando que la tierra de su cuerpo es la causa y principio de sus desven turas. ?Habeis adivinado quién es este infeliz? Es un pecador que Dios ha dejado caer de su mano: es un pecador sin esperanza. Este miserable tenia un corazon hidalgo y gene roso, mas de una vez sintió sus nobles latidos, y del fuego de este corazon le han quedado tan solo mustias cenizas. Mal avisado dejóse arrastrar por pa siones villanas corriendo cual cabra montés por ve redas torcidas que solo á despenaderos conducian. No hubo fruto vedado que no probase, ni flores en su camino que no cinera y deshojara. Holgó en todos los prados, sesteó en todas las sombras, bebió de todas las aguas, paladeó todas las dulzuras, y ahora ! mezquino! ni le deleitan las flores, ni le refrescan las sombras, ni huelga en los prados, y las dulzuras le empalagan, y todo le causa desplacer, todo an gustia. Las pasiones aprisionaron su corazon y enca denaron su voluntad; y ! ay triste! cuán pesadas le son estas cadenas, ántes tan dulces y livianas! Esta prision, cuán enojosa y desabrida! Mucho tiempo hace que la virtud dejó de ser su hermana, mucho tiempo que su mano tan blanda y caritativa para los desventurados no ha vertido en sus heridas ni una sola gota de dulcedumbre. Y tú, santa luz de las al mas tristes, madre de todo contentamiento, bella Esperanza, ?por qué no mitigas las desventuras de este miserable? No te duelen ellas, á tí tan piadosa? Por qué esta esquividad y desamor?—Porque yo soy hija de la virtud, y quien abandona á mi madre, á mí me abandona. Cuanto su corazon fué puro y desnudo de mal nacidos apetitos, yo no dejé de ves tirle con mi belleza. Luego que dió entrada al torpe placer sensual, luego que empezó á apartar los ojos del cielo mi morada, aferrándose con frenesí á los bienes del suelo, yo, mal hallada entre tanta mise ria, retiréle poco á poco mi lumbre purísima. ?Qué necesidad tiene de mí quien no mira el porvenir? ?Quién halla placeres en el presente que le hartan y satisfacen, para qué necesita losplaceres eternos que yo prometo? (Se continuará.) GUILLERMO FORTEZA. La siega del heno en Auvernia. Este magnífico cuadro, debido al pincel de la re putada artista francesa la senorita Rosa Bonlieur, fi guró en la última esposicion universal de Paris. La lámina del mismo, que damos en este número, nos dispensa toda descripcion , pudiendo apreciar á simple vista, los inteligentes en bellas artes, la ver dad de sus menores detalles y la fácil ejecucion de la obra. Adelaida Hoy que la atencion general está fija en esta ad mirable artista , nos parece oportuno publicar los si guientes apuntes biográficos acerca de la misma, es tractados de los principales periódicos de la córte. Nació Adelaida en la pequena ciudad de Civitale, cerca de Udina , siendo sus padres Antonio Ristori y Magdalena Pomatelli , dos pobres cómicos, quie nes desde luego la destinaron á la escena, presen tándola por primera vez en esta cuando apenas tenia dos meses: la tierna criaturita figuró tendida en un canastillo, en cierta pieza titulada Los aguinaldos. — A los cuatro anos comenzó á recitar los pape les de nino, que desempenó hasta los doce. En tonces fué ajustada por el famoso director y actor Moncalvo para los papeles de graciosa y damajóven. No tardó mucho la Ristori en comprender cuán difícil era hacer algunos progresos en el arte dramático llevando la vida errante é insegura de las companías nómadas (llamadas entre nosotros, de la legua ); aprovechó, pues, gozosa la ocasion que se le pre sentó de entrar en la de artistas del rey de Cerdena, y allí tuvo por maestro á la célebre artista Carlota Marchionni. Al principio la bella Adelaida solo cultivó el gé nero cómico, consiguiendo sus principales triunfos en las tres comedias de Goldoni: La locandiera, Gli innamorati, y Zelinda é Lindoro ; despues en La lu singhiera y La fiera, de Nota ; mas tarde probó sus fuerzas en el drama con no mejor éxito. Era el ano de 1816, y la Ristori trabajaba en Ro ma en el humilde teatro Metastasio , cuyas lunetas costaban 17 bayocos (unos 21 cuartos); cuando el heredero de una noble familia romana, el marqués Capránica del Grillo , se enamoró perdidamente de la hermosa artista. Los detalles de estos amores ofrecen un carácter tan estrano y tan teatral, que parecerian invenciones de un novelista si no consta se su completa autenticidad. Julian del Grillo habló desde luego de matrimonio á su futura esposa ; pero como no habla que esperar el consentimiento de los Capránica , los dos amantes se decidieron á seguir sus relaciones con la mas pro funda reserva. A pesar de todo, el padre de Julian las descubrió, é hizo internar á su hijo en los Esta dos Romanos, mientras estaba detenida la actriz por su ajuste en Florencia. Terminado este, vuela Ade laida en busca del marqués del Grillo, oponiendo siempre á sus instancias para verificar su enlace se creto su repugnancia á entrar subrepticiamente en una familia que la aborrecia. Al cabo de mil dudas, indecisiones y protestas, Adelaida y Julian resolvie ron separarse, el uno para ir á Cesena , á donde le llamaba la voluntad paternal , la otra para volver á Florencia; pero como hasta determinada distancia el camino debia ser el mismo, los dos jóvenes viajaban juntos en companía del viejo Ristori. Una manana al atravesar cierto pueblo, oyeron la ronca campana de la parroquia que llamaba 'á los fie les á misa ; apéanse los tres viajeros del carruaje, suben las gradas que conducen al templo, y llegan á él cuando el sacerdote estaba ya en el altar. En tonces, acercándose los dos amantes al ministro de Dios, le declaran, poniendo los asistentes por testi gos , que se toman por marido y mujer. Semejante especie de matrimonios, aunque vá lidos en la Italia meridional, tienen la desventaja de que, despues de su celebracion , los contrayentes suelen ser llevados á pasar la luna de miel en la cárcel.—Por fortuna en el caso presente no sucedió así; y como todas las historias parecidas acaban siempre con el perdon y la bendicion paternal, el marqués no tardó mucho en otorgar la suya. Gracias á los consejos del cardenal Pacca , la reconciliacion fué completa, ratificándose solemnemente el matri monio en 1847. Pero la nueva marquesa Capránica del Grillo se vió obligada á renunciar al teatro, y durante dos anos vivió retirada de él. Una vez, sin embargo, sabe que un pobre director llamado Pisenti, acaba de ser preso por deudas. — La caridad no era una virtud cuyo ejercicio estuviese prohibido á la marquesa del Grillo; en un momento esta organiza tres funcio nes á beneficio del artista arruinado ; llega el dia de la primera y el público arrebata en una hora todos los billetes, siendo tan prodigioso el éxito, que concluida la última representacion el marqués Ca pánica corre á rogar á su nuera que vuelva á ser Adelaida Ristori , la cual desde entonces no tie ne admirador mas ardiente y entusiasta que su sue gro. 4 o '111 11: 111' 1, LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIODICO UNIVERSAL. rDesde el principio de su segunda época, Adelaida se dedicó á la trage dia, siendo sus triunfos todavía mayo res en este género que en el cómico: de entonces data esa celebridad que llena con su rumor el viejo mundo, y que va á resonar hasta el nuevo.—En 1819 volvió al teatro la Ristori ; en 1855 fué á Paris ; y ahora no es ya una actriz italiana, sino una artista europea. El autorde Las ruinas de mi convento. Los literatos alemanes son verdade - ramente incansables. Constantemente están ojeando las producciones de los otros paises, buscando entre las innu merables arenas que arrastra el viento_ esas joyas sin precio destinadas á vivir eternamente. En 1852 publicóse en Munster, por primera vez , la traduccion en aleman de una novela filosófica titulada Die Rui nen memas Closters , esto es, Las ruinas de mi convento. Este libro vertióse lue go al espanol y obtuvo grande acepta cion en Barcelona. Dicha obra contiene simplemente la relacion de un fraile que cuenta él mismo las desgracias de su ni nez, los suenos de su juventud, sus pe nas, las pasiones que ha debido domi nar en el mundo, sus goces en la vida retirada del claustro, sus dolores, en fin, cuando fué arrancado de su celda, y las lágrimas que ha derramado sobre las ruinas humeantes de su mansion solitaria. No maldice á sus enemigos, antes les quiere bien. Seria tal vez imposible en contrar en ningun idioma del mundo, dos páginas de una elocuencia mas subli me que aquellas donde el padre Manuel encuentra á su hermana moribunda, ar rebatada tambien como él del claustro. Creemos asimismo que nadie ha sido capaz de presentar á los ojos del lector una muerte tan dulce y aflictiva como la del padre José, el cual no emplea sino palabras de amor contra su asesino. Pero ?quién es pues ese fraile qu e tan bien escribe y hace sentir, y que po see en tan alto grado ese poder del ta lento para hacerse leer y aun aplaudir de los mismos que tal vez fueron la causa de su desgracia que lamenta? Na die lo sabe : su nombre es un misterio. Es cierto que se ha grabado un meda llon , del cual damos en este número una copia , y que se dice ser el retrato del autor, pero su nombre no se en cuentra allí. El editor aleman dice que el autor de Las ruinas de mi convento es un tal fray Manuel de Clausans , franciscano espanol; pero se sabe que jamás ha existido en Espana un franciscano que llevase este nombre. Otro traductor asegura que su autor fué el historiador Zurita, que la continuó Juan de Maria na, y la terminó D. Manuel Ortiz de la Vega. Tambien hay quien senala á una persona muy conocida en esta capital como autor de dicha obra ; no obstante siempre resulta que el nombre del ver dadero autor de Las ruinas es un seu dónimo. Dedúcese pues de todo lo dicho que en el supuesto que sea un fraile el que ha escrito este libro, al menos ha sa bido captarse las simpatías hasta de sus enemigos. MANUEL MENDEZ LOPEZ. Adelaida Ristori , en la tragedia Mirra. El Tamborilero de VIllavielosa. Voy á contar á los lectores la historia del tambo rilero de Villaviciosa , la cual por lo menos podrá servir para esplicar uno de los dichos que con tanta frecuencia se repiten en Castilla, sin que podamos muchas veces conocer su origen 6 signiíicacion. En tre estos, figuran en primer término el modismo que dice: tomar las de Villadiego , la cita vulgar del her rero de Mamblas, que manchacando se le olvidó el oficio, y por último la de el tamboriléro de Villavi ciosa de quien vamos á ocuparnos detenidamente. Respecto al modismo «tomar las de Villadiego,» ninguno de los que hablan la lengua castellana pue de ignorar su significacion , aunque son muy pocos los que conocen su origen, el cual si no estoy mal informado, consiste en que hay un lugar en la pro vincia de Búrgos , llamado Villadiego, donde anti guamente se fabricaban las mejores alpargatas, y digo antiguamente, porque en la actualidad esta in dustria parece haber fijado su domicilio en el reino de Valencia. Ahora bien, como es bien sabido que ningun calzado de los inventados hasta el dia estan á propósito para correr como las alpargatas, el pue blo , naturalmente aficionado al lenguaje metafórico, dió en decir de los que se fugaban por evitar un pe ligro cualquiera, que hablan tomado las de Villadie go; esto es, que se habian provisto de alpargatas para andar mas de prisa,lo que explica perfectamen te el origen del modismo espresado. Escusado es de cir que esta frase, tan repetida en el estilo familiar, solo se usa en sentido irónico ó burlon y nunca en la entonacion grave ó heróica en la cual cuadra me nos mal, aunque no cuadra muy bien, la espresion de aquel guerrero que, habiendo encomendado su LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. estaba nuestro herrero, co mo de costumbre, macha cando con toda su alma, cuando de pronto la made ra estalló como una grana da, la vigornia se fué ro dando como alma que lleva el diablo, y el martillo que los herreros llaman macho, cosa que no tiene esplicacion como no sea la de que no es hembra ni mula, fué á dar á una es pecie de caldero , produ ciendo un sonido metálico capaz de enternecer á una piedra; y este sonido metálico no era ciertamente producido por el choque del caldero con el martillo, sino por el estremecimiento obrado en las entranas del caldero, que consistia en unos cuantos cartuchos de onzas de oro, hermosas y flamantes como ellas mismas. Desde aquel venturoso momento el herrero no volvió á dar un solo martillazo, viviendo á pesar de su holgazaneiia con ciertas comodidades propias salvacion á sus piernas, di jo que habia apelado á la estratagema de la fuga. Respecto al herrero de Mamblas, de quien se dice que machacando se le olvi dó el oficio, corren muchas versiones ; pero yo solo quiero darcuenta de la mas admitida, que me parece tarnbien la mas lógica. Es el caso, que hay un lugar en la provincia de Ávila, llamado Mamblas, donde vivia un herrero sumamen te hábil y trabajador que se llevaba las horas muer tas dando martillazos en el yunque, por la raznn sen cilla de que era pobre, y era pobre porque ignoraba que su antecesor 'labia de jado un tesoro oculto de bajo del yunque, donde tan infructuosamente daba los martillazos. Un dia por aquello de no hay piedra que no se rompa en fuerza de tanto golpe, El autor de Las ruinas de mi coiv :nto. 5 del hombre que ha encontrado un tesoro, y siendo por consiguiente objeto misterioso de las conversa ciones de todo el vecindario. Si alguno le decia: «?Porqué no trabajas?. Contestaba muy grave y la cónicamente: « Porque se me ha olvidado el oficio.» Y si le replicaban : «?Pues como te se ha olvidado el oficio?» él anadía: «Machacando. » Inútil es decir que el tal herrero guardó siempre la mayor reserva acerca del origen de su fortuna, y que si no fuera por mí, este hecho irla al panteon del olvido, como han ido en el mundo tantos otros por no tener his toriador que los cuente ni poeta que los cante. Pasando ahora al tamborilero de Villaviciosa, em pezaré por manifestar, con la franqueza que me es característica, que ignoro en cual de los pueblos co nocidos con el nombre de Villaviciosa tuvo lugar el hecho, suceso ó lance que voy á referir. No sé si la cosa pasó en la villa de Asturias nombrada Villavicio sa, ó en otra villa de la provincia de Córdoba llama da Villaviciosa tambien , 6 en la Villaviciosa de la provincia de Guadalajara, ó en Villaviciosa de la Ri vera que está en la provincia de Leon , 6 en Villavi ciosa de Odon que pertenece á la provincia de Ma drid, porque no me han informado lo suficiente, y nada ha dejado dicho sobre este particular el anti guo inquisidor espanol, autor de la Mosquea poética, don José Villaviciosa. Pero el hecho que voy á contar pudo pasar lo mismo en un pueblo que en otro, y así mis lectores lo fijaran en el que mas les plazca, seguros de que yo no les he de contradecir. Lo cierto es que habla en Villaviciosa un hombre que tenia por oficio tocar el tamboril, y á quien por esta poderosa razon lla maban el Tamborilero de Villaviciosa. Este hombre habia sido siempre estimado por su rara habilidad que le había hecho notable en su oficio, así como por su carácter atento y servicial ; de modo que todos los lugares de la comarca se le disputaban en las gran des festividades, como los troyanos y los griegos se hubieran podido disputar los favores del Olimpo. Así, una vez empleado en la funcion de un pueblo, otra vez en la de otro pueblo, otra vez en Villavi ciosa, la notabilidad tamborilera hacia algo mas que ganar la vida honradamente ; quiero decir, que iba haciendo sus ahorros y consiguiendo á fuerza de pa ciencia aquel tesoro que el herrero de Mamblas en contró cuando menos lo esperaba. Pero antes de pa sar adelante voy á decir lo que es un tamborilero. Mis lectores saben bien la aficion que la raza es panola tiene á las diversiones, de manera que no hay aldea-villorio que no celebre dos, tres ó cuatro bailes públicos al ano, ya con motivo de ser el santo patron del pueblo, ya en la pascua de Resureccion, ya en fin porque se casa la hija del regidor con el hijo del alcalde ú otros cualesquiera de los que tie nen la bolsa repleta y genio para ga3tar el dinero. Para satisfacer esta necesi dad de bailoteo hayen los pueblos prin cipales de cada partido hombres consa grados con preferencia aun que no ex clusivamente , al ejercicio del tamboril ó de la dulzaina, los cuales, mediante una prudente retribucion, surten al ve cindario de música desde la aurora has ta el crepúsculo vespertino, hora en que por no se que reminicencia de sa beismo y de paganismo á la vez, los tamborileros y dulzaineros abandonan el culto que acaban de tributar al Sol para prosternarse ante las aras del dios Baco. La dulzaina es un compuesto de dos cuerpos elementales pareciéndo se al pecado nefando de que habla cier to filósofo diciendo, que era tan gra ve, tan terrible, tan complicado en fin, que para cometerlo habian de concurrir dos personas. Efectivamente, sin la asociacion de dos personas no hay dul zaina posible: una de ellas es necesaria para tocar el tambor con dos palillos ó baquetas, y la otra ejecuta las melo días conforme al compas marcado por 6 LA ILITSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. el tambor. Este bonómio hace que la dulzaina sea lo que vulgarmente se llama cara-comida para estu diantes, y así suelen abstenerse de ella en los pue blos pobres de vecindario y de recursos, conten tándose con la música del tamborilero, que aunque compuesta igualmente de dos elementos ó sea gaitay tambor, estos dos instrumentos son manejados por un solo individuo á quien esta simplificacion musical facilita gran despacho fundado en la baratura. Re sulta, pues, que el tamborilero debia llamarse tam borilero-gaitero 4 gaitero-tamborilero, porque, real mente, hacer las dos cosas á un tiempo, tocando el tambor con la mano derecha y con la izquierda una especie de gaita que, con solos tres agujeros, da en poder de un hombre hábil todos los tonos bemoles y sostenidos, ya que no pueda dar los sonidos vi brantes y simpáticos de una flauta de llaves. Tal era el tamborilero de Villaviciosa. Este hombre singular, verdadero fenómeno del arte, habia sido dotado por la naturaleza de las dotes mas preciosas y brillantes para el oficio. Hay quien asegura que cuando hacia un redoble, no se le veia la mano derecha, y en tonces su caja se multiplicaba por veinte, parecien do mas bien que un tambor una banda de tambores, y aturdiendo á los bailarines, que cesaban de bailar no tanto embelesados por el encanto del redoble c.)mo asustados de creerse en un campo de batalla. Sin embargo, no era el tambor el fuerte de este tam borillero sino la gaita, que en su mano izquierda ha cia cosas inverosímiles , capaces de volver loco al que al inatrumento inventó. En esta parte, el tam borilero de Villaviciosa rayó tan alto, que excedía á toda ponderacion , dejando absorta á la jente que vela brotar de una miserable cana toda la diversi dad de voces conocidas hasta el dia , desde el canto agudo y chillon del grillo hasta el acento quebrado y bronco de la zambomba. Sucedió en cierta ocasion , que el vecindario de Villaviciosa quiso celebrar una de aquellas funciones que dejan recuerdos indelebles en la memoria de los pueblos. Era el ha del Santo Patron , habla caido una lluvia que aseguraba una abundante cosecha , se había librado la poblacion de las siete décimas que la correspondian en el sorteo de la quinta, en fin habia caido el intendente que tenia sacrificado al ayuntamiento con eternas comisiones de ejecucion y apremios ; esta maravillosa reunion de circunstan cias, habia naturalmente elevado el regocijo á la categoría del entusiasmo; los ricos y los pobres, los casados y los solteros, todos se reunieron en la ca sa-consejo, para deliberar y discutir el proyecto dela funcion que debia celebrarse, con cuyo motivo los lugarenos lucieron sus facultades oratorias pronun ciando discursos que no han pasado á la posteridad por falta de taquígrafos. La reunion decidió quedar en sesion permanente hasta convenir en todos los puntos del programa , el cual tenia ciento cincuenta artículos mas que la constitucion de 1812. El pri mero y principal de los capítulos se referia como era natural al baile de tamboril , y por consecuencia al tamborilero de Villaviciosa. Haré lo posible por ex tractar la sustancia de este capítulo. Convinióse , pues, en que el tamborilero por ex celencia tomaria parte en la festividad, apurando to dos los recursos de un ingenio inagotable, todo bajo la responsabilidad del ayuntamiento, que tomarla las medidas oportunas para evitar una con flagacion europea. Acordóse como ceremonia de órden y tes timonio de consideracion al eminente artista de la comarca, que el dia de la funcion , y al rayar el dia, saldría de su casa el tamborilero acompanado del alcalde, primer regidor, procurador del comun , se cretario del ayuntamiento ó ministro ó alguacil del mismo, para anunciar en todo el pueblo, al son má gico del tambor y la gaita, la inaugacion de la fiesta mónstruo , que debía dejar marcado un punto lumi noso en esa línea interminable que los rronologistas llaman tiempo. Este magnifico preludie (labia de du rar hasta las diez , hora en que debia celebrarse la funcion religiosa, indispensable en 1 a pueblo ver daderamente católico. Despues de comer habia de re petirse la misma ceremonia, siendo acompanado el tamborilero desde su casa á la plaza, donde debia verificarse el gran baile, por los indicados sugetos, y diez vecinos honrados sacados del número de los primeros contribuyentes, todos los cuales habían de ir en traje de etiqueta; esto es, de calzon y botines negros, sombrero calarles, con cinta de pana, y embozados en la capa hasta las cejas, lo que, para esta clase de ceremonias es de todo rigor, lo mismo en invierno cuando cuelga un carámbano en el bor de de cada teja, que en el verano cuando se achi charran los pájaros bajo los mas atroces calores de la canícula. Llegados á la plaza y dispuestas todas las cosas en órden , se daría principio á la fiesta por una gran sinfonía compuesta sobre el tema de las habas verdes, con andante de arpa, timbales y cascabeles, y alegro de jota aragonesa : esta obertura debia ve rificarse á toda orquesta, con coros de ambos sexos, siendo todo ello ejecutado por la sola y única indi vidualidad del tamborilero de Villaviciosa. Despues había de empezar el baile, que debía durar hasta la caida del sol, dejando al arbitrio y buen gusto del artista la eleccion de las tocatas que el mismo debia ejecutar á satisfaccion de todo el mundo, es decir de todo el mundo de Villaviciosa. Discutidos y aprobados los interesantes artículos del programa, se nombró una comision de einco in dividuos, ó si se quiere de cuatro y medio, pues uno de los cinco era tan pequeno de estatura que, á su lado, cualquier enano hubiera parecido jigante, para ajustar al tamborilero, porque lo contrario ha bria sido contar sin la huéspeda. Todo se llevó á ca bo, conforme á las mas severas prescripciones de la etiqueta, y todo anunciaba que el acuerdo comun obtendria la práctica sancion, sin que la Providencia interpusiera el menor obstáculo á la realizacion de tan grandioso y alegre pensamiento. Pero la Provi dencia lo habia ordenado de otro modo : un obstá culo casi insuperable iba á presentarse muy pronto , y este obstáculo, esta dificultad casi invencible, esta cantidad negativa que no habia entrado en ningun cálculo, ?lo creeran ustedes? era el tamborilero de Villaviciosa. Porque ya es llegado el caso de decir que este hombre, no menos apreciable por su ca rácter bondadoso y complaciente que por su mérito artístico, salió con la pata de gallo de decir que no quena tocar. Esta singularidad del tamborilero, incomprensible para muchos no lo es para mí, que he tenido la suerte de nacer y criarme en una aldea, y estoy por lo tanto familiarizado con las monomanias y terque da de los aldeanos. Me acuerdo de un zapatero ami go mio, muy honrado y laborioso que estaba un dia entonando una seguidilla, mientras remendaba unas botas, cuyo cantar empezaba así: La sal de las salinas es dulce y agrio... Dettíveme al oir estos versos, que á pesar de sil falta gramatical despiertan algun interés, y el pícaro zapatero conociendo mi intencion continuó : Es dulce y agrio... la sal de las salinas... es dulce y agrio... la sal de las salinas... es dulce y agrio... Entonces fingí seguir mi camino, y me volví de puntillas aproximándome á la pared; me esperé cinco, diez , quince minutos, inútil treta: el zapatero habia sospechado mi evolucion , y mientras batía la suela ó preparaba los cabos, se burlaba de mi curiosidad con la eterna repeticion de : Es dulce y agrio... la sal de las salinas... es dulce y agrio... etc. Cuando me convencí de que era inútil esperar, me acerqué á mi vecino, diciéndole con la mayor urba nidad, que tendría gusto en saber la conclusion del cantar que habia empezado, á lo que con semblante alegre y afable me contestó : —Pues, ?sabe Vd. que no se lo quiero decir? Como es consiguiente, acudí á la reflexion , á la súplica ; pero en vano ; el zapatero murió al cabo de diez anos, sin satisfacer mi curiosidad, y solo des pues de su muerte quiso complacerme, pues dejó mandado en su testamento que me entregasen una carta cerrada que dejaba para mí, y en la cual, des pues de romper veinte y cuatro sobres, unos pega dos con lacre, otros con obleas y otros con engrudo, me encontré un papel de cigarro que contenia lo si guiente: Y hay autores que dicen : que amarga el caldo. Este rasgo característico del humor y terquedad de los lugarenos, basta para hacer comprender la es travagante negativa del tamborilero de Villaviciosa, á quien todos sus amigos y conciudadanos rogaron, suplicaron, lisongearon y ofrecieron cuanto tenían para obligarle á tocar el dia de la funcion ; pero el maldito tamborilero que aseguraba gozar de buena salud, participar del contento público y desear sacri ficarse por el pueblo de Villavicíosa , decia , como única y concluyente razon de su conducta , que no tocaba porque no quena tocar. Los ruegos y las li sonjas pasaron á insultos y amenazas. El alcalde qui so vencer la repugnancia del tamborilero, diciendo que lo llevaria á la cárcel; los mozos le prometieron una paliza mortal : todo era inútil , el hombre con una indiferencia que rayaba en desden , decia que estaban autorizados para todo, que obrasen como les diese la gana, en la inteligencia de que el no tocaba y que no tocaria , porque no quena tocar. Decidióse entonces buscar otro tamborilero, pero ?qué tamborilero en el mundo podria suplir al de Vi Ilaviciosa? Abrióse de nuevo la sesion , que fué tu multuosa; prodigáronse en ella al tamborilero los insultos mas infamantes y las mas sangrientas ame nazas; propusiéronse mil medios violentos para ven cer la obstinacion de aquel hombre , prevaleciendo al fin la opinion del enano, de quien antes hice men cion , el cual , como hombre de experiencia y buena luz natural , dijo que si el dinero no era capaz de ablandar el corazon del tamborilero, todos los de más medios que se emplearian serian ineficaces. De cir esto el enano y entregar cada cual todo el cobre, plata y oro que llevaban en los bolsillos fué obra de un minuto : ver el tamborilero aquel dinero reunido y decidirse á tocar, fué obra de un momento. Bien supo Quevedo lo que se decia cuando dijo : Y pues él rompe recatos y ablanda al juez mas severo, poderoso caballero es don Dinero. Nadie se acordaba del sacrificio que habia hecho; renació la alegría en toda la poblacion ; los insultos y amenazas dejaron otra vez el puesto á las lisonjas y salutaciones entusiastas. Bailaron los mozos y las mozas , los viudos y los casados, los ninos y los vie jos, observándose á la caida del sol un fenómeno sin ejemplo, y fué que el tamborilero maldito parecia co brar nuevos brios cuando todo el mundo estaba can sado de bailar. Todos los bailarines, es decir, todos los vecinos y vecinas de Villaviciosa , unos rendidos y otros jadeando, se fueron retirando poco á poco, menos el tamborilero, que, sin reparar en la disper sien general, sin hacer caso de haberse quedado so lo, seguia tocando cada vez con mas furia , como si se hubiera propuesto hacer para siempre aborrecibles la gaita y el tamboril : nueva y estravaganté sorpre sa para el pueblo de Villaviciosa. Dieron las ocho, las nueve, las diez, las once de la noche , y el tam borilero seguía tocando , acostóse todo el mundo buscando en el bálsamo del sueno el alivio de la fatiga consiguiente á un día de algazara, pero na die pudo pegar los ojos en toda la noche, porque el tamborilero, paseándose por las calles de Villa viciosa, parecía sacar de su tambor y gaita sonidos infernales que desgarraban el tímpano menos delicado. El dia siguiente fué tan cruel como la noche pa nda: muchos habitantes hablan caldo enfermos, y otros estaban enteramente sordos ; pero confiaban en que el loco se cansaria dé tocar y volverla á la poblacion aquella tranquilidad que todos hechaban de menos. ! Vana confianza! El tamborilero parecia tener de hierro los brazos y los pulmones, y cada vez aumentaba mas el diabólico estrépito que ame nazaba trastornar todas las cabezas. Repitiéronse las súplicas para hacer callar aquel hombre : inútil ten tativa. Encerráronle en un calabozo : necia preocu pacion ; porque, como no habia cometido ningun cri men, fué preciso soltarle y entonces comenzó con mas fuerza que nunca el martilleo de aquel tambor, comparable solo al de los cícoples, y alarido de aquella gaita mas horrible y penetrante que el cuer no de Astolfo. Fué pues, necesario recurrir al medio propuesto anteriormente por el enano, que produjo mayor cantidad que la vez precedente, y dando es ta vez tambien como era natural, los mejores resul tados, pues, efectivamente, el tamborilero abando nó para siempre sus instrumentos para hacerse pro pietario, no estribando en esto principalmente su gloria y su fortuna, sino en haber legado sus hechos á la posteridad, dando asunto para este artículo y motivo para que las gentes de mi tierra digan con mucha frecuencia, cuando alguno tiene dificultad en deshacer lo que habia hecho de mala gana : « este se parece al tamborilero de Villaviciosa que tuvieron que darle mucho dinero por que tocara, y mucho -mas para que lo dejase. » Jefté. ( Leyenda bíblica. ) PRIMERA PARTE. Canto I. J . M. VITtERGAS. Y dijéronle : Ven y sé nuestro príncipe para pelear contra loshi jos de Ammon. Biblia. L. de los Jueces. cap. 11, Y. 46. Cuando el arca de Dios templo tenia de blandas pieles y nevado lino, y el pueblo del Senor no eonocia del regio trono el esplendor divino ; y en la tierra anhelada se engreia orgulloso y feroz con su destino ; la historia aconteció que agora cuento ton fé sencilla, si con pobre acento. Muda estaba la voz de los profetas, apagado el vigor de los guerreros, y las naciones á Israel sugetas aguzando en la sombra los aceros. !Israel, Israel que al cielo retas adorando á los dioses estrangeros, guay, si por tus maldades te destina el cielo á esclavitud, muerte y ruina! Mas no es todo impiedad mengua y locura del israelita en la region estensa, ni todo pecho en su abyeccion impura el vicio acoje y la mentira incierta; de pocos justos la virtud segura hacen de un pueblo soportar la ofensa, y aplazar en la diestra armipotente del supremo furor del rayo ardiente. Honor y prez de la nacion judía, -de noble faz y de modesto labio, varon insigne en Manases vivía, fuerte en la lid, y en el consejo sabio ; baja codicia rechazóle un dia -del patrio hogár, y del fraterno agravio abrigando el dolor, no la venganza, ganoso de luchar asió una lanza. Y allegósele al punto turba fiera él sello del valor viendo en su frente. LA ILUSTRACIÓN BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. 7 y audaz enarbolando su bandera llevó la guerra á la contraria gente; vencedor con los suyos por dó quiera pudo alzarse á la vez rico y potente; mas sobrio en su ambicion, justo y sin dolo por su patria vencer codició solo. Y por ella luchando con desvelo gastó el guerrero sus mejores anos, cogiendo solo de su ingrato suelo larga copia de acerbos desenganos ; por eso ya sin ilusion ni anhelo, vive lejos de propios y de estranos con su Seila no mas, fruto querido, y única prenda de su amor perdido. Era el momento en que callada el ave reposo busca en el vergel sombrío, y en que la brisa que vagó suave duerme en las ondas del diezmado rio. Sin pena el cuerpo sostener no sabe la ardiente calma del pesado estío, Jefté por eso se rindió una siesta al pié de un árbol que dosel le presta. De fresca yerba sobre el blando lecho el caudillo al reposo se abandona, tiene una mano sobre el fuerte pecho y el diestro brazo su cerviz corona ; de sol un rayo penetró deshecho por el verde ramaje, y como zona de menudas estrellas fué pasando, y su rostro apacible iluminando. Mas del semblante varonil y bello ahuyentase de súbito el reposo, erizase en las sienes su cabello, gime el pecho cual lago tormentoso, que de la luz bajando en el destello el ángel de los suenos, misterioso con su cetro al tocar su seno en calma, vision terrible presentó á su alma. Al espíritu grande del Dios justo, sobre la tempestad miró irascible del pueblo ingrato retirarse angosto, velado el rostro en su esplendor terrible, y con ferrea coraza y ceno adusto levantando un rumor desapacible, romper las urnas de inauditos males el Querub de las iras celestiales. Luego como dragones irritados en negra noche que entre !ayos cierra, ejércitos y ejércitos airados precedidos del ángel de la guerra, y el furor y la muerte despiadados, la esclavitud que al generoso aterra, todo con espantoso clamoreo bajar terrible sobre el pueblo hebreo. La Multa sangre por dó quier humea trocando en lagos la feraz campina vapor infecto como nube ondea atrayendo las aves de rapina ; son las ciudades funeraria tea, yendo como rebano que se apina. hasta la infancia en la tormenta impura, cual rota nave á perdicion segura. Y un rumor percibió luego sombrío cual ne hojarasca donde el fuego impera, que acallando el doliente vocerío dijo creciendo en la celeste esfela. « Jefté, levanta, y del nefando impío salva á ese pueblo que morir debiera : » é inundado en sudor, torvo y sanudo abrió los ojos con asombro mudo. Pero á Seila no mas halló á su lado que tierna y temerosa le miraba ; del fruto de la vid tiene colmado leve cesto que el brazo sujetaba , y en la diestra con pámpanos velado ramo de lirios , que del sol guardaba con el conato y cuidadoso alino, que tierna madre al delicado nino. Padre, perdona si turbé tu sueno, dijo la joven candorosa y bella, mas vienen estranteros con empeno buscándote, Senor , tras de mi huella. Y él de su frente despeando el ceno, repuso con blandura á la doncella : Que hallen en nuestro hogar franca acogida, y une al ácimo pan, grata bebida. Y tras ella partió. Mas cual detiene de pasmo yerto el 3egador la planta, la sierpe hollando que la miés contiene y en espiral de pronto se levanta, quedóante el grupo que á su encuentro viene anudada la voz en la garganta. viendo á los mismos que con sana fiera le hcharon del hogar en que naciera. Y ellos presa de un vértigo la mente soportar no pudiendo su mirada, sin que justo rubor cual llama ardiente de púrpura la faz deje banada, conturbados se inclinan: Mas la frente de nevados cabellos coronada alzó de Galaad varon severo, y con noble ademan dijo al guerrero: La paz de Dios sobre tu casa sea. Je/'té. Con vosotros él venga á mi morada. Anciano. Sin que benigno á mí anhelar te vea, no la hollará mi planta fatigada. Jefté. ?Qué de su siervo mi senor desea ? Anciano. Grande es el Dios que fecundó la nada, él nos conduce á sí por hondo arcano, escucha pues mi voz. Jefté. Comienza anciano. Anciano. Prevaricó Israel , y el Filisteo como banda de buitres carnicera, por la tierra que fijé del Amorreo dilató sanguinario su carrera ; Benjamin y Judá fueron trofeo de su ardiente rencor, y en sana tiera de Ammon los hijos el Jordan pasaron , y de Arnon á Sichen nos asolaron. ! Justicia [lié de Dios ! Con fuerte mano entezamos el arco en la campana, mas de Ammon el ejército inhumano en nuestra sangre con furor se bana ; tres veces ! ay! bajo su hierro insano deshechos fuimos con verguenza y sana, y hoy no se alza un varon !suerte irrisoria! que nos lleve á morir, ó á la victoria. Dios contigo Jelté fué por dó quiera, dispuesto al bien tu corazon te halle, el pueblo por caudillo te eligiera, que el peligro comun tu agravio acalle. No habrá quien al tenderse tu bandera ardoroso á su sombra no batalle, juzgando ver en tu potente brio, al invicto Josué contra el itnpio. Apréstate á la lid, la patria llora, y antes que espire en desigual pelea, el noble arrojo que en tu pecho mora valor inspire á la nacion Hebrea : no dejes , no, que cuando así se implora escarnio vil del enemigo sea, y nuestra fuerza y libertad pasadas tiendas para una noche levantadas. Dijo, y Jefté que palpitante oía, con encendida faz y claro acento clamó á su vez. Pues el Senor os guia, el esfuerzo daráme y ardimiento; si guerra ha menester la patria mía. de ella serán mi corazon, mi aliento; pero maldito aquel que el odio inflame, y sin justa razon sangre derrame. Id al campo enemigo, de la oliva al contrario llevad la verde rama, decid que esta nacion noble y altiva la paz le ofrece, y á razon le llama, sabiendo al par si respondiese esquiva la enorme hueste que á Satan aclama, que caerán cual las plagas mas horrendas el Senor y Jefté sobre sus tiendas. (Se continuará.) MAMA MENDOZA, DE VIVES.. 8 LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. Cuadro al vivo. 1. De algun tiempo á esta parte notamos que va generalizándose entre el bello sexo de nuestra ciudad condal, la ridí cula moda parisiense de embadurnarse el rostro con colorete y pintarse los labios con carmin. En el último verano sobre todo, en que, algunas elegantes de torneadas espaldas se propusieron rehabilitar el célebre degollado del si glo xvtu , hubo senoritas que llegaron hasta darse color á la garganta y hom bros, que dejaban poco menos que des cubiertos, y á los brazos y manos. Tambien las hay que se ennegrecen con antimonio el perfil del ojo y las ce jas y pestanas, como las mugeres, de Oriente; si bien estas lo hacen con un polvo negro, impalpable y sútil, no co nocido entre nosotros, que conservan dentro de un frasquito. Este artificio, como es natural, agracia mucho de no che, dando á la fisonomía un encanto y atractivo inesplicables , porque con poca luz parecen mas rasgados los ojos y es mas tierna y seductora la mirada; pero para obtener estos resultados se necesita toda la habilidad de las griegas y la coquetería de las hijas del harem, y esto es pre cisamente lo que les falta á nuestras loquillas. El arrebol tiene el inconveniente de privarles acercarse el panuelo á los labios y narices, para no tenirlo de un color indefinible. Los dias lluviosos particularmente, es muy espuesto salir con albayalde y carmín en el rostro (1). Podria suceder que se des lizasen por las mejillas con la humedad lágrimas de sangre', y que las cejas trazasen un semicírculo com pleto. Entre el número de hermosuras que pasan la ma nana jaspeando su trigueno rostro, se cuentan, y lo decimos con rubor, algunas mugeres ancianas, de esas que andan remilgando de una en otra visita, criticando á todo el mundo, cuando mejor estarian en casa repasando la lencería ó haciendo calzeta. Nuestros lectores quizá tengan noticia de un tal Mister George Clifford , muy conocido por su parti cular acierto en restaurar los escritos casi borrados ó descoloridos de los pergaminos, y el cual llegó á adquirir cierta nombradía en la esposicion universal de Lóndres en 1851. Tal vez los servicios de blister Clifford podrian ser útiles al sexo femenino que tan to abunda en rostros apergaminados por la edad, que á la sombra de los bucles postizos y de los cm tajos de las papalinas se ocultan debajo del colorete. ?Y porqué dudarlo? Si este caballero inglés restaura libros viejos, bien pudiera restaurar mugeres viejas, que al cabo vienen á ser una misma cosa, si hemos de creer á cierto poeta que decia : Yo siempre sigo el consejo De toda muger anciana : Que una vieja casquivana Viene á ser un libro viejo. Lope de Vega y Cervantes tampoco omitieron el hacermencion de este achaque tan comun en las due nas de su siglo. Este último, en la comedia La casa de los zelos, pone en boca de Angélica, cansada de seguir á su ama por caminos y carreras, estos opor tunos versos: ?Cuándo de mis redomillas Veré los blandos afeites Las unturas, losaceites, Las adobadas pastillas? (1) Es bien sabido, segun nos demuestra la química, que las emanaciones de gas s(illido-hídrico que continuamente se desprenden de las letrinas, ennegrecen los objetos gas previamente han sido coloreados por el albayalde. Hay mastodavía : el humo que despide el cigarro, perju dica notablemente el rostro enharinado con dicho afeite. ?Cuándo me daré un buen rato Con reposo y sin sospecha? Que tengo esta cara hecha Una suela de zapato. Cuadro al liso. Don Francisco de Quevedo escribió sobre el mis mo asunto en La fortuita con seso: «Asistiala (á una cnuger casada y rica que se esta ba arrebolando) como asesor de cachivaches, una duena calavera confitada en untos.» ?Y qué diremos de los antifaces de terciopelo ó raso que usaban nuestras abuelas en sus viajes para conservar el cútis, de aquellos preciosos guantes perfumados con ámbar, y de los ridículos peinados con sus bucles, rizos, esencias, pomadas y polvos con que se ataviaban? Para dar mas autoridad á nuestras palabras, con cluiremos diciendo que dichas viejas harta han sido la burla de su propio sexo. Léanse sino los siguien tes versos de la distinguida poetisa Dona María Josefa Massanés de Gonzalez. Mas que Ileveis, noble dama, La frente caduca erguida Con mas flores, gasa y monos, Que canas medio tenidas; Mas que vuestra boca incrusten Seis dracmas de cochinilla, Y el rojo pano de venus Barnice vuestras mejillas, Y el rechoncho cuerpo os prensen Con la ferrada cotilla, Por no bastar la doncella Un par de mozos de esquina ; Mas que encubra el mirinaque Vuestras caderas fornidas, Que oleis á vieja, os advierto, Con los defectos de nina. Por vida vuestra! dejad De llevar cara postiza. Sobrado dicen los hombres Que todo lo nuestro es pifia ; Dad al tiempo lo que es suyo Si sois muger entendida. A testa anciana las canas, A frente moza las cintas. No cabe duda que las viejas presumidas han sido en todos tiempos el descrédito del bello sexo, como lo son hoy dia esas pollitas que, sin necesidad de ello las mas, aplican sobre su cara y garganta la le che de Venus, el koldcream , limazon y varios otros cosméticos y vinagrillos. Y lo mas notable en unas y otras es el poco cuidado y ninguna inteligencia con que en general se sirven de todos estos afeites; pues lejos de dar al semblante el atractivo de la be lleza , aun cuando no fuese sino por breves horas, solo consiguen mover á risa y compasion. Además las mugeres rameras, que por desgracia tanto abundan en las grandes capitales, usan con prodigalidad toda esa clase de untos, y solo por este motivo debieran desterrar nuestras bellas dicha moda francesa, que en vez de hermosearlas las ridi culiza y acaba por marchitar su rostro. MODESTO COSTA Y TURELL. (Se continuará.) Pensamientos. Cuando los hombres 6 las mujeres hablan entre sí de amor, los primeros siempre dicen sobre la mate ria mas de lo que saben , y las segundas siempre sa ben mas de lo que dicen.—Poincelot. La ignorancia afirma ó niega redondamente: la ciencia duda. Cuanto mas ha leido uno, mas instrui do es; y cuanto mas ha meditado, mas en estado se halla de afirmar que no sabe nada.—V. En revolucion nunca se camina mas de prisa que cuando se ignora adónde se va.—Robespierre. Muchas veces las leyes son como las telaranas: los insectos pequenos quedan prendidos en ellas; los grandes las rompen.—Anacarsis. Cada vez que proveo una vacante, hago veinte descontentos y un ingrato.—Luis XIV. Epigrama. BARCELONA ESTÁ TRANQUILA. —?Cómo no duermes Colasa ? —Cállate un poco marido. —Porqué? —Porque siento ruido.... .Si habrá ladrones en casa? —Jesus qué majadería! Duerme sin miedo mujer.... ?Qué ladrones ha de haber Donde hay tanta policía? Portodo lo publicado en este nintero: IVÁNVarona:. Editor responsable, JUAN V AZQUEL Imprenta del Diaato 01113ARC.LONO. cargo de Francisco Gabaiiach , calleNuera de 5. Francisco , nánt• 17. |
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