( CUADERNO S� )
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El que escribe siembra.
^El que lee rccojc.
ROMA.
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Salus'fio era todo de Cesar y de su partido, y de con-
siguiente no es estra�o que se manifieste tan contrario �
Cicer�n. Por otra parte tambi�n debemos desconfiar de
las prevenciones inversas de Ti�o-Livi� � quien Augusto
llamaba el Pompeyano. En fin T�cito, austero, moroso, se-
vero , enemigo de la monarqu�a, echando de menos � Ja
rep�blica y sus virtudes, debi� cargar el cuadro vicioso
que habia trazado.
Ninguna historia presento nunca com� la de Roma tan-
tos asuntos de sdlida y verdadera instrucci�n, pues en-
cierra todos los intereses � la vez : lejislacion, guerra, po-
l�tica, una infinidad de graves circunstancias y una mul-
titud de grandes hombres. Lo que la caracteriza princi-
palmente es la unidad en la acci�n principal, que es la
conquista del mundo, la marcha constante hacia ese �ni-
co objeto, y el desarrollo de aquel gran sistema, que na-
da puede interrumpir, ni aun la perpetua guerra intesti-
na de la democracia contra la aristocria, guerra que al pa-
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