No. 1 (5 jun. 1927), p. 1-15 |
Anterior | 1 de 2 | Següent |
|
Aquesta pàgina
Tot
Subconjunt |
13}{CMIW
» 3.
GRANDES ÉXITOS LITERARIOS
LA ISLA DE ORO
de Mario Verdaguer
5 pesetas
KYRA KYRALINA
de Panaít Istratí
3 pesetas
Núm. 1. La raqueta embrujada
Henry d'Asfeld, 1 peseta
Trenzas de Abrí!
Paulina Ornan, 1 peseta
Murhs prepara su boda
Scherman, 1 peseta
» 4. Veleidosa
Enrique de Leguina, 1 peseta
•
5. El error de Colette
Eveline Le Maíre, 1'50 pesetas
6. Magdalena julio Sandean, 1 peseta
7. jocelyn A. de Lamartíne, 1'50 pesetas
•
8. La casa de las pulgas
Abel Kíng, 1 peseta
El gran amor
Guy Chantepleure, 1'50 pesetas
» 10. Novios sin saberlo
Tomás Orts-Ratnos, 1 peseta
» 11. La conquista de la dicha
Champol, 1'50 pesetas
» 12. Amor en el camino
María Luz Morales, 2 pesetas
» g.
NOVELAS TODAS ELLAS DE UN GRAN VALOR LITERARIO Y AMENA Y CULTALECTURA
Una coleccíón de novelas selectas que leerá con gusto
LA NOVELA MENSUAL
fillIIIIIIIIIIIIIIIIIII,11111!111111111111111111I111111111111111111111111111
7.1
- Núm. 13.
E
Nuría, la del velo de novía
Adolfo Palgaírolle, 1 peseta
14. Una hora de "flírt"
Williain Morton, 1 peseta
15. Amor subconsciente
Berta Ruclz, 1'50 pesetas
•
16. La ínstítutríz
Eugenia Marlítt, 1 peseta
17. Las dos Rosas
Carlota Braemé, 1'50 pesetas
18. Eva Glaytond
Carlota O'Neil, 1 peseta
19. Ladrón de amor
Marc Mario, 2 pesetas
20. Intimo amor
Jorge Onhet, 1'50 pesetas
21. El amo después de Díos
René d'Anjou, 2 pesetas
22. El Caballero Bella - Rosa
1'50 pesetas
» 23. Buena amiga De Rouget, 2 pesetas
MI TIO ANGHEL
de Panaít Istratí
3 pesetas
ELMARIDO, LAMUJER
Y LA SOMBRA
de Mario Verdaguer 3'50 pesetas
PÍDALAS A SU LIBRERO O KIOSCO O A "EDITORIAL LUX"
-,0•111•1•11•••••••¦•••
Calle Consejo de Ciento, 347 : BARCELONA
ro
1'1
031
..1404L1,59019~5917"
fifffiliMr~VMI
.11EMXIa. oginio Mr4.117.11M-KW-B
. sMIV .;,"1.;11F,41-
Sistema Leo, Marca registrada
Bito
Maferíal de archivo moderno
Carpefas, Indices, Fichas
Muebles de madera y mefal
Ficheros de cartón y madera
Uníca casa en Espana dedicada exclusiva=
mente a este negocio y con talleres propios
de ebanistería y artes gráficas con -todos los
adelantos para la manufactura de su mate.
ríal. Más de 5,000 instalaciones en toda la
nación. Solicite catálogos y datos, que envía=
mos gratis. Casa la más económica de Esparia
Al
Ronda de San 84 Teléfono 1905 A.
rwety TtlIVY 30111551~311
E
CE1111
11111
11113 CREMA
go
II?CI SERVUS 111?1:1
ECI
E22 da un br"la 1ncarnaara"IIItIIIIDIllIDl
1111?
:?1
1E2 ble al calzado. Conser
IIC va la piel y cuesta poco
PRODUCTOS QUIMICOS HISPANO LUBSZYNSKI, S. A.
iffi?
m
1111C
11117 B AD A L ON A (Provincia de Barcelona)
111:1
RE Muestrario en la Exposición Permanente de Productos Espanoles - MELILLA
1111:
nk.10
3.1”;74.1
011,14
u...4711%
l&NCO ii V/AVI..xxi:15Z
-111 GASOLINA III
G111AS = MOTOR La mejor para automóviles
Cafasús y C.a
Paseo Colón,20=Teléf. 459=A
BARCELONA ::
o
% o o
'PrIt-V.1",,,,W,~401:11aMzw1:111~1.1,011›,"~l'e531:1405?
Toda clase de
operaciones
de BANCA
y BOLSA
TELÉFONOS
A =956 (Dirección)
A =976 (Oficinas)
Dirección íelegrá.
BANCO DE VALORES Y CRÉDITO fica felef6nica
Valorsbank
Ronda Universidad, 37 (junto Plaza Cataluna) BARCELONA Aparfado 821
RISan.-% (.11rel,-41~1~01 (W.
t41«.1
111
'59wrz
ewo
tusfD
e41
10'w.
;
hot
11C
.b'rk
Awrz
bite
11,1aD
t4114
1(.1V
111.1-41 "
LINIS DEL MONO
M9DIEWL~S~~~1~11~~
A II° 1111
3S11~ UNL~CC,,W '.át,~1C+ZCC UWNC U14001~
MUNDO IBÉRICO
Revista Quincenal Ilustrada 0 Director : Mario Verdaguer
IREDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN
Consejo de Ciento, 347 Teléfono 131=A
111¦11•1101.¦
Barcelona, 5 de junio de 1927
53C3E7,XEIVLE2=
PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN
Espana, Portugal y América : 10 pesetas ano
Otros paises : 15 pesetas ano 4, Número suelto : 050 pesetas
C M
No queremos incurrir en el riesgo de hacer prematuras promesas
y menosaún definirnos dentro de moldes rígidos que quieran
ser completo programa de nuestra publicación. * El periodismo
moderno ha ido evolucionando — como todo — y al desprenderse,
lenta pero seguramente, de las comuniones políticas para conver=
tirse en empresas industriales que sólo aspiran a recoger día por
día los latidos de la opinión pública, ha tomado un singular
carácter ecléctico y al lado de las grandes firmas literarias y la
luminosa siembra ideológica de las más alfas voces del pensamiento
nacional, figuran ampliamente aquellos temas (deportes, cines, etc.)
que apasionan e interesan vivamente a las multitudes, sin disfin=
ción de clases sociales. * Con iodo, el nombre mismo de MUNDO
IBÉRICO indica ya una parte de nuestros propósitos. * Queremos
recoger y comentar lo más resaltante de la vida ibérica en sus tres
grandes sectores de cultura y acción, bien definidos en las tres
lenguas peninsulares. * Y dedicar — recordemos lo que se hace en
Francia, en Inglaterra, en Italia, en Alemania — atención suma a
nuestros pequenos pero interesantes territorios coloniales, y a
cuanto se refiere a nuestra zona marroquí y a los problemas de las
hermosas islas que bajo el pabellón espanol banan sus cosías en
el Mediterráneo y el Atlántico. * Sin olvidar, por último, a cuanto
tiene un signo social más allá de los mares y esté ligado a nosotros
por el idioma y por la historia. * Entendernos que el mejor medio
de realizar esa labor — sumariamente
N27
indicada — es depurar y
seleccionar la colaboración de MUNDO IBÉRICO y cuidar con
escrupulosa minuciosidad los detalles gráficos que tanto influyen en
la impresión favorable o adversa que causa en un lector indiferente
la aparición de las nuevas publicaciones. v MUNDO IBÉRICO, al
iniciar su vida periodística, se complace en dirigir un cortés y sin=
cero saludo al lectory a todoslos colegas de la palestra intelectual.
1
'
a • JeaSJEC,=',M.~W
CRIA~M~~1~
1 410a z,o'
por R.
TEMAS LITERARIOS
Lo cómico y lo patético
Es sorprendente observar cómo, en de
terminadas alturas de clímax, lo cómico y lo
. patético confunden su fórmula, denuncian
do una paradójica comunidad de origen, que
se nos hace comprensible, no bien medita
mos un poco. Lo cómico y lo patético son,
en lo esencial, dos modalidades distintas de
un mismo proceso de la fantasía creadora,
que se valen del mismo lenguaje figurado.
El retruécano es, en realidad, una expresión
poética que viene a enriquecer el lenguaje,
puramente lógico; descubriendo dos valores
en la misma palabra. La ironía no es, en
suma, sino un lenguaje poético, una serie
continuada de aviesas imágenes que dan a
entender algo distinto de lo que parecen de
cir. Cuanto al sarcasmo, ?qué es sino como
un himno al revés, que conserva todo el ar
dor y el entusiasmé del ditirambo ingenuo?
Es notable comprobar cómo lo cómico y
lo patético se valen de los mismos resortes
para provocar la emoción y cómo también
requieren en sus grados geniales, la misma
elevada inspiración poética. Líricos, que al
mismo tiempo fueron grandes genios epi
gramáticos, como Heine, nos comprueban
este maridaje feliz de la lágrima con la son
risa en el nublado día de primavera del ar
te. Lo que mueve a llano puede suscitar la
risa y viceversa ; admirable sencillez de la
pauta emotiva, que con un simple cambio
de clave, puede diversificar por modo anta
gónico, el tono y el sentido de su música.
La loa de un poeta puede trocarse en sá
tira, sin más que una sencilla vuelta del mu
sical resorte. Ileine es maestro en ese tra
vieso arte de alterar la pauta de la melodía
con un inesperado cambio de registros, que
sobreviene al final del poema, mediante la
introducción de una frase extemporánea y
sarcástica, que comunica por modo retro
activo su virtud a todas las estrofas ante
riores, dotándolas •dé su verdadero acento.
Esa frase sarcástica que es como el silbido
del mirlo, después del canto del ruisenor,
nos sorprende siempre en modo desagrada
ble, precisamente porque nos revela ia am
bigüedad de los resortes poéticos y la po
sible duplicidad del artista que, siendo un
ruisenor, capaz de embelesarnos con su can
to, puede también burlarse de nosotros, in
terrumpiendo nuestro éxtasis con el silbo
del negro dandy impertinente de la enra
mada.
La revelación de esta admirable identi
dad de los registros poéticos, al parecer
más antagónicos, va siempre acompanada
de ese calofrío de pavor que solemniza la
intuición de todo misterio ; circunstancia
que contribuye a acrecer y reforzar el efecto
enojoso—patético o trágico—de esas bufo
nadas verbales. Poe sabía esto muy bien y
CANSINOS-ASSENS
acertó a emplear genialmente la fórmula en
ese inquietante poema El cuervo, en que am
biguamente dialoga con el pajarraco fatal,
de nocturno plumaje. Es sorprendente, de
un asombro cuya conciencia fácilmente pue
de transformarse en pánico, ver cómo en este
extrano poema, el efecto patético está bus
cado y obtenido por medios genuinamente
cómicos, sin que intervenga otro pathos se
rio y grave que el del propio poeta, alarma
do y empavorecido precisamente por la bufa
solemnidad del avechucho que, interlocutor
maniático o ignorante, a todas sus pregun
tas contesta con la misma frase extemporá
nea—y por acaso oportuna— : Nunca más.
Recuérdese cómo este pathos se inicia ya
antes de la aparición corvina; por medios
puramente cómicos, cuyo efecto es, sin em
bargo, de inquietud, con aquellas equivoca
ciones del poeta que, mal despierto a des
hora sobre sus viejos infolios «de un saber
olvidado», confunde el picotear del pájaro
en la ventana, con la llamada de algún ami
go visitante. Este pathos va desarrollándo
se luego gradualmente en el poeta, a vista
de la extrana conducta del alado intruso,
cuyo aspecto sólo le sugiere al principio,
imágenes irónicas. El efecto verdaderamen
te patético sólo empieza cuando el poeta en
tabla con su lacónico huésped aquel diálo
go, que gira todo él en torno a un quid pro
quo como el de las farsas. A las preguntas
del poeta, inquiriendo quién 'es y de dónde
ha venido, y demandándole finalmente noti
cias de su inolvidable Leonora, el taciturno
cuervo responde con esa sola frase «Never
more» que parece el estribillo de un manía
co o el despropósito de un sordo, aplicado a
todo evento. Y, sin embargo, de esa frase
única y extemporánea que pretende respon
der a todas las interrogaciones de una cu
riosidad conturbada, creando una situación
bufa que en otras circunstancias movería a
risa, nace toda la fuerza patética del poema,
cuyo creciente desarrollo y gradual incre
mento sigue el mismo clímax que seguiría
en la clave cómica de lo bufo.
?Qué otra cosa haría un autor cómico pa
ra lograr su efecto que repetir una y otra
vez ese incongruente estribillo, multiplican
do las preguntas cada vez más irritadas e
iracundas del interlocutor burlado? Pues
eso mismo hace Poe ; y sin embargo, el em
pleo de ese recurso cómico es lo que dota
al poema de su tremenda fuerza trágica. Y
a medida que se reitera el despropósito y au
menta la exaltación airada del poeta que re
conoce y proclama lo absurdo de esa res
puesta única del cuervo sibilino, va Crecien
do paradójicamente la tensión trágica hasta
rayar en verdadero pánico. Mas no obstan
te, el poeta mantiene hasta el final la técnica
MUNDO IBERICO
de lo bufo ; ya que al cabo, como sucede en
las farsas, el interlocutor del cuervo conclu
ye por darles un sentido oportuno a sus in
variables palabras, acomodando a ellas sus
preguntas, que ya siguen instintivamente la
pauta de la única y reiterada respuesta del
monótono oráculo. Este tácito acuerdo del
interlocutor que dice„cosas atinadas con el
otro que sólo profiere un terco desatino, cual
estribillo que aprendió de memoria, marca
ría en una farsa el momento culminante de
lo cómico, mientras que en la genial obra de
Poe senala la tensión •máxima del pathos
trágico.
- La alarma, la congoja, el miedo supers
ticioso del poeta y del lector alcanzan su
mayor n • intensidad y altura precisamente e
ese instante en que el poeta dialoga, así,
de acuerdo, como otro vesánico, con aquel
cuervo doctoral, que habla cual un orate.
La revelación del retruécano existente, tá
cito, en la naturaleza del lenguaje y de la
psiquis ; el descubrimiento de que palabras,
dichas al acaso por un pajarraco que las
aprendió de memoria y las profiere sin con
ciencia de su significado, puedan tener un
sentido y coordinarse momentáneamente co
mo respuestás a preguntas formuladas con
exaltada lucidez, adquiriendo valor sibilino
y profético ; el presentimiento de .esa comu
nidad de origen entre lo bufo y lo tremenda
mente serio, todo eso unido y revelado en el
poema de Poe, don todo el resalto Ce su
flalrante inmoralidad, es lo que hace que
resulte una obra de indecible fuerza trágica,
no obstante la índole cómica de sus regis
tros emotivos.
Resulta así el poema una gran bufonada
tan enorme y tan sencillamente surgida de
la entrana misma de lo natural aventurado,
de ese albur fatídito e inmoral, que es él
misterio supremo de la naturaleza y de la
vida, que asume los caracteres de una au
téntica chuscada del Destino, y como cuan
to con éste se relaciona, se hace trágica.
NQI IkANeb:
GE>i
.1115,f
. .
El billete de cien francos
por Ramón Gómez .de la Serna
Tenía bellezas tornasoladas, de discretos
rosicleres, el billete de cien francos francés.
Recordamos lo optimistas que resultaban en
nuestras manos, suaves como billetes de pa
pel de seda.
Tener un billete de cien francos, era tener
algo, hacer numerosas comidas en los res
taurants independientes y escondidos, tener
la libertad de vivir, sintiéndonos asegura
dos en la modestia. ! Nada de tener que lle
var sobre los hombros rangos implacables !
Cien francos eran un «complet», o sea,
americana, pantalón y chaleco con todos sus
-MUNDO IBERICO 5
botones y hasta bolsillo interior. Con tres
billetes de cien francos se compraba un via
je hasta Nápoles ida y vuelta en tercera de
lujo, .o sea, una tercera con los vagones de
recién pintado pino, ese pino que queda en
una bella desnudez amarilla y que huele mu
cho a árbol.
El billete de cien francos era un diploma
de medalla de oro pintado por ese aprendiz
de Academia que dibuja los diplomas y pa
recía que tenía en medio el claro honorífico
destinado para recoger el nombre del agra
ciado.
?Premio de qué? Premio a la industria,
a) comercio, a la agricultura, a el haber pre
sentadó el cerdo más gordo y más blanco
del mercado—resultan indecorosos esos cer
dos perfumados y blanquísimos.
Asomaba en la cartera la acuarela—me
dio postal, medio acuarela—del billete de
cien francos francés, como animador pape
lito claro, coloreado, parecido a uno de esos
días en que festejamos solos — perdidos y
abandonados en el extranjero—una especie
de santo y de cumpleanos, en verdadera
francachela de ninos que salen por un día
del colegio interno.
Ah! Aun me quedan cien francos —
nos dijimos muchas veces, tocando delica
damente el billete como debido a los pince
les de Millet.
Billete, de jardín, billete de la Francia de
los tapices y de la Fábrica de Sévres, bille
te de la Francia de las sederías, revelaba
la suave pulcritud que hay en Francia para
el dinero.
Nos costaba entonces más de cien pese
tas y eso le daba aún más importancia. Pe
ro las merecía porque todo él estaba lleno
de serenidad y regocijo, mirándose en las
linfas fecundas que riegan la fertilidad de
Francia.
Y ese billete con aires de vendimia pen
sativa, que tanta confianza nos daba, aho
ra no es tanto como era, no se puede decir
que no es «casi nada» como iba a decir in
conscientemente.
Aun dan una cama de hierro dorado con
todas sus guarniciones casi por cien fran
cos, aun puede una dama comprarse por
cien francos algo que la elegantice y la com
plete, pero aun con eso se va el billete su
til, de papelillo de seda, tan raudamente co
mo si le soplase en las alas 'un viento per
tinaz.
Hemos elegido unos cuantos libros. El li
brero con un gesto de tratante en libros mi
ra rápidamente su lomo y va formando una
suma cuyo resultado, que nos espeta con
gesto indiferente, es :
—Ciento diez francos. -
Los billetes de cien francos han adelga
zado aún más y su papel de seda es ya fino
papel de fumar. Por un billete de 25 pesetas
y poco más de un duro nos entregarán uno
de esos billetes que aun ahora llevan impre
so el recuerdo de nuestra simpatía, de aque
lla alborada de optimismo •que ponían en
nuestra cartera.
Adquiríamos billetes de éstos sólo por co
leccionar lo amable, lo esperanzado, lo que
guarda en sí dicha melancólica y segura,
recuerdo de los antiguos concursos de que
fueron como diploma y vale de honor.
Esa especie de decoración de la ventana
(le Francia, esa especie de fresco mural que
rodeaba la puerta de entrada en nuestros
viajes, tiene aún una belleza nostálgica de
Hablamos siempre del paisaje con refe
rencia al campo abierto y para elogiar la
hermosura de sus árboles, setos y arroyos.
Pero la ciudad es también paisaje. En cuan
•to a la belleza, el interés y la atracción se
ductora, no hay un hombre inteligente que
se atreva a negar el encanto del paisaje de
una calle ciudadana.
Y el vicio. Hay viciosos de la calle, lo que
muy raras veces se observa en los labradores.
Unos viciosos incorregibles que consideran
el mundo como cristalizado en piedra y en
cemento, en escaparates y en tranvías tin
tineantes. Para los cuales el cielo necesita
estar surcado no precisamente por nubes y
celajes, sino por las espesas franjas de los
alambres del teléfono, mientras las filas si
métricas de los faroles de gas suplen a los
árboles en ese paradójico paisaje municipal.
Todo ello acompasado y como batido en el
gran rumor de órgano de la ciudad reso
nante.
Todas las poblaciones tienen una plaza,
una avenida o una calle que viene a ser la
médula o el centro integral de la urbe. El
trozo de vía que asume la función de ca
racterizar y representar a la urbe entera.
Los grandes bulevares de París, por ejem
plo ; las ramblas ,y la plaza de Cataluna en
Barcelona ; la calle dé Alcalá en Madrid.
Yo soy a mi manera un vicioso de la ca
lle. Cierta vez, asentado en París por una
larga temporada, me vi cautivo de un entu
siasmo callejero que me empujaba fuera de
casa con una fuerza insuperable y que me
hacía caer, al filo del mediodía, en cualquie
ra de las terrazas de los infinitos cafés bu
levarderos. Era una inefable embriaguez
aquella de sentarse en una silla y ver el
desarrollo de la fantástica película, única en
el mundo, que va desenrollándose gratuita
mente a lo largo del Bulevar. Pero-los vi
cios no aman la soledad ; gustan de ir acom
panados. Yo contraje la costumbre de be
ber una copa de vermouth para hacer más
incitante el placer de la terraza, y concluí,
naturalmente, en una gran crisis hiperclo-
-
panneau decorativo en el palacio del que se
han vendido algunos muebles y que pasa
por economías imprescindibles.
Ya cuando esos ninos que hay en el pai
saje de cien francos crezcan, será otra cosa
y se resarcirá y se acrecentará ubérrima la
huerta abandonada a esos bellos campesi
nos que no sé por qué, siendo la decoración
de esos billetes de antes de la guerra, ya
aparecían solos sosteniendo los bártulos de
la labranza. ?Ahora merecerán los falsifica
dores los trabajos forzados que merecían los
falsificadores de 'antano?,
La memorable calle
de Alcalá
por José María Salaverría
rídica. Ahora, amedrentado.por la experien
cia, me limito a beber una de esas botellas
de gaseosa que en Madrid, pintorescamen
te, llaman bolitas.
Con gaseosa o con champana, ?qué más
da? Lo que importa es poder llegar al punto
de vaga e intelectual embriaguez que su
giere la calle turbulenta a un hombre de
imaginaCión. Para eso se hicieron los cafés.
Sentado en un café, con la copa de gaseosa
que echa burbujas como chispas, yo me ima
gino que la calle de Alcalá está deslizán
dose inacabablemente por delante de mis
ojos como- quisiera ofrecerme una sínte-sis
de la cpital de Espana; o de la misma
Espana entera.
En la.calle de Alcalá, efectivamente, está
la verdadera historia de esta Espana tran
seunte que vive su minuto actual. Calle de
verdad completa, no hay un elemento pa
trio, un ademán o un guino patrios, que es
'tén de ella ausentes. Desde la Puerta del
Sol, donde la calle se estrecha como boca
de embudo, hasta la Puerta de Alcalá, en
la que el espíritu y la norma de Carlos III
desafían a todas las.generaciones que quie
ran disputar el «record» de la corrección y
la grandeza civiles, nuestra mirada abarca
un mundo de cosas esenciales o frívolas,
majestuosas o grotescas. Templos de ora
ción, como «cabarets» y tabernas de per
dición. Ministerios en los q.ue van levantán
dose, con perseverancia burocrática, montes
de, papel sellado, junto a esos altivos mo
numentos, los Bancos, que la todopoderosa
codicia de nuestros días erige a la mayor
gloria del Dinero.
Ahí pasean los «senoritos», género de hu
manidad que casi no se produce más que en
Espana. Por ahí transitan las muchachas
casaderas, con el novio a un costado y la
«carabina» a la otra banda, trinidad huma
na casi exclusiva también de nuestro país.
Y esos tipos de hombre que ya sólo se ven
en Espana ; correctos, altivos, vagamente
melancólicos, de noble presencia y con el
aire de estar echando de menos algo : la
espada. (Ese tipo del hidalgo rezagado y
como destituido de sus funciones antiguas,
en Espana nada más, y especialmente en
Madrid, es ya posible verlo.)
Las campanas de San José o de las Ca
latravas intentan sobrepujar el clamoreo de
los claxones. Los timbres repiqueteantes de
los tranvías meten Su acento de discordia en
el estrépito universal de la calle, y al últi
mo, sobre todas las voces en competencia,
más arriba que el estertbr de los «taxis»,
más alto que la protesta de las campanas,
se elevan los gritos de las desganitadas ven
dedoras de décimos de la Lotería : «?Quién
quiere la suerte? ?Quién quiere el millón?»
6 11 liiVDO IBERICU•
(Supremo alarido de la conciencia sonadora
de un pueblo que cree, tanto como en Dios,
'en el azar.)
A veces la calle se estremece con una tá
cita emoción dificil de describir, y suele ser
cuando, porque un embajador extranjero
marcha a Palacio a presentar sus credencia
les, las mejores carrozas de la Casa Real
pasan procesionalmente, ceremoniosamente,
pausadamente, con todos sus nácares y,do
rados al sol, con todos sus bronces y pena
chos a la luz, con sus lacayos de librea, con
sus caballos de casta emplumerados, con sus
tricornios, con sus casacas. Entonces pare
ce que las antiguas Monarquías reviven, y
que Espana sigue siendo aquella nación que
en los tratos de Europa contaba entre las
principales, y era temida o aborrecida, pero
nunca desdenada. O pasa un batallón de sol
dados de vuelta de cualquiera parte, sonan
do la música a todo tocar (pasadobles zar
zueleros con un punto de jactanciosa fla
tnenquería), y el alma expectante de la mu
chedumbre quisiera irse con ellos, con los
soldados, a consumar la proeza guerrera
que quedó pendiente de realización hace
tiempo, mucho tiempo ya.
De pronto, en el tramo de la calle que
parece más sacudida por el ansia moderna
de actividad, y frente a la marea de los que
van acelerados a sus negocios, se abren las
ventanas, amplias como escaparates, de un
casino, un círculo, una pena. Y se ven unos
senores sentados en sillones, con un vaso
de agua delante, extendidos como en ex
posicién, la mirada aburrida, el gesto can
sado; todos abstraídos•en el examen de no
se sabe qué idea... ! Espectáculo único en
Europa ! Han transcurrido más de cien anos
de pendencias sociales ; se han discutido los
deberes de los ricos y los derechos de los
pobres ; se ha hablado hasta la saciedad de
la obligación que todos los hombres tene
mos de servir para algo, de estar haciendo
algo en este comprometido escenario de la
vida en común, y de repente, en un lugar
del mundo civilizado hay unos senores que
no procuran, como sus semejantes de Lon
dres, ocultar su regalona ociosidad, sino que
la ostentan al rosfro mismo de los atarea
dos o de los miserables. Es como si se es
tuviera a ciento cuarenta anos de fecha atra
sada. Como si la Revolución no hubiese es
tallado todavía. Como si reinase Carlos IV.
! Deliciosa vida! Es la delicia hecha de
abandono y de indulgencia, de comprensión
'y de ir perdonándolo todo porque, en rea
lidad, ! no vale la pena de tomar las cosas
a lo trágico ! La filosofía del pueblo espanol
brota y se expande por el aire de esa calle
de Alcalá sintética, indice verdadero del ser
nacional. En ella está comprendido todo, lo
deficiente como lo excesivo, la virtud lo mis
mo que el pecado. Espana entera estárchl,
tal como es, con sus faltas y sus sobras y
con su espíritu intraducible a ningún len
guaje que no sea el espanol.
En ciertos días providenciales, cuando el
clima quiere agotar su riqueza de perfec
ciones, en los dorados crepúsculos de octu
bre o en las tardes jubilosas de abril, la ca
lle de Alcalá se exalta y espiritualiza hasta
lindar con lo sublime. La marea de los ca
rtuajes tiembla en la penumbra, mientras al
fondo, en el espacio hueco que deja la Puer
ta del Sol, el cielo se afina de un modo in
decible, como una mancha de naranja bati
da en extractos de perlas. Sobre ese fondo,
La casa en que nació Goya
En Fuendetodos, hay una casuca de vie
jas piedras, situada en la actual calle de
Goya, que es la casa en donde nació el in
mortal pintor espanol.
Hasta el ano 1913, casi ninguno de los
artistas aragoneses había visitado nunca el
pueblo de Goya. Se sabía algo por lo pu
blicado por el conde de la Vinaza, por An
selmo Gascón de Gotor ; pero nadie se pre
ocupaba de que muy próxima a Zaragoza
se derrumbaba poco a poco una casa que
en otra nación se conservaría como una re
liquia.
Fué preciso que visitase Fuendetodos el
Pintor espanol Ignacio Zuloaga, para re
unirnos en el Ateneo de Zaragoza y tomar
el acuerdo de colocar una lápida en la casita
pueblerina, que recordase al visitante que
allí nació el que fué más pintor entre los
pintores.
Se abrió una subscripción para la placa,
y el día 4 de mayo de 1913 un grupo de
unos cincuenta marchaban a pie, en carros,
en caballerías, por entre los pinares de la
princesa de Pig-natelli, en peregrinación, y
a cuyo frente caminaban, a manera de san
tones, los artistas Zuloaga y Uranga, a la
casa de Goya. Una casa con viejas piedras,
una ventana y puerta pintadas con cal y un
ventanuco. Esto es todo.
primor de Ocaso de Castilla, la aguja de un
enhiesto campanario traza tal vez un gesto
eclesiástico de antiguo estilo. Todo aparece
entonces ennoblecido y decantado en la me
morable calle de Alcalá, que recobra por úl
timo su sentido auténtico de ser una espe
cie de paréntesis en Europa, una especie
de puerto franco o puerto de refugio don
de la vida se limita a la suave y filosófica
función de dejarse vivir por lo que el acto
de vivir tiene de amable y de placentero...
ANTE UN CENTENARIO
por Emilio Ostalé Tudela
La lápida dice así :
En esta humilde casa
Nació para honra de la. Patria
Y asombro del Arte
El Insigne Pintor
Francisco Goya Lucientes
31 Marzo 1746 15 Abril 1828
La admiración de todos rindió este.
Homenaje a su imperecedera memoria
Penttremos. Un patio que da paso a una
cocina aragonesa y en el que se encuentra
una escalera para subir al piso superior.
Por las paredes, colgadas, f'otografias de
todos los cuadros de Goya.
Subimos por la vieja escalera y nos halla
mos con una sala cuyo pavimento se hunde
y la alcoba en que nació Goya, en donde
apenas cabe la antigua cama.
Lector : si alguna vez has sentido emo
ción grande, es ante esta alcoba. Aquí na
ció, en medio de esta pobreza, el hombre
que, haciéndose a sí mismo, llegó aecon
quistar un nombre inmortal para él y 'para
su Patria.
Visitando el lugar de su origen, compren
demos el gesto violento y despectivo de
• Goya.
Ante el cuarto en que vino a este mundo,
llegamos a saber el secreto de que Goya in
trodujese la tragedia en la vida y el arte,
ya que la llevaba dentro.
Mirando esta pobre habitación pensamos
que sus aguafuertes, caprichos y fusilamien
tos, son el natural producto de su carácter
amargo y pesimista.
Bajo estos techos, se concibe que el hom
bre que de aquí. salió para encontrarse en
la Corte, tras luenga lucha, sea arisco.
En este ambiente se llega uno a compe
netrar en lo que sus obras tienen de ple
beyo.
El que se formó aquí tenía que ser siem
pre un hijo del pueblo, y, aunque la vida le
sonriese, llevaría siempre la amargura y la
rudeza del pueblo.
De esta casuca, a Palacio. !Cuántos tra
bajos en esa carrera! !Cuántas horas 'amar
;zas y desenganos ! Esa es su obra. Persh
najes de gestos estúpidos, brutales, de lu
juria, de concupiscencia. Escenas de ham
pa, de chulería, de sangre, de fanatismo,
de miseria. Reyes, príncipes, vagos, celes
tinas, brujas, majas, chisperos, ministros,
inquisidores, hambrientos, frailes, condena
dos a muerte...
Entre los grandes hombres, Goya fué
excepcional. Su obra no puede ser más que
de un hombre fortísimo, varonil, todo vi
gor, eternamente joven. Goya no pintaba el
modelo, copiaba el espíritu del mismo. Al
nacer así tenía que ser plebeyo, el más ple
beyo de los pintores ; pero su arte sin par
escaló el aristocratismo de los elegidos pa
ra crear escuelas, de los que saben mostrar
la pura luz de su alma, de los que, siendo
solitarios, se imponen a todos.
ka
11 1 \ 1)() I R I I (
Un articulo de Salaverría, interesante y
bello como todos los suyos, ha promovido
debate acerca de la cocina espanola. De la
polémica, en su estado actual, parece des
prenderse que la cocina nacional peca de
cierta ordinariez que la hace desagradable
los paladares delicados. Como esto no es
exacto y se puede probar documentalmente,
no será difícil demostrar con una anécdota
que uno de los aderezos más sabrosos de la
celebrada cocina francesa—la salsa mayone
sa—es de origen espanol.
Antes he de lamentar que muchas regio
nes espanolas carezcan de un libro dedicado
a su cocina típica, con lo que tendríamos
suficientes elementos de juicio para discu
tir; pero una de nuestras regiones, una de
las más pequenas y de las más cultas de Es
pana, la Isla de Menorca; puede ostentar
un interesante tratado de cocina y reposte
ría, titulado «De re cibaria», redactado
publicado en 1923 por el erudito abogado
y publicista don Pedro Ballester, obra pre
miada en un concurso celebrado por el Ate
neo de Mahón y caracterizada por 'no ser un simple manual <le cocina, pues en su plan
Y desarrollo es una obra de interesante folk
lore hermoseada por la 'erudición, el estilo
y la filosofía. Pues bien ; en este libro hay
recetas de manjares finos y sabrosos en nú
mero suficiente para constituir una cocina
selecta y abastecer una mesa distinguida.
la base de esta cocina son los productos
iegionales, por lo que no se la puede tildar
de haber reunido recetas extranjeras.
La prueba al canto.
Si consultáis un diccionario francés po
dréis leer lo siguiente : «Sauce mayonnai
se.—Salsa fría que se hace con aceite, vi
nagre, yema de huevo, sal y pimienta o
Tostaza, todo muy bien batido hasta que
tome la consistencia debida.»
DE LA ISLA DE MENORCA
Satis
POR L. LAFUENTE VANRELL
«Etimología. — De Mahón, mahonnaise,
tomada por el duque de Richelieu. Se ha de
decir mahonnaise y no mayonnaise. La con
versión de la «h» en «y» es efecto de la ig
norancia de los cocineros que tantas voces
ha corrompido.»
Los cocineros franceses han •Ilegado a
convertirla en sauce bayonnaise creyéndola
oriunda de Bayona y como bayo
nesa figura en no pocas minutas
de Espana.
Nuestros diccionarios oficiales
suelen decir : «A la mayonesa : pla
to aderezado con esta salsa. Ma
yonesa de pescado, de ave, etc.»
Pero está fuera de duda que se
ha <le decir salsa mahonesa o a la
mahonesa.
El duque de Richelieu, Luis
Francisco Armando de Plessis, ma
riscal de Francia y sobrino segun
do del famoso Cardenal, fué uno
de los hombres más mundanos de
su tiempo. Su vida (1696-1788) fas
tuosa, su amabilidad cortesana, sus
prestigios militares y sus amores
escandalosos, difundieron su nom
bre de modo extraordinario.
Sus bodas con mademoiselle de
Nouailles y con la princesa de Lo
rena, de la casa de Guisa, no le
cohibieron para mantener relaciones íntimas
con la duquesa de Borgona, con madame
de Villars, con las hijas del duque de Or
leans y con otras muchas damas.
Tuvo amistad inquebrantable con Voltai
re, a quien protegió.
Luis XV le nombró embajador en Aus
tria.. Tomó parte en la guerra de Polonia,
coadyuvó a la victoria de Fontenoy, levan
tó el sitio de Génova puesto por los ingle
Sitio del castillo de San Felipe (Mahón) en 1756 por el duque de Richefieu
ses, gobernó la Guyana, mandó la expedi
ción a Menorca y durante su campana de
Alemania se apoderó de Hannover.
Para la conquista de Menorca rodeóse de
una oficialidad brillante. Trajo a sus órde
nes cinco mariscales de campo : el conde de
Lannión (luego gobernador de la Isla), los
príncipes de Beauveaut y de Wurtemberg,
Re.into abaivartado de oled .a seca mandado construir por el rnansc?l
duque de Richelieu en tomo del talayot megalitico de ?moneó, desde
donde dirigía y:observaba el sitio del castillo de San Felipe (Mahón) en
1756
t'A
y los marqueses de Monteynard y de Mont
¦ morency.
El senor de la Blimier, los marqueses de
la Roquepine, de Puigsignieu, de Monty, de
Mesnil, de Rohan-Rochefort, de la Roche
Imbault, de Cl?rmont d'Amboise ; los con
des de Millebois, de la Serre, de Levis-Sér
vant, de Fraisnell, de Egmont, d'Aigre
mont, de Rochambau, el duque de Fronsac
(hijo de Richelieu) y otros personajes de la
'primera nobleza de Francia, mandaban los
batallones, baterías y companías que el 18
de abril de 1756 desembarcaron en Ciuda
dela y el 22 llegaron a Mahón, cercando
desde el día siguiente el castillo de San Fe
lipe, cuyo sitio duró hasta el 29 de junio.
El asedio -fué fecundo en anécdotas inte
resantes. La de la salsa mahonesa fué como
sigue : El duque de Richelieu; preocupado
con el plan de ataque general, vagaba cier
ta noche por las calles de Mahón sin acor
darse de tomar alimento. Ya tarde, apre
miándole el hambre, entró en una fonda pa
ra pedir de comer. Pero sus oficiales habían
agotado los víveres. Al decirle el fondista
que ya no quedaba nada, el general le rogó
lo mirara bien y registrando aquél la des
pensa, encontró unas piltrafas de carne de ingrato aspecto, por lo que contestó :
—Senor, es lo único que hay y no es dig
no de vuestra excelencia.
—Arréglalo como puedas, que en tiempo
de hambre no hay pan duro.
Hízolo así el fondista y se lo-presentó con 1
MUNDO IBERICO
una salsa, que fué tan grata al duque que
hubo de preguntar qué salsa era aquélla tan
sabrosa.
—Senor, es simplemente una salsa de
huevo.
—Pues dime cómo se hace, que lo voy a
apuntar.
Así lo cumplió y le dijo al fondista que
en lo sucesivo se llamaría salsa a la ntaho
nesa. Con este nombre la dió a conocer a
su regreso a Francia.
La conquista de Menorca fué muy cele
brada en París y el duque obsequiadísimo.
Madame de Pompadour, en una fiesta ín
tima que dió en honor de la victoria de Ri
chelieu—a quien llamaba el menorquín—re
partió unos lazos para las espadas de los
caballeros, que bautizó con el nombre de a
la mahonesa.
Quien menos agradeció a Richelieu su
conquista fué Luis XV. Cuentan los histo
riadores franceses que cuando el Rey, en
audiencia general, recibió al duque, quizá
Casa de la familia Poli donde estuvo alojado en 1756
el duque de Richelieu, en Mahón, durante la con
quista de Menorca, que era a la sazón dominio de
Inglaterra
influido por los enemigos de éste, en vez de
plácemes por su rápida victoria contra In
glaterra, sólo le dirigió esta maliciosa y
burlesca pregunta :
—Y bien, mariscal ; ?qué tal os han pa
recido los higos de Menorca? Dicen que son
muy ricos.
Y el monarca se dirigió a otros cortt
sanos.
Menorca volvió a ser de Inglaterra en
1763 y Richelieu vivió hasta 1788. Quizá
pensó alguna vez, él, tan zumbón y volte
riano, recordando la ingratitud de su Rey,
que lo único positivo y durable de su con
quista era la salsa que la refinada cocina
francesa ha difundido por todo el mundo.
Yo no sé si esa salsa tuvo o no su origen
en Menorca. ?Quién sabe dónde está el pri
mer origen de las cosas? Pero de Menorca
pasó a ser conocida y divulgada. Justo es
que conserve el nombre que le impuso su
padrino de pila, el mariscal de Richelieu.
Cuenfos de "Mundo Ibérico"
TESTIGOS
por Vicente Díez de Tejada •
—Venga usted acá, senor de Manara,
digame : ?quién era aquella mujer hermo
sísima a quien iba usted encerrando ano
che?
—Mujer..., hermosísima..., encerrando...
?Yo?
—SI, hombre, si ; usted, usted ; don Jus
to Inocente y Mas.
—Desafina usted sabiamente en este solo
de violón.
—?Sí?... ?Con que desafino, eh?... Es
pere usted un momento... Marqués...
—?Qué hay de nuevo?
—Anoche, delante de usted y de mi, Ca
ballero de Gracia abajo, otro caballero de
más gracia aún, ?qué hacia?
—! Ah, si ; es verdad ! General, choque
usted... ! Encunable !...
—Bueno ; esto es que se han vuelto uste
des locos, ?verdad?
—Tiene usted un gusto exquisito.
—Eso le decía yo, y el pebre cadete se
ruboriza y niega.
—Ya se explicarán ustedes. Por mi, ade
lante con los faroles y siga la broma.
—?Molestarnos?
—! Nada de eso ! Tonteamos, nada más.
Y mientras tanto, esa pobre senora, her
mosísima, esperando que acabe yo de en
cerrarla... Ya me dirán ustedes por dónde
va ahora.
—! Pero el usted apocalíptico, General !
El Marqués y yo le vimos a usted anoche.
Somos dos ; dos testigos...
—Capaces, con su ligereza, de hacer con
denar a un inocente... No es la primera vez
que me pasa esto. Una vez—caso inverso
del presente,—de común acuerdo, y a cosa
hecha, iba yo siguiendo a una mujer. Al
guien que la vió a ella y no me vió a mí,
pero si a un quídam que entre, ella y yo
marchaba, se apresuró a ponerme en autos
de lo ocurrido... A aquella mujer... ! la iba
siguiendo un hombre !... Y no era verdad,
porque la íbamos siguiendo dos.
—Conteste el reo categóricamente. ?Dón
de se hallaba el procesado anoche a las on
ce y quince minutos de la misma?
—Ya saben ustedes la respuesta consa
grada en los melodramas y en los novelo
nes. El reo no puede contestar, porque pre
ciAmente a esas horas se hallaba depar
tiendo amigablemente con una dama (Des
démona ; no sé si ustedes la conocerán),
cuyo nombre, aunque yo si, no puede reve
lar él, por temor al esposo de la dama (un
tal Otelo, de quien no sé si habrán oído ha
blar ustedes). Pero Jo que ese infeliz pró
cesado, it povero fornavo de Venecia, no
puede aclarar, puedo iluminarlo yo, dicien
do: «Senor Fiscal de S. M., anoche a las
once y quince minutos yo no cxis tía, por
que fuera del tiempo y del espacio, estaba
en la Academia haciendo de inmortal.»
—?En la Academia
—Sí, senor, en la Academia, desde las
diez de la noche hasta cerca de la una de
la madrugada ; y antes aquí, donde comí,
y después aqui otra vez, donde tomé un re
frigerio...
—Pero, General, ! por Dios ! ! Si el Con
de y yo le vimos a usted !
—Pues el Conde y usted, Marqués, se
equivocaron. Afortunadamente, y en caso
de apuro, contra el testimonio de ustedes
dos podría presentar yo dos docenas de tes
tigos, no como los de aquel «que no le ha
blan visto cometer el crimen», sino que me
hablan visto no cometerlo..., que es muy
diferente.
—Es extrano ; yo hubiera jurado no equi
vocarme al afirmar que era usted aquel a
quipn vimos.
—Lo mismo, exactamente, digo yo.
—Pues hubieran jurado ustedes, si no en
falso, que esto en ustedes no es posible, sí
con punible temeridad. Ustedes eran dos ;
pudieron haber sido ustedes dos mil, y los
dos mil estar equivocados. En la psicología
de las multitudes entra la fascinación, la
sugestión, el contagio del error de uno que
las invade y las apesta. Allá va un caso.
No era yo mozo aún y tenia novia ya :
una chiquilla como yo, que me habla sor
bido el seso, acaso antes de tenerlo. Una
noche, en el teatrillo del pueblo en que ella
veraneaba, y al que medio de ocultis habla
acudido yo, se daba una función de hipno
tismo, ocultismo, prestidigitación, etc., etc.
Ella, claro estaba que iría a su palco con
la familia en cuya casa se hospedaba. Yo,
imprescindiblemente, iría también, ! no fal
taría más !, y a la butaca más próxima.al
palco suyo, como #s de rigor. Pero !ay !
Una chiquilla que ine había sorbido el seso
que yo me hallaba en un gravísimo apuro :
la noche anterior, en el maldito Casino, en
el que no se jugaba, me hablan birlado, en
la mesa de juego hasta la última peseta.
No podía yo dirigirme a nadie en demanda
de un préstamo ; no tenia allí amigo algu
no a quien puclierra acudir con pretensión de
tal índole, que ha de ir refrendada por la
intimidad, y que ha de ser por una honda
amistad disculpada. Conservaba mi reloj,
una saboneta de oro un poco antigua, pero
que, machacada, valía siempre una onza.
Se salvó el país. Acudí a la duena de la
fonda, contándole mis cuitas, rogándole que
me guardase el mayor secreto y que me pres
tase cinco duros, dos, uno, hasta el día si
guiente, en que recibirla dinero de mi casa,
reclamado ya. La buena senora, un poqui
tín escamada —! se reciben tantos chascos
en la vida!, — me alargó, espléndida, los
cinco duros solicitados, negándose a acep
tar el reloj que yo.le brindaba en prenda.
Agradeciendo mucho su confianza en mi,
MUNDO 1PEPICO
que, claro está, aumentaba a medida que la
rechazaba yo, insistí, decidido a no verme
humillado por su generosidad, y logré que
se quedase con la saboneta. Guardósela ;
pero no así el secreto, por lo que pude ob
servar más tarde.
Llegó la hora de la función, y ya mi ado
rada, desde la delantera de su palco, ilu
minaba la sala con la luz y el fuego de sus
ojos ; 'yo, radiante de felicidad, yacía sen
tado a los pies de mi adorado tormento, en
la butaca frontera a su palco; y el mosque
tón de mi leontina de raro, en vez de sujetar
como a un forzado mi viejo reloj, se per
día baldío en la mazmorra desierta del bol
sillo de mi chaleco.
Pasaba la función sin pena ni gloria por
mi parte. ?Me enteraba yo de algo? Para
mi no había más función que la.de mi fe
licidad, ni más hipnotismo -que la fascina
ción que sobre mí ejercían las miradas de
mi novia ; más ocultismo que el de sus be
llezas y perfecciones, que yo, enloquecido
de amor, presentía y adivinaba ; ni más
prestidigitación que el cambio invisible, a
la vista del público necio, de nuestras mu
das frases de amor, que de la cajita má
gica de su boca volaban a posarse en mis
oídos, y desde el encendido resorte de mis
labios saltaban a encerrarse en el cubilete
hermético de su corazón, guiadas por los
hilos de luz que brotaban de nuestros ojos.
Cuando más absorto me hallaba yo en mi
éxtasis amoroso, noté que mi novia enro
jecía, y me vi, de pronto, objeto de todas
-las miradas. ?Qué ocurría en la tierra, que
yo no habla notado desde el paraíso?...
Poca cosa. Azuzado— lo comprendí en
seguida, con la rapiaez del pensamiento
por un grupo de pollos presidido por un
zagalón calabaceado por mi novia, y, sin
duda alguna, sabedor de mi secreto—! estos
pueblos en los que todo se charla !—se ha
llaba ante mí el Cav. Martinelli, el prestí
mano, suplicándome con macarrónica frase
y con sonrisa perfectamente florentina:
«II sinore será tan gentil que mi presta
un momentino jI suo reló... No li faró nes
suno danno ; solamente io lo picaró n'ell
mortero...»
Carcajada general del público imbécil,
para demostrar que él sabe que no se ma
chacan en los morteros los relojes, mien
tras yo, sorprendido, sin recordar al pronto
que el mío yacía lejos del alcance de ellas,
llevo mis manos al bolsillo de mi chaleco,
y cuando mis graciosos burladores espera
ban verme más corrido que una mona, yo,
con una sangre fría admirable — ! mi don
"II sinore será tan gentil que mi presta un momentillo ji suo retó...
supremo !—e increíble en mi por mí mismo,
finjo soltar el asa de la saboneta del mos
quetón de la leontina, y alargándoselo al
cavallero, doy a entender con un movimien
to rápido que el reloj, desde los dedos de
él, ha caído a tierra, ha volado por los ai
res, ha desaparecido, en una palabra...
Quedóse eí pobre hombre parado, mos
trando sus palmas vacías, y yo, entonces,
con un cinismo digno de Maquiavelo, pro
rrumpo en un aplauso cerrado que corea
todo el público, maravillado de la habilidad
y de la destreza del prestidigitador.
«Bene, bene, benisimo...—decía el hom
bre, un poco azorado y molesto.—Siete un
grande illusionista voi... Bene, bene... ; ma
donátemi il vostro reló, sinore...»
! Muy bien, muy bien !—contesté yo con
la mayor flema.—! No he visto en mi vida
escamoteo más limpio ! ! Es usted un mries
tro!... !Qué agilidad! ?Verdad, senores?
—pregunté a loá papanatas que me rodea
ban.» Y ellos, orgullolos con la alusión,
reventando de vanidad al verse convertidos
en primeras personas.
«! Oh, admirable 1—exclamaron todos. —
! No se ha visto nunca habilidad semejan
te !...»
«Ma, il sinor—lamentábase el prestíma
no, confundido— no m'ha donado su reló
ancora.»
Segunda carcajada y nueva salva de
aplausos, iniciada también por mi.
«Los senores lo han visto — afirmé yo,
agitando mi cadena con el abierto mosque
tón libre, y sin cesar de reir.—! Usted quie
re escamotearme de veras mi hermoso reloj
de oro !...»
—! Sí, si ; yo lo he visto! — chilló una
mamá a mi lado.—! Precioso !». (04e alu
día a mí?)
«LY yo 1—anadió una dama que defen
día su tercera juventud. — ! Lindísimo 1»
(! Diantre !)
! Todos ! Todos habían visto mi reloj ; y
todos lo afirmaban de buena fe ; verdade
ramente sugestionados por mi frescura, por
mi audacia y por lo naturalísimo del caso,
siendo este caso naturalísimo, no que yo
enganase al escamoteador, sino que él, con
sus artes brujas, nos enganase a todos nos
otros. Hubiérase tratado de una muerte, y
aquel pobre hombre habría ido a presidio,
al patíbulo quizá, empujado por el testimo
nio leal de cien ojos que no habían visto
nada.
Azoradisimo andaba el mago, temiendo
alguna de esas burlas imbéciles, a las que
son tan aficionados los sabios y los gracio
sos de pueblo — Liberanos, Domine! — y
cuánto más extremadas eran sus protestas
de inocencia, mayores eran la risa y la al
gazara y los aplausos, pues el ocultista re
presentaba con tan insuperable perfección
y con tal naturalidad su difícil papel, que,
contra lo que él no esperó jamás, obtuvo
por trágico el triunfo que él buscaba por
cómico.
Como todo tiene fin en este mundo, túvo
lo aquello también, con uno que yo busqué
para tan violenta situación ; y perdonando
la vida al Cav. Martinelli, le dije muy se
rio, vendiendo protección :
«Está bien ; no se apure usted. Mi reloj
ha desaparecido; ya parecerá al terminar
la función ; y si no pareciese, quédese usted
con él ; yo se lo regalo como premio a sus
méritos.»
Pretendió él, balbuciente, articular algu
na excusa ; pero yo clavé en el conturbado
tal mirada, prometedora de algo que no era
un reloj, precisamente, y muy crefWe en
quien había tenido• la desfachatez mía, que
el fascinador quedó fascinado por ella, Y ' comprendiendo acaso mi apuro, e inducién
dole yo a comprenderlo, púsose, al fin, de
mi parte, y con graciosos ademanes envió
me por los aires el reloj a mi casa, entre
los aplausos del público necio, mientras fin
gía devolvérmelo y yo aparentaba guardár
melo.
Así acabó aquella aventura, que tuvo un
colofón : una tanda de palos que metió mie
do; pues en cuanto me vi en la calle, me
lié a bastonazos con los graciosos organi
zadoreá de la bromita, para acabar de de
mostrarles que yo también entendía algo de
juegos de manos. Y al día siguiente, en
cuanto rescaté mi reloj, cumpliendo lo ofre
cido, se lo envié al Cav. Martinelli, con una tarjeta mía, en la que escribí :
«Lo prometido eh deuda. Recuerdo de su
colega de anoche.»
(.1
r nn
La indiferencia, desdén o menosprecio que
se guarda hoy para el romance de ciego,
es a todas luces injusto. Enhorabuena que
eh nuestros días haya pasado a ser un vehl-,
culo de truculencias, propio para explota
t•ión de almas cándidas, pero no debe con
siderarse el género por su valor actual,,sino
por lo que representa.
Tiempo atrás era la fuente que suminis
laba al pueblo un pulimento a su incultura.
rla el documento que le facilitaba noticias
y coMx•imientos, que de otra suerte no po
día proporcionarse.
Por doquiera el romance u hoja popular
es tan antiguo como la misma imprenta.
Los antiguos estampadores, además de im
primir libros que ansiosos buscaban los es
tudiosos y todas las personas dotadas de
cierta cultura, imprimían ya para el pueblo
una serie de hojas que por su materia y por
su estilo eran adecuadas para servir de pas
to espiritual a las multitudes.
En ciertas comarcas la única fuente de
instrucción del pueblo ha sido la ensenanza
de la Doctrina Cristiana, y como en algunos
pueblos rurales eran muchos los que sabían
el catecismo pero no todos aprendieron a
leer, descollaban y entre el vulgo cobraban
fama de eruditos aquellos que llegaban a
ta.verséito14.~A,
EN QUE SE. DECLARAN MOS. DOCVMI NIOL YCO1.11E205 OJI IdrnIECIPOLDCe
leeEn. "P'"'" e L>I0e ) al* hijo CA11,05.,111. de
Aedo.. Er• kene,i .ea« Uldeparda) eai,rneo da ale
da Y tepa,
y .1sÇ.oa5. do Eleada,
f Ingrama FlipAolre, celyjiteé.e., Á mil,.
S, •i,..,.A.* I. C1aloi.l.Ido4ernele. d.bi•l.l. fe. y Aanteiekfqemtdeel ir q.o.ameanule ttablus
ea eruouua.life-aa. at eer :n I. *4 unederlan~ 'Ion., vomite ounve,,i4 le, alciaY.P.,roe''''.. ",..., rakea•E4.44 . ay alabo au...loa/
nana Mame el. krdalem• •
.
• •
— la* 4frepereeelmer,
"rereebo.re.....
deletrear. Iban al mercado o feria de la ciu
dad vecina y allí no faltaba un librero que
expendía los romances que un ciego cantó
días atrás. Persdna que sabía leer y podía
proporcionarse un romance nuevo, equiva
lía al caso de hacer que entrase un rayo de
luz en una habitación a obscuras ; era lo
mismo que dar de beber a un sediento, con
la ventaja de que satisfecha la necesidad se
gozaba en hacer partícipes a sus convecinos
de aquella novedad aprendida. Por esto no
era raro el contemplar una escena donde el
rapsoda con el romance en mano iba satisi
faciendo la curiosidad de sus oyentes.
Nada digamos del espectáculo que se
ofrecía en un pueblo rural, cuando entraba
por sus arrabales un ciego rasgtieando la
guitarra y cantando coplas.
Claro está que nos referimos a pueblos o
a tiempos anteriores al actual modo de ser
del romance que únicamente reproduce cu
plés, zarzuelas y desgracias. Como por for
tuna se han extendido las escuelas hasta los
más apartados confines y por ende ha cre
cido el número de los que saben leer y co•1
mo la difusión de la prensa ha venido dis
minuyendo el público de romances, para'
servirles a los lectores noticias y cantos en
pcpir VQLEROO SERRA Y BOILDL-1
otras hojas periódicas, ha ido decreciendo
el radio de acción en que se movía la hoja
popular que conocemos con el nombre del
romance de ciego, por cuyo motivo antes
de que desaparezca de nuestras costumbres,
OBRA NUEVA
T Ida CINTOS» PACA itEnt Y MESAR M'Ara
Cuenta IQ que leeneouteciá i un Soldado con un Gama
li!C le IlCvó Una libre& atan, y aun.mena otra librada
ternera , y las aroenaana que el Soldado , y mota Finten
Getp, al modo del romanceque dice, mira Znyde que
a aviso. torro romance que en respuesta
di el Gato, conun Villan
cico al fin.
CIMpuetta nuevamente porluan Contaba.
As Lasaria , naturaúld la VJIU da
iaisa
CON LICENCIA.
Barcelona :Por Juan Jolis cmi la ah:,
(lelos Algodonar».
vamos a dar una idea de la vida que cobró
en tiempos pretéritos.
* * *
Las composiciones objeto de los roman
ces eran lfricas.o narrativas, en prosa o en
verso. Si eran prosa, contenían la narración
de un suceso. Si versos, lo mismo podían
ser para explicar un acontecimiento que pa
ra ser cantadas.
Cuando se destinaban al canto conviene
advertir que se acompanaban con la--Vai
tarra, en cuyo caso recibían tales hojas los
nombre de Jácaras, Rondenas, Relaciones,
Romances, etc.
El metro generalmente usado era el oc
tosflabo sin que esto quiera decir que no se
usasen otras medidas como el verso de seis
y el de diez sílabas y aun el endtcasllabo,
todos ellos en sus variadas combinaciones.
Un tiempo fué que en cítara sonora
gloria y amor el trovador cant4,
brilló en la lid su espada vencedora
y lauros mil a la beldad cantó.
(Pamplona : Imp. de Longás y Ripa.)
ROMANCE,
DE COMO El, CONDE DON RAM(¦N DI: l'ARCE:UN/
»O al. Luderetna de Alemania, que la tedien para quemar,
coa todo /o domar e.vare elcerio.° Letor,
E°ea (lempo 're reynne
eleClonla"17:41:e'roo"OT
dor Je la erre nerle.
En Reree oo.le grand,
quo por my. reme
euava. fiemo de Jotor
ve Etaenderont,a,
**ala en Morara.
Iloger con nn Creallero
bata amarte~pende;
al ea verdad Claveteo»
Cuando el objeto del romance era la na
rración de un suceso, empezaba. invariable
mente por llamar la atención del auditorio
o por reclamar el auxilio divino :
A Vos, Virgen de Belén,
el menor de tus esclavos,
a vuestras divinas plantas
llega rendido y postrado,
a pediros gran senora
vuestro auxilio soberano,
para poder dar noticia
del más horroroso caso,
y maldades más horribles
que ha executado un cristiano.
(Imp. Viuda Pla. Barcelona, 1833.)
Uno de los géneros líricos Muy cultivado
• fué el de glosas o trovas, es decir, aquellas
composiciones que empezaban con una cuar
teta que luego era incorporada verso a ver
so al final de una copla glosando el mismo
asunto :
Si the das un ramillete
revuelto con tu carino,
le daré a tu corazón
la prenda que más estimo..
Mi corazón de ti aufente,
Inste espera prenda mía,
pues digo de aquesta suerte
te querré más que a mi vida,
si me das un ramillete.
(Imp. j. Estival. Barcelona, s. a.)
MUNDO IBRRICO
©hl
LAS'.CAMARELLAS.
sum~azi~~«,
COBLAS
PER CANTAR LAS ¦IIINYONAS
Ni que decir tiene que abundan mucho los
cantares y aun las décimas.
Se podría escribir un interesante capitulo
fijando la paternidad de los romances que
se han popularizado en Espana. Algunos
autores gozan hoy de la inmortalidad, si
así podemos' decir de los que tienen levan
tado un monumento y alguna que otra ca
lle dedicadas en muchos pueblos. Otros son
compuestos por bohemios, a cambio de unas
pesetas en tiempo de hambre. Escalada ya
la fama por esos autores, queda en dichos
romances el sello de buen gusto, ciue les
distingue de otros realmente detestables.
* * *
Entrando en la materia de que están com
puestos los romances, *debemos senalar en
primer término la historia, es a saber la
narración de hechos : Batalla de Lepanto
(Viuda Pla, Barcelona). Elogio de prínci
.pcs: Isabel Cristina de Brunswich (Altés,
Barcelona). Enlace de soberanos : Boda de
Fernando VII y María Cristina de Sicilia
(Estivill, Barcelona).
• Al lado de los hechos históricos pueden
agruparse los legendarios : Romance de có
mo el Conde don Ramón de Barcelona libró
a la Emperatriz de Alemania, que la tenían
MUNDO IBERICO
para quemar, con todo lo demás que verá el
curioso lector (Jolis, Barcelona).
Las guerras carlistas, los actos políticos,
pérdida de Colonias del pasado siglo, etc.,
como no podía menos de suceder, tuvieron
también su divulgación en romances.
Un renglón muy abundante, como no po
r día tampoco ser de otro modo, es el que
hemos de llamar de costumbres. No se enal
RELACION"
VERDADERA DETODO LO
SVCED1D0 EN EL SITIO DE
SEGEDIN.Y C1,14C0 IGLESIAS
DECL4jtINDQT0b0 LQ'SFCEDIDO
dIrle
LAVIDA DEL PASTOR.
Alipee Yade . qua/ pedo.
sean boU
=1:112 rh." V.."'
1101.T CURIOSA
11111«ceiou.Pcu RJACi ramez6.1 lo, AiceelCófen.Ake
tece, en ellos la manera de desarrollarse la
vida en un sector especial de la sociedad, ni
un período o época determinada del ano, an
tes bien se presenta un aspecto pintoresco
de una fiesta, como lo relativo a las cos
tumbres ciudadanas en época de Carnaval,
en tiempo Pascual con`las caramellas, To
dos s los Santos, Jueves lardero, Navidad.
O bien se pinta un singular aspecto de la
vida característica de la gente de ciertas
calles o plazas, o se relata la vida penosa
de los labradores, o la sedentaria de los pas
tores o las picardías y travesuras de los es
tudiantes no menos que las de los solda
dos. El género tiene variadas ramificacio
nes a cual más interesante.
Una 'subdivisión podría formarse con los
descriptivos de viajes, de ciudades, de pue
blos, de gentes, ya reales o verídicas, ya
imaginarias (Jauja, Barcelona, Marruecos,
calle del Hospital, Mercado de la Bogue
ría, etc.).
Los inventos modernos tienen su aparta
do como las Canciones del Ferrocarril (Ma
drid. Imp. Marés, 1851).
Por lo mismo que el pueblo es religioso
de sí, este asunto es tratado extensamente
en romances que alimentan su fervor. Mu
chos versan sobre asuntos bíblicos ejempla
DE LA VIDA DELS l'ASTORS,
ell QUO{ Ideal/UTA LOS TillIALLS T SUMA CORBATA
no.*en tu SI'. Se loar Asuma
,dreee1.1 Libe •IN.
hljeljr;:de
S«da boda y ...Al
deieateb
res como la historia del Diluvio universal,
del hijo pródigo, de Tobías, de los Maca
beos ; otros representan determinados mo
mentos <le la Pasión y Muerte de Jesucris
to, algunos son sobre temas piadosos para
excitar la religiosidad de los lectores u oyen
tes, como los Polores de la Virgen, Via
Crucis en verso, etc.
Los cantos populares propiamente tales,
es a saber, aquellos productos ancestrales
de la musa popular transmitidos por la tra
dición oral de padres a hijos, cuando han
llegado a tanta popularidad que son del do
minio público, suelen ser perpetuados tam
bién en romances de ciego. Díganlo sino El
Conde Alarcos, El Corregidor y la Moline-.
ra, Roseta Tallavt, flor del pésol agraciada,
etcétera, etc.
El pueblo crédulo alimentó su fe y su ig
norancia con hojas propulares de las que
unas le dieron alientos de vida y otras en
venenaron su alma con paparruchas y su
percherías. De aquí las que tratan de inter
pretación de los suenos, las que profetizan
acontecimientos, las que descifran mitos y
creencias vulgares, etc.
Un ciclo muy interesante lo formaron
aquellas narraciones romancezcas dedica
das a contar con toda suerte de pormeno
res, las peripecias que les acaecieron a unos
particulares o a unos soldados que fueron
hechos cautivos por los moros o por los ene
migos de su patria. En ellos el numen de
su autor se esfuerza en pintar desdichas, y
abundan aquellos casos en que después de
mojar la pluma en sangre, puede hacerlo
para pintar también con los más vivos y
fuertes colores una intervención sobrenatu
AMI.
1 9,rittol, DIVERTIDA
DE LA-VIDA DE
JUAN SOLDADO,
MeUNTARLOS anaanooa
ce. lema,Le,
0:u*
-
la • Ida da lea& Ileddade bdUer.r.d diedo le dele
..41=de diIdIde
ral que trueca en gloria y albricias las pena
lidades de la prisión y del martirio.
No digamos de la crónica de desgracias
que es muy numerosa. Ladrones, raptos,
crímenes, fusilamientos, inundaciones, pes
tes, todos tenían su poeta, mejor dicho, su
editor, poco escrupuloso, que lanzaba a los
cuatro vientos uná historia fiel o amanada
de un suceso terrorífico con objeto de con
mover al cándido auditorio. Aun anos des
pués de su prístina popularidad hemos vis
to grandes cartelones exhibidos por un cie
go que expedía el romance de Juan Por
tela :
Escuchen, senores míos,
les diré de Juan Portela,
el ladrón nyís afamado
de la gran Sierra Morena.
(Imp. ,Llorens, Barcelona ; La Fleca,
Reus, y otras muchas imprentas han edita
do y reeditado constantemente esta rela
ción, vulgar y chabacana.)
Y como en la vida no todo han de ser
desgracias y notas tristes, cuantas veces los
ciegos expendedores de romances y canto
res de notas sentimentales acababan exci
tando la hilaridad de sus oyentes con una
canción fácil y extravagante. Sobre todo
cuando presentaban casos imaginarios y
ejemplares de fama grotesca. Estragos de
* * *
12
un caracol, La fiera malvada, La pulga fe
nómeno, Batalla de un león ...et ejusdem
furfuris. El público reía estas simplezas, y,
lo que importaba a cantores y editores, com
praba el romance.
Pasaron para no volver los tiempos del
romance. A los que sistemáticamente con
LA FIERA MALVADA
Relación del Ivorrnroeo en.o aue *acedia
d. dele de leruadidd de km *Ondee• que Aleo mefiero nwlvedow
ANIMAL MILVE•TRIC,
lepreassle lada. ,eer real...Id deele eme.. ageadeladde
d. ese d.* ed meeltes de nede clase de ealwa.e. ne.
denan toda moda antigua, porque ya los
tiempos son otros, hemos de decirles- que
antes de anatematizar del romance de cie
go, deben establecer una distinción : la
del romance hecho de buena fe y la del es
crito y editado por imperio de las circuns
tancias, en cuyo caso logró vida efímera.
Pero no podrá en modo alguno desecharse
cómo cosa baladí la hoja popular que divul
gó la historia, la leyenda, el libro dé caba
llerías y el cántico que en su grado ayudó
a la cultura.
Item mds, los romances de ciego tuvieron
su época buena que les separan de la dege
neración del romance actual, escrito por plu
mas indoctas y poco escrupulosas, que por
fortuna están impresos en un mal papel, a
diferencia de los romances de ciego que en
sus buenos tiempos se imprimían en exce--
lente papel de hilo ode algodón con graba
dos al boj que todavía hoy constituyen una
golosina bibliográfica y artística que no po
drán pasarse en silencio cuando se trate de
historiar el grabado en talla dulce.
Ante el mal papel y los mecánicos foto
grabados actuales que desaparecerán, que
ULTIMA VOLUNTAD Y LLEGITIII
TESTAMENT,
'Al. 1101.T 110,111.1
CARNESTOLTAS,
4. lo cual &amasa lo acu enterco
quedarán destruidos dentro de pocos anos,
podrá oponerse para defensa del romance de
'ciego, tal y como llegó a cautivar nuestra
atención y aún a merecer nuestra conside
ración, toda la hermosa colección que gra
cias a sus grabados, a su asunto y a su in-)
.presión sobre excelente papel, resistirán to
davía algunos centenares de anos la acción
del tiempo.
t 2
ECUE
EIn Has CoHesHatas de Játilva y Garndiia
Tabla de San Agustín ySta. Mónica en el tríptico de
lacomart, pira la Capilla de Calixto III de la Seo
de látiva
Fueron los Borja una nobilísima estirpe
cuyo glorioso apellido va engarzado con la
historia medieval de nuestra amada Patria.
Períodos hay en los siglos xv y xvi, en que,
con su talento y sus virtudes, lo llenaron to
do, no sólo en la historia regional del antiguo
reino valenciano, si que también en los ana
les de Espana y en la historia mundial—su
blasón borgiano se posó en templos, monas
terios, alcázares y palacios ; y el eco de su
justa fama irradió desde el solio pontificio
hasta la joven América.—Entre la pléyatle
admirable de ilustres purpurados y guerre
ros de las dos ramas hermanas de Játiva
y Gandía—allí desde los pontífices setaben
ses y aquí después de los duques reales
descollaron, en la una ciudad clon Alfonso y
don Rodrigo de Borja ; y en la otra el gran
prócer de Carlos V, don Francisco de Bor
ja, el Santo Duque, que supo trocar la es
pada por la cruz en su retiro del claustro.
De estos y otros personajes borgianos, se
guardan en las antedichas ciudades levan
tinas valiosos recuerdos testimoniando su
gran piedad y sus patrióticos amores, es- .
pecialmente en sus artísticas colegiatas, de
las cuales, ant s de ahora me ocupé ya en
Clichés del mismo autor
Per CARLOS SARTHOUJ CARRERIES
libros y revistas (1). Apuntaremos aquí al
go de ello, aunque muy a la ligera.
No es mi pobre pluma la predestinada pa
ra cantar las glorias de aquellos grandes
patricios ni menos aún reividiricar su fama
ultrajada (2). Quede tan grata tarea para
(t) «Geografía general de Valencia», t, mo II,
págs. 377 a 404 y 464 a 493. (Barcelona, A. Mar
tín). — «Blanco y Negro», núm. 179o. Madrid,
1924. — «La Hormiga de Oro», Barcelona, núm. 14
de 1926. — «Boletín de la S. E. de Excursiones»..
Madrid, tomo 24 de 1926. — «Guía oficial de Já
tiva», 1925.
(2) Es abundante Ja bibliografía borgiana espa
nola y extranjera, pero en ella debe entrar el escal
pelo de la crítica histórica. Entre otras innumera
bles publicaciones de admiradores y de detractores
de los Borjas, podemos recordar en esta nota las
siguientes : R. Chabás : Alejandro IV y el Duque
de Gandia (en el tomo VII de «El Archivo», Va
lencia, 1893), P. A. Cardenal Cienfuegos : San
Francisco de Borja (Madrid, 1726), Marqués de
Laurencin : Festines que• se celebraron en el Va
cano con motivo de las bodas de Lucrecia Borgia
(Real Academia de la Historia, Madrid, 1916),
M. Oliver : I). Rodrigo de Borja (Alejandro VI)
sus hijos y descendientes (Boletín de la Real Aca
demia de la Historia, tomo IX, Madrid, 1886),
J. Sanchis Sivera : Notas para la historia de Ale
jandro VI (Valencia, 1919), A. Ademollo : Ales
sandro VI... (Firenze, 1886), D. Cerri : Borgia
ossia Alessandro VI papa (Tormo, 1858), Leonetti :
Papa Alessandro VI (Bologna, t88o), M. Menotti :
Docttmenti inéditi sulla famiglia e la Corte di Ales
sandro VI (Roma), G. Apollinaris : La Rorne des
Borgia (París, 1914), E. Bertaux : Monuments et
souvenirs des Borgia dans le Royaume de Valcnce
Puerta ojival de la Colegiata de Gandía
MUNDO IBERICO
GII LikfloS
Tabla central de Sta. Ana en el 'tríptico de Jaco
mart, capilla de Calixto III en la antigua Seo
de Játiva
las prestigiosas firmas que se imponen tan
plausible tarea, muy superior a las modestí
simas pretensiones de un artículo de revis
ta, de mera divulgación artística, sin pre
tensiones de erudición histórica.
En Játiva y su baronla de Canals (la To
rreta), están las Casas solariega y natalicia
(«Gazette des I3eux Arts», París, i9oR), L. Cellier :
Alexandre VI el ses enfants en 1493 (París), Cle
ment : Les Borgia, Ilistoire du Pape Alexandre VI,
de Cesar et de Lucrece Borgia (París, 1882), E.
Cebhart : Les Borgia (París), L'Epineis Alexan
dre VI (París, 1881), H. Motagne : Une rehabili
tation de Alexaruire VI (Crítica del libro de Oli
ver, París, 187o), Le Cardenal R. de Borja: Re
ponse au R. P. 011ivier (París, 1872), 011ivier : Le
Pape Alexandre VI et les Borgia (París, 1870),
Ch. Iriarte : Autour des Borgia, Les Monuments,
Les Portraits Alexandre VI, Cesar, Lucréce, Les
Apartaments Borgia au• l'alicata (París, 1891), J.
Brosch : Alexander VI... (München, 1875), J. Bur
chardi : Un extracto de los documentos del archivo
del Duque de Osuna de Madrid, relativos al Car
denal D. Rodrigo de Borja y Borja, sus hijos y
descendientes primeros duques de Gandia, facili
tados por el Sr. Cánovas del Castillo al dominico
P. Bayenne, C. R. von Hoefler : D. Rodrigo de
Borja (Wien, 1889) Lord Acton : The Borgias and
their latests Historian (1907), Marqués de Villa
Urrutia (de la R. Academia de la Historia) : Lis
crecía Borgia (Estudio histórico), Madrid.
.>
MUNDO IBERICO
de los Borjas, sus enterramientos en los
templos colegial y monacal de San Francis
co, el monumento a Calixto III, sus escudos
por doquier y otros evocadores recuerdos.
Pero donde más latentes aparecen estos re
cuerdos de los Papas setabenses, es bajo
las altas bóvedas de la Colegiata actual. En
la primitiva Seo gótica, cimentada en el so
lar de la mezquita, hubo una capilla que
mandó edificar el cardenal don Alfonso de
Borja (después Papa Calixto III), dedicada
a Santa Ana, y cuyo patronato sobre la ca
pilla llevaba anejo el derecho de sepultura
para los padres del purpurado, allí enterra
dos y sus hermanas dona Juana (medianera
de la obra) y dona Isabel (madre de Ale
jandro VI). Tan fastuosa obra del siglo xv
—de cantería gótica y primorosas labores
fué derribada para la terminación de la.ac
tual colegiata ; y sus artísticos restos se
conservan en el museo municipal de Játiva.
Consisten en ya decapitadas estatuas ;
elados de flora ; parte del arco toral ; el
florón-calvario de la bóveda —; el escudo
borgiaqo con su ángel sustentante; un men
sulón y otras piezas. En la Seo, se admi
ran todavía las principales tablas del políp
tico admirable de Dime Baço (a) Jacomart ;
o sean las centrales de San Agustín, Santa
Ana y San Ildefonso y dos secundarias
del Bautismo del primero y de la casulla del
último; habiéndose perdido la espiga, pie
della y polsera si la tuvo, así como la pri
mitiva tnarquetería dorada del retablo (3).
Además de este retablo, que es, sin duda,
lo más notable del siglo xv en tierras va lencianas, se guarda en la Colegiata de Já
tiva una bella puerta gótica con blasón pon
tificio del Papa Borja (tiara con triple co
rona y la cruz); más algunos escudos bor
gianos en los enterramientos de la nave po ligonal del trasagrario (como el del arzobis
po de Terano, don Juan Borja). El retablo
prerafaelista o relieve escultórico de «La
Pietá» que se supone envió desde Roma
Alejandro VI por conducto del pintor Paolo
di Sancto Leocadio di Reggio. La arqueta
marfilena, arte veneciano de los Em.bricchi,
renacimiento italiano siglo xv remitida des
de Italia por Calixto III, con reliquias para
la Colegiata de su Patria. Un cáliz ponti
ficio que se dice del mismo Papa. Unos re
licarios góticos filigranados en forma de
custodias altas, de pie, muy semejantes pe
(3) Véase el artículo subte esta capilla publi
cado en «A. B. C.» extraordinario de enero 1923 (Madrid).
Arqueta marfilena renaciente de taracea italiana enviada a la Seo de
Játiva por el pontífice Borja
Puerta blasonada en la Seo, procedente de la Capilla pontificia de Calixto III, hijo de la Ciudad (siglo XV)
ro el uno más esbelto que el otro. Y algu
nas otras alhajas que pregonan el carino de
los preclaros pontífices setabenses hacia la
iglesia colegial do recibieron las aguas del
bautismo. En esta Colegiata se respira su
recuerdo por doquier. Apenas traspuesta la
puerta ya vemos sus retratos en los dorados
medallones del trascoro; retratos que se re
piten en las. grandes vidrieras policromadas
de los elevados ventanales de la nave cru
cera; en los esbozados lienzos de la sala
Capitular y en la tabla extrema del tríptico
calixtino donde retrató Jacornart al
cardenal don Alfonso de Borja en
actitud orante.
Más aún.: con Alejandro VI es
muy posible que tenga relación la
grandiosa custodia gótica procesio
nal de plata dorada—arte catalán
de fines del siglo xv con restaura
ciones hechas en el xvu por Pedro
de Avendano, probable autor del
araceli, ángeles orantes y capite
les laterales. — Porque esta cus
todia setabense — la mejor pieia
de orfebrería después de su sober
bia cruz procesional de esmaltes —
se .adorna de la misma tradición
que la incomparable y gigantesca
custodia de la Catedral primada de
Toledo; esto es, que se fabricó con
Ja primera plata traída por Colón
de América, entregada al rey ca
tólico don Fernando de
Aragón, enviada por éste
al pontífice setabense Ale
jandro VI y ofrecida por
el Papa espanol a su Pa
tria para Cristo sacra
mentado.
Trasladémonos ya de la
ciudad de los Pontífices a
ciudad de los Duques : de
Játiva a Gandía. Pero una
vez aquí pasemos de lar
go ante su Universidad,
fundada por el Duque de
San Francisco, ni nos de
tengamos tampoco en el
palacio ducal de los Bor
jas, que nos dió tema su
gestivo para anteriores ar
13
tículos (4). Su arquitectura, pinturas, bla
sones, muebles, retratos y todo, nos habla
allí de los Borja como un libro abierto de
su memorabe historia, como preciado reli
cario de su glorioso pasado ; especialmente
de aquel Santo Duque, al recorrer del pa
lacio sus galerías, patios y escaleras, su des
pacho: el oratorio, el dormitorio, el museo
(4) «La Esfera», de Madrid, núm. 207 (diciem
bre 1917) ; «La Hormiga de Oro», de Barcelona,
núm. 46 (noviembre de 1925), y otras.
Tabla de Sen Alfonso con el retrato del Cardenal Borja (luego Calbcto III)
en la Seo de Játiva
14
Tabla del polfptico de la Ermita de Santa Ana
de los Borlas
biblioteca y otros salones, pensamos encon
trarle allí o salirnos al paso, contrito y re
pitiendo su histórica frase : «! No más ser
vir, no .más servir, a Senor que pueda morir!»
Aunque toda Gandía nos hable de sus du
que borgianos (5), recluyámonos en su be
llísima Colegiata de la cual fueron sus Pa
tronos y entre cuyos tesoros de arte cris
tiano retrospectivo descuellan los recuerdos
de su piadosa historia, comenzando por la
pila bautismal de San Francisco de Borja.
El interesante templo ojivo, data de la se
gunda mitad del siglo xiv. Comenzáronlo a
construir los duques reales, pero lo prolon
gó y terminó hasta el coro e imafronte, !a
duquesa viuda de Gandia (6). Las bóvedas
de la gran nave son de crucería, con bellí
simos llorones en sus claves ; las cinco pri
meras historiadas con imaginería cuatrocen
lista o blasones heráldicos de los duques
reales, y con escudos borgianos de Alejan
dro VI, los cuatro restantes, sobre el coro
y obra complementaria del templo. La puer
ta principal del mismo se adorna con esta
tuaria de Forment ; y en el arquitrabe, bajo
el tímpano, se repite, en tarjas italianas de
aspecto renaciente, el escudo de la ante
dicha viuda dona María Enríquez. El re
tablo mayor es obra admirable del citado
Pablo San Leocadio de Reggio, pintor del
papa Borja, que vino a Espana asalariado
por la duquesa de Gandía para pintar este
retablo de la Colegiata y otros varios ,(7).
(5) Dice el docto académico (e ilustre setabense
adoptivo) Dr. D. Elías Tormo Monzó, en la pá
gina 229 de su erudita Gula de Levante (Madrid :
Calpe), que la historia de Gandía es la de su Du
cado, o sea «desde 1485, los Borjas, comenando
por los dos hijos mayores de Alejandro VI, D. Pe
dro Luis y D. Juan el asesinado en las aguas del
Tíber. El nieto del segundo fué San Francisco de
Borja (1510-1572), cuarto duque de Gandía (entre
los forjas), tan gran magnate en la corte de Car
los V y después jesuita y general tercero de h
Companía. En Gandía nació, vivió, fundó institu
ciones y gobernó sus estados con singular celo pre
sente o ausentes'. (Este ducado de Gandía dependió
de la Gobernación de Játiva.)
(6) «La piadosísima Dona María Enríquez, viu
da de los hijos de Alejandro VI, la regeneradora
de la estirpe», como la llama D. Elías Tormo en
la misma página 229 dé su citada «Guía .de Le
vante».
(7) Mediante escritura de contrato fechada en
15o1 y conservada en el archivo de los Duques de
Osuna, de Madrid.
probable -fundación
Es gigantesco con talla y escultu
ra de la Virgen, dorada, obra pri
morosa de Damián Forment. En
sus 27 pinturas, muestra los Dolo
res de la Virgen en las siete ta
blas centrales, el Calvario en la es
piga y otros temas varios en la pol
sera, constituyendo en conjunto un
jalón muy estimable para el estu
dio crítico de la historia del arte
pictórico en Espana por ser este
retablo un óleo prerrafaelista de
inestimable interés artístico.
En el mismo templo se conservan
dos lámparas de plata repujada que
regaló el cardenal don Gaspar de
Borja (8). Más un terno bordado
en oro sobre lama de plata con es
cudo del Santo Duque. Un cáliz re
galado por Alejandro VI. Y un ad
mirable relicario renacentista, de
oro y esmaltes, valiosísima pieza
de orfebrería italiana, que, en opi
nión del docto profesor senor Tor
mo Monzó, bien pudo haber sido «un espejo
de Lucrecia Borja, antes de donarlo Ale
jandro VIJ su padre, a la Colegiata».
Sin salirnos de los estrechos límites de
dos templos y sin descripciones ni comen
tarios hemos apuntado algo, de lo mucho
y bueno que decirse puede sobre el tema de
este artículo ; y aun sin hacer excursión a
la catedral de Valencia y al Vaticano de
Roma, hemos agotado el espacio concedido
por la hospitalidad de MUNDO IBÉRICO y la
benévola atención de sus lectores.
Si los anhelos de esta revista son entre
otros no menos nobles, dar a conocer la
Patria ante el mundo entero y ante ella mis
ma..., mejor que los grandes monumentos
ponderados ya por Guías y revistas, vaya
mos divulgando aquellos tesoros de arte y
aquellos detalles históricos que, no por que
dar al margen de las rutas del turismo, son
menos dignos de ser conocidos, como los
antedichos recuerdos de los Borjas en sus
risuenas ciudades nativas.
Játiva y agosto de 1926.
(8) Su retrato en Gandía, pintado por Veláz
quez, se perdió ya ; pero se conserva una copia
en la Catedral de Toledo.
VERDADES AMARGAS
Los Saltos del Duero
Por RIBERA-ROVIRA
Portugal, como Espana, ha fundado su
industria sobre bases falsas. De ahí su vida
precaria, amparándose en el arancel. No te
nia materias primas ; faltábale carbón, hie
rro y medios de transporte, y empenóse en
crear una industrias. Levantó fábricas, con
trató operarios w técnicos extranjeros, im
portó las fibras textiles y la maquinaria,
compró carbón a Inglaterra... y se hizo la
ilusión de poseer una industria -propia, ge
nuina, nacional. Empezó por donde tenía
que acabar.
Primeramente, debía cultivar el algodón
en sus colonias, aprovechar la enorme ener
gía hidráulica de sus ríos, crear electricidad,
extraer de su suelo el hierro y el carbón que
posee, hacer altos hornos.., y después, con
MUNDO IBERICO
esta primera base indispensable, establecer
su industria y fabricar telas de seda, lana y
algodón para vestir con ropas propias, de
centes y económicas el cuerpo escuálido de
ese buen pueblo que va simplificando poco
a poco su comida hasta reducirla a una re
banada de broa y su indumento a la suma
rísima tanga congolesa que en invierno ha--
brá de ocultarse bajo el tradicional varino
de surrobc:co o zaragoza.
Así va viniendo asustadoramente, para
Portugal, la débacle. Todo se desvaloriza.
La moneda no vale nada ; los campos no
producen nada o si producen, no bastan a
alimentar someramente una población que
el alcohol, la tuberculosis y la sífilis han ido
depauperando— víctima del hambre y del
Trópico—y que toda su presencia en el mun
do la debe a su Epopeya pretérita y a la
grandeza actual de su espíritu, tan magní
fico en la gloria como en el dolor.
Un pueblo así que vive de caridad, de la
suscripción pública—el hambre en el Algar
ve, la miseria en las Azores—asolado, ade
más, por la impiedad del destino y por la
plaga burocrática, bajo la losa de plomo
del Fisco y el desgobierno de los incapaces,
es fácil presa de los agiotas y usureros in
ternacionales. Sus riquezas naturales son
codiciadas ; los restos de su patrimonio da
dos al mejor postor. Es el momento de las
pingües operaciones. Con un punado de oro
inglés, espanol o yanque se puede comprar
el cielo y la tierra de Portugal. Minas, ríos,
ferrocarriles, tabacos... todo irá a manos de
extranjeros. Y un pueblo de tan encendido
patriotismo, de tan noble orgullo racial, de
tanta vergüenza nacional como el portu
gués, irá descendiendo en su apatía—que
es el engano ledo e cego de los suicidas
hasta verse extranjero en su propia casa.
Un consorcio espanol se ha apoderado de
la mayoría de acciones de la Companía fe
rroviaria de la Beira Alta, otro consorcio
bancario trata de realizar, con dinero por
tugués, naturalmente, las obras formidables
que los Saltos del Duero requieren para que
pueda aprovecharse... en Espana la energía
del río luso-espanol. Y de este modo, unas
veces ostensiblemente por mediación de la
banca y otras veces subrepticiamente por la
acción persistente y tenaz del contrabando,
Portugal va empobreciéndose cediendo por
unos céntimos lo que vale contos de reis a
los extranjeros que saben embaucarles con
cuatro frases hechas extraídas hábilmente`
del clásico repertorio peninsular y propina
das opcirtunamente cuando se trata de re
dondear un buen negocio.
Portugal se empobrece. No es ya la tre
menda desvalorización de su moneda que
una circulación fiduciaria verdaderamente
abrumadora agrava cada ,,día: es, además,
su déficit cerealifero—en 1926 tuvo que im
portar más de 270,000 toneladas de cerea
les, — el derrumbamiento de sus mercados
para los vinos de marca—en un quinquenio,
de 1922 a 1926, sólo la región vinícola del
Duero produjo más de 300 millones de li
tros de vinos generosos, que no hay medio
de sacar de las bodegas,—y e, finalmente,
la importación de manufacturas que sobre
pasa el 8o por ciento del consumo total. A
esta situación precaria de la metrópoli, hay
que anadir las necesidades coloniales que
absorben, sin compensación inmediata, su
mas enormes del erario público—el financia
miento de Angola, la crisis de Mozambique,
s1
113
MUNDO IBERICO
los socorros por las catástrofes de Macau,
Cabo Verde y Azores.
Las estadísticas dicen que la tuberculosis
y otras enfermedades contagiosas que arrui
nan físicamente a la nación, se escampan y
aumentan pavorosamente ; dicen que dismi
nuye cada día la robustez, la aptitud física,
de los mozos que son inspeccionados para
el servicio militar ; dicen que crece la cifra
de la mortalidad general y disminuye la de
la natalidad, hasta el punto de que, duran
te los últimos anos son más los portugueses
muertos que los nacidos ; dicen que es cada
.vez mayor el número de ninos nacidos muer
tos y hasta ek de las esperanzas de nuevas
vidas asesinadas criminalmente antes de ver
la luz... «Portugal—escribe Quirino de Je
.sús—que podría sustentlr más de 18 millo
nes de habitantes prósperos, ya antes de la
guerra no tenía recursos efectivos, en su in
terior, para conservar su tan sobria y casi
humilde población, que no llega a una ter
cera parte de aquélla. Después de la paz,
esos recursos son todavía más precarios. Su
pobreza relativa, amparada por sus colonias
de emigrantes, se ha acentuado mucho más
durante este período, tal vez más trágico
para nosotros que el de la guerra. Así pudo
suceder que de 1921 a 1924, mientras su
exportación era 36 por loo menor que la de
1911 a 1913, su importación, en cambio, fué
apenas inferior a la de este trienio en un
12 por loo. No fué debido esto a que nues
tra balanza de pagos recibiera más oro por
gastos de excursionistas extranjeros, inte
reses de capitales invertidos en títulos de
otros países y fletes de marina mercante.
Fué sencillamente porque fuera del país ha
bía más portugueses trabajando para acu
dir a nuestra penuria y miseria. Si todo
continúa como hasta aquí, nuestra emigra
ción definitiva y temporal excederá a cien
mil personas por ano, para costear la es
trechez y mezquindad de la vida que la po blación cada día más exigua viene arrastra -
do por este abandonado solar patrio. Que es ló que sucederá cuando el Estado ya no pueda mantener su comunismo estéril y de
vastador con aumentos de tres o cuatro mi
llones de libras en la deuda fluctuante, por
cada gerencia,»-
Esa deuda fluctuante importa 26 millones
edbneraslei.lbr!eaxLstareasmntejoerlnriotna.ansaTeonetsaellf:opr5amoísi,dmayiblll2oe4nyemsoildbloescnuelis
rece todo el horizonte nacional ! — exclama
duínsimcoamceanrtgaari,sthaayluqsuiteanhoa. ceSrobinrecideisrtael ppeessao
enorme del déficit del presupuesto de 1926-
1927, que no será inferior a tres millones y
medio de libras esterlinas. Un desastre.
* * *
Es en estos momentos de angustia que Portugal se ve arrastrado a un pésimo ne gocio, que mucho puede comprometer su economía : el de los Saltos del Duero. Esta
cuestión tormentosa que hace arios se viene
debatiendo en los medios ministeriales y fi
minaicnicóiecroosn adqeueEl sepsacnáandayloPfoarmtuogsaol dey lqauseBsoe
cas del %Mano llevado a la furia de los co micios y del Parlamento, vuelve a tener una insospechada actualidad.
De la industrialización de la energía hi
dráulica del Duero hacen depender los poli
ticos y los economistas la traroformación de
la industria y la agricultura portuguesa y
su emancipación de la tutela extranjera, has
ta el punto de que, graCias a ella. Portugal
podría bastarse a si mismo. Son( unos
200,000 HP. hidráulicos, captados sólo en
la zona internacional, que producirían ener
gía bastante para electrificar las líneas fé
rreas del norte hasta Lisboa y todavía so
braría para las industrias textiles, siderúr- . gicas y metalúrgicas, agrícolas, de abonos
químicos, de iluminación, etc. En el aprov-e
chamiento de esta fuerza hidro-eléctrica, fía
Portugal la transformación de toda su eco n9rnía y la salvación de su hacienda.
Desde 1918, Espana y Portugal andan
formalmente interesados en la solución justa
y equitativa de este asunto. El río Duero
nace en Espana, atraviesa la frontera y mue
re en Portugal. Recorre, plies, territorio es
panol, una faja fronteriza internacional y
territorio portugués. Los problemas naddos
del aprovechamiento del río en su faja in
ternacional, son los que más preocupan a
los gobiernos de los dos países interesados.
Cuando en 1918 el doctor Egas Moniz, mi
nistro de la República portuguesa en Ma
drid, habló del asunto con el entonces mi
nistro de Fomento del gobierno Maura, se
nor- Cambó, propuso que los medios eco
nómicos fuesen aportados por los dos países
en parte iguales, «pero, atendiendo a que
Portugal atravesaba en aquel moinento una
crisis financiera grave y como que, por otro
lado, no debe retrasarse esta importantísi
ma mejora que es la base de nuestro resur
gimiento nacional, debe el gobierno portu
gués procurar obtener o levantar en Espa
na un empréstito de la mitad del capital que
corresponde a nuestro país y que pagará
cuando le convenga y los cambios sean más
favorables».
Esta ,proposición ha sido discutida hasta
llegar a un resultado diametralmente opues
to al que en ella se interesaba. Durante anos
las negociaciones oficiales entre los dos paf=
ses se han ido desarrollando con cierta par
simonia y ha sido en estos últimos meses
cuando la actividad desplegada por los ne
gociadores ha dado un mayor y más rápido
resultado. Parece, ahora, que el asunto está
en vías de solución inmediata. Y la fórmula
aceptada en principio por unos y otros, es
la de que lo paguen todo los portugueses.
O en otras palabras : que se hagan las obras
de captación, aprovechamiento e industriali
zación de los saltos del Duero, con dinero
portugués.
Esta es la fórmula cómoda que la Socie
dad Hispano-Portuguesa de Transportes
Eléctricos — concesionaria de las obras de
aprovechamiento del Duero—ha encontrado
para llevar adelante el plan Ugarte que
patrocina y que ha sido aprobado por el Go
bierno espanol. Esas obras, comprenden los
trabajos de regularización del río—represas
de Ricobayo y Castro—y las del Duero in
ternacional. Las primeras, interesan a los
espanoles. Las segundas, a los portugueses.
Pues para unas y otras exige la empresa
concesionaria el auxilio económico de Por
tugal, afirmando que sin efectuar previa-,
mente las obras de regularización del Duero
espanol de nada valdrían los saltos de agua
del Duero internacional. De ahí que en unas
y otras sea necesaria y justa la cooperación
financiera portuguesa. Pero, ahora resulta
que las obras más caras son las que habrán
15
de efectuarse en Espana y que las de la zona
internacional serán las más productivas y
de menos costo, siendo por tanto los apro
vechamjentos del Duero fronterizo los que
valorizan y dan interés a los aprovechamien
tos en territorio espanol. Así lo reconocen
los técnicos, basados en los cálculos del pro
fesor catalán senor Gelpf Blanco. Las obras
hidráulicas en el Duero espanol, el estable
cimiento de las líneas para transportar la
energía en una extensión de 879 kilómetros
y los demás gastos de instalación, estudio
y planos, importarán cerca de 250 millones
de pesetas. Y cuéntese que todavía no se
habrá iniciado el trabajo en la zona inter
nacional o fronteriza, que es la que interesa
a Portugal precisamente.
?De dónde saldrán esos enormes capita
les para la realización del plan Ugarte? No
es presumible que los aporte ESpana. El
Banco de Bilbao, que financiaba a la His
pano-Portuguesa, se había comprometido,
al constituirse aquella sociedad en 1918, a
tomar en firme 132 millones de pesetas del
capital proyectado de 150 millones. Compro
misó que, según las referencias periodísticas
últimamente aparecidas sobre el caso, ha si
do retirado por notificación notarial a la cm
pi esa concesionaria, quedándose apenas con
el derecho de preferencia sobre el cincuenta
por ciento de las acciones que la sociedad'
lance al mercado. A pesar de eso, el Go
bierno espanol—que no ha querido avalar el
capital de la Hispano-Portuguesa, no ha ti
tubeado en darle la concesión del Duero es
panol y prometerle el Duero internacional,
dejando apeada oficialmente a la Sociedad
de Electrificación Industrial que les disputa
ba la concesión ofreciendo un plan de obras _
que equitativamente se repartían a ambos
lados de la frontera, sin preferencia por nin
guno de los dos países, y desde el primer
momento.
La Hispano-Portugue.s-a espera obtener
del Gobierno portugués la concesión exclu
siva del Duero fronterizo internacional y de
las líneas portuguesas. El gobierno de Lis
boa duda y no se decide. La opinión y los
técnicos, en Portugal, manifiestan un claro
pesimismo y un fundado recelo en conceder
esa exclusiva a una empresa que tiene un
plan de obras en el Duero espanol que le
absorberán 250 millones de pesetas. Por
otro lado, sin esa concesión del Gobierno
portugués, que valorizaría enormemente el
negocio, no es probable que la Hispano-Por
tuguesa pueda levantar capitales bastantes
para las obras iniciales de regularización del
Duero. Con una concesión global, de los sal
tos del Duero en Portugal y en Espana, la
Hispano-Portuguesa podría aspirar a una
profusa captación de capitales portugueses
que le compensara de la defección del Ban
co de Bilbao. Sin esa concesión, que garan
te el pingüe negocio del Duero fronterizo y
de las líneas portuguesas, no es probable
que la empresa encuentre bastante dinero
en Espana para unas obras costosísimas
que, en la zona espanola, exclusivamente,
podrán constituir en verdad una gran em
presa patriótica pero representarán un pé
simo negocio financiero.
La concesión global a la Hispano-Portu
guesa, entrana un peligro enorme para Por
tugal. Terminadas las obras del Duero es
panol y absorbidos los 250 millones de p.
setas que esas obras exigirán, la empresa
—disponiendo de un sobrante considerable
Descripció
| Puntuació | |
| Títol | No. 1. En 2 parts |
| Descripció | Informació addicional del títol: Revista quincenal ilustrada |
| Matèria | Cultura ; Revistes |
| Títol addicional | Revista quincenal ilustrada |
| Editor | Biblioteca de Catalunya |
| Data de publicació | 2009 |
| Data del document original | 1927 |
| Tipus de recurs | Text |
| Format | |
| Font | Publicació original: Barcelona : [s.n., 1927-1928], Any 1, núm. 1 (5 jun. 1927) – any 2, núm. 11 (gen. 1928) |
| Llengua | spa |
| Relació | http://cataleg.bnc.cat/record=b1780700~S10*cat |
| Gestió de drets | Còpia permesa amb finalitat d´estudi o recerca, citant la font "Biblioteca de Catalunya". Per a quaselvol altre ús cal demanar autorització |
| Productor | Docout, S.L. |
| Dispositiu de captura | Zeutschel OS 10000 TT |
| Resolució | 150 ppp |
| Compressió | JPEG, compressió baixa |
| Definició | 24 bits |
| Característiques físiques | Original ; 34 cm |
| Història de canvis | Imatge original TIFF, sense compressió, a 150 ppp |
Descripció de la pàgina
| Títol | No. 1 (5 jun. 1927), p. 1-15 |
| Transcript |
13}{CMIW » 3. GRANDES ÉXITOS LITERARIOS LA ISLA DE ORO de Mario Verdaguer 5 pesetas KYRA KYRALINA de Panaít Istratí 3 pesetas Núm. 1. La raqueta embrujada Henry d'Asfeld, 1 peseta Trenzas de Abrí! Paulina Ornan, 1 peseta Murhs prepara su boda Scherman, 1 peseta » 4. Veleidosa Enrique de Leguina, 1 peseta • 5. El error de Colette Eveline Le Maíre, 1'50 pesetas 6. Magdalena julio Sandean, 1 peseta 7. jocelyn A. de Lamartíne, 1'50 pesetas • 8. La casa de las pulgas Abel Kíng, 1 peseta El gran amor Guy Chantepleure, 1'50 pesetas » 10. Novios sin saberlo Tomás Orts-Ratnos, 1 peseta » 11. La conquista de la dicha Champol, 1'50 pesetas » 12. Amor en el camino María Luz Morales, 2 pesetas » g. NOVELAS TODAS ELLAS DE UN GRAN VALOR LITERARIO Y AMENA Y CULTALECTURA Una coleccíón de novelas selectas que leerá con gusto LA NOVELA MENSUAL fillIIIIIIIIIIIIIIIIIII,11111!111111111111111111I111111111111111111111111111 7.1 - Núm. 13. E Nuría, la del velo de novía Adolfo Palgaírolle, 1 peseta 14. Una hora de "flírt" Williain Morton, 1 peseta 15. Amor subconsciente Berta Ruclz, 1'50 pesetas • 16. La ínstítutríz Eugenia Marlítt, 1 peseta 17. Las dos Rosas Carlota Braemé, 1'50 pesetas 18. Eva Glaytond Carlota O'Neil, 1 peseta 19. Ladrón de amor Marc Mario, 2 pesetas 20. Intimo amor Jorge Onhet, 1'50 pesetas 21. El amo después de Díos René d'Anjou, 2 pesetas 22. El Caballero Bella - Rosa 1'50 pesetas » 23. Buena amiga De Rouget, 2 pesetas MI TIO ANGHEL de Panaít Istratí 3 pesetas ELMARIDO, LAMUJER Y LA SOMBRA de Mario Verdaguer 3'50 pesetas PÍDALAS A SU LIBRERO O KIOSCO O A "EDITORIAL LUX" -,0•111•1•11•••••••¦••• Calle Consejo de Ciento, 347 : BARCELONA ro 1'1 031 ..1404L1,59019~5917" fifffiliMr~VMI .11EMXIa. oginio Mr4.117.11M-KW-B . sMIV .;"1.;11F,41- Sistema Leo, Marca registrada Bito Maferíal de archivo moderno Carpefas, Indices, Fichas Muebles de madera y mefal Ficheros de cartón y madera Uníca casa en Espana dedicada exclusiva= mente a este negocio y con talleres propios de ebanistería y artes gráficas con -todos los adelantos para la manufactura de su mate. ríal. Más de 5,000 instalaciones en toda la nación. Solicite catálogos y datos, que envía= mos gratis. Casa la más económica de Esparia Al Ronda de San 84 Teléfono 1905 A. rwety TtlIVY 30111551~311 E CE1111 11111 11113 CREMA go II?CI SERVUS 111?1:1 ECI E22 da un br"la 1ncarnaara"IIItIIIIDIllIDl 1111? :?1 1E2 ble al calzado. Conser IIC va la piel y cuesta poco PRODUCTOS QUIMICOS HISPANO LUBSZYNSKI, S. A. iffi? m 1111C 11117 B AD A L ON A (Provincia de Barcelona) 111:1 RE Muestrario en la Exposición Permanente de Productos Espanoles - MELILLA 1111: nk.10 3.1”;74.1 011,14 u...4711% l&NCO ii V/AVI..xxi:15Z -111 GASOLINA III G111AS = MOTOR La mejor para automóviles Cafasús y C.a Paseo Colón,20=Teléf. 459=A BARCELONA :: o % o o 'PrIt-V.1",,,,W,~401:11aMzw1:111~1.1,011›"~l'e531:1405? Toda clase de operaciones de BANCA y BOLSA TELÉFONOS A =956 (Dirección) A =976 (Oficinas) Dirección íelegrá. BANCO DE VALORES Y CRÉDITO fica felef6nica Valorsbank Ronda Universidad, 37 (junto Plaza Cataluna) BARCELONA Aparfado 821 RISan.-% (.11rel,-41~1~01 (W. t41«.1 111 '59wrz ewo tusfD e41 10'w. ; hot 11C .b'rk Awrz bite 11,1aD t4114 1(.1V 111.1-41 " LINIS DEL MONO M9DIEWL~S~~~1~11~~ A II° 1111 3S11~ UNL~CC,,W '.át,~1C+ZCC UWNC U14001~ MUNDO IBÉRICO Revista Quincenal Ilustrada 0 Director : Mario Verdaguer IREDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN Consejo de Ciento, 347 Teléfono 131=A 111¦11•1101.¦ Barcelona, 5 de junio de 1927 53C3E7,XEIVLE2= PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN Espana, Portugal y América : 10 pesetas ano Otros paises : 15 pesetas ano 4, Número suelto : 050 pesetas C M No queremos incurrir en el riesgo de hacer prematuras promesas y menosaún definirnos dentro de moldes rígidos que quieran ser completo programa de nuestra publicación. * El periodismo moderno ha ido evolucionando — como todo — y al desprenderse, lenta pero seguramente, de las comuniones políticas para conver= tirse en empresas industriales que sólo aspiran a recoger día por día los latidos de la opinión pública, ha tomado un singular carácter ecléctico y al lado de las grandes firmas literarias y la luminosa siembra ideológica de las más alfas voces del pensamiento nacional, figuran ampliamente aquellos temas (deportes, cines, etc.) que apasionan e interesan vivamente a las multitudes, sin disfin= ción de clases sociales. * Con iodo, el nombre mismo de MUNDO IBÉRICO indica ya una parte de nuestros propósitos. * Queremos recoger y comentar lo más resaltante de la vida ibérica en sus tres grandes sectores de cultura y acción, bien definidos en las tres lenguas peninsulares. * Y dedicar — recordemos lo que se hace en Francia, en Inglaterra, en Italia, en Alemania — atención suma a nuestros pequenos pero interesantes territorios coloniales, y a cuanto se refiere a nuestra zona marroquí y a los problemas de las hermosas islas que bajo el pabellón espanol banan sus cosías en el Mediterráneo y el Atlántico. * Sin olvidar, por último, a cuanto tiene un signo social más allá de los mares y esté ligado a nosotros por el idioma y por la historia. * Entendernos que el mejor medio de realizar esa labor — sumariamente N27 indicada — es depurar y seleccionar la colaboración de MUNDO IBÉRICO y cuidar con escrupulosa minuciosidad los detalles gráficos que tanto influyen en la impresión favorable o adversa que causa en un lector indiferente la aparición de las nuevas publicaciones. v MUNDO IBÉRICO, al iniciar su vida periodística, se complace en dirigir un cortés y sin= cero saludo al lectory a todoslos colegas de la palestra intelectual. 1 ' a • JeaSJEC,=',M.~W CRIA~M~~1~ 1 410a z,o' por R. TEMAS LITERARIOS Lo cómico y lo patético Es sorprendente observar cómo, en de terminadas alturas de clímax, lo cómico y lo . patético confunden su fórmula, denuncian do una paradójica comunidad de origen, que se nos hace comprensible, no bien medita mos un poco. Lo cómico y lo patético son, en lo esencial, dos modalidades distintas de un mismo proceso de la fantasía creadora, que se valen del mismo lenguaje figurado. El retruécano es, en realidad, una expresión poética que viene a enriquecer el lenguaje, puramente lógico; descubriendo dos valores en la misma palabra. La ironía no es, en suma, sino un lenguaje poético, una serie continuada de aviesas imágenes que dan a entender algo distinto de lo que parecen de cir. Cuanto al sarcasmo, ?qué es sino como un himno al revés, que conserva todo el ar dor y el entusiasmé del ditirambo ingenuo? Es notable comprobar cómo lo cómico y lo patético se valen de los mismos resortes para provocar la emoción y cómo también requieren en sus grados geniales, la misma elevada inspiración poética. Líricos, que al mismo tiempo fueron grandes genios epi gramáticos, como Heine, nos comprueban este maridaje feliz de la lágrima con la son risa en el nublado día de primavera del ar te. Lo que mueve a llano puede suscitar la risa y viceversa ; admirable sencillez de la pauta emotiva, que con un simple cambio de clave, puede diversificar por modo anta gónico, el tono y el sentido de su música. La loa de un poeta puede trocarse en sá tira, sin más que una sencilla vuelta del mu sical resorte. Ileine es maestro en ese tra vieso arte de alterar la pauta de la melodía con un inesperado cambio de registros, que sobreviene al final del poema, mediante la introducción de una frase extemporánea y sarcástica, que comunica por modo retro activo su virtud a todas las estrofas ante riores, dotándolas •dé su verdadero acento. Esa frase sarcástica que es como el silbido del mirlo, después del canto del ruisenor, nos sorprende siempre en modo desagrada ble, precisamente porque nos revela ia am bigüedad de los resortes poéticos y la po sible duplicidad del artista que, siendo un ruisenor, capaz de embelesarnos con su can to, puede también burlarse de nosotros, in terrumpiendo nuestro éxtasis con el silbo del negro dandy impertinente de la enra mada. La revelación de esta admirable identi dad de los registros poéticos, al parecer más antagónicos, va siempre acompanada de ese calofrío de pavor que solemniza la intuición de todo misterio ; circunstancia que contribuye a acrecer y reforzar el efecto enojoso—patético o trágico—de esas bufo nadas verbales. Poe sabía esto muy bien y CANSINOS-ASSENS acertó a emplear genialmente la fórmula en ese inquietante poema El cuervo, en que am biguamente dialoga con el pajarraco fatal, de nocturno plumaje. Es sorprendente, de un asombro cuya conciencia fácilmente pue de transformarse en pánico, ver cómo en este extrano poema, el efecto patético está bus cado y obtenido por medios genuinamente cómicos, sin que intervenga otro pathos se rio y grave que el del propio poeta, alarma do y empavorecido precisamente por la bufa solemnidad del avechucho que, interlocutor maniático o ignorante, a todas sus pregun tas contesta con la misma frase extemporá nea—y por acaso oportuna— : Nunca más. Recuérdese cómo este pathos se inicia ya antes de la aparición corvina; por medios puramente cómicos, cuyo efecto es, sin em bargo, de inquietud, con aquellas equivoca ciones del poeta que, mal despierto a des hora sobre sus viejos infolios «de un saber olvidado», confunde el picotear del pájaro en la ventana, con la llamada de algún ami go visitante. Este pathos va desarrollándo se luego gradualmente en el poeta, a vista de la extrana conducta del alado intruso, cuyo aspecto sólo le sugiere al principio, imágenes irónicas. El efecto verdaderamen te patético sólo empieza cuando el poeta en tabla con su lacónico huésped aquel diálo go, que gira todo él en torno a un quid pro quo como el de las farsas. A las preguntas del poeta, inquiriendo quién 'es y de dónde ha venido, y demandándole finalmente noti cias de su inolvidable Leonora, el taciturno cuervo responde con esa sola frase «Never more» que parece el estribillo de un manía co o el despropósito de un sordo, aplicado a todo evento. Y, sin embargo, de esa frase única y extemporánea que pretende respon der a todas las interrogaciones de una cu riosidad conturbada, creando una situación bufa que en otras circunstancias movería a risa, nace toda la fuerza patética del poema, cuyo creciente desarrollo y gradual incre mento sigue el mismo clímax que seguiría en la clave cómica de lo bufo. ?Qué otra cosa haría un autor cómico pa ra lograr su efecto que repetir una y otra vez ese incongruente estribillo, multiplican do las preguntas cada vez más irritadas e iracundas del interlocutor burlado? Pues eso mismo hace Poe ; y sin embargo, el em pleo de ese recurso cómico es lo que dota al poema de su tremenda fuerza trágica. Y a medida que se reitera el despropósito y au menta la exaltación airada del poeta que re conoce y proclama lo absurdo de esa res puesta única del cuervo sibilino, va Crecien do paradójicamente la tensión trágica hasta rayar en verdadero pánico. Mas no obstan te, el poeta mantiene hasta el final la técnica MUNDO IBERICO de lo bufo ; ya que al cabo, como sucede en las farsas, el interlocutor del cuervo conclu ye por darles un sentido oportuno a sus in variables palabras, acomodando a ellas sus preguntas, que ya siguen instintivamente la pauta de la única y reiterada respuesta del monótono oráculo. Este tácito acuerdo del interlocutor que dice„cosas atinadas con el otro que sólo profiere un terco desatino, cual estribillo que aprendió de memoria, marca ría en una farsa el momento culminante de lo cómico, mientras que en la genial obra de Poe senala la tensión •máxima del pathos trágico. - La alarma, la congoja, el miedo supers ticioso del poeta y del lector alcanzan su mayor n • intensidad y altura precisamente e ese instante en que el poeta dialoga, así, de acuerdo, como otro vesánico, con aquel cuervo doctoral, que habla cual un orate. La revelación del retruécano existente, tá cito, en la naturaleza del lenguaje y de la psiquis ; el descubrimiento de que palabras, dichas al acaso por un pajarraco que las aprendió de memoria y las profiere sin con ciencia de su significado, puedan tener un sentido y coordinarse momentáneamente co mo respuestás a preguntas formuladas con exaltada lucidez, adquiriendo valor sibilino y profético ; el presentimiento de .esa comu nidad de origen entre lo bufo y lo tremenda mente serio, todo eso unido y revelado en el poema de Poe, don todo el resalto Ce su flalrante inmoralidad, es lo que hace que resulte una obra de indecible fuerza trágica, no obstante la índole cómica de sus regis tros emotivos. Resulta así el poema una gran bufonada tan enorme y tan sencillamente surgida de la entrana misma de lo natural aventurado, de ese albur fatídito e inmoral, que es él misterio supremo de la naturaleza y de la vida, que asume los caracteres de una au téntica chuscada del Destino, y como cuan to con éste se relaciona, se hace trágica. NQI IkANeb: GE>i .1115,f . . El billete de cien francos por Ramón Gómez .de la Serna Tenía bellezas tornasoladas, de discretos rosicleres, el billete de cien francos francés. Recordamos lo optimistas que resultaban en nuestras manos, suaves como billetes de pa pel de seda. Tener un billete de cien francos, era tener algo, hacer numerosas comidas en los res taurants independientes y escondidos, tener la libertad de vivir, sintiéndonos asegura dos en la modestia. ! Nada de tener que lle var sobre los hombros rangos implacables ! Cien francos eran un «complet», o sea, americana, pantalón y chaleco con todos sus -MUNDO IBERICO 5 botones y hasta bolsillo interior. Con tres billetes de cien francos se compraba un via je hasta Nápoles ida y vuelta en tercera de lujo, .o sea, una tercera con los vagones de recién pintado pino, ese pino que queda en una bella desnudez amarilla y que huele mu cho a árbol. El billete de cien francos era un diploma de medalla de oro pintado por ese aprendiz de Academia que dibuja los diplomas y pa recía que tenía en medio el claro honorífico destinado para recoger el nombre del agra ciado. ?Premio de qué? Premio a la industria, a) comercio, a la agricultura, a el haber pre sentadó el cerdo más gordo y más blanco del mercado—resultan indecorosos esos cer dos perfumados y blanquísimos. Asomaba en la cartera la acuarela—me dio postal, medio acuarela—del billete de cien francos francés, como animador pape lito claro, coloreado, parecido a uno de esos días en que festejamos solos — perdidos y abandonados en el extranjero—una especie de santo y de cumpleanos, en verdadera francachela de ninos que salen por un día del colegio interno. Ah! Aun me quedan cien francos — nos dijimos muchas veces, tocando delica damente el billete como debido a los pince les de Millet. Billete, de jardín, billete de la Francia de los tapices y de la Fábrica de Sévres, bille te de la Francia de las sederías, revelaba la suave pulcritud que hay en Francia para el dinero. Nos costaba entonces más de cien pese tas y eso le daba aún más importancia. Pe ro las merecía porque todo él estaba lleno de serenidad y regocijo, mirándose en las linfas fecundas que riegan la fertilidad de Francia. Y ese billete con aires de vendimia pen sativa, que tanta confianza nos daba, aho ra no es tanto como era, no se puede decir que no es «casi nada» como iba a decir in conscientemente. Aun dan una cama de hierro dorado con todas sus guarniciones casi por cien fran cos, aun puede una dama comprarse por cien francos algo que la elegantice y la com plete, pero aun con eso se va el billete su til, de papelillo de seda, tan raudamente co mo si le soplase en las alas 'un viento per tinaz. Hemos elegido unos cuantos libros. El li brero con un gesto de tratante en libros mi ra rápidamente su lomo y va formando una suma cuyo resultado, que nos espeta con gesto indiferente, es : —Ciento diez francos. - Los billetes de cien francos han adelga zado aún más y su papel de seda es ya fino papel de fumar. Por un billete de 25 pesetas y poco más de un duro nos entregarán uno de esos billetes que aun ahora llevan impre so el recuerdo de nuestra simpatía, de aque lla alborada de optimismo •que ponían en nuestra cartera. Adquiríamos billetes de éstos sólo por co leccionar lo amable, lo esperanzado, lo que guarda en sí dicha melancólica y segura, recuerdo de los antiguos concursos de que fueron como diploma y vale de honor. Esa especie de decoración de la ventana (le Francia, esa especie de fresco mural que rodeaba la puerta de entrada en nuestros viajes, tiene aún una belleza nostálgica de Hablamos siempre del paisaje con refe rencia al campo abierto y para elogiar la hermosura de sus árboles, setos y arroyos. Pero la ciudad es también paisaje. En cuan •to a la belleza, el interés y la atracción se ductora, no hay un hombre inteligente que se atreva a negar el encanto del paisaje de una calle ciudadana. Y el vicio. Hay viciosos de la calle, lo que muy raras veces se observa en los labradores. Unos viciosos incorregibles que consideran el mundo como cristalizado en piedra y en cemento, en escaparates y en tranvías tin tineantes. Para los cuales el cielo necesita estar surcado no precisamente por nubes y celajes, sino por las espesas franjas de los alambres del teléfono, mientras las filas si métricas de los faroles de gas suplen a los árboles en ese paradójico paisaje municipal. Todo ello acompasado y como batido en el gran rumor de órgano de la ciudad reso nante. Todas las poblaciones tienen una plaza, una avenida o una calle que viene a ser la médula o el centro integral de la urbe. El trozo de vía que asume la función de ca racterizar y representar a la urbe entera. Los grandes bulevares de París, por ejem plo ; las ramblas ,y la plaza de Cataluna en Barcelona ; la calle dé Alcalá en Madrid. Yo soy a mi manera un vicioso de la ca lle. Cierta vez, asentado en París por una larga temporada, me vi cautivo de un entu siasmo callejero que me empujaba fuera de casa con una fuerza insuperable y que me hacía caer, al filo del mediodía, en cualquie ra de las terrazas de los infinitos cafés bu levarderos. Era una inefable embriaguez aquella de sentarse en una silla y ver el desarrollo de la fantástica película, única en el mundo, que va desenrollándose gratuita mente a lo largo del Bulevar. Pero-los vi cios no aman la soledad ; gustan de ir acom panados. Yo contraje la costumbre de be ber una copa de vermouth para hacer más incitante el placer de la terraza, y concluí, naturalmente, en una gran crisis hiperclo- - panneau decorativo en el palacio del que se han vendido algunos muebles y que pasa por economías imprescindibles. Ya cuando esos ninos que hay en el pai saje de cien francos crezcan, será otra cosa y se resarcirá y se acrecentará ubérrima la huerta abandonada a esos bellos campesi nos que no sé por qué, siendo la decoración de esos billetes de antes de la guerra, ya aparecían solos sosteniendo los bártulos de la labranza. ?Ahora merecerán los falsifica dores los trabajos forzados que merecían los falsificadores de 'antano?, La memorable calle de Alcalá por José María Salaverría rídica. Ahora, amedrentado.por la experien cia, me limito a beber una de esas botellas de gaseosa que en Madrid, pintorescamen te, llaman bolitas. Con gaseosa o con champana, ?qué más da? Lo que importa es poder llegar al punto de vaga e intelectual embriaguez que su giere la calle turbulenta a un hombre de imaginaCión. Para eso se hicieron los cafés. Sentado en un café, con la copa de gaseosa que echa burbujas como chispas, yo me ima gino que la calle de Alcalá está deslizán dose inacabablemente por delante de mis ojos como- quisiera ofrecerme una sínte-sis de la cpital de Espana; o de la misma Espana entera. En la.calle de Alcalá, efectivamente, está la verdadera historia de esta Espana tran seunte que vive su minuto actual. Calle de verdad completa, no hay un elemento pa trio, un ademán o un guino patrios, que es 'tén de ella ausentes. Desde la Puerta del Sol, donde la calle se estrecha como boca de embudo, hasta la Puerta de Alcalá, en la que el espíritu y la norma de Carlos III desafían a todas las.generaciones que quie ran disputar el «record» de la corrección y la grandeza civiles, nuestra mirada abarca un mundo de cosas esenciales o frívolas, majestuosas o grotescas. Templos de ora ción, como «cabarets» y tabernas de per dición. Ministerios en los q.ue van levantán dose, con perseverancia burocrática, montes de, papel sellado, junto a esos altivos mo numentos, los Bancos, que la todopoderosa codicia de nuestros días erige a la mayor gloria del Dinero. Ahí pasean los «senoritos», género de hu manidad que casi no se produce más que en Espana. Por ahí transitan las muchachas casaderas, con el novio a un costado y la «carabina» a la otra banda, trinidad huma na casi exclusiva también de nuestro país. Y esos tipos de hombre que ya sólo se ven en Espana ; correctos, altivos, vagamente melancólicos, de noble presencia y con el aire de estar echando de menos algo : la espada. (Ese tipo del hidalgo rezagado y como destituido de sus funciones antiguas, en Espana nada más, y especialmente en Madrid, es ya posible verlo.) Las campanas de San José o de las Ca latravas intentan sobrepujar el clamoreo de los claxones. Los timbres repiqueteantes de los tranvías meten Su acento de discordia en el estrépito universal de la calle, y al últi mo, sobre todas las voces en competencia, más arriba que el estertbr de los «taxis», más alto que la protesta de las campanas, se elevan los gritos de las desganitadas ven dedoras de décimos de la Lotería : «?Quién quiere la suerte? ?Quién quiere el millón?» 6 11 liiVDO IBERICU• (Supremo alarido de la conciencia sonadora de un pueblo que cree, tanto como en Dios, 'en el azar.) A veces la calle se estremece con una tá cita emoción dificil de describir, y suele ser cuando, porque un embajador extranjero marcha a Palacio a presentar sus credencia les, las mejores carrozas de la Casa Real pasan procesionalmente, ceremoniosamente, pausadamente, con todos sus nácares y,do rados al sol, con todos sus bronces y pena chos a la luz, con sus lacayos de librea, con sus caballos de casta emplumerados, con sus tricornios, con sus casacas. Entonces pare ce que las antiguas Monarquías reviven, y que Espana sigue siendo aquella nación que en los tratos de Europa contaba entre las principales, y era temida o aborrecida, pero nunca desdenada. O pasa un batallón de sol dados de vuelta de cualquiera parte, sonan do la música a todo tocar (pasadobles zar zueleros con un punto de jactanciosa fla tnenquería), y el alma expectante de la mu chedumbre quisiera irse con ellos, con los soldados, a consumar la proeza guerrera que quedó pendiente de realización hace tiempo, mucho tiempo ya. De pronto, en el tramo de la calle que parece más sacudida por el ansia moderna de actividad, y frente a la marea de los que van acelerados a sus negocios, se abren las ventanas, amplias como escaparates, de un casino, un círculo, una pena. Y se ven unos senores sentados en sillones, con un vaso de agua delante, extendidos como en ex posicién, la mirada aburrida, el gesto can sado; todos abstraídos•en el examen de no se sabe qué idea... ! Espectáculo único en Europa ! Han transcurrido más de cien anos de pendencias sociales ; se han discutido los deberes de los ricos y los derechos de los pobres ; se ha hablado hasta la saciedad de la obligación que todos los hombres tene mos de servir para algo, de estar haciendo algo en este comprometido escenario de la vida en común, y de repente, en un lugar del mundo civilizado hay unos senores que no procuran, como sus semejantes de Lon dres, ocultar su regalona ociosidad, sino que la ostentan al rosfro mismo de los atarea dos o de los miserables. Es como si se es tuviera a ciento cuarenta anos de fecha atra sada. Como si la Revolución no hubiese es tallado todavía. Como si reinase Carlos IV. ! Deliciosa vida! Es la delicia hecha de abandono y de indulgencia, de comprensión 'y de ir perdonándolo todo porque, en rea lidad, ! no vale la pena de tomar las cosas a lo trágico ! La filosofía del pueblo espanol brota y se expande por el aire de esa calle de Alcalá sintética, indice verdadero del ser nacional. En ella está comprendido todo, lo deficiente como lo excesivo, la virtud lo mis mo que el pecado. Espana entera estárchl, tal como es, con sus faltas y sus sobras y con su espíritu intraducible a ningún len guaje que no sea el espanol. En ciertos días providenciales, cuando el clima quiere agotar su riqueza de perfec ciones, en los dorados crepúsculos de octu bre o en las tardes jubilosas de abril, la ca lle de Alcalá se exalta y espiritualiza hasta lindar con lo sublime. La marea de los ca rtuajes tiembla en la penumbra, mientras al fondo, en el espacio hueco que deja la Puer ta del Sol, el cielo se afina de un modo in decible, como una mancha de naranja bati da en extractos de perlas. Sobre ese fondo, La casa en que nació Goya En Fuendetodos, hay una casuca de vie jas piedras, situada en la actual calle de Goya, que es la casa en donde nació el in mortal pintor espanol. Hasta el ano 1913, casi ninguno de los artistas aragoneses había visitado nunca el pueblo de Goya. Se sabía algo por lo pu blicado por el conde de la Vinaza, por An selmo Gascón de Gotor ; pero nadie se pre ocupaba de que muy próxima a Zaragoza se derrumbaba poco a poco una casa que en otra nación se conservaría como una re liquia. Fué preciso que visitase Fuendetodos el Pintor espanol Ignacio Zuloaga, para re unirnos en el Ateneo de Zaragoza y tomar el acuerdo de colocar una lápida en la casita pueblerina, que recordase al visitante que allí nació el que fué más pintor entre los pintores. Se abrió una subscripción para la placa, y el día 4 de mayo de 1913 un grupo de unos cincuenta marchaban a pie, en carros, en caballerías, por entre los pinares de la princesa de Pig-natelli, en peregrinación, y a cuyo frente caminaban, a manera de san tones, los artistas Zuloaga y Uranga, a la casa de Goya. Una casa con viejas piedras, una ventana y puerta pintadas con cal y un ventanuco. Esto es todo. primor de Ocaso de Castilla, la aguja de un enhiesto campanario traza tal vez un gesto eclesiástico de antiguo estilo. Todo aparece entonces ennoblecido y decantado en la me morable calle de Alcalá, que recobra por úl timo su sentido auténtico de ser una espe cie de paréntesis en Europa, una especie de puerto franco o puerto de refugio don de la vida se limita a la suave y filosófica función de dejarse vivir por lo que el acto de vivir tiene de amable y de placentero... ANTE UN CENTENARIO por Emilio Ostalé Tudela La lápida dice así : En esta humilde casa Nació para honra de la. Patria Y asombro del Arte El Insigne Pintor Francisco Goya Lucientes 31 Marzo 1746 15 Abril 1828 La admiración de todos rindió este. Homenaje a su imperecedera memoria Penttremos. Un patio que da paso a una cocina aragonesa y en el que se encuentra una escalera para subir al piso superior. Por las paredes, colgadas, f'otografias de todos los cuadros de Goya. Subimos por la vieja escalera y nos halla mos con una sala cuyo pavimento se hunde y la alcoba en que nació Goya, en donde apenas cabe la antigua cama. Lector : si alguna vez has sentido emo ción grande, es ante esta alcoba. Aquí na ció, en medio de esta pobreza, el hombre que, haciéndose a sí mismo, llegó aecon quistar un nombre inmortal para él y 'para su Patria. Visitando el lugar de su origen, compren demos el gesto violento y despectivo de • Goya. Ante el cuarto en que vino a este mundo, llegamos a saber el secreto de que Goya in trodujese la tragedia en la vida y el arte, ya que la llevaba dentro. Mirando esta pobre habitación pensamos que sus aguafuertes, caprichos y fusilamien tos, son el natural producto de su carácter amargo y pesimista. Bajo estos techos, se concibe que el hom bre que de aquí. salió para encontrarse en la Corte, tras luenga lucha, sea arisco. En este ambiente se llega uno a compe netrar en lo que sus obras tienen de ple beyo. El que se formó aquí tenía que ser siem pre un hijo del pueblo, y, aunque la vida le sonriese, llevaría siempre la amargura y la rudeza del pueblo. De esta casuca, a Palacio. !Cuántos tra bajos en esa carrera! !Cuántas horas 'amar ;zas y desenganos ! Esa es su obra. Persh najes de gestos estúpidos, brutales, de lu juria, de concupiscencia. Escenas de ham pa, de chulería, de sangre, de fanatismo, de miseria. Reyes, príncipes, vagos, celes tinas, brujas, majas, chisperos, ministros, inquisidores, hambrientos, frailes, condena dos a muerte... Entre los grandes hombres, Goya fué excepcional. Su obra no puede ser más que de un hombre fortísimo, varonil, todo vi gor, eternamente joven. Goya no pintaba el modelo, copiaba el espíritu del mismo. Al nacer así tenía que ser plebeyo, el más ple beyo de los pintores ; pero su arte sin par escaló el aristocratismo de los elegidos pa ra crear escuelas, de los que saben mostrar la pura luz de su alma, de los que, siendo solitarios, se imponen a todos. ka 11 1 \ 1)() I R I I ( Un articulo de Salaverría, interesante y bello como todos los suyos, ha promovido debate acerca de la cocina espanola. De la polémica, en su estado actual, parece des prenderse que la cocina nacional peca de cierta ordinariez que la hace desagradable los paladares delicados. Como esto no es exacto y se puede probar documentalmente, no será difícil demostrar con una anécdota que uno de los aderezos más sabrosos de la celebrada cocina francesa—la salsa mayone sa—es de origen espanol. Antes he de lamentar que muchas regio nes espanolas carezcan de un libro dedicado a su cocina típica, con lo que tendríamos suficientes elementos de juicio para discu tir; pero una de nuestras regiones, una de las más pequenas y de las más cultas de Es pana, la Isla de Menorca; puede ostentar un interesante tratado de cocina y reposte ría, titulado «De re cibaria», redactado publicado en 1923 por el erudito abogado y publicista don Pedro Ballester, obra pre miada en un concurso celebrado por el Ate neo de Mahón y caracterizada por 'no ser un simple manual |
Etiquetes
Afegir etiquetes per No. 1 (5 jun. 1927), p. 1-15
Comentaris
Afegir un comentari per No. 1 (5 jun. 1927), p. 1-15
