No. 2 (15 enero 1858) |
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15 DE ENERO DE 1858.
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111
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PERIÓDICO UNIVERSAL.
Núm. 2.—Tomo I.
Se suscribe en BARCELONA en la litografia de
D. Juan Vazquez , sucesor de Mabon , rambla
del Centro, núm. 31 , y en las principales li
brerías del reino.
—
La correspondencia deberá dirigirse í dicho senor
Vazguez.
PROSPECTO.
1,—El público ha sido tantas veces burlado, que ya no cree en les pomposas ofertas de los
editores. En su consecuencia diremos únicamente que la empresa de la ILUSTRACION no per
dona gasto alguno para dar buen papel, tipos claros y hermosos, magnifico, grabados y mejor
redisecion.—Eclitese una sola ojeada teste número, y ella bastará para demostrar que no hay exage
racion nue-tras palabras.
2, —La 1LCSTRACION BARCELONESA sepublica dos veces al mes.
3.—Cada mes al recibir el suscritor el segundo numero del periódico, debe renovar la suscrip
cion para el próximo,
4.—Las suscripciones de provincia y del estrangero serán servidas puntualmente , si seremite
su importe anticipadamente en libranzas á en sellos de franqueo.
PRECIO.
En BARCELONA, por un DOOS de suscrip
cion, llevados los números á domicilio. 2 rs.
Fuera de Barcelona, por id., franco de
portes 3 »
En el estrangero 1 »
Números sueltos 2 »
1131J1111AIII0.
La caza del leon. —Intrigas de aldea.— Las Tullerías y el
Louvre.—Jefté.—Cuadro al vivo.—La caza en 1857.—Re
vista quincenal.—Epígrama.
LAIIIINA5.—E1 Louvre á vista de pájaro.—Un lance de Car
naval en el Gran Teatro del Liceo
La caza del leo'',
por Julio Gerard,
EL MITADOR DE LEONES, TENIENTE DEL TERCER REGIMIENTO DE 5P11115.
(Coniinuation.)
CARDO la leona está próxima á parir (á
fines de diciembt e ó primeros de enero),
busca un barranco impenetrable y ais
lado para depositar en él á sus peque
nos, cuyo número varia de uno á tres
r segun la edad y la fuerza de las hem •
bras. Sin embargo, lo general es que
paran dos individuos, macho y hembra.
Durante los primeros dias que siguen
al nacimiento de los leoncillos, la ma
dre no los abandona ni no solo instan
te, y el padre es el que atiende á sus
necesidades. Cuando los pequenos tie
nen tres meses y han pasado la crisis
de la denticion , mortal para muchas
hembras , la madre los desteta aleján
dose algunas horas cada dia, y dándoles
carne de carnero muy limpia y desmenuzada.
El leon , cuyo carácter es muy grave cuando es
adulto, permanece muy poco al lado de sus hijos
porque le cansan con sus juegos. A fin de vivir mas
tranquilo, se procura una Itabitacion en las cerca
nías para poder socorrer á su familia en caso de ne
cesidad.
Los árabes que saben una cria de leones, primera
mente por haber visto la leona en dias de parir, y
despues porque al llevárseles los carneros toman
siempre el mismo camino, aprovechan el momento
en que las leonas destetada sus pequenos para ro
bárselos.
Para esto, se apostan dias enteros en la sumidad
de una colina ó se suben á un árbol que domine la
cueva, y luego que ven alejar á la leona, seguros
de que el macho no está al lado de los cachorros, se
acercan á ellos deslizándose por entre los matorra
les, y despues de envolverlos en sus jaiques, á fin de
ahogar sus gritos, los llevan á la orilla del bosque
donde aguardan algunos hombres montados. Losára
bes suben á la grupa y en seguida parten á todo es
cape. Esta maniobra es muy peligrosa como lo prue
ba el ejemplo que voy á referir.
En el mes de marzo de 1810, una leona depositó
sus pequenos en un bosque llamado El-Gueto , situa
do en la montana de Mezioun , en el país de los Zer
dezah. El jefe del territorio, Zeiden, lo participó á
Sedek-ben-Oumbarli, cheik de la tribu de Beni-Four -
ral, su vecino. El dia convenido, treinta hombres de
cada tribu se reunieron al amanecer en la garganta
del Mezioun.
Estos sesenta árabes, despues de haber cercado el
matorral por todos lados, arrojaron grandes gritos,
y viendo que la leona no aparecía penetraron hasta
la cueva y se apoderaron de los dos leoncillos.
Los árabes se retiraron con grande algazara, cre
yendo que nada debian temer de la madre, cuando
el cheik Sedek, que se habia quedado un poco atrás,
la vió salir del bosque y dirigirse en derechura á él.
Sedek llamó enseguida á su sobrino Mepaoud y á
su amigo Ali-ben-Braham; que volaron á su socorro.
La leona, en vez de atacar al cheik, que iba á ca
ballo, se arrojó sobre su sobrino que estaba des
montado.
Este la aguardó con serenidad y no le disparó has
ta que la tuvo á la boca del canon de su fusil.
Solamente se inflamó el piston.
Mecaoud arrojó entonces su arma, presentando á
la leona el brazo izquierdo en el cual habia rollado
su jaique.
La leona se lo mete en la boca y se lo hace trizas;
entretanto aquel hombre intrépido, sin retroceder
un paso ni lanzar un grito, saca una pistola que lle
vaba en su einturon y obliga á la leona á soltarle me
tiéndole dos balas en el vientre.
En seguida el animal se abalanza sobre Ali-ben
Braham, que, disparándole á su vez, le mete inú
tilmente la bala por la boca. La leona, se pone de
manos sobre sus hombros y despues de derribarle,
le destroza una mano, y de otro bocado le deja á
descubierto varias costillas de un costado. Ah
debe su salvacioná la muerte de la leona que
espiró en este instante encima de él. Este hombre
vive todavía, pero se ha quedado manco. Mecaond
murió veinte y cuatro dias despues de este en
cuentro.
A la edad de cuatro ó cinco meses, los 'concilios
siguen á su madre á la orilla del bosque donde el
leon les trae la comida.
A seis meses, en una noche bien oscura , toda la
familia cambia de sitio , y desde esta época, hasta
el momento en que los jóvenes deben separarse de
sus padres, viajan continuamente.
De ocho meses á un ano, los leoncillos empiezan
á atacar los rebanos de carneros ó de calaras que
durante el dia vienen á pacer á los alrededores de su
retiro. A veces embisten tambien á los bueyes; pero
tienen tan poca práctica, que, para matar uno , hie
ren á lo menos diez, hasta que al fin el padre tiene
que intervenir.
A dos anos, los jóvenes leones saben degollar un
caballo, un buey 6 un camello de un bocado en la
10 LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL.
garganta, y saltar los vallados de dos metros de al -
tura que se levantan alrededor de los douars.
Este período de uno á dos anos es muy fatal para
las poblaciones. Con efecto , la familia leonina no
mata solamente para alimentarse , sino para apren
der á matar. Fácil es comprender lo que este apren
dizaje debe costar á los que tienen que costearlo.
Pero , se me dirá ?por qué los árabes se dejan
atropellar así por los leones y por qué no los cazan?
A lo cual responderé : Leed el capítulo siguiente, y
si alguna vez poseeis rebanos en Argelia, ó tendreis
que encerrarlos dentro de unas paredes de cincuenta
metros de altura ó sufrireis como los árabes.
A la edad de tres anos los jóvenes leones abando
nan á sus padres para juntarse, y éstos, para no que
darse solos , los reemplazan por una nueva familia.
Los leones son adultos á ocho anos en cuya edad
han adquirido toda su fuerza, y los machos, un ter
cio mayores que las hembras, tienen toda la melena.
No debe juzgarse de los leones que viven al estado
salvaje por esos animales degenerados que se ven en
las casas de fieras.
Estos últimos, cogidos siendo aun de teta y cria
dos con coles como los conejos, han sido privados
de la leche de la madre, de la vida libre, del aire,
y finalmente de un alimento sano y abundante. Por
eso se ven en ellos esas formas mezquinas y débiles,
esa mirada sin brillo, esa flaqueza enfermiza y esa
melena clara y raquítica que les da el triste aspecto
de perros de agua y que los hace tan diferentes de
sus semejantes que viven al estado natural.
Hay en Argelia tres especies de leones : el negro,
el rojo y el gris, que los árabes llaman el adrea, el
asfar y el zarzouri.
El leon negro, mucho mas raro que los otros dos,
no es tan grande, pero su cabeza es mayor, y su
cuello, lomo y piernas son mas fornidos ; el fondo
de su pelaje es idéntico al de un caballo bayo oscuro
hasta el sitio de la espalda donde nace su negra me
lena , larga y poblada, que le da un aspecto poco
tranquilizador.
Su frente tiene un codo de anchura, y la longitud
de su cuerpo, desde la punta de la nariz al naci
miento de la cola , que tiene un metro, es de cinco
codos. Su peso varia de doscientos setenta y cinco
á trescientos kilogramos. Los árabes temen mas á
este leon que á las otras dos especies, y tienen ra
zon.
En vez de viajar como los otros dos, el leon ne
gro se establece en una buena guarida en la cual
permanece á veces treinta anos. Baja raramente á la
llanura para atacar los douars; pero en cambio al
anochecer, va á esperar á los rebanos de bueyes á
la hora en que abandonan la montana, y mata cuatro
ó cinco para beber su sangre.
En los dias largos del verano, abandona su retiro
al ponerse el sol y se pone al acecho en la orilla de
un sendero que atraviesa la montana para aguardar
que pase algun ginete ó algun peon que ha tenido la
desgracia de retardarse un poco.
Conozco á un árabe que en un encuentro semejan
te, no tuvo otro recurso que quitar la silla y la bri
da á su caballo, y cargando con estos arreos , dejó
al animal que fué degollado á su presencia. Pero no
siempre las cosas terminan así, pues ginetes ó peo
nes, con mucha dificultad salen del apuro cuando se
encuentran con un leon negro.
El leon rojo 6 tostado y el leon gris solo difieren
entre sí en el color de su melena, y ambos son un
poco mas grandes y de formas mas esbeltas que el
leon negro. Escepto en lo que acabamos de decir
respecto de este último , todos tienen un mismo ca
rácter y hábitos idénticos.
La existencia del leon se divide en dos partes dis
tintas que hacen de ellos, hasta cierto punto, ani
males diferentes, haciendo incurrir en graves errores
á todos los que han escrito acerca de este particular;
estas dos partes son el dia y la noche. De dia el leon
acostumbra á retirarse á los bosques, lejos del ruido,
para hacer la digestion y dormir á sus anchas.
Porque un hombre se haya encontrado impune
mente, de dia , frente á frente con un leon que las
moscas ó el sol obligaban á cambiar de morada, 6 que
molestado por la sed bajase á la orilla de un torren
te, sin tener en cuenta que á esta hora el animal es
taba medio dormido y harto, se ha dicho que el leon
no atacaba al hombre. Con efecto, el leon no mata
por el placer de matar, sino para vivir y defenderse
cuando se ve amenazado.
En un país como la Argelia . literalmente cubierto
de rebanos, el leon no se encuentra nunca hambtien
to durante el dia. Los indígenas, que saben esto,
tienen buen cuidado de no salir de su casa á la hora
en que el leon deja su guarida , y cuando se ven
obligados á viajar de noche, no van nunca solos ni
á pié.
Como se verá en el capítulo que trata de la caza
del leon , cuando uno de estos carnívoros encuentra
una partida de hombres los toma siempre por me
rodeadores, y los sigue para sacar su parte en la
presa.
En cuanto á mí, declaro que si he observado in
diferencia en la fisonomía de algunos leones que he
encontrado de dia, solo he visto disposiciones hostiles
en todos los que he visto de noche.
Tan convencido estoy de que un hombre solo es
tá perdido si hace un encuentro semejante, que, siem
pre que he plantado mi tienda en la montana, en el
momento que se ha hecho de noche, no me he sepa
rado un paso de ella sin llevar mi escopeta.
T.—JOAQUIN MOLA MAhTINEZ•
(Se continuará.)
Intrigas de aldea.
1.
La humana preocupacion ha localizado siempre los
golpes estratégicos, á que damos el nombre de intri
gas, en las grandes poblaciones , como si en las al
deas no hubiera intrigantes capaces de dar quince y
falta á los mas hábiles diplomaticos. La verdad es
que así en los pueblos pequenos comoen las ciudades
hay hombres que tienen pasiones, intereses opuestos
en una palabra, todos esos materiales propicios á la
guerra civil que la sociedad humana empezó en tiem
po de Cain y que promete durar tanto como el mun
do. En todas partes hay tambien inconvenientes pa
ra zanjar legalmente las dificultades, porque ó las
leyes son imperfectas 6 la parcialidad impide sus
buenos efectos en la aplicacion , y be aquí porque en
todas partes los hombres apelan á esos vedados re
cursos á que damos el nombre de intrigas.
De estas premisas se deducen algunas consecuen
cias que presentan cierta analogía en todas las socie
dades mas ó menos cultas, á sabei : que las intrigas
consiguen á veces el resultado á que sus autores as
piran, ó que redundan en perjuicio de los intrigan
tes, cosa muy comun y muybien explicada en la lo
cucion popular que dice en tales casos: á este pobre
cazador le salió el tiro por la culata.
Ahora que he dicho lo que he dicho, me parece
oportuno pasar á la aplicacion y á la prueba, porque
creo yo que todo hombre que escribe debe decir al
go, y esta es una verdad como un puno ; en segun
do lugar debe proponerse algun fin , sin lo cual por
mucho que diga se puede sostener que no ha dicho
nada, y por último debe demostrar lo que dice, no
sea que le tachen de embustero, y se ria el diablo de
la mentira.
Es el caso, amados lectores, que allá en las cer
canías de la corte de Espana existe un pueblo llama
do Arganda , célebre por el vino que en todos tiem
pos ha producido en abundancia, y mas célebre aun
por un puente colgante construido hace pocos anos
sobre el Jarama y al cual se ha dado mas ó menos
oportunamente el título honorífico de el puente de
Arganda. En fin, yo creo haber contribuido algo á
la celebridad de este pueblo, que en mi concepto no
puede compararse con París y Londres, por aquella
estrofa de una de mis composiciones en que hice de
cir lo siguiente al Judio Errante:
Senor !—! Anda!;— Que quizás
Me va á dar un patatús.
—! Anda !—Ya no puedo mas,
Y aunque se empene Jesús
No quiero pasar de Arganda.
! Anda! ! anda!
De París á Penaranda ,
Y en efecto vean Vds. si merece gozar de alguna
celebridad un pueblo donde se detuvo 6 quiso dete
nerse el Indio Errante, que segun la tradicion no se
ha detenido en ninguna parte.
En este pueblo habia hace treinta y cinco ó cua
renta anos sobre lustro mas ó menos, dos intrigan
tes de primera tijera , uno de los cuales se llamaba
Alfonso, abreviado de Ildefonso, y el otro Perico,
diminutivo de Pedro, de modo que hasta por sus
nombres hablan venido estos dos prójimos al mundo
destinados á cierta mancomunidad, pues no parece
sino que ya se habla dicho por este par de apuntes
aquello de :
El uno es Alfonso Tellez
Y el otro Pedro Cadenas.
Companeros en todas las travesuras de la infancia,
habian sido despues compinches en todas las intrigas
con que el genio del mal atormentó durante muchos
anos á los pacíficos habitantes de Arganda , y para
que en todo se vea marcada la huella del destino, el
dia que Alfonso tuvo la suerte de ser nombrado al
calde, alcanzó Pedro la fortuna de ser nombrado re
gidor, y el pueblo la desdicha de tener uno de los
ayuntamientos mas favorables al desorden y á la in
justicia.
Para que nada faltase á la alianza perpetua del in
dicado alcalde y el susodicho regidor , el cielo habla
dado á Periquito una hija bella y graciosa llamada
Clotilde , y á Alfonso un hijo bastante necio, llama
do providencialmente : uno y otro ven
drian á tener la edad de diez y ocho á veinte anos en
la época en que sus padres habiendo llegado á la
cumbre del poder municipal resolvieron casarlos
queriendo con esta boda consolidar las relaciones
que les habia unido durante tanto tiempo. Pero su
cedió entonces lo que suele suceder siempre que los
padres se empenan en casar á sus hijos: estos tienen
generalmente diferentes gustos que los padres, y
aunque en la ocasion á que me refiero el joven Sim
plicio tenia particular inclinacion hácia la bella Clo
tilde , esta le correspondia con la mas desdenosa in
diferencia. La hija del regidor amaba secretamente á
un antiguo criado de su padre conocido por el nom
bre propio de Andrés, y mas comunmente por el
mote de Mátalas-callando, título digno de un hombre
que tenia bastante sagacidad para conocer lo que de
bia hacer sin necesidad de divulgarlo, y que obraba
generalmente sin decir esta boca es mia.
Amaba el buen Andrés á la Clotilde de quien era
correspondido , siendo lo mas estrano de todo esto
que ni el criado ni la senorita se habian dicho una
palabra del carino que mútuamente se profesaban, y
sin un incidente de esos que ponen á las personas
mas reservadas en el disparador , probablemente
nuestros enamorados hubieran permanecido mucho
tiempo aunándose en silencio, ó cuando mas corres
pondiéndose con el expresivo lenguaje de los ojos.
Por fortuna llegó el fatal momento en que el alcalde
Alfonso pidió formalmente la mano de Clotilde para
su hijo Simplicio, y el regidor Perico se la otorgó
delante de testigos, contando con el consentimiento
de su hija, en lo cual se equivocó, pues la muchacha
dió rienda suelta á las lágrimas, demostrando clara
mente que no era Simplicio el santo de su devocion.
Esto hizo creer al regider que su hija estaba como
solemos decir, encaprichada de otro, y no tardó en
adivinar por las miradas, que este otro era su criado
Andrés. Resuelto á despejar cuanto antes la incógni
ta, llamó á parte á su hija y á su criado con quienes
celebró una conferencia que resumiremos en el diá
logo siguiente;
LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. 11
—Escucha, hija mia , dijo hablando primero con
Clotilde; tú sabes que siempre he sido para tí lo que
se llama un buen padre.
—No tengo ninguna queja de Vd. contestó la mu
chacha.
Pues, entonces, ?porqué correspondes tan mal á
mis bondades? ?porqué me has desairado delante de
la gente cuando precisamente te iba á proponer un
enlace que pudiera labrar tu felicidad y la mia?
—Padre mio , respondió la muchacha, yo solo he
contestado con las lágrimas á una proposicion que
hecha por otro me hubiera arrancado una negativa
desdenosa. Quisiera complacer á Vd. y no me es po
sible hacerlo porque... todo lo que mi corazon pue
de alegar en contrario se explica diciendo ingenua
mente que yo no amo á Simplicio.
—Ya lo supongo , dijo el padre, y no se me ocul
ta la causa de tu aversion á Simplicio.
Lanzó el regidor una mirada de despecho á su
criado como sintiendo el impulso de castigar en el
acto su atrevimiento, y despues conteniendo su in
dignacion , le dirigió la palabra en estos términos:
—Dime Andrés ; ?cuántos anos hace que comes el
pan de mi casa?
—Casi desde que nací , dijo Andrés.
—?Has tenido alguna queja de mí en tantos anos?
—Ninguna.
—?Debia yo esperar que pagaras mis favores con
la mas negra ingratitud?
—En primer lugar, repuso Andrés, Vd. me ha pa
gado bien lo bien, que yo le he servido, y no veo
que pueda Yd. echarme en cara ningun favor.
—Aunque así sea, replicó el regidor sujetando los
impulsos de su ira, basta que yo no me haya porta
do mal contigo para que tu no te portes mal con
migo.
—Pues en ese caso no creo haber faltado á mis
deberes, porque nunca me he portado mal con Vd.
—?No te has portado mal conmigo, y has tras
tornado la cabeza de mi hija dirigiéndola palabras
amorosas, sin tener en cuenta la distancia que te se
para de ella y sin respeto al hombre cuyo pan has
comido tanto tiempo?
—Senor Pedro, dijo Andrés, su hija de Vd. sabe
bien que nunca la he dicho semejantes palabras.
—Padre mio, exclamó Clotilde, le juro á Vd. por
lo mas sagrado , que nunca Andrés ha cometido la
falta de que Vd. le acusa.
—Vuestra negativa me irrita mas que vuestra cul
pa, dijo el severo regidor, si al menos tuvieseis la
virtud de decir la verdad, podriais obtener mi per
don , aunque jamás consentiria en unas relaciones
que ultrajan á mi dignidad.
Poco faltó para que Andrés sentase su férrea ma
mo en la mejilla del regidor. Por fortuna pudo con
tenerse, ménos por el respeto que debla al padre que
por consideracion hacia la hija, y haciendo un vio
lento esfuerzo para mostrar la tranquilidad de alma
que no tenia en aquel momento, dijo :
—Senor Pedro, yo puedo escuchar con paciencia
las quejas aunque infundadas con que Yd. me ator
menta sin saber porqué, pero no estoy dispuesto á
tolerar el insulto , y Yd me insulta suponiéndome
capaz de faltar á la verdad.
—Puesto que te precias de no faltar á la verdad,
replicó el regidor, ?negarás que amas á mi hija?
—No senor, dijo Andrés , confieso francamente
que amo á su hija de Vd. aunque nunca se lo he ma
nifestado de palabfa , y le juro á Vd. que podré re
nunciar á su mano si ella no me corresponde, pero
no dejaré de amarla mientras viva.
Trató de hablar el regidor, pero no pudo hacerlo
en mucho tiempo. Cojió luego á su hija por un brazo
y así en un ademan que expresaba tanto la amenaza
como la súplica, exclamó;
—Ea, hija mia ; ha llegado el instante de castigar
á un insolente que ha creido aspirar á tu amor impu
nemente; dile que estás ofendida de tal ultraje, que
le odias, que le desprecias...
No pudo acabar el regidor. Clotilde cayó súbita
mente de rodillas delante de él, exclamando tam
bien :
—Perdon , padre mio ; yo no puedo decir lo que
Vd. me manda, porque yo tambien amo con todo mi
corazon á Andrés, aunque nunca se lo he dicho.
Quedó el regidor inmóvil al oir estas palabras; des
pidió despues á Andrés de su presencia y de su casa,
y mientras daba cuenta al alcalde de lo que sucedia,
resolvió esconder á su hija en casa de uno de sus pa
rientes.
J. M. VILLERGAS.
(Se continuará.)
Las Tullerias y el Louvre.
Cuatro siglos atrás , en el sitio que ocupa hoy el
palacio des Tuileries habia una fábrica de tejas, que
como es sabido se llaman en francés tulles, y de aquí
viene el nombre de Tuiléries, que traducido en es
panol debiera ser Tejares , y no Tullerias como ge
neralmente se dice y ha sancionado la costumbre.
Francisco 1, compró en 1518 la citada fábrica,
convirtióla en palacio y lo regaló á su madre Luisa
de Saboya, porque el palacio des Tournelles au Ma
rais parecíale perjudicial á su salud. La princesa dió
el palacio de las Tullerías á Juan Tiercelin en 1525,
quien lo vendió á Catalina de Médicis , esposa de
Enrique II, la cual en 1561 fijó en él su residencia.
Esta reina lo agrandó bajo la direccion de los arqui
tectos Bullant y Delorme. Edificáronse entonces el
pabellon del Centro , las dos alas contiguas y dos
cuerpos mas; pero nunca presentó aquel palacio un
aspecto verdaderamente régio hasta que lo ocupó
Enrique IV.
Ducerceau , arquitecto de este monarca, dió cima
á la obra con los dos grandes pabellones deFlora y de
Marsan, y comenzó la dilatada galería que enlaza
las Tullerías con el Louvre. A la muerte del monar
ca suspendiéronse los trabajos , y no se terminaron
hasta el reinado de Luis XIII.
Cuando Luis XIV subió al trono dió órden á Luis
Leveau para que corrigiese los defectos arquitectó
nicos de las fachadas y dejara el conjunto con la po
sible armonía. En 1808 ordenó Napoleon la cons
truccion de la galería septentrional que embellece la
calle de Rívoli , y que tambien llega hasta el Lou
vre.
Despues de la revolucion de 1830, el rey Luis Fe
lipe hizo grandes mejoras en las Tullerías, tanto en
el palacio como en el jardin.—Napoleon III continuó
, la obra de sus antecesores, y últimamente en 11 de
agosto de 1857 inauguróse solemnemente la reunion
del palacio del Louvre con el de las Tullerias, cuyo
plan se veia apoyado por el deseo general del país du
rante mas de trescientos anos.
En una de las habitaciones del norte, que dá vista
á la calle de Rívoli, está el pabellon de Marsan, que
habitaba la duquesa de Orleans , el príncipe real y
el duque de Nemours.
El jardin de las Tullerías es verdaderamente en
cantador. No es estrano habiendo dibujado su plan
el célebre Le Notre que tan buenas cosas ideó duran
te el reinado de Luis XIV.
Entre la multitud de estatuas que lo embellecen,
debidas al cincel de los mas hábiles artistas, descue
llan el Fidias de Pradier,, el Periclés de Dubay y el
Temístocles de Lemaire. Los grupos mas notables
son el rapto de Cibeles por Saturno, de Regnaudin;
Lucrecia y Colatino , de Lepantre ; Eneas llevando
á su padre en el hombro y á su hijo de la mano.
El patio del palacio de las Tullerías está cerrado
por una verja de hierro, cuyo centro ostenta este
riormente un arco triunfal que dá paso á la plaza del
Carrousel. Este arco fué erigido en 1806 por órden
del emperador Napoleon á imitacion del de Séptimo
Severo en Roma, con caballos corintios semejantes
á los de la plaza de San Marcos de Venecia. ( Véase
la lámina ). Este monumento, debido á los dibujos
de Fontaine y Percier, , es verdaderamente una obra
colosal , v como fué construido para eternizar la glo
ria del ejército francés, alardea bellísimas estatuas
de soldados de varias armas. El grupo de la carroza
tirada por cuatro caballos de bronce, ejecutado por
el célebre Bosio, es de un efecto admirable.
La plaza del Carroussel que debe su nombre á los
festines ytorneos que daba en ella Luis XIV en 1661,
era á la sazon bastante reducida, pero actualmente
se considera dicha plaza tal vez la mas espaciosa del
mundo.
Vamos á dar ahora una sucinta idea del antiguo
palacio del Louvre.
En el mismo sitio que ocupa este inmenso palacio,
existia allá en los primeros tiempos de la monarquía
francesa un castillo que servia de residencia á la fa -
milia real.
Felipe Augusto mandó construir la gran torre del
Louvre , que vino á ser el centro del poder feudal,
en donde los altos varones prestaban juramento de
fidelidad. Entonces hallábase el Louvre en las afue
ras de París, y hasta el ano de 1383 no estuvo com
prendido en la capital.
Durante el reinado de Carlos Y hiciéronse en es
te palacio grandes mejoras. Construyéronse muchas
nuevas habitaciones para los cortesanos , príncipes
estrangeros y demás distinguidos personajes que pu
diesen visitar á París.
Tuvo luego este edificio una época de rápida de
cadencia, y amagaba su total ruina, cuando Francis
co I lo hizo demoler en 1528, y mandó á su arqui
tecto Pedro Lescot construir en el mismo solar un
alcázar régio , digno del trono de Francia.
La mitad de la parte de occidente , tal cual en el
dia existe, debióse á la direccion del citado arqui
tecto.
Enrique II terminó lo que se llama el viejo Lou
vre , y á Juan Goujon deben agradecerse las bellas
esculturas que tanto lo realzan.
A la parte del Sena está el célebre balcon des
de el cual Carlos IX, convirtiéndose de monarca
en asesino, atrevióse á disparar contra los protes
tantes su arcabuz en 1572, animando á la matanza
de la Saint-Barthelerny,, baldon eterno de aquella
época de bárbaro fanatismo.
Enrique IV hizo algo tambien en la obra de sus
mayores embelleciéndola y adornándola ; Luis XIII
la perfeccionó, y Luis XIV , siguiendo los consejos
de Colbert , hizo construir en 1666 el magnífico pe
ristilo actual llamado Columnata del Louvre , que es
preciso confesar que es una de las obras mas perfectas
y elegantes de arquitectura.
Napoleon I vino despues, y el Louvre ha guarda
do tambien la huella de su paso , inaugurándolo por
fin Napoleon III.
A cada una de las cuatro entradas del Louvre sor
prende•la magnificencia de las puertas de bronce.
Por la que dá paso á las Tullerías fué conducido En
rique IV , asesinado por el punal de Ravaillac. Cita
se lo que llaman los franceses un beau mot de Sully á
causa de este regicidio. La reina gritó : « Le roi est
mort! ». — « Non, +nadara°, respondió el ministro, it
monte les degrés , le roi ne meurt paint. »
Para formarse una idea exacta de lo grandioso de
este palacio, bastará decir que hay en su interior
ocho museos que atesoran millares de obras maestras
de todas las naciones, preciosidades antiguas y mo
dernas, y cuánto de mas perfecto pueden producir
las sublimes artes de la pintura y escultura.
Nada diremos de los acontecimientcs políticos
ocurridos en el Louvre , porque esto equivaldria á
escribir la historia de la corte de Francia desde Fran
cisco I á Luis XIV. Basta decir que el Louvre se
ha convertido durante el presente siglo en palacio
de Minerva, y que si los desastres de 1815 arreba
taron al citado museo la escelente Venus de Médicis
y otras obras de gran mérito , todavia quedan allí
bastantes para que los franceses puedan citar al
Louvre comoel templo de las artes y la gloria de
Francia.
C. y T.
12 LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. 15
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14 LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL.
(Leyenda biblica.)
Canto II.
Mas el rey de los hijos deAmmon
no quiso dar oidos á las razones de
Jefté que le envió á decir por los
mensageros.
Biblia L. de Jueces Cap. 11.v. 28
El momento llegó ; con fiero arrojo
respondiera tenaz el Ammonita ,
y en ansia de saciar su justo enojo
á terrible contienda
Jefté á las haces de Israel concita.
Del triste ensueno la vision tremenda
levantase de pronto en su memoria,
y henchido del espíritu divino
la ensena ti emolando de su gloria,
con acento potente ,
chispeante la vista enfurecida ,
la faz severa, la cerviz erguida ,
y herizado el cabello en la alta frente
que de insólito brillo se rodea ;
va llamando al combate, á la venganza,
como leon en cólera encendido,
que sediento de sangre y de matanza
la selva atruena con feroz rugido.
De Manassés los términos recorre,
de Masffa y Galaad : todo á su acento
se conmueve , se indigna , se levanta,
bien como á impulso de huracan violento
las hojas sacudidas en la planta
con murmullo se agitan un momento;
pero cediendo al vigoroso empuje
dóciles van en su existencia nueva
al antojo del viento que las lleva.
defté arrebata al desaliento inerte
la juventud guerrera
que en generosa ira,
vuela á encontrar la muchedumbre fiera
que allá en los campos de Aroer se mira.
Canto III.
Hizo un voto al Senor, diciendo si
pusiesesen mismanos á los hijos de
Ammon
El primero sea el que fuere que
saliere de las puertas de mi casa, y
viniere á encontrarme cuando vuel
va en paz de los hijos de Ammon,
lo ofreceré al Senor en holocausto.
Biblia L. de los Jueces c. 11 v. 30 y 31.
Siempre de sangre y de botín sediento
aun que de sangre y de botin colmado,
entre Aroer y Mennith su campamento
fijó un instante el Ammonita osado :
llenan sus gritos la estension del viento
sus guerreros el valle dilatado,
turbando los mas fuertes corazones
sus carros sus aprestos y legiones.
Monarca formidable , cual coloso
al frente de sus huestes se le mira ,
sobre el carro que monta impetuoso
enhiesta la cerviz que el odio inspira ,
estendido su brazo sanguinoso
sobre la tierra que de horror suspira,
senalando á los suyos la comarca
que á su voz ha de ser sangrienta charca.
Y al contemplarla de su yugo exenta
con satánico gozo se sonrie ,
su hidrópico anhelar mas se acrecienta ,
del triunfo cierto el corazon se engrie.
! Cuán rica á nuestros ojos se presenta!
dice á los suyos, mi poder os guie ,
que aun que resista en la contienda brava
yo su dueno seré, y ella mi esclava.
Venid , y el peloton de esos guerreros
que vemos á los rayos de la aurora ,
deshagan nuestros ínclitos aceros
como deshace el sol niebla traidora:
como insectos humildes y rastreros
no turben nuestra marcha vencedora,
y hundan en sus espaldas mis caballos
la dura marca de sus duros callos.
Pero es Jefté quien á su encuentro avanza
con hueste escasa mas de arrojo llena,
que puesta en el Senor toda esperanza,
ansia la lucha de temor agena ;
tras el denso vapor que en lontananza
del valle sube á la region serena,
pronto el campo enemigo le aparece,
y de impaciencia y sana se estremece.
Pero el Angel del mal con vuelo infando
las filas de Israel corre un momento,
cual sutil airecillo susurrando
palabras de cobarde desaliento,
no mas pronto la selva va doblando
su liviano ramage al raudo viento,
que en sus volubles corazones vierte
el terror vergonzoso de la muerte.
Y tiemblan descubriendo los pendones
del idólatra audaz, que al sol naciente
ordena sus belígeros varones;
brillan las armas con el rayo ardiente,
parodiando de lejos sus lejiones
á las ondas de un mar fiero y rugiente ,
que un gesto del Senor aguarda solo
para el mundo cubrir de polo á polo.
Y apagada la fé , santa lumbrera
que alienta el corazon y al triunfo escila ,
alza un vago murmullo por dó quiera
pronto á cobarde fuga el Israelita :
irritado Jefté , mirada fiera
tendió sobre su hueste y la Ammouita ,
y en el asombro de la prueba ruda
solo juzgóse , y le asaltó la duda.
Mas rechazando el pensamiento odioso
clamó al Dios que en la altura centellea,
Si hoy postras por mi mano al que ominoso
con sus sangrientas haces nos rodea ,
al volver á mi casa victorioso
el ser primero que á mi vista sea ;
cualquier que fuere , por el hecho fausto
te lo ofrezco, Senor, en holocausto.
Y volviendo á Israel ; con santo arrojo
siento, gritó, que el corazon me late,
el que apartó las aguas del mar Rojo
nos dará fuerza en el terrible embate ,
recordad que en Merome holló su enojo
de Sisara las huestes... ! Al combate!
El Dios de Gedeon es quien nos guia.
Muerte ó venganza de la hueste impía!
Y cual fiero leon que se desprende
del inmundo reptil que le rodea,
rauda como la llama que se prende
á la tostada mies que al viento ondea,
espantosa cual nube que se enciende
brotando el rayo que en su seno crea,
la falange Israelita se avalanza
clamando con Jefté !Muerte ó venganza!
MARIA MENDOZA DE VIVES.
(Se continuará.)
Cuadro al vivo.
Los Unes mugeriles han dado tambien bastante
que criticar á los escritores por sus muchas hechuras
estravagantes. No obstante al tratar de este asunto,
debemos confesar que algunos lo han hecho con so
brada ligereza, y hasta los ha habido que han pro
rumpido en sátiras de mal gusto contra el sexo fe
menino á falta de razones en que apoyar sus diatri
bas.
Las personas sencillas que claman en nombre del
arte contra los artificios del tocado, ignoran sin du
da que para hallar el origen é historia de la mayor
parte de los mismos, es necesario retroceder hasta
los pueblos artistas de Grecia é Italia.
En tiempo de Alfonso VII estuvo muy en boga el
brial, llevándolo la misma hija del rey. Este traje
consistia en un vestido de seda ó de otra tela cos
tosa y rica, que llevaban cenido á la cintura, bajando
redondo y acampanado hasta los pies.
La saboyana tuvo tambien mucha aceptacion en
Espana por los siglos xv y xvi ; reduclase simple
mente á una ropa esterior á modo de basquina, abier
ta por delante.
A fines del reinado de Francisco II, una dama de
Ja córte tuvo ilícitos amores con cierto caballero, y
para disimular las consecuencias, imaginó una vesti
dura que ahuecára la basquina poniendo de este mo
do á cubierto su honor. Todas las senoras que se en
contraban en igual estado que dicha dama, adoptaron
desde luego la referida moda, dándole el significati
vo nombre de vertu-gardien, por corrupcion vertuga
din y en espanol verdugado.
La noche de la terrible matanza de S. Bartolomé,
representó el verdugado un gran papel en la historia.
Cuentan los cronistas franceses que Enrique de Na
varra encontró un refugio inviolable contra el punal
de los asesinos que le perseguian , en el verdugado
de la reina Margarita.—Madame de Tressan salvó
tambien al duque de Montmorency en el sitio de Be
ziéres, haciéndole salir de la ciudad ocultándole en el
coche debajo su verdugado.
Algunos anos despues desapareció el mismo para
ceder su puesto al tontillo á guarda-infante, el cual
consistia en una especie de faldellin ó guardapiés
con aros de ballena 6 de otra materia flexible, pues
tos á trechos, para que ahuecáre la demás ropa. Es
ta moda mereció la censura de los hombres celosos
de las buenas costumbres por el abuso que se hizo
de la misma.
Entre los muchos escritores que satirizaron dicha
moda, cuéntase el célebre Quevedo, el cual escribió
sobre el asunto las siguientes líneas que no carecen
de chiste:
«Salia de su casa una buscona piramidal, habiendo
hecho sudar la gota tan gorda á su portada, dando
paso á un inmenso contorno de faldas, y tan abulta
da, que pudiera ir por debajo rellena de ganapanes
como la tarasca. Arrempujaba con el ruedo las dos
aceras de una plazuela. Cogióla la hora, y volvién
dose del revés las faldas del guarda-infante y arbola
das, la sorbieron en campana vuelta, con facciones
de tolba ; y descubrióse que para abultar de cade
ras, entre diferentes legajos de arrapiezos , traia
un repostero plegado, y la barriga en figura de ta
berna, y á un lado un medio tapiz ; y lo mas notable
fué que se veia un Holofernes degollado, porque fa
colgadura debia de ser aquella historia. Rundíase la
calle á silvos y gritos. Ella ahullaba, y como estaba
sumida en dos estados de carcabuezo , que folmaban
los espartos del ruedo que se habia erizado, oíanse
las voces como de lo profundo de una cima, donde
yacía con pinta de corantamaula »
Esto no obstante las madrilenas continuaron en
sancjiando el guarda-infante hasta ridiculizarse. La
autoridad intervino en el asunto, y el 13 de abril de
1639 publicóse un edicto prohibiendo su uso bajo
penas pecuniarias. El sexo femenino no hizo caso de
dicho edicto, / en un solo dia fueron desarmadas pú
blicamente en la córte, en medio de las calles, mas
de cien senoras, y entregado el armazon al popula
cho , que lo recibió con algazara. La afrenta no po
dia ser mas terrible, y juraron las madrilenas ven
garse, protestando contra el mato indecoroso de lle
var á cabo los alguaciles las órdenes de la autoridad.
Entonces encontró el bello sexo defensores en todas
partes ; y tanto hicieron y hjbo tanto influjo, que
triunfó de nuevo el célebre gua: da-infante.
Esta moda desapareció despues de haber hecho
tanto furor, volvió á adoptarse algunos anos des
pues con el nombre de pollera, y vuelve á estar de
moda hoy dia con el 'pintiparado nombre de miri
naque.
Esplicada la historia de esta armazon , solo nos
resta decir que, á nuestro entender, no merece las
pullas y sarcasmos de que es continuamente el blan
co por parte del sexo feo, siempre y cuando su yo
LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. 15
1úmen no esceda de 90 centímetros de diámetro,
que es el que debe tener el verdadero tontillo. Pero
como no todas las jóvenes se contentan con estos
límites, de ahí el que lal mas de ellas se hagan ridí
culas por el abultamiento disforme de caderas. Ade
más el verdadero tontillo ó mirinaque necesita cierta
gracia para usarlo ; y tampoco consiste en llevar por
economía tres aros de estera ó ballena mal arregla
dos, como acostumbran hacerlo algunas modistillas.
Si el mirinaque tal cual debe ser lo encontramos
ridículo ?qué diremos de esa elevada colmena que
cubre la cabeza de los caballeros, y del celebrado
frac con sus faldones parecidos á dos alas de lan
gosta?
A esos hombres que tan injustos son con el bello
sexo, debiéramos recordarles aquellos conocidos ver
sos del inmortal Cervantes :
Advierte que es desati
Siendo de vidrio el teja -
Tomar piedras en la ma7
Para tirar al veci
Con la misma imparcialidad con que tratamos la
.cuestion de los afeites, diremos para concluir sobre
los mirinaques: que para nosotros los artificios del
traje dentro los límites del decoro, al rectificar los
defectos de la naturaleza, no perjudican el arte.
MODESTO COSTA Y TURELL.
La caza en 1857.
Vamos á escribir un artículo de caza para ofrecer
lo á nuestros lectores. Ah! casi lo hacemos con pe
sar,, porque escribir sobre caza en Barcelona, es re
sucitar amargos recuerdos. Cuando uno ha perma
necido en ciertos puntos de Espana y aun de la mon
tana de Cataluna y pasa despues á establecerse en la
.ciudad condal, pais tan escaso de animales aéreos,
terrestres y acuáticos, ?qué se puede tener sino re
cuerdos?
Desconsolados nos tiene el ver con qué rapidez la
caza desaparece de nuestros bosques y campinas. A
pesar de la ley de caza de 1854, que en vano quiere
evitar este mal, imperan los abusos aun de tal suerte
que dentro de poco tiempo habrá en Cataluna mas
cazadores que caza, y la perdiz, la liebre y el cone
jo serán animales antidiluvianos. Como verdade
ros cazadores deploramos amargamente esta desgra
cia, pues vemos que el noble y encantador ejercicio
de la caza será luego una diversion imposible y ridí
cula ; además sentimos tambien , como buenos ciu
dadanos y amigos de nuestros semejantes, que pese
sobre nuestro país tamana fatalidad.
Los cazadores de los paises donde abunda la caza,
serán sin duda bastante amables para no reirse de
nuestras esclamaciones , pues ellos mejor que nos
otros saben perfectamente que los animales indíge
nas componen una parte notable de la alimentacion
general. Tanto esto es así que en Viena y Berlin,
por ejemplo, hay carnicerías en las cuales la carne
de ciervo y de jabalí se vende á mas bajo precio que
la de carnero, y que en Alemania y en Inglaterra,
despues de esas grandes matanzas anualeNue solo
pueden compararse á las pesquerías hechas en las
desembocaduras de ciertos nos, despues de esas
enormes cacerías periódicas en las cuales se cuentan
las víctimas por centenares y á veces por millares,
la gente pobre puede comer liebres y conejos, per -
dices y faisanes á precios sumamente bajos en com
paracion de los demás artículos alimenticios.
! Qué cambio tan grande se observa en nuestro
país! aquí nos vemos privados casi enteramente del
placer que ofrece la caza y pocos son los que pue
den comerla con frecuencia. Entre nosotros se ma
ta, se destruye sin órden ni concierto casi con rabia
y encarnizamiento ; hacemos como el cultivador que
vende toda su cosecha sin reservarse semilla para la
siembra, ó como el salvaje de Montesquieu que corta
el árbol para coger el fruto.
En Inglaterra y en Alemania cada cazador se im
pone la ley de fomentar y conservar, como se prac
tica con los dosmésticos , los animales silvestres que
sin exigir cuidados ni gastos, nos proporcionan di
version y provecho. En las especies en que las hem
bras se distinguen de los machos, como en los cier
vos, corzas, faisanes , gallos silvestres, etc., las cos
tumbres, mas fuertes que las leyes, protegiendo las
hembras, garantizan la conservacion de la familia.
A las castas en que los sexos no pueden distinguirse
con facilidad se les tienen grandes consideraciones
ya sea respetando ciertos parajes que se miran hasta
cierto punto como un asilo para poblar los terrenos
contiguos, ya sea dejando de cazarlas cuando se ob
serva en ellas una disminucion demasiado sensible.
No sucede así en Espana donde los cazadores no se
ocupan sino en disputarse entre sí los últimos restos
de las especies que desaparecen. El cazador espanol,
imitando aquella célebre máxima de Luis my «tras
de mí el diluvio » dice tambien « despues que yo ha
ya cazado venga el diluvio. » Si algun propietario,
cazador prudente, trata de conservar la caza en sus
campos para sí y para los demás, privándose de ma
tarla en tiempo de veda, puede estar seguro de que
los cazadores sin conciencia y los cazadores furtivos
no se harán ningun escrúpulo en destruir el fruto de
sus privaciones, única esperanza de la comarca. En
nuestro país , el cazador furtivo hace alarde de su
oficio, y aun cuando es un delito de robo, la ley
no lo castiga porque lo califica de falta inocente, co
mo la de los muchachos que van á robar fruta. Por
eso el cazador furtivo y el cazador vicioso cuentan
sin avergonzarse, y aun con cierto orgullo, estas ha
zanas de contrabando. ?No vernos personas que se
creen honradas, y que lo son en realidad, que roban
un perro sin el menor escrúpulo? Y sin embargo, un
perro representa no solamente su valor venal, como
un carnero ó como un caballo , sino que además ha
costado á su dueno un largo trabajo de educacion ;
ese dueno lo quiere como el maestro á su discípulo,
ha hecho del perro su comensal y su amigo , y si
lo pierde puede causarle un profundo y grave pesar.
Ahora bien ! este desprecio de todo derecho y de to
do deber en materias de caza nos obligará al fin á
despedirnos de esta diversion.
Esta palabra cruel acude al pensamiento y á la bo
ca , cuando se regresa de otros países mas abundan
tes de caza y sobre todo mas razonables que el nues
tro. Ile aquí lo que nos decia poco há un sugeto que
habla cazado algunas temporadas en la Gran Bretana:
« Vengo de Escocia y de Inglaterra en donde he
hecho mi última campana; y digo mi última , puesto
que nada encuentro que hacer ni aun que intentar
aquí desde mi llegada. En Escocia he encontrado
buenos y hospitalarios amigos y esos encantadores
desiertos de floridos matorrales , llamados moors,
que coronan las crestas de las montanas. Allí trope
zaba á cada paso con bandadas de gallinas y gallos sil
vestres, habitantes de aquellas interesantes soleda
des; allí vi tambien perros que causaron mi admira
cion y mi delicia. Héroe convencido de que la mas
divertida de todas las cacerías con escepeta es la de
las gallinas silvestres en los moors de Escocia, y
creo que es tambien la mas interesante por el talen
to que allí pueden desplegar los cazadores y los per
ros ; aquellos sitios permiten que uno obre con en
tera libertad á pesar de sus escabrosidades, y des
pues, lo cual vale mas que todo, recompensan amplia
mente las fatigas del cazador.
» Estimulado por tantas ventajas sentia renacer
todo el entusiasmo de mis primeros dias de cazador
y me estasiaba cuando al anochecer de cada dia de
caza veia la gran porcion que me tocaba en el botin
comun. Entonces, comparando los tiros que acertaba
con los que erraba, los guardas esclamaban « Sois
un gran tirador. »
Cada vez que olmos referir esas grandes cacerías,
en el furor de nuestra afición, hasta quisiéramos cam
biar de patria trasladándonos á una de esas naciones
en donde los gobiernos dedican á este ramo tan pro
ductivo una vigilancia especial. En todos los paises,
menos en el nuestro , se hace respetar la ley de ea
za , castigando con penas severas al que la infringe;
en todas partes las autoridades hacen observar reli
giosamente la veda, y aun en algunas los mismos
cazadores evitan, en cuanto pueden, destruir con es
ceso los animales útiles.
En Cataluna , en 1857, la caza, especialmente en
los alrededores de Barcelona , ha ofrecido escasa di
version á los aficionados. El número de cazadores
furtivos aumenta de dia en dia. En tiempo del celo
es un abuso la manera como se cazan las perdices
con el reclamo ; en la época de los nidos se destru
yen gran número de éstos por los pastores, lenado
res y muchachos vagabundos de los pueblos , y si
llegan á nacer los polluelos, muchos cazadores los
persiguen cuando apenas empiezan á cubrirse de plu
ma. En presencia de este cuadro desconsolador ?qué
esperanza queda á los aficionados ? pasearse por las
montanas circunvecinas con la escopeta al hombro
para ver volar una perdiz cada dos ó tres horas. Des
de la apertura de la veda, es decir desde agosto has
ta marzo, un cazador que no se ha separado de los al
rededores de esta ciudad habrá muerto de veinte á
treinta piezas. ?Sacia esto la aficion? ?Compensa
los gastos y las fatigas que trae consigo el ejercicio
de la caza? Nó, las piezas que suma un cazador de
Barcelona en toda la temporada legal las mata unca
zador de ciertos puntos del Principado en una sema
na. Esta escasez de caza en las inmediaciones de esta
capital, lo repetimos, la causa la inobservancia de
la veda y el gran número de personas que cazan sin
licencia y por medios prohibidos. Este vicio que se
propaga por momentos en los pueblos y caseríos de
la montana, acabará en breve tiempo con los anima
les indígenas si las autoridades no tratan de corre
girlo haciendo observar estrictamente la ya de por sí
poco protectora ley de caza.
JOAQUIN MOLA Y MARTINEZ.
'Revista de la quincena.
Grata es la primavera, que coronada de flores son
re al mundo al despertar del sueno helado del in
vierno , y las apacibles siestas del verano convidan
bajo los sombríos árboles al placer y al amor ; pero
el hombre lucha con la naturaleza y la vence cuando
le envia los días de tristeza y luto y desnuda al mun
do de su manto de verdura, cubriendo el cielo de
nubes y borrascas. Tarnbien el invierno es la esta
cion del placer, ó por mejor decir , es la estacion
mas propicia para los encantos de la sociedad : los
que huyeron de las ciudades á respirar un aire mas
puro y á gozar en la soledad del campo.dias de paz,
esperan con afan que el carnaval abra las puertas de
sus salones, se crean en su ilusion aventuras hala
güenas, en que nuevos amores rejuvenezcan el cora
zon cansado por el hastío, y hacen preparativos for
midables en galas y en disfaces para entrar en la lu
cha que acaba el dia de Ceniza.
Un cielo despejado, un sol primaveral, interrum
pido con breves intervalos por lluvias pasageras y
dias en que soplaba con áspero rigor el cierzo, y la
aglomeracion de los dias festivos que han cerrado las
puertas del ano y han abierto las del presente, han
permitido á nuestras bellas salir á animar los paseos,
siendo el mas favorecido la muralla de mar, ese her
moso balcon que domina nuestra bahia y forma uno
de los puntos mas deliciosos de Espana.
La calle de Fernando VII fué durante las noches
que precedieron á la fiesta de los Reyes el punto de
reunion de la elegancia barcelonesa, y las tiendas de
Gervasio y de Fradera ostentaron caprichosos obje
tos de aguinaldo, blanco seductor de los afanes de
los ninos que espouen á graves conflictos los bolsi
llos de los papás.
! Aguinaldo! palabra mágica que evoca los recuer
dos de nuestra infancia, que representa escenas de
familia tan dulces como interesantes, que forma una
de las épocas mas felices de la vida! Cuando vemos
esos ninos de rosado semblante y rubios cabellos
corriendo llenos de inquietud, y arrastrando á sus
padres á donde se hallan los tesoros de la infancia,
16 LA ILUSTR CION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL.
Un lance de cartmal , en el Gran teatro dt I Liceo.— (Pág. 18.)
los frágiles juguetes que forman la única ambicion
del hombre en sus tiernos anos, nos trasladarnos á
nuestra querida patria, recordamos la impaciencia
con que espetábamos la noche que precede á la fies
ta de los Reyes, y la cándida confianza con que co
locábamos en la ventana el zapato donde los régios
viajeros debian depositar sus regalos. Los suenos de
aquella noche estaban llenos de ilusiones, veíamos en
ellos á los monarcas magos sobre arrogantes corceles
y guiados por la estrella misteriosa; no se ocultaban
á nuestras ansiosas y atentas miradas los anhelados
aguinaldos que complacientes y sonriendo dejaban en
nuestra ventana, y !cuán grato era nuestro placer
al despertar, cuán pura y completa nuestra alegria,
cuál batíamos nuestras manecitas al ver que casual
mente se ostentaba sobre el zapato tal ó cual jugue
te, cuya posesion habíamos tantas veces deseado!
Algunos espíritus escépticos y despreocupados cla
sificarán tal vez con irónica y fria sonrisa entre las
rancias preocupaciones la costumbre de los aguinal
dos de los Reyes, pero les diremos con orgullo que
semejantes usos constituyen la poesía mas bella de
la vida , y que el hombre sin poesía y sin las inocen
tes preocupaciones que censuran , es una planta sin
flor y sin aroma que vejeta mustia en un eterno dia
sin sol, en un perpetuo invierno.
Pero no nos separemos del plan que nos hemos
propuesto al inaugurar estas revistas, y que no con
siste por cierto en usar un estilo grave ni en erigir
nos en austeros moralistas, y sigamos al bullicioso
carnaval que vestido dt ailequin y haciendo sonar
sus cascabeles, llama á los que le rinden culto, acon
sejándoles que se den prisa á disfrutar de los goces
que les ofrece, porque este ano es muy breve su rei
nado.
La sociedad del Olimpo ha sido la primera en dar
principio á los bailes de máscara de este ano; su lin
do coliseo, á donde todos los dias festivos acude una
concurrencia que tiene una fisonomía característica
y que puede con razon llamarse reunion de familia,
vió en su platea y sus salones, la última noche del
ano que acaba de espirar, una multitud ansiosa de
divertirse y de bailar, porque.en el Olimpo se baila,
circunstancia de que carecen las mas de las veces los
bailes de máscara que se dan en teatros y socieda
des de mas aspiraciones.
La sociedad del Pireo inauguró sus bailes de
máscara la noche que precedió á la fiesta de Reyes.
Notamos en el primer baile bastante animacion , pe
ro como tambien tiene el carácter de familia que ad
vertimos en la sociedad del Olimpo, pollitas y po
lbs bailaron sin acordarse que IlevaSen careta, y
mamás y solteronas ocuparon gravemente sus asien
tos, recordando quizás con dolor sus pasados triun
fos.
Una competencia, en concepto de algunos favo
rable, y considerada por otros come perjudicial, ha
sido causa de que en una misma noche (la del 9)
inaugurasen sus bailes las aociedades del Circo y
del Liceo. El primero de estos teatros recibió á las
damas con lujo y aparato de buen gusto, pocas ve
ces visto en las bailes de máscara de esta ciudad.
Los corredores y salones estaban adornados con
gusto, y el coliseo preseataba un aspecto agrada
ble. La concurrencia fué bastante numerosa y esco
gida, pero mas que un baile de máscara, pareeia un
baile de sociedad.
El Liceo se vió en cambio inundado por una con
currencia tan animada y bulliciosa y fueron tantas y
tan variadas las aventuras que allí pasaron, que
puede decirse en verdad que el carnaval inauguró
dignamente en aquel inmenso salou su bullicioso rei
nado. Aquella boche se soltaron por vez primera las
lenguas encadenadas durante nueve meses, y era
tal el afan , el ímpetu y la impaciencia con que ellas
y ellos rompieron el silencio para descubrirse mútua
mente sus debilidades ó ridiculeces, que apenas
se oia la orquesta entre el discorde clamoreo de la
inmensa multitud que se agitaba, se.codeaba, reia,
gritaba y gesticulaba, y todos, con su máscara de
carne ó de carton y de seda, competían eh anima
cion y algazara.
!Qué de secretos salieron allí para confusion de
víctimas y de sacrificadores! !Qué de revelaciones
hicieron palidecer ó ruborizar rostros que entraron
en el salen serenos y risuenos! Entre las varias
aventuras que, cual otro Diablo Cojuelo , sorprendí
á favor de mi categoría de observador que va á caza
de noticias para enriquecer mi libro de memorias,
contaré la que por su mala estrella pasó á un solte
ron , viejo verde, cuyo retrato desfiguraré con al
gunas pinceladas para que no le conozca alguno de
mis lectores.
Don Braulio , que es nuestro héroe, ha pasado la
juventud en medio de las privaciones y ocupando en
la sociedad la oscura posicion del proletario, pero
su génio emprendedor y felices especulaciones le
han elevado poco á poco hasta conquistar un Don,
llegar á ser elector y elegible y figurar entre indus
triales y banqueros. Su único afan consiste en recu
perar la juventud perdida ; ha estado en Paris; se
ha estasiado en Mabille y en la Puerta de S. Martin ;
está loco por las grisetas , y lamenta que Espana
esté aun tan atrasada y tenga tanto decoro y mora
lidad, pues no tolera los amores fáciles y la libre ga
lantería de la moderna Atenas. Él, no obstante, se
hace superior á sus contemporáneos, y allí le teneis
vestido de Pierrot paseando por el salon del Liceo
con una ninfa de ambigua virtud, cuya boca no cesa
de pedir, no amor, sino cosas mas sólidas y esto
macales. Rosita es bella , alegre y ensena unos her
mosos dientes cuando rie á carcajadas, que es cuasi
continuamente, y Don Braulio se cree el mas feliz
de los mortales. ! Cuál se pavonea creyendo ser en
vidiado.! !Con qué impavidez recibe la granizada de
apodos y dicterios que como fuego de guerrilla cae
sobre sus oidos! Se le acercó por fin un granadero,
que hacia mucha rato le seguia como su propia som
bra, y le dijo: .,Pobre Braulio! la máscara que lle
vas del brazo acabará por volverte á tu antiguo te
lar. ?Es posible, majadero, que no veas que su
amor solo se dirige á tu bolsillo?» 'Y anadió al oído
algunas palabras que hicieron estremecer de tal mo
do á Don Braulio, que su movimiento convulsivo se
comunicó á Rosita, la cual miraba con recelosa in
quietud al granadero.
El domingo entró Don Braulio una hora antes que
otros dias en casa de su ninfa y la halló mano á ma
no con un pollo rubio é imberbe y en actitud capaz
de corroborar la revelacion que le hicieran la noche
anterior. Don Braulio la ha abandonado, pero la
nueva Ariadna continua riéndose á carcajadas, y á
estas horas ya tiene en su red cogido otro pez de
las dimensiones y circunstancias de Don Braulio.
!Es tan linda y graciosa Rosita!
!Son tan necios los viejos verdes !
GREGORIO AMADO LARROSA.
Epigrama.
Varias personas cenaban
Con afan desordenado,
Y á una tajada miraban
Que habiendo sola quedado
Por cortedad respetaban.
Uno la luz apagó
Para atraparla con modos ;
Su mano al plato.11evó,
Y halló las manos de todos,
Pero la tajada nó.
Portodo lo poblictdo en este °limera: Juan Yanquis.
Editor responsable, JUAN liAZQUEZ.
Imprenta del DI aaio ni BAIICHLONA á cargo de FranciscoGabailacl „
calle Nueva de S. Francisco • núm. 17.
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Ilustración barcelonesa, La. No. 02 (15 enero 1858) |
| Descripció | Conté il·lustracions. Informació addicional del subtítol: Periódico universal |
| Títol addicional | Periódico universal |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2008 |
| Data del document original | 1858 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : Juan Vázquez, 1858, No. 1 (1 enero 1858) - no. 24 (15 dic. 1858) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b2109794~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d'estudi o recerca, citant la font "Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona". Per a qualsevol altre ús cal demanar autorització |
| Productor | Ardiaca |
| Resolució | 150 ppp |
| Definició | 8 bits |
| Característiques físiques | 35 cm |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 300 ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | No. 2 (15 enero 1858) |
| Transcript | 15 DE ENERO DE 1858. tí1li IV \ It s 111 II %.\ PERIÓDICO UNIVERSAL. Núm. 2.—Tomo I. Se suscribe en BARCELONA en la litografia de D. Juan Vazquez , sucesor de Mabon , rambla del Centro, núm. 31 , y en las principales li brerías del reino. — La correspondencia deberá dirigirse í dicho senor Vazguez. PROSPECTO. 1,—El público ha sido tantas veces burlado, que ya no cree en les pomposas ofertas de los editores. En su consecuencia diremos únicamente que la empresa de la ILUSTRACION no per dona gasto alguno para dar buen papel, tipos claros y hermosos, magnifico, grabados y mejor redisecion.—Eclitese una sola ojeada teste número, y ella bastará para demostrar que no hay exage racion nue-tras palabras. 2, —La 1LCSTRACION BARCELONESA sepublica dos veces al mes. 3.—Cada mes al recibir el suscritor el segundo numero del periódico, debe renovar la suscrip cion para el próximo, 4.—Las suscripciones de provincia y del estrangero serán servidas puntualmente , si seremite su importe anticipadamente en libranzas á en sellos de franqueo. PRECIO. En BARCELONA, por un DOOS de suscrip cion, llevados los números á domicilio. 2 rs. Fuera de Barcelona, por id., franco de portes 3 » En el estrangero 1 » Números sueltos 2 » 1131J1111AIII0. La caza del leon. —Intrigas de aldea.— Las Tullerías y el Louvre.—Jefté.—Cuadro al vivo.—La caza en 1857.—Re vista quincenal.—Epígrama. LAIIIINA5.—E1 Louvre á vista de pájaro.—Un lance de Car naval en el Gran Teatro del Liceo La caza del leo'', por Julio Gerard, EL MITADOR DE LEONES, TENIENTE DEL TERCER REGIMIENTO DE 5P11115. (Coniinuation.) CARDO la leona está próxima á parir (á fines de diciembt e ó primeros de enero), busca un barranco impenetrable y ais lado para depositar en él á sus peque nos, cuyo número varia de uno á tres r segun la edad y la fuerza de las hem • bras. Sin embargo, lo general es que paran dos individuos, macho y hembra. Durante los primeros dias que siguen al nacimiento de los leoncillos, la ma dre no los abandona ni no solo instan te, y el padre es el que atiende á sus necesidades. Cuando los pequenos tie nen tres meses y han pasado la crisis de la denticion , mortal para muchas hembras , la madre los desteta aleján dose algunas horas cada dia, y dándoles carne de carnero muy limpia y desmenuzada. El leon , cuyo carácter es muy grave cuando es adulto, permanece muy poco al lado de sus hijos porque le cansan con sus juegos. A fin de vivir mas tranquilo, se procura una Itabitacion en las cerca nías para poder socorrer á su familia en caso de ne cesidad. Los árabes que saben una cria de leones, primera mente por haber visto la leona en dias de parir, y despues porque al llevárseles los carneros toman siempre el mismo camino, aprovechan el momento en que las leonas destetada sus pequenos para ro bárselos. Para esto, se apostan dias enteros en la sumidad de una colina ó se suben á un árbol que domine la cueva, y luego que ven alejar á la leona, seguros de que el macho no está al lado de los cachorros, se acercan á ellos deslizándose por entre los matorra les, y despues de envolverlos en sus jaiques, á fin de ahogar sus gritos, los llevan á la orilla del bosque donde aguardan algunos hombres montados. Losára bes suben á la grupa y en seguida parten á todo es cape. Esta maniobra es muy peligrosa como lo prue ba el ejemplo que voy á referir. En el mes de marzo de 1810, una leona depositó sus pequenos en un bosque llamado El-Gueto , situa do en la montana de Mezioun , en el país de los Zer dezah. El jefe del territorio, Zeiden, lo participó á Sedek-ben-Oumbarli, cheik de la tribu de Beni-Four - ral, su vecino. El dia convenido, treinta hombres de cada tribu se reunieron al amanecer en la garganta del Mezioun. Estos sesenta árabes, despues de haber cercado el matorral por todos lados, arrojaron grandes gritos, y viendo que la leona no aparecía penetraron hasta la cueva y se apoderaron de los dos leoncillos. Los árabes se retiraron con grande algazara, cre yendo que nada debian temer de la madre, cuando el cheik Sedek, que se habia quedado un poco atrás, la vió salir del bosque y dirigirse en derechura á él. Sedek llamó enseguida á su sobrino Mepaoud y á su amigo Ali-ben-Braham; que volaron á su socorro. La leona, en vez de atacar al cheik, que iba á ca ballo, se arrojó sobre su sobrino que estaba des montado. Este la aguardó con serenidad y no le disparó has ta que la tuvo á la boca del canon de su fusil. Solamente se inflamó el piston. Mecaoud arrojó entonces su arma, presentando á la leona el brazo izquierdo en el cual habia rollado su jaique. La leona se lo mete en la boca y se lo hace trizas; entretanto aquel hombre intrépido, sin retroceder un paso ni lanzar un grito, saca una pistola que lle vaba en su einturon y obliga á la leona á soltarle me tiéndole dos balas en el vientre. En seguida el animal se abalanza sobre Ali-ben Braham, que, disparándole á su vez, le mete inú tilmente la bala por la boca. La leona, se pone de manos sobre sus hombros y despues de derribarle, le destroza una mano, y de otro bocado le deja á descubierto varias costillas de un costado. Ah debe su salvacioná la muerte de la leona que espiró en este instante encima de él. Este hombre vive todavía, pero se ha quedado manco. Mecaond murió veinte y cuatro dias despues de este en cuentro. A la edad de cuatro ó cinco meses, los 'concilios siguen á su madre á la orilla del bosque donde el leon les trae la comida. A seis meses, en una noche bien oscura , toda la familia cambia de sitio , y desde esta época, hasta el momento en que los jóvenes deben separarse de sus padres, viajan continuamente. De ocho meses á un ano, los leoncillos empiezan á atacar los rebanos de carneros ó de calaras que durante el dia vienen á pacer á los alrededores de su retiro. A veces embisten tambien á los bueyes; pero tienen tan poca práctica, que, para matar uno , hie ren á lo menos diez, hasta que al fin el padre tiene que intervenir. A dos anos, los jóvenes leones saben degollar un caballo, un buey 6 un camello de un bocado en la 10 LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. garganta, y saltar los vallados de dos metros de al - tura que se levantan alrededor de los douars. Este período de uno á dos anos es muy fatal para las poblaciones. Con efecto , la familia leonina no mata solamente para alimentarse , sino para apren der á matar. Fácil es comprender lo que este apren dizaje debe costar á los que tienen que costearlo. Pero , se me dirá ?por qué los árabes se dejan atropellar así por los leones y por qué no los cazan? A lo cual responderé : Leed el capítulo siguiente, y si alguna vez poseeis rebanos en Argelia, ó tendreis que encerrarlos dentro de unas paredes de cincuenta metros de altura ó sufrireis como los árabes. A la edad de tres anos los jóvenes leones abando nan á sus padres para juntarse, y éstos, para no que darse solos , los reemplazan por una nueva familia. Los leones son adultos á ocho anos en cuya edad han adquirido toda su fuerza, y los machos, un ter cio mayores que las hembras, tienen toda la melena. No debe juzgarse de los leones que viven al estado salvaje por esos animales degenerados que se ven en las casas de fieras. Estos últimos, cogidos siendo aun de teta y cria dos con coles como los conejos, han sido privados de la leche de la madre, de la vida libre, del aire, y finalmente de un alimento sano y abundante. Por eso se ven en ellos esas formas mezquinas y débiles, esa mirada sin brillo, esa flaqueza enfermiza y esa melena clara y raquítica que les da el triste aspecto de perros de agua y que los hace tan diferentes de sus semejantes que viven al estado natural. Hay en Argelia tres especies de leones : el negro, el rojo y el gris, que los árabes llaman el adrea, el asfar y el zarzouri. El leon negro, mucho mas raro que los otros dos, no es tan grande, pero su cabeza es mayor, y su cuello, lomo y piernas son mas fornidos ; el fondo de su pelaje es idéntico al de un caballo bayo oscuro hasta el sitio de la espalda donde nace su negra me lena , larga y poblada, que le da un aspecto poco tranquilizador. Su frente tiene un codo de anchura, y la longitud de su cuerpo, desde la punta de la nariz al naci miento de la cola , que tiene un metro, es de cinco codos. Su peso varia de doscientos setenta y cinco á trescientos kilogramos. Los árabes temen mas á este leon que á las otras dos especies, y tienen ra zon. En vez de viajar como los otros dos, el leon ne gro se establece en una buena guarida en la cual permanece á veces treinta anos. Baja raramente á la llanura para atacar los douars; pero en cambio al anochecer, va á esperar á los rebanos de bueyes á la hora en que abandonan la montana, y mata cuatro ó cinco para beber su sangre. En los dias largos del verano, abandona su retiro al ponerse el sol y se pone al acecho en la orilla de un sendero que atraviesa la montana para aguardar que pase algun ginete ó algun peon que ha tenido la desgracia de retardarse un poco. Conozco á un árabe que en un encuentro semejan te, no tuvo otro recurso que quitar la silla y la bri da á su caballo, y cargando con estos arreos , dejó al animal que fué degollado á su presencia. Pero no siempre las cosas terminan así, pues ginetes ó peo nes, con mucha dificultad salen del apuro cuando se encuentran con un leon negro. El leon rojo 6 tostado y el leon gris solo difieren entre sí en el color de su melena, y ambos son un poco mas grandes y de formas mas esbeltas que el leon negro. Escepto en lo que acabamos de decir respecto de este último , todos tienen un mismo ca rácter y hábitos idénticos. La existencia del leon se divide en dos partes dis tintas que hacen de ellos, hasta cierto punto, ani males diferentes, haciendo incurrir en graves errores á todos los que han escrito acerca de este particular; estas dos partes son el dia y la noche. De dia el leon acostumbra á retirarse á los bosques, lejos del ruido, para hacer la digestion y dormir á sus anchas. Porque un hombre se haya encontrado impune mente, de dia , frente á frente con un leon que las moscas ó el sol obligaban á cambiar de morada, 6 que molestado por la sed bajase á la orilla de un torren te, sin tener en cuenta que á esta hora el animal es taba medio dormido y harto, se ha dicho que el leon no atacaba al hombre. Con efecto, el leon no mata por el placer de matar, sino para vivir y defenderse cuando se ve amenazado. En un país como la Argelia . literalmente cubierto de rebanos, el leon no se encuentra nunca hambtien to durante el dia. Los indígenas, que saben esto, tienen buen cuidado de no salir de su casa á la hora en que el leon deja su guarida , y cuando se ven obligados á viajar de noche, no van nunca solos ni á pié. Como se verá en el capítulo que trata de la caza del leon , cuando uno de estos carnívoros encuentra una partida de hombres los toma siempre por me rodeadores, y los sigue para sacar su parte en la presa. En cuanto á mí, declaro que si he observado in diferencia en la fisonomía de algunos leones que he encontrado de dia, solo he visto disposiciones hostiles en todos los que he visto de noche. Tan convencido estoy de que un hombre solo es tá perdido si hace un encuentro semejante, que, siem pre que he plantado mi tienda en la montana, en el momento que se ha hecho de noche, no me he sepa rado un paso de ella sin llevar mi escopeta. T.—JOAQUIN MOLA MAhTINEZ• (Se continuará.) Intrigas de aldea. 1. La humana preocupacion ha localizado siempre los golpes estratégicos, á que damos el nombre de intri gas, en las grandes poblaciones , como si en las al deas no hubiera intrigantes capaces de dar quince y falta á los mas hábiles diplomaticos. La verdad es que así en los pueblos pequenos comoen las ciudades hay hombres que tienen pasiones, intereses opuestos en una palabra, todos esos materiales propicios á la guerra civil que la sociedad humana empezó en tiem po de Cain y que promete durar tanto como el mun do. En todas partes hay tambien inconvenientes pa ra zanjar legalmente las dificultades, porque ó las leyes son imperfectas 6 la parcialidad impide sus buenos efectos en la aplicacion , y be aquí porque en todas partes los hombres apelan á esos vedados re cursos á que damos el nombre de intrigas. De estas premisas se deducen algunas consecuen cias que presentan cierta analogía en todas las socie dades mas ó menos cultas, á sabei : que las intrigas consiguen á veces el resultado á que sus autores as piran, ó que redundan en perjuicio de los intrigan tes, cosa muy comun y muybien explicada en la lo cucion popular que dice en tales casos: á este pobre cazador le salió el tiro por la culata. Ahora que he dicho lo que he dicho, me parece oportuno pasar á la aplicacion y á la prueba, porque creo yo que todo hombre que escribe debe decir al go, y esta es una verdad como un puno ; en segun do lugar debe proponerse algun fin , sin lo cual por mucho que diga se puede sostener que no ha dicho nada, y por último debe demostrar lo que dice, no sea que le tachen de embustero, y se ria el diablo de la mentira. Es el caso, amados lectores, que allá en las cer canías de la corte de Espana existe un pueblo llama do Arganda , célebre por el vino que en todos tiem pos ha producido en abundancia, y mas célebre aun por un puente colgante construido hace pocos anos sobre el Jarama y al cual se ha dado mas ó menos oportunamente el título honorífico de el puente de Arganda. En fin, yo creo haber contribuido algo á la celebridad de este pueblo, que en mi concepto no puede compararse con París y Londres, por aquella estrofa de una de mis composiciones en que hice de cir lo siguiente al Judio Errante: Senor !—! Anda!;— Que quizás Me va á dar un patatús. —! Anda !—Ya no puedo mas, Y aunque se empene Jesús No quiero pasar de Arganda. ! Anda! ! anda! De París á Penaranda , Y en efecto vean Vds. si merece gozar de alguna celebridad un pueblo donde se detuvo 6 quiso dete nerse el Indio Errante, que segun la tradicion no se ha detenido en ninguna parte. En este pueblo habia hace treinta y cinco ó cua renta anos sobre lustro mas ó menos, dos intrigan tes de primera tijera , uno de los cuales se llamaba Alfonso, abreviado de Ildefonso, y el otro Perico, diminutivo de Pedro, de modo que hasta por sus nombres hablan venido estos dos prójimos al mundo destinados á cierta mancomunidad, pues no parece sino que ya se habla dicho por este par de apuntes aquello de : El uno es Alfonso Tellez Y el otro Pedro Cadenas. Companeros en todas las travesuras de la infancia, habian sido despues compinches en todas las intrigas con que el genio del mal atormentó durante muchos anos á los pacíficos habitantes de Arganda , y para que en todo se vea marcada la huella del destino, el dia que Alfonso tuvo la suerte de ser nombrado al calde, alcanzó Pedro la fortuna de ser nombrado re gidor, y el pueblo la desdicha de tener uno de los ayuntamientos mas favorables al desorden y á la in justicia. Para que nada faltase á la alianza perpetua del in dicado alcalde y el susodicho regidor , el cielo habla dado á Periquito una hija bella y graciosa llamada Clotilde , y á Alfonso un hijo bastante necio, llama do providencialmente : uno y otro ven drian á tener la edad de diez y ocho á veinte anos en la época en que sus padres habiendo llegado á la cumbre del poder municipal resolvieron casarlos queriendo con esta boda consolidar las relaciones que les habia unido durante tanto tiempo. Pero su cedió entonces lo que suele suceder siempre que los padres se empenan en casar á sus hijos: estos tienen generalmente diferentes gustos que los padres, y aunque en la ocasion á que me refiero el joven Sim plicio tenia particular inclinacion hácia la bella Clo tilde , esta le correspondia con la mas desdenosa in diferencia. La hija del regidor amaba secretamente á un antiguo criado de su padre conocido por el nom bre propio de Andrés, y mas comunmente por el mote de Mátalas-callando, título digno de un hombre que tenia bastante sagacidad para conocer lo que de bia hacer sin necesidad de divulgarlo, y que obraba generalmente sin decir esta boca es mia. Amaba el buen Andrés á la Clotilde de quien era correspondido , siendo lo mas estrano de todo esto que ni el criado ni la senorita se habian dicho una palabra del carino que mútuamente se profesaban, y sin un incidente de esos que ponen á las personas mas reservadas en el disparador , probablemente nuestros enamorados hubieran permanecido mucho tiempo aunándose en silencio, ó cuando mas corres pondiéndose con el expresivo lenguaje de los ojos. Por fortuna llegó el fatal momento en que el alcalde Alfonso pidió formalmente la mano de Clotilde para su hijo Simplicio, y el regidor Perico se la otorgó delante de testigos, contando con el consentimiento de su hija, en lo cual se equivocó, pues la muchacha dió rienda suelta á las lágrimas, demostrando clara mente que no era Simplicio el santo de su devocion. Esto hizo creer al regider que su hija estaba como solemos decir, encaprichada de otro, y no tardó en adivinar por las miradas, que este otro era su criado Andrés. Resuelto á despejar cuanto antes la incógni ta, llamó á parte á su hija y á su criado con quienes celebró una conferencia que resumiremos en el diá logo siguiente; LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. 11 —Escucha, hija mia , dijo hablando primero con Clotilde; tú sabes que siempre he sido para tí lo que se llama un buen padre. —No tengo ninguna queja de Vd. contestó la mu chacha. Pues, entonces, ?porqué correspondes tan mal á mis bondades? ?porqué me has desairado delante de la gente cuando precisamente te iba á proponer un enlace que pudiera labrar tu felicidad y la mia? —Padre mio , respondió la muchacha, yo solo he contestado con las lágrimas á una proposicion que hecha por otro me hubiera arrancado una negativa desdenosa. Quisiera complacer á Vd. y no me es po sible hacerlo porque... todo lo que mi corazon pue de alegar en contrario se explica diciendo ingenua mente que yo no amo á Simplicio. —Ya lo supongo , dijo el padre, y no se me ocul ta la causa de tu aversion á Simplicio. Lanzó el regidor una mirada de despecho á su criado como sintiendo el impulso de castigar en el acto su atrevimiento, y despues conteniendo su in dignacion , le dirigió la palabra en estos términos: —Dime Andrés ; ?cuántos anos hace que comes el pan de mi casa? —Casi desde que nací , dijo Andrés. —?Has tenido alguna queja de mí en tantos anos? —Ninguna. —?Debia yo esperar que pagaras mis favores con la mas negra ingratitud? —En primer lugar, repuso Andrés, Vd. me ha pa gado bien lo bien, que yo le he servido, y no veo que pueda Yd. echarme en cara ningun favor. —Aunque así sea, replicó el regidor sujetando los impulsos de su ira, basta que yo no me haya porta do mal contigo para que tu no te portes mal con migo. —Pues en ese caso no creo haber faltado á mis deberes, porque nunca me he portado mal con Vd. —?No te has portado mal conmigo, y has tras tornado la cabeza de mi hija dirigiéndola palabras amorosas, sin tener en cuenta la distancia que te se para de ella y sin respeto al hombre cuyo pan has comido tanto tiempo? —Senor Pedro, dijo Andrés, su hija de Vd. sabe bien que nunca la he dicho semejantes palabras. —Padre mio, exclamó Clotilde, le juro á Vd. por lo mas sagrado , que nunca Andrés ha cometido la falta de que Vd. le acusa. —Vuestra negativa me irrita mas que vuestra cul pa, dijo el severo regidor, si al menos tuvieseis la virtud de decir la verdad, podriais obtener mi per don , aunque jamás consentiria en unas relaciones que ultrajan á mi dignidad. Poco faltó para que Andrés sentase su férrea ma mo en la mejilla del regidor. Por fortuna pudo con tenerse, ménos por el respeto que debla al padre que por consideracion hacia la hija, y haciendo un vio lento esfuerzo para mostrar la tranquilidad de alma que no tenia en aquel momento, dijo : —Senor Pedro, yo puedo escuchar con paciencia las quejas aunque infundadas con que Yd. me ator menta sin saber porqué, pero no estoy dispuesto á tolerar el insulto , y Yd me insulta suponiéndome capaz de faltar á la verdad. —Puesto que te precias de no faltar á la verdad, replicó el regidor, ?negarás que amas á mi hija? —No senor, dijo Andrés , confieso francamente que amo á su hija de Vd. aunque nunca se lo he ma nifestado de palabfa , y le juro á Vd. que podré re nunciar á su mano si ella no me corresponde, pero no dejaré de amarla mientras viva. Trató de hablar el regidor, pero no pudo hacerlo en mucho tiempo. Cojió luego á su hija por un brazo y así en un ademan que expresaba tanto la amenaza como la súplica, exclamó; —Ea, hija mia ; ha llegado el instante de castigar á un insolente que ha creido aspirar á tu amor impu nemente; dile que estás ofendida de tal ultraje, que le odias, que le desprecias... No pudo acabar el regidor. Clotilde cayó súbita mente de rodillas delante de él, exclamando tam bien : —Perdon , padre mio ; yo no puedo decir lo que Vd. me manda, porque yo tambien amo con todo mi corazon á Andrés, aunque nunca se lo he dicho. Quedó el regidor inmóvil al oir estas palabras; des pidió despues á Andrés de su presencia y de su casa, y mientras daba cuenta al alcalde de lo que sucedia, resolvió esconder á su hija en casa de uno de sus pa rientes. J. M. VILLERGAS. (Se continuará.) Las Tullerias y el Louvre. Cuatro siglos atrás , en el sitio que ocupa hoy el palacio des Tuileries habia una fábrica de tejas, que como es sabido se llaman en francés tulles, y de aquí viene el nombre de Tuiléries, que traducido en es panol debiera ser Tejares , y no Tullerias como ge neralmente se dice y ha sancionado la costumbre. Francisco 1, compró en 1518 la citada fábrica, convirtióla en palacio y lo regaló á su madre Luisa de Saboya, porque el palacio des Tournelles au Ma rais parecíale perjudicial á su salud. La princesa dió el palacio de las Tullerías á Juan Tiercelin en 1525, quien lo vendió á Catalina de Médicis , esposa de Enrique II, la cual en 1561 fijó en él su residencia. Esta reina lo agrandó bajo la direccion de los arqui tectos Bullant y Delorme. Edificáronse entonces el pabellon del Centro , las dos alas contiguas y dos cuerpos mas; pero nunca presentó aquel palacio un aspecto verdaderamente régio hasta que lo ocupó Enrique IV. Ducerceau , arquitecto de este monarca, dió cima á la obra con los dos grandes pabellones deFlora y de Marsan, y comenzó la dilatada galería que enlaza las Tullerías con el Louvre. A la muerte del monar ca suspendiéronse los trabajos , y no se terminaron hasta el reinado de Luis XIII. Cuando Luis XIV subió al trono dió órden á Luis Leveau para que corrigiese los defectos arquitectó nicos de las fachadas y dejara el conjunto con la po sible armonía. En 1808 ordenó Napoleon la cons truccion de la galería septentrional que embellece la calle de Rívoli , y que tambien llega hasta el Lou vre. Despues de la revolucion de 1830, el rey Luis Fe lipe hizo grandes mejoras en las Tullerías, tanto en el palacio como en el jardin.—Napoleon III continuó , la obra de sus antecesores, y últimamente en 11 de agosto de 1857 inauguróse solemnemente la reunion del palacio del Louvre con el de las Tullerias, cuyo plan se veia apoyado por el deseo general del país du rante mas de trescientos anos. En una de las habitaciones del norte, que dá vista á la calle de Rívoli, está el pabellon de Marsan, que habitaba la duquesa de Orleans , el príncipe real y el duque de Nemours. El jardin de las Tullerías es verdaderamente en cantador. No es estrano habiendo dibujado su plan el célebre Le Notre que tan buenas cosas ideó duran te el reinado de Luis XIV. Entre la multitud de estatuas que lo embellecen, debidas al cincel de los mas hábiles artistas, descue llan el Fidias de Pradier,, el Periclés de Dubay y el Temístocles de Lemaire. Los grupos mas notables son el rapto de Cibeles por Saturno, de Regnaudin; Lucrecia y Colatino , de Lepantre ; Eneas llevando á su padre en el hombro y á su hijo de la mano. El patio del palacio de las Tullerías está cerrado por una verja de hierro, cuyo centro ostenta este riormente un arco triunfal que dá paso á la plaza del Carrousel. Este arco fué erigido en 1806 por órden del emperador Napoleon á imitacion del de Séptimo Severo en Roma, con caballos corintios semejantes á los de la plaza de San Marcos de Venecia. ( Véase la lámina ). Este monumento, debido á los dibujos de Fontaine y Percier, , es verdaderamente una obra colosal , v como fué construido para eternizar la glo ria del ejército francés, alardea bellísimas estatuas de soldados de varias armas. El grupo de la carroza tirada por cuatro caballos de bronce, ejecutado por el célebre Bosio, es de un efecto admirable. La plaza del Carroussel que debe su nombre á los festines ytorneos que daba en ella Luis XIV en 1661, era á la sazon bastante reducida, pero actualmente se considera dicha plaza tal vez la mas espaciosa del mundo. Vamos á dar ahora una sucinta idea del antiguo palacio del Louvre. En el mismo sitio que ocupa este inmenso palacio, existia allá en los primeros tiempos de la monarquía francesa un castillo que servia de residencia á la fa - milia real. Felipe Augusto mandó construir la gran torre del Louvre , que vino á ser el centro del poder feudal, en donde los altos varones prestaban juramento de fidelidad. Entonces hallábase el Louvre en las afue ras de París, y hasta el ano de 1383 no estuvo com prendido en la capital. Durante el reinado de Carlos Y hiciéronse en es te palacio grandes mejoras. Construyéronse muchas nuevas habitaciones para los cortesanos , príncipes estrangeros y demás distinguidos personajes que pu diesen visitar á París. Tuvo luego este edificio una época de rápida de cadencia, y amagaba su total ruina, cuando Francis co I lo hizo demoler en 1528, y mandó á su arqui tecto Pedro Lescot construir en el mismo solar un alcázar régio , digno del trono de Francia. La mitad de la parte de occidente , tal cual en el dia existe, debióse á la direccion del citado arqui tecto. Enrique II terminó lo que se llama el viejo Lou vre , y á Juan Goujon deben agradecerse las bellas esculturas que tanto lo realzan. A la parte del Sena está el célebre balcon des de el cual Carlos IX, convirtiéndose de monarca en asesino, atrevióse á disparar contra los protes tantes su arcabuz en 1572, animando á la matanza de la Saint-Barthelerny,, baldon eterno de aquella época de bárbaro fanatismo. Enrique IV hizo algo tambien en la obra de sus mayores embelleciéndola y adornándola ; Luis XIII la perfeccionó, y Luis XIV , siguiendo los consejos de Colbert , hizo construir en 1666 el magnífico pe ristilo actual llamado Columnata del Louvre , que es preciso confesar que es una de las obras mas perfectas y elegantes de arquitectura. Napoleon I vino despues, y el Louvre ha guarda do tambien la huella de su paso , inaugurándolo por fin Napoleon III. A cada una de las cuatro entradas del Louvre sor prende•la magnificencia de las puertas de bronce. Por la que dá paso á las Tullerías fué conducido En rique IV , asesinado por el punal de Ravaillac. Cita se lo que llaman los franceses un beau mot de Sully á causa de este regicidio. La reina gritó : « Le roi est mort! ». — « Non, +nadara°, respondió el ministro, it monte les degrés , le roi ne meurt paint. » Para formarse una idea exacta de lo grandioso de este palacio, bastará decir que hay en su interior ocho museos que atesoran millares de obras maestras de todas las naciones, preciosidades antiguas y mo dernas, y cuánto de mas perfecto pueden producir las sublimes artes de la pintura y escultura. Nada diremos de los acontecimientcs políticos ocurridos en el Louvre , porque esto equivaldria á escribir la historia de la corte de Francia desde Fran cisco I á Luis XIV. Basta decir que el Louvre se ha convertido durante el presente siglo en palacio de Minerva, y que si los desastres de 1815 arreba taron al citado museo la escelente Venus de Médicis y otras obras de gran mérito , todavia quedan allí bastantes para que los franceses puedan citar al Louvre comoel templo de las artes y la gloria de Francia. C. y T. 12 LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. 15 a_ - _ - _ - •-• ,-. • 1„.4 ' • 11- „4,005111144,9ab _! — 4117-?4P- . 1,1! ,11 ,,'"J'"1111 '1 , 111 11M 1\a tt rl 7"nrin-Tr 1111El n ininorcii.eaUl ": 111 /',1/11!I4 L Vil- !ir r--2—Glio A In In riP -74 ,••15 wa •si im s• •-ffill fila -- i;-4-41-41 - nurain -II n•-• amion; t__' W_!' 17allrir:1 011, Fi 110 flflflflflflflflflflhlllll" ain,Fiatzlr ri 1,1 1,; , goitláSI OITIKA 1 Y f t I tul rt . _ 4- voiromommwom mor — " 14 LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. (Leyenda biblica.) Canto II. Mas el rey de los hijos deAmmon no quiso dar oidos á las razones de Jefté que le envió á decir por los mensageros. Biblia L. de Jueces Cap. 11.v. 28 El momento llegó ; con fiero arrojo respondiera tenaz el Ammonita , y en ansia de saciar su justo enojo á terrible contienda Jefté á las haces de Israel concita. Del triste ensueno la vision tremenda levantase de pronto en su memoria, y henchido del espíritu divino la ensena ti emolando de su gloria, con acento potente , chispeante la vista enfurecida , la faz severa, la cerviz erguida , y herizado el cabello en la alta frente que de insólito brillo se rodea ; va llamando al combate, á la venganza, como leon en cólera encendido, que sediento de sangre y de matanza la selva atruena con feroz rugido. De Manassés los términos recorre, de Masffa y Galaad : todo á su acento se conmueve , se indigna , se levanta, bien como á impulso de huracan violento las hojas sacudidas en la planta con murmullo se agitan un momento; pero cediendo al vigoroso empuje dóciles van en su existencia nueva al antojo del viento que las lleva. defté arrebata al desaliento inerte la juventud guerrera que en generosa ira, vuela á encontrar la muchedumbre fiera que allá en los campos de Aroer se mira. Canto III. Hizo un voto al Senor, diciendo si pusiesesen mismanos á los hijos de Ammon El primero sea el que fuere que saliere de las puertas de mi casa, y viniere á encontrarme cuando vuel va en paz de los hijos de Ammon, lo ofreceré al Senor en holocausto. Biblia L. de los Jueces c. 11 v. 30 y 31. Siempre de sangre y de botín sediento aun que de sangre y de botin colmado, entre Aroer y Mennith su campamento fijó un instante el Ammonita osado : llenan sus gritos la estension del viento sus guerreros el valle dilatado, turbando los mas fuertes corazones sus carros sus aprestos y legiones. Monarca formidable , cual coloso al frente de sus huestes se le mira , sobre el carro que monta impetuoso enhiesta la cerviz que el odio inspira , estendido su brazo sanguinoso sobre la tierra que de horror suspira, senalando á los suyos la comarca que á su voz ha de ser sangrienta charca. Y al contemplarla de su yugo exenta con satánico gozo se sonrie , su hidrópico anhelar mas se acrecienta , del triunfo cierto el corazon se engrie. ! Cuán rica á nuestros ojos se presenta! dice á los suyos, mi poder os guie , que aun que resista en la contienda brava yo su dueno seré, y ella mi esclava. Venid , y el peloton de esos guerreros que vemos á los rayos de la aurora , deshagan nuestros ínclitos aceros como deshace el sol niebla traidora: como insectos humildes y rastreros no turben nuestra marcha vencedora, y hundan en sus espaldas mis caballos la dura marca de sus duros callos. Pero es Jefté quien á su encuentro avanza con hueste escasa mas de arrojo llena, que puesta en el Senor toda esperanza, ansia la lucha de temor agena ; tras el denso vapor que en lontananza del valle sube á la region serena, pronto el campo enemigo le aparece, y de impaciencia y sana se estremece. Pero el Angel del mal con vuelo infando las filas de Israel corre un momento, cual sutil airecillo susurrando palabras de cobarde desaliento, no mas pronto la selva va doblando su liviano ramage al raudo viento, que en sus volubles corazones vierte el terror vergonzoso de la muerte. Y tiemblan descubriendo los pendones del idólatra audaz, que al sol naciente ordena sus belígeros varones; brillan las armas con el rayo ardiente, parodiando de lejos sus lejiones á las ondas de un mar fiero y rugiente , que un gesto del Senor aguarda solo para el mundo cubrir de polo á polo. Y apagada la fé , santa lumbrera que alienta el corazon y al triunfo escila , alza un vago murmullo por dó quiera pronto á cobarde fuga el Israelita : irritado Jefté , mirada fiera tendió sobre su hueste y la Ammouita , y en el asombro de la prueba ruda solo juzgóse , y le asaltó la duda. Mas rechazando el pensamiento odioso clamó al Dios que en la altura centellea, Si hoy postras por mi mano al que ominoso con sus sangrientas haces nos rodea , al volver á mi casa victorioso el ser primero que á mi vista sea ; cualquier que fuere , por el hecho fausto te lo ofrezco, Senor, en holocausto. Y volviendo á Israel ; con santo arrojo siento, gritó, que el corazon me late, el que apartó las aguas del mar Rojo nos dará fuerza en el terrible embate , recordad que en Merome holló su enojo de Sisara las huestes... ! Al combate! El Dios de Gedeon es quien nos guia. Muerte ó venganza de la hueste impía! Y cual fiero leon que se desprende del inmundo reptil que le rodea, rauda como la llama que se prende á la tostada mies que al viento ondea, espantosa cual nube que se enciende brotando el rayo que en su seno crea, la falange Israelita se avalanza clamando con Jefté !Muerte ó venganza! MARIA MENDOZA DE VIVES. (Se continuará.) Cuadro al vivo. Los Unes mugeriles han dado tambien bastante que criticar á los escritores por sus muchas hechuras estravagantes. No obstante al tratar de este asunto, debemos confesar que algunos lo han hecho con so brada ligereza, y hasta los ha habido que han pro rumpido en sátiras de mal gusto contra el sexo fe menino á falta de razones en que apoyar sus diatri bas. Las personas sencillas que claman en nombre del arte contra los artificios del tocado, ignoran sin du da que para hallar el origen é historia de la mayor parte de los mismos, es necesario retroceder hasta los pueblos artistas de Grecia é Italia. En tiempo de Alfonso VII estuvo muy en boga el brial, llevándolo la misma hija del rey. Este traje consistia en un vestido de seda ó de otra tela cos tosa y rica, que llevaban cenido á la cintura, bajando redondo y acampanado hasta los pies. La saboyana tuvo tambien mucha aceptacion en Espana por los siglos xv y xvi ; reduclase simple mente á una ropa esterior á modo de basquina, abier ta por delante. A fines del reinado de Francisco II, una dama de Ja córte tuvo ilícitos amores con cierto caballero, y para disimular las consecuencias, imaginó una vesti dura que ahuecára la basquina poniendo de este mo do á cubierto su honor. Todas las senoras que se en contraban en igual estado que dicha dama, adoptaron desde luego la referida moda, dándole el significati vo nombre de vertu-gardien, por corrupcion vertuga din y en espanol verdugado. La noche de la terrible matanza de S. Bartolomé, representó el verdugado un gran papel en la historia. Cuentan los cronistas franceses que Enrique de Na varra encontró un refugio inviolable contra el punal de los asesinos que le perseguian , en el verdugado de la reina Margarita.—Madame de Tressan salvó tambien al duque de Montmorency en el sitio de Be ziéres, haciéndole salir de la ciudad ocultándole en el coche debajo su verdugado. Algunos anos despues desapareció el mismo para ceder su puesto al tontillo á guarda-infante, el cual consistia en una especie de faldellin ó guardapiés con aros de ballena 6 de otra materia flexible, pues tos á trechos, para que ahuecáre la demás ropa. Es ta moda mereció la censura de los hombres celosos de las buenas costumbres por el abuso que se hizo de la misma. Entre los muchos escritores que satirizaron dicha moda, cuéntase el célebre Quevedo, el cual escribió sobre el asunto las siguientes líneas que no carecen de chiste: «Salia de su casa una buscona piramidal, habiendo hecho sudar la gota tan gorda á su portada, dando paso á un inmenso contorno de faldas, y tan abulta da, que pudiera ir por debajo rellena de ganapanes como la tarasca. Arrempujaba con el ruedo las dos aceras de una plazuela. Cogióla la hora, y volvién dose del revés las faldas del guarda-infante y arbola das, la sorbieron en campana vuelta, con facciones de tolba ; y descubrióse que para abultar de cade ras, entre diferentes legajos de arrapiezos , traia un repostero plegado, y la barriga en figura de ta berna, y á un lado un medio tapiz ; y lo mas notable fué que se veia un Holofernes degollado, porque fa colgadura debia de ser aquella historia. Rundíase la calle á silvos y gritos. Ella ahullaba, y como estaba sumida en dos estados de carcabuezo , que folmaban los espartos del ruedo que se habia erizado, oíanse las voces como de lo profundo de una cima, donde yacía con pinta de corantamaula » Esto no obstante las madrilenas continuaron en sancjiando el guarda-infante hasta ridiculizarse. La autoridad intervino en el asunto, y el 13 de abril de 1639 publicóse un edicto prohibiendo su uso bajo penas pecuniarias. El sexo femenino no hizo caso de dicho edicto, / en un solo dia fueron desarmadas pú blicamente en la córte, en medio de las calles, mas de cien senoras, y entregado el armazon al popula cho , que lo recibió con algazara. La afrenta no po dia ser mas terrible, y juraron las madrilenas ven garse, protestando contra el mato indecoroso de lle var á cabo los alguaciles las órdenes de la autoridad. Entonces encontró el bello sexo defensores en todas partes ; y tanto hicieron y hjbo tanto influjo, que triunfó de nuevo el célebre gua: da-infante. Esta moda desapareció despues de haber hecho tanto furor, volvió á adoptarse algunos anos des pues con el nombre de pollera, y vuelve á estar de moda hoy dia con el 'pintiparado nombre de miri naque. Esplicada la historia de esta armazon , solo nos resta decir que, á nuestro entender, no merece las pullas y sarcasmos de que es continuamente el blan co por parte del sexo feo, siempre y cuando su yo LA ILUSTRACION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. 15 1úmen no esceda de 90 centímetros de diámetro, que es el que debe tener el verdadero tontillo. Pero como no todas las jóvenes se contentan con estos límites, de ahí el que lal mas de ellas se hagan ridí culas por el abultamiento disforme de caderas. Ade más el verdadero tontillo ó mirinaque necesita cierta gracia para usarlo ; y tampoco consiste en llevar por economía tres aros de estera ó ballena mal arregla dos, como acostumbran hacerlo algunas modistillas. Si el mirinaque tal cual debe ser lo encontramos ridículo ?qué diremos de esa elevada colmena que cubre la cabeza de los caballeros, y del celebrado frac con sus faldones parecidos á dos alas de lan gosta? A esos hombres que tan injustos son con el bello sexo, debiéramos recordarles aquellos conocidos ver sos del inmortal Cervantes : Advierte que es desati Siendo de vidrio el teja - Tomar piedras en la ma7 Para tirar al veci Con la misma imparcialidad con que tratamos la .cuestion de los afeites, diremos para concluir sobre los mirinaques: que para nosotros los artificios del traje dentro los límites del decoro, al rectificar los defectos de la naturaleza, no perjudican el arte. MODESTO COSTA Y TURELL. La caza en 1857. Vamos á escribir un artículo de caza para ofrecer lo á nuestros lectores. Ah! casi lo hacemos con pe sar,, porque escribir sobre caza en Barcelona, es re sucitar amargos recuerdos. Cuando uno ha perma necido en ciertos puntos de Espana y aun de la mon tana de Cataluna y pasa despues á establecerse en la .ciudad condal, pais tan escaso de animales aéreos, terrestres y acuáticos, ?qué se puede tener sino re cuerdos? Desconsolados nos tiene el ver con qué rapidez la caza desaparece de nuestros bosques y campinas. A pesar de la ley de caza de 1854, que en vano quiere evitar este mal, imperan los abusos aun de tal suerte que dentro de poco tiempo habrá en Cataluna mas cazadores que caza, y la perdiz, la liebre y el cone jo serán animales antidiluvianos. Como verdade ros cazadores deploramos amargamente esta desgra cia, pues vemos que el noble y encantador ejercicio de la caza será luego una diversion imposible y ridí cula ; además sentimos tambien , como buenos ciu dadanos y amigos de nuestros semejantes, que pese sobre nuestro país tamana fatalidad. Los cazadores de los paises donde abunda la caza, serán sin duda bastante amables para no reirse de nuestras esclamaciones , pues ellos mejor que nos otros saben perfectamente que los animales indíge nas componen una parte notable de la alimentacion general. Tanto esto es así que en Viena y Berlin, por ejemplo, hay carnicerías en las cuales la carne de ciervo y de jabalí se vende á mas bajo precio que la de carnero, y que en Alemania y en Inglaterra, despues de esas grandes matanzas anualeNue solo pueden compararse á las pesquerías hechas en las desembocaduras de ciertos nos, despues de esas enormes cacerías periódicas en las cuales se cuentan las víctimas por centenares y á veces por millares, la gente pobre puede comer liebres y conejos, per - dices y faisanes á precios sumamente bajos en com paracion de los demás artículos alimenticios. ! Qué cambio tan grande se observa en nuestro país! aquí nos vemos privados casi enteramente del placer que ofrece la caza y pocos son los que pue den comerla con frecuencia. Entre nosotros se ma ta, se destruye sin órden ni concierto casi con rabia y encarnizamiento ; hacemos como el cultivador que vende toda su cosecha sin reservarse semilla para la siembra, ó como el salvaje de Montesquieu que corta el árbol para coger el fruto. En Inglaterra y en Alemania cada cazador se im pone la ley de fomentar y conservar, como se prac tica con los dosmésticos , los animales silvestres que sin exigir cuidados ni gastos, nos proporcionan di version y provecho. En las especies en que las hem bras se distinguen de los machos, como en los cier vos, corzas, faisanes , gallos silvestres, etc., las cos tumbres, mas fuertes que las leyes, protegiendo las hembras, garantizan la conservacion de la familia. A las castas en que los sexos no pueden distinguirse con facilidad se les tienen grandes consideraciones ya sea respetando ciertos parajes que se miran hasta cierto punto como un asilo para poblar los terrenos contiguos, ya sea dejando de cazarlas cuando se ob serva en ellas una disminucion demasiado sensible. No sucede así en Espana donde los cazadores no se ocupan sino en disputarse entre sí los últimos restos de las especies que desaparecen. El cazador espanol, imitando aquella célebre máxima de Luis my «tras de mí el diluvio » dice tambien « despues que yo ha ya cazado venga el diluvio. » Si algun propietario, cazador prudente, trata de conservar la caza en sus campos para sí y para los demás, privándose de ma tarla en tiempo de veda, puede estar seguro de que los cazadores sin conciencia y los cazadores furtivos no se harán ningun escrúpulo en destruir el fruto de sus privaciones, única esperanza de la comarca. En nuestro país , el cazador furtivo hace alarde de su oficio, y aun cuando es un delito de robo, la ley no lo castiga porque lo califica de falta inocente, co mo la de los muchachos que van á robar fruta. Por eso el cazador furtivo y el cazador vicioso cuentan sin avergonzarse, y aun con cierto orgullo, estas ha zanas de contrabando. ?No vernos personas que se creen honradas, y que lo son en realidad, que roban un perro sin el menor escrúpulo? Y sin embargo, un perro representa no solamente su valor venal, como un carnero ó como un caballo , sino que además ha costado á su dueno un largo trabajo de educacion ; ese dueno lo quiere como el maestro á su discípulo, ha hecho del perro su comensal y su amigo , y si lo pierde puede causarle un profundo y grave pesar. Ahora bien ! este desprecio de todo derecho y de to do deber en materias de caza nos obligará al fin á despedirnos de esta diversion. Esta palabra cruel acude al pensamiento y á la bo ca , cuando se regresa de otros países mas abundan tes de caza y sobre todo mas razonables que el nues tro. Ile aquí lo que nos decia poco há un sugeto que habla cazado algunas temporadas en la Gran Bretana: « Vengo de Escocia y de Inglaterra en donde he hecho mi última campana; y digo mi última , puesto que nada encuentro que hacer ni aun que intentar aquí desde mi llegada. En Escocia he encontrado buenos y hospitalarios amigos y esos encantadores desiertos de floridos matorrales , llamados moors, que coronan las crestas de las montanas. Allí trope zaba á cada paso con bandadas de gallinas y gallos sil vestres, habitantes de aquellas interesantes soleda des; allí vi tambien perros que causaron mi admira cion y mi delicia. Héroe convencido de que la mas divertida de todas las cacerías con escepeta es la de las gallinas silvestres en los moors de Escocia, y creo que es tambien la mas interesante por el talen to que allí pueden desplegar los cazadores y los per ros ; aquellos sitios permiten que uno obre con en tera libertad á pesar de sus escabrosidades, y des pues, lo cual vale mas que todo, recompensan amplia mente las fatigas del cazador. » Estimulado por tantas ventajas sentia renacer todo el entusiasmo de mis primeros dias de cazador y me estasiaba cuando al anochecer de cada dia de caza veia la gran porcion que me tocaba en el botin comun. Entonces, comparando los tiros que acertaba con los que erraba, los guardas esclamaban « Sois un gran tirador. » Cada vez que olmos referir esas grandes cacerías, en el furor de nuestra afición, hasta quisiéramos cam biar de patria trasladándonos á una de esas naciones en donde los gobiernos dedican á este ramo tan pro ductivo una vigilancia especial. En todos los paises, menos en el nuestro , se hace respetar la ley de ea za , castigando con penas severas al que la infringe; en todas partes las autoridades hacen observar reli giosamente la veda, y aun en algunas los mismos cazadores evitan, en cuanto pueden, destruir con es ceso los animales útiles. En Cataluna , en 1857, la caza, especialmente en los alrededores de Barcelona , ha ofrecido escasa di version á los aficionados. El número de cazadores furtivos aumenta de dia en dia. En tiempo del celo es un abuso la manera como se cazan las perdices con el reclamo ; en la época de los nidos se destru yen gran número de éstos por los pastores, lenado res y muchachos vagabundos de los pueblos , y si llegan á nacer los polluelos, muchos cazadores los persiguen cuando apenas empiezan á cubrirse de plu ma. En presencia de este cuadro desconsolador ?qué esperanza queda á los aficionados ? pasearse por las montanas circunvecinas con la escopeta al hombro para ver volar una perdiz cada dos ó tres horas. Des de la apertura de la veda, es decir desde agosto has ta marzo, un cazador que no se ha separado de los al rededores de esta ciudad habrá muerto de veinte á treinta piezas. ?Sacia esto la aficion? ?Compensa los gastos y las fatigas que trae consigo el ejercicio de la caza? Nó, las piezas que suma un cazador de Barcelona en toda la temporada legal las mata unca zador de ciertos puntos del Principado en una sema na. Esta escasez de caza en las inmediaciones de esta capital, lo repetimos, la causa la inobservancia de la veda y el gran número de personas que cazan sin licencia y por medios prohibidos. Este vicio que se propaga por momentos en los pueblos y caseríos de la montana, acabará en breve tiempo con los anima les indígenas si las autoridades no tratan de corre girlo haciendo observar estrictamente la ya de por sí poco protectora ley de caza. JOAQUIN MOLA Y MARTINEZ. 'Revista de la quincena. Grata es la primavera, que coronada de flores son re al mundo al despertar del sueno helado del in vierno , y las apacibles siestas del verano convidan bajo los sombríos árboles al placer y al amor ; pero el hombre lucha con la naturaleza y la vence cuando le envia los días de tristeza y luto y desnuda al mun do de su manto de verdura, cubriendo el cielo de nubes y borrascas. Tarnbien el invierno es la esta cion del placer, ó por mejor decir , es la estacion mas propicia para los encantos de la sociedad : los que huyeron de las ciudades á respirar un aire mas puro y á gozar en la soledad del campo.dias de paz, esperan con afan que el carnaval abra las puertas de sus salones, se crean en su ilusion aventuras hala güenas, en que nuevos amores rejuvenezcan el cora zon cansado por el hastío, y hacen preparativos for midables en galas y en disfaces para entrar en la lu cha que acaba el dia de Ceniza. Un cielo despejado, un sol primaveral, interrum pido con breves intervalos por lluvias pasageras y dias en que soplaba con áspero rigor el cierzo, y la aglomeracion de los dias festivos que han cerrado las puertas del ano y han abierto las del presente, han permitido á nuestras bellas salir á animar los paseos, siendo el mas favorecido la muralla de mar, ese her moso balcon que domina nuestra bahia y forma uno de los puntos mas deliciosos de Espana. La calle de Fernando VII fué durante las noches que precedieron á la fiesta de los Reyes el punto de reunion de la elegancia barcelonesa, y las tiendas de Gervasio y de Fradera ostentaron caprichosos obje tos de aguinaldo, blanco seductor de los afanes de los ninos que espouen á graves conflictos los bolsi llos de los papás. ! Aguinaldo! palabra mágica que evoca los recuer dos de nuestra infancia, que representa escenas de familia tan dulces como interesantes, que forma una de las épocas mas felices de la vida! Cuando vemos esos ninos de rosado semblante y rubios cabellos corriendo llenos de inquietud, y arrastrando á sus padres á donde se hallan los tesoros de la infancia, 16 LA ILUSTR CION BARCELONESA, PERIÓDICO UNIVERSAL. Un lance de cartmal , en el Gran teatro dt I Liceo.— (Pág. 18.) los frágiles juguetes que forman la única ambicion del hombre en sus tiernos anos, nos trasladarnos á nuestra querida patria, recordamos la impaciencia con que espetábamos la noche que precede á la fies ta de los Reyes, y la cándida confianza con que co locábamos en la ventana el zapato donde los régios viajeros debian depositar sus regalos. Los suenos de aquella noche estaban llenos de ilusiones, veíamos en ellos á los monarcas magos sobre arrogantes corceles y guiados por la estrella misteriosa; no se ocultaban á nuestras ansiosas y atentas miradas los anhelados aguinaldos que complacientes y sonriendo dejaban en nuestra ventana, y !cuán grato era nuestro placer al despertar, cuán pura y completa nuestra alegria, cuál batíamos nuestras manecitas al ver que casual mente se ostentaba sobre el zapato tal ó cual jugue te, cuya posesion habíamos tantas veces deseado! Algunos espíritus escépticos y despreocupados cla sificarán tal vez con irónica y fria sonrisa entre las rancias preocupaciones la costumbre de los aguinal dos de los Reyes, pero les diremos con orgullo que semejantes usos constituyen la poesía mas bella de la vida , y que el hombre sin poesía y sin las inocen tes preocupaciones que censuran , es una planta sin flor y sin aroma que vejeta mustia en un eterno dia sin sol, en un perpetuo invierno. Pero no nos separemos del plan que nos hemos propuesto al inaugurar estas revistas, y que no con siste por cierto en usar un estilo grave ni en erigir nos en austeros moralistas, y sigamos al bullicioso carnaval que vestido dt ailequin y haciendo sonar sus cascabeles, llama á los que le rinden culto, acon sejándoles que se den prisa á disfrutar de los goces que les ofrece, porque este ano es muy breve su rei nado. La sociedad del Olimpo ha sido la primera en dar principio á los bailes de máscara de este ano; su lin do coliseo, á donde todos los dias festivos acude una concurrencia que tiene una fisonomía característica y que puede con razon llamarse reunion de familia, vió en su platea y sus salones, la última noche del ano que acaba de espirar, una multitud ansiosa de divertirse y de bailar, porque.en el Olimpo se baila, circunstancia de que carecen las mas de las veces los bailes de máscara que se dan en teatros y socieda des de mas aspiraciones. La sociedad del Pireo inauguró sus bailes de máscara la noche que precedió á la fiesta de Reyes. Notamos en el primer baile bastante animacion , pe ro como tambien tiene el carácter de familia que ad vertimos en la sociedad del Olimpo, pollitas y po lbs bailaron sin acordarse que IlevaSen careta, y mamás y solteronas ocuparon gravemente sus asien tos, recordando quizás con dolor sus pasados triun fos. Una competencia, en concepto de algunos favo rable, y considerada por otros come perjudicial, ha sido causa de que en una misma noche (la del 9) inaugurasen sus bailes las aociedades del Circo y del Liceo. El primero de estos teatros recibió á las damas con lujo y aparato de buen gusto, pocas ve ces visto en las bailes de máscara de esta ciudad. Los corredores y salones estaban adornados con gusto, y el coliseo preseataba un aspecto agrada ble. La concurrencia fué bastante numerosa y esco gida, pero mas que un baile de máscara, pareeia un baile de sociedad. El Liceo se vió en cambio inundado por una con currencia tan animada y bulliciosa y fueron tantas y tan variadas las aventuras que allí pasaron, que puede decirse en verdad que el carnaval inauguró dignamente en aquel inmenso salou su bullicioso rei nado. Aquella boche se soltaron por vez primera las lenguas encadenadas durante nueve meses, y era tal el afan , el ímpetu y la impaciencia con que ellas y ellos rompieron el silencio para descubrirse mútua mente sus debilidades ó ridiculeces, que apenas se oia la orquesta entre el discorde clamoreo de la inmensa multitud que se agitaba, se.codeaba, reia, gritaba y gesticulaba, y todos, con su máscara de carne ó de carton y de seda, competían eh anima cion y algazara. !Qué de secretos salieron allí para confusion de víctimas y de sacrificadores! !Qué de revelaciones hicieron palidecer ó ruborizar rostros que entraron en el salen serenos y risuenos! Entre las varias aventuras que, cual otro Diablo Cojuelo , sorprendí á favor de mi categoría de observador que va á caza de noticias para enriquecer mi libro de memorias, contaré la que por su mala estrella pasó á un solte ron , viejo verde, cuyo retrato desfiguraré con al gunas pinceladas para que no le conozca alguno de mis lectores. Don Braulio , que es nuestro héroe, ha pasado la juventud en medio de las privaciones y ocupando en la sociedad la oscura posicion del proletario, pero su génio emprendedor y felices especulaciones le han elevado poco á poco hasta conquistar un Don, llegar á ser elector y elegible y figurar entre indus triales y banqueros. Su único afan consiste en recu perar la juventud perdida ; ha estado en Paris; se ha estasiado en Mabille y en la Puerta de S. Martin ; está loco por las grisetas , y lamenta que Espana esté aun tan atrasada y tenga tanto decoro y mora lidad, pues no tolera los amores fáciles y la libre ga lantería de la moderna Atenas. Él, no obstante, se hace superior á sus contemporáneos, y allí le teneis vestido de Pierrot paseando por el salon del Liceo con una ninfa de ambigua virtud, cuya boca no cesa de pedir, no amor, sino cosas mas sólidas y esto macales. Rosita es bella , alegre y ensena unos her mosos dientes cuando rie á carcajadas, que es cuasi continuamente, y Don Braulio se cree el mas feliz de los mortales. ! Cuál se pavonea creyendo ser en vidiado.! !Con qué impavidez recibe la granizada de apodos y dicterios que como fuego de guerrilla cae sobre sus oidos! Se le acercó por fin un granadero, que hacia mucha rato le seguia como su propia som bra, y le dijo: .,Pobre Braulio! la máscara que lle vas del brazo acabará por volverte á tu antiguo te lar. ?Es posible, majadero, que no veas que su amor solo se dirige á tu bolsillo?» 'Y anadió al oído algunas palabras que hicieron estremecer de tal mo do á Don Braulio, que su movimiento convulsivo se comunicó á Rosita, la cual miraba con recelosa in quietud al granadero. El domingo entró Don Braulio una hora antes que otros dias en casa de su ninfa y la halló mano á ma no con un pollo rubio é imberbe y en actitud capaz de corroborar la revelacion que le hicieran la noche anterior. Don Braulio la ha abandonado, pero la nueva Ariadna continua riéndose á carcajadas, y á estas horas ya tiene en su red cogido otro pez de las dimensiones y circunstancias de Don Braulio. !Es tan linda y graciosa Rosita! !Son tan necios los viejos verdes ! GREGORIO AMADO LARROSA. Epigrama. Varias personas cenaban Con afan desordenado, Y á una tajada miraban Que habiendo sola quedado Por cortedad respetaban. Uno la luz apagó Para atraparla con modos ; Su mano al plato.11evó, Y halló las manos de todos, Pero la tajada nó. Portodo lo poblictdo en este °limera: Juan Yanquis. Editor responsable, JUAN liAZQUEZ. Imprenta del DI aaio ni BAIICHLONA á cargo de FranciscoGabailacl „ calle Nueva de S. Francisco • núm. 17. |
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