No. 13 (1 jul. 1858) |
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1.0 DE JULIO DE 1858.
PERIÓDICO UNIVERSAL.
Núm. 13.—Tomo I.
Se suscribe en BARCELONA en la litografia de
D. Juan Vazquez , sucesor de Mahon , rambla
del Centro , núm. 31, y en las principales li
brerias del reino.
—
La correspondencia deberá dirigirse á dicho senor
Vdzonez.
SUMARIO.
La raza dl leen. —Recuerdos de la Habana.—La vuelta del trovador.—
k zapatero remeudon.— La regata en Venecia.—Rerista de la quin
cena.
LÁMINAS: Vista del paseo de San Juan en Barcelona.— Iluminacion á la
rrenedana en los Campos Elf.eos.— Disparo de fuegos artificiales en los
Jardines del Tívoli.— Geroglifico.
PRECIO.
En BARCELONA, por un mes de suscrip
clon, llevados losnúmeros á domicilio. 3 rs.
Fuera de Barcelona, por id., franco de
portes. 3 »
En el estrangero. 6 »
Números sueltos 4 »
La caza del leon,
por Julio Gerard,
gL •DTDD011. DI I1011115, TiNIDDT5 DEL TDDC101 1.111¦1.14TO DaSP•DIS.
(Continuacion.)
STAD seguro de que si al dia siguiente
casais algunas balas a su presencia para
adiestrar vuestra mano, antes de ocho
dias se sabrá á veinte leguas á la redon
da que %llegado á la comarca un trata
,- cés que caza el leon. Se hablará de
vuestra tolla, de vuestra edad y de
vuestra figura. Habla poco, dirán, y
su aspecto es de un hombre valiente;
tira bien y no se mete con los merodea
dores.
Estas últimas palabras tendrán para
vos una trascendencia inmensa, es un
asunto de vida ó de muerte.
Pero habeis respondido negativamen
te á las preguntas capitales:
—?Has muerto ya algun leon? ?Los
has visto? ?Los has oido rugir,» Hasta
ahora ni vuestro semblante tranquilo y
audaz ni vuestra habilidad en el tirar prueban que
matareis el primer leon,
Ha llegado el momento de obrar, enviad á pregun
tar á los douars vecinos si el leen se ha dejado ver
ú oir, ó si se ha llevado alguna res. .
En tanto cine vuelven los mensageros , como no
conoceis el pais y necesitais tur gula seguro, como
los únicos capaces de desempenar semejante oficio,
de noche, á través de los bosques son los ladrones
de profesion , tendreis que asoc;alos un ladron.
Si pedís un merodeador del donar se os reirán á las
barbas y os dirán que allí no hay mas que gente
honrada.
Pedid un hombre que esté acostumbrado á pasear
de noche, ó que no terna la noche, y encontrareis
Veinte todos jóvenes y vigorosos, y entonces esco
ged aquel cuya figura os guste mas.
Habladle de su valor y se mostrará orgulloso; pro
ponedle que os acompane y os dirá que nó rotunda
mente.
Entonces le esplicaréis lo que exigís de él, á sa
ber: que os ensene, desde lejos, la guarida del leon,
los senderos que pisa con mas frecuencia cuando de
ja el bosque para bajar á la llanura, el manantial, el
arroyo donde bebe ordinariamente y si hay algun
vado 6 desfiladero que acostumbre á frecuentar á
menudo. Sobre todo hacedle comprender bien que
no solamente no le pedís que permanezca á vuestro
lado en el momento del peligro, sino que le obliga
réis á que se aleje cuando se acerque el instante de
la lucha. Estad seguro que sabiendo esto el árabe
irá con vos,
Ofrecedle una recompensa si estais contento de
ét ; esto no estará de mas.
Un árabe os viene á decir que el leon se ha lleva
de un buey, ó un caballo á algunas leguas del donar.
Levantad la tienda y t'anchad á plantarla en el sitio
indicado.
Si vuestro guia os dice que conoce el país y que
tiene allí algunos amigos Ileváosle, sino dejadlo ofre
ciéndole una recompensa si os trae buenas noticias,
Encontrareis otro guia en el donar que os recibirá.
Informaos si el leon ruge, si está solo 6 acompa
nado, si se deja ver de dio; hacéosle describir ; pe
ro para mayor seguridad, id vos mismo de día con
%t'estro guia á recorrer los senderos que conducen
á la montana v tratad de ver las pisadas del ani
mal.
Si el terreno fuese seco, buscad un paraje acuoso
ó solamente húmedo, y luego que bayais encontrado
las huellas del leon juzgadle por el pié como sigue :
— poned vuestra mano abierta sobre la huella ,y si
con los dedos separados no tapais las unas del animal
es macho y adulto. Si vuestra mano cubre la huella
es una leona 6 un leo» jóven.
Si no habeis podido lograr ver el pié, buscad bien
juzgareis del animal por los escrernentos que son
idancos y llenos de huesos.
Si son del grueso de la nitifieca pertenecen á un
•
lema macho y adulto; si son mas pequenos á una
leona ó á un leon jóven.
Si los escrementos tienen siquiera veinte y cua
tro horas presentarán un color casi negro.
Aguardad á que la luna dure al menos hasta media
noche; no quisiera que salieseis sin ella.
No os impacienteis , teneis tiempo sobrado; cazar
el leo» en una noche oscura es una locura de la cual
he sido culpable mucho tiempo y que Inc ha espuestu
á perder la vida en diferentes ocasiones.
A pesar de la costumbre que !rabia contraido de
recorrer las montanas en las noches de mas oscuri
dad me ha sucedido equivocarme, y vais á ver por
que feliz casualidad salí sano y salvo del primer en
cuentro que tuve en una noche muy sombría.
Era el mes de febrero de 1845. Hacia algunos me•
ses que habia merecido el honor de recarir de las
manos de Su Alteza Real , el duque de A,umate , una
magnífica escopeta.
Hasta entonces llevaba muertos dos leones y se
me hacía tarde matar el tercero con esta preciosa ar
ma, ilustrada despues por trece victorias, y que nt›
aprecio tanto por haber sido mi companera y mi guar
da durante trescientas noches, como por habérnaura
regalado el príncipe.
Unas calenturas que me atacaron en mis primeras
eseursiones me habian impedido entrar en campana.
Esperando que el aire del mar me baria esperimeu
tar algun alivio trasladéme á Bona á fines de fe
brero.
Habiendo recibido algunas noticias acerca de un
enorme leen viejo que hacia grandes estragos ente«
sus vecinos, en las cercanías del campo de Dreau,
mandé traer mis armas de Ghelma y salí de Bona el
'26 de febrero.
El 27 á las cinco de la tarde llegué á un donar de
los Ouled-Bou-Azizi, situado á media legua de la
guarida de la fiera que, segun decian los ancianos,
hacia mas de treinta anos que se habia establecido
en el Jebel-Krounega.
Al llegar supe que cada tarde , al ponerse el sol,
el leo» rugia al tiempo de abandonar su guarida , y
98 LA iLLIStRACION BARCELONESA, PERIODICO UNIVERSAL.
que por la noche bajaba á la llanura sin dejar de ru
gir á cada momento.
La lucha me pareció casi infalible; por consiguien
te, apresuréme á cargar mis dos escopetas. Apenas
labia terminado esta operacion , la cual debeis prac
ticar con sumo cuidado, oi rugir el leen en la morí:.
tana.
Mi árabe se ofreció á acompanarme al vado que el
leen debla cruzar al bajar ; dile mi segunda esco
peta y partimos.
La noche era tan negra que era imposible verse á
la distancia de dos pasos. Despues de haber marcha
do cosa de un cuarto de hora atravesando bosques
llegamos á la orilla de un riachuelo que corre al pié
del Jebel- Krounega.
Mi gua, conmovido al oir los rugidos del leen
que parecian cada vez Mas cerca, me dijo
está el vado.”
Traté de reconocer el terreno; todo en derredor
mio era negro, y ni siquiera vela al árabe á pesar de
que estaba pegado á mí.
No- pudiendo distinguir nada absolutamente bajé
hasta el riachuelo para hallar, palpando por el suelo,
-alguna huella de Caballería ó el paso de algun reba
no. Era un vado muy encajonado y de difícil acceso:
Habiendo enContrado una piedra que me ofrecia
un asiento, casi á la orilla de la conierte, despedí á
mi gula que no deseaba otra cosa.
En tanto que me esforzaba en reconocer el terre
no el árabe no besaba de decirme:
—Volvámonos al donar, la noche es demasiado
oscura, manana, dé diá , buscaremos el leen.
No atreviéndose á volverle solo se acurrucó en
medio de un espeso de lentiscos á unos cincuenta
P505 de mí.
Despues de haberle encargado que no se menease
oyese lo que quisiese, tome posicion encima de la
piedra.
El leen seguia rugiendo y se acercaba poco á
poco.
Cerré los ojos un buen rato y, al abrirlos, vi que
á mis piés habla un cortado vertical producido segu
ramente por un desbordamiento del riachuelo que
corría á algunos metros mas abajo; el vado estaba á
mi izquierda. En pocos instantes quedó arreglado mi
plan.
Si podia ver al leon en el álveo del riachuelo de
bla tirarle allí, 'pues el cortado podia salvarme si te.
nia la fortuna dé herido gravementé.
Serian las nueve á corta diferencia cuando oí un
rugido á cosa de cien metros á la otra parte del ar
royo.
Preparé mi escopeta, y con el codo Sobre la rodi
lla , la culata apoyada contra el hombro, y los ojos
fijos sobre el agua, que distinguia por Momentos,
agrizrdé.
El tiempo empezaba á parecerme largo Cuando de
Ja orilla opuesta , y exactamente enfrente de mí,
partió un suspiro largo y gutural que tenia algo del
estertor de una persona espirante.
Miré en direccion de este estrano sonido Y distin
guí, dirigidos sobre mí como dos ascuas, los ojos
del leen. La fijeza de esta mirada que arrojaba una
claridad pálida que no iluminaba nada á su alrede
dor , Di siquiera la cabeza de la cual .partia , hizo
refluir Inicia mi corazon toda la sangre de mis venas..
Un minuto antes tiritaba de frio, pero ahora el su
dor inundaba mi frente.
El que no ha visto un leen adulto al estado sal
vaje, muerto ó vivo, puede creer en la posibilid id
de una lucha cuerpo á cuerpo con arma blanca con
este animal. El que lo ha visto sabe que el hombre
delante del leen es el raton entre las unas del gato.
He dicho ya que llevaba muertos dos leones de
los cuales el mas pequeno pesaba quinientas libras.
Este leon habla detenido de un golpe de garra á un
caballo al galope ; caballo y ginete quedaron en el
mismo sitio.
Desde entonces enriela perfectamente los juegos
del leon para estar convencido de lo que podia suce
. derme; así es que el punal no me ha inspirado nun
ca la menor conlianza.
Pero lié aquí lo que me decia y lo que me digo
aun hoy dia: en caso de que una o dos balas no ma
tasen al leen (cosa-muy posible), cuando se arrojará
sobre mí, si resisto el choque, probaré de hacerle
tragar mi escopeta hasta la culata; en seguida, si sus
terribles unas no me han derribado ni aranado, veré
de darle de punaladas en los ojos ó en la rer,eion del
corazon segun la libertad que tenga para obrar y el
estado de mis miembros.
,Si soy derribado por el choque de la embestida,
lo que es mas que probable , con tal que mis manos
queden libres , la izquierda buscará el corazon y la
derecha herirá.
Si al dia siguiente no se encuentran dos cadáveres
abrazados, el ario permanecerá sobre el campo de
batalla y el del leen no estará lejos; el punal dirá lo
demás.
Acababa de desenvainar mi punal y de clavarlo,a1
suelo al alcance de mi mano , cuando los ojos fiel
leen empezaron á descender hacia el arroyo.
Despedíme mentalmente del mundo, prometiendo
morir como hombre y cristiano á las personas que
me son queridas, y cuando mi dedo buscó suave
mente el gatillo me sentí menos Conmovido que el
leon que iba á poner sita pies en el agua:
Oí su primer paso dentro del arroyo que corria
rápidamente y con bastante estrépito, despues•
nada mas. ?Se habla detenido? ?Venia lada mí? Hé
aquí lo que me preguntaba esforzándome en rasgar
el negro velo que lo Mida todo en torno mio ; en
tonces me pareció oir á la izquierda, muy cerca de •
mí, el ruido que sus pisadas Inician en el lodo.
Habia con efecto salido del riachuelo y subia poco
á poco el declive del vado ; Cuando un ligero movi
miento mio lo hizo detener.
Estaba á cuatro ó cinco pasos de diStancia y podia
arrojarse sobre mí de un salto.
Cuando no se ve el canon del fusil es inútil bus
car el punto. ,
Tiré al bulto con la Cabeza alta y los ojos abier
tos la detonacion vi una masa enorme; sin for
ma alguna , poblada de crines. Un rugido espantoso
hendió los aires; el leen estaba fuera de combate.
Al primer grito de dolor sucedieron quejidos sor
dos y amenazadores. Oi como el animal se revolcaba
en el Iodo á la orilla del riachuelo; despees todo
quedó en Silencio.
Creyéndole- muerto; ó cuando menos en estado de
no poderse mover de allí, regresé al donar con mi
gura ; quien, habiéndole oido todo estaba persuadi
do de que el leen era ya nuestro;
Escusado es decir que no cerré los ojos en toda
la noche.
Al nacer el dia estábamos va en el vado; el leen
habia desaparecido. Un hueso del .tamano del dedo
que encontramos en medio de la sangre que el animal
derramara en abundancia me hizo juzgar que tenia
una paletilla rota.
A medio metro del sitio donde yo estuve sentado,
en el cortado del vado, 'labia una gruesa raiz que el
leen habla roto con los dientes.
El dolor que debió esperimentar en este movi
miento ofensivo, y que le obligó á retroceder, pro
dujo sin duda los quejidos que oi , y le hizo renun
ciar á un segundo ataque.
En vano seguimos sus luiellas por la- sangre ; el
riachuelo- por el cual el leen habla bajado nos las
hizo perder este dia.
Al siguiente los árabes del pais á quienes éste
huésped habla inferido serios agravios, persuadidos
de que lo encontrarian muerto, vinieron á propo
nerme que lo buscásemos.
Éramos sesenta; unos á pié y otros á caballo; des
pues de algunas horas de registrar en vano volví al
donar y me disponia á partir cuando oí una infini
dad de disparos y de burras hacia el lado de la mon
tana. No habla que dudar, era el leon.
Partí al galope, y pronto me convencí de que esta
vez no quedarian defraudadas mis esperanzas.
Los árabes.buian en todas direcciones, gritando co
mo furiosos.
Algunos hablan ya salvado el torrante; otros, mas
audaces porque iban montados habiéndole visto ar
rastrarse con mucho trabajo lacia la montana, que
trataba de ganar, se liaban reunido en número de
diez, para rematarlo ( decían): el Cheik los man
daba.
Acababa de cruzar el riachuelo y me preparaba á
bajar de caballo cuando hé aquí que veo á los gine
tes , y el Cheik el primero 5 volver grupas y huir á
todo escape.
El leon , con sus tres piernas sanas , venia persi
guiéndolos, salvando mejor que ellos las rocas y los
'entines , y arrojando unos rugidos tan espantosos
que pusieron á los caballos en un estado que era im
posible poderles gobernar.
Los caballos seguian -corriendo, pero el leen se
labia detenido en un claro de bosque, fiero y ame
nazador.
! Qué bello estaba con su boca abierta, arrojando
sobre toda aquella gente amenazas de muerte ! !Qué
aspecto tan imponente le daba su negra melena, po
blada y erizada, en -tanto que con la cola azotaba
-sus libares con impaciente cólera!
De donde yo me hallaba al sitio donde se habia
parado el leen podia haber unos trescientos pasos;
eché pié á tierra y llamé á un árabe que estaba me
dio escondido para que me tuviese. el caballo.
Entonces vinieron una porCion de ellos corriendo
hácia mi, y para evitar que me :subiesen otra vez ii
caballo y se me llevasen de allí ; tuve que forcejar
para escaparme de sus manos , lo que logré dejando
entre sus dedos parte de mi albornoz por el cual me
tenian cogido.
Algunol intentaron seguirme para hacerme desis
tir; pero á medida que apreatiraba el paso y me
acercaba al leon el numero de loa que venial' detrás
se iba reduciendo.
Uno solo permaneció á mi lado ; era el guia de la
primera noche; -
—Te he reeibido bajo mi tienda, dijo, y he de
responder de tí ante Dios y los hombres: moriré á
tu lado.
El leon habla dejado el claro para penetrar en una
fuerte espesura que habla á unos cuantos pasos mas
allá,
Marchando Con precaucion , dispuesto siempre á
hacer fuego, en vano me esforzaba para distinguir
su huella ; el terreno era pedregoso y el animal no
perilla«ya sangre.
Habla registradd uno tras otro los árboles que
formaban la espesura cuando mi. gula ; que se labia
quedado fuera de ella , me dijo:
-i-La muerte no te quiere ; has pasado tan cerca
del leen que casi lo hal tocado; si tu mirada se hu
biese encontrado con la suya te hubiera muerto an
tes de haberle podido tirar,
Dije-le que arrojase algunas piedras al sitio donde
estaba escondido; á la primera se entreabrió un len
tisco, y el leen , despues de haber dirigido una mi
rada en torno suyo , dió un salto hacia mí.
Quedóse á unos diez pasos de distancia con la
cola tiesa , la melena-sobre los ojos y el cuello ten -
dicto. Su pierna rota, que tenia un poca atrás, le
daba casi el aire de un perdiguero senalando una
pieza.
En el momento que el leo» se descubrió sentéme
en el suelo cubriendo con mis espaldas al árabe que
me abrumaba COD sus Súplicas y sus gritos de: Fue.,
go ! qué haceis! fuego!
Así que me eché la escopeta á la cara , el leen se
acercó dando un pequeno salto de cuatro ó cinco pa
sos, que iba probablemente á repetir ; una hala que
le entró por una pulgada encima del ojo derecho lo
tendió como muerto.
El árabe daba va graCias á Dios cnando el leen,
rehaciéndose, se puso sentado levantándose en se
guida sobre sus Inés traseros como un caballo que se
encahrita.
Otra bala mejor dirigida que la primera, atrave
sándole el corazon, le dejó muerto del todo.
Ál hacer la autopsia de este leon , en Bona, des
cubrí que la bala de la cabeza le habla magullado el
hueso frontal sin romperlo y se le encontró aplasta
da sobre él, fcrinando una pleitelia como la palma
de la Mano y del grosor de tinas diez hojas de papel.
Deducid de esta noticia las consecuencias que gus
teis ; sin embargo , os recomiendo dos cosas: que no
caceis en las noches osciirás y que cargueis vuestra
carabina de la manera que pueda tener mas fuerza
de penetracion.
T.—JOAQUIN MOLA Y M.ARTINEZ.
(Se continuará.)
Recuerdos de la Habana,
TOMADOS DEL AL BUM DE UN VIAJERO ERANCI.S.
1.
De como se embarca en Iley-West, y se desembarca en
la Habana.
El 4 de enero de 181a me desperté en mi cama
rote á bordo del vapor americano Isabel, Estábamos
en el mar de las Antillas, derrotero de la Habana, y
la víspera hablamos tocado en Kev-West, nido de
especuladores de naufragios: Key-West no es toda
via mas que una villa , que será pronto_ una ciudad,
enriquecida con los despojos del náufrago y el coral
de sus bancos de arena. Su poblacion se compone
de prácticos verdaderos pájaros de la tempestad,
que especulan con ella.'
Cuando nosotros abordamos, habla en reparacion
un goce
buque de vapor, que no gastarla allí menos
de doce mil pesos. Cuando la campana nos llamó ti
LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIOBICO UNIVERSAL. 99
bordo, aun habia en el puente muchos de aquellos
marineros que calculan de antemano el valor de una
presa que esperan recibir mas ó menos pronto de
manos de la tempestad. Bajo estos auspicios lúgu
bres se hace el embarque en Key-West, y no es es
trano que los espíritus supersticiosos sientan alguna
aprensmn , sobre todo, si el tiempo es sombrío y el
mar está malo.
Con respecto á nosotros, la luna espléndida que
se reflejaba en las aguas tranquilas del Océano, y la
calma de la adatósfera parecia que se complacian en
desmentir los siniestros presagios de los cuervos de
Key-West. Recogime en mi camarote para dormir,
con la esperanza de llegar la manana siguiente á la
Habana.
Al hacerse de dia me vestí y subí al puente, don
de muchos de mis companeros se hallaban preocupa
dos con la esperanza de descubrir la isla de Cuba.
Los que no han viajado, no conocen el placer de
descubrir despues de una travesía el fin de su viaje;
el sentimiento íntimo de bienestar con que se devora
el espacio, anticipándose al buque con el pensamien
to para apresurar la aproximacion de la tierra cuyo
aspecto se destaca en el horizonte y crece lentamen
te, senalando primero masas (labrares, mas tarde de
talles minuciosos. Muchas veces he atravesado los
mares, pero cualquiera que fuera mi fortuna, he con
templado siempre sus costas con ojos de codicia'y de
satisfaccion.
El sol quebraba sus rayos dorados en las blancas
mmallas que protegen v defienden la entrada del
puerto de la Habana. A la derecha y sobre una playa
menos elevada se ostentaban en pendiente sensible
las casas bajas y pintadas que forman el vasto aria
bal de la ciudad , fuera del recinto de las fortifica
ciones. Algunos signos del faro construido bajo el
gobierno del general O'Donneli , anunciaban la lle
gada periódica del Isabel. Desde la popa estábamos
contemplando la ciudad mas admirada de los fuma
dores. y gozosos con nuestra próxima libertad , di
rigíamos adioses burlescos al buque , aquellas chan
zas y admiraciones sencillas de la tierra prometida
á que deben estar acostumbrados los habitantes nó
madas de- los vapores. En lo mas fuerte de la espata- .
sima de nuestro buen humor, una chalupa con las in':
signas del Consejo de Sanidad nos pidió un cable
de remolque , esto DOS dio que pensar ; los juegos
cesaron , y las lisonondas 'tomaron un aspecto mas
grave. Cada uno reflexionaba en los estragos que
hacia el cólera en la Nueva Orleans, y todos habian
nido hablar de las prudentes é inexorables precaucio
nes de los espanoles en semejantes casos; esta refle
xion se comunicó en seguida , primero chanceándose,
despues con duda, mas tarde con cierta inquietud ,
cuando el piloto con voz perfectamente clara dió la
orden de gobernar hacia la cuarentena. Este fué un
golpe de teatro. ! Una exclamacion se levantó á bor
do! El capitan. descontento, dudaba; pero en este
memento la chalupa se acerco al buque y en medio
de un religioso silencio se entabló el siguiente diá
logo: *- —;De donde vienen Yds?
—IDe Charleston.
—?Donde han tocado Vds?
— En Savannah y Key-Wess.
-
Hay casos de cólera en esos puntos?
—No.
— ienen Vds. pasajeros de Nueva Yorck?
—No, aquí están los pasaportes.
— Guárdenlos Yds. ?Tienen Vds. diarios de Char
leston?
— Si.
Tengan Vds. la bondad de comunicárnoslos.
El capitan se disponia á echarlos en la chalupa,
cuando se le- rogó que los echara al mar. Purificados
por medio del agua salada fueron cogidos y examina
dos. Al cabo de un instante dijo un empleado :
— Diríjanle 'Vds. al lugar de costumbre, en la ra
da; al medio dia les comunicaremos la decision del
Consejo de Sanidad, hasta entonces se les prohibe á
Yds. toda clase de comunicacion, Hasta la vista, capi
tan.
Gobernóse hacia el puerto, y vigilados por una
canoa de la Sanidad, hicimos sin apetito un desayu
no que nos pareció amargo.
Comoes de pensar, los comentarios no escasea
han, y los cigarros se mordian con rabia, desdenan
do el admirar uno de los puertos mas hermosos del
universo. Ni los cocos, ni las palmeras, agitadas
suavemente por el viento, eran capaces de fijar nues
tras miradas: ; nosotros aguardábamos el mediodia;
á mediodia nada !— !La ti ipulacion decia , no nos li bramos: de la cuarentena! Cada canoa que atravesa
La á distancia , era el punto de mira de todos los
ojos.
Si la chalupa de Sanidad viene sola , nos dijo el se
is'ndo, es que no se necesitan los pasaportes.
—i,1( si no se necesitan los pasaportes?
--Es que nadie debe desembarcar.
A la una , un pasajero armado del telescopio , ex
clamó: — !La chalupa! Todo el mundo se poso en
movimiento. El capitan comprendió lo que era, y se
entró en su cámara murmurando. Como por la ma
nana , la chalupa se acercó , y el mismo empleado
preguntó por el capitan. Subió este , y olmos la fra
se inglesa que aun resuena en mis oidos.—La Comi
sMn de Sanidad se reunirá de nuevo esta noche, y
manana le comunicaré á Y. su resolucion ; entretan
to , diríjase Y. á la cuarentena , y enarbole Y. este
pabellon en el mástil de mesana. Abi va el pabellon.
El capitan no se movió ; llamó á un marinero para
que tomase la insignia maldita.
Levantada el ancha, el vapor Isabel fué á colocarse
á 19.0 brazas del ponton, y á poca distancia de algu
nos otros buques con el mismo pabellon.
Todo á bordo_cayó en un estupor profundo, nues
tra suerte estaba decidida , solo se trataba del par
tido que cada uno tornarla. Permanecer á bordo del
ponton era correr los riesgos de cuarentena, si un
buque infestado llegaba, y se trasbordaba un solo
enfermo. Si el cólera se declaraba, no halda ya re
medio; era preciso ó esperar la estincion de la en
fermedad, o morir como un animal hidrófobo, sin
una ruano amiga que nos cuidara , sin una mirada ca
rinosa que nos diera valor. Por mi parte , pues , no
vacilé y determiné cambiar completamente de itine
rario, y regresar á Charleston.
Sin embargo, la cnestion no podia prolongarse
eternamente, y cuando el torrente de imprecaciones
se halda abierto libre paso, los espíritus se calmaron,
y cada uno pensó en buscarse alguna ocupacion. En
tonces nos apercibimos de que estabamos en uno de
los puertos mas hermosos del mundo. Con un sol es
- pléndido, y bajo el cielo azulado de los trópicos, se
destacaban á nuestra vista las perspectivas de una
egetacion nueva. Hileras de cocos y palmeras, ca
sas blancas protegidas por su sombra, líneas azules
que se perdían en el horizonte, y cu.yos detalles nos
revelaba el anteojo de bordo. Los Ferri-boals cruza
ban á cada instante la había, para dirigirse á Regla,
especie de arrabal al otro lado del agua; las embar
caciones, con su tienda redonda, surcaban los alre
dedores, y en las lanchas del puerto, los negros se
nil desnudos ofrecian al rigor del sol su piel negra y
lustrosa, y su vigorosa musculatura. Preciso es con
fesar, que aun desde la cuarentena, el aspecto de la
Habana tiene mucho atractivo, y una originalidad
esencialmente pintoresca,
A poca distancia habia un miserable islote arenoso,
como de treinta pasos de largo. El pabellon amar
lbo flotaba en él sobre un montecillo; ni un árbol, ni
un arbusto reverdecia allí. Este era el paseo consa
grado esclusivamente á los habitantes de la cuaren
tena. Algunos de estos pobres diablos, medio muer
tos de fastidio, abordaban algunas veces, y se vol
vian .muy pronto.
Las canoas no tardaron en presentarse llevando ca.
da una un guardia marina para vigilar la distancia de
jada entre ellos y nosotros. Eran personas que tenian
á bordo parientes ó amigos. Las conversaciones eran
invariablemente las mismas ; todas gritaban sobre la
cuarentena , y si alguna vez eran contradictorias,
solo era para mostrarnos una perspectiva desoladora.
Trajéronse provisiones , y á la sombra de la vasta
tienda , se amontonaron las pinas que nos ayudaron
á pasar el dia. . Llegada la noche , la luna estaba serena y brillan
te, derramando á plomo sobre nuestras cabezas la
claridad mas amorosa ; pero los pasajeros se mostra
ban insensibles it su encanto, y á las nueve todo el
mundo estaba acostado, escepto otro pasajero y yo
que hablamos permanecido en el puente. No podía
mos abandonar tan bello espectáculo, noche tan
magnífica, y fumabanios y hablabamos, apoyados en
la banda. Allí , mucho tiempo despues que reinaba
el mas profundo silencio á borde , entramos en nues
tros camarotes, dispuestos á tornar nuevamente rum
bo al dia siguiente para Charlerston.
Las noticias no eran favorables á la manana si
guiente. El agente de la Companía se acercó en una
canoa , siempre vigilada.
—?Qué noticias? preguntaron diez voces á la vez.
—Malas, respondió él. Anoche tuvo sesion ha Jun
ta de Sanidad , y la única cuestion que se ventilaba
esta manana era saber el número de días de emiren -
tena que se vidrian senalar.
—?De esa manera, no queda esperanza?
—Ninguna.
No quise oir mas. Bajé á mi camarote, y me puse
á escribir una carta á uno de mis amigos que me aguardaba en Matanzas, llena de imprecaciones, en
el díapason de las de Canilla de COrneille. Hecho es
to, volví al puente, justamente cuando se descubria
la chalupa de la Sanidad. La curiosidad fué mínima,
Ya sabiainos nuestra suerte. No obstante, el colo
quio comenzó.
—! Toma! piden los pasaportes.
—i Toma! ! toma! los examinan, y los hombres
de uniforme se consultan en voz baja.
— All right ! pronuncia una voz clara. Nos mira
mos los unos á los otros, nos restregamos ojos y
orejas, y no queríamos dar crédito al testimonio de
nuestros sentidos.
— ! lié! ?qué ha dicho ?
—!MI rigla! repitió la voz; echen Vds, la escala.
Si hubieran cruzado pelicanos en aquel momento
por encima del buque, hubieran caldo redondos
sobre el puente, aturdidos por el inmenso clamoreo
que se levantó: ! gritos bravos! !burras! El oficial
de Sanidad tuvo la imprudencia de subir á bordo,. y
todos se lo disputaban. En la espansion de una ter
nura tan carinosa, la mitad del faldon de la casaca
quedó pendiente de un garfio, y su sombrero hu
biera caldo al mar, si no fuera por la agilidad de un
marinero que lo cogió al vuelo con las tenacillas de
acero, y que se lo restituyó por esta via de comu
nicacion. En seguida vino la flotilla de las canoas ;
los hombres invadieron el puente; las malas fueron
sacadas coa permiso de la Aduana, y dos horas des.
pues, ya no quedaba á bordo del Isabel mas que la
tripulacion, el gato, el cocinero y el empleado de la
Aduana.
De esta manera , despues de tan diversas emocio
nes, pusimos el pié en el muelle de la Habana.
Trad. por MODESTO COSTA Y TERELL.
La vuelta del trovador.
(1340.)
(Ccultinuaci-.n del capítulo VI.)
Don Artal siguió tras estas palabras por los cor
redores que conduelan hácia la puerta principal del
palacio ; el trovador siguió á un paje que en aquel
instante habla abierto una puerta, y le dijo que el
re/ le aguardaba.
El primero siguió su camino con muestras visibles
de agitacion y la faz torva y sombría. Los celos le
atormentaban y estaba loco. Es bien estrafio : los
hombres de su carácter, frios, adustos y egoistas ,
los hombres que menos piensan en sus esposas cuan
do están seguros de su recato, son los mas celosos
v los que mas sufren á la menor sospecha de una in
fidelidad; parece que Dios les castiga con el tormen
to de los celos, para que espien la falta de no tratar
con dulzura á la mujer, á la mujer que se paga mas
que de otra cosa de la dulzura y de palabras cari
nosas.
Era hombre que solo había aprendido á manejar
la espada y que tenia por poderosas razones las es
tocadas. Dejamos adivinar pues como le dejaria Ji
meno cuando se negó á batirse. Estaba furioso y ne
cesitaba verter sangre. Esto pensaba cuando se ale
jaba del real palacio; y como el único medio que te
nia para verterla era aceptar la ofrenda que Jimeno
le hizo de su vida, ciego de encono pensó en apro
vecharse de aquella oferta y deseó que se acercase la
noche para ver espirar á su rival.
La cólera puede ser muchas veces el móvil de ac
ciones cobardes.
Engolfado en mil reflexiones seguia caminando á
acelerado paso, cuando al entrar en la plaza del Tri
go, hoy del Angel, topó cara á cara con don Pedro
de Moncada, almirante de Aragon desde la muerte
de Jeofre Gilaberto de Cruilles. Como iba el de Olms
distraido v preocupado y se encontró con el almi
rante al doblar la esquina, natural era que le empu
jara con violencia hasta hacerle perder casi el equi
librio. El de »meada se asió del mismo don Arta
para no caer y riose de su distraccion.
Sépase que no mediaba entre el de Monea& y el
de Olms la amistad mas sincera. No se decian ene
migos; pero desde mucho tiempo sus palabras cor
tesanas encubrían el odio que mutuamente se gsar
daban por motivos que no nos interesa saber, y 10
que era causa de la humillacion del uno, era siempre
sabido por el otro con contento.
133 LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL.
VISTA DEL PASEO DE SAN JUAN'EN BARCELONA.
LA 1LUST1ACION BARCELONESA, PERIODICO UNIVERSAL. úl
ILUMINACION A LA VENECIANA EN LOS CAMPOS ELÍSEOS.
DISPARO DE FUEGOS ARTIFICIALES EN LOS JARDINES DEL TÍVOLI.
102 LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL
Tenida esta advertencia en consideracion , no se
estranará la escena que tuvo lugar cuando se encon
traron. Rióse don Pedro de Moneada , como lleva
mos dicho , y al mismo tiempo dirigió á don Arlal
estas palabras:
—Cuidado, senor de Olrns, que un tropiezo puede
costar caro.
• —Dispensad, senor almirante. Andaba absorvido
en graves meditaciones.
—Creí que os rendia el sueno, interrumpió el al
mirante en el mismo tono alegre. Como os retirasteis
tan tarde esta noche
Oir estas palabras, medirle don Artal con U1103
ojos que chispeaban de cólera y poner mano con fu
ror en el puno de su espada, fué cosa de un instante.
Mientras desnudaba su acero, un ataque en la cabeza,
efecto de su despecho, le privó de ver los objetos
que tenia delante, le hizo taquear las piernas y caer
al suelo.
El almirante siguió impasible su camino. Los pri
meros que pasaron por aquella esquina , entonces
muy concurrida por su proximidad al palacio gnuyor,
se agruparon al rededor de don Anal para prestarle
ausilio.
VII.
Aquella misma tarde se presentó á la habitacion
de incoo Vidal un paje del senor de Olms , y en
nombre de este le rogó que llegara hasta su casa.
El trovador se trasladó á ella sin poder atinar el ob
jeto de tan estratia entrevista.
A la puerta de una estancia que estaba casi oscu
ra encontró llorando á dolía Tunbor. Entró y vio en
el fondo de la cámara á un enfermo que se revcIvia
en un lujoso lecho, guardándole la cabecera un mé
dico judío.
Los adornos de la cámara estaban en revuelto
desorden, como anunciando la consternacion de que
estaba poseida la familia.
Don Artal sufria un terrible delirio, que desde el
lance de la manana pocos momentos le labia aban
donado. Aquella agitacion y la liebre violenta que
la acompanaba -habla puesto en serios cuidados á su
deslonsolada esposa, y el médico, que era de !os
mas afamados de su tiempo, al ver al anejan° en
aquel estado 'labia declarado que la enfermedad era
muy grave.
flabia llamado en un momento de calma al trova
dor , manifestando que que•ia hablarle y que
despues de haberlo hecho se sentiria aligerado de un
enorme peso. Este era el motivo de haberle enviado
á buscar.
limen° se sentó al lado del médico aguardando
que el enfermo recobrara el conocimiento, y sintién
dose con el corazou oprimido al contemplar el funes
to desenlace de la trama que fraguó su imprudencia.
El silencio sellaba sus labios , y aquella escena
imponente le tenia en un religioso recogimiento.
Ante aquel hombre moribundo no se atrevia ni si
quiera á mirar á dona Timbor , que permanecia al
pié de la cama pálida y llorando á raudales.
Asi se pasaron algunos minutos: en esa quietud
que biela, en ese sibmcio que amedrenta.. y en ese
misterioso influjo que impera al rededor de la muer
te, que hace detener la respiraciou como para no
acelerar con el ruido el fatal golpe de su guadana.
Por fin la afligida dama se dirigió al trovador, saco
de su escarcela un pergamino enrollado y se lo pre
sentó sin decirle una palabra.
limen° Vidal acercóse á una ventana que dejaba
penetrar tan solo un rayo de luz , y puesto sobré el
el billete leyó:
Don Artal : me intereso mucho porque vuestra
honra se conserve ilesa, y no puedo consentir que
seais como otras veces objeto de murmuraciones
a cortesanas. El trovador limen° Vidal se acerca á
Barcelona, donde piensa aprovecharse de vuestra
a ida á Montblanch al lado del rey. Vigilad á vuestra
n esposa. »
»Un caballero que os tiene en mucho.»
Aquella carta le descubrió á medias ,una maquina
cien diabólica urdida contra dona Timbor y contra
el. Devolvi*lu A ésta y le dijo que necesitaba salir.
—?Dónde yais?'16 dijo la dama ; mi esposo quiere
hablaros.
—Me hablará, senora, conteató; pero mientras no
vuelva en sí necesito indagar quien es el cobarde
que tal ha escrito.
Y salió con precipitacion.
Aquella carta cuyo autor sospechaba le hizo creer
que los dos escuderos que habian pasado por so lado
frente de la quinta de don Anal y que 'rabian soltado
aquella carcajada insolente pelan saber algo de la
intriga. Le ahrmaba mas en esta creencia el que du
rante aquel dia habia recibido de varias personas al
gunas chanzas aludiendo á sus amores con dona Tim
bor. El ?Inc se ensanaba contra él debia estar inte
resado en que la ofensa fuera completa , y el mejor
medio era haciendo que acertara á pasar quien pro -
senciara el lance para que luego corriera de boca en
boca.
Recurrió á toda su memoria para tener presente
el blason que aquellos escuderos ostentaban en su
pecho. Recapacitó y por fin pudo recordar un escudo
con ocho bezantes de oro ordenados de dos en dos
sobre fondo gules y rodeado de vistosos larabrequi
nes.
Este era el escudo de la casa de Montada.
Dirigióse corriendo al palacio del almirante, y una
hora despues volvia otra vez en dirección á casa de
don Anal de Olms. Dé aquí el fruto de sus investi
gaciones.
De un escudero de don Pedro de Moncada pudo
saber mediante ruegos y dádivas, que hacia tres dias
!labia llegado á Barcelona un escudero de don Goal
teto de llegues pidiendo permiso para hablar al al
mirante: que aquel escudero le liabia dicho al salir
de la cámara de su senor que venia de Castellon
matando caballos; y que aquella misma noche, por
orden del mismo don Pedro de Ahincada , él y otro
escudero se constituyeron espías para acechar todo
cuanto pasara en la quinta donde moraba dona Tim
bor,, y en cualquiera otro punto donde la dama se
trasladara.
No le quedaba al trovador duda alguna. El autor
de aquella diabólica intriga era don Gualtero tIc llagues, que quiso vengarse cobardemente del desvío
de la noble dama y del correspondido amor de su
rival. Entonces eompiendió porque aquel pérfido ca
ballero turbia faltado á la cita ; antes que decidir de
su venganza la suerte del combate, habla querido
asegurarla con una cobarde escusa y con una trama
para perderle. Los deseos del pérfido don Gualtero
quedaron sobradamente satisfechos; porque la des
honra de dona Timbor estaba en boca de todos, y
su anciano esposo yacía moribundo en el fondo de su
cámara.
Pero, ?cómo habia podido encontrarse en su quin
ta don Anal cuando llegó á ella el trovador? ?Cómo
es que encontramos ya al rey don Pedro en Barcelo
na, siendo asi que todas las personas á quienes ha
bla preguntado limen° durante su venida de Giste--
Don , le aseguraron que el rey se hallaba en Mont
blanch?
Esta contradiccion habrán notado sin duda nues
tros lectores, y habla ocurrido igualmente al trova
dor, no sabiendo darse cuenta de tal misterio. Pero
este se Labia aclarado á sus ojos aquella manana,
cuando al visitar al rey le reprendió este amistosa
mente, porque segun acababan de informarle con su
amor y su imprudencia hahia turbado la tranquilidad
entre dos esposos. Entonces supo por el joven don
Pedro que estando dos dias antes en Montblanch
!labia pedido permiso don Artal de Olms , ocultando
mal la agitacion rpie le alentaba, para trasladarle in
mediatamente á Barcelona , bajo 'pretesto de que le
eouvenia asi para un asunto del cual -pendia su di
çha; qoe le 'rabia contestado don Pedro que el si
guiente dia era el destinado para volver á su querida
ciudad y que podia aguardar tan corto plazo ; mas
que el caballero, usando súplicas en un principio y
descubriéndole que eaigia su pronta marcha una
cuestion de honra, al ver que las suplicas no le con,
vencian, habia podido recabar á tal yevelacion el per
miso que necesitaba.
Un rey como don Pedro IV" podia dejar de
atender á un vasallo que le hablaba en uombre de su
honra amenazada.
Aquella misma manana el anciano don Artal cabal
gaba hacia la ciudad de los Condes.
Una vez aclarada esta duda de nuestros lectores,
sigamos de nuevo al trovador.
Cuando volvió á casa de don Anal le encontró en
reposo, pero muy débil á consecuencia de los ata
ques sufridos durante el ?ha. Al verle entrar el an
ciano pidió que se le acercara.
—N ov á morir, le dijo, y mi esposa queda sola y
deshonrada,.
Los sollozos le embargaron la voz y limen° no
pudo contener una lágrima. La infortunada dama es
taba tendida ea un *divan, no pudiendo .soporaar
aquella escena que previó que seria muy tierna.
—Deshonrada nó, don Artal; os lo juro por la
salvacion de mi alma, dijo el joven.
—No por vuestro amor , sino por algun enemigo
oculto que supo vuestros pasos y se gozó en hacer
público el lance de anoche.
— Sé quien es este enemigo y morirá á mis manos.
Vivid descuidado, caballero, que vuestra honra y la
de vuestra esposa se lavarán con sangre.
—; Vivir!... Nó , Jimeno; soy viejo y no puedo
soportar golpe tan terrible. Moriré pronto.
—No debeis morir todavía. Poneos en calma y sa
nareis. Acordaos de que dona Timbor necesita vues
tro apoyo.
Pareció que estas palabras hicieron mucha irapre
sion al anciano, que vagueó sus ojos por la estancia
como buscando á una persona querida. Despues se
dirigió de nuevo á Jimeno, le pidió su mano que
apretó entre las suyas y le dijo:
—Vos sois bueno, senor Vida,.
—Soy bueno, contestó con acento solemne el tro
vador , y un solo remordimiento me queda; el de
!baberos ocasionado este disgusto que no mereciais.
Mis sentimientos me hicieron traicion y siento que
os encontreis asi, porque de vuestra mano recibiria
con placer la muerte que acallarla mi remordimiento.
—Vuestro amor por mi esposa no me ofende aho
ra que lo Le comprendido. A vos os toca vivir , Ji
tueno.
El trovador se estremeció al sondear todo el sen
tido que el enfermo quena dar á sus Ultima:: pala
bras. Comprendió que bajo aquella corteza dura !Inc
cubria el corazon de don Artal, liabia un fondo no
ble y generoso , y que si no hubiera vivido esclusi
vamente para el gobierno, hubiera sido capaz de ha
cer completamente feliz á dona Tirnbor.
—Yo debla morir, contestóle , y desde ahora os
juro que hoy veo á Nuestra esposa por última vez.
—Un favor os pido, Vidal. Es el último que os
pediré, porque siento mi muerte cercana.
—Pedidlo y os lo concedo mientras no querais mi
deshonra.
—Os quiero honrado y feliz Jirneno, dijo interrum
piendo sus palabras los sollozos. Sois jóven y mi es
posa necesita un apoyo cuando yo muera.
Y apretó la ruano de limen° porque no pudo con
tinoar.
—Mi deber me impide ver mas á dota Tirabor, re
puso éste.
—La tienen por esposa infiel, y si la abandonais
no sobrevivirá á su desventura.
El dolor ahogó en la garganta las últimas palabras,
del anciano y cavó en un profundo abatimiento. Co
'melase que cerca ya de la tumba tenia un remordi
miento por no haber tratado con carino á su esposa.
Agitó su cabeza como si quisiera descargarla de al
gun pensamiento que la oprimiera, y sus ojos se des
encajaron y perdieron su brillo. Aterrado limen° al
ver asomar la muerte por aquellas nubladas faccio
nes, llamó por senas al judío que se habia sentado á
corta distancia esperando que concluyera la entre
vista. La tarde que ya tocaba á su fin y dejaba pe
netrar sus. tibios resplandores por la casi cerrada
ventana, daba un colorido mas imponente á la esce
na. Dona Timbor acudió azorada á una sena del ju
dio y esperó, como se espera una sentencia de muer
te, lo que el sabio iba á decirle.
Este tomó el pulso al enfermo y le dió uir brevaje
que pareció reanimarle un tanto; pero su pestracion
era mucha yal ver que lanzó una mirada estraviada
y vaga y que agitó sus manos crispadas, el Mío des
esperanzó completamente.
Llamó aparte á dona Timbor y díjole que la pre
seneia del módico estaba allí de mas. La muerte de
don Artal era segura y se acercaba. El dolor de la
dama no conoció límites y el llanto era tan copioso
como sincero. El que moria era su esposo, y dona
Tinabor comprendia muy bien sus deberes.
Salió el médico judío y por la misma puerta entró
á no tardar un sacerdote cristiano que prestó los úl
timos ausilios al moribundo.
Solo se oian los sollozos de dona Timbor que ora
ba arrodillada en su reclinatorio y el rumor del rezo
del religioso. Jimeno Viclal tambien rezaba sentado
it .un estremo de la estancia, y á interva!os dirigia á
La afligida dama una mirada indefinible.
Una hora se habia pasado cuando se presentó el
religioso separando los cortinajes que cubrian el le
cho y dijo:
—Rogad por el.
Liviutla dona Timbor arrojó un !ay! envuelto en
un sollozo y Cayó desmayada.
VIII.
Dos di-as despnes el trovador partió de Barcelona
en direccion á Castellon- de Ampurias en busca de
I.AILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. 105
?n Gualtero de Bagues. No hemos de detenernos
siguiendo sus pasos uno á uno, y basta decir que le
envió un reto formal v que le mató en buena lid al
pie de la cruz en donde pocos dias antes le habla
aguardado-en Vano.
Desde allí remitió á dona Tirabor el siguiente bi
llete. .
Senora mia : el traidor ha perearrá mis manos;
» que le haya perdonado Dios como yo le perdoné
» euandcaluchaba con las bascas de la agonía:
» Perdonadme tambien vos el mal que os hice: y
si en medio de vuestra desventura no os ofende una
» mirada al pasado, juzgad cuanto sacrificio es para
»mi una separacion que la conciencia me dieta y
» compadecedme. •
» Seria una 'profanacion dar á otra ,mujer el dora
» zon que ha sido vuestro, y me conoceis demasiado
para que hayais podido sospecharlo siquiera. Dios
» es el único que lo podrá llenar.,
» Os deseo la felicidad que á mí me falta:
«Vuestro trovador.»
Aquel billete causó á la desconsolada dama una
impresion profunda.
Jimeno Vidal hizo un viaje á Avignon y tuvo algu
nas conferencias con el Papa: A poco tiempo salió
orra vez para Espana cubierto con el hábito religioso
y se encerró en un monasterio de Besalú, patria de
su padre.
Allí vivió muchos anos en una vida ejemplar.,
Cuentan que alguna tarde subía el padre Jimeno á
una torre elevada del monasterio y miraba en direc
cion á Barcelona , y luego se arrodillaba enviando al
cielo una oracion pronunciada con voz imperceptible.
JUAN BAUTISTA FERRER.
El zapatero remendon.
Lector ?me has comprendido?
M'ALTERSCOTT.
Por los atos >de 1390 metió mucho ruido en la
Bomanía un tal berilio Attendolo , por los muchos
desmanes que cometió bajo el reinado de Juana II.
Este hombre, hallándose sin recursos para poder
subsistir él v su familia, establecióse en el pueblo de
Cotignola y 'allí ejerció el oficio de zapatero remen
don que había empezado á aprender cuando nino.
Al principio no le faltaron parroquianos, pero lue
go su genio altivo y algo atrevido hizo que todos le
fuesen abandonando. Un día, porque á un chiquillo
de la escuela se le antojó escribir con carbon en el
portal de su casa ibera el zapatero! Attendolo sa
lió hecho una furia, garrote en mano, é insultó al
vecino del lado, á falta del verdadero autor de aquel
rótulo. Viéndose cada dia .mas aborrecido del pueblo
y considerándose con suficiente inteligencia é intre
pidez, se puso al lente de un punado de aventure
ros y ofreció sus servicios al rey de Nápoles. En
poco tiempo adquirid de tal modo su confianza que
llegó casi á ser el sostén del trono..JacoboAttendolo
para alcanzar el favor del monarca todo lo atrope
llaba, hasta lo mas sagrado.
El conde Barbiano no pudo menos de darle el
apellido Sforza, haciendo con ello alusión á las tro
pelías y al dominio que ejercía.
•Attendolo influyó tambien en la eleccion del du
que de 111ilan á quien debia muchos.favores , entre
ellos el haberle dado por esposa á la bella bastarda
Bianta. Las elecciones fueron falseadas de un modo
indigno y con un descaro increible valiéndose de la
fuerza. friunfaron los gibelinos, es cierto, pero mas
tarde cambiaron las cosas, y el favorito de Juana II
se vió humillado por su rival Visconti y escarnecido
por el pueblo, ú quien hizo servir de juguete durante
tantos meses.
Triste suerte la de Jacobo!
En la historia es conocido con el pomposo nombre
de duque de Sforza, que le dió el rey en 1418, pero
el pueblo, y en esto concuerdan todos los historia
dores, se empena el; llamarle el Zapatero remendon.
M. C. y 1'.
La re g ata en Venecia.
(Conclusion.)
Estos ejercidos co:ro otras muchas cosas- venian de los
alabes, de los paises orientales con loscuales Venecia tenia
entonces relaciones de comercio. Arquitectura, trajes y cos
tumbres, todo fui tomado de las ciudades de Constantino
pla, del Kairo, le Pagdad y de Damasco, poblaciones muy
civilizadas entonces, y aun se encuentra fácilmente ese sello
oriental que da á Venecia un carácter aparte en Europa.
Nunca hubo trajo la república maspartidos que los Coste
llani y Nicedofti, partidos que nada tuvieron de polítieba, co
mo se acredito por la historia veneciana en la cual no se en
cuentra vestigio de una guerra civil.
Los veneciaeos tienen generalmente un carácter bueno y
reflexivo, pero tino y burlo!' en esceso: los gondoleros so
bre todo que parecen rcsumir en sí los instintos de su raza,
han conservado mejor que las otras clases el print itho ca
rácter nadonal. Son espirituales, alegres y diestros, carino
sos, fieles y discretos. Su coratou es confiado porque es leal.
Pero si el tipo se ha conservado, el traje y las costumbres
han desaparecida. F.ra un verdadero placer el oir en el si
lema() de la noche á lo: bateleros recitar á imaacien de las
rapsodias griegas, lea estrbfas amorosas del Tasso, en un
canto melancólico con]puesto por ellos, y responderse como
el eco á largas d.stancias. Hoy suelen cantar algunos coros,
pero parecen mas dispuestos it batirse que a conservar la
buena armonía, aunque afortunadamente sus quimeras aca
ban casi siempre en puras baladronadas. Casi nunca se ve
rifica un asesinato allí donde tan fácil esel guardar el incóg
nito, y ocultar el crimen. Los robos, que serien mas fardes
aun, no son menosraros, y solo en las rivalidades de par.
tido es donde los v eneciams aparecen turbulentos y apasio
nados. En 18H, época en que el podestá quiso restablecer
las carreras (te góndolas, halda tantos ódios amasados entre
los dos partidos, que no pudo tener lugar la fiesta á pesar de
haber sido reduciaos la íspera á prision mas de cuatrocien
tos de ros masexaltados. Al ano siguiente, el conde Corre, e
que tiene una grande y merecida influencia sobre el pueblo,
tuvo que persuadir a las masas y apaciguarlas por su dulza
ra inteligente á liii de que pudiera verificarse la Regata.
Contaremos por último un hecho que prueba la hostilidad
permanente de los dos Partirlos. Uno de los pintores mas
distineuidos de Venecia, Eugenio !losa, hizo anos pasados
un cuadro que representoba al célebre castellan /S'oso vence
dor en la última regata , el cual figuraba llegar á su casa lle
no (le la emocion de 'una lucha sosienida valerosamente con el reino, y daba una maná á su esposa, mientras con la
otra agitaba su bandera ictoriosa.
Sentimos no poder reproducir este cuadro para dar una idea de Una de las escenas mas interesantes de Vi-necia ;
pues los gondoleros cuentan con tanto orgullo en mas felpi
llas los estandartes ganados en la regata, como contaban
los pa oídos los que arrancaban á los enemigos de la repú blica. Este cuadro en el cual se en reunidasmas de cincuen
ta personas, está lleno de verdad, de observadon ingeniosa, de un carácter á la vez cómico y C1C1atio. El colorido es en
caniador como la composicion , y solo un veneciano obser
ladee incesante de les rostuinbrts nacionales ha podido im
primir á la obra esa fisonomía original.
Eugenio liosa, antes de dar dicho cuadro al conde de Ar
radies para quien le habla pintado, lo etpusu en la Acalle
rnia de bellas artes. ! Qué humillacion ! dijeron al saberlo
los Nicolotti. !Un castellau vencedor, pinado por un edil.-
ta célebre, y expuesto en las salas de la Academia! Así,
hubo aquellos dios grande agitacion en las tabernas de Ca
nareggio , convocaronse los ofendidos pata deliberar, y el
resultado fue redactar una carta que se envió al director del
Museo. He aquí la carta en dialecto veneciano
Sior Lustrissimo,
«La se recorda, lustrissimo, che se 11011 la fa tirar vía della
Cademia, el quadro del sior Rosa, con quel Castelan, con la
so hendiera de.... in mano; nú, Medalla, clic con le ban
diere, Insumo la polenta, glie lo sfondraremo.»
Traduzcamos esta singular epístola.
Ilustrísimo senor:
«Tened presente, senor ilustrísimo, que si no saeais de
la Academia ese cuadro del senor Rosa con ese cestellan que
tiene su bandera en la ruano; nosotros, Nicolotti, que
con nuestras banderas revolvemos la polenta lo destroza
remos »
Es muy difícil traducir la Última frase por lo cual quere
mos explicarla. Llaman polenta á una torta de inalz que en
tre la gente del pueblo reemplaza con mucha frecuencia al
pan, y para hacerla se sirven de palos 6 astillas de madera
que tiran luego á la calle ó al fuego; porconsiguiente el sen
tido dele frase es este: «Nosotros, Nitolotti, hemos ganado
tantas banderas que cada dia podemos revolver la torta con
una nueva.»
Volvamos al cuadro del senor Rosa. Como los grupos de los
descontentos aumentaban á cada momento en la exposidon,
fué necesario retirar dicho cuadro á fin de mitas las conse
cuencias mas desagradables. Anadamos que el pintor, cas
tellan tambien, habia tenido gran ptaaer en pintar el triun
fo de uno de los suyos; porque los senores que suelen ma
nejar bien el renio, prohíjen ardientemente el partido de sus
gondoleros, y por la tarde en el paseo del fresco sobre el
gran canal, ese corso sin segundo eu Italia , os habla y des.
cubre de pronto una barca rival, abandona la convirsacion,
y se pone á remar con todes sus fuerzas, sin cuidarse de sus
0100S que juzgan esia eonduata muy natural.
Pero hablemos (le la fiesta que nos ocupa en particular,
digamos algo de la regata, esa tiesta le mas brillante y caba
lleresca del puctlo v rueda no.
El origen de la regata remonta á los primeros tiempos de
la repúbiica, en los cuales halda la costumbre de ir todos los
tilas de fiesta á ciertahora á paseo al Lido, y el gobierno pa
ra facilitar la travesía, cuidaba de tener en la orilla suficien
te número de barcas de treinta y cuarenta remos. Los que
no tenien otro tecurso; tomaban el remo, y ejercitaban sus
fuerzas, de lo cual nacleion los desafíos, y como las barcas
partian al mismo tiempo alineadas, de esto vino sin duda ei
nombre de riga , rangee y regala. Esta lucha poco elegante
para el espectador era un gran ejercicio para desarrollar las
fuerzas musculares de los marineros, y habituarles á hacer
largas travesías.
Los senadores, pensando en 'a utilidad que de esto podían
sacar para la marina, idearon un estímulo, y lié aquí por
que en el decreto expedido con motivo de la gran fiesta cele
brada por la redención de las mujeres robadas por los pira -
fas de Trieste en 914, ordenaron y mandaron que la regata
fuese elevada al rango da tiesta nacional.
Este rapto es una de las mas picantes anécdotas de la his
toria a eneciana. Cada ano el Estado casaba doce muchachas
de las masbonitas y pobres con doce mozos escogidos, para
Cuya ceremonia habla quien prestaba á las »yenes ricos ade
nia( s de gusto y valor. Los piratas de Trieste, enemigos de
Venecia, a traidos por el cebo de una excelente presa, vinie
ron se emboscaron los alrededores de la iglesia en que se
celebraban las bodas, y aguardando á que todo el mundo
estuviese reunido, se precipitaron en el templo con las ar
masen la mano, y robaron á estas nuevas sabinas á la sisa
de sus prometidos esposos, que no leudan mas que guirnal
das de llores para defenderlas.
CandianoIII que por este tiempo era (lux de Ventda.
sensible á Seifiejante afrenta, hito inmediatamente armar
barcas. y perseguir á los piratas, encomendando principal
mente esta ndsion á los novios , y hermanos ofendidos, laa
cuales se portaron tan bien , que despues de un encarniza
do combate. trajeron en triunfo á las novias sin que faltase
ninguna (le SI.S preciosas joyas, segun dice la crónica. En
albricias rle cate hecho se celebraron funciones religiosas, y
fiestas públicas en las cuales Venecia desplegó un lujo ea
traordinario como tiene de (a stumbre. Despucs, cuando la
república llegó á su mas alto gtado de esplendor, el espec
táculo martini° de la regata se convirtió en una verdadera
fiesta nacional.
Las grandes regalas de, retadas por el gobierno eran les
juegos olímpicos de la república , teniendo sobre ellos la
entaja de apropiarse á la localidad, esto es, á las lagunas.
y por lo tanto no permitían que los extranjeros fuesen á dis
putar el prem'o los nalto ales.
La eatension de la carrera es (le cuatro millas venecianas.
lo que hace próximálnenta una legua. Empezando á la ex -
treMidad oriental de la ciudad, rerca del jardín público.
atraviesa lodo el puerto, pasa por delante de la Piaaacta
entra en el gran canal que sigue en toda su longitud hasta
Canareggío, alli girando al rededor de una gran liga, v net
a e por el mi uno gran (anal hasta el palacio Foscari durale
se distribuyen los premios.
I as góndolas empleadas en estos ejercicios son tau exce
sivamente delgadas y ligeras, que en el sitio en (pie el gon
dolero coloca los piés tiene una tabla para impedir que si
abra por allí, y hay barras transversales para impedir que
los pies puedan fijarse en otra parte mas que en dicha tabla.
Estas lanchas van cada una guiadas por dos hombres vesti
dos con coloresalgo chillones llevando como es consiguien
te el einturon y gorro del partido á que pertenecen, seaCas
tellani ó Nicolotti. Allí cuela cada partido sus mas fuertes Y
hábiles rernereS, acreditados y examinados en otras difíci
les pruebas. Nadie sin verlos creerá la emocion que en la
ciudad produce la proximidad de la regata, 103 cuidados y
atenriones con que son tratados los luchadores escogidos.
E. tes se retiran, como dicen ellos, á un comento, quince
dias antes, evitando toda lo que puede debilitarlos, y ob
sedando los principios de la mas rigurosa higiene. Si están
'de sei vicio en casa de algun noble, este les dispensa de todo
trabajo; cesan de ser realmente criados, y son mirados corno
bajos, de modo que pueden consagrarse con entera libertad
al combate.
Llegado el dia de la fiesta, cada candidato recibe la ben
diciun paternal, abraza á su familia, re pone al cuello las
lilas preciosas reliquias de San Antonio y de Sau Marcos, y
acompanado de sus amigos va á la parroquia 6 á la igle
sia delle Salida it hater orador]. Muchas veces la harca y
lo: remelos son bendecidos siguiendo los ritos del culto:
despues cuando llega la hora, cogiendo cada cual el remo
foil me piensa anadir una nueva bandera á la gloria de su
Partido. ea á cu'ocarse ante la cuerda que retiene todas ía á
sus in-apetito-os di ales. Al primer canonazo la barrera
cede, y cada uno encorbánduse sobre su ligera nave la haee
colar en el agua
Spumal' onda sollo il replicato ballet- de semi.
Vedlos llegar y desaparecer bajo el gran arco de liaba:
pero esperando la vuelta, los espectadores no permanece
rán impacientes sin saber que hacer, como sucede en las
carreras de nuestros hipódromos, pues no alcanza la i31.1
á recoger todas las maravillas en aquel capado acumuladas.
Aquí, desde el balcon del ilustre palacio de Foscari , des
di lo alto de aquella ventana en la cual iteurique III de
Francia asistió eu Ent á una magnífica regata que se !liza
LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL.
en honor suyo, y para la cual él ofreció el premio con una
magnificencia regia, se ve desenvolverse á derecha é izquier
da el y aslo y soberbio cana/asao con sus palacios que pare
cen agitarse hijo la muchedumbre de que esián atestados;
barcas de todas, las formas y colores cubren de tal modo la
superficie del agua , que podria pasarse de una orilla á la
otra como por un puente. ?Oís esas músicas, esos aplausos,
esos gritos de alegría de la multitud? ! Qué armonía tan
perfecta guardan allí la naturaleza y el arte , y qué belleza
tan original resulta de su conjunto
Este dio, el color negro, vestimenta niveladora de las gón
dolas desaparece bajo las telas de varios colores y trajes pin
torescos de los gondoll ros. Se necesitan además aquel cielo
y aquel sol para armonizar todos aquellos sonidos y todos
aquellos matices.
Los propietariosé inquilinos de los palacios rivalizan igual
mente en la magnificencia y lujo con que decoran sus balco
nes, y en prueba de ello diremos, que durante las fiestas
del congreso de sabios, solo el Patricio Jiovanelli gastó
800,000 zvandzigers.
Cualquiera que sea la decadencia que los acontecimientos
han impreso en las fortunas de una aristocracia tan opulen
ta en otros tiempos, quedan aun algunos residuos que se
adhieren noblemente á los sentimientos nacionales recor
dando las glorias pasadas.
Véasepor un lado góndolas del siglo quince como en los
cuadros de Carpaccio 6 de Juan Benin; en otra parte kaiks
turcos con sus remeros medio desnudos, y hasta remeros
chinos con trajes de todas las épocas.
Disttuguense entre las góndolas pequenos esquifesde cua
tro remos, llamados ballotine , y otros de seis remos á que
dan el nombre de maigherolle. Despues los bissones , gran
des barcas de ocho remeros, decoradas A la antigua, que
llevan encima una especie de solio con gasas de oro y plata,
rayadas de colores vivos llevando así en la popa como en la
proa trofeos de armas y de grupos dorados que representan
amores, sirenas, aves y otras figuras alegóricas. Estos bis
sones llevan tambien el nombre de grosso serpent A causa de
su longitud, de su aguda proa y sobre todo de su agilidad
para serpentear en medio de tantos estorbos; cosa muy
esencial , porqué los barcos de ocho y diez remos tienen el
encargo de preceder á los luchadores y abrirles paso en me
dio del concurso inmenso de barcas que cubren el gran ca
nal. Los jóvenes patricios que equipan estos bissones se ar
rodillan sobro ricos cojines á la proa, y por medio de un
arco lanzan flechas doradas á los gondoleros queno se ponen
pronto en órden; modo alegre y gracioso de llamar á cada
uno al deber sin turbar el contento de la fiesta.
Tambien se ve una imitacion del Bucentauros , ese famoso
nal lo de los Dux, copiado de los antiguos kaiks del Silban.
En una palabra, todo lo que la imaginacion puede inventar
para decorar un buque se pone alli en juego, y cada corpo
racion da para los gastos de una de esas barcas suntuosa,
mente adornada con atributos característicos.
Los chiozones , habitantes de la isla de Chioggia, llaman
la atencion entre todos por sus barcas, sus trajes, sus mú
sicas y su habilidad particular para el remo
En fin, Venecia aparece en esta época de las fieslas Ial
como era en sus buenos tiempos, y la regata de hoy puede
decirse que es la misma de lieurique III, pues los trajes son
idénticos y las colgaduras de los balcones iarubieu. Aquelleis
nombres célebres en la historia de esta ciudad pareceu reso
nar bajo el atrio gótico y destacarse de los hermosos cuadros
venecianos culo tipo iniburtalizarou Ticiano y Pablo el Ye
sones
SI, siempre el mismo pueblo lleno de pasion , de destreza
y de fuerza en sus ejercicios y placeres. Sí, todo el pasado
se desarrolla en el presente que nos rodea probando que no
están olvidadas las antiguas glorias, y que el porvenir pro
mete aun al fénix renacer de sus cenizas.
Un poco de aire, un poro de libertad á esta nacion intell-•
gente, y la yereis avanzar con pasos de gigante por el cami
no de la civilizacion. En sus raptos ole expansion bácia lo
bello. h. eta la perfecciou , rereis que este pueblo no está
contenido por las resistencias fatales de la materia, asi como
no tiene que sostener una lacha mortal con no cielo enemi
go ni con una tierra avara. Todo en aquella naturaleza con
vida á la poesía, A las Orles. á los estudios, en tin , que ele
van el espíritu y civilizan a los hombres.
Mientras se han alejado los combatientes han permitido á
nuestro pen,amiento extraviarse un poco entregándose á los
mas agradables recuerdos; pero el desenlace de la fiesta exi
ge que volvamos al asunto. Hé aqui á los lucbadoros que
reaparecen bajo el puente de Rialto, que llegan, que se
oprimen, y algunos rezagados viendo perdido su esperanza
van á ocultar su tristeza en los fanales solitarios. Escuchad
el rumor de la muchrriumbre . los aplausos y los ; esa
entusiasta aclamacion anuncia el momento de la victoria
hasta las extremidades del canal: un último esfuerzo y el
vencedor se apodera de la bandera encarnada. El segundo
tiene la bandera azul, el tercero verde y el cuarto
Sobre esta última habla CO otro tiempo pintado un lecho»)
que 9f daba en precario en lugar de la bolsa que acomprfia á
las otras banderas. Este lechon era, segun dicen,en memo
ria de un tributo anual que el pairierta de Aquilea, hecho
prisionero en el Mar, se ró obligado o sigar por su escote;
rasgo del camelee nacional dende el Me, hable epigrama en
cuentra siempi e lugar. A la eles.» de ser y encedor a la glo
ria dom.,* begoe de una fi, sía y de un partido, anádese en
este triunfo la dicha de hacer fortuna, porque además del
premio senalado, el venturoso gondolero salta de barca en
barca recibiendo de los espectadores una lluvia de monedas.
Despues , al siguiente dio, aumenta su capital con lo que
recoge en el cuartel donde viven sus partidarios.
Concluida la carrera que tiene lugar á las seis de la tarde,
cada uno se vuelve en su barca y sigue la música que recor
re el canal. Esto produce una coufusion tal, y una multitud
flo:ante lan compacta , que los gondoleros solo se sirven de
sus remos para resistir al choque de las barcas mas fuertes,
y Iodo marcha , no se sabe como, empujado por la corriente
general.
Cuando llega la noche el efecto es mas sorprendente aun;
fuegos de bengala verdes, blancos, de colorde rosa ó viole
ta iluminan aquellos palacios implicados por el reflejo del
agua, realizando asi e- os cuentos de hadas en quesolo se
ven castillos de esmeraldas, de rubíes y de sátiros. Agregad
á esta decoracion las barcas que pasan delante de los dricos
luminosos proyectando sus sombras en las fachadas de los
edificios: despues esos sones armoniosos de las orquestas,
esas bellas noches de brillantes estrellas, esas mujeres fan
tásticamente alumbradas por las luces de calores quer.apare
cen en sus balcones y esperando la brisa del mar y la armo
nía • y creemos que es imposible disfrutar en suenos un es
pectáculo mas poético y delicioso.
Revista de la qulueena.
Si ha de juzgarse del genio público de un pueblo
por el aspecto que presenta en una de esas épocas
del ano en que la alegria y la espansion dan tregua
á sus ocupaciones diarias, podemos decir con razon
que Barcelona va convirtiéndose en una ciudad gra
ve, yque , como-el nino que' abandona sus juegos
bulliciosos para hacer el hombre ú como el pollo que
aspira á ínfulas de gallo, ya no se entrega á sus an
tiguos é inocentes solaces y deja para las aldeas sus
tradicionales diversiones. Hablamos asi al recordar
la poca aninaacion que ha reinado este ano en Barce
lona en las veladas de San Juan y San Pedro.
?Qué se han hecho aquellas bulliciosas turbas pu;
recorriau en anos anteriores las calles y paseos de la
ciudad condal, ora rascando un destemplado guitar
ro, al compás de voces mas destempladas aun, como
deseando privar de las delicias del sueno á los que
preferian el lecho al necio placer de pasar una noche
toledana, ora formando alegres serenatas con voces
é instrumentos mas acordes y artísticos que obliga
ban á dejar las sábanas á las bellas bajo cuyos bal
cones se paraban los galantes rondadores? Si se es
ceptua la serenata que las músicas de los regimien
tos de la guarnicion dieron en obsequio del Exelen
tisimo Senor Capitan general del Principado, y que
reunió en la muralla de mar una selecta concurren
cia, y los conciertos matutinales de los Jardines de
Euterpe , la velada de San Juan hubiera pasado casi
desapercibida, Debemos confesar por consiguiente
que dormimos toda la noche á pierna suelta, lo cual
indica el silencio que reinó en las calles y que al des
pertar con la aurora y al dirigir nuestras miradas á
la falda de Monjuich, no vimos las sendas que con
ducen á las fuentes de este monte ennegrecidas por
las turbas de artesanos que en épocas menos nor,
males subian afanosas á disfrutar del
frescor de la manana cerca de aquellas
fuentes cristalinas.
No hay duda ; las costumbres tradi,
cionales se van ; y las sencillas diver
siones de nuestros padres caen vencidas
ante el influjo de recreos mas aristocrá
ticos, mas prosaicos y sobre todo mas
caros. El artesano que antes se solaza
ba en la taberna ó en el figon de.los
glacis 6 de los arrabales ha tomado po.
sesion del lujoso café chantant y de la
fonda; las chaquetas se han ido prolon
gando basta convertirse en paletós y en
fraques; el percal ha quedado relegado
en las clases mas ínfimas del bello sexo
y el gracioso panuelo se ha trasformado
en mantilla ó en gorro ; la costurera se
presenta como la millonario; los anti
guos espectadores de nuestros teatros
que no se avergonzaban de sentarse en
el patio 6 en la ignominia gastando dos
reales, han avanzado hasta las butacas
y los palcos, y todos, ricos y pobres
han aumentado el presupuesto del lujo
en proporcion tan rápida y 'aterradora
para los padres y esposos sensatos y
económicos, que cualquiera dina que
estarnos nadando en oro y que la pros.
peridad nos ha trastornado el juicio ,
cine ha llegado por fin la dichosa edad
•
de nivelacion social con que suenan los que en tan
mágica trasformacion forzosamente han de subir por
que no pueden bajar mas.
Pero dejémonos de reflexiones morales y corra la
bola que al freir será el reir y al pagar será el llo
rar, porque mas de un elegante de uno y otro sexo
huye de la calle donde vive su sastre 6 su modista
por evitar interpelaciones poco agradables , y la pa
lidez de su rostro depende mas del forzado ayuno
que de otra causa mas noble ; dejemos tambien por
hoy el relato de las funciones animadas que en los
dias festivos han dado los Campos Eliseos con su
iluminacion á la veneciana que tan bellísimo efecto
producia , y los Jardines del Tívoli con sus fuegos'
artificiales sus ascensiones aereostáticas y sus au
tos de fé verificados al compás de la orquesta y con
efigies de canon que querian representar brujas y
santos , y descendiendo á la vida privada, contare
mos un hecho que tal vez no sea verídico, pero que
no por eso deja de ser verosímil.
Pocos dios hace se paseaba por la Rambla uno de
nuestros mas distinguidos actores, y se aproximó á
él con ademan de franqueza y rostro risueno un en
te vestido con un paletó azul plagado de zurcidos
hechos con hilo blanco, pantalon de antiguedad an
tidiluviana que apenas le cubria los tobillos y un
sombrero de color dorado por el sol y de pelo eriza
do como las serpientes de la cabeza de Medusa.
— Amigo rnio, le dijo saludándole lamiliarmente
y estrechándole la mano; estás bueno?
—No tengo el honor de conocer á Y., respondió
el actor con sorpresa y mirándole de piés á cabeza.
— Pronto olvidaste á tu antiguo companero. Lo
estrano porque hemos representado tantas veces
juntos!
—No me acuerdo ?en qué drama ha representado
V. conmigo?
—En el teatro del Liceo. Yo hacia en la Pasion el
papel del gallo.
El actor prorrumpió en una carcajada. Como todo
drama tiene su desenlace, el ente del gallo, conclu
yó por manifestar á su antiguo colega que su bolsi
llo habla resuelto mucho tiempo hacia la gran enes
tion del vacio , y el actor puso mano en el suyo que
no liabia sido tan afortunado.
GRUMO AMADO LARROSA.
ADVERTENCIA.
En el próximo número publicaremos el
plano del ensanche de Barcelona, aprobado
por el Excmo. Ayuntamiento de la misma.
Por todo lo publicado en este número: JUAN Losano Sama.
Editor responsable, JUAN VÁZQUEZ.
Imprenta del DIMITO os B•IICELOM• á cargo de Francisco Gabaisach
calle Nue•a de S. Francisco, núm. 17.
Geroglifico.
SOLOCION DEL ANTILIMOR.
El hombre que no llene elr3ctcr, no es hombre es una con.
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Ilustración barcelonesa, La. No. 13 (1 jul. 1858) |
| Descripció | Conté il·lustracions. Informació addicional del subtítol: Periódico universal |
| Títol addicional | Periódico universal |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1858 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Juan Vázquez, 1858, No. 1 (1 enero 1858) - no. 24 (15 dic. 1858) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b2109794~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Productor | Ardiaca |
| Resolució | 150 ppp |
| Definició | 8 bits |
| Característiques físiques | 35 cm |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300 ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | No. 13 (1 jul. 1858) |
| Transcript | 1.0 DE JULIO DE 1858. PERIÓDICO UNIVERSAL. Núm. 13.—Tomo I. Se suscribe en BARCELONA en la litografia de D. Juan Vazquez , sucesor de Mahon , rambla del Centro , núm. 31, y en las principales li brerias del reino. — La correspondencia deberá dirigirse á dicho senor Vdzonez. SUMARIO. La raza dl leen. —Recuerdos de la Habana.—La vuelta del trovador.— k zapatero remeudon.— La regata en Venecia.—Rerista de la quin cena. LÁMINAS: Vista del paseo de San Juan en Barcelona.— Iluminacion á la rrenedana en los Campos Elf.eos.— Disparo de fuegos artificiales en los Jardines del Tívoli.— Geroglifico. PRECIO. En BARCELONA, por un mes de suscrip clon, llevados losnúmeros á domicilio. 3 rs. Fuera de Barcelona, por id., franco de portes. 3 » En el estrangero. 6 » Números sueltos 4 » La caza del leon, por Julio Gerard, gL •DTDD011. DI I1011115, TiNIDDT5 DEL TDDC101 1.111¦1.14TO DaSP•DIS. (Continuacion.) STAD seguro de que si al dia siguiente casais algunas balas a su presencia para adiestrar vuestra mano, antes de ocho dias se sabrá á veinte leguas á la redon da que %llegado á la comarca un trata ,- cés que caza el leon. Se hablará de vuestra tolla, de vuestra edad y de vuestra figura. Habla poco, dirán, y su aspecto es de un hombre valiente; tira bien y no se mete con los merodea dores. Estas últimas palabras tendrán para vos una trascendencia inmensa, es un asunto de vida ó de muerte. Pero habeis respondido negativamen te á las preguntas capitales: —?Has muerto ya algun leon? ?Los has visto? ?Los has oido rugir,» Hasta ahora ni vuestro semblante tranquilo y audaz ni vuestra habilidad en el tirar prueban que matareis el primer leon, Ha llegado el momento de obrar, enviad á pregun tar á los douars vecinos si el leen se ha dejado ver ú oir, ó si se ha llevado alguna res. . En tanto cine vuelven los mensageros , como no conoceis el pais y necesitais tur gula seguro, como los únicos capaces de desempenar semejante oficio, de noche, á través de los bosques son los ladrones de profesion , tendreis que asoc;alos un ladron. Si pedís un merodeador del donar se os reirán á las barbas y os dirán que allí no hay mas que gente honrada. Pedid un hombre que esté acostumbrado á pasear de noche, ó que no terna la noche, y encontrareis Veinte todos jóvenes y vigorosos, y entonces esco ged aquel cuya figura os guste mas. Habladle de su valor y se mostrará orgulloso; pro ponedle que os acompane y os dirá que nó rotunda mente. Entonces le esplicaréis lo que exigís de él, á sa ber: que os ensene, desde lejos, la guarida del leon, los senderos que pisa con mas frecuencia cuando de ja el bosque para bajar á la llanura, el manantial, el arroyo donde bebe ordinariamente y si hay algun vado 6 desfiladero que acostumbre á frecuentar á menudo. Sobre todo hacedle comprender bien que no solamente no le pedís que permanezca á vuestro lado en el momento del peligro, sino que le obliga réis á que se aleje cuando se acerque el instante de la lucha. Estad seguro que sabiendo esto el árabe irá con vos, Ofrecedle una recompensa si estais contento de ét ; esto no estará de mas. Un árabe os viene á decir que el leon se ha lleva de un buey, ó un caballo á algunas leguas del donar. Levantad la tienda y t'anchad á plantarla en el sitio indicado. Si vuestro guia os dice que conoce el país y que tiene allí algunos amigos Ileváosle, sino dejadlo ofre ciéndole una recompensa si os trae buenas noticias, Encontrareis otro guia en el donar que os recibirá. Informaos si el leon ruge, si está solo 6 acompa nado, si se deja ver de dio; hacéosle describir ; pe ro para mayor seguridad, id vos mismo de día con %t'estro guia á recorrer los senderos que conducen á la montana v tratad de ver las pisadas del ani mal. Si el terreno fuese seco, buscad un paraje acuoso ó solamente húmedo, y luego que bayais encontrado las huellas del leon juzgadle por el pié como sigue : — poned vuestra mano abierta sobre la huella ,y si con los dedos separados no tapais las unas del animal es macho y adulto. Si vuestra mano cubre la huella es una leona 6 un leo» jóven. Si no habeis podido lograr ver el pié, buscad bien juzgareis del animal por los escrernentos que son idancos y llenos de huesos. Si son del grueso de la nitifieca pertenecen á un • lema macho y adulto; si son mas pequenos á una leona ó á un leon jóven. Si los escrementos tienen siquiera veinte y cua tro horas presentarán un color casi negro. Aguardad á que la luna dure al menos hasta media noche; no quisiera que salieseis sin ella. No os impacienteis , teneis tiempo sobrado; cazar el leo» en una noche oscura es una locura de la cual he sido culpable mucho tiempo y que Inc ha espuestu á perder la vida en diferentes ocasiones. A pesar de la costumbre que !rabia contraido de recorrer las montanas en las noches de mas oscuri dad me ha sucedido equivocarme, y vais á ver por que feliz casualidad salí sano y salvo del primer en cuentro que tuve en una noche muy sombría. Era el mes de febrero de 1845. Hacia algunos me• ses que habia merecido el honor de recarir de las manos de Su Alteza Real , el duque de A,umate , una magnífica escopeta. Hasta entonces llevaba muertos dos leones y se me hacía tarde matar el tercero con esta preciosa ar ma, ilustrada despues por trece victorias, y que nt› aprecio tanto por haber sido mi companera y mi guar da durante trescientas noches, como por habérnaura regalado el príncipe. Unas calenturas que me atacaron en mis primeras eseursiones me habian impedido entrar en campana. Esperando que el aire del mar me baria esperimeu tar algun alivio trasladéme á Bona á fines de fe brero. Habiendo recibido algunas noticias acerca de un enorme leen viejo que hacia grandes estragos ente« sus vecinos, en las cercanías del campo de Dreau, mandé traer mis armas de Ghelma y salí de Bona el '26 de febrero. El 27 á las cinco de la tarde llegué á un donar de los Ouled-Bou-Azizi, situado á media legua de la guarida de la fiera que, segun decian los ancianos, hacia mas de treinta anos que se habia establecido en el Jebel-Krounega. Al llegar supe que cada tarde , al ponerse el sol, el leo» rugia al tiempo de abandonar su guarida , y 98 LA iLLIStRACION BARCELONESA, PERIODICO UNIVERSAL. que por la noche bajaba á la llanura sin dejar de ru gir á cada momento. La lucha me pareció casi infalible; por consiguien te, apresuréme á cargar mis dos escopetas. Apenas labia terminado esta operacion , la cual debeis prac ticar con sumo cuidado, oi rugir el leen en la morí:. tana. Mi árabe se ofreció á acompanarme al vado que el leen debla cruzar al bajar ; dile mi segunda esco peta y partimos. La noche era tan negra que era imposible verse á la distancia de dos pasos. Despues de haber marcha do cosa de un cuarto de hora atravesando bosques llegamos á la orilla de un riachuelo que corre al pié del Jebel- Krounega. Mi gua, conmovido al oir los rugidos del leen que parecian cada vez Mas cerca, me dijo está el vado.” Traté de reconocer el terreno; todo en derredor mio era negro, y ni siquiera vela al árabe á pesar de que estaba pegado á mí. No- pudiendo distinguir nada absolutamente bajé hasta el riachuelo para hallar, palpando por el suelo, -alguna huella de Caballería ó el paso de algun reba no. Era un vado muy encajonado y de difícil acceso: Habiendo enContrado una piedra que me ofrecia un asiento, casi á la orilla de la conierte, despedí á mi gula que no deseaba otra cosa. En tanto que me esforzaba en reconocer el terre no el árabe no besaba de decirme: —Volvámonos al donar, la noche es demasiado oscura, manana, dé diá , buscaremos el leen. No atreviéndose á volverle solo se acurrucó en medio de un espeso de lentiscos á unos cincuenta P505 de mí. Despues de haberle encargado que no se menease oyese lo que quisiese, tome posicion encima de la piedra. El leen seguia rugiendo y se acercaba poco á poco. Cerré los ojos un buen rato y, al abrirlos, vi que á mis piés habla un cortado vertical producido segu ramente por un desbordamiento del riachuelo que corría á algunos metros mas abajo; el vado estaba á mi izquierda. En pocos instantes quedó arreglado mi plan. Si podia ver al leon en el álveo del riachuelo de bla tirarle allí, 'pues el cortado podia salvarme si te. nia la fortuna dé herido gravementé. Serian las nueve á corta diferencia cuando oí un rugido á cosa de cien metros á la otra parte del ar royo. Preparé mi escopeta, y con el codo Sobre la rodi lla , la culata apoyada contra el hombro, y los ojos fijos sobre el agua, que distinguia por Momentos, agrizrdé. El tiempo empezaba á parecerme largo Cuando de Ja orilla opuesta , y exactamente enfrente de mí, partió un suspiro largo y gutural que tenia algo del estertor de una persona espirante. Miré en direccion de este estrano sonido Y distin guí, dirigidos sobre mí como dos ascuas, los ojos del leen. La fijeza de esta mirada que arrojaba una claridad pálida que no iluminaba nada á su alrede dor , Di siquiera la cabeza de la cual .partia , hizo refluir Inicia mi corazon toda la sangre de mis venas.. Un minuto antes tiritaba de frio, pero ahora el su dor inundaba mi frente. El que no ha visto un leen adulto al estado sal vaje, muerto ó vivo, puede creer en la posibilid id de una lucha cuerpo á cuerpo con arma blanca con este animal. El que lo ha visto sabe que el hombre delante del leen es el raton entre las unas del gato. He dicho ya que llevaba muertos dos leones de los cuales el mas pequeno pesaba quinientas libras. Este leon habla detenido de un golpe de garra á un caballo al galope ; caballo y ginete quedaron en el mismo sitio. Desde entonces enriela perfectamente los juegos del leon para estar convencido de lo que podia suce . derme; así es que el punal no me ha inspirado nun ca la menor conlianza. Pero lié aquí lo que me decia y lo que me digo aun hoy dia: en caso de que una o dos balas no ma tasen al leen (cosa-muy posible), cuando se arrojará sobre mí, si resisto el choque, probaré de hacerle tragar mi escopeta hasta la culata; en seguida, si sus terribles unas no me han derribado ni aranado, veré de darle de punaladas en los ojos ó en la rer,eion del corazon segun la libertad que tenga para obrar y el estado de mis miembros. ,Si soy derribado por el choque de la embestida, lo que es mas que probable , con tal que mis manos queden libres , la izquierda buscará el corazon y la derecha herirá. Si al dia siguiente no se encuentran dos cadáveres abrazados, el ario permanecerá sobre el campo de batalla y el del leen no estará lejos; el punal dirá lo demás. Acababa de desenvainar mi punal y de clavarlo,a1 suelo al alcance de mi mano , cuando los ojos fiel leen empezaron á descender hacia el arroyo. Despedíme mentalmente del mundo, prometiendo morir como hombre y cristiano á las personas que me son queridas, y cuando mi dedo buscó suave mente el gatillo me sentí menos Conmovido que el leon que iba á poner sita pies en el agua: Oí su primer paso dentro del arroyo que corria rápidamente y con bastante estrépito, despues• nada mas. ?Se habla detenido? ?Venia lada mí? Hé aquí lo que me preguntaba esforzándome en rasgar el negro velo que lo Mida todo en torno mio ; en tonces me pareció oir á la izquierda, muy cerca de • mí, el ruido que sus pisadas Inician en el lodo. Habia con efecto salido del riachuelo y subia poco á poco el declive del vado ; Cuando un ligero movi miento mio lo hizo detener. Estaba á cuatro ó cinco pasos de diStancia y podia arrojarse sobre mí de un salto. Cuando no se ve el canon del fusil es inútil bus car el punto. , Tiré al bulto con la Cabeza alta y los ojos abier tos la detonacion vi una masa enorme; sin for ma alguna , poblada de crines. Un rugido espantoso hendió los aires; el leen estaba fuera de combate. Al primer grito de dolor sucedieron quejidos sor dos y amenazadores. Oi como el animal se revolcaba en el Iodo á la orilla del riachuelo; despees todo quedó en Silencio. Creyéndole- muerto; ó cuando menos en estado de no poderse mover de allí, regresé al donar con mi gura ; quien, habiéndole oido todo estaba persuadi do de que el leen era ya nuestro; Escusado es decir que no cerré los ojos en toda la noche. Al nacer el dia estábamos va en el vado; el leen habia desaparecido. Un hueso del .tamano del dedo que encontramos en medio de la sangre que el animal derramara en abundancia me hizo juzgar que tenia una paletilla rota. A medio metro del sitio donde yo estuve sentado, en el cortado del vado, 'labia una gruesa raiz que el leen habla roto con los dientes. El dolor que debió esperimentar en este movi miento ofensivo, y que le obligó á retroceder, pro dujo sin duda los quejidos que oi , y le hizo renun ciar á un segundo ataque. En vano seguimos sus luiellas por la- sangre ; el riachuelo- por el cual el leen habla bajado nos las hizo perder este dia. Al siguiente los árabes del pais á quienes éste huésped habla inferido serios agravios, persuadidos de que lo encontrarian muerto, vinieron á propo nerme que lo buscásemos. Éramos sesenta; unos á pié y otros á caballo; des pues de algunas horas de registrar en vano volví al donar y me disponia á partir cuando oí una infini dad de disparos y de burras hacia el lado de la mon tana. No habla que dudar, era el leon. Partí al galope, y pronto me convencí de que esta vez no quedarian defraudadas mis esperanzas. Los árabes.buian en todas direcciones, gritando co mo furiosos. Algunos hablan ya salvado el torrante; otros, mas audaces porque iban montados habiéndole visto ar rastrarse con mucho trabajo lacia la montana, que trataba de ganar, se liaban reunido en número de diez, para rematarlo ( decían): el Cheik los man daba. Acababa de cruzar el riachuelo y me preparaba á bajar de caballo cuando hé aquí que veo á los gine tes , y el Cheik el primero 5 volver grupas y huir á todo escape. El leon , con sus tres piernas sanas , venia persi guiéndolos, salvando mejor que ellos las rocas y los 'entines , y arrojando unos rugidos tan espantosos que pusieron á los caballos en un estado que era im posible poderles gobernar. Los caballos seguian -corriendo, pero el leen se labia detenido en un claro de bosque, fiero y ame nazador. ! Qué bello estaba con su boca abierta, arrojando sobre toda aquella gente amenazas de muerte ! !Qué aspecto tan imponente le daba su negra melena, po blada y erizada, en -tanto que con la cola azotaba -sus libares con impaciente cólera! De donde yo me hallaba al sitio donde se habia parado el leen podia haber unos trescientos pasos; eché pié á tierra y llamé á un árabe que estaba me dio escondido para que me tuviese. el caballo. Entonces vinieron una porCion de ellos corriendo hácia mi, y para evitar que me :subiesen otra vez ii caballo y se me llevasen de allí ; tuve que forcejar para escaparme de sus manos , lo que logré dejando entre sus dedos parte de mi albornoz por el cual me tenian cogido. Algunol intentaron seguirme para hacerme desis tir; pero á medida que apreatiraba el paso y me acercaba al leon el numero de loa que venial' detrás se iba reduciendo. Uno solo permaneció á mi lado ; era el guia de la primera noche; - —Te he reeibido bajo mi tienda, dijo, y he de responder de tí ante Dios y los hombres: moriré á tu lado. El leon habla dejado el claro para penetrar en una fuerte espesura que habla á unos cuantos pasos mas allá, Marchando Con precaucion , dispuesto siempre á hacer fuego, en vano me esforzaba para distinguir su huella ; el terreno era pedregoso y el animal no perilla«ya sangre. Habla registradd uno tras otro los árboles que formaban la espesura cuando mi. gula ; que se labia quedado fuera de ella , me dijo: -i-La muerte no te quiere ; has pasado tan cerca del leen que casi lo hal tocado; si tu mirada se hu biese encontrado con la suya te hubiera muerto an tes de haberle podido tirar, Dije-le que arrojase algunas piedras al sitio donde estaba escondido; á la primera se entreabrió un len tisco, y el leen , despues de haber dirigido una mi rada en torno suyo , dió un salto hacia mí. Quedóse á unos diez pasos de distancia con la cola tiesa , la melena-sobre los ojos y el cuello ten - dicto. Su pierna rota, que tenia un poca atrás, le daba casi el aire de un perdiguero senalando una pieza. En el momento que el leo» se descubrió sentéme en el suelo cubriendo con mis espaldas al árabe que me abrumaba COD sus Súplicas y sus gritos de: Fue., go ! qué haceis! fuego! Así que me eché la escopeta á la cara , el leen se acercó dando un pequeno salto de cuatro ó cinco pa sos, que iba probablemente á repetir ; una hala que le entró por una pulgada encima del ojo derecho lo tendió como muerto. El árabe daba va graCias á Dios cnando el leen, rehaciéndose, se puso sentado levantándose en se guida sobre sus Inés traseros como un caballo que se encahrita. Otra bala mejor dirigida que la primera, atrave sándole el corazon, le dejó muerto del todo. Ál hacer la autopsia de este leon , en Bona, des cubrí que la bala de la cabeza le habla magullado el hueso frontal sin romperlo y se le encontró aplasta da sobre él, fcrinando una pleitelia como la palma de la Mano y del grosor de tinas diez hojas de papel. Deducid de esta noticia las consecuencias que gus teis ; sin embargo , os recomiendo dos cosas: que no caceis en las noches osciirás y que cargueis vuestra carabina de la manera que pueda tener mas fuerza de penetracion. T.—JOAQUIN MOLA Y M.ARTINEZ. (Se continuará.) Recuerdos de la Habana, TOMADOS DEL AL BUM DE UN VIAJERO ERANCI.S. 1. De como se embarca en Iley-West, y se desembarca en la Habana. El 4 de enero de 181a me desperté en mi cama rote á bordo del vapor americano Isabel, Estábamos en el mar de las Antillas, derrotero de la Habana, y la víspera hablamos tocado en Kev-West, nido de especuladores de naufragios: Key-West no es toda via mas que una villa , que será pronto_ una ciudad, enriquecida con los despojos del náufrago y el coral de sus bancos de arena. Su poblacion se compone de prácticos verdaderos pájaros de la tempestad, que especulan con ella.' Cuando nosotros abordamos, habla en reparacion un goce buque de vapor, que no gastarla allí menos de doce mil pesos. Cuando la campana nos llamó ti LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIOBICO UNIVERSAL. 99 bordo, aun habia en el puente muchos de aquellos marineros que calculan de antemano el valor de una presa que esperan recibir mas ó menos pronto de manos de la tempestad. Bajo estos auspicios lúgu bres se hace el embarque en Key-West, y no es es trano que los espíritus supersticiosos sientan alguna aprensmn , sobre todo, si el tiempo es sombrío y el mar está malo. Con respecto á nosotros, la luna espléndida que se reflejaba en las aguas tranquilas del Océano, y la calma de la adatósfera parecia que se complacian en desmentir los siniestros presagios de los cuervos de Key-West. Recogime en mi camarote para dormir, con la esperanza de llegar la manana siguiente á la Habana. Al hacerse de dia me vestí y subí al puente, don de muchos de mis companeros se hallaban preocupa dos con la esperanza de descubrir la isla de Cuba. Los que no han viajado, no conocen el placer de descubrir despues de una travesía el fin de su viaje; el sentimiento íntimo de bienestar con que se devora el espacio, anticipándose al buque con el pensamien to para apresurar la aproximacion de la tierra cuyo aspecto se destaca en el horizonte y crece lentamen te, senalando primero masas (labrares, mas tarde de talles minuciosos. Muchas veces he atravesado los mares, pero cualquiera que fuera mi fortuna, he con templado siempre sus costas con ojos de codicia'y de satisfaccion. El sol quebraba sus rayos dorados en las blancas mmallas que protegen v defienden la entrada del puerto de la Habana. A la derecha y sobre una playa menos elevada se ostentaban en pendiente sensible las casas bajas y pintadas que forman el vasto aria bal de la ciudad , fuera del recinto de las fortifica ciones. Algunos signos del faro construido bajo el gobierno del general O'Donneli , anunciaban la lle gada periódica del Isabel. Desde la popa estábamos contemplando la ciudad mas admirada de los fuma dores. y gozosos con nuestra próxima libertad , di rigíamos adioses burlescos al buque , aquellas chan zas y admiraciones sencillas de la tierra prometida á que deben estar acostumbrados los habitantes nó madas de- los vapores. En lo mas fuerte de la espata- . sima de nuestro buen humor, una chalupa con las in': signas del Consejo de Sanidad nos pidió un cable de remolque , esto DOS dio que pensar ; los juegos cesaron , y las lisonondas 'tomaron un aspecto mas grave. Cada uno reflexionaba en los estragos que hacia el cólera en la Nueva Orleans, y todos habian nido hablar de las prudentes é inexorables precaucio nes de los espanoles en semejantes casos; esta refle xion se comunicó en seguida , primero chanceándose, despues con duda, mas tarde con cierta inquietud , cuando el piloto con voz perfectamente clara dió la orden de gobernar hacia la cuarentena. Este fué un golpe de teatro. ! Una exclamacion se levantó á bor do! El capitan. descontento, dudaba; pero en este memento la chalupa se acerco al buque y en medio de un religioso silencio se entabló el siguiente diá logo: *- —;De donde vienen Yds? —IDe Charleston. —?Donde han tocado Vds? — En Savannah y Key-Wess. - Hay casos de cólera en esos puntos? —No. — ienen Vds. pasajeros de Nueva Yorck? —No, aquí están los pasaportes. — Guárdenlos Yds. ?Tienen Vds. diarios de Char leston? — Si. Tengan Vds. la bondad de comunicárnoslos. El capitan se disponia á echarlos en la chalupa, cuando se le- rogó que los echara al mar. Purificados por medio del agua salada fueron cogidos y examina dos. Al cabo de un instante dijo un empleado : — Diríjanle 'Vds. al lugar de costumbre, en la ra da; al medio dia les comunicaremos la decision del Consejo de Sanidad, hasta entonces se les prohibe á Yds. toda clase de comunicacion, Hasta la vista, capi tan. Gobernóse hacia el puerto, y vigilados por una canoa de la Sanidad, hicimos sin apetito un desayu no que nos pareció amargo. Comoes de pensar, los comentarios no escasea han, y los cigarros se mordian con rabia, desdenan do el admirar uno de los puertos mas hermosos del universo. Ni los cocos, ni las palmeras, agitadas suavemente por el viento, eran capaces de fijar nues tras miradas: ; nosotros aguardábamos el mediodia; á mediodia nada !— !La ti ipulacion decia , no nos li bramos: de la cuarentena! Cada canoa que atravesa La á distancia , era el punto de mira de todos los ojos. Si la chalupa de Sanidad viene sola , nos dijo el se is'ndo, es que no se necesitan los pasaportes. —i,1( si no se necesitan los pasaportes? --Es que nadie debe desembarcar. A la una , un pasajero armado del telescopio , ex clamó: — !La chalupa! Todo el mundo se poso en movimiento. El capitan comprendió lo que era, y se entró en su cámara murmurando. Como por la ma nana , la chalupa se acercó , y el mismo empleado preguntó por el capitan. Subió este , y olmos la fra se inglesa que aun resuena en mis oidos.—La Comi sMn de Sanidad se reunirá de nuevo esta noche, y manana le comunicaré á Y. su resolucion ; entretan to , diríjase Y. á la cuarentena , y enarbole Y. este pabellon en el mástil de mesana. Abi va el pabellon. El capitan no se movió ; llamó á un marinero para que tomase la insignia maldita. Levantada el ancha, el vapor Isabel fué á colocarse á 19.0 brazas del ponton, y á poca distancia de algu nos otros buques con el mismo pabellon. Todo á bordo_cayó en un estupor profundo, nues tra suerte estaba decidida , solo se trataba del par tido que cada uno tornarla. Permanecer á bordo del ponton era correr los riesgos de cuarentena, si un buque infestado llegaba, y se trasbordaba un solo enfermo. Si el cólera se declaraba, no halda ya re medio; era preciso ó esperar la estincion de la en fermedad, o morir como un animal hidrófobo, sin una ruano amiga que nos cuidara , sin una mirada ca rinosa que nos diera valor. Por mi parte , pues , no vacilé y determiné cambiar completamente de itine rario, y regresar á Charleston. Sin embargo, la cnestion no podia prolongarse eternamente, y cuando el torrente de imprecaciones se halda abierto libre paso, los espíritus se calmaron, y cada uno pensó en buscarse alguna ocupacion. En tonces nos apercibimos de que estabamos en uno de los puertos mas hermosos del mundo. Con un sol es - pléndido, y bajo el cielo azulado de los trópicos, se destacaban á nuestra vista las perspectivas de una egetacion nueva. Hileras de cocos y palmeras, ca sas blancas protegidas por su sombra, líneas azules que se perdían en el horizonte, y cu.yos detalles nos revelaba el anteojo de bordo. Los Ferri-boals cruza ban á cada instante la había, para dirigirse á Regla, especie de arrabal al otro lado del agua; las embar caciones, con su tienda redonda, surcaban los alre dedores, y en las lanchas del puerto, los negros se nil desnudos ofrecian al rigor del sol su piel negra y lustrosa, y su vigorosa musculatura. Preciso es con fesar, que aun desde la cuarentena, el aspecto de la Habana tiene mucho atractivo, y una originalidad esencialmente pintoresca, A poca distancia habia un miserable islote arenoso, como de treinta pasos de largo. El pabellon amar lbo flotaba en él sobre un montecillo; ni un árbol, ni un arbusto reverdecia allí. Este era el paseo consa grado esclusivamente á los habitantes de la cuaren tena. Algunos de estos pobres diablos, medio muer tos de fastidio, abordaban algunas veces, y se vol vian .muy pronto. Las canoas no tardaron en presentarse llevando ca. da una un guardia marina para vigilar la distancia de jada entre ellos y nosotros. Eran personas que tenian á bordo parientes ó amigos. Las conversaciones eran invariablemente las mismas ; todas gritaban sobre la cuarentena , y si alguna vez eran contradictorias, solo era para mostrarnos una perspectiva desoladora. Trajéronse provisiones , y á la sombra de la vasta tienda , se amontonaron las pinas que nos ayudaron á pasar el dia. . Llegada la noche , la luna estaba serena y brillan te, derramando á plomo sobre nuestras cabezas la claridad mas amorosa ; pero los pasajeros se mostra ban insensibles it su encanto, y á las nueve todo el mundo estaba acostado, escepto otro pasajero y yo que hablamos permanecido en el puente. No podía mos abandonar tan bello espectáculo, noche tan magnífica, y fumabanios y hablabamos, apoyados en la banda. Allí , mucho tiempo despues que reinaba el mas profundo silencio á borde , entramos en nues tros camarotes, dispuestos á tornar nuevamente rum bo al dia siguiente para Charlerston. Las noticias no eran favorables á la manana si guiente. El agente de la Companía se acercó en una canoa , siempre vigilada. —?Qué noticias? preguntaron diez voces á la vez. —Malas, respondió él. Anoche tuvo sesion ha Jun ta de Sanidad , y la única cuestion que se ventilaba esta manana era saber el número de días de emiren - tena que se vidrian senalar. —?De esa manera, no queda esperanza? —Ninguna. No quise oir mas. Bajé á mi camarote, y me puse á escribir una carta á uno de mis amigos que me aguardaba en Matanzas, llena de imprecaciones, en el díapason de las de Canilla de COrneille. Hecho es to, volví al puente, justamente cuando se descubria la chalupa de la Sanidad. La curiosidad fué mínima, Ya sabiainos nuestra suerte. No obstante, el colo quio comenzó. —! Toma! piden los pasaportes. —i Toma! ! toma! los examinan, y los hombres de uniforme se consultan en voz baja. — All right ! pronuncia una voz clara. Nos mira mos los unos á los otros, nos restregamos ojos y orejas, y no queríamos dar crédito al testimonio de nuestros sentidos. — ! lié! ?qué ha dicho ? —!MI rigla! repitió la voz; echen Vds, la escala. Si hubieran cruzado pelicanos en aquel momento por encima del buque, hubieran caldo redondos sobre el puente, aturdidos por el inmenso clamoreo que se levantó: ! gritos bravos! !burras! El oficial de Sanidad tuvo la imprudencia de subir á bordo,. y todos se lo disputaban. En la espansion de una ter nura tan carinosa, la mitad del faldon de la casaca quedó pendiente de un garfio, y su sombrero hu biera caldo al mar, si no fuera por la agilidad de un marinero que lo cogió al vuelo con las tenacillas de acero, y que se lo restituyó por esta via de comu nicacion. En seguida vino la flotilla de las canoas ; los hombres invadieron el puente; las malas fueron sacadas coa permiso de la Aduana, y dos horas des. pues, ya no quedaba á bordo del Isabel mas que la tripulacion, el gato, el cocinero y el empleado de la Aduana. De esta manera , despues de tan diversas emocio nes, pusimos el pié en el muelle de la Habana. Trad. por MODESTO COSTA Y TERELL. La vuelta del trovador. (1340.) (Ccultinuaci-.n del capítulo VI.) Don Artal siguió tras estas palabras por los cor redores que conduelan hácia la puerta principal del palacio ; el trovador siguió á un paje que en aquel instante habla abierto una puerta, y le dijo que el re/ le aguardaba. El primero siguió su camino con muestras visibles de agitacion y la faz torva y sombría. Los celos le atormentaban y estaba loco. Es bien estrafio : los hombres de su carácter, frios, adustos y egoistas , los hombres que menos piensan en sus esposas cuan do están seguros de su recato, son los mas celosos v los que mas sufren á la menor sospecha de una in fidelidad; parece que Dios les castiga con el tormen to de los celos, para que espien la falta de no tratar con dulzura á la mujer, á la mujer que se paga mas que de otra cosa de la dulzura y de palabras cari nosas. Era hombre que solo había aprendido á manejar la espada y que tenia por poderosas razones las es tocadas. Dejamos adivinar pues como le dejaria Ji meno cuando se negó á batirse. Estaba furioso y ne cesitaba verter sangre. Esto pensaba cuando se ale jaba del real palacio; y como el único medio que te nia para verterla era aceptar la ofrenda que Jimeno le hizo de su vida, ciego de encono pensó en apro vecharse de aquella oferta y deseó que se acercase la noche para ver espirar á su rival. La cólera puede ser muchas veces el móvil de ac ciones cobardes. Engolfado en mil reflexiones seguia caminando á acelerado paso, cuando al entrar en la plaza del Tri go, hoy del Angel, topó cara á cara con don Pedro de Moncada, almirante de Aragon desde la muerte de Jeofre Gilaberto de Cruilles. Como iba el de Olms distraido v preocupado y se encontró con el almi rante al doblar la esquina, natural era que le empu jara con violencia hasta hacerle perder casi el equi librio. El de »meada se asió del mismo don Arta para no caer y riose de su distraccion. Sépase que no mediaba entre el de Monea& y el de Olms la amistad mas sincera. No se decian ene migos; pero desde mucho tiempo sus palabras cor tesanas encubrían el odio que mutuamente se gsar daban por motivos que no nos interesa saber, y 10 que era causa de la humillacion del uno, era siempre sabido por el otro con contento. 133 LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. VISTA DEL PASEO DE SAN JUAN'EN BARCELONA. LA 1LUST1ACION BARCELONESA, PERIODICO UNIVERSAL. úl ILUMINACION A LA VENECIANA EN LOS CAMPOS ELÍSEOS. DISPARO DE FUEGOS ARTIFICIALES EN LOS JARDINES DEL TÍVOLI. 102 LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL Tenida esta advertencia en consideracion , no se estranará la escena que tuvo lugar cuando se encon traron. Rióse don Pedro de Moneada , como lleva mos dicho , y al mismo tiempo dirigió á don Arlal estas palabras: —Cuidado, senor de Olrns, que un tropiezo puede costar caro. • —Dispensad, senor almirante. Andaba absorvido en graves meditaciones. —Creí que os rendia el sueno, interrumpió el al mirante en el mismo tono alegre. Como os retirasteis tan tarde esta noche Oir estas palabras, medirle don Artal con U1103 ojos que chispeaban de cólera y poner mano con fu ror en el puno de su espada, fué cosa de un instante. Mientras desnudaba su acero, un ataque en la cabeza, efecto de su despecho, le privó de ver los objetos que tenia delante, le hizo taquear las piernas y caer al suelo. El almirante siguió impasible su camino. Los pri meros que pasaron por aquella esquina , entonces muy concurrida por su proximidad al palacio gnuyor, se agruparon al rededor de don Anal para prestarle ausilio. VII. Aquella misma tarde se presentó á la habitacion de incoo Vidal un paje del senor de Olms , y en nombre de este le rogó que llegara hasta su casa. El trovador se trasladó á ella sin poder atinar el ob jeto de tan estratia entrevista. A la puerta de una estancia que estaba casi oscu ra encontró llorando á dolía Tunbor. Entró y vio en el fondo de la cámara á un enfermo que se revcIvia en un lujoso lecho, guardándole la cabecera un mé dico judío. Los adornos de la cámara estaban en revuelto desorden, como anunciando la consternacion de que estaba poseida la familia. Don Artal sufria un terrible delirio, que desde el lance de la manana pocos momentos le labia aban donado. Aquella agitacion y la liebre violenta que la acompanaba -habla puesto en serios cuidados á su deslonsolada esposa, y el médico, que era de !os mas afamados de su tiempo, al ver al anejan° en aquel estado 'labia declarado que la enfermedad era muy grave. flabia llamado en un momento de calma al trova dor , manifestando que que•ia hablarle y que despues de haberlo hecho se sentiria aligerado de un enorme peso. Este era el motivo de haberle enviado á buscar. limen° se sentó al lado del médico aguardando que el enfermo recobrara el conocimiento, y sintién dose con el corazou oprimido al contemplar el funes to desenlace de la trama que fraguó su imprudencia. El silencio sellaba sus labios , y aquella escena imponente le tenia en un religioso recogimiento. Ante aquel hombre moribundo no se atrevia ni si quiera á mirar á dona Timbor , que permanecia al pié de la cama pálida y llorando á raudales. Asi se pasaron algunos minutos: en esa quietud que biela, en ese sibmcio que amedrenta.. y en ese misterioso influjo que impera al rededor de la muer te, que hace detener la respiraciou como para no acelerar con el ruido el fatal golpe de su guadana. Por fin la afligida dama se dirigió al trovador, saco de su escarcela un pergamino enrollado y se lo pre sentó sin decirle una palabra. limen° Vidal acercóse á una ventana que dejaba penetrar tan solo un rayo de luz , y puesto sobré el el billete leyó: Don Artal : me intereso mucho porque vuestra honra se conserve ilesa, y no puedo consentir que seais como otras veces objeto de murmuraciones a cortesanas. El trovador limen° Vidal se acerca á Barcelona, donde piensa aprovecharse de vuestra a ida á Montblanch al lado del rey. Vigilad á vuestra n esposa. » »Un caballero que os tiene en mucho.» Aquella carta le descubrió á medias ,una maquina cien diabólica urdida contra dona Timbor y contra el. Devolvi*lu A ésta y le dijo que necesitaba salir. —?Dónde yais?'16 dijo la dama ; mi esposo quiere hablaros. —Me hablará, senora, conteató; pero mientras no vuelva en sí necesito indagar quien es el cobarde que tal ha escrito. Y salió con precipitacion. Aquella carta cuyo autor sospechaba le hizo creer que los dos escuderos que habian pasado por so lado frente de la quinta de don Anal y que 'rabian soltado aquella carcajada insolente pelan saber algo de la intriga. Le ahrmaba mas en esta creencia el que du rante aquel dia habia recibido de varias personas al gunas chanzas aludiendo á sus amores con dona Tim bor. El ?Inc se ensanaba contra él debia estar inte resado en que la ofensa fuera completa , y el mejor medio era haciendo que acertara á pasar quien pro - senciara el lance para que luego corriera de boca en boca. Recurrió á toda su memoria para tener presente el blason que aquellos escuderos ostentaban en su pecho. Recapacitó y por fin pudo recordar un escudo con ocho bezantes de oro ordenados de dos en dos sobre fondo gules y rodeado de vistosos larabrequi nes. Este era el escudo de la casa de Montada. Dirigióse corriendo al palacio del almirante, y una hora despues volvia otra vez en dirección á casa de don Anal de Olms. Dé aquí el fruto de sus investi gaciones. De un escudero de don Pedro de Moncada pudo saber mediante ruegos y dádivas, que hacia tres dias !labia llegado á Barcelona un escudero de don Goal teto de llegues pidiendo permiso para hablar al al mirante: que aquel escudero le liabia dicho al salir de la cámara de su senor que venia de Castellon matando caballos; y que aquella misma noche, por orden del mismo don Pedro de Ahincada , él y otro escudero se constituyeron espías para acechar todo cuanto pasara en la quinta donde moraba dona Tim bor,, y en cualquiera otro punto donde la dama se trasladara. No le quedaba al trovador duda alguna. El autor de aquella diabólica intriga era don Gualtero tIc llagues, que quiso vengarse cobardemente del desvío de la noble dama y del correspondido amor de su rival. Entonces eompiendió porque aquel pérfido ca ballero turbia faltado á la cita ; antes que decidir de su venganza la suerte del combate, habla querido asegurarla con una cobarde escusa y con una trama para perderle. Los deseos del pérfido don Gualtero quedaron sobradamente satisfechos; porque la des honra de dona Timbor estaba en boca de todos, y su anciano esposo yacía moribundo en el fondo de su cámara. Pero, ?cómo habia podido encontrarse en su quin ta don Anal cuando llegó á ella el trovador? ?Cómo es que encontramos ya al rey don Pedro en Barcelo na, siendo asi que todas las personas á quienes ha bla preguntado limen° durante su venida de Giste-- Don , le aseguraron que el rey se hallaba en Mont blanch? Esta contradiccion habrán notado sin duda nues tros lectores, y habla ocurrido igualmente al trova dor, no sabiendo darse cuenta de tal misterio. Pero este se Labia aclarado á sus ojos aquella manana, cuando al visitar al rey le reprendió este amistosa mente, porque segun acababan de informarle con su amor y su imprudencia hahia turbado la tranquilidad entre dos esposos. Entonces supo por el joven don Pedro que estando dos dias antes en Montblanch !labia pedido permiso don Artal de Olms , ocultando mal la agitacion rpie le alentaba, para trasladarle in mediatamente á Barcelona , bajo 'pretesto de que le eouvenia asi para un asunto del cual -pendia su di çha; qoe le 'rabia contestado don Pedro que el si guiente dia era el destinado para volver á su querida ciudad y que podia aguardar tan corto plazo ; mas que el caballero, usando súplicas en un principio y descubriéndole que eaigia su pronta marcha una cuestion de honra, al ver que las suplicas no le con, vencian, habia podido recabar á tal yevelacion el per miso que necesitaba. Un rey como don Pedro IV" podia dejar de atender á un vasallo que le hablaba en uombre de su honra amenazada. Aquella misma manana el anciano don Artal cabal gaba hacia la ciudad de los Condes. Una vez aclarada esta duda de nuestros lectores, sigamos de nuevo al trovador. Cuando volvió á casa de don Anal le encontró en reposo, pero muy débil á consecuencia de los ata ques sufridos durante el ?ha. Al verle entrar el an ciano pidió que se le acercara. —N ov á morir, le dijo, y mi esposa queda sola y deshonrada,. Los sollozos le embargaron la voz y limen° no pudo contener una lágrima. La infortunada dama es taba tendida ea un *divan, no pudiendo .soporaar aquella escena que previó que seria muy tierna. —Deshonrada nó, don Artal; os lo juro por la salvacion de mi alma, dijo el joven. —No por vuestro amor , sino por algun enemigo oculto que supo vuestros pasos y se gozó en hacer público el lance de anoche. — Sé quien es este enemigo y morirá á mis manos. Vivid descuidado, caballero, que vuestra honra y la de vuestra esposa se lavarán con sangre. —; Vivir!... Nó , Jimeno; soy viejo y no puedo soportar golpe tan terrible. Moriré pronto. —No debeis morir todavía. Poneos en calma y sa nareis. Acordaos de que dona Timbor necesita vues tro apoyo. Pareció que estas palabras hicieron mucha irapre sion al anciano, que vagueó sus ojos por la estancia como buscando á una persona querida. Despues se dirigió de nuevo á Jimeno, le pidió su mano que apretó entre las suyas y le dijo: —Vos sois bueno, senor Vida,. —Soy bueno, contestó con acento solemne el tro vador , y un solo remordimiento me queda; el de !baberos ocasionado este disgusto que no mereciais. Mis sentimientos me hicieron traicion y siento que os encontreis asi, porque de vuestra mano recibiria con placer la muerte que acallarla mi remordimiento. —Vuestro amor por mi esposa no me ofende aho ra que lo Le comprendido. A vos os toca vivir , Ji tueno. El trovador se estremeció al sondear todo el sen tido que el enfermo quena dar á sus Ultima:: pala bras. Comprendió que bajo aquella corteza dura !Inc cubria el corazon de don Artal, liabia un fondo no ble y generoso , y que si no hubiera vivido esclusi vamente para el gobierno, hubiera sido capaz de ha cer completamente feliz á dona Tirnbor. —Yo debla morir, contestóle , y desde ahora os juro que hoy veo á Nuestra esposa por última vez. —Un favor os pido, Vidal. Es el último que os pediré, porque siento mi muerte cercana. —Pedidlo y os lo concedo mientras no querais mi deshonra. —Os quiero honrado y feliz Jirneno, dijo interrum piendo sus palabras los sollozos. Sois jóven y mi es posa necesita un apoyo cuando yo muera. Y apretó la ruano de limen° porque no pudo con tinoar. —Mi deber me impide ver mas á dota Tirabor, re puso éste. —La tienen por esposa infiel, y si la abandonais no sobrevivirá á su desventura. El dolor ahogó en la garganta las últimas palabras, del anciano y cavó en un profundo abatimiento. Co 'melase que cerca ya de la tumba tenia un remordi miento por no haber tratado con carino á su esposa. Agitó su cabeza como si quisiera descargarla de al gun pensamiento que la oprimiera, y sus ojos se des encajaron y perdieron su brillo. Aterrado limen° al ver asomar la muerte por aquellas nubladas faccio nes, llamó por senas al judío que se habia sentado á corta distancia esperando que concluyera la entre vista. La tarde que ya tocaba á su fin y dejaba pe netrar sus. tibios resplandores por la casi cerrada ventana, daba un colorido mas imponente á la esce na. Dona Timbor acudió azorada á una sena del ju dio y esperó, como se espera una sentencia de muer te, lo que el sabio iba á decirle. Este tomó el pulso al enfermo y le dió uir brevaje que pareció reanimarle un tanto; pero su pestracion era mucha yal ver que lanzó una mirada estraviada y vaga y que agitó sus manos crispadas, el Mío des esperanzó completamente. Llamó aparte á dona Timbor y díjole que la pre seneia del módico estaba allí de mas. La muerte de don Artal era segura y se acercaba. El dolor de la dama no conoció límites y el llanto era tan copioso como sincero. El que moria era su esposo, y dona Tinabor comprendia muy bien sus deberes. Salió el médico judío y por la misma puerta entró á no tardar un sacerdote cristiano que prestó los úl timos ausilios al moribundo. Solo se oian los sollozos de dona Timbor que ora ba arrodillada en su reclinatorio y el rumor del rezo del religioso. Jimeno Viclal tambien rezaba sentado it .un estremo de la estancia, y á interva!os dirigia á La afligida dama una mirada indefinible. Una hora se habia pasado cuando se presentó el religioso separando los cortinajes que cubrian el le cho y dijo: —Rogad por el. Liviutla dona Timbor arrojó un !ay! envuelto en un sollozo y Cayó desmayada. VIII. Dos di-as despnes el trovador partió de Barcelona en direccion á Castellon- de Ampurias en busca de I.AILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. 105 ?n Gualtero de Bagues. No hemos de detenernos siguiendo sus pasos uno á uno, y basta decir que le envió un reto formal v que le mató en buena lid al pie de la cruz en donde pocos dias antes le habla aguardado-en Vano. Desde allí remitió á dona Tirabor el siguiente bi llete. . Senora mia : el traidor ha perearrá mis manos; » que le haya perdonado Dios como yo le perdoné » euandcaluchaba con las bascas de la agonía: » Perdonadme tambien vos el mal que os hice: y si en medio de vuestra desventura no os ofende una » mirada al pasado, juzgad cuanto sacrificio es para »mi una separacion que la conciencia me dieta y » compadecedme. • » Seria una 'profanacion dar á otra ,mujer el dora » zon que ha sido vuestro, y me conoceis demasiado para que hayais podido sospecharlo siquiera. Dios » es el único que lo podrá llenar., » Os deseo la felicidad que á mí me falta: «Vuestro trovador.» Aquel billete causó á la desconsolada dama una impresion profunda. Jimeno Vidal hizo un viaje á Avignon y tuvo algu nas conferencias con el Papa: A poco tiempo salió orra vez para Espana cubierto con el hábito religioso y se encerró en un monasterio de Besalú, patria de su padre. Allí vivió muchos anos en una vida ejemplar., Cuentan que alguna tarde subía el padre Jimeno á una torre elevada del monasterio y miraba en direc cion á Barcelona , y luego se arrodillaba enviando al cielo una oracion pronunciada con voz imperceptible. JUAN BAUTISTA FERRER. El zapatero remendon. Lector ?me has comprendido? M'ALTERSCOTT. Por los atos >de 1390 metió mucho ruido en la Bomanía un tal berilio Attendolo , por los muchos desmanes que cometió bajo el reinado de Juana II. Este hombre, hallándose sin recursos para poder subsistir él v su familia, establecióse en el pueblo de Cotignola y 'allí ejerció el oficio de zapatero remen don que había empezado á aprender cuando nino. Al principio no le faltaron parroquianos, pero lue go su genio altivo y algo atrevido hizo que todos le fuesen abandonando. Un día, porque á un chiquillo de la escuela se le antojó escribir con carbon en el portal de su casa ibera el zapatero! Attendolo sa lió hecho una furia, garrote en mano, é insultó al vecino del lado, á falta del verdadero autor de aquel rótulo. Viéndose cada dia .mas aborrecido del pueblo y considerándose con suficiente inteligencia é intre pidez, se puso al lente de un punado de aventure ros y ofreció sus servicios al rey de Nápoles. En poco tiempo adquirid de tal modo su confianza que llegó casi á ser el sostén del trono..JacoboAttendolo para alcanzar el favor del monarca todo lo atrope llaba, hasta lo mas sagrado. El conde Barbiano no pudo menos de darle el apellido Sforza, haciendo con ello alusión á las tro pelías y al dominio que ejercía. •Attendolo influyó tambien en la eleccion del du que de 111ilan á quien debia muchos.favores , entre ellos el haberle dado por esposa á la bella bastarda Bianta. Las elecciones fueron falseadas de un modo indigno y con un descaro increible valiéndose de la fuerza. friunfaron los gibelinos, es cierto, pero mas tarde cambiaron las cosas, y el favorito de Juana II se vió humillado por su rival Visconti y escarnecido por el pueblo, ú quien hizo servir de juguete durante tantos meses. Triste suerte la de Jacobo! En la historia es conocido con el pomposo nombre de duque de Sforza, que le dió el rey en 1418, pero el pueblo, y en esto concuerdan todos los historia dores, se empena el; llamarle el Zapatero remendon. M. C. y 1'. La re g ata en Venecia. (Conclusion.) Estos ejercidos co:ro otras muchas cosas- venian de los alabes, de los paises orientales con loscuales Venecia tenia entonces relaciones de comercio. Arquitectura, trajes y cos tumbres, todo fui tomado de las ciudades de Constantino pla, del Kairo, le Pagdad y de Damasco, poblaciones muy civilizadas entonces, y aun se encuentra fácilmente ese sello oriental que da á Venecia un carácter aparte en Europa. Nunca hubo trajo la república maspartidos que los Coste llani y Nicedofti, partidos que nada tuvieron de polítieba, co mo se acredito por la historia veneciana en la cual no se en cuentra vestigio de una guerra civil. Los veneciaeos tienen generalmente un carácter bueno y reflexivo, pero tino y burlo!' en esceso: los gondoleros so bre todo que parecen rcsumir en sí los instintos de su raza, han conservado mejor que las otras clases el print itho ca rácter nadonal. Son espirituales, alegres y diestros, carino sos, fieles y discretos. Su coratou es confiado porque es leal. Pero si el tipo se ha conservado, el traje y las costumbres han desaparecida. F.ra un verdadero placer el oir en el si lema() de la noche á lo: bateleros recitar á imaacien de las rapsodias griegas, lea estrbfas amorosas del Tasso, en un canto melancólico con]puesto por ellos, y responderse como el eco á largas d.stancias. Hoy suelen cantar algunos coros, pero parecen mas dispuestos it batirse que a conservar la buena armonía, aunque afortunadamente sus quimeras aca ban casi siempre en puras baladronadas. Casi nunca se ve rifica un asesinato allí donde tan fácil esel guardar el incóg nito, y ocultar el crimen. Los robos, que serien mas fardes aun, no son menosraros, y solo en las rivalidades de par. tido es donde los v eneciams aparecen turbulentos y apasio nados. En 18H, época en que el podestá quiso restablecer las carreras (te góndolas, halda tantos ódios amasados entre los dos partidos, que no pudo tener lugar la fiesta á pesar de haber sido reduciaos la íspera á prision mas de cuatrocien tos de ros masexaltados. Al ano siguiente, el conde Corre, e que tiene una grande y merecida influencia sobre el pueblo, tuvo que persuadir a las masas y apaciguarlas por su dulza ra inteligente á liii de que pudiera verificarse la Regata. Contaremos por último un hecho que prueba la hostilidad permanente de los dos Partirlos. Uno de los pintores mas distineuidos de Venecia, Eugenio !losa, hizo anos pasados un cuadro que representoba al célebre castellan /S'oso vence dor en la última regata , el cual figuraba llegar á su casa lle no (le la emocion de 'una lucha sosienida valerosamente con el reino, y daba una maná á su esposa, mientras con la otra agitaba su bandera ictoriosa. Sentimos no poder reproducir este cuadro para dar una idea de Una de las escenas mas interesantes de Vi-necia ; pues los gondoleros cuentan con tanto orgullo en mas felpi llas los estandartes ganados en la regata, como contaban los pa oídos los que arrancaban á los enemigos de la repú blica. Este cuadro en el cual se en reunidasmas de cincuen ta personas, está lleno de verdad, de observadon ingeniosa, de un carácter á la vez cómico y C1C1atio. El colorido es en caniador como la composicion , y solo un veneciano obser ladee incesante de les rostuinbrts nacionales ha podido im primir á la obra esa fisonomía original. Eugenio liosa, antes de dar dicho cuadro al conde de Ar radies para quien le habla pintado, lo etpusu en la Acalle rnia de bellas artes. ! Qué humillacion ! dijeron al saberlo los Nicolotti. !Un castellau vencedor, pinado por un edil.- ta célebre, y expuesto en las salas de la Academia! Así, hubo aquellos dios grande agitacion en las tabernas de Ca nareggio , convocaronse los ofendidos pata deliberar, y el resultado fue redactar una carta que se envió al director del Museo. He aquí la carta en dialecto veneciano Sior Lustrissimo, «La se recorda, lustrissimo, che se 11011 la fa tirar vía della Cademia, el quadro del sior Rosa, con quel Castelan, con la so hendiera de.... in mano; nú, Medalla, clic con le ban diere, Insumo la polenta, glie lo sfondraremo.» Traduzcamos esta singular epístola. Ilustrísimo senor: «Tened presente, senor ilustrísimo, que si no saeais de la Academia ese cuadro del senor Rosa con ese cestellan que tiene su bandera en la ruano; nosotros, Nicolotti, que con nuestras banderas revolvemos la polenta lo destroza remos » Es muy difícil traducir la Última frase por lo cual quere mos explicarla. Llaman polenta á una torta de inalz que en tre la gente del pueblo reemplaza con mucha frecuencia al pan, y para hacerla se sirven de palos 6 astillas de madera que tiran luego á la calle ó al fuego; porconsiguiente el sen tido dele frase es este: «Nosotros, Nitolotti, hemos ganado tantas banderas que cada dia podemos revolver la torta con una nueva.» Volvamos al cuadro del senor Rosa. Como los grupos de los descontentos aumentaban á cada momento en la exposidon, fué necesario retirar dicho cuadro á fin de mitas las conse cuencias mas desagradables. Anadamos que el pintor, cas tellan tambien, habia tenido gran ptaaer en pintar el triun fo de uno de los suyos; porque los senores que suelen ma nejar bien el renio, prohíjen ardientemente el partido de sus gondoleros, y por la tarde en el paseo del fresco sobre el gran canal, ese corso sin segundo eu Italia , os habla y des. cubre de pronto una barca rival, abandona la convirsacion, y se pone á remar con todes sus fuerzas, sin cuidarse de sus 0100S que juzgan esia eonduata muy natural. Pero hablemos (le la fiesta que nos ocupa en particular, digamos algo de la regata, esa tiesta le mas brillante y caba lleresca del puctlo v rueda no. El origen de la regata remonta á los primeros tiempos de la repúbiica, en los cuales halda la costumbre de ir todos los tilas de fiesta á ciertahora á paseo al Lido, y el gobierno pa ra facilitar la travesía, cuidaba de tener en la orilla suficien te número de barcas de treinta y cuarenta remos. Los que no tenien otro tecurso; tomaban el remo, y ejercitaban sus fuerzas, de lo cual nacleion los desafíos, y como las barcas partian al mismo tiempo alineadas, de esto vino sin duda ei nombre de riga , rangee y regala. Esta lucha poco elegante para el espectador era un gran ejercicio para desarrollar las fuerzas musculares de los marineros, y habituarles á hacer largas travesías. Los senadores, pensando en 'a utilidad que de esto podían sacar para la marina, idearon un estímulo, y lié aquí por que en el decreto expedido con motivo de la gran fiesta cele brada por la redención de las mujeres robadas por los pira - fas de Trieste en 914, ordenaron y mandaron que la regata fuese elevada al rango da tiesta nacional. Este rapto es una de las mas picantes anécdotas de la his toria a eneciana. Cada ano el Estado casaba doce muchachas de las masbonitas y pobres con doce mozos escogidos, para Cuya ceremonia habla quien prestaba á las »yenes ricos ade nia( s de gusto y valor. Los piratas de Trieste, enemigos de Venecia, a traidos por el cebo de una excelente presa, vinie ron se emboscaron los alrededores de la iglesia en que se celebraban las bodas, y aguardando á que todo el mundo estuviese reunido, se precipitaron en el templo con las ar masen la mano, y robaron á estas nuevas sabinas á la sisa de sus prometidos esposos, que no leudan mas que guirnal das de llores para defenderlas. CandianoIII que por este tiempo era (lux de Ventda. sensible á Seifiejante afrenta, hito inmediatamente armar barcas. y perseguir á los piratas, encomendando principal mente esta ndsion á los novios , y hermanos ofendidos, laa cuales se portaron tan bien , que despues de un encarniza do combate. trajeron en triunfo á las novias sin que faltase ninguna (le SI.S preciosas joyas, segun dice la crónica. En albricias rle cate hecho se celebraron funciones religiosas, y fiestas públicas en las cuales Venecia desplegó un lujo ea traordinario como tiene de (a stumbre. Despucs, cuando la república llegó á su mas alto gtado de esplendor, el espec táculo martini° de la regata se convirtió en una verdadera fiesta nacional. Las grandes regalas de, retadas por el gobierno eran les juegos olímpicos de la república , teniendo sobre ellos la entaja de apropiarse á la localidad, esto es, á las lagunas. y por lo tanto no permitían que los extranjeros fuesen á dis putar el prem'o los nalto ales. La eatension de la carrera es (le cuatro millas venecianas. lo que hace próximálnenta una legua. Empezando á la ex - treMidad oriental de la ciudad, rerca del jardín público. atraviesa lodo el puerto, pasa por delante de la Piaaacta entra en el gran canal que sigue en toda su longitud hasta Canareggío, alli girando al rededor de una gran liga, v net a e por el mi uno gran (anal hasta el palacio Foscari durale se distribuyen los premios. I as góndolas empleadas en estos ejercicios son tau exce sivamente delgadas y ligeras, que en el sitio en (pie el gon dolero coloca los piés tiene una tabla para impedir que si abra por allí, y hay barras transversales para impedir que los pies puedan fijarse en otra parte mas que en dicha tabla. Estas lanchas van cada una guiadas por dos hombres vesti dos con coloresalgo chillones llevando como es consiguien te el einturon y gorro del partido á que pertenecen, seaCas tellani ó Nicolotti. Allí cuela cada partido sus mas fuertes Y hábiles rernereS, acreditados y examinados en otras difíci les pruebas. Nadie sin verlos creerá la emocion que en la ciudad produce la proximidad de la regata, 103 cuidados y atenriones con que son tratados los luchadores escogidos. E. tes se retiran, como dicen ellos, á un comento, quince dias antes, evitando toda lo que puede debilitarlos, y ob sedando los principios de la mas rigurosa higiene. Si están 'de sei vicio en casa de algun noble, este les dispensa de todo trabajo; cesan de ser realmente criados, y son mirados corno bajos, de modo que pueden consagrarse con entera libertad al combate. Llegado el dia de la fiesta, cada candidato recibe la ben diciun paternal, abraza á su familia, re pone al cuello las lilas preciosas reliquias de San Antonio y de Sau Marcos, y acompanado de sus amigos va á la parroquia 6 á la igle sia delle Salida it hater orador]. Muchas veces la harca y lo: remelos son bendecidos siguiendo los ritos del culto: despues cuando llega la hora, cogiendo cada cual el remo foil me piensa anadir una nueva bandera á la gloria de su Partido. ea á cu'ocarse ante la cuerda que retiene todas ía á sus in-apetito-os di ales. Al primer canonazo la barrera cede, y cada uno encorbánduse sobre su ligera nave la haee colar en el agua Spumal' onda sollo il replicato ballet- de semi. Vedlos llegar y desaparecer bajo el gran arco de liaba: pero esperando la vuelta, los espectadores no permanece rán impacientes sin saber que hacer, como sucede en las carreras de nuestros hipódromos, pues no alcanza la i31.1 á recoger todas las maravillas en aquel capado acumuladas. Aquí, desde el balcon del ilustre palacio de Foscari , des di lo alto de aquella ventana en la cual iteurique III de Francia asistió eu Ent á una magnífica regata que se !liza LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. en honor suyo, y para la cual él ofreció el premio con una magnificencia regia, se ve desenvolverse á derecha é izquier da el y aslo y soberbio cana/asao con sus palacios que pare cen agitarse hijo la muchedumbre de que esián atestados; barcas de todas, las formas y colores cubren de tal modo la superficie del agua , que podria pasarse de una orilla á la otra como por un puente. ?Oís esas músicas, esos aplausos, esos gritos de alegría de la multitud? ! Qué armonía tan perfecta guardan allí la naturaleza y el arte , y qué belleza tan original resulta de su conjunto Este dio, el color negro, vestimenta niveladora de las gón dolas desaparece bajo las telas de varios colores y trajes pin torescos de los gondoll ros. Se necesitan además aquel cielo y aquel sol para armonizar todos aquellos sonidos y todos aquellos matices. Los propietariosé inquilinos de los palacios rivalizan igual mente en la magnificencia y lujo con que decoran sus balco nes, y en prueba de ello diremos, que durante las fiestas del congreso de sabios, solo el Patricio Jiovanelli gastó 800,000 zvandzigers. Cualquiera que sea la decadencia que los acontecimientos han impreso en las fortunas de una aristocracia tan opulen ta en otros tiempos, quedan aun algunos residuos que se adhieren noblemente á los sentimientos nacionales recor dando las glorias pasadas. Véasepor un lado góndolas del siglo quince como en los cuadros de Carpaccio 6 de Juan Benin; en otra parte kaiks turcos con sus remeros medio desnudos, y hasta remeros chinos con trajes de todas las épocas. Disttuguense entre las góndolas pequenos esquifesde cua tro remos, llamados ballotine , y otros de seis remos á que dan el nombre de maigherolle. Despues los bissones , gran des barcas de ocho remeros, decoradas A la antigua, que llevan encima una especie de solio con gasas de oro y plata, rayadas de colores vivos llevando así en la popa como en la proa trofeos de armas y de grupos dorados que representan amores, sirenas, aves y otras figuras alegóricas. Estos bis sones llevan tambien el nombre de grosso serpent A causa de su longitud, de su aguda proa y sobre todo de su agilidad para serpentear en medio de tantos estorbos; cosa muy esencial , porqué los barcos de ocho y diez remos tienen el encargo de preceder á los luchadores y abrirles paso en me dio del concurso inmenso de barcas que cubren el gran ca nal. Los jóvenes patricios que equipan estos bissones se ar rodillan sobro ricos cojines á la proa, y por medio de un arco lanzan flechas doradas á los gondoleros queno se ponen pronto en órden; modo alegre y gracioso de llamar á cada uno al deber sin turbar el contento de la fiesta. Tambien se ve una imitacion del Bucentauros , ese famoso nal lo de los Dux, copiado de los antiguos kaiks del Silban. En una palabra, todo lo que la imaginacion puede inventar para decorar un buque se pone alli en juego, y cada corpo racion da para los gastos de una de esas barcas suntuosa, mente adornada con atributos característicos. Los chiozones , habitantes de la isla de Chioggia, llaman la atencion entre todos por sus barcas, sus trajes, sus mú sicas y su habilidad particular para el remo En fin, Venecia aparece en esta época de las fieslas Ial como era en sus buenos tiempos, y la regata de hoy puede decirse que es la misma de lieurique III, pues los trajes son idénticos y las colgaduras de los balcones iarubieu. Aquelleis nombres célebres en la historia de esta ciudad pareceu reso nar bajo el atrio gótico y destacarse de los hermosos cuadros venecianos culo tipo iniburtalizarou Ticiano y Pablo el Ye sones SI, siempre el mismo pueblo lleno de pasion , de destreza y de fuerza en sus ejercicios y placeres. Sí, todo el pasado se desarrolla en el presente que nos rodea probando que no están olvidadas las antiguas glorias, y que el porvenir pro mete aun al fénix renacer de sus cenizas. Un poco de aire, un poro de libertad á esta nacion intell-• gente, y la yereis avanzar con pasos de gigante por el cami no de la civilizacion. En sus raptos ole expansion bácia lo bello. h. eta la perfecciou , rereis que este pueblo no está contenido por las resistencias fatales de la materia, asi como no tiene que sostener una lacha mortal con no cielo enemi go ni con una tierra avara. Todo en aquella naturaleza con vida á la poesía, A las Orles. á los estudios, en tin , que ele van el espíritu y civilizan a los hombres. Mientras se han alejado los combatientes han permitido á nuestro pen,amiento extraviarse un poco entregándose á los mas agradables recuerdos; pero el desenlace de la fiesta exi ge que volvamos al asunto. Hé aqui á los lucbadoros que reaparecen bajo el puente de Rialto, que llegan, que se oprimen, y algunos rezagados viendo perdido su esperanza van á ocultar su tristeza en los fanales solitarios. Escuchad el rumor de la muchrriumbre . los aplausos y los ; esa entusiasta aclamacion anuncia el momento de la victoria hasta las extremidades del canal: un último esfuerzo y el vencedor se apodera de la bandera encarnada. El segundo tiene la bandera azul, el tercero verde y el cuarto Sobre esta última habla CO otro tiempo pintado un lecho») que 9f daba en precario en lugar de la bolsa que acomprfia á las otras banderas. Este lechon era, segun dicen,en memo ria de un tributo anual que el pairierta de Aquilea, hecho prisionero en el Mar, se ró obligado o sigar por su escote; rasgo del camelee nacional dende el Me, hable epigrama en cuentra siempi e lugar. A la eles.» de ser y encedor a la glo ria dom.,* begoe de una fi, sía y de un partido, anádese en este triunfo la dicha de hacer fortuna, porque además del premio senalado, el venturoso gondolero salta de barca en barca recibiendo de los espectadores una lluvia de monedas. Despues , al siguiente dio, aumenta su capital con lo que recoge en el cuartel donde viven sus partidarios. Concluida la carrera que tiene lugar á las seis de la tarde, cada uno se vuelve en su barca y sigue la música que recor re el canal. Esto produce una coufusion tal, y una multitud flo:ante lan compacta , que los gondoleros solo se sirven de sus remos para resistir al choque de las barcas mas fuertes, y Iodo marcha , no se sabe como, empujado por la corriente general. Cuando llega la noche el efecto es mas sorprendente aun; fuegos de bengala verdes, blancos, de colorde rosa ó viole ta iluminan aquellos palacios implicados por el reflejo del agua, realizando asi e- os cuentos de hadas en quesolo se ven castillos de esmeraldas, de rubíes y de sátiros. Agregad á esta decoracion las barcas que pasan delante de los dricos luminosos proyectando sus sombras en las fachadas de los edificios: despues esos sones armoniosos de las orquestas, esas bellas noches de brillantes estrellas, esas mujeres fan tásticamente alumbradas por las luces de calores quer.apare cen en sus balcones y esperando la brisa del mar y la armo nía • y creemos que es imposible disfrutar en suenos un es pectáculo mas poético y delicioso. Revista de la qulueena. Si ha de juzgarse del genio público de un pueblo por el aspecto que presenta en una de esas épocas del ano en que la alegria y la espansion dan tregua á sus ocupaciones diarias, podemos decir con razon que Barcelona va convirtiéndose en una ciudad gra ve, yque , como-el nino que' abandona sus juegos bulliciosos para hacer el hombre ú como el pollo que aspira á ínfulas de gallo, ya no se entrega á sus an tiguos é inocentes solaces y deja para las aldeas sus tradicionales diversiones. Hablamos asi al recordar la poca aninaacion que ha reinado este ano en Barce lona en las veladas de San Juan y San Pedro. ?Qué se han hecho aquellas bulliciosas turbas pu; recorriau en anos anteriores las calles y paseos de la ciudad condal, ora rascando un destemplado guitar ro, al compás de voces mas destempladas aun, como deseando privar de las delicias del sueno á los que preferian el lecho al necio placer de pasar una noche toledana, ora formando alegres serenatas con voces é instrumentos mas acordes y artísticos que obliga ban á dejar las sábanas á las bellas bajo cuyos bal cones se paraban los galantes rondadores? Si se es ceptua la serenata que las músicas de los regimien tos de la guarnicion dieron en obsequio del Exelen tisimo Senor Capitan general del Principado, y que reunió en la muralla de mar una selecta concurren cia, y los conciertos matutinales de los Jardines de Euterpe , la velada de San Juan hubiera pasado casi desapercibida, Debemos confesar por consiguiente que dormimos toda la noche á pierna suelta, lo cual indica el silencio que reinó en las calles y que al des pertar con la aurora y al dirigir nuestras miradas á la falda de Monjuich, no vimos las sendas que con ducen á las fuentes de este monte ennegrecidas por las turbas de artesanos que en épocas menos nor, males subian afanosas á disfrutar del frescor de la manana cerca de aquellas fuentes cristalinas. No hay duda ; las costumbres tradi, cionales se van ; y las sencillas diver siones de nuestros padres caen vencidas ante el influjo de recreos mas aristocrá ticos, mas prosaicos y sobre todo mas caros. El artesano que antes se solaza ba en la taberna ó en el figon de.los glacis 6 de los arrabales ha tomado po. sesion del lujoso café chantant y de la fonda; las chaquetas se han ido prolon gando basta convertirse en paletós y en fraques; el percal ha quedado relegado en las clases mas ínfimas del bello sexo y el gracioso panuelo se ha trasformado en mantilla ó en gorro ; la costurera se presenta como la millonario; los anti guos espectadores de nuestros teatros que no se avergonzaban de sentarse en el patio 6 en la ignominia gastando dos reales, han avanzado hasta las butacas y los palcos, y todos, ricos y pobres han aumentado el presupuesto del lujo en proporcion tan rápida y 'aterradora para los padres y esposos sensatos y económicos, que cualquiera dina que estarnos nadando en oro y que la pros. peridad nos ha trastornado el juicio , cine ha llegado por fin la dichosa edad • de nivelacion social con que suenan los que en tan mágica trasformacion forzosamente han de subir por que no pueden bajar mas. Pero dejémonos de reflexiones morales y corra la bola que al freir será el reir y al pagar será el llo rar, porque mas de un elegante de uno y otro sexo huye de la calle donde vive su sastre 6 su modista por evitar interpelaciones poco agradables , y la pa lidez de su rostro depende mas del forzado ayuno que de otra causa mas noble ; dejemos tambien por hoy el relato de las funciones animadas que en los dias festivos han dado los Campos Eliseos con su iluminacion á la veneciana que tan bellísimo efecto producia , y los Jardines del Tívoli con sus fuegos' artificiales sus ascensiones aereostáticas y sus au tos de fé verificados al compás de la orquesta y con efigies de canon que querian representar brujas y santos , y descendiendo á la vida privada, contare mos un hecho que tal vez no sea verídico, pero que no por eso deja de ser verosímil. Pocos dios hace se paseaba por la Rambla uno de nuestros mas distinguidos actores, y se aproximó á él con ademan de franqueza y rostro risueno un en te vestido con un paletó azul plagado de zurcidos hechos con hilo blanco, pantalon de antiguedad an tidiluviana que apenas le cubria los tobillos y un sombrero de color dorado por el sol y de pelo eriza do como las serpientes de la cabeza de Medusa. — Amigo rnio, le dijo saludándole lamiliarmente y estrechándole la mano; estás bueno? —No tengo el honor de conocer á Y., respondió el actor con sorpresa y mirándole de piés á cabeza. — Pronto olvidaste á tu antiguo companero. Lo estrano porque hemos representado tantas veces juntos! —No me acuerdo ?en qué drama ha representado V. conmigo? —En el teatro del Liceo. Yo hacia en la Pasion el papel del gallo. El actor prorrumpió en una carcajada. Como todo drama tiene su desenlace, el ente del gallo, conclu yó por manifestar á su antiguo colega que su bolsi llo habla resuelto mucho tiempo hacia la gran enes tion del vacio , y el actor puso mano en el suyo que no liabia sido tan afortunado. GRUMO AMADO LARROSA. ADVERTENCIA. En el próximo número publicaremos el plano del ensanche de Barcelona, aprobado por el Excmo. Ayuntamiento de la misma. Por todo lo publicado en este número: JUAN Losano Sama. Editor responsable, JUAN VÁZQUEZ. Imprenta del DIMITO os B•IICELOM• á cargo de Francisco Gabaisach calle Nue•a de S. Francisco, núm. 17. Geroglifico. SOLOCION DEL ANTILIMOR. El hombre que no llene elr3ctcr, no es hombre es una con. |
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