No. 6 (1 sept. 1927) |
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La Moda Prácfica
SE PUBLICA LOS DÍAS 5 Y 20 DE CADA MES
Es la revista de Modas más útil, económica
e interesante para las Senoras y el Hogar
Un ario
Un írímesíre
LA MODA PRÁCTICA forma un interesante conjunto de 48 págínas,
con elegantes figurines y modelos en colores, de las últimas creaciones de
la moda femenina, tanto en vestidos como en abríos, sombreros, ajuar
interior, labores, etc. Contiene una sección especial de confecciones para
ninos. Regala patrones cortados. Publica págínas de cíne, grafología,
recetas de tocador y cocina e interesantes historietas ilustradas
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MUNDO IBÉRICO
Revista Quincenal Ilustrada Director : Mario Verdaguer
REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN
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I 1 111111111111111111111 I II 1 11 1 I 11 I I III I I II I 1111 1 1 I I 1 1 I I II I 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 II I II I I 1 1 1 I I 1 1
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MUNDO IBÉRICO
GEÓRGEICAS
De la ciudad de los innumerables rumo
res, como el mar de Homero, de esta Bar
celona inquieta y trepidante, héteme aquí
sumergido en una aldea mallorquina, ane
gada en paz y en silencio. De una densí
sima espesura de frondas surge la flecha
de un campanario que apunta al cielo. En
tre la ancha y verde frondación de los no
pales y de las higueras, apenas asoma el
rebano de las casucas huMildes, de quien
puede decirse aquello del Kempis Parva
domus,, magna Tajes: casa pequena, gran
de paz., El campo huele a rastrojo y a sil
vestre menta. De las eras, llenas de gar
bas áureas, viene la lenta y cansada can
ción con que el ganán acompana aquel ro
dar indolente de las bestias que desflora las
grávidas espigas y tritura las leyes pajas.
Aquella canción tiene mucho de árabe y tie
ne algo de melodía litúrgica, de música
gregoriana que se despliega en largas es
pirales y como el vapor del incienso sube
al .cielo por el camino más largo. La can
ción de las eras mallorquinas tiene algo de
la solemne lentitud con que desarrolla su
melódica riqueza una secuencia de rito mo
zarábico. De las eras llega el pesado polvo
Precioso y el goloso olor, cereal. Los lus
trosos y corpulentos algarrobos redondean
SUS gibas verdinegras, bajo un sol escan decido, de una blancura cuasi calcárea. Los
Pálidos olivos, coronados de argénteo folla je, sutil y nervioso que el viento hace tem
blante y bicolor, bajo el cielo impasible,
retuércense en su milenaria tortura. Las
montanas pálidamente azules, piérdense en
el azul palidísimo del cielo. La felicidad y
el olvido del mundo rodean este pueblecillo
y le cinen, como cine una isla el agua rien
te y trémula del mar.
El pueblo que en las horas caniculares
dirfase muerto, empieza a vivir con el trino
son del Angelus vespertino. Cuando el An
gel crepuscular agita sus alas de plata so bre las viviendas humildes ; cuando en el
cielo, el Véspero enciende su llama ; cuan do los techos humean y caen de los montes las sombras cada vez más largas ; enton
ces salen al umbral, a captar un poco de
fresco, las ancianas hilanderas. Las ancia
nas hilanderas, que tendrían algo de Par
eas y algo de Sibilas, algo de irrevocable
Y de temeroso, si en su frente marchita no
hubiera puesto mucha calma la nieve d? lOS anos ; si sus mejillas no fuesen surca
?Quiere dominarse a sí mismo, a sus semejantes y al Mundo, en fin?
Compre el libro titulado DOMINIO Y CULTURA DE LA VOLUNTAD
3 PESETAS EN KIOSCOS Y 11,1111: E 1: Í A S
das por largos arroyos de lloro y si sus
desdestadas bocas no fluyesen con continuo
rumor de rezos. El idioma vernáculo en
sus labios es bello y oloroso como una flor ;
sabroso y fresco como una manzana ca
muesa. La castidad del lenguaje consérva
se entre los labios ajados, como entre unas
hojas secas una gota de rocío. Tanto es así,
que ya lo notaron los viejos preceptistas.
Dice Cicerón : Más fácilmente las mujeres
conservan la antiguedad incorrupta, por
que no habiendo tenido tratos con muchas
y diversas gentes, retienen con tenacidad
aquellos vocablos puros que en su infancia
aprendieron. Las ancianas y dulces hilan
deras de la aldea, más que con las Sibilas
tremebundas, más que con las inexorables
Parcas antiguas, tienen parecido y paren
tesco con Nuestra Senora Santa Ana, su
patrona. Como ella, estos suaves seres die
ron a la tierra su fruto y son ya maduras
para la troj del cielo.
Este campanario, apuntado y albo como
un capullo de lirio, que emerge de en me
dio de un tupido y hojoso verdor, es el
dedo Indice tendido hacia arriba de una hu
milde iglesia, cuya titular es Nuestra Se
nora Santa Ana., Ella hinche el ámbito sa
cro con la blanda y accesible majestad de
su senilidad fecunda y bendecida por Dios.
Ella desde siglos muestra a los sencillos al
deanos el fruto de su vientre, la Virgen
María, Madre de Dios, flor tan tierna como
tardía, florecida a deshora en el anoso ro
sal.
La santidad de Santa Ana es una flor de
suavidad. Ella, como una tórtola, fué toda
recato y fidelidad y humi'clad y sollozo. Ella
esperó contra la esperanza. Ella, con el tré
molo suspirante de su plegaria y con sus
inenarrables gemidos, rompió los aires,
hendió los cielos, hirió los oídos de Dios,
vulneró su corazón benigno y lo inclinó ha
cia la tierra. Ella, sobre la sed exasperada
de este yermo, atrajo el titilante rocío ce
lestial.
Todos los anos, terminada la siega y
entrada la cosecha, honran estos aldeanos
la litúrgica celebridad de Nuestra Senora
Santa Ana con sencillas solemnidades en la
iglesia titular y con danzas ancestrales en
la plaza del pueblo. Y Nuestra Senora San
ta Ana hállase entre estos aldeanos como
debía hallarse entre sus convecinos de Be
lén. No menos que Belén, que se interpreta
ANO 1: NÚM. 6 BARCELONA, 1 SEPTIEMBRE 1921
Revista Quincenal Ilustrada
Director : MARIO VERDAGUER
.41.0
CROSTOANAS Por LORENZO PODER
Casa de pan, es este pueblecillo pardo y
florido, tierra paniega, entre olivares tran
quilos.
Nuestra Senora Santa Ana, amable a
Dios y a los hombres, cara a la sencilla
devoción, es cara también a los poetas. To
do un florilegio aromado como un ramo
campestre pudiera recogerse en loor de
Santa Ana, de los viejos himnarios, de los
autos sacramentales, de los romances ane
jos. Pero más dulces cosas excogitaron de
Santa Ana las suaves almas contemplati
que pasaron por la tierra con el corazón
vuelto hacia el cielo en más dichosa edad
y en siglos más dichosos.
La santa monja visionaria que en su Mís
tica Ciudad de Dios sonó una suave Apoca
lipsis; he nombrado a la Venerable Sor ,
María de Jesús de Agreda, consejera de
Reyes, ha escrito de Santa Ana cc3as ine
fables con su pluma leve de arcángel. En
la comedia Madre de la Mejor, canta Lope
de Vega poniéndolo en boca del esposo Joa
quín:
Bendito el dichoso día,
Ana, mi mujer amada,
que os vi en la Puerta Dorada
del oro de mi alegria.
Cuando pienso que María
hoy vive dentro de Vos
y procede de los dos,
querría estar de rodillas
porque tantas maravillas
todas van llenas de Dios...
Pero con qué donaire vuela el alado ro
mance que al son de las sonajas cantó la
Gitanilla, dando en redondo largas y lige
rísimas vueltas, en Madrid, un día de San
ta Ana, patrona y abogada de la Villa :
Arbol preciosísimo
que tardó en dar fruto,
anos que pudiera
cubrirle de luto
y hacer los deseos
del consorte puros
contra su esperanza
no muy bien seguros...
Santa tierra estéril
que al cabo produjo
...toda la abundancia
que sustenta el mundo...
4 MUNDO IBERICO'
Yo parezco un hombre normal y sin em
bargo no lo soy. ?Quién puede serio per
seguido por este fantasma del remordimien
to que no deja vivir ni un minuto en paz
a mi conciencia? En mis relaciones socia
les, en mi trabajo, en las horas que dedico
á cultivar la amistad de gente hacia la que
me lleva una simpatía o un afecto, nadie,
absolutamente nadie, ha podido descubrir
un rasgo, un indicio, un detalle que les
haga presentir «el caso» que soy yo en la
vida. Incluso notables médicos cuyo trato
frecuento—por intención, si queréis, un
poco morbosa—han escapado a la percep
ción de mi dolencia, aunque bien es verdad
que los médicos en los momentos en que
descansan de su trabajo son los hombres
menos observadores.
Y yo comprendo que si por una parte es
un bien que calle, por otra es un peligro
para mi razón. ! Ah cuando en mis largas,
en mis inverosímilmente largas noches,
pienso hundido en el lecho que estoy a pun
to de ver a mi cerebro invadido por las
sombras, ganado por las sombras, y que
poco falta para que mi razón dé paso al
trágico ensueno de que hablaba Leuret, en
tonces siento tentaciones de levantarme,
abrir el balcón, reunir a la gente que cir
cula por la calle, feliz y sosegada, y con
tarlo todo, todo, para ver si mi conciencia
me deja tranquilo de una vez, al ser ab
suelto o condenado por la voz del pueblo.
Hasta hoy he podido librarme de esta y
de otras ideas espantosas que tantas veces
he sentido como me agarraban cruelmente,
pero no estoy seguro de seguir siendo fuer
te, de impedir que puedan vencerme algún
día. ! Y yo quiero evitarlo ! Yo quiero ex
pulsar mi remordimiento, pero no después
de una crisis que acaso rompa para siem
pre las pobres cuerdas de mis nervios tan
maltratados... Si Goethe se libró del sui
cidio haciendo suicidar a Werther, después
de haberle hecho vivir su propia historia
de desventuras : ?no podría intentar yo mi
curación, no podría escapar a esas pesadi
llas que me persiguen, escribiendo también
mi historia triste, mi historia desgarradora
en la que se mezclan, con terror invencible,
el crimen, la locura y la muerte?...
II
Yo vivía entonces en París, en una bu
hardilla alegre y pintoresca del barrio La
tino. París ejercía sobre mi temperamento
de artista una atracción irresistible y sen
timental. Le amaba a través de esa litera
tura deliciosa que ha cantada en todos los
Cuentos de MUNDO IBÉRICO
Bajo el celo de París
Por EDUARDO CARBALLO
tonos sus divinos encantos, y me parecía
que no era posible sonar en otra ciudad
que no fuera París.
Al principio no me trató bien. Sufrí ham
bre... ! pero con qué resignación, fortaleci
da por la esperanza, la soportaba Reco
rría la ciudad pensando en el porvenir y no
veía a través de mis veinte anos, ni una
sombra negra. ! Todo azul, todo azul como
el cielo de Espana ! En la orquesta de mi
optimismo no sonaban otras notas que las
de la sinfonía hercúlea de la victoria.
Casi siempre, en esas noches en que el
destino parecía empenado en poner a prue
ba mi fe y mi juventud, yo sentía el placer
de asomarme a uno de los puentes que se
elevan, majestuosos y soberbios, sobre el
Sena. Era mi paseo predilecto. Bajo el pa
lio generoso.de la madrugada, iniciaba diá
logos maravillosos con el río, que me pro
ducían inmenso consuelo. Le contaba mis
luchas, mis afanes, mis ansias de gloria,
y el Sena me ensenaba sus aguas sucias,
negras, de cuyo fondo parecía salir una voz
para decirme en tono a veces dulce y otras
•
escalofriante : «Cuando no puedas resistir
más, ! te espero Cuando todo te rechaze
en París, extranjero, te aguardo 1»
A lo lejos, infinidad de lucecitas tembla
ban como el pecho de las adolescentes.
III
Una noche, mi visita al 'do que ya em
pezaba a querer un poco, se vió turbada
de pronto por la aparición de una mujer.
Hasta entonces, mis días de París estaban
horros del encanto de las aventuras feme
ninas. No hubo ocasión de que naciera nin
gún «flirt» galante en mi bohemia arras
trada por los bodegones sórdidos y las so
litarias encrucijadas.
- ?Y ahora aquella mujer? ?Y allí sobre
el puente, mirando también al Sena, acaso
oyendo la voz que salía del fondo de las
agua negras, la voz que a veces era un
consuelo y a veces daba escalofríos?
Fui resuelto hacia ella. La saludé respe
tuoso:
La muchacha no pareció extranarse.
—Buenas noches—replicó.
La contemplé un momento. Era rubia,
esbelta, de formas perfectamente equilibra
das. Sus ojos azules tenían una sombya de
melancolía que encuadratia muy bien en el
marco del rostro, un poco pálido de luna.
Vestía con la elegante sencillez de las mu
chachas que yo veía circular en grupos por
el barrio Latino a la hora de la salida de
los despachos y talleres. Ella, a su vez, me
examinaba también detenidamente.
—?Es usted' artista?—dijo.
—Sí.
—?Pintor?
—No. Poeta.
No pudo reprimir un gesto de contrarie
dad.
—! Qué lástima 1—exclamó después.
—?Por qué dice eso?
—No sé por qué...—contestó un poco
turbada.
Hubo una pausa.
_perdone—dijo—. No lo he podido re
mediar. Sueno con ser modelo y la fatalidad
no quiere que tropiece con ningún pintor en
mi camino. Esta noche le he visto a usted
y por su figura creí, estaba segura, de que
lo sería. Y ya lo ve, tampoco...
Su voz sonaba en mis oídos con acen
tos de ángel. En mi vida he vuelto a oir
hablar a una mujer así.
—Pero usted me perdonará, ?no es cier
to?—me preguntó—. También las poesías
me interesan mucho.
—Soy el que tiene que ser perdonado--
repliqué—, puesto que he sido causa del
$lesengano o por lo menos de la contrarie
dad de una muchacha bonita y aunque n°
tengo toda la culpa, justo que será que me
sincere. ! No sabe usted lo que daría ahora
por ser pintor
Los dos sin ponernos de acuerdo, dirig'i
mos nuestras miradas al fondo sucio del
Sena. Y pensamos lo mismo. ?A que habil
iidonatq?uQeeulléra brmusoucjaerrgíaaylaloí ?y—enmoeel p—uente .sol'
tario?—se preguntaba ella.
Fu( más decidido y formulé la interro
gación.
—Necesitaba--dijo la muchacha—que la
noche, la soledad y el Sena me tranquili.
zacen. ?Ve usted aquella silueta negra?
MUNDO IBERICO
---.?La Morgue?
—De allí vengo. He pasado varias horas
velando el cadáver de una pobre amiguita
mía, companera de taller, a quien ayer ase
sitió su novio... !Qué miedo da La Mor
gue! ?verdad? Yo no quisiera morir vio
lentamente para que no llevaran mi cuerpo
al horrible depósito lleno de terrores espec
trales, de angustias infinitas, quién sabe Si
de pavorosos suenos insospechados...
—No siga... El recuerdo hace dano como
una punalada.
--Y sin embargo, a veces creo que estoy
destinada al cuchillo que indiferente destro
za los cuerpos en La Morgue.
Subía su voz desde lo hondo, desde lo
desconocido. Subía como desde un profun
do abismo. —
Para extrangulár el diálogo sombrío, pre
gunté:
—?Cómo se llama?
—Elsa.
—! Bonito nombre l—anadí—. ?Y vive
cerca?
En la rue Montmartre.
—Yo llegaré a quererla a usted, Elsa.
Su amor sería la felicidad.
—No olvide las circunstancias en que nos
hemos encontrado. Yo soy supersticiosa.
Tengo miedo y no sé de qué...
—1 Bah
Iniciamos el regreso. La enlacé por él
talle en un gesto limpio de lascivia. En el
firmamento cantaba la estrella azul del ama
necer.
IV
El idilio nacido en el puente del Sena es
taba ya formalizado. Elsa era una mucha
cha excelente y había ganado por completo
mi corazón.
Y ya lo veis... Fué precisamente su bon
dad, su infinita bondad lo que me perdió.
; Cuántos enamorados he visto hundidos,
rotos, por haberse desposado con una mala
mujer Sin embargo—! oh, brutales con
trastes de la vida 1—si ella hubiera sido ma la, si hubiera sido pérfida, si en vez de
amarme tanto me hubiera abandonado, en
ganado sin piedad, yo sería hoy un hombre
normal, con un cerebro sano y una con ciencia tranquila. La bondad de Elsa me ha
ti aLlealocaalsuianlifdieardn'oqeunisoquqeueahaorlaosvpivooc.os días
encontrase trabajo en dos casas editoriales.
Con lo que ganaba vivíamos en la buhar dilla Elsa y yo. La nueva existencia me encantaba. Me sentía libertado del aspecto
más triste de la bohemia y mi agradeci
vmeiceensto hacia Elsa no tenía límites. Muchas llegábamos hasta el puente del Sena
Para darle las gracias por haber sido la
ocasión.
le—dij?eYa no lamentas que no sea pintor?— un dia.
--1Quién se acuerda de tonterías !—me
contestó riendo. enYcenmdiedodidóe puansióbne.so fuerte, prolongado, A pesar de todo yo no había podido ol-amor
a la noche y siempre re-a
casa entrada la madrugada. Ella comprendía mi costumbre y la respetaba. —A veces 841P0orpocreqluoes nnoompeeosdteáínastrsiaestrme. ciEe-ll-sa-adtioes.caíbaí—a ,cupáenrtoo
la amaba, y además la invitaba constante
mente para que me acompanase.
—No, yo no—me contestaba—. Quiero
el hogar, lo he querido siempre, pero aho
ra mucho más desde que tú lo has conver
tkló en el templo de mis amores...
Adquiría aquella noche la escalera una
calidad melodramática. Yo acostumbraba
subir a oscuras los ciento y pico de esca
lones, que ya me sabía de memoria, casi
siempre a la misma hora. Aquella noche,
prólogo del drama que había de acabar con
La paz de mi existencia, hube de detenerme
la altura del primer piso, porque en el
hueco del rellano, arrebujada, confundida
casi con la pared, estaba una sombra. En
la oscuridad se destacaban los ojos que bri
llaban de una manera lúgubre. Instintiva
mente me detuve y observé. Pero sin luz
no llegaban hasta mí mas detalles que el
fulgor siniestro de la mirada. Busqué mi
caja de fósforos inútilmente. La sombra no
se movía, cada vez más pegada a la pared.
Confieso que siempre tic sido un 'poco
fatalista. Por eso en el encuentro, a pesar
de su decoración pavorosa, no me conmo
vía.
V
Lawcy„
S
—Manana — me dije — averiguaré algo
más.
Antes de seguir subiendo, quise saludar...
—! Buenas noches, senor !...
Me contestó un ruido macabro que es
tremecía hasta los huesos...
Al día siguiente no quise contar nada
a Elsa. ! Para qué enturbiar su felicidad
inocente con una preocupación que a esas
horas me parecía sólo una pesadilla ! Lo
que debía hacer era buscar distinta hora
para regresar a casa, evitando el encuen
tro desagradable. Es lo que otro cualquie
ra hubiera puesto. Yo ni supe, ni quise
hacerlo.
Y la sombra, saliendo un poco de su-es
condite, me interrogó a la noche siguiente.
—?Quién eres tú?—dijo.
—Soy el poeta que vive en la buhardilla.
—Mal oficio. Sobran poetas y médicos en
el mundo... Estamos en el siglo de las gran
des revelaciones. No te muevas que lo que
va a pasar aquí será tremendo.
Yo había encendido una cerilla y le ob
servaba atentamente. Tenía la cabeza ra
pada, los pómulos salientes, los °lbs hun
didos, lamentablemente hundidos en un
hoyo negro que parecía no acabar nunca,
los labios con un extrano matiz azul,
cuerpo redondo, pequeno, los pies desme
suradamente grandes, en desacuerdo con el
conjunto. Era feo, de una fealdad terrible
y angustiosa. La mirada tenía el mismo
fulgor lúgubre del día anterior. Su ropa era
de andrajos desgarrados- y malolientes. En
el bolsillo del pantalón vi brillar el acero
de un cuchillo. En seguida comprendí que
me hallaba ante un loco.
—Ahora voy a decirte—anadió--por qué
estoy aquí. Yo soy un muchacho guapo que
tiene el defecto de ser tímido. No puedo
salir de noche, porque a penas llego a la
calle las mujeres encienden las luces de
sus ventanas para verme pasar. Esto ha
provocado la envidia a los demás hombres
que procuran hacerme la vida imposible.
Además te he dicho que soy tímido y no
puedes figurarte lo que llega a ruborizarme
el espectáculo de la ciudad encendida a mi
paso. !Ah, las mujeres 1 Sólo de día logro
escapar de ellas. Bajo el sol las mujeres
se vuelven honestas, recatadas, virtuosas.
Bajo la noche se desatan sus bajos instintos
y a los que somos guapos nos persiguen
sin ningún pudor.
Hizo luego la senal' de la cruz y conti
nuó:
—Sólo tú sabes el secreto. No lo descu
bras. Te va en ello la vida.
Desconfiando todavía anadió :
—No creas que hablo en broma. Como
me descubras, ! te mato!
El loco volvió a su rinant, a confundir
se e identificarse con el rincón. Nunca me
pareció la escalera de tan intensa calidad
dramática.
VI
La locura es la peor de las asechanzas.
En el mundo de los cerebros desequilibra
dos es donde deben adquirir todas las co
sas de este mundo, tonalidades más horri
bles y desconcertantes.
Yo no he temblado ante nadie ni ante
nada y sin embargo, cuando mi pensa
miento se detiene en el panorama de la lo
6
cura, no puedo sustraerme a una sensación
de frío que taladra...
! Siento mi rostro- y mi cerebro llenos de
sombras, cruzados por sombras, fantasmas
hórridos superiores a nuestra voluntad nau
fragada al primer choque violento.
No le quise decir nunca nada a Elsa pen
sando que era una inútil crueldad.
VII
Estábamos en Carnaval. Los estudiantes
celebraban un baile en «Bullier» y varios
camaradas míos con los que me reunía dia
riamente en el café «Madrid» me rogaron
que trajese a Elsa.
—No sé si querrá—dijo—, pero procura
ré que venga.
Cuando llegué a casa, Elsa me esperaba
con la alegría de una novia que espera el
momento de la ceremonia nupcial. ! Ah, yo
no olvidaré nunca aquel último día de mi
felicidad ! Todo rebosaba ternura en ella,
amor en mi, dicha en el hogar, paz en nues
tros sensibles corazones. Y sin embargo la
decoración estaba preparada por la fata
lidad para hacer más rudo el golpe, más
irreparable la desgracia. Bajo el cielo de
París la tragedia espiaba, esperando el mo
mento de hundirnos su punal, de clavarlo
sin piedad en nuestras pobres vidas.
—Elsa—le dije—, arréglate, que esta no
che quiero que me acompanes al baile de
los estudiantes.
Sin replicar hizo lo que le pedía. Dis
frazada de «Madame Pompadour», lució en
aullier» el encanto de su cuerpo maravi
lloso. Parecía contenta. Reía, bailaba, sos
tenía conversaciones con todos, en un plan
de travesura e ingenio. Yo no me cansaba
de contemplarla. Cuando pude me acerqué
a ella y le dije a media voz :
—Esta noche, Elsa, volverá a ser nues
tro primer día.
Pero no estaba acostumbrada a esa vida.
Se cansó pronto.
—Vámonos—me suplicó—. Es tarde...
—Pero si apenas es media noche...
—Tengo sueno.
Yo me sentía bien en aiquel ambiente y
no quería marcharme. Pronto escuché otra
vez la voz de Elsa.
—Acompáname a casa y luego vuelves
tú. Pero no puedo estar más..
?Por qué no la obedecí? ?Por qué volví
a negarme a su humilde súplica?
—Espera otro poco—contesté ya un poco
molesto.
Elsa esperó resignada. Pero al toc4,r un
reloj las cuatro de la madrugada, volvo,
algo temerosa
-A esta hora te retiras tú siempre...
! Vámonos !...
Cada vez más molesto, casi con violen
cia, le repliqué :
—No hagas el ridículo, Elsa. Hoy es
un día extraordinario. Espera otro poco...
Ella me miró con sus grandes ojos de
• cielo.
—Bueno.
Pasó media hora y extranado de no reci
bir nuevos ruegos busqué a Elsa con la
mirada. ! Y Elsa no estaba! Pregunté a
nuestros amigos, a nuestras amigas. Una
de estas últimas me l'o aclaró todo.
—Elsa se ha marchado, ! la pobre !... No
podía más. Antes de irse me encargó que
te dijera que no te inquietases por ella, por
que en un taxi marchaba directamente a
vuestra casa.
—No lo comprendo—comenté yo—. Bien
pudo esperar.
—Estuvo esperando muchas horas—re
plicó la amiga—. Además no quiso decirte
nada de su marcha porque veía que disfru
tabas mucho, que te divertías mucho y eso
la contentaba a ella más que su propio
gozo. ! Te quiere mucho esa muchacha !
Un poco nervioso — ?el presentimien
to?—marché a casa. Sentía ganas de verla,
de besarla, de deshacerme en excusas por
mi actitud de aquella noche. Como nunca
me parecía ahora Elsa adornada con todas
las gracias de la tierra.
Al divisar mi domicilio, un detalle in.
quietante detuvo mis pasos. Mi respiración
se hizo más acelerada. Temblaban mis ma
nos y flaqueaban mis piernas. Frente a la
casa se hallaba numeroso grupo de perso
nas formando corrillos, como cuando ocu
rre algún suceso desagradable. Hice un
esfuerzo y corrí.
—?Qué ha pasado?—pregunté a un viejo
de luengas barbas que peroraba ante más
de ochenta personas.
—Algo horrible, senor, algo horrible.
—! Pero termine pronto, por favor !
—Horrible, horrible. Hace una hora, un
loco que estaba apostado en la escalera ha
asesinado a una pobre muchacha que re
gresaba del baile. Le dió más de veinte pu
naladas.
EXTREMADURA
Cuna de conquistadores y descubridores,
de literatos notables, de pintores maestros,
de artistas insignes y de hombres ilustres
por demás ; Extremadura bella y artística,
de arte pletórico en todas sus manifesta
ciones, desconocido en todo su esplendor
éste y en todo su valer aquéllos, va a tener
un sincero y esforzado paladín de su cau
sa, que cual heraldo magestuoso, mostra
rá a Espana, Portugal y América, desde
las columnas de esta revista, las clásicas
costumbres extremenas, las grandezas de
esta tierra, los incalculables tesoros artísti
cos y monumentales, sacará a la palestra
a sus verdaderos genios en las ramas del
saber y del trabajo y a sus innumerables
hijos, beneméritos de la Patria.
La agricultura, la ganadería, la indus
tria, el comercio, verdadero emporio de la
civilización y que en tan grandioso estado
de florecimiento, se encuentra en estas fer
tilísimas tierras extremenas, serán también
dados a conocer en todo su maravilloso
esplendor.
Todos y cada uno de los problemas pen
dientes que interesen a todos y cada uno
de los pueblos de la comarca extremena,
serán tratados, con el detenimiento e inte
rés que merecen, seremos el portavoz de
sus anhelos.
Con ello, prestaremos un senalado ser
vicio, no sólo a la región extremena, sino
a Espana entera y para lo cual dedicare
mos un número extraordinario con trabajos
literarios y fotografías escogidos y selec
cionados, para más fácil demostrar lo que es
Agosto, de 1927.
•MUNDO,
Creí morir. ! Ah, cuando no paraliza ron
mi corazón aquellas palabras, será difícil
que lo consiga ninguna otra emoción !
—Mientras la mataba—siguió diciendo el
viejo—el loco iba exclamando : «Has o ts
cubierto mi secreto y por eso vienes disfra
zado. Pero no te escaparás, no te escapaas...» Y saltaba, haciendo gestos espanto
sos, sobre la infeliz.
No creo que ningun mortal haya vil
momentos tan horrorosos de angustia.
había matado a Elsa! A punto estuve
correr al juez y decírselo todo.
—Sí, senor juez. El verdadero asesino
yo. La obligué a ir al baile, desoí sus
plicas de que la acompanase y, sobre ti
no la advertí de esa asechanza escalofr
te de la locura en la escalera. Yo debí
la víctima, senor juez, porque creye
que era yo la dió el loco las punalada.
! Lléveme usted, senor juez ! Lléveme usted
a la cárcel !...
La portera que me divisó entre los gru
pos, vino a mi encuentro.
—?Ya lo sabe todo? ! Pobre senor
—?Dónde está mi Elsa?— pregunté
un tono desgarrador.
—A estas horas debe estar ya en
Morgue—contestó llorando.
! Se había cumplido su presentimiento!
Mis nervios querían saltar. Sin sar in
que hacía, subí a la buhardilla y cogía el
frasco del éter. Primero sentí frrio.. Des
pués miedo, un miedo terrible y espa to
so. Después nada...
ido
Yo
de
soy
sú
do,
an
ser
ndo
ta!
en
La
Por ALFONSO El:DON/Ming
por dentro Extremadura y los valores posi
tivos que se encierran en ella, en todas las
manifestaciones de la actividad humana.
0 4-
rnád°
kit
—Las pérdidas deben serimportantes... e Se habrán ciu
muchos autos ?
— Lo malo es que ahora tendrá que ir a píe la gente I.••
MUNDO IBERICO
LOS VERDUGOS DEL LIBRO
Por J. GARCÍA MERCADAU
No ha mucho cierta distinguida escritora,
María Luz Morales, desde las columnas de
un rotativo madrileno, hubo de !miar una en
cuesta encaminada a determinar, de acuerdo
con algunos escritores de Espana, qué libros
deben leer las mujeres.
Cierto que a muchos la pregunta les cau
saría extraneza. Pero, ?es que las mujeres
leen?—se dirían los sorprendidos. Porque to
davía son muchos los que tienen a la mujer
por incapaz de sentir gran curiosidad por el
libro, salvo casos contados de excepéión, y
aun las excepciones acostumbran mostrar
su entusiasmo o curiosidad por un orden
de libros tan escasamente estimables, que
Poco dicen en pro de su buen gusto inte
lectual.
Sin embargo, los que tan radicalmente
Opinaren respecto a las relaciones guarda
dos entre la mujer moderna y el libro co
mo manjar del espíritu, estarían equivoca
dos, porque no sólo parece ser que las mu jeres leen, sino que son ahora las únicas
que leen.
A lo que no han alcanzado todavía es a
interesarse por los libros como tales libros,
-es deeir, a sentir por ellos aquel encendido
afecto de que se caldea la bibliofilia. En este
sentido la mujer sigue mereciendo todas las
andanadas con que, desde los tiempos más
remotos, han venido saludándola los aman
tes del libro en sí, del libro como rareza bi
bliográfica o como obra de arte tipográfico,
los que, como Alkán, en su obra Los libros
Y sus enemigos, bautizáronla con el remo
quete de «verdugo del libro».
Ya en el siglo xtv Ricardo de Bury, obis
po de Durham y gran canciller de Inglate
rra, hacía hablar a los libros en su Philobi
blion, y expresarse del modo siguiente :— «Apenas esta bestia (el ilustre obispo no ha lla término más amable para referirse al
bello sexo), siempre perjudicial a nuestros estudios, siempre implacable, descubre ' el
rincón en que estamos ocultos, protegidos
Por la tela de una arana difunta, que, ple
gada su frente por las arrugas, nos arranca de allí, insultándonos con los discursos más
viro-lentos. Hace ver que ocuparnos sin uti
lidad el mobiliario de la casa, que no servi
Pos para nada en la economía doméstica, y
pronto piensa que sería ventajoso el trocar
nos por un sombrero precioso, telas de seda,
pb1a<le:n's,,osspoidebelreese;tsocladanaralastioa vhdiieoloss.evYeelceefssotnotdesoneirddíaeosrn,auzveoesnstrtaío corazón».
René Vallery-Radot, en el prefacio que
puso a una reedición hecha por Conquet, en
18-94, de El Bibliomano de Carlos Nodier,
dice : «...Hay un enemigo más peligroso aún
(que el fuego, el agua, el gas, etc.), el más
difícil de vencer, enemigo de todos los días,
de todas las horas, que escudrina por todas
partes decidido a todas las luchas francas y
a todos los ardies disimulados : la mujer».
La mujer, que con tantos miramientos tra.
ta cualquier bibelot, al libro no suele conce
derle la menor consideración, el menor cui
dado. Para cortar sus páginas se sirve de
una tarjeta, de una horquilla, hasta de los
dedos : para leerle lo dobla, invirtiendo sus
páginas, aunque el lomo salte.
Por eso anade Vallery-Radot : «El mejor
de los maridos puede dar a su mujer la lla
ve de su caja de caudales ; pero no debe dar
le la llave de su biblioteca». Y si no dice al
bibliófilo que es menos peligroso dejar a la
mujer con un galanteador que con un libro
que se estime, no por la mujer, naturalmen
te, sino por el libro, le falta muy poco. ! A
tanto llega la pasión... del bibliófilo
Aun hay para los libros, en manos de las
mujeres, otro peligro, aquél de que se hace
eco Mulsant en un pequeno volumen titula
do Los enemigos de los libros. Dice haber
conocido a un bibliófilo que habiendo hallado
un libro que buscaba desde hacía mucho
tiempo, tuvo la imprudencia de dejarlo sobre
la mesa de su gabinete. Al día siguiente de
su adquisición, cuando se las prometía muy
felices con su examen y lectura, halló que
su esposa había arrancado algunas hojas
para con ellas rizarse el pelo.
Parece ser que la mujer del poeta Cha
teaubriand no sentía grandes simpatías por
los libros. Mujer de escritor, el hecho no pa
rece raro. Lo verdaderamente raro es que
tal aversión compartlala con su esposo, al
que tampoco le atraían gran cosa. Y, caso
curioso, a punto estuvo sin embargo de ser
nOmbrado por Napoleón surintendente gene
ral de todas las Bibliotecas de Francia, con
un sueldo de embajador de primera clase.
La senora de Chateaubríand, en cuestión
de lecturas, satisfacíase con algunos libros
piadosos, y respecto a los de su marido te
nemos la cleclaració del propio interesado,
que dijo : «Mi mujer me admira sin haber
jamás leído dos líneas de mis obras». Todo
su tiempo lo consagraba a sus obras de cari
dad y asistencia social, y más que los libros
la preocupaban las libras. Habla montado*
una fábrica de chocolate y comprometía a los
amigos para que no comprasen en otra par
te, por lo que la llamaban la vizcondesa Cho
colate, con gran satisfacción suya.
Un día entró el poeta Víctor Hugo en el
7
gabinete del autor de Memorias del Ultra
tumba. La vizcondesa no había prestado
nunca gran atención al joven poeta, pero
aquel día se le acercó sonriente y le dijo :
—Senor Hugo, es preciso me ayude us
ted a hacer una buena acción. Tengo una
enfermería para sacerdotes ancianos y po
bres. Para sostenerla me dedico a vender
chocolate, un poco caro, pero excelente.
?Quiere usted una libra?
—Senora—dijo Víctor, que estaba deseo
so de deslumbrar un poco a la que hasta
entonces no le otorgara gran atención—,
quiero tres.
La vizcondesa le oyó deslumbrada, pero el
poeta se quedó sin "un cuarto. •
Dada la enemiga de la mujer respecto al
libro, se habrá de comprender el mérito que
tiene en el hombre casado la afición biblió
fila, contándose multitud de anécdotas .so
bre las artes de que tenían que valerse algu
nos aficionados para introducir en sus casas
los libros adquiridos sin provocar conflictos
en la vida matrimonial.
En 1837 la senora de Emilio de Girardin,
que con el seudónimo de «El vizconde de
Launay publicaba unas encantadoras cartas
parisienses, se expresaba en estos términos :
«Un mujer elegante y rica, una mujer de
ingenio, aguarda pacientemente dos meses
para leer una novela de Jorge Sand, sin que
se le ocurra la idea de comprarla (prefiere
recurrir a los gabinetes de lectura) ; y, en
su elegante morada, encontraréis todos los
esplendores imaginables... No obstante, hay
que hacer justicia a nuestras jóvenes elegan
tes : no tienen libros, es cierto, pero tienen
soberbias bibliotecas, armarios de Boule de
gran precio, a los que, por respeto, se les
ha dejado el enganoso nombre de biblioteca.
Pero no temáis que esos bellos armarios per
manezcan inútiles ; no, ciertamente ; se les
da un muy noble empleo ; ved, en éste, los
sombreros, los gorros y los turbantes de la
senora... En el fondo de los armaritos, so
bre los estantes, tampoco ni un libro... En
contraréis pastores de barro, perros de por
celana, mamarrachos chinos... Pero ?para
qué los libros? ! Oh, progreso ! ?Qué que
réis? Las jóvenes ya no leen, y, cosa terri
ble, ! ay!, las que, por excepción, leen aún
un poco... ! Escriben l»
Así se comprende el caso de la mariscala
Lefebvre, duquesa de Dantzig, que, visitan
do un palacio que acababa de adquirir, al
penetrar en lo que había sido biblioteca y
ver los estantes vacíos, sin libros, exclamó :
—! Qué bien me servirán para hacer un
frutero !
De esta misma famosa mariscala cuentan
los Goncourt en su Diario' que, habiendo lle
vado el bastón de su marido al Museo de
artillería, como el conservador se extranase
de que la familia tio conservaba reliquia tal,
la mariscala dijo :
—?Mi familia? !No los conoce usted !
!Serian capaces de servirse de él para coger
nueces !
Lo peor de los libros no es gastar tiempo
y dinero en coleccionarlos, sino pensar en
las manos a que luego de desaparecido el bi
bliófilo irán a parar, generalmente a personas
capaces de heredar los volúmenes, pero no
la estimación que por ellos sentía el testa
dor.'
Tal fué el caso del apasionado bibliófilo
marqués de Chalabre, que, al morir, dejó
su biblioteca a la célebre senorita Mars, ac
triz famosa en los tiempos de Napoleón.
8 MUNDO IBERICO
Cuenta Alejandro Dumas en sus Memorias
que, a los dos días de abierto el testamento,
la heredera se incautaba de los libros y daba
orden a un tal Merlin,,amigo suyo, para que
los vendiese. Tan escrupulosamente cumplió
el amigo de la cómica la orden recibida, que
a los pocos días se presentó en su casa y
puso sobre la mesa de la artista un pague
tito de treinta a cuarenta billetes de mil fran
cos.
—?Qué es eso, Merlin?—preguntó la ar
tista.
—No sé, senorita—dijo éste.
—?Cómo que no sabe? ! Son billetes de
Banco!
—Indudablemente.
—?Dónde los ha encontrado usted?
—En una carterita que había bajo la cu
bierta de una Biblia rarísima. Como la Bi
El pastor que buscaba el horizonte
Por A. FERNÁNDEZ ESCOBES
Juan era el pastor más feliz de toda la
tierra. Ni envidioso ni envidiado, vivía en
tre riscos y penas y montanas, arrancando
a su caramillo sencillos sones.o cantando
coplas ingenuas, e hiriendo de vez en cuan
do el aire con la honda, para avisar y
corregir a las ovejas ansiosas que se des
carriaban. Otras veces, tumbábase cara al
firmamento, sobre la hierba húmeda y aun
encima de los penascos; entonces miraba
al cielo azul fijamente, y así se estaba ho
ras y horas.., hasta que alguna ovejita,
mansa y tierna, se le acercaba y le lamía
una mano, Cesaba entonces la abstracción ;
carinosamente, entregaba un mendruguillo
a la ovejuela y, o cantaba o tanía. A la
hora del crepúsculo, cuando a lo lejos so
naba el eco dulce de la campana, ponfase
en marcha con su rebano hacia el terruno
en donde edificaron el redil. Y una vez en
cerradas las ovejas, acostábase con rego
cijo en su camastro, cuyo colchón de hojas
de mazorca, se hundía a su peso, y dormía
Juan como un bendito hasta el amanecer.
Con el sol, (base a la montana, y... vuelta
a empezar.
Así, los días y los meses y los arios...
Ella.— Borracho, para no perder
la costumbre.
LA PALABRA ES LA PALABRA
blia era de usted, los billetes de Banco son
también de usted.
La artista guardóse los billetes y, después
de insistir mucho, logró que su amigo se
guardase la Biblia, como recuerdo. Pero el
hallazgo del escondite no salvó a los demás
libros de ser vendidos.
Jorge Sand tampoco parece haber estima
do gran cosa los libros, llegando hasta pro
clamarse por si misma, cuando en una de
sus cartas y tras de la firma anade : biblió
toba.
Para terminar estas notas hilvanadas que
dicen de la relación entre las mujeres y los
bellos libros, reproduciremos una respuesta
atribuida a la famosa bailarina de la Opera
de París, la Bigottini, cuyo arte coreográ
fico la dió el calificativo de «la Malibrán del
baile».
y hasta toda la vida, si un suceso inespe
rado y fatal no hubiese arrancado de la
montana a Juan, el pastor más feliz de
toda la tierra.
* * *
Un día-1 maldito sea !—se le ocurrió al
buen Juan observar la tierra baja desde el
monte. Vid casitas de munecas en capri
chosos grupos, como si, temerosas de la
montana, uniéranse para la defensa ; pra
dos y huertas ; eras y eriales ; bosques de
pinos y sembrados de maíz. Más allá, la
silueta de la población, envuelta en fantas
magórica sombra ; y, regándolo todo, el
río, eterna cinta de plata de los poetas, que
se perdía a lo lejos... Es decir, no ; no se
perdía : ! se juntaba con la bóveda celeste !
! En el horizonte, el cielo y la tierra se
confundían en abrazo insólito
Y el cerebro—causa de todos los ma
les—, el cerebro de Juan el pastor, princi
pió a trabajar por cuenta propia. Si el cielo
era como lo había descrito en aquel famoso
sermón de Cuaresma el senor gura—Dante
de esta humana comedia--; gran cosa era
el cielo !... Y si en él no podían entrar más
que los justos, ! gran cosa era ser justo !...
Y, si esto era así, ?por qué se juntaban
cielo y tierra en el horizonte?... ?Por
qué?... Y ?para qué? ? Había algo más
— Mujercita mía! Te juro que no
acercarémás una copa a mis labios...
Habiendo un día Napoleón encargado a
Fontanes, gran maestro de la Universidad,
enviase un regalo a la Bigottini, el profesor
hizo remitir a la artista una colección de
clásicos magníficamente encuadernada. ! Ex
trano regalo para una profesional del baile...
y del amor
Días después el Emperador quiso saber
por sí mismo el efecto que habla producido
su regalo, y con tal motivo fué a ver a la
bailarina, a la que preguntó si la persona
encargada de desempenar la comisión había
quedado a la altura debida.
—! No mucho, senor !—replicó la bailari
na—. Me ha pagado en livres (i) ; yo hu
biera preferido en francos.»
(1) Libras.., y libros.
que marchar a esa línea, a esa arista del
cielo y la tierra, llamada horizonte?...
Juan empezó a dejar de ser feliz.
A una oveja, mansa y tierna, que fué a
lamerle una mano, la dió una formidable
patada.
* * *
Al siguiente amanecer, Juan abandonó el
redil para seguir en línea recta la basca
del horizonte. Y—; hala, hala, hala !—raro
peregrino de una idea rara, anduvo horas
y días y meses tras el horizonte, que—;oh
fatalidad —1 siempre se hallaba igual de
lejos !
Y fué el viaje tan penoso, que en él gas
tó Juan toda su alegría ; y fué el viaje tan
largo que, antes, se' acabó aquell.a pobre
vida. Juan el pastor—el pobre Juan, ya—,
con las barbas luengas y el traje en' hara
pos; destrozado el cuerpo y el alma en ple
na amargura, cayó sobre una pena y en ella
quedó inerte, mientras el horizonte, cons
tantemente a igual distancia, se reía en una
carcajada de sol.
Otro pastor que cruzó por allí con Su
rebano, rindió póstumo homenaje al pobre
Juan.
* * *
! Cuántos, como el pobre Juan, hermano
lector, van por la vida en busca del hori
zonte !
Cumpliendo la palabra.
011
;- MUNDO IRPRICO
IBÉRICAS CONTEMPORÁNEAS JOSÉ FRANCÉS
Ilustre novelista y crítico de arte
9
'o
El Ayuntamiento de Avilés, a propuesta
de su alcalde,. y por acuerdo unánime que
refleja plenamente la voluntad y el fervor
de la hermosa villa asturiana, va a dar aho
ra el nombre de Marcos del Torniello a la
calle del Progreso. No será el acto de des
cubrir la lápida un episodio simple y sin
ecos. Habrá de procurarse otorgarle aquella
entusiasta resonancia que el hecho merece.
Porque Marcos del Torniello, el venerable
poeta, es hoy día el más viejo y más leal4a
su lengua vernacular de cuantos cultivan el
hable, y porque su vida modesta, su pobreza
digna, la significación didáctica que tiene
en Avilés y en toda Asturias, importa mu
cho se destaquen con el debido relieve.
«Todos conocéis — ha dicho el alcalde de
Avilés en su propuesta — a este hombre la
borioso y ejemplar — dos veces maestro,
como le Ilanió el peticionario, por consa
grar su vida al doble ejercicio de la Escuela
y de la literatura — del que muchos avilesi
nos, entre ellos el que suscribe, y tal vez
.ilgunos de vosotros, han recibido la ense
nanza de las primeras letras, y del que todos
hemos gustado la gracia espontánea y ágil
de su ingenio como cantor de nuestras tra
diciones y costumbres.
»Yo no he de haceros aquí la apología de
«Marco del Torniello sostiene en nuestros
días la gracia cantarina del báble...»
este aVílesino ilustre. Bien sabéis que for
mar inteligencias es obra de fatigas y de
cuidados, y bien sabéis también lo que vale
MUNDO IBÉRICO
«...Suena en las quíntanati alejadas de las urbes, el ritmo caricíoso o áspero que las voces campesinas tienen en la lenta tristeza de las orbayadas...»
PAISAJES EL PATRIARCA DEL BABLE
por JOSÉ FRAN-CÉS
en la diaria lucha Por la vida un instante de
sano regocijo. Esa ha sido su obra : ensenar
y darnos luego para el cansancio cotidiano
un poco de alegría. Y todo ello con amor,
con humildad, con perseverancia.),
II
Don José Benigno García, el buen Maes
tro que bajo el seudónimo, hoy popular y
venerado, de Marcos del Torniello sostiene
en nuestros días la gracia cantarina del ha
bla asturiana con sus poesías líricas y hu
morísticas, logró la senectud sin alejarse de
Avilés, su villa natal. Está entranablemen
te ligado a ella por sus muertos y por sn
amor a los temas vivos que le cercan y le
inspiran.
No renegó de cuanto hallara 'con la razón
de por qué existía : idioma, costumbres, tra
diciones, paisaje, sentimientos. Del puebla
y al pueblo vienen y van los motivos y las
palabras de sus poemas.
«Seguro estoy—dice Palacio Valdés en la
carta prologal de Orbayos de la Quintana a
los asturianos residentes en Cuba — de que
a este poeta singular deberéis muchos ins
tantes de sano y cordial regocijo como se
los debo yo. Cuando rendidos al trabajo Co
tidiano abandonáis vuestros comercios Y 95
reposáis en el hogar prestado, recordando
II
MUNDO TRPRICO
aquel otro lejano y propio donde se deslizó
vuestra feliz ninez ; cuando la tristeza opri
me vuestro corazón pensando en vuestros
deudos y amigos, en las romerías, en las
esfoYazas, en los amagüestos, en las man zanas brillantes y coloradas y en las mejillas no menos hermosas de las zagalas donde ha bréis estampado el primer beso de amor,
entonces si cae .en vuestras manos una de
las sabrosas canciones de Marcos del Tor
niello, vuestro corazón salta de alegría, y
una carcajada estalla en vuestros labios.»
Esa condición a un tiempo mismo plásti
ca y sentimental, de reflejar en sus poemas
de humilde traza y sencilla malicia' o fervor
hondo, a la vida asturiana es el orgulloso sa
crificio de Marcos del Torniello.
Dejóse llevar de ella al principio, tomóle
I I
No viste a la usanza ciudadana sino aldeanIega
luego el amor como a la amada de carne y
hueso, y por el gozo de sentirla crecer en
él, por la gratitud de deberle aquellas ínti
mas satisfacciones de oir en voces de nue
vas adolescencias viejas coplas suyas, por
espíritu de rebeldía, después, contra la in
vasión extranjeriza o aún uniformemente es
panola que borra el carácter de las regiones,
la condición de Marcos del Torniello se
12
acentuó, se concretó en el sentido noble de
la verdadera poesía popular, no en el otro
que hace granjería de la sensibilidad propia,
y busca el más productivo mercado para su
arte, de la poesía desligada del alma del
pueblo.
Viven los versos de Marcos del Torniello
sin que Marcos del Torniello viva de sus
versos. Les prodiga por el placer de darlos,
por oirles en otras bocas y sentirlos mezcla
dos al aire que respiró desde chico y sabo
rear el íntimo deliquio de que las gentes en
vejecidas con él no olvidaron aún los brota
dos en la edad juvenil.
Y no se crea que la suerte tuvo para él la
favorable y caprichosa benevolencia que
para algunos artistas a quienes una fortuna
heredada o adquirida les consiente ser des
prendidos de su obra.
Eligió Marcos del Torniello hermano em
DOS AMIGOS
DE ESPANA
Mucho nos complace reproducir la imagen
de estos .dos ilustres amigos de nuestra pa
tria. En Checoeslovaquia e Inglaterra, res
pectivamente, siguen con atención suma
nuestro movimiento espiritual, vigilan el
vigoroso resurgir ibérico y fomentan un in
tercambio literario y científico, que es la
mejor — tal vez la única — fórmula de
aproximación y fraterna amistad entre los
pueblos. '
Prof. Dr. Robert Jamieson
Bernsteín B. Hurry
MUNDO IBÉRI( i)
«...pensando en las manzanas brillantes y coloradas y en las mejillas no menos hermosas de las zagalas...'
pleo de las horas no entregadas al deleite
de contemplar o de crear. Es profesor de
instrucción primaria, el buen «maestro de
escuela» a quien sátiras y burlas de necios
llevaban otro tiempo a los sainetes y los
semanarios humorísticos. Maestro y poeta,
don José Benigno García reparte su tiempo
de bien honrosa manera, enseriando a leer
a los chicos y a sentir a los grandes ; mez
(Sigue pág. 26)
1
•••
MUNDO IBÉRICO
La vuelta de
Miguel Viladrich
por
RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA
Miguel Viladrich llevaba una melena de
ráfaga que encendía sus pensamientos.
"Dik, el Fanático» le llamábamos sus ínti
mos amigos de entonces.
Frente a los espejos fríos y desabridos de
las mananas de aquel invierno, fué pintando
Viladrich su autorretrato, porque ese es el
más socorrido modelo cuando no hay mo
delos.
Entonces fué cuando se comprobó el valor
alimenticio de las aceitunas, y cómo los
pastores pueden vivir sólo con queso bajo
•la fresquera de las Sierras.
Viladrich llevaba viva y candente su es
peranza de otro tiempo, pues era como pe
regrino de arte que había salido de los
"De Fraga" por Miguel Viladrich
"El lego" por Miguel Viladrích
pórticos del Renacimiento para dar en una
edad confusa de cómicos desastrados, cuya
alma sonaba a hueco.
Corredor de una carrera extrana, Vila
drich no pactaba con la desilusión. Era
como un cohete encendido por las calles de
aquel Madrid tétrico, en el que no se habían
hecho las demoliciones que hoy le dan as
pecto radiante.
Viladrich colocaba el arte sobre todas las
cosas, y se levantaba todos los días con tipo
de cenobita trasparentado como un vitral
por la exceosiva luz del alto estudio.
Frente a las obras malas, Viladrich bu
faba como un gato montés que acaba de
bajar de los tejados puros del arte. No per
donaba una. Echaba bombas incendiarias
contra los malos cuadros.
Pasó por la hora de los gitanos, modelos
en que se reflejan todos los caminos, seres
de la raza primera que aún superviven, se
res tan humanos que se asoman al marco
de los cuadros como al alféizar de una ven
tana. Julio Antonio los esculpía, mientras
Viladrich los pintába, pues los dos habitaban
el mismo ático.
Trovador de la pintura, iba con su cha
queta de terciopelo negro buscando paisaje
para sus retratos, fondos entreabiertos entre
los montes y las nubes, fondos de luz má
gica y relampagueante, verdaderos desga
rrones que hacían más desgarradoras las
figuras.
Epoca aquella de cabezas solas, y mu
chas veces cortadas a ras de la garganta,
I ";
14
cabezas que él se levantaba en el alba guillotinadora
para gillotinarlas y diseccionarlas para la perennidad.
Viladrich dió un gran ánimo a aquel Madrid lleno
de ignorancia, de rutina, de artistas oficiales. Tenía
ardor de marinero, de nuevo Elcano, enjuto por la
sobriedad y por la fe en la Tierra lejana.
Por una cuestión con esos gitanos que le sirvieron
de modelo, y que a veces le llamaron citare lloros y
pasmos de gratitud corno a un embalsamador que les
pintase al nino muerto, ingresó en la cárcel modelo,
y una noche de mucho frío en que se le ocurrió que
mar el colchón, casi se ahoga con el humo, si no da
el salto a la reja para acuciarse de aire nuevo.
Viladrich sigue disputando, creyendo, pintando y
esperando.
Pasan los anos, y un día se casa con una distin
guida dama argentina y se va a Buenos Aires. Allí
lucha, persigue a los críticos de Arte que no com
prenden. vive un lustro, celebra exposiciones con
"El fraile"
"El torero"
MUNDO IBÉRICO
gran éxito de público y prensa, pero no vende ni un
cuadro. Entonces me escribe :
«Después de cuatro pleitos ganados y dos estadas
en la cárcel, mi nombre es por fin apreciado de algu
nos, respetado por la. mayoi-ía y temido por los ber
gantes.»
Viladrieh está cansado de atravesar malandrines
con un bastón estoqbe. Embala sus cuadros y se va
a Nueva York.
En una postal mensajera me escribe : «Desembar
qué en Nueva York, acompanado de «Dafne»
«Mis funerales», esa tabla que, como tú dices, he pa
seado por el mundo, a cuestas, como mi pesada cruz.
Además, he desembarcado mis Catalanes, mis Praga
tinas, mis Hijas del Cid, mis Príncipes y sus galgos
y mis Reyes Negros, pintados en el Uruguay.»
Viladrich lucha en la Aduana, gasta sus últimos
dóláres en sacar sus cosas de la consigna, y a las tres
horas, Mr. Huntington le compra todas las obras
para repartirlas por los Museos norteamericanos.
! Admirable y mágica manera de madurarse de una
vez para la adquisición, toda la obra pintada entre
apremios, aprietos y emigraciones ! Justo pago a no
haber adelantado una pincelada a otra y a habergaca
riciado improbamente aquellas tablas de boj con las
que no podían tres mozos de cuerda !
Mi fe en Viladrich ha sido compensada. Yo, que
he tenido en mi alcoba durante más de un ario sus
11"
p.
‹- MUNDO 1131,RICO
Funerales y su Daftte, y que he tenido col
gado en mi despacho ese fraile con una
ventanita en lo profundo de su revés, sabía
que aquellas obras en depósito tenían que
colgar de las escarpias para siempre de los
Museos.
Viladrich acaba de llegar después de emi
gración premiada cuando ya volvía a lo re
tirado de su Fraga. Yo atravesaré las mon
tanas ásperas de Aragón, y daré el salto de
Rolango para llegar pronto a su retiro. Sue
no ver qué es lo. que aún le queda de su obra
pasada, porque quien como yo fué primer
profeta de estos artistas que hoy triunfan,
siente una honda tristeza a la par que una
honda alegría al contemplar el triunfo pre
conizado, pues coincide con la ausencia de
las obras queridas.
Se abraza al artista encumbrado, con su
vida aligerada, boyante,' pero da miedo ha
cerle las preguntas deseosas.
"La mujer del torero"
—?Y aquel torero ?
--?Y aquella mujer del
torero?
—?Y la nina con la
gran calabaza condensada
de soles en la cabeza?
--?Y el lego de entre
cejo intimidante ?
—?Y aquel filósofo de
pueblo ?
--?ir aquel Pagés de
Lérida?
Sobre todo, su torero y
esposa encumbrados por
aquellos atrevidos marcos
Alhambrescos que les
mandó hacer él, sentiría
que resumiesen fuera de
F,spana ese sentido tan
castizo, que él pintó con
tantas dificultades en, Se
villa, durmiendo en una terraza de gitanos y que
dándose sin comer para poder alquilar unos días más el
traje de luces del torero.
! Definitivo tipo ! Ahora que se ve que el toreo como
el cante jondo son cosas eminentemente gitanas, ese to
rero de Viladrich sería el ejemplar ideal de la encarna
ción de ese arte, el torero arquetipal, porque nunca
toreó y, por lo tanto, nadie le pudo escatimar facultades
ni limitarle en el cielo alhambresco del Arte, cielo en el
que caben las estrellas más distintas y de espectros más
diversos.
E
MUNDO IBÉRICO
(Cuadros de Miguel Viladrielz )
Suscríbase usted a E
E
E
11-
11mun mili n Huiu'IIImili limo m'u n u n
"La nina del cántaro"
t 6
Portugal
por ENRIQUE
Un importante acontecimiento, de carác
ter esencialmente económico, ha provocado
palabras de fraternidad peninsular que siem
pre es grato recoger, que siempre es bello
incorporar a nuestro ideario del manana.
Y Espana
DE LEGUINA
Pero no creo ser el único en mirar con
tristeza un hecho triste. Sólo las cosas ma
teriales consiguen hoy día aproximar o des
unir los pueblos. Un ferrocarril internacio
nal, un empréstito, una obra hidráulica, y
MUNDO IBPRICO
ya está el himno a la común historia, a las
afinidades étnicas,. a la secular amistad o a
la necesidad de olvidar odios también secu
lares. ?Por qué no entonar también el him
no cordialísimo cuando aparece un libro in
teresante, se produce una hermosa obra de
arte o, simplemente, hay momentos en la
vida internacional que exigen que el himno
de cordialidad y esperanza se rece cada día
como el Padrenuestro ?
Vísta
parcial de la
MUNDO IB.ÉRICO
ciudad, cuyo Río Duero serpentea hasta Lelxées
Debemos ocuparnos de los pueblos de ori
•en ibérico, y de Portugal en primera línea
y en lugar preferente ; pero, sobre todo, lo
que debemos es conocerle. Que Portugal no
sea tina palabra, ni un lugar en el mapa
peninsular.
Habrá aproximación el día en que se vaya
de Portugal a E,sparia, como se va hoy de
Madrid a Barcelona, • Sevilla y Bilbao ;
cuando hayan sido creados intereses comu
nes, y en la prensa haya secciones especia
les con un afán informativo superior al de
esas vagas informaciones de «extranjero»,
que el público devora con una especial frui
ción para los crímenes y catástrofes. Habrá
aproximación cuando la visión de sus gran
des monumentos artísticos nos sea tan fa
miliar como los patios de la Alhambra, la
silueta de la Giralda, los claustros de Po
blet y las maravillosas cresterías de Burgos.
Cuando su vida, su paisaje, su historia y su
actual realidad, parezcan algo propio y no
-
extrano, algo que nos haga recordar el caso
de Francia y Bélgica, de Alemania y Suiza.
Tampoco es suficiente con la periódica
excursión a Estoril de algunos conocidos
periodistas y escritores. Y digo que no es
suficiente, porque aún no se ha visto el re
sultado práctico de tales excursiones, ni
hemos llegado al coTiocimiento del Portugal
de ayer y de hoy por su labor de aproxi
mación y divulganón. Las cosas grandes y
pie han de romper separaciones seculares
y dar a conocer lo casi absolutamente des
conocido, no puede hacerse sin un amplio
plan, ni tin apoyo de los que siempre han
tenido la sartén por el mango en la vida de
las naciones : la política y el dinero.
Y aquí viene mi reflexión, mi queja. Po
lítica y dinero, Estado y Economía, son
gente prudente y de paso mesurado. Se de
ciden a una guerra, un cambio de régi—men,
'una colosal innovación, cuando están em
pujados por el entusiasmo de la multitud o
el soplo enérgico y tenaz de los orientadores
intelectuales.
Tal es el caso de nuestras relaciones con
Portugal. Lo primero conocer, lo. primero
estimular, lo primero hacer que la gota de
agua caiga continuamente yllame la aten
ción de. los que tienen en su mano el tri
dente de los hechos factibles.
En esta labor es indudable que la prensa
de los dos países ha de tener una intención
'y una voluntad ; lo interesante es cómo
podrán manifestarse...
De aquí y de allí las mismas voces. Aquí
y allí las mismas aspiraciones, los mismos
intereses, la misma tendencia de las clases
intelectuales a mejor conocerse -y estimar
se ; a trazarse, en suma, ideales comunes.
Pongamos cada día una pied.recita... De
jemos caer, a cada instante, una gota de
agua...
Puente D. Luiz sobre el Río Duero, cuyo puente
une Porto con la industriosa Víla Nova de Gaía
15
Patio típico de EL TOBOSO
MUNDO IBÉRICO
AiTecto exterior de la Iamosa venta
ESTAMPAS CASTELLANAS
EL TOBOSO
p o r ANGEL DOTOR
El famoso pueblo manchego de noritbre «músico, pere
grino y significativo», elevado en alas de la gloria por el
más grande de nuestros escritores, al haber encontrado en
él, la purísima idealización del espíritu : Dulcinea, viene a
la vida de la Historia en aquellos siglos áureos en que el po
derío espanol era pasmo del mundo entero. En el lugar de
su asiento — terreno de tobas, o sea piedras frágiles y es
ponjosas, del que le vienen el nombre, según el erudito
Clemencín—, que era antiguamente el comienzo de la Ore
tatúa, luego campos del Priorato de San Juan y después
rincón sudeste de la provincia de Toledo, estuvo la ciudad
romana de Alce. Piérdese el hilo de su pasado en el tene
broso Medioevo, pero sábese que alalborear la Edad Mo
derna contaba con veinte mil almas y era uno de los pueblos
más importantes de la Mancha, datando su título de vi
llazgo de 1:339, y habiéndole concedido después las Cortes
mercado, como premio a la defensa que hizo contra el mar
qués de Villena. La abundancia de grandes edificaciones,
muchas de ellas hoy en ruinas, hablan de su pasado esplen
dor. No fué ridícula, pues, la afirmación del labrador en
el pasaje del Quijote, cuando .dice «que si bien no había
Princesa alguna, había, sí, muchas senoras principales que
cada una 'en su casa podía ser princesa», refiriéndose a la
nobleza toboseíía, constituída por las ilustres familias de
los Zarco, Morales, Cervantes, Moyas, Castillas, Villae.s
cusas, etc., más tarde diseminadas por las provincias limí
trofes. El Toboso, como Argamasilla, como Villanueva de
los Infantes, fué un poblado rico y próspero, habitado en
gran parte por los moriscos— grandes comerciantes, in
dustriales y agricultores—; pero en mala hora expulsados
éstos, inició su decadencia. Dícese que salió de él gran par
te de los fundadores de las cercanas villas de Quintanar y
Pedro Munoz. «El Toboso ha sido un pueblo de considera
ción, y así lo indican sus aristocráticas casas, que, aun
1
MUNDO IBÉRICO.
que de pobre alino y en ruinas, ostentan portadas de
mármol, columnas, brocales y fuentes talladas, escudos
sobre las puertas y labrada rejería.» Así escribía en 1848
el primer escritor, acaso, que recorrió las tierras man
chegas: Giménez Serrano.
Actualmente El Toboso, el pueblo «único, estupendo»
de Azorin, duerme a la sombra de su pasado secular,
aquietado en su vida laboriosa en medio de la singular
estepa de las grandes extensiones desnudas y los insos
pechados oasis. Los cultivos de cereales, vid y huerta, la
ganadería y los famosos y típicos alfares son las manifes
taciones de su actividad actual de culto al trabajo ; tra
bajo que, con ser oscuro, no emplebeyece, porque sus
hombres son conscientes de la espiritual significación de
SU patrimonio ancestral, del que legítimamente se sien
ten orgullosos.
Ninguna descripción de una visita a este pueblo ha
de verse libre de la influencia de aquellos dos capítulos
azorinianos de La ruta de Don Quijote. ! Cómo se re
cuerdan ! «Ya habéis salido de Criptana — comienza
el gran estilista —; la llanura ondula suavemente., roja,
amarilla, gris». Y prosigue de esta guisa pintándonos el
camino, y el aspecto de las tierras, y la placidez de los
campos de liego y alcácel, estos mismas campos que
nosotros recorremos en la bochornosa manana de julio.
Descúbrese de pronto, en la dirección ,del horizonte le
jano cerrado por tenues cordilleras de ensueno, el mi
núsculo punto de la torre y la mancha del poblado. Pa
samos por el paraje en que otrora aguardara el caballe
ro, bajo el boscaje de encinas, hoy desaparecido, el re
greso del escudero. Llegamos a El Toboso. Silencio
apenas interrumpido por los muchachos que se Aden
tran en la somera laguna que casi lame los muros de las
casas ; por los recentales que tras la aprovechada ma
drugada sestean en el aprisco, y por las voces de las
eras. Veis la iglesia, las ruinas de la ermita famosa, y
percibís la calma aplastante de esta que fué gran ciu
dad, con sus «casas grandes, anchas, nobles», muchas
hoy derrumbadas y pergenadas con menos atuendo. Y
vais a la Plaza, si ayer solitaria, hoy con arbolado, y
después a la casa de Dulcinea, el arruinado palacio
con portón de pétreas y formidables dovelas, en cuyo
Plaza e Iglesia de EL TOBOSO
patio están arrinconados los
heráldicos escudos blasonados ;
a la antigua mansión de los
Sanjuanistas, donde vivió el
doctor Martínez Zarco, her
mano de la heroína, que fué
rector de la Universidad de
Bólonia ; a la de Morales Nie
va, director de la de Alcalá en
el siglo xvIr ; a la de Cervan
tes ; al •convento de Trinita- •
rias y, finalmente, a la morada
de un hidalgo de hoy, don
Jaime M. Pantoja, alcalde del
pueblo, quien os mostrará la
curiosa colección que guarda
de antiguos documentos del
pasado toboseno, que prueban
apodícticamente ser ésta la
cuna del apellido Cervantes, y
haber tenido su verdadera Dul:
cinea de carne y hueso.
Entre esos documentos se
cuenta el árbol genealógico de
la estirpe del autor del Quijo
te. Diego López de Cervantes,
de Madridejos, fué raíz de la
numerosa familia de este ape
llido. Y el propio abuelo del
La casa de los Sanjuanistas
genio de los genios vivió en El Toboso. El
glorioso Manco visitó este pueblo, por
tener allí parientes y, según .se cree, amores,
aunque no falta quien opina que debió ir
allí sólo a ejercer sus funciones de alcabale
ro. Lo cierto es .que la tradición senala su
lance con otro caballero, por amores de una
tobosena, en el callejón de Mejía. A propi'i
sito de lo originales que eran en El Tobosii
los festejos del Carnaval por aquella época,
dice un cronista lo siguiente : «En esas 'fies
tas era permitida toda clase de sátiras, y dir(•
más aún todavía : era libre toda máscara
para publicar cuantas cosas privadas llegue
a saber, citando hasta las personas, y esta
costumbre •es de inmemorial, como se ve
por comrx)siciones que se conservan más
menos satíricas, y yo lo.que creo es que se
gún toda probabilidad Cervantes en una
de esas fiestas satirizó a alguna de las dei
dades tobosenas con alguna composición, ln
'cual le valió el bano o refrescón que tradici,-
nalmente se dice le dieron.» Este bano es el
que la misma tradici?n senala acostumbrál
se .a propinar en la cercana laguna a todo
recaudador de gabelas que allí arribaba.
Dulcinea no fue otra que dona Ana Mar
tínez Zarco de Morales, hermana de don Es
teban, varón ilustre a quien Salazar Alonso
incluyó como descendiente del rey don Pe
(Continúa en la Pág. 26)
20
MARY BRIAN
SILUETAS A TIEMPO RÁPIDO
VAMPIRESAS
mujeres fatales. O más breve, sencilla,
moderna, americana y cinematográficamen
te vamps.
Las vamps cinematográficas son el equi
valente femenino de los traidores o villa
nos. —Denominación esta última cinemato
gráficoamericana—. Pero no en todo. No en
todo. El villano, si ha de ser villano perfec
to, debe de ser feo. Es ésta, según parece,
su primera villanía. Ha de llevar bigote, lo
MUNDO IBÉRICO
que en Cinelandia es, por lo visto, el colmo
de la fealdad. En cambio, la vamp, ! ah !,
la vampiresa, la mujer fatal; halla su fata
lidad precisamente en su hermosura. De no
haber belleza, y espléndida, no hay fata
lidad...
He aquí a Nita Naldi, personificación de
la mujer fatal, Vamp específica. Belleza
desbordante y opulenta. Belleza exótica...
en Cinelandia. Ojos negros, profundos, que
hieren cuando miran. Heridas frecuentes,
continuas. Miradas de reojo... Gesto miste
rioso : carácter sibilino... Es una habitante
del barrio chino de New York... Es una le
prosa, para quien la aparente belleza es can
to de sirena. Es una dama espanola o sud
americana, que asiste a las fiestas de toros
y fascina a los diestros y goza viendo sobre
la arena su sangre. Es el terror de las bue
nas esposas peliculescas. Es la ruina de los
maridos. No se ríe jamás ; tan convencida
está de la gravedad de su papel vampiresco.
Cuando anda, ondula, se cimbrea como una
palmera en día de huracán.
Cuando se sienta adopta po
siciones distinguidas que,
! claro !, para distinguir
se más, no son las
que suelen adoptar
los demás morta
les. Viste cdn
larga cola y
gran sombrero,
según una
FLORENCE VIDOR
MUNDO IBÉRICO
vPmaoombd?rpaeteircmcerhsepaiaocsdra.aaElqmesuseepinretrheceaisa?isltmteibnelinedt.oe Fpqaautreaal.aubEsoasn..dd. eounlnaaars — la pantalla, porque engordaba demasiado. Y Greta Nissen con sus ropajes envol dvee'ntes Y su cabellera revuelta y abundante
estam«ufnaetacla» ietastláianean ? laTocadbaelllaeraf.ataYlideand ldoes
ojos : ojos verdes, transparentes, profun
dos; ojos claros como los de las sirenas...
! Ah, Greta Nissen ! No engorda, porque
sabe que su fatalidad reside principalmente
en su figura serpenteante, en sus largos bra
zos culebrinos... Y aun — a veces — se
ríe, porque aún no comprende, ! desgracia
da !, que eso de ser «mujer fatal» es cosa
muy seria...
21
GRETA NISSEN
Ved, en ocasiones, a Mae Murray, ha
ciendo estragos, sembrando catástrofes con
su arbitrario gesto de hermosa idiota. Ved...
! Ah, gentiles y complicadas y fascinadoras
vamPs peliculescas ! ! Qué absurdas, qué
ridículas serían, si no fuesen únicamente
unos bellos mitos ! FELIPE CENTENO
LOS ASES DEL DEPORTE El formidable boxeador espanol
PAULINO UZCUDUN
MUNDO IBPRICO
SAN SALVADOR.- Escenas de la playa
VENDRELL: Playa de San Salvador. - De temperatura
deliciosa, suave pendiente y arena finísima que <se pega
a los que la pisan».
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dad de gran relieve en la Isla de Cuba
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de "Cultura, S. A.", la magnífica entidad que en la perla antilla
na ocupa hoy el primer término en el ramo de librería, siendo al
mismo tiempo unade las más importantes de la América espanol a
San Salvador
Equidistante de Calafell y Carnarruga, es
la Playa de Vendrell, ideal para el vera
neo, y a la que está unida por una cómo
da carretera recién construida.
Le distinguida colonia que veranea en
San Salvador ha instalado un confortable
Casino en el que menudean las diversio
nes, en la más franca camaradería, con
agradabilísima libertad despojada de las
imposiciones del lujo y de la moda.
Cada temporada se construyen nuevos y
bellos chalets en atención al rápido creci
miento de la Colonia que encuentra en
la linda Playa comodidades, higiene y
recreos.
Hotel París. - Salón escritorio de estilo
Renacimiento. La lámpara y perchero
queadornan este salón, así como toda
la obra de cerrajería del Hotel han sido
construídos en los talleres de don
Pablo Ruíz.
24
Tarragona. - Puerta monumental de la Fábrica de
Tabacos. - Trabajo ejecutado mancomunadamente en
los talleres de D. Pablo Ruiz y D. Ramón Burgarola.
Tarragona. - Los depósitos en construcción. - Verifi
cadas las mezclas en unos depósitos subterráneos, el
vino pasa a unos depósitos situados en el piso supe
rior, desde los que. después de filtrado, pasa a los del
gráfico en donde permanecen hasta su envase.
farragona. - Portal de id casa propiedad de D. los?
icart; el artístico adorno en yeso ha sido ejecutado
por D. losé Maten
_ Jrrn."„
r
tr :or V°
•
"•
Tarragona. - La
Casa de Co
rreos. -Proyec
to y dirección
d el arquitecto
municipal D. Jo
sé Marfa Pujol.
Tarragona. - Edificio en construcción, en la Rambla
de San Juan, propiedad de D. Dolores LIndeman.-Pro
yecto del Arquitecto D. Alfonso Barba, ejecutado por
D. Ramón S'erres.
Tarragona. - Escalera de los Pabellones Escuelas de
la Casa de la Caridad. -El rellano es elíptico. - Ha sido
construida por D. Arturo Pardines, según proyecto del
Arquitecto de Lérida D. Francisco de Paula Morera
Tarragona. - Taller de cerrajería de D. José Gil en la
Plaza del Rey.
Tarragona. - Taller de Ctarprería de D. Miguel Mar-
Tarragona - Fábrica de Mosaico hidráulico y piedra
artificial de D. Federico Anguerti. - Sección de Má
quinas.
Tarragona. - Cancela de hierro forjado, colocada en la
tinca que posee D Matías Malloi en el Monte Olivo -
Trabajo de cerrajeria de D. José Gil.
Tarragona - Almacén de Vinos de Cubas de hormi
gón armado, de los senores Gert, Steinert, 5. A.
Contratista D. José lcart,arquitecto D. César Martinell
MUNDO IBRICO
Tarragona - Grupo de 16 casas baratas construidas
con bloques y hormigón por D. José lcart.
°
Tarragona. - El Mercado, - Proyecto de D. José María
Pujol.
Tarragona. - Palacio de las Casas Consistoriales y
Diputación Provincial.
MUNDO IBERICO
TAR RAGONA
Obras de urbanización y construcción de
edificios públicos municipales,: mercado,
matadero.
Hay que hacer constar que Tarragona,
CO su parte baja, quedaría espléndida con
la desaparición de la actual estación del
ferrocarril y vía a lo largo de la playa, acer
ca de lo que se hacen gestiones en la ac
tualidad, que se confía serán resueltas fa
vorablemente para la población.
Arquitecto municipal : don José M. Pujol
El principal discípulo de Gaudí, el más
activo impulsor de la nueva construcción
de Tarragona. Es autor del mercado, ma
tadero, Casa de Correos, Colegio del Sa
grado Corazón y otras.
Sa Vilcente dells Horts
El día 30 del pasado julio celebró Sant
Vicens su fiesta mayor con un magnífico
programa del que su primer número fué la
inauguración del soberbio edificio que, para
domicilio suyo, ha construido la Corpora-ción
Municipal.
Los Excmos. Sres. Capitán General, Go
bernador Civil y Prélidente de la Diputa
ción fueron recibidos en la calle Sola, ador
nada su entrada con artístico arco, por las
autoridades y el pueblo en masa. Organiza
da la comitiva en la antigua Casa, se diri
gió al nuevo edificio que, después de haber
Sido abierto por el Gobernador, por cesión
del General Barrera, fué bendecido por el
Ecónomo don José Durán en un altar le
vantado al efecto en el vestíbulo.
CASAS CONSISTORIALES
La construcción moderna en Tarragona
Si Tarragona es notable desde el punto
de vista artístico y monumental de la anti
gua construcción, no lo es menos en sus
construcciones actuales, que van adquirien
do amplio desarrollo por los notables ele
mentos que pertenecen al ramo, como el
constructor don José Icart, con su espe
cialidad en el hormigón, que realiza una
verdadera revolución, substituyendo las vi
gas de hierro por las de hormigón armado ;
don Arturo Parones, en sus artísticas crea
ciones, que revelan la potencialidad de su
ingenio, y don Ramón Ferrés, cuya juven
tud no previene en modo alguno contra su
alía y crédito en el ramo. En cerrajería,
don José Gil, en herrajes para toda clase
de obras, verjas como las que dan acceso
a los claustros de la catedral, el panteón de
los Cartujos y trabajos artísticos como el
pergamino que el Sindicato agrícola de
Constantí regaló al director del Banco de
Espana ; los senores don Pablo Ruiz y don
Las autoridades e individuos recorrieron
todas las dependencias con el Arquitecto
autor del proyecto don Melchor Vinals. Vi
sitaron en la parte derecha de la planta
baja los despachos para recaudación, sala
de espera y teléfono, habitaciones del al
guacil y Dispensario municipal,
Un amplio vestíbulo con una monumen
tal escalera de hopor que da acceso al Hall
del priiner piso en el que se encuentran,
dando a la fachada principal, el salón de
sesiones y Alcaldía ; a la izquierda, la se
cretaría, despacho del Secrretario y archi
vo; a la derecha, el Juzgado y servicio sa
nitario y en la fachada posterior, las habi
taciones del Secretario.
El solar tiene una superficie de 477 me
tros cuadrados. La edificación tiene 324 me
tros cuadrados, destinándose 153 metros
cuadrados a jardín para recreo de la Escue
la de ninas situada en la parte izquierda de
la planta baja.
Después de la visita se celebró una fiesta
infantil en la que intervinieron los ninos de
la Escuela y las ninas Máría Prats, Rosita
Ribera, Vicenta Mallo], Teresina Badosa,
Joaquina Tuset, Domingueta Mallol, hija
del Juez don José, y Rosita Tuset; estas
tres entregaron sendos ramos de flores al
Capitán General, Gobernador Civil y Pre
sidente de la Diputación.
La sociedad coral «El Jazmín», acompa
nada por la orquesta y dirigida por el maes
tro senor Carbonell, interpretó admirable
mente el Gloria a Espana de Clavé y cerró
la fiesta el orfeón Vicentí con Les neus
que's fonen.
Los concurrentes fueron invitados a un
delicado lunch después del cual el Secretario
senor Carbonell leyó una documentada me
moria manifestando que las 95,000 pesetas,
costo del edificio, se habían recaudado, no
por medio de empréstitos, sino por el so
brante de ejercicios anteriores obtenido con
una depurada administración. El Alcalde
don Marcelino Martínez dió las gracias con
sentidísimas palabras y los senores Gassó
y Vidal, Presidente de la Diputación y Go
bernador Civil elogiaron la fructífera labor
Ramón Burgarola, que mancomunadamen
te, en sus respectivos talleres, han ejecuta
do todos los trabajos de la monumental
puerta que da acceso a la Fábrica de Ta
bacos, verdadera joya de arte ; y, por últi
mo, en trabajos en yeso, don José Mateu,
cuyo nombre es conocidísimo en toda la
provincia.
~~)
HOTEL DEI CENTRO
Confortable y espléndida situación
o 1:1 El
Rambla de San Juan, 63
TELÉFONO 118
TARRAGONA
del Ayuntamiento, haciéndolo el último en
nombre del Capitán General que tuvo que
marcharse a Mataró.
Asistieron al acto representantes de los
Ayuntamientos lindantes, entre los que vi
mos al Alcalde de Santa Coloma de Cerve
lló, senor Ribas, con el Secretario ; Alcal
de de San Feliu de Llobregat, don M. Ma
rín; el de Molins de Rey, don José Folqué.;
el de Pallejá con el Secretario ; el de Cer
velló, don Mariano Marco ; el de Torrellas,
don Jaime Mas, y el primer teniente de al
calde y el Secretario de Hospitalet.
Han ayudado a la organización de la fies
ta el coronel don Eduardo Lag-unilla, el co
mandante de ingenieros don Vicente Blas
co,con su senor padre don Pablo, director
del Banco de Espana ; el coronel de arti
llería don Juan Vanrell, que veranean to
dos en San Vicente.
El proyecto y la dirección son del arqui.
tecto municipal don Melchor Vinals, arqui
ESCALERA DE HONOR
Construcción de los Sres. Butsems yC.'
25
26
PUERTA PRINCIPAL
La verja de ballesta ha sido construida en los acreditados talleres Mas Bagb, S. A. M.
tecto también de Tarrasa, que ha hecho
una bellísima obra, y la ejecución ha corri
do a cargo del joven y reputado construc
tor don Baudilio Boloix, que ha secundado
inteligentemente la elogiada labor de su ar
quitecto.
La escalera de honor es un artístico tra
bajo realizado por los senores Butsems y
Companía, de Barcelona ; la puerta de en
trada es una verja de ballesta, construida
en los talleres Mas Bagá, S. A. M., de
Barcelona, teléfono 747 S. P., que cons
truye, además, como especialidades, puer
tas onduladas, tubulares, estufas, cocinas
económicas, termosifones y el nuevo siste
ma de calefacción central combinado con
las cocinas ; el mobiliario, de estilo gótico
catalán, es de los acreditados «Almacenes
Pompeya», Salmerón, 75, de don Francisco
Vilaró, cuya especialidad más saliente es
el mueble para oficina, sistema americano ;
las instalaciones del pararrayos, agua y
electricidad ha sido efectuada por don Ig
nacio Camps, de San Vicente, Arrabal del
(Continuación del articulo "El Toboso")
dro en las Dignidades seglares de CaVilla
y León. La tal dama, soltera, vivía con su
hermano en la casa de la Torrecilla, el
palacio de Dulcinea, y era muy dada a
«blasonar de su linaje y origen, llevada del
espíritu dominante en los de privilegiada
alcurnia». Así se explica el acierto de Cer
vantes «en dar a su heroína ese segundo
carácter de ridícula aldeana, presentándola
como Aldonza Lorenzo para disfrazar a
quien aludía, sin lo cual era imposible sos
tener la idea del héroe respecto de encan
tamentos». Y es que Dulcinea significa el
amor mismo, de estirpe divina y progenie
casi vulgar, que culmina en las cimas del
ensueno y se arrastra entre la arcilla de
los humanos ; pero indudablemente ningún
tipo femenino hay en la Literatura menos
unilateral y dotado en sí mismo de esa
Centro, 17 ; la lámpara del vestíbulo, de
hierro forjado, y las del salón de sesiones,
Alcaldía y demás dependencias, de latón,
son de estilo gótico catalán, que es el de
la construcción.
El senor Vinals y sus colaboradores han
sido muy felicitados, así como la corpora
ción, por su loable administración.
SALÓN 1DE SESIONES
El mobiliario es de los Almacenes Pompeya
de D. Francisco Vilaró
compleja paradoja o contrariedad en que
precisamente estriba su superioridad ideal.
Sábese que dona Ana tuvo amores con
don Rodrigo de Pacheco, el caballero de
Argamasilla, supremo héroe de la concep
ción cervantiana ; y el nombre de Dulci
nea es, sencillamente, un anagrama de las
palabras latinas Dulcis Ane, como probó
en el conjunto de sus investigaciones el
agudo comentarista Antequera.
El Toboso, que es el pueblo del Amor
por antonomasia, va a contar con un gran
monumento que simbolice la obra de Cer
vantes. En plena estepa manchega, teatro
de la acción que desarrolla el libro inmor
tal, el genio más grande de la raza—cuya
personalidad gloriosa es universal, por ser
lo el eterno conflicto entre la realidad y el
ideal, a que supo dar la más feliz expresión
artística—recibirá el homenaje que su pro
ceridad requiere.
MUNDO IBERICO
La empresa reviste la más alta signifi
cación, pues parece estar patrocinada por
los altos elementos directores de la vida
nacional, y con el concurso, moral y ma
terial, de los países americanos, «sangre
de Hispania fecunda». Con admirable en
tusiasmo El Toboso ve ahora acrecer su
nombradía y su fama. Y lo mismo la Junta
Nacional del Homenaje, que el Comité
Ejecutivo radicado en el pueblo, reciben la
adhesión de todos. Anexa a la erección del
Monumento cuéntase la organización de
una Biblioteca Popular, ya bien nutrida,
que ha de lograr que todas las inteligen
cias queden bien abiertas a la ideación y
la cultura. El gran Monumento toboseno
debía quedar terminado al celebrarse la
gran Exposición Hispanoamericana de Se
villa.
ANGEL DOTolt
(Continuación del articulo "El patriarca de Bable"
ciando ciencia y ensueno, modelando inte
ligencias y revelando a si mismos los cora
zones adornecidos, procurando dar un an
sia de universalidad a sus discípulos y
conservar en sus conterráneos el senti
miento puro de arraigo a la tierra matriz
y nutriz. Corrige en los rapaces el habla
materna, les adiestra en el castellano plu
ral de Espana y América ; pero luego qui
siera que todos los asturianos amasen el
bable de los antepasados con esa recia ter
nura que él le tiene ; sin codicia, sin lucro,
sin vanidad, sin ninguna de las pequenas
pasiones con que envilece el hombre las
ideas y los sentimientos eternos.
El bable es para Marcos del Torniello,
como fué para el cura Antón de Marir
guera, para José Caveda, José María Ace-bal,
Juan de la Candonga, Teodoro Cues-ta,
Pepin Quevedo, ayer, y Julio García
de Quevedo, Pachin de Melás y algunos
otros, hoy, la lengua propicia y el molde
e-cabal
a un pensamiento. Lengua armonio
sa y robusta que las modernas generacio
nes olvidan y que debiera volver al sonoro
prestigio de otros tiempos. Que habría Si
do de justicia incorporar a los que tuvieron
entrada en la Academia Espanola ; c9n Un
derecho tan indiscutible por lo menos co
mo el de los otros idiomas regionales más
afortunados en el oficial reconocimiento.
El poeta le canta en la introducción de
Orbayos de la Quintana con esa suelta Y
rústica gracia que es uno de los hechizos
' de su poesía esencialmente astur :
«Salve la fala famosa
paraxisméra y galana
de les falencies hispanes
la que más vieya se afana.
Salve la fala de Asturies
la fala que se falaba
de cuando nel paraíso
que besa la mar salada.
Salve la fala, quiziavis
dimpués de la fala vasca
la más antigua de todes
entre les fales d'Espana.),
A lo largo de la dilatada vida del poeta
—el patriarca hoy día, si uo de las letras
MUNDO IBE'RICO
asturianas, de las letras avilesinas, tan fe
cundas, de tan varia actividad que sena
lan el renacimiento literario de la región
esta habla «regocixera y gallarda» «acaso
la más antigua, después de la vasca, de
todas las espanolas», expresa su obra es
Parcida más por la memoria y culto de
sus contemporáneos que recogida en libros
COMO sería oportuno y conveniente.
Marcos de Torniello no la aprendió en
archivos ni bibliotecas, no la buscó en ran
cios cronicones ni se atuvo a lo que pidiera
don José Caveda de que no se empleara el
bable «como hoy existe, sino como nuestros
padres lo hablaron antes del ano 18oc, des
de cuya fecha tantas causas contribuyeron
a corromperle». Por el contrario, le renue
va, le amplía, le da belleza y viveza en su
trato y frecuencia con aldeanos y campesi
nos; le enriquece, aunque muchos crean
que le avillana con un dinamismo feliz y
jocundo de parla actual, no de curiosidad
filológica. Tiene el sabor, el color y hasta
el olor del pueblo. Suena en los romances
picarescos y sentimentales a lo que suenan
las voces de romería, mercado, puerto y
Montana. Es zumbón y melancólico, brusco
y sutil, se inflama en reniegos castizos y
languidece en un canto de camino a la hora
de atardecido... Rima bien con los sonidlos
del puntero y del roncón, con el borbollar
de la sidra en el filo del vaso y con el siseo
serpentino de los voladores en el cielo nu
blado.
Viene directo de las románticas xanas al
realismo crudo de las mujeres del mar y
del agro. Es muy de hoy sin danar a su
pretérita pureza. No viste a la usanza ciu
dadana, sino aldeaniega, pescadora y va
queril. Pero cuando es preciso engalanarse
para dirigirse a gentes dé' otra clase, har
to sabe también hacerlo con la senoril dis
tinción que caracteriza al astur, sin nece
sidad de recordárselo ni imponérselo.
Que no en vano el «dolce falar de los
astures», exaltado hoy en los romances y
Poemas de diverso metro de Marcos del
Torniello, dió ayer su acento a los Can
cioneros y a las crónicas medioevales, estu
vo en labios de monarcas y de sabios y
sonó melancólico en los lentos ritmos de
La danza prima. Lengua que acunó la ni
nez y dió expresión a las primeras ideas y
preguntas infantiles de Bances Candamo,
el Poeta de El esclavo con grillos de oro
y el pintor Carreno Miranda, el retratista
de Carlos II, quienes, como Marcos del
Torniello, la aprendieron oyendo hablar a
la «brava marinería del vieyo Sabugo».
IV
Ya he dicho que la plural producción de
Marcos del Torniello antes anda esparcida
en la memoria y en los labios de las gentes
que permanece contenida en libros. Dos,
no niás lo definen. Tambor y gaita, publi
cado hace más de veinte anos, y editado
YPOorrcboalsyatoeDsadidpaeutllaaacieQódnuiciPniótrnaonvpaino, craipalaol rsedceaidvAoilsetseuinnrioa1ss9,2d5ey, Avilés y de Cuba.
. Corno se ve, no fueron el autor ni un industrial del libro los que se cuidaron de reunir y publicar las dos obras, sino la en tidad représentativa de toda la región y los 'Paisanos más afines del poeta. Ello. indica
hasta qué punto se estiman vinculadas al
espíritu y el verbo de la raza.
Si Tambor y gaita tiene el brío y el des
enfado juveniles, Orbayos de la Quintana
es la obra de la madurez, con una profun
da densidad sentimental, con recia estruc
tura intelectiva. Si aquel titulo suena a hol
gorio cantarín de romería, éste promete la
nostálgica gravedad del refugio fatniliar
astur, .las mansas y pluviosas contempla
ciones de la vida a través del paisaje y del
alma astúricos.
Titulo es este que sabe dulce a Asturias,
que afirma a todo hijo de ella la emoción
del lugar natal. Como el quedo y manso
caer de la llovizna le empapa de melanco
lía y le recuerda su tierra a través del buen
llanto—menudo, humilde, silencioso, que
no sabe bien si es. de dicha o de pena
del cielo que la hace más amable.
Como el refugio familiar, cuyo apelativo
evoca, es acogedor : está henchido de re
cuerdos gratos, costumbres sencillas, senti
mientos puros y fué construido rostro a las
bellas perspectivas.
!Orbayos de la Quintana! Supo el poeta
dar a sus romances el nombre que más pu
diera proclamar la asturianía profunda y
la nostalgia de tonada viajera que les dis
tingue. También cobija cual la misma llu
via menuda y en la hogarena calma la otra
faceta espiritual del humorismo astur que
no les falta. Y el mismo acento de la ar
caica hablia que suena en las quintanas
alejadas de las urbes, el ritmo caricioso
o áspero que las voces campesinas tienen
en la lenta tristeza de las orbayadas, es
el de las poesías ofrecidas por el viejo can
tor de cuanto la tierrina sugiere.
En tres partes divide la obra, y a cada
una las da nombres de holgorio alcurniado
por remota ancestralia, de aldeanos símbo
los al campo solicitados para el rústico re
gocijo: Entre amag-iiestos y esfueyos ; En
tre penoyes y taramos; Entre espadana y
cenoyo.
No busquéis, por tanto, la musa artifi
ciosa y artificial de las metáforas sueltas y
el conceptismo criptográfico. No tampoco
la feria de las imágenes exóticas aprendi
das en algunos idiomas y sentimientos dis
fraternos.
Fueron escritas precisamente para cuan
tos conservan intactos el respeto a sus
muertos, el amor a lo que les rodea y la
fe en el esfuerzo de quienes habrán de he
redar esos dos sentimientos cuando ya el
poeta descanse en la paz infinita, cómo y
dónde suplica en la estadonada donde can
ta a la villa de Avilés :
«y non pido más a Dios
que, al tomame Dios la cuenta
arrecueya en boa llugar
lo que viv'en mi que alienda,
me reserve un furaqujn
na Carriona (1), de una tercia ;
y un tapin... y nada más...
que me atape... ! pa que duerma !»
JOSÉ FRANCÉS
(I) Lugar donde está emplazado el cemen
terio de Avilés.
Dicen que soy un hombre raro y que ten
go predilección por lo singular. Es verdad;
cada vez pienso en esas palabra: liber
tad, grandeza, dignidad, honor, prefiero el
singular al plural.—VfcToR Htioo.
27
UN RINCÓN DE CASTILLA
Por DIEGO SAN JOSÉ
Con la llaneza cordial y franca que se
usa en el solar castellano fuéme hecho el
convite.
«El Segoviano» quiere que manana haga
usted penitencia con él en su. «Posada de
San Pedro» que está en la Cava Baja. Co
merá usted y los amigos que tenga a bien
de convidar, por aquello de un convidado
convida a- ciento, a usanza típica de la tie
rra; no faltarán más que las vecinas cum
bres de Guadarrama, que son atalayas del
puerto, para estar en la mismísima patria
de Juan Bravo y del licenciado Colmenares,
y aun cuando ellas falten no acaecerá lo
mismo con el ambiente, que allí encontra
rá el zumo, por decirrlo así, del «Azogue.
jo», la belleza del Alcázar, desde cuyo pre
til se tocan casi con la mano «El Parral» y
la plaza mayor de Zamarramala, todo por
la buena obra y gentilisima gracia de las
bizarras hijas del huésped, mozas de su
propia taberna.
Dióme, como dicen, en la yema el ofre
cimiento del tal agasajo y allí me encami
né con un par de amigos maestros en el
ejercido de la pluma y entranables cama
radas.
Desde que se pasa la pétrea cruz de puer
ta Cerrada se respira el alma del Madrid
viejo, que aunque algo haya sido adultera
do por las modernas construcciones, el es
píritu es el mismo de antano
La Cava Baja conserva aún en todo su
perímetro el privilegio de las posadas, apea
deros de cosarios y trajinantes que desde
los pueblos vecinos y aun de muchos que
se alongan harto de la provincia vienen a
la Corte. Todavía parten de ellas las dili
gencias que van a tierras de Toledo y de
la Alcarria, y sin duda que esta vía la pi
s? muchas veces don Leandro Fernández
de Moratin, cuando en la ardorosa canícula
iba a refugiarse en su arbitraria casa de
Pastrana, madriguera de hombre misántro
po y solterón egoísta, mal acondicionada
de intento para recibir huéspedes. Era mu
cho hombre el erudito autor de «El sí de las
ninas».
La estancia que el senor Santiago Gon
zález, hombre del estado llano nacido en la
ciudad de Segovia y avecindado desde la
mocedad en la Villa y Corte tenía habili
tada para refectorio, estaba tan bien ade
rezada como el típico y abundante yantar
que en ella hubo de servirse de allí a poco.
Sobre limpísimos manteles triunfaban las
cazuelas nuevas y la loza talaverena, asis
tida por los cubiertos de palo y las ventru
das jarrillas de bodegón entre las que las
hogazas y los bodigos se destacaban como
el oro entre la argentería.
En dos orondas cubetillas el vino de la
tierra esperaba el momento de ser reparti
do por los arcaduces de barro vidriado.
Baltasar de Alcázar hubiérase regodeado
como solía ante una buena mesa y no hu
biese podido por menos de volver a excla
mar:
«!Qué suavidad ! ! Qué clareza
! Qué rancio gusto y olor... !
! Qué paladar... ! !Qué color... !
Todo con tanta fineza...»
El senor Santiago, habiendo por asisten
te su pintor de cámara, el cual le ha deco
rado los locales con tal arte y profusión
28 MUNDO IBERICO
que malos anos para el mismísimo don
Francisco de Goya y Lucientes, dice :
—Cuando manden demos comienzo al
ayuno. Hola Isidra !
Y a la recia llamada aparece en la pieza
la moza y senora a un mismo tiempo de
aquellos estados, trayendo en el apetecible
regazo de sus manos la humeante sopa con
tropezones de jamón y torreznos que ha de
ser heraldo de lo que venga detrás.
Esta Isidra bizarra, cuyas manos con
tanta razón se pueden besar por mujer de
buen rejo como por guisandera. de supre
ma ciencia en el aula de los fogones, es
del corte de aquellas que tanto placían al
Arcipreste de Hita. Segoviana de sangre
y madrilena de nacimiento. Aun siendo por
todo extremo suculenta la refacción, ser
vida por ella bien puede creerse que vale
otro tanto.
'Tí
LA MESA L.
to/Lág414
MENÚ DE ALMUERZO
Entremeses a la andaluza
Huevos escalfados Continental
Merluza gratinada Dieppoise
Tournedos a la parrilla
Patatas Anita
Salsa bearnesa
Postre de cocina:
Pequenas tartaletas de Plátanos
EXPLICACIÓN DE LAS MEJORES RECIAS
Huevos escalfados Continental
Se escogen huevos bien frescos, a fin de
poderlos escalfar o cocer bien ; para esto
se disponen las cosas de la siguiente ma
nera: En una cacerola ancha se pone agua
hasta la mitad, con un poco de sal y un
chorrito de vinagre.
Al empezar a cocer el agua, se le echan
huevos uno a uno (los que necesiten), dé
jense cocer lentamente durante cuatro mi
nutos justos. En este punto, y por medio
de una espumadera, se separan los huevos
uno a uno, poniéndolos en agua fría, re
cortarles un poco la clara a fin de que que
den redondeados y a medida igual.
Siguen a la sopa tantas y tan sabrosas
viandas sin mixtificación alguna, que es
punto menos que imposible el mantenerlas
en la memoria.
Por que nada falte de la recia cepa cas
tellana, al final del ágape irrumpen la es
tancia dos hidalgúelos que so pretexto de
admirar lo típico del ambiente, aunque en
tran diciendo que ya han comido, toman
de cuanto hay en la mesa para mejor hon
rar la maestría de las manos que lo gui
saron. De haber llegado antes, «El Seg-o
viano» hubiéranos pedido licencia para ha
cerles lugar entre nosotros y nosotros como
a hermanos se lo hubiéramos concedido de
muy buen grado, tomándonos un poco al
pie de la letra la cortesía que nos hizo al
decirnos que aquella casa era nuestra...
La otra hija del huésped llegó a los pos
tres. Tan gentil y bien dispuesta es como
Preparar un arroz a la Milanesa, seco,
con un salvito de cebolla, jamón, unos gui
zantes, tomate y buen queso rallado, mo
jándolo con caldo sencillo, o con caldo
«Mag-gi» que se prepara disolviendo tres
cubitos de «Maggi» por litro de agua hir
viendo, sazónese bien, procurando que que
(le seco, a fin de que pueda mo)dearse bien.
Prepárese seguidamente una buena salsa
a la Bechamela bien sazonada y espesa ;
luego un costrón de pan de un centímetro
de espesor, y de igual circunferencia que los
huevos, un costrón por cada huevo, freirlos
a bonito color dorado.
Cómo se presenta y
monta nuestro plato
El arroz recién hecho y un poco reposa
do se coloca en un molde alto, untado pre
viamente con manteca, apretar bien el
arroz y volcarlo con cuidado en medio de
una fuente grande; alrededor se colocan
los costrones de pan, encima de cada cos
trón colocar un huevo escalfado caliente,
que esté bien escurrido de agua, colóquese
con gran simetría ; en este punto se cubren
los huevos con una buena cucharada de sal
sa Bechamela en cada uno, espolvoréanse
de queso rallado, y se gratinan un poquito
en el horno, servirlos inmediatamente.
Referente a la fuente que pueda ponerse
en el horno, debe escogerse una de metal
blanco o bien una de estas de porcelana,
en que se suelen gratinar los macarrones.
Merluza gratinada Dieppoise
Calculando un plato para cuatro o seis
personas, se dispone un, trozo de merlu
za de unos 600 gramos, se le separan las
su hermana Isidra, y la luz de sus ojos
parece que dan vergüenza, hasta el punto
de hacerlas vacilar, a las débiles llamas del
velón.
Hay un instante de silencio que en almas
más cristianas que las nuestras hubiera sido
aprovechado para dar gracias a Dios...
El senor Santiago González ha quedado
solo al margen de todos.
Quien más quien menos sabe que piensa
en el hijo muerto en la flor de la mocedad,
cuando iba a encomendarle el timón de
aquella nave, el cual teniendo afán por hon
rarse con dar cobijo en su casa a príncipes
y menestrales del ingenio hízole literatizar
la industria... «El Segoviano» no siente es
tas cosas, pero las admite en memoria del
hijo cuyo recuerdo llena toda la casa...
Madrid, julio de 1927.
pieles y espinas, transformándose en dos
piezas, se aplastan un poco y se colocan en
una tartera, adjunto con las espinas, más
un sazonamiento de sal, zumo de limón, un
poco de vino blanco y aceite, se cuece en
el horno durante unos veinte minutos.
Mientras, se tienen dos escarolas bla.ncas
cocidas con agua y sal ; exprimirlas de agua
y se trinchan, poniéndolas en una cacerola
con manteca de vaca y un poco de vino
blanco, leche, sal y pimienta ; déjese cocer
hasta que el juguillo quede reducido.
Preparar la siguiente salsa : póngase una
cacerola pequena sobre fuego, con 50 gra
mos de manteca y dos cucharadas de Mai
zena Duryea, remuévase bien y mojar la
salsa con leche templada, más el jugo que
haya saltado de la merluza al cocerse ea
el horno, trabájese bien con el batidor, para
que resulte una salsa espesa con un poco
de queso, sal, etc.
Cómo se monta el plato
En la fuente que vaya a servirse el pes
cado, se empieza por colocar la escarola Co
cida en el fondo, alísese a modo de lecho,
encima se coloca la merluza, cúbrase total
mente con la salsa y se mete la fuente por
unos momentos en el horno. Puede servirse
inmediatamente.
Tartaletas de Plátanos
Con pasta medio hojaldrada se forran
unos pequenos moldes, conocidos por tarta
letas, lisos, cocerlos en el horno hasta que
queden bien dorados.
A continuación se guarnecen las tartale
tas, colocando cuatro o seis rodajas de plá
tano en cada tartaleta l se termina de llenar
cada pieza con una cucharada de confitura
de albaricoques o grosella, espesa, recién
cocida y brillante. Déjense enfriar y que
dan listos.
Para más amplios detalles en platos de
pastelería adquieran del mismo autor «La
Pastelería Mundial», o esta otra de paste
lería sencilla «Dulces y Helados».
IGNACIO DOIdIVECH
(Prohibida la reproducción de recetas.)
ESTE NÚMERO HA SIDO REVISAD°
POR LA CENSURA GUBERNATIVA
1.
MUNDO IBERICO
(Continuación)
»Senores : el espacio intersideral no es ese vacío absoluto que
se imagina la ignorancia. Sin hablar de las múltiples energías
que se entrecruzan incesantemente a través del éter —ondas elec
tromagnéticas, líneas de fuerza, campos gravitatorios—, el espa
cio está poblado de partículas materiales, más o menos disemina
das, de las que todos conocemos las estrellas errantes. Estas siguen
generalmente alrededor del sol órbitas fijas de índole cometaria.
Son corrientes de partículas que la tierra atraviesa en determina
das épocas del ano. Así hay las Perseidas en agosto, las Leónidas
en noviembre, las Gerninidas en diciembre... Pero las estrellas
errantes son de muy pequena magnitud — algunos gramos todo
lo más.–_y su inflamación por el roce con las capas superiores de
la atmósfera basta para reducirlas a gas... a volatilizarlas sin
residuo.
»Hay otros materiales celestes más importantes—fragmentos
de astros muertos o de un antiguo pequeno satélite de la tierra,
como cree Estanislao Meunier..., o bloques lanzados por los vol
canes de la luna o los pequenos planetas, segAn Emilio Belot...,
o bien materiales que subsisten del caos primitivo, de la nebu
losa de origen, sobre los cuales no se ha pronunciado aún la
ciencia. Esos materiales circulan y pueblan el espacio. Pero sólo
los divisamos cuando penetran en la atmósfera terrestre y se en
cienden superficialmente hasta la inc9ndescencia, corno las estrellas
errantes. Unos no hacen más que brillar un instante, luego esca
pan a la atracción terrestre, escapan por la tangente y luego
continúan su carrera vagabunda. No se les vuelve a ver. Otros,
capturados por la atracción, o bien llegan enteros hasta el suelo
Y se incrustan, o bien estallan en el aire y caen en fragmentos.
La tierra los recibe así desde sus origenes.., muchos kilómetros
cúbicos
otros
úbicos
os
por siglo según se ha calculado. Claro es que también
planetas, y desde el descubrimiento de la radioactividad,
se cree que el mismo sol recibe de esta aportación los materiales
necesarios para el sosteniminto de su radiación... «Los soles—ha
escrito Arrhenius—se nutren de aerolitos, como las bestias de la
hierba de los prados.»
»Tan sólo hace un centenar de anos que la ciencia oficial, de
k,rnasiado prudente, ha reconocido el origen extraterrestre de los
idos, a raíz de la sorprendente calda ocurrida en Laigle (Orr..)
•
lOS Primeros anos del siglo xx. Después se han constatado mi-blares
de casos y todos los museos públicos o privados contienen h'51qi'''s más o menos importantes de hierro meteórico. Porque de
'erro, senores, es lo más frecuente que estén formados esos
Pequenos astros.
.si .
d ))quien que pensar en la posibilidad de un bombardeo celeste
e
n sería el primer mensajero el bólido que ha formado la
Ira N. ?''' Es posible y el porvenir lo dirá a nosotros o a nues
u°s sucesores. En todo caso, no cabe duda sobre este hecho : un
de astro — un bloque de hierro y oro de muchos ki-de
diámetro circulaba el 5 de septiembre, o sea hace
, días, en la misma región del Infinito que la Tierra. Ese blo-que
ha caído en el océano Atlántico siguiendo una trayectoria
Traducción de ADOLPHE FALGAIROLLE y ENRIQUE DE LEGUINA
29
oblicua, dirigida de Este a Oeste, circunstancia que ha agravado
singularmente los efectos de la onda aérea y marina en Terra
nova y la costa americana — situada, por otra parte, mucho más
cerca del punto de impacto que el viejo continente—. Ese bloque
ha sido visto en su caída por ojos humanos, y si ustedes no hu
bieran estado hipnotizados, como todo el mundo, por las noticias
anecdóticas de la tempestad (t el mineralogista calificaba así la pér
dida de ciento cincuenta navíos y varios centenares de miles de
vidas humanas !) hubieran dado más importancia el día 6 a los
radios de tres navíos escapados a la ola de fondo, que observaron
la aparición de un bólido excesivamente brillante y de un diá
metro doble en apariencia del de la luna llena, que se abatió detrás
del horizonte una hora o dos antes de la llegada do la onda de
vastadora...
»Senores, ya están informados ; no abusaré más tiempo de
vuestra atención. Pero si el comandante me autoriza, voy a rogar
al senor Madec para que me radie un mensaje destinado a la
Academia de Ciencias, anunciando la comunicación que voy a re
dactar sobre el bólido del Atlántico.., sobre la isla N.»
—! La isla Fereor! gritó Lefebure.
Unos hurras saludaron ese improvisado bautismo.
Pero la voz vibrante del capitán de corbeta reclamó silencio :
—Sea la isla Fereor... El nombre es belfo y armoni~. Pero
seremos los únicos en usarlo provisionalmente. Y a usted, senor
Gripert, le ruego que no insista. El senor Madec tiene órdenes
estrictas, que yo le renuevo aquí públicamente, de guardar el se.
creto sobre la naturaleza de la isla y su posición exacta. Desde
luego el Gobierno de la República va a ser informado desde esta
noche del descubrimiento y toma de posesión de la isla ; pero
.usted sabe que la Sociedad de Naciones no se ha pronunciado aún
sobre la atribución de la isla N... ?Radiar que es de oro?... ?Aun
en lenguaje cifrado?... ! Bah ! ! Ya sabemos lo que vale el secreto
de los códigos, con todas las «fugas» posibles en el ministerio y
encima el espionaje ! Sería arriesgar una derrota ante la Sociedad
de Naciones y atraernos aquí una multitud de buscadores de oro.
—Ya vendrán demasiado pronto— apoyó el comandante—.
Y como usted, capitán, creo que se debe guardar el secreto. .Pero
en todo caso nuestro derecho de primer ocupante es incontestable.
La Francia...
—La Francia tiene en esta isla una ocasión única para resta
blecer su economía. Tenemos que aprovecharla antes de que sea
demasiado tarde. ?Quién sabe lo que nos reserva el porvenir?...
La explotación ha de comenzar desde manana.
—Disponemos de elementos, por suerte — dijo el comandante.
No hubo necesidad de decir más. Aunque la cosa no fuera ofi
cial, el verdadero fin de la expedición no era a bordo un misterio
para nadie, y Lefebure me lo había revelado hacia dos días.
El azar servia bien al Gobierno de la República, haciéndole
elegir al Erebus II, porque estaba dispuesto a partir para una
expedición polar. En realidad, el comandante Barcot, cubierto de
gloria, pero arruinado por sus precedentes viajes, no había obte
nido los subsidios de Juan Pablo Rivier más que aceptando agre
ar a sus fines científicos otros de orden práctico, de los que la
30
carga de azufre era tan sólo un accesorio. Según ciertos indicios,
un yacimiento aurífero existía al sur del volcán Terror, hacia el
paralelo 82°. Y por eso el Erebus II había embarcado, además del
personal científico, cuatro ingenieros de minas ; y por eso las
calas hablan absorbido ante los ojos perspicaces de Lefebure todo
un material de explotación minera : barracas, explosivos, perfora
doras, rails, locomotoras y vagonetas Decauville...
Cuando hubo visto en la sonrisa de inteligencia de cada uno
que todos estaban al corriente, el comandante Barcot agregó:
; —Senores : vamos a hacer algo mejor que enriquecer a nues
tró armador, como había aceptado con resignación para obtener
los medios de retornar al Polo... Vamos a salvar el crédito de
nuestro país, a restablecer la fortuna de Francia. Desde manana
comenzaremos a embarcar los guijarros amarillos de la isla Fereor.
VI
El oro celeste
El tiempo mejoró por la noche. Durante el día había cesado
la lluvia, pero negras nubes, arrojadas por el viento nordeste, se
encaramaban siempre en la cima del pico nevado.
Emprendida desde el alba la circumnavegación de la isla Fe
reor, nos reveló mejor su estructura geológica y nos permitió
encontrar— en el lado Oeste — un punto de desembarco.
En la hendidura que presentaba el férreo zócalo que rodeaba
la isla, la formidable pendiente de un rojo sanguíneo, apareció
más próxima que la víspera, bajo las nubes que ocultaban su
parte nevada... No cabía equivocarse : en esa especie de acanti
lado, guijarros amarillos de todos los tamanos se incrustaban como
sílex.
—! Las pepitas ! — dijo Gripert a media voz, designándolas.
Nadie le replicó. Una angustia oprimía las gargantas del Es
tado Mayor, reunido en el puente superior, y en .el silencio reso
naron las voces de mando y se ejecutó la maniobra.
No sin trabajo se llegó a inmovilizar al Erebus II por medio
de cuatro amarras que le protegían contra la deriva de las co
rrientes. La banda de estribor del navío estaba apenas a tres
metros del borde del acantilado y pudo establecerse una primera
comunicación con tierra por medio de una pasarela.
Un equipo de diez hombres provistos de palas y picos desem
barcó primeramente, y el mayordomo los llevó de reconocimiento,
mientras que los cuatro ingenieros, Gripert y yo, seguidos de los
dos comandantes, franqueábamos a nuestra vez la pasarela.
Pero entonces se produjo una escena de desorden. En el fondo
de la hendidura corría un arroyo rojo como el de la víspera, arras
trando sus pepitas. Al llegar allí, los diez marineros arrojaron sus
herramientas y se desbandaron para recoger el oro.
Al ve esto, sus camaradas que habían quedado en el buque con
el resto del Estado Mayor pidieron a grandes gritos ir también
a tierra. Nos detuvimos inquietos. Pero Lefebure, en su puesto,
sacó el revólver y amenazó con saltar la tapa de los sesos al pri
mero que se moviera. Consiguió contenerlos y enviarlos a su
puesto.
Volvimos a emprender la marcha y el comandante Barcot re
prendió con acritud a los hombres ocupados en recoger las pepitas
del fondo del arroyo.
Reunidos y conducidos por el mayordomo, los marineros re
cogieron sus palas y azadones y se lanzaron a paso gimnástico,
hacilndo' resonar sus tacones en el suelo de hierro.
Los ingenieros se extasiaban en cubicaciones y evaluaciones
sobre las cantidades de cloruro y oro puro ; los kilómetros cúbi
cos y los millones de toneladas volteaban en sus labios : discutían
los cuatro con grandes gestos, como si estuvieran borrachos.
Silfrange y el comandante Barcot iban mudos, graves, con las
facciones contraídas y las mandíbulas apretadas en un rictus vo
luntario y triunfal. El primero, siguiendo su idea de la víspera,
había llevado «u bandera v al fin pudo plantarla profundamente
en la capa de limo de cloruro de oro, en medio del thalweg.
El más desinteresado, tal vez, era Gripert. El prodigioso yaci
miento de oro no le interesaba más que el paisaje de hierro que
se mostraba a derecha e izquierda en una desolación negra y fea.
El mineralogista miraba a «su» bólido con una satisfecha son
risa de propietario y, mientras iba y venía, tomaba nota para su
futura Memoria.
Cuando estuvimos a punto de obrar — aunque la vista de se
mejante masa de oro excluyera toda veleidad de acaparamiento
VII
MUNDO IBERICO
egoísta—, todos, sin excepción, experimentamos la necesidad de
recoger una pepita (una sola, pero gruesa) y guardarla en el bol
sillo como recuerdo.
No teníamos más que agacharnos. Bajo la acción de la lluvia
y aun del aire salino, las rocas de cloruro de oro se deshacían en
un magma pastoso. ,
Por una especie de pudor sosteníamos ese guijarro de oro con
una especie de asombro muscular al sentir el bloque, sostenido en
el puno, de un peso de muchos kilos.
Entre los marineros el instinto andaba suelto. La inmensidad
del yacimiento no les inspiraba un desdén por el vil metal. Evi
taba solamente las disputas y rinas que de otro modo no hubieran
tardado en producirse. Andaban gozosamente. Con grunidos de
bestial alegría, locas risas o un encarnizamiento frenético, empu
naban las pepitas más gruesas (las habra de 70 u 8o kilos) y con
su carga iban corriendo a depositarla en el montón individual.
Fué precisa una enérgica intervención de los jefes para con
ducir los diez hombres a bordo y obtener de ellos y sus camaradas
que el trabajo se organizase de un modo menos primitivo.
Al terminar la tarde, la explotación funcionaba en pleno ren
dimiento. Bajo el acantilado, una grúa eléctrica elevaba las pepi
tas arrancadas por la perforadora y cargaba las vagonetas De
cauville. Cada minuto una media tonelada de pepitas era engullida
por la cala delantera del Erebus II.
Hubo que hacer hueco. Pero el material minero se hallaba en
el fondo y para llegar hasta él se desembarcaron primeramente
las toneladas de azufre. Hubiera sido más expeditivo arrojarlas al
mar, pero (por un escrúpulo de honestidad que nos pareció fuera
de lugar) el comandante no quiso permitirlo y las hizo colocar en
buen orden sobre la orilla.
Esto me valió una primera ocasión para lucir mis dotes pro
fesionales e inaugurar la enfermería. Dos hombres resultaron he
ridos por la caída de un tonel ; el uno con un tobillo fracturado,
el otro con una herida en el cuero cabelludo.
Entraba la noche cuando terminé de prestarles mis cuidados,
pero la actividad de los mineros no se entibiaba. Un equipo noc
turno, formado por voruntarios, continuaba el trabajo con la ilu
minación de los proyectores del navío y los faros de acetileno ins
talados a lo largo de la cuenca, hasta el frente de ataque.
Cenábamos, y por los ojos de buey veía las sombras agitarse
en la claridad blanca que iluminaba de nuevo el descenso de la
nieve. Las vagonetas corrían con estépito sobre la pendiente de
hierro ; se oían los gritos de llamada, el silbido de la locomotora
remontando los trenes vacíos, el ruido de las máquinas, el cho
que sordo de las cargas de oro sepultadas en la cala....
___i Dos millones de francos-oro por minuto, senores ! — pro
clamó Sjlfrage, que acababa de rechazar su plato de arroz para
garrapatear un cálculo en el mantel. Cuando las calas estén lle
nas, el Erebus II llevará más de ocho mil millones de francos
oro... Y si todo va bien, ese oro se dirigirá en menos de tres
días hacia el puerto de Cherburgo... y el Banco de Francia...
En secreto
El recuerdo de Federica Kohbuler me persiguió durante mi
viaje, y mis horas de soledad pasaron sonando con ella ; pero úni"
~ente mis horas de soledad : durante el otro tiempo la querida
imagen se desvanecía de mi espíritu... ?Por qué, pues al llegar a
la isla Fereor—lo mismo al anclar que al pisar este suelo de
hierro, entre el océano gris y la desolación indiscriptible de estos
paisajes de hierro, tanto ante la roca muralla submergida bajo el
resplandor de la nieve como ante el acantilado lleno de tumul
tuoso rumor de fábrica—, por qué la ideal presencia adquirió de
pronto una nueva intensidad y se impuso a todos mis instantes
de una manera continua en «sobreimpresión»? (por emplear un
término del cinema evocador.) Este es un fenómeno del que a
menudo he querido buscar explicación sin poder llegar definitiva
mente a realizarlo.
La proximidad del oro lo mismo que exasperaba las viles pa
siones de los marineros, daba más y más fuerza a mis aspira'
ciones íntimas hacia la persona que haría la felicidad de mi vida,
pareciendo ofrecerme con esta gran aventura la riqueza y el pres'
tigio que acabarían de asegurarme su amor.
(Continuará)
MUNDO IBEPICO
PASATOEM POS
DEL ARCHIVO DE UN CURIOSO
Los
el mundo entiende, en su acepción
directa, por maniquí una figura de madera
a otra materia, cuyos miembros son mo
vibles por estar articulados y permanecen
en la actitud que se quiere, de donde tomó
el nombre de maniquí, derivado del verbo
latino rnanere : permanecer fijo e inmóvil ;
y de ella se sirven los pintores, escultores,
sastres, modistos, etc., para el estudio del
ropaje o para disenar alguna actitud. El
maniquí se inventó para vencer la dificul
tad que tiene una persona viva de conser
var por mucho tiempo una misma actitud.
Comúnmente se cree que la invención del
maniquí es del tiempo de Rafael ; y se atri buye .al dominico Fray Bartolomé de San
Marcos, llamado Baccio•della Porta, que
se había dedicado a la pintura y a quien se
dice que Rafael le debió mucho.
A pesar de lo dicho, no tiene duda que
de tiempos muy remotos se conocieron los
Maniquíes, pues en muchos sepulcros anti
guos se han hallado figuritas con varias ar
ticulaciones y miembros movibles, las cua
les seguramente servirían, de juguete a los
ninos, pero sin tener entonces ninguna apli
cación a la pintura o escultura, como ahora.
Los znoníes "Tibidabos"
Es curioso el motivo de por qué se da
el nombre de Tibidabo a ciertos montes
elevados.
En un pasaje del capítulo IV del Evan
gelio de San Mateo se lee que después que
Jesús fué llevado por el espíritu de Dios al
desierto para ser tentado por el diablo, le
subió éste por último a un monte muy alto,
y, mostrándole desde él todos los reinos del
mundo y la gloria de ellos, le dijo :
—Todo esto te daré, si postrándote me
adoras.
Hoce omnia TIBI DArso, Si cadens adora
veris me.
Y de ahí se ha dado el nombre de Tibi
dabo a varios montes elevados, entre ellos
el magnífico de nuestra Barcelona.
CHA.SCARRILLO
—! Por Dios, hijito, no preguntes más !
Un nino se murió preguntando.
—?Sí, mamá? ?Y qué quería saber este
nino?
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ni un noble es dos-tres y cuatro,
ni el dos-cuarta vale nada
si, como es uso y costumbre,
lo adulteran con mil trampas
ciertos comerciantes dignos
de ser puestos en la barra.
Golpeándose el prima-cuatro,
un total así cantaba,
no al pie de dorada reja...
a la puerta de una tasca.
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Descripció
| Puntuació | |
| Títol | Mundo ibérico. No. 06 (1 sept. 1927) |
| Descripció | Informació addicional del títol: Revista quincenal ilustrada |
| Matèria | Cultura ; Revistes |
| Títol addicional | Revista quincenal ilustrada |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2009 |
| Data del document original | 1927 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : [s.n., 1927-1928], Any 1, núm. 1 (5 jun. 1927) – any 2, núm. 11 (gen. 1928) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1780700~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d´estudi o recerca, citant la font "Biblioteca de Catalunya". Per a quaselvol altre ús cal demanar autorització |
| Productor | Docout, S.L. |
| Dispositiu de captura | Zeutschel OS 10000 TT |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 24 bits |
| Característiques físiques | Original ; 34 cm |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 150 ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | No. 6 (1 sept. 1927) |
| Transcript |
La Moda Prácfica SE PUBLICA LOS DÍAS 5 Y 20 DE CADA MES Es la revista de Modas más útil, económica e interesante para las Senoras y el Hogar Un ario Un írímesíre LA MODA PRÁCTICA forma un interesante conjunto de 48 págínas, con elegantes figurines y modelos en colores, de las últimas creaciones de la moda femenina, tanto en vestidos como en abríos, sombreros, ajuar interior, labores, etc. Contiene una sección especial de confecciones para ninos. Regala patrones cortados. Publica págínas de cíne, grafología, recetas de tocador y cocina e interesantes historietas ilustradas PRECIOS DE SUBSCRIPCIÓN - 11949,-' .. 9'00 peseías 2'25 Obsequio a nuesfros subscriptores! A todos los que se subscriban por UN ANO, se les regala una magnífica máquina de afeitar, marca " VALET" Auto Sírop, cuyo coste es de QUINCE PESETAS )11 Pida un ejemplar gratuito de muestra, a nuestro Corresponsal o a nuestra Administración: Cortes, 622, entresuelo :: Barcelona • - n7-71 *Z;) 12W MUNDO IBÉRICO Revista Quincenal Ilustrada Director : Mario Verdaguer REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN Consejo de Ciento, 347 : Teléfono 131=A :~g-2~1~ I 1 111111111111111111111 I II 1 11 1 I 11 I I III I I II I 1111 1 1 I I 1 1 I I II I 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 II I II I I 1 1 1 I I 1 1 GRAN CONFORT MODERNO Endereço Telegráfico: GRAN DOTEL - Telefone 59 1 11 1 1111 1 11 Propietario ANGEL VAZQUEZ Rua Santa Catarina, 197:: PORTO " II '11 1 MIRWRIZIM1M.93 Compro y cambio sellos de todos los países :: Contestación rápida Dirigirse a Francisco de Querol Calle Agua, 9: SITGES-Barcelona .g~g1:.4i<0.111 :11~ PRECIOS DE SUBSCRIPCIÓN =— Espana, Portugal y América : 10 pesetas ano Otros paises : 15 ptas. ano * Número suelto : 050 ptas. 1:7Z) IZZ:t é 111 O POR 11 II I II 1111 I I 1111111111111111111 1111 II 11111 II II III 1111111111 LUBRIFICANTES Eduardo Consejo de Ciento, 304 Tel. 3940-A Barcelona EffligEME~191311115WFS MUNDO IBÉRICO GEÓRGEICAS De la ciudad de los innumerables rumo res, como el mar de Homero, de esta Bar celona inquieta y trepidante, héteme aquí sumergido en una aldea mallorquina, ane gada en paz y en silencio. De una densí sima espesura de frondas surge la flecha de un campanario que apunta al cielo. En tre la ancha y verde frondación de los no pales y de las higueras, apenas asoma el rebano de las casucas huMildes, de quien puede decirse aquello del Kempis Parva domus,, magna Tajes: casa pequena, gran de paz., El campo huele a rastrojo y a sil vestre menta. De las eras, llenas de gar bas áureas, viene la lenta y cansada can ción con que el ganán acompana aquel ro dar indolente de las bestias que desflora las grávidas espigas y tritura las leyes pajas. Aquella canción tiene mucho de árabe y tie ne algo de melodía litúrgica, de música gregoriana que se despliega en largas es pirales y como el vapor del incienso sube al .cielo por el camino más largo. La can ción de las eras mallorquinas tiene algo de la solemne lentitud con que desarrolla su melódica riqueza una secuencia de rito mo zarábico. De las eras llega el pesado polvo Precioso y el goloso olor, cereal. Los lus trosos y corpulentos algarrobos redondean SUS gibas verdinegras, bajo un sol escan decido, de una blancura cuasi calcárea. Los Pálidos olivos, coronados de argénteo folla je, sutil y nervioso que el viento hace tem blante y bicolor, bajo el cielo impasible, retuércense en su milenaria tortura. Las montanas pálidamente azules, piérdense en el azul palidísimo del cielo. La felicidad y el olvido del mundo rodean este pueblecillo y le cinen, como cine una isla el agua rien te y trémula del mar. El pueblo que en las horas caniculares dirfase muerto, empieza a vivir con el trino son del Angelus vespertino. Cuando el An gel crepuscular agita sus alas de plata so bre las viviendas humildes ; cuando en el cielo, el Véspero enciende su llama ; cuan do los techos humean y caen de los montes las sombras cada vez más largas ; enton ces salen al umbral, a captar un poco de fresco, las ancianas hilanderas. Las ancia nas hilanderas, que tendrían algo de Par eas y algo de Sibilas, algo de irrevocable Y de temeroso, si en su frente marchita no hubiera puesto mucha calma la nieve d? lOS anos ; si sus mejillas no fuesen surca ?Quiere dominarse a sí mismo, a sus semejantes y al Mundo, en fin? Compre el libro titulado DOMINIO Y CULTURA DE LA VOLUNTAD 3 PESETAS EN KIOSCOS Y 11,1111: E 1: Í A S das por largos arroyos de lloro y si sus desdestadas bocas no fluyesen con continuo rumor de rezos. El idioma vernáculo en sus labios es bello y oloroso como una flor ; sabroso y fresco como una manzana ca muesa. La castidad del lenguaje consérva se entre los labios ajados, como entre unas hojas secas una gota de rocío. Tanto es así, que ya lo notaron los viejos preceptistas. Dice Cicerón : Más fácilmente las mujeres conservan la antiguedad incorrupta, por que no habiendo tenido tratos con muchas y diversas gentes, retienen con tenacidad aquellos vocablos puros que en su infancia aprendieron. Las ancianas y dulces hilan deras de la aldea, más que con las Sibilas tremebundas, más que con las inexorables Parcas antiguas, tienen parecido y paren tesco con Nuestra Senora Santa Ana, su patrona. Como ella, estos suaves seres die ron a la tierra su fruto y son ya maduras para la troj del cielo. Este campanario, apuntado y albo como un capullo de lirio, que emerge de en me dio de un tupido y hojoso verdor, es el dedo Indice tendido hacia arriba de una hu milde iglesia, cuya titular es Nuestra Se nora Santa Ana., Ella hinche el ámbito sa cro con la blanda y accesible majestad de su senilidad fecunda y bendecida por Dios. Ella desde siglos muestra a los sencillos al deanos el fruto de su vientre, la Virgen María, Madre de Dios, flor tan tierna como tardía, florecida a deshora en el anoso ro sal. La santidad de Santa Ana es una flor de suavidad. Ella, como una tórtola, fué toda recato y fidelidad y humi'clad y sollozo. Ella esperó contra la esperanza. Ella, con el tré molo suspirante de su plegaria y con sus inenarrables gemidos, rompió los aires, hendió los cielos, hirió los oídos de Dios, vulneró su corazón benigno y lo inclinó ha cia la tierra. Ella, sobre la sed exasperada de este yermo, atrajo el titilante rocío ce lestial. Todos los anos, terminada la siega y entrada la cosecha, honran estos aldeanos la litúrgica celebridad de Nuestra Senora Santa Ana con sencillas solemnidades en la iglesia titular y con danzas ancestrales en la plaza del pueblo. Y Nuestra Senora San ta Ana hállase entre estos aldeanos como debía hallarse entre sus convecinos de Be lén. No menos que Belén, que se interpreta ANO 1: NÚM. 6 BARCELONA, 1 SEPTIEMBRE 1921 Revista Quincenal Ilustrada Director : MARIO VERDAGUER .41.0 CROSTOANAS Por LORENZO PODER Casa de pan, es este pueblecillo pardo y florido, tierra paniega, entre olivares tran quilos. Nuestra Senora Santa Ana, amable a Dios y a los hombres, cara a la sencilla devoción, es cara también a los poetas. To do un florilegio aromado como un ramo campestre pudiera recogerse en loor de Santa Ana, de los viejos himnarios, de los autos sacramentales, de los romances ane jos. Pero más dulces cosas excogitaron de Santa Ana las suaves almas contemplati que pasaron por la tierra con el corazón vuelto hacia el cielo en más dichosa edad y en siglos más dichosos. La santa monja visionaria que en su Mís tica Ciudad de Dios sonó una suave Apoca lipsis; he nombrado a la Venerable Sor , María de Jesús de Agreda, consejera de Reyes, ha escrito de Santa Ana cc3as ine fables con su pluma leve de arcángel. En la comedia Madre de la Mejor, canta Lope de Vega poniéndolo en boca del esposo Joa quín: Bendito el dichoso día, Ana, mi mujer amada, que os vi en la Puerta Dorada del oro de mi alegria. Cuando pienso que María hoy vive dentro de Vos y procede de los dos, querría estar de rodillas porque tantas maravillas todas van llenas de Dios... Pero con qué donaire vuela el alado ro mance que al son de las sonajas cantó la Gitanilla, dando en redondo largas y lige rísimas vueltas, en Madrid, un día de San ta Ana, patrona y abogada de la Villa : Arbol preciosísimo que tardó en dar fruto, anos que pudiera cubrirle de luto y hacer los deseos del consorte puros contra su esperanza no muy bien seguros... Santa tierra estéril que al cabo produjo ...toda la abundancia que sustenta el mundo... 4 MUNDO IBERICO' Yo parezco un hombre normal y sin em bargo no lo soy. ?Quién puede serio per seguido por este fantasma del remordimien to que no deja vivir ni un minuto en paz a mi conciencia? En mis relaciones socia les, en mi trabajo, en las horas que dedico á cultivar la amistad de gente hacia la que me lleva una simpatía o un afecto, nadie, absolutamente nadie, ha podido descubrir un rasgo, un indicio, un detalle que les haga presentir «el caso» que soy yo en la vida. Incluso notables médicos cuyo trato frecuento—por intención, si queréis, un poco morbosa—han escapado a la percep ción de mi dolencia, aunque bien es verdad que los médicos en los momentos en que descansan de su trabajo son los hombres menos observadores. Y yo comprendo que si por una parte es un bien que calle, por otra es un peligro para mi razón. ! Ah cuando en mis largas, en mis inverosímilmente largas noches, pienso hundido en el lecho que estoy a pun to de ver a mi cerebro invadido por las sombras, ganado por las sombras, y que poco falta para que mi razón dé paso al trágico ensueno de que hablaba Leuret, en tonces siento tentaciones de levantarme, abrir el balcón, reunir a la gente que cir cula por la calle, feliz y sosegada, y con tarlo todo, todo, para ver si mi conciencia me deja tranquilo de una vez, al ser ab suelto o condenado por la voz del pueblo. Hasta hoy he podido librarme de esta y de otras ideas espantosas que tantas veces he sentido como me agarraban cruelmente, pero no estoy seguro de seguir siendo fuer te, de impedir que puedan vencerme algún día. ! Y yo quiero evitarlo ! Yo quiero ex pulsar mi remordimiento, pero no después de una crisis que acaso rompa para siem pre las pobres cuerdas de mis nervios tan maltratados... Si Goethe se libró del sui cidio haciendo suicidar a Werther, después de haberle hecho vivir su propia historia de desventuras : ?no podría intentar yo mi curación, no podría escapar a esas pesadi llas que me persiguen, escribiendo también mi historia triste, mi historia desgarradora en la que se mezclan, con terror invencible, el crimen, la locura y la muerte?... II Yo vivía entonces en París, en una bu hardilla alegre y pintoresca del barrio La tino. París ejercía sobre mi temperamento de artista una atracción irresistible y sen timental. Le amaba a través de esa litera tura deliciosa que ha cantada en todos los Cuentos de MUNDO IBÉRICO Bajo el celo de París Por EDUARDO CARBALLO tonos sus divinos encantos, y me parecía que no era posible sonar en otra ciudad que no fuera París. Al principio no me trató bien. Sufrí ham bre... ! pero con qué resignación, fortaleci da por la esperanza, la soportaba Reco rría la ciudad pensando en el porvenir y no veía a través de mis veinte anos, ni una sombra negra. ! Todo azul, todo azul como el cielo de Espana ! En la orquesta de mi optimismo no sonaban otras notas que las de la sinfonía hercúlea de la victoria. Casi siempre, en esas noches en que el destino parecía empenado en poner a prue ba mi fe y mi juventud, yo sentía el placer de asomarme a uno de los puentes que se elevan, majestuosos y soberbios, sobre el Sena. Era mi paseo predilecto. Bajo el pa lio generoso.de la madrugada, iniciaba diá logos maravillosos con el río, que me pro ducían inmenso consuelo. Le contaba mis luchas, mis afanes, mis ansias de gloria, y el Sena me ensenaba sus aguas sucias, negras, de cuyo fondo parecía salir una voz para decirme en tono a veces dulce y otras • escalofriante : «Cuando no puedas resistir más, ! te espero Cuando todo te rechaze en París, extranjero, te aguardo 1» A lo lejos, infinidad de lucecitas tembla ban como el pecho de las adolescentes. III Una noche, mi visita al 'do que ya em pezaba a querer un poco, se vió turbada de pronto por la aparición de una mujer. Hasta entonces, mis días de París estaban horros del encanto de las aventuras feme ninas. No hubo ocasión de que naciera nin gún «flirt» galante en mi bohemia arras trada por los bodegones sórdidos y las so litarias encrucijadas. - ?Y ahora aquella mujer? ?Y allí sobre el puente, mirando también al Sena, acaso oyendo la voz que salía del fondo de las agua negras, la voz que a veces era un consuelo y a veces daba escalofríos? Fui resuelto hacia ella. La saludé respe tuoso: La muchacha no pareció extranarse. —Buenas noches—replicó. La contemplé un momento. Era rubia, esbelta, de formas perfectamente equilibra das. Sus ojos azules tenían una sombya de melancolía que encuadratia muy bien en el marco del rostro, un poco pálido de luna. Vestía con la elegante sencillez de las mu chachas que yo veía circular en grupos por el barrio Latino a la hora de la salida de los despachos y talleres. Ella, a su vez, me examinaba también detenidamente. —?Es usted' artista?—dijo. —Sí. —?Pintor? —No. Poeta. No pudo reprimir un gesto de contrarie dad. —! Qué lástima 1—exclamó después. —?Por qué dice eso? —No sé por qué...—contestó un poco turbada. Hubo una pausa. _perdone—dijo—. No lo he podido re mediar. Sueno con ser modelo y la fatalidad no quiere que tropiece con ningún pintor en mi camino. Esta noche le he visto a usted y por su figura creí, estaba segura, de que lo sería. Y ya lo ve, tampoco... Su voz sonaba en mis oídos con acen tos de ángel. En mi vida he vuelto a oir hablar a una mujer así. —Pero usted me perdonará, ?no es cier to?—me preguntó—. También las poesías me interesan mucho. —Soy el que tiene que ser perdonado-- repliqué—, puesto que he sido causa del $lesengano o por lo menos de la contrarie dad de una muchacha bonita y aunque n° tengo toda la culpa, justo que será que me sincere. ! No sabe usted lo que daría ahora por ser pintor Los dos sin ponernos de acuerdo, dirig'i mos nuestras miradas al fondo sucio del Sena. Y pensamos lo mismo. ?A que habil iidonatq?uQeeulléra brmusoucjaerrgíaaylaloí ?y—enmoeel p—uente .sol' tario?—se preguntaba ella. Fu( más decidido y formulé la interro gación. —Necesitaba--dijo la muchacha—que la noche, la soledad y el Sena me tranquili. zacen. ?Ve usted aquella silueta negra? MUNDO IBERICO ---.?La Morgue? —De allí vengo. He pasado varias horas velando el cadáver de una pobre amiguita mía, companera de taller, a quien ayer ase sitió su novio... !Qué miedo da La Mor gue! ?verdad? Yo no quisiera morir vio lentamente para que no llevaran mi cuerpo al horrible depósito lleno de terrores espec trales, de angustias infinitas, quién sabe Si de pavorosos suenos insospechados... —No siga... El recuerdo hace dano como una punalada. --Y sin embargo, a veces creo que estoy destinada al cuchillo que indiferente destro za los cuerpos en La Morgue. Subía su voz desde lo hondo, desde lo desconocido. Subía como desde un profun do abismo. — Para extrangulár el diálogo sombrío, pre gunté: —?Cómo se llama? —Elsa. —! Bonito nombre l—anadí—. ?Y vive cerca? En la rue Montmartre. —Yo llegaré a quererla a usted, Elsa. Su amor sería la felicidad. —No olvide las circunstancias en que nos hemos encontrado. Yo soy supersticiosa. Tengo miedo y no sé de qué... —1 Bah Iniciamos el regreso. La enlacé por él talle en un gesto limpio de lascivia. En el firmamento cantaba la estrella azul del ama necer. IV El idilio nacido en el puente del Sena es taba ya formalizado. Elsa era una mucha cha excelente y había ganado por completo mi corazón. Y ya lo veis... Fué precisamente su bon dad, su infinita bondad lo que me perdió. ; Cuántos enamorados he visto hundidos, rotos, por haberse desposado con una mala mujer Sin embargo—! oh, brutales con trastes de la vida 1—si ella hubiera sido ma la, si hubiera sido pérfida, si en vez de amarme tanto me hubiera abandonado, en ganado sin piedad, yo sería hoy un hombre normal, con un cerebro sano y una con ciencia tranquila. La bondad de Elsa me ha ti aLlealocaalsuianlifdieardn'oqeunisoquqeueahaorlaosvpivooc.os días encontrase trabajo en dos casas editoriales. Con lo que ganaba vivíamos en la buhar dilla Elsa y yo. La nueva existencia me encantaba. Me sentía libertado del aspecto más triste de la bohemia y mi agradeci vmeiceensto hacia Elsa no tenía límites. Muchas llegábamos hasta el puente del Sena Para darle las gracias por haber sido la ocasión. le—dij?eYa no lamentas que no sea pintor?— un dia. --1Quién se acuerda de tonterías !—me contestó riendo. enYcenmdiedodidóe puansióbne.so fuerte, prolongado, A pesar de todo yo no había podido ol-amor a la noche y siempre re-a casa entrada la madrugada. Ella comprendía mi costumbre y la respetaba. —A veces 841P0orpocreqluoes nnoompeeosdteáínastrsiaestrme. ciEe-ll-sa-adtioes.caíbaí—a ,cupáenrtoo la amaba, y además la invitaba constante mente para que me acompanase. —No, yo no—me contestaba—. Quiero el hogar, lo he querido siempre, pero aho ra mucho más desde que tú lo has conver tkló en el templo de mis amores... Adquiría aquella noche la escalera una calidad melodramática. Yo acostumbraba subir a oscuras los ciento y pico de esca lones, que ya me sabía de memoria, casi siempre a la misma hora. Aquella noche, prólogo del drama que había de acabar con La paz de mi existencia, hube de detenerme la altura del primer piso, porque en el hueco del rellano, arrebujada, confundida casi con la pared, estaba una sombra. En la oscuridad se destacaban los ojos que bri llaban de una manera lúgubre. Instintiva mente me detuve y observé. Pero sin luz no llegaban hasta mí mas detalles que el fulgor siniestro de la mirada. Busqué mi caja de fósforos inútilmente. La sombra no se movía, cada vez más pegada a la pared. Confieso que siempre tic sido un 'poco fatalista. Por eso en el encuentro, a pesar de su decoración pavorosa, no me conmo vía. V Lawcy„ S —Manana — me dije — averiguaré algo más. Antes de seguir subiendo, quise saludar... —! Buenas noches, senor !... Me contestó un ruido macabro que es tremecía hasta los huesos... Al día siguiente no quise contar nada a Elsa. ! Para qué enturbiar su felicidad inocente con una preocupación que a esas horas me parecía sólo una pesadilla ! Lo que debía hacer era buscar distinta hora para regresar a casa, evitando el encuen tro desagradable. Es lo que otro cualquie ra hubiera puesto. Yo ni supe, ni quise hacerlo. Y la sombra, saliendo un poco de su-es condite, me interrogó a la noche siguiente. —?Quién eres tú?—dijo. —Soy el poeta que vive en la buhardilla. —Mal oficio. Sobran poetas y médicos en el mundo... Estamos en el siglo de las gran des revelaciones. No te muevas que lo que va a pasar aquí será tremendo. Yo había encendido una cerilla y le ob servaba atentamente. Tenía la cabeza ra pada, los pómulos salientes, los °lbs hun didos, lamentablemente hundidos en un hoyo negro que parecía no acabar nunca, los labios con un extrano matiz azul, cuerpo redondo, pequeno, los pies desme suradamente grandes, en desacuerdo con el conjunto. Era feo, de una fealdad terrible y angustiosa. La mirada tenía el mismo fulgor lúgubre del día anterior. Su ropa era de andrajos desgarrados- y malolientes. En el bolsillo del pantalón vi brillar el acero de un cuchillo. En seguida comprendí que me hallaba ante un loco. —Ahora voy a decirte—anadió--por qué estoy aquí. Yo soy un muchacho guapo que tiene el defecto de ser tímido. No puedo salir de noche, porque a penas llego a la calle las mujeres encienden las luces de sus ventanas para verme pasar. Esto ha provocado la envidia a los demás hombres que procuran hacerme la vida imposible. Además te he dicho que soy tímido y no puedes figurarte lo que llega a ruborizarme el espectáculo de la ciudad encendida a mi paso. !Ah, las mujeres 1 Sólo de día logro escapar de ellas. Bajo el sol las mujeres se vuelven honestas, recatadas, virtuosas. Bajo la noche se desatan sus bajos instintos y a los que somos guapos nos persiguen sin ningún pudor. Hizo luego la senal' de la cruz y conti nuó: —Sólo tú sabes el secreto. No lo descu bras. Te va en ello la vida. Desconfiando todavía anadió : —No creas que hablo en broma. Como me descubras, ! te mato! El loco volvió a su rinant, a confundir se e identificarse con el rincón. Nunca me pareció la escalera de tan intensa calidad dramática. VI La locura es la peor de las asechanzas. En el mundo de los cerebros desequilibra dos es donde deben adquirir todas las co sas de este mundo, tonalidades más horri bles y desconcertantes. Yo no he temblado ante nadie ni ante nada y sin embargo, cuando mi pensa miento se detiene en el panorama de la lo 6 cura, no puedo sustraerme a una sensación de frío que taladra... ! Siento mi rostro- y mi cerebro llenos de sombras, cruzados por sombras, fantasmas hórridos superiores a nuestra voluntad nau fragada al primer choque violento. No le quise decir nunca nada a Elsa pen sando que era una inútil crueldad. VII Estábamos en Carnaval. Los estudiantes celebraban un baile en «Bullier» y varios camaradas míos con los que me reunía dia riamente en el café «Madrid» me rogaron que trajese a Elsa. —No sé si querrá—dijo—, pero procura ré que venga. Cuando llegué a casa, Elsa me esperaba con la alegría de una novia que espera el momento de la ceremonia nupcial. ! Ah, yo no olvidaré nunca aquel último día de mi felicidad ! Todo rebosaba ternura en ella, amor en mi, dicha en el hogar, paz en nues tros sensibles corazones. Y sin embargo la decoración estaba preparada por la fata lidad para hacer más rudo el golpe, más irreparable la desgracia. Bajo el cielo de París la tragedia espiaba, esperando el mo mento de hundirnos su punal, de clavarlo sin piedad en nuestras pobres vidas. —Elsa—le dije—, arréglate, que esta no che quiero que me acompanes al baile de los estudiantes. Sin replicar hizo lo que le pedía. Dis frazada de «Madame Pompadour», lució en aullier» el encanto de su cuerpo maravi lloso. Parecía contenta. Reía, bailaba, sos tenía conversaciones con todos, en un plan de travesura e ingenio. Yo no me cansaba de contemplarla. Cuando pude me acerqué a ella y le dije a media voz : —Esta noche, Elsa, volverá a ser nues tro primer día. Pero no estaba acostumbrada a esa vida. Se cansó pronto. —Vámonos—me suplicó—. Es tarde... —Pero si apenas es media noche... —Tengo sueno. Yo me sentía bien en aiquel ambiente y no quería marcharme. Pronto escuché otra vez la voz de Elsa. —Acompáname a casa y luego vuelves tú. Pero no puedo estar más.. ?Por qué no la obedecí? ?Por qué volví a negarme a su humilde súplica? —Espera otro poco—contesté ya un poco molesto. Elsa esperó resignada. Pero al toc4,r un reloj las cuatro de la madrugada, volvo, algo temerosa -A esta hora te retiras tú siempre... ! Vámonos !... Cada vez más molesto, casi con violen cia, le repliqué : —No hagas el ridículo, Elsa. Hoy es un día extraordinario. Espera otro poco... Ella me miró con sus grandes ojos de • cielo. —Bueno. Pasó media hora y extranado de no reci bir nuevos ruegos busqué a Elsa con la mirada. ! Y Elsa no estaba! Pregunté a nuestros amigos, a nuestras amigas. Una de estas últimas me l'o aclaró todo. —Elsa se ha marchado, ! la pobre !... No podía más. Antes de irse me encargó que te dijera que no te inquietases por ella, por que en un taxi marchaba directamente a vuestra casa. —No lo comprendo—comenté yo—. Bien pudo esperar. —Estuvo esperando muchas horas—re plicó la amiga—. Además no quiso decirte nada de su marcha porque veía que disfru tabas mucho, que te divertías mucho y eso la contentaba a ella más que su propio gozo. ! Te quiere mucho esa muchacha ! Un poco nervioso — ?el presentimien to?—marché a casa. Sentía ganas de verla, de besarla, de deshacerme en excusas por mi actitud de aquella noche. Como nunca me parecía ahora Elsa adornada con todas las gracias de la tierra. Al divisar mi domicilio, un detalle in. quietante detuvo mis pasos. Mi respiración se hizo más acelerada. Temblaban mis ma nos y flaqueaban mis piernas. Frente a la casa se hallaba numeroso grupo de perso nas formando corrillos, como cuando ocu rre algún suceso desagradable. Hice un esfuerzo y corrí. —?Qué ha pasado?—pregunté a un viejo de luengas barbas que peroraba ante más de ochenta personas. —Algo horrible, senor, algo horrible. —! Pero termine pronto, por favor ! —Horrible, horrible. Hace una hora, un loco que estaba apostado en la escalera ha asesinado a una pobre muchacha que re gresaba del baile. Le dió más de veinte pu naladas. EXTREMADURA Cuna de conquistadores y descubridores, de literatos notables, de pintores maestros, de artistas insignes y de hombres ilustres por demás ; Extremadura bella y artística, de arte pletórico en todas sus manifesta ciones, desconocido en todo su esplendor éste y en todo su valer aquéllos, va a tener un sincero y esforzado paladín de su cau sa, que cual heraldo magestuoso, mostra rá a Espana, Portugal y América, desde las columnas de esta revista, las clásicas costumbres extremenas, las grandezas de esta tierra, los incalculables tesoros artísti cos y monumentales, sacará a la palestra a sus verdaderos genios en las ramas del saber y del trabajo y a sus innumerables hijos, beneméritos de la Patria. La agricultura, la ganadería, la indus tria, el comercio, verdadero emporio de la civilización y que en tan grandioso estado de florecimiento, se encuentra en estas fer tilísimas tierras extremenas, serán también dados a conocer en todo su maravilloso esplendor. Todos y cada uno de los problemas pen dientes que interesen a todos y cada uno de los pueblos de la comarca extremena, serán tratados, con el detenimiento e inte rés que merecen, seremos el portavoz de sus anhelos. Con ello, prestaremos un senalado ser vicio, no sólo a la región extremena, sino a Espana entera y para lo cual dedicare mos un número extraordinario con trabajos literarios y fotografías escogidos y selec cionados, para más fácil demostrar lo que es Agosto, de 1927. •MUNDO, Creí morir. ! Ah, cuando no paraliza ron mi corazón aquellas palabras, será difícil que lo consiga ninguna otra emoción ! —Mientras la mataba—siguió diciendo el viejo—el loco iba exclamando : «Has o ts cubierto mi secreto y por eso vienes disfra zado. Pero no te escaparás, no te escapaas...» Y saltaba, haciendo gestos espanto sos, sobre la infeliz. No creo que ningun mortal haya vil momentos tan horrorosos de angustia. había matado a Elsa! A punto estuve correr al juez y decírselo todo. —Sí, senor juez. El verdadero asesino yo. La obligué a ir al baile, desoí sus plicas de que la acompanase y, sobre ti no la advertí de esa asechanza escalofr te de la locura en la escalera. Yo debí la víctima, senor juez, porque creye que era yo la dió el loco las punalada. ! Lléveme usted, senor juez ! Lléveme usted a la cárcel !... La portera que me divisó entre los gru pos, vino a mi encuentro. —?Ya lo sabe todo? ! Pobre senor —?Dónde está mi Elsa?— pregunté un tono desgarrador. —A estas horas debe estar ya en Morgue—contestó llorando. ! Se había cumplido su presentimiento! Mis nervios querían saltar. Sin sar in que hacía, subí a la buhardilla y cogía el frasco del éter. Primero sentí frrio.. Des pués miedo, un miedo terrible y espa to so. Después nada... ido Yo de soy sú do, an ser ndo ta! en La Por ALFONSO El:DON/Ming por dentro Extremadura y los valores posi tivos que se encierran en ella, en todas las manifestaciones de la actividad humana. 0 4- rnád° kit —Las pérdidas deben serimportantes... e Se habrán ciu muchos autos ? — Lo malo es que ahora tendrá que ir a píe la gente I.•• MUNDO IBERICO LOS VERDUGOS DEL LIBRO Por J. GARCÍA MERCADAU No ha mucho cierta distinguida escritora, María Luz Morales, desde las columnas de un rotativo madrileno, hubo de !miar una en cuesta encaminada a determinar, de acuerdo con algunos escritores de Espana, qué libros deben leer las mujeres. Cierto que a muchos la pregunta les cau saría extraneza. Pero, ?es que las mujeres leen?—se dirían los sorprendidos. Porque to davía son muchos los que tienen a la mujer por incapaz de sentir gran curiosidad por el libro, salvo casos contados de excepéión, y aun las excepciones acostumbran mostrar su entusiasmo o curiosidad por un orden de libros tan escasamente estimables, que Poco dicen en pro de su buen gusto inte lectual. Sin embargo, los que tan radicalmente Opinaren respecto a las relaciones guarda dos entre la mujer moderna y el libro co mo manjar del espíritu, estarían equivoca dos, porque no sólo parece ser que las mu jeres leen, sino que son ahora las únicas que leen. A lo que no han alcanzado todavía es a interesarse por los libros como tales libros, -es deeir, a sentir por ellos aquel encendido afecto de que se caldea la bibliofilia. En este sentido la mujer sigue mereciendo todas las andanadas con que, desde los tiempos más remotos, han venido saludándola los aman tes del libro en sí, del libro como rareza bi bliográfica o como obra de arte tipográfico, los que, como Alkán, en su obra Los libros Y sus enemigos, bautizáronla con el remo quete de «verdugo del libro». Ya en el siglo xtv Ricardo de Bury, obis po de Durham y gran canciller de Inglate rra, hacía hablar a los libros en su Philobi blion, y expresarse del modo siguiente :— «Apenas esta bestia (el ilustre obispo no ha lla término más amable para referirse al bello sexo), siempre perjudicial a nuestros estudios, siempre implacable, descubre ' el rincón en que estamos ocultos, protegidos Por la tela de una arana difunta, que, ple gada su frente por las arrugas, nos arranca de allí, insultándonos con los discursos más viro-lentos. Hace ver que ocuparnos sin uti lidad el mobiliario de la casa, que no servi Pos para nada en la economía doméstica, y pronto piensa que sería ventajoso el trocar nos por un sombrero precioso, telas de seda, pb1a |
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